42153(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 336.   

Bogotá  D.C.,  octubre  nueve (9) de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas,  lógicas   y  argumentativas  de  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  JULIÁN   MAURICIO   SÁENZ   BARAHONA  con   el  propósito  de  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior de  Cali  el  18 de junio del año en curso, a través de la cual revocó la dictada  por  el  Juzgado  Quinto  Penal  Municipal  de  la  misma  sede el 12 de febrero  anterior  que  lo     absolvió del delito de lesiones personales  culposas,   para  en  su  lugar  condenarlo  por  esta  infracción.     

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  Tribunal, de la siguiente forma:   

“Ocurrieron en jurisdicción del municipio  de  Cali,  el  cinco  (5)  de  febrero  del  año dos mil ocho (2008), a la hora  aproximada  de  las  doce  del  día, más exactamente en la carrera 4 oeste No.  15T-101.   

Según  se estableció, en la fecha, hora y  sitio   antes  señalado,  la  señora  Deysy  Campo  Tamayo  y  su  menor  hijo  J.P.S.C.1  transitaban  por  el  andén aledaño al sector donde ocurrió el  accidente,  cuando  intempestivamente  la camioneta Chevrolet-luv, color habano,  placas  No.  CAK-240,  conducida por el aquí procesado, JULIÁN MAURICIO SÁENZ  BARAHONA,  fue  a dar sobre la acera y atropelló a estas personas, causándoles  heridas  de  consideración  en  su  humanidad,  por  lo que de inmediato fueron  trasladados  en   un  vehículo  particular,  hasta  las  instalaciones del  Hospital   Universitario   del   Valle”.   

Por razón de los hechos anteriores, el 6 de  julio  de  2010  se  llevó  a  cabo audiencia preliminar ante el Juzgado Octavo  Penal  Municipal  con Funciones de Control de Garantías de Cali durante la cual  la  Fiscalía  imputó  a SÁENZ BARAHONA el delito de lesiones personales que éste no aceptó.   

Posteriormente,  el  6 de agosto de la misma  anualidad,  la  Fiscalía  radicó  escrito de acusación en contra del imputado  como  presunto  autor  del mismo punible (arts. 111, 112-2, 113-2, 114-2, 115-2,  117        y        120        del       C.P.)2,   el   cual   ratificó   en  desarrollo  de  la  audiencia  de  formulación  de acusación celebrada ante el  Juzgado Quinto Penal Municipal de Cali.   

Evacuadas  las  audiencias preparatoria y de  juicio  oral,  el  mismo  despacho  dictó  sentencia  de  primer grado el 12 de  febrero  de  2013  por medio de la cual absolvió al acusado del cargo atribuido  en la acusación.   

En  virtud del recurso de apelación incoado  por  el  representante  de  las  víctimas contra la anterior determinación, se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de Cali el 25 de junio ulterior revocando la  absolución  dispuesta  en  la  instancia  inferior  para, en su lugar, condenar  a  SÁENZ  BARAHONA  a  las  penas  principales  de  diecisiete  (17)  meses de prisión y multa por valor de  10.5  salarios  mínimos legales mensuales y a las accesorias de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  sanción  privativa  de  la  libertad  y  prohibición  para  el ejercicio de la  actividad  de  conducir  automotores  por  un  (1)  año, tras encontrarlo autor  penalmente responsable del delito comprendido en la acusación.   

En la misma providencia, el Juzgado concedió  al  sentenciado  el  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de  la pena.   

Inconforme   con   lo   decidido   por  el  ad  quem,  la  defensa  del  afectado  interpuso  en  su  contra recurso extraordinario de casación mediante  demanda  de cuya admisibilidad, en punto del cumplimiento de los presupuestos de  lógica y adecuada argumentación, se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

En  su  interior  se formula un único cargo  contra  el fallo impugnado con fundamento en la causal tercera del artículo 181  de  la  Ley  906 de 2004, por violación indirecta de la ley sustancial producto  de error de hecho por falso raciocinio.   

Previo  a desarrollar el reparo, en acápite  independiente,  precisa  que  con  la  interposición  del  recurso  persigue la  efectividad   del   derecho  material  vulnerada  a  su  prohijado  “con  fundamento  en  una  valoración probatoria por fuera de la  lógica  y  apartado (sic) de  las  reglas de la experiencia, en un ejercicio de raciocinio que no conduce a la  efectividad  del  derecho  material”,  en pro de los  principios             de            legalidad            y            seguridad  jurídica.               

Ello,  en  tanto  el  riesgo  jurídicamente  desaprobado    no    fue    creado    por    SÁENZ  BARAHONA,   pues   el   resultado   se  produjo  como  consecuencia  de  la maniobra peligrosa que otro vehículo realizó, conforme lo  declaró  el  procesado  y  en contravía con la precaria valoración probatoria  efectuada   “que   impide  aceptar  una  sentencia  condenatoria legal”.   

Acto   seguido,   esboza   los  argumentos  tendientes a demostrar el cargo.   

En  tal  sentido,  pregona  que  el  falso  raciocinio  invocado  se  originó en el desconocimiento de los postulados de la  sana  crítica  “en su componente de las máximas de  la experiencia o el sentido común”.   

En  su  sentir,  el  Tribunal  llegó  a  la  conclusión  de que la causa del accidente fue la ausencia del deber objetivo de  cuidado  de  su  representado  a  partir  de  la  errónea  valoración  de  los  testimonios   presentados   por   la   Fiscalía,  esto  es,  los  rendidos  por  Carlos  Andrés Valdés Garrido, Jairo Solís, Manuel  John  Suárez  España, Deysy Campo Amaya y  Lina  Solangi  Gaviria Varela con el fin  de  conferirle credibilidad a lo atestado por el segundo de los prenombrados; no  obstante,  en  esa  labor “dejó de valorar aspectos  que   hacen   inverosímil   el   testimonio   de   Jairo   Solís,   como   los  siguientes:   

.  Ni  uno solo de los testigos escuchó ni  percibió    ni    observó    la    ‘chiva’  que  vio  el  taxista  cuando  subía  y  no mermó la velocidad y que se pegó de la  corneta.  Lo  que por lógica no podía escapar a la percepción de los sentidos  de  Lina  Solangi  Gaviria  Varela  y  Carlos  Andrés  Valdés Garrido testigos  presenciales de los hechos.   

.Suceso  por demás muy notorio debido a la  contaminación       sonora       que       produce       esa      clase      de  sonido            -estridente-,  además  de  las dimensiones y volumen del vehículo ‘chiva’.   

.   La   presencia   del   taxi   en   la  vía.   

. La huella de frenada de la camioneta Luv,  que  dio  a  conocer  el  agente  de tránsito Manuel John Suárez España quien  tomó  las  fotografías  al  lugar  de  los  hechos, indicando que en la imagen  número  seis  y  número  once  se observa la huella de frenada de la camioneta  Luv,    que    mide    1.90    metros,   como   también   la   dirección   que  presenta”.   

En    el    apartado   de   “la   valoración   superficial   y   reglas   de  experiencia”  advierte  que no es posible otorgar plena credibilidad  al  dicho  de  Solís  si se  confronta   con  la  versión  del  procesado  y  con  las  reglas  de  la  sana  crítica.   Además,  dice,  de ser cierta esta versión hubiera concordado  con   lo   depuesto   por   Lina   Solangi   Gaviria  Varela,  acompañante  de las víctimas el día de los  hechos,   quien   tenía   visual   de   los   vehículos  que  subían  por  la  vía.   

