42446(16-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado acta número 349  

Bogotá,  D.C.,  diecisiete de octubre de dos  mil trece.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  Pedro  Alejandro Arismendi Alvarado, contra  la  sentencia  mediante  la  cual  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá  confirmó  la  condena que por el delito de estafa le impuso el Juzgado  8° Penal del Circuito de Descongestión.   

HECHOS  

Los  resume  el  Tribunal  de  la  siguiente  manera:  

“Con motivo del fallecimiento de la señora  María  Dolores  Cepeda de Arismendi ocurrido el 12 de agosto de 1994, el 1° de  marzo  de  2006,  su  cónyuge  supérstite,  PEDRO ALEJANDRO ARISMENDI ALVARADO  presentó      al     Instituto     de     Seguros     Sociales     – Seccional Cundinamarca una solicitud,  para  que  se  le  reconociera  la pensión de sobrevivientes, en la que omitió  informar  que ella tenía varios hijos con derecho a la sustitución y en la que  afirmó,  además,  contrariamente  a la realidad, que habían convivido durante  28  años  hasta  el  momento  de  su  muerte,  a  pesar  de  que  desde 1979 no  compartían el mismo techo.  

Mediante  resolución  No.  014392  del  5 de  agosto   de  1996,  firmada  por  la  Jefe  del  Departamento  de  Atención  al  Pensionado,  se  le  reconoció  el  100%  de  la  prestación,  proporción que  posteriormente  esta  funcionaria  redujo  a la mitad, según la Resolución No.  023710  del  12  de  diciembre  de  1999,  luego de que el señor Jaime Guátiva  Cárdenas  elevó reclamación en representación de los menores César Augusto,  Sandra  Milena  y  Yeimmy  Marli Guátiva Cepeda, hijos que había concebido con  aquella.”  

   

   

   

   

   

ACTUACION PROCESAL  

Luego   de   adelantar   la  investigación  correspondiente,  la Fiscalía 69 Seccional de Bogotá, mediante resolución del  13  de  febrero  de  2008,  dictó  acusación  en  contra  del denunciado, como  presunto  responsable  del  punible  de  estafa,  a  la  vez que le precluyó la  investigación  por  el  cargo  de  fraude  procesal  que  también se le había  imputado,  decisión confirmada por la Delegada ante el Tribunal el 20 de octubre de 2008.   

   

Cumplido  el trámite de la causa, el Juzgado  8°  Penal  del Circuito de Descongestión, mediante sentencia del 29 de octubre  de  2010  lo condenó, en los términos de la acusación, a 30 meses de prisión  y multa de 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes.  

De  la decisión apeló la defensa y mediante  sentencia  del  12  de  junio  de  2013,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá la  confirmó.   

DEMANDA     DE  CASACIÓN  

El  recurrente  manifiesta  que  acude  a  la  casación  discrecional,  toda  vez  que  la sentencia viola directamente la ley  sustancial,  por  la errática interpretación del artículo 47 de la Ley 100 de  1993,   el  cual  establece  los  requisitos  para  acceder  a  la  pensión  de  sobrevivientes,  que  atribuye  a los sentenciadores y a la Fiscalía General de  la  Nación, quien con las medidas empleadas para lograr el restablecimiento del  derecho  generó que “el derecho pensional sustituido  al  condenado, se encuentra en entredicho y congelado en una cuenta que no puede  ser objeto de ningún movimiento.”   

De  otro  lado,  entiende  que  la Corte debe  emitir  un  pronunciamiento  mediante  el  cual  indique  que  los  funcionarios  judiciales  “no pueden hacer operaciones aritméticas  sumatorias   de   presuntas   apropiaciones   dinerarias  ilícitas,  cuando  la  imputación  no  se  encuentra  derivado  (sic)  en  la  forma  prevista para el  concurso,  artículo  31  del  C.P.,  ni  en  un  delito masa, como lo indica el  parágrafo  del  mismo  artículo,  única  forma  en  que  sería plausible, la  realización  de  tales sumas por el punible en contra del patrimonio económico  que sólo fue de estafa.”   

Con  este  introito  formula  los  siguientes  reproches por violación directa de la ley sustancial.   

Cargo      primero      –  Principal.  Interpretación  errónea de los artículos 9° del Código Penal y 47 de la Ley  100  de 1993, norma de seguridad social que le permitía al acusado acceder a la  sustitución   pensional.   El  yerro  condujo  al  sentenciador  a  deducir  la  existencia de la conducta punible.   

El Tribunal, sostiene el recurrente, equivocó  el  entendimiento de la norma al considerar que el procesado no tenía derecho a  la  pensión,  por  llevar  separado de su esposa varios años, de manera que la  prestación  le  correspondía  sólo  a  los  hijos  menores de edad que María  Dolores Cepeda tuvo con Jaime Guátiva Cárdenas.   

Sin  embargo,  asegura,  el  requisito  de la  convivencia  se  exige  para los matrimonios que no han procreado hijos, sin que  sea  ese  el caso de los esposos Arismendi Cepeda quienes tuvieron descendencia.  De   haber   interpretado   correctamente   la   norma   indicada,  “se  hubiese  llegado  a  la  conclusión  que  el [procesado] era  legítimo  peticionario  de  la  pensión de sobrevivientes, y no como indicaron  las  instancia,  al hacerlo ver como usurpador de dicho derecho en contra de los  hijos  de  la  de  cujus…  por  lo  que  su  conducta  se  muestra  totalmente  atípica…”   

Cargo      segundo      – Subsidiario.  Violación  directa  de  la  ley por indebida aplicación de los artículos 31 y  246  del  Código Penal, y falta de aplicación del inciso 3° de los artículos  246  y 268 del Código Penal, lo cual generó un error en la dosificación de la  pena y de los perjuicios materiales.   

El  yerro del Tribunal, explica, surge porque  al  procesado  se  le  acusó  por  el  punible de estafa, sin ninguna modalidad  concursal,  y  no  explica  el fundamento que le permite sumar los montos de los  que  se  apropió en distintos montos, cuando el importe mensual que recibía no  superaba el salario mínimo.   

En tales condiciones, lo correcto era adecuar  la  conducta  en  el  inciso 3° del artículo 246, el cual prevé como sanción  para  el  autor  de  la  estafa  atenuada  por  la  cuantía,  1  a  2  años de  prisión   

Con  base en lo anterior, solicita a la Corte  emitir     el     correspondiente     fallo     de  reemplazo.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  analizada se inadmitirá por los  siguientes motivos.   

El  recurso  de  casación procede contra las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar, en los procesos adelantados  por   delitos   que   tienen   asignada   una  pena  cuyo  máximo  exceda  de 8 años de prisión, de acuerdo  con lo previsto por el artículo 205 de la ley 600 de 2000.   

Sin  embargo,  el  inciso  tercero  de  esa  disposición  establece  que,  la  Corte  Suprema,  de manera excepcional, puede  admitir   la  demanda  de  casación  contra  sentencias  de  segunda  instancia  distintas  a  las  señaladas en precedencia, a solicitud del sujeto procesal en  quien   asista   interés,   “cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales”, presupuestos de procedencia  que le corresponde acreditar al recurrente.   

En el asunto que examina la Corte, se procede  por  el delito de estafa en su modalidad básica, sancionado con prisión de 2 a  8  años, de conformidad con lo previsto por el artículo 246 del Código Penal,  vigente al momento de los hechos.   

Bajo  esta circunstancia, le correspondía al  demandante  acudir  a  la  modalidad  discrecional  del  recurso extraordinario,  indicando  con  precisión  cuál  de  los  motivos señalados por el legislador  tornaba  imperativa la intervención de la Corte, en un asunto en el que resulta  improcedente  la  casación  por  vía  ordinaria,  es  decir,  la  necesidad de  restablecer   las  garantías  fundamentales,  o  lograr  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia en un determinado asunto  jurídico.   

