AP2492-2016(47363)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

AP2492-2016  

Radicación    N°    47363.   

Aprobado acta N° 135.  

Bogotá,  D. C., veintisiete (27) de abril de  dos mil dieciséis (2016).   

I. MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala se pronuncia sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por  Carlos  Buitrago   Osorio,  alias  «Anderson»,  a través de  apoderado  especial,  contra la sentencia dictada el 13  de  agosto  de  2012  por  el Tribunal Superior de Antioquia, quien confirmó el  fallo  del 8 de septiembre de 2011 emitido por el Juzgado 2º Penal del Circuito  Especializado  de  ese mismo departamento, en el que se le condenó a  la  pena  principal  de 40   años  de  prisión  y  810  SMLMV de  multa    como    coautor  responsable  de  los  delitos de rebelión en concurso  con  terrorismo,  homicidio  agravado y secuestro extorsivo agravado.   

II. HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

2.1.   Extraídos   de  la  sentencia  de  primera   instancia se tiene que:   

El  30 de julio de 1.999, aproximadamente a  las  cuatro  de la tarde, integrantes de los frentes 9º y 47 de las farc (sic),  ingresaron  de  manera violenta al municipio de Nariño, Antioquia. Inicialmente  hicieron  detonar  un  carro-bomba frente a las instalaciones de la Estación de  Policía,   luego  lanzaron  cilindros  de  gas  y  explosivos  con  los  cuales  ocasionaron  destrozos  en  diferentes  edificaciones  y  se enfrentaron con los  agentes de la Policía de la localidad.   

Se produjeron las muertes de los Agentes: 1)  JOSÉ  RENET RUIZ ARIAS, 2) LUIS CABRERA PALACIOS, 3) ANDRÉS ARIAS TRUJILLO, 4)  JHON  FREDY PALECHOR CORREO, 5) CARLOS EMILIO OSPINA PATIÑO, 6) ORLANDO NAVARRO  CEDEÑO,  7)  ANTONIO  CÓRDOBA  MORALES, 8) JUAN CARLOS SANTIAGO IBAÑEZ y  9)  ISAÍAS  ARANGO  RAMÍREZ,  y  de  los civiles: 1) MARIA EVA TORO MARÍN, 2)  CRISTINA  VIANA  TORO,  3) ESTEFANÍA CORTÉS, 4) SANTIAGO MARQUEZ TORO, 5) JHON  PALACIO   HERRERA,   6)  BERTULFO  HERRERA  GALVIS  y  7)  DIANA  CECILIA  RAMOS  LOPEZ.   

Resultaron  heridos  los  ciudadanos,  no  combatientes:  1) FELISA HERRERA HINCAPIÉ, 2) ORLANDO MARÍN GIRALDO, 3) DANIEL  OSORIO,  4)  GUSTAVO  MARÍN  OSPINA,  5)  LUZ  ELENA PÉREZ GIRALDO, 6) ÁNGELA  MONTOYA  GAVIRIA,  7) BELIZA OROZCO CARDONA, 8) OLIVA LONDOÑA ESCOBAR, 9) MARIA  SUAREZ  OSORIO,  10)  MARÍA  LUCERO  MARIN  MARIN  (sic)  CASTAÑO, 11) MÓNICA  PATRICIA  GARCÍA,  12)  MARTA  PÉREZ  GRANADA,  13) LINA VICTORIA RUIZ PALACIO  (menor),  y los agentes de policía: 1) CLAUDIO MOSQUERA ARIAS, 2) PEDRO ENRIQUE  SAENZ  TORRES,  3)  HENRY  ALBERTO  VANEGAS  CORTÉS, 4) DUBER DE JESÚS MONTERO  MARTÍNEZ,  5)  EVER  ANDRÉS  LÓPEZ TAMAYO, 6) SEGUNDO JURADO MUÑOZ, 7) JOSÉ  JOAQUÍN  MONSALVE  RUEDA,  8)  EDWIN  ALBERTO  NOGUERA  DUQUE,  9) YERMAN URIEL  PALACIO   JARAMILLO,   10)   PEDRO   NEL  ZUÑIGA  y  11)  WALTER  RODRIGO  MENA  SERNA.   

Después  de  dinamitar  la caja fuerte del  Banco  Agrario,  los  miembros del grupo insurgente se apoderaron de $58.000.000  de  pesos  en  efectivo;  atacaron  a  la  población  civil  no  combatiente  y  perpetraron  hurtos  en  las oficinas de SOTRASONDA, en cuantía de $250.000; de  la  Cooperativa  CREARCOOP  sacaron  la  suma  de $3.271.453; de las oficinas de  EDATEL  se  apoderaron  de  $3.000.000; del hospital de la localidad se llevaron  medicamentos  y  elementos  de  aseo  avaluados en $15.000.000 y se hurtaron una  motocicleta,  marca  Honda,  con  placas  PKK-79,  de  propiedad del señor LUIS  ANTONIO LÓPEZ.   

A los señores HÉCTOR HURTADO ARISTAZABAL y  SIGIFREDO    GALLEGO   RESTREPO,   les   hurtaron   $7.500.000   y   $3.000.000,  respectivamente.   