Por  tanto,  a  su juicio, es inexistente la  presencia  de la “chiva”, cuando ni siquiera esta última testigo dio cuenta  de  haber  escuchado  el  “pito”  de  algún  vehículo,  como así mismo se  infiere  del  testimonio de  Carlos   Andrés   Valdés   Garrido   y  si  se  hubiera  valorado  correctamente la huella de frenada del  vehículo  conducido  por su protegido, introducida al juicio oral a través del  testimonio   del  agente  de  tránsito  Manuel  John  Suárez    España,   con   lo   cual   “se  dejó  de  conocer  la  velocidad  a la que se desplazaba la  camioneta Luv”.   

Esto   último,   añade,   “podía  aportar  el  conocimiento  para  deducir  a  través del  ejercicio  de  raciocinio  que  sí  pudo  existir  la  maniobra  peligrosa  que  adelantó  el  vehículo  al  cerrar  la  camioneta  Luv, generando la reacción  intempestiva  del procesado al frenar como era lógico, para no chocar contra el  vehículo  y  hacerlo  con  el  andén,  donde  lo  detiene el muro de concreto,  atropellando a dos personas”.   

Insiste  luego en que si el Tribunal hubiera  realizado   una   debida   valoración  probatoria,  habría  tenido  en  cuenta  “la  regla de la experiencia que permite mérito el  testimonio    del    procesado   (sic)   y que es del siguiente estilo:   

‘Casi  siempre  que  un  procesado  declara el día de los hechos, no necesariamente deja de ser  verdad    la   misma   declaración   que   da   en   el   juicio”.   

La  huella  de  frenada,  prosigue, también  permite  establecer que el vehículo conducido por su patrocinado transitaba por  el  carril  que  le correspondía. En ese orden, al ad  quem  le competía valorar la prueba teniendo en cuenta  los  criterios  de  la  sana crítica, como la regla de la experiencia según la  cual  “casi  siempre  que  un conductor realiza una  maniobra  peligrosa,  no  necesariamente  su  conducta es culposa”.   

Ahora,  si  el  vehículo  que  desciende no  alcanza  a ver al que sube e ingresa a la curva, y si en menos de 15 o 20 metros  que  separan  la curva del sitio donde quedó la camioneta, sin que la chiva que  subía  mermara  la  velocidad,  no  puede  ser  cierta la versión ofrecida por  Jairo  Solís,  ya  que  no  habría   tiempo   suficiente   para   volver   al  carril  derecho.         

Acorde  con  la  versión  del  último  en  mención,  asegura, la huella de frenada ha debido quedar en el carril izquierdo  y  no  en  el  derecho como se encontró “además de  eso,  la huella de frenada tenía que ser de la pareja de ruedas trasera y no de  una  como  fue,  conociéndose  que  la  camioneta  Luv  no sufrió desperfectos  mecánicos”.   

De  ese  modo,  concluye  el  libelista,  el  Tribunal   “realizó  un  ejercicio  de  raciocinio  falso,  vulnerando  reglas  que  regulan  la  producción  y  práctica  de  las  pruebas”,  concretamente  los  artículos  372, 383,  389,  390,  399,  402,  403  y  404  del Código de Procedimiento Penal, lo cual  condujo  a  la  aplicación indebida de los artículos 23, que trata la culpa, y  120,  relacionado  con  las lesiones personales, del Código Penal y la falta de  aplicación  del  artículo  7°  ibídem  que  refiere  a la presunción de inocencia, cuyo restablecimiento  demanda   a   objeto   de  que  se  case  el  fallo  impugnado  y  se  dicte  el  correspondiente de reemplazo.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Para  que  la  demanda  de  casación  sea  admitida,  conforme  las  preceptivas  previstas  en la Ley 906 de 2004, resulta  imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos  orientados a que  contenga  una  exposición  lógica  y  debidamente  argumentada,  como  así se  desprende,  en  primer  lugar,  de lo normado en el inciso segundo del artículo  184, según el cual:   

“(N)o   será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación…”.   

Igualmente,  y  en  segundo  orden,  de  lo  advertido  en  el  artículo  183 del mismo estatuto, modificado por el 98 de la  Ley  1395  de  2010,  según  el  cual el recurso extraordinario de casación se  sustentará       mediante       “demanda  que  de  manera  precisa  y  concisa  señale las causales  invocadas y sus fundamentos”.   