El  actor,  es cierto, anuncia que acude a la  casación   discrecional   y   refiere   la   vulneración   de  las  garantías  fundamentales  del  acusado,  junto con la necesidad de un pronunciamiento de la  Corte  que  desarrolle  la jurisprudencia. No obstante, elude desarrollar alguno  de  esos  aspectos, ya que el pronunciamiento discrecional que reclama, lo funda  en  el  supuesto de haber sido transgredidas por el Tribunal normas sustanciales  de  derecho penal y de seguridad social, sin demostrar la efectiva afectación a  los  garantías  fundamentales  del  acusado  ni  la necesidad de desarrollar la  jurisprudencia  frente a un tema jurídico en particular, refundiendo en un solo  discurso  los  motivos  de casación que invoca, con la procedencia discrecional  del recurso, la cual, en modo alguno, logra acreditar.   

Por si fuera poco, conforme pasa a precisarse,  los  cargos  expuestos  en  el  libelo, desconocen los presupuestos de lógica y  debida  fundamentación  requeridos  para  su  examen  de  fondo  en un fallo de  casación, todo lo cual conducen a la inadmisión de la demanda.   

La   jurisprudencia   de   la  Corte  tiene  establecido  que  cuando  la  censura  se  postula por la vía de la infracción  directa  de la ley sustancial, el demandante acepta que los hechos y las pruebas  plasmadas  en  el  fallo fueron correctamente apreciados por el Tribunal, razón  por  la  cual  debe orientar el debate sobre la aplicación del derecho, sin que  tengan  cabida  aspectos  relacionados  con  la credibilidad de los elementos de  juicio y del acontecer fáctico.   

Por lo mismo, la labor de demostración de la  trascendencia  del vicio deberá estar sustentada en evidenciar que el juzgador:  i)   seleccionó  una  norma  que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto  (aplicación  indebida); ii)  omitió  otra  que sí resolvía los extremos de la relación jurídico procesal  (falta  de  aplicación) o,  iii)  habiéndola escogido correctamente le dio un alcance interpretativo que no  se  deriva  del  texto  de  la  ley  (interpretación  errónea).   

El  sentido seleccionado por el recurrente en  el   cargo  primero  de  la  demanda,  obedece  a  un  error  de  hermenéutica  del  sentenciador acerca del  significado  y  comprensión de la norma en cuanto a sus alcances. Por tanto, se  consolida  cuando  al  aplicar una norma sustancial debidamente seleccionada por  tener   existencia,   validez  y  vigencia,  le  atribuye  efectos,  alcances  o  consecuencias  que  no  comporta  en  su estructura, los cuales son contrarios o  extraños a su contenido.   

De esa manera, cuando se denuncia en casación  la  interpretación  errónea  de  la ley, al actor le corresponde, junto con el  deber  de  aceptar  los hechos y las pruebas en la forma indicada anteriormente,  la  obligación  de  admitir  que la selección de la fuente formal en la que el  juzgador  resuelve  el  problema  es la correcta, ya que el error no recae en la  selección  de  la  norma  sino  en  su  entendimiento,  porque  se  le  dio una  hermenéutica  que trastoca su verdadero contenido, menguándolo o aumentándolo  o en algunos extremos tergiversándolo.   

Aquí vale reiterar que, si como consecuencia  de  la  errónea interpretación de la ley ésta se deja de aplicar o se excluye  indebidamente,  el  desacierto  es  de  selección  y,  por ende, se debe alegar  exclusión  evidente  o  aplicación  indebida y no interpretación errónea, ya  que  la  causa  de  la  equivocación  no  importa,  y  bien  pudo  “ocurrir  porque  se erró sobre su existencia material o sobre su  validez,  sobre  su  sentido  o alcance, [pues] lo que cuenta en últimas, es la  decisión   que  en  lo  atinente  a  ella  adopta  el  sentenciador,  esto  es,  inaplicarla  o  aplicarla indebidamente (sentencia del 1° de diciembre de 1999.  Radicado                  14129)”1.   

