41723(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado        acta        No.  419             

Bogotá, D.C.,  once de diciembre de dos  mil trece.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación que presenta el defensor del procesado MARIO  ENRIQUE  ALEGRÍA PRADO  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el  12  de  diciembre de 2012,  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Popayán lo  condenó  por  el  concurso de delitos de secuestro extorsivo agravado y estafa.   

1.- ANTECEDENTES  

1.1.- La cuestión  fáctica   fue   declarada  por  el  juzgador  A  quo  de la manera siguiente:   

“De conformidad con denuncia instaurada el  4  de  febrero de 2005 (folios 4 a 7 del C.O.1), por el señor LEGUIZAMÓN HOYOS  ERAZO  ante  el  Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía General de la  Nación,  da  cuenta  que  para  el  mes de noviembre de 2004, su hijo de nombre  MILTON  FABIÁN  HOYOS  RENGIFO  se  dirigió  a su casa ubicada en la vereda El  Sinaí  del  municipio  de  Argelia  (Cauca), comunicándole que en la ciudad de  Popayán  conoció  a  una persona de nombre ANDRÉS quien le propuso un negocio  de  elaboración  de  billetes,  para cuyo proceso se necesitaban unos líquidos  que  había  que  comprar  manifestándole que le había realizado la prueba con  unos  billetes  de  denominación  de  $20.000.  Que  él (Leguizamón) viajó a  Popayán   con   la   suma   de   $7.000.000   y   contactado  con  ‘Andrés’ también realizó una prueba para un  billete  de  $1.000  al  que  agregándole los líquidos lo convirtió en uno de  $20.000,  convenciéndose  de  la  operación.  Que  para  seguir con el negocio  había  que  comprar  los  líquidos  por un valor total de $13.000.000, por eso  entregó  la  suma  que había llevado y quedó en la obligación de aportar los  $6.000.000  restantes  para  cuando  llegara  con la totalidad de los líquidos,  marchándose   para  Argelia.  Que  pasados  unos  días  su hijo MILTON lo  llamó  para  requerir  el  resto del dinero por cuanto ya había conseguido los  líquidos presuntamente en otra ciudad.   

“Retornó a la capital del departamento con  los  $6.000.000,  acompañado  del  señor  GILBERTO  MUÑOZ  quien ‘era    el   dueño   de   toda   la  plata’, con quien había  pactado  dividendos  sobre dicho negocio, que llegaron a la habitación # 13 del  Hotel  Puracé  y se quedaron los tres en la habitación y al día siguiente por  la  mañana  llegó  Andrés al que le entregó los $6.000.000 restantes, ya que  los  líquidos  se  los  había entregado a su hijo y los habían guardado en la  casa  de  GILBERTO en Popayán, que ANDRÉS  solicitó a MILTON que trajera  los  líquidos  porque  dudaba  de uno de ellos y quería hacer una prueba y fue  por  ellos,  empezaron  a hacer el último ensayo, que como se requería de agua  caliente   salió de la residencia por ella y un plato, que cuando regresó  en  el  vehículo  en el que andaba, GILBERTO se encontraba en el segundo piso y  como  vio  a  agentes  de Policía en el Hotel, se previno y no arrimó; que los  agentes  entraron  y  al  cabo  de 20 minutos salieron con su hijo, Andrés y la  caja  donde  estaban  los  líquidos,  se  montaron  en un vehículo blanco y se  marcharon,  que él entró al hotel y en conversación sostenida con GILBERTO le  manifestó  que  cuando estaban en la pieza llegaron los policías y les dijeron  que  tenían  que  dar  $4.000.000  o  los  mandaban  a la cárcel por lavado de  activos,  dejando  un  número  de  celular  para  que llamara cuando tuviera el  dinero para soltar a su hijo.   

“Que  cuando  consiguieron $3.000.000, que  entregaron      en     un     callejón     cerca     de     la     ‘Chirimía’  y  que el policía por radio dio la  orden  de  soltar  a su hijo y con él se llamaron por celular y se vieron en el  hotel;   que   como   quedaron   debiendo   $1.000.000,  dejaron  retenidos  los  líquidos   y  el  arma  de fuego de ANDRÉS. Que en compañía de GILBERTO  fueron  al  hotel  y se reunieron con su hijo y allí le comentó que lo habían  llevado  a  una  casa de prostitución y que se había tomado unas cervezas. Que  ese  mismo  día habló con ANDRÉS y éste le dijo que pagara el resto para que  devolvieran el revólver y los líquidos.   

“Que  se  marcharon  para  Argelia y en la  semana  siguiente  volvieron  con  el  millón de pesos, se alojaron en el Hotel  Quinta  Avenida  y  al  día siguiente le solicitó a su amigo abogado ALEXANDER  que  entregara  el resto del dinero, el mismo que entregó cerca de ‘Los        Arrieros’  a  un  Policía,  que  el agente lo  llamó  al  celular  para  informarle que en un vehículo taxi le hacían llegar  los  líquidos  y  el  revólver, cuestión que nunca ocurrió porque el celular  pasaba  a  correo de voz. Describe al Policía que recibió el dinero y que a su  hijo  lo  retuvieron  por  espacio  aproximado de 7 horas de las 2:00 a las 9:30  p.m., sin haber padecido maltrato físico”.   

    

1.2.-  Agotada  la fase correspondiente a la  instrucción    y   previa   clausura   de   ésta1, el  21  de  diciembre  de    2006   la   Fiscalía   Séptima  Delegada  ante el Juzgado Único Penal  del  Circuito  Especializado  de  Popayán,  calificó el  mérito       probatorio       del      sumario2 con resolución de acusación  en  contra  de los              procesados  MARIO     ENRIQUE    ALEGRÍA    PRADO,   EIDER   ANDRÉS  SÁNCHEZ  VALENCIