42499(20-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                      Magistrado  Ponente:   

                         GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                    Aprobado Acta  No. 386.   

Bogotá,  D.C.,  veinte (20) de noviembre de  dos mil trece (2013).   

V I S T O S  

Decide     la    Sala    acerca    de    la   admisión  formal  de  la demanda de revisión  presentada  por  el  defensor  del sentenciado HÉCTOR  EPIFANIO   MEDINA   GONZÁLEZ   contra  la  sentencia  dictada  el  2  de  diciembre de 2010 por el Tribunal  Superior  de  Antioquia,  que confirmó la dictada el 7 de diciembre de 2009 por  el   Juzgado   Penal   del   Circuito   con   funciones   de   conocimiento   de  Yarumal,   condenándolo  a  la  pena  principal  de  460     meses     de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación en el  ejercicio   derechos   y   funciones  públicas  por  20  años,  al  declararlo  autor    penalmente    responsable   del  concurso  de  homicidio  agravado y homicidio simple.   

H E C H O S  

Los   acontecimientos   que  dieron  origen  al proceso penal fueron  narrados  por  las  instancias  como  se transcribe a  continuación:   

“El 30 de enero  de  2009,  siendo aproximadamente la 1:30 de la tarde, en un apartamento ubicado  en   el   sector   de   la   terminal   de  transportes  de  esta  población  y  específicamente     en     la     carreta     22     número     20–05,  fueron  hallados los cuerpos sin  vida  de  la  joven  Yaira  Alejandra  Palacio Rojas y la señora Viviana María  Gómez  Velásquez, las cuales fallecieron como consecuencia de heridas causadas  con  arma  corto  punzante. Las mencionadas fueron vistas y oídas aún con vida  entre  las 10:15 y 10:30 de la mañana de ese mismo día, siendo observado en el  momento  en  que  ingresaba  a  eso  de las 11:30 de la mañana en compañía de  otras  dos  personas el señor Héctor Epifanio Medina González al lugar de los  acontecimientos,  siendo  descubiertos con posterioridad y a la hora ya indicada  los  cadáveres  de  las  dos  mujeres,  habiéndose  establecido  que el señor  Héctor  Epifanio  Medina  González había sido compañero sentimental de Yaira  Alejandra,  relación  que  ella había dado por terminada aproximadamente en el  mes  de  octubre del año inmediatamente anterior, con lo que además le retiró  toda  la ayuda económica que la joven le proporcionaba, ya que el señor Medina  González  no  trabajaba  y  dependía  para su sostenimiento de la joven YAIRA.  También  pudo establecerse que el señor Medina era bastante violento con Yaira  Alejandra,  agrediéndola  tanto verbal como físicamente, extorsionándola para  que  le  continuara  dando  dinero  e  inclusive  amenazándola  para  que no lo  despojara  de  una  motocicleta  que  había  comprado  la  joven  YAIRA  cuando  convivían        como       pareja.”   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

De  la  exigua documentación que obra en el  expediente,  se  podido  constatar  que  la Fiscalía General de la Nación, por  intermedio  de  un delegado, presentó escrito de acusación contra HÉCTOR  EPIFANIO  MEDINA  GONZÁLEZ, por  los delitos de homicidio agravado y homicidio simple.   

El  Juzgado  Penal  del  Circuito  Yarumal,  celebró  las  audiencias  de  formulación  de  acusación,  preparatoria y del  juicio  oral  y,  al  cabo  de  ésta,  anunció  que  el  sentido del fallo era  condenatorio.  La  audiencia de lectura de fallo tuvo lugar el 7 de diciembre de  2009.  La  pena  principal  privativa  de  la  libertad se fijó en 460 meses de  prisión.   

El  fallo fue recurrido en apelación por el  defensor  del  procesado y confirmado por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Antioquia el 2 de diciembre de 2010.   

LA   DEMANDA   

Con    fundamento    en    el       numeral       3°  del  artículo 192 de la Ley 906 de  2004,   el   apoderado  de  HÉCTOR   EPIFANIO   MEDINA   GONZÁLEZ,   señala  que  Leonardo  Antonio  Muñetón  Chavarría,  en  una  entrevista  le  dijo  que  tiene  conocimiento  de  cómo ocurrieron los hechos,  quiénes  fueron  los  victimarios y cuáles fueron los motivos que tuvieron los  homicidas.   

Como quiera que los detalles presentados por  este    testigo   no   fueron   introducidos   al   juicio   oral   –agrega–, su declaración debe ser considerada  como prueba nueva.   

Asimismo, afirma que constituye prueba nueva  la  declaración  que  le  dio Francisco Javier Medina Restrepo quien dijo haber  permanecido  en  el  lugar  de  los hechos entre las 8:00 a.m. y las 11:40 a.m.,  momento  en  que  se  le  ordenó viajar a la ciudad de Medellín conduciendo un  automotor  de servicio público; asimismo, que durante el tiempo que permaneció  en   las  instalaciones  de  la  empresa  de  transportes  Yameya,  alias  “El  Cucarro”  no se hizo presente en el sitio, por lo que no se explica cómo pudo  ser testigo de los hechos.   

Además,  dijo  que  las  muertes  debieron  ocurrir  antes  de  las  10:00  de  la mañana, porque a esa hora ya se rumoraba  sobre  la  existencia  de  los  cadáveres  en  el segundo piso de la empresa de  transportes.   

Acto seguido, el demandante narra los hechos  de  la  forma  en  que, a su juicio, debieron ocurrir y presenta críticas a las  declaraciones  anteriores  de  los  testigos  de  cargo,  a  quienes  les  resta  credibilidad,  señalando  las  contradicciones  en  que  incurrieron  unos y la  excesiva  precisión  de los otros, tanto que al describir la morfología de los  sospechosos    utilizaron    la    terminología    propia    de   una   persona  instruida.   

Afirma   que  todos  los  testigos  fueron  “de oídas” e indica que  la  Fiscalía  debió  profundizar  más  en  la  investigación  acerca  de los  verdaderos  móviles  de los homicidios, pues no cree que el instructor acertara  al  darle  crédito  a  las  versiones  de  los  progenitores de Yaira Alejandra  Palacio,    quienes    aludieron    al    sentenciado    como    el    principal  sospechoso.   

Pone  de  manifiesto una serie de errores en  los  que, desde su particular perspectiva, incurrió la Fiscalía en curso de la  investigación,   a   partir   de   los   cuales   fue   condenado  MEDINA  GONZÁLEZ y procesado –aunque          posteriormente  absuelto–  Jorge Eliécer  Zapata Ramírez.   

Pregunta  quién  vio  o  escuchó  a  las  víctimas  entre  las  10:15  y las 10:30 de la mañana del 30 de enero de 2009,  pues  Francisco Javier Medina Restrepo ha manifestado que para las 10:00 a.m. ya  se  comentaba  sobre  la  muerte de las dos mujeres, por lo que si Fabio Alberto  Arango   Arroyave   vio  a  HÉCTOR  EPIFANIO  MEDINA  GONZÁLEZ  cuando ingresó y salió del apartamento de  Yaira  Alejandra  Palacio  alrededor  de las 11:45 a.m., eso significa que ya se  habían  cometido  los  homicidios,  máxime porque para las 11:40 de la mañana  los    agentes   de   la   SIJIN   estaban   en   la   escena   cumpliendo   sus  funciones.   

Advierte  el  actor  que  muchos  de quienes  declararon    contra    HÉCTOR   EPIFANIO   MEDINA  GONZÁLEZ,  recibieron dinero de Carlos Mario Palacio,  el padre de Yaira Alejandra.   

Afirma  que  los  verdaderos  homicidas,  es  decir,  alias  “La China” o “Peruano”, “El Cucarro” y “El Cole”,  fueron asesinados.   

Solicita  de  la  Corte  declarar fundada la  causal de revisión invocada.   

Igualmente,    pide    que   se   tengan  “…como   nuevas   pruebas   las   declaraciones  extraproceso   como  pruebas  anticipadas  de  los  señores:  LEONARDO  ANTONIO  MUÑETÓN  CHAVARRÍA  (…)  y  FRANCISCO JAVIER MEDINA RESTREPO…”,  respecto de quienes solicita que sean llevados a declarar ante  la Sala de Casación Penal.   

Pretende   que  se  tenga  “como  referente” la sentencia proferida  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Yarumal, por la que absolvió a Jorge  Eliécer Zapata Ramírez.   

También solicita que se oficie a la empresa  de  telecomunicaciones  Claro  S.A., para que realice una búsqueda selectiva en  base  de  datos “…del propietario y comunicaciones  que  se  tengan  entre  el  30  de enero a 28 de febrero de 2009 del celular No.  3136719306;  con  el fin de determinar con certeza si a las 10:15 minutos am del  30  de enero de 2009, las víctimas si estaban con vida, según lo declarado por  la madre de la occisa Yeira (sic).”   

Asimismo,    requiere    de   la   Corte  “…Invalidar        parcialmente        las  sentencias…” de primera y segunda instancias, cuya  revisión demanda.   

Y,  que  se reponga todo lo actuado desde la  audiencia  preparatoria  y se le ordene al Juzgado Penal del Circuito de Yarumal  “…que     lleve     a     cabo    el    juicio  rescisorio”.   

A  la  demanda  se  anexó  copia  del poder  otorgado     por     HÉCTOR    EPIFANIO    MEDINA  GONZÁLEZ,   para  adelantar  la  acción  de  revisión;  copia  de  los  fallos  proferidos  en  las instancias; copia del fallo absolutorio proferido en el caso  de  Jorge  Eliécer  Zapata Ramírez; copia de una declaración sin firma que le  atribuye  a  Leonardo  Antonio  Muñetón Chavarría y de otra que asegura haber  rendido    Francisco   Javier   Medina   Restrepo,   ante   el   demandante   en  revisión.   

  C O N S I D E R A C I O N  E S   

Analizando  lo  que  constituye el objeto de  este  pronunciamiento, debe destacarse que la acción de revisión fue concebida  por   el   legislador  como  un  mecanismo  a  través  del  cual  se  busca  la  invalidación  de  una  decisión  que ha adquirido firmeza y de la cual resulta  razonable  predicar  que entraña un contenido de injusticia material, porque la  verdad  procesal  declarada  resulta  ser  absolutamente diferente a la realidad  histórica  que  se  sometió  a juzgamiento; demostración que sólo es posible  jurídicamente  dentro  del  marco  delimitado  por  las  causales taxativamente  señaladas en la ley.   

Acorde   con   esa   naturaleza,  para  la  admisibilidad  de  la  demanda  se  impone  el  cumplimiento  de las rigurosas y  precisas   exigencias   señaladas  en  el  artículo  194  de  la  Ley  906  de  2004.   

En  atención  a  que  esta  acción procede  exclusivamente  contra  decisiones  ejecutoriadas  (sentencia y preclusión), es  deber  inicial  del  actor  allegar  copia  o  fotocopia  de las providencias de  primera  y  segunda  instancias,  con  su  respectiva  constancia de ejecutoria,  proferidas en la actuación cuya revisión se demanda.   

Sin  embargo,  examinado  el  expediente  se  observa  que  si  bien  el  libelista  arrimó  como  anexo de su escrito copias  autenticadas  de  los  fallos  proferidos en las instancias por el Juzgado Penal  del  Circuito de Yarumal y por la Sala Penal del Tribunal Superior de Antioquia,  lo  cierto  es  que  omitió  allegar  la  constancia  de  ejecutoria, documento  necesario  para  tener  certeza  de  que  la  decisión  está  amparada  por el  fenómeno    de   la   res   iudicata   o  firmeza  material,  pues  esta  acción  tiene  como  presupuesto  ineludible  el agotamiento de cualquier otra alternativa procesal o mecanismo de  impugnación.   

Ahora  bien,  respecto  de  la  naturaleza y  objetivos  de  la  acción de revisión, y específicamente lo que tiene que ver  con  la  causal  invocada,  de inmediato se advierten los notorios desatinos que  encierra  la  propuesta  presentada  por  el  apoderado especial del sentenciado  HÉCTOR   EPIFANIO   MEDINA   GONZÁLEZ,  pues,  basta  apreciar  la  argumentación contenida en el libelo  para  comprender  que  apenas  sí  contiene  un frágil alegato de instancia, o  cuando  mucho, intenta plantear una discusión sobre aspectos que no se trataron  en  el  juicio  o  ante  el  Tribunal  y  que,  de forma por demás incoherente,  pretende introducir amparándose en la acción de revisión.   

Pero, no  alcanza a demostrar los fundamentos de  hecho y derecho en que se apoya la solicitud de revisión.   

Es sabido que la acción de revisión es una  actividad  posterior  a  la culminación del proceso ordinario, que comprende la  elaboración  del  libelo según precisos requisitos formales, la invocación de  concretas  causales  legales,  el  señalamiento de los fundamentos jurídicos y  fácticos  que  sustenten  la  necesidad  de  la  revisión que se pretende y la  demostración  de  la  trascendencia  del motivo por el que se pide la revisión  del fallo ejecutoriado.   

Se  advierte  la insuficiencia argumentativa  del  demandante  para  proponer  a  favor  de  MEDINA  GONZÁLEZ  la  concurrencia  de  la  causal tercera de  revisión,  pues  sus  fundamentos  de ninguna manera se dirigen a demostrar que  después  de  la  sentencia  condenatoria  aparecieron hechos nuevos o surgieron  pruebas  no  conocidas al tiempo de los debates, que establecen la inocencia del  condenado  o  su  inimputabilidad,  cuando  es  evidente  que  apenas  tiene  la  intención de prolongar una controversia ya definida.   

De ninguna manera el accionante ha informado  cuáles  son  los  hechos  nuevos  ni  ha  allegado  la  prueba nueva que por su  magnitud  implique la necesidad de desconocer la cosa juzgada, una vez advertida  su  trascendencia frente a los medios probatorios que se tuvieron en cuenta para  emitir la sentencia condenatoria.   

Por  el  contrario,  el  actor  dedica  sus  deficientes   esfuerzos   argumentativos  a  controvertir  la  tarea  probatoria  adelantada  por  los juzgadores, a partir de su propia percepción de los medios  de  convicción  allegados y a denunciar supuestas dudas que, a su juicio, no se  resolvieron   en   curso   de   las   instancias,   tratando   de   reabrir   el  debate.   

Sin   embargo,  debe  destacarse  que  esa  propuesta  argumentativa  es propia del recurso de casación, escenario adecuado  para  invocar la violación directa o indirecta de la ley sustancial, pero no de  la  acción de revisión, cuyo objeto remite, como ya se dijo, tratándose de la  causal  tercera,  a  plantear  la  existencia  de  un  hecho  o prueba nuevos no  conocidos  dentro  del  proceso,  que  por  sí  mismos tienen la virtualidad de  variar   el   juicio  de  responsabilidad  penal  que  rigió  la  sentencia  de  condena.   

Entre   las  exigencias  previstas  en  el  artículo  194  del Código de Procedimiento Penal se cuenta, en el numeral 4°,  la relación de las evidencias que fundamentan la petición.   

La causal tercera de revisión consagrada en  el  artículo  192  ibídem,  exige  para  su  reconocimiento tres presupuestos:  (i)  Que la sentencia contra  la  cual  se  dirige  la  acción  sea  de  carácter condenatorio; (ii)   Que   después  de  su  ejecutoria  aparezcan  hechos nuevos o pruebas nuevas no conocidas al tiempo de los debates;  y,  (iii) Que los hechos que  se  aducen  como  desconocidos,  o  las  pruebas  que  se  postulan como nuevas,  demuestren la inocencia del procesado o su inimputabilidad.   

La Corte tiene definido que constituye prueba  nueva  todo  instrumento  o  mecanismo  probatorio que por cualquier causa no se  incorporó  al  proceso.  Y por hecho nuevo toda situación fáctica no conocida  en  las  instancias,  o  toda  variante  sustancial  de  una situación fáctica  conocida,  que tengan la capacidad de desvirtuar o dejar en entredicho la verdad  declarada en el fallo.   

Tales  exigencias,  conforme  lo  dispone el  artículo  195  de  la  Ley  906 de 2004, son las que ha de evaluar la Sala para  determinar  si  la  demanda  es  apta  para  promover  la  acción de revisión,  pudiendo   inadmitirla  de  plano  mediante  auto  motivado  cuando  el  escrito  introductorio  de  la  acción  no las satisface, así como en las hipótesis en  las   cuales   “…de   las  evidencias  aportadas  apareciere     manifiestamente     improcedente     la    acción…”.   