Causaron  daños  a las instalaciones de la  Registraduría  Municipal del Estado Civil, y a la oficina de Catastro, de donde  se sustrajeron varios documentos públicos e incineraron otros.   

2.2. Por estos hechos y agotada la actuación  procesal,  con  plena observancia del sistema regido bajo la Ley 600 de 2000, se  profirió,  el  8  de  septiembre de 2011, por el Juzgado 2º Penal del Circuito  Especializado   de   Antioquia,   fallo   por   los   punibles  de  rebelión   en   concurso  con  terrorismo,  homicidio  agravado  y  secuestro  extorsivo  agravado, imponiendo al procesado  como pena principal 40 años de prisión y 810 SMLMV de multa.   

2.3  La  Sala Penal del Tribunal Superior de  Antioquia  confirmó  aquella  decisión  mediante sentencia del 13 de agosto de  2012.   

III.      LA  DEMANDA   

3.1.   El   apoderado   de   Carlos   Buitrago   Osorio,  alias        «Anderson»,  luego  de  realizar  el  recuento  de  los  hechos,  la  actuación  procesal  y las partes  intervinientes,     invocó     el    «numeral  3º  del  artículo  192 de la Ley 906 de 2004  (sic)», como  causal de revisión.   

3.2.    Enunció    que    el    sustento    probatorio    de   su  defendido no está debidamente acreditado con fotos o  registros   de   fila   de   personas   para   poder  individualizarlo  y  luego  identificarlo,  pues,  a  su  juicio,  «no   se   vislumbra   una   vinculación  directa  de  Carlos   Buitrago   Osorio  en     dichos     hechos»1.   

3.3. En cuanto al fallo de segunda instancia  citado, expresó que:   

[E]n   lo   que   respecta   al   ciudadano  Iván   De   Jesús   Zuluaga   Jiménez,  quien al igual que al ciudadano Carlos  Buitrago  Osorio se le vincula como PERSONA AUSENTE a  pesar  de  estar detenido en  esa  época  y  por  el  mismo  juzgado,  donde  decreta  UNA NULIDAD. (sic) por  violación al debido proceso (…).   

Se  refiere a que el condenado Iván  De  Jesús  Zuluaga  Jiménez  se  encentraba  detenido  al  momento  de la DECLARATORIA DE PERSONA AUSENTE, que se  sabía  por  el Estado que él estaba detenido desde el 31 de octubre de 1999 de  manera  ininterrumpida,  que sabían que estaba detenido y la Fiscal no lo busco  (sic)  y  opto  (sic)  por  el método irregular para vincularlo a la actuación  penal   a  través  de  la  DECLARATORIA  DE  PERSONA  AUSENTE.  Y  se  adelantó  un  proceso  con desconocimiento del interesado, sin  poder  ejercer  el  derecho  de  defensa y contradicción, así como a un debido  proceso                  probatorio2.   

Adicionalmente, esgrimió en su escrito que  «[c]uriosamente  para  el  señor   Zuluaga  Jiménez  emite  un  AUTO DE NULIDAD  PARCIAL,   (…),   pero  erróneamente   para   el   señor   Carlos  Buitrago  Osorio emite una SENTENCIA CONFIRMATORIA que si (sic)  TIENE  RECURSOS  y  el recurso era EL EXTRAORDINARIO DE CASACIÓN del  que  fue privado de manera injusta el  señor     Buitrago  Osorio»3.   

3.3.  Por  otra  parte,  aduce como prueba  sobreviniente         las        «LABORES  DE  INVESTIGADORES  DE LA DEFENSA PUBLICA»,   mediante  las  cuales   se   evidencia,   a   su   juicio,  la     identidad     de     alias    «Anderson»,       remoquete     que     también     era    empleado    por  otro  miembro  de la organización  señalada,  lo  que,  a  su   criterio,   demuestra   las   diferencias  con  el   condenado   Carlos  Buitrago          Osorio,         quien  para los  hechos  del  30  de julio de 1999 al 1º de  agosto  de  esa  misma  anualidad4  no  estuvo  en dicho lugar,  sino  en el municipio de Santuario (Risaralda), «tal  y    como   manifiestan   de   (sic)   declaraciones   bajo   la   gravedad  del  juramento  (sic)  personas del lugar»5.   

Añade  que  dicha  circunstancia jamás fue  tenida  en  cuenta  por  los  funcionarios judiciales que resolvieron el caso, a  pesar  que  en el fallo de primera instancia, además de la fecha de los hechos,  «figura  en  el  acápite  relativo  a los rasgos de  individualización     del    procesado    Buitrago  Osorio,  que  son  diferentes  a  los  del  verdadero  Anderson»6.   

3.4.  Con  fundamento  en  lo  expuesto,  solicitó,  en  estrecha  síntesis,  lo  siguiente:  «1.- Se declare fundada  en  (sic)  la  presente  ACCION  DE REVISION, (…)  2.-      Como      consecuencia     dejar  sin  efecto  alguno  la  condena  proferida  en  contra  de  Carlos  Buitrago  Osorio  (…).  3.-  CONCEDER la  libertad     incondicional     e     inmediata     [al    condenado]».   

