AP2225-2015(45302)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP2225-2015  

Radicación N°. 45302  

(Aprobado Acta N°.148)  

Bogotá,  D.C., veintinueve (29) de abril de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina los fundamentos de orden lógico, jurídico y argumentativo de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor contractual de Reinaldo   Jiménez  Cárdenas  contra  la  sentencia  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  San  Gil, del 11 de  noviembre  de  2014,  que  confirmó  la  dictada el 30 de julio anterior por el  Juzgado  2°  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento del Socorro  (Santander)  y  condenó  al  nombrado  por el concurso homogéneo y sucesivo de  accesos carnales abusivos con menor de 14 años, agravado.   

HECHOS  

Fueron   resumidos   por  el  a  quo y reproducidos así en el fallo que  se discute:   

Acontecieron  desde el mes de septiembre de  2010  hasta  el  mes  de abril del año 2013 en el municipio de Oiba, Santander,  cuando         la         menor         LNJO1  en  diferentes oportunidades  fuera  objeto  de  diversos  actos  constitutivos de acceso carnal a manos de su  padre       REYNALDO      (sic)      JIMÉNEZ  CÁRDENAS,  quien  desde  que se sucediera en una primera  ocasión  cuando  ella  bordeaba sus diez (10) años de edad, hecho que se diera  en  una  noche  camino a su casa en la que antes de llegar a su destino, primero  la  lleva  hasta  la finca “San Luis” de la vereda “El Pedregal” de Oiba  en  donde  sobre el piso la desviste y logra la concupiscencia con ella, de ahí  en  adelante,  y  bajo amenazas fueron varias las veces en que la menor tuvo que  aceptar  la copula con él, relaciones carnales que se consumaron en su lugar de  trabajo  en  donde  se  desempeñaba  como  ayudante  de  construcción  de  una  edificación  ubicada  en  la  carrera  9  número  7-20 del sector urbano de la  citada  población  a donde la llevaba o la hacía concurrir en días u horarios  no laborales.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia preliminar del 31 de mayo de  2013,  el Juzgado 2° Promiscuo Municipal con funciones de control de garantías  de  Oiba  impartió  legalidad a la captura de Reinaldo  Jiménez                  Cárdenas2,  así  como  a la imputación  que  le  hizo  la  Fiscalía  2ª  Seccional del Socorro por el delito de acceso  carnal  abusivo con menor de 14 años, agravado por el numeral 5° del artículo  211     del     Código    Penal    –ser  el  padre-, en concurso homogéneo y  sucesivo.   

Por  petición  de  dicho  ente,  la Juez le  impuso  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la libertad en establecimiento  carcelario3.   

2.  En  igual  sentido se radicó escrito de  acusación   el   19   de   julio   de   ese   año4  y  se  sustentó  el  18  de  septiembre  posterior  ante  el  Juzgado 2° Penal del Circuito con funciones de  conocimiento           del          Socorro5.   

3. El juicio oral tuvo lugar los días 28 de  noviembre    y    13   de   diciembre   siguientes6,  24  de  febrero7  y 12 de mayo  de    20148.   

4.  La sentencia se profirió el 30 de julio  de  la  última  anualidad  y  en  ella se condenó, por el injusto endilgado, a  Jiménez  Cárdenas  a  las  penas  de 26 años de prisión (principal) y 20 años de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas (accesoria), al tiempo que se le  negaron  los  sustitutos  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena      y     la     prisión     domiciliaria9.   

5. Al resolver la apelación interpuesta por  la     defensa,     el     Tribunal     Superior    de    San    Gil,  en  fallo  del  11 de noviembre pasado,  confirmó           la           decisión10.   

LA DEMANDA  

El  impugnante  hace  una  síntesis  de los  hechos  materia  de  juzgamiento  y  de  la actuación procesal y manifiesta que  ataca  la  sentencia  de  segundo grado por violación  indirecta  de la ley sustancial, por errores de hecho,  que describe así:   

El   ad   quem  incurrió  en  «un  falso  juicio»11  al  valorar  el  testimonio  de  Gina  Liseth Ardila, «rechazándola  por considerarla mendaz e interesada»12, dado que es  la   cuñada  del  acusado.  No  obstante,  reconoció que solo ella mencionó los conflictos entre los padres  de  la  víctima.  Así  las  cosas,  a pesar de darle la connotación de única  prueba,    «dejó    de    aplicarla»13, y con ello  infringió     la     ley     «por    falta    de  aplicación»14.   

