AP1130-2017(29726)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP1130-2017  

Radicación 29726  

Aprobado acta No. 50.  

Bogotá  D.C.,  veintidós (22) de febrero de  dos mil diecisiete (2017).   

  VISTOS  

Derrotado   el   proyecto   inicialmente  presentado,  procede  la Sala a resolver la petición  de  libertad  provisional  elevada  por  el  defensor de la procesada ZULEMA DEL  CARMEN JATTIN CORRALES   

ANTECEDENTES PROCESALES  

La  Fiscalía  13  Delegada  de  la  Unidad  Nacional  de  Delitos  contra  la  Administración  Pública,  remitió  a  esta  Corporación  copias  del  proceso  penal  adelantado  al  doctor  Sergio Manuel  Hernández  Gamarra,  ex rector de la Universidad de Cartagena, con la finalidad  de  investigar  la  conducta  de  la  doctora ZULEMA DEL CARMEN JATTIN CORRALES,  quien,  en  calidad  de  Presidente  de  la Cámara de Representantes durante el  periodo  legislativo  2004-2005,  suscribió  con esa institución de educación  superior  los  convenios  interadministrativos 001 y 003 de 2005, desconociendo,  presuntamente,  los requisitos esenciales de la contratación pública; además,  en  relación  con el primero de estos negocios jurídicos, señaló la probable  existencia de un detrimento patrimonial en perjuicio del Estado.   

En  el  curso  de  la  investigación,  se  estableció  que  la  aforada,  en  iguales  circunstancias  que los anteriores,  suscribió  con  la  misma Universidad el convenio 001 de 2004…”1   

El 10 de octubre de 2012, la Sala resolvió  la   situación  jurídica  de  la  procesada,  imponiéndole  como  medidas  de  aseguramiento  no  privativas  de  la libertad las siguientes: La obligación de  someterse  a  un  mecanismo de vigilancia electrónica, la prohibición de salir  del   país   y   caución   en   cuantía   de  diez  (10)    salarios  mínimos legales mensuales vigentes, como presunta autora  responsable  de  los punibles de contrato sin cumplimiento de requisitos legales  cometido  en  concurso  homogéneo,  y  peculado  por  apropiación, en concurso  heterogéneo.   

    

El 6 de noviembre de 2012, la Sala resolvió  el  recurso  de reposición interpuesto por la defensa de la procesada contra el  auto  que definió su situación jurídica, manteniendo incólume la providencia  recurrida.   

El  13  de  noviembre  de  2013,  la  Sala  profirió  resolución  de  acusación  en contra de la aforada JATTIN CORRALES,  por  los  mismos delitos referidos al resolver la situación jurídica. Dispuso,  también, mantener vigentes  las    medidas    de    aseguramiento    no    privativas    de    la   libertad  impuestas.   

Corrido   el  término  de  traslado  del  artículo   400  de  la  Ley  600  de  2000,  se  llevó  a  cabo  la  audiencia  preparatoria,  que  culminó  el 4 de agosto de 2014. Se ordenó la práctica de  pruebas  y el recaudo de aquellas que debían acopiarse antes de la audiencia de  juzgamiento.   

El  16  de  diciembre  de 2014, se señaló  fecha  para  llevar  a  cabo la audiencia pública de juzgamiento entre el 25 de  mayo  y  2  de  junio  de  2015.  Sin  embargo,  se  pospuso su realización por  petición  de la procesada, aduciendo la revocatoria del poder a su defensor (22  de mayo de 2015 fl.196 c.9).      

El  24 de septiembre de 2015, se reconoció  al  defensor  designado por la procesada. Ese mismo día, se señaló fecha para  llevar  a  cabo  audiencia  de  juzgamiento  entre  el  18  y  25  de  abril  de  2016.   

El  13  de  abril de 2016, se reconoció al  nuevo  defensor  designado  por  la procesada. En esa misma fecha se accedió al  aplazamiento  de  la  audiencia  pública  elevada por la defensa técnica de la  acusada.   

