41736(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ Aprobado Acta No. 279.   

         

Bogotá, D. C., agosto veintiocho (28) de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  las  demandas  presentadas por los defensores de los procesados JONATHAN   JAVIER   MANCERA   QUICENO   y  CRISTIAN   FERNANDO   FRANCO  VALENCIA  con  el  objeto  de sustentar el recurso extraordinario de casación  interpuesto  contra  la  sentencia  proferida  el  8  de  marzo de  2013, a  través  de la cual el Tribunal Superior de Manizales confirmó la dictada el 27  de  agosto de 2010 por el Juzgado Primero Penal del Circuito del mismo lugar que  condenó  a los mencionados por los delitos de homicidio, tentativa de homicidio  y fabricación, tráfico porte de armas y municiones.   

HECHOS  

Los     declaró    el    ad-quem,      de     la     siguiente  manera:   

“Se  desprende de la actuación, que el 1  de  agosto  de 2009 en la calle 18 con carrera 28, barrio el Carmen de Manizales  (C),  fueron  atacados  con  armas  de  fuego Manuel Alejandro Giraldo Buitrago,  Miguel  Antonio Zuluaga Rivera, Andrés Giovanni Torres Arroyave y Diego Armando  Fúquenes  López,  perdiendo  la  vida  el  primero,  los  otros dos resultaron  lesionados  y  el  último  salió  ileso;  siendo  señalados como responsables  CRISTIAN       FERNANDO     FRANCO     VALENCIA,     alias     ‘Rociola’,  JONATHAN  JAVIER  MANCERA QUICENO,  alias  ‘Moneda’,             y  O.C.F.H.1,     alias    ‘Osquitar’             –este     último     menor     de  edad-”.   

      

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

En audiencia celebrada el 20 de noviembre de  2009  ante  el  Juzgado  Sexto  Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías  de  Manizales  se  legalizó la captura de  CRISTIAN  FERNANDO FRANCO VALENCIA y  JONATHAN   JAVIER   MANCERA  QUICENO,  al  tiempo  que  se les formuló imputación por los delitos de homicidio, tentativa  de  homicidio  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, mismos por  los  cuales  se  les  dictó medida de aseguramiento privativa de la libertad en  establecimiento carcelario.   

Posteriormente,   la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  en  su contra el 16 de diciembre ulterior como posibles  coautores  de iguales conductas punibles (arts. 103, 27, 31 y 365 del C.P.), con  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  contemplada  en  el  numeral  10  del  artículo 58 ibídem.   

Los  anteriores  cargos  fueron  reiterados  durante  la  audiencia de formulación de acusación celebrada el 1° de febrero  de 2010 en el Juzgado Primero Penal del Circuito de Manizales.   

En  el citado despacho judicial se evacuaron  las  audiencias  preparatoria y de juicio oral, a cuyo término, el 27 de agosto  siguiente,  dictó fallo de primer grado mediante el cual condenó a  CRISTIAN  FERNANDO  FRANCO VALENCIA a la  pena  principal  de  cuarenta  y un (41) años y ocho (8) meses y a JONATHAN  JAVIER  MANCERA  QUICENO a la de  treinta  y  seis  (36)  años,  siete (7) meses y quince (15) días de prisión,  así  como  a  la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el término de 20 años para  cada   uno   de   ellos,  al  encontrarlos  coautores  penalmente responsables de los delitos por los que fueron acusados.   

En la misma decisión, el juzgado les negó  el  subrogado  penal de la condena de ejecución condicional y el sustitutivo de  la prisión domiciliaria.   

Contra  el fallo de primer grado, la defensa  de   los  sentenciados  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el  cual  se  pronunció   el   Tribunal  Superior  de  Manizales  el  8  de  marzo  de  2013,  impartiéndole confirmación.   

En desacuerdo con la providencia anterior, la  misma   parte   interpuso   recurso   extraordinario  de  casación,  para  cuya  sustentación   se   allegaron   en   forma   oportuna  libelos  independientes,  aprestándose la Sala al estudio sobre su admisibilidad.   

LAS DEMANDAS  

         

          En  el  libelo  a  nombre  de JONATHAN    JAVIER    MANCERA   QUICENO  se  plantean dos cargos. El  primero  de  ellos  (principal),  sustentado  en  la causal segunda de casación  prevista  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por afectación del debido  proceso  y  violación  del  derecho de defensa y, el segundo (subsidiario), con  fundamento  en  la  causal  tercera,  por violación indirecta de ley sustancial  derivada de falsos juicios de existencia, identidad y raciocinio.   

A  su  vez,  en  la  presentada  en  favor  de CRISTIAN FERNANDO FRANCO  VALENCIA  se  postula  un  único    cargo    al    amparo    de    la    causal    tercera    ibídem  por  violación indirecta de ley  sustancial  derivada  de  falsos  juicios de existencia, identidad y raciocinio.   

   

          Por   razones  de  método,  la  Corte,  en  el  siguiente  apartado  considerativo,  expondrá  su  criterio  tras  sintetizar  el  contenido  de los  cargos,  evitando  así  incurrir  en repeticiones innecesarias. Dicha labor, la  desarrollará  conjuntamente  en lo que tiene que ver con los cargos sustentados  en la causal de violación indirecta de la ley sustancial.   

         

1.  Primer  cargo  de  la  demanda  a nombre  de       JONATHAN     JAVIER     MANCERA  QUICENO  (principal). Causal  segunda,    nulidad   por   desconocimiento   del   debido   proceso  y  del  derecho de defensa.   

Para el actor “la  defensa  técnica  omitió  resaltar  pruebas y hechos determinates (sic)   que  redundan  a  favor  del  hoy  sentenciado,  conllevando  una  sentencia  injusta”.   

Luego  de  transcribir  el  contenido  del  artículo  344  del  estatuto procesal penal, señala que la trascendencia de la  nulidad   invocada   radica   en  “que  de  haberse  solicitado  como  prueba  testimonial  las  declaraciones  de  Giovanni Torres y  Miguel  Antonio  Zuluaga,  en  caso  de que la Fiscalía desistiera de ellas, se  hubiese  agotado la conducción de los  declarantes y no dejado a la suerte  para  que fuesen valorados como prueba de referencia, sin que se haya agotado la  contradicción     de    su    dichos    en    las    entrevistas”.   

Recuerda cómo la teoría del caso formulada  por  la  defensa  se  orientó a probar que su prohijado no había sido autor de  los  hechos  “de  lo  cual  también  daban  fe los  testigos  de  la  defensa,  que  aunado  a  la  no  declaración  de  los  antes  premencionados,  produjo  un  desequilibrio  en  la  contienda, llevando al  Tribunal  a  concluir que esa probable participación de un tercero es propio de  los   delincuentes  que  edifican  coartadas  y  adjudican  responsabilidades  a  terceros   y  desconoció  la  credibilidad  de  los  testigos  de  la  defensa,  calificando    sus    dichos    de   contradictorios,   falta   de   lógica   e  inverosímiles”.            

Por  lo  anterior,  estima  que “las  declaraciones  de  los  señores  Giovanny  Torres y Miguel  Antonio   Zuluaga,   pruebas   decretadas   por  el  Juez,  implicó  (sic)  el  desconocimiento  del  debido  proceso,  por  afectación  sustancial de su estructura y ello alteró de manera  rotunda  el  trámite  que  terminó con sentencia condenatoria, ya que apreció  como  pruebas  de  referencia  a  favor de la Fiscalía  (sic),  con  las  cuales  estimó  la  Sala Penal del  Tribunal   que  las  declaraciones  de  los  testigos  de  la  defensa  no  eran  creíbles”.   

De modo que, prosigue, haber decretado estas  declaraciones   y   no   recibirse   el   día   del  juicio  oral  “bajo  el  manido argumento de la imposibilidad de ubicarlos y la  omisión  de  la  defensa  técnica de reclamarlas como pruebas suyas en caso de  que  el  ente  acusador  no las arrimara al juicio oral para que después fueran  valoradas  como  pruebas  de referencia para la fiscalía, lesionó la garantía  del  principio  de  igualdad  de  armas  y sorprendió al acusado”;  ello,  anota,  porque las deficiencias en la investigación de la  Fiscalía  “fueron subsanadas con el decreto demás  pruebas  (sic) a su favor, y  que      no      constituían      prueba      de      referencia”.   

Considera,  por  consiguiente,  que hubo una  equivocada   estrategia   defensiva,   al   no   solicitarse  como  pruebas  las  declaraciones    de    Giovanny   Torres  y  Miguel  Antonio  Zuluaga,  “en  caso de que la fiscalía no los  llevara   al  juicio  oral,  para  que  incluso  a  través  de  la  conducción  comparecieran  y  no  por el contrario se permitiera que las simples entrevistas  se  valoraran  como prueba de referencia que el ultimas  (sic)    lesiona    los    intereses    del    hoy  condenado”.   

Como advierte que la irregularidad denunciada  “es esencial y lesiona del Debido Proceso en cuanto  a   su   estructura”,  impone  casar  el  fallo  y,  consecuentemente,  decretar  la  nulidad  “hasta el  momento  en  que  se  da inicio al juicio oral, para que se vuelva a surtir esta  actuación  procesal  sin  que  exista  la  mínima  posibilidad,  que  se sigan  omitiendo  la  comparecencia  de  testigos  claves  para  esclarecer  los hechos  investigados  y  por  el  contrario no se valoren las entrevistas como pruebas a  favor del ente acusador”.   

Consideraciones:  

Si  bien  se ha sostenido en forma reiterada  por  esta  Sala  que  aun  cuando la propuesta cimentada en la causal de nulidad  goza  de relativa flexibilidad, en su desarrollo debe cumplir algunos requisitos  mínimos para tenerla por satisfecha formalmente.   

Al  respecto, es preciso que el casacionista  identifique  claramente  el  motivo  sobre  el  cual  gira  la irregularidad que  advierte,  la  causal  de  nulidad que procede como consecuencia de ese defecto,  las  normas  que  apoyan su pretensión, la trascendencia que genera, bien en el  marco  de  la  estructura del proceso o en el de las garantías fundamentales de  quien  la  invoca,  y el momento procesal a partir del cual se debe invalidar la  actuación,  así  como la autoridad judicial a la cual corresponde el envío de  la actuación para que proceda a su enmienda.   

También  se  tiene establecido que, en  orden   a   su  debida  fundamentación,  dicha  propuesta  necesariamente  debe  compaginar  con  los principios que orientan la declaratoria de las nulidades, a  saber,  taxatividad, instrumentalidad de las formas, trascendencia, protección,  convalidación, residualidad y acreditación.   

Así  las  cosas, sólo si la censura reúne  los  anteriores  requisitos,  se podrá concluir que cumple con los presupuestos  previstos  en los artículos 183, modificado por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y  184  de  la  Ley  906  de 2004, en orden a su admisión.       

Pues  bien,  para empezar dígase que tales  condicionamientos  no  se  cumplen en el reproche objeto de estudio, dado que ni  siquiera  se  expresa  con claridad el motivo sobre el  cual   se   sustenta   la  irregularidad.   

En efecto, aunado a los yerros evidentes de  redacción   que  imposibilitan  la  comprensión  meridiana  del  planteamiento  contenido   en   la   censura,   el   actor   diserta  en  punto  de  garantías  conceptualmente  diversas  que  ameritaban  propuestas  independientes,  como el  debido  proceso  y  el  derecho  de defensa, sin desconocer que frente a algunos  eventos  su  transgresión  surge  de forma coetánea, en cuyo caso de cualquier  forma  competerá  el  censor  establecerlo, argumentación que aquí se echa de  menos.     

Lo  cierto es que de lo expuesto no se logra  determinar  si  la  irregularidad denunciada provino del comportamiento del juez  por  haber  aceptado  como  pruebas  de referencia las entrevistas rendidas ante  investigador    por    las    víctimas    Giovanny  Torres  y  Miguel  Antonio  Zuluaga, o por la supuesta negligencia de la Fiscalía  para  hacer  comparecer al juicio oral a los mencionados o si ello devino por la  estrategia  equivocada  de  la  defensa  al no solicitar estas probanzas, pues a  todos  estos  aspectos  refiere  de forma confusa en la censura, con menosprecio  absoluto  por  los  principios de autonomía y no contradicción que regentan la  actividad casacional.   

          

Ha sido enfática la Sala en precisar que el  recurso   extraordinario  de  casación  dentro  del  sistema    procesal    acusatorio   continúa   rigiéndose   por   tales            postulados,     cuyo     objetivo     no    es    otro   que   el   de  exigir,  a  cargo del casacionista,  se insiste,  una  lógica  y    adecuada    argumentación   en   la   formulación   de   los  cargos,  en  contraposición  a la propuesta ambigua,  incoherente e insuficiente.   

Así,  de  acuerdo  con el de autonomía las  diversas  propuestas  deben  ser  planteadas en forma independiente, con miras a  evitar  mezclas  argumentativas  y  conceptuales,  más  aún cuando se trata de  asuntos fundamentados en diversas causales de casación.   

Por su parte, el llamado principio lógico de  no  contradicción tiene que ver con el hecho de que las propuestas excluyentes,  tanto  en  su  naturaleza  como  en sus efectos, no pueden ser formuladas en una  misma  censura,  por  lo señalado anteriormente en el sentido de que el escrito  pierde  coherencia  y  comprensión,  al  afirmarse  que  algo  es  y no es a la  vez.   

