AP2226-2015(45245)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP2226-2015  

Radicación N°. 45245  

(Aprobado Acta N°. 148)  

Bogotá,  D.C., veintinueve (29) de abril de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina los fundamentos de orden lógico, jurídico y argumentativo de la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   Diego  Mauricio  Molano  Ardila  contra la  sentencia  de  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Cundinamarca, del 26 de  agosto  de  2014,  que  confirmó  la  dictada  el 1° de octubre de 2013 por el  Juzgado  2°  Penal  del  Circuito  Especializado  de  ese  distrito  judicial y  condenó  al  nombrado  por  el  concurso  delictual de tráfico, fabricación o  porte de estupefacientes y cohecho por dar u ofrecer.   

HECHOS  

Fueron   resumidos   por  el  a  quo y reproducidos así en el fallo que  se discute:   

Aproximadamente a las 8 de la mañana del 23  de  agosto de 2012, el bus de placa TBL 508 perteneciente a la empresa COOMOTOR,  conducido  por  DIEGO  MAURICIO  MOLANO ARDILA y cuyo auxiliar era JAIME ANDRÉS  TAFUR  SÁNCHEZ,  transitaba  por  la  vía  que  de Girardot conduce a Bogotá.  Cuando  el  vehículo pasaba por el kilómetro 51+900 metros, peaje Chinauta, en  el   municipio   de  Fusagasugá  (Cundinamarca),  agentes  de  la  policía  de  carreteras  en  un  puesto  de  control lo detuvieron y procedieron a revisar el  equipaje  que  allí  se transportaba, procedimiento en el que hallaron 2 bolsas  negras  en  cuyo  interior se encontraban 2 lonas blancas que contenían 27 y 22  bloques   de   sustancia   pulvurenta   de   color   blanco   que  resultó  ser  cocaína.   

Al  interrogar  al  conductor y al auxiliar  sobre  el  hallazgo,  DIEGO  MAURICIO  MOLANO  ARDILA  respondió que las bolsas  correspondían  a una encomienda enviada desde el terminal de Neiva (Huila). Esa  misma  persona  posteriormente  recibió  una llamada a su teléfono celular, la  cual  trató  de  pasar  a uno de los policiales manifestándole que le ofrecía  $30’000.000 “para dejar  seguir   la   mercancía”,  ofrecimientos  que  aumentaron  a  $50’000.000    y    a   $80’000.000.   

Se  precisa  que en el informe de P.I.P.H.,  introducido  al  juicio  por  los senderos de la legalidad, se determinó que la  sustancia  incautada  arrojó reacción positiva para el alcaloide cocaína y un  peso neto de 56.990 gramos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En audiencia concentrada del 24 de agosto  de  2012, el Juzgado 2° Penal  Municipal  de  Fusagasugá  con  funciones  de  control  de garantías impartió  legalidad  a  la  captura  de  Diego  Mauricio  Molano  Ardila  y Jaime Andrés Tafur Sánchez, así como a la  imputación  que en su contra formuló la fiscalía por los punibles de tráfico  fabricación  o porte de estupefacientes -verbo   rector  transportar-,  y  cohecho  por  dar  u ofrecer (artículos 376 y 407 del Código  Penal).   

Al         primero,  se le impuso medida de aseguramiento de  detención  preventiva en establecimiento carcelario1.   

2.  El 20 de diciembre posterior, el Fiscal 1° Especializado de la Unidad  Nacional  Antinarcóticos  y  de  Interdicción  Marítima  radicó  escrito  de  acusación,   en   el  que  aclaró  que  el  cohecho  era  por  “ofrecer”,  y adicionó la circunstancia  de  agravación  del  numeral  3°  del  artículo 384 del Código Penal para el  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes.  También añadió, para  ambos  procesados,  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad del numeral 10 del  artículo  58  ibidem; y solo  convocó  a  juicio  a Jaime Andrés Tafur Sánchez por el delito previsto en el  artículo   376,   con   la   agravación  referida2.   

3. La formulación en igual sentido se llevó  a  cabo  el  7  de  febrero  de  2013  ante  el  Juzgado  2° Penal del Circuito  Especializado    Adjunto    de    Descongestión   de   Cundinamarca3.   

4.  El juicio oral se adelantó en el mes de  julio   de   esa   anualidad,  en  sesiones  del  84, 95,  176  y     257,   última   en   la   que  se  anunció  sentido  condenatorio  de  fallo.   

5. El 1° de octubre ulterior el Juzgado 2°  Penal  del  Circuito  Especializado  de Cundinamarca dictó sentencia e impuso a  Molano  Ardila 288 meses y 1  día  de  prisión  y  multa  de  14.634,66  salarios mínimos legales mensuales  vigentes  (s.m.l.m.v.),  y a  Tafur  Sánchez  282  meses  y  1  día  de prisión y 14.502 (s.m.l.m.v.), tras  hallarlos   penalmente   responsables  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  agravado y, adicionalmente, al primero de ellos, de cohecho por  dar  u  ofrecer.  A ambos los sancionó con la pena accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por 20 años y les negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria8.   

6.  Los  acusados  y su defensor apelaron el  fallo  y  el Tribunal Superior del mismo distrito judicial lo confirmó el 26 de  agosto  de  20149.   

7.    La   defensora   de   Molano   Ardila   interpuso   recurso  de  casación y aportó la demanda correspondiente.   

LA DEMANDA  

Después   de   identificar   los  sujetos  procesales,  de  sintetizar  los  hechos,  la actuación cumplida y la decisión  impugnada,  instante  en  el  que,  entre líneas, recuerda los argumentos de la  alzada,   la   abogada  manifiesta  que  acusa  la  sentencia  por  «violación   al  Art.  181  del  C.P.P.  numeral  1°:  Falta  de  aplicación,  interpretación  errónea, o aplicación indebida de una norma del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  y  legal,  llamada a regular el  caso.   2°:   Desconocimiento  del  debido  proceso  (…)  3°  El  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de la prueba  (…)»10.   

Afirma  que  se  aplicaron indebidamente los  artículos   376   y   407   de   la   Ley   906   de   2004   por  «haber  incurrido  parcialmente  en  la  causal primera, segunda y  tercera  cuerpo  primero,  de  CASACIÓN,  consagrada  en el numeral primero del  artículo  220  del Código de Procedimiento Penal (Artículo 205 s.s. de la Ley  600              de              2000)»11.   

Seguidamente, en el acápite de demostración  de  los  cargos,  cita  entre  comillas  un párrafo que -dice- hace parte de la  sentencia  de  casación del 7 de septiembre de 2011, radicado 35293, relativo a  la   inculpabilidad   por   error   sobre  el  tipo12,  así  como  apartes de una  providencia  del  Tribunal,  para  luego  asegurar que su prohijado incurrió en  error  insuperable  de  interpretación  de  la  situación fáctica y jurídica  «con  absoluta  ausencia  de dolo y demostrada buena  fe»13,  toda  vez  que era el conductor del vehículo y cumplía la labor  para la cual fue contratado.   

Asevera  que  si  se  extrema  el  juicio de  reproche,  el comportamiento de su defendido, por lo menos, se debe aceptar como  error  culposo,  toda  vez  que  los  choferes de servicio público no tienen la  autoridad para inspeccionar los equipajes.   

En su criterio, de haber tenido en cuenta el  ad   quem   la  causal  de  inculpabilidad,  la  decisión  no  sería condenatoria y no habría recaído en  violación      directa      «por     exclusión  evidente»14 (no dice norma alguna).   

Solicita  se  case  el  fallo  y,      en     su     lugar,    se    absuelva    a    Molano Ardila.   

Como   cargo   subsidiario,   critica   la  providencia   por   violación  directa  de  la  ley  sustancial  con  apoyo  en  «EL  INCISO  FINAL  DEL  ART  220  DEL  CÓDIGO  DE  PROCEDIMIENTO   PENAL   DE   1991   (Artículo  207  de  la  Ley  600  del  año  2000)»15.   

Afirma  que  se  aplicó  indebidamente  el  artículo  407  «del  Código de Procedimiento Penal  (Artículo  287  de  la  Ley  600  del  año  2000),  de  indiscutible contenido  sustancial  por aludir a la punibilidad, conforme con los artículos 61, 64, 65,  66  y  67  del  Código Penal (54, 55, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 62)»16.   

