42543(13-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 378.   

          Bogotá,   D.C.,   trece   (13)   de  noviembre  de  dos  mil  trece  (2013).   

V    I   S   T   O  S   

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JHON  JAIRO MUENTES  MUENTES,   contra   la  sentencia  de  segundo  grado  proferida  el  14  de  junio de 2013 por la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Ibagué, que confirmó la dictada el 15 de febrero de 2012  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Honda,  por  cuyo  medio condenó al  procesado  a  las  penas  principales  de  seis  (6) años de prisión, multa de  $670.000,  e  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas,  como  autor  de  las  conductas punibles de peculado por apropiación y falsedad  ideológica  en  documento público. Al sentenciado se le negaron los sustitutos  de   suspensión   condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  y  prisión  domiciliaria.   

H    E   C   H   O  S   

Fueron fijados en el fallo de segundo grado,  como se transcribe a continuación:   

“Dio origen a la  presente  investigación  la  denuncia  penal formulada por el Sub Teniente OMAR  LEONARDO  VILLALOBOS  RINCÓN  quien  como jefe de Contabilidad SEAVI pudo darse  cuenta  que  el  patrullero  MUENTES  MUENTES  quien se desempeñaba en el nivel  ejecutivo,  manipuló  las  nóminas  de los meses de Noviembre de 2003, Marzo y  Abril  de  2004  auto  reconociéndose  una  bonificación  por  buena  conducta  equivalente  a  320000  en  el primero mes y 350.000 en los restantes meses, que  además  lo hizo también con el servidor JUAN CARLOS QUIROZ ALBARRACÍN para el  mes  de  Abril,  pudo  establecerse  que  estas  modificaciones  a la nómina se  registraron   con   el   PASSWORD   PN–R    Jairo   correspondiente   al   usuario   asignado   al   aquí  sindicado.   

Que  la bonificación que se reconoció él  mismo  no  puede  reconocerse a servidores del nivel ejecutivo, logrando de esta  manera  apropiarse de dineros de la Nación en beneficio propio y de un tercero,  incluyendo  además  en  las  distintas  nóminas hechos falsos y no respaldados  para        auto       reconocerse       estas       bonificaciones.”   

ACTUACIÓN       PROCESAL   RELEVANTE   

Con  fundamento en la denuncia formulada por  el   Jefe   de   Contabilidad   de  la  Escuela  de  Aviación  de  la  Policía  Nacional1,  el  Juzgado 188 de Instrucción Penal Militar con sede en Ibagué  por    auto    del    12   de   agosto   de   20042   dispuso   la   apertura  de  investigación   y  ordenó  vincular  mediante  diligencia  de  indagatoria  al  patrullero   JHON  JAIRO  MUENTES  MUENTES3.   

El  ente  instructor  definió la situación  jurídica  del  sindicado  25  de  agosto  siguiente,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  consistente  en detención preventiva4,  por  los delitos de falsedad  ideológica en documento público y peculado por apropiación.   

En  firme  la  resolución  de  situación  jurídica,   las   diligencias   se  le  asignaron  a  la  Fiscalía  157  Penal  Militar5  que  decretó  el  cierre de la investigación el 27 de febrero de  20066  y  calificó  su mérito el 27 de marzo del mismo año, acusando a  JHON  JAIRO  MUENTES  MUENTES  como  probable  autor  de  los  delitos  de peculado por apropiación y falsedad  ideológica      en      documento      público7.   

La providencia fue recurrida por la defensora  en  reposición  y  subsidiariamente  en  apelación. Negada la primera el 20 de  abril  de  20068,  se  concedió  la  alzada  vertical  y el siguiente 18 de mayo la  Fiscalía  Cuarta Penal ante el Tribunal Superior Militar declaró la nulidad de  lo   actuado   a   partir  del  auto  de  cierre  de  investigación9,    por  considerar  que  la  competencia  radicaba en la jurisdicción ordinaria, puesto  que  las conductas imputadas al procesado no tenían relación con las funciones  constitucional   y   legalmente   asignadas   como  integrante  de  la  Policía  Nacional.   

El  22  de  junio  de  2006, la Fiscalía 48  Seccional  de  Honda  asumió  la  investigación;  revocó por favorabilidad la  medida  de  aseguramiento  que  se  le había impuesto al procesado; y, declaró  cerrada          la          investigación10.   

El sumario fue calificado el 15 de agosto de  200611,   profiriendo   resolución   de  acusación  contra  JHON  JAIRO  MUENTES MUENTES, como presunto  autor  de  los delitos de falsedad ideológica en documento público en concurso  homogéneo  y  sucesivo  y  peculado  por  apropiación en concurso homogéneo y  sucesivo.   

El llamamiento a juicio fue impugnado por la  defensora  y  confirmado  por  la  Fiscalía  Sexta  Delegada  ante  el Tribunal  Superior  de  Ibagué  mediante  providencia del 28 de marzo de 200712.   

El conocimiento en la etapa del juicio se le  correspondió    al    Juzgado   Penal   del   Circuito   de   Honda13 que celebró  la   audiencia   preparatoria   el   15   de   diciembre   de   200914   y   la  pública     el    11    de    mayo    de    201015.   

La   sentencia  de  primera  instancia  se  profirió    el    15    de    febrero   de   201216,   de   cuya  naturaleza  y  contenido   se  hizo  mérito  en  el  acápite  inicial  de  esta  providencia,  confirmada  por  el  Tribunal  Superior de Ibagué mediante la que es objeto del  recurso                extraordinario17.   

LA   DEMANDA   

Un  cargo  formula  el  demandante contra la  sentencia  de  segunda  instancia,  con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación  prevista  en el artículo 207 del Código de Procedimiento Penal, por  violación  directa  de  la ley sustancial “…en la  modalidad  de  aplicación indebida del artículo 31, 286 y 397 inciso 3° de la  ley  599  de  2000,  tipo penal que describe la conducta punible de Peculado por  Apropiación,  cuando  debió  aplicarse en la sentencia el artículo 246 inciso  3°,  esto  es  el delito de Estafa, aplicando la disminuyente punitiva a la que  se   contrae   el   artículo   269   por   reparación  del  daño.”   

En  desarrollo  de la censura, aduce que las  instancias  concluyeron que el procesado es autor de peculado por apropiación y  falsedad  ideológica  en  documento público. Reproduce los artículos 31, 286,  397  y  246  del  Código Penal. Luego transcribe apartes del fallo impugnado en  los  que  el  Tribunal  explica  cómo  se  configuró  el  atentado  contra  la  administración pública.   

Reconoce  el  demandante  que  esos  hechos  corresponden  a  la forma como su asistido se apropió de los recursos oficiales  en varias ocasiones:   

“Fácticamente  no  hay  duda  que  la  conducta  investigada no es más que la manera en que mi  poderdante  llevado  por  las luces cegadoras del delito, se apropió de dineros  pertenecientes  a la Policía Nacional, una sola víctima, pero varias veces. No  hay  discusión  sobre  ello  y  así lo ha admitido y seguirá admitiendo quien  represento.”   

También asegura que no existe duda de que el  procesado  indujo  en  error  a  sus  superiores,  precisamente las personas que  estaban   encargadas   de   guardar   y  custodiar  el  dinero,  “…para   asignarse  una  prima  que por su grado dentro de la  institución    no   le   correspondía   y   así   obtener   lo   (sic)   dineros  correspondientes  a  las  mismas.”   

Advierte que en la sentencia del 18 de junio  de   2008  (Rdo.  28562),  la  Sala  de  Casación  Penal  señaló  que  en  la  apropiación  de  recursos  públicos  no  siempre  se  incurre  en peculado por  apropiación  y  falsedad  en  documento  público, sino que puede estructurarse  otra  conducta punible, como en ese caso referido a un Congresista que presentó  documentos  espurios  para  que  se  le  reconociera el derecho a la pensión de  jubilación,  considerándose  que  su  accionar se adecuaba al delito de estafa  continuada.   

Entonces,  considera  que  su  defendido  al  apropiarse  de  dinero del Estado no incurrió en peculado por apropiación sino  en  estafa  y,  además,  no  se  trató  de un concurso de estafas, sino de una  estafa  continuada,  porque  realizó  múltiples  actos tendientes a obtener un  propósito defraudador en perjuicio de la misma víctima.   

Se   refiere  el  actor  a  los  elementos  estructurales  del  delito  continuado y trae a colación jurisprudencia de esta  Sala (Rdo. 27383).   

Señala  que la acertada adecuación típica  forma  parte  del  debido  proceso,  por  lo  que  no  podrían  los  servidores  judiciales  denominar  un  delito  como  a  bien  tengan. Por eso cree  que  “Si un funcionario público obtiene el bien del que  se  apropia  por  medios  ILÍCITOS,  no  puede cometer Peculado sino Estafa que  engloba     en     sí     mismo     como    actos    coopenados    (sic)  la  Falsedad  que  fue  usada como  medio,  relación  causal  de medio a fin, que correctamente fue admitida por el  Juez    de   primera   instancia   y   el   H.   Tribunal   Superior.”   

Enseguida  se  refiere  a  las diferencias y  semejanzas  entre  el  peculado  y  el  abuso  de  confianza. Luego enuncia como  elementos  del  tipo  de  estafa, los artificios o engaños; la inducción en el  error  determinado  por  un  ardid;  la  obtención  de un provecho ilícito; el  perjuicio  correlativo;  la relación causal entre el engaño y el error y entre  éste y el provecho o daño patrimonial.   

En     la     estafa     –explica–  el error que suscita el estafador en  la  víctima  va  dirigido  a  provocar  un  concepto  equivocado o falso juicio  “…de  tal naturaleza que determine al engañado a  hacer  la  prestación  patrimonial que se le pide, de tal modo que de no mediar  el error no accedería a ella.”   

Con  fundamento  en  esa premisa, colige que  “Queda  claro  entonces  que  cuando el funcionario  obtiene  provecho  es por la habilidad, por el engaño que logra por parte de su  superior,  no  existe  licitud  ni  vínculo  entre  él  y  la  cosa y en tales  condiciones   mal   podría   decirse   que   esta  entró  legalmente  para  su  administración o custodia.”   

Está  seguro  de  que la fiscalía delegada  ante  el  Tribunal  Superior  Militar  se  refirió a los elementos que permiten  adecuar  los  hechos  al  tipo de estafa y cita apartes de la providencia por la  que  el  instructor  castrense en segunda instancia resolvió remitir el proceso  por  competencia  a  la jurisdicción ordinaria, en atención a que la actividad  desplegada  por el procesado no correspondía a ninguna de las que se consideran  propias     del     servicio,     puntualizando      que    “…un  fraude  o  estafa  perpetrado por el policial para lograr en  beneficio  personal  el  pago  de  unas  primas  a las cuales no tenía derecho,  (…),  no  puede  entenderse  como  próximo  o consecuencial a las actividades  propias    como    miembro    activo   de   la   Policía   Nacional.”   

Deduce  el  demandante  que  su defendido no  tenía  los  bienes a su disposición, lo que impide calificar su comportamiento  como  peculado  por apropiación, puesto que “…las  actividades  que  desempeñaba  el  policial no guardaban relación con aquellas  que  le  fueron  encomendadas  en  virtud de la Constitución y de la Ley, y las  asignadas  funcionalmente  no  eran suficientes como para entender trasladada la  custodia,    guarda   o   vigilancia   de   los   bienes   estatales.”   Además,  que  quienes  asumieron  la  investigación  en  la  jurisdicción  ordinaria  ignoraron los motivos de la Fiscalía delegada ante el  Tribunal    Superior    Militar   que   sugirió   esclarecer   el   delito   de  estafa.   

Argumenta que no puede llegarse al extremo de  afirmar  que el procesado tenía los bienes bajo su custodia, porque intervenía  en  el  proceso  de  inclusión  de  datos  en  nómina, pues no todo técnico o  digitador tiene la condición de administrador de recursos.   

Expone  que  en  este caso se estructuró un  concurso  aparente  con la falsedad ideológica en documento público, porque la  manipulación  de  la información apenas fue la maniobra engañosa que llevó a  cabo el procesado para apropiarse del dinero.   

El  error  es  transcendente  –agrega–  por  razón  de la mayor punibilidad  impuesta  debida  al concurso de delitos de peculado por apropiación y falsedad  ideológica   en   documento   público  que  se  le  atribuyó  a  JHON JAIRO MUENTES.   

“Debe tenerse en  cuenta  que toda la prueba recaudada demuestra fehacientemente que a mi asistido  no  le  asistía  dentro  de  sus  funciones  misionales  la  guarda, custodia o  tenencia  de  los  recursos  de los que finalmente se apropió, pues es la misma  prueba  analizada  en  las  decisiones  de instancia las que acreditan de manera  contundente  que  esta  guarda  estaba  en  cabeza  única  y exclusivamente del  tesorero,  quien autorizaba finalmente el pago de los recursos de la nómina. Le  correspondió  a  quien  defiendo,  ENGAÑAR  a  sus  superiores, en especial al  tesorero,  para  que  este autorizara el pago de la nómina y así poder recibir  la  prima  a  la que no tenía derecho. Prueba de lo anterior es que con la sola  decisión,  o la sola voluntad de mi asistido, JAMÁS se hubiese podido apropiar  de  los  dineros,  pues  la  facultad para autorizar los pagos y disponer de los  dineros  de  la  nómina  no  estaban  al  su  alcance.  No  bastaba  con querer  adjudicarse  una  prima  a  la  que  no  tenía  derecho,  era indispensable que  engañara  a  sus  superiores, haciéndoles creer que tenía derecho a la prima,  para que estos la autorizaran.”   

Solicita  de  la  Sala  que  “…case  parcialmente  la  sentencia  por  ser violatoria de manera  directa  de una norma sustancial” y, en consecuencia,  que  se dicte el fallo de remplazo “…efectuando la  calificación  pertinente de la conducta punible que tiene prevista la norma que  debe    aplicarse    al    caso    concreto    para   restaurar   la   legalidad  quebrantada.”  Asimismo, de no admitirse la demanda,  pide  que de manera oficiosa la Corte analice “…la  flagrante  vulneración  del  derecho  fundamental  a  la defensa del cual está  siendo víctima quien represento…”   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

El defensor propone la violación directa de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida de los artículos 31, 286 y 397,  inciso  3°,  del  Código  Penal,  consistente  en  habérsele  deducido  a  su  defendido  la autoría y la responsabilidad en el concurso sucesivo homogéneo y  heterogéneo  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  y peculado por  apropiación,  cuando  debió condenársele por estafa continuada y reducírsele  la pena por reparación integral.   

