AP2473-2016(46970)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP2473-2016  

Radicación n° 46970  

(Aprobado Acta No. 135)  

Bogotá, D.C., abril veintisiete (27) de dos  mil dieciséis (2016).   

V   I   S   T   O  S   

Examina   la   Sala   los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  Conrado  de  Jesús Gómez Fuller contra la sentencia proferida el 10  de  agosto  de 2015 por la Sala Penal del Tribunal Superior de Buga, que revocó  en  su  integridad la dictada el 19 de septiembre de 2014 por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de Conocimiento de Tuluá (Valle), que lo absolvió de los  delitos  de  estafa agravada  y    falsedad   en   documento   privado,  ambos en concurso homogéneo sucesivo  y   heterogéneo   entre   sí,  en  tanto  lo  condenó  por  dichas  conductas  punibles.     

HECHOS  

         Fueron   sintetizados   por   el  juez  a  quo  en  los  siguientes  términos:   

Los  hechos  por  los  cuales se acusó por  parte  de  la  Fiscalía  se  resumen  a que entre los meses de noviembre de los  años  (sic) 2008 y enero de 2009, se cobraron y pagaron 28 cheques de la cuenta  corriente  910-000876, suscrita a nombre de COMFAMILIAR TULUÁ… por la suma de  quinientos  cuarenta  y  un  millones setecientos ochenta y tres mil novecientos  cuarenta  y  cinco pesos ($541.783.945.oo). [U]na vez la gerencia del banco BBVA  requiriera  a  COMFAMILIAR  sobre  el  bajo  monto  de  la  cuenta  en mención,  COMFAMILIAR   realizó  la  conciliación  de  esos  cheques  contra  la  cuenta  corriente  y  se logró determinar que los cheques en ningún momento se habían  emitido  por  la  entidad, circunstancia que llevó a una investigación interna  dentro  del  banco  BBVA…  [señalándose]  al  aquí  acusado  como  presunto  responsable de los actos ilícitos en cuestión.    

De   la   investigación  en  comento  se  detectaron  una  serie  de  falencias  en los procedimientos de visación de los  cheques,  incluso  varias  incongruencias  en la consistencia de los cheques, lo  que  arrojó  que  eran falsificados en su integridad, pues los mismos no fueron  elaborados   por   la   casa   impresora   “Cadena  S.A.”…  las  fibrillas  sintéticas,   que   para   verlas  [se  requiere  hacerlo]  a  través  de  luz  ultravioleta,   se   pueden  captar  a  la  luz  normal,  cuestión  que  deduce  responsabilidad  del  [empleado  del banco BBVA], visador de los cheques, que no  es  otro  que  CONRADO  DE  JESÚS  GÓMEZ  FULLER, quien era el autorizado para  realizar  la conciliación bancaria [y] quien de acuerdo a sus funciones debía:  (i)  confirmar  con el girador los cheques por mayor valor, (ii) consultar en el  sistema  de  la  entidad bancaria las firmas digitalizadas y autorizadas para la  emisión  de  cheques  [y] (iii) realizar el proceso de visación, el cual está  determinado  en  la  identificación de[l] título valor, atendiendo rasgos como  identidad  de  tintas,  marca de agua, identificación de fibrillas –las  cuales  son vis[ibles] a través  de  la  luz ultravioleta–,  entre  otros;  de  ahí  que se predique el aporte esencial en [los] ilícito[s]  del  mencionado  GÓMEZ FULLER, ya que en el caso bajo estudio se observa que en  28   oportunidades  los  procesos  de  seguridad  fueron  omitidos,  pues…  se  presentan    diferencias   ostensibles   en   las   tintas   de   impresión   y  características  de personalización, el dibujo y la marca de agua –visible    a    trasluz–  es  diferente entre uno y otros, la  reacción  del  Zonite  (reactivo  del papel) no se tornaba café oscura, y [en]  los  cheques  objetados  las  fibrillas bicolores se observan a simple vista por  anverso  y  reverso,  siendo  que éstas solo deben ser visibles al efecto de la  luz ultravioleta. (…).   

    

ACTUACIÓN PROCESAL  

                    

1. Por los hechos  antes  relacionados,  el  31  de  agosto  de  2011, ante el Juzgado Cuarto Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías  de  Tuluá,  la Fiscalía  formuló   imputación   a   Conrado   de  Jesús  Gómez  Fuller  como  coautor  de  los  delitos  de estafa  agravada  (arts.  246  y  267-1  C.P.) y falsedad  en  documento privado (art. 289  ibídem),  ambos  en  concurso  homogéneo sucesivo y  heterogéneo    entre    sí   (art.   31   ejusdem);   quien   rechazó   tales  cargos.   

         En  la  misma  oportunidad,  a  instancia  del  delegado  del  ente  acusador,  el  supranombrado  fue afectado con medida de aseguramiento privativa  de la libertad en su lugar de residencia.   

   

         2. El 25 de octubre de 2011, el delegado  del  ente  acusador  radicó  escrito  de  acusación  y,  el  17  de  noviembre  siguiente,  ante  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Conocimiento de  Tuluá,  se  cumplió  la  audiencia  respectiva  en  la que reiteró los cargos  atribuidos  en  la  formulación  de imputación; asimismo, en dicha ocasión se  reconoció  como  víctima  al banco BBVA y personería jurídica al abogado que  lo representa.   

         3. Realizada la audiencia preparatoria y  agotado  el  juicio  oral,  el 19 de septiembre de 2014, el juez de conocimiento  dictó  sentencia  por cuyo medio absolvió a Conrado de Jesús Gómez Fuller de  los  cargos  objeto  de  la  acusación, disponiendo en consecuencia su libertad  inmediata.   

4.  Apelada  la  anterior  decisión  por  el  delegado  de  la  Fiscalía  y  el apoderado de la  víctima,  en  fallo  adiado  10  de  agosto de 2015, la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Buga  la  revocó en su integridad, en tanto condenó al procesado  como   coautor   de   los  delitos  de  estafa    agravada    y   falsedad    en    documento    privado,  ambos  en concurso homogéneo sucesivo y heterogéneo  entre  sí,  imponiéndole  las  penas  principales de 66.66 meses de prisión y  multa  de  983.5  SMLMV,  así  como  la  accesoria  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  sanción privativa de la libertad.    

         Asimismo,  le  negó  el subrogado de la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena  y  nada  dijo  en relación con el sustituto de la  prisión  domiciliaria,  librando  orden  de  captura para el cumplimiento de la  sanción.   

         5. Contra la sentencia de segundo grado,  el  abogado  que representa los intereses del procesado Conrado de Jesús Gómez  Fuller  interpuso  recurso  de  casación,  cuya  admisibilidad es el objeto del  presente pronunciamiento.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Omitiendo referirse a los fines que persigue  con  el  recurso de casación, el demandante formula un reproche al amparo de la  causal  prevista  en el numeral 3º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  que  se  resume de la siguiente  manera:   

         Manifiesta  que  en  su decisión el Tribunal incurrió en error de  hecho  por falso juicio de identidad, como consecuencia de cercenar el contenido  material  de  la  prueba  pericial  y testimonial, lo que a su vez condujo a que  dejara  de  aplicar  los  artículos 7 y 381 del Código de Procedimiento Penal,  que    consagran   el   principio   in   dubio   pro  reo   y   los   requisitos   para  condenar,  en  su  orden.        

         Luego  de referirse a las exigencias argumentativas necesarias para  acreditar  el  vicio  denunciado, así como al contenido y alcance del postulado  in  dubio  pro reo, para lo  cual  acude  a jurisprudencia de esta Corporación y de la Corte Constitucional,  el  censor señala que el fallo condenatorio emitido por el ad quem se sustenta,  esencialmente,  en  el  testimonio  de  Libardo Montaña Garay, investigador del  Departamento  de Seguridad del banco BBVA, y en el dictamen de Carlos Armando de  la  Carrera  Franky,  perito  grafólogo  y  documentólogo  del  C.T.I.  de  la  Fiscalía,  sin  que  en tal decisión se hiciera mención a las atestaciones de  Jaime  Andrés  Cuellar  Facundo y Libardo Tascón Bejarano, los cuales, afirma,  «tienen   relevancia   probatoria  para  eximir  de  responsabilidad  penal  [a  su  defendido]», de donde  concluye  que  se  configura un «error de hecho [por]  falso       juicio       de      identidad      por      suposición».      

         Aduce   que   de  la  prueba  antes  mencionada  se  desprende  sin  vacilación  la  materialidad  del  concurso  de delitos juzgado, puesto que los  estudios  técnicos  practicados  a los veintiocho cheques presuntamente girados  por  la  entidad  Comfamiliar, determinaron que presentaban múltiples falencias  que  evidencian  su  falsificación  integral;  no  obstante, anota, esos mismos  medios  de  convicción  no  demuestran,  más  allá de toda duda, la tipicidad  subjetiva  de  la conducta atribuida a Conrado de Jesús Gómez Fuller, esto es,  que  el  mencionado  actuó  dolosamente  como  parte  de  una  empresa criminal  conformada para llevar a cabo la defraudación económica.   