  IV.  CONSIDERACIONES   

4.1. De conformidad con lo establecido en el  numeral  2° del artículo 75 de la Ley 600 de 2000, a esta Sala compete conocer  de   la  acción  de  revisión  presentada  por  el  defensor  de  Carlos  Buitrago  Osorio,  por  cuanto  es  promovida  en  contra  de  una  sentencia  de  segunda  instancia dictada por un  Tribunal Superior de Distrito Judicial.   

En efecto, se trata del fallo condenatorio de  segundo  grado  emitido  por la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de  Antioquia,  a  través  del cual confirmó el proferido por el Juzgado 2º Penal  del   Circuito   Especializado   de   ese   mismo  departamento,  declarando  la  responsabilidad  penal  del mencionado procesado por los delitos de rebelión     en    concurso    con  terrorismo, homicidio agravado y secuestro extorsivo  agravado.   

4.2.  Ahora  bien,  la Sala ha sostenido, en  múltiples   oportunidades,   que   la  acción  de  revisión  tiene  carácter  excepcional,  pues,  por su conducto, se busca quebrar la fuerza de cosa juzgada  que  reviste la sentencia, en defensa de la justicia. De allí que el legislador  haya   establecido  no  sólo  causales  taxativas  para  su  procedencia,  sino  requisitos  de forma y fondo en la demanda, que resultan indispensables para que  la   Corte  pueda  pronunciarse  sobre  su  admisión  y  disponer  el  trámite  correspondiente.   

4.3.  De  manera  reiterada    ha   venido   afirmando   la  Sala  de  Casación  Penal  que  por  constituir la acción de  revisión  un  ataque  contra  la  solidez  de  la  cosa  juzgada, no sólo debe  someterse  a  las taxativas causales que para su prosperidad indica el artículo  220    de   la   Ley  600  de  2000       (art.       192   L.  906/04),  sino  que  además  requiere  del  aporte  de medios de prueba serios, procedentes, idóneos y con suficiente grado  de  credibilidad y trascendencia para conducir a la rectificación del error que  se  le adjudica a la providencia atacada, superando en ella la injusticia que el  actor le atribuye.   

4.4.    De    la    causal    3ª    de  revisión.   

4.4.1.  En  el  presente   caso,   el   defensor  de  Carlos  Buitrago  Osorio,   alias  «Anderson»,  acude a la causal  3ª  del artículo 220 del  Código  de  Procedimiento Penal, que se refiere al surgimiento de hechos nuevos  o  pruebas no conocidas al tiempo de los debates que establezcan la inocencia de  la persona condenada o su inimputabilidad.   

4.4.2. En orden  a  fundamentar  su  pretensión,  el  demandante  trae  a colación i)            la  falta de  valoración  probatoria de  los   funcionarios   judiciales   sobre  los  rasgos  de  individualización  del  procesado Carlos   Buitrago   Osorio   frente  al  «verdadero  ANDERSON»7;         ii)      un      nuevo  informe  de  actividades  periciales  y/o  de investigación8  que data del 9 de diciembre  de   2014,   a   través   del   cual  el  Grupo  de  Investigación  Defensorial Regional Valle del Cauca,  indica  que «la Fotografía No. 1 correspondiente al  señor  OVIDIO  ANTONIO  MESA  OSPINA  Alias  “ANDERSON  o  CARRANZA”  y  la  Fotografía   No.   2   del  señor  Carlos  Buitrago  Osorio  Alias  “ANDERSON” son inconsistentes con  rasgos   morfológicos.   Es   decir  no  son  la  misma  persona.»;  y  iii)  entrevistas rendidas  en  la  Defensoría  Pública  Regional      Urabá,      por      Pedro    Pablo    Montoya   Cortés9 y  Elda    Nellys    Mosquera    García10,  así           como           declaraciones  ante  la Personería de  Marsella    por    Alba    Ruth   Bedoya   Osorio11,   José  Aldemar  Orrego  Ramírez12     y     Blanca    Elsy    Bedoya  Osorio13,    manifestaciones    ante   la   Personera   Municipal   de   Santuario   por   Gerardo  Rendón14,        Wilmer        Buitrago15        y   María   del   Carmen   Mosquera16,        versión     libre     frente   al   INPEC  de  Jorge  Iván  Cañaveral                   Usme17,        entrevistas  ante  la  Defensoría del  Pueblo     Regional    Antioquia,    por    Pedro    Pino    Valderrama18  y  Wilson  Hernán  Henao  Montes19,     Irlem     Toro     Cifuentes20    y   Hernán   García  Giraldo21,  que  se  refieren              –contrario  a  lo  demostrado  en  el  proceso  penal- a  la  irresponsabilidad del procesado  por  los  delitos  perpetrados  en  el  municipio de  Nariño  (Antioquia)  entre  el  30  de  julio y 1 de agosto de 1999.   

