AP2202-2015(45469)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP2202-2015  

Radicación N°. 45.469  

(Aprobado Acta No.  148)   

Bogotá  D.C.,  veintinueve (29) de abril de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO    DE   LA  DECISIÓN   

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Yeime  Lissette  Barreto  Arias  contra la  sentencia  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  del 17 de  septiembre  de  2014,  que confirmó la proferida el 13 de agosto del mismo año  por  el  Juzgado  Doce Penal del Circuito con funciones de conocimiento de dicha  ciudad,  mediante  la  cual  la  condenó, a título de autora, por el delito de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal de la siguiente forma:   

En el escrito de acusación se consigna que  en  la  madrugada  del 29 de julio de 2011, miembros de la Policía Nacional que  realizaban  labores  rutinarias  de  vigilancia y control en inmediaciones de la  carrera  31  con  calle 15 sur del perímetro urbano de esta ciudad [Bogotá]    hallaron    una    mujer,  posteriormente      identificada     como     YEIME     LISEETE     (sic)   BARRETO   ARIAS,   mientras  se  desplazaba  por  la  vía  pública  y  quien  llevaba consigo un vaso blanco de  icopor en la mano derecha en actitud sospechosa.   

Los uniformados la requirieron entonces para  que  exhibiera  el  contenido  del  recipiente, en cuyo interior encontraron 107  papeletas   contentivas  de  sustancia  pulverulenta.  Efectuada  la  prueba  de  identificación  preliminar  homologada,  se  pudo  establecer que se trataba de  cocaína  en  cantidad  de  17.9 gramos. El hallazgo determinó la captura de la  nombrada  BARRETO  ARIAS.1    

2.  Al  día  siguiente, el Juzgado 43 Penal  Municipal  con  funciones  de control de garantías de la capital, por solicitud  de   la  Fiscalía  214  Local,  legalizó  la  captura  y  la  formulación  de  imputación  por  el delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes  (artículo  376, inciso 2º, del Código Penal, en la modalidad de conservar) en  contra  de  Yeime  Lissette  Barreto Arias.  El ente acusador retiró la solicitud de imposición de medida de  aseguramiento,  por  lo que se ordenó la libertad de la procesada. No obstante,  como  quiera  que  ella  soportaba  orden de captura para el cumplimiento de una  pena,  fue  dejada  a  disposición  del  Juzgado  6º  Penal  del  Circuito con  funciones   de   conocimiento   del   mismo   lugar2.   

3.  El 25 de octubre posterior el Fiscal 358  Seccional   presentó   el  escrito  de  acusación3  y  el  17 de enero de 2012 se  llevó  a  cabo  la  audiencia  de  formulación correspondiente ante el Juez 12  Penal  del  Circuito  con  funciones de conocimiento4.     

4.  Aunque,  al  inicio  de  la  audiencia  preparatoria  celebrada  el 12 de junio de dicho año, las partes presentaron un  preacuerdo5  en  el  que  la  acusada aceptaba su responsabilidad por el delito  endilgado,  a  cambio  de una rebaja de pena equivalente a la tercera parte y la  imposición  del mínimo punitivo, no se llevó a cabo la verificación de dicho  pacto,  toda  vez  que  la Fiscalía solicitó suspender la diligencia porque no  contaba  con  el  resultado  de  la  prueba  química  practicada a la sustancia  incautada.   

5. Tras múltiples aplazamientos solicitados  por  el ente acusador, que tuvieron fundamento en la razón mencionada, el 14 de  diciembre   ulterior   se  continuó  con  la  audiencia  de  legalización  del  preacuerdo,   oportunidad   en   la  que  la  defensa  manifestó  desistir  del  mismo6.  En  consecuencia,  el  14  de  marzo  de  2013,  se dio paso a la  audiencia                preparatoria7.   

6.  El  juicio  se  desarrolló  en  varias  sesiones          (9         de         mayo8,   3   de   julio9   y  27  de  noviembre             de             201310,  4  de  febrero11  y  24  de  junio  de 201412).  Al  cabo  de la última se anunció que el sentido del fallo era  condenatorio.   

7.  Mediante  sentencia del 13 de agosto del  mencionado  año,  la  Juez de conocimiento condenó a la acusada por el injusto  endilgado  a  las penas principales de sesenta y cuatro (64) meses de prisión y  multa  en  cuantía de dos (2) salarios mínimos legales mensuales vigentes, y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  la  libertad.   