El 6 de mayo de 2016, se señaló fecha para  realizar  la audiencia pública de juzgamiento entre el 26 de septiembre  y  el  6 de octubre de 2016. Fechas que fueron reprogramadas por  la Sala para  llevar a cabo su realización entre el 13 y 30 de marzo de 2017.   

DE LA  SOLICITUD  

El  defensor solicitó levantar las medidas  de  aseguramiento  no  privativas  de la libertad (numerales 1 y 5 del Literal B  del  artículo  307  de la Ley 906 de 2004) que se impusieron a su representada.  Consecuente  con  lo  anterior,  depreca  se  le  conceda  libertad  provisional  garantizada mediante caución.   

Argumentó,    que   las   medidas   de  aseguramiento,  incluso  las  no  privativas  de  la  libertad,  en  todo  caso,  comportan   una  restricción  a  la  libertad  personal.  Por  lo  tanto,  para  garantizar  el  derecho a la libertad de la procesada, evitar que las medidas de  aseguramiento  impuestas  se tornen en indefinidas y se afecte la presunción de  inocencia  que  le  asiste,  invoca  la  aplicación  de  la  causal de libertad  provisional prevista en el Artículo 317-5 de la ley 906 de 2004.   

Precisó,  que desde la fecha en que cobró  ejecutoria  la  Resolución  de  Acusación  hasta  el  día  de  hoy,  no se ha  celebrado  audiencia  pública.  Es  decir,  que  al tenor de lo dispuesto en el  artículo  365-5  de  la  Ley  600  de 2000, han transcurrido más de 6 meses y,  conforme  al  artículo  317-5  de  la  Ley 906 de 2004, se han superado los 120  días    para    que   proceda   la   causal   de   libertad   provisional   que  depreca.   

CONSIDERACIONES  

El  artículo  307  de  la  ley  906 de 2004  establece   una   diferenciación   entre  las  medidas  de  aseguramiento   privativas  y  no  privativas  de  la  libertad, que en ambos casos –claro está-  implican la restricción de algunos derechos del procesado.   

Sobre  la  aplicación  de  unas y otras, ha  señalado la Corte Constitucional:   

(…)Al lado de la  naturaleza  excepcional de la detención preventiva y de su vinculación a fines  (necesidad),  se  ha  desarrollado el principio de gradualidad de las medidas de  aseguramiento,  introducido  por  el propio legislador al establecer un plexo de  posibilidades  para  el  aseguramiento de los fines del proceso, que va desde la  privación  de  la  libertad  en establecimiento carcelario, ó en la residencia  del  imputado,  pasando  por  otra serie de medidas no privativas de la libertad  que  pueden  resultar  más idóneas y menos gravosas, para los fines cautelares  de  aseguramiento  de  la  comparecencia  del  imputado,  de  la prueba, o de la  protección     de    la    comunidad    y    de    la    víctima..(Sentencia C-318/08).   

Son,  entonces, las primeras (las privativas  de  la  libertad)  las  que constituyen la más clara excepción al derecho a la  libertad  personal, pues suponen la restricción al derecho de libre locomoción  que  se materializa con la detención preventiva en establecimiento carcelario o  en el lugar de residencia del imputado.     

A su vez, los artículos 313, 314 y 317 de la  misma  codificación, prevén los eventos en que es procedente la imposición de  la  detención  preventiva,  su  sustitución  y  vigencia. Disposiciones que se  tornan  especiales,  por  ser  esta  medida con la que se afecta, de manera más  severa,  el  derecho  del procesado a su libertad personal; y que, por lo tanto,  no  resultan  aplicables  a las no privativas, pues, aunado al hecho de resultar  menos  gravosas  para  la  afectación  de  los  derechos  del  procesado, hacen  referencia  a  aspectos  puntuales  que  el  legislador previó específicamente  respecto de las privativas de la libertad.    

Así las cosas, la pretensión de la defensa  para  que, en este caso, se aplique la causal de libertad prevista en el numeral  5  del artículo 317 de la Ley 906 de 2004 o el artículo 365-5 de la Ley 600 de  2000,  resulta  a  todas luces improcedente, pues tal circunstancia (vencimiento  de  términos)  no se encuentra enlistada en la norma referente para las medidas  de aseguramiento no privativas de la libertad.   

Las   circunstancias  que  posibilitan  la  libertad,  como  de  antaño  lo  ha precisado la Sala, deben estar expresamente  consagradas  en  la  ley,  de  modo  que  si no aparecen dentro de las taxativas  causales  de  la  norma, no puede aseverarse que no exista un precepto aplicable  que  amerite,  por  tanto,  so  pretexto  de  su favorabilidad, interpretaciones  extensivas  o  analógicas,  sino  concluir que no se ha erigido, como en el sub  judice  acontece,  el  presupuesto  normativo  para  que  proceda la liberación  deprecada.       

Adicionalmente, a juicio de la Sala, no se  puede  conceder  la  libertad  cuando ésta no se encuentra limitada en su clara  dimensión  de  afectación  del derecho de locomoción, que, como se anotó, es  lo  que,  entre  otros  derechos,  se  restringe  con  la  reclusión  en centro  carcelario  o en el lugar de domicilio. Por tanto, la demora en el impulso de la  actuación,  aspecto  censurado  con  la  referida norma, no permite enervar los  efectos  de  las  medidas  no  privativas  de  la  libertad,  cuando,  desde una  perspectiva  ponderada  y racional, tal retraso halle una debida justificación.  Tampoco,  al  considerar  que  su  imposición  atendió  fines constitucionales  legítimos  que, precisamente, las justificaron y que, aún en casos como el que  aquí  se  analiza,  donde,  en efecto, se advierte un vencimiento de términos,  tales           motivos          o          fines          se          mantienen  vigentes.         

Establecido  lo  anterior,  y  conforme  lo  dispone   el   artículo   317   de   la   ley   906   de   2004,   “…Las  medidas  de  aseguramiento  indicadas  en los anteriores  artículos  tendrán  vigencia  durante  toda  la actuación…”; por  lo  tanto,  en  este  caso,  las  medidas  no  privativas de la  libertad  que  se impusieron a la procesada al momento de resolver su situación  jurídica se mantienen vigentes.   

En consecuencia, la Sala negará la solicitud  de libertad provisional elevada por el defensor, por improcedente.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

NEGAR   LA   “PETICIÓN   DE   LIBERTAD  PROVISIONAL”  elevada por el defensor de la acusada,  ZULEMA  DEL CARMEN JATTIN CORRALES, por las razones expuestas en la parte motiva  de esta decisión.   

En  contra  de esta decisión sólo procede  recurso de reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

          Nubia  Yolanda  Nova  García            

Secretaria  

SALVAMENTO DE VOTO:  

Con  nuestro  acostumbrado respeto por las  decisiones  de  la  Sala mayoritaria, presentamos salvamento de voto al auto por  el   cual   se   resuelven   las  peticiones  de  levantamiento  de  medidas  de  aseguramiento  no  privativas de libertad, así como el otorgamiento de libertad  provisional,  formuladas  por  el  defensor  de  la  procesada ZULEMA DEL CARMEN  JATTIN CORRALES.   

          Lo   anterior,   porque  a  partir  de  una  simple  interpretación  gramatical  y  exegética  de  las  normas,  concluyó que la causal de libertad  prevista   en   el   numeral  5  del  artículo  365  de  la  Ley  600  de  2000  “no  se  encuentra  enlistada en la norma referente  para  las  medidas  de  aseguramiento  no  privativas de la libertad”.   

Consideramos  que  la mayoría de la Sala no  tuvo  en  cuenta  que  la  estancia  en  la cárcel o en el domicilio no son las  únicas  formas  contemporáneas  de  limitar  la libertad de las personas, pues  portar   permanentemente   un   brazalete  electrónico  también  comporta  una  innegable  restricción  de ese derecho, motivo por el cual, como se planteó en  el  proyecto  derrotado,  era  preciso  que  tal  medida  de aseguramiento en su  materialización  debía  guardar correspondencia con criterios de razonabilidad  y  proporcionalidad,  según  lo  establecen los artículos 2 y 315 del estatuto  procesal  penal, modificados por los artículos 1º y 28 de la Ley 1142 de 2007,  respectivamente,  sin que puedan tener carácter intemporal cuando, como en este  asunto,  la Administración de Justicia ha desbordado los términos establecidos  para adelantar el juzgamiento.   

          A   través   de   la   cárcel,   lo   advirtió  Michel  Foucault,  “el castigo ha pasado de un arte de las sensaciones  insoportables   a   una   economía   de  los  derechos  suspendidos”2.  En  efecto,  antes  el  castigo  se centraba sobre el cuerpo de los condenados, al cual se le  hacía  objeto del suplicio mediante flagelaciones, mutilaciones, empalamientos,  descuartizamientos,   ahorcamientos   y   decapitaciones,   entre  otras  muchas  técnicas   desarrolladas   con   minucioso   detalle.  Con  el  nacimiento  del  dispositivo  carcelario, la prisión se convierte en la pena por excelencia y el  cuerpo  pasa  de  ser  fin a convertirse en medio para privar al individuo de la  libertad   y   a   partir  de  ello  restringirle  otros  muchos  derechos  como  consecuencia de su culpabilidad frente al delito.   

Para  el  autor,  dos  de  los  factores que  posibilitaron  el  nacimiento  y  consolidación de la prisión, se relacionaron  con  el desarrollo de las técnicas de observación, clasificación y control de  las  poblaciones  y  el  diseño  arquitectónico  del Panóptico, realizado por  Jeremías                   Bentham3.   Esta  nueva  distribución  arquitectónica  del  espacio,  posibilita  la  ubicación  de los confinados en  celdas  individuales,  claramente  visibles,  y  por ende, permite su vigilancia  continua, efectiva y eficiente por parte de los guardias.    

Aunque,  desde  su nacimiento, la cárcel ha  estado  en  el  centro  de  continuos  debates  relacionados  con  su finalidad,  utilidad  y  efectos,  estos  se  han  acentuado  ante  la  superpoblación,  el  hacinamiento,   la  reincidencia  y  la  insalubridad  que  la  afecta.  Con  el  propósito  de  mitigar  muchos  de  estos  aspectos, se han formulado distintas  propuestas  entre las que se destacan las orientadas a priorizar la cárcel para  condenados  por  delitos  graves o reincidentes y limitar la prisión preventiva  mediante      la     implementación     de     mecanismos     de     vigilancia  electrónica.   

Esta  última  estrategia  se  conoce  bajo  distintas    denominaciones    como    son,    entre    otras:   “Control  Electrónico”, “Vigilancia         Electrónica”,  “Brazaletes        Electrónicos”,         “Pulseras        de  Seguimiento”,  “Cadena  Electrónica”,            “Monitores      Electrónicos”     o  “Cárcel sin Rejas”. Sin  embargo,    como    lo    sostiene    Faustino   Gudín   Rodríguez–Magariños,  la  mayor  parte de estos  términos  no  reflejan  su  alcance  real,  razón  por  la  cual  prefiere  la  denominación   “Cárcel  Electrónica”.  Con  este  término,  no  sólo  hace  eco a la doctrina penal  italiana  sino  que  fundamentalmente  considera  que  se  puede  comprender  la  finalidad  del  dispositivo que no es otra distinta a la de restringir o limitar  la  libertad de la persona a quien se le impone: “no  se  debe  ocultar  que  se  trata  de  una  institución  que trata de privar la  libertad  de elección atacando ámbitos de la intimidad del interno”4.   

La   “Cárcel  Electrónica”, señala Faustino Gudín Rodríguez, y  lo   compartimos,   se  fundamenta  en  las  mismas  técnicas  de  control  que  permitieron  el  nacimiento de la prisión, pero a diferencia de ésta y gracias  al    desarrollo    tecnológico    –  el dispositivo electrónico o mecanismo de vigilancia electrónica  y  el  monitoreo telemático del mismo –   amplía   sus   límites   físicos   pudiendo   abarcar  grandes  territorios. Indica ese autor:   

“Contrariamente a  lo  que se piensa, la cárcel electrónica no es de por si más humana y benigna  que  la  física.  La precisión y el detalle del ordenador pueden traducirse en  un  agobiante,  implacable  e  inhumano  rigor.  Pero no es menos cierto, que si  puede  llegar  a ser una medida más humana si se adoptan las debidas cautelas y  garantías”5.   

En  efecto,  ya  el Juez norteamericano Jack  Love,  quien  en  1983  se  convirtió  en el primero en utilizar el dispositivo  electrónico  en  el  seguimiento  de  5  delincuentes  en  Alburquerque,  Nuevo  México,  se  percató del potencial de estas tecnologías en la vulneración de  los  derechos  fundamentales  de las personas, cuando una compañía japonesa le  ofreció  también  la  posibilidad  de  monitorear  vía  televisiva,  en forma  simultánea  con  el  uso  del dispositivo, todas las actividades que realizaran  los                   delincuentes6.   

La   realidad   virtual  generada  por  la  “Cárcel  Electrónica”,  se  convierte  en  un fenómeno más mental que físico para aquel a quien se le  impone.    A    diferencia    de    la    “Cárcel  Física”  en  donde  la  persona, desde un comienzo,  sufre  los  efectos  de  la  privación  de  la  libertad, en la “Cárcel   Electrónica”,  el  individuo  tiene  al  comienzo  una  falsa  sensación  de  libertad  que paulatinamente va  cediendo  ante  el rigor que provoca la certeza de saber que es vigilado en todo  momento.  De  ahí  que  para  Faustino  Gudín  Rodríguez,  los  excesos de la  “Cárcel  Física”  se  traducen  en  tortura  física,  mientras  los  excesos  de  la  “Cárcel   Electrónica”  comportan  una  tortura  mental7.   

Aunque tradicionalmente se dice que mientras  la  prisión  restringe  la  libertad y la vigilancia electrónica la intimidad,  muchos  autores consideran que la afectación de esta compromete la capacidad de  decidir  y por ende, la libertad. Entre estos encontramos a De Vega Ruiz, citado  por       Gudín       Rodríguez–Magariños, quien afirma:   

“cualquier  restricción  de  la  libertad,  cualquier  situación  que  implique doblegar y  limitar  la  autodeterminación  de  la  voluntad,  habrá de ser entendida como  sinónima  de  ‘Privación  de   la   libertad’  en  sentido  gramatical  o  genérico, con distintas matizaciones y consecuencias en  los  supuestos concretos”8.   

Así  pues,  la  medida  de aseguramiento de  someterse   a   un  mecanismo  de  vigilancia  electrónica  impuesta  a  la  ex  congresista  ZULEMA  JATTIN  comporta  una evidente restricción constante de su  libertad   personal,   en   cuanto   se   trata   de   un  brazalete  o  de  una  tobillera9  que  no  se  puede retirar y debe utilizar permanentemente (activa  una  alarma  cuando  se  rompe,  no  detecta  el contacto con el cuerpo o no hay  movimiento   por   un  periodo  importante)  que  trasmite  por  el  Sistema  de  Posicionamiento  Global  (GPS)  la  ubicación  de quien lo porta. Además, debe  recargarse  periódicamente con una fuente eléctrica, pues si se descarga emite  una    alarma    en   el   centro   de   monitoreo10.   

Entonces,   si   la   referida  medida  de  aseguramiento  no privativa de libertad comporta una restricción de la libertad  personal,  en  todo  caso  su  materialización debe guardar correspondencia con  criterios   de  razonabilidad  y  proporcionalidad,  según  lo  establecen  los  artículos  2  y 315 del estatuto procesal penal, modificados por los artículos  1º  y  28  de  la  Ley  1142 de 2007, respectivamente, al facultar al juez para  modificar      las      medidas      restrictivas      e      irrazonables     o  desproporcionadas.   

Por las razones anteriores, consideramos que  si  pese  a  mantenerse  la  declaración  judicial  sobre los presupuestos para  imponer  las  medidas  se  aseguramiento  de  privación  de  la libertad, no se  materializan   efectivamente  cuando  se  cumplen  ciertos  límites  temporales  definidos  por  el  legislador  en  el  artículo  317  de  la  Ley 906 de 2004,  modificado  por el artículo 61 de la Ley 1453 de 2011, esto es, cuando luego de  la  formulación  de  acusación  han transcurrido 120 días sin dar inicio a la  audiencia  de  juzgamiento,  de  igual  forma  debe  procederse con la medida de  aseguramiento  de someterse a un brazalete electrónico, pues también afecta la  libertad personal.   

Es  claro  que  si se encuentra prohibida la  indeterminación  de las sanciones penales, de igual manera debe estar proscrita  la  duración  indefinida  en  la ejecución de las medidas de aseguramiento, en  cuanto  comportan  limitaciones a derechos fundamentales del procesado que deben  someterse   a   los  principios  de  razonabilidad  y  proporcionalidad11   en   la   tensión  entre  libertad,   presunción  de  inocencia,  debido  proceso  y  administración  de  justicia, sin que puedan ser intemporales.   

Encontramos  que  si bien, como lo afirma la  mayoría  de  la  Sala, no hay norma específica que establezca un plazo máximo  de  ejecución  efectiva  de las medidas de aseguramiento como el sometimiento a  un  dispositivo  electrónico,  debe  recordarse que según el artículo 8 de la  Ley  153  de  1887,  puede  aplicarse  por  vía  de  analogía  una norma a una  situación  no  regulada  en la ley, de manera que si tratándose de las medidas  de  aseguramiento  privativas de la libertad (en establecimiento carcelario o en  el  domicilio),  a  pesar  de  mantenerse  la  declaración  judicial  sobre los  presupuestos  para  imponerlas,  el legislador ordena que no se continúe con su  materialización   efectiva   cuando  se  cumplan  ciertos  límites  temporales  definidos  en  el  artículo  317  de  la  Ley  906  de  2004, modificado por el  artículo  61  de  la  Ley  1453  de  2011,  entre  otros casos, “Cuando  transcurridos  ciento  veinte (120) días contados a partir  de  la  fecha  de  la formulación de la acusación, no se haya dado inicio a la  audiencia  de  juzgamiento”,  es  procedente en este  asunto  la  aplicación  analógica  de  dicha norma por el mismo lapso, a otras  medidas  de  aseguramiento  como  el sometimiento a un dispositivo de vigilancia  electrónica,  que  como ya se explicó, también comporta una restricción a la  libertad personal.   

De  acuerdo  a  lo  expuesto, creemos que la  Sala,  como  así  se  planteó  en el proyecto derrotado, debía suspender a la  acusada  ZULEMA  DEL  CARMEN  JATTIN  CORRALES  la  ejecución  de  la medida de  aseguramiento  de  someterse  a  un mecanismo de vigilancia electrónica, previa  suscripción de la correspondiente acta de compromiso.   

En  los anteriores términos dejamos sentado  nuestro salvamento de voto.   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

    

1  Antecedentes  fácticos  tomados de la resolución de  acusación fls.2 -77 c.o.8.   

2  Foucault,  Michel.  Vigilar  y  Castigar.  Nacimiento  de la prisión. Siglo XXI  Editores. Sexta Edición en español. México. 1981, pág. 18.   

3  Ídem, pág. 203   

4   Faustino  Gudín  Rodríguez-Magariños.  Cárcel  Electrónica.  Bases  para la  creación  del  sistema penitenciario del siglo XXI. Editorial Tirant Lo Blanch.  Colección los Delitos. Valencia, España. 2007. Pág. 89.   

5  Ídem. Pág. 30.   

6  Según  lo  afirmó  Lyon,  David,  citado  por  Gudín  Rodríguez – Magariños, Faustino, obra referida,  pág. 61.   

7 Obra  citada, pag. 99   

8 Obra  citada, pág. 104   

9  Mecanismo  reglamentado  en  el  artículo  4  del  Decreto  1316  de  2009, que  modificó el artículo 5 del Decreto 177 de 2008.   

10  Según  el  artículo  31 de la Ley 1142 de 2007, su implementación corresponde  al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC).   

11  Cfr. CSJ AP, 15 mar. 2003. Rad 38105, entre otros.     

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