42492(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado  acta Nº  419   

Bogotá,  D.C.,  once   (11)   de   diciembre   de   dos   mil  trece  (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La  Sala resuelve sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada por el apoderado de Jesús Antonio Correa  Orozco,  reconocido  como  parte  civil, contra la sentencia dictada por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Cartagena el 15 de marzo de 2013, mediante la  cual  confirmó  en  su  integridad  la proferida el 7 de octubre de 2011 por el  Juzgado   Segundo   Penal   del  Circuito  de  dicha  ciudad,  que  absolvió  a  Carmen   María   Jiménez   de  Flórez  de  la  conducta  punible  de  falsedad  ideológica en documento  público.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros  fueron sintetizados por el ad quem de la siguiente manera:   

“[L]os  supuestos  fácticos  que  dieron  origen  a  la  presente  investigación  se  fundamentaron  en la denuncia penal  presentada  por el señor JESÚS ANTONIO CORREA OROZCO, ocurrieron el día 19 de  mayo  de  2003,  cuando  la secretaria del Juzgado Tercero Civil del Circuito de  Cartagena,  CARMEN  JIMÉNEZ DE FLÓREZ , elaboró el despacho comisorio número  053,  por  medio  del  cual ordenó el secuestro de un solo bien inmueble dentro  del  proceso ejecutivo adelantado por el señor MANUEL CABRALES SOLANO contra el  denunciante,  en el cual se había ordenado por parte del Juez Tercero Civil del  Circuito  de  esta ciudad, el embargo de 3 bienes inmuebles mediante auto del 14  de abril de 1999.”       

2.   Por  los  anteriores  hechos  la  Fiscalía 48 Seccional de Cartagena calificó el mérito  del    sumario    con    resolución    de    acusación   contra   Carmen  María  Jiménez de Flórez, como  presunta  autora  del  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento público  (artículo  286  del  Código  Penal); providencia que no fue impugnada y cobró  ejecutoria   el   17  de  marzo  de  2009.  Cabe  anotar  que  en  el  proceso no se resolvió la situación  jurídica de la sindicada, por lo que ha permanecido en libertad.   

3. El expediente  pasó  al Juzgado Primero Penal del Circuito de Cartagena, y luego de resolverse  la  recusación  formulada  por  el apoderado de la parte civil y el impedimento  manifestado  por su titular, su conocimiento lo asumió el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, despacho judicial que el 7 de octubre de 2011  dictó  sentencia  de  primera  instancia,  en  la  que absolvió a Carmen  María  Jiménez  de  Flórez del  cargo  formulado  y  revocó  la  decisión  adoptada  por  la  Fiscalía  en la  resolución  acusatoria,  que en orden a restablecer el derecho del denunciante,  dispuso  dejar  sin  efecto  la  medida  cautelar de secuestro del bien inmueble  identificado  con  folio  de  matrícula  inmobiliaria  No. 060-16895, para cuya  práctica  se  comisionó  mediante  Despacho  Comisorio No. 053 adiado el 19 de  mayo  de  2003,  y que había proferido el Juzgado Tercero Civil del Circuito de  Cartagena, en el cual la procesada se desempeñaba como secretaria.   

4.  Apelado  el  fallo  por  el  apoderado de la parte civil, la Sala Penal del Tribunal Superior  de  Cartagena  mediante  proveído  del  15 de marzo de 2013, lo confirmó en su  integridad.    

5. El apoderado de  la  parte  civil,  representada  por  Jesús  Antonio  Correa  Orozco, interpuso  recurso de casación excepcional.   

6.   Conviene  reseñar  que  si  bien  no obra en la actuación el cuaderno de la parte civil,  donde  se  pueda  constatar  que  el  denunciante  Jesús Antonio Correa Orozco,  mediante  apoderado  judicial, se constituyó en tal calidad dentro del presente  proceso,  y  que quien lo representa es el profesional que recurre en casación,  de        la        actividad        procesal1   desarrollada   por   este  último, se colige tal circunstancia.   

SÍNTESIS DEL LIBELO  

1.  El libelista  parte  de  reconocer  que  en  el  caso de la especie al recurso de casación se  accede  por vía excepcional, atendiendo a que el delito de falsedad ideológica  en  documento  público  por  el que en ambas instancias fue absuelta la acusada  Jiménez  de Flórez, tiene  prevista pena máxima que no excede de ocho años de prisión.   