Además, le negó la suspensión condicional  de   la   ejecución   de   la   pena  y  la  prisión  domiciliaria13.   

8.    Recurrido    el   fallo   por   el  defensor14,  fue confirmado por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá  en   sentencia   del   17  de  septiembre  de  201415.   

9. La defensa técnica interpuso16     y  sustentó17 oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

Tras identificar la sentencia impugnada y las  partes,  sintetiza  la  cuestión  fáctica  y  la  actuación  procesal,  para,  enseguida,  aseverar  que  el recurso tiene por finalidad que la Corte matice su  jurisprudencia  acerca  de  la  posibilidad de acudir a otros medios probatorios  para  acreditar  la autenticidad de un elemento cuando se desconoce el protocolo  de la cadena de custodia.   

Explica,  al  respecto,  que se debe revisar  dicha  postura  frente a casos en los que la evidencia no tiene características  peculiares  sino  «únicas  y  que resulta imposible  marcar  o  identificar  intrínsecamente,  lo  que  debe  generar  consecuencias  diferentes,  pues  como  lo  establece  la doctrina internacional, (…) solo se  logra   autenticar  la  evidencia  demostrando  el  cumplimiento  de  cadena  de  custodia»18.  En  ese sentido, dado que,  sostiene,   la   sustancia   incautada   «no  posee  características  únicas  que  la distingan de otros objetos similares, y al no  poderse     garantizar     la     posibilidad     de     alteración»19,   se   debió   exigir  el  acatamiento de la cadena de custodia.   

Al amparo de la causal tercera del artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004 invoca la violación indirecta de la ley sustancial  por  error  de  hecho en la modalidad de falso raciocinio, como consecuencia del  mérito   asignado   «a  pruebas  diferentes  a  las  exigidas     en    el    protocolo    de    cadena    de    custodia»20,  infracción que, en sentir  del  jurista, condujo «al menoscabo de los artículos  29  de la Carta Política, 5, 7, 23 del C. de P. P. por la no aplicación de los  artículos  254  y  siguientes  del mismo ordenamiento como violación medio, lo  que  devino  en  que se aplicara indebidamente el artículo 277 de ley (sic) 906  de  2004  y  el  artículo 376 inciso 2 de la ley (sic) 599 de 2000.»21   

En  desarrollo del único cargo, asegura que  se  desconoció  el  régimen  de  aseguramiento  de  la prueba, instituido como  garantía,  en los términos del artículo 250 Superior, toda vez que el informe  químico  rendido  el  8  de  noviembre  de 2012 por el experto Hernández Duque  carece de rótulo de identificación.   

Luego  de aludir al criterio jurisprudencial  empleado  por el Tribunal, acerca de la viabilidad de establecer la originalidad  o  inmutabilidad  de  los elementos materiales probatorios o evidencia física a  través  de  quien  los  haya  incautado  o  recolectado,  cuando  quiera que se  desconozca  total o parcialmente la cadena de custodia, el defensor opina que un  defecto  así,  debería  corresponder a un error de derecho por falso juicio de  legalidad,  pero,  como  la  Corte  considera  que  es  un tema de valoración y  libertad  probatoria,  se  dispone  a  proponer su censura por la ruta del falso  raciocinio.   

En  ese  orden,  es  de  la  idea  que  la  autenticidad  de  la sustancia incautada no puede tenerse por demostrada con los  medios    cognoscitivos    valorados   por   el   ad  quem.   

Asevera que, conforme a los principios de la  lógica    –no    los  identifica-,  a efecto de determinar la inmutabilidad de la evidencia no bastaba  asegurar  que  el  estupefaciente  estaba  en  una bolsa plástica y un sobre de  manila  y que fue descrito por los policías que capturaron a la enjuiciada y el  perito  químico  como  pulverulento  y  habano  o que la fijación fotográfica  coincide  con  el peritazgo, «pues son circunstancias  que   realmente   no  descartan  la  posibilidad  de  alteración  del  elemento  intrínseco  incautado,  pues  las  coincidencias  halladas  son  sobre aspectos  extrínsecos  o  exteriores al elemento, como la envoltura, el recipiente que no  identifican  ni  distinguen  verdaderamente  el contenido, es decir la sustancia  pulvurenta    (sic).»22   

A  continuación, con fundamento en doctrina  extranjera  (Chiesa),  distingue entre los elementos de características únicas  (armas  de  fuego,  documento  con  texto  y  firma)  y  los  que  no las tienen  (líquidos,  polvos)  porque  «su contenido está en  controversia  y a diferencia del envase o envoltura en que se encuentra, resulta  imposible   de   marcar   o  identificar»23  o  son  de  naturaleza  fungible o simplemente se dejaron de marcar pudiéndolo haber hecho,  para  concluir  que,  a  diferencia  de  los primeros, en los que «el  reconocimiento  puede  provenir  de  la  persona que elaboró y  firmó  el  documento,  o  de  aquella  contra  la  cual  se  ofrece»,  en  los últimos casos, se demanda que quien aporta el elemento  «ofrezca algo más que una simple identificación”  con  el  fin de constituir su autenticidad y pertinencia en aras de ser admitida  como  evidencia,  objetivo  que  solo se logra demostrando el cumplimiento de la  cadena   de   custodia»24.   

En el asunto de la especie, dice, se trata de  un  polvo fungible imposible de marcar o identificar, es decir, de una evidencia  sin  características  particulares  que  la  distingan  de  otras  de carácter  similar,   luego,   no  es  suficiente  «que  exista  coincidencia  entre  custodios o fotografías sobre que se trata de “sustancia  pulvurenta  (sic)  de  color habano” puesto que esta no es una característica  que  la  particularice  ni  la haga única, ni tampoco el que trate de hacer ver  que  el  elementos  (sic)  estaba en similar empaque o envoltura, porque esto no  identifica  el  contenido»25,  sino que era indispensable  la  rotulación de la cadena de custodia con el código o número y demás datos  asignados.   

Como  no se cumplió con ese protocolo y las  envolturas  en  las  que  la  sustancia fue puesta pueden corresponder a las que  normalmente  usa  la policía, «no hay como tener que  ese  empaque  parecido  haya  sido  el  mismo  en  el  inicio  y  en  el  examen  definitivo»26;  de  esta  manera,  es  del  criterio  que  se  incurrió  en  el  falso raciocinio postulado, «al  pretender  identidad  sobre cosas y aspectos que se predican de  una  generalidad  en  evidencias  fungibles  sin características únicas que no  fueron  sometidas  a  cadena  de custodia»27.   

A juicio del jurista, el yerro denunciado es  trascendente  porque  al  darse  por  demostrada  equívocamente la mismidad del  elemento   incautado,   se   tuvo   por   probada   la   tipicidad  del  injusto  endilgado.   

De este modo, argumenta, el falso raciocinio  se   contrae   a   «pretender   que  con  elementos  probatorios  que  no identifican el contenido material de la prueba para el caso  de  evidencias  fungibles sin características únicas o diferenciables de otras  similares,  puedan  ser  razón  suficiente  para identificar la identificación  plena   que   establece   el   régimen   de   cadena  de  custodia.»28   

Para  cerrar,  sostiene  que  los argumentos  empleados  para  acreditar la autenticidad, soportados en unos cuantos elementos  accesorios  procuran  explicar  una  verdad  de  hecho  que  resulta  ser apenas  contingente  porque  «no  descartan que la sustancia  intrínsecamente  considerada  no haya sido alterada, exigencia demostrativa que  no  se  le  puede  trasladar a la defensa»29,  sino  que  está radicada en cabeza de la Fiscalía.   

Solicita  declarar la prosperidad del cargo,  casar    la    sentencia    acusada    y,    en    su    lugar,   emitir   fallo  absolutorio.   

CONSIDERACIONES   

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios     inferidos     a     estos,     y     la    unificación    de    la  jurisprudencia»30.   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella en la que    i)    el   actor   carezca  de  interés  para acceder al recurso, ii) no se  invoque la causal conforme a la cual  se    edifica   el   reproche   de   las   contempladas   en   el   canon      181     ibidem,  iii)  omita  desarrollar  los  cargos  correspondientes  o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer  que  no  se  requiere  de la sentencia para  cumplir    las    finalidades    previstas    en    el    aludido   precepto  180; lo anterior, salvo que el  cumplimiento  de alguno de esos fines permita superar los defectos técnicos que  exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene  decantado la jurisprudencia  que,  la  demanda  debe  ser  íntegra  en  su formulación, suficiente, clara y  precisa  en  su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal suerte que se debe  soportar  en  los  principios  que rigen el recurso extraordinario, en especial,  los   de   claridad,   precisión,   fundamentación   debida,   prioridad,   no  contradicción  y  autonomía,  sin  que sea viable argumentar a la manera de un  alegato  de  instancia.   La  proposición  de  los cargos requiere escoger  adecuadamente  la  causal  y el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