De  acuerdo con lo anterior, no llama a duda  que  los  planteamientos  contenidos  al  interior  del cargo de la demanda, por  contener   planteamientos   de  diversa  naturaleza,  cuya  discusión  en  sede  extraordinaria  no  podía  ser  enfilada  de  forma coetánea, atenta contra la  precisión  y  concisión  que  debe  caracterizar  a  la demanda, a voces de lo  normado en el aludido artículo 183 de la Ley 906 de 2004.   

Adicional a lo anterior, cualquiera de tales  planteamientos  tampoco tendría la entidad de derruir el fallo impugnado cuando  es  evidente que el fundamento de la responsabilidad declarada de los implicados  no   lo   fue  exclusivamente  la  prueba  de  referencia  constituida  por  las  entrevistas     de     las    víctimas      Giovanny     Torres      y  Miguel        Antonio       Zuluaga,   sino  la  prueba  directa  representada  por  el  testimonio  vertido  al  juicio oral por  el  también  ofendido Diego  Armando   Fúquenes  López,  quien  señaló  a  los  sentenciados  de  haber sido los autores del hecho, de  cuyo   contenido   y   poder   suasorio   no   se   ocupa  el  libelista  en  el  reproche,  en  perjuicio,  como  ya  se  dijo,  de su  trascendencia.     

Ahora,   si   el  sustento  del  reproche  primordialmente  apunta  a la equivocada estrategia desplegada por su antecesora  en  la  solicitud  probatoria,  en  tanto  no  pidió  el   testimonio   de  los  mencionados  Giovanny      Torres     y   Miguel  Antonio     Zuluaga,    es    necesario    recordar  que  ha  sido enfática la Sala en señalar que dicho  cuestionamiento  a  la  labor  de  un  profesional  que  antecede en la labor no  ostenta  la  idoneidad  de  erigir un menoscabo del derecho de defensa, a no ser  que  se  trate  del  desamparo  absoluto  de  la  gestión,  el cual no se logra  verificar       conforme       con      el      argumento      expuesto.   

En la misma dirección se ha recalcado que la  estrategia  de  defensa,  así  la  intervención se haya limitado a pocos actos  materiales,  varía  dependiendo  del  estilo  de  cada profesional, dado que no  existen  fórmulas  uniformes  o  estereotipadas.  Simplemente, se reitera,  cada  defensor  diseña  la  táctica que a su juicio resulta más adecuada y se  ajusta  mejor  a  su estilo o a la visión que tiene del proceso, de modo que la  simple  disparidad  sobre ese punto no tiene la entidad de socavar el derecho de  defensa técnica.   

Todavía  peor  cuando  no parece razonable,  desde    una    perspectiva    ex   ante,  que  la  defensa solicitara el testimonio en juicio de dos de las  víctimas   de   los   hechos,   quienes   en  sus  entrevistas,  e  incluso  en  reconocimientos  fotográficos,  señalaron  a  los dos implicados de haber sido  los  autores  de  la  agresión  que  culminó  con  el  deceso  de Manuel  Alejandro  Giraldo  Buitrago y que  por  causas  ajenas  a la voluntad de los agentes, no tuvo el mismo desenlace en  sus humanidades.   

Así  las  cosas,  como  quiera  que  no  se  evidencia  de  manera  trascendente menoscabo alguno de las garantías referidas  por  el  recurrente,  se  impone  colegir  que  este  reproche  no satisface los  presupuestos exigidos legalmente y, en esa medida, se inadmitirá.   

2.  Segundo  cargo  de  la  demanda a nombre  de       JONATHAN     JAVIER     MANCERA  QUICENO   (subsidiario)  y  único  de  la  allegada  en  favor  de  CRISTIAN   FERNANDO   FRANCO   VALENCIA.  Violación   indirecta   de   la   ley   sustancial:   

En el segundo cargo  de  la demanda a nombre de   JONATHAN JAVIER  MANCERA  QUICENO  el  censor  acusa  el fallo de haber  incurrido  en  “errores  de  hecho  cometidos en la  apreciación  de  la prueba, habiéndose presentado falsos juicios de identidad,  falso  juicios  de  existencia y falsos juicios de raciocinio lo que conllevó a  la  aplicación indebida del art. 381 de la ley 906 de 2004 y art. 103 y 104 del  Código  Penal  y falta de aplicación de artículo 7, referente al in dubio pro  reo”.   

Acto  seguido, indica que el falso juicio de  identidad  se  presentó  en  la  valoración de los testimonios de Luz  Mary  Gutiérrez,  Sandra  Milena  Loaiza  Gutiérrez,  Andrea  Patiño  Osorio,  Lucía  Matilde  Trejos  de  Bermúdez,  Juan  David  Castaño  Jiménez,   Marisol   López   Duque  y  Brenda  Tatiana Quintero Trejos, a los que  el Tribunal restó credibilidad.   