Desde  ahora  es  necesario aclarar cómo al  igual  que  para  la  interposición  de  las  censuras  ordinarias,  el recurso  extraordinario  exige  que  en  el  censor  concurran  la  legitimación para el  proceso y la legitimación en la causa.   

La primera, impone que quien se dice afectado  con  la  decisión  tenga  el  reconocimiento  como  sujeto  procesal,  parte  o  interviniente  en  el  proceso,  por  reunir  los  requisitos  que  establece la  legislación   para  el  efecto;  y,  sin  duda  el  demandante  satisface  este  presupuesto, porque fue admitido como defensor del procesado.   

La segunda, alude al interés jurídico para  recurrir  y reclama que la providencia censurada, o la parte pertinente, hubiese  causado  un  agravio o perjuicio real en el sentido que se reclama, porque de lo  contrario,  si  la  decisión  judicial  no  generó  daño  ninguno,  la  parte  carecerá     de    legitimidad    para    exigir    la    revisión    de    la  providencia.   

Con  la demanda de casación, en esencia, se  debe  presentar un juicio contra la sentencia de segunda instancia, al denunciar  y  demostrar  los  yerros  cometidos  por  el  juzgador,  si  es  que  de manera  ostensible hubiere desconocido la normatividad superior o legal.   

En  consecuencia,  es  presupuesto necesario  para  recurrir  que  el Tribunal incurra en errores al resolver o decidir alguna  pretensión  de  parte,  precisamente  en  el sentido que se procura mediante la  casación,  porque  si el Juez Colegiado no se pronunció acerca del tema debido  a  que no se le propuso, no podría asegurarse que incurrió en algún desatino,  pues  su  competencia es funcional y, en razón de ello, se limita a decidir los  aspectos planteados por el recurrente.   

Entonces, el Ad quem no podría haber errado  en  relación  con  asuntos  sobre  los  que  no  se le solicitó pronunciarse o  resolver,  ni cuando lo que decidió está de conformidad con los requerimientos  del solicitante.   

Tanto en la resolución de acusación como en  el  fallo  de  primera instancia, vale destacar, los funcionarios consignaron un  pormenorizado  análisis probatorio acerca de la autoría atribuida al procesado  JHON JAIRO MUENTES MUENTES en  los  delitos  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  y peculado por  apropiación.   

Al  agotarse las fases propias de la primera  instancia  se  concluyó  que  las pruebas demostraban su responsabilidad en los  delitos imputados.   

Con   todo,  en  ningún  momento  de  la  actuación  ni siquiera se insinuó que hubiese algún error en la calificación  jurídica.   

La  sentencia  de  primera  instancia  fue  apelada  por  el defensor, sin que aludiera al tópico que ahora plantea, por lo  que  la  decisión  de  segundo  grado  se  limitó  a responder las inquietudes  presentadas,  relativas  a  que  la  falsedad  obedeció a un error que debieron  corregir  los  superiores  del  acusado y que éste no pudo cometer el delito de  peculado  por  apropiación,  porque  no  tenía  los  bienes bajo su custodia o  administración.   

No  obstante  lo  anterior, el apoderado de  confianza  del  sentenciado  interpuso  el  extraordinario recurso a través del  cual,  invocando  la  violación  directa  de la ley sustancial, pretende que la  Sala  se pronuncie sobre la prueba valorada en las instancias y determine que en  este  caso  MUENTES  MUENTES  debe  responder  por  el  delito  de estafa, en consideración a que mediante la  falsificación  de  la  nómina indujo en error a sus superiores para obtener un  provecho  económico  ilícito;  y,  siendo  la  falsedad apenas parte del ardid  empleado  para  lograr el fin perseguido, no podría admitirse que hubo concurso  entre  esta  conducta  y  los  atentados contra el patrimonio económico, que en  todo caso deben asumirse como delito continuado.   

De  acuerdo  con  las  consideraciones  que  vienen  de  exponerse,  es  claro  que  el  demandante  carece  en  este caso de  legitimidad  en  la causa, porque el sustento de la censura que ahora propone ni  siquiera  fue objeto del recurso de apelación que interpuso contra la sentencia  de primer grado.   

Lo  cierto  es  que la defensa –se          itera– nunca se mostró en desacuerdo con la  calificación  jurídica  de las conductas, mucho menos con que se tratara de un  concurso  homogéneo  y  heterogéneo  de  delitos, a pesar de que supuestamente  resultaba perjudicial para su asistido.   

Aún  en  el evento que se pudieran superar  esos  escollos,  para  la  Sala  es  claro  que el cargo postulado no resiste el  análisis  de  la adecuada fundamentación, pues, con la expresión de la causal  de  casación contemplada en el numeral primero del artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal,  es  decir,  la  violación  directa de la ley sustancial,  oculta  su  intención  de  contraponer su criterio a los juicios valorativos de  las   instancias,  a  partir  de  los  cuales  se  determinó  que  JHON   JAIRO  MUENTES  MUENTES  tenía  la  disponibilidad  jurídica  del  dinero  cuya apropiación se le atribuye, lo que  difiere   notoriamente   de   la  custodia  o  administración  que  reclama  el  demandante,  porque son estas últimas las exigencias que se predican cuando los  bienes   de   los   que  se  apropia  el  servidor  público  pertenecen  a  los  particulares.   

Conforme  lo ha señalado reiteradamente la  Sala,  la  casación  atiende  a  unos  fines  superiores que se concretan en la  reparación  de  los  agravios inferidos a las partes en la sentencia recurrida,  la  efectividad  del  derecho  material y de las garantías fundamentales de los  intervinientes  en  la  actuación,  y la unificación de la jurisprudencia (Ley  600 de 2000, articulo 206).   

Sin  embargo,  de  ninguna  manera se puede  entender  que  la  naturaleza  de  este  mecanismo  sea de libre configuración,  desprovisto  de  todo rigor y que tenga como finalidad abrir un espacio procesal  semejante  al  de  las instancias para plantear un debate respecto de los puntos  que omitió impugnar en la debida oportunidad.   

Ha   de   resaltarse   que   mediante  la  proposición  del  recurso el censor debe sujetarse a las causales taxativamente  señaladas  en el ordenamiento procesal y con observancia de los presupuestos de  lógica  y  adecuada  argumentación  inherentes a cada motivo extraordinario de  impugnación,  para  persuadir  a  la  Corte  de  que  con  el  fallo de segunda  instancia  se  ha  originado  el  quebranto  de  alguna de aquellas finalidades.   

Se advierte que el escrito presentado por el  defensor  de  JHON  JAIRO  MUENTES MUENTES,  no  cumple  las  exigencias  de  admisibilidad  que  consagra  el  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000, como que si bien identificó los sujetos  procesales  y  la  sentencia demandada; hizo una síntesis de los hechos materia  de  juzgamiento  y de la actuación procesal; y señaló cuál era la causal que  invocaba;  no  formuló  el  cargo  indicando  de  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos.   

Con  todo,  el principio de limitación que  rige  en  casación  le  impide a la Sala corregir las deficiencias anotadas, en  tanto  no  le corresponde asumir la carga argumentativa exclusiva del recurrente  para  complementar,  adicionar  o  enmendar el libelo, porque la casación no es  otra  instancia  ordinaria;  su  finalidad  es  promover  un  juicio  técnico y  jurídico  contra  la  sentencia que pone fin a un proceso, en orden a demostrar  su ilegalidad.   

No  obstante  que de acuerdo con lo anotado  puede   considerarse  que  el  reproche  presentado  por  el  impugnante  se  ha  respondido  negativamente,  considera  la  Sala  oportuno, en cumplimiento de la  función   pedagógica  que  le  corresponde,  recabar  en  la  esencia  de  los  presupuestos  necesarios  para  demostrar  una  causal  acorde con la naturaleza  constitucional  y  legal  del recurso, sin que ello constituya la imposición de  un  método  determinado, sino la indicación de las exigencias que debe colmar,  en  cada  caso,  la formulación de los cargos y específicamente del que trató  de esbozar el apoderado especial del procesado.   

En  efecto,  ha  dicho  la  Sala  que si el  reproche  se  formula  con  fundamento  en  la  causal  primera, cuerpo primero,  prevista  en  el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, al actor se le exige que  afirme  y  pruebe  que  el  juzgador  de segunda instancia ha incurrido en error  (i) por falta de aplicación  o  exclusión  evidente,  que  se  presenta cuando el funcionario judicial yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al caso específico  que  la reclama; ignora o desconoce la ley que regula la materia y por eso no la  tiene  en cuenta habiendo incurrido en error sobre su existencia o validez en el  tiempo  o  en el espacio; (ii)  por  aplicación indebida que  se  origina  cuando  el juzgador por equivocarse al calificar jurídicamente los  hechos  o,  cuando  habiendo  acertado en su adecuación, yerra, sin embargo, al  elegir  la  norma  correspondiente  a  la  calificación jurídica impartida; o,  (iii)  por  interpretación  errónea,  que  ocurre  cuando  el Juez selecciona bien y adecuadamente la norma  que  corresponde  al  caso  sometido  a  su  consideración, pero se equivoca al  interpretarla  y  le  atribuye  un  sentido  jurídico  que no tiene o le asigna  efectos contrarios a su real contenido.   