2.  El libelo que nos ocupa no satisface los  requisitos  mínimos  que  exige  el  referido  artículo  184  ibidem  para  su  admisión  y,  por  lo  tanto,  no  puede  ser seleccionado. Las razones son las  siguientes:   

El  censor  hace manifiesta la intención de  que  la  Corte  matice  el  alcance de la jurisprudencia, actualmente vigente en  punto  de  la  posibilidad  de  acreditar  la  autenticidad de una evidencia con  fundamento  en  cualquier  medio  cognoscitivo,  cuando  quiera  que se detecten  irregularidades  en  la  cadena  de custodia, porque considera que, debe crearse  una   suerte   de   subregla  respecto  de  aquellos  elementos  que  no  tienen  características  únicas,  en  el  sentido  que, en estos casos, la mismidad no  podría  ser  demostrada  conforme  al  postulado  de  libertad probatoria sino,  exclusivamente,  a  través  del  acatamiento  irrestricto de  la cadena de  custodia,  concretamente,  mediante  la rotulación del registro de la misma con  un código o número y demás datos asignados.   

La  propuesta  del  letrado,  en  últimas,  entonces,  está  enderezada  a  privilegiar  dicho procedimiento como el único  mecanismo    demostrativo    de    la    indemnidad    del   elemento   material  probatorio.   

Tal concepción no logra persuadir a la Corte  de  la necesidad de admitir el recurso para ajustar su criterio jurisprudencial,  habida  cuenta  que  es  la  ley  adjetiva penal vigente la que establece, en su  artículo  277  (inciso 2º), que «[l]a demostración  de  la  autenticidad de los elementos materiales probatorios y evidencia física  no  sometidos  a  cadena  de  custodia,  estará  a  cargo  de  la parte que los  presente»,  mandato  que  sugiere  la  posibilidad de  emplear  otros procedimientos para cumplir tal cometido en aquellos casos en los  que   no   se   inició   dicha   cadena  o  se  detectan  en  ella  anomalías,  independientemente   de   que   la   evidencia   tenga   o  no  características  únicas.   

Y  es  que,  si  la  norma  procesal no hace  distinciones  o excepciones, y, por el contrario, crea una regla supletoria para  la  comprobación  de  la  autenticidad  del  elemento,  mal  haría la Corte en  restringir  la  verificación de la univocidad de una evidencia a la certeza del  cumplimiento de la cadena de custodia.   

Ciertamente,  tal como con insistencia lo ha  sostenido  la  jurisprudencia,  no  basta  acreditar  una lesión a la cadena de  custodia  –por ausencia o  defecto-  respecto de algún elemento de prueba, pues en ese evento, únicamente  se  habrá  probado  que  no  operó  la  presunción  de autenticidad que surge  naturalmente  del  adecuado  manejo  de las evidencias (inciso 1º del artículo  277  de  la  Ley  906 de 2004). No así, que no está satisfecho el principio de  mismidad,  pues,  se  insiste,  la  indemnidad  de la pieza probatoria recaudada  puede  acreditarse  por la parte que le interese, mediante otros instrumentos de  prueba.   

En  este  sentido,  ha  reflexionado la Sala  (CSP  SP,  17  abr.  2013,  rad.  35.127):   

La  cadena  de  custodia  es el conjunto de  procedimientos  encaminados  a  asegurar  y  demostrar  la  autenticidad  de los  elementos   materiales   probatorios  y  evidencia  física.  Está  conformada,  entonces,   por  los  funcionarios  y  personas  bajo  cuya  responsabilidad  se  encuentren  elementos  de convicción durante las diferentes etapas del proceso;  se  inicia  con la autoridad que recolecta los medios de prueba desde el momento  en  que  se conoce la conducta punible, y finaliza con el juez de la causa y los  diferentes  servidores judiciales. Así, al momento de recolectar las evidencias  -llamadas  a  convertirse en prueba en el juicio oral- es necesario registrar en  la  correspondiente  acta  la  naturaleza del elemento recogido, el sitio exacto  del  hallazgo  y la persona o funcionario que lo recogió, así como los cambios  que hubiere sufrido en su manejo.   

Ahora  bien, en lo que tiene que ver con la  manera  de  atacar  en sede de casación las falencias en la cadena de custodia,  la  Corte  mantuvo  en  el  pasado posiciones encontradas, pues mientras en unas  ocasiones  señaló  que  esa clase de anomalías deben orientarse a través del  error  de derecho por falso juicio de legalidad, en otras oportunidades ha dicho  que  la ruta correcta es el error de hecho, tesis que ha sido corroborada en las  providencias más recientes  y que hoy reitera.   

(…)  

Dígase  que  la  cadena  de  custodia  es,  entonces,  un medio a través del cual se demuestra la autenticidad del elemento  material  probatorio,  no  siendo  el  único,  pues  la propia ley establece la  posibilidad  de  hacerlo en forma distinta cuando no se ha cumplido, o cuando lo  ha  sido  irregularmente.  En  tal  caso,  la anomalía en la cadena de custodia  tendría  incidencia  en la idoneidad demostrativa del medio de convicción, mas  no la aplicación de la regla de exclusión.   

Puede decirse, entonces, que la ventaja que  se  deriva  del cumplimiento del protocolo de cadena de custodia es que releva a  la  parte  que  presenta el elemento probatorio o la evidencia física del deber  de  demostrar  su  autenticidad,  pues cuando ello ocurre la ley presume que son  auténticos.  Y  la  desventaja  de  no  hacerlo  es que traslada la carga de la  acreditación  de  la  indemnidad  del  elemento  probatorio  o  de la evidencia  física  a  quien la presente, lo que, insiste la Sala, no acarrea como sanción  la exclusión del medio de convicción.   

Por  eso, en uno y otro evento, varían los  efectos  de  no  observar los procedimientos legalmente establecidos, pues si se  incumplen  los  primeros, esto es, el debido proceso probatorio, la solución ha  de  ser  la  exclusión  del  elemento,  pero si se pretermiten los mecanismos y  procedimientos   de   cadena  de  custodia  lo  que  se  afecta  es  su  aptitud  demostrativa.  De  ahí  que,  como  lo  tiene dicho la jurisprudencia de tiempo  atrás,  “en  principio,  no  resulta  apropiado discutir, ni siquiera en sede  casacional,  que un medio de prueba es ilegal y reclamar la regla de exclusión,  sobre   la   base   de   cuestionar  su  cadena  de  custodia,  acreditación  o  autenticidad”.   

Así  las  cosas,  el ataque que en sede de  casación  se  emprende  contra las irregularidades en la cadena de custodia, le  impone  al demandante la carga de probar, no sólo que aquella no se cumplió, o  que  se cumplió defectuosamente, sino que la autenticidad del elemento material  probatorio  o de la evidencia física no logró establecerse por otros medios, y  que  existen  fundados motivos para creer  que el elemento no es genuino, o  que   pudo  haber  sido  alterado,  modificado  o  falseado  en  el  proceso  de  protección o conservación.    

Además,  si  bien  el  censor  acertó  al  denunciar  por  la  ruta  del  error  de  hecho por falso raciocinio la presunta  deficiencia  en  la  cadena  de custodia respecto de la sustancia estupefaciente  incautada   a  la  procesada,  es  lo  cierto  que  no  consultó  los  precisos  razonamientos  de  los juzgadores orientados a negar cualquier duda acerca de la  autenticidad  del  elemento  sometido  a  prueba  pericial  química, los cuales  descartan la pretendida trascendencia del reparo.   

En  efecto,  los  jueces  de  conocimiento  advirtieron  que  aunque  en  el  registro  de  cadena de custodia aportado a la  actuación  y  en  el  informe  químico definitivo no se enunció el número de  consecutivo,  dicha  evidencia se embaló, rotuló y analizó químicamente bajo  el    número    de    la    noticia    criminal    que   corresponde   a   esta  actuación.   

En  verdad,  de  un  lado,  la a  quo advirtió que, no obstante la falta  de  inclusión  en el registro de la cadena de custodia aportado a este proceso,  la  mismidad del estupefaciente que portaba la acusada en un vaso de icopor -107  papeletas  de  cocaína  con  un  peso  de  17.9  gramos- quedó suficientemente  acreditada  en la medida que el patrullero Juan Pablo Castillo Nieto contó que,  tras   embalar  y  rotular  dicha  evidencia,  diligenció,  con  el  pretendido  radicado,  el  acta  de  incautación  de  elementos  y el registro de cadena de  custodia  original, para, enseguida, entregar el elemento junto con los mentados  documentos  al  almacén  de evidencias de la Fiscalía, información refrendada  por el intendente Alejandro Zapata Santa.   

Precisó  la  falladora  que, en el informe  relativo  a  la prueba preliminar homologada PIPH, practicado por Álvaro Camelo  Camelo,  pero rendido en juicio por Karina Patricia Ramírez Correal, aparece un  número  único  de investigación que coincide con el de este proceso así como  la  fijación  fotográfica de la evidencia -en 9 imágenes- la cual corresponde  a   la   versión   de  los  policías  que  aprehendieron  a  la  inculpada,  y  «se   logra  identificar  el  rótulo  impuesto  al  elemento  hallado,  que corresponde con el número de noticia criminal que ocupa  la  atención  del  juzgado en ésta oportunidad y que también coincide con los  números    de    noticia    criminal    impresos    en   la   prueba   química  definitiva31.»32   

Igualmente,  destacó  la  juzgadora que el  experto que rindió la prueba química definitiva precisó que   

(…)   cuando  la  autoridad  lleva  la  sustancia  al  Instituto, se procede a firmar el registro de cadena de custodia,  reciben   el  elemento  material  probatorio  junto  con  el  oficio  petitorio,  inmediatamente  se  genera  una  hoja  de  trabajo  en  la que consignan todo lo  referente  al  elemento recibido, proceden a revisar el oficio, el elemento y el  registro  de cadena de custodia, que se corroboren entre sí, garantizándose la  mismidad;  posteriormente  lo  remiten al coordinador del laboratorio que asigna  los experticios a cada perito.   

Señaló  de  manera  tajante  que  si  el  elemento   no  contiene  cadena  de  custodia,  no  puede  ser  recibido  en  el  Instituto.   

Y de otro lado, el juez plural admitió que  aunque  es  cierto que la pericia química definitiva no relaciona el número de  rótulo  asignado  a  la  evidencia  y  el  patrullero  Castillo  Nieto  omitió  consignar  en  el  registro  de  cadena  de  custodia el número consecutivo que  identificaba   la   respectiva  investigación,  dicha  sustancia  es  la  misma  decomisada  a  la procesada porque los policías que la capturaron dieron cuenta  de  sus  particularidades  y  el  envase  en  el que se encontraba, así como el  registro  fotográfico  realizado  al  practicar  dicha  experticia  muestra que  «el estupefaciente analizado estaba en un recipiente  de  características  idénticas al descrito por los policiales Castillo Nieto y  Zapata  Santa. Así mismo, que el color y la cantidad de las papeletas coinciden  con  la  descripción  efectuada por aquéllos en el juicio oral y público (fs.  182     a     184).»33   

Además,   el   Tribunal   verificó  que   

(…)   la   descripción  del  embalaje  efectuada  en  el segundo informe, en concreto, de “un sobre de manila sellado  y  rotulado”  contentivo  de  “un  (1)  sobre plástico sellado” (f. 125),  concuerda  con la reseñada en el primer documento, en el que se señala que una  vez   realizado   el   análisis  preliminar  “la(s)  muestra(s)  tomada(s)  y  analizada(s)  preliminarmente  es (son) embalada(s) en bolsa(s) plástica(s)…,  e introducida(s) en sobre de manila sellado”(f. 184).   

Lo  mismo  ocurre, atesta la Corporación,  con  la  apariencia  física  de  la  droga  aludida  por el nombrado Hernández  Duarte,  quien  la describió como una “sustancia sólida, pulverulenta, color  habano”  (f.  126). Estas características guardan exacta armonía con las que  se  aprecian  en  las  fotografías  anexas  al informe de investigador de campo  elaborado  por  el  perito  Camelo  Camelo,  introducidas  en debida forma en la  audiencia pública (f. 183).   