         Destaca  que  en  la labor de valoración probatoria el juzgador de  segundo  grado  no  apreció integralmente las conclusiones del investigador del  banco  BBVA,  Libardo Montaña Garay, según éste lo expuso en el juicio oral y  lo  consignó  en  el  informe adiado 4 de mayo de 2009, tales como: (i) para la  fecha  del  pago  de  los  cheques  cuestionados,  la  sucursal de dicha entidad  bancaria  en  Tuluá  no  tenía  actualizadas  en el sistema las condiciones de  manejo  de  la  cuenta establecidas por Comfamiliar, entre ellas, el registro de  firmas;  (ii)  la  falsificación  de la firma de la tesorera de dicha entidad y  del  protectógrafo  que  aparecen en los títulos valores controvertidos, no se  logran  evidenciar en un proceso normal de visación; y (iii) las diferencias en  los  sellos  facsímil  utilizados  por  el  cliente  y  los que aparecen en los  cartulares  adulterados,  tampoco  podían  ser  advertidas  en  el  proceso  de  verificación      y      aprobación      adelantado      por      el     banco  BBVA.       

         De  tal  forma  que,  anota  el  recurrente,  el  Tribunal  guardó  silencio  en  lo  que  «esta  experticia»  dice  acerca  de  que  las  alteraciones de los cheques podían  pasar  inadvertidas  en  un  visado normal, lo cual dice, fue corroborado por el  perito  grafólogo  de  la  Fiscalía Carlos Armando de la Carrera Franky, quien  señaló   que   «algunas  irregularidades  no  eran  detectables  a simple vista», al punto que, anota, en  el  juicio  oral este testigo utilizó una lupa para precisar tales conceptos; e  igualmente  por  el  declarante  Jaime  Andrés  Cuellar Facundo, subgerente del  banco  BBVA  en  Tuluá, quien manifestó que en su momento no advirtió ninguna  irregularidad       o      anomalía      en      los      títulos      valores  espurios.         

         En  esa  medida,  aduce  el  impugnante,  al  mutilar  el contenido  material  de  las  referidas  pruebas,  el  juez  colegiado  arribó al grado de  conocimiento  necesario  para  condenar,  lo  que afirma, no habría ocurrido de  haberlas  apreciado  en  su  exacta  dimensión,  ya  que  de  tales  medios  de  convicción   «lo  que  [se]  infiere  es  una  gran  incertidumbre  en  torno  a  que  las  medidas  de  seguridad  implementadas por  Comfamiliar  y  el  Banco  BBVA  para  el  visado  de  los  cheques  no eran las  mejores»,  por  lo  que  se  imponía  reconocer  la  existencia  de  duda probatoria, como lo concluyó el juez a quo en la sentencia  por cuyo medio absolvió a su prohijado.   

         Además,  expresa  que  los  mencionados  testimonios y el dictamen  pericial  no  demuestran  de  manera  «fehaciente  y  contundente  que  el  procesado  hacía  parte de la empresa criminal por la que  fueron  condenados [en otra actuación]… Carlos Arturo Franco Acevedo y Carlos  Mario  Acevedo  Ortega»,  acreditando únicamente la  materialidad   de  las  conductas  punibles  juzgadas,  pero  no  «el  hilo  conductor  necesario entre Gómez Fuller y los autores de  los  delitos,  para  de  ahí  deducir  la coparticipación criminal».         

         Anota  que  como  las  irregularidades  que presentaban los cheques  falsificados  no eran detectables a simple vista, ni a través del visado normal  que  realizaba  el  banco,  es razonable inferir que el acusado Gómez Fuller se  confió   en   la   aparente   legitimidad  de  dichos  títulos  «sin  tener  en  cuenta  las  medidas de seguridad implementadas por  Comfamiliar  y porque, además, tales procedimientos de visado eran rutinarios y  repetitivos»,  según  éste  se  lo  manifestó  al  investigador  del  banco  BBVA Libardo Montaña Garay, quien así lo refirió en  el  juicio  oral; de donde concluye el casacionista que si bien queda demostrado  el  «comportamiento notoriamente omisivo o negligente  del  procesado  en la labor de visación de los cheques cuestionados»,  en  manera alguna esa circunstancia configura el actuar doloso  que   se  le  atribuye,  dado  que  la  prueba  no  acredita  que  el  implicado  «hiciera    parte    de    la   empresa   criminal  defraudatoria».   

                      A  lo  anterior  se  suma,  según  el  censor,  que  los  informes  realizados por los  grafólogos  del  banco  BBVA,  quien  no declaró en el juicio, y del CTI de la  Fiscalía,   «fueron   el  resultado  de  análisis  aleatorios   o  al  azar»,  por  cuanto  el  primero  únicamente  examinó dos de los veintiocho cheques dubitados, mientras que este  último  solo  tomó  como  muestra patrón para confrontarla con los cartulares  falsificados,  un  cheque original suministrado por la mentada entidad bancaria,  luego  en  su  opinión  no  era posible determinar con exactitud «la   falsedad  de  todos  los  documentos  cuestionados»;  además  que,  destaca, el ad quem no tuvo en cuenta que otros  títulos  girados por Comfamiliar, donde aparece la firma mecánica del director  administrativo  de  esa  entidad,  según  el  testigo  Libardo  Montaña Garay,  presentan  las  mismas características de la rúbrica registrada en los cheques  objetados,  los  cuales  fueron  pagados  sin  novedad,  de  donde  infiere  que  «otros  cheques  falsos  fueron pagados por el banco  BBVA     de     Tuluá,     sin     que     nadie    se    percatara».        

         En  cuanto  a la actuación de su defendido de estampar un sello al  respaldo  de  todos  y  cada  uno  de  los títulos espurios, certificando haber  confirmado  su pago con Cenobia Chacón, empleada de Comfamiliar, expone que aun  cuando  en  gracia  de  discusión se aceptara que no se hizo tal confirmación,  esa  circunstancia no es demostrativa de la responsabilidad penal del implicado,  máxime  que  la  Fiscalía  no  llevó  a  declarar  en  juicio a la persona en  cuestión, para determinar si en verdad laboraba en esa entidad.   

         En  esa  medida,  pide a la Corte casar el fallo recurrido y, en su  lugar,  absolver  al  incriminado Conrado de Jesús Gómez Fuller de los delitos  objeto de la acusación.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con  lo  normado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación  se  concibe  con el doble propósito de servir de control constitucional y legal  de  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente  se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia  adicional para debatir aspectos que fueron materia de controversia, o  como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por  el  contrario,  de  acuerdo  con  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  para  que el libelo sea admitido se  requiere  que  el demandante (i) cuente con interés para impugnar; (ii) indique  la  causal  conforme  a la cual se estructura el reproche de las contempladas en  el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule y desarrolle el cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y  finalmente,  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el  artículo 180 ibídem, vaga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

         Además,  en  la postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en  los  que  haya podido incurrir el fallador, no es  viable  argumentar  a  la manera de un alegato de instancia, sino de acuerdo con  la  dialéctica  propia del recurso de casación, evidenciando su trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

         2.  De  entrada  la  Sala  advierte  que  ninguna  mención  hace el recurrente al fin o fines que pretende con el recurso  de  casación,  señalados  en  el  artículo  180  de la Ley 906 de 2004, valga  decir,  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  la  unificación de la jurisprudencia.   

         Tal  omisión  constituye una falencia del libelo que por sí misma  conduce  a su inadmisión, como lo tiene decantado la jurisprudencia1, dado que la  aludida  carga  argumentativa tiene el propósito de mostrar a la Corte por qué  en  el  caso  concreto es necesaria su intervención como Tribunal de Casación,  en  orden  a restablecer las garantías fundamentales de la parte que acude a la  impugnación extraordinaria.   

         Máxime  cuando,  como  ocurre  en el asunto examinado, los motivos  que  persigue  el  libelista  con  el  recurso  de  casación, tampoco se logran  identificar  en  el  desarrollo  del  reparo  propuesto  que, valga destacar, no  acredita la supuesta violación indirecta de la ley sustancial.   

         3.   Al  margen  de  lo  anterior,  los  evidentes  desatinos  de  lógica  y debida fundamentación en el desarrollo del  reproche  formulado,  conllevan  a  la  inadmisión  de  la demanda, como pasa a  explicarse.   

         

         3.1   Sostiene  el  impugnante  que  el  Tribunal  incurrió en la violación indirecta de la ley sustancial por error de  hecho   por  falso  juicio  de  identidad,  como  consecuencia  de  cercenar  el  testimonio   de   Libardo  Montaña  Garay,  investigador  del  Departamento  de  Seguridad  del  banco  BBVA,  y  de  Carlos Armando de la Carrera Franky, perito  grafólogo  y  documentólogo  del  CTI  de  la  Fiscalía;  amén  que  omitió  referirse  a las atestaciones de Jaime Andrés Cuellar Facundo y Libardo Tascón  Bejarano,  subgerente  del  banco BBVA y Director Administrativo y Financiero de  Comfamiliar en Tuluá, respectivamente.   

         Yerro   que,   dice,   condujo   a  que  concluyera  demostrada  la  responsabilidad  del  acusado  Gómez  Fuller en los delitos juzgados, cuando de  haber  apreciado  en  su  exacta dimensión tales medios de convicción, habría  advertido  un estado de duda acerca de la configuración del dolo como modalidad  de  comisión  de  las  conductas  juzgadas  que, por tanto, debía resolverse a  favor   del   prenombrado,   de   conformidad   con  el  postulado  in dubio pro reo.   

         Previo  a  abordar el estudio del cargo, cabe reiterar lo dicho por  la  Sala  en el sentido de que el vicio de contemplación objetiva denunciado se  presenta  cuando  al  apreciar  un  medio  probatorio  el  juzgador  tergiversa,  adiciona o mutila su contenido material.   

         En  punto de la distorsión de la prueba, lo que acontece es que el  fallador  «trastoca su contenido, valga decir, da una  interpretación  errónea a lo expresado por el testigo, otorgándole un alcance  equivocado    a    lo    que   la   prueba   objetivamente   muestra»2,   mientras  que  cuando  el  contenido  material  de  aquella  se  desfigura  porque  el  juzgador suprime apartes o hace agregados trascendentes a  lo  que el medio probatorio realmente dice, asignándole un alcance objetivo que  no  tiene,  también  se  configura  el  falso  juicio  de  identidad,  pero por  mutilación o adición, en su orden.   

         En  esa medida, corresponde al casacionista la carga de identificar  el  medio  de  convicción  sobre el cual recae, indicar los apartes alterados y  confrontarlos  con  lo que el juzgador consideró de ellos en orden a evidenciar  que  éste  los puso a decir algo que no expresan o menos de lo que encierran y,  finalmente,  acreditar  cómo el yerro trascendió el fallo impugnado, análisis  que   debe   involucrar   la   totalidad   de   la   prueba   practicada  en  el  juicio3.     

         Descendiendo  al  caso  particular, con relación al testimonio del  investigador  del banco BBVA, Libardo Montaña Garay, la labor de confrontación  entre  lo  que  éste declaró en el juicio oral y lo que de él entendió el ad  quem,  arroja  que  efectivamente  en  la sentencia opugnada ninguna mención se  hace  en  punto de los aspectos destacados por el demandante, esto es, que tanto  la   falsificación   de   la   firma  de  la  tesorera  de  Comfamiliar  y  del  protectógrafo  que  aparecen  en los títulos valores controvertidos, así como  las  diferencias  en  los  sellos  facsímil utilizados por el cliente y los que  registran  dichos  cartulares,  no  era  posible  advertirlas  en  el proceso de  verificación    y    aprobación    adelantado    por   la   entidad   bancaria  afectada.   

         Sin  embargo,  el  censor  incurre en el vicio que denuncia, puesto  que  de manera conveniente omite mencionar que el testigo Libardo Montaña Garay  también  señaló  que  había otras irregularidades contenidas en los títulos  espurios,  fácilmente  detectables  a simple vista tales como, la marca de agua  que  en  los  cheques  falsos no aparecía al ponerlos a contraluz; las tirillas  multicolores  que en éstos eran observables a simple vista, cuando para ello se  requiere  aplicar  luz ultravioleta al documento; y la ausencia de reacción del  papel  de  los  cartulares  cuestionados,  que  al ser frotados con la sustancia  denominada  «Zonite», no  se  tornaban  color  café;  todo lo cual fue verificado directa y personalmente  por  el  supranombrado,  en  presencia  del  acusado  y de Jaime Andrés Cuellar  Facundo,   subgerente   del   banco   BBVA   de  Tuluá,  cuando  visitó  dicha  sucursal4.   

         Así  lo  consideró  el juez colegiado en el fallo opugnado, donde  sobre el punto expuso:   

[E]ran  tantas  las  inconsistencias  que  presentaban  los  28  cheques falsificados que al ser analizados a simple vista,  como  lo  indica  el  funcionario  del departamento de Seguridad del banco BBVA,  Montaña  Garay,  se  podía  detectar  lo  espurio  de  los  mismos,  dado  que  presentaban  irregularidades  [tales] como, “intensidad de las tintas, el tipo  de   la  marca  de  agua,  [falta  de]  reacción  del  Zonite  y  las  tirillas  multicolores”5,  falencias  que  sin duda alguna podían ser reveladas por GÓMEZ  FULLER,  no solo por su larga experiencia en los procesos de canje interbancario  para  la cancelación de cheques, sino que además contaba, como se indicó, con  [los]  elementos  de  trabajo necesarios para descubrir que los títulos valores  eran adulterados.    

         Es  evidente  entonces, que no se cumplen las exigencias de lógica  y   adecuada  fundamentación  que  demanda  para  su  acreditación  el  motivo  casacional  propuesto,  dado  que  el  recurrente no aborda la trascendencia del  cercenamiento   del   testimonio   del   investigador  de  la  entidad  bancaria  defraudada.   

