AP1594-2015(45580)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP1594-2015  

Radicación N° 45580.  

Aprobado acta No. 110.  

Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de marzo de  dos mil quince (2015).   

V I S T O S  

Se   pronuncia   la  Corte  sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda de casación instaurada por  el     defensor  de YINA CONSUELO MARTÍNEZ SOTO  y     MAURICIO    MARTÍNEZ    SOTO    en  contra  de  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de  Cali    el              27  de  octubre  de    2014,  mediante la cual se confirmó la que a  su   vez   había   dictado   el  Juzgado  15 Penal del  Circuito  de esa ciudad el 2  de     diciembre    de  2011,  en  el  sentido  de  declarar  penalmente  responsables a los procesados como coautores del delito de  Fraude procesal.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos.     

En  la sentencia recurrida se destacan como  hechos jurídicamente relevantes los siguientes:   

2.1-     El    señor    BALDOMERO  GARCÍA  PÉREZ  en  calidad  de  Asesor  jurídico  del  Hospital   Universitario  del  Valle  “Evaristo  García  E.S.E.”  instauró  denuncia   ante   la   Fiscalía  General  de  la  Nación  por  irregularidades  presentadas  en  la  radicación  de  documentación  para acceder a la pensión  sustitutiva   en  entidades  de  derecho  público  y,  en  lo que hace a la sustitución de la pensión de  quien  en  vida  se  llamó  LILIA  SOTO  DE  MARTÍNEZ,  teniendo en cuenta que  ésta:   

2.1.1.-  Falleció  el 8 de enero de 2005 y  gozaba  de  la  pensión  de  jubilación  del Hospital HUV E.S.E. desde el 1 de  abril  de  1995,  reconocida  mediante  resolución  RH 0213 de marzo 4 de 1995,  procediendo  la  oficina de recursos humanos del H.U.V. a publicar los avisos de  Ley  para que quienes se consideraran con derecho a la sustitución pensional de  la  extinta  jubilada,  lo  hicieran valer dentro del término de Ley, fue así,  como  el  señor  EDUARDO  MARTINEZ  VALENCIA  esposo  de la difunta radicó los  siguientes documentos:   

(…).  

d.-  Declaraciones  extra  juicio de AMPARO  OLIVEROS SANDOVAL y NUBIA LUNA DE SOTO.   

2.1.2.- Al señor EDUARDO MARTÍNEZ VALENCIA  se  le  reconoció  la  pensión  sustitutiva mediante resolución DG 1002-05 de  mayo 10 de 2005.   

2.1.3.-  El  25  de octubre de 2005 ANDRÉS  MARTÍNEZ  SOTO hijo de la extinta LILIA SOTO DE MARTÍNEZ radicó en la oficina  de  recursos  humanos del H.U.V. documentación en la que afirmaba que su señor  Padre  EDUARDO  MARTÍNEZ  VALENCIA,  presentó  los  documentos  que lo hacían  acreedor  de  tal  pensión,  no obstante de encontrarse separado de hecho de su  señora  madre  desde  hacía  más  de  25  años,  sin  embargo éste adjuntó  declaraciones   extrajuicio   de  dos  testigos  quienes  manifestaron  que  él  convivía  con  su  señora  madre, siendo todo contrario a la realidad, además  que  éste  desde  muchos  años  atrás había conformado otro hogar procreando  otros   hijos,  aduciendo  además  que  las  señoras  NUBIA  LUNA  DE  SOTO  y  AMPARO  OLIVEROS SANDOVAL el 25 de abril de 2005 ante  el  Notario  19  del Circuito de Cali declararon que el señor EDUARDO MARTÍNEZ  VALENCIA  y  la  señora  LILIA SOTO DE MARTINEZ q.e.p.d., habían vivido en una  relación  continua  de  techo,  mesa  y lecho por espacio de 29 años desde que  contrajeron   matrimonio   hasta   su   fallecimiento,  pero  que  éstas  damas  comparecieron  el  31  de octubre de 2006 ante el Notario 9 de Cali y declararon  en  sentido  contrario,  es  decir,  dejaron  sin  validez y efecto jurídico la  primera  declaración  y  solicitó,  se revocara la pensión sustitutiva que le  fue   reconocida   a  su  señor  padre,  como  en  efecto  aconteció  mediante  resolución  DG-2602-05 del 25 noviembre de 2005, emanada del ente hospitalario,  entidad   que  dispuso  ante  la  jurisdicción  penal  la  compulsa  de  copias  respectiva.   

    

1. Procesales.     

El 13  de febrero de  2006,   la   Fiscalía  29    Seccional    de  Cali profirió resolución  de  apertura  de  instrucción  en  contra  de Eduardo  Martínez  Valencia,  Nubia  Luna  de  Soto  y Amparo Oliveros Sandoval, por los  delitos  de  Fraude  procesal  y  Falso testimonio.  El 15 de agosto siguiente, se  dispuso  la  vinculación  al  proceso  de Andrés Martínez Soto, YINA CONSUELO  MARTÍNEZ SOTO y MAURICIO MARTÍNEZ SOTO.   

El  26  de  octubre  de  2006, la Fiscalía  decretó  la  ruptura  de la unidad procesal en lo que  hace  a  Eduardo Martínez Valencia, por cuanto éste  se  acogió  a sentencia anticipada por los delitos de  Fraude   procesal,  Falso  testimonio y Estafa.   

El  15 de abril de 2008 rindió indagatoria  YINA    CONSUELO    MARTÍNEZ    SOTO    y    el   14   de   mayo   siguiente      lo      hizo  MAURICIO  MARTÍNEZ SOTO, a quienes  se  les  imputó  el  delito  de  Fraude procesal.   

El  17  de  julio  de  2008  se  declaró  clausurada  la  instrucción  y  el  30  de  octubre  siguiente  se  calificó  el mérito del sumario en los siguientes términos: a)  se  acusó,  de una parte,  a Amparo Oliveros Sandoval y Nubia Luna de Soto  por  Falso  Testimonio,  y,  de  la  otra,  a  Andrés, YINA CONSUELO Y MAURICIO  MARTÍNEZ  SOTO como determinadores del anterior delito y como autores de Fraude  procesal.   Y   b)  se  precluyó la investigación a favor de Jaime Soto.   

Al  desatar el  recurso    de    apelación    interpuesto   por   el   defensor,   la  Fiscalía  8ª  delegada  ante  el  Tribunal Superior de Cali,  mediante     resolución     del     23  de  septiembre de 2010,  resolvió  confirmar  parcialmente  el  proveído  calificatorio  porque    revocó    la    acusación    en    contra    de   los   hermanos   Andrés,  YINA  CONSUELO  y  MAURICIO    MARTÍNEZ    SOTO    por    el    delito   de   Falso   testimonio;  en consecuencia, decretó  la preclusión por esta conducta.   

El  trámite  de  la  etapa de juzgamiento  correspondió    al    Juzgado    15   Penal  del Circuito de Cali,  el  cual, luego de surtido el traslado previsto en el artículo  400   del  C.P.P./2000,  consideró  irrelevante  la  realización  de  la  audiencia  preparatoria  por no  existir  solicitudes de pruebas o nulidades que resolver ni tampoco motivos para  decretarlas  de  oficio.  Luego, en sesiones del 16 de marzo y del 31 de mayo de  2011, se celebró la audiencia de juzgamiento.   

El      2      de     diciembre     de    2011,        el        juzgado  dictó  sentencia1 en la cual  adoptó,   entre  otras,  las  siguientes  decisiones:  a)  condenar  a  Andrés  Martínez   Soto,  MAURICIO  MARTÍNEZ  SOTO  y  YINA  CONSUELO  MARTÍNEZ  SOTO  como    coautores    de    Fraude    procesal, a  las  penas  de  prisión  por  48  meses,  multa  de  200 s.m.l.m.v.,  e  inhabilidad para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por 60 meses; y, b)  absolver  a  Nubia  Luna  de  Soto y Amparo Oliveros  Sandoval por el delito de Falso Testimonio.   

El          27        de        octubre  de  2014,  ante el recurso de  apelación  promovido  por  el  defensor,  el  Tribunal Superior de Cali   confirmó   la   sentencia   de   primera   instancia2.   Contra   ésta,  el mismo impugnante interpuso  el  recurso  extraordinario de casación y lo sustentó  mediante  la presentación de la respectiva demanda3. En relación a la misma, no  hubo    pronunciamiento    por    parte    de    los   sujetos   procesales   no  recurrentes.   

LA  DEMANDA  

Una   vez   se   identifican  los  sujetos  procesales,  la  sentencia  impugnada,  los  hechos  juzgados  y  la  actuación  procesal  relevante,  se  solicita la admisión excepcional o discrecional de la  demanda  para  así obtener la garantía del derecho fundamental a la libertad y  del  principio  del in dubio pro reo, los cuales, se asegura, fueron conculcados  por  la decisión que declaró responsables a YINA CONSUELO y MAURICIO MARTÍNEZ  SOTO  por  el  delito  de  Fraude procesal, pues no existía prueba de que ellos  hubiesen  ejecutado actos idóneos de inducción en error a un servidor público  con  el propósito de obtener una resolución ilegal. En tal sentido e invocando  como  respaldo  el salvamento de voto a la sentencia, afirma que no se reunieron  los elementos normativos que permiten configurar la coautoría.   

Se denuncia la violación indirecta de la ley  sustancial  por  aplicación  indebida  de  los  artículos 29 y 453 del Código  Penal,  y  por  falta  de aplicación de los artículos 7 y 232 de la Ley 600 de  20004,  como  consecuencia  de  errores  de  hecho  por  falso  juicio de  existencia  por  suposición  y por falso juicio de identidad por cercenamiento.  En  ambos  eventos,  considera el demandante, se dio por demostrado sin estarlo:  (i)  que  los procesados son coautores de Fraude procesal y (ii) que no existía  duda  razonable  para  absolverlos.  Además,  en  relación al último de tales  cargos,  manifiesta  se desconoció que la prueba indicaba que el único coautor  responsable del delito es Andrés Martínez Soto.   

