AP1711-2014(42071)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP1711-2014  

Radicación N° 42.071  

(Aprobado Acta No.  93)   

Bogotá  D.C.,  dos  (2) de abril de dos mil  catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   Claudia  Juliana  Aldana Portilla contra la  sentencia  dictada el 20 de mayo de 2013 por la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Bucaramanga que confirmó, con modificaciones, la proferida el 10 de febrero  de  2012,  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de conocimiento de esa  ciudad,  mediante  la  cual  la  condenó en calidad de autora de los delitos de  extorsión consumada y tentada.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal de la siguiente forma:   

2.1.  El  ciudadano  Arnulfo  Díaz Quesada  denunció  que  Claudia Juliana Aldana Portilla, con quien mantuvo una relación  sentimental  extramarital,  le  exigió  la  entrega  de  $3.000.000 a fin de no  contarle  a  su  esposa  la  existencia  de su romance; suma que entregó en dos  contados;  uno  de  $2.500.000  y  otro  de  $500.000.  Luego de la muerte de su  cónyuge,   Claudia  Johanna  le  exigió  $250.000.000,  la  que  disminuyó  a  $80.000.000  amenazándolo que al momento de la entrega del dinero iría armada.  Por  tal  circunstancia, Díaz Quesada denunció lo sucedido ante el GAULA de la  Policía  el  4 de abril de 2011, fecha en la que fue capturada en el momento en  que   recibió   la   cantidad   de   $10.000.000.1   

2.  Al  día siguiente, ante el Juzgado Once  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías de Bucaramanga, se  legalizó   la   captura   de   la   señora   Aldana  Portilla,   oportunidad   en   la   que   el   Fiscal  Especializado   Gaula  con  sede  en  esa  ciudad  le  imputó  los  delitos  de  extorsión   en   sus   modalidades   consumada   y  tentada,   previstos  en  los artículos 244 y 27 del Código Penal, en calidad  de  autora.  Así  mismo,  se  le  impuso  medida de aseguramiento de detención  preventiva    en    establecimiento    carcelario2.   

3.  El  4  de  mayo  posterior, se presentó  escrito  de  acusación  contra  Claudia Juliana Aldana  Portilla     en     los     términos     de     la  imputación3.   

4.  Ante  el Juez Primero Penal del Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Bucaramanga,  el 8 de junio de ese año se  formuló           la           acusación4.   

5.  El  28  del  mismo  mes  se  celebró la  audiencia                preparatoria5 y el juicio oral se evacuó en  varias      sesiones      (11      de      julio6,  1  de septiembre7,   18   de  octubre8,       28       de       noviembre9   y   19   de   diciembre  de  201110    y    19    de    enero   de   201211)  al  cabo de las cuales, la  funcionaria    judicial    expresó    que    el    sentido    del   fallo   era  condenatorio.   

6.  Mediante  sentencia del 10 de febrero de  2012,  la  Juez  de  conocimiento  condenó  a  Claudia  Juliana  Aldana  Portilla  en  calidad  de  autora del  injusto  de  extorsión  consumada en concurso con la misma conducta en grado de  tentativa,  a  las penas principales de diecinueve (19) años diez (10) meses de  prisión  y  multa  en  cuantía  de novecientos noventa (990) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  sanción  privativa de la libertad. Además, le negó la suspensión condicional  de   la   ejecución   de   la   pena  y  la  prisión  domiciliaria12.   

7.  Recurrido  el  fallo  por  la  defensa  técnica,  fue confirmado por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bucaramanga  el  20  de  mayo  de  2013,  con  la  modificación  consistente  en imponer las  sanciones  principales  de doscientos dieciséis (216) meses de prisión y multa  por  valor  de ochocientos (800) s.m.l.m.v., así como reducir la pena accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y funciones públicas a igual  término  que  el  de  la  aflictiva  de la libertad13.   

8.   La   defensora  interpuso14     y  sustentó15 el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Tras identificar a su prohijada y sintetizar  la  cuestión fáctica y la actuación procesal, la recurrente postula un único  cargo  al  amparo  de  la  causal  primera  por  violación  directa  de  la ley  sustancial,  en  el  sentido  de  «INAPLICACION  del  artículo  14  de la Ley 890 de 2004 en casos de la Ley 1121 de 2006.»16   

Explica  que,  no  es  viable  valerse  del  referido  canon  14  que  modificó  el  artículo  244  de la Ley 599 de 2000 y  aumentó  de  forma  genérica  las  penas de los tipos penales contenidos en la  parte  especial  del  Código  Penal,  de  tal  manera que, agravó los límites  punitivos fijados por el artículo 5º de la Ley 733 de 2002.   

La  finalidad  de  aquella  norma, recuerda,  «es  que los delitos cometidos frente a las penas no  queden  en impunidad, teniendo en cuenta todas las prerrogativas que contiene la  Ley,  la  cual surge como medio idóneo para permitir la aplicación de acuerdos  y    negociaciones.»17   

No  obstante, asegura, el artículo 26 de la  Ley  1121  de  2006  impidió  la  aplicación  de  beneficios  y  la rebaja por  sentencia  anticipada  y  confesión  y  la  concesión  de subrogados penales o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa de la libertad frente a varios  punibles, entre ellos, el de extorsión.   

De  este  modo,  considera  que,  en el caso  concreto,  se  aplicó  indebidamente  la  ley,  al  dosificar  la  pena  de  su  representada,    pues    se   vulneraron   los   principios   de   legalidad   y  proporcionalidad,    ya    que   al   injusto   de   extorsión   «le  aumentaron  la  pena  en  una tercera parte como si este delito  tuviera  algún  tipo de beneficio; a sabiendas que la ley 1121 fue drástica al  afirmar  que  este  tipo  de  penas,  no  les cabe ningún beneficio»18.   

En  ese  orden, es del criterio que, se debe  aplicar  el  mínimo  previsto  en  el  artículo  244 del Código Penal, sin el  incremento  de  la  tercera parte descrito en la Ley 890 de 2004, de acuerdo con  el artículo 26 de la Ley 1121 de 2006.   

Solicita  casar la sentencia impugnada y, en  su  lugar,  reducir  las  sanciones de prisión, multa e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas que le corresponde cumplir a la  procesada por los delitos de extorsión consumada y tentada.   

CONSIDERACIONES  

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella  que  i) carezca de interés para acceder al  recurso,  ii)  no invoque la causal conforme a la cual se edifica el reproche de  las  contempladas  en  el artículo 181 ibidem,  iii)  omita  desarrollar  los  cargos  correspondientes  o,  iv) fundadamente se logre  establecer  que  no  se  requiere  de  la sentencia para cumplir las finalidades  previstas  en  el  aludido artículo 180; lo anterior, salvo que el cumplimiento  de  alguno  de  esos  fines permita superar los defectos técnicos que exhiba el  libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  la demanda debe ser íntegra en su formulación,  suficiente,  clara y precisa en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal  suerte   que   se   debe  soportar  en  los  principios  que  rigen  el  recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,   prioridad,   no  contradicción  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a la manera de un alegato de instancia.  La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

2.  El  libelo  que  nos  ocupa  además  de  omitir  la identificación  de  todas  las  partes  e intervinientes y  la  ineludible  labor  de señalar   razonadamente  cuál  es  la  finalidad  concreta  de  la  impugnación,  de aquellas descritas en el referido  artículo  180,  no  satisface los requisitos mínimos  que  exige  el aludido canon 184 para su admisión y, por lo tanto, no puede ser  seleccionado. Las razones son las siguientes:   