         En  efecto,  si  bien  no  se  desconoce  que  el  Tribunal guardó  silencio  en  punto  de  las demás irregularidades que presentaban los cheques,  que  según  el testigo Libardo Montaña Garay no eran detectables en un proceso  normal  de  visación, para el ad quem resultó azas demostrativo del compromiso  de  responsabilidad  del  acusado Gómez Fuller, que las que sí lo eran, según  lo  pudo constatar el mismo declarante, no fueran advertidas por el prenombrado,  quien  tenía  una  amplia  experiencia  en  la  materia y contaba con todos los  instrumentos   necesarios   para   cumplir   su   labor;  argumento  que  no  es  controvertido por el libelista.   

          Además,  cabe  destacar  que  lo  manifestado  por  Montaña Garay en los apartados de su  atestación  que  se  afirman  mutilados  por  el  juzgador de segundo grado, es  decir,  que  la adulteración de los cheques en cuanto a la firma de la tesorera  de   Comfamiliar,   el   sello   facsímil   utilizado  por  esa  entidad  y  el  protectógrafo  no  era posible advertirla en un procedimiento de visado normal,  como  el  realizado  por  el  incriminado, tuvo como fundamento la experticia en  documentología  realizada  a  los títulos espurios por un perito en la materia  contratado  por  el  banco  BBVA  que,  valga destacar, no declaró en el juicio  oral,  tal  como lo explicó el supracitado en esa oportunidad y lo consignó en  el  informe  que  rindió a las directivas del banco, el cual fue incorporado al  proceso.   

         En  esa  medida,  aun cuando el Tribunal no explicó por qué dejó  de  estimar dichas afirmaciones y, en cambio, sí tuvo en cuenta aquellas que el  mentado  investigador  del  banco  hizo  en  torno  a  las adulteraciones de los  cartulares  que  por  ostensibles  se  percibían  a simple vista, que constató  directa  y  personalmente;  tal  omisión  en  manera alguna constituye un vicio  demandable  en  casación,  como sí lo sería por falso juicio de legalidad que  el  ad  quem  hubiera  fundado  la decisión en prueba de referencia inadmisible  que,  en últimas, es lo que vienen a constituir las manifestaciones de Montaña  Garay  que  se dicen cercenadas, puesto que ellas se refieren a las conclusiones  del  perito,  quien  no  declaró  en  el juicio, pero con las que se pretendía  probar               determinadas               circunstancias               del  hecho.            

         Semejantes  desatinos  argumentativos  afloran también frente a la  tesis  de la supuesta mutilación del testimonio de Carlos Armando de la Carrera  Franky,  perito  del  CTI  de  la  Fiscalía, pues aun cuando éste expuso en el  juicio   que  algunas  de  las  irregularidades  que  presentaban  los  títulos  cuestionados  no eran detectables a simple vista, entre ellas, los microtextos y  el   tipo   de  impresión,  siendo  necesario  para  tal  efecto  utilizar  luz  ultravioleta         y        una        lupa6,   también   afirmó   sin  vacilaciones  que  la  marca de agua, una de las seguridades más importantes de  todo  cheque  y  de  difícil falsificación, visible en los originales con solo  ponerlos  a  contraluz,  no  aparecía  en  los documentos dubitados7; conclusión  esta  última  frente  a  la  que  de  manera  conveniente  guarda  silenció el  impugnante,  con lo cual deja sin demostración la glosa ensayada, habida cuenta  que  no  muestra  cuál  es  la  incidencia del error que denuncia en la condena  proferida contra su defendido.   

         Asimismo,  en punto de la trascendencia del vicio de contemplación  objetiva  en  comento,  le  correspondía  la  carga de acreditar que de haberse  apreciado  por el ad quem la prueba mutilada en su exacta dimensión material, y  valorada  en  conjunto  con  los  demás medios de convicción practicados en el  juicio,  la declaración de justicia contenida en el fallo opugnado habría sido  favorable al acusado Gómez Fuller.   

         Sin  embargo,  esa labor no se advierte cumplida en la demanda, por  cuanto  el  casacionista  se concentra en hacer elucubraciones en torno a que la  prueba  demuestra la materialidad de los delitos juzgados, esto es, la tipicidad  objetiva  de las falsedades y las estafas cometidas en perjuicio del banco BBVA,  mas  no  el  aspecto  subjetivo  del  tipo,  ya que en su opinión, es razonable  inferir  que  el acusado Gómez Fuller, en cumplimiento de la labor de visación  que   tenía   asignada   en   el  banco  BBVA  de  Tuluá,  fue  «notoriamente  omisivo  o  negligente» en  la  revisión de los títulos cuestionados, lo que en manera alguna configura el  actuar  doloso  que  se  le  atribuye;  además,  que  el  ente acusador tampoco  demostró  que  el  supranombrado  hiciera  parte  de  la  empresa  criminal que  cometió el fraude.    

