33130(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado acta número 60  

Bogotá,  D.C., veintisiete de febrero de dos  mil trece.   

Decide  la  Sala  sobre  la  admisión  de la  demanda   de   revisión   presentada  por  el  apoderado  de  los  sentenciados  Ananías   y  Martín   Espitia   Quevedo,   contra  la  sentencia  del  20  de  agosto  de  2002  con  la  cual el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  revocó  la  de  primera  instancia y los  condenó   a   14   años   de   prisión,   como   coautores   del   delito  de  homicidio.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

Primero. Los hechos  juzgados en esa actuación, los sintetizó el Tribunal así:   

“Las  familias  Rodríguez  Rubio y Espitia  Quevedo  residían  en  la  vereda  Retiro de Blancos de Chocontá y entre estas  surgieron  inconvenientes que trascendieron en varias oportunidades a agresiones  de  palabra  y  de  obra.  Uno  de los últimos incidentes se presentó el 16 de  noviembre  de  1998  cuando  miembros  de  los  Rodríguez pasaban por un camino  situado  en  la  propiedad  de  los  Espitia,  resultando  unos  heridos y otros  detenidos.   

Doce  días  después,  el  28 de noviembre,  hacia  las  5  de  la  tarde,  Santiago Rodríguez Rubio salió de su residencia  hacia  Chocontá  y hacia las 6:30 fue hallado su cadáver, en el sitio conocido  como   ‘El   Alto   del  Ají’,  en  la  vía  que  conduce  de  Chocontá  a Villapinzón. La muerte sobrevino como consecuencia de  las heridas que le habían sido propinadas con arma de fuego.   

Justamente,  esa  misma  tarde, los hermanos  Ananías  y  Martín  Espitia  Quevedo  luego  de departir con unos amigos en el  casco  urbano  de  Chocontá,  regresaron a su residencia hacia la misma hora en  que  se produjo el fallecimiento de Rodríguez Rubio, por la misma carretera que  éste  utilizó  antes  del  ataque  y  pasando  por  el  mismo  lugar donde fue  encontrado su cadáver.”   

Segundo.  Con motivo de la condena y en virtud del  poder  conferido,  el apoderado de los señores Espitia  Quevedo  interpuso demanda de revisión con fundamento  en  la  causal  tercera  del artículo 220 de la Ley 600 de 2000, de conformidad  con  la  cual  la  acción resulta procedente “Cuando  después  de  la sentencia condenatoria aparezcan hechos nuevos o surjan pruebas  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates,  que  establezcan  la inocencia del  condenado o su inimputabilidad.”   

Tercero.   En  cumplimiento  de esa preceptiva el actor allega las declaraciones extrajuicio de  Eduardo  Castañeda  Rodríguez,  Eliécer  Triana  Rodríguez  y  Blanca  Ligia  Montenegro de Garzón.   

La novedad de estas pruebas, agrega, radica en  que  los  dos  primeros  señalan  a  Hernando  Díaz  Rodríguez como autor del  homicidio  y  la señora Montenegro Díaz afirma no haber declarado ni sindicado  a nadie en la actuación.   

El  testigo  Eduardo  Castañeda  Rodríguez  declara  haber  visto a la víctima con Hernando Díaz en la tienda de Guillermo  Prieto  tomando  licor:  Santiago  insultaba a Hernando. Más tarde, en el sitio  denominado  Los  Camellones  los  vio  nuevamente,  iban  en  bicicleta, primero  Santiago,  luego  Díaz  Rodríguez  al  parecer  persiguiéndolo;  pasados unos  instantes  escuchó  varios  disparos  y al acercarse vio botado el cuerpo de la  víctima,  “a  mí me dio mucho miedo de que viniera  alguien  y  pensara que yo tenía que ver con eso, aceleré el paso y me dirigí  a la casa rápidamente.”   

Por  su  parte,  el  señor  Eliécer  Triana  asegura  que  Hernando  Díaz  le comentó que iba a matar a Santiago Rodríguez  Rubio  por  los  problemas  que  tenía  con  él,  suceso  que efectivamente se  verificó  al  poco  tiempo.  Asegura,  además,  que  el  papá  de la víctima  también  le  comentó  que  Díaz  Rodríguez  le  confesó  haber  matado a su  hijo.   

En  criterio  del  actor,  estos  medios  de  convicción  por  lo menos tornan discutible la verdad declarada en el fallo, la  cual  deviene  insostenible  pues  le  resta  el valor de certeza requerido para  dictar sentencia condenatoria.   