El   actor   incumple   los  requisitos  de  postulación  precisados.  En  primer  lugar, no indica que las normas aplicadas  por  el  sentenciador  sean  indudablemente  las  llamadas  a resolver el asunto  analizado,  tampoco  precisa  el alcance interpretativo que le confirió a tales  disposiciones,  menos  todavía  establece  el sentido correcto de los preceptos  aplicables al caso.   

Su  alegación,  a no dudarlo, es de estricto  orden   fáctico   probatorio,   como  quiera  que  dedica  buena  parte  de  la  fundamentación  del  reproche  a  explicar que el procesado tenía derecho a la  pensión  de  sobrevivientes,  y  que en la actuación se demostró que contrajo  nupcias  con  la  señora  María Dolores Cepeda, con quien convivió durante 12  años  y  procreó  3  hijos,  circunstancia  última  que de conformidad con el  literal  a)  del  artículo  47 de la Ley 100 de 1993, le permitía acceder a la  prestación  mencionada, pues, desde su perspectiva, la correcta interpretación  de  la norma permite que la falta de convivencia entre los esposos, se supla con  los   hijos   procreados,  de  suerte  que  el  acusado  resultaba  ‘legítimo  peticionario de la pensión  de  sobrevivientes’  y le  asiste  en  la  actualidad  pleno  derecho  para gozar de la misma, “por    lo    que    su    conducta    se    muestra    totalmente  atípica.”   

De  superarse  este error de postulación, de  todos  modos  surge  evidente  que  el  censor  no  describió  el  alcance  que  supuestamente  le dio el sentenciador a esa norma específica, omisión que hace  imposible   verificar   el   yerro   hermenéutico  que  le  atribuye  al  fallo  recurrido.   

Y,  como  lo  que  pregona  realmente  es  la  atipicidad  de la conducta, termina por controvertir indebidamente la selección  normativa  del sentenciador, a la cual debe plegarse quien denuncia en casación  la  violación  directa  por interpretación errónea de la ley, sin que acierte  tampoco   con   sus   argumentos   (propios   de  la  transgresión  indirecta)  a demostrar que la conducta  del  procesado no es típica del punible de estafa, ya que rehusó confrontar el  examen  de  tipicidad  elaborado  por  el Tribunal, el cual se fundamenta en que  procesado  al  presentar la solicitud de pensión de sobrevivientes “No  solamente  mintió, bajo la gravedad del juramento, acerca de  una  supuesta  convivencia  ininterrumpida  durante  28  años con su esposa, de  quien  se  separó  de  hecho  desde 1979, sino que también omitió informar la  existencia  de  los  hijos  menores  de aquella con Jaime Guátiva, es decir, de  César  Augusto,  Sandra  Milena, Carolina y Yeimmy Marly Guátiva Cepeda, todos  ellos con mejor derecho para acceder a la sustitución.”   

De esa manera, como el cargo se soporta en la  opinión  personal  del  recurrente,  no  en  errores  de  aplicación de la ley  sustancial     atribuibles     al     sentenciador,     la     censura     será  inadmitida.   

En   el   segundo  cargo   de  la  demanda  el  recurrente  denuncia  la  aplicación  indebida de los artículos 31 y 246-1 del Código Penal, referidos,  en  su orden, al concurso de conductas punibles y al delito de estafa, así como  la    falta    de    aplicación    de    los   artículo   246-3   (estafa  en cuantía inferior a 10 SMLMV.)  y  268 (circunstancia de atenuación en delitos contra  el patrimonio inferiores a 1 SMLMV.)   