Señala   que   acude   a   la  casación  discrecional  en  busca  de  la  protección  de  los derechos fundamentales del  debido  proceso  y  acceso  efectivo  a  la  administración  de  justicia de su  representado,  consagrados  en  los  artículos  29 y 229 de la Carta Política,  desarrollados  a  su  vez  en  los  artículos  9  y  10  de la Ley 600 de 2000,  respectivamente,  los  cuales  estima  conculcados  con  la decisión de segundo  grado.   

En orden a exponer la alegada violación, el  censor  procede  a  reproducir  los preceptos en mención y trascribe apartes de  decisiones  de  la  Corte  Constitucional relativas a los temas enunciados, para  luego   expresar   que  la  procesada  Carmen  María  Jiménez  de  Flórez  fue absuelta en las instancias  del  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento privado, cuya descripción  típica  considera  actualizó cuando el 19 de mayo de 2003, en su condición de  secretaria  del  Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito de Cartagena, dentro del  proceso  ejecutivo  promovido  por  la  empresa  “Productos Fitosanitarios del  Carmen  S.A.”  contra  su  prohijado Jesús Antonio Correa Orozco, elaboró el  Despacho  Comisorio No. 053 mediante el cual se comisionaba a una inspección de  policía  para  la  práctica  de  diligencia  de  secuestro,  en tanto en dicho  documento  consignó  que  el  auto del 14 de abril de 1999 había dispuesto tal  medida  en  relación  con un solo inmueble, y no respecto de los tres bienes de  propiedad         del         demandado         como         realmente        se  ordenó.                  

Llama la atención del demandante, el hecho  de  que  los  sentenciadores  de primer y segundo grado reconocieran sin ambages  que    el    mentado    despacho   comisorio   fue   elaborado   “transcribiendo  falsamente  el  auto de fecha catorce (14) de abril  de  mil  novecientos noventa y nueve (1999)”, aserto  que   dice  el  libelista  “no  constituye  ninguna  tergiversación  del  pensamiento  de  los  falladores  de instancia”,  y  para  así  evidenciarlo  cita  textualmente apartes de la  sentencia          del         a         quo2  y  del  Tribunal3,  no empece,  añade,  la  acusada  Jiménez de Flórez            fue            absuelta            del           delito  imputado.          

Expone  que en la sentencia de primer grado  el  fallador  reconoció  que  la  procesada  no  fue  fiel al transcribir en el  pluricitado  Despacho  Comisorio  el  auto  fechado  el  14 de abril de 1999, no  obstante  aquél  consideró  que  era  “un error de  poca    relevancia”,   además   que   obró   sin  dolo.   

Indica que el recurso interpuesto contra esa  decisión  apuntó  a controvertir los aspectos antes anotados, pero el Tribunal  al  desatarlo  no  abordó  los  temas  allí  propuestos,  pues no se ocupó de  determinar  si  la  conducta de la procesada era un error intrascendente o si en  verdad  constituía  una  falsedad,  como  tampoco  nada  dijo  sobre el aspecto  subjetivo  del  delito,  esto  es,  si aquella obró o no dolosamente, omitiendo  cumplir  el  mandato  del  artículo  204  de la Ley 600 de 2000, y por contera,  desconociendo  la  garantía  del  debido  proceso  y  el  acceso  efecto  a  la  administración     de     justicia     que    le    asisten    a    la    parte  civil,         

Considera  el  casacionista  que  con  tal  proceder   el   ad   quem   dejó   “huérfana  de  pronunciamiento  la  sustentación  del  recurso  de  apelación;  el  Honorable  Tribunal  dejo  (sic)  en  el limbo los interrogantes ¿Dé (sic) si la falsedad  cometida  por  la  procesada  obedece a “un error de  poca  relevancia”?  y ¿si la falsedad fue cometida  con  DOLO  o  no?”,  y a continuación el libelista  cita  el  contenido  de plurales decisiones de la Corte Constitucional y de esta  Corporación   relativas   a  la  obligatoriedad  de  sustentar  el  recurso  de  apelación   y   cuándo   se  entiende  cumplida  dicha  carga  por  parte  del  recurrente.     

