42549(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 419  

Bogotá  D.C., once (11) de diciembre de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  de  LUZ  MERY  ÁVILA  SALCEDO, ISRAEL CIFUENTES GUERRERO, JOSÉ LAINER  MÉNDEZ  CUBILLOS,  LUIS  FERNANDO  CORONADO  MARTÍNEZ  y JOSÉ RAÚL CARABALLO  ACUÑA  contra  la sentencia proferida el 27 de agosto  del  año  en  curso,  a través de la cual el Tribunal Superior de Cundinamarca  confirmó  el  fallo dictado el 4 de junio anterior por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito Especializado Adjunto de Descongestión de dicho departamento, por  cuyo  medio  los  condenó  a  ciento  sesenta (160) meses de prisión, multa de  666.66  S.M.L.M.V.  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por  igual  lapso,  como  coautores  del  punible  de   empleo,  producción,   comercialización   y   almacenamiento   de  minas  antipersonal.   

HECHOS  

          En  horas  de  la madrugada del 26 de diciembre de 2011, integrantes  del  Batallón  de  Infantería  No. 39 del Ejército Nacional se desplazaron al  sector  Buena  Vista  del  Municipio  de  San Bernardo  (Cundinamarca)  porque,  según  información  de  la  ciudadanía,  en  el  lugar hacía presencia personal uniformado y armado. En el  sitio  se  presentó  un  enfrentamiento  por  varios  minutos,  luego  del cual  hallaron  varias  carpas  y junto a ellas a cinco personas vestidas de camuflado  que  portaban armamento bélico y explosivos de fabricación artesanal conocidos  como      “quiebra      patas      o      minas  antipersonas”.   

ANTECEDENTES RELEVANTES  

Con  fundamento en los anteriores hechos, el  27  de diciembre de 2011 la Fiscalía imputó a los capturados la coautoría del  concurso  de  delitos  de  rebelión  y empleo, producción, comercialización y  almacenamiento  de  minas  antipersonas  del  artículo 367 A del Código Penal,  siendo    aceptado    el  cargo    de    rebelión,  produciéndose la ruptura de la unidad procesal.   

El  16  de  abril  de  2012 el ente acusador  radicó  escrito  de  acusación y el 10 de agosto siguiente se llevó a cabo la  respectiva  audiencia;  la  vista  preparatoria se concretó el 3 de octubre del  mismo  año y el juicio se realizó en sesiones del 15 de febrero, 18 de abril y  4  de  junio  de  2013,  a cuyo término se emitió fallo condenatorio contra el  cual  la  defensa  interpuso recurso de apelación, resuelto el 27 de agosto por  el   Tribunal   Superior   de   Cundinamarca   confirmando   la   determinación  impugnada.   

En desacuerdo con la providencia anterior el  defensor  de los procesados presenta demanda de casación, aprestándose la Sala  a estudiar la admisibilidad del libelo correspondiente.   

LA DEMANDA  

         

          El  censor propone como único cargo “la  infracción  directa  de  la  ley  por  falta  de aplicación o exclusión de la  norma”   como   quiera  que  la  sentencia  omitió  considerar  las  previsiones del artículo 405 de la Ley 906 de 2004 que obligan  a  practicar  prueba  pericial  cuando  sea  necesario efectuar valoraciones que  requieran conocimientos especializados.   

          En  tal  sentido,  opina,  dentro  de  la  actuación procesal no se  practicó  prueba  pericial  que  determinara  si  los artefactos encontrados se  identificaban  con  el  concepto  de mina antipersonal. Así mismo, aunque en la  sentencia  se  afirma  que el material incautado fue destruido, lo cierto es que  no  se verificó su poder explosivo, no existiendo certeza sobre su capacidad de  producir  daño.  Lo  anterior  con  mayor razón cuando el soldado Soto  Torres  declaró no haber observado  la  explosión,  situación  que  también  genera  dudas  no  disipadas  en  el  fallo.     

          En  ese orden, la inexistencia de la prueba pericial se reafirma con  el   interrogatorio   rendido   por   el   experto  en  explosivos  Carlos  Arévalo  Rodríguez  quien negó  haber  realizado  la experticia; por tanto, a pesar de contar con expertos en la  materia  no se practicó dictamen que certificara la capacidad de producir daño  de los artefactos decomisados.   

Por ello, afirma, la decisión de la Corte se  requiere  para  unificar  la  jurisprudencia  en  torno  a  la obligatoriedad de  practicar  experticias  a  los  explosivos  incautados  que  determinen su poder  destructivo,  elemento  probatorio  necesario  para  poder ejercer el derecho de  contradicción dentro de los cánones del debido proceso.   

En  atención  de lo anterior, pide casar el  fallo  impugnado  y,  en  su lugar, proferir sentencia de reemplazo de carácter  absolutorio.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Para  que  la  demanda  de  casación  sea  admitida,  acorde  con las previsiones de la Ley 906 de 2004, resulta imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos orientados a que contenga una  exposición  lógica  y  debidamente  argumentada,  como  así  se desprende, en  primer  lugar,  de  lo normado en el inciso segundo del artículo 184, según el  cual,   

“No   será  seleccionada,  por  auto  debidamente motivado que admite recurso de insistencia  presentado  por  alguno  de  los  magistrados  de  la  Sala  o por el Ministerio  Público,  la demanda que se encuentre en alguno de los siguientes supuestos: Si  el   demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se advierta que  no   se   precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso”.   

E,  igualmente,  de  lo  advertido  en  el  artículo  183 del mismo estatuto, conforme al cual el recurso extraordinario de  casación  se  interpondrá mediante demanda “que de  manera    precisa   y   concisa   señale   las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos”.   

          El  recurrente  acusa  al Tribunal de violar en forma directa la ley  al         omitir         considerar que, acorde  con   el  artículo  405  de  la  Ley  906  de  2004,  se   hacía  indispensable  aportar  al  proceso  un  dictamen   pericial   que   certificara   el   poder  destructivo     de    los    artefactos    explosivos    encontrados    a    los  procesados.   

Pues bien, la única norma mencionada por el  libelista  como  infringida  es  el  artículo  405 del Código de Procedimiento  Penal,   preceptiva   que  no  ostenta  carácter  sustancial,  aspecto  esencial  porque  la violación directa de la ley se configura cuando se afecta el derecho  material  o  las  garantías  debidas  a  las  personas  que  intervienen  en la  actuación penal.   

Ello  por cuanto la finalidad del recurso no  es  otra  que  garantizar la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la  unificación de la jurisprudencia y la  reparación  de  los agravios inferidos a las partes con la sentencia demandada,  por  manera  que  si  se presenta una falencia en el manejo y valoración de los  medios  de  convicción  sin  afectar  una  normativa  de estirpe sustancial que  involucre tales derechos, la demanda propuesta carece de sentido.   

El  derecho  sustancial  en  materia  penal  comprende,  entre otras, las normas que describen conductas punibles, sanciones,  circunstancias  de  agravación  o  atenuación  de  responsabilidad,  así como  aquellas  que  consagran  las  garantías  de  las partes e intervinientes en el  proceso.  Contrario sensu, el  derecho  formal  o adjetivo establece la forma de la actividad jurisdiccional en  procura de la realización de dichos postulados.   

Entonces,  el artículo 405 de la Ley 906 de  2004  establece  en  qué  eventos  procede  la  prueba  pericial, aspecto   importantísimo  para  guiar  al  operador  judicial  en  la labor del decreto y  ponderación  de los medios de convicción, pero que en sí misma no comporta un  derecho sustancial.   

         De  otra  parte,  la  causal de casación  invocada  se  refiere  a  la  violación  directa de la ley, la cual se concreta  cuando  a  partir  de  la  apreciación  de  los  hechos  legal  y oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los  falladores  omiten  aplicar la  disposición  que se ocupa de la situación en concreto, en cuanto yerran acerca  de  su  existencia (falta de aplicación o exclusión  evidente),  realizan  una equívoca adecuación de los  hechos   probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida), o le atribuyen a  la  norma  un  sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a  su contenido (interpretación errónea).   

         En  tal  caso,  sin  importar la especie de quebranto directo de la  preceptiva  sustancial,  el yerro de los juzgadores recae sobre la normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate en un ámbito estrictamente jurídico, sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto regulador de la situación específica  demostrada,  ora  porque  el hecho se ajusta a una disposición estructurada con  supuestos   distintos  a  los  establecidos,  o  bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio de la norma aplicable al caso concreto, todo lo cual exige  del   censor   la   aceptación   de  la  realidad  fáctica  declarada  en  las  instancias.   

         Por   tanto,  no  se  debate  allí  la  actividad  probatoria  ni su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

         Siendo  ello  así, la Sala encuentra que  el         libelista        incumplió  la  carga  procesal  de  sustentar  adecuadamente   el  cargo  por cuanto su planteamiento  en  realidad  envuelve  un  problema  de  carácter  probatorio  y no de estirpe  exclusivamente    jurídica,    pues   se  circunscribe  a cuestionar el proceso  de     valoración     probatoria     expresada  en  el fallo que condujo a dar  por demostrada la incautación de diez minas antipersonal.   

         En    efecto,    los    falladores    de   instancia   llegaron a la  conclusión  de  que  los artefactos decomisados a los  procesados   eran   minas   antipersonal  a  partir  de  las declaraciones de los  integrantes  del  Ejército  Nacional  que  participaron  en le procedimiento de  incautación     y     destrucción    Carlos  Arévalo  Rodríguez,   Carlos  Fernando  Larrea  y  Durabio  Antonio  Soto  Torres y del  miembro    del    GAULA  José Leonel Vidal Hurtado.  Así  mismo,  con base en la  prueba  documental acopiada, en particular,      por      el      contenido  del  acta  de incautación de  elementos  firmada  por  los  procesados donde se detalla cómo a cada uno se le  encontró    dos    minas   antipersonal.   

         Contra  ese  hecho, colegido a partir de  la  prueba  testimonial  y documental,  se rebela  el  libelista  quien  aduce  que  sólo  con  el  dictamen  pericial  se  podía  determinar  si  se  trataba de una mina antipersonal y  cual era su poder destructivo.   

         Con   todo,   esa   postura     desconoce    que    la  actividad  probatoria  desplegada al interior del proceso penal,  conforme  al  artículo  372  de  las  Ley  906  de  2004,  tiene como finalidad  “llevar  al  conocimiento  del  juez, más allá de  toda  duda  razonable,  los  hechos y circunstancias materia del juicio y los de  responsabilidad   penal   del   acusado,  como  autor  o  partícipe”  y  que a  ello  se  puede  llegar  a través de los diferentes  medios   de   convicción  aceptados  en  el  ordenamiento  jurídico  nacional,  verbi   gratia,  prueba  testimonial, documental, pericial, etc..   

Ello  por  cuanto  el  proceso  penal  es un  método  de  reconstrucción  de  unos precisos acontecimientos planteados en la  actuación  (la  concreción  o  no  de  la  conducta  delictiva  y  la  responsabilidad  en  la  misma), cuyo  propósito   fundamental  es  otorgar  al  sentenciador  conocimiento  sobre  su  configuración,  con fundamento en el cual pueda emitir un fallo de condena o de  absolución, según sea el caso.   

Tal  reconstrucción  procesal, encaminada a  descubrir  la  verdad,  conforme  al  artículo  381 de la Ley 906 de 2004, debe  hacerse  con  fundamento  en la valoración conjunta de las pruebas debatidas en  el  juicio,  por  manera  que  se  excluye  el  conocimiento  privado del juez o  cualquier   otro  medio  no  incorporado  a  la  actuación  en  la  oportunidad  legalmente establecida.   

En ese orden, una vez recaudada la prueba, el  juez  despliega  una  labor  intelectual  de discernimiento en virtud de la cual  analiza,  compara  y sopesa los medios de convicción y, posteriormente, elabora  juicios  o predicados sobre los hechos sometidos a su consideración a partir de  los  cuales  determina la configuración o no del fenómeno fáctico o jurídico  propuesto.   

Precisado lo anterior, impera señalar cómo  el  ordenamiento  procesal  patrio  acoge  el  sistema  de  la  sana  crítica o  persuasión  racional  en virtud del cual, al apreciar los medios de convicción  recaudados,  el juez debe establecer por sí mismo el valor de las pruebas. Para  ello,  debe  seguir  las  reglas  de  la  lógica,  la ciencia y la experiencia,  ponderando,  además,  en  forma  conjunta  el  material acopiado y motivando el  mérito otorgado al mismo.   

De esta manera, el régimen procesal nacional  no  se  adscribe  al sistema de tarifa legal en virtud del cual el legislador le  indica  al  juzgador  cómo  y  qué  valor  debe  asignarle  a  los  medios  de  convicción.   

Con todo, la facultad conferida al juez en el  sistema  de  la  sana  crítica  o  persuasión racional no se identifica con la  arbitrariedad  o  el  capricho  del funcionario, sino con el ejercicio razonado,  ponderado  y  reposado  del  raciocinio  en torno a las pruebas recaudadas en el  juicio.  Por ello, constituye un imperativo para el funcionario judicial motivar  sus  decisiones  e  indicar  los  criterios usados para justipreciar las pruebas  acopiadas  con  fundamento  en  las  cuales  emite  la  declaración de justicia  contenida en el fallo.   

En  ese  contexto,  la  condición  de  mina  antipersonal  de  los  objetos  incautados  a los procesados podía probarse por  diferentes  medios,  incluida  la  prueba testimonial y documental apreciada por  los  falladores  de instancia en el evento examinado, y no exclusivamente con la  prueba pericial como lo sostiene el demandante.   

Y  si  bien  el  artículo 405 establece que  “la  prueba  pericial  es  procedente  cuando  sea  necesario   efectuar  valoraciones  que  requieran  conocimientos  científicos,  técnicos,  artístico  o  especializados”,  ello no  significa  que  sólo  con  ella  se  pueden  demostrar  hechos y circunstancias  relacionadas  con  conocimientos  especializados,  pues,  se repite, en Colombia  impera la libertad probatoria y no la tarifa legal.   

De  esta forma, aunque el material explosivo  incautado  es  de aquél al que se le puede practicar examen técnico, el inciso  segundo  del artículo 14 de la Ley 759 de 2002 prevé que, tratándose de minas  antipersonal,  debe procederse a su destrucción inmediata cuando constituyan un  riesgo  para las personas, condición que se reunía en el evento examinado dada  la  inestabilidad del material incautado referida por los miembros del Ejército  Nacional,  máxime cuando los diez artefactos fueron encontrados en zona alejada  del  casco urbano de municipio de San Bernardo, lo cual hacía más peligroso su  transporte.     

        De  esta  manera, el cargo sólo  refleja  la  inconformidad  del  casacionista  con  la determinación del Tribunal de  confirmar    el   fallo   de   condena,    pero    no    constituye    un   reproche   de   orden  estrictamente jurídico como lo  impone  la  causal  invocada.  En  otros  términos,  el  reparo cuya admisibilidad se estudia,  no  propone  un asunto de contenido  jurídico  – conceptual;  por  el  contrario,  se encamina a deplorar que el ad  quem,  producto  de  una  errada  valoración  probatoria,  haya  dado  por  demostrada  la  condición  de  mima  antipersonal  del  material incautado a los procesados.   

          Con   el   referido   proceder,   el  demandante  se  sustrae  de   la   obligación  dispuesta  por  el legislador de exigir a los recurrentes que el libelo contenga  “de   manera   precisa  y  concisa  las  causales  invocadas  y  sus fundamentos”, pues no   ajusta  su  desarrollo  a  las  exigencias que le son propias.   

        En  ese  contexto, no se hace necesario  el  pronunciamiento  de  la  Corte  para  unificar la  jurisprudencia,  como  lo aduce el libelista, pues se trata de un tema sin mayor  dificultad interpretativa.   

         

        Las    anteriores    falencias   lógicas   imponen   inadmitir    el    libelo,  pues  pese  a  que  se plantea  la  violación  directa de la ley, el censor encaminó su  esfuerzo  a  atacar  la  valoración       probatoria       efectuada       por      el      Tribunal,  olvidando  que  la  causal  invocada  comporta  la  proposición  de  un  problema  de  raigambre  netamente  jurídica  sin  incluir  cuestionamientos   a   los  hechos  y  a  la ponderación probatoria definidos  en la sentencia.   

          Lo  anterior  con  mayor  razón  cuando  se  considera que  la  demanda  de  casación no corresponde a un alegato de libre confección donde se  puedan  plasmar  enunciados  inexplicados,  alejados  de  las  reglas lógicas y  argumentativas   propias   del   recurso   extraordinario.  Por  ello,   la  Corporación  inadmitirá  el libelo de acuerdo con lo dispuesto en el artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, pues en virtud del principio de limitación propio  del  trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada para enmendar tales  equívocos.   

        Además,  porque  no  se  observa,  con  ocasión  de la sentencia  impugnada  o  dentro del curso de la actuación procesal, violación de derechos  o  garantías  de  los  acusados,  como para adoptar la decisión de superar los  defectos  de  la demanda y decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º del  artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR        el       libelo  casacional   presentado   por   el  defensor  de  los  procesados  LUZ MERY ÁVILA SALCEDO, ISRAEL CIFUENTES  GUERRERO,  JOSÉ  LAINER  MÉNDEZ  CUBILLOS,  LUIS FERNANDO CORONADO MARTÍNEZ y  JOSÉ   RAÚL   CARABALLO   ACUÑA,  por  las  razones  expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                              FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                         MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ            

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                       EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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