Cargo  No  1: falso juicio de existencia por  suposición.   

En  la  sentencia se habría supuesto que la  prueba  testimonial  y  documental  aducida  permitía tener por acreditados los  requisitos  de  la coautoría en relación con sus poderdantes. En desarrollo de  tal  reproche,  trascribe  apartados  de la providencia en la cual se afirmó la  existencia  de  tal  forma de participación y, luego, procede de igual forma en  relación  a  las declaraciones rendidas por Nubia Luna de Soto, Amparo Oliveros  Sandoval,  Eduardo  Martínez, Andrés Martínez, YINA MARTÍNEZ SOTO y MAURICIO  MARTÍNEZ   SOTO,   y  a  los  documentos  que  fueron  incorporados5.   

Específicamente,  el demandante asegura que  en  el  expediente  no  existe  prueba  de  los  siguientes  hechos:  a) que sus  poderdantes  acordaron  con su padre Eduardo Martínez Valencia para promover el  trámite  fraudulento  de  sustitución  pensional;  b)  que  hubiesen  aquellos  recibido  el  dinero de la pensión; c) que el móvil del delito es que su padre  continuara  ayudando  a  los  hijos  menores de YINA CONSUELO, como lo hacía su  madre  en vida; d) que la idea criminal nació de los aquí procesados; y e) que  fueron  ellos  quienes  consiguieron  a  las dos testigos para que faltaran a la  verdad.   

Aun  cuando  se  pudiera  afirmar  que  los  acusados   conocían  del  plan  fraudulento  de  sus  consanguíneos,  que  los  acompañaran  a hablar con las falsas testigos, que no dieron noticia del delito  al  Hospital  y  que  la realización del mismo favorecía a la familia; asegura  que  ello  no  es  suficiente  para que respondieran como coautores porque nunca  llegaron   a   realizar   “actos   de  ejecución  relevantes  del  fraude  procesal”,  como son los de  efectiva  inducción  en  error  al servidor público o de los de obtención del  medio  fraudulento  mediante  el  cual  se  lograría  dicha finalidad. Así las  cosas,  sin  existir  certeza sobre la coautoría, el juzgador debió aplicar la  duda razonable y absolver.   

Cargo  No  2:  falso juicio de identidad por  cercenamiento.   

Se  enuncian  como  contenidos  probatorios  omitidos los siguientes:   

a)  De la indagatoria de Nubia Luna de Soto,  la  manifestación  según  la  cual  aquella intervino debido a que el padre de  Andrés Martínez le prometió que les iba a colaborar.   

b)  En  relación a la indagatoria de Amparo  Oliveros   Sandoval,   se  limitó  a  hacer  transcripciones  parciales  de  su  contenido.   

c)  De  la indagatoria de Eduardo Martínez,  las  siguientes afirmaciones: (i) que cometió un error al creer en las palabras  de  su  hijo  Andrés  Martínez  Soto, (ii) que no sabía por qué entregaba la  pensión,  (iii)  que  conocía  a  las  falsas  declarantes Nubia Luna y Amparo  Sandoval,   y   (iv)   que   la   idea  criminal  fue  de  Andrés  y  de  Jaime  Soto.   

d)  De  la indagatoria de Andrés Martínez,  las  siguientes declaraciones: (i) que la idea delictiva se la propuso su padre,  (ii)  que  éste nunca cumplió con el acuerdo de seguir ayudando a los sobrinos  de  aquél,  (iii)  que  él  era  el  encargado de manejar muchos asuntos de su  madre,  (iv)  que  recibió  el  cheque por 27 millones proveniente de un CDT de  Bancafé,   (v)  que  él  y  su  padre  hablaron  con  quienes  rendirían  las  declaraciones extraprocesales falsas.   

e)  De  la indagatoria de MAURICIO MARTÍNEZ  SOTO,   las   siguientes   manifestaciones:   (i)   que  su  padre  tenía  más  comunicación  con  Andrés y fueron éstos quienes fueron al banco a recibir el  cheque  por  27  millones, y (ii) que él no recibió dineros de la sustitución  pensional que le fue reconocida por el Hospital.   

f)  De  la  Resolución DG-1002-05 del 10 de  mayo  de  2005,  no se tuvo en cuenta que Eduardo Martínez hizo la reclamación  pensional  en  su  calidad  de  esposo  de  la  difunta  y  que sólo él podía  hacerlo.   

g)  De  la  Resolución DG-2602-05 del 25 de  noviembre  de  2005, no se tuvo en cuenta que quien realizó el trámite que dio  lugar a su expedición fue Andrés Martínez Soto.   

h) Del dictamen pericial DSVC-GCPF-0044-2011  del  16  de  febrero  de  2011, no se tuvo en cuenta el contenido según el cual  Nubia  Luna  de Soto aseguró que tanto su declaración notarial inicial como la  posterior  obedecieron  a  la solicitud de “un hijo  de la señora”.   

Una  vez  hecho  lo anterior, afirma que las  partes  omitidas  de  las  pruebas  no  permitían  concluir la certeza sobre la  responsabilidad   de  los  procesados,  por  las  siguientes  razones:  (i)  las  referencias   que   de   los   mismos  hacen  las  pruebas  fueron  “genéricas   e   indeterminadas”  a  través  de  expresiones como “ellos”,     “los     hijos”,  entre  otras,  y,  (ii) no se puede inferir de manera inequívoca  que  sus  actuaciones  fueron  concertadas  con sus parientes Mauricio y Andrés  Martínez,  ni  que  hayan  ejecutado  actos relevantes para la consumación del  delito.  Por  el contrario, continúa, los contenidos omitidos permiten concluir  que   los   últimos   en   mención   fueron   los   verdaderos   autores   del  delito.   

En  consecuencia,  se  duele  de la falta de  aplicación  del  principio  de la duda favorable que privó a sus defendidos de  una sentencia absolutoria.   

Petición.  

Con  base  en lo anterior, se solicita casar  parcialmente  la  sentencia impugnada con el objeto de que se revoque la condena  proferida  en  contra  de YINA CONSUELO MARTÍNEZ SOTO y MAURICIO MARTÍNEZ SOTO  y, en su lugar, se les absuelva.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  213 del Código de Procedimiento Penal de 2000, la Corte pasa   a   examinar   la  demanda  de  casación  instaurada por  el    defensor  de YINA CONSUELO MARTÍNEZ SOTO  y    MAURICIO    MARTÍNEZ    SOTO    con  el  objeto  de  determinar  si  es  admisible  o  no,  lo cual  dependerá          de          la   legitimidad   del  recurrente  y  del     cumplimiento    de    los    demás  requisitos  consagrados  en el  citado  estatuto  para  ese  acto procesal, entre los  que    se    destacan  el  quantum  máximo de la pena imponible al delito,  la  entidad  del  despacho  judicial  que  dictó la  sentencia,  así  como la  exigencia  de  “la  enunciación de la causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las  normas  que el demandante estime infringidas”.   

I. En    primer    lugar,   resulta  evidente  que  el  demandante  se  encuentra plenamente legitimado para recurrir en  casación   conforme   lo   establece  el  artículo  209   del  C.P.P./2000,  pues,  es  el  sujeto procesal titular de la defensa  técnica.     Además,     le    asiste    interés    jurídico    porque  la providencia judicial impugnada (sentencia condenatoria)  produce   consecuencias   notoriamente   adversas  a  los         procesados,   por  vía  de  la  imposición  de  sanciones  penales  cuya  naturaleza  es  la de privar o limitar el ejercicio de  derechos  y  libertades  fundamentales. Por   último,   es  de  advertir  que  ya  antes, en sede de la apelación propuesta contra  el   fallo   de   primera   instancia,   la  defensa  había     expresado     los     argumentos    de  inconformidad.   

II.   De  conformidad  con  el  artículo  205,  inciso  1º,  del C.P.P./2000, el recurso  extraordinario  de  casación,  por  regla  general,  es  procedente únicamente  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los Tribunales  Superiores  de  Distrito Judicial (y el Tribunal Penal Militar), en los procesos  adelantados  por  delitos  cuya  pena  sea  de  prisión  con un límite máximo  imponible  que  exceda  de  ocho  (8)  años.  Entonces,  si se repara en que la  sentencia  cuestionada en el presente evento se dictó en proceso seguido por la  conducta   punible   de   Fraude   procesal,   la   cual   aparejaba,  según el artículo 453 del Código Penal original,  una  sanción  privativa  de  la  libertad que igualaba el monto  descrito      (8  años),    aunque    sin    superarlo;  en  principio,  la única conclusión posible es la inadmisión  de la demanda de casación.   

Sin embargo, como quiera que el recurrente,  consciente  de  esa  limitación  legal, propone a la Sala que discrecionalmente  admita  el  libelo, según lo permite el inciso 3º del artículo 205 precitado,  por  considerar que es necesaria tal determinación en garantía de los derechos  fundamentales         de         los  sindicados a              la  libertad  y  al  in  dubio pro reo, los cuales habrían sufrido  mengua  a  partir  de  una  sentencia que declaró la  responsabilidad  penal de YINA CONSUELO MARTÍNEZ SOTO y MAURICIO MARTÍNEZ SOTO  como  coautores,  sin  que se reunieran los requisitos legales para predicar tal  forma  de imputación; es necesario determinar, antes  que  nada,  si  se  reúnen  los  presupuestos  del  ejercicio  de  esa potestad  discrecional.   