El fallador hizo un examen inadecuado de ese  elemento    y   extrajo   conclusiones   «fácticas  contrarias   frontalmente   a   la   objetividad   de   la  prueba»15.  Pasó por  alto  que  lo que María Isabel Osorio le dijo a la deponente, no se lo comentó  a ninguna otra persona.   

Por «idiosincrasia  el  santandereano  es vengativo, y es más en ese grado de cultura»,  motivo  por  el  cual  María  Isabel  utilizó  a  su  hija para  desquitarse  del  procesado,  haciéndola  relatar  mentiras, que los juzgadores  creyeron,  en  contravía con lo señalado por la Corte en la sentencia del 8 de  agosto de 2013 (no suministra el radicado).   

La colegiatura desconoció los artículos 9 y  10  del  Código  Penal,  puesto  que  no  hay prueba que conduzca a declarar la  responsabilidad  del  encartado,  fuera  de  los criterios de los psicólogos de  medicina   legal   y   de  la  comisaría  de  familia,  quienes  exclusivamente  registraron  los  hallazgos  encontrados a LNJO, sin indicar que su representado  hubiese sido el autor del acceso carnal.   

La  madre  fue  muy  hábil  porque la niña  afirmó  que  su  abuela  paterna  sí tenía conocimiento de los hechos, con lo  cual     quiso     volverla     cómplice    y    no    lo    logró.   

El  Tribunal  descalificó  y  no  le  dio  «valor   probatorio»16  al  testimonio  de Fledimar  Blanco  Angulo cuando dijo no recordar haberle prestado las llaves al acusado, y  esa    duda   debió   resolverse   en   favor   de   este   último,  no  de  la  víctima.  Además,  con el  álbum  fotográfico  aportado  por el investigador de la SIJIN se evidencia que  el  edificio (no especifica) no tiene ventanas y estaba en construcción, por lo  que  no  entiende  cómo  su  prohijado  pudo llevar a la niña a sus prácticas  sexuales  a  la vista de la gente. No se demostró que aquél hubiese conseguido  las llaves del segundo piso.   

El  sentenciador  recayó  en una violación  indirecta  «derivada  de  los manifiestos y potentes  errores  de  hecho  y  de  derecho  en  la  operación  de  los  diversos medios  probatorios        antes        mencionados»17,  al  aplicar  indebidamente  los     preceptos    208,    211    –inciso  5-, 29, 31, 34, 35, 37 y 52 del Código Penal. De no haberlo  hecho, la decisión sería absolutoria.   

La  falla ocurrió, respecto de los cánones  23  y  31  del estatuto sustantivo, porque el juzgador profirió condena a pesar  de  que no se daban los presupuestos necesarios y por atipicidad de la conducta;  y,  en  cuanto  a los artículos 34, 35, 37 y 52, en la medida en que si no hubo  delito no es posible condenar.   

Se     evidencia    un    falso  juicio  de  identidad, toda vez que  se  cercenaron  los  testimonios  de Gina Liseth Ariza y Fledimar Blanco Angulo,  sus expresiones fácticas fueron tergiversadas y falseadas.   

Con  el  primero  se  buscaba  comprobar que  María  Isabel  actuó  por  retaliación  y  que  quien  denunció  no se quiso  identificar  ante  la  Fiscalía;  y,  con  el  segundo  que al acusado no se le  prestaron las llaves.   

Pudo suceder que el acceso existiera, como lo  dictaminó  el  médico  Dorian  de  Jesús Camacho, pero no se comprobó que el  autor     fuese    Jiménez    Cárdenas.   

Las  narraciones  de  los  psicólogos Raúl  Mayorga  y  Juan  José  Cañas  Serrano  son  incoherentes,  no demostraron los  hechos.   

Solicita  se case el fallo impugnado y en su  lugar se absuelva a su representado.   

CONSIDERACIONES  

1.  Dado  el  carácter  extraordinario  del  recurso  de casación, resulta  abiertamente  inadmisible  acudir  a  él  con  el  propósito  de  continuar la  discusión  fáctica y jurídica que se surtió en las instancias o para sugerir  reclamos  por  el  grado  de  credibilidad  que  se  le  dio  a  un  testimonio,  o,  simplemente,   para,   en   forma   desordenada   y  contradictoria,  formular  planteamientos  alejados  de toda lógica.   