4.4.3.   Lo  primero   que   debe   señalar  la  Sala  es  que  el  planteamiento  del solicitante consistente en la falta de valoración probatoria  de  los  funcionarios  judiciales  sobre  los  rasgos de identificación del reo  Carlos  Buitrago  Osorio, no  corresponde  a  la  causal  de  revisión  invocada,  ni  a  ninguna otra de las  previstas en el artículo 220 del estatuto procesal citado.   

4.4.4.  Esa  alegación  está  encaminada a  demostrar  la  ilegalidad  de los fallos de instancias, imprecisiones que de ser  válidas  solo  podían  cuestionarse  acudiendo  al  recurso casación, el cual  dejó  de interponer el defensor del condenado porque previamente no ejerció su  derecho  de  incoar  el  de  apelación  contra  la sentencia de primer grado, a  sabiendas   que   era   pertinente   su   presentación   para  acudir  a  aquel  extraordinario,   de  conformidad  con  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

Reiteradamente  ha  explicado  la  Sala  que  sustentar  la  revisión  con  motivos  propios  de  la  casación constituye un  despropósito  lógico y jurídico, en consideración a las marcadas diferencias  entre  los  dos  institutos  jurídicos,  no  sólo por sus causales, trámite y  técnica,  sino también porque con la revisión no se busca subsanar errores de  legalidad,  pero  sí  las  injusticias de las decisiones judiciales, por causas  distintas   a   errores   in  iudicando     o    in    procedendo.   

4.4.5.         Extrañamente   se   argumenta   en   la   demanda   que  no  hubo  participación  de  Carlos Buitrago Osorio,   alias  «Anderson»,  en    los         hechos        ilícitos  cometidos    en    el    municipio    de   Nariño  (Antioquia)  entre  el 30  de       julio       y      el      1º   de  agosto     de     1999,    porque    Alba  Ruth  Bedoya  Osorio,  José Aldemar Orrego Ramírez, Blanca  Elsy  Bedoya  Osorio,  Gerardo  Rendón,  Wilmer  Buitrago,  María  del  Carmen  Mosquera,  Jorge  Iván Cañaveral Usme, Wilson Hernán Henao Montes, Irlem Toro  Cifuentes,  quienes      no  intervinieron    en    el    debate,    así   lo   afirmaron  ante  la  Defensoría  del  Pueblo, Personerías Municipales de Santuario y Marsella, así  como  en  el  INPEC,  con  posterioridad a la emisión de los aludidos fallos.   

Sin embargo, adrede desconoce el accionante  que       precisamente       todos       esos      aspectos      fueron  objeto  de  amplia  discusión en  las   instancias  y,  por  supuesto,  de  consideración  en  los  fallos  demandados, pues fueron  desechados   en   la   pertinente   confrontación   dialéctica   propia  de  la  valoración  probatoria,  tras  considerarse que lo  expresado  por Pedro Luis Pino Valderrama   y   Carlos   Osorio   ofrecía  credibilidad  debido  a  sus  condiciones  de  desmovilizados  y, en consecuencia,  llevaba   a   la   certeza   de   su   actuación  en  tales  hechos    por    tener    conocimiento   de   primera   mano.   

4.4.6. Por otra  parte,  no  menos  exótica,  se  evidencia que Pedro  Pablo   Montoya   Cortés,  Elda  Nellys  Mosquera  García  y  Hernán  García  Giraldo,  quienes  al interior de aquel juicio penal  intervinieron     como     procesado       y      testigos,   respectivamente,   sin     haber    expresado    nada    sobre   el   condenado  Carlos        Buitrago        Osorio,   alias  «Anderson»,  ahora  son  traídos  a  esta  acción  excepcional     para    denotar      que      éste       no       actuó  en  «la    toma    de  Nariño»  y      demostrar      supuestas         equivocaciones       en            las          aludidas             determinaciones.   

En  similares  circunstancias, es jalonado  a  esta  discusión Pedro  Luis    Pino    Valderrama,   quien   dentro       de      la        señalada       investigación     había    dado    su  testimonio sobre la participación y liderazgo del        citado       convicto  en  los hechos por los cuales  fue    judicializado,  pero    hoy    en    día   narra   una   versión  diferente.   

4.4.7.  Para la  Sala  es  claro  que  tales  declaraciones  no pueden  calificarse  como  prueba  nueva,  cuando con ellas  lo   que   se   pretende  es  insistir  en  la  tesis  defensiva  examinada en  aquél     juicio  y    dejada   de   lado   por   los   jueces    en    sus    fallos    de  instancias.   Sus   contenidos   no   remiten,  realmente,   a   demostrar   la  inocencia  del  condenado,  sino     a    rebatir    una    hipótesis    que,    contrario   a   lo   que   afirma  el  demandante,     sí     fue    objeto   de   análisis  probatorio  en  las  sentencias    censuradas    que    actualmente   se   encuentran   revestidas    de    una    doble    connotación   de   acierto   y  legalidad.   

4.4.8.  La  naturaleza  y  finalidades  de  la  acción  de  revisión  no  pueden  servir  de  escenario  a  un  nuevo  debate  probatorio o  controversial,  como  quiera que siempre será posible allegar más elementos de  juicio  o  tesis  novedosas encaminadas a demeritar las razones que motivaron la  condena o, cuando menos, fortalecer la postura contraria.   

No  obstante,  cuando  se  pretende  dejar  sin efecto la cosa juzgada es imprescindible que lo  anexado  comporte  una  objetividad  y  trascendencia  tal,  que su sola auscultación permita verificar  la     comisión     de     una     injusticia   que   requiere  remedio.  Lo  otro,  vale  decir,  la  presentación  de  pruebas  más  o menos pertinentes que soportan una posición  contraria  a  la del juzgador, no pasa de constituir un insustancial intento por  revivir  debates  clausurados,  tratando de perpetuar la discusión y dejando de  lado    el   efecto   benéfico   de   los  principios  de seguridad  jurídica    y   confianza   legítima.   

4.4.9.  En  el  presente  caso,  se  itera,  la  tesis  aducida  por  la defensa en el curso del  proceso    ordinario   se   fundamentó   en   que   su   representado   no   fue   quien   lideró  o  ejecutó  materialmente «la  toma          de         Nariño»,   con  base  en  la  proposición  de la duda, por  cuanto, a su entender,  los  testimonios allegados por la Fiscalía no suministraban una  descripción    clara   del   procesado.   

        Todos  esos  elementos  fueron  contrastados  por  los falladores,  particularmente        con        los  testimonios     de  Pedro    Luis    Pino  Valderrama     y     Carlos    Osorio,  quienes  afirmaron   sobre   la  intervención  del procesado   para   propiciar   los  infortunios  descritos.  Así  se  refirió  a  tales aspectos la  primera instancia:   

En     cuanto     a     Carlos   Buitrago   Osorio,  conocido  al  interior  de  las  FARC  como  alias  Anderson,  encontramos  en primer lugar  la  versión e (sic) PEDRO  LUIS  PINO  VALDERRAMA  (folio 229 cuaderno 13) ex integrante de las FARC, quien  indica  que  otro  de los encargados de la dirección y planeación de la toma a  NARIÑO,   lo   fue   Alias   Anderson,  quien     participó     directamente     en    al    (sic)   toma   en  su  condición  de  demandante del FRENTE AURELIO RODRÍGUEZ.   

De  la  misma  manera CARLOS OSORIO, en su  declaración  señala  que  la  toma  al municipio de Nariño fue planeado en la  Vereda  los Mesones, en la cual lo (sic) mandos  47  y  9  de las Farc, acordaron como se ejecutaría dicho  acto,  precisando  que  en  dicha  toma participó igualmente alias Anderson.   

Aquí  entonces  se  cuenta igualmente con  testimonios  de  desmovilizados de las FARC, que como ya se anotó dada su misma  condición   de   desmovilizados   podían   tener  un  conociendo  (sic)   de  primera  mano    sobre   la   forma   como   (sic)  dicha      organización     funcionaba    y    quienes    (sic)  eran las personas que estaban al  frente  de  dicha  organización  lo  que  permite  entonces  tener  debidamente  acreditado   que   el   acusado   CARLOS   BUITRAGO  OSORIO  alias  Anderson,  era  uno  de  los  jefes del  frente  47  de  las  FARC,  y dicho frente participó en la toma al municipio de  NARIÑO,  y que además dicha persona, fue uno de los organizadores y directores  de dicha toma.   

Por    lo  tanto como coautor impropio debe responder todas las  conductas  delictivas que se ejecutaron en desarrollo de la toma al municipio de  NARIÑO  las  cuales  como  se  indicó párrafos  arriba  se encuentran debidamente acreditados en cuanto  a  su  materialidad,  por  lo  mismo  encuentra  el Despacho que resulta posible  arribar  al  grado  de  convencimiento de la certeza para considerarlo coautor y  responsable   de   los  delitos incluidos en la acusación.   

(…)  

Ahora  bien,  sobre la existencia de dudas  que  obliga  aplicar  el  principio  del  indubio pro reo, debe señalar  el  Despacho  que contrario a lo  planteado  por  el  defensor,  no  existe duda que impida errostrar (sic)     a     su     (sic) representados la responsabilidad  penal  que  se  reclama  por  la Fiscalía General de la Nación, pues aunque es  cierto  que  los  testigos  presenciales  de  la  toma, en su mayoría no pueden  identificar  con  precisión  cuales  eran  los  guerrilleros que ejecutaron tan  cruentos  hechos,  dichos  testimonios  han  sido  valorados  para  acreditar la  materialidad   de   los   diferentes   ilícitos,  pero  no  para  demostrar  la  responsabilidad   de  los  acusados,  los  cuales  tal  y  como  consta  en  los  párrafos precedentes de  esta   decisión  se  demuestra  en  su  mayoría  con el testimonio de los  guerrilleros  desmovilizados  que  permitieron establecer con precisión quienes  eran  los  guerrilleros que comandaban los frentes 9 y 47  que participaron  en  la  toma  al  municipio  de  Nariño,  y  esto pues como es natural, quienes  padecieron  en  forma  directa  a la toma no estaban en capacidad de identificar  plenamente   a  personas  que  muy  posiblemente  no  habían  visto  antes,  o  que  simplemente  vinieron a conocer el momento de la  toma,  y  respecto  de  las  cuales  como  es  lógico solo pudieron conocer sus  alias.   

Por   el   contrario   los  guerrilleros  desmovilizados    y    que    rindieron    declaración,    si    (sic)  tenían  la  posibilidad  de  precisar      quienes      (sic)     eran  los  dirigentes de los frentes que participaron en la toma y  quienes  (sic) planearon y  ejecutaron  tales  actos,  y  así  lo  hicieron  tal y como se desprende de las  lecturas  integrales  de  las  declaraciones  de  los  señores LIBARDO VALENCIA  HENAO,  EDINSON  DE  JESÚS  RUA  CATAÑO,  LUZ  MARINA  PARRA BLANDON, HERNANDO  GARCÍA, PEDRO LUIS HINCAPIE BETANCUR, PEDRO LUIS PINO VALDERRAMA.   

De otra parte del hecho de que no militen  pruebas     en     la     actuación     que     precisen    que    (sic) conductas delictuales ejecutaron  cada  uno  de  los  acusados en desarrollo de la toma, no resulta posible emitir  una  decisión  absolutoria  por  aplicación  el principio del indubio pro reo,  pues   aquí   no  se  le  esta  (sic)  imputando   responsabilidad   a   los   acusados  porque  hubieran  ejecutado  por  su  propia  mano  cada uno de dichas conductas, sino porque como  personas  con  mando  al interior de los frentes 9 y 47 de las FARC, planearon y  dirigieron  la toma al Municipio de Nariño, y por lo tanto como coautores en la  modalidad  de  coautoría  impropia  son responsables de todas y cada una de las  conductas   que   se   ejecutaron   en  desarrollo  de  los  tres  días      de      toma.22   

Cuestiones   que   fueron  ratificadas  en  segunda  instancia, no  obstante  que el defensor del condenado no interpuso  recurso   de   apelación   frente   las   desavenencias   expuestas23.   

4.4.10. Como se  aprecia,    lo    declarado    por    Pedro  Luis  Pino  Valderrama,  en  el  curso   del  proceso  penal,  descartó  la  singular  propuesta de la defensa  –y ahora reiterada por  el    demandante    en   revisión-,   toda  vez  que, siendo él desmovilizado  de  dicha organización,  tenía   conocimiento  de  primera  mano  sobre  la  estructura    y    funcionamiento   de   esa   banda   delincuencial24.   

Por  tanto,  si  el  interés  que se  advierte   en   el   accionante   es  que  la  Corte  efectué  un reexamen de  la   valoración   que  los  juzgadores  hicieron  de  la  prueba,  particularmente de la veracidad de las  afirmaciones  de  uno de los testigos de cargo (Pedro  Luis  Pino  Valderrama),  a partir de su retractación   y   del   aporte   de  otros   desmovilizados  que  buscan  refrendar  su  dicho,  debe  decírsele  que  tal ejercicio no  tiene  cabida  en revisión por tratarse de un asunto  que  ya  fue examinado, sobre el cual solo es posible  volver  cuando  se  haya  probado,   mediante   decisión   judicial   en   firme,   que  el  deponente  mintió, caso en el cual la  causal a invocar sería distinta.   

Respecto de la  alegación  de la figura  de  la  «retractación»  en  sede de revisión, la  Sala,  en  providencia  CSJ  AP, 3 de julio de 2008,  rad.  29.792, dijo lo siguiente:   

(…)   la  retractación   del   testigo   no   puede  recibir  el  tratamiento  de  prueba  nueva,  pues lo único que se pretende con ella, como  lo  ha reconocido la Sala, es afectar la credibilidad que a su exposición se le  dio  en  el fallo, tema que, desde luego, no puede ser examinado de nuevo ni aun  en  revisión  y  que  es,  precisamente,  lo  pretendido  por la demandante, al  señalar  en  su libelo que lo único realmente cierto en este proceso, es “la  existencia  de  una gran duda frente a la ocurrencia de los hechos constitutivos  de acceso carnal violento”.   

Sobre el tópico, así reiteró la Sala en  anterior                 oportunidad25:   

“Así   las   cosas,  es  evidente  la  precariedad  del escrito en estas condiciones incoado ante la Corte, como que la  actora  además  de  eludir  la  presentación  de  los argumentos de hecho y de  derecho  que  deberían  servirle  de soporte, limitó  toda  razón  para  motivar  la  revisión  de la sentencia, al testimonio de la  víctima   en   el   que   se   retracta   de   los  hechos  por  los  cuales  se  condenó  al  procesado,  como  si  esta  postura  de  último momento pudiera  configurar  realmente  una prueba nueva con las cualificadas exigencias de estar  en  vía  de  socavar  la justeza del fallo, cuando en  las  condiciones dadas resulta verdaderamente inaceptable, pues no comporta así  ninguna   novedad   cuyo  desconocimiento  al  tiempo  de  los  debates  hubiera  determinado  que  el  funcionario judicial no tomara entendimiento de ella, sino  precisamente  con  el  paladino  propósito  de  generar  a través de su actual  presentación  un conflicto de apreciación referido a la credibilidad dada a la  misma   en   el   fallo   y   sobre  cuyo  pilar  se  fundó,  precisamente,  la  condena.   

“Tiempo  atrás  había señalado que la  acción  de  revisión  no  es  procedente “por la sola retractación de uno o  varios  deponentes,  pues  no se sabe dónde está la verdad, por tanto el fallo  permanece  con  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad. Cuando se haya  determinado,   sin  vacilaciones,  quién  mintió  en  el  proceso,  siendo  la  respectiva  declaración  sustancial  en  orden  al  fallo, entonces sí habría  lugar al trámite de la acción”.   

Y  no  es  la  acción  de  revisión  el  escenario  propicio para establecer en cuál de las dos declaraciones mintió la  testigo,  pues  ante un fallo ejecutoriado, donde sus declaraciones han superado  la  presunción de certeza y legalidad para ser reconocidas por la sociedad como  verdades  inmutables, sólo valdrá esa retractación  cuando  se  haya  determinado  por  decisión  judicial en firme, que el testigo  mintió  en  el  proceso, y  en  tal  evento  ya no se estaría en presencia de una prueba nueva, sino de una  prueba  falsa,  sobre la que se fundamentó el fallo, caso en el cual es otra la  causal  por  la  que  debe  intentarse  esta  acción.  (Subrayas y negrillas fuera de texto).   

4.4.11.  Para la  Sala  tampoco es de recibo  el    «informe   de  actividades       periciales       y/o       de  investigación»26,   utilizado   en   la  demanda  para  patentar  la  identidad  de  Carlos        Buitrago        Osorio,             diferenciándolo   de   Ovidio   Antonio  Mesa  Ospina,  quien  también  es  presuntamente  conocido, al interior de la organización descrita,  como    «Anderson»  o     «Carranza»,  incriminado    por    la    defensa   por   «la  toma          de         Nariño»,  para  relevar al sentenciado de  su     participación     en     tales       hechos,       porque  las  conclusiones   a  las  que  arriba  dicho  peritaje,  basado     en    la  verificación   de   simples  fotografías  de  los  mencionados,   resulta  ser  un  elemento  más  de  juicio  que  carecería  de  contundencia     e     idoneidad    frente    a    los    demás    considerados   en   los   fallos  que  declararon  plenamente su  responsabilidad  penal,  tras desechar la hipótesis  de    su    ausencia    en   el   lugar   de   los   acontecimientos.    

4.4.12.  Por lo  tanto,    la   Sala   sostiene   que   la         alegada         ausencia        del        demandante     en     el   lugar  y  tiempo  de  los  hechos  narrados  fue ampliamente  discutida   en  el  proceso  penal,  pues  quedó  acreditado  que  Carlos  Buitrago  Osorio  fungió  como  líder  de  la incursión  guerrillera censurada.   

4.4.13.  No  es  posible  que  ahora  se  pretenda  reabrir  el debate sobre una tesis derrotada,  entre  otras  cosas  porque lo sostenido en la demanda no demuestra la inocencia  del    condenado,   por   cuanto  únicamente  entrega unos elementos con los que pretende continuar  apoyando  la  hipótesis  defensiva,  los  que  por  sí mismos no derrumban la justeza de la sentencia ni  determinan  otro  panorama  probatorio,  dado que, se repite, los falladores les  dieron   completa   credibilidad   y   efectos  incriminatorios  a  las  pruebas  testimoniales   presentadas   por   la  Fiscalía,  en  particular  al de Pedro  Luis  Pino  Valderrama,  sin  que esas consecuencias  desaparezcan  bajo  la  justificación que      ahora     otros  testigos,  incluso,  los  mismos que  intervinieron         en         aquella         discusión,        conceptúen  que  el  procesado no actuó como coautor impropio de  «la  toma  de Nariño»;  ni  porque,  a  juicio  del  accionante  en revisión, las instancias dejaron de  valorar  determinados  medios  de prueba en su integridad.   

4.4.14.  Debe  entender  el  peticionario  que  siempre será  posible  encontrar testigos o pruebas en general para hacer más contundente una  determinada  tesis defensiva u ofensiva, para contraponerla a aquella que en los  estrados  judiciales  salió  avante.  Pero  el  proceso  penal  y, en concreto,  los principios  de  seguridad jurídica    y    confianza    legítima   se  desnaturalizan  por completo si esa sola circunstancia pudiera derrumbar la cosa  juzgada  o  facultara  adelantar  un  nuevo  trámite  encaminado  a dejarla sin  efecto.   

4.4.15.  De esta  manera   cobra   relevancia   lo   expuesto   en   ocasión   anterior   por  la  Sala:   

Precisamente, la condición de cosa juzgada  busca  proteger  valores  como  los  de  la  seguridad  jurídica, definiendo un  momento  concreto  en  el que el debate o discusión probatoria se hacen inanes,  dado  que  siempre  será  posible, con mayores o mejores argumentos, razonar en  contrario   de   lo   decidido   y,  por  esta  misma  vía,  habrá  múltiples  oportunidades  posteriores en las que unos u otros testigos que no comparecieron  al  proceso, manifiesten conocimientos más o menos cercanos a lo sucedido, que,  conforme  la particular interpretación o intereses de quien los escuche, puedan  conducir  a diversas interpretaciones acerca de la concreta intervención de los  condenados.   

