AP1610-2014(43326)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP1610-2014  

Radicación N° 43326.  

Aprobado acta No. 93.  

Bogotá,  D.C.,  dos  (2) de abril de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  el  recurso  de apelación  interpuesto    por    el    Fiscal   35   Delegado   ante  la  Unidad  Nacional  para  la  Justicia  y  la  Paz, contra la providencia  dictada   en   audiencia   preliminar  celebrada  el  18  de febrero del  año  en  curso  por  la  Magistrada  con  funciones  de  control  de  garantías  de  la  Sala  de Justicia y Paz del  Tribunal   Superior   de  Barranquilla  (Atlántico),  mediante  la  cual  negó la  solicitud  de aplicar las medidas cautelares de embargo, secuestro y suspensión  del     poder    dispositivo    sobre    un    bien  inmueble    denunciado  por el postulado JOVANNIS MANUEL LOBO JARAMILLO, como  de propiedad del  también  desmovilizado EULISES TAVERA  ARIAS.   

ANTECEDENTES  

1.  Dentro  del  proceso  que  en  virtud  de  la  Ley  975  de  2005  se  adelanta  en  contra  de  los     postulados    JOVANNIS    MANUEL  LOBO     JARAMILLO,     alias     “Bachiller”,     y     EULISES  TAVERA ARIAS, alias “Camilo”,   en   su   calidad   de  miembros  del Frente    Resistencia    Motilona   del  Bloque  Norte  de las Autodefensas Unidas de Colombia,  el  Fiscal 35 Delegado ante  la   Unidad  Nacional  para  la  Justicia  y  la  Paz  solicitó  la aplicación  de   las   medidas  cautelares de embargo, secuestro  y    suspensión    del    poder    dispositivo      sobre      el        bien       inmueble  con  matrícula inmobiliaria N°  191-24216,  ubicado  en  la  Calle 13 N°    14-38   del   barrio   “27   de   Marzo”  del  municipio de Pailitas (Cesar).   

De acuerdo con el certificado de libertad y  tradición  expedido   el    12     de     febrero     de    2014             por           la   Oficina  de Registro  de  Instrumentos Públicos de Chimichagua (Cesar), en  la  actualidad  el mencionado bien aparece a nombre de Jesús Antonio Cañizares  Moncada y Anacelia Rodríguez de Pérez.   

Dicho  documento  registra  una  cadena de  tradiciones  que  comienza  con  la  titularidad  del  bien  en cabeza de Carmen  Filomena     Muñoz    Meneses,    cónyuge    del  postulado  TAVERA  ARIAS, quien lo adquirió, según  lo  declarado  por el desmovilizado LOBO JARAMILLO en  diligencia  de versión libre, con dinero producto de  las  actividades ilícitas desarrolladas por el grupo  armado,    relacionadas    con    el    hurto   de  gasolina.   

2. En audiencia  preliminar  llevada  a  cabo el 18 de febrero de 2014, la Sala de Justicia y Paz  con  función  de  control  de  garantías del Tribunal Superior de Barranquilla  (Atlántico)  negó  la petición de cautelar el bien  en comento.   

LA DECISIÓN DEL TRIBUNAL  

Como  punto  de  partida, la Magistrada de  control  de  garantías  advierte que si bien se estableció que el inmueble que  se  pretende  asegurar  fue  denunciado  por  el  postulado JOVANNIS MANUEL LOBO  JARAMILLO  como de propiedad del también desmovilizado EULISES TAVERA ARIAS, se  constató  que  en  el  folio  de  matrícula  inmobiliaria  y  en  otras piezas  aportadas  por  el fiscal solicitante, en la actualidad el mismo se encuentra en  manos  de un tercero que no fue vinculado al procedimiento. Por ello, anuncia un  análisis  minucioso  a  efectos  de determinar si bajo tales condiciones, dicho  bien es pasible de extinción de dominio en Justicia y Paz.   

Así  las cosas, diserta ampliamente sobre  la   figura,   haciendo   especial   énfasis   en  sus  diferencias   con   la   extinción  de  dominio  ordinaria –prevista  en  la  Ley  792 de 2003-, la  normatividad  vigente,  la jurisprudencia sobre la materia, sus características  particulares,  su  propósito  y  fundamento,  la naturaleza de los  bienes  objeto  de  la  misma,  los  sujetos  pasivos,  y el trámite en el cual  “se    prevé    la    adopción    de   medidas  cautelares  al  inicio del procedimiento   y  una  oportunidad  procesal  para  la  contradicción de los  afectados”.   

Respecto   de   la   última  temática,  destaca lo concerniente a  la     intervención     de     los     terceros,    señalando    que   su  ejercicio  se  encuentra  limitado  temporalmente  y  requiere     una  importante   actividad  probatoria     para  acreditar          su         condición     de     adquirente     o  poseedor   de  buena  fe  calificada.  En  esa  medida,   precisa,   si  bien  las  medidas  cautelares  son  provisionales,  su  decreto  sólo  procede  cuando  exista  una inferencia razonable sustentada en la labor probatoria de la  Fiscalía,   con   la   cual   convenza   “que  se  trate  de  bienes  del  postulado  o  del grupo, o de bienes adquiridos aprovechado (sic) la ilicitud de  sus     actos     o     con     el    propósito    de    encubrirla”, examen que se torna más exigente  en el caso de bienes titulados a nombre de terceros.   

Todo  lo  anterior  como  preámbulo  para  anunciar   que  en  el  presente  asunto  no  se cumplen los presupuestos para  ordenar   la   medida  cautelar deprecada por el  fiscal,  quien  sin  aportar  prueba  que permita inferir el dominio o posesión  actual  del  postulado  sobre  el  bien,  apenas  fundamenta  la petición en lo  declarado  en  las versiones libres, en el sentido de que el mismo fue adquirido  de  forma  ilícita,  carácter  que  no  deja  de  ostentar por el hecho que se  realicen múltiples transacciones posteriores.   

Para  el Tribunal, aunque en algunos casos  no   puede  desconocerse  la  existencia  de  transacciones  simuladas  y  otras  artimañas  para  distraer  los  bienes  de las autoridades, es lo cierto que en  éste  caso no es esa la  situación  que  se  presenta, puesto que el ente instructor no aportó medio de  convicción  alguno que permita inferir un posible testaferrato por parte de los  actuales  titulares. Por el contrario, de la breve deponencia rendida por uno de  ellos,   Jesús   Antonio  Cañizares  Moncada,  se  vislumbra  una  compraventa  convencional, sin atisbos de ilegalidad.   

Tampoco  de  las  declaraciones  de  los  desmovilizados    se  desprende  la existencia de un derecho real, pues, ni  siquiera  hubo  un ofrecimiento voluntario del bien, sino una denuncia por parte  de  uno  de  ellos, LOBO JARAMILLO, quien hizo saber que con dinero producto del  accionar  delictivo  del grupo, adquirió el inmueble TAVERA ARIAS, el cual a su  turno  reconoce  que  lo  compró,  construyó  y  vendió  por intermedio de su  compañera    sentimental,    desconociendo    las  negociaciones posteriores.   

En   suma,   estima   el   A      quo     que     la  medida pedida no es procedente,  toda  vez  que  no se aportó  prueba    mínima    que    permita    inferir    razonablemente,   “ni        un       convencimiento       provisional”,  de  que  el  bien  sea  de  titularidad  real  o  aparente  del postulado.  Y  si bien es cierto que para efectos  de  extinción  de  dominio  es  viable  cautelar  bienes  que  inicialmente  se  obtuvieron    por    el    accionar    ilegal    y  luego   se   transfirieron   e   incorporaron   al  patrimonio  de  terceras  personas, la ley y la jurisprudencia enseñan que en  estos  casos  “corresponderá  al  titular  que se  oponga  demostrar  que  actuó  con buena fe exenta de culpa para asegurar de la  licitud  de  su transacción”, insistiendo, en todo  caso,           que          “para    efecto    de    las    medidas  cautelares  es  preciso  contar  con un prontuario  probatorio que permita   al   menos  una  inferencia  razonable    y   que  justifique   la   inversión  de  la  carga  de  la  prueba”.   

Descarta,  por consiguiente, que por el solo  hecho  de un bien haber pertenecido al procesado en el pasado, su actual titular  esté  obligado  a  gestionar  jurídicamente  un incidente probando su buena fe  cualificada,  so  pena de extinguir su dominio; ello, agrega, le implicaría una  carga  probatoria  exigente  y  desconocería  que  son los postulados, y no los  terceros,  los  que  tienen la obligación de entregar sus bienes y contribuir a  la reparación de las víctimas.   

Para  terminar,  indica que en tanto el bien  denunciado  ya  salió de la esfera del desmovilizado, sobra cualquier análisis  adicional sobre su vocación reparatoria.   

Negada  en  los  anteriores  términos  la  deprecación  del  representante  de  la  Fiscalía,  el  mismo  sujeto procesal  interpuso  oportunamente  el  recurso ordinario de apelación, el cual sustentó  en   la   audiencia   de   argumentación   oral  celebrada  el  25  de  febrero  siguiente.   

LA IMPUGNACIÓN  

1.  En  primer  lugar,  el fiscal recurrente  solicita  a la Corte que revoque el auto del Tribunal, con el fin de no crear un  precedente  que  aprovecharían los avivatos, quienes se valdrían de una cadena  de   tradiciones   para   lograr   que   un   bien   de  origen  ilícito  pueda  sanearse.   

En orden a fundamentar su reproche, recuerda  cuáles  son  las  obligaciones  que  asumen  los  postulados, los requisitos de  elegibilidad  y  los  derechos  inalienables  de las víctimas, entre los cuales  destaca  la  de reparación integral, que comprende las acciones tendientes a la  restitución,  indemnización,  rehabilitación, satisfacción y garantía de no  repetición.  De  ahí  que  el  desmovilizado  deba  entregar  todos los bienes  producto  de  su actividad ilegal sin excepciones, como primer llamado a cumplir  con  esa  obligación,  incluso  proveyendo  al  Fondo de Reparación los bienes  lícitos  e  ilícitos,  so  pena  de  ser  excluido  de  la  lista, caso tal de  demostrarse que obró dolosa o maliciosamente.   

En  este  caso,  concreta  el  apelante,  el  procesado  JOVANNIS  MANUEL  LOBO  JARAMILLO reconoció en versión libre que el  bien  cuyo  aseguramiento  deprecó,  fue  adquirido  con  dinero producto de la  actividad  ilícita  derivada  del  hurto  de  gasolina,  desplegada por EULISES  TAVERA  ARIAS,  quien  lo corroboró, aclarando que lo escrituró a nombre de su  compañera   Carmen   Muñoz,   la   cual   conocía   su   pertenencia   a  las  autodefensas.   

Por  lo anterior, estima que no se cuestiona  el  hecho  que  dicho  inmueble fue obtenido con dinero de procedencia ilícita,  motivo  por  el  cual  está  llamado a ser objeto de extinción de dominio para  efectos   de   reparación,   recayendo   en  la  Fiscalía  la  obligación  de  perseguirlos  y solicitar las medidas cautelares, bajo el supuesto de que por su  origen   no   le   pertenecen   a   su   titular   y   su  entrega  implica  una  devolución.   

Así,  tras  hacer  referencias  bíblicas y  aludir   a   la  teoría  del  árbol  envenenado,  el  representante  del  ente  investigador  afirma  que  un  bien  adquirido  en esas condiciones no puede ser  reconocido  como  fuente  legítima  de  propiedad,  toda vez que la protección  constitucional  prevista  en  el  artículo 58 de la Carta recae sobre bienes de  origen  lícito,  calidad  que  no  ostenta el obtenido por el postulado en este  evento,   pues,   lo   consiguió  durante  su  vinculación  al  grupo  ilegal,  enriqueciéndose  ilícitamente  con  dineros espurios, al margen de que lo haya  puesto  a  nombre  su  esposa.  Nunca,  enfatiza,  se  consolidó  el derecho de  propiedad,  ya  que  el  dominio apenas fue aparente y como no es susceptible de  saneamiento,  en  manos de quien esté el Estado debe desvirtuarlo para declarar  la pérdida del derecho.   

En soporte de sus asertos, el impugnante cita  jurisprudencia  de  esta  Sala  y la Corte Constitucional sobre la materia, como  antesala  para  referirse  al instituto de la extinción de dominio, su objeto y  procedencia,  destacando que los bienes pueden perseguirse independientemente de  a  nombre  de quién aparezcan, es decir, testaferros, herederos o ligados a una  cadena  de  tradiciones,  salvo  que  se trate de terceros de buena fe exenta de  culpa que no conocían su origen ilícito.   

En  el  mismo  orden  de  ideas,  enuncia el  principio  acorde  con  el  cual “nadie puede sacar  provecho  de  su propio dolo o fraude”, con el fin de  insistir  en  que  en este caso estamos ante un bien de procedencia ilícita que  obliga  a  la  Fiscalía  a acudir a la judicatura para deprecar su afectación,  teniendo  como  norte  que  si  está en discusión, debe sacarse del comercio a  través de una medida cautelar que es de carácter provisional.   

En  refuerzo  de  lo  alegado,  exalta  el  “valor  probatorio  del  ofrecimiento”  del  desmovilizado,  añadiendo  que la presencia de nombres de  terceros  en  la cadena de tradiciones no impide cautelar el bien, ya que en los  siguientes  estancos  procesales  cuenta  con  herramientas para hacer valer sus  derechos  y enervar la pretensión extintiva, pues, su derecho al debido proceso  está garantizado en los trámites incidentales.   

La  Fiscalía,  agrega, confrontará a quien  tenga  mejor  derecho  y  si  salen  airosos  los terceros de buena fe exenta de  culpa,  no  procederá  la  extinción,  dado  que, no todo bien cautelado será  extinguido,  como  no  toda  persona en detención preventiva resulta condenada.  Por  ello,  se equivoca la Sala de Justicia y Paz al descartar que la pareja que  actualmente  aparece  como  titular  del  inmueble  no tiene ninguna relación o  conocimiento  con el postulado, ya que ese deber ser, precisamente, el resultado  del  incidente  respectivo,  pues,  es  apenas  una  hipótesis  que  no  se  ha  acreditado.   

La población de Pailitas, hace saber, era un  foco  de  violencia, en donde todos conocían el actuar de las autodefensas, asi  como  que  la  casa  en  discusión  fue  construida  por  uno  de sus miembros;  entonces,  el conocimiento público del conflicto imponía extrema diligencia en  la  celebración  de las transacciones, tal como lo impone el artículo 1502 del  Código  Civil,  dado  que,  aquí  lo  evidenciado es que cualquiera del común  habría  dudado,  sobre  todo si en la cadena de transacciones aparece el nombre  de  la  esposa  de un paramilitar y que éste “tras  bambalinas” era el real propietario.   

Para  finalizar,  reitera  a la Corporación  petición  de  revocar la providencia apelada, decretando las medidas cautelares  deprecadas   en   favor   de  las  víctimas  y  su  derecho  a  la  reparación  integral.   

2. Surtido el traslado a los no recurrentes,  el  representante  del  Fondo para la Reparación de las Víctimas se abstuvo de  intervenir.   

Cosa  diferente ocurrió con el delegado del  Ministerio  Público,  quien  pidió  a  la Corte la confirmación del proveído  impugnado.   

Al  efecto,  el representante de la sociedad  señaló  que  los bienes a cautelar deben llegar libres de cuestionamientos, en  aras a proteger los derechos de las partes y terceros de buena fe.   

En el presente asunto, explica, con el folio  de  matrícula  inmobiliaria  se  constató  que en la actualidad el inmueble se  encuentra  en  manos  de  un tercero -que no se vinculó al procedimiento-, como  resultado  de  una  cadena de transacciones que al menos en apariencia determina  que  el  bien  fue  sacado  del  dominio  del  postulado. De ahí que acertó la  Magistrada  A  quo  cuando  demandó  del  fiscal elementos de juicio, con el objeto de garantizar el debido  proceso   e   inferir   razonablemente   que   se  pueden  adoptar  las  medidas  solicitadas.   

De  igual  forma,  aunque se reportaron tres  ventas  sucesivas hasta quedar en cabeza de los actuales titulares, el fiscal no  aportó   suficientes   elementos   materiales   probatorios  sobre  un  posible  testaferrato  o negocio simulado, pues, por el contrario, de lo declarado por el  último  de  ellos  se  vislumbra  una  compraventa  convencional sin atisbos de  ilegalidad.   

No  obstante  lo  anterior, considera que la  Fiscalía  puede  acudir  nuevamente  a la judicatura para buscar garantizar los  derechos  de  la  víctima,  pero  no  imponiéndole  una carga al ciudadano del  común que obró de buena fe.   

Así,  tras  disertar  brevemente  sobre  el  citado  principio  y  los  pilares  del  Estado Social de Derecho, el Procurador  delegado  insiste en la confirmación del auto atacado, bajo el entendido de que  deben  allegarse  elementos  juiciosos  que determinen la posibilidad de aplicar  las medidas cautelares invocadas.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

De acuerdo con lo regulado en el parágrafo  1°  del  artículo  26  de la Ley 975 de 2005, modificado por el canon 27 de la  Ley   1592   de   2012,   en  concordancia  con  el  artículo  68  Ibídem  y  con  el  numeral  3°  del  artículo  32  de  la  Ley 906 de 2004, la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia es  competente  para  desatar  el  recurso de apelación  promovido  en  contra  del       auto  proferido          por          la        Magistrada   con   función   de   control   de  garantías de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal  Superior  de  Barranquilla  (Atlántico),              mediante el  cual   se  abstuvo  de  aplicar  medidas  cautelares  sobre un bien inmueble.   

En   concreto,  negó  la  petición  de  embargo,   secuestro   y   suspensión   del  poder  dispositivo  del dominio  deprecada  por  el  Fiscal  35  Delegado ante la  Unidad   Nacional  de  Justicia  y  Paz,   sobre   el   bien  con  matrícula  inmobiliaria  N°  191-24216,  ubicado  en  la  Calle  13  N°  14-38 del barrio  “27  de  Marzo”  del  municipio  de  Pailitas  (Cesar),  argumentando  que  dicho  sujeto procesal no aportó elementos de juicio  suficientes     que  permitieran   inferir   razonablemente  que  la  citada  propiedad  continúa  en  la  esfera  del  dominio  del postulado  EULISES  TAVERA  ARIAS, asi como que  sus  actuales  propietarios  conocían  su  procedencia  ilícita,  es decir, no  logró  desvirtuar  que  las  personas  que  hoy  día  aparecen  inscritos como  titulares  de la  misma,  actuaron de buena fe exenta de culpa.   

El  fiscal del caso, por su parte, insiste  en  que  el  origen  ilícito  del bien -lo  cual  no  se  discute-,  faculta  la  solicitud  de  medidas cautelares, ya que el mismo  está  llamado  a  la  extinción  del  dominio  con  el  fin de contribuir a la  reparación  de  las  víctimas.  Aduce  que en tales  condiciones,  la  ilegalidad  del inmueble no puede sanearse por el simple hecho  que  se  haya transferido  sucesivamente    a    otras    personas,    sobre   todo   porque   esos  terceros  que  pudieren resultar  afectados,  tienen  la  posibilidad  de  ejercer  plenamente el contradictorio en el respectivo trámite incidental.   

Planteado así el problema jurídico, para  la   resolución   del  mismo  la  Sala  adoptará  la  siguiente  metodología:  reiterará,  en  primer  lugar,  lo  que  pacíficamente ha sostenido acerca del  régimen  de  bienes  en  Justicia  y  Paz, la aplicación de medidas cautelares y la intervención de los  terceros, para seguidamente abordar el estudio del caso concreto.   

2.    La  jurisprudencia   de   la  Corte  sobre  el  régimen  de bienes en Justicia y Paz, la aplicación    de    medidas    cautelares    y   la   intervención    de   los   terceros.   

Acerca  de  la  temática  propuesta, esta  Corporación  realizó  un exhaustivo estudio en el auto CSJ AP, 28 agosto 2013,  Rad.  41719,  sobre el cual se recaba ahora, no solo  porque  continúa vigente, sino también por       lo       útil   y  pertinente  que  resulta  en  la resolución del presente asunto.   

En  efecto, en esa oportunidad se recordó  que  ya  la  Sala,  en  auto  del  19  de  abril  de  20131,  se  pronunció  en  relación con la  regulación  de los procedimientos a surtir sobre los  bienes  que  pueden  y  deben ingresar al trámite de  Justicia  y Paz,  frente  a  la   reforma   introducida   por        la       Ley          1592   de 2012.   

Así, se destacó que el artículo 15 de la  última  normatividad, a través del cual se introdujo el artículo 17A a la Ley  975  de  2005,  definió  que  los  bienes que deben incluirse en el trámite de  Justicia  y Paz “son los  susceptibles    de    extinción   de   dominio”,  cuya  declaratoria debe hacerse en la sentencia, tal  como  lo  prevé  el  artículo  24  de la última normatividad. La norma es del  siguiente tenor:   

“Artículo  17A.    Bienes    objeto    de    extinción    de  dominio.   Los   bienes   entregados,  ofrecidos  o  denunciados  por los postulados para contribuir a la reparación integral de las  víctimas,  así  como  aquellos  identificados  por  la Fiscalía General de la  Nación   en  el  curso  de  las  investigaciones,  podrán  ser  cautelados  de  conformidad  con  el  procedimiento dispuesto en el artículo 17B de la presente  ley, para efectos de extinción de dominio.   

Parágrafo  1º.  Se  podrá  extinguir el  derecho  de  dominio de los bienes, aunque sean objeto de sucesión por causa de  muerte   o   su   titularidad   esté   en   cabeza  de  los  herederos  de  los  postulados.   

Parágrafo  2º.  La extinción de dominio  recaerá  sobre  los  derechos  reales principales y accesorios que tengan bien,  así      como      sobre      sus     frutos     y     rendimientos”.   

Por lo tanto, de acuerdo con el precepto,  los  bienes  destinados  a  la  extinción  de  dominio  dentro  del trámite de  Justicia y Paz, son:   

i)   Los  entregados,  ofrecidos  o  denunciados  por  los postulados para contribuir a la  reparación integral de las víctimas y,   

ii)   Los  identificados por la Fiscalía General de la Nación  en  el  curso  de  las  investigaciones,  siempre  que  tengan  la  vocación de  contribuir  a  la reparación de las víctimas y puedan ser objeto de extinción  de dominio en la sentencia de justicia transicional.   

Sobre dichos bienes, dijo la Corte,  además  de  que  deben  tener  vocación   reparadora   en   los   términos  del  artículo  11C  ibídem,    proceden   las   medidas  cautelares  de  embargo,  secuestro  o  suspensión  del  poder  dispositivo  de  dominio,  establecidas  en  el  artículo 17B, adicionado a la Ley de Justicia y  Paz  por  el  artículo 16 de la Ley 1592 de 2012, así como las demás cautelas  previstas  en  el ordenamiento jurídico nacional que garanticen el cumplimiento  de la sentencia y la reparación de las víctimas.   

Partiendo  de  esa  base, la Sala  advirtió que la modificación a  la  Ley  de  Justicia  y  Paz  en materia de bienes, advertía la posibilidad de  las     siguientes  eventualidades  que  pueden  suscitarse  en  esa materia, las cuales identificó  así:   

     

a. Se  presente  solicitud  de  restitución  de un bien cautelado en  Justicia y Paz por personas que alegan el despojo del bien.     

En  esta hipótesis, dijo la Corporación, se procede conforme a lo  estipulado   en   el   parágrafo   2   del   artículo   17B,   del   siguiente  tenor:   

“Parágrafo  2°.  Cuando  la  medida  cautelar se decrete sobre  bienes respecto de los  cuales  con  posterioridad se eleve solicitud de restitución, tales bienes y la  solicitud   de   restitución   serán   transferidos  al  Fondo  de  la  Unidad  Administrativa  Especial de Gestión de Restitución de Tierras Despojadas, para  efectos  de  su  trámite a través de los procedimientos establecidos en la Ley  1448  de  2011  y  su  normatividad  complementaria, sin que se requiera el  levantamiento  de  la  medida  cautelar por parte de la magistratura”.   

De  allí que,  “cuando un bien ha sido sometido a medida cautelar  dentro  del  trámite  de  Justicia  y  Paz  en  tanto fue entregado, ofrecido o  denunciado  por  el  postulado  para contribuir a la reparación integral de las  víctimas  o  fue  identificado por la Fiscalía General de la Nación como bien  con  vocación  de  contribuir  a ese objetivo, y con  posterioridad  a  la  cautela  se  presenta  petición de restitución del bien,  el   Magistrado   de  Control  de  Garantías,  por  disposición  legal,  debe  enviar la solicitud a Unidad Administrativa Especial  de  Gestión  de  Restitución  de  Tierras  Despojadas  donde se adelantará el  trámite  previsto en la Ley 1448 de 2011”2         (se    ha    destacado).   

     

a. Se  presenta  oposición  a  la  medida  cautelar por terceros que  alegan buena fe exenta de culpa.     

En  tal eventualidad, advirtió la Corte,  se  procede  acorde  con  lo  establecido  en  el  artículo  17C, del siguiente  tenor:   

“Articulo    17C.    Incidente    de   oposición   de   terceros   a   la  medida  cautelar. En los casos en  que  haya  terceros  que  se  consideren   de  buena fe exenta de culpa con  derechos  sobre  los  bienes cautelados para efectos de extinción de dominio en  virtud  del  artículo 17B, el magistrado con función de control de garantías,  a  instancia  del  interesado,  dispondrá  el  trámite  de un incidente que se  desarrollara así:   

Presentada  la  solicitud  por  parte del  interesado,  en  cualquier  tiempo  hasta  antes  de  iniciarse  la  audiencia  concentrada  de  formulación  y  aceptación  de  cargos,  el  magistrado  con  función  de  control  de  garantías  convocará  a una audiencia dentro de los  cinco  (5)  días  siguientes en la cual el solicitante aportara las pruebas que  pretenda  hacer  valer  y  cuyo  traslado se dará a la Fiscalía y a los demás  intervinientes   por  un  término  de 5 días hábiles para que ejerzan el  derecho  de contradicción. Vencido este  término  el  Magistrado decidirá el incidente y dispondrá las  medidas a que haya lugar.   

Si la decisión del incidente  fuere  favorable  al  interesado,  el  magistrado  ordenará  el  levantamiento  de  la  medida   cautelar.  En  caso   contrario,   el   trámite  de  extinción   de   dominio   continuará   su   curso  y  la  decisión  será  parte  de  la  sentencia  que  ponga  fin  al proceso de Justicia y  Paz.   

Este  incidente  no suspende el curso del  proceso”.   

Es  evidente,  por  tanto,  que  los  dos  preceptos  trascritos regulan supuestos fácticos diversos, pues mientras que el  parágrafo  2  del  artículo 17B reglamenta los casos donde se aduce el despojo  del  bien, el artículo 17C atiende los eventos donde se señala su adquisición  de buena fe exenta de culpa, fenómeno diferente a la usurpación.   

En   esa  ocasión,  bajo  el  entendido de que se aducía esta  última  eventualidad  se  señaló que ninguna duda  existía  de  que  era la Magistratura de Control de  Garantías,  la competente para tramitar el incidente respectivo, conforme a las  pautas indicadas en la norma transcrita, como en efecto se hizo.   