Si bien su finalidad es adelantar un juicio a  la  sentencia  de  segundo  grado  y procurar el respeto de las garantías y los  derechos  fundamentales,  es  preciso que el discurso se consolide sobre la base  de   argumentos   dialécticos,   concatenados,   sólidos   y  coherentes.  Por  consiguiente,   la   demanda   debe   observar  ciertos  requisitos  formales  y  sustanciales,  a  efectos  de  que  la  Corte pueda abordar su estudio de fondo.   

Bajo  esa  línea,  es  imperioso  que  el  demandante,  en primer lugar,  justifique  la  impugnación  conforme  a  las  finalidades  establecidas  en el  artículo  180  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004, esto es, explique  cómo   pretende   la  efectividad  del  derecho  material,  cuáles  garantías  procesales   deben   ser  desagraviadas,  cómo  se  quebrantaron  los  derechos  fundamentales  y  por  qué  es  necesario  unificar  la jurisprudencia sobre un  determinado  tema  jurídico,  ya  sea  para  su  beneficio o para casos futuros  similares.   

En   segundo  término,  le  corresponde  señalar con precisión el  motivo  de  casación  en  que  apoya  su  censura, respetando los principios de  prioridad  y  no exclusión y,  luego,  a  través de un discurso coherente y jurídico, exhibir sus fundamentos  y su trascendencia en el caso concreto.   

Tales  exigencias permiten a la Corporación  comprender  el  propósito  del  recurso,  el  ataque  técnico jurídico que se  exhibe  y adelantar el control constitucional y legal sobre el fallo.   

2.  El libelo presentado en esta ocasión no  cumple con los presupuestos descritos.   

2.1.  El  jurista  no  hizo  la más mínima  referencia a la necesidad de intervención de la Corte.   

2.2.  El  cargo  formulado  no  respeta  las  exigencias      técnicas     ni     las     condiciones     lógico–jurídicas  necesarias  para que se le  pueda dar curso.   

2.2.1. En efecto, cuando se amonesta un fallo  por  violación indirecta de la ley sustancial, es preciso identificar de manera  diáfana  la  forma  en  que  ella  tuvo  lugar, esto es, si fue por un error de  hecho o uno de derecho  y  explicar  en  qué estriba el  mismo.   

En   el   primer   evento   –hecho-, hay  que  establecer  si  se  está ante un falso juicio de  existencia,          de          identidad     o     de    raciocinio,   atendiendo  que  cada  uno  difiere  del  otro,  por  lo  que  resulta  inadmisible  plantearlos,      a      la      vez, respecto de igual elemento.   

El        de        existencia  se  presenta  cuando  el juez  deja  de examinar una prueba que materialmente se halla dentro de la actuación,  porque  la  ignoró,  o  porque  aprecia  una que no obra en la misma, porque la  imaginó.   En   ambos   eventos,  es  imperioso  demostrar  plenamente  que  se  materializó  la  omisión  o  la  suposición del medio, y, además, que, de no  haberse  incurrido  en  el  desacierto,  tanto  las  imputaciones fácticas como  jurídicas  del  fallo  habrían sido distintas, lo que se echa de menos en esta  oportunidad.   

El        de        identidad  tiene  lugar  por  deslices al  adelantar  la  valoración  probatoria,  y  recae  sobre  el hecho que revela la  prueba  o sobre el contenido material de ésta. De manera que surge cuando se le  distorsiona,  desfigura,  tergiversa,  o se le cercena una parte, se le agrega o  suprime.  Al  demandante  le  corresponde  explicar en qué consiste la falta de  identidad  que  delata  y  advertir con exactitud qué es lo que fue parcelado o  falseado.   

Por último, el de  raciocinio  acaece  cuando  en  el momento de hacer la  evaluación  racional  del  mérito  de  la  prueba  o al realizar la inferencia  lógica  el  fallador  se  aparta  de  las  reglas  de  la sana crítica y, como  consecuencia,  declara  una  verdad fáctica diversa a la que revela el proceso.  Al    recurrente   le   corresponde   señalar   (i)  el  medio  sobre el que recayó el error; (ii)  en qué consistió el equívoco del  juzgador  al hacer la valoración crítica, delimitando qué fue lo que infirió  o  dedujo,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado y cuál la regla de la  lógica,  la  ley  de  la  ciencia  o  la  máxima de experiencia que ignoró, y  (iii) el postulado lógico,  el  aporte  científico  correctos o la regla de la experiencia que debió tener  en  cuenta  para  la  adecuada  apreciación.  De  manera, pues, que surge en un  momento posterior al de su contemplación.   

