AP5027-2014(42944)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada Ponente  

AP5027-2014  

Radicación 42944  

(Aprobado Acta No. 280)  

Bogotá D.C., agosto veintisiete (27) de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Verifica  la  Colegiatura el cumplimiento de  los  requisitos  de  lógica  y  acreditación suficiente dispuestos en la ley y  desarrollados  por  la  jurisprudencia,  en punto de la admisibilidad del libelo  casacional  presentado  por  los  defensores de HÉCTOR  PENAGOS  y JUAN DAVID PINZÓN  OLEJUA,  contra  el fallo de segundo grado dictado por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  el  9  de agosto de 2013, confirmatorio  parcialmente  del  proferido por el Juzgado Promiscuo del Circuito de Málaga el  30  de  marzo  de 2012 por medio del cual condenó al primero de los mencionados  ciudadanos  como  autor  del concurso de delitos de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales y falsedad ideológica en documento público, oportunidad en  la cual fue absuelto por el punible de peculado por apropiación.   

          A    su   vez,   el   a   quo    condenó   a   JUAN   DAVID   PINZÓN  OLEJUA  como  autor del delito de falsedad ideológica  en    documento    público    y    lo    absolvió    por   el   peculado   por  apropiación.   

          En   segunda   instancia   el   Tribunal  absolvió  a  HÉCTOR  PENAGOS  por el punible contra la  fe pública.   

HECHOS  

          HÉCTOR  PENAGOS, alcalde del municipio de  San  José  de  Miranda, suscribió dos órdenes de trabajo por mano de obra con  Jesús María Carrillo Ortiz;  la  del 18 de marzo del 2000 para remodelar la escuela de la vereda La    Luguscuta   pintándola   toda   y  cercándola  con  alambre  de  púa en su parte posterior en aproximadamente 120  metros   por   valor   de   $3.000.000.oo,   incluyendo  materiales  y  mano  de  obra.   

Y la del 12 de abril del 2000, para remodelar  el  centro  de  salud  de  la  misma  vereda  mediante  el  cambio  de la red de  instalación  interna  del  agua  por  84  metros de tubería PVC y el cambio de  mangueras  desde  la  red  hasta  los baños y los lavaplatos por $1.000.000.oo,  incluyendo materiales y mano de obra.   

          Quien  en verdad realizó las obras, su coordinación y la búsqueda  de  personas  para  efectuar  los trabajos fue Gilberto  Jaimes  Herrera,  Presidente  de  la  Junta de Acción  Comunal,     de     modo     que    Jesús    María  Carrillo únicamente recibió $20.000.oo para sufragar  el  transporte  y  el  tiempo  que gastó en tramitar las respectivas cuentas de  cobro,  y  el  resto  del  dinero  lo entregó a Jaimes  Herrera.   

Por  su parte, JUAN  DAVID  PINZÓN  OLEJUA, en su condición de Secretario  de  Planeación  del  municipio  de San José de Miranda suscribió dos actas de  finalización  en  marzo y abril de 2000, sin especificar el día, en las cuales  se  afirma que fueron realizadas a entera satisfacción las órdenes de trabajo,  a  pesar de que para tales épocas aún no habían comenzado, pues finalmente se  efectuaron en el mes de junio de dicha anualidad.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          La   Fiscalía  Seccional  de  Málaga  dispuso  la  correspondiente  indagación  preliminar  y luego de practicar algunas diligencias dio apertura a  la  investigación, vinculando mediante indagatoria, entre otros, a HÉCTOR  PENAGOS y  JUAN DAVID PINZÓN OLEJUA.   

Clausurada  la  instrucción,  la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  el  31  de mayo de 2002 con resolución de  acusación  en  contra  de  los  procesados,  decisión  que fue revocada por la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el tribunal de Bucaramanga al conocer del  recurso  de  apelación interpuesto por la defensa, para en su lugar disponer la  nulidad  de  lo  actuado  en  atención  a  que  no  se  resolvió la situación  jurídica de los vinculados.   

          El  10  de  junio  de  2006  se  resolvió  la  situación jurídica  absteniéndose    de    imponer   medida   de   aseguramiento   a   HÉCTOR  PENAGOS y  JUAN DAVID PINZÓN OLEJUA.   

Clausurada   la  instrucción,  el  24  de  diciembre   de   2007  se  calificó  nuevamente  el  mérito  del  sumario  con  resolución   de   acusación,   respecto  de  HÉCTOR  PENAGOS como presunto autor del concurso de delitos de  falsedad  ideológica  en  documento público, peculado por apropiación a favor  de  terceros  y contrato sin cumplimiento de requisitos legales. Con relación a  PINZÓN  OLEJUA como probable  coautor  del delito de falsedad ideológica en documento público y cómplice de  peculado por apropiación a favor de un tercero.   