A   los   criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  aúna  la  necesidad  de  proferir el fallo con el objeto de  cumplir  alguno  de los fines del recurso, a los cuales refiere la última parte  del  segundo  inciso  del mencionado artículo 184 de la misma codificación, al  señalar    que    también    se    inadmitirá    la    demanda   “cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no se  precisa    del    fallo   para   cumplir   alguna   de   las   finalidades   del  recurso”,  no  otras  que  las  establecidas  en  el  artículo        180        ejusdem.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  ha llevado a exigir que, para su admisión, de la demanda debe aflorar  la  necesidad  del  pronunciamiento  de  fondo  para satisfacer alguno de dichos  fines.   En  su  ausencia,  por  consiguiente,  se optará por inadmitirla.   

Sobre  este  aspecto,  en el libelo, como se  compendió  en  precedencia,  se  incluye  un acápite en su parte inicial   relacionado  con  los  fines  del  recurso  de casación que se persiguen con su  instauración,  donde se sugiere la necesidad de proferir el fallo con el objeto  de  lograr la efectividad del  derecho  material;  sin  embargo, como se verá    más adelante,  no  se  persuade  a  la Sala en tal sentido porque la argumentación esbozada no  pone de manifiesto tal situación.   

Pues bien, comiéncese por indicar que en el  único  cargo  postulado  se propone un error de hecho por falso raciocinio, mas  lo  cierto  es que el planteamiento desarrollado no compagina con su naturaleza,  ni con ningún otro vicio admisible en esta sede extraordinaria.   

Según  criterio  reiterado  de  la Sala, se  incurre  en  esta  modalidad  de  yerro  cuando  el  juzgador  valora  un  medio  probatorio  desconociendo  las  pautas  de la sana crítica, esto es, postulados  lógicos, leyes científicas o máximas de la experiencia.   

Por  tanto, para que una propuesta basada en  esa  modalidad  de  error  tenga  sustento,  el demandante está compelido, como  primera  medida,  a identificar la prueba sobre la cual recae el yerro; luego, a  establecer  el  mérito  otorgado al medio de convicción en la sentencia y a la  vez  a  señalar  cuál  es  el  postulado  de  la  sana crítica en su criterio  vulnerado,  esto  es,  el  principio  lógico, la máxima de la experiencia o la  regla científica quebrantada.   

Acto  seguido  debe  proceder a vincular esa  apreciación  con  la  pauta  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial, lo cual le exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.      

En   la   censura  objeto  de  estudio  se  identifican  los  medios de prueba sobre los cuales recae el yerro, esto es, los  testimonios  de  cargo presentados por la Fiscalía, el rendido por el procesado  en  el juicio oral y la prueba técnica relacionada con la huella de frenada del  vehículo  conducido por este mismo; empero, la argumentación ofrecida dista de  la   forma  correcta  de  demostrar  un  falso  raciocinio  en  la  ponderación  probatoria  de  acuerdo  con  las  directrices  vistas,  o  cualquier otro yerro  demandable  en  sede  casación,  lo  cual  descarta  que  se  trate de una mera  falencia nominal.   

Se  afirma lo anterior porque en realidad el  actor  no  pone  de  presente  la violación de pautas de la sana crítica, más  concretamente,  a su juicio, de máximas de la experiencia, reglas de la lógica  o  del  sentido  común en la apreciación de las mencionadas probanzas, sino el  marcado  propósito  de  imponer  su  criterio subjetivo de valoración, el cual  resulta   incompatible   con   el   carácter   universal   y  general  que  las  caracteriza.   

Así, resulta evidente que el actor no sólo  se  abstiene de referir en concreto a reglas de esta índole sino que además da  rienda  suelta  a su modo particular de apreciación con el objeto de que se les  otorgue  el valor probatorio anhelado, so pretexto de que el juicio del Tribunal  desconoce dichas directrices.   