De otra parte y, principalmente, porque en  todo  caso  el  citado  Hernández  Duarte  atestó en la vista pública que los  expertos  químicos  del laboratorio del Instituto Nacional de Medicina Legal se  encargan  “de revisar que tanto el oficio, como el elemento material de prueba  y  el  formato  de  cadena  de  custodia  coincidan  en  sus números de noticia  criminal  y de radicado en el Instituto’  con  lo que se garantiza, en términos del exponente y consignado  sea  excusada  la  redundancia,  “la  mismidad  y  autenticidad  de  todos los  elementos  recibidos”  (cd 15, tercer corte, récord 5:00 y siguientes). A tal  punto,  según  agregó,  que  echado de menos el registro de cadena de custodia  “no  se  recibe  el  elemento  material  de  prueba  y  se  le  informa  a  la  autoridad”  (cd  15,  tercer corte, récord 8:00).34   

Todas    estas   reflexiones   de   los  sentenciadores  dan  al  traste  con  las inquietudes asomadas por la defensa en  franca  violación del principio de corrección material ya que, como se vio, la  evidencia   no   dejó  de  ser  embalada  y  rotulada  por  quien  incautó  el  estupefaciente  bajo  el radicado correspondiente a esta actuación y si bien el  diligenciamiento  del  registro  de  la  cadena  de  custodia  se hizo de manera  incompleta  en punto del número de identificación del consecutivo, la mismidad  se acreditó testimonial y pericialmente.   

Agréguese  que no se trata, como lo afirma  el  letrado,  únicamente  de  la  coincidencia  entre los testigos (policías y  peritos)  acerca  del  aspecto  de  la  sustancia  y sus envolturas, sino de las  manifestaciones  de  los  expertos,  en  el  sentido  de  tener por protocolo la  verificación  de la correspondencia entre el rótulo de la evidencia y el de la  noticia criminal respectiva.   

En estas condiciones, no es posible admitir  la demanda.   

Por  último, la Sala no observa flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón de las finalidades de la casación.   

3.  Resta  señalar  que,  al  amparo  del  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no darle curso a  una  demanda  de  casación,  es  procedente  la  insistencia,  cuyas reglas, en  ausencia  de  disposición legal, fueron definidas por la Sala desde el auto del  12  de  diciembre de 2005, radicación 24.322 y precisadas recientemente en auto  CSJ AP, 25 jun. 2014, rad. 42.597.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Yeime  Lissette  Barreto  Arias  contra la  sentencia  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  del  17 de  septiembre de 2014.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr.  folios  1-2  de  la  sentencia    de    segunda   instancia   a   folios   8-9   del   cuaderno   del  Tribunal.   

2  Cfr.   folio   4  de  la  carpeta.   

3  Cfr.    folios    5-8  ibidem.   

4  Cfr. folio 24 ibidem.   

5  Cfr. folio 42 ibidem.   

6  Cfr.    folios   88-89  ibidem.   

7  Cfr.   folios   102-103  ibidem.   

8  Cfr.   folios   108-109  ibidem.   

9  Cfr.   folios   129-130  ibidem.   

10  Cfr.   folios   154-155  ibidem.   

11  Cfr.   folios   163-164  ibidem.   

12  Cfr. folio 185 ibidem.   

13  Cfr.   folios   187-210  ibidem.   

14  Cfr.   folios   214-216  ibidem.   

15  Cfr.   folios  8-20  del  cuaderno del Tribunal.   

16  Cfr. folio 23 ibidem.   

17  Cfr.    folios   27-37  ibidem.   

18  Cfr. folio 5 de la demanda  a        folio       31       ibidem.   

19  Ibidem.   

20  Cfr. folio 5 de la demanda  a        folio       32       ibidem.   

21  Ibidem.   

22  Cfr. folio 8 de la demanda  a        folio       34       ibidem.   

23  Cfr. folio 9 de la demanda  a        folio       35       ibidem.   

24  Ibidem.   

25  Ibidem.   

26  Ibidem.   

27  Ibidem.   

28  Cfr. folio 36 ibidem.   

29  Ibidem.   

30  Cfr.  Artículo  180 de la  Ley 906 de 2004.   

31  Cfr.  folios 182 al 184 de  la carpeta.   

32  Cfr.   folio  11  de  la  sentencia de primera instancia a folio 200 de la carpeta.   

33  Cfr.   folio  12  de  la  sentencia    de    segunda    instancia    a   folio   19   del   cuaderno   del  Tribunal.   

34  Cfr.  folios  12-13  de la  sentencia     de    segunda    instancia    a    folios    19-20    ibidem.     

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