Impugnada la acusación por otros procesados,  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal de Bucaramanga la confirmó  mediante  proveído del 27 de noviembre de 2008, oportunidad en la cual señaló  que  se  inhibía  para  conocer  del  recurso  de  alzada  presentado  por  los  defensores   de   PENAGOS  y  PINZÓN,    dada    su  interposición y sustentación extemporáneas.   

          La  fase  del  juicio  fue  adelantada  por el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  Málaga,  despacho  que en auto del 9 de marzo de 2009 decretó la  nulidad  de  lo  actuado  en  atención  a  que  no se resolvió la impugnación  interpuesta   por   la   defensa  de  HÉCTOR  PENAGOS  y   JUAN   DAVID   PINZÓN  contra la resolución acusatoria, y dispuso al ruptura  de la unidad procesal respecto de los otros acusados.   

          La  invalidación  fue  impugnada  por  la  Fiscalía  y el Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  la  revocó  mediante  decisión del 21 de octubre de  2009.   

          Una  vez  culminada  la  audiencia  pública,  el  referido despacho  profirió  fallo  el 30 de marzo de 2012, por cuyo medio condenó a HÉCTOR  PENAGOS  a  la  pena principal de  sesenta  (60)  meses  de  prisión y multa de veintitrés (23) salarios mínimos  legales  mensuales  y  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo lapso de la sanción privativa de  libertad,  como  autor  del  concurso de delitos de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales y falsedad ideológica en documento público, y lo absolvió  por el delito de peculado por apropiación.   

A   su   vez,   condenó   a  JUAN  DAVID  PINZÓN a treinta y seis (36)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor del delito de  falsedad  ideológica  en  documento  público,  y lo absolvió por el delito de  peculado por apropiación.   

          Impugnado  el  fallo  del a quo  por  la  defensa,  fue  confirmado  parcialmente  por  el Tribunal  Superior    de    Bucaramanga,    pues    decidió   absolver   a   HÉCTOR  PENAGOS por el punible de falsedad  ideológica  en  documento público, redosificar su pena y dejar incólume en lo  demás la decisión cuestionada.   

Contra   la   sentencia  del  ad  quem  los defensores de los condenados  interpusieron  recurso  de  casación y ulteriormente allegaron sendas demandas,  cuya admisibilidad se examina en este auto.   

LOS LIBELOS  

         1.        Demanda  presentada  en  nombre de HÉCTOR  PENAGOS   

          El  recurrente  formula dos reparos contra el fallo del ad  quem,  los cuales postula y desarrolla  en los siguientes términos:   

     

1. Primer cargo (principal): Violación  directa    por    interpretación   errónea   del   artículo   146   C.P.   de  1980     

Luego  de  señalar  que  la interpretación  errónea  condujo  a  la  indebida aplicación de los artículos 146 del Código  Penal  de  1980, 57 de la Ley 80 de 1993 y 23 del mismo estatuto punitivo, amén  de  ofrecer una síntesis de lo señalado y concluido en la providencia atacada,  el  defensor  advera que “el error de interpretación  del  Tribunal  consistió, así las cosas, en no integrar al estudio del tipo de  contrato  sin  requisitos  legales esenciales en el caso de HÉCTOR PENAGOS, las  reglas  especiales precontratuales de la contratación directa de menor cuantía  y  del contenido del contrato sin las formalidades plenas que la solemniza, y de  lo  cual  informan los citados decretos, para en su lugar satisfacer el reenvío  normativo   aplicando   directamente  la  principialística  de  la  Ley  80  de  1980 (sic) de transparencia y  selección  objetiva,  se  insiste,  sobre  las  reglas  que  prevalecen en este  asunto”.   

          Puntualiza  que “nunca el análisis sobre  el  derecho  aplicable  a  su  caso  contempló  cuáles  eran  esos  requisitos  esenciales    a   los   que   aludía   y   que   ulteriormente   confirmó   el  Tribunal”.   

          Destaca  que el inciso 4º del artículo 3º del Decreto 855 de 1994  es  el  fundamento de la modalidad de contratación directa de mínima cuantía,  y  establece  el trámite precontractual para arribar a tal tipo de contrato; su  texto   es:  “cuando  se  trate  de  contratos  cuya  cuantía  no  supere  el  diez  por  ciento (10%) de los montos señalados en el  literal  a)  del  numeral 1 del artículo 24 de la Ley 80 de 1993, los mismos se  celebrarán  tomando  en  cuenta  los  precios  del mercado, sin que se requiera  obtener previamente varias ofertas”.   

Añade  que  los  incisos  2º  y  3º  del  artículo  25  del  Decreto  679  de  1994  complementan  el  trámite previo al  contrato  de mínima cuantía disponiendo que pueden faltar formalidades plenas,  es  decir,  se  puede  contratar directamente o sin contrato formal escrito, con  solo  aceptar  el  destinatario  la oferta de la entidad y manifestando no estar  inhabilitado conforme a la ley para contratar con el Estado.   