         Por  la  misma  senda, cuestiona la capacidad suasoria de la prueba  pericial,  arguyendo  que  el experto grafólogo del CTI solo tomó como muestra  patrón  para  confrontarla  con  los  títulos falsificados, un cheque original  suministrado  por  el banco BBVA, cuando en su parecer tal examen debió hacerlo  utilizando  todos  los  cartulares originales que fueron adulterados; empero, el  recurrente  desconoce  que  en  el  juicio  oral  el perito en cita precisó que  según  los  protocolos que se aplican a ese tipo de examen, basta contar con un  documento        original        –indubitado–  para  cotejarlo  con  los  dubitados,  pues  aquel contiene las características  generales    necesarias    para    determinar    la    legitimidad    de   estos  últimos8.   

         Argumentos  de  ese  jaez  se alejan de las exigencias dialécticas  que  impone  el  motivo  casacional  postulado por el demandante y evidencian la  pretensión  de  entronizar  su  criterio en punto de la estimación probatoria,  frente  al  del  Tribunal,  que  llevó  a  este último a estimar acreditado el  actuar  doloso  del  procesado  Gómez  Fuller en la ejecución de las conductas  punibles  que se le endilgan, luego si el disenso del defensor se cifra en tales  inferencias,  debió  proponer  el  reparo  por  la senda del error de hecho por  falso raciocinio.   

         Agréguese,  que  la  crítica  del censor soslaya que en esa labor  valorativa  el  juez  colegiado  sopesó  otras  circunstancias,  fuera  de  las  relativas  a  las  alteraciones  evidentes en los cartulares falsificados, entre  ellas,  la  acción  del incriminado de estampar un sello al respaldo de todos y  cada  uno  de  dichos  títulos, certificando la confirmación telefónica de su  pago   con   una   empleada  de  Comfamiliar,  habiéndose  demostrado  que  tal  procedimiento  no  era parte de las condiciones de la cuenta de dicha entidad y,  además,  tampoco  se  llevó  a cabo, según lo adveró Libardo Montaña Garay;  que  apreciadas  en  conjunto  con lo que arroja la prueba que se dice alterada,  derivó  en  la  conclusión  que  motiva  la  inconformidad  del  defensor  del  implicado.   

         Vale  la pena citar lo que sobre el tema en cuestión consideró el  ad quem:   

Además  de  lo  anterior,  no  le bastó a  GÓMEZ  FULLER  con  omitir  y  ejecutar  de forma irregular el proceso de canje  interbancario,  sino  que  en  aras  de  darle  mayor legalidad a los 28 cheques  falsificados,  plasmó  en  su  reverso  el  sello del banco BBVA, en el cual se  dejó  constancia  que  los referidos títulos valores fueron confirmados por la  señora  Cenobia  Chacón, empleada de Comfamiliar Tuluá, de quien se constató  por  parte  del  [jefe  del]  Departamento  de  Seguridad de la referida entidad  crediticia,  [Libardo] Montaña Garay, que tal labor no se realizó, dado que…  las  condiciones  de  manejo  de  la  cuenta  de  la referida entidad no tenían  estipulada  la  confirmación telefónica de cheques, además de verificarse que  la  citada  dama  no  era para la época de los hechos secretaria de Comfamiliar  Tuluá (…).   

Lo  expuesto  permite  concretar,  que  los  elementos  de  convicción  aportados  por  el  ente  acusador para acreditar la  responsabilidad  del  acusado  CONRADO  DE  JESÚS  GÓMEZ FULLER en los delitos  materia  de  investigación, son suficientes para establecer sin duda alguna que  los  delitos  de  estafa  agravada  y falsedad en documento privado, en concurso  homogéneo  y  sucesivo, fue[ron] desarrollad[os] por el procesado bajo el marco  de  la  coautoría  impropia,  pues  las circunstancias modales antes descritas,  permiten  concretar  que  para  la  ejecución  del  injusto  por  parte  de los  representantes   legales  de  las  entidades  INVERFRANCE  E.U.  y  CLEANER  PC,  lideradas  por  Carlos  Arturo  Franco Acevedo y Carlos Mario Acevedo Ortega, [a  donde   fueron  a  parar  los  dineros  producto  de  los  ilícitos  juzgados],  necesariamente  debían  contar  con  el  aporte  que  realizó el enjuiciado al  omitir  [verificar]  las  medidas de seguridad de los títulos valores, realizar  de  forma irregular el proceso de visación y, finalmente, plasmar en los mismos  información  de confirmación [de pago] que no efectuó, a fin de que lo mendaz  de  los  28  cheques  no  fuese  detectado por otros funcionarios del banco BBVA  sucursal  Tuluá,  por  donde  debían  pasar  para su autorización y posterior  cancelación  en  las  cuentas  de  las  referidas empresas, lográndose de esta  forma  la  defraudación  de la cuenta corriente de Comfamiliar Tuluá por valor  de $541.738.945.oo.      