Tras  citar  apartes  del  fallo  de segunda  instancia  y  jurisprudencia  relacionada  con  la  valoración  del  testimonio  rendido  en  juicio  cuando resulta contradictorio con declaraciones anteriores,  advierte  que “las entrevistas de conformidad con el  artículo  206 de la ley 906 de 2004, las recibe policía judicial en desarrollo  de  su actividad de investigación observando las reglas técnicas pertinentes y  empleando  los  medios  idóneos para registrar los actos de investigación. Las  entrevistas  no  son  bajo  la  gravedad del juramento, normalmente son rendidas  ante  un funcionario de policía judicial, no están sometidas a contradicción,  ni  a  inmediación  por  parte  del  juez,  siendo  tal  sólo  una  fuente  de  información  que  ayuda  a  orientar  la labor de investigación”.   

Luego,    destaca    que    “con   fundamento   en   lo   acotado,   claramente  tenemos  que  efectivamente  los testigos de descargo atrás relacionados en sus declaraciones  en  el juicio oral sujeto a las reglas de la inmediación y contradicción, bajo  la  gravedad  del  juramento,  no  hicieron referencia de haber visto al acusado  salir  de  su  lugar  de  habitación  la  noche  de los hechos investigados. El  Tribunal  tuvo como parte del testimonio lo dicho por los testigos en el juicio,  con  lo  cual  adicionó  el  contenido  objetivo de un medio de prueba, máxime  cuando  no  se  realizó  en el desarrollo probatorio la exigencia de pedir a la  declarante  que  explicara  la contradicción que surge entre lo declarado en el  juicio   oral   y   lo   inventado   en   la   supuesta  coartada”.   

    

De  esta  manera, continúa, el Tribunal dio  por  probado  que los testigos de descargo mintieron y que sólo los asistía el  ánimo  de  ayudar  a  los  implicados,  pero  la realidad probatoria no permite  llegar  a  esa  conclusión,  “porque la prueba fue  decretada  en  la  audiencia preparatoria y confrontada en el juicio oral siendo  conducente y pertinente”.   

El  error  valorativo  en  cuestión,  por  consiguiente,  se  tradujo  en admitir que su representado salió de su lugar de  residencia  el  día de los hechos, situación no corroborada por ninguno de los  demás  testigos  y  que  fue  determinante para proferir el fallo de condena en  segunda  instancia, “desvaneciéndose la aplicación  de la duda que nace”.   

Y,  como  la valoración racional y legal de  dichas  probanzas  “lo único que permiten dilucidar  es  que  existe  profunda  duda  razonable  frente a la responsabilidad penal de  JONATHAN  JAVIER  MANCERA QUICENO, conclusión que no hubiese sufrido variación  alguna  si no es por la errónea y equivocada valoración de la prueba por parte  del  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito y la Sala Penal del Tribunal, quienes  cercena   (sic)   apartes  fundamentales  de  algunas  declaraciones,  tergiversa  las  mismas, omite en la  valoración  otras  legalmente  practicadas, al estimar que las declaraciones de  los  testigos de las defensa riñen con la lógica y son inverosímiles, lo cual  no es cierto tal como se explicó”.   

Con  fundamento  en lo expuesto, depreca se  case    el    fallo   recurrido   y,   en   su   lugar,   se   absuelva   a   su  defendido.          

A  su turno, en el  único  cargo  propuesto  en  el  libelo allegado por el defensor de  CRISTIAN  FERNANDO  FRANCO  VALENCIA  se  postula  un error de hecho por falso raciocinio “que  recae  en los testimonios (entrevistas) de las víctimas Diego Armando Fúquenes  López,  Andrés  Giovanny Torres Arroyave y Miguel Antonio Zuluaga Rivera sobre  los  cuales  descansa  la decisión confirmatoria proferida, vicios de actividad  que  dieron  lugar a la aplicación indebida de normas sustanciales y a la falta  de  aplicación de las prescripciones legales sustanciales que rigen las figuras  de  la  presunción  de inocencia y del apotegma in dubio pro reo”.   

Igualmente,   agrega,   determinaron   la  aplicación  indebida de las disposiciones que definen los tipos penales por los  cuales fue condenado su prohijado.   

Acto  seguido, transcribe a espacio apartes  de  lo dicho por cada uno de los mencionados y lo que en torno a su apreciación  adujo  el  Tribunal,  para  luego  hacer  énfasis  en  que  dicha  corporación  desconoció  los  postulados  de  la sana crítica referentes a las reglas de la  experiencia, la lógica y el sentido común.   