          Entonces,    dice    que   en   el   caso   estudiado   HÉCTOR  PENAGOS suscribió dos órdenes de  trabajo  el  18  de  marzo  y  el  12  de  abril  de  2000  por  $3.000.000.oo y  $1.000.000.oo  respectivamente,  es  decir,  no  superó  el  10%  de los montos  señalados  en  el  literal a) numeral 1º del artículo 24 de la Ley 80 de 1993  para   la   contratación  directa  de  menor  cuantía  y  podían  iniciar  el  procedimiento,  según  el  artículo  3º,  inciso 4º del Decreto 855 de 1994,  tomando   en  cuenta  los  precios  del  mercado  y  sin  necesidad  de  obtener  previamente  varias  ofertas,  amén  de  que  obró  correctamente al seguir el  trámite  reglado  en  el  artículo 25 del Decreto 679 de 1994 prescindiendo de  formalidades   plenas,   “entendiendo  por  tal  la  precisión    en    el   documento   –     orden     del     ‘objeto    del    contrato    y    la   contraprestación’         y         ‘el    registro    presupuestal   del  acto’   como   así  lo  hizo”.   

          Advera  que en el fallo de primer grado se alude a los contratos sin  formalidades  plenas  en  razón  de  la  cuantía,  amén  de  que  también la  Fiscalía  en  el  informe  del  30 de abril de 2007 rendido por el investigador  criminalístico  se  refirió  a  los  mismos,  de  modo que eran aplicables los  artículos  30  inciso  4º  del  Decreto 855 de 1994 y 25 incisos 2º y 3º del  Decreto  679  de  1994  que disponen únicamente tener en cuenta los precios del  mercado,  no  es  necesario  obtener previamente varias ofertas, la solicitud de  servicios  suplía  el  contrato,  en  la  cual  debía  aparecer  el objeto del  contrato   y   la   contraprestación,   y  señalar  el  registro  presupuestal  correspondiente.   

Sintetiza el reproche al señalar que si bien  “la    instancia    admitió    que   ‘el  hecho de no constar por escrito el  acuerdo,   no   constituye   en   este  caso  una  omisión  de  ley’,  si  echó  de menos bajo equivocada  interpretación,  a  modo  de  exigencia  esencial  del  contrato sin requisitos  legales  esenciales,  el  que HÉCTOR PENAGOS hubiera contratado a JESÚS MARÍA  CARRILLO    ORTIZ    ‘a  petición  de  Gilberto  Jaimes Herrera’    o    no    hubiera   ‘evaluado  la  experiencia  del  contratista,  su capacidad técnica,  administrativa   y   financiera   y,   en   general,   para   contratar  con  el  Estado’  pasando por alto  el    Tribunal   con   tales   censuras   precontractuales   impertinentes   que  procedimientos  abreviados como los del art. 3º, inciso cuarto, del Decreto 855  de  1994  que refieren ‘sin  que    se    requiera    obtener    previamente    varias    ofertas’,    legislativamente    se    está  privilegiando  con  dicha  norma  de  reenvío  la  celeridad y eficiencia en la  contratación  de  una persona, tal como lo ha enseñado la doctrina”.   

          Y  agrega  “es  así  como  un  correcto  entendimiento  del  asunto  que  nos  ocupa  indica que queda libre de cobertura  penal,  al  menos  por  cuenta  de  la  figura  del contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales  esenciales,  el  hecho  de  ser  sugerido un oferente o ser  ejecutado  por  otro  unos servicios, sin que ello desmienta la transparencia ni  la  selección objetiva que posibilita la pluralidad de oferentes, no exigida en  la  contratación  directa  de  mínima cuantía adelantada por HÉCTOR PENAGOS,  pero  sin  que  tampoco  quede  cerrada  la  posibilidad de cautelar y sancionar  lesiones   a   la   contratación   pública   pero   por   vías   –     se     aclara     –  de  otras figuras penales, que, como  el  peculado  por  apropiación,  aquí  se  demostró  no  existió”.   

          Con  base  en  lo expuesto colige que el proceder de su asistido fue  atípico,   por   tratarse   de   una   contratación   de   mínima   cuantía,  específicamente  en  la  tramitación  y celebración del contrato, pues asunto  diverso es la ejecución, que no está penalizada.   

          Apoyado   en   lo   anterior,  el  demandante  solicita  a  la  Sala  “CASAR  el fallo impugnado, atendiendo la atipicidad  de la conducta”.   

1.2.          Segundo  cargo (subsidiario): Violación  directa por interpretación errónea del artículo 146 C.P. de 1980   

          Considera  el recurrente que de asumirse que las órdenes de trabajo  suscritas  por HÉCTOR PENAGOS  no  corresponden a la categoría de contratos, debe concluirse que era imposible  la  configuración típica del delito de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales.   

          Advierte  que  si de acuerdo con los artículos 39 y 41 de la Ley 80  de  1993,  el  contrato  estatal  debe  constar  por  escrito, en este caso, por  existir  órdenes de trabajo, debe asumirse que el contrato es inexistente y por  ello,  no  hay  lugar  a  la  configuración  del  delito  de  contrato  sin  el  cumplimiento de requisitos legales.   

          Destaca  que  excepcionalmente  en la contratación directa de menor  cuantía  se  equipara  el contrato al cruce de la solicitud de la entidad y las  ofertas  por  parte  del  particular. Refiere que en la contratación directa de  mínima  cuantía  corresponde  al  particular aceptar la solicitud y manifestar  que no está incurso en inhabilidad para contratar con el Estado.   

          Entonces  precisa  que  la  segunda excepción corresponde según el  artículo  25  del  Decreto  679  de  1994  a  la contratación sin formalidades  plenas.   

          Como  en  el  caso  estudiado  el contratista no declaró que estaba  ajeno  a  causales de inhabilidad o incompatibilidad, de acuerdo con el referido  artículo,  no  se configuró la relación contractual, es decir, no nació a la  vida  jurídica  contrato  estatal alguno, y sin él, no se configuró el delito  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales, pues no pueden asimilarse  las órdenes de trabajo a contratos.   

          Con  fundamento en lo anotado, el censor solicita a la Sala casar el  fallo atacado, y en su lugar dictar sentencia absolutoria.   

2.             Demanda   presentada   en   nombre  de  JUAN DAVID PINZÓN OLEJUA   

          El  defensor  propone  dos  reparos  que formula y desarrolla en los  siguientes términos:   

2.1.          Primer  cargo  (principal):  Nulidad por  violación del debido proceso y el derecho de defensa   

          Con  base  en la causal tercera de casación reglada en el artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, el demandante refiere que la sentencia fue dictada  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  por  vulneración  del debido proceso y el  derecho  a  la  defensa,  en  cuanto  la  Fiscalía  no  desató  el  recurso de  apelación  interpuesto  contra  la resolución de acusación, habida cuenta que  contabilizó indebidamente los términos para impugnar.   

          En  el  desarrollo del reparo señala que el 24 de diciembre de 2007  la   Fiscalía  acusó,  entre  otros,  a  JUAN  DAVID  PINZÓN   como   coautor   del   delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  y  cómplice  del  punible de peculado por  apropiación  a  favor  de  un  tercero, decisión notificada personalmente a la  defensora  de  aquél el 28 de diciembre y el 16 de enero de 2008 fue notificado  PINZÓN  OLEJUA.  El  20  de  diciembre  la defensa interpuso recurso de apelación. El 21 de enero de 2008 la  secretaría  notificó por estado la acusación y señaló posteriormente que el  día  25  de enero comenzaba el término del artículo 194 de la Ley 600 de 2000  para  sustentar  la  impugnación  propuesta,  el  cual  vencía el 4 de febrero  siguiente.   

Entonces,  el  30  de  enero  la  defensora  sustentó  el  recurso  y  el  día 6 de los mismos mes y año fue concedido. La  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal de Bucaramanga decidió el 27 de noviembre  de  2008 abstenerse de resolver la impugnación por considerar que la constancia  secretarial  sólo  era  un  acto informativo, y que el recurso de la defensa de  JUAN   DAVID   PINZÓN  fue  extemporáneo,  oportunidad  en  la  cual se pronunció de fondo respecto de las  impugnaciones     de     otros     acusados,    confirmando    la    providencia  atacada.   

De  otra  parte  relata  que ya en el juicio  solicitó  la  nulidad  de  lo  actuado  por  los  anteriores  hechos, a lo cual  accedió  el  a  quo, pero al  ser  impugnada  su  decisión por la Fiscalía, el 21 de octubre de 2009 la Sala  Penal  del  Tribunal  de  Bucaramanga  la  revocó,  diciendo  que la constancia  secretarial  cumple  una función meramente informativa, sin que pueda comportar  una prórroga del procedimiento.   

Considera  violado  el  debido proceso de su  patrocinado,  pues no fue tramitada en debida forma la citada impugnación de la  acusación,   en   cuanto   a   la   defensa  como  al  procesado  les  asistía  “confianza  legítima” en  la   constancia   secretarial  que  señalaba  el  término  para  sustentar  la  apelación.   

Indica  que  en  sentencia T-656 de 2012, la  Corte  Constitucional  puntualizó  que si el secretario hace parte del despacho  judicial  y  sus  actuaciones  comprometen  a la administración de justicia, el  desconocimiento  de  los  términos  de  ley  a  la  parte  que  se acogió a la  interpretación  del  referido  servidor público castiga la confianza legítima  del   particular   en  las  autoridades  y  sacrifica  el  derecho  de  defensa,  trasladando al particular las consecuencias del error judicial.   

          Resalta   que   la  anterior  decisión  corresponde  a  una  línea  jurisprudencial  desarrollada por la Corte Constitucional en fallos de revisión  de  tutela  desde  1994, también sustentada en el postulado de la buena fe y el  principio         pro        actione.   

          Sintetiza    que    “la   notificación  realizada  por  parte  de  la  secretaría  de la Fiscalía instructora, que fue  tomada   como   ‘última  notificación’ al tenor de  lo  dispuesto  por  el  artículo  186 de la Ley 600 de 2000, conllevó a que el  correspondiente  recurso  de  apelación en contra de la decisión de llamarle a  juicio,  no  pudiera  ser  examinado  por  cuanto,  según  la  delegada ante el  Tribunal,  no habían sujetos procesales que debieran ser notificados por estado  y  por  ello  la defensa debía entender que debía presentar el correspondiente  recurso    los    días    17    y    21    de    enero    de   2008”.   

          Acto  seguido  asevera  que  con la nulidad deprecada se cumplen los  principios   de   taxatividad,   protección,   convalidación,   trascendencia,  instrumentalidad  y  residualidad.  En  el  ámbito de la trascendencia dice que  “si  la  Fiscalía  hubiese  analizado  en  segunda  instancia  el  caudal  probatorio existente, la real materialidad de la conducta  punible   y   la   autoría   de  la  misma,  habría  determinado  –  como  lo  determinó en la audiencia  pública  de  juzgamiento –  que  JUAN  DAVID  PINZÓN OLEJUA no era responsable de conducta punible alguna y  que  debía precluirse la causa en su contra, tal y como se solicitaba a través  del   recurso   que   fuera   interpuesto   y   sustentado   por   parte  de  la  defensa”.   

          Con  base en lo expuesto, el defensor solicita a la Sala decretar la  nulidad  de lo actuado a partir de la resolución que se inhibió de resolver el  recurso   de  apelación  interpuesto  por  la  defensa  contra  la  resolución  acusatoria.   

2.2.          Segundo  cargo (subsidiario): Violación  indirecta de la ley por falso raciocinio   

          Afirma    el   demandante   que   el   ad  quem  violó  indirectamente  la  ley  sustancial  por  inaplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo, derivada de errores de hecho por falso raciocinio  al   trasgredir  las  leyes  de  la  lógica,  por  asumir  que  “el   procesado   obró   dolosamente   al   momento  de  firmar  las  correspondientes  actas  de  finalización de obras durante los meses de marzo y  abril de 2000”.   

          Admite  que  su  asistido  como Secretario de Planeación Municipal,  “certificó  la  realización  de  unas obras que al  parecer  no  habían  sido  culminadas  completamente,  pero  contrario a lo que  concluye  el  Tribunal,  no  fue  de  manera  dolosa y pretendiendo coadyuvar un  desembolso    de    dinero    sin    que    se   hubiese   ejecutado   la   obra  contratada”,        sino       “encontrándose  en  error”, pues así le  fue  informado,  entre otros, por el mismo alcalde del municipio, máxime si las  actas   eran   elaboradas  por  la  secretaria  de  la  alcaldía  y  las  obras  “no  eran  fácilmente  perceptibles  por  cuanto se  trataba  de  distintas  labores  internas  que  requerían  de la posibilidad de  ingresar  a  los  distintos  lugares  con  el  fin  de  verificar con minucia si  efectivamente  habían  culminado  completamente  con  lo  requerido”.   

          Colige  que “fue la confianza legítima y  el  desconocimiento,  y  no  una  intención  de  faltar  a  la  verdad,  lo que  determinó   la  firma  de  los  documentos  que  el  Tribunal  consideró  como  ideológicamente falsos”.   

          Asevera  que  si  el  Tribunal se hubiera sujetado a las leyes de la  lógica,  como  subreglas  de  la  sana  crítica,  el  sentido del fallo sería  diverso,  pues  se limitó a deducir el dolo de la simple firma de las actas, es  decir,  indebidamente aplicó el “principio necesidad  –  causalidad”,   y   debió  tener  en  cuenta  el  principio  “causa            –efecto”.   

          Finalmente  el  recurrente  dice  que  JUAN  DAVID  PINZÓN actuó con negligencia al suscribir las  actas   en   su  calidad  de  Secretario  de  Planeación  Municipal,  pero  sin  dolo.   

          Con  base  en lo expuesto, el demandante solicita a la Sala que como  el   delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  es  doloso,  en  aplicación  del principio in dubio pro reo  debe  reconocerse  que su asistido actuó con negligencia pero sin  intención,  y  por  ello  debe  casarse parcialmente el fallo, en el sentido de  absolver      a      PINZÓN     OLEJUA.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene   sentado   la   Corte   que  en  la  constatación  de las exigencias para concurrir a este mecanismo de impugnación  extraordinaria  le  corresponde  verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción  a los requisitos de lógica y adecuada argumentación  definidos  por  el  legislador  y  desarrollados por la jurisprudencia, a fin de  obviar  que  este  recurso  se  convierta  en  una  instancia adicional a las ya  surtidas.  Tales  requerimientos  se  orientan  a  conseguir  libelos enmarcados  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros, pues no corresponde a la Colegiatura en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Además, de conformidad con el artículo 213  de  la  Ley  600 de 2000, “si el demandante carece de  interés    o    la    demanda    no   reúne   los  requisitos  se inadmitirá”  (subrayas fuera de texto).   

Puntualizado  lo  anterior,  procede la Sala a pronunciarse en punto de  la  admisibilidad  formal  de  cada  uno  de  los  reproches presentados por los  recurrentes, como sigue:   

1.             Libelo   presentado   en   nombre   de  HÉCTOR PENAGOS   

         Dado  que  en  el primer reparo  denuncia  la  violación  directa por interpretación errónea del  artículo  146 C.P. de 1980, impera señalar que si bien el embate casacional de  tal  causal  supone  por  parte  del  recurrente  un  planteamiento  de estricto  contenido  jurídico,  sin  ocuparse de la valoración de las pruebas, lo cierto  es   que  también  le  corresponde  soportarse  en  argumentos  con  suficiente  acreditación  jurídica  y  normativa, como que no todo planteamiento puede ser  de  recibo,  por  ejemplo,  cuando  contraviene  la  Constitución  misma  o  la  ley.   

En  el  caso  de  la  especie  advierte  la  Colegiatura  que  el  censor  orienta  su  esfuerzo  a  exponer,  sin  más,  la  atipicidad  de  la  conducta, proponiendo para ello que los contratos de mínima  cuantía,   como  los  que  motivaron  este  diligenciamiento,  por  carecer  de  formalidades  plenas,  no  se  sujetan  a  regla  alguna  de  la  contratación,  planteamiento  que  en  sí  mismo comporta una absoluta imprecisión y resulta,  además    de    indemostrado,    arbitrario    y    contrario    a   la   Carta  Política.   

En  efecto,  resulta  incuestionable  que el  servidor  público  que  en representación de una entidad, en este caso, de una  alcaldía  municipal,  suscribe  el  contrato  de mínima cuantía, no escapa al  mandato  constitucional  contenido  en  el artículo 6º superior, en virtud del  cual  los  servidores  públicos  son  responsables  ante  las  autoridades  por  infringir   la   Constitución  y  las  leyes,  así  como  por  la  omisión  o  extralimitación en el ejercicio de sus funciones.   

          Por  tanto,  es claro que la tesis del casacionista, según la cual,  en  los  contratos  de  mínima  cuantía  no operan los principios que rigen la  administración  pública, deviene en insulsa, pues en todo caso, los servidores  públicos  se  encuentran  sometidos a los principios constitucionales y legales  que  orientan su misión funcional, y en particular la contractual. Lo contrario  equivale  a  desnaturalizar  la función pública, al asumir equivocadamente que  la  celebración  de  contratos de mínima cuantía deja en libertad al servidor  público  de  seleccionar, suscribir y ejecutar a su libre arbitrio, y sin tener  en   cuenta   los   principios  de  igualdad,  moralidad,  eficacia,  economía,  celeridad,  imparcialidad,  planeación,  transparencia  o  selección objetiva,  entre otros.   

          El  defensor  no  dice,  ni  la  Sala  establece,  de qué manera el  procesado  HÉCTOR  PENAGOS,  como  alcalde  municipal,  tuvo  en cuenta al momento de suscribir los contratos  los  “precios del mercado”  a los que insistentemente alude el impugnante.   

          Tampoco   explica   por   qué   motivo   contratar  a  Jesús  María Carrillo Ortiz para elaborar  las    obras,    a   sabiendas   que   serían   realizadas   por   Gilberto  Jaimes  Herrera,  no comporta un  proceder  contractual  ajeno  a  los  fines  y  principios de la administración  pública,   en  especial  la  igualdad,  moralidad,  eficacia,  imparcialidad  y  transparencia  o  selección  objetiva,  sin  que  el asunto se reduzca, como lo  pretende   el   recurrente,   a   que   no   era   necesario   solicitar  varias  ofertas.   

          Como  viene  de verse, el defensor edifica su aspiración casacional  en  una  tesis  que no se corresponde con las normas constitucionales y legales,  motivo  por  el  cual no consigue persuadir a la Sala para franquear el paso del  cargo en punto de su admisión.   

          Las razones expuestas bastan para inadmitir el reparo.   

Con  relación a la  segunda  censura, observa la Corte que el discurrir del  impugnante  parte de una argumentación sofística, como que no se aviene con la  lealtad  propia  de  las relaciones entre la administración y los administrados  argumentar  que  como  el interpuesto contratista no realizó la declaración de  ausencia  de  causales  de  inhabilidad  o  incompatibilidad  no  hay  relación  contractual,  por  el  contrario,  tal omisión permite acreditar otro requisito  legal   pretermitido   por  el  ex  alcalde  procesado  dentro  de  la  referida  contratación de las obras.   

Similares  consideraciones proceden respecto  del  argumento  ofrecido  por el casacionista, referido a que si las órdenes de  trabajo  no  son contratos, y si los contratos deben constar por escrito, no hay  en  este  asunto  celebración  de  contrato  sin  requisitos.  En  efecto,  tal  razonamiento  conduce a conclusiones diversas, pues permite colegir que también  el  quebranto  de  tales  exigencias  de ley comprende la más amplia noción de  incumplimiento  de  los  requisitos  legales  y  constitucionales para contratar  públicamente,      por      parte      del      ex     alcalde     PENAGOS.   

          Impera  destacar  que  la  contratación  directa no es sinónimo de  arbitrariedad,  pues siempre mediará una discrecionalidad reglada, en todo caso  sujeta   los   cánones  legales,  pero  principal  e  indeclinablemente  a  los  principios constitucionales que gobiernan la función pública.   

          El cargo debe ser inadmitido.   

          De  acuerdo  con  lo anterior, encuentra la Sala que el defensor, en  manifiesto  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad del fallo,  encaminó  su  actividad a proponer tesis que no encuentran respaldo normativo y  tanto  menos  constitucional,  proceder inaceptable en esta sede extraordinaria,  no  dispuesta  para simple y llanamente contrastar lo decidido con el parecer de  los recurrentes.   

         2.        Libelo  presentado en nombre de JUAN DAVID  PINZÓN OLEJUA   

En   cuanto   atañe   al   primer  cargo,  encuentra  la  Sala que si  bien   el  censor  reclama  que  la  Fiscalía  contabilizó  indebidamente  los  términos  para  impugnar  la  resolución de acusación, en cuanto a la defensa  como   al   procesado   les   asistía   “confianza  legítima”   en   la   constancia  secretarial  que  señalaba  el  término  para  sustentar  la apelación, advierte la Sala que el  censor  no  tiene  en  cuenta  lo  que  sobre  el  particular  ha  señalado  la  jurisprudencia de esta Colegiatura.   

          En  efecto, en auto del 11 de diciembre de 2013 (Rad. 42678) dijo la  Corte:   

“Como  lo  tiene  dicho  la jurisprudencia de esta Corporación, las constancias que en desarrollo  de  su  labor  dejan  los  secretarios  de los despachos judiciales no  tienen  la virtualidad de modificar los términos señalados en  la  ley,  además  que  es  deber  de las partes estar  atentas         a         su         cómputo1,   salvo   que   se  den  los  requisitos     para    aplicar    principio    constitucional    de    confianza  legítima2,   reconocido  por  esta  Corporación3      y      la      Corte  Constitucional4,   que  no  concurren  en  el  caso  analizado,  pues  la  constancia  la  dejó  inopinadamente  la empleada del juzgado,  vale  decir,  sin  que  mediara  proveído  del titular del despacho que así lo  dispusiera”   (subrayas   fuera   de  texto).    

          Igualmente  ha  dicho  la  Corporación (CSJ AP796. 26 feb. 2014. En  sentido similar auto del 28 de agosto de 2013. Rad. 41759):   

“Es que, bien se  sabe,  las  leyes de procedimiento, esto es, las relativas a la sustanciación y  ritualidad  de  los juicios, son de orden público y de imperativa observación;  los  términos legales ‘son  de  riguroso  cumplimiento  …  no  puede dejarse su  aplicación  al  arbitrio de los empleados o funcionarios judiciales’,   porque   si   tal  situación  se  permitiera  ‘desaparecería  la  seguridad  jurídica  que  de ellos dimana, quedando sujeto el proceso a las  interpretaciones  caprichosas  de  quienes  en  un  momento dado deben darles su  curso  en  las actuaciones encomendadas’,   (Auto   de   febrero  16  de  2011,  rad.  No.35564)” (subrayas fuera de texto).    

          Como  viene  de  verse,  es palmario que el recurrente se opone a la  tesis  que  sobre el ámbito y alcance de las constancias secretariales tiene la  Sala,  sin  ofrecer argumentos diversos que inviten a la Corte a ocuparse de una  temática suficientemente dilucidada.   

          Además,   en   punto   de  la  trascendencia  de  la  incorrección  denunciada,  el  defensor se queda en la simple especulación en cuanto atañe a  suponer   que   si  la  Fiscalía  de  segundo  grado  hubiera  conocido  de  la  impugnación  interpuesta  por  la defensa de su procurado, habría precluido la  investigación,  cuando  lo  cierto es que para aquél momento fue confirmada la  acusación contra los demás procesados.   

          En tales condiciones, el cargo debe ser inadmitido.   

Con    relación    al    segundo   reparo  en  el  cual  el  censor  postula  un  error  de  hecho  derivado  de  falso  raciocinio, oportuno resulta  señalar  que  tal  yerro  tiene lugar cuando las pruebas son tenidas en cuenta,  pero  en  su  valoración  los  funcionarios  quebrantan  las  reglas de la sana  crítica,  esto  es, los principios de la lógica, las leyes de la ciencia y las  máximas  de  la  experiencia,  caso en el cual es deber del recurrente expresar  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué se infirió de él en la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo otorgado, determinar el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  cuyo  contenido   fue   desconocido  en  el  fallo,  debiendo   a   la   par   indicar   su   consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del yerro  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de acreditar que su enmienda da lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  actividad que en este asunto no acometió el actor.   

