AP1090-2017(45543)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP1090-2017  

Radicación N° 45.543  

(Aprobado Acta Nº 50)  

Bogotá  D.C.,  veintidós (22) de febrero de  dos mil diecisiete (2017)   

VISTOS  

          Con   el   fin   de   constatar  si  satisface  las  condiciones  de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor  de  YOLANDA  MURCIA ROBAYO, contra la sentencia del 7 de octubre 2014,  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cundinamarca.     

I. HECHOS  

            El  5  de  enero de 2009 se celebró el contrato de prestación de  servicios  Nº  005 entre el municipio de Quipile (Cundinamarca) y Eder Fernando  Moya   Vargas,   por   valor   de  $12’500.000.  En  el  marco  de una investigación fiscal se detectó la  ausencia  de  documentación concerniente al cumplimiento del objeto contractual  -inseminación  artificial  de  bovinos- y a la identidad del contratista.   

          No  obstante,  para  el  pago  de  las  prestaciones  derivadas  del  contrato,  el  13  de febrero subsiguiente, la administración emitió el cheque  Nº   0003481   en   cuantía  de  $11’287.500.  Éste fue fraudulentamente endosado a la jefe de proyectos  del  municipio,  YOLANDA MURCIA ROBAYO, a quien, siguiendo instrucciones de LUIS  HERNANDO  FORERO  AGUILLÓN  -alcalde  municipal-,  se  le  pagó el importe. El  contratista   únicamente   recibió   como   pago  la  suma  de  $6’000.000, produciéndose un desfalco de  $5’287.500.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

          En  audiencia  del  31 de octubre de 2013, ante el Juzgado Penal del  Circuito  de  Facatativá,  la  Fiscalía  acusó  a  YOLANDA MURCIA ROBAYO como  cómplice  del  delito  de  peculado  por  apropiación (arts. 30 inc. 3º y 397 inc. 3º C.P.), en concurso  material   heterogéneo  con  falsedad  en  documento  privado,  en  calidad  de  determinadora      (arts.     30     inc.     2º     y     289     ídem).    

          La   acusada   optó   por   ejercer   su   derecho  a  ser  juzgada  públicamente.  Concluido  el debate y emitido sentido de fallo condenatorio, la  jueza dictó la sentencia el 27 de agosto de 2014.   

Por  estimar  acreditada  la  responsabilidad  penal  por los delitos arriba mencionados, condenó a la señora MURCIA ROBAYO a  las  penas  de 3 años y 8 meses de prisión, multa en cuantía de 5.32 salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por lapso igual al de la pena de prisión. Por otra parte,  negó  tanto  la  suspensión  de  la  ejecución  de  la  pena como la prisión  domiciliaria.   

          Habiendo  interpuesto el defensor el recurso de apelación contra el  fallo  de  primer  grado,  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca  confirmó la decisión el 7 de octubre de 2014.   

          Dentro   del  término  legal,  el  nuevo  defensor  de  la  acusada  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó  la respectiva  demanda, lo que motiva el conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          Por  la  vía  del  art.  181-2  de  la Ley 906 de 2004 (en adelante  C.P.P.),  el  censor demanda la nulidad de la actuación, a fin de que se repita  el juicio.   

          En  sustento  de  tal  pretensión,  alega,  la sentencia de segunda  instancia  fue  dictada con violación del debido proceso, por cuanto la acusada  fue  condenada en un juicio donde se quebrantaron los principios de inmediación  y  concentración,  dado  que  se infringió la máxima de inamovilidad del juez  (art.    454    ídem).   

          El  funcionario  judicial  que  presidió  el juicio y ante quien se  practicaron  las  pruebas,  prosigue, no fue el mismo que emitió el sentido del  fallo  y  dictó  la sentencia condenatoria. La última jueza, destaca, no sólo  decidió  el  caso sin haber presenciado el debate probatorio, sino que se negó  a  escuchar  a  la  acusada  como  testigo  en su propia causa, vulnerándole el  derecho de defensa.   

          Si  bien  el  art.  146  del  C.P.P.,  añade,  preceptúa  que  los  registros  sirven  para  probar  lo ocurrido en el juicio oral, ello sólo tiene  efectos  en  el  recurso  de apelación, sin que pueda suplirse la presencia del  juez  para  dictar  la sentencia de primera instancia. Menos cuando, dice, en el  presente caso existen registros de audio sin contenido.   

          Por  ello,  alega,  en  consonancia  con  la  jurisprudencia de esta  Corte1  la nueva jueza debió haber acatado el mandato previsto en el art.  454  inc. 3º ídem y repetir  el  juicio  oral,  como  quiera  que se afectó otra prerrogativa fundamental, a  saber,  el  derecho  de  defensa. Esto, por cuanto la acusada no fue oída en el  juicio,  pese a su solicitud de aplazamiento de la audiencia, a la que, asevera,  no  pudo  asistir  por encontrarse enferma y en licencia de maternidad. Además,  afirma,  la  repetición del juicio no afectaría gravemente los derechos de las  víctimas.   

                     IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

             

          4.1                       De  acuerdo  con  el  art.  183  del  C.P.P., la  admisión    de    la    demanda    de    casación   supone   su   debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de manera precisa y concisa tanto las causales invocadas  como    sus    fundamentos.   Ello   implica   acreditar   la   afectación   de  derechos  fundamentales  y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación, de cara al cumplimiento de  alguno   de  sus  fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos y unificación de la jurisprudencia).   

             Ese   propósito  no  se  consigue  de  cualquier    manera.    A   voces   del   art.   184   inc.   2°   ídem, el libelo no será admitido cuando  el  demandante  carezca  de  interés,  prescinda  de  señalar  la  causal o no  desarrolle  adecuadamente los cargos de sustentación. Tampoco resulta admisible  si  se  advierte  la  irrelevancia  del  fallo  para cumplir los propósitos del  recurso.   

          Tales   exigencias  derivan  de  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  enraizada  en  la  presunción  de  acierto y legalidad  inherente  a los fallos de instancia. A partir de esta presunción, se asigna al  censor  la  carga  de  acreditar  que  con  la  sentencia  se causó un agravio,  apoyándose   para   ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas  en  la  ley.   

          De   ahí   que  la  debida  sustentación         implique  desarrollar  el  ataque  con  arreglo a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          Si  la  demanda  incumple  con las aludidas exigencias formales para  estudiarla   de  fondo  o  se  establece  de  entrada  su  falta  total  de  idoneidad,  de  cara a los fines  inherentes a la casación, la decisión debe ser la inadmisión.   

          4.2                       De  acuerdo  con  los arts. 181-2 y 457 inc. 1º  del   C.P.P.,   en   el  ámbito  de  la  casación  es  causal  de  nulidad  el  desconocimiento  del  debido proceso por afectación sustancial de su estructura  o la violación de la garantía fundamental a la defensa.   

          El  adecuado  planteamiento  de  la  censura  por  esta  vía supone  cumplir  con  las  exigencias  legales  y  jurisprudenciales pertinentes. En esa  dirección,  la  Corte  ha  clarificado  que  la  alegación  de nulidades ha de  ajustarse  a  los  principios concurrentes   de   taxatividad,   acreditación,  protección,  convalidación,  instrumentalidad,  trascendencia y residualidad (cfr.,  entre  otros,  CSJ  AP 9 mar. 2011, rad. 32.370 y AP 30 nov. 2011, rad. 37.298).   

          Bajo  tales  premisas,  salta  a  la vista la insuficiencia formal y  sustancial  de  los reproches. Como se expondrá a continuación, en relación a  los  yerros  con  fundamento  en los cuales el demandante solicita la anulación  del   juicio,   la   censura   contraviene   los   principios   de  protección,  convalidación  y  trascendencia.  Además, en punto de la supuesta vulneración  del  derecho  de  defensa,  el  reproche  se  ofrece  manifiestamente infundado,  incumpliéndose entonces con el requisito de acreditación.   