La  facultad  de  admitir  la  demanda  de  casación   aun   cuando  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se dirige no proviene de un  Tribunal       o       cuando      aquélla  versa  sobre un delito   con   pena   máxima  de  prisión  inferior  al  límite  cuantitativo  ya  señalado;  es una cláusula normativa excepcional, por lo que  su  aplicación  debe  ser  tan  rigurosa  que justifique la inaplicación de la  regla  general  prevista  en el inciso 1º del artículo 205 del C.P.P./2000. De  otra  parte,  el  carácter  discrecional  de  la  admisión  de  una demanda en  principio  improcedente,  implica  que  la  Corte  se  encuentra investida de la  potestad  de  optar en dicha hipótesis o por la aplicación de la regla general  o,  por  el contrario, de la cláusula excepcional. Claro está, en todo caso el  ejercicio   de   esa   facultad   no  es  arbitrario  sino  que  debe  someterse  al examen de la necesidad  del   cumplimiento   de   uno   de   los   fines   que   inspiran   el   recurso  extraordinario (art. 206 C.P.P./2000).   

Como  quiera que el recurrente no finca la  necesidad  de  permitir  la procedencia discrecional de la demanda en razón del  desarrollo  de  la  jurisprudencia  sino,  como  se vio, de la garantía de unos  derechos     fundamentales     de    los  procesados   (libertad  personal   e   in   dubio  pro  reo);  el  análisis  exclusivamente  girará  en  torno  a  establecer  si  en  el presente evento el  demandante  logra acreditar una vulneración de tales derechos que a más de ser  manifiesta  haya  sido  trascendente,  de  manera  tal  que se logre avizorar la  urgencia  del restablecimiento de la juridicidad en la sede extraordinaria de la  casación.   

Pues   bien,   el  hecho  generador  de  violación  a  las garantías esenciales habría  acaecido  en  las sentencias de instancia porque, según el demandante,   las   mismas   carecerían  de  una  fundamentación probatoria suficiente que permitiera  tener   acreditada,  en  grado  de  certeza,  la  existencia  de  los  elementos  configuradores  de  la  coautoría,  esto  es,  un  acuerdo común, la  división  del trabajo y un aporte  importante,  en  lo  que  respecta  a  sus  dos  defendidos,  siendo que, por el  contrario,  la  prueba  aducida  mostraba  que  los  verdaderos  responsables  del Fraude procesal cometido  fueron  Eduardo  Martínez Valencia y su hijo Andrés Martínez Soto.  Ha  de  advertirse  desde  ya  que los argumentos en los cuales  funda  el  recurrente  su  petición  de  admisión  discrecional  de la demanda  son,     prácticamente,     iguales    a   aquéllos   sobre   los   cuales   soporta   los           cargos   por  violación   indirecta   de   la   ley   sustancial.   

La  argumentación  común  a    la   petición   de   admisión  discrecional    y    a  la  sustentación  de los  cargos  formulados,  produce  dos efectos: el primero, que se incurre en algunas  imprecisiones  en la fundamentación de una o de otra  que habrán de advertirse en su debido momento y, el  segundo,  que  las consideraciones a exponer por la Sala en mayor o menor medida  son  predicables  tanto  del  ruego  previo  como  de  los achaques subsiguientes. En cuanto a lo primero,  ya  de  entrada  es  un  contrasentido  que  el  fundamento  de una petición de  casación     excepcional     sea    idéntico    al    de   los  cargos  de la demanda porque ello  implica  que  el  examen  de  la  admisibilidad  presupondría el de la censura,  subvirtiendo     así     el     orden     lógico     de    las    decisiones.  Y,   por   lo   segundo,   los  comentarios  que  a  continuación  se exponen sirven tanto para descartar  la  procedencia de la admisión discrecional como la  debida  sustentación  de  un  cargo  de  casación.   

Cargo  No 1: falso juicio de existencia por  suposición.   

Según  el  libelo,  se habrían tenido por  ciertos  hechos  que  no  tendrían respaldo en ninguna de las pruebas obrantes,  con  base  en  los  cuales se edificó la tesis de una coautoría. Estos son: a)  que  MAURICIO  MARTÍNEZ SOTO y YINA CONSUELO MARTÍNEZ SOTO se acordaron con su  progenitor  para  promover el trámite fraudulento de sustitución pensional; b)  que  ellos  recibieron  el  dinero de la pensión reconocida en dicha actuación  administrativa;  c)  que el móvil del delito fue el de prolongar la ayuda que a  los  hijos  menores  de YINA CONSUELO, prestaba la madre de ésta cuando vivía;  d)  que  la  idea criminal nació de los acusados aquí demandantes;  y, e)  que  fueron  ellos  quienes  consiguieron  a las dos testigos que falsearían la  verdad  y  los demás documentos necesarios. Además, continúa, tales supuestos  no  configuran  “actos de ejecución relevantes del  fraude procesal”.   

Cuando  se  señala  que en la sentencia se  supusieron  en  su  totalidad  las bases fácticas de la coautoría sin enunciar  los   medios   de  prueba  que  siendo  inexistentes  habrían  sido  objeto  de  apreciación,  más que un error de percepción en cuanto al material probatorio  disponible,  lo  que se denuncia realmente es un yerro en el raciocinio judicial  al  haber  concluido  (i)  que entre los acusados existió un convenio criminal,  (ii)  que a tal efecto se distribuyeron funciones, y (iii) que cada uno de ellos  realizó  un aporte esencial para ese cometido, porque tales inferencias, según  el  libelista,  no  era  posible  realizarlas  a  partir de la prueba legalmente  practicada.  Esta  aseveración  se  puede  constatar  en la misma demanda, pues  cuando  en  ella se transcriben algunos contenidos probatorios, son explícitas,  nunca  inexistentes,  las  referencias  a la intervención de MAURICIO MARTÍNEZ  SOTO  y  YINA  CONSUELO MARTÍNEZ SOTO en varias circunstancias relacionadas con  el delito.   

En efecto, en las citas de las declaraciones  de  Nubia  Luna  de  Soto  y  de  Amparo  Oliveros Sandoval, que a su vez fueron  tomadas  de  la  sentencia,  se  verifica  que  éstas afirmaron que quienes las  buscaron  y  les  solicitaron  que  declararan hechos falsos relacionados con el  período  de  la  convivencia  entre  Eduardo  Martínez Valencia y la fallecida  Lilia  Soto  de  Martínez, fueron los “hijos de la  difunta”  en  clara  alusión  a Andrés, MAURICIO y  YINA  CONSUELO MARTÍNEZ SOTO. En igual sentido, el progenitor de estos últimos  habría  declarado que el dinero proveniente tanto de un CDT de Bancafé como de  la  pensión  de  sustitución, lo entregaba a sus tres hijos, que fueron éstos  quienes  lo  convencieron  de  reclamar  dicha  prestación  y  consiguieron los  documentos  necesarios  para  tal  fin.  También resalta la demanda que Andrés  Martínez  manifestó  que el móvil del trámite administrativo fraudulento fue  prolongar   la   ayuda   económica   a   los   hijos   de   su   hermana   YINA  CONSUELO.   

Véase,   entonces,   que   es  la  misma  sustentación   del   cargo   la  que  desvirtúa  la  hipótesis  de  hechos  o  circunstancias  creados  por  la  imaginación del juzgador, sin ningún asiento  probatorio,  y  corrobora  que  aquél se dirige es a manifestar la discrepancia  con  las  conclusiones  del  ejercicio  intelectivo  de  reconstrucción  de los  acontecimientos  y  de  fijación  de  sus  consecuencias  jurídico-penales. Es  decir,  el  reproche implícito no consistiría en una errada contemplación del  acervo   probatorio   que   hizo  suponer  medios  de  convicción  –inexistentes-,  sino  en el resultado  del   juicio  inferencial  realizado  a  partir  de  las  pruebas  efectivamente  obrantes.  Esta  censura,  entonces, se aproximaría más al ámbito de un falso  raciocinio;  sin  embargo, la ocurrencia de éste tampoco se vislumbra porque no  se  advierte  y ni siquiera ello lo propone el impugnante, que la conclusión de  una  coautoría  sea el producto de una valoración probatoria desapegada de los  principios de la sana crítica.   

Se  trascribe  a  continuación  uno de los  párrafos  finales  de  las  consideraciones  de  la  sentencia,  en  el  que se  evidencia  que  las  calificadas  como suposiciones probatorias, son, en verdad,  las     conclusiones    del    ejercicio    valorativo    realizado    por    el  juzgador:   

En este orden de ideas, quedó probado que  los  hermanos  MARTÍNEZ  SOTO  en  su oportunidad acordaron con su señor Padre  EDUARDO  MARTÍNEZ  VALENCIA  sustituir  la mesada pensional de su difunda (sic)  madre,  haciendo  creer  ante el Hospital Universitario del Valle que convivían  juntos  y  era  acreedor  a  dicha  prestación,  a cambio éste les cedería la  totalidad  del retroactivo y la mesada pensional que con ocasión de la pensión  sustitutiva   le  fuera  reconocida;  modus  que  se  compagina  con  la  prueba  testimonial  y  documental,  específicamente la resolución de adjudicación de  la  pensión  sustituta  y  la que revocó la misma, sin que como lo sostiene el  alzadista,  la evidencia testimonial sea etérea, imprecisa, genérica ni que el  juez  a-quo  haya  decidido  bajo  supuestos o subjetividades, pues las testigos  fueron  claras  en  citar  a los tres hermanos como aquellos que las indujeron a  declarar  en  las  dos declaraciones rendidas ante Notario, cuyos dichos guardan  correspondencia  con  las  injuradas  de los hoy involucrados y las de su señor  padre,  evidencias  que  deben  valorarse  de  manera  conjunta y conforma a las  reglas  de  la  sana crítica, sin que el togado haya cuestionado la valoración  realizada  por  el  juzgador,  indicando los principios que regulan estas reglas  que presuntamente fueron desconocidos.   

Por  último,  cuando el demandante censura  que  las  actuaciones  realizadas por sus poderdantes en relación con el Fraude  procesal  cometido, no pueden ser calificadas como relevantes en la consumación  de  ese  delito; lo que se advierte es una nueva discrepancia con la conclusión  específica  del  juzgador  en  cuanto  a  la esencialidad del aporte de los dos  procesados  que  aquel  defiende,  lo  cual  denota,  una  vez  más,  un simple  disentimiento  que  al  adolecer  de  la invocación y de la sustentación de un  falso  raciocino, no pasa de ser un alegato propio de las instancias en donde la  controversia persuasiva es lugar común.   

Finalmente,  como  quiera  que  el  primer  supuesto  vulnerador  de  las garantías fundamentales de la libertad personal y  del  in  dubio  pro reo, lo hizo consistir el demandante en la configuración de  un    error   de   hecho   por   falso   juicio   de   existencia   –por     suposición-    y    éste  evidentemente  nunca  se  estructuró;  por  sustracción de materia, tampoco se  produjo  la lesión antijurídica de los derechos de los procesados. Ahora bien,  recuérdese  que  la  libertad de los ciudadanos y el principio del in dubio pro  reo  sufren  mengua legítima como consecuencia inexorable del adelantamiento de  un  proceso  penal,  la cual es más intensa y adquiere condición de definitiva  cuando  el objeto de aquél ha sido decidido de fondo a través de una sentencia  condenatoria,  como  ha ocurrido en el presente evento. Por tal razón, no basta  que  se  denuncie  una  lesión de tales prerrogativas cuando se ejerce el poder  punitivo   estatal,  pues  debe  acreditarse  que  superó  los  menoscabos  que  legítimamente pueden devenir.   

Cargo  No  2: falso juicio de identidad por  cercenamiento.   

En  segundo lugar, se censura la supresión  de  contenidos  relevantes  de las indagatorias rendidas por Nubia Luna de Soto,  Amparo  Oliveros  Sandoval, Eduardo Martínez Valencia, Andrés Martínez Soto y  MAURICIO  MARTÍNEZ  SOTO,  así  como también de una parte de las resoluciones  DG-1002-05  del 10 de mayo de 2005 y DG-2602-05 del 25 de noviembre de ese mismo  año,  y  del  dictamen  pericial DSVC-GCPF-0044-2011 del 16 de febrero de 2011.  Los  apartados  omitidos  de  las  pruebas enunciadas serían, básicamente, los  siguientes:   

1.  Que  Nubia  Luna  de  Soto  rindió  la  declaración  notarial  falsa  porque Andrés Martínez le comentó que su padre  les    colaboraría    con    lo    que    recibiera    de    la   pensión   de  sustitución.   

2.   Que  Eduardo  Martínez  Valencia  reconoció  que  la  idea  criminal  nació de Andrés Martínez Soto y de Jaime  Soto   y   que   conocía   a   las  falsas  declarantes  Nubia  Luna  y  Amparo  Sandoval.   

3. Que Andrés Martínez Soto señaló a su  progenitor  como el autor de la idea criminal y reconoció que ambos solicitaron  las declaraciones falsas.   

4.  Que  MAURICIO  MARTÍNEZ  SOTO,  de una  parte,  negó  haber  recibido dineros provenientes de la sustitución pensional  reconocida  y,  de  la  otra,  afirmó  que  su  hermano Andrés era quien mayor  relación tenía con su padre.   

5.  Que  el  trámite de sustitución de la  pensión  fue  adelantado  por  Eduardo  Martínez  Valencia en su condición de  cónyuge de la difunta.   

6.  Que  Andrés  Martínez  Soto fue quien  inició   el  trámite  administrativo  que  revocó  el  reconocimiento  de  la  sustitución pensional.   

De  otra parte, en la demanda y también en  la  sentencia,  se  admitió:  1)  que  Nubia  Luna  de Soto señaló no sólo a  Andrés     Martínez     Soto     sino     a    sus    hermanos    “CONSUELO    MARTÍNEZ   y   MAURICIO   MARTÍNEZ”,  como aquéllos que le solicitaron que declarara falsamente en una  notaría;  2)  que  Eduardo  Martínez  Valencia  sostuvo  que sus tres hijos le  propusieron  reclamar  la  sustitución  pensional y reunieron la documentación  necesaria  para  tal  efecto;  3)  que  Andrés  Martínez Soto declaró, por el  contrario,  que  su  padre  fue  quien  sugirió  la  idea  de  no  permitir  se  extinguiera  el  derecho  a la pensión; 4) que MAURICIO MARTÍNEZ SOTO aseveró  que  nunca  recibió  dineros  de  la  prestación  reconocida  a  su padre como  sustituto;  5)  que  la Resolución DG-1002-05 del 10 de mayo de 2005 reconoció  pensión  sustitutiva  a  Eduardo Martínez Valencia y la Resolución DG-2602-05  del 25 de noviembre de 2005 revocó dicho reconocimiento.   

Así  las  cosas,  la  misma  demanda  de  casación  y, obviamente, la sentencia impugnada, desvirtúan la supresión o el  cercenamiento  de  algunos  contenidos  probatorios,  pues  los  señalados como  tales,   por   el  contrario,  fueron  declarados  por  el  juzgador  de  manera  explícita,  como se acaba de demostrar. Además, los argumentos probatorios que  fincan,  principalmente,  la responsabilidad penal de Eduardo Martínez Valencia  y  de  su  hijo  Andrés  Martínez  Soto  en  el  delito de Fraude procesal, no  descartan  por  sí  mismos  los  que  sirven  para  cimentar igual declaratoria  judicial  en relación a YINA CONSUELO MARTÍNEZ SOTO y MAURICIO MARTÍNEZ SOTO;  es  más,  en  la  mayoría  de  los aspectos emergen como fundamento común del  compromiso  delictivo de aquéllos y de éstos, como se vio. Por tal razón, aun  cuando  le  asistiera razón al impugnante, su reparo no tendría la virtualidad  de mutar la condena emitida por una absolución.   

En  el caso bajo examen, el reproche por un  falso  juicio  de  identidad  no  se  funda, entonces, en la omisión parcial de  varias  de  las  pruebas  incorporadas  al  proceso,  sino  en el desacuerdo del  demandante  con  el juicio inferencial que le permitió al juzgador concluir que  YINA  CONSUELO  MARTÍNEZ  SOTO  y  MAURICIO  MARTÍNEZ SOTO ejecutaron actos de  coautoría  en  el  Fraude  procesal,  al  igual que su hermano Andrés y que su  padre  Eduardo  Martínez Valencia. Ello es así aun cuando unas pruebas o parte  de  ellas  respalden la inocencia de los acusados, pues tal divergencia de tesis  es  connatural al ejercicio del derecho a la defensa y a los modelos procesales,  puros  o mixtos, que se orientan por el principio acusatorio. En ese contexto de  posiciones  valorativas  contrapuestas,  la decisión que acoja una de ellas, no  es  impugnable  en  esta sede por el mero desacuerdo con el sentido de la misma,  sino  por  la  reunión  de  los  presupuestos  que permitan configurar un falso  raciocinio.   

Por  último,  al  igual  que se manifestó  frente  al  cargo anterior, si la vulneración a las garantías fundamentales de  la  libertad  y  del  in  dubio pro reo dependía de la comisión de un error de  hecho  por  falso juicio de identidad –por  cercenamiento-,  la  inexistencia manifiesta de un vicio de tal  naturaleza  excluye  la  consecuencia  violatoria denunciada. En otras palabras,  descartada  la  causa  jamás  puede  hablarse  del  efecto  nocivo  que aquella  supuestamente  produciría.  Se  recuerda,  igualmente, que la libertad personal  puede  sufrir  afectación  legítima  en  el  transcurso  de  un proceso penal,  primero,  a  través  de la imposición de una medida de aseguramiento y, luego,  de  una  sanción penal definitiva. Así también, que el principio del in dubio  pro  reo  irradiará su acción siempre que las dudas persistan y ello no ocurre  cuando  se  dicta una sentencia condenatoria que presupone el conocimiento de la  responsabilidad en grado de certeza (art. 232 C.P.P./2000).   

Conclusión.   

En   virtud  de    lo    expuesto,  la     Corte    inadmitirá    la    demanda          presentada     por     el      defensor     de    YINA    CONSUELO   MARTÍNEZ   SOTO   y   MAURICIO   MARTÍNEZ  SOTO,   teniendo  en  cuenta:  (i)  que la pena  máxima  del delito juzgado impide la procedencia de la casación, y (ii) que la  impugnación     no     contiene     un  supuesto  de vulneración a garantías fundamentales, ni éste  se  advierte  oficiosamente,  por lo que no  es viable el ejercicio de la excepcional facultad de admisión  discrecional.  Además,  en  todo  caso,  el  libelo  tampoco  esgrime  un cargo susceptible de estudio en  la sede extraordinaria de casación.   

D E C I S I Ó N  

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación presentada por la defensora de  YINA  CONSUELO  MARTÍNEZ  SOTO y MAURICIO MARTÍNEZ  SOTO.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Folios 387-436, C.O. No 2.   

2  Folios   474-494,   ibídem.   El   magistrado  Víctor  Chaparro  Borda  salvó  parcialmente  el  voto por considerar que debía revocarse la condena impuesta a  YINA CONSUELO y MAURICIO MARTÍNEZ SOTO (fls. 508-521, C.O. No 2).   

3  Folios 541-576, ibídem.   

4  También  habla  de   “la  violación  de  medio  del  artículo 28 de la  Constitución Política”.   

5  Declaraciones  extraprocesales de Nubia Luna de Soto, Amparo Oliveros Sandoval y  Eduardo  Martínez  Valencia; las resoluciones DG-1002-05 del 10 de mayo de 2005  y  DG-2602-05  del  25  de noviembre de 2005; y la experticia DSVC-GCPF-044-2011  del 16 de febrero de 2011.     

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