Adicionalmente, el impugnante estima que las  referidas    garantías   fundamentales,   también   resultaron   afectadas   a  consecuencia  de  que el Tribunal resolvió en la sentencia de segundo grado, de  manera  conjunta,  el recurso interpuesto contra el fallo del a quo y la nulidad  propuesta  contra  el  auto emitido por uno de los magistrados integrantes de la  Sala  de Decisión que había sido recusado, pues el artículo 170 de la Ley 600  de  2000  no lo autorizaba para ello, luego “hacerlo  como  se  hizo por el Honorable Tribunal es darle el carácter de sentencia a lo  que  debe  ser  resuelto interlocutoriamente, lo cual engendra una vía de hecho  que    afecta    las    garantías    fundamentales    enunciadas…”.      

2.  Luego  de  culminar  el  primer  capítulo  sobre  la  casación  excepcional, basado en la  causal  primera, cuerpo primero, según la sistemática reglada en la Ley 600 de  2000,  postula  un  cargo  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  que desarrolla  así:   

Acusa  al  sentenciador  de  incurrir en la  violación   directa   de   la   ley  sustancial,  derivada  de  “la  falta  de  aplicación  de  normas  sustanciales  (falso    juicio    sobre   existencia   de   la   norma),    vicio    de   juicio  (subrayas  propias)  que,  a  su vez, dio lugar a la aplicación  indebida (subrayas propias)  de   varias  normas  sustanciales  (falso  juicio  de  selección)…”.       

A manera de introito, explica el demandante  que  con  el  reproche formulado pretende demostrar que la sentencia del Ad quem  desconoció  las  garantías del debido proceso y acceso a la administración de  justicia  de  su  representado, y por contera el juzgador de segundo grado dejó  de  aplicar  una  norma  sustancial, esto es, el artículo 286 del Código Penal  que  consagra el delito de falsedad ideológica en documento público, llamada a  gobernar el caso.          

Agrega  el  libelista  que  en ese orden, y  conforme  a  la  jurisprudencia  de la Sala referente a la técnica en casación  cuando  por  la vía de la violación directa de la ley sustancial se discute la  legalidad  del  fallo  de  segundo  grado,  “jamás  cuestionaré  la valoración fáctico-probatoria realizada por el Tribunal en su  sentencia.   Me  limitaré  a  partir  de  un  hecho  aceptado,  sin  reticencias,  tanto  por  el señor Juez A-quo como por el mismo  Tribunal:  ‘al elaborar el  DESPACHO  COMISORIO  #  053  de  fecha  (19)  de  mayo de dos mil tres (2003) no  transcribió  literalmente  el  auto de fecha 14 de abril de 1999 incurriendo en  falsedad,  pues  el  citado  auto  ordenaba el embargo y secuestro de los bienes  inmuebles   del   demandado   que   en  ese  caso  eran  tres,  y  no  uno  solo  (…)”.      

Señala el demandante que su pretensión es  evidenciar  el  error en que incurrió el juez colegiado cuando, pese a declarar  probada   la   situación   fáctica   en   los  términos  atrás  consignados,  consecuencia  de  la  valoración  de los medios de prueba allegados al proceso,  dejó  de  aplicar  el  artículo  286  de  la  Ley  599 de 2000 que tipifica la  conducta  punible  de  falsedad  ideológica en documento público, que de haber  observado  lo obligaba a proferir sentencia condenatoria en contra de la acusada  Jiménez  de  Flórez;  por  tanto,  reitera  el  censor,  el ataque se dirige a  “las  consecuencias  jurídicas  extraídas  por el  Tribunal       de      esa      valoración      fáctico-probatoria”.       

Luego   de   explicar   por  qué  en  la  demostración  del cargo, los planteamientos consignados en el capítulo tercero  de  la  demanda  “deberán ser repetidos”,  el  recurrente procede conforme lo anunciado a reproducir sin  modificaciones  sustanciales las consideraciones que allí realizó, por lo cual  la    Sala    no   se   ocupará   de   sintetizarlas   en   tanto   ya   fueron  referenciadas.      

Seguidamente  el casacionista cuestiona que  si  en el proceso se demostró que la acusada Jiménez  de  Flórez,  en  su  condición  de  secretaria  del  Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito  de  Cartagena,  al  elaborar el Despacho  Comisorio  No.  053 del 19 de mayo de 2003, no transcribió literalmente el auto  adiado  el  14 de abril de 1999 que dispuso el secuestro de los bienes inmuebles  de  propiedad  del demandado en número de tres, y no de uno sólo como en dicho  documento  lo  consignó  la mencionada; los juzgadores de instancia resolvieran  absolverla  del  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público, por  considerar   que   su   conducta   apenas   si  constituía  un  “error  de  poca  relevancia”, cuando lo  procedente  era  emitir  condena  en  su  contra  por  estar probado en grado de  certeza    el    delito    contra    la    fe    pública    en    que   aquella  incurrió.       