También  se  dejó   claro   que   a  través  de  ese trámite incidental, que se inició  con  un  único propósito de obtener el levantamiento de las medidas cautelares  por  parte  del  tercero  que  alega buena fe exenta de culpa, no pueden tomarse  decisiones  definitivas  sobre los bienes objeto del mismo, pues de no prosperar  la  objeción  u  oposición,  lo  que  procede  sobre  ellos es la extinción   de   dominio   para  que  ingresen  en  forma  definitiva  al Fondo de Reparación de Víctimas, decisión  que  sólo  es posible de verificar en la sentencia, como lo ordena el artículo  24  de  la  Ley  975 de 2005, modificado por el 25 de la Ley 1592 de 2012, cuyos  apartes pertinentes son del siguiente tenor:   

“Artículo 24.Contenido de la sentencia.  De   acuerdo  con  los  criterios  establecidos  en  la  ley,  en  la  sentencia  condenatoria  se  fijarán la pena principal y las accesorias. Adicionalmente se  incluirán  la  pena alternativa prevista en la presente ley; la declaratoria de  extinción   del  derecho  de  dominio  sobre  los  bienes  destinados  para  la  reparación,  así  como  sobre  sus  frutos  y  rendimientos;  la  acumulación  jurídica  de penas; la obligación del condenado de participar en el proceso de  reintegración  de  que  trata  el  artículo  66  de la presente ley una vez se  encuentre  en  libertad;  las  circunstancias previstas en el artículo 25 de la  presente  ley,  así  como  los  compromisos que debe asumir el condenado por el  tiempo   que   disponga  la  sala  de  conocimiento  (….)”.   

De acuerdo con el precepto, se reitera, la  decisión  definitiva  de  extinción  de  dominio  sobre los bienes  respecto  de  los  cuales  no  se ha  alegado  un despojo ilegal, debe tomarse en la sentencia, como ha sido reiterado  por    la    Sala    en    varias   oportunidades3, entre ellas, en el auto del  10 de abril de 2013, donde se reafirma que:   

«(…)  el   artículo   17C   establece  el  procedimiento  incidental   que  debe  seguirse  cuando  hay  oposición  de  terceros  que  se  consideren  de buena fe exenta de culpa con derechos sobre los bienes cautelados  para  extinción  de  dominio en virtud de lo dispuesto en el artículo 17B. Con  dicha  finalidad,  el  interesado  podrá  presentar  la  solicitud en cualquier  tiempo  hasta  antes  de  iniciarse  la  audiencia concentrada de formulación y  aceptación de cargos.   

Si  la  decisión  del  incidente  fuere  favorable  al  interesado,  el  magistrado de control de garantías ordenará el  levantamiento   de  la  medida  cautelar.  En  caso  contrario  el  trámite  de  extinción  de  dominio  continuará  su  curso y la decisión será parte de la  sentencia  que  ponga  fin  al  respectivo  proceso  de justicia y paz…».   

De    esa    manera,    no    pueden  confundirse  las  medidas  encaminadas  a obtener la  “restitución” de los  bienes  cuando  estos  han  sido  objeto  de  despojo  ilegal,  con  las medidas  cautelares   decretadas   con  fines  de  extinción  de  dominio  sobre  bienes  adquiridos  con  el producto de las actividades ilegales, por las organizaciones  armadas  al  margen  de  la  ley,  y  ofrecidos  por  los  postulados para fines  resarcitorios,  o  identificados por la Fiscalía en los términos del artículo  17A de la Ley 975 de 2005.   

Entre    las    últimas   se   encuentran  las  de  embargo,  secuestro  o  suspensión  del  poder dispositivo de  dominio  y  las  demás cautelas previstas en el ordenamiento jurídico nacional  que  garanticen  el  cumplimiento  de  la  sentencia  y  la  reparación  de las  víctimas,   las   cuales,  por  su  naturaleza,  se  califican      de      instrumentales,  en  tanto  que por sí mismas no tienen razón de ser, sino que  surgen      en      función      de      un     proceso,     y     provisionales, por cuanto como máximo  perdurarán   lo   que   subsista   el   proceso   al  cual  acceden4.   

En cambio, entre las medidas encaminadas a  obtener      la     restitución     de  los  bienes cuando estos han sido objeto de despojo ilegal, se  encuentra          la         “cancelación  de  registros obtenidos fraudulentamente”,   prevista   en   el   artículo   66   de   la  Ley  600  de  2000   (artículo   101   de   la   Ley   906   de  2004),  cuya  adopción  procede  en  el  curso  del  proceso   “…cuando  aparezcan  demostrados  los  elementos  objetivos del tipo penal que dio lugar a la obtención de títulos de  propiedad    (…)    sobre    bienes    sujetos    a    registro…”  y  siempre  que se garanticen los derechos de los terceros de  buena  fe,  disposición que, ha dicho la Sala, puede  aplicarse  en  el trámite de Justicia y Paz, incluso  de  manera inmediata, “ante la seguridad de que, de  un  lado, se está restableciendo un legítimo derecho y, del otro, los derechos  de  terceros  de  buena  fe son insuficientes para controvertir esa necesidad de  volver    las   cosas   al   estado   anterior   al  delito”5.   

En    ese    sentido,    se  ha  precisado igualmente que la audiencia convocada para pedir  la  restitución  de  bienes  objeto  de  despojo,  corresponde a una diligencia  distinta  a la de carácter reservado prevista en el artículo 16 de la Ley 1592  de 2012 para la imposición de medidas cautelares.   

La  primera,  dijo  la  Sala,  “procura  la  realización  de  los  fines  descritos  en  el  artículo  46  de  la  Ley  975  de  2005,  según  el  cual  “[l]a  restitución implica la realización de los actos que propendan  por  la  devolución  a  la víctima a la situación anterior a la violación de  sus  derechos. Incluye el restablecimiento de la libertad, el retorno a su lugar  de  residencia  y  la  devolución  de  sus propiedades”, precepto con similar  alcance  al  consagrado  en  el  artículo  101  de  la  Ley  906  de 2004 sobre  suspensión  y  cancelación  de  registros obtenidos  fraudulentamente”6.   

La  anterior  distinción  era  necesaria  hacerla,  por cuanto ya la Corte también tiene definido que una es la posición  de  los  terceros  adquirientes  de  buena  fe  cuando se trata de una medida de  restitución  por  la  vía de la cancelación de registros fraudulentos, y otra  la  que  tienen  esos  terceros  cuando  alegan  mejor derecho en un trámite de  extinción de dominio.   

En  efecto,  en la sentencia de casación  del     21     de     noviembre     de     20127,   se  sostiene  expresa  y  claramente   que   en   virtud   del  principio  de  estirpe  constitucional  de  restablecimiento  del derecho, y sobre la base de que el delito no puede generar  derechos,  en  los  trámites  pertinentes  siempre habrá de privilegiarse a la  víctima  en  su  cometido  reparatorio,  por  ocasión  de  lo  cual  deben ser  cancelados  los  registros  y  títulos  de  terceros,  independientemente de la  condición  que  alegue  el  tercero  adquiriente  de  buena fe, situación que,  aclaró,  difiere  con  mucho y no tiene aplicación en trámites especiales del  tenor,  por  ejemplo,  de  la  acción  de  extinción  de  dominio  a  que hace  referencia la Ley 793 de 2002.   

En  estas  últimas  eventualidades,  se  reseñó,  el  procedimiento  extintivo  en  cita  tiene un objeto y finalidades  marcadamente  diferentes del proceso penal, como se advierte de solo examinar la  expedición  de  una  normativa  especial  para regular su trámite, pues lo que  allí  se  busca  es  establecer  si  un  bien  radicado  en  cabeza  de persona  determinada  tiene o no origen ilícito y, en caso afirmativo, disponer que pase  su propiedad al Estado.   

En    esa   ecuación,   propietario-Estado,  agregó  la Sala,  no  se  advierte  la  existencia  de  un  daño  concreto, ni mucho menos de una  víctima   pasible  de  reparación,  siendo esa la razón que explica que en la sentencia C-1007 del 18  de    noviembre    de   2002,   que   examinó   la  constitucionalidad   del  decreto  que  reguló  en su oportunidad la acción y  el   trámite   de   la   extinción   del  dominio,  la    Corte    Constitucional    haya    sostenido  que:   

“(…)   aunque  un  bien  haya  sido  adquirido  por  compra o permuta pero provienen directa o indirectamente, de una  actividad  ilícita,  el  tercero  adquiriente  del  mismo debe ser protegido si  demuestra  haber  obrado  con buena fe exenta de culpa y por lo tanto no tendrá  que  soportar  las  consecuencias de la extinción de  dominio”.   

Siendo claro, por tanto, que en ese examen  de  constitucionalidad  jamás  se  hizo  referencia a la ecuación víctima-tercero  adquirente  de buena,  precisamente  porque  el  procedimiento de extinción de dominio ordinario posee  una  naturaleza  y  finalidades  diferentes,  que  permiten hacer prevalecer los  derechos  del  tercero  adquirente  de buena fe, sin que se genere afectación o  daño a la víctima de un delito en concreto.   

Efectos  que,  recabó  la  Corte  en el precedente que se viene de  analizar,  necesariamente  se  modifican  cuando  de atender a las necesidades y  derechos  de  las  víctimas  se  trata,  dado  que  aquí  si operan en toda su  magnitud  los  principios  de restablecimiento del derecho y de prohibición del  delito como generador del mismo.   

Ahora  bien,  es claro que el trámite de  extinción  de  dominio que regula la Ley de Justicia y Paz difiere en mucho del  ordinario  que  regula la Ley de extinción de dominio (Ley 792 de 2002), según  se  analizó  ampliamente  por  la  Sala  en  el  auto  del  25 de mayo de 2011,  Radicado No. 35370, en el  que  se  concretaron  varias  diferencias de fondo, siendo del caso relievar las  que tienen que ver con el fin y el destino, así puntualizadas:   

“(iv). Por el  fin,  en  la  Ley  793  de  2002  la  extinción del derecho de dominio persigue  sustraerle  el  mismo  a  la persona en favor del Estado, en tanto que en la Ley  975  de  2005  la  extinción  del  dominio  tiene  un  propósito eminentemente  reparador del daño causado a las víctimas.   

(v).  Por  el  destino  de  los  bienes,  en  la  Ley  793 de 2002 se ordena en la sentencia su  tradición  a  favor  de la Nación a través del Fondo para la Rehabilitación,  Inversión  Social  y  Lucha contra el Crimen Organizado, mientras que en la Ley  975  de  2005  se  dispone  que hagan parte del Fondo para la Reparación de las  Víctimas,   ya   para   reparar  a  las  mismas  o  serles  restituidos      debido      a      su     previo     despojo”.   

Pero a pesar de esa especial connotación  que  tiene  la extinción de dominio en el proceso de  Justicia  y  Paz,  en  tanto  que  su  finalidad  es  eminentemente  reparadora  del  daño  causado a las víctimas, por lo que puede  admitirse  que  la  ecuación relacional en su objeto  varía,  toda  vez  que  no  se trata de una puja de  derechos  entre  propietario-Estado,  sino  que  involucra de manera directa los  derechos  resarcitorios  de  las víctimas de los grupos armados al margen de la  ley  desmovilizados  con  ocasión del proceso en cuestión, ello no suprime los  derechos  ni  las  garantías  procesales que asisten a los terceros de buena fe  afectados  por  las  medidas cautelares que se tomen con ese propósito, como lo  reconoció  la  Sala  en  el  auto  del  14  de  noviembre  de  20128, en el cual  se dijo que:   

«El objeto del  trámite  incidental que inicia un tercero, es demostrar que en relación con el  bien  ofrecido  por  el postulado y respecto del cual se ha decretado una medida  cautelar,   ese   tercero   tiene   un   mejor   derecho   que  no  puede  verse  afectado.   

Dado que las medidas cautelares tienden a  afectar  el  derecho  de  dominio  o  la disponibilidad sobre el mismo o bien el  derecho   de  posesión  y  sus  derivados,  el  incidente  tendrá  por  objeto  establecer  en  cabeza  del tercero un mejor derecho de propiedad o de posesión  que  debe  ser  respetado.  Así,  en  el  caso  de  la  propiedad, el incidente  apuntará  a  demostrar  que  el  derecho  radica en ese tercero, ya porque así  aparece  consignado  en  el  registro  inmobiliario, o bien por cuanto aunque el  bien  aparezca  en cabeza del postulado es en realidad de propiedad del tercero,  como  cuando  media  una simulación, o como cuando a pesar de no estar inscrito  el  acto que materializa la propiedad, existen escrituras u otros documentos que  indican   que  el  postulado  cedió  la  propiedad.  Se  buscará  entonces  el  levantamiento  de  la  medida  de  embargo  o  de  limitación o suspensión del  poder   dispositivo   sobre   el   bien».   

El  anterior criterio, agrega la Sala, es  un  claro  desarrollo  de  la  potestad  conferida  en el artículo 17C  de  la  Ley  975 de 2005, a los terceros que se consideren de  buena  fe  exenta  de  culpa,  para  oponerse  a  las medidas cautelares que les  afecta,  oposición  que  de  prosperar,  puede conducir al levantamiento de las  mismas,   independiente   de   los  derechos  resarcitorios  que  asista  a  las  víctimas.   

Ahora  bien,  si  el  objeto del trámite  incidental  se  dirige  a demostrar que en relación con el bien ofrecido por el  postulado  y  respecto  del cual se ha decretado una medida cautelar, el tercero  tiene  un  mejor  derecho  que  no  puede  verse  afectado,  el análisis de esa  situación se ha de verificar en el contexto de lo que se alega.   

Por  lo  tanto,  si lo que se busca es el  reconocimiento  de  un  mejor  derecho  derivado  de  la  condición  de tercero  adquiriente  de  buena  fe exenta de culpa, ciertamente habrá de acudirse a los  aspectos  generales que regulan esta figura, a los cuales se ha referido la Sala  en           otras           oportunidades9,  destacándose  aquí  las  siguientes particularidades.   

La presunción de buena fe no es absoluta,  pues  aunque el artículo 83 de la Constitución Política establece que ella se  presume  en todas las gestiones que adelanten los particulares y las autoridades  públicas,  es  lo cierto que tiene algunas excepciones, como en las situaciones  jurídicas  que  demandan la acreditación de que determinada acción se ajustó  o   se   desarrolló   con   buena  fe  exenta  de  culpa, como lo señaló la  Corte  Constitucional  en la Sentencia C-963 del 1°  de diciembre de 1999, que al respecto dijo:   

“En  este  orden  de  ideas, si bien es  cierto  que  la buena fe es un principio que anima y sustenta el cumplimiento de  las  relaciones entre particulares y entre éstos y los agentes estatales, no es  posible  afirmar  que con su consagración constitucional se pretenda garantizar  un  principio absoluto, ajeno a limitaciones y precisiones, o que su aplicación  no  deba  ser  contrastada  con  la  protección  de otros principios igualmente  importantes  para  la  organización  social, como el bien común o la seguridad  jurídica.  No  resulta  extraño  entonces,  que  la  formulación  general que  patrocina  a la buena fe, sea objeto de acotaciones legales específicas, en las  que  atendiendo  a la necesidad de, v.gr.,  velar  por  la garantía de derechos fundamentales de terceros,  sea  admisible establecer condicionamientos a la regla contenida en el artículo  83  C.P.  Se  trata  sin  duda,  de  concreciones que, en lugar de desconocer el  precepto  constitucional  amplio,  buscan hacerlo coherente con la totalidad del  ordenamiento  jurídico,  previendo  circunstancias en las que resulta necesario  cualificar  o ponderar la idea o convicción de estar  actuando  de  acuerdo  a  derecho,  en que resume en  últimas  la  esencia  de  la bona fides –Cfr. Artículo 84 C.P.-.   

Un claro ejemplo de estas circunstancias,  en  donde las limitaciones contribuyen a precisar coherentemente los alcances de  un  principio  general,  está en la remisión que hacen algunas disposiciones a  la  necesidad  de  comprobar que determinada acción se ajustó o se desarrolló  con buena fe exenta de culpa.   

En  estas  ocasiones resulta claro que la  garantía  general  -artículo  83  C.P.-,  recibe una connotación especial que  dice  relación  a  la  necesidad  de  desplegar,  más  allá de una actuación  honesta,  correcta,  o  apoyada  en  la  confianza,  un comportamiento exento de  error,  diligente  y  oportuno, de acuerdo con la finalidad perseguida y con los  resultados    que    se   esperan   –que  están  señalados  en  la ley-. Resulta proporcionado que en  aquellos  casos,  quien  desee justificar sus actos, o evitar la responsabilidad  que  de  ellos  se  deriva,  sea  quien tenga que dar pruebas, de su apropiada e  irreprochable conducta”.   

Esa particular exigencia fue ratificada en  la  Sentencia  C-1007  del  18  de  noviembre  de 2002, en la que al analizar la  figura  de la extinción del dominio y refiriéndose a la adquisición de bienes  por  enajenación  o  permuta,  la Corte Constitucional sostiene que existen dos  tipos   de   buena   fe,  a  saber:  (i)  la simple,  exigida  normalmente a las personas en todas sus actuaciones, es la que equivale  a    obrar    con    lealtad,    rectitud    y    honestidad;   y   (ii)       la       cualificada,  creadora  de  derecho  o exenta de culpa,  que es la que tiene la virtud de crear una realidad jurídica o  dar   por   existente   un   derecho   o   una   situación   que  realmente  no  existía.   

Sobre   esa   buena   fe   cualificada,    la    misma    Alta  Corporación    precisó    que    tiene   dos   elementos:   uno   objetivo, referente a la conciencia de  obrar  con  lealtad,  y  otro  subjetivo,  el  cual  exige  tener  la  seguridad  de  que  el  tradente es  realmente  el  propietario,  lo  cual  demanda  averiguaciones  adicionales  que  comprueban tal situación.   

Ello,  para  concluir  que  la  buena  fe  creadora de derecho es la  que  tiene  plena  aplicación  en el caso de los bienes adquiridos por compra o  permuta  y  que  provienen  directa  o indirectamente de una actividad ilícita,  evento  en  el cual el tercero adquirente debe ser protegido, si demuestra haber  obrado con buena fe exenta de culpa.   

En  concreto,  así  se  pronunció  esa  Corporación sobre el tópico:   

“La buena fe  simple,  que  equivale  a obrar con lealtad, rectitud y honestidad, es la que se  exige  normalmente a las personas en todas sus actuaciones. El Código civil, al  referirse  a la adquisición de la propiedad, la define en el artículo 768 como  la  conciencia de haberse adquirido el dominio de la  cosa   por   medios  legítimos,  exentos  de  fraude  y  de  todo  otro  vicio.  Esta buena fe se denomina  simple,  por  cuanto,  si  bien  surte efectos en el  ordenamiento  jurídico,  estos  solo  consisten  en  cierta  protección que se  otorga  a  quien  así  obra.  Es  así  que, si alguien de buena fe adquiere el  derecho  de  dominio sobre un bien cuyo titular no era el verdadero propietario,  la  ley  le  otorga  ciertas  garantías o beneficios, que si bien no alcanzan a  impedir  la  pérdida  del  derecho  si aminoran sus efectos. Tal es el caso del  poseedor  de  buena  fe  condenado  a  la  restitución del bien, quien no será  condenado  al  pago  de  los frutos producidos por la cosa (C.C. art. 964 párr.  3º);  o del poseedor de buena fe que adquiere la facultad de hacer suya la cosa  poseída (C.C. arts. 2528 y 2529).   

Además de la buena fe simple, existe una  buena  fe  con efectos superiores y por ello denominada cualificada, creadora de  derecho  o  exenta de culpa. Esta buena fe cualificada, tiene la virtud de crear  una  realidad  jurídica  o  dar  por  existente  un  derecho  o  situación que  realmente no existía.   

La   buena   fe  creadora  o  buena  fe  cualificada,  interpreta adecuadamente una máxima legada por el antiguo derecho  al     moderno:     “Error    communis    facit  jus”,  y que ha sido desarrollada en nuestro país  por   la   doctrina   desde   hace   más  de  cuarenta  años,  precisando  que  “Tal   máxima   indica  que  si  alguien  en  la  adquisición  de un derecho o de una situación comete un error o equivocación,  y  creyendo  adquirir  un  derecho  o  colocarse  en  una  situación  jurídica  protegida  por  la  ley, resulta que tal derecho o situación no existen por ser  meramente  aparentes,  normalmente y de acuerdo con lo que se dijo al exponer el  concepto  de la buena fe simple, tal derecho no resultará adquirido. Pero si el  error  o  equivocación  es  de  tal naturaleza que cualquier persona prudente y  diligente  también lo hubiera cometido, por tratarse de un derecho o situación  aparentes,  pero  en  donde  es imposible descubrir la falsedad o no existencia,  nos  encontramos  forzosamente,  ante la llamada buena fe cualificada o buena fe  exenta de toda culpa.   

Se pregunta: ¿quién ha cometido un error  semejante  debe  ser  tratado en la misma forma en que es tratado quien obra con  una  buena fe o buena fe no cualificada, o si por el contrario, habrá necesidad  de   dotar   de   efectos   jurídicos   superiores   la   buena  fe  exenta  de  culpa?.   

El  derecho antiguo al decir que un error  común  creaba derecho, pretendió gobernar con otro criterio la buena fe exenta  de  culpa.  Para  ello  se  llegó al extremo de expropiar el derecho al titular  verdadero  para  adjudicarlo  a  quien había obrado con una fe exenta de culpa,  vale  decir,  convirtió  lo  que  resulto aparente, en realidad, o lo que es lo  mismo,  el  propio orden jurídico creaba por sus propias energías el derecho o  situación    que    realmente   no   existía”10.   

Entonces se concluye que, a diferencia de  la  buena  fe  simple que exige solo una conciencia recta y honesta, la buena fe  cualificada  o  creadora de derecho exige dos elementos a saber: uno subjetivo y  otro  objetivo. El primero hace referencia a la conciencia de obrar con lealtad,  y  el  segundo  exige  tener  la  seguridad  de  que el tradente es realmente el  propietario,  lo  cual  exige  averiguaciones  adicionales  que  comprueben  tal  situación.  Es así que, la buena fe simple exige solo conciencia, mientras que  la buena fe cualificada exige conciencia y certeza.   

La  buena  fe  cualificada  o creadora de  derecho  tiene  plena aplicación en el caso de los bienes adquiridos por compra  o  permuta  y  que provienen directa o indirectamente de una actividad ilícita.  Es  así  que,  si  alguien adquiere un bien con todas las formalidades exigidas  por  la  ley  para  adquirir  la  propiedad,  y  si  ese bien proviene directa o  indirectamente  de  una  actividad  ilícita,  en principio, aquel adquirente no  recibiría  ningún  derecho pues nadie puede transmitir un derecho que no tiene  y  sería  procedente  la extinción de dominio; pero, si se actuó con buena fe  exenta  de  culpa,  dicho  tercero  puede  quedar  amparado  por el ordenamiento  jurídico  al punto de considerarse que por efecto de su buena fe cualificada se  ha  radicado  plenamente  el  derecho  de propiedad  en su cabeza, y por lo  tanto sobre tal bien no podría recaer la extinción de dominio.   

Pero, para su aplicación, en los casos en  que  se  convierte  en  real  un  derecho o situación jurídica aparentes, para  satisfacer  las  exigencias  de  buena  fe,  se  requiere el cumplimiento de los  siguientes elementos:   

a)  Que el derecho o situación jurídica  aparentes,  tenga  en  su  aspecto  exterior todas las condiciones de existencia  real,  de  manera  que cualquier persona prudente o diligente no pueda descubrir  la  verdadera  situación. La apariencia de los derechos no hace referencia a la  acreencia  subjetiva  de  una  persona,  sino  a  la objetiva o colectiva de las  gentes.  De  ahí  que  los romanos dijeran que la apariencia del derecho debía  estar  constituida de tal manera que todas las personas al examinarlo cometieran  un  error  y  creyeran  que  realmente  existía,  sin existir. Este es el error  communis, error comun a muchos.   

b)  Que  la  adquisición  del derecho se  verifique   normalmente   dentro   de  las  condiciones  exigidas  por  la  ley;  y   

c) Finalmente, se exige la concurrencia de  la  buena  fe en el adquirente, es decir, la creencia sincera y leal de adquirir  el derecho de quien es legítimo dueño”.   

En  conclusión, aunque un bien haya sido  adquirido  por compra o permuta  pero provienen directa o indirectamente de  una  actividad  ilícita,  el tercero adquirente del mismo debe ser protegido si  demuestra  haber  obrado  con buena fe exenta de culpa y por lo tanto no tendrá  que soportar las consecuencias de la extinción de dominio”.   

En  tales  condiciones, como el artículo  17C   de   la   Ley  975  de  2005,  se  refiere  a  los  derechos  de  terceros  “que   se   consideren  de  buena  fe  exenta  de  culpa”, en orden a resolver una pretensión de esa  naturaleza,  habrá  que acudirse a tales parámetros  jurisprudenciales,  con el  propósito  de  valorar  la  posición  del  tercero  frente    a    los    bienes    cuya   cautela   se  depreca.   

3. El caso concreto.  

Acorde  con el acopio jurisprudencial que  acaba  de  reseñarse,  en  el  presente  asunto  debe  partir  por señalarse   que   las   medidas  cautelares  solicitadas  por  el  representante   de  la  Fiscalía  se  ubican  en  el  segundo  de  los  eventos  analizados,  esto  es, están encaminadas  a  la  extinción  del  dominio  respecto  de  un bien       adquirido   con   el   producto  de  las  actividades  ilegales  desplegadas  por  los integrantes de la organización armada al  margen  de  la  ley, el cual se encuentra actualmente  en  poder de terceros adquirentes de buena fe exentos  de culpa.   

La  Magistrada  de  control de garantías  denegó    dicho    pedimento,    toda    vez    que    en    la    valoración  del  caso concreto tuvo en  cuenta  esa  circunstancia,  es  decir,  que  el bien cuyo aseguramiento fue impetrado aparecía a nombre  de terceras personas.   

Claro  está,  aunque  en  este evento la  decisión  no  se  dictó  en el curso de un trámite  incidental  promovido  a instancia de esos terceros,  el   Tribunal   A   quo  rechazó   la   petición   del   fiscal   delegado  en audiencia preliminar, sopesando al efecto no solo  que   los   interesados   no   habían   sido   vinculados   al   procedimiento,   sino  también  que  dicho  funcionario  no  cumplió  con  la  carga  de  aportar  suficientes elementos  materiales  probatorios  que  permitieran inferir razonablemente que el inmueble  en  comento continua en la  esfera  del  dominio  del  desmovilizado,  o  que  desvirtuaran  que aquellos obraron de buena fe exenta de  culpa.   

Así las cosas, previo a determinar si le  asiste  la  razón  o  no  a  la  Sala de Justicia y Paz, es conveniente repasar  algunas    incidencias    procesales,   asi   como  el  material   probatorio   aportado   por   el  ente  instructor,   con   miras  a  determinar  si  es  suficiente   para   respaldar   la   aplicación   de   las  medidas  cautelares  invocadas.   

En  efecto,  se tiene que con apoyo en la  Ley   975   de   2005,   por   la   “cual  se dictan disposiciones para la reincorporación de miembros  de  grupos  armados  organizados  al margen de la ley, que contribuyan de manera  efectiva  a  la  consecución de la paz nacional y se dictan otras disposiciones  para    acuerdos    humanitarios”,   la  Fiscalía  35 de la Unidad Nacional  de    Justicia   y   Paz   adelanta   la   presente  investigación   en   contra   de   JOVANNIS   MANUEL   LOBO   JARAMILLO,  alias  “Bachiller”,   y  EULISES  TAVERA  ARIAS,  alias  “Camilo”,     desmovilizados     colectivamente     del    Frente     Resistencia     Motilona  del    Bloque    Norte    de   las   Autodefensas       Unidas      de      Colombia,      quienes  en  razón  del  presente  asunto  han sido escuchados en  sendas diligencias de versión libre.   

Para   lo   que   interesa   a   este  caso   y  de  acuerdo  con  los  muy breves      fragmentos      que     de     dichas     declaraciones  allegó  el funcionario  fiscal,   se  sabe  que  fue    LOBO    JARAMILLO    quien    afirmó que la casa de habitación con  nomenclatura   Calle  3  N°  14-38  localizada  en  el  barrio  “27   de   Marzo”  del  municipio  de  Pailitas  (Cesar),  fue  adquirida  por  TAVERA ARIAS con dinero producto de las  actividades  ilegales  de  esa  organización armada,  explicando   que  el  mencionado  postulado  era  el  comandante    financiero   del   grupo  y  para  el  año  2000 se   encargaba   del   hurto   de  la  gasolina.   

TAVERA  ARIAS,  a  su turno, reconoce que  compró   un   lote  y  construyó  la  casa para habitarla con su compañera, Carmen Filomena Muñoz, a  cuyo  nombre quedó registrado el bien. Dice también que desconoce que sucedió  con  posterioridad,  ya que “no le puse atención a  papeles   ni   nada”,  aunque  sabe  sí  que  se  negoció  el  bien con un  “señor                Ciro”,    a    quien   le   pidió  $12’000.000.oo  y  le  sugirió  que  ubicara  “al   señor   Pedro  para  que  le  hiciera  los  papeles”.   

Dichos interrogatorios, por lo menos en lo  concerniente   al   bien   en  discusión,  no  podían  ser  más  deficientes,  pues,  además  de  que apenas reposan fragmentos de  ellos,  están  poblados de afirmaciones y preguntas  genéricas,  sin  que se haya indagado por particularidades relacionadas con las  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar que rodearon  las    diferentes    negociaciones    en    torno    del    inmueble.   

De    otro    lado,    las           fechas          de          las          transacciones  pueden  verificarse con  el  certificado  de libertad y tradición de la referida propiedad, expedido por  la  Oficina  de  Registro de Instrumentos Públicos de Chimichagua (Cesar) el 12  de  febrero de 2014, en el  cual constan las siguientes anotaciones:   

    

* Con   fecha   del   2   de  marzo  de  2006               aparecen: la venta  del  lote  por parte del  municipio   de   Pailitas   a   Carmen   Filomena   Muñoz   Meneses, por el valor de $81.000.oo;  la  declaración de construcción  efectuada  por  la citada  ciudadana,          por         la  suma de  $15’000.000.oo;   y   la   venta           del      inmueble      por     parte     de    la       titular      a  Pedro Rafael Robles Arce,     por    el    mismo valor.     

    

* Venta          del  bien por  parte  de  Robles Arce a Virgelina Martínez Quintero  y    Ciro    Alfonso   Vargas,   el   23        de        octubre   de   2007,  por  la cantidad  de  $2’000.000.oo. El  mismo   día,   los   compradores   limitaron   el   dominio   del  inmueble con afectación para vivienda  familiar,   la   cual   levantaron   voluntariamente   el  22  de  diciembre  de  2012.     

    

* Esa  misma  calenda,  Martínez  Quintero  y  Vargas  vendieron el  inmueble,          por          la   suma  de   $14’000.000.oo,  a  Jesús  Antonio  Cañizares  Moncada  y  Anacelia  Rodríguez    de    Pérez,    quienes aparecen como actuales titulares del mismo.     

El  investigador  de  campo adscrito a la  Fiscalía    General    de    la    Nación    comisionado   para   recaudar   y  organizar    la    documentación    atinente    a  la  mencionada  propiedad, entrevistó al  mencionado Jesús Antonio Cañizares  Moncada el 9 de julio de 2013.   

Señaló  el  declarante que tiene  su  residencia  en la     población    de    Pailitas,  concretamente  en  la  casa de habitación a que alude éste trámite, desde que  la   compró   a   Ciro   Alfonso   Vargas,   por  la  suma  de  $32’000.000.oo,  en el mes de diciembre  de  2010.  Allí  reside  con  Ana  Cecilia  Rodríguez  de  Pérez, con quien  convive en unión libre y  tiene  una  hija  de  20 años. Cuenta que tres años  atrás  fue  contratado  para hacer un trasteo a dicha morada, la cual le gustó  de  inmediato,  sobre  todo  porque  para esa época su compañera se encontraba  viviendo  en  la  lejana  población  de  San Alberto  (Cesar).   

Es  asi  como  indagó  sobre  la  posibilidad  de  comprarla,  obteniendo  respuesta positiva.  Claro  está,  aclara  que  transcurrió un año mientras vendía su casa en San  Alberto  y  cuando logró hacerlo, volvió al lugar, preguntó nuevamente por la  morada, se la dejaron ver y finalmente concretó el negocio.   

Depuso,  igualmente,  que “nunca  he escuchado hablar de alias CAMILO, ni tampoco lo escuché  nombrar  aquí,  pero  en San Alberto había un alias CAMILO que nombraban y que  al  parecer  era de las autodefensas, escuché que a ese lo mataron, pero no sé  si   será   el   mismo  que  nombran  los  señores  investigadores”.   

Apoyado en estos elementos de juicio y la  documentación  atinente  a  la identificación del bien, la Fiscalía acudió a  la  Magistratura  de  control  de  garantías  para  invocar  sobre  el mismo la  aplicación  de  las  medidas cautelares de embargo, secuestro y suspensión del  poder dispositivo del dominio.   

Con  sobradas  razones,  la judicatura se  abstuvo de decretarlas.   

Para  empezar,  el representante del ente  instructor,  tanto  en  la formulación de la petición como en la sustentación  de la alzada, incurrió en varias imprecisiones.   

En  efecto,  no es cierto, como lo aduce,  que respecto del inmueble hubo una entrega voluntaria.   

Ni  siquiera  fue  denunciado  por  quien  alguna   vez   fue   su  real  titular,  aunque  apareciese  a  nombre  de  otra  persona.   

Recuérdese que quien aludió al bien fue  el  postulado  LOBO JARAMILLO, asegurando que TAVERA ARIAS lo compró con dinero  producto  de  las actividades que desarrollaba el grupo ilegal, relacionadas con  el hurto de gasolina.   

Por su parte TAVERA ARIAS, a diferencia de  lo          aseverado          por   el  fiscal   delegado,  no  corrobora  lo  manifestado  por  su antiguo compañero de delincuencia, pues, apenas admite que adquirió el  bien  y  que  encargó  de  todo  el  “papeleo”  a su compañera sentimental, Carmen Filomena Muñoz Meneses.   

Nunca,  por lo  menos       en       los       fragmentos  de su  versión    aportados  por    la        Fiscalía,   aparece  que  TAVERA  ARIAS  haya  reconocido   que   el   bien   en   comento   haya  sido  obtenido  con  dineros  ilícitos.   

Con  ello no quiere significarse que LOBO  JARAMILLO  faltó a la verdad, pues, es probable que en efecto la propiedad haya  sido adquirida en tales condiciones.   

Sin embargo, lo que debe resaltarse aquí  es  que  no  es  cierta las afirmación del fiscal solicitante, en el sentido de  que  lo declarado por LOBO JARAMILLO fue confirmado por TAVERA ARIAS, lo cual es  necesario  enfatizar  porque  permite  manifestar  que en este evento tampoco se  presentó  la  pregonada  entrega  u ofrecimiento voluntario del citado inmueble  para efectos de reparar a las víctimas.   

Así,   además   de  que  el  supuesto  “ofrecimiento” no lo  realizó  quien  estaba llamado a hacerlo, lo sucedido en este caso no se aviene  al  concepto  que  de  la figura en comento ha decantado la jurisprudencia de la  Sala  (CSJ AP, 8 sept. 2008, Rad. 30360 y CSJ AP, 24 marzo 2010, Rad. 33257), en  estos términos:   

«El  ofrecimiento de bienes expresado por  el  postulado  debe  ser  entendido  como  una  extensión  de  la diligencia de  versión  libre,  ella  resulta creíble y constituye  prueba  sumaria  de  los  actos  de  dominio  y  posesión  que ejerce sobre los  inmuebles   relacionados   en  el  presente  asunto,  sin   que   resulte  relevante  que  los  inmuebles  aparezcan  documentalmente  como  de  propiedad  de  otras  personas11.   

Lo   anterior,  en  tanto  el   ofrecimiento   de   bienes   debe   ser   un  acto  de  plena  responsabilidad,  lleva  a  que  el  postulado asuma  todas  las  consecuencias  que  se puedan derivar de la entrega de bienes que no  puedan   ingresar   finalmente   al  Fondo  para  la  Reparación   de  Víctimas,  porque  se  encuentren  sometidos  a  otros gravámenes o limitaciones a la propiedad (hipoteca, prenda,  suspensión   del   poder   dispositivo,   embargo,  secuestro,  afectación  de  inenajenabilidad,  comiso,  etc.), se trate de bienes baldíos o sean reclamados  exitosamente  por  terceros de buena fe, por ejemplo, supuestos en los cuales el  postulado  asume  la  consecuencia  de  la  expulsión  de los beneficios que le  ofrece  la  Ley de Justicia y Paz por haberse resistido a brindar una confesión  completa             y             veraz12, y porque con tal conducta  está  demostrando  renuencia  a  la  entrega de sus bienes con el propósito de  indemnizar        a       las       víctimas13,   amén  de  la  posible  responsabilidad    por   el   delito   de   fraude  procesal».   

En este orden de ideas, el “valor   probatorio   del  ofrecimiento  del  postulado”  que  con  tanto  ahínco  pregona el fiscal recurrente, no es  tal,  habida  cuenta  que  nunca hubo una  actitud  de esa naturaleza por parte  de   TAVERA  ARIAS,  quien  ni  siquiera  reconoció  actos    de    dominio   y   posesión,   consciente   sí   de   que  el  bien  fue  enajenado,  aunque  desconociendo su suerte posterior.   

Con este panorama inicial, la solicitud de  la     Fiscalía    estaba    llamada   al  fracaso,  pues,  aunque  cumplió  con  la  obligación  de  identificar     debidamente     el    inmueble,    partió    de    una   premisa  equivocada,     al    sostener    que  hubo un ofrecimiento     voluntario    por  parte  del  desmovilizado, evento  en  el  cual,  a no dudarlo, se tornaba  expedito  el  camino para colmar su  pretensión     de     cautelar.   

Por   lo   anotado,   desconoció   el  funcionario  fiscal  que  la circunstancia de que en  este  caso  no  mediase  una  entrega  u  ofrecimiento  voluntario por parte del  postulado,  demandaba  una  mayor  labor investigativa y probatoria de      su     parte,  la  cual  se  echa  de  menos,  habida  cuenta  que  se  conformó  con  una  entrevista simple y pobre de contenido  rendida  por  el actual  titular   del  bien,  sin  preocuparse  por  ahondar  en  las  razones  por  él  esgrimidas, de las cuales se desprende su obrar de buena fe.   

Semejante    conformidad  tampoco  se  compadece con lo que la Corte ha estimado sobre la  forma    de    proceder   en   estos   casos,   en  tanto,  si  bien es cierto que ha reconocido que se  tornaría   nugatoria   la   medida   cautelar   si   a   la   Fiscalía  se  le  exigiera  un detallado  estudio  respecto de la simulación de cada predio, de su carácter de lícito o  ilícito,  o  de las circunstancias de tiempo modo y lugar en que se realizó la  tradición  del  bien o su negociación, también lo  es  que a la   Magistratura   de   control   de  garantías  se le exige  realizar  el  juicio  de  verificación  sobre  los  documentos  llevados  a  su  conocimiento,  pues, no  está   exonerada  de  hacer  dicho  análisis  con  prudencia       y      ponderación,      verificando      que      el     material     presentado   reúna  los  requisitos  mínimos   ya   mencionados   y   que   son   exigidos  por  la  ley   (CSJ   AP,   8   sept.  2008,  Radicado  30360,  anteriormente  citado).   

No  de  otra  forma  obró  el  Tribunal  A  quo,  determinando  acertadamente     que     el    precario    aporte    probatorio    aducido  por  el  representante  del  ente instructor  no permitía determinar actos de dominio de parte del postulado  sobre  el bien, como tampoco que sus actuales titulares hubiesen actuado de mala  fe,  pues,  por  el contrario, lo que se advierte en este asunto es la  existencia  de  una  compraventa  convencional, sin ningún viso de ilegalidad.   

En efecto, de acuerdo a lo consignado en  el  capítulo  precedente,  no  existe  ningún  elemento  de juicio que permita  desestimar  la  buena  fe del actual titular, Jesús Antonio Cañizares Moncada,  cuyas declaraciones no han sido desvirtuadas hasta el momento.   

Las   explicaciones  que  ofrece  para  explicar   el   por  qué  adquirió  la  propiedad  son  totalmente  creíbles.  Véase:   

Indicó que  llegó  al  bien  por  casualidad,  ya  que  fue  contratado  para  realizar   un   trasteo  con  su  camioneta,  en  una  época  en  la que su  casa  propia,  y  en  la que residía su compañera permanente,  quedaba  en  la  lejana  localidad de San Alberto. Viendo así la posibilidad de  compaginar  su  vida laboral con la familiar, preguntó si el inmueble estaba en  venta,  obteniendo respuesta afirmativa. Sin embargo, la negociación no se hizo  inmediatamente    sino    casi   un   año   después,   ya   que   para  obtener  el dinero primero tuvo  que vender su propiedad en aquella población.   

Esta sola circunstancia es indicativa de  que  no  hubo ninguna malicia de su parte, pues, si en realidad se quería hacer  algo  ilegal  o si supuestamente la finalidad era sanear la procedencia ilícita  del  bien, no habría sido necesario que sus dueños esperaran casi un año para  concretar el negocio.   

La  espera por ese lapso, además      de     que     estuvo     justificada     debido   a   que   primero   debía  vender  la  otra     propiedad     para     poder     adquirir     ésta,  denota  que  fue una compraventa convencional, como bien lo  infirió       el       A      quo.   

Ahora,  si  bien  la  influencia  de las  autodefensas  en  la  zona  era  de  público  conocimiento,  como  lo  anota el  fiscal  impugnante, no  debe  desconocerse que para la época en que Cañizares Moncada acudió al lugar  y     finalmente     adquirió     el     referido     inmueble     –en diciembre de 2010-, el proceso  de  desmovilización  de  los  miembros  de  las autodefensas había avanzado lo  suficiente  como  para  predicar  que  las  circunstancias  sociales  y de orden  público    eran  totalmente  diferentes  a  las  que  se  presentaron  para  la  época en que se  compró   el   lote,  se  construyó  la   morada   y   la   habitó   el  desmovilizado     TAVERA     ARIAS     junto     con    su    esposa.   

De  todos modos, a Cañizares Moncada no  podía  exigírsele  un  particular  conocimiento de lo ocurrido en el municipio  Pailitas,  pues,  como  él  mismo  lo  anotó  en  su deponencia, lo cual no se  desvirtuó,  apenas  reside  allí  desde  que  compró la casa, es decir, desde  diciembre de 2010.   

En  esa  medida,  no  sería  justa  ni  proporcionada  otra  de  las  exigencias  que  demanda el fiscal apelante, quien  aduce  que  Cañizares  Moncada tenía que saber que la persona que aparece como  primera   propietaria   en   el   certificado   de  registro,  Carmen  Filomena  Muñoz Meneses, era la  esposa de un reconocido paramilitar.   

Ya se explicó que para la época en que  Muñoz   Meneses   y   TAVERA   ARIAS   residieron  en  la  morada  –por  lo  menos  hasta  el año el  2006-,  Cañizares  Meneses estaba radicado en diferente municipalidad, distante  de  allí.  Además,  aunque  sí  había oído mencionar a un integrante de las  autodefensas    apodado   “Camilo”,  desconoce  si  es  el  mismo al que se refiere éste trámite,  agregando   incluso   que  oyó  decir  que  había  fallecido.   

Todo lo dicho nos permite determinar, por  lo   menos   con   base   en   los   elementos  de  convicción  que   aportó   el   representante   de   la   Fiscalía,  que  Cañizares  Moncada obró con  buena   fe   exenta  de  culpa,  la  cual,  como  se  anotó  antes,            “tiene  la  virtud  de  crear  una  realidad  jurídica  o dar por  existente  un  derecho  o  una  situación que realmente no existía”. Se  trata    de    una    buena    fe    cualificada,       que   en   palabras   de   la  Corte  Constitucional,      tiene      un     elemento  objetivo  referente  a  la  conciencia de obrar con  lealtad,    y   otro   subjetivo   que  exige  tener  la  seguridad  de que el tradente es realmente el  propietario.   

Como   es  esa  la  situación que se presenta en este caso, a  la  Corte  no  le  queda  camino  diferente  al  de confirmar la decisión de la  Magistrada   de   control   de  garantías  de  la  Sala  de  Justicia  y  Paz del Tribunal Superior de  Barranquilla,   por   medio   de   la   cual   negó   la   aplicación   de   las   medidas  cautelares  solicitadas por el fiscal investigador.   

DECISIÓN  

En  mérito  a lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,   Sala   de   Casación  Penal,   

RESUELVE  

1.  CONFIRMAR  la  decisión objeto de impugnación.   

2.  Devolver  la  actuación  a  la  Sala  de Justicia y Paz con función de control de garantías  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla, para que continúe  con el impulso del procedimiento.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Radicado No. 40617.   

2  Ibídem.   

3  Radicado No. 40836.   

4  Auto del 25 de mayo de 2011, Radicado N° 35370.   

5  Auto del 25 de mayo de 2011, Radicado No. 35370   

6  Auto del 13 de marzo de 2013, Radicado No. 38670.   

7  Radicado No. 39858.   

8  Radicado No. 40063.   

9  Sentencia de casación del 30 de mayo de 2011, Radicado No. 35675.   

10  Sentencia del 23 de junio de 1958, Corte Suprema de Justicia.   

11  Caso  en  el  cual  la  Fiscalía  General de la Nación tiene la obligación de  determinar  la  responsabilidad  penal que (por delitos tales como testaferrato,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de activos, falsedad documental, etc.) pueda  recaer en tales personas.   

12  El  artículo  17  de  la  Ley  975  de  2005  fue  declarado exequible mediante  sentencia  C-370/06 de la Corte Constitucional, en el  entendido   que   la  versión  libre  debe  ser  completa  y  veraz.   

13  Tal  comportamiento  desvirtúa  el objeto de la Ley 975 de 2005 y constituye un  grave  incumplimiento  de  los  requisitos  de  elegibilidad  previstos  en  los  artículos 10-10.2 y 11-11.5.     

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