En   cuanto   al  dicho  de  Diego  Armando Fúquenes López, advierte,  porque   a   partir   de  sus  aseveraciones  según  las  cuales  entró  a  un  establecimiento  y pidió el celular y salió cuando escuchó el primer disparo,  se   desconoce   la   experiencia   porque   de   acuerdo  con  ella  “en  todos  los  establecimientos  y  aún  en  los  puestos de  revistas  callejeros  donde  se  expenden  minutos  a  celular,  estos  aparatos  mantienen  asegurados  con  una  cadena,  ya  que,  es un hecho notorio, que los  propietarios  de  estos negocios se vieron desde tiempo atrás obligados a tomar  medidas  de  precaución,  dado que en nuestro país se hizo común y aún es de  diario  ocurrir,  el hurto de celulares, debido al negocio lucrativo que de esta  actividad  se  deriva  (también hecho notorio), máxime en un sector como en el  que  se  ubica  el  sitio  de  los hechos, que es reconocido como extremadamente  peligroso  e  inseguro  (hecho  notorio  en  el  ámbito  urbano de la ciudad de  Manizales)”.   

Entonces,  se pregunta el actor, si como es  lógico  y  lo  enseña  la experiencia, “el celular  estaba  sujeto  por  medida  de  seguridad, cómo podía Diego Armando Fúquenes  López  salir  del establecimiento comercial portando el celular?”.   

Por esta razón, acota, el testigo no podía  ver  el  episodio  por  él  relatado,  a  lo  cual  se suman los titubeos de su  declaración,  pues  la experiencia también enseña que quien dice la verdad no  se  muestra indeciso ni descoordinado, “y,  si  esto  ocurre,  es  viable  deducir que no está diciendo la  verdad   o   por   lo   menos,   hay  duda  de  que  esté  narrando  un  evento  percibido”.   

En  lo  que  respecta  a  la  entrevista de  Andrés   Giovanny   Torres   Arroyave  encuentra  que  el Tribunal desconoció las reglas de la lógica, la  experiencia  y  el  sentido común, de acuerdo con las cuales cuando una persona  es  objeto  de  un  ataque  sorpresivo,  cualquiera  que  sea,  y  más  de  las  características  como  el  relatado  por  el  entrevistado en cita, no se tiene  tiempo  de fijar la atención en determinada circunstancia, de modo que no   es  creíble  que  hubiera  podido  identificar  a  los  agresores  y,  en forma  detallada, el arma empleada.   

Luego aduce que para el Tribunal son dignas  de  credibilidad  la  versiones  de  las  tres víctimas porque sin haber tenido  contacto    coincidieron   en   señalar   que   fue   alias   “Rociola”,     quien     dijo    a  alias   “Moneda”   que   lo  “estallara  o  lo  sonara”,  refiriéndose  al  artefacto  que portaba,  pero  no  tuvo  en  cuenta  que “Andrés Giovanny  Torres  Arroyave tan solo en la ampliación de entrevista  (propiciada  por  la  policía  judicial)-  no  en la  entrevista  inicial  – el día 28 de agosto de 2009 y  Miguel  Antonio Zuluaga Rivera ya lo había dicho el día 02 de agosto de 2009 y  lo  ratificó el 27 de agosto del mismo año en la ampliación, es decir, Torres  Arroyave  amplió  entrevista  para  dar  cuenta  de esa circunstancia y Zuluaga  Rivera  para ratificar y dar más fuerza a su afirmación, cuando, lógicamente,  ya  habían  tenido  tiempo  suficiente  de  conversar  los  dos entrevistados y  ponerse    de    acuerdo    para   las   ampliaciones   casi   simultáneas   de  entrevista”.   

De    haberse   ponderado   la   prueba  correctamente,  esto  es,  sin  incurrir  en  los  yerros  referidos,  colige el  libelista,  se  habría  arribado  a un estado de duda que impone ahora casar el  fallo  para,  en  su  lugar, absolver a su defendido, como así lo demanda de la  Corte.   

Consideraciones:   

La causal de violación indirecta de la ley  sustancial  se  presenta  por  la incorrecta apreciación probatoria derivada de  los  denominados  errores  de  hecho  y  de derecho. Los primeros se originan en  falsos   juicios   de   existencia,   falsos   juicios  de  identidad  y  falsos  raciocinios;   los segundos, por su parte, en falsos juicios de legalidad y  de  convicción.  Sobre  la  esencia  y  forma  de ataque de los primeros, a los  cuales  se  contraen  los  cuestionamientos objeto de estudio simultáneo, se ha  dicho por la Corte lo siguiente:   

     

El   falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio  de prueba es excluido de la valoración efectuada  por  el  juzgador  no  obstante  haber  sido allegado al proceso en forma legal,  regular  y  oportuna  (ignorancia  u  omisión)  o  porque lo crea a pesar de no  existir  materialmente  en el proceso (suposición o ideación), otorgándole un  efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  controvertida  y  en  favor  del  interés  representado -lo cual  comporta  la  necesidad  de  demostrar  que  el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

El  falso  juicio  de identidad se verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de la prueba  para  hacerla  decir  lo  que  ella  no  expresa  materialmente.  También se ha  expuesto  que  en  esa modalidad de desacierto en la apreciación de las pruebas  igualmente  incurre el juzgador cuando toma una parte de la prueba como si fuera  el  todo, en tanto ello constituye una forma de distorsión, pues, en su proceso  de  valoración,  se  le suprimen apartes trascendentes, omitiendo de esa manera  su apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde  esa  perspectiva,  resulta necesario  para  quien  propone  esta clase de error, ante todo, individualizar o concretar  la  prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro; luego, ha de evidenciar cómo  fue  apreciada  por  el  fallador  señalando  de  qué  forma  esa  valoración  tergiversa  o distorsiona su contenido material, esto es, puntualizando la   supresión  o  agregación  de  su  contexto  real  para de allí inferir que en  realidad   se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido,  debe  establecer  la  trascendencia  del  yerro frente a lo declarado en el fallo, es decir, concretar  por  qué la sentencia ha de mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva  inmersa  la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede  mantener   con  fundamento  en  las  restantes  pruebas  que  lo  sustentan.  Y,  finalmente,  se debe demostrar que con el defecto de apreciación se vulnera una  ley sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

La  última  de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,  está  compelido  a demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

Pues    bien,    en   el   segundo   cargo   de   la   demanda   a   nombre   de   JONATHAN   JAVIER   MANCERA  QUICENO  aun  cuando  inicialmente  el  censor enuncia las tres modalidades de error de hecho,  luego  concreta  que el error valorativo consistió en falso juicio de identidad  respecto de los testimonios de descargo.   

Sin embargo, la argumentación ofrecida para  sustentarlo  no  guarda  ninguna relación con la naturaleza  de este yerro  valorativo  y,  desde  ahora  valga decir, con la de ningún error demandable en  esta sede extraordinaria.   

En  efecto,  además de que la propuesta es  incoherente,  pues  incluso  trae  a  colación  la  regulación  legal  de  las  entrevistas,  cuando  se  trata de testimonios practicados en el juicio oral, lo  único  que  pretende  es imponer su criterio personal apreciativo con el fin de  que  se  les  otorgue  credibilidad  bajo  el  exclusivo  prurito  de que fueron  practicados  conforme  a   las reglas de inmediación y contradicción, sin  reparar  que superada su aducción legal el funcionario judicial entra a sopesar  la  totalidad  de  la prueba que cumple ese presupuesto bajo los criterios de la  sana crítica.   

Es  más,  no se tergiversa la prueba, como  erradamente  lo  entiende  el censor, sólo porque no se le otorga credibilidad,  pues  así  en  este  caso  los  testimonios  en  cuestión  hayan coincidido en  señalar  que  el  procesado  no salió de su residencia la noche de los hechos,  para  los juzgadores ostentan mayor confiabilidad las versiones de las víctimas  al   señalar   a   MANCERA   QUICENO   como  uno  de  los  agresores, cuyo señalamiento se facilitó en la  medida en que lo conocían previamente.   

Otro  tanto  ocurre  en  lo  que  respecta  al único cargo planteado en el libelo allegado por el  defensor   de   CRISTIAN  FERNANDO  FRANCO  VALENCIA  por     error  de hecho por falso raciocinio, pues ninguna de las pautas que  su  juicio  fueron  desconocidas configura regla de la sana crítica, situación  que,  dicho  sea  de  paso,  tampoco  edifica  un “error de actividad”, como  reiteradamente   lo  indica,  sino  de  juicio  o  in  iudicando         al         momento         de  fallar.          

Así,  en  primer  lugar, en torno a que el  valor  concedido  al  testimonio  del  ofendido Diego  Armando  Fúquenes  López  desconoce las reglas de la  experiencia  al  no  ser  posible que se hubiera percatado de lo sucedido cuando  sostenía  un celular que, infiere, estaba atado a una cadena, como es lo usual,  porque  se  basa  en  especulaciones  y  en  la  tergiversación  del  dicho del  testigo.           