Estima el demandante que a consecuencia del  error  in  iudicando en que  dice   incurrió   el   Tribunal,   la   sentencia   de  segundo  grado  deviene  “injusta”  en  tanto  absolvió  a  la  procesada  cuando  lo  que  procedía  era  su  condena.    

En  consecuencia,  pide a la Corte casar la  sentencia   impugnada  y  en  su  lugar  proferir  condena  contra  Carmen  María Jiménez de Flórez por el  cargo   atribuido   en  la  acusación,  y  corolario  de  tal  declaratoria  de  responsabilidad,  en  orden  a  garantizar el restablecimiento del derecho de su  representado,  se  disponga  “  dejar sin efecto el  Despacho  Comisorio  #  053  de  fecha  diecinueve  (19) de mayo de dos mil tres  (2003)  al  haber  encontrado  demostrado que su contenido fue alterado mediante  una       falsedad       cometida       por       la       procesada”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De la casación excepcional  

1.1 De conformidad  con  el  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, cuando a la casación discrecional  se  acude  para  acceder  al  recurso extraordinario, el impugnante debe indicar  cuál  es  la  finalidad  del recurso, en orden a develar la necesidad de que la  Corte  entre  a  revisar  la  legalidad  del  fallo  atacado,  bien porque surja  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  ora  porque  lo que se  pretende es la protección de derechos fundamentales.   

1.2 El criterio de  autoridad         de         la         Sala4  tiene  dicho  que  cuando se  invoca   el   primero   de   tales  aspectos,  esto  es,  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,   compete  al  recurrente  señalar  si  lo  que  busca  con  la  impugnación  del  fallo de segundo grado es que la Corte intervenga ya sea para  referirse  a  un  tema  jurídico  en  particular,  bien  para unificar posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, con el deber de precisar de qué manera  la  decisión  solicitada tiene la doble utilidad de brindar solución al asunto  concreto   y   simultáneamente   servir  de  guía  a  la  actividad  judicial.   

Y  en  cuanto  al  amparo  de  los derechos  fundamentales,  el  demandante  tiene  la  carga  de  demostrar en forma clara y  precisa  la  violación  de  una  garantía por quebrantamiento de la estructura  básica   del  proceso  o  por  trasgresión  de  un  derecho  fundamental,  con  indicación  de  las  normas  constitucionales o legales que protegen el derecho  invocado y cómo el fallo lo conculca.      

Asimismo,  las  razones  aducidas  por  el  impugnante   en   orden   a   revelar   a  la  Corte  la  necesidad  de  admitir  discrecionalmente  la demanda, deben guardar perfecta armonía con los reproches  que  formule contra el fallo, lo que significa que el fundamento de la casación  excepcional  debe  avenirse con los cargos, tanto en su postulación, como en su  desarrollo.   

2.  En el asunto  que  ocupa  la  atención de la Sala, aun cuando el libelista menciona el debido  proceso  y  el  acceso  a  la  administración  de  justicia, consagrados en los  artículos  29  y  229  del  Carta, como derechos fundamentales afectados con la  sentencia  del ad quem, no logra demostrar la violación de tales garantías, en  tanto  las  razones  que  expone en sustento de su tesis parten de supuestos que  riñen      con      la      realidad     consignada     en     la     decisión  atacada.       

En  efecto,  no es cierto como lo afirma el  recurrente,  que los sentenciadores de primer y segundo grado declararan probado  que  la  procesada  Jiménez  de  Flórez,  en  su  condición  de  secretaría del Juzgado Tercero Civil de  Circuito  de Cartagena, al elaborar el Despacho Comisorio No. 053 del 19 de mayo  de  2003, mediante el cual dio cumplimiento a la orden de secuestro dispuesta en  auto   calendado  el  14  de  abril  de  1999,  incurriera  en  una  falsedad  a  consecuencia  de  omitir  la  trascripción literal del mentado proveído, en el  cual  se  dispuso  tal  medida  en relación con tres inmuebles de propiedad del  ejecutado  que previamente habían sido embargados, y no sobre uno sólo como se  indicó en el Comisorio.          

