42111(20-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL SISTEMA ACUSATORIO  

Magistrado Ponente:  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

                  Aprobado             Acta  No.386   

Bogotá D.C.,  veinte (20) de noviembre  de dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  apropiada  argumentación  de  la  demanda de  casación  presentada por el defensor de ÁLVARO JAVIER GUZMÁN VÁSQUEZ, contra  la  sentencia  de  12 de junio de 2013 a través de la cual el Tribunal Superior  de  Bucaramanga  confirmó la emitida por el Juzgado Tercero Penal Municipal del  mismo  Distrito  Judicial  que  lo  condenó  como  autor  del  delito  de hurto  calificado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Hacia las nueve de la noche del 2 de octubre  de  2012,  cuando Adolfo Ernesto Rincón Ramos se desplazaba por la calle 42 con  calle  37  de  Bucaramanga, fue abordado por un sujeto que, luego de intimidarlo  con   una   navaja,   lo   despojó   de   su   teléfono  celular  marca  Nokia  2730.   

Tras  las  voces  de auxilio de la víctima,  miembros  de  la  Policía  Nacional  aprehendieron  a  ÁLVARO  JAVIER  GUZMÁN  VÁSQUEZ,   hallando   en   su   poder   el   aparato   telefónico  y  un  arma  blanca.   

El  3  de  octubre de 2012 a solicitud de la  Fiscalía  General  de la Nación se llevó a cabo en el Juzgado Veintiuno Penal  Municipal  con Funciones de Control de Garantías de Bucaramanga la audiencia de  legalización  de  captura  de  GUZMÁN  VÁSQUEZ.  Allí  mismo  se cumplió la  formulación  de  imputación  por el delito de hurto calificado, contemplado en  los  artículos  239 y 240 inciso 2° (violencia sobre  las  personas), del Código Penal. El indiciado aceptó  el  cargo  y  fue  afectado con medida de aseguramiento de detención preventiva  intramural.   

Por lo anterior, el 19 de febrero de 2013 se  adelantó  en  el  Juzgado Tercero Penal Municipal con Funciones de Conocimiento  de  Bucaramanga  la audiencia de verificación del allanamiento a cargos, y el 5  de  marzo  siguiente  fue emitida sentencia condenatoria en contra del procesado  como  autor  del  citado delito, imponiéndole las penas de veintiún meses (21)  meses  de  prisión  y  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas, sin concederle la suspensión condicional de la ejecución  de la pena, ni la prisión domiciliaria.   

Para la dosificación punitiva tuvo en cuenta  el  juzgador  el  parágrafo  del  artículo  57  de  la  Ley  1453 de 2011, que  modificó  el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004, al rebajar la ¼ parte del  50%   de   la  pena,  así  como  el  descuento  pertinente  por  haber  mediado  indemnización de perjuicios.     

En  virtud del recurso de apelación elevado  por  la  defensora  del  procesado, el Tribunal Superior de Bucaramanga mediante  fallo  de  12 de junio de 2013 confirmó la condena, razón por la cual un nuevo  profesional   insiste   con   la   impugnación   extraordinaria   allegando  la  correspondiente  demanda  de  casación,  de  cuya admisibilidad se pronuncia la  Corte.   

DEMANDA  

Al  amparo de la causal primera de casación  postula  la violación directa de la ley sustancial ante la aplicación indebida  de  los  artículos  301  y  35  de la Ley 906 de 2004  (modificado  por  el  artículo  57  de  la  Ley  1453  de  2011),  con  la consecuente exclusión de los artículos 40 de la Ley 600 de  2000  y  29  de  la  Constitución  Política,  en  lo  que tiene que ver con el  principio de favorabilidad.   

Para  el  defensor,  haber  tasado  la  pena  conforme  con  los preceptos citados del Código de Procedimiento Penal de 2004,  cuando  en  su  parecer,  correspondía  hacerlo  con  base  en  el ordenamiento  adjetivo  de  2000, justifica la interposición del recurso ante la vulneración  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  para dar efectividad al derecho  material,  pues  en  virtud  de  los principios de legalidad de la pena y debido  proceso  debió imponérsele a su defendido una sanción menor de la fijada, que  correspondería a dieciséis (16)  meses de prisión.   

Refuta  al Tribunal por negar la aplicación  del  artículo  40  de  estatuto  adjetivo de 2000 basándose en la figura de la  flagrancia  que  modula  la rebaja de la pena por aceptación de cargos prevista  en  el  estatuto  de  2004,  porque  ante la simultaneidad normativa se imponía  optar por la rebaja de aquel ordenamiento instrumental.   

Por  lo  tanto, solicita a la Corte casar el  fallo   a   fin   de  ajustar  la  sanción  en  aplicación  del  principio  de  favorabilidad,  y  en  caso  de no acceder a ello, acudir a la facultad oficiosa  que le asiste a la Corporación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El  carácter  teleológico  del  recurso de  casación  de  propender  por  la   efectividad  del  derecho  material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a   estos,  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  impone  al  demandante,  además  de  presentar  y  desarrollar  los cargos de acuerdo a las  causales  taxativamente  señaladas, demostrar la necesidad de fallo para que se  satisfagan alguna de tales finalidades.   

Para  el  fin  anterior,  al tratarse de un  recurso  extraordinario, el  casacionista  debe  observar  reglas  de  coherencia,  precisión    y    claridad   que   conduzcan   al   cabal   entendimiento   del  reparo,  so pena que por su  incumplimiento  el  libelo  no  sea admitido, tal y como lo dispone el artículo  184  de  la Ley 906 de 2004.   

Por   ello,   la  Corte  al  estudiar  la  admisibilidad   de   la  demanda  debe  verificar  la  necesidad        de        su       intervención,  caso  en el cual incluso  se   deberán   superar   las   falencias  técnicas  formales con su consecuente  admisión.  Así  mismo,  aún  en  los eventos   en   que   esté  formalmente  correcta  dentro  de  la  causal  aducida,  tiene  la facultad para no  admitirla  cuando de su contenido se  evidencia que no se precisa de fallo.   

Las  anteriores  precisiones conceptuales le  permiten  a la Corporación advertir que el desarrollo  de  la  censura no consulta la técnica casacional por  la     precariedad    demostrativa,    además,           tampoco  se  advierte razonablemente que se requiera de decisión de  fondo  para cumplir alguna de las finalidades de la impugnación extraordinaria.   

Efectivamente,  en   contravía  del  principio  lógico  de  razón  suficiente,  el  cual  conlleva la explicación metódica del error judicial con  una  argumentación  que  se  baste  a  sí  misma, el  censor  no  detalla  de  qué  manera  incurrió  el  Tribunal  en  el  error de  selección  normativa  denunciado,  para lo  cual  no  es  suficiente  con la transcripción de los  preceptos  y  de  las  consideraciones  judiciales.   

Aunque         añora la rebaja de una tercera parte de  la     pena     para    su    asistido, que preveía  el  artículo  40  de  la Ley 600 de 2000,  y  no un cuarto de la mitad como le fue  concedida,  de acuerdo con  el parágrafo del artículo  57   de   la   Ley   1453   de   2011   que  modificó  el  artículo  351 de la  Ley 906 de 2004, no dedica  espacio  a  refutar  los  temas  basilares  que  llevaron  a los juzgadores a no  admitir    la    aplicación   de   aquella disminución punitiva.   

No se duda que el  derecho  a  la  aplicación  de la ley más favorable  emanado   del   artículo   29   del   texto  superior y  desarrollado        legalmente        como        normas        rectoras   en   los   ordenamientos          sustantivos       y       adjetivos     penales     “constituye    una   excepción   al  principio   de  la  irretroactividad  de  la  ley,  pudiéndose  aplicar  en  su  acogimiento  una  ley posterior al hecho cometido (retroactividad) o prorrogarle  sus   efectos   aún   por   encima  de  su  derogatoria  o  su  inexequibilidad  (ultractividad),  siempre  que  en algún momento haya regido la actuación y que -desde luego- sea, en uno  u   otro   caso,   más   favorable   al   sindicado   o   condenado.”1   

Por  eso  la Corte, tras analizar el aludido  principio,  el  cual  tiene  cabida  no  sólo  cuando  se trata de preceptos de  contenido  sustancial,  sino  también procesal con proyección sustancial, ante  la  coexistencia normativa de las Leyes 600 de 2000 y 906 de 2004 ha dado cabida  en  algunos  eventos  a  la  aplicación  de una para asuntos tramitados bajo la  otra,  ora  que  se  acoja el último ordenamiento para procesos tramitados bajo  los  parámetros del primero (verbi gratia, rebaja por  allanamiento   a   cargos   homologable   a  sentencia  anticipada),  o  que  se admitan institutos de la Ley 600 a los rituados bajo la  égida  del  sistema  acusatorio,  siempre que no lo desnaturalicen (por  ejemplo,  reparación  integral  para  extinguir  la  acción  penal, si se cumplen los requerimientos legales).   