Sostiene  que  desde  su  primera  versión,  Molano  Ardila  adujo que el  equipaje  pertenecía  a  un  pasajero  y luego tuvo que cambiar la versión por  circunstancias  ajenas  a  su  voluntad,  habida cuenta que fue amenazado cuando  subió  al  bus  y  su  auxiliar  le  dijo  que  se quedara callado «porque    sabían    todo    sobre    su    familia»17.   

El juzgador hizo caso omiso a las pruebas que  ha  debido practicar la fiscalía y, adicionalmente, erró al interpretar la ley  y   al   dar   total   credibilidad   a   lo   narrado   por  Danigsson  Morales  Obando.   

De no haber recaído en el error, el Tribunal  habría  dado  aplicación  al  numeral  5°  del  artículo 32 de la Ley 599 de  2000.   

Pide  a la Corte casar la sentencia y, en su  reemplazo, absolver a su prohijado.   

CONSIDERACIONES  

1.  El  recurso  de casación fue instituido  como  un  mecanismo  de  control  constitucional  y  legal  que  propende por la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación  de la jurisprudencia. No es, pues, una oportunidad más dentro del  proceso  en  la  que  se  puedan  hacer  toda  clase  de  cuestionamientos,  sin  estructura   y   contenido,  intentando  continuar  con  el  debate  fáctico  y  probatorio ya surtido.   

En  ese  orden,  la  demanda respectiva debe  cumplir  con  unas  exigencias  mínimas que le permitan a la Corte (i)  comprender  con  facilidad el motivo  por  el  cual  es necesaria su intervención en el fondo del asunto, ya sea para  hacer  efectivo  el  derecho  material,  para restablecer alguna garantía, para  reparar   algún   agravio   inferido  o  para  unificar  su  jurisprudencia;  y  (ii)  enterarse con aptitud  de  las  fallas  en las que incurrió el juzgador, cómo se afectaron derechos o  garantías  fundamentales  y  cómo  de no haber incurrido en ellas la decisión  reprochada  habría  sido  totalmente  diversa y en favor de los intereses de la  parte que reclama.   

En  relación  con  el  primer  aspecto,  el  libelista  tiene  la  carga  de  enseñar  con  aptitud la finalidad que procura  alcanzar  con  el  medio  extraordinario,  lo  cual no se satisface tan solo con  reproducir  el contenido del artículo 180 del Código de Procedimiento Penal de  2004.   

Para  tal  efecto,  ha  de explicar en forma  sucinta  pero  contundente -dado que será en el acápite de los cargos donde se  alcanzará  la  profundidad  necesaria- cómo tuvo lugar la lesión del derecho,  cuál  fue  la  garantía desconocida y por qué, cuáles los agravios inferidos  y,  si  lo  pretendido  es  la  unificación de jurisprudencia, enseñar el tema  respecto  del  cual se hace necesario el pronunciamiento, así como las posturas  disímiles  o  contradictorias  que  requieren  ser  precisadas o, de ser uno no  abordado  con  anterioridad,  hacer  tal  salvedad  revelando  con  claridad  su  importancia,  no  solo  para resolver el caso concreto sino para la comunidad en  general.   

En  punto  del  segundo aspecto, al actor le  corresponde  identificar  el desacierto judicial, el cual debe encajar en alguno  de  los  motivos  de  procedencia  previstos  en el artículo 181 del Código de  Procedimiento  Penal de 2004; y luego sí, a través de un discurso dialéctico,  jurídico,  claro,  estructurado  y  lógico,  formular  los  cargos  que  va  a  proponer.  Es  en  esta oportunidad en la que, con severidad, ha de describir el  yerro,  la  afectación  que  por  razón  del mismo sufrió la parte a favor de  quien  se  recurre,  atendiendo  los principios que rigen el recurso, tales como  los             de            taxatividad18,   prioridadad19,  autonomía20      y      no      contradicción21,     y    demostrar    su  trascendencia en el caso concreto.   

De      no     verificarse     tales  presupuestos,  el  libelo no  será  seleccionado.  Sin  embargo, por la connotación constitucional que se le  reconoció  al recurso, la ley previó que en determinados casos la Corporación  pueda  superar  los  defectos  para  decidir  de fondo, lo que únicamente tiene  lugar  cuando a su juicio se requiera del fallo para dar efectivo cumplimiento a  alguno  de los fines de la casación, por la posición del impugnante dentro del  proceso o por la índole de la controversia planteada.   

2. En esta ocasión el escrito presentado es  ajeno  a  los  presupuestos  expuestos  y  la  Corte no advierte la necesidad de  actuar  oficiosamente  para  alcanzar alguno de los propósitos de la casación.  Estos son los motivos:   

2.1.  En  primer  término, es ostensible el  desorden  argumentativo,  la  falta de estructura y coherencia de la censora, lo  que    impide    entender    el    equívoco   judicial   denunciado.   

A  lo  largo de su escrito hace referencia a  una  multiplicidad de artículos, los que, en su mayoría, no se ocupan sobre el  tema   jurídico   que  pretende  abordar,  ni contienen el enunciado normativo que indica. Adicionalmente, de  manera  inapropiada cita cánones de los códigos de Procedimiento Penal de 1991  y  de  2000 que, a más de ser  imprecisos,  resultan impertinentes puesto que el proceso penal se rigió por la  Ley 906 de 2004.   

De  otra parte, la trascripción que hace de  una   sentencia  de  esta  Sala  (CSJ  SP,  7  sep. 2011, rad. 35293) no resulta exacta y, en la frase que sí  coincide,  se  está  citando el resumen que de la demanda hizo la Corte, no sus  consideraciones.   

2.2.  En segundo lugar, olvidó detenerse en  manifestar  y  explicar  cuáles son las finalidades que pretende cumplir con el  recurso   de   casación,   por   qué  es  necesaria  la  intervención  de  la  Corporación,  cuáles  las  garantías procesales o los derechos violentados de  su  representado  y/o  en  qué  sentido  y respecto de qué tema se requiere el  desarrollo o la unificación de la jurisprudencia.   

2.3.  En  tercer  término,  no precisa con  claridad  cuántos  cargos  propone,  su  discurso  es  ambiguo y no concreta la  falencia  judicial, pues de manera irracional señala que el Tribunal recayó en  los  tres  motivos  de  casación previstos en el artículo 181 de la Ley 906 de  2004.   

Ahora, de entender que son dos las censuras,  dado  que  hay  dos  acápites de peticiones, tampoco es posible desentrañar su  pretensión,  pues  aunque en ambas advierte una falla por violación directa de  la     ley,     tal     propuesta     es     abiertamente     desarticulada    e  incomprensible.   

Cuando  se  elige  este  sendero  de ataque  (numeral   1   del   artículo   181  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004)22  el  impugnante  debe  ser claro en señalar si el error tuvo lugar  (i)   por   falta   de   aplicación,   (ii)        por        interpretación  errónea, o (iii)        por       aplicación  indebida  de  una  norma del  bloque  de constitucionalidad, de la Carta Política o de la ley que sea llamada  a regular el caso.   

Para  tales  efectos, ha de tener en cuenta  que  la  falta de aplicación  surge  cuando  el  juzgador  reconoce  una situación de hecho pero no asigna la  consecuencia  en  el derecho, de modo que deja de aplicar la norma que regula el  caso  concreto,  ya  sea porque la olvida, la desconoce, la tiene por derogada o  inexequible    o   simplemente   no   es   de   su   recibo.   La   indebida  aplicación  tiene lugar cuando  el  juez se equivoca en el proceso de adecuación típica, esto es, entre varias  disposiciones  válidas  escoge aquella que no corresponde al caso; y, si lo que  refuta  es  la  interpretación  errónea,  debe  aceptar como correcta la selección que de la norma hizo el  sentenciador,     pues     la     discusión    está    en    cómo,   al  interpretarla,  le  atribuyó  un  sentido  que  no  tiene  o  le  asignó  efectos  distintos  o  contrarios  a su  contenido.   

Al  amparo  de  esta  causal  no  resulta  admisible  discutir  aspectos relativos a la valoración probatoria o a la forma  en  que  los  hechos  fueron  considerados por los funcionarios de instancia. El  censor  debe aceptarlos tal como se consignaron, pues la discusión se centra en  aspectos de puro derecho.   

La   actora   inobservó  las  exigencias  descritas.   

Inicialmente menciona que el yerro acaeció  por  aplicación  indebida  de  los  artículos  376 y 407 del estatuto procesal  penal  de 2004, pero, más adelante, aduce que ocurrió por exclusión evidente,  lo  que  se  torna  contradictorio.  Es  más,  los  preceptos  que relaciona se  refieren  a  aspectos  extraños  a  su  discurso,  en  tanto  el 376 alude a la  admisibilidad de la prueba y el 407 al número de peritos.   

Ahora,  si  se  supera  tal  equívoco y se  admite  que  los  cánones pertenecen al Código Penal, tampoco adquiere aptitud  la  censura,  pues la letrada no revela la razón por la cual no eran aplicables  al  caso  concreto.  Adicionalmente,  en  total  contravía  con la modalidad de  infracción,    desaprueba   los   hechos   declarados   por   el   ad   quem  y  la  valoración  probatoria  hecha,  lo que le imponía, entonces, hacer su planteamiento por el camino de la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, por alguno de los errores de hecho  –falso    juicio   de  existencia,  identidad  o raciocinio-, cumpliendo a cabalidad con las exigencias  que   para   una   correcta   postulación   de  cada  uno  ha  puntualizado  la  jurisprudencia.   

Intenta exhibir algún desacuerdo porque se  desatendió  la  existencia  de  un  error  de  tipo  y,  al  tiempo,  porque  se  desatendió  un  error  de  prohibición,  aduciendo  que  su  defendido  actuó  sin  dolo.  Tal propuesta,  además  de  resultar incompatible, dada la disimilitud de circunstancias en las  que  se  apoya  cada  una  de  las  hipótesis,  carece  de  fundamento  o apoyo  argumentativo alguno.   

2.4.  Con  todo,  importa  destacar  que la  decisión  del  Tribunal  descansa  en  una  valoración seria y conjunta de las  pruebas    practicadas,    entre   ellas,  las  declaraciones  de  los  policiales que atendieron el caso, de  donde  concluyó la responsabilidad del acusado y su total dominio del hecho. Al  respecto sostuvo:   

…la  tesis  defensiva  en  manera alguna  resta  credibilidad  a  los  testimonios  de los policiales que identificaron de  manera  puntual y concreta a los procesados como coautores materiales del delito  de  transporte  de  estupefacientes,  agravado  y a DIEGO MAURICIO MOLANO ARDILA  como  responsable  del  ilícito  de  cohecho  por  dar  u ofrecer. Lo anterior,  teniendo  en  cuenta,  que  las manifestaciones efectuadas por dichos implicados  ante  los  policiales  permiten inferir de manera concreta y certera que tenían  conocimiento  pleno  de  la  sustancia  que transportaban y de la ilicitud de su  comportamiento.   

Nótese  que  al  ser  requeridos  por los  uniformados  para  el  registro  de  la  bodega del bus, su conductor y ayudante  actuaron  de manera mancomunada y decidida, lo cual denota una unidad de acción  que  bien  podría  resultar  compatible  con  el trabajo ilícito que en común  desarrollaban;  sin  embargo,  lo  que  permite  inferir  el  conocimiento de la  ilicitud  de  su  comportamiento son las respuestas erráticas y contradictorias  que  suministraron  a  los  policiales,  así:  i.) inicialmente manifestaron no  movilizar  encomienda  alguna  y  que  todo  lo guardado en la bodega era de los  pasajeros;  ii.)  tras advertir el hallazgo de los 49 paquetes contenidos en dos  lonas,  ingresaron  al vehículo para localizar al presunto pasajero responsable  de  tales  alijos,  pero varios minutos después descendieron señalando que los  referidos  paquetes  realmente  correspondían  a  una encomienda, sin coincidir  sobre  el  lugar  de  recolección,  puesto  que,  mientras el conductor del bus  adujo,  que  ello  aconteció en el terminal de Neiva, el ayudante manifestó en  forma  contradictoria,  que  tal  situación se presentó a las afueras de dicha  ciudad;  iii.)  acto  seguido,  el  conductor del rodante recibió una llamada y  anunció      a      los     uniformados     que     habían     $30’000.000.oo   para   dejar  pasar  la  mercancía.23   