Por  el  contrario,  lo  que  el  ad  quem  encontró  demostrado,  acogiendo  así  en  forma  íntegra  los argumentos del  sentenciador  de  primer  grado,  es  que  dicha omisión en la elaboración del  comisorio,  no  se  ajusta  a  las  exigencias  típicas  del delito de falsedad  ideológica  en  documento  público,  es  decir,  no  satisface  los  elementos  constitutivos  de  la  conducta  punible  mencionada,  o  lo  que  es  lo mismo,  concluyó  su  atipicidad  objetiva  en tanto estimó que la imprecisión en que  incurrió   la   secretaria   Jiménez   de  Flórez  al  elaborar  el  pluricitado  despacho  comisorio no  podía  catalogarse  como  una  falsedad  en los términos del artículo 286 del  Código Penal.     

Así  lo  patentizan  los  apartes  de  las  sentencias  de  primer  y  segundo grado que cita el impugnante en la demanda, y  que   conviene   traer   a   colación  por  su  pertinencia  para  absolver  su  planteamiento,   máxime  que  siendo  ésta  confirmatoria  de  aquella,  ambas  conforman    una    unidad    inescindible   cuyo   acierto   y   legalidad   se  presumen.   

Dijo el a quo:  

“En  consecuencia,  tenemos  a pesar (sic) que la señora CARMEN JIMÉNEZ DE FLÓREZ,  cometió  un  error  de  poca  relevancia, el cual fue manifestar en el despacho  comisorio  en  mención,  que estaba transcribiendo el auto de fecha 14 de abril  de  1999,  debido  a que si bien no lo transcribió literalmente, pues el citado  auto  ordenaba  el embargo y secuestro de los bienes inmuebles del demandado que  en  este  caso eran tres, y no uno solo, lo hizo porque no podía librar un solo  despacho  comisorio  para  ordenar  el secuestro de unos bienes inmuebles que se  encontraban  en jurisdicciones diferentes…”.    

   

En   tanto   que   el  Tribunal  afirmó:   

“De lo expuesto,  la  Sala  logra  obtener la respuesta al segundo interrogante planteado, la cual  consiste  en  que  la  procesada  CARMEN JIMÉNEZ DE FLÓREZ, debía expedir dos  despachos  comisorios,  y  no  uno  como  lo  afirma  el impugnante.”     

Como   surge   patente   de  los  apartes  reproducidos,  en  las  sentencias   de instancia no se declaró probado el  hecho  de  que  la procesada consignara una falsedad al elaborar el tantas veces  citado  despacho  comisorio,  luego el demandante se equivoca al construir sobre  un  supuesto  inexistente su tesis de la afectación de garantías fundamentales  de  su representado, sobre la cual a su vez funda la casación extraordinaria en  orden    a    que    la    Corte    intervenga   para   corregir   el   supuesto  agravio.             

El  anterior  aserto  se  reafirma  con los  razonamientos   del   juez   colegiado,   que  sobre  la  materia  en  cuestión  puntualizó:   

“De conformidad  con  los  argumentos  precedentes,  la  Sala,  al  igual  que el Juez de Primera  Instancia,  concluye que la conducta de la procesada CARMEN JIMÉNEZ DE FLÓREZ,  es  atípica objetivamente, pues como ya se mencionó, en el auto de fecha 14 de  abril  de  1999,  expedido  por el Juez Tercero Civil del Circuito de Cartagena,  por  medio  del cual se ordenó el embargo de los bienes inmuebles identificados  con  los  folios  de  matrícula  No.  060-16895,  060-114194 y 060-114195 de la  Oficina  de  Registros  Públicos  de Cartagena, se advierte fácilmente, que la  orden  impartida estaba destinada a la elaboración de dos despachos comisorios,  es  decir, uno a la inspección de policía de Manga y otro al de la inspección  de policía de Alcibia.”   

De  otra  parte,  en  cuanto  a la falta de  pronunciamiento  del Tribunal sobre los aspectos de la sentencia de primer grado  que  fueron objeto de impugnación, de que se duele el casacionista, cabe anotar  que  aun  cuando  el  juez  colegiado  al  desatar  el  recurso  no  se refirió  específicamente  a  la manifestación del a quo que calificó la conducta de la  acusada     como     “un     error    de    poca  relevancia”,  del  contexto de la sentencia atacada  se  infiere sin dificultad que sus razonamientos cobijaron dicha consideración,  como  que  en  últimas  concluyó  la  atipicidad  objetiva  del comportamiento  desarrollado   por   Carmen   María   Jiménez   de  Flórez,  pues  estimó  que  la  imprecisión en que  ésta  incurrió  al  elaborar  el  Despacho Comisorio No. 053 del 19 de mayo de  2003  no  constituye  falsedad, pues “debía expedir  dos  despachos  comisorios,  y  no  uno como lo afirma el impugnante”,  por encontrarse los bienes a secuestrar en distintos sectores  de   la  ciudad  y  corresponder  igualmente  a  dos  inspecciones  de  policía  diferentes,          la         de         Magna         y         la         de  Alcibia.            

Y  con  relación  al aspecto subjetivo del  tipo,  vale  decir,  si  la  procesada  obró  o  no  dolosamente,  esto es, con  conocimiento  de  los hechos constitutivos del delito de falsedad ideológica en  documento  público y la voluntad de realizarlos, si bien el Tribunal no abordó  dicho  aspecto  en  la  sentencia  atacada,  no  obstante  haber sido uno de los  argumentos   del   apelante,   ello   aparece  razonable  atendiendo  a  que  el  sentenciador  de  primer grado no soportó la absolución de la enjuiciada en la  ausencia  de  dolo,  sino,  se itera, en la atipicidad objetiva de su actuar, lo  cual  relevaba  al  juez  plural  de cualquier análisis sobre la imputación al  tipo subjetivo.           

Ahora  bien, si la tesis del impugnante era  la  afectación  de  la  garantía fundamental del debido proceso, y agréguese,  por  contera  del derecho de defensa, originada en la falta de motivación de la  sentencia  recurrida,  como  se  infiere  de señalamientos tales como que el ad  quem   dejó   “huérfana  de  pronunciamiento  la  sustentación  del recurso de apelación; el Honorable Tribunal dejo (sic) en el  limbo  los  interrogantes  ¿Dé  (sic) si la falsedad cometida por la procesada  obedece  a  “un error de poca relevancia”?  y  ¿si  la  falsedad fue cometida con DOLO o no?”,   el   libelista  tampoco  cumplió  en  su  discurso  con  la  obligación  de  mantener perfecta armonía entre las razones que adujo en orden  a  evidenciar a la Corte la necesidad de admitir discrecionalmente la demanda, y  el  reproche  que  en últimas formuló contra el fallo del Tribunal por la vía  de  la  violación  directa  de  la ley sustancial, determinada por una falta de  aplicación o exclusión evidente.        

Así,  en  orden a evidenciar la violación  alegada  el  casacionista  debió invocar la causal tercera del artículo 207 de  la  Ley  600  de 2000, esto es, “Cuando la sentencia  se  haya dictado en un juicio viciado de nulidad”, y  para  acreditarla,  aun  cuando  la  Sala  ha  dicho que es menos exigente en su  demostración  que  las  otras,  tenía  la carga de identificar con precisión,  claridad  y  nitidez  la  especie  de irregularidad sustantiva que determinó la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos, indicar los preceptos que  consideraba   conculcados,   expresando   la   razón   de   su  quebranto,  con  especificación  del  límite  de  la actuación a partir del cual se produjo el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  nulidad, mostrar que procesalmente no  existe  manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo más importante,  comprobar  que la anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado, conforme al  principio de trascendencia.   

En  punto  de  falta  de  motivación de la  sentencia,         la         jurisprudencia5   

de la Corte ha señalado que dicho vicio se  puede estructurar de la siguiente manera:   

(i) Cuando carece totalmente de motivación,  por  omitirse  las  razones  de  orden  fáctico  y  jurídico  que sustenten la  decisión.   

(ii)  Cuando  la motivación es incompleta,  esto  es,  el  análisis  que  contiene  es deficiente, hasta el punto de que no  permite su determinación.   

(iii) Cuando la argumentación que contiene  es   dilógica   o   ambivalente,  es  decir,  se  sustenta  en  argumentaciones  contradictorias  o  excluyentes, las cuales impiden conocer su verdadero sentido  y,   

(iv)  Cuando  la  motivación es aparente y  sofística,   de  modo  que  socava  la  estructura  fáctica  y  jurídica  del  fallo.   