De  ahí que sea pertinente advertir que una  es  la  prueba  requerida  para  promover  la acción, y otra la exigida para la  demostración de la causal.   

En  este  caso, se observa claramente que el  escrito   presentado   a  manera  de  demanda  por  el  apoderado  especial  del  sentenciado,  incumple  varias  de  las  anteriores  exigencias,  lo que permite  predicar  la  ineptitud de la solicitud con la que pretende que se le dé inicio  a la acción de revisión.   

La confusa exposición de las razones en que  apoya  esta  petición,  se  fundamenta  en la supuesta aparición de pruebas no  conocidas  al tiempo de los debates, entre las cuales enuncia las entrevistas de  Leonardo    Antonio    Muñetón    Chavarría   y   Francisco   Javier   Medina  Restrepo.   

Sin  embargo, lo cierto es que en relación  con  el  primero  presenta  un  escrito  sin  firma  cuyo contenido le atribuye,  demandando  de la Sala su demostración y acerca del segundo aporta un relato en  el  que  supuestamente  éste detalla que el testigo apodado “El Cucarro” no  pudo  haber  presenciado  los  hechos porque él no lo vio en el lugar entre las  8:00  y  las  11:40  de  la mañana; además, no cree que el autor del homicidio  hubiese     sido     HÉCTOR    EPIFANIO    MEDINA  GONZÁLEZ.   

En  síntesis,  el actor no se preocupa por  señalar  qué  demostraría  con  esas evidencias y por qué constituyen prueba  nueva no conocida al tiempo de los debates.   

La prueba aportada o prueba nueva en lo que  hace  a su mérito o capacidad probatoria, debe contener elementos de juicio que  de  manera  inequívoca  permitan  concluir  la  inocencia  del  condenado  o su  inimputabilidad;  se  trata,  nada más y nada menos, de desvirtuar con ella las  presunciones  de  acierto  y  legalidad que ampararon el fallo cuya revisión se  pide,  lo  cual  no  logra  el libelista en esa confusa mezcla que constituye su  libelo.   

Las  falencias  advertidas  son suficientes  para  que  la  demanda  sea  inadmitida de plano, máxime si se considera que la  causal  a  cuyo  amparo  pretende promover la acción, se itera, contenida en el  numeral  3º del artículo 192 de la Ley 906 de 2004, esto es, por la aparición  de  hechos  nuevos  o el surgimiento de pruebas de igual naturaleza no conocidas  al   tiempo  de  los  debates,  presupone  el  aporte  material  de  los  medios  probatorios  novedosos  los  cuales deben ser idóneos para acreditar cualquiera  de  las  finalidades  anotadas  en  precedencia,  condiciones  que  no  resultan  predicables  de  las  ineficaces  evidencias  que  el  demandante simplemente se  limita  a  enunciar,  como  si ya se hubiese admitido la acción y se tratara de  los  elementos  de convicción encaminados a la demostración de la causal, para  ser  practicados  y controvertidos ante el juez de revisión, conforme lo prevé  el artículo 195 del Código de Procedimiento Penal.   

En  conclusión,  el  accionante no aportó  prueba  nueva.  Lo  que  hizo  fue,  a  través  de  manifestaciones genéricas,  exteriorizar  su  inconformidad  con  la valoración probatoria contenida en los  fallos de los juzgadores.   

Así  las  cosas,  dado  que  la acción de  revisión  no  constituye  una  prolongación  del  juicio y el escrito incumple  básicamente  las  exigencias  formales  que  para  su  admisión establecen los  numerales  3°  y 4º del artículo 194 de la Ley 904 de 2004, resulta imperiosa  su  inadmisión  de  conformidad  con  lo indicado en el artículo 195 del mismo  estatuto.   

En  mérito  a lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal,   

  R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  especial     de     HÉCTOR     EPIFANIO    MEDINA  GONZÁLEZ,  de  conformidad  con   las   razones   consignadas   en   la   anterior   motivación.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ               EYDER  PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

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