AP2136-2016(47448)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP2136-2016  

Radicado N° 47448.  

Aprobado acta No. 120.  

Bogotá, D.C., trece (13) de abril de dos mil  dieciséis (2016).   

V I S T O S  

Con  el  fin  de  constatar  si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de Orfelina Calderón de  Silva,  contra la sentencia de segundo grado proferida  por  la  Sala  Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, que  confirmó  el  fallo  dictado por el Juzgado 51 Penal del Circuito de esta misma  ciudad,  condenándola  a  la  pena  principal  de  setenta  y dos (72) meses de  prisión   y   multa   de   doscientos   (200)   s.m.l.m.v.;   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  sesenta  (60)  meses;  le  negó  la  prisión  domiciliaria  y le  concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena, pero,  conforme  al  artículo 362 del C.P.P., esto es, atendiendo su edad avanzada, al  declararla    autora    penalmente    responsable    del    delito   de   fraude  procesal.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

De  acuerdo con la narración de los hechos y  el   acervo   probatorio,   se  pueden  extraer  como  circunstancias  fácticas  relevantes las siguientes:   

La  Caja  Nacional  de  Previsión  Social  “CAJANAL”,  La  Caja  Nacional  de Previsión Social “CAJANAL”, mediante  Resolución  No.  1443  del  3  de  diciembre  de  1985,  reconoció  a favor de  Guillermo  Silva  Silva,  compañero  permanente  de  Ana  Victoria  Duarte, una  pensión  de jubilación. El señor Silva Silva allegó ante la referida entidad  un  memorial  a  través del cual autorizó para que, luego de su fallecimiento,  esa  gracia  le  fuera  sustituida  a la señora Duarte, con quien convivió por  más de 20 años y procreó un hijo.   

El  señor  Silva  Silva  falleció el 13 de  febrero  de  2003,  por lo que se ordenó el traspaso y pago inmediato, en forma  provisional,  de  la  pensión  a  favor de la señora Duarte, en porcentaje del  100%, a partir del 14 de febrero de 2003.   

El 12 de mayo de 2003, ORFELINA CALDERÓN DE  SILVA  solicitó  el  reconocimiento  y  pago de la sustitución pensional antes  referida,  en  calidad  de  cónyuge  supérstite,  la  cual,  en efecto, le fue  reconocida,  en  forma  vitalicia,  mediante  Resolución  No.  28877  del 13 de  diciembre  de  2004,  en  la  que,  además,  se  ordenó excluir a ANA VICTORIA  DUARTE,  ya  que,  para  el  efecto, presentó una declaración jurada en la que  manifestó  haber  convivido  con el cujus hasta el momento de su deceso, pese a  que   era   consciente   de  estar  separada  del  mismo  desde  hacía  treinta  años.   

Contra  la  mencionada  determinación  se  presentaron  los  recursos  de  ley,  no  obstante  quedó  ejecutoriada  en los  términos antes referidos.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

En atención a la denuncia presentada por la  señora  ANA VICTORIA DUARTE y las circunstancias fácticas antes señaladas, la  Fiscalía  21  Delegada  ante los Jueces Penales del Circuito de Bucaramanga, el  14  de  febrero  de 2006, inició indagación previa1, en curso de la cual practicó  varias  pruebas  que  sirvieron  de sustento para que, el 5 de octubre del mismo  año,   decretara   la   apertura  de  instrucción2.   En  la  misma  providencia  dispuso   vincular  mediante  indagatoria  a  Orfelina  Calderón             de            Silva3,  la  cual      fue      ampliada      posteriormente4.   

Por  auto  del  27  de  noviembre de 2008 la  Fiscalía   11   Seccional   de   Bucaramanga   decretó   el   cierre   de   la  investigación5  y,  el 25 de febrero de 2009, calificó el mérito del sumario con  Resolución  de Acusación contra Orfelina Calderón de  Silva,  como  presunta  autora  responsable  de fraude  procesal6.   

La Resolución de Acusación fue recurrida en  apelación   por   el   defensor   de   la   procesada,  siendo  confirmada  esa  determinación  por  la  Fiscalía  1ª  Delegada  ante  el Tribunal Superior de  Bucaramanga,   mediante   proveído   del  28  de  octubre  de  20107.   

El conocimiento en la etapa del juicio se le  asignó  al  Juzgado  24  Penal  del  Circuito  de Bucaramanga, sin embargo, fue  reasignado  al  Juzgado 22 Penal del Circuito de esa misma urbe, el cual corrió  el  traslado del artículo 400 de la Ley 600 de 2000 y fijó fecha para celebrar  la          audiencia          preparatoria8.   

La defensa de la enjuiciada elevó solicitud  de   nulidad9  frente  al  auto  anterior,  la  cual  fue  despachada  de  manera  negativa10,  impetrándose  recurso  de  reposición  y en subsidio apelación  contra  esa  providencia,  teniendo  acogida  el primero de los mismos, mediante  proveído    del    5    de    febrero   de   201311,  en  el  sentido de nulitar  esa  decisión,  y  en  consecuencia rehacer la actuación a partir del referido  traslado.   

Posteriormente,  se  realizó  la  audiencia  preparatoria    el    14    de   marzo   de   201312;  sin embargo, la actuación  fue  reasignada,  en  esta  oportunidad,  al  Juzgado  51  Penal del Circuito de  Bogotá13,  el  cual, luego de asumir el conocimiento, decretó la nulidad de  la  audiencia  preparatoria,  mediante  auto  del  12 de septiembre de esa misma  anualidad14.   

El  Juzgado  51  Penal  del  Circuito  de la  capital  del  país,  el 23 de septiembre y el 3 de octubre, siguientes, evacuó  la          audiencia          preparatoria15      y      la     vista  pública16, respectivamente.   

El 16 de febrero de 2015 profirió sentencia  de            primera            instancia17,   de   cuya  naturaleza  y  contenido  se  hizo  mérito  en  el  acápite  inicial  de esta determinación,  confirmada  mediante  la que es objeto del recurso extraordinario, por parte del  Tribunal   Superior   de  Bogotá,  el  10  de  septiembre  de  201518.   

LA    DEMANDA   

Tres  cargos  dice  postular  el defensor de  Orfelina  Calderón de Silva.  El  primero  por  nulidad  y  los  restantes  por  violación  directa de la ley  sustancial.   

Primer cargo (principal): nulidad.  

Con   fundamento  en  los  artículos  207  –numeral 3°- y 354 de la  Ley  600  de  2000,  el  apoderado  de  la  sindicada sostiene que los fallos se  dictaron  en  un  juicio viciado de nulidad, por la comprobada existencia de una  irregularidad  sustancial  que  afectó  el debido proceso, en tanto, se omitió  resolver su situación jurídica.   

En  concreto, reclama la invalidación desde  la  resolución  de  apertura  de  instrucción,  toda  vez  que,  de acuerdo al  libelista,  el  ente  acusador  sólo  al  momento  de  calificar el mérito del  sumario  se  refirió  a  la  situación jurídica de la procesada, y si bien el  Tribunal  observó  esa  falencia,  no  la  corrigió,  apoyándose, entre otras  razones,  en  que  no  fue  propuesta  en la audiencia preparatoria.     

Acto seguido, el casacionista hace referencia  a  una  decisión de esta Corporación, a fin de acreditar la importancia de esa  actuación  omitida  y  afirma  que  ese  dislate no puede solucionarse por otro  remedio  distinto al de la nulidad, pues así se desprende de los principios que  la rigen.   

Sostiene que, en lo atinente al principio de  trascendencia,  «la irregularidad, además de afectar  garantías  de  la sindicada, socava las bases fundamentales del juicio, pues el  mismo  se  estructura,  desarrollada  a  través de pasos o etapas como la de la  apertura,   la   de   la   audiencia   preparatoria,  entre  otras,  previamente  desarrolladas   las   de  competencia  de  la  Fiscalía  como  la  apertura  de  instrucción,  indagatoria, resolución de la situación jurídica, práctica de  pruebas,  cierre  de  investigación  y  calificación del mérito del sumario o  acusación». (sic)   

De  otro  lado,  refirió  que en torno a la  convalidación  es  del  criterio  que  el  único evento que tiene la virtud de  convalidar  y  sanear  todas  las  nulidades  que  se presentan en el proceso es  cuando  se produce la cosa juzgada, circunstancia que en el presente evento aún  no se ha generado.   

Luego de hacer referencia a otros principios  como  el  de  naturaleza residual, instrumentalidad de las formas y al carácter  material  de  la ejecutoria de la resolución que define la situación jurídica  de   una   persona   investigada,   finalizó   advirtiendo  que  «no  hay  que  olvidar que a favor de la sindicada, en este aspecto,  en  el  proceso nada se argumentó, ni se probó, en relación con el precedente  judicial  alrededor  del  derecho  que puede llegar a tener, por lo menos con la  sustitución  pensional  compartida  con  la  señora ANA VICTORIA DUARTE. En la  jurisprudencia  del Consejo de Estado, de la Sala Laboral de la Corte Suprema de  Justicia  y  de la Corte Constitucional, existentes serios argumentos jurídicos  de    que   esta   posibilidad   prospere,   de   ser   solicitada».   

Segundo  cargo  (subsidiario):  violación  directa.   

Apelando a la causal primera de casación, el  demandante  denuncia  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  por  la  aplicación   indebida  del  artículo  232  del  C.P.P.,  y  por  la  falta  de  aplicación de los artículos 9 y 11 del Código Penal.   

En sustento de lo anotado, advera que el pago  de  la  pensión  no puede retenerse cuando el cónyuge supérstite acredite esa  condición,  aunque  no  demuestre  la  convivencia anterior al fallecimiento, y  ello,   sumado   a   que   «los  hechos  materia  de  investigación  son  complejos  y  que la jurisprudencia tiene una tendencia que  perfectamente  podría  ser aplicada en el caso de ORFELINA, para el debate ante  la   jurisdicción   competente   sobre,  por  lo  menos  su  expectativa  a  la  sustitución  de la pensión compartida con quien fue su compañera los últimos  días  de  existencia  del  pensionado»,  le  permite  concluir  que, mientras no se defina esa situación, mal se puede afirmar que la  procesada  atentó  o  puso  en  peligro  el  bien  jurídico  protegido  por el  artículo  453 del C.P., pues la conducta no es antijurídica y en tal virtud se  aplicó   indebidamente   el   artículo  232  de  la  Ley  600  de  2000.    

Seguidamente,  el memorialista indica que al  no  aplicar  el  artículo  11 del C.P., referido a la antijuridicidad material,  dejó  de  tenerse  en  cuenta  el 9 de esa misma normatividad, pues la conducta  investigada no reúne los requisitos para ser considerada punible.   

Estima  que  en  virtud  del  yerro  antes  señalado  se  condenó a una persona sin demostrarse que efectivamente vulneró  la norma que consagra el fraude procesal.   

Tercer   cargo  (subsidiario):  violación  directa.   

Al  amparo del numeral primero del artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  el  libelista  demanda la sentencia de segunda  instancia,  por  violación  de  la  Ley sustancial por aplicación indebida del  artículo  232  del C.P.P., de los numerales 11 y 12 del artículo 32 del C.P. y  por   falta   de   aplicación   de   los  artículos  12  y  22  de  esa  misma  codificación.    

En su sentir, el caso es complejo y luego de  traer  a  colación  conceptos  sobre  el error de prohibición y su alcance, se  pregunta  qué  hizo el Tribunal para dilucidar si la condenada pudo incurrir en  él y proceder de conformidad.   

Cita  fragmentos  de  la  indagatoria  de la  enjuiciada  en  la  que  se  hacen referencias a sus generales de ley, para, con  fundamento   en   dichas  atestaciones,  concluir  que  por  los  rasgos  de  su  personalidad  y  su  nivel  cultural la misma no estaba en capacidad de entender  los  actos  que  ejecutó  para  acceder a la pensión de quien fuera su esposo.   

Con fundamento en los reproches que vienen de  reseñarse,  solicita  de  la Corte casar la sentencia y decretar la absolución  de su prohijada.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

Conforme  lo  ha señalado reiteradamente la  Sala,  la  casación  atiende  a  unos  fines  superiores que se concretan en la  reparación  de  los  agravios inferidos a las partes en la sentencia recurrida,  la  efectividad  del  derecho  material y de las garantías fundamentales de los  intervinientes  en  la  actuación,  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia  (Ley   600   de   2000,   articulo   206).   

Sin  embargo,  de  ninguna  manera  se puede  entender  que  la  naturaleza  de  este  mecanismo  sea de libre configuración,  desprovisto  de  todo rigor y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el debate respecto de los puntos  que han sido materia de controversia.   

Ha de resaltarse que mediante la proposición  del  recurso el censor debe sujetarse a las causales taxativamente señaladas en  el  ordenamiento  procesal  y  con  observancia de los presupuestos de lógica y  adecuada   argumentación   inherentes   a   cada   motivo   extraordinario   de  impugnación,  para  persuadir  a  la  Corte  de  que  con  el  fallo de segunda  instancia se cumple alguna de aquellas finalidades.   

De  entrada  se  advierte  que  el  escrito  presentado  por  el  defensor  de Orfelina Calderón de  Silva   no   cumple   las   mínimas   exigencias  de  admisibilidad  que  consagra  el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, por lo que  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  de casación que se estudia. Por separado se  analizará  cada uno de los cargos propuestos, a fin de denotar cómo se omitió  formularlos  indicando  de  forma  lógica,  clara  y  precisa  sus fundamentos.   

Además, el principio de limitación que rige  en  casación  le  impide a la Sala corregir las deficiencias anotadas, en tanto  no  le  corresponde  asumir la carga argumentativa exclusiva del recurrente para  complementar,  adicionar  o  enmendar  el libelo, porque la casación no es otra  instancia  ordinaria;  su  finalidad  es promover un juicio técnico y jurídico  contra  la  sentencia  que  pone  fin  a  un  proceso,  en  orden a demostrar su  ilegalidad.   

No  obstante que, de acuerdo con lo anotado,  puede  considerarse  que  los  reproches  presentados  por  el impugnante serán  respondidos  negativamente,  considera la Sala oportuno recabar en la esencia de  los  presupuestos  necesarios para demostrar una causal acorde con la naturaleza  constitucional  y  legal  del recurso, sin que ello constituya la imposición de  un  método  determinado, sino la indicación de las exigencias que debe colmar,  en  cada  caso, la formulación de los cargos y específicamente de aquellos que  trató de esbozar el apoderado especial de la procesada.   

Cargo         primero  (principal): nulidad.   

En   el   primer  reparo,  el   apoderado  de     la   procesada  reclama  la  invalidación  de  la actuación desde la  resolución  de  apertura de instrucción, denunciando  una   supuesta   causal  de  nulidad  por  violación  del  debido  proceso,  por  cuanto  el  ente  acusador  definió  la  situación jurídica de la encausada, únicamente, al calificar el  mérito del sumario.   

Pues  bien,  en  relación  con el argumento  presentado    por    el  demandante, debe recordarse  que  pacíficamente  la  jurisprudencia  de  la Sala19  ha  sostenido  que  la  invocación  de  las nulidades como remedio extremo para  corregir  los  vicios  de  estructura  o  de  garantía en los cuales se incurra  durante  el  desarrollo  del  proceso,  está  sometida  a las siguientes reglas  señaladas en la ley:   

(i)   No   es  necesaria  la  invalidez  de  un acto cuando se ha cumplido la finalidad para la  cual  estaba  destinado,  siempre  que  no  se  viole  el  derecho  de  defensa.  (ii)   Quien  alegue  la  nulidad  debe demostrar que la irregularidad sustancial afecta las garantías de  los  sujetos  procesales, o desconoce las bases fundamentales de la instrucción  y  el  juzgamiento. (iii) No  la  puede  invocar  el  sujeto procesal que haya coadyuvado con su conducta a la  ejecución  del  acto irregular, salvo que se trate de  falta    de    defensa    técnica.    (iv)   Los   actos  irregulares  pueden  convalidarse  con el consentimiento del perjudicado, siempre que se observen las  garantías      fundamentales.     (v)  Sólo  puede  decretarse  la  nulidad cuando no exista otro medio  para     subsanar     la     irregularidad     sustancial;    y,    (vi)  no  puede  alegarse ninguna causal  diferente   a   las   señaladas   en   el  artículo  306  de  la  Ley  600  de  2000.   

De igual manera, la Corte reiteradamente ha  señalado  que  la afectación al debido proceso que conlleva a la invalidación  de  la  actuación,  debe  comportar  la  demostración  irrefutable  de  que la  irregularidad  sustancial  menoscaba  la  estructura  formal  y  conceptual  del  esquema  procesal  en  una  cualquiera de sus fases, de modo que quien la alegue  debe  identificar  el  acto  irregular;  determinar  de  qué  manera  afecta la  integridad  de  la  actuación o conculca las garantías procesales; por qué el  daño  es  irreparable  y,  finalmente,  indicar el momento a partir del cual se  debe reponer la actuación.   

Acorde   con   lo   anotado,  se  tiene  que  frente a la afirmación  que  hace  el casacionista,  según     la    cual,  la  investigación  debe anularse porque no  se definió la situación jurídica de la procesada, sino hasta  el  momento  de calificarse el mérito del sumario, su  particular  punto  de  vista  sobre que solo es dable  convalidar  dislates  a  partir  del  fenómeno de la cosa juzgada, no explica  el  porqué,  si la defensa  consideraba          que         se   estaba  conculcando   la   garantía   judicial   del  debido  proceso,  no  lo  ventiló  en la oportunidad prevista  para    ello,    es    decir,   en   el     traslado    del    artículo  400  del  C.P.P, a fin de que ese aspecto se resolviera  en       la       correspondiente      audiencia  preparatoria.   

Así  las  cosas, lo que se advierte es el  interés        de       capitalizar   esa  omisión,  con  el  vano  afán de aducirla ahora en  sede  de  casación,  dejando  de  lado  que la misma no tiene la virtualidad de  resquebrajar  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad de la decisión,  cuando  en  desarrollo  del  trámite  el  sujeto  procesal  que  ahora alega la  incursión         en         una         causal         de         invalidación,  consintió en ello sin  hacer   alusión   alguna   a   irregularidades  sustanciales,  habiendo  tenido  oportunidad de pronunciarse.   

Adicionalmente,      el  hecho  que el actual apoderado haya  asumido  la  defensa después de dictada la sentencia  de   primer   grado,   para   la  Corte   ello  no  constituye  exculpativa      alguna,     pues     dicha     actividad,  independientemente  de quien la ejerza, la realiza un  “mismo      sujeto     procesal”,       referido      a   la   parte   actuante   o   interviniente  en  el  proceso,  y  no  a  la  persona,  profesional  del  derecho          individualmente  considerado,  encargada  de  ejercerla  (CSJ  AP,  9  marzo 2011, Rad. 35615; y CSJ AP2151, 29 abril 2015,  Rad. 45628).   

Además, lo que se presenta como irregular  es  magnificado  por  el  memorialista   en   su   farragoso  discurso,  ya  que  no  especifica  de  qué  forma,   a  pesar  de que reconoce que con la calificación del mérito del  sumario  se  definió la situación jurídica, ese defecto trascendió, máxime,  si  en  cuenta  se  tiene, que independientemente de su particular perspectiva,     lo     cierto    es  que,   frente   a  las  posibilidades   probatorias   que   ello   podría   implicar  y  del  ejercicio  del  derecho de defensa,  ante   los  cuales  al  parecer  sustenta  sus  lamentos,  existieron  otros  estadios  procesales  para  materializar     y    efectivizar    esas garantías.   

Ahora, aun cuando el casacionista  trascribe  un  aparte  de  una decisión de esta Sala sobre la importancia de la  diligencia   omitida,   lo   cierto   es   que   en  aquella  se  señaló  que tal anomalía  podía  comportar  una  limitación al derecho de defensa, en la  medida  en  que  en  la providencia respectiva debía hacerse una valoración de  los  distintos  medios de prueba allegados, especialmente sobre los de descargo,  para  poder materializarse tal garantía; sin embargo, nótese que frente a esta  situación   fáctica  en  concreto,  no  existen  elementos  brindados  por  el  demandante  para inferir que se trata del     mismo    contexto,  pues, ni  siquiera    se   hace   alusión   a   si   en   efecto   se   solicitaron          probanzas   por  ese  sujeto,  previo  al  momento  procesal de la  definición     de  la     situación  jurídica       que       merecieran      dicha  valoración, lo cual se suma a la falencia detectada  de  cara  a  los  principios  de  oportunidad y trascendencia.    

En conclusión,  se  advierte  carente  de fundamento la invocación de una causal de nulidad que  supuestamente  deba  ser  materia del especial trámite de la casación,  por  la  circunstancia reseñada,  cuando  no sólo la irregularidad fue convalidada,  sino  que,  además,  no  se  ofrecen  razones  para  sustentar  el  daño  o  menoscabo       para       la      procesada.   

El  cargo    primero   de  la     demanda,     por    consiguiente,    será  inadmitido.   

Cargos  Segundo  y  Tercero        (subsidiarios):     violación     directa.   

Por observar la Sala que el actor incurre  en  las mismas falencias al exponer estos reparos contra la sentencia de segundo  grado,  se  analizarán y  responderán de manera conjunta.   

Considera que los cánones del artículo 232  de  la  Ley 600 de 2000, referidos a la necesidad de la prueba, 9 y 11 de la Ley  599  de 2000, que gravitan sobre los elementos de la conducta punible y en torno  a  la  antijuridicidad,  respectivamente, fueron transgredidos, toda vez que, el  primero,   fue   aplicado   indebidamente   y,   los   restantes,   dejados   de  aplicar.   

Para  sustentar la anterior afirmación, el  recurrente  afirmó  que existe una tendencia jurisprudencial en materia laboral  y  administrativa,  que  permitiría  que la procesada pudiera acceder de manera  compartida  a  la pensión, y mientras no se defina esa situación, mal se puede  afirmar  que  la procesada atentó o puso en peligro el bien jurídico protegido  por  el  artículo  453 del C.P., pues la conducta no es antijurídica y, en tal  virtud,  se  aplicó indebidamente el artículo 232 de la Ley 600 de 2000.    

Así   mismo,  sostuvo  que  la  conducta  investigada  no  reúne  los  requisitos  para  ser considerada punible y que se  condenó  a  una  persona  sin demostrar que efectivamente vulneró la norma que  consagra el fraude procesal.   

Por  otro  lado,  en  el  cargo tercero, al  amparo  del  numeral  primero  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, el  libelista  demanda  la  sentencia de segunda instancia, por violación de la Ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo  232  del  C.P.P., de los  numerales  11  y 12 del artículo 32 del C.P., y por falta de aplicación de los  artículos 12 y 22 de esa misma codificación.    

En su sentir, el caso es complejo y luego de  traer  a  colación  conceptos  sobre  el error de prohibición y su alcance, se  pregunta  qué  hizo el Tribunal para dilucidar si la condenada pudo incurrir en  él y proceder de conformidad.   

Trajo   a   colación  fragmentos  de  la  indagatoria  de  la enjuiciada en la que se hacen referencias a sus generales de  ley,  para  concluir,  que por los rasgos de su personalidad y su nivel cultural  la  misma no estaba en capacidad de entender los actos que ejecutó para acceder  a la pensión de quien fuera su esposo.   

Resulta evidente que la formulación de los  cargos  segundo  y  tercero  que  trata  de  proyectar  el apoderado especial de  Orfelina  Calderón de Silva,  no  resisten  el  mínimo  análisis,  porque  su  propuesta de casación invoca  específicamente  la violación directa de la ley sustancial, pero olvida que en  la  postulación de este reparo debió aceptar en su integridad los presupuestos  fácticos  vertidos por el sentenciador, así como las pruebas y su valoración.   

Nota la Corte, que su disertación no sólo  constituye  un  alegato  de  instancia,  sino que cuestiona aspectos fácticos y  probatorios,  por lo que los cargos devienen no idóneos para concitar el examen  de  fondo  de  la  Corporación,  como  quiera  que  se  apartó  de  los hechos  declarados  en  la  sentencia,  para,  a  su manera, narrar lo que constituye la  situación  que  debió ser analizada, específicamente, en punto a la posición  de  la jurisprudencia del Consejo de Estado y la Sala de Casación Laboral sobre  la  «expectativa  a  la  sustitución de la pensión  compartida»  (cargo segundo); y de la demostración de  un  error  de  prohibición como causal de ausencia de responsabilidad, a partir  de  la  declaración de inquirir de la enjuiciada (cargo tercero), olvidando que  el  objeto  de  la  casación  es  el  de  realizar un juicio de legalidad de la  sentencia de segundo grado.   

Incluso,  en su alegato trata de abordar el  tema  de  la  antijuridicidad  y  no  responsabilidad,  pero  no a partir de una  discusión  eminentemente  jurídica,  sino  sobre la base de la inexistencia de  pruebas,  negando  la  ocurrencia de los hechos conforme fueron señalados en la  sentencia  que  cuestiona,  cuando  advera  que  se  condenó  a una persona sin  demostrar  que  efectivamente vulneró la norma que consagra el fraude procesal.   

Así, entonces, se advierte la equivocación  del  actor en la selección de la causal invocada para dirigir el ataque, porque  –se   itera–  en  la  violación directa de la ley  sustancial  se  da  por  descontado  que  el  demandante  renuncia  a  cualquier  polémica  sobre  los  aspectos fácticos del caso, estándole igualmente vedado  entablar  debates  en  relación con el examen probatorio que se supone admitido  en la forma como el fallador lo asumió.   

Sin  embargo, para que se entienda mejor la  razón  del  rechazo,  la  Sala  estima prudente señalarle al recurrente que si  finalmente  discute  los  hechos o la interpretación dada por el Tribunal a las  pruebas,   era   menester  que  invocara  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  error  de  hecho  o por error de derecho, en cuyo caso debió,  tratándose   de   los   primeros,   precisar   si   se   produjo   (i)  bien  porque  pese  a  obrar  en  el  diligenciamiento   el   medio  de  convicción  no  fue  valorada  (falso  juicio  de existencia por omisión);  (ii) porque sin figurar en la  actuación  se supuso su presencia allí y la tuvieron en cuenta en la decisión  (falso      juicio      de      existencia     por  suposición);               (iii)     porque     al    considerarlo  distorsionaron  su  contenido  cercenándolo,  adicionándolo o tergiversándolo  (falso  juicio de identidad);  o,  (iv) atendiendo a que, sin  incurrir  en  alguno  de los desatinos referidos, derivaron del medio probatorio  deducciones  contrarias  a  los  principios  de  la  sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia      (falso     raciocinio).   

Y, si el ataque se formulaba por la vía del  error  de  derecho,  era  necesario  que  afirmara y demostrara que (i)  se  le  había  negado  a determinado  medio  probatorio  el  valor  conferido  por la ley o le fue otorgado un mérito  diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio  de  convicción),          o          (ii)  que  los  funcionarios  al  apreciar  alguna  prueba  la  asumieron  erradamente  como legal aunque no satisfacía las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la  descartaron  aduciendo  de  manera  equivocada  su  ilegalidad,  pese  a  que se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su práctica o  aducción   (falso  juicio  de  legalidad).   

En esas condiciones, es inaceptable que el  recurrente  desconozca  la  realidad  que  exhibe  el  fallo  confutado,  para reclamar que su defendida fue  condenada  sin acreditarse el fraude procesal endilgado en su contra.   

Esas     falencias     –se         insiste–  le  impiden  a  la  Corte  asumir el  estudio de los cargos, mismos que serán inadmitidos.   

Esa particular forma de argumentar le inhibe  a  la Corte de asumir el estudio de los yerros denunciados, porque, en últimas,  no  es  posible  determinar  cuál  fue  la  clase de error denunciado y ante el  abandono  del  demandante  de las exigencias previstas en el artículo 212 de la  Ley  600  de  2000,  en  sus  atributos,  especialmente  de  lógica, claridad y  precisión, la demanda será inadmitida.   

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  no  se advirtió la concurrencia de alguna de las hipótesis que  le  permitirían  a la Corte obrar de conformidad con el artículo 216 de la Ley  600 de 2000.   

En  mérito  a lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada a nombre de Orfelina  Calderón de Silva, por su defensor.   

Contra este auto no procede recurso alguno,  conforme  lo  disponen  los  artículos  213  y  187,  inc.  2, de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 C.o.i  .1, fol. 10.   

2  Ídem, fol. 23.   

3  Ídem,  fol.  41  al  43.  Se  le  recibieron  los  descargos  el 14 de marzo de  2007.   

4  Ídem, fol. 54 al 55.   

5  Ídem, fol. 56.   

6  C.o.i, fol. 65 al 70.   

7  Ídem, fol. 85 al 91.   

8 C.o.  1, fol. 5.   

9  Ídem, fol. 20 al 21.   

10  Ídem, fol. 24 al 28   

11  Ídem, fol. 53 al 56.   

12  Ídem, fol. 73 al 74.   

13  Ídem,   fol.  79.  En  virtud  de  los  acuerdos  PSAA11-8670  y  CSBTA  12016.   

14  Ídem, fol. 120 al 123.   

15  Ídem, fol. 128.   

16  Ídem, fol. 133 al 143.   

17  Ídem, fol.193 al 215.   

18  C.o 2ª Instancia, fol.3 al 8.   

19  Entre  otros,  en CSJ AP, 6 agosto 2008, Rad. 29780; CSJ AP, 10 marzo 2010, Rad.  33408; y CSJ AP1220, 11 marzo 2015, Rad. 45461.     

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