Pero  si  como  en  este  caso,  el defensor  demanda  la  aplicación  de  una norma que ha dejado de estar vigente, desdeña  que  no  sólo  fue  el  marco  temporal  que  impidió  su acogimiento, sino la  diferencia en los supuestos fácticos.   

Ciertamente, superado el carácter sustancial  del  precepto  que  el  defensor  pedía ser aplicado, al ser determinante de la  libertad  del  individuo,  los juzgadores verificaron que la conducta desplegada  por  GUZMÁN  VÁSQUEZ  acaeció en el año 2012 momento para el cual la Ley 600  de  2000 ya había dejado de imperar, dado que a partir del 1° de enero de 2008  empezó  a  regir en todo el territorio nacional la Ley 906 de 2004, luego de su  implementación  gradual,  sin embargo, el libelista en manera alguna refuta tal  conclusión  a  fin  de  denotar  que  se  imponía la rebaja predicable para la  otrora  sentencia  anticipada  del Código de 2000 enfatizando en que se trataba  de una situación verificada cuando imperaba tal normativa.   

En  segundo  lugar,  de  los  tres elementos  básicos  para  la  aplicación  del  apotegma  de  favorabilidad:  i)  sucesión  o  simultaneidad de dos o  más    leyes   en   el   tiempo;   ii)  regulación  de  un  mismo  supuesto de hecho, pero que conlleva a  consecuencia         jurídicas         distintas;         y        iii)    permisibilidad   de   una  disposición  respecto  de  la  otra,  los  falladores  evidenciaron  que  no se  satisfacía  el  segundo  requisito,  porque si bien tanto el artículo 40 de la  Ley  600  de  2000,  como  el  351  de  la  Ley  906 de 2004, regulan institutos  jurídicos  homologables (sentencia anticipada vs. allanamiento a cargos), no se  podía  predicar la identidad en el supuesto fáctico, especialmente, por mediar  la flagrancia, lo que imponía consecuencias jurídicas distintas.   

Por   eso   para   el  juzgado  de  primer  grado:   

“Quiere  decir lo anterior, que cuando la  persona  es capturada como en el caso del señor Álvaro Javier Guzmán Vásquez  en  situación  de flagrancia y éste acepta los cargos que se le formulen en la  audiencia  de  imputación por la agencia fiscal, no tendrá derecho a la rebaja  hasta  del  50% que contempla el inciso 1° del artículo 351 del C.C.P. de 2004  y  que  a todas luces resulta más benéfica que la concedida en el artículo 40  de  la  Ley  600,  sino  que  al  haber  incurrido  en  una  o  algunas causales  constitutivas  de  la  flagrancia,  con el parágrafo del artículo 57 de la Ley  1453  de 20011, el legislador quiso castigar o reprochar punitivamente con mayor  vehemencia  al  infractor  de  la  ley  penal,  otorgando  una  rebaja que en la  actualidad  y  de  conformidad con los parámetros dictados por la Corte Suprema  de  Justicia Sala de Casación Penal, en sentencia 38285 de fecha 11 de junio de  2012,     equivale     a     una     rebaja    de    ¼    parte    —sic—,  del 50% otorgado inicialmente por  el  artículo  351  del  C.P.P.  inciso  1°, o lo que porcentualmente sería lo  mismo a una rebaja del 12.5% de la pena”.   

A  este  respecto, el defensor, sólo afirma  que  el instituto de la flagrancia no puede facultar a los operadores judiciales  para  desconocer  las garantías fundamentales de los ciudadanos, pero no indica  un  criterio  interpretativo  que deba primar para desoír el mandato del citado  parágrafo  del  artículo  57  de  la  Ley  1453  de  2011  y  que por lo mismo  conllevaba  a  otorgar un descuento punitivo superior a un procesado sorprendido  cometiendo el delito en flagrancia.   

El problema subyacente con la pretensión del  libelista,  por   haberse tenido en cuenta, en su parecer indebidamente, la  modulación  de  la  rebaja de pena al presentarse un caso de flagrancia, es que  tácitamente  busca  a  través  del  control  constitucional difuso mediante la  excepción  de  inconstitucionalidad,  por el valor normativo del texto superior  de  conformidad  con  su artículo 4°, que para el caso se excluya o margine el  parágrafo  del  artículo  57  de  la  Ley  1453,  no obstante, tal pretensión  resulta  a  todas  luces  vana  si se tiene en cuenta que tal preceptiva superó  su   confrontación   con   el   texto   superior,  cuando    la   Corte  Constitucional    declaró    su    exequibilidad    condicionada   mediante la sentencia C-645 de 2012:   

“La hermenéutica adecuada del parágrafo  del  artículo 57 de la Ley 1453 de 2011, en lo que respecta a la limitación de  los  beneficios  punitivos  en  caso  de  allanamiento o aceptación de cargos y  preacuerdos  o  negociaciones entre la fiscalía y el imputado o acusado, cuando  exista  flagrancia  resulta  aplicable no sólo cuando esa forma de terminación  anticipada  del  proceso  tenga  lugar en (i) la audiencia de formulación de la  imputación  (hasta en [la] 1/4 parte del beneficio, que allí es hasta la mitad  de  la  pena  individualizada,  es  decir, entre un día y el 12,5% de la pena a  imponer);  también en posteriores actuaciones como durante (ii) la audiencia de  formulación  de acusación (hasta en [la] 1/4 parte del beneficio a otorgar que  es  hasta  [la]  1/3,  esto  es, entre un día y el 8.33% de la eventual pena) y  (iii)  en  el  juicio  oral  ([la]  1/4  parte de la 1/6 que allí se otorga, es  decir, 4.16% de la pena respectiva)”.   

Además,  la  Corte  Suprema  de  Justicia  también  ha  precisado  los  alcances  del aludido parágrafo en los siguientes  términos:   

“…atendiendo  los fines perseguidos con  la  expedición  de  la Ley 1453 de 2011, en primer lugar, la Corte advierte que  la  modificación  introducida  al  mencionado  artículo 301, al adicionarse el  citado  parágrafo,  consulta  los  fines  que  motivaron  la  expedición de la  mencionada  ley,  en la medida en que la misma se erige en un supuesto tendiente  a luchar contra la criminalidad que más agobia a la sociedad.   

“Mírese   como   la   norma   consulta  específicamente  los  fines consagrados en esa unidad normativa, esto es, la de  luchar  contra  el  terrorismo, la criminalidad organizada y lo más importante,  lograr  la  efectividad  del  procedimiento,  en  cuanto  al  derecho  material,  sopesando   los   bienes   en   conflicto   y  partiendo  de  la  situación  de  flagrancia.   

“De tal manera, la anunciada modificación  del  artículo  301 de la Ley 906 de 2004, no resulta extraña a las razones que  llevaron  al  legislador  a  realizar  la  configuración  normativa, ni tampoco  desquician  las  bases procesales consagradas en la Ley 906 de 2004, respecto de  los  institutos de allanamiento a cargos y los preacuerdos y negociaciones entre  la fiscalía y el imputado o procesado, según el caso.   

“En  efecto, dígase de manera imperativa  que  el  artículo  57  de  la Ley 1453 de 2011 lejos de alterar la sistemática  reglada  en  el  Código de Procedimiento Penal de 2004, lo que hizo fue modular  el  monto  de la rebaja de pena a que tenían derecho las personas capturadas en  flagrancia  y  que se hubiesen allanado a cargos en la audiencia de imputación.   

“Es    decir,    esa    reforma    no  desconoció  los institutos de allanamiento a cargos  y  preacuerdos  y  negociaciones,  los cuales se edifican sobre la base de que a  mayor  colaboración y mayor economía procesal, más significativa ha de ser la  respuesta premial.   

“Así,   se   puede  concluir  que  el  legislador  en  el  estudio y redacción de la norma, acató los presupuestos de  razonabilidad  y proporcionalidad del sistema acusatorio diseñado en la Ley 906  de  2004,  en  tanto  no  estableció procedimientos especiales ni modificó las  bases del proceso penal.   

“Por  tanto, contrario a lo expuesto por  el  defensor, el parágrafo del artículo 301 de la Ley 906 de 2004, introducido  con  el  artículo  57  de  la  Ley  1453  de  2011,  no vulnera el principio de  igualdad,  en  lo  atinente a los beneficios punitivos consignados en la Ley 906  de  2004  frente  a  los  institutos  en  precedencia enunciados y para aquellos  sujetos  que  no  fueron aprehendidos en flagrancia, pues en torno a ese tema no  se  puede  predicar  que  en  ambas circunstancias las personas se encuentran en  igualdad  de condiciones, pues no es lo mismo haber sido capturado en flagrancia  que  ser  ajeno  a  tal  situación,  por cuanto en el primero de los supuestos,  surge   con   mayor   nitidez   el  compromiso  penal  por  esa  particularidad,  concluyéndose  que  el desgate del Estado, en orden a investigar la infracción  a  la  ley,  es mucho menor cuando media flagrancia que cuando está ausente esa  evidencia  probatoria;  de  ahí  que no resultaría equilibrado otorgar el  mismo  beneficio punitivo si el allanamiento a cargos o el acuerdo lo realiza un  imputado   descubierto   en  flagrante  delito  que  cuando  la  aceptación  de  culpabilidad  tiene  lugar  sin  que  exista  una situación de tanto compromiso  probatorio.   

(…)  

“De  tal  manera,  si  la intención del  legislador,  dentro  del  poder de configuración, fue la de reglar la rebaja de  pena  derivada  del  estado  de  flagrancia,  teniendo  como  fundamento que esa  particular  situación  ofrece  sin  mayor  dificultad  los medios de prueba que  permiten   la  emisión,  por  regla  general,  de  un  fallo  condenatorio,  al  consagrar:  ‘La persona  que  incurra en las causales anteriores (flagrancia) sólo tendrá 1/4 parte del  beneficio  de  que  trata  el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004’, la interpretación del mencionado  precepto  compete  hacerse  con total respeto a la sistemática allí contenida,  la  cual  está  sustentada  en  la  progresividad  de  los beneficios punitivos  ofrecidos  por  la  aceptación  de  cargos  y  los  preacuerdos y negociaciones  celebrados  entre  la fiscalía y el imputado o acusado, atendiendo los diversos  momentos    procesales    en    que    puede    darse    la    aceptación    de  responsabilidad”.2   

Ahora,  no puede desconocerse que los hechos  objeto  de  investigación acaecieron el 2 de octubre de 2012, y la Ley 1453 que  introdujo  el  parágrafo  en estudio relativo a la fluctuación o limitación a  la  rebaja  por  allanamiento  a  cargos  fue promulgada el 24 de junio de 2011,  razón  por  la  cual  era  plenamente  aplicable,  lo  cual hace inexistente la  violación  de  los  principios  de  legalidad  de  la  pena  o  debido  proceso  enunciados por el impugnante.   

Como        se    concluye   que   el   libelo  no  será  admitido,  es  necesario  señalar  que  no  se  observa con ocasión del fallo impugnado o  dentro  de  la  actuación  violación  de  derechos o garantías de las partes,  tampoco  se  ve  la necesidad de superar los defectos de la demanda para decidir  de  fondo, según lo dispone el inciso 3º del  artículo 184 de la Ley 906  de 2004 que ameritaran la intervención oficiosa de la Corte.   

Precisión final  

Contra    la    decisión   de  no  admisión  de  la demanda de casación   

procede  el  mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  184 de la Ley 906 de 2004.   

En mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO         ADMITIR    la              demanda    de    casación     interpuesta   por  el   

defensor   del   procesado     ÁLVARO     JAVIER     GUZMÁN  VÁSQUEZ, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia   

en los términos precisados por la Sala en la  presente decisión.   

        Notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                          MARÍA          DEL         ROSARIO         GONZÁLEZ         MUÑOZ          

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                    EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

                                               NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

           Secretaria   

    

1Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación  Penal.  Providencia de 16  de  febrero  de 2005. Radicación 23006.   

2 Corte  Suprema  de Justicia. Sala de Casación Penal. Proveído de 11 de julio de 2012.  Radicación 38285.     

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