(…)  

El  comportamiento  desplegado  por  quien  dirige  el  rodante  no  se  limitó  a  simplemente  permitir  el  ingreso  del  estupefaciente  incautado  a  la  bodega  de  tal  vehículo,  pues  se reitera,  recibió  una  llamada  telefónica en el momento preciso del hallazgo de los 49  paquetes  que  la  contenían y, al parecer siguiendo las instrucciones de quien  se  encontraba  al  otro lado de la línea, procedió a ofrecer una elevada suma  de   dinero   a   los  uniformados  presentes  para  que  “dejaran  seguir  la  mercancía”    tal   como   estos   lo   relataron   de   manera   certera   e  inequívoca.24   

El   ad  quem  desechó  la existencia de cualquier amenaza en contra  de  la  vida de Molano Ardila,  como  lo  sugiere  la  demandante,  tras considerarla inverosímil. Dijo así la  colegiatura:   

De  otro  lado, si bien en principio puede  aceptarse   que  una  persona  por  temor  a  represalias  puede  abstenerse  de  identificar  ante  la policía al presunto responsable de un proceder delictivo,  en  el  caso  de la especie, ello se descarta, porque lo que se evidencia, es la  connivencia  que  existía  entre  el  implicado,  su  ayudante  y  la persona o  personas  que  estaban  pendientes  del transporte del estupefaciente incautado,  dado  que  desde  un  comienzo  pretendieron  fallidamente  ocultar la presencia  dentro  del vehículo de la sustancia vedada, al manifestar a la policía que no  llevaban  encomienda  alguna,  para  posteriormente cambiar su postura e indicar  que  sí  existía  una  encomienda,  de  cuyo origen y destino no estuvieron en  condiciones   de   suministrar   una   información   satisfactoria,  dadas  las  contradicciones  en  que  incurrieron, para más adelante ante lo comprometedora  de  su  situación, optar el conductor por decirle a los policiales que existía  una  fuerte suma de dinero si dejaban “pasar la mercancía”, al punto de que  al   no   tener  acogida  su  propuesta  delictiva,  incrementar  el  monto  del  ofrecimiento.25   

Las   precedentes   consideraciones   son  suficientes para inadmtir la demanda.   

3. Al amparo del artículo 184 de la Ley 906  de   2004,   es   procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han  sido definidas por la Sala desde el año 2005, en CSJ  AP,   12  dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  en  AP-3481-201426.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.               INADMITIR  la  demanda  presentada  por la  defensa  de  Diego Mauricio Molano Ardila contra  la  sentencia  proferida  el  26  de  agosto  de 2014 por el  Tribunal Superior de Cundinamarca.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Registro en disco compacto n.° 1, obrante en el cuaderno original.   

2  Folios 3 a 21 Id.   

3 Acta  obrante a folios 46 y 47 Id.   

4 Acta  obrante a folio 93 Id.   

5 Actas  visibles a folios 95 a 99 Id.   

6 Acta  obrante a folios 101 y 102 Id.   

7 Acta  visible a folios 104 y 105 Id.   

8  Folios 118 a 144 Id.   

9  Folios 15 a 50 del cuaderno del Tribunal.   

10  Folio 80 Id.   

11  Id.   

12  Id.   

13  Folio 81 Id.   

14  Id.   

15  Folio 82 Id.   

16  Id.   

17  Folio 83 Id.   

18 Los  reclamos  se  circunscribirán  exclusivamente  a  los  motivos previstos por el  legislador.   

19 Las  censuras  deben  guardar  un  orden  lógico,  iniciando  por  aquella  de mayor  cobertura o que reviste más afectación al proceso.   

20 Las  postulaciones  deben  ser  independientes,  de  forma  que  no  se  entremezclen  indebidamente los argumentos de unas y otras.   

21  Resulta impropio presentar cargos excluyentes entre sí.   

22  “Falta  de aplicación, interpretación errónea, o  aplicación   indebida   de   una   norma   del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional o legal, llamada a regular el caso”.   

23  Folios 28 y 29 del fallo, 42 y 43 del cuaderno del Tribunal.   

24  Folios 31 y 45 Id.   

25  Folios      33      y      47      Id.   

26  Radicado 42597.     

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