Sin  embargo,  lo único que queda claro de  la   disertación  contenida  en  la  única  censura formulada, como ya se  dijo,  es  el  propósito  de imponer su criterio personal valorativo en torno a  las    pruebas    enunciadas   sobre   el   del   ad  quem,  para lo cual simplemente utiliza como excusa la  violación  de  las  reglas de la sana crítica, específicamente de la lógica,  la     experiencia    y    el    sentido    común    que    nunca    desarrolla  adecuadamente.     

En  tal  propósito,  la  única  alusión  específica  a reglas de la sana crítica se contrae a aludir a la transgresión  de dos máximas de la experiencia del siguiente tenor:   

‘Casi siempre  que  un  procesado  declara el día de los hechos, no necesariamente deja de ser  verdad    la   misma   declaración   que   da   en   el   juicio”.   

Y al aludir a la valoración de la huella de  frenada  del vehículo conducido por su defendido, señalando que se inadvirtió  aquella   según  la  cual  “casi  siempre  que  un  conductor  realiza  una  maniobra  peligrosa,  no  necesariamente su conducta es  culposa”.   

Pues  bien,  aparte  de  que respecto de la  primera  no  muestra su relación con los fundamentos esbozados para declarar la  responsabilidad   de   SÁENZ   BARAHONA,  a  la  par resulta inconcuso que ninguno de los dos enunciados se  asimila a una auténtica regla de la experiencia.   

Realmente  se  trata  de  conclusiones  que  extrae  de  su  visión íntima y particular sobre las pruebas. La primera recae  sobre  el  mérito  que  le  merece el testimonio rendido por su defendido y, la  segunda,   del  contenido  global  de  las  probanzas  traducido  en  un  simple  desacuerdo  con  lo  estimado  por  el  Tribunal,  dando por sentado, además, a  manera  de  petición de principio, pues era lo que le correspondía demostrar a  través  de  los  yerros  valorativos  de  la  prueba, que la conducta peligrosa  violatoria  del  deber  objetivo  de  cuidado  causante  del  resultado  no  fue  desplegada por su defendido.   

Entonces,  al  constatarse que el censor se  limita  a  exponer  abiertamente su criterio personal en punto de la valoración  de  las probanzas, resulta evidente que deja sin demostrar el error formulado y,  además,  atenta  contra  la  naturaleza extraordinaria del recurso de casación  -en   cuanto   se  concentra  en  la  producción  de  errores  que  afectan  la  constitucionalidad   o   legalidad  del  fallo-  sin  lograr  derruir  la  doble  presunción  de acierto y legalidad que lo gobierna -en cuya virtud prevalece el  juicio   del   sentenciador   sobre   la  opinión  subjetiva  del  recurrente-.   

Los  defectos  argumentativos  puestos  de  manifiesto,  permiten  a la Sala razonablemente colegir que la demanda no cumple  con  las  exigencias  contenidas  en  las  normas aludidas al inicio de la parte  considerativa   de   esta   decisión,   motivo   por   el  cual  se  impone  su  inadmisión.   

Se arriba a idéntica conclusión, además,  porque  del  contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no  encuentra  procedente  la Sala la necesidad en este caso de superar los defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

Ahora bien, habida cuenta de que contra esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el artículo 184 ibídem,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, habrán de acatarse las reglas  fijadas   por   la   Sala   sobre   el   particular3.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de casación presentada por     el    defensor    de   JULIÁN  MAURICIO SÁENZ BARAHONA, por las  razones consignadas en la anterior motivación.   

         

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de insistencia, en los términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                           MARÍA  DEL     ROSARIO     GONZÁLEZ     MUÑOZ                                  

GUSTAVO           ENRIQUE           MALO  FERNÁNDEZ      LUIS          GUILLERMO          SALAZAR  OTERO         

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre  del  menor, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2  Adicionado el 1° de diciembre siguiente.     

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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