Ahora,   si   se  denuncia  un  error  de  derecho, es importante tener  presente  que  éste se produce cuando la evaluación jurídica que del elemento  hace  el  juzgador  choca  con las leyes que la regulan y, por consiguiente, hay  que  demostrar que el funcionario le otorgó valor a pesar de no cumplir con los  ritos  legales  exigidos para su formación o aducción al proceso (falso juicio  de  legalidad),  o que desconoció el mérito que la ley le ha fijado a aquélla  o    la    eficacia   que   el   legislador   le   asigna   (falso   juicio   de  convicción).   

Con   independencia   del  equívoco,  el  demandante     tiene     la     carga     de     revelar     su     trascendencia,  esto  es,  cómo de haber  sido  apreciado correctamente el medio de prueba frente al resto de elementos de  convicción,  el  sentido de la decisión habría sido sustancialmente opuesto y  a favor de los intereses del recurrente.   

Proponer  una  misma  crítica  por  varias  modalidades  de  error conduce a su fracaso, en tanto hace del libelo un escrito  ambiguo  y confuso, que riñe con los principios de suficiencia y autonomía que  rigen la casación.   

2.2.2.  El  actor  refiere  que el Tribunal  recayó  en  violación indirecta, pero en forma desordenada, incierta y carente  de  sustento,  asegura,  al tiempo, que ello ocurrió por un yerro de hecho y de  derecho.   

Aun superando tal dislate y entender que en  realidad   se   trata  de  uno  de  hecho,  tampoco  es  posible  comprender la falencia denunciada porque de  manera  difusa  hace  aseveraciones  que  corresponden  a las tres formas de ese  error,  sin  que  alguna  de ellas se muestre apta desde el punto de vista de su  formulación y demostración.   

En  efecto, respecto del testimonio de Gina  Liseth,  inicialmente  refiere  que  el  Tribunal  lo rechazó, luego que de sus  palabras  dedujo conclusiones contrarias a lo que objetivamente de él se extrae  y,  finalmente,  que  en  su  examen recayó en un falso juicio de identidad. No  exhibió   una   correcta  confrontación  entre  lo  que  ese  elemento  decía  neutralmente  y  cómo  el  sentenciador tergiversó o mutiló su contenido para  ponerlo a decir lo que en realidad no se desprende de él.   

Iguales falencias se evidencian respecto del  supuesto  desafuero  al  momento  de  valorar la declaración de Fledimar Blanco  Angulo.   

El  defensor muestra inconformidad porque a  Gina  Liseth  no se le dio credibilidad, a pesar de ser la única que narró las  supuestas  disputas  existentes  entre  el  acusado y la madre de la menor, pero  ninguna  concreción  hizo  en  punto  de  verificar  la  ocurrencia  del yerro.   

Al respecto, hay que recordarle que dislates  de  esa  índole  pueden  ser  cuestionados  por  la  vía del falso raciocinio,  siempre  que  se  demuestre  que  el  juez se equivocó al adelantar el juicio y  extraer  la  inferencia  lógica,  lo  que  le  implicaba al abogado indicar las  reglas  de  la  lógica,  las  máximas de la experiencia o los postulados de la  ciencia desconocidos. Nada de ello hizo.   

Tal vez con el fin de otorgarle algún poder  suasorio  a  lo narrado por la declarante, intentó exhibir una regla, según la  cual, los santandereanos son  vengativos  y,  por eso, María Isabel utilizó a su hija para desquitarse de su  esposo.  Sin  embargo,  tal  enunciado,  por  basarse en meras suposiciones, sin  comprobación  ni  alcance  de  universalidad  o  aceptación  alguna,  no puede  configurar  una  máxima  de la experiencia. Ignora el letrado que éstas no son  de  construcción  propia  y personal. La jurisprudencia ha sostenido que cuando  se  hace  esta  clase  de  ataques,  es  necesario  que  el censor demuestre, no  solamente  que  aquélla  existe,  sino  que  se  aplica  de  forma más o menos  uniforme  (CSJ  AP,  30  jun.  2006,  rad.  21321).  No  puede  consistir  en la  percepción  particular  de  quien  la  formula  o en especulaciones carentes de  objetividad.   