         Ahora,  frente  a  tales  razonamientos  el  recurrente se limita a  afirmar  que,  en  su  opinión, el acusado Gómez Fuller no actuó dolosamente,  puesto  que  no  estaba  en  posibilidad de advertir la falsedad de los títulos  valores  cuestionados,  lo  que  ocurrió  debido  a  un  actuar  «notoriamente  omisivo  o  negligente» en  el  cumplimento  de  las funciones de visación que tenía asignadas en el banco  BBVA  de  Tuluá;  pero no explica por qué debe aceptarse su tesis y desecharse  la  del  Tribunal,  incurriendo  en  el vicio lógico de petición de principio,  máxime  que  como lo destacó el juez colegiado, en el juicio se demostró que,  de  una  parte,  el supranombrado tenía una amplia experiencia en el proceso de  canje   interbancario,   que  consiste  en  verificar  la  autenticidad  de  los  cartulares  y  constatar  que las firmas, sellos y protectógrafo correspondan a  los  que maneja el cuentahabiente, para así proceder a visarlos para su pago; y  de  otro  lado,  el  banco  le había suministrado los elementos necesarios para  realizar dicha labor.   

         

         Por  tanto,  como  el  impugnante  no  acredita  el falso juicio de  identidad  que  denuncia, ni la incursión del Tribunal en errores trascendentes  de  valoración probatoria, que es a lo que en últimas apunta su discurso, y en  cambio  incurre  en  graves  desatinos  en  la  postulación  y desarrollo de la  censura,  se  inadmitirá  la  demanda  de  casación  presentada  en nombre del  incriminado Conrado de Jesús Gómez Fuller.   

         4.  No obstante lo anterior, la Corte observa la eventual  vulneración  de garantías fundamentales del procesado, en la que pudo incurrir  el Tribunal al determinar la pena principal de multa.   

Por  lo  tanto, se ordenará que una vez se  surta  la  notificación  de  la  presente  determinación  y se resuelva, en el  evento  de  intentarse,  el  mecanismo  de  insistencia,  vuelva  el  proceso al  Despacho  del  Magistrado Ponente para oficiosamente proferir, en su momento, el  pronunciamiento de rigor por la Sala.   

Conforme  también  lo  tiene  precisado la  Corte,  no  se  dispondrá  la  celebración  de  la  audiencia de sustentación  prevista  en  el  artículo 185 de la Ley 906 de 2004, puesto que su procedencia  está  circunscrita  a  los casos de admisión del libelo (CSJ AP, 23 ago. 2007,  rad. 28059).   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic.  2005, rad. 24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.       INADMITIR      la   demanda   de   casación   presentada   por   el  defensor  de  Conrado  de  Jesús Gómez  Fuller.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

2.  Agotado  el  trámite  de  la  insistencia,  regrese  la  actuación al Despacho del Magistrado Ponente con el propósito  de  pronunciarse  oficiosamente  acerca de la posible vulneración de garantías  fundamentales.   

Cópiese,        notifíquese y cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  AP,  10  dic. 2014, rad. 45065; CSJ AP, 3 dic. 2014, rad. 42787; CSJ AP, 30 abr.  2014, rad. 43428; CSJ AP, 18 abr. 2012, rad. 38678; entre otros.   

2 CSJ  SP, 24 Sep. 2014, rad. 42606.   

3 CSJ  AP,  17  jun.  2015,  rad.  45937; CSJ AP, 27 feb. 2013, rad. 40469 y CSJ AP, 17  oct. 2012, rad. 36187; entre otros.   

4  Sesión  del  juicio  oral  de  21  de  junio  de  2010. Registro No. 4. Record:  1:46:44.   

5  «Registro   [No.   4]:  minuto  1:41:05»   de   la   sesión   del   juicio   oral  de  21  de  junio  de  2012.   

6  Sesión  del  juicio  oral  de  29  de  agosto  de 2012. Registro No. 1. Record:  56:18.   

7  Ibídem. Record: 58:08.   

8  Sesión  del  juicio  oral  de  29  de  agosto  de 2012. Registro No. 1. Record:  1:07:01.     

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