2.1.  Cuando  se  intenta  la  postulación  de la censura por la ruta de la violación directa de  la  ley sustancial, el libelista debe hacer completa abstracción de lo fáctico  y  probatorio  y,  en  ese  sentido, admitir los hechos y la apreciación de los  medios  de  convicción  fijados  por  los  sentenciadores, de manera tal que le  corresponde  desarrollar  el  reproche  a  partir  de un ejercicio estrictamente  jurídico,  en  el  que  establezca la vulneración del precepto normativo en el  caso  concreto,  por medio de cualquiera de las tres modalidades de error: falta  de  aplicación, aplicación indebida o interpretación errónea y seguidamente,  demuestre   la   trascendencia   del   yerro  en  el  sentido  de  la  decisión  impugnada.   

Mientras  que  la falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida,  deviene  de  la  errada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  norma  que  recoge  de  forma  correcta el supuesto fáctico. La interpretación  errónea,  en  cambio,  parte de la acertada selección de la norma aplicable al  asunto  debatido,  pero conlleva un entendimiento equivocado de la misma, que le  hace producir efectos jurídicos que no emanan de su contenido.   

En   el  caso  de  la  especie,  si  bien  la  recurrente  acertó al  seleccionar  la  ruta de la  infracción      directa      de      la     ley     sustancial     –causal  primera-  para  denunciar   la  presunta  existencia  de  errores       in  iudicando  producto  de la  indebida   selección   de   una   norma,  así  como  cumplió  con  no  reprobar  la  cuestión  fáctica y probatoria decantada en los  fallos,  lo cierto es que transgredió el principio lógico de no contradicción  en  la medida que, según se extrae del desarrollo del  cargo,     su     intención     es    repudiar  la  aplicación  indebida    del   incremento   punitivo  previsto  en  el  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004,  pero la postulación  del  yerro  se  intentó  por la senda de la  «INAPLICACION del artículo 14 de la  Ley   890   de   2004   en   casos   de   la   Ley   1121   de  2006»19,  lo  que  supone, entonces,  que  la crítica se funda en la falta de aplicación por los juzgadores de dicho  precepto.   

Esta  divergencia  no  es sutil, pues si nos  atenemos  a  esta  última proposición, a la Corte le bastaría señalar que no  le  asiste razón a la letrada debido a que, verificados los fallos, se constata  que,  en  efecto,  el  aumento  generalizado de pena consagrado en el mencionado  canon   14   sí   fue   atendido   al   momento   de  dosificar  las  sanciones  penales.   

Ahora,  si  lo  argüido  es  lo  contrario  –como      parece  serlo-,  esto  es,  que los  falladores  erraron  porque  el  aumento  punitivo previsto en la misma norma no  procedería  respecto  de  los delitos relacionados en la prohibición contenida  en  el  artículo  26  de  la Ley 1121 de 2006, entre los que se encuentra el de  extorsión,  por  vulnerar  los principios de legalidad y proporcionalidad de la  pena,  tampoco  es  viable  admitir  la censura, toda vez que, la jurisprudencia  imperante de esta Corporación se opone a tal postura.   

2.2.  En efecto,  se  tiene que, la    Sala    de   Casación   Penal   realizó   un   sistemático  control  difuso  de constitucionalidad al interior de  un  recurso extraordinario de casación y definió  que  en  punto del catálogo de  punibles  incluidos  en  la  prohibición contenida en el artículo 26 de la Ley  1121  de  2006,  la  aplicación  del incremento general de penas previsto en el  artículo  14  de la Ley 890 de 2006 devenía inconstitucional porque conculcaba  el  postulado  de proporcionalidad, por decaimiento del fundamento utilizado por  el  legislador para justificarlo; sin embargo, también supeditó la vigencia de  tal  predicado  a que el proceso penal haya finalizado con ocasión de alguno de  los   mecanismos   de  terminación  anticipada  del  proceso,  dígase  por  la  manifestación  voluntaria  unilateral de responsabilidad del imputado o acusado  o por acuerdo del mismo con la fiscalía.   

Así, en sentencia CSJ SP 27 febr. 2013, Rad.  33.254, la Corte, con criterio que ahora reitera, expuso:   

3.5.4   Recapitulando,   la  actual   punibilidad   del   delito  de  extorsión  está  determinada  a partir de la tipificación inicial del Código  Penal,  junto  a  los  aumentos de penas, específico y genérico, de que tratan  los   arts.  5°  de  la  Ley  733  de  2002  y  14  de  la  Ley  890  de  2004,  respectivamente,  sin  que  procedan  rebajas por allanamiento o preacuerdos, en  virtud del art. 26 de la Ley 1121 de 2006.    

Esa comprensión,  según  se  expondrá enseguida, habrá de modificarse  –impactando   también   lo   concerniente   a   los   delitos  de  terrorismo,  financiación   del  terrorismo,  secuestro  extorsivo  y  conexos–,  bajo  el  postulado según el cual la Corte Suprema de Justicia,  en  ejercicio  de sus funciones constitucionales y legales, tiene la potestad de  variar  su  jurisprudencia,  conforme  a lo establecido en el art. 4° de la Ley  169  de  1896,  en  consonancia con los precedentes constitucionales20    y  especializados21   

pertinentes.  

(…) la  Sala  reitera  que el aumento genérico de penas incorporado al  ordenamiento  jurídico a través del art. 14 de la Ley 890 de 2004,  únicamente encuentra justificación en  la   concesión  de  rebajas  de  pena  por  la  vía  de  los  allanamientos  o  preacuerdos,  regulados en  la Ley 906 de 2004.   

Las  disminuciones  de  pena  a  las que se  llegaría   por   la   aplicación  de  tales  mecanismos  de  justicia  premial  justificó    que   el  legislador,  desde  la  óptica  del principio de proporcionalidad, ajustara los  límites  punitivos  a  fin  de mantener la consonancia entre la gravedad de los  delitos  y  las  consecuentes penas, conforme a lo estimado a la hora de expedir  el Código Penal y sus respectivas reformas.   

De  otro  lado, el art. 14 de la Ley 890 de  2004,   como   lo   declaró  la  sentencia  C-238  de  2005,  se  ajusta  a  la  Constitución,    apreciación    que,   salvo   las  precisiones  que  a continuación se realizarán, esta  Corte  comparte;  pues  habiendo examinado los antecedentes de la Ley, encuentra  que,  en  su momento, en el  concreto  ejercicio  de  fijación  de  las  sanciones  punitivas  el legislador  justificó  la  necesidad  de  la medida en términos de política criminal, con  respeto     a     los     límites     dictados     por    el    principio    de  proporcionalidad.   

No obstante, a la  hora  de  conjugar  su aplicación con la prohibición  de  descuentos  punitivos,  incorporada  a través del art. 26 de la Ley 1121 de  2006,  salta  a la vista la vulneración del principio de proporcionalidad de la  pena.   

En  efecto,  al  vincular  la  norma con la  realidad    que    en   la   actualidad   pretende   regular,   se   presenta   la  siguiente  situación:  el  fundamento del aumento genérico de penas estriba  en  la  aplicación  de  beneficios  punitivos  por  aceptación  de cargos. Sin  embargo,  el  art.  26  de la Ley 1121 de 2006 impide cualquier forma de rebaja,  tanto   por   allanamiento   como   por   preacuerdo.   

Bajo    ese    panorama,   pese  a  admitirse  la legitimidad de la prohibición de descuentos  punitivos  (art.  26  de  la  Ley  1121  de  2006), en tanto medida de política  criminal         en        lo        procesal22   

, salta a la vista una inocultable y nefasta  consecuencia,  a  saber,  el  decaimiento  de la justificación del aumento de penas introducido mediante el  art.  14  de  la  Ley 890 de 2004 o, lo que es lo mismo, la desaparición de los  fundamentos  del  plurimencionado incremento punitivo.   

Esa consecuencia implica, pues, afirmar que  en  relación  con  los  delitos enlistados en el art. 26 de la Ley 1121 de 2006  –en   eventos   cuyo  juzgamiento  se gobierna por la Ley 906 de 2004–, el aumento de penas de la Ley  890     se     ofrece     injustificado    en    la  actualidad,  en  tanto  el  legislador únicamente lo  motivó  en  las  antedichas  razones,  de orden meramente procesal, sin ninguna  otra  consideración  de  naturaleza penal sustancial o constitucional.   

De   manera   pues   que   si  un aumento de penas carente de justificación se traduce en una  medida    arbitraria,   la   aplicación  del  incremento genérico del art. 14 de la Ley 890 de 2004 a los  delitos   previstos   en  el  art.  26  de  la  Ley  1121  de  2006  deviene  en  desproporcionada.   

La  ausencia  de proporcionalidad refulge a  primera  vista:  habiendo  sido  suprimida  la razón  justificante  del aumento de las penas –posibilidad  de rebajas por aceptación de cargos unilateralmente o  por  vía  negociada–, el medio escogido –incremento    punitivo–  quedó  desprovisto  de  relación  fáctica  con  el  objetivo  propuesto. Entonces, ni siquiera podría superarse un  juicio  de  idoneidad  o  adecuación de la medida, configurándose, de contera,  una  intervención  excesiva  y  actualmente  innecesaria  en el derecho fundamental a la libertad personal.   

(…)  

Ahora,  conviene  poner  de manifiesto que,  aún  haciendo  abstracción  del aumento punitivo contenido en el art. 14 de la  Ley  890 de 2004 en los delitos contenidos en el art. 26 de la Ley 1121 de 2006,  se  cumple  debidamente  el  mandato  de protección constitucional atribuido al  derecho  penal  –expresado en la función de prevención especial predicable de  la  pena  de  prisión–,  al  tiempo  que se mantiene una justa retribución en  relación   con   la   gravedad   de   las  aludidas  conductas  punibles.    

De  una  parte,  la  valoración  político  criminal  emprendida  a  la  hora  de fijar los límites punitivos en el Código  Penal  y  las  posteriores  reformas (en el caso de la extorsión: arts. 244 del  C.P.  y  5°  de  la  Ley  733 de 2002) sigue intacta, pues la inaplicación del  aumento    genérico    de   penas   que   trajo   la   Ley   890   solamente     implica    suprimir    una    medida    excesiva    y  desproporcionada;  de  otra,  mal podría hablarse de  impunidad  y  de  un  trato  benigno  por  parte  del  Estado  a extorsionistas,  secuestradores  y  terroristas, dado que, además de las altas penas asignadas a  ese  tipo de delincuencia, la mayor dureza en su persecución y castigo también  se  expresa  a  través  de  aspectos  procedimentales  como  la prohibición de  conceder  rebajas  de pena y otros beneficios que, inclusive, se extienden hasta  la    imposibilidad   de   redención   especial   de   pena   por   trabajo   y  estudio23   

.  

Adicionalmente,  ha  de  precisarse  que en  asuntos  como el aquí analizado, mal podría abstenerse la Sala de restaurar la  conculcada  garantía  de  proporcionalidad de la pena, bajo el argumento de que  la  Corte  Constitucional  declaró  exequible el art. 14 de la Ley 890 de 2004.  Pues,  además  de  que la ratio decidendi  de  la  sentencia  C-238  de  2005  únicamente  versó  sobre el  principio  de  tipicidad  o  estricta  legalidad  –en  respuesta  a un cargo de  supuestas  imprecisiones  o  ambigüedades  de  la norma–, sin que se efectuara  ninguna  consideración  en  torno  a  la  máxima de prohibición de exceso, lo  cierto  es  que,  en el sub  exámine    la   vulneración   del   principio   de  proporcionalidad        de        la        pena,        por        decaimiento    de    los   fundamentos  legitimantes     del     aumento    punitivo,    entraña    una    inconstitucionalidad     sobreviniente  por  nuevos  hechos  legales  normativos, (…).     

Por   consiguiente,   a   la  luz  de  la  argumentación  aquí  desarrollada,  fuerza concluir  que  habiendo  decaído la justificación del aumento de penas del art. 14 de la  Ley        890        de        2004, en relación con los delitos incluidos  en  el  art.  26 de la Ley 1121 de 2006 –para los que  no  proceden  rebajas  de  pena  por allanamiento o preacuerdo–, tal incremento  punitivo,  además  de  resultar injusto y contrario a la dignidad humana, queda  carente  de  fundamentación,  conculcándose  de  esta  manera  la garantía de  proporcionalidad de la pena.   

Por  ello,  la  Corte  habrá  de  casar la  sentencia   impugnada   a   fin   de  restablecer  la  referida  garantía   fundamental.   

Así  mismo, en ejercicio de su función de  unificación   de   la   jurisprudencia,  la  Sala  advierte  que,  en  lo  sucesivo, una hermenéutica constitucional apunta a afirmar  que  los  aumentos  de  pena  previstos  en el art. 14 de la Ley 890 de 2004 son  inaplicables  frente  a  los  delitos reseñados en el art. 26 de la Ley 1121 de  2006.  No  sin  antes advertir que tal determinación de ninguna manera comporta  una   discriminación   injustificada,   en   relación  con  los  acusados  por  otros   delitos  que  sí  admiten  rebajas  de  pena  por  allanamiento  y preacuerdo, como quiera que, en  eventos    de    condenas    precedidas  del  juicio  oral,  la  mayor  intensidad  punitiva  no sería el  producto  de una distinción arbitraria en el momento de la tipificación legal,  ajustada por la Corte, sino  el  resultado  de haber sido vencido el procesado en el juicio, sin haber optado  por  el  acogimiento  a  los  incentivos procesales ofrecidos por el legislador;  mientras  que,  frente  a sentencias condenatorias por aceptación de cargos, la  menor  punibilidad,  precisamente,  sería  la consecuencia de haberse acudido a  ese  margen  de negociación, actualmente inaccesible a los delitos referidos en  el  art.  26  de  la  Ley  1121  de  2006. (Subrayas y  negrillas no originales).   

Frente a éste último tópico, concerniente  a  la obligación de aplicar el incremento punitivo de una tercera en el mínimo  y  la mitad en el máximo, conforme al artículo 14 de la Ley 890 de 2004 cuando  quiera  que  la persona investigada por los comportamientos delictivos descritos  en  el  artículo  26 de la Ley 1121 de 2006 no se allane a cargos o no suscriba  con  el ente acusador un acuerdo de asunción de responsabilidad, sino que agote  cabalmente     el     juicio     oral,     recientemente    esta    Corporación  reiteró:   

(…)  el  apartado transcrito contiene una  restricción  al  concepto  de inaplicación del aumento de penas establecido en  el  artículo 14 de la Ley 890 de 2004, pues, precisamente para que el principio  de  igualdad  respecto de personas a quienes se condena por la vía ordinaria en  delitos  diferentes,  no sea vulnerado, establece como premisa básica que el no  incremento  sólo  opera  cuando  el  procesado  se  acoge a los mandamientos de  justicia  premial  que  contienen  las  figuras  del  allanamiento  a  cargos  y  preacuerdos.   

Vale decir, en los  casos  en  los  cuales  la  persona  vinculada  por  delitos  contemplados en el  artículo  26  de  la  Ley  1121  de  2006,  no hace manifiesta su intención de  acogerse   a  la  terminación  anticipada  del  proceso,  vía  allanamiento  o  preacuerdo,  y  ello  no se materializa en la consecuente definición anticipada  del  asunto,  la  pena aplicable debe consultar también el incremento dispuesto  en el artículo 14 de la Ley 890 de 2004.   

Pues, de no ocurrir así quedaría huérfana  de  soporte  la  tesis  que gobierna la jurisprudencia examinada, que tiene como  objeto  central de definición la imposibilidad de incrementar penas de Ley 890,  a  quienes  no  acceden  a la justicia premial. (CSJ SP 19 jun 2013, Rad. 39719)  (Subrayas y negrillas fuera del texto original).   

Siendo  lo anterior así, como quiera que la  procesada  Aldana Portilla no  hizo   uso  de  ninguno  de  los  mecanismos  de  justicia  premial  (acuerdo  o  allanamiento)  y,  en  cambio,  promovió hasta su finalización la celebración  del  debate  oral  a instancia de la juez de conocimiento, es nítido que pese a  que  el  delito  por  el  cual  fue  juzgada  está  previsto entre los injustos  sometidos  a  la  prohibición  del  artículo  26  de  la  Ley 1121 de 2006, la  determinación  de  las  sanciones  imponibles debía atender, como en efecto lo  consideró,  el  aumento punitivo generalizado del artículo 14 de la Ley 890 de  2004.   

Lo infundado del reproche, determina, por lo  tanto,  su  inadmisión,  en  los  términos de lo dispuesto en el artículo 195  inciso quinto de la Ley 906 de 2004.   

Resta  precisar que, al amparo del artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no darle curso a una demanda  de  casación,  es  procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en ausencia de  disposición  legal,  fueron  definidas  por  la  Sala  desde  el auto del 12 de  diciembre de 2005, radicación 24.322.   

Por  último,  la  Sala  no  observa  otras  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni  motivos  que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al  expediente en razón de las finalidades de la casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  Claudia  Juliana  Aldana Portilla contra la  sentencia  proferida  el  20  de  mayo  de  2013  por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Bucaramanga.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Segundo. Conforme al  inciso  2º del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004 procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  folios  1-2  de la sentencia de segunda instancia a folios 184-185 de la carpeta  2.   

2 Cfr.  folio 6 de la carpeta 1.   

3 Cfr.  folios 1-7 de la carpeta 2.   

4 Cfr.  folio 16 ibídem.   

5 Cfr.  folios 34-38 ibídem.   

6 Cfr.  folio 40 ibídem.   

7 Cfr.  folios 67-68 ibídem.   

8 Cfr.  folios 79-81 ibídem.   

9 Cfr.  folios 87-88 ibídem.   

10 Cfr.  folio 90 ibídem.   

11  Cfr. folios 93-94 ibídem.   

12  Cfr. folios 97-115 ibídem.   

13  Cfr. folios 149-185 ibídem.   

14  Cfr. folio 135 ibídem.   

15  Cfr. folios 136-140 ibídem.   

16  Cfr. folio 138 ibídem.   

17  Cfr. folio 137 ibídem.   

18  Ibídem.   

19  Cfr. folio 138 ibídem.   

20 C.  Const., sent. SU-047/99.   

21  C.S.J.   –   Sala   de  Casación  Penal,  sents. 22/06/11, rad. N° 35.943 y 06/06/12, rad. N° 35.767,  entre otras.    

22 La  jurisprudencia  constitucional,  de  manera  reiterada,  ha  considerado  que el  legislador  puede limitar la concesión de beneficios penales, en función de la  gravedad  de  las  conductas  delictivas  que  busca combatir.  Cfr., entre  otras,  C.  Const., sents. C-213/94, C-762/02, C-069/03, C-537/08 y C-073/10. En  la    misma   dirección,   C.S.J.   –  Sala  de  Casación  Penal,  sents.  29/07/08,  rad. N° 29.788 y  01/07/09, rad. N° 30.800.   

23  Como  se  clarificó  en  la  sentencia de tutela del 18/07/12, rad. N° 61.571.     

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