2.2.3.  Obsérvese  que  el Tribunal, en la  sentencia   que   se   discute,   descartó   la   tesis   defensiva,  consistente  en  que  el  origen  de la  acusación  fue  producto  del  ánimo  vengativo  de  María  Isabel  frente al  procesado,  tras  considerar  que  la única persona que declaró en ese sentido  fue  Gina Liseth y que sus dichos no obtuvieron respaldo probatorio. Manifestó,  además,  el  juzgador,  que  María Isabel la desmintió y los demás testigos,  Arnulfo  Jiménez  (hermano  del  encartado),  Teresa  Cárdenas  (madre), Henry  Gamboa   y   Gustavo   Corredor,  amigos  de  Jiménez  Cárdenas, adujeron no estar  enterados  sobre la existencia de disputas en la relación de pareja18. Sostuvo así la colegiatura:   

Lo  anterior  permite  extraer una primera  conclusión  y  es  que  no  se demostró que existieran relaciones conflictivas  entre  esa  pareja, a tal grado que María Isabel quisiera perjudicar gravemente  a  su compañero y padre de sus hijos porque la iba a abandonar, pues incluso su  separación  se  dio  como  consecuencia  de  su captura. Es decir que no logró  comprobarse  siquiera  que  se  avizoraba  un  inminente  abandono  de  parte de  Reynaldo  (sic), de ahí que  el   testimonio   de  la  señora  Gina  Lizet  (sic)  resulte  interesado  y  mendaz  con  el fin único de  favorecer         a        su        cuñado.19   

Adicionalmente,    el    ad  quem  desechó cualquier manipulación  ejercida  sobre  la  niña,  para  lo  cual trajo a colación lo afirmado por el  «psicólogo  de  medicina  legal,  Dr.  Juan  José  Cañas,  con  más  de  30  de  experiencia  en  todo lo relacionado con delitos  sexuales»20,   quien  negó  tal  posibilidad.  Así  mismo,  señaló  que  la realidad narrada por la menor obtuvo respaldo en otros  medios   de  prueba,  como  los  dictámenes  periciales  psicológicos  de  los  profesionales  del  Instituto  de Medicina Legal, Juan José Cañas Serrano y de  la  Comisaría de Familia de Oiba, Raúl Francisco Mayorga Ribero, en los que se  concluyó  que «el relato de la menor, era coherente,  congruente,  consistente  y con respaldo emocional, al tiempo que se dictaminaba  la  existencia  de  una  perturbación  funcional  permanente  producto  de esos  atentados  sexuales,  que  ameritaba  atención  terapéutica  para  ayudarle  a  superar       el       trauma       generado»21,  y  los  testimonios de las  docentes   que   percibieron   en   LNJO  tristeza,  soledad  y  cambios  en  su  comportamiento.   

De  manera que, contrario a lo sugerido por  el  letrado,  no  se  evidencia  duda  alguna  en torno a la responsabilidad del  acusado en los hechos que se investigaron.   

Las  razones expuestas son suficientes para  inadmitir  la  demanda  y la Sala no advierte la necesidad de proferir sentencia  en orden a alcanzar alguna de las finalidades de la casación.   

3. Al amparo del artículo 184 de la Ley 906  de   2004,   es   procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han  sido definidas por la Sala desde el año 2005, en CSJ  AP,   12  dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  en  AP-3481-201422.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.               INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor  de  Reinaldo Jiménez Cárdenas contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de san  Gil.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Se  abstiene  esta  colegiatura  de  mencionar el nombre de la menor en garantía de  sus   derechos   bajo   el   tenor   de   la   Ley  1098  de  2006  –    Código    de    Infancia    y  Adolescencia.   

2 Fue  ordenada  previamente  por  el  Juzgado 1° Promiscuo Municipal con funciones de  control de Garantías de Oiba.   

3 Acta  visible a folios 4 a 17 del cuaderno de control de garantías.   

4  Folios 1 a 4 de la carpeta de la causa.   

5 Acta  obrante a folios 17 y 18 Id.   

6  Folios 25 a 29 Id.   

7 Folio  32 Id.   

8  Folios 36 y 37 Id.   

9  Folios 44 a 112 Id.   

10  Folios 8 a 41 Id.   

11  Folio 57 del cuaderno del Tribunal.   

12  Id.   

13  Id.   

14  Id.   

15  Id.   

16  Folio 50 Id.   

17  Id.   

18  Folios  36  a  38  del  fallo  de  segunda instancia y 43 a 45 de la carpeta del  Tribunal.   

19  Folios 38 y 45 Id.   

20  Folios 39 y 46 Id.   

21  Folios 40 y 47 Id.   

22  Radicado 42597.     

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