         Por  el  contrario,  observa  la  Sala  que  el defensor procedió a  plasmar   su   personal   parecer,   pues  pese  a  reconocer  que  JUAN  DAVID  PINZÓN  firmó unas actas en  las  que  se  dan  por  culminadas  las obras, sin ser ello cierto, acto seguido  reconoce  que  a él no le constaba eso, en cuanto no pudo ingresar a los sitios  para  verificar  si  en  verdad  las  obras  habían sido terminadas, proceder a  partir   del   cual   concluye,   sin   más,  que  se  trata  de  una  conducta  culposa.   

Olvida   también   al   casacionista  que  Jesús  María Carrillo Ortiz  fue  claro  al  manifestar  que “lo único que firmé  fue  una  orden  de  trabajo  y yo la plata que recibí era un cheque por cuatro  millones  de  pesos y de esos cuatro millones se pagaron ochenta mil pesos en la  Tesorería,  eso  si toca depositar para poder retirar el cheque y el cheque fui  y  lo  descambié  en el Banco Popular de Málaga y le  di  la  plata  a  GILBERTO  JAIMES  para que fuera a comprar el material para el  arreglo  de  la  escuela  y el puesto de salud de la vereda de Lucusguta de este  municipio”,  amén  de  estar  acreditado que en los  meses  de  marzo  y  abril  las  obras  no habían comenzado, pues finalmente se  efectuaron en el mes de junio de 2000.   

          De  lo  expuesto se concluye sin dificultad que el acta de recibo de  obra   fue   firmada  por  PINZÓN  OLEJUA,  antes  de  comenzar las obras, circunstancia que deja sin piso la  argumentación   del   recurrente,  y  excluye  la  presencia  de  error  en  su  actuar.   

          Adicionalmente  se  observa  que  sin  mayor explicación, el censor  afirma    que    en    forma    indebida    se    aplicó   el   “principio    necesidad   –  causalidad”, y debió tenerse en cuenta  el       principio      “causa      –efecto”,  sin  articular  dichos  postulados a los principios de la lógica, de manera que  su  argumentación  resulta ayuna de acreditación en punto del falso raciocinio  postulado.   

Como  el  recurrente plantea la necesidad de  aplicar  el  principio  in  dubio  pro reo,  se  constata que no señaló el elemento de la estructura óntica  del  delito  carente  de  acreditación,  o  cuál es la hipótesis diversa a la  probada  en  el curso de las instancias. Tampoco identificó los aspectos que en  el  ámbito  de  la materialidad del punible o la responsabilidad de su asistido  no  fueron probados más allá de toda duda, pues orientó su esfuerzo a plasmar  su  particular  ponderación  sobre  la  modalidad  de  conducta  realizada  por  DAVID    PINZÓN,    sin  acreditación  alguna  y  sin  tener  en  cuenta,  como ya se dijo, lo dicho por  Jesús  María Carrillo sobre  el particular.   

De   acuerdo   con   las   consideraciones  precedentes,  habida  cuenta  que  el  libelo  de  casación no corresponde a un  alegato  de  libre  e  informal  elaboración,  su  presentación  con  base  en  apreciaciones  imprecisas  y  sin  atenerse  a  alguna  de las reglas lógicas y  argumentativas  que  gobiernan este medio extraordinario de impugnación, impone  la  inadmisión de la demanda de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 213 de  la   Ley   600   de   2000.                 

          Finalmente  es oportuno destacar que la Corporación no observa  en el curso del diligenciamiento  o  en  la  providencia impugnada, violación de derechos o garantías, como para  que  tal  circunstancia  impusiera el ejercicio de la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el legislador en punto de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  los   libelos         casacionales  presentados por los defensores de los  procesados     HÉCTOR     PENAGOS     y  JUAN  DAVID PINZÓN OLEJUA por     las     razones    expuestas    en    las    consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Autos  22147   (01-06-2006),   25363   (05-12-2007),   25806   (04-02-2009)   y   32740  (10-03-2010), entre otros.   

2  “expectativas  razonables,  ciertas  y fundadas que  pueden  albergar  los  administrados con respecto a la estabilidad o proyección  futura   de  determinadas  situaciones  jurídicas  de  carácter  particular  y  concreto”.  Corte Constitucional sentencia T-437 de  2012.   

3 Autos  32792   (23-03-2010),  35792  (23-02-2011),  35807  (02-05-2011)   y  37785  (30-04-2013), entre otros.    

4  Sentencias  T-437  de  2012, T-1295 de 2005, T-744 de 2005 y T-538 de 1994 de la  Corte Constitucional.     

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