Además, deberá abstenerse de reprochar la  prueba y Realizar un estudio puramente jurídico de la sentencia.   

Igualmente,  si  como  consecuencia  de  la  errónea  interpretación  de  la  ley,  ésta  se  deja  de aplicar o se aplica  indebidamente,  debe  dirigir  su  acusación  hacia una de estas dos hipótesis  –exclusión  evidente  o  indebida  aplicación– y no  hacia  la  interpretación equivocada de la ley pues lo importante, en últimas,  es   la  decisión  tomada  por  el  Juez:  no  aplicar  la  norma  o  aplicarla  indebidamente.   

Si   el  demandante  predica  aplicación  indebida  de una norma, tiene que precisar el precepto inadecuadamente utilizado  y aquél que en su lugar debe ser atribuido.   

Deberá tener en cuenta que respecto de una  misma   disposición   legal   no   puede  alegarse  simultáneamente  falta  de  aplicación y aplicación indebida.   

Al optar por esta clase de violación de la  ley  sustancial,  deberá  el  impugnante  indicar  en forma clara y precisa los  fundamentos    de    la   causal   y   citar   las   normas   que   se   estiman  infringidas.   

Por  último,  si  por  esta vía el censor  reprocha  al  juzgador  el tratamiento impartido al principio de duda, tiene que  demostrar  que  en  la  sentencia  reconoció  formalmente  la  presencia  de la  incertidumbre  y,  sin  embargo  condenó,  con lo cual ha incurrido en falta de  aplicación  del  precepto llamado a definir el caso18.   

El  libelista  no  cumplió  esas  mínimas  exigencias,  porque  resulta  evidente la inexistencia  del   supuesto   yerro,  es  decir,  la  aplicación  indebida  de  las           normas    de   derecho   sustancial   (art.  31,  286  y 397 del C. P.),  ya  que  ninguna  de  las  instancias  admitió que el  procesado   estuviera   en   imposibilidad   de   disponer   jurídicamente  del  dinero  o que la falsedad escasamente constituyera un  ardid  para inducir en error a otro, como lo afirma el  demandante   quien,   dicho   sea   de  paso,  al argumentar de esa forma   lo  que  hizo  fue  reprochar  la apreciación de la prueba y  rebatir   los   hechos  declarados       por       el       Tribunal.   

Así    motivó    el    Juez    Colegiado    su   decisión:   

“En términos  sencillos,  para  lo  que  nos  ocupa,  la  tarea que  representa  el núcleo central de la imputación obedece a la expedición de las  nóminas  por  los  meses de noviembre de 2003 y marzo y abril de 2004, donde el  aquí  acusado,  en  uso  de  sus  facultades  como codificador de nómina de la  Escuela  de  Aviación  de la Policía, se adjudicó una bonificación por buena  conducta  por  las  sumas  de  $320.000  y  $350.000,  esta  última por los dos  meses  en mención, sin que  tuviera  derecho  a  ello,  habida  consideración  que  el Decreto 1091 de 1995  excluye  al  personal policial ejecutivo de la consecución de dicho estipendio,  como  acontecía  para  su  caso,  entendiéndose  con  tal  proceder,  como  el  “extender” al que se refiere la norma.   

Ahora bien, no se discute que ciertamente,  el  trámite  necesario  en  el  cometido  de  la expedición de los reportes de  nómina   en   alusión,   precisa  de  la  concurrencia  de  cada  uno  de  los  intervinientes  enunciados  por  la  censora  en el cargo blandido, conforme las  directrices  trazadas  en  el  instructivo  No.  055  del 24 de octubre de 2003,  emanado  de la Dirección General de la Policía Nacional, obrante a folios 28 y  s.s.   del   C.1;   empero,  destáquese  que  con  independencia  al  grado  de  responsabilidad  atribuible  individualmente  a tales suscriptores, lo cierto es  que,  para  el  caso  sub  judice,  la  actividad  de  consignar  una  falsedad  o  la omisión de callar la verdad por parte del aquí  encartado sobre tales documentos, pudo perfectamente consumarse.   

Ello,  por  cuanto  si  bien  es verdad el  procesado  no  era  el  único  o  exclusivo  responsable  del control sobre las  nóminas   de   la   Escuela   de  Aviación,  como  atinadamente  lo  adujo  el  a–quo,  sí se evidencia  insoslayable  que  su  actividad  concreta  le  impelía un deber inexcusable de  fidelidad,  a  la manera de entender que esos datos introducidos en el sistema y  necesarios  en  el  cometido  de dar vida jurídica a los reportes de nómina en  mención,    no   sólo   se   advierten  parte  del  documento  público,  sino  propios  de  la  función  pública  discernida  al  policial, como él mismo lo  expuso  en  la  diligencia  de  indagatoria,  al  inquirírsele  acerca  de  sus  funciones  en  la  pluricitada  guarnición: “…mi cargo era jefe de hojas de  vida  y  de la nómina y mi superior inmediato era el señor CT. MARTIN MOSQUERA  PERDOMO  y  mis  funciones  eran las de llevar las hojas de vida y codificar las  diferentes  primas  a  que  tenía  derecho  el  personal…”,  súmase  a  lo  anterior,  que  obra en el plenario visible a folios 23 y s.s. C.1, el Manual de  Funciones asignadas al aquí encartado, entre las que se destacan:   