En el caso concreto es patente que aunque el  censor  echa  de  menos  las  razones  que  tuvo  el  Tribunal para confirmar la  sentencia   de   primer   grado   que   absolvió   a  la  acusada  Jiménez  de  Flórez del cargo formulado  en  su  contra  como  autora  del  delito  de  falsedad ideológica en documento  público,  y particularmente reprocha que el ad quem no se pronunciara sobre las  razones  de  disenso  consignadas  en el recurso de apelación incoado contra la  sentencia  del  a  quo,  además  de no postular el cargo, tampoco cumple con el  cometido  de  demostrar  que  el fallo recurrido adolece de las razones de orden  fáctico  y  jurídico  para  sustentar  la absolución, o que en él se hubiera  omitido  referirse  a  los aspectos de la impugnación, que conlleva a acreditar  su falta de motivación.   

Por último, en cuanto a la vulneración de  las  garantías  fundamentales  de  la parte civil,  que aduce el censor se  presentó  a  consecuencia  de  que  el  Tribunal  resolvió  en la sentencia de  segundo  grado,  de  manera conjunta, el recurso interpuesto contra el fallo del  juzgador  individual  y  la  nulidad propuesta contra el auto emitido por uno de  los  magistrados  integrantes  de la Sala de Decisión que había sido recusado,  el  libelista  se  queda en la mera enunciación, pues no presenta argumentos en  orden  a  demostrar  el  vicio,  más  allá  de su personal interpretación del  artículo  170  de  la  Ley  600  de  2000, frente a la cual basta decir que los  requisitos  señalados  en dicho canon se entienden como las exigencias mínimas  que  tales decisiones deben cumplir; además es apenas razonable que el Tribunal  se  ocupara en primer lugar de resolver la nulidad propuesta por el apoderado de  la  parte  civil,  previo  a  definir la impugnación, pues de prosperar aquella  resultaría inane desatar el recurso.   

Entonces,  claramente  se  advierte que el  demandante  incumplió  los  presupuestos  desarrollados  por  la jurisprudencia  respecto  de  la  casación  discrecional,  con el fin de persuadir a la Corte a  revisar  la  legalidad  de  la sentencia impugnada, lo cual hace improcedente el  recurso     extraordinario     y     es    suficiente    para    inadmitir    la  demanda.      

3. Al margen de  lo  anterior,  se  observa  que  el  único reproche propuesto por el demandante  adolece  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación  para su  admisibilidad,  cuya  observancia  impone el inciso tercero del artículo 205 de  la  Ley  600 de 2000 y la jurisprudencia de la Corte, aún en los eventos en que  se acude a la casación excepcional.   

En  efecto, el censor acusa al Tribunal de  violar  directamente  la  ley  sustancial, por falta de aplicación o exclusión  evidente  del  artículo  286 del Código Penal que prevé el delito de falsedad  ideológica  en documento público, y que aquél considera es la norma llamada a  gobernar el  caso.                  

Cuando  el yerro se postula por la vía de  la   infracción   directa  de  la  ley  sustancial,  como  lo  tiene  dicho  la  jurisprudencia        de        la        Sala6,   es   necesario   que   el  demandante  acepte  los  hechos  declarados  probados en el fallo recurrido y se  sujete  a  la  valoración probatoria del sentenciador, por lo cual el debate se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho,  sin  que tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los  elementos de juicio o el acontecer  fáctico.   

En  esa  medida, la labor de demostración  del  vicio  deberá  estar  sustentada en evidenciar que el juzgador seleccionó  una  norma  que  no  era la llamada a gobernar el asunto (aplicación indebida),  omitió  otra  que sí resolvía los extremos de la relación jurídico procesal  (falta   de   aplicación   o   exclusión  evidente)  o,  habiéndola  escogido  correctamente,  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del texto de  la ley (interpretación errónea).   

Tales  exigencias  de  fundamentación las  desacató   el   casacionista,   pues   pese   a  consignar  en  el  libelo  que  “jamás     cuestionaré     la     valoración  fáctico-probatoria  realizada  por  el  Tribunal en su sentencia…”,  en  el  desarrollo  del  reproche  parte por señalar que los  falladores  de  primer  y  segundo grado reconocieron sin ambages que la acusada  Jiménez   de   Flórez  incurrió  en  una falsedad cuando elaboró el Despacho Comisorio No. 053 del 19  de  mayo  de  2003,  lo cual no es cierto como quedó visto en el acápite de la  casación  excepcional,  pues  los  sentenciadores de instancia fueron claros en  señalar  que  la  conducta  de  la procesada no se adecuaba al tipo de falsedad  ideológica  en  documento  público, habida cuenta que no se alteró la verdad.   