Por otra parte, en relación con Blanca Ligia  Montenegro,  la  declaración  extrajuicio  anexa  al libelo da cuenta de que no  declaró  en  el  proceso, hecho que de haber podido ser valorado por los jueces  en    las   instancias,   habría   conducido   a   un   fallo   sustancialmente  diferente.   

Cuarto.  Con  la  demanda  el  actor  aporta copias auténticas de los fallos de primera y segunda  instancia,   la   constancia   de   ejecutoria,  el  poder  para  actuar  y  las  declaraciones extrajuicio mencionadas.   

Quinto. Reiteradamente  la Sala ha precisado que la acción de revisión no  constituye  una  prolongación  del  juicio,  ni  corresponde  a  un instrumento  ordinario  que  permita  dar  cabida a particulares consideraciones destinadas a  cuestionar  declaraciones  de  justicia que han hecho tránsito a cosa juzgada y  que adquieren el carácter de definitivas e inmutables.   

Su fundamento estriba en la posibilidad real  de  lograr  un  fallo  rescindente en orden a remediar la injusticia material en  que  haya podido incurrir la judicatura, cuando quiera que se presente alguno de  los  precisos  motivos  establecidos  en la ley cuya demostración corre a cargo  del  demandante,  en  quien  recae,  también,  la carga de presentar la demanda  acorde con los requisitos legalmente establecidos.   

El   artículo   222   del   Código   de  Procedimiento  Penal  señala  esos presupuestos de admisibilidad de la demanda,  entre  los  cuales  se destacan la obligación de concretar la causal que invoca  el  demandante,  los fundamentos fácticos y jurídicos que sustentan su acción  y  la  relación de las pruebas que conducirían a demostrar los hechos básicos  de la petición.   

Es  exigencia normativa, igualmente, que con  la  demanda  se  allegue  copia o fotocopia de la decisión de primera y segunda  instancias  con  la  respectiva  constancia de ejecutoria, proferidas dentro del  proceso cuya revisión se persigue.   

La  causal  que  propone  el  actor  no cobra  existencia   en   el   presente  caso.  Sustenta  el  planteamiento  en  algunas  declaraciones  extrajudiciales,  en  las  cuales no se descubre la condición de  novedad  requerida  en  sede  de  revisión  para  derruir  los  efectos  de una  decisión que hizo tránsito a cosa juzgada.   

Este  motivo  de  revisión,  recuérdese,  implica  acreditar la aparición de hechos nuevos o el surgimiento de pruebas no  conocidas  antes  de la sentencia que, además, contienen la virtud de demostrar  la  inocencia  del  sentenciado  o  su inimputabilidad, es decir, se configura a  partir   de   dos   presupuestos   básicos:  i)  que  sobrevenga  una  situación  fáctica  o  probatoria  ex novo, no conocida en el  curso  del  proceso;  y  ii) que la nueva evidencia fáctico probatoria tenga la  virtualidad  de establecer en grado de certeza la inocencia o la inimputabilidad  del  condenado,  o  de  tornar cuando menos discutible la verdad declarada en el  fallo, haciéndola insostenible en el plano probatorio.   

Pero quede claro, el propósito de  la  causal  aludida y de la acción de revisión en general, no  es  reexaminar los elementos  de  convicción  que  sirvieron  de  fundamento  a  la  decisión  que  ha hecho  tránsito  a  cosa  juzgada,  por  consiguiente,  con  carácter de definitiva e  inmutable.   

En ese error incurre el accionante, primero  al  proponer  como  prueba  novedosa  la  declaración  extrajuicio de la señora Blanca Ligia Montenegro de  Garzón,  quien refiere no haber declarado en el proceso ni elevado sindicación  contra  persona  alguna  en  relación  con el homicidio de Santiago Rodríguez,  pues  asegura que el sentenciador supuso su existencia  ‘como consecuencia de la  confianza  depositada  en  un investigador del CTI, quien manifestó mediante su  informe  que  la  misma había existido’.   

El  planteamiento  se   dirige   a   denunciar   la   existencia   de   un   eventual  error  de  hecho  por errada valoración  probatoria,   el   cual  debió  examinarse  en  el  recurso  extraordinario  de  casación,  a través de la demanda respectiva, no diferirse a una acción ajena  a  esa  clase  de  exámenes,  menos  aún  sin  haber consultado el texto de la  sentencia  del  Tribunal  de Cundinamarca, la cual ni siquiera cita a la señora  Montenegro  de  Garzón,  de manera que su testimonio en forma alguna sirvió de  fundamento a la decisión condenatoria materia de revisión.   

Las declaraciones  extrajuicio   de   Eduardo  Castañeda  y          Eliécer          Triana          Rodríguez, aportadas con la demanda, en   forma   inconexa   y   contraria  a  la  razón,  señalan  como  verdadero  autor  del  homicidio  a  Hernando Díaz  Rincón,   el  primero,  según  dice,  por  haberlo  visto   con  la  víctima  tomando  licor  y  discutiendo  momentos  antes del homicidio; el segundo porque  días  antes de los hechos Díaz Rodríguez le dijo que iba a matar a Santiago y  por  haber escuchado al papá del difunto afirmar  que  el  supuesto  homicida  le  confesó  la autoría del  delito.   

Las  afirmaciones  aportadas  como  nuevos  medios   de   convicción,   incriminan  a    Hernando    Díaz    como  autor  del  homicidio  por  el  cual  fueron  condenados  los  hermanos    Ananías   y  Martín Espitia Quevedo. No  obstante,  contrario al criterio del actor, carecen de  la novedad requerida para la prosperidad de la causal  que  invoca  y  resultan  inútiles para demostrar la  inocencia  de  los  sentenciados  o  establecer  al  menos la duda en torno a su  responsabilidad.   

Las  declaraciones  aducidas  propenden    por    la    continuación    del   juicio  y  trasladar  el  debate al  escenario de la revisión, sin reparar  el           recurrente           las          insalvables          incoherencias  ni la liviandad de las pruebas supuestamente novedosas.   

Eduardo  Castañeda  Rodríguez   en   una   de   las   declaraciones   extrajuicio   allegadas     con     la     demanda1,       afirmó haber visto a la víctima discutiendo  en  una  tienda  con Hernando Díaz Rodríguez y, más  tarde,  los  observó  en una carretera a bordo de sus  bicicletas,   luego   de   que   pasaron  sonaron unos  disparos  y  descubrió  muerto  a  Santiago  Rodríguez.  Al día siguiente, el  supuesto  autor  del  homicidio  lo  visitó en su casa y lo amenazó de muerte,  pues  “me dijo que yo era el único que había visto  lo  que  había sucedido y  que si hablaba para mí también había.”   

En   una   nueva   versión2,  agregó  que  ese día, al momento de la discusión en la tienda,  le  vio  un  arma  de  fuego  en la cintura a Hernando  Díaz.    Pero   esta  vez no manifestó que los  vio  en  la  carretera ni  que  escuchó  los  disparos, sino que al día siguiente se enteró que habían  matado   a   Santiago   Rodríguez  y  tres   días   después  el  victimario  llegó  hasta  su casa  para amenazarlo.   

Finalmente,  ante  el  Notario  Único  de  Chocontá,  reiteró  haber  visto  la  discusión  en  la tienda y a   la   mañana   siguiente  haberse  enterado  de  la  muerte  de  Santiago Rodríguez. De igual modo, que tres días  después   se  encontró  con  Hernando,  quien  le  confesó  que  él  era el homicida y lo amenazó de  muerte.   

Por  su  parte, Eliécer Triana Rodríguez  ofrece  una  versión  que  contradice  la  verdad declarada en el proceso, pues  afirma   que   “los   señores   Espitia  estaban  involucrados   en  ese  problema  y  es  falso  porque  en  esa  época  estaban  viajando”,  lo cual resulta por demás absurdo, si  se  tiene  en  cuenta que los condenados en sus indagatorias reconocieron que se  encontraban  en  Chocontá  el día de los hechos e inclusive que pasaron por el  sitio  donde  se  halló  el  cadáver  de  Santiago  Rodríguez,  pero  negaron  haber ejecutado el delito.   

Con tan contradictorios elementos de juicio  resulta   obvio   que   el   actor  no  aporta  pruebas  novedosas  que    reporten    la   trascendencia  suficiente  para  modificar el sentido del fallo demandado, motivo que conduce a  la inadmisión de la demanda.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de  revisión  propuesta  por  el apoderado de Ananías  y    Martín    Espitia  Quevedo.   

Contra  esta  decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO       

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                 JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                              Impedido              

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Impedido  

          

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Rendida ante el Notario 1° de Tunja el 9 de junio de 2005   

2  Declaración  del  24  de febrero de 2007 rendida ante la Asesoría Jurídica de  la Penitenciaría de Mediana Seguridad del Barne.     

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