“4. Verificar a través de la nómina el  reconocimiento  de  primas  de orden público y partida de Alimentación, con el  fin  de  reconocer  quien  tiene  derecho y así mismo descontarle a quien no lo  tienen  (sic);  de  acuerdo  a  la  Resolución  9360  del  1994  (Ver anexo No.  2).   

“5.  Verificar  que el personal nominado  este  (sic)  devengando el sueldo y las primas establecidas en los Decretos 1212  de  1990, Decreto 1213 de 1990, Decreto 1214 de 1990, Decreto 1091 de 1995 y los  Decretos  anuales expedidos por el Gobierno Nacional donde estipulan los sueldos  a    los    empleados    de    la    policía    (sic)    Nacional    al    año  correspondiente.”   

Entonces,  cuando  el documento expedido o  “extendido”,  si  se  quiere,  estipula  como  verdad  que  el ex patrullero  JHON  JAIRO  MUENTES  MUENTES  tiene  derecho  a  una  bonificación  por  buena  conducta, cuando ello no era así por ser un servidor  en  el  nivel  ejecutivo  en  ese  entonces,  indefectiblemente  allí  se está  incluyendo  el apartado de falsedad ideológica atribuido al acusado, por virtud  de  que  esa manifestación final obedece precisamente a que él introdujo en el  sistema  la materialidad de la novedad de la bonificación en cuestión, máxime  cuando  quiera  que  tenía  pleno  y  libre  acceso  al mismo, bajo el password  “JMUENTES”  y  la  clave  “RAMIRO”, amén de ser el directo beneficiario  del acto falsario.   

En  ese  orden  de ideas, si la actuación  específica   del  funcionario  público  representa  contrariar  la  verdad  en  ejercicio  de  esas  funciones  a él deferidas y así se plasma en un documento  que  pueda servir de prueba, ello por sí solo configura perfecta la ilicitud de  falsedad  ideológica.  Con  mayor vigor, si el delito examinado, en tratándose  de  documentos  públicos,  no  reclama su uso para la consumación, como sucede  con la falsedad el documento privado.   

(…)  

De   cara  al  delito  de  peculado  por  apropiación,  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, ha  señalado   en   orden   a   la   realización   de   la  conducta  que  describe,  que  puede  darse por vía de la relación material  que  tiene  el  servidor  público con el bien, o en razón de la disponibilidad  jurídica que de alguna manera ostenta sobre el mismo  a causa de su competencia funcional.   

(…)  

Así  las cosas, frente al caso particular  se  tiene  que  de  acuerdo  con  la  reseña fáctica ampliamente delimitada ut  supra,  el procesado JHON JAIRO MUENTES MUENTES, en su  condición  de  Codificador  de  Nómina  de  la SEAVI, en tres oportunidades se  auto–concedió   tres  bonificaciones  acaecidas  los días (sic)  en  los  meses de noviembre de 2003, y marzo y abril de 2004, por  las  sumas  de  $320.000, $350.000 y $350.000, correspondientemente, sin soporte  en  derecho para su reconocimiento, las cuales fueron directamente consignadas a  su  cuenta  de  ahorros, conforme se desprende de la prueba documental visible a  folios 184 y s.s. del C.1.   

Por  tanto,  atendiendo  la  competencia  funcional  del acusado como Codificador, era de su resorte, como ya se acotó en  el  primer  acápite,  la  verificación  de  las  prestaciones  sociales de los  miembros  de  la  SEAVI,  así como de la administración de la información que  sobre  dicha  materia  tenía  a  su  exclusivo  cargo,  pues  dado  su acceso a  información  privilegiada,  resulta  apenas  lógico  concluir  sin hesitación  alguna  que,  muy  al  contrario de lo pergeñado por la recurrente, ciertamente  tuvo  a  su  cargo la disponibilidad jurídica de las sumas asignadas y cobradas  indebidamente   por  concepto  de  prestaciones  sociales  a  la  Nación,  pues  evidentemente  ese  fue  el  alcance  y  finalidad  de  las adulteraciones a las  nóminas    de    la    Escuela    de    Aviación   que   cometió.”   

Por  lo  demás,  y sin que constituya una  respuesta  de  fondo  a  los argumentos del demandante, el procesado no indujo a  nadie  en  error  sencillamente  porque  las órdenes  de   pago   de   nómina  las   emitía   él   al   incluir   los   valores   que  se   les   cancelarían   a   los   servidores  de  la  Escuela  de  Aviación   de   la   Policía,  en  cuya  relación  incluyó  su  nombre  como  beneficiario   de  una  prima  reservada  para  otros  funcionarios.   