De  esa  manera el libelista desconoce los  hechos  declarados  probados  en  el  fallo  recurrido,  pues  allí el ad quem,  coincidiendo  con  las  apreciaciones  del  a  quo,  encontró  que  si  bien la  procesada  incurrió  en  una  inexactitud  al  transcribir  en  el  pluricitado  despacho  comisorio  el  auto  del  14 de abril de 1999, que consistió en hacer  referencia  a  que  en  dicha  decisión  se  había  dispuesto el secuestro del  inmueble  identificado  con folio de matrícula inmobiliaria No. 060-16895, pese  a  que  en  realidad  la  medida  cobijaba  dos  bienes  más  de  propiedad del  demandado,  para  el  Tribunal  esa conducta en manera alguna tipifica el delito  consagrado  en  el  artículo  286 del Código Penal, en consideración a que la  aludida  comisión  iba dirigida únicamente al inspector de policía del barrio  Manga,  donde estaba ubicado uno de los predios a secuestrar, en tanto los otros  dos  se  localizaban  en  el barrio Alcibia, lo cual imponía la elaboración de  otro  despacho  comisorio dirigido al funcionario encargado de dicho sector, que  no  se  cumplió  porque  el  abogado  demandante  no  aportó  documento  donde  constaran sus linderos.       

De  igual  forma  el  impugnante,  pese  a  insistir  en  que  la  actuación de la secretaria del Juzgado Tercero Penal del  Circuito  es  típica  del mentado delito contra la fe pública, eludió indicar  las  razones  en  que cimienta tal afirmación, en tanto no abordó el análisis  del  tipo  penal  de  falsedad  ideológica en documento público, y cómo en el  caso  de  la  especie  el  comportamiento  desplegado por la procesada se ajusta  cabalmente  a  los elementos que lo configuran, para así evidenciar el yerro en  que  dice  incurrió el Tribunal al confirmar la sentencia absolutoria de primer  grado  fundada  en  la atipicidad objetiva de la conducta, nada de lo cual asume  el censor en el libelo.      

Lo  que  en  últimas  se  advierte  es la  inconformidad  del  recurrente  en  torno al análisis que de la tipicidad de la  conducta  hicieron  los falladores de instancia, para quienes el hecho endilgado  a  la  acusada  es  atípico  del  delito  de  falsedad ideológica en documento  público,  y  la  pretensión  de  imponer  su personal criterio frente a lo que  sobre  dicho  aspecto  declaró  la sentencia impugnada, en orden a que la Corte  concluya  que el comportamiento de la procesada se subsume en el ilícito contra  la fe pública.     

   

Así  las  cosas,  deviene  necesaria  la  inadmisión de la demanda de casación.   

Resta  señalar  que  no  se  vislumbra la  vulneración  de  garantías fundamentales, que impongan superar los defectos de  la  demanda, en orden a intervenir oficiosamente para garantizar su protección,  conforme lo prevé el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil,  representada por Jesús Antonio Correa Orozco.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                             FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                          MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                                   EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  El  doctor  Marino Aguilar Baldrich, obrando como apoderado de la parte civil dentro  del  proceso,  entre  otras  actuaciones, realizó las siguientes: (i) interpuso  recurso  de  apelación contra la resolución inhibitoria fechada el 23 de junio  de  2004 -folios 21 y ss. del cuaderno original de instrucción-; (ii) interpuso  recursos  de  reposición  y  apelación  contra  la  resolución  que  negó su  petición  de restablecimiento del derecho adiada el 17 de julio de 2007 -folios  132  y  ss.  ibídem-;  (iii) promovió recusación contra el Juez 1º Penal del  Circuito  de  Cartagena-folios  3  y  ss.  del cuaderno original de incidente de  recusación;  y,  (iv) promovió recusación contra uno de los Magistrados de la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Cartagena que conoció de la apelación  contra  la  sentencia  de  primer  grado-folios 1 y ss. del cuaderno original de  segunda instancia-.             

2  Párrafo final de la página 19 del fallo de primer grado.   

3  Párrafo segundo de la página 24 del fallo de segundo grado.   

4 Autos  Rdo.  26916  del  18  de  abril  de 2007 y Rdo. 38100 del 27 de febrero de 2012,  entre otros.    

5  Casación Rdo. 26255 del 18 de julio de 2007.   

6 Autos  Rdo.  37987  del  9  de mayo de 2012, Rdo. 38490 del 18 de abril de 2012 y 41411  del 10 de julio de 2013, entre otras.     

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