42422(25-06-14)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

SP8175-2014  

Radicación N° 42422  

(Aprobado acta N° 195)  

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de junio de  dos mil catorce (2014).   

La  Corte resuelve el recurso de apelación   interpuesto  por  el  Fiscal  Tercero  Delegado  ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar  contra  el proveído emitido por la Sala Penal de esa Corporación que, el 24 de  septiembre  de  2013, negó la solicitud de preclusión de la investigación que  por  el  delito  de falsedad ideológica en documento público se sigue respecto  de  la Doctora NELLYS EUFEMIA MÓVIL GUERRA.   

H E C H O S  

Fueron   expuestos   por   el  a quo en estos términos:   

“Según   lo  narrado  en  audiencia  de  preclusión  el  23  de septiembre de 2013 ante esta  Colegiatura,  por  parte  de la Fiscalía 3ª Delegada ante el Tribunal Superior  de   Distrito,   la   Dra.   NELLYS  EUFEMIA  MÓVIL  GUERRA,   en  su condición de Juez Promiscuo Municipal de Pelaya (Cesar), le  correspondió  conocer  de  la  investigación  adelantada contra los ciudadanos  Freddy  Velásquez  Barbosa y Esneider Ascanio Correa por la conducta punible de  extorsión  en  grado  de  tentativa,  carga delictiva a la que los imputados se  allanaron  ante  el  Juez  Promiscuo  Municipal  con  Funciones  de  Control  de  Garantías  de  Aguachica (Cesar), el 10 de mayo de 2010. Las diligencias fueron  remitidas   al   Juzgado   Promiscuo   Municipal  de  Pelaya  (Cesar),  para  la  realización    de   la   audiencia   de   verificación   de   allanamiento   e  individualización  de  pena  y  sentencia, convocada en debida forma, y el 4 de  agosto  de 2010 se efectuó la lectura de la sentencia, a través de la cual los  referidos  procesados  fueron  condenados  a  las penas principales de noventa y  seis  (96)  meses  de  prisión y multa de cuatrocientos (400) salarios mínimos  mensuales  legales  vigentes.  Así mismo, se les negó el derecho a gozar de la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  de  prisión y de la  detención  domiciliaria,  decisión  que recurrida únicamente por el condenado  Esneider  Ascanio Correa, fue confirmada por la Magistratura el 10 de septiembre  de 2010.   

Agregó  el  señor Fiscal que, el condenado  Freddy  Velásquez  Barbosa,  pasados casi tres años de proferida la mencionada  sentencia,  dirigió  un  escrito  a la Dirección Seccional de Fiscalía de San  Gil  (Santander),  con  el que denunciaba, según su decir, al Juzgado Promiscuo  de Pelaya (Cesar), en el que manifestó:   

“Ante   su  despacho,  instauro  la  presente  denuncia  penal,  toda  vez  que  el  Juzgado  denunciado  dentro  de  la  sentencia condenatoria que profirió en mi contra el  día  4  de  agosto  de  2010,  incluyó  allí,  que poseo antecedentes penales  gravísimos,  de  antes  de  haber  ocurrido  los  hechos  por  los  cuales  fui  condenado;  que  esta  afirmación  sin fundamento es una mentira, que causa una  serie  de  delitos, al fundar su decisión en la información falsa y mentirosa,  por  el  contrario nunca he poseído más antecedentes penales; es así que esta  funcionaria  incurre  en  esta  serie  de  delitos, al motivar la sentencia a su  antojo  y  no como se lo ordena la ley. Para lo anterior anexo la documentación  correspondiente,  que  demuestra,  que  no  tengo  ninguna clase de antecedentes  penales,    constancias   emitidas   por   diferentes   autoridades   policivas,  investigativas  de  judicialización,  igualmente  solicito  se  me amplíe esta  denuncia   para  aclarar  otra  serie  de  situaciones  ocurridas  en  el  fallo  condenatorio”.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.   Una   vez   recaudada  documentación  relacionada  con  la  identidad  y  calidad  foral  de la implicada, y copia del  trámite  en  el cual dictó la sentencia materia de denuncia, el Fiscal Tercero  Delegado  ante  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Valledupar, el 13  de  agosto de 2013, solicitó a esa Corporación la realización de audiencia de  preclusión     aduciendo     la    “inexistencia   del  hecho”.   

3.   El  23  de  septiembre  de  2013,  el  funcionario  presentó  formalmente  la petición. Después de hacer un recuento  de  las  actividades  investigativas  agotadas,  refirió  que,  en  efecto,  la  decisión  objeto  de cuestionamiento consignó, en el acápite de dosificación  punitiva,  que  el  denunciante poseía antecedentes penales por delitos iguales  al  juzgado  y  delitos  atroces,  pero  que,  no  obstante,  se  trataba de una  imprecisión  aclarada  con  la anotación obrante en el mismo aparte del fallo,  cuando  al  fijar  los  cuartos  de  movilidad  indicó que aplicaría el cuarto  mínimo, justamente, por la falta de antecedentes.   

Por   lo   anterior,   asegura   que   el  comportamiento      denunciado     “no  existió,  no  trascendió  al mundo material, no fue percibido  por   los   sentidos”1,         ya que el querer  de  la  implicada  fue  el  de  dar  a  entender  que  el  procesado carecía de  antecedentes.  De otra parte, depreca que de no prosperar esta tesis, se examine  la    posibilidad    de    precluir    las    diligencias    por    “atipicidad   conglobante”,   en  el  entendido  que  la  conducta  desplegada no conculcó ningún interés jurídico  porque       “no  existió”,  aludiendo,  por  último,  que en todo caso resultaba viable aplicar  el  in  dubio pro reo.    

          4.  La  Sala  Penal  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Valledupar,  en  proveído  del  24 de septiembre de 2013, negó la solicitud de  preclusión realizada por la Fiscalía.   

LA DECISIÓN IMPUGNADA  

         

          El       a      quo      identificó  como problemas jurídicos a resolver en este asunto los  siguientes:  i)  ¿Está  probado  que  el  comportamiento  de  la  implicada no  modificó  el  mundo fenomenológico, dando lugar a la preclusión por virtud de  la  causal  3ª  del  artículo  332  de  la  Ley  906  de  2004?  y,  ii) ¿De no ser esta procedente, tiene  cabida  esa  decisión  en aplicación de la tipicidad  conglobante  o  del in dubio  pro  reo?.  En  ambos casos, la respuesta brindada fue  negativa.   

          Frente  al  primer  punto,  señaló  que  es un hecho cierto que el  denunciante  no  tenía  antecedentes  penales previo al proferimiento del fallo  cuestionado,  lo  cual, incluso, quedó corroborado en la audiencia en la que se  le    dio    lectura,    cuando    la   Dra.   MÓVIL  GUERRA,    al  referirse  a  la  pena  imponible, destacó dicha circunstancia.  Así,  recalcó  que  si  bien  es cierto las sentencias deben dictarse en forma  oral  conforme  con  la dinámica del sistema procesal previsto en la Ley 906 de  2004,  también  lo es que para algunos efectos, verbi  gratia,  la interposición de recursos, deben obrar por  escrito,   de   manera   tal   que   el   hecho   sí   existió,   “vale   decir  tiene  una  existencia  óntica,  real,  material”,  pues  la  mención  divergente  de  la  realidad plasmada en aquella providencia  cuenta  con  la  virtualidad de materializar el tipo contemplado en el artículo  286  del  Código  Penal.  Por  ende,  negó  la  preclusión  sustentada por la  Fiscalía  con  fundamento  en  el  artículo 332, numeral 3°, de la Ley 906 de  2004.   

         Y   en   cuanto   a   las  peticiones  subsidiarias  las  consideró  contradictorias,  una  vez  cotejadas con la afirmación relativa a que el hecho  no  existió,  trayendo  a  colación  el  tema de la tipicidad conglobante para  indicar  que,  al  igual  que  la  concurrencia del in  dubio  pro  reo,  no  fueron  aspectos  acreditados en  debida  forma  al  hacerse  de  ellos  solo  una  mención  genérica.  Bajo esa  perspectiva    y    acudiendo    al    principio   de   rogación   “o   no   oficiosidad   del   sistema  penal”,   concluyó  que tampoco era posible acceder a la preclusión por esta  vía.   

         

LA IMPUGNACIÓN  

          El  Fiscal  interpuso  recurso  de  apelación  en  contra  de  esta  determinación  para  insistir en la configuración de la inexistencia del hecho  investigado,   toda  vez  que,  en  su  criterio,  en  la  sentencia  censurada,  concretamente,  en  el  primer  párrafo  alusivo  al  tema,  se señaló que el  condenado  no  tenía  antecedentes  penales.  Entonces,  dice,  manifestaciones  posteriores,  “como regla  elemental  de  hermenéutica  jurídica”,  deben asumirse sujetas a dicha premisa  y   de   contera,   los   acápites   en   contrario,  se  explican  en  errores  mecanográficos,  sobre todo cuando el alcance real de la decisión se corrobora  en  el  audio contentivo de su lectura, de donde se denota que el comportamiento  de  la  implicada  obedeció  a  un lapsus  calami  y  en  ningún  momento  al  ánimo  de conculcar la ley, reiterando que la conducta no  existió  “por  no tener  trascendencia    en    el    mundo    fenomenológico,   perceptible   por   los  sentidos”.   

          De  igual  modo, rechaza lo dicho en el auto impugnado respecto a la  postulación  incompleta del principio de in dubio pro  reo,   al  estimar  que  tal  temática  fue  expuesta  puntualmente   y  pregona  que  a  esa  conclusión  debió  haber  arribado  el  a  quo,  ya que no se causó  ninguna  lesión  al  bien  jurídico custodiado por la normatividad penal. Bajo  ese  entendido  solicita  revocar la negativa a la preclusión y se reconozca la  estructuración de la causal que amparó el pedimento.   

LOS NO RECURRENTES  

         1.  La  víctima  señaló que el proveído objeto de denuncia le ha  causado  afectación  moral  ante  el  rechazo  que  generó  en  su  familia la  mención,  contraria  a la realidad, sobre la existencia de antecedentes penales  en  su  contra  por  crímenes  atroces,  dejando  en  manos de la judicatura la  decisión que haya de adoptarse.   

          2.  Por  su  parte,  el  Representante  del  Ministerio  Público se  limitó  a  indicar  que el acápite pertinente del fallo cuestionado avala, por  si  mismo,  la  posición  de  la  Fiscalía al revelar, según lo solicitó, la  inexistencia del hecho.   

          3.  Por  último,  la  defensa  compartió las consideraciones de la  Fiscalía  y sostuvo que en el sistema procesal consagrado en la Ley 906 de 2004  cobra  vigencia  la  oralidad como principio rector, por lo cual, al aparecer en  el  audio  de la lectura de fallo que su prohijada aclaró que el sentenciado no  contaba  con  antecedentes penales, tiene cabida, en su concepto, la revocatoria  de   la   determinación  impugnada  y,  en  su  lugar,  la  preclusión  de  la  investigación.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

1.  Corresponde a la Sala desatar el recurso  de  apelación  interpuesto  en  las  diligencias  conforme  con  la competencia  asignada  por el artículo 32, numeral 3°, de la Ley 906 de 2004, al formularse  contra  una  decisión  proferida  en primera instancia por el Tribunal Superior  del     Distrito    Judicial    de    Valledupar,    atendiendo    la    calidad  foral      -Juez   Municipal-   que  le  asiste  a  la  implicada  (artículo  34,  numeral 2°, ibídem), condición acreditada en la actuación y  sobre la que no existe controversia alguna.   

          2.  Hecha  esta  precisión, ha de recordarse que la preclusión, al  contraer  efectos  de  cosa  juzgada, en principio, solo puede decretarse cuando  exista  certeza  o conocimiento más allá de toda duda razonable respecto a que  se  estructura  la hipótesis que con ese cometido es invocada por la Fiscalía,  causales  que  se relacionan de forma taxativa en el artículo 332 de la Ley 906  de 2004.   

          En  este  caso  se adujo la configuración de aquella contemplada en  el  numeral  3° de dicho canon, esto es, la inexistencia del hecho investigado,  lo  cual  no  fue  de recibo por el Tribunal y dio paso a la apelación debido a  que  para  la  Fiscalía  sí  se  verificó. Dilucidar este punto, es el primer  aspecto que abordará la Corte.   

          2.1.  La  inexistencia  del  hecho,  para conducir a la preclusión,  supone  naturalística,  ontológicamente,  la  ausencia  de  cualquier  acción  relevante  para  el  derecho  penal,  es  decir,  para  utilizar términos de la  escuela  clásica  del  delito,  que  no  haya  ninguna  modificación del mundo  exterior,  como cuando se imputa un homicidio y la presunta víctima aparece con  vida,  o  “cuando aparece  intacto  el  documento  cuya  destrucción se atribuyó al procesado”.2   

          Se  trata  de  una circunstancia de corte objetivo que, per  se,  no  genera  mayores discusiones  valorativas  en punto de su comprobación al ser suficiente para ello la certeza  de   “que   el  suceso  material    investigado    no    aconteció,    no    ha    ocurrido” (CSJ AP, 06  Dic  2012,  Rad.  37370). Así las cosas, no puede predicarse que no acaeció en  este  evento  un  comportamiento  perceptible por los  sentidos,  según lo indicó el recurrente, al existir  una  decisión  judicial,  la  sentencia  del  4  de  agosto de 2010, que fue el  resultado  de  un  actuar  concreto  desplegado  por  la indiciada y que para el  denunciante  incorporó  una  falsedad  al  tenor  del artículo 286 del Código  Penal,  como  fue  haberse  indicado,  sin  ser  cierto, que el procesado tenía  antecedentes penales.   

          Por  consiguiente,  son  acertadas  las reflexiones expuestas por el  a   quo   para  negar  la  preclusión  con  ocasión  de la causal en comento, al poder constatarse lo que  vendría  a  ser  el  objeto del delito, esto es, la providencia en cuestión, y  sobre  la misma es que debe recaer el análisis en punto de si es constitutiva o  no  de  infracción  al  Estatuto  Punitivo,  lo  que  excluye,  se  repite,  la  posibilidad  de admitirse la ausencia de una acción susceptible de reproche. De  esta   manera,   no   cuenta  con  asidero  el  reclamo  del  apelante  en  este  sentido.   

2.2.  Depurada esta variable, ha de anotarse  que  el  criterio  del  Tribunal  para  descartar la petición subsidiaria de la  Fiscalía  también  es  consistente,  en tanto este sujeto procesal no ofreció  una  argumentación  que  permitiera  dilucidar  con  precisión que la conducta  investigada  era atípica, o que habían dudas con respecto a ella, toda vez que  la  exposición  del  tema  fue  confusa  y  lacónica  si  pretendía sustentar  adecuadamente  la  procedencia de dicha solicitud residual, coyuntura que daría  lugar a la confirmación del proveído impugnado.   

          Sin  embargo,  y  sin  desconocer  que  la titularidad de la acción  penal  recae,  según  lo  establecido  en el Acto Legislativo 03 de 2002, en la  Fiscalía  General de la Nación, y que el carácter de adversarios y el sistema  de   partes  previsto  en  la  mencionada  reforma  constitucional  excluye  actuaciones   de   la   judicatura   diversas   a   las   propuestas   por  esta  institución,   que  es  la  llamada  a  promover  su  actividad, este  asunto  plantea una tensión entre la rigurosidad de tal postulado y la eficacia  en  la  administración  de justicia que, como principio rector de la actuación  procesal3    y    criterio    de    orientación    hermenéutico4,  conlleva  a  que  deba  modularse  aquel  axioma.  Lo  anterior,  porque  el  discurso  de la  Fiscalía  permite  entrever,  aun  cuando  fue  vacilante,  la atipicidad de la  conducta.   

         Esta  postura  no es novedosa, ya que la Sala, en el pronunciamiento  citado      con      antelación,      ha      admitido     que     “la  tendencia  actual se dirige a que  no  solo  con  relación  a  la causal alegada se pueda decretar la preclusión,  sino   que  también  es  válido  hacerlo  por  otra,  cuando  sus  componentes  estructurales  y los soportes materiales probatorios y evidencia física así lo  determinen,  es  decir que en la audiencia se haya puesto de conocimiento de los  jueces,  los  motivos que la estructura”,  sin que ello signifique inmiscuirse en  el   rol  de  la  Fiscalía  atendiendo  hipótesis  en  las  que,  como  en  el  sub  examine, se brinden por  parte  de  sus  Delegados  elementos de juicio encaminados a la demostración de  tal circunstancia, o sea, de que opera la preclusión.   

         Además,  se  debe  aplicar  el principio de caridad que en lenguaje  argumentativo  implica  trascender, dado el caso, de la presentación formal del  discurso  jurídico  al  análisis  conceptual  que  formula,  siempre  que  sin  dificultad       se       pueda       deducir.5   

2.3. En estas condiciones, ha de decirse que  el  recurrente  confundió  la inexistencia del hecho,  de  corroboración fáctica,  con  la atipicidad absoluta,  a  la  que  corresponde  una  verificación jurídica,  noción    que,    se    ha    dicho,    se    suscita    cuando    “el acto humano no se ubica en ningún  tipo  penal” (CSJ AP, 27 Nov 2013, Rad. 38458).   

Se  denota,  ciertamente,  en el texto de la  providencia   del   4  de  agosto  de  2010,  que  el  señor  Fredy  Velásquez  Barbosa    contaba   con  antecedentes  penales,  afirmación  que  éste  se encargó de evidenciar no se  ajusta  a  la  realidad. Empero, tal situación no se compagina con una conducta  que  se  enmarque en el delito endilgado sino que se presenta fruto del dislate,  atendiendo  que,  según  lo  recalcó  con  ahínco el Fiscal recurrente, en la  misma  determinación  se  hizo  constar  de  modo explícito que no concurrían  antecedentes  penales  y  la  repercusión  de  esta  circunstancia  palmaria se  confirma,  fehacientemente,  al  revisar  los  parámetros y consideraciones que  soportaron la sanción impuesta:   

“Como  en  el  presente  caso  no  concurren  circunstancias  de agravación punitiva (art. 245  C.P.)  y  tampoco (sic) existe de atenuación (art. 268 ibídem) concurren menor  punibilidad  ya  que  no  posee  antecedentes penales  vigentes   tal  como  se  evidencia   de  la  certificación  emanada  del  Das  (sic)  nos  tenemos  que  ubicar  en el primer cuarto  mínimo,    es    decir   de   entre   (96)   meses   hasta   (108)   meses   de  prisión.   

De  otro  lado atendiendo lo dispuesto en el  art.  4.  como es la función de la pena de ser retributiva, justa preventiva, y  por   la  intensidad  del  dolo,  y  se  vulneraron  dos  bienes  jurídicamente  tutelados,  como  son  la  propiedad  y  la  autonomía  de la voluntad, además  teniendo  en cuenta la reacción que se produce por la modalidad de la conducta,  así  como  la necesidad de la pena y la función que ella debe cumplir que debe  ser   ejemplarizante  y  resocializadora,  aunque  se  evidencia  que  la  (sic)  sentenciado,  posee  antecedentes penales por delitos  iguales  a (sic) juzgado y delitos atroces, lo que nos  indica  que  representa  peligro  para  la  comunidad  se  le impone una pena de  noventa  y seis (96) meses de prisión y multa de cuatrocientos (400) s.m.l.m.v.  como   autores   materiales   del  delito  de  extorsión  en  la  modalidad  de  tentativa”.6   

El  contenido de estos párrafos enseña que  los   procesados  Fredy  Velásquez  Barbosa  y  Esneider  Ascanio  Correa,  sin  individualización  ni  distinción,  no  tienen  antecedentes  penales  y  ello  motivó,  aun con la mención posterior a la necesidad de la pena, que se fijara  la  sanción  en  su  contra  en  el  mínimo del cuarto inferior de punibilidad  (artículo  61 del Código Penal), conforme con la cita de la certificación del  DAS.  En  consecuencia,  se  subraya,  la  imprecisión obedece a una deficiente  composición  y  no  a  la  falsedad,  al  extremo que se habló de “la    (sic)    sentenciado,   posee  antecedentes              […]”.   

De otra parte, según lo examinó el Tribunal  a  partir  de  la  propuesta  conceptual presentada por la Fiscalía, durante la  audiencia  de  lectura  de  la  sentencia  -en  la  que  se  entiende en primera  instancia,  trátese  de  juez  singular o plural, que se profiere el fallo (CSJ  SP,  14  de  agosto  de  2012,  Rad.  38467)-,  se  expresó más allá de otros  defectos  su literalidad, esto es, la no existencia de antecedentes.7   

Desde  este  contexto, impera tener presente  que  el derecho penal es un mecanismo de control social únicamente subsidiario,  y  que  la  tipicidad  como categoría dogmática se explica en que de la amplia  gama   de   comportamientos  antijurídicos  sólo  se  sancionan  punitivamente  aquellos  más graves por vía de una descripción legal estricta. Por tanto, la  conducta  reprochada  en  este  caso,  una falencia ostensible de redacción, no  puede  ajustarse  al  tipo de falsedad ideológica en documento público ante la  ausencia de uno de sus elementos objetivos.   

3.  En  síntesis,  el  escenario auscultado  acarrea  reconocer  con  independencia  de  las  consideraciones  acerca  de  la  inexistencia  del  hecho,  que  la  denuncia penal versa sobre un comportamiento  atípico  y  hay  lugar  a  la  preclusión, como lo solicitó, y a la postre lo  respaldó, el Delegado de la Fiscalía.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

REVOCAR la decisión  adoptada  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  Valledupar  el 24 de septiembre de 2013 y, en su lugar, decretar la PRECLUSIÓN    DE    LA    INVESTIGACIÓN  adelantada   contra  la  Dra.  NELLYS  EUFEMIA  MÓVIL  GUERRA  por  el  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público,  conforme  con  los  razonamientos  efectuados  en la parte  considerativa de esta providencia.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno   

Comuníquese y cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Record 14:55   

2  Ejemplo  citado  en  la  sentencia C-920 de 2007 de la  Corte Constitucional   

3  Ley   906   de   2004,   artículo  10,  “La    actuación    procesal    se  desarrollará  teniendo en cuenta el respeto a los derechos fundamentales de las  personas  que  intervienen  en  ella  y  la  necesidad de lograr la eficacia del  ejercicio  de la justicia. En ella los funcionarios judiciales harán prevalecer  el     derecho     sustancial     […]   

4  Artículo      26      ibídem,      “Las  normas rectoras son obligatorias  y   prevalecen  sobre  cualquier  otra  disposición  de  este  Código.  Serán  utilizadas       como       fundamento       de      interpretación”.   

5  Acerca de este principio pueden consultarse CSJ AP, 10  de marzo de 2009, Rad. 30822; CSJ SP, 20 Oct 2010, 33022   

6  Cfr.  Fl.  36  cuaderno  de  anexos,  resaltado  de la  Sala   

7  Cfr.  Récord  26:14 y siguientes audiencia lectura de  fallo de 4 de agosto de 2010     

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