No era necesario que indujera o mantuviera  a  otro en error para que se le entregara al  procesado  la  prestación  económica  a  la  cual  no  tenía  derecho,  puesto  que  era  él  quien  disponía  que se le pagara al  incluirse en la nómina, registro que  se  le encargó elaborar en estricto cumplimiento de  las  disposiciones legales y reglamentarias que se le señalaron en el manual de  funciones.   

Entonces, la facultad que se le otorgó a  MUENTES  MUENTES para que  verificara  y reconociera  los   valores   que   debían   incluirse   en   la  nómina,  constituye  ni  más  ni  menos  que  la  posibilidad  de  disponer  de  los  recursos  oficiales, siendo esa una  circunstancia  que  precisamente  permite diferenciar entre  el   peculado   por   apropiación   y  la  estafa19,  porque  en el mencionado  atentado  contra  la  administración  pública  el  sujeto  activo no tiene que  determinar  a  otro  mediante  engaño  para  que le  entregue  una prestación  patrimonial.   

Debe  la  Sala  llamar  la atención de las  instancias,  porque  de  acuerdo  con  el artículo 397 del Código Penal, si lo  apropiado  no  supera un valor de cincuenta (50) salarios mínimos, como en este  caso,  la pena de multa será equivalente al valor de lo apropiado. Sin embargo,  resulta  lamentable la dosificación del castigo patrimonial que hizo la primera  instancia  que  no  fue  corregida  por  el Ad quem, pues erró al determinar la  cuantía  del  dinero  del  que  se apropió JHON JAIRO  MUENTES  MUENTES,  porque solamente tuvo en cuenta dos  partidas  que  suman  seiscientos  setenta  mil  pesos  ($670.000,oo), cuando lo  apropiado    totalizaba    un   millón   veinte   mil   pesos   ($1’020.000,oo).   

“En cuanto a la  pena  de multa estará (sic)  será  igual  al  valor  de  lo  apropiado, v. gr. SEISCIENTOS SETENTA  MIL  PESOS ($670.000.oo).”   

Al dosificar la multa por debajo del mínimo  indicado,  sin  que mediara circunstancia normativa válida con incidencia en la  situación  concreta,  se vulneró el principio de legalidad de los delitos y de  las penas.   

Sin  embargo, a esta altura no es posible  subsanar  el  dislate  para restablecer la legalidad vulnerada, porque el único  recurrente  fue  el  procesado  y,  en  tal  condición,  goza  de  la garantía  consagrada  en  el  artículo  31,  inciso 2º, de la Constitución Nacional, de  acuerdo   con   la   cual   no   es  posible  agravar  la  pena  del  recurrente  único.   

Entonces, ante  la  falta  de  legitimación  en  la  causa  y  el abandono del demandante  de  las  exigencias  previstas en el artículo 212-3 de la  Ley  600  de  2000,  en sus atributos de claridad y precisión, la demanda será  inadmitida.   

Por último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  no  se advirtió la concurrencia de alguna de las hipótesis que  le  permitirían  a la Corte obrar de conformidad con el artículo 216 de la Ley  600 de 2000.   

En mérito a lo expuesto, la Corte     Suprema     de   Justicia,   Sala   de   Casación  Penal,   

R E             S             U             E             L             V             E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de JHON  JAIRO  MUENTES  MUENTES, por su defensor.   

Contra  este  auto  no  procede  recurso  alguno,  conforme lo disponen los artículos 213 y 187, inc. 2, de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                        FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                        MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO       ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ          EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  C.  No. 1, fol. 1 al 30.   

2  Ídem, fol. 31 y 32.   

3 Se le  escuchó  en  diligencia  de  indagatoria el 18 de julio de 2005. C. No. 1, fol.  133 al 135.   

4  Ídem, fol. 142 al 157.   

5  Ídem, fol. 255.   

6 Idem,  fol. 272A.   

7  C.  No. 2, fol. 320 al 347.   

8  Ídem, fol. 372 al 377.   

9  Ídem, fol.406 al 416.   

10  Ídem, fol. 427 al 429.   

11  Ídem, fol. 447 al 459.   

12 C.  Segunda Instancia Fiscalía fol. 3 al 16.   

13 C.  No. 2, fol. 492.   

14  Ídem, fol. 578 y 579al 2 fol. 13.   

15 C.  No. 3, fol. 610 al 627.   

16  Ídem, fol. Fol. 640 al 667.   

17  Cuaderno de segunda instancia Tribunal Superior, folios 7 al 23.   

18  Sala de Casación Penal. Auto del 31 de marzo de 2008. Rdo. 28260.   

19  Sala de Casación Penal. Auto del 23 de mayo de 2012. Rdo. 26957.     

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