En  efecto,  el  actor  para  construir  su  hipótesis  altera lo dicho por el testigo, en tanto del mismo no se infiere que  haya  salido  del  establecimiento  portando  el  celular  al escuchar el primer  disparo;    además,   tampoco  se  puede  considerar  como  comportamiento  generalizado  y  con pretensiones de universalidad el aseguramiento de celulares  con  cadenas  por  parte de quienes expenden el servicio por minutos para evitar  su  hurto, mucho menos la regla que forja según la cual quien dice la verdad no  titubea    o    no    da    muestras    de    indecisión   cuando   ofrece   su  relato.         

Tampoco,  y  en  segundo  orden,  se  puede  considerar  como  desconocida  regla de la lógica, la experiencia o del sentido  común   al   apreciarse   el   dicho   del   también   ofendido   Andrés           Giovanny  Torres Arroyave, sin especificar  cuál  de  ellas,  la esbozada según la cual cuando una persona es objeto de un  ataque  sorpresivo,  máxime  cuando tiene las características del relatado, no  tiene  tiempo  de  fijar  la atención en determinadas circunstancias, pues ello  depende  de  variados factores como los señalados en el artículo 404 de la Ley  906 de 20042   

y no porque existan, como lo quiere hacer  ver   el   demandante,   reglas   rígidas   que   así   imponen  ese  tipo  de  percepción.   

Por  último,  ninguna relación guarda con  las  reglas de la sana crítica el valor estimativo que surge de la comparación  de   las   versiones  incriminantes  al  encontrar  coincidencias  que  permiten  conferirles  credibilidad,  pero  que  para  el  libelista  no  se  presentan  o  simplemente  emanan  ante  la  posibilidad de haber sido acordadas, mientras que  para  el  juzgador  son  espontáneas,  lo  cual  sólo  pone  de  manifiesto la  intención de provocar un debate abierto sobre su credibilidad.   

En  definitiva,  se  advierte  una  actitud  generalizada  de  los  censores  tendiente  a  propiciar  un debate probatorio a  partir   de   su  criterio  personal  el  cual  no  consulta  con  el  carácter  extraordinario  del  recurso  de  casación, por no constituir tercera instancia  para  debatir ilimitadamente sobre la valoración de las probanzas por fuera del  marco  de  los  errores señalados, únicos con la potestad, en esta materia, de  derruir  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  ampara al fallo  impugnado.   

Las  falencias  destacadas de las demandas  allegadas    por    los    defensores    de    los    procesados    JONATHAN   JAVIER   MANCERA   QUICENO   y  CRISTIAN   FERNANDO  FRANCO VALENCIA   conducen  a  su  inadmisión,  en  atención  a  lo  normado  en  los  artículos  183  y  184  de  la  Ley 906 de 2004,  debiendo  dejar  en  claro  la  Sala que ni del contenido de la demanda ni de la  revisión  del  proceso  surge  la necesidad de superar los defectos aludidos en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el  artículo  180  ibídem o  que  se haga imprescindible activar el mecanismo de la casación oficiosa.    

         

Por último, señálese que habida cuenta de  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de casación presentada por la  defensa  procede  el  mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido  las reglas que habrán de acatarse  sobre            el            particular3.   

         

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   las   demandas  de  casación  presentadas    por   los  defensores   de   JONATHAN  JAVIER  MANCERA  QUICENO  y  CRISTIAN   FERNANDO  FRANCO  VALENCIA,  por  las  razones consignadas en la  anterior motivación.   

       De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y, en los términos referidos en el  acápite  final  de  esta  determinación,  contra  esta  decisión  procede  la  insistencia.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ                    GUSTAVO           ENRIQUE          MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                    JAVIER             ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Como esta providencia puede ser publicada, se omite el nombre del  menor,  de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la  Ley  1098  de 2006 “por la cual se expide el Código  de la Infancia y la Adolescencia”.   

2  “Artículo  404.  Apreciación del testimonio. Para apreciar el testimonio, el  juez   tendrá   en   cuenta  los  principios  técnico  científicos  sobre  la  percepción  y  la  memoria  y,  especialmente,  lo relativo a la naturaleza del  objeto  percibido, al estado de sanidad del sentido o sentidos por los cuales se  tuvo  la  percepción,  las  circunstancias  de  lugar,  tiempo y modo en que se  percibió,  los procesos de rememoración, el comportamiento del testigo durante  el  interrogatorio  y  el  contrainterrogatorio, la forma de sus respuestas y su  personalidad”.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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