Pero,  esas  circunstancias no son las que  validan  acudir  al  mecanismo  excepcionalísimo  de  controversia  dirigido  a  derrumbar  la  cosa  juzgada,  en  tanto,  si  así  fuese,  perdería  éste su  condición  especial y siempre sería posible acudir ante la judicatura para que  se  hagan  reexamenes  impertinentes  de  lo  probado  y  decidido. (CSJ  SP,  30  abr.  2008, rad. 25132, reiterada en CSJ SP, 7 nov.  2013, rad. 42142).   

4.4.16. Así las  cosas,  la  presentación  de testimonios   y   estudios   fotográficos  para  exonerar  de  responsabilidad  penal al condenado  Carlos        Buitrago        Osorio,        alias        «Anderson»,           contradiciendo      los      medios  de  prueba  ventilados  en  el  juicio,   sumado  a  la  simple  afirmación que  son  pruebas           nuevas     y     desconocidas  al  tiempo  de  los debates, porque  –desde la individual      perspectiva     del  defensor–     no  fueron   justipreciadas  por las instancias, de  ninguna   manera   exhiben   la  rigidez   necesaria   que   invariablemente   conduzca   a   establecer    que    la    sentencia  condenatoria  está  errada,  o  que  es  ajena  al  valor  de  la  justicia, en  tanto  que  representan  apenas   unos   elementos  probatorios  que  la  defensa  no  pudo  aportar,  buscando que hoy se tomen en  cuenta  aisladamente,  como  si en contrario otras más significativas probanzas  no hubiesen sido allegadas.   

4.4.17.  La  razón de ser de la acción de  revisión  es  la  de  subsanar los defectos materiales de aquellas providencias  que  ponen  fin  al  proceso  penal, tanto en la instrucción como en el juicio,  proferidas  en  contravía  de una recta administración de justicia, atendiendo  al  interés  general  de  la  verdad  y  justicia  como forma de garantizar una  convivencia  pacífica  y un orden justo para el conglomerado social. Pero no es  un   mecanismo   para   revivir   debates  finiquitados,  sino  la  justicia  en  su dimensión positiva, para  evitar que se condene a inocentes o se absuelva a los responsables.   

4.4.18. Por lo tanto, al no tener la prueba  aducida  el  poder  de  desvirtuar  el  juicio  de  reproche  recaído  sobre el  condenado,   la   condición   de   res   iudicata,  que     ampara    la    decisión    atacada,    se  mantiene.   

4.5.  En  razón  a  la  manifiesta y objetiva ausencia de  idoneidad  de  la  demanda  propuesta,  así  como  de  la  inobservancia de los  presupuestos  sustanciales  de  admisibilidad,  es el  rechazo  del  libelo  la  solución  que  se  impone  adoptar     (CSJ     AP,     26     feb     2014     Rad.     40168).   

En  mérito de lo expuesto, la Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

  V.   R E S U E L  V E   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  especial   de   Carlos   Buitrago  Osorio.   

Contra  esta decisión procede el recurso  de reposición.   

Notifíquese y cúmplase  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Folio 7 de la demanda de revisión.   

2 Cfr.  Folio          7          Ibídem.   

3 Cfr.  Folio 7 Ibídem.   

4 Fecha  en  que fue perpetrada la toma del municipio Nariño (Antioquia) y motivo por el  cual fue condenado el accionante.   

5 Cfr.  Folio 17 Ibídem.   

6 Cfr.  Folio 17 Ibídem.   

7 Cfr.  Folio 17 Ibídem.   

8 Cfr.  Folio 79 a 82 Ibídem.   

9 Cfr.  Folio 91 a 94 Ibídem.   

10 Cfr.  Folio 95 a 97 Ibídem.   

11  Cfr. Folio 129 a 130 Ibídem.   

12  Cfr. Folio 131 Ibídem.   

13  Cfr. Folio 132 a 133 Ibídem.   

14  Cfr. Folio 134 a 135 Ibídem.   

15  Cfr. Folio 136 a 137 Ibídem.   

16  Cfr. Folio 138 a 139 Ibídem.   

17       Cfr.      Folio      140     a     142     Ibídem.   

18  Cfr. Folio 143 a 145 Ibídem.   

19  Cfr. Folio 146 a 147 Ibídem.   

20  Cfr. Folio 149 a 150 Ibídem.   

21  Cfr. Folio 151 a 152 Ibídem.   

22  Cfr.  Folios  19,  anverso  y  reverso,  así  como 23 reverso a 24 Ibídem.   

23  Cfr.       Folio       41,       anverso       y      reverso,      Ibídem.   

24  Cfr. Folio 19 Ibídem.   

25  Auto del 4 de mayo de 2006, Rad. 25.314.   

26  Cfr. Folio 78 a 82 Ibídem.     

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