          4.2.1                                    Desde   la  óptica  de  la  protección,  la  nulidad  no puede implorarla quien con su conducta  procesal  ha  dado  lugar a la configuración del motivo invalidatorio, salvo el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica. En estrecha conexión, el criterio de  convalidación enseña que,  aunque   se   presente   una   irregularidad,   ésta   puede  sanearse  con  el  consentimiento  expreso  o  tácito  del sujeto perjudicado, a condición de ser  observadas las garantías fundamentales.   

          En  el  presente  asunto,  el examen de la actuación refleja que la  defensa  técnica,  por  una parte, contribuyó a que no se repitiera el juicio,  pese  al  cambio  de  juez;  por  otra,  se  abstuvo  de  activar los mecanismos  procesales  pertinentes,  a  fin de sanear oportunamente el proceso, frente a la  supuesta  conculcación  de  los  principios  de  inmediación y concentración.   

          Ciertamente,  el  art.  454  inc.  3º  del C.P.P. preceptúa que la  audiencia  de  juicio  oral  ha  de repetirse si, entre otras eventualidades, se  debe cambiar al juez en cualquier etapa del juicio.   

          En  el  presente caso, la audiencia de juicio oral fue adelantada en  varias   sesiones  por  el  juez  Carlos  Armando  Linares  Bejarano2.  Éste  fue  reemplazado  por  la jueza María Esperanza Castillo Sánchez, quien instaló la  continuación  del  juicio en sesión del 23 de julio de 2014. No obstante, dada  la  ausencia  de  la  acusada,  quien  pretendía  declarar  en su propia causa,  suspendió  la  diligencia,  advirtiendo que si aquélla se abstenía nuevamente  de  comparecer,  el  juzgado  entendería  que  no  era  su  deseo  testificar y  continuaría        con        el       juicio3. Reinstalada la audiencia el 8  de  agosto  subsiguiente,  tras  verificar  la  inasistencia de la procesada, la  jueza  continuó  con  el  juicio.  Como  la  defensa no tenía más pruebas por  presentar,  dio  traslado  para  los  alegatos  de  conclusión y, seguidamente,  dictó     sentido    de    fallo    condenatorio4.   

          Bien  se  ve  que,  pese  al  cambio de juez y a la intención de la  nueva    funcionaria    de    continuar  con  el desarrollo del juicio oral, el defensor no mostró ninguna  oposición  a  ello  ni  solicitó  que  el  juicio  se  repitiera.  La defensa,  entonces,  no  convocó  a la falladora de primera instancia a que, en  concreto,  analizara el perjuicio que  la  no  repetición  del  juicio  podría  causar a los derechos de la acusada y  resolviera  tal  incidente  o  aspecto sustancial del trámite mediante un auto,  susceptible de impugnación (arts. 161-2 y 176 C.P.P.).   

          Ante  la  aparición  de  un  nuevo  juez,  debió  la defensa haber  planteado  el  debate  correspondiente,  poniendo  de  presente que se daban los  presupuestos  legales  (art. 454 inc. 3º ídem)   y  jurisprudenciales   (CSJ   SP  12  dic.  2012,  rad.  38.512)  para  repetir el juicio oral. Empero, guardó  silencio   y   no   mostró   ninguna  oposición,  expresando  tácitamente  su  conformidad  con  la continuación del juicio en tales  condiciones.   

             

          Y  esa  ausencia de inconformidad con el proceder de la falladora de  primera  instancia  se  ratificó  en  el ejercicio del derecho de impugnación,  convalidando  así  la  irregularidad.  Al  sustentar  el  recurso de apelación  interpuesto  contra  la  sentencia, el defensor tampoco planteó la nulidad cuya  declaratoria    hoy    reclama   ante   la   Corte5.   

          Recapitulando,   a  la  defensa  también  le  es  atribuible que la sentencia se hubiera dictado  en  las  circunstancias  que  hoy  cuestiona,  por  lo que mal podría, haciendo  abstracción  de  su propia incuria, plantearle a la Corte una discusión que en  su  momento  no  propuso  ante los juzgadores de instancia. Pudiendo hacerlo, se  abstuvo  de  reclamar  a  la  jueza  la  repetición  del  juicio,  actuando  en  contravía   del   criterio   de  protección,  como  también  dejó  pasar  la  oportunidad  de  que  el  Tribunal  examinara  el  asunto  en segunda instancia,  consintiendo tácitamente la irregularidad (convalidación).   

          4.2.2                       Aunado  a  lo anterior, según el principio de  trascendencia,  quien alegue la nulidad está en la obligación de acreditar que  el  vicio  afecta  las  garantías  constitucionales de los sujetos procesales o  desconoce  las  bases  fundamentales  de la investigación o del juzgamiento. En  materia   de  casación,  este  criterio  adquiere  preponderancia  de  cara  al  propósito  de  desvirtuar la presunción de acierto y legalidad inherente a los  fallos de instancia.   

          En   tal   virtud,   tratándose   de   nulidades,   una  alegación  suficiente  por  la vía de  dicho   recurso   extraordinario   reclama   poner   de   manifiesto  la  relevancia del yerro para afectar la  validez  del fallo cuestionado; esto es, revelar con plausibilidad y suficiencia  cómo  el  sentido  de  la  decisión  habría de ser  sustancialmente   diverso  si  no  se  hubiera  incurrido  en  la  irregularidad  procedimental6.   

          La  trascendencia,  desde  la perspectiva de la casación, tiene que  ver  con  el  sentido  de  la  decisión. Por ende, si lo que se cuestiona es el  quebrantamiento  del  principio  de inmediación (arts. 16 y 379 del C.P.P.), el  cual      se      materializa      en      las     fases     de     apreciación      y      valoración  probatoria,  el censor está  en   la  obligación  de  explicar  a  la  Corte,  en  concreto,  de  qué  manera  se vieron afectados tales  componentes  del examen de las pruebas en la audiencia  del  juicio  oral. Y, consecuentemente, de qué manera  ello condujo a la adopción de una decisión injusta.   

          Al  ampliar  los  componentes  de la valoración probatoria, el art.  380  ídem fue más allá de  la  apreciación  en  conjunto de las pruebas y el escrutinio de éstas a la luz  de  las  reglas  de  la sana crítica. La remisión a criterios para cada uno de  los   medios  de  prueba  desarrolla,  en  algunos  aspectos,  el  principio  de  inmediación  inherente  al  esquema procesal penal regulado por la Ley 906 de 2004.   

          La  inamovilidad  del  juez  resulta  determinante para ciertos  aspectos  de la valoración que,  al   margen   del   contenido   objetivo  de la prueba, únicamente tienen sentido si, de la observación de  sucesos  que  tienen  lugar  en  la  audiencia  de juicio oral, pueden extraerse  conclusiones  probatorias.  Mientras  que al tenor de una prueba testimonial o a  la  evidencia  documental se puede acceder en cualquier momento, consultando los  registros    u    observando   el   documento,   respectivamente,   determinados  acontecimientos  sólo  podrán  tener impacto en el funcionario judicial si son  percibidos en vivo por éste.   

          Esa  lógica es la que sustenta, entre otros criterios relevantes de  apreciación,  el  comportamiento de los testigos o peritos durante la audiencia  y  los  interrogatorios,  así  como  la  forma de sus respuestas y personalidad  (arts.  404  y 420 C.P.P.). Pues tales aspectos difícilmente puedan consultarse  en  registros,  que limitadamente pueden re-producir el contenido literal de las  pruebas,  pero que son incapaces de re-crear en su totalidad lo acontecido en la  práctica probatoria.   

          El  contenido  objetivo  de  la  prueba  puede apreciarse sin que la  observación   de  factores  circunstanciales  en  la  audiencia  tenga  mayor  trascendencia. Piénsese, por  ejemplo,  en  un  documento  (art. 432 C.P.P.) o la reproducción, por cualquier  medio,    de    lo    que   literalmente  ha dicho un testigo o perito, cuyo contenido es escrutable en todo  momento a la luz de las reglas de la sana crítica.   

          De  suerte  que  si  la  censura  no  muestra  la  incidencia de una  situación       cuya       observación       o  apreciación       únicamente       pudo  ser  percibida  por  el  juez  que  presidió  la  práctica  probatoria,  el reclamo carece de trascendencia. Si la  apreciación  y  valoración  de  la  prueba  no  ha  de  enfocarse  en aspectos  circunstanciales  inherentes  al desarrollo de los interrogatorios, más  allá  de su contenido objetivo, no  habría  razón  para  que  se repita el juicio. Menos, si de tales aspectos que  jamás  podría  re-crear  el nuevo juez consultando los registros no depende la  adopción de una decisión sustancialmente diversa.   

          Al   respecto,   de   manera   netamente  ilustrativa    podría    pensarse,    entre   otras  posibilidades,  en  que  la  no  repetición del juicio es un yerro trascendente  cuando   en   la   valoración   de   un  determinado  testimonio  incidan  comportamientos  del  testigo que  lleven  razonablemente al juez a desconfiar de su dicho o cuando, por ejemplo en  la  audiencia  se hayan podido apreciar defectos sensoriales del declarante, que  hagan  dudar  sobre  su  capacidad  de  percepción. Tales circunstancias, desde  luego,  no  podrían  ser  constatadas  por  un  nuevo  juzgador acudiendo a los  registros.    

          En  el  presente  caso,  el  censor  de  ninguna  manera acredita la  trascendencia  de los yerros desde tal perspectiva. En  abstracto,  parte  de la base de que el cambio de juez  entraña  el  pleno  desconocimiento  del  principio  de inmediación, y que por  ello,  al  margen  del  impacto que tal situación pudiera haber producido en el  sentido  de la decisión -cuestión sobre el cual nada  expone-  , ha de repetirse el juicio. La censura omite  explicar  de  qué  manera  la  nueva  jueza estuvo en incapacidad de apreciar y  valorar  aspectos  circunstanciales inherentes a la audiencia, que sólo podría  haber  percibido  si  hubiera presidido la práctica probatoria y que, por ello,  son  imposibles  de  ser advertidos en los registros7.  Entonces, bajo la óptica de  la  trascendencia, la censura es claramente insuficiente para demostrar cómo el  sentido  de  la  decisión  condenatoria habría de ser opuesto si no se hubiera  incurrido en la irregularidad procesal.   

          En  todo  caso, la Corte ha clarificado que la inamovilidad del juez  no  es  un  fin  en  sí  mismo ni un principio absoluto. Tal máxima no se auto  justifica,  sino  que se halla subordinada e instrumentalizada a la realización  de  otras  finalidades  procesales,  al  tiempo que debe ser ponderada con otros  factores  que  también  impactan  el  debido  acceso  a  la  administración de  justicia  (cfr.,  entre  otras,  CSJ SP 12 dic. 2012,  rad. 38.512 y AP 30 mar. 2016, rad. 45.528).   

            En  esta  última  decisión,  la  Sala  reiteró  que  la  validez  del proceso penal no se explica exclusivamente en el  culto  instrumental irrestricto de los protocolos con referencia a los cuales ha  de  adelantarse,  por  lo  que  la  sola afirmación de que el juez encargado de  emitir  el  fallo -o su sentido- es distinto de aquel encargado de contemplar la  práctica  probatoria,  no  resulta  suficiente  para  generar la anulación del  juicio,  por  tratarse  de  una  consecuencia  que, de  solicitarse,  obliga  acreditar  grave  afectación de  derechos o principios fundamentales.   

          Y  tal  aspecto  pretendió  acreditarlo  el  libelista  a partir de  asertos  inatinentes  y  carentes  de  fundamento,  como  que a la acusada se le  violó  el  derecho  de  defensa  porque  se le impidió testificar en su causa.  Empero,  además  de  que  la  continuación  del  juicio  sin  la práctica del  testimonio  de  la  acusada nada tiene que ver con la eventualidad de repetir el  juicio  por  cambio  de juez, no es cierto que la juzgadora, arbitrariamente, se  haya  negado  a  escuchar  a  la  procesada como testigo en su propia causa. Una  simple   consulta   de   la  carpeta  que  documentó  el  juicio  así  permite  constatarlo.   

          Habiéndose  instalado la sesión del 23 de julio de 2014, el juicio  no  se adelantó porque la jueza accedió a la solicitud de aplazamiento elevada  por  el  defensor  para  que  YOLANDA  MURCIA  ROBAYO  pudiera testificar. Allí  dispuso  requerir  a  ésta  para que compareciera, so pena de que se entendiera  que  no  era  su  deseo  declarar  en  el juicio. Llegada la continuación de la  audiencia,  el  8  de  agosto  subsiguiente,  pese  a  que  la acusada confirmó  telefónicamente         su        asistencia8,  finalmente  no  compareció.  Como  no  había más pruebas para practicar por solicitud de la defensa, se dio  la   palabra   a   las  partes  para  que  alegaran  de  conclusión9.    

          Además,  la  inasistencia  que según el demandante obedeció a que  la  señora  MURCIA  ROBAYO se encontraba en licencia de maternidad, es del todo  injustificada,  como  quiera que la licencia se extendió hasta el 9 de julio de  201410.  Esto muestra que de ninguna manera podría afirmarse que la jueza  vulneró  el  derecho  de  defensa,  en  tanto  fue  la  acusada  la que mostró  renuencia a asistir al juicio.   

          En  conclusión, la solicitud de nulidad tampoco cumple con el deber  de  acreditar  la  trascendencia  del  reputado  yerro  procedimental ni pone de  presente  la  violación  de garantías fundamentales, aspecto que concurre a la  inobservancia  de los principios de protección y convalidación. Ello es razón  suficiente  para  inadmitir  el  libelo,  por  cuanto  el  cumplimiento  de  los  requisitos  que  orientan  la  declaratoria  de  nulidades  es  concurrente,  no  alternativo.   

                     

          4.3  Por  consiguiente,  no  habiéndose  presentado los reclamos en  casación  con  respeto de los estándares mínimos para su estudio de fondo, la  demanda  debe  ser  inadmitida.  Además,  la  Sala  no advierte la presencia de  supuestos  justificantes para superar los defectos del libelo, con el propósito  de  decidirlo  de  fondo  o  emitir un pronunciamiento oficioso en casación, de  conformidad con el art. 184 inc. 3º del C.P.P.   

          En  mérito  de lo expuesto,   la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada en nombre de YOLANDA MURCIA ROBAYO.   

          ADVERTIR   que,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  art.  184  inc. 2º de la Ley 906 de 2004, contra la presente  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  con atención de las reglas  definidas jurisprudencialmente por la Sala.    

                

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

            1 Se refiere a CSJ SP  12 dic. 2012, rad. 38.512 y AP 28 may. 2014, rad. 42.340.   

            2 Cfr. fls. 159 y 182  carpeta del juicio.   

            3   Cfr.  fl.  184  ídem.    

            4   Cfr.  fl.  188  ídem.   

            5  Cfr. fls. 224-238  ídem.   

6 En la  misma  dirección,  cfr. CSJ AP 09/03/11, rad. 32.370.   

            7   Si   bien   el  demandante  insinúa  que  la  jueza  no  pudo haber accedido a los registros de  video  de la sesión de audiencia del juicio oral del 9 de abril de 2014, porque  el  disco  está dañado o sin formato, la Sala constata que el disco DVD de esa  fecha,  que  reposa  en  la  carpeta, sí se puede reproducir y corresponde a la  práctica  de  los interrogatorios referidos en el acta respectiva (fls. 157-159  carpeta del juicio).   

            8  Según constancia  secretarial    del    30    de    julio    de   2014   (fl.   186   ídem).   

            9   Cfr.   fl  188  ídem.   

            10  Cfr.  fl.  156  ídem.     

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