La  aplicación  indebida,  como  forma  de  violación  directa  de  la  ley,  tiene dicho la jurisprudencia de la Corte, se  presenta  cuando  el  juzgador confiere una calificación jurídica errada a los  hechos  o,  cuando  habiendo  acertado en su adecuación, yerra, sin embargo, al  elegir    la    norma    correspondiente    a    la    calificación   jurídica  impartida.   

En el presente asunto, el recurrente parte de  un  presupuesto  equivocado cuando asegura que el juzgador aplicó indebidamente  la   norma  sustancial  que  regula  el  instituto  del  concurso  de  conductas  punibles.   

Al  respecto  debe  precisar  la  Sala que el  procesado  fue  convocado  a  juicio por el punible de estafa, sin atribuírsele  circunstancias   de   agravación  punitiva  ni  la  concurrencia  homogénea  o  heterogénea de conductas punibles.   

Siguiendo  estos  mismos  parámetros,  los  juzgadores  lo  condenaron por un único delito de estafa en el que, puntualizó  el  a  quo,  “el  actuar  engañoso  inició  con la  solicitud  del  reconocimiento  de la sustitución pensional con el que se aduce  se  indujo  en error a los servidores públicos del Seguro Social, que tuvo como  legal,  válido  y  ajustado a la realidad la información suministrada, sin que  el  ardid  finalizara  con  la  expedición del referido acto administrativo que  concedió  la sustitución pensional por cuanto esta no era la única finalidad,  sino  la  pretensión  era  el  reconocimiento  y  pago  de  la  mesada en forma  periódica  que  efectivamente  fue cobrada por el implicado en un 100% hasta el  mes  de  noviembre  de 1999 y desde entonces y hasta el mes de diciembre de 2007  en  el  50%,  cuando en cumplimiento a lo dispuesto por la fiscalía instructora  se   ordenó   dejar   sin   efecto  la  resolución  No.  014392”.   

En ese orden de ideas, desacierta el actor al  proponer  como  motivo  de  casación,  la  aplicación indebida de una norma de  derecho  sustancial  no  instrumentalizada por el sentenciador en la resolución  del  asunto,  pues,  por sustracción de materia, no podía desarrollar el error  que se le atribuye.   

De  haber empleado el juzgador las normas del  concurso  de  delitos, habría desconocido la acusación y dictado una sentencia  incongruente  con  la  formulación  de cargos, de donde surge que el recurrente  debió  acudir  a  la causal segunda de casación, la cual prevé como motivo de  casación  esa  específica  irregularidad,  demostrando,  claro  está,  que en  verdad   se   desconoció   la  estructura  del  proceso  por  incongruencia  y,  adicionalmente,   que   ello   derivó   en  la  violación  de  las  garantías  fundamentales del procesado.   

Por  lo  demás,  la  Sala  echa  de menos el  interés  que  para  recurrir en forma extraordinaria sobre este tópico pudiera  tener  el recurrente, toda vez que la apelación que propuso ante el Tribunal la  centró  en  la  aplicación  del  principio  de  in  dubio  pro  reo,  y  en la  posibilidad  de  que  se  sustituyera  la  caución prendaria por juratoria como  condición  para  gozar  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la  pena,  de  manera  que  el  ad  quem  no  tuvo ocasión de pronunciarse sobre el  tema.   

En  esas  condiciones,  el reproche del cargo  segundo tampoco será admitido a trámite.   

En  resumen,  por  virtud  de los defectos de  postulación  que  la  aquejan,  la  demanda  examinada se inadmitirá, teniendo  además  en cuenta que del estudio de la actuación, no se advierte necesaria la  intervención  oficiosa  de  la Corte, pues no descubre que se desconocieron los  derechos fundamentales del sentenciado.   

En mérito de lo expuesto,  la Corte Suprema de Justicia,  Sala      de      Casación      Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Pedro  Alejandro Arismendi Alvarado.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Devuélvase  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO       

EUGENIO          FERNÁNDEZ  CARLIER                                       MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                         

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                            LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Auto del 17-10-12 Rad. 39830     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *