AP1573-2015(42941)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP1573-2015  

Radicación N° 42941  

(Aprobado acta Nº 110)   

          Bogotá,   D.C.,  veinticinco  (25)  de  marzo  de  dos  mil  quince  (2015).   

          Procede  la  Sala  a  verificar  los  requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  FERNANDO       JAVIER       PORTILLA.   

H E C H O S  

          Fueron   expuestos   por   el   ad  quem  de la siguiente manera:   

“Según  informe  emanado  del  CTI de la  Fiscalía  General  de  la  Nación de junio 16 de 2006, se informa de presuntas  irregularidades   en  el  contrato  de  suministro  de  telas  destinadas  a  la  confección  de  uniformes para instituciones y centros educativos del municipio  de  Arboleda-Berruecos  (Nariño),  fechado  el  6  de mayo de 2005 por valor de  $14.296.020,   estando   involucrados   el  burgomaestre  del  municipio  señor  FERNANDO  JAVIER  PORTILLA,  los oferentes y el contratista.   

El  primer aspecto a destacar del contenido  de  la  investigación  permite  advertir que las propuestas presentadas por los  postulantes   evidencian   que  las  empresas  participantes  tenían  el  mismo  domicilio  y  correspondían  a  empresas  que  eran administradas por una misma  persona   y  su  grupo  familiar,  lo  que  se  consideró  implicaba  un  claro  favorecimiento en la adjudicación del contrato.   

Un  segundo  tópico  que  surge  de  las  pesquisas  se  refiere  al  sobrecosto  de  los  materiales  adquiridos  por  la  administración  municipal  al oferente seleccionado, deducido de la cotización  de  un  almacén  dedicado  a  la  venta  de  textiles,  donde se determinó una  diferencia  de  casi  el  doble en el valor del material adquirido, con evidente  detrimento en el patrimonio del municipio”.   

A N T E C E D E N T E S  

          1.  Culminada  la  investigación  la  Fiscalía  36 Seccional de La  Unión  (Nariño)  calificó el mérito del sumario, el 16 de julio de 2009, con  resolución   de   acusación   en   contra   de,   entre   otros,  FERNANDO  JAVIER  PORTILLA, atribuyéndole  la  calidad  de  autor  responsable  de  las  conductas punibles de peculado por  apropiación  e  interés  indebido  en la celebración de contratos (artículos  397     y     409     del     Código     Penal)1,  determinación  impugnada  y  ratificada,  el  21 de septiembre de 2010, por la Fiscalía Cuarta Delegada ante  el    Tribunal    Superior   del   Distrito   Judicial   de   Pasto.2   

          2.  Correspondieron las diligencias al Juzgado Penal del Circuito de  La  Unión  que,  luego  de  celebrar  las  audiencias  preparatoria y pública,  emitió  sentencia el 27 de mayo de 2013, absolviendo al procesado de los cargos  por   los   cuales   fue   convocado   a   juicio.3   

          3. Apelada  esta  providencia  por  la  Fiscalía,  fue revocada por el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Pasto -Sala Penal- el 9 de agosto de  2013,  en  el  sentido  de  revocar  la  absolución  proferida por el delito de  interés  indebido  en la celebración de contratos para, en su lugar, imponer a  PORTILLA   las   penas  de  cuarenta  y  ocho  (48)  meses  de  prisión,  multa  de cincuenta (50) salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  cinco  (5)  años  como  coautor responsable de dicha  ilicitud.  Le  concedió  la  prisión domiciliaria, confirmando en lo demás la  decisión       materia       de       alzada.4   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          El  defensor  de              FERNANDO    JAVIER    PORTILLA    presentó  el  recurso  extraordinario  para denunciar con amparo en  las  causales  contempladas  en el artículo 207, numerales 1º y 2º, de la Ley  600 de 2000, la comisión de las siguientes infracciones:   

          -Violación  directa  de  los  artículos 55 de la Ley 270 de 1996 y  170,  numeral  4º, de la Ley 600 de 2000, por falta de aplicación. Asegura que  el  Tribunal  no  motivó  su  decisión  porque  no  mencionó  las pruebas que  llevaron  a  concluir  la  condición  de  servidor  público  de  su prohijado,  necesaria  para  la  imputación  del injusto por el que fue condenado, de igual  modo,  al considerarlo coautor de un delito del cual no precisó la identidad de  los  demás  coautores,  ni especificar en qué consistió el acuerdo previo, la  división  del  trabajo  o  la importancia del aporte, al tenor del artículo 29  del Código Penal.   

          Luego,  en  acápite distinto, invoca la conculcación de idénticas  normas  en  la  misma modalidad, al consignarse en el fallo como hecho indicador  del  supuesto  interés indebido la creación de dos de las empresas proponentes  en  época  concomitante a la apertura de la convocatoria para contratar, ya que  no  se  dijo  a  partir  de  qué pruebas se arribó a tal premisa o por qué su  objeto social no comprendía la comercialización de textiles.   

          -Violación  directa  de  los  artículos 29 y 30 del Código Penal,  por  falta  de  aplicación.  Asevera  que  los demás vinculados al trámite, a  quienes  cobijó la ruptura de la unidad procesal, no eran servidores públicos,  de  esta  manera  no podrían ser coautores del ilícito por el que se profirió  sentencia  sino  acaso  partícipes.  Por  ende, “el  Tribunal  no podía condenar a mi representado como único coautor sin violar la  norma  invocada,  pues  la  coautoría  exige varios autores en la comisión del  delito. Nadie puede ser coautor de sí mismo”.   

          -Violación  indirecta de los artículos 409 del Código Penal, 232,  237  y  259  de  la  Ley  600  de  2000,  por error de hecho por falso juicio de  existencia.    Estima   que   la   condición   de   alcalde   de   PORTILLA,  determinante para establecer la  presencia  del  sujeto  activo  calificado exigido en el mencionado precepto, no  fue  acreditada  en  las diligencias con la credencial expedida por la comisión  escrutadora  municipal  ni con el acta de posesión respectiva, ya bien fuera en  original  o  en  copia  auténtica,  siendo  estos  los  documentos  que,  en su  criterio,  eran  los  llamados  a  probar el particular y no las referencias que  sobre el tema se realizaron en el transcurso de la actuación.   

          Así  mismo,  en  acápite ulterior, pregona que igual vicio recayó  en  el  contrato materia de investigación y juzgamiento, al haber sido aportado  en copia simple.   

          -Violación  indirecta  de  los  artículos  105 del Decreto 1260 de  1970,  409  del  Código  Penal,  237  y 286 de la Ley 600 de 2000, por error de  hecho  por  falso  juicio  de existencia. En este asunto, opina, no se demostró  interés  alguno  para  la adjudicación del contrato, catalogando insuficientes  los  hechos  indicadores  a  partir  de  los  cuales  lo  dedujo el ad  quem, puesto que, asevera, el presunto  parentesco  de  los  oferentes  debía demostrarse con su registro civil y estos  documentos  no  fueron  allegados  al expediente, sin que tenga cabida, desde su  punto  de  vista,  señalar  que  a este aspecto le es aplicable el principio de  libertad  probatoria,  porque  el mismo solo opera cuando la ley no exija prueba  especial, lo que, sostiene, aquí no ocurre.   

-Violación  indirecta de los artículos 409  del  Código Penal, 232, 238 y 284 de la Ley 600 de 2000, por error de hecho por  “falsa      apreciación”.      Refiere  que  desvirtuado  el  vínculo  entre  algunos proponentes,  fulge  diáfano  la inexistencia de cualquier interés por parte de PORTILLA   para   la   adjudicación  del  contrato,  como  quiera  que  el  proceso  respectivo  se  efectuó a través de  convocatoria  pública. Tampoco puede atribuírsele responsabilidad por el hecho  de  que los únicos oferentes que la atendieron tuviesen vínculos entre sí, ya  que  de lo contrario, afirma, se hubiese tenido que adjudicar a persona distinta  de  las que presentaron propuestas o declararse desierto, insistiendo en que son  endebles  los  indicios  edificados  para  predicar  la presencia de un interés  indebido,  en  tanto no podía exigírsele a su prohijado conocer nexos que solo  se  auscultaron con posterioridad al mecanismo de selección y mucho menos ha de  responder   por  el  comportamiento  “que  terceras  personas adoptaron por su cuenta”.   

Por  otro  lado,  aduce, carece de prueba la  presunta  dirección  común en la que se predicó estaban ubicados los negocios  de  los  proponentes,  pues  cotejando  la  foliatura aparece que son diferentes  entre  sí al coincidir únicamente en la ciudad, carrera y calle, más no en la  nomenclatura,   además,  considera,  no  es  inusual  que  establecimientos  de  comercio dedicados al mismo objeto social sean colindantes.   

-Por  último,  denuncia incongruencia entre  acusación  y  sentencia,  toda  vez  que  se  convocó  a juicio a PORTILLA  en  calidad  de autor pero se le  sancionó    como   coautor,   tratándose   de   modalidades   de   imputación  divergentes.   

En   estas   condiciones,   “destruidos  todos  los  fundamentos de la sentencia atacada, sin  que    quede    siquiera    uno    que   permita   mantenerla”,   solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo condenatorio y “constituidos  en  Tribunal  de  segunda  instancia, confirmen la  proferida por el a quo”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

          1.  El  proceso  penal  se  caracteriza  por  una  serie  de  etapas  concatenadas,  revestidas  de  un  plexo  de  garantías,  durante las cuales se  somete  a  controversia  de la jurisdicción un asunto jurídico cuya discusión  culmina  con  la  sentencia, providencia susceptible de impugnación por vía de  la  apelación  en  aras  de  que  la  inconformidad  de  quien la interpone sea  solventada  por  el  superior jerárquico del funcionario que la emitió y éste  la confirme, modifique o revoque, si a ello hubiere lugar.   

          Dicho  contexto  explica  por  qué  el  debate sobre las aristas de  interés  para  el  ejercicio  de  la acción penal cesa en tales escenarios, es  decir,   durante   el   decurso  de  las  instancias,  previéndose  un  recurso  extraordinario,  la  casación,  solamente  cuando por específicas causales, en  este  caso  las  del artículo 207 de la Ley 600 de 2004, se pretenda un estudio  respecto  de  la  legalidad  de  la  sentencia  por parte de la Corte Suprema de  Justicia.  No  se trata, entonces, de prolongar la controversia que feneció con  la  emisión  de  una  determinación  amparada  con la presunción de acierto y  legalidad.   

          Por  lo  tanto,  existen  parámetros  conceptuales  que hacen de la  demanda  correspondiente  un escrito sometido a estrictas reglas de postulación  y  que  bajo  la  égida  de  principios  como  el  de  autonomía, limitación,  prioridad,  entre  otros,  debe bastarse a sí mismo para demostrar la presencia  del  yerro  planteado  y  su  trascendencia,  siendo  premisa fundamental que la  simple  discrepancia  de criterios no constituye un aspecto con la viabilidad de  ser  auscultado  en  sede  extraordinaria.  (Cfr.  CSJ  AP,  18  Ago  2010, Rad.  33559).   

          2.   Desde   esta   teleología,   se   anuncia   la   inadmisión  de la demanda atendiendo que  ésta  en  vez  de ajustarse al marco teórico demarcado en precedencia, de modo  inconsistente  compendia  la  llana  discrepancia  que  al  censor  le genera la  declaración  de justicia realizada, a la manera de un alegato de instancia. Tal  diagnóstico  se  vislumbra  al corroborar que en el libelo se formulan diversas  críticas  dispersas  sin  que  aparezca  clara  la presentación de un cargo en  debida  forma,  lo  que  conlleva  a  que  la fundamentación de los reparos sea  abstracta e inadecuada:   

          2.1.   Los   reproches   expuestos   por  vía  de  la  violación  directa  de la ley sustancial,  se  dedican  a  censurar la valoración probatoria acometida en vez de demostrar  un  vicio  de  hermenéutica  en  la  selección de las normas con las cuales se  resolvió   el   presente   asunto,  incluso,  de  modo  indiscriminado,  elevan  múltiples  diatribas  en  contra del criterio del sentenciador sin sujeción al  principio  de  autonomía  de las causales, entremezclando premisas de diferente  índole.   

          2.1.1.  Al  aducirse falencias en la argumentación del ad  quem,  el discurso se inmiscuye en una  temática  que  debió ser propuesta por vía de la causal tercera del artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, por nulidad, en pos de demostrarse la conculcación  del  debido  proceso  por  incurrir  el  fallo  en  falta, indebida o incompleta  motivación.  Ahora,  un  hipotético  escenario  de  esta  índole, cotejado el  ámbito  cuestionado  por  el  recurrente,  se  ofrece infundado porque tanto el  Tribunal  como  la  primera  instancia,  en  decisión que constituye una unidad  jurídica   inescindible  en  aquello  que  no  se  contradiga,  refirieron  con  relación   a   la   condición   de   servidor   público   del   implicado  lo  siguiente:   

“[…]  En primer lugar se encuentra más  que   acreditada  la  calidad  de  servidor  público  del  señor  FERNANDO  JAVIER  PORTILLA para la época  de  los  hechos, ya que milita en el expediente copia del acta de posesión como  alcalde  municipal  de  Arboleda  –  Berruecos  fechada el 1º de enero de 2004,  suscrita  ante  la  Notaría  Única  del  municipio de La Unión-Nariño […].   

Adicionalmente  se  puede  afirmar  que  de  conformidad  con  lo  previsto en el artículo 11, numeral 3º, literal b) de la  Ley  80  de  1993,  la  competencia  para  celebrar  contratos  a  nombre de los  municipios   recae  en  los  alcaldes,  motivo  por  el  cual  puede  predicarse  suscribió  el  contrato en ejercicio de una facultad legal con competencia para  contratar”.5   

“Lo  primero que debe aceptarse es que el  citado  señor  para  la  fecha  de los sucesos, tenía la condición de alcalde  municipal  de  Arboleda,  cumpliéndose así con el primer presupuesto que exige  el  tipo  penal, esto es, que su sujeto agente sea un servidor público. Además  no   sobra  decir  que  nadie  está  discutiendo  esa  calidad  en  cabeza  del  procesado”.6   

Y tratándose de los elementos de juicio que  llevaron  a  avizorar  la  pluralidad de personas en la comisión de la conducta  punible, se dijo:   

“La  Fiscalía  registra la existencia de  uniprocedencia  en  las propuestas para el concurso público en la adjudicación  del  contrato  en  comento,  desde  la óptica del vínculo familiar evidenciado  entre  los  representantes  de las empresas proponentes e incluso se destaca que  su  domicilio  está  ubicado  en el mismo inmueble de la ciudad de Pasto, en la  carrera 14 con calle 10.   

Este aspecto permite varias lecturas; una,  la  que  viene  sosteniendo  la  Fiscalía  y  la que le da el señor Juez en la  providencia objeto de revisión.   

Para la Sala, la lectura de la Fiscalía es  la  que  más se aviene con la realidad procesal cuya reconstrucción histórica  debe  hacerse,  en  el  entendido  de  que  si  bien  es  cierto,  no existe una  prohibición  legal  para  que familiares entre sí, se presenten como oferentes  en  una  licitación  pública,  a nadie convence la situación que da cuenta el  proceso,   en  punto  a  que  las  únicas  propuestas  que  concurrieron  a  la  licitación  fueron:  Didatec representada por el señor Ramiro Rivera Ramírez,  Suramericana  Papelería de propiedad de la señora María Janeth Maceta Morales  y  la  Sociedad  Conpar  Futuro Ltda., representada por el señor Michael Albert  Russi Peña.   

Ahora bien, la relación familiar entre los  dueños,  socios  o representantes legales de las citadas empresas, es evidente,  veamos:   se   sabe   que  el  señor  Ramiro  Rivera  Ramírez,  presentó  una  autorización  negocial  a  favor  de  Bernardo  Maceta  Morales, éste a su vez  informa  que  le  puso  de  manifiesto la posibilidad de ofertar a su hermana la  señora  María  Janeth  Maceta  Morales,  propietaria  del  establecimiento  de  comercio  Suramericana  Papelería  y  compañera  permanente  del señor Ramiro  Rivera  Ramírez  y  por  otro  lado, se verificó que la sociedad Conpar Futuro  Ltda.,  representada  por  el  señor  Michael Albert Russi Peña, registra como  socio al señor Bernardo Maceta Morales.   

No precisa de mayor esfuerzo para advertir  la  relación  familiar  entre  ellos, de tal modo que en cualquiera de los tres  proponentes  que  se  adjudicara el contrato, como se dice, quedaba en familia o  en casa”.7   

En   estas  condiciones,  se  aprecia  un  contenido   jurídico-procesal   apto   para   soportar   la   declaratoria   de  responsabilidad  penal  en  los  aspectos  que  se  cuestionan,  sin  que puedan  atribuirse  deficiencias  en  la  motivación del fallo únicamente por el llano  criterio  divergente  de  quien  no  la  comparte.  De  esta forma, si lo que se  pretendía  era  acreditar  la  confluencia  de vicios acaecidos en el ejercicio  intelectivo  plasmado  en  dicha  providencia, la vía de ataque adecuada era la  violación  indirecta, bien por error de hecho o de derecho y, específicamente,  de  alegarse  la  ausencia  material  en la foliatura de determinadas probanzas,  verbi  gratia, las relativas  a  la creación de dos empresas en fecha concomitante al mencionado contrato, el  sendero  propicio  de  denuncia lo constituía el falso juicio de existencia por  suposición.   

Nótese,   entonces,  cómo  los  ataques  propuestos  no  se  compadecen  con  la modalidad de infracción que les resulta  aplicable  e involucran una metodología aneja a la postulación de otro tipo de  yerros.   

         2.1.2.   En   esa   secuencia,  se  devela  que  el  asidero  de  la  controversia  se apoya en la mera discrepancia de pareceres, en el entendido que  el   Tribunal   dedujo   un   interés  indebido  en  la  contratación  por  el  direccionamiento  tendiente  a  favorecer  un provecho particular, de cara a los  nexos comunes que confluyeron en la designación del contratista.   

         

Por ende, desde la exposición acometida en  el  fallo  de segundo grado, resultaba excluyente un relato pormenorizado de las  condiciones  en  las  que  a partir la dogmática penal se explica la situación  del  autor, coautor y coautores, por cuanto la afluencia del representante legal  del  ente  contratante  junto  con  los proponentes para conculcar la selección  objetiva  como  expresión  de  la  legalidad  e  imparcialidad estatal, fulgió  necesaria  en  orden  a la materialización del comportamiento contemplado en el  tipo.  De  contera,  frente a estos últimos y bajo esa orientación, les sería  aplicable  la  figura  de  la  coautoría,  a  título de intervinientes, por no  ostentar  la  calidad  de  sujeto  activo  calificado  prevista para la ilicitud  objeto  de  condena descartándose así la complicidad (CSJ SP, 8 Jul 2003, Rad.  20704,   reiterada   en   CSJ   SP   10987-2014),   contexto   que  confunde  el  recurrente.     

         2.2.  De  igual  modo,  al verificarse el contenido de los reproches  presentados    por    vía    de    la    violación  indirecta,   se   colige   que  replican  las  mismas  inconsistencias examinadas:   

         

2.2.1.  Los  falsos  juicios  de existencia  invocados  sobre  varias  circunstancias  a  partir  de  las cuales se dedujo la  configuración  del  ilícito sancionado en el artículo 409 del Código Penal y  que,   se  asegura,  fueron  establecidas  con  pruebas  ineficaces  para  ello,  constituyen  críticas  residuales  e  irrelevantes  que  no se acompasan con la  lógica  que  debió  regir  su  exposición. Lo anterior, porque el abordar una  controversia  acerca  de  la  capacidad  de  las  fotocopias  y demás medios de  conocimiento  que  apuntaban  a  acreditar la condición de servidor público de  PORTILLA,  y  criticar  la  idoneidad   de   las  constancias  (documentos,  declaraciones,  injuradas)  que  condujeron  a  predicar  vínculos  entre  los  proponentes en la contratación,  aludiéndose  a  la  necesidad  de demostrar uno y otro aspecto con determinadas  pruebas  documentales  sometidas  a  solemnidad,  sugiere  la  existencia de una  tarifa  legal cuyo desconocimiento se ajustaría a un error de derecho por falso  juicio  de  convicción,  al  haberle  conferido el juzgador a unos elementos de  juicio  un  valor  distinto  al  fijado  normativamente en punto de su alcance o  eficacia.   

No  obstante, una observación de este tipo  se  ofrecería  inane,  al no regir tal sistema de formación del convencimiento  en  el  análisis  probatorio  ni preverse un deber en ese sentido en el proceso  penal  para  el  operador  jurídico. Ahora, aun aceptando la procedencia de tal  requerimiento,  el  mismo  de todos modos en este asunto resultaría convalidado  al  tenor  del  artículo 262 de la Ley 600 de 2000,8   si   se   repara   que   el  cuestionamiento  sobre  el  particular  solo  surgió  con  posterioridad  a  la  sentencia de segunda instancia.   

2.2.2.  En  lo referente a las denuncias de  error  de  hecho  derivadas  de  una supuesta “falsa  apreciación  probatoria”, debió indicarse de manera  concreta   si  la  hipotética  infracción  consistió  en  falsos  juicios  de  existencia,  identidad  o  raciocinio  y  luego  desarrollarse  el ataque con la  metodología  connatural  al  yerro aplicable al caso (CSJ AP, 30 Nov 1999, Rad.  14535).  En  estas  condiciones,  no  se  avizora  cuál es la irregularidad que  infirmaría  la  presunción de acierto y legalidad de la providencia impugnada,  faltándose   al   principio  de  claridad  y  razón  suficiente  que  rige  la  postulación  del  recurso extraordinario porque la adecuada presentación de un  cargo  con  la  capacidad  de dar paso a la intervención de la Sala supone que,  con  precisión,  señale  cuál es el vicio catalogado como tal en las causales  legales  taxativas  que así lo contemplan a través de la lógica decantada por  la  jurisprudencia, dinámica insoslayable que no puede darse por satisfecha con  el  mero  antagonismo  de  posturas,  pues  una  discrepancia  de ese tipo está  restringida al debate propio de las instancias.   

Además,  en  este  acápite,  vale la pena  anotar  que es infundada la tesis desde la cual se apoyan distintas críticas en  punto  de  presuntos  yerros  en  la  valoración  probatoria, atendiendo que el  soporte  suasorio  al  que acudió el Tribunal para sus distintas reflexiones lo  constituyen    las    copias    del    proceso    contractual    aportadas    al  trámite9  que,  en  la  sistemática  empleada  en  la redacción del fallo,  aparecen citadas de manera global.   

En ese orden, con independencia de que estos  documentos  no hayan sido traídos a colación con una numeración específica o  transcritos  en  su  literalidad,  se  verifica que avalan los razonamientos del  ad  quem  referidos  a  la  creación  reciente  de  varias  empresas  en  periodo cercano a la época de la  invitación  a  contratar, que sus gestores ostentaban vínculos entre sí y que  una  de  ellas  tenía un objeto social disímil al contratado. Entre otros, los  certificados  de existencia y representación de la Cámara de Comercio de Pasto  reportan  que  la  librería  y papelería Suramericana se matriculó por María  Yaneth  Maceta  Morales  en  el registro mercantil el 28 de mayo de 2004, Conpar  Futuro  lo  hizo el 10 de marzo de 2005 para dedicarse a la comercialización de  material  reciclable  y quien suscribió la oferta de Didatec lo fue su gerente,  Bernardo Maceta Morales.   

         Ahora  bien, pese a que el Tribunal indicó que los establecimientos  en  los que dichas firmas desarrollaban su actividad mercantil se ubicaban en un  mismo  inmueble,  lo  que en estricto sentido no es así, en tanto se localizan,  respectivamente,  en  la  carrera  14 números 10-77, 10-69 y 10-79 de Pasto, lo  que,   en   principio,  se  ajustaría  a  un  falso  juicio  de  identidad  por  tergiversación;  la imprecisión resulta intrascendente considerando que dentro  del  contexto  analizado por esa Corporación tal cercanía no resultaba casual,  y  por  los  antecedentes reseñados en precedencia, era una coincidencia que no  podía  ser  pasada  por  alto por PORTILLA.  A  esto  se suma, que esa coyuntura resulta corroborada por otros  elementos   de  juicio,  verbi  gratia,  con  los  certificados  de  matrícula  mercantil  expedidos  por la  Cámara  de Comercio de Putumayo, toda vez que en ellos se aprecia que Didatec y  la  papelería  y  librería  Suramericana,  tienen registrada en Mocoa la misma  dirección.10                          

2.3.  De  otra parte, en estos reproches se  aduce  la  trasgresión de los artículos 232 de la Ley 600 de 2000, que señala  que  toda  providencia  debe  fundarse en pruebas legal, regular y oportunamente  allegadas  a  la actuación y que no se podrá dictar condena sin que obre en el  proceso  prueba  que  conduzca  a  la  certeza  de  la  conducta punible y de la  responsabilidad  del procesado; 237 ibídem, que regula el principio de libertad  probatoria;  238  ídem,  que consagra cómo las pruebas deben ser apreciadas en  conjunto  de  acuerdo  con las reglas de la sana crítica; 259 ídem, acerca del  aporte  de  documentos,  y  284 y 286 ídem, relativo a los indicios; pasándose  por  alto  que  todas  estas  disposiciones  no son de contenido sustancial sino  instrumental  y  la  casación,  al tenor de lo previsto en el artículo 207 del  Estatuto  Adjetivo, solo procede cuando la sentencia sea violatoria de una norma  de  derecho  sustancial.  (CSJ AP, 17 Ago 2005, Rad. 23819; CSJ AP, 23 Ago 2005,  Rad. 22640).   

3.  Por  último, el reparo que denuncia la  incongruencia  entre  acusación y sentencia adolece de la confusión conceptual  auscultada  en acápite anterior con respecto a la situación del autor y de los  coautores-intervinientes  en  delitos que requieren de sujeto activo calificado,  bastando  con  remitirse  a  lo  pertinente.  Así mismo, la modificación en la  atribución  inicial  de  responsabilidad de autoría a coautoría no constituye  violación  al  mencionado principio porque es criterio uniforme de la Corte que  las   modificaciones  en  este  sentido,  en  cuanto  no  comporten  agravación  punitiva,  no  generan  inconsonancia  si  se  respeta  el  marco fáctico de la  actuación,  según  se  coteja  en este asunto, al haber previsto el legislador  para  estas  y  otras categorías una sanción idéntica (Cfr. CSJ AP 1487-2014,  CSJ AP 2148-2014).   

De  igual  modo, debe anotarse que no tiene  cabida  para  dar  por  sentado  la  existencia de un error, como lo insinúa el  recurrente,  que  el  fallo  absolutorio  de primer grado hubiese sido revocado,  toda  vez que a esta situación se arribó por ocasión de la interposición por  parte  de  la  Fiscalía  de  los  recursos  ordinarios cuyo fin es corregir los  eventuales  yerros  cometidos  en  la  administración  de justicia. Así, si el  superior  jerárquico  de  quien  emitió  la  decisión encontró mérito en el  reclamo  efectuado  en  la apelación, no hay lugar a una modificación ulterior  de  su  providencia  por  ese  simple  hecho  y  ello tampoco genera un grado de  consulta  para  que  la  Corte  dirima la divergencia de posturas, ya que con la  determinación  de segundo grado culmina el debate propio de las instancias y no  es   la   casación,   se   recalca,  una  etapa  para  su  prolongación.    

         4.   Recapitulando,   el  libelista  se  aparta  de  la  dialéctica  connatural  al recurso extraordinario y pretende imponer su postura a través de  un  escrito  de  libre  confección  en  el  que,  sin  ningún rigor, cuestiona  erróneamente  las  decisiones  judiciales con una valoración paralela que hace  abstracción  deliberada  de  los razonamientos plasmados por la judicatura. Por  tanto,  al  carecer la demanda del sustento conceptual y argumentativo propio de  esta      sede,      conforme      se      anunció,      será     inadmitida,  además  porque del análisis  del  expediente no se advierte violación de derechos fundamentales o garantías  de  los  sujetos procesales que de lugar al ejercicio de la facultad oficiosa de  índole  constitucional  y  legal  que  le  asiste  a  la  Sala para asegurar su  protección.   

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR  la  demanda de casación  presentada  por  el defensor  de     FERNANDO     JAVIER     PORTILLA.   

Contra  esta  determinación  no  procede  ningún recurso   

Comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de  origen y cúmplase   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr.    Folio    232    y    siguientes    cuaderno  investigación   

2  Cfr. Fl. 274 y s.s ibídem   

3  Cfr. Fl. 163 y s.s cuaderno juicio   

4  Cfr. Fl. 9 y s.s cuaderno Tribunal   

5  Cfr.  Fl.  12  sentencia  primera instancia / Fl. 174  cuaderno juicio   

6  Cfr. Fl. 20 sentencia fallo Tribunal / anverso Fl. 18  cuaderno Tribunal   

7  Cfr.  Fl.  21 y s.s sentencia segunda instancia / Fl.  19 y s.s cuaderno Tribunal   

8  “Art.  262.-  Reconocimiento  tácito.  Se presumen  auténticos  los  documentos  cuando el sujeto procesal contra el cual se aducen  no  manifieste  su  inconformidad con los hechos o las cosas que expresan, antes  de la finalización de la audiencia pública”.    

9  Cfr.  Fl.  70  y  s.s  cuaderno  investigación, así  mismo, el cuaderno de pruebas de la actuación   

10  Cfr.      Fl.      187     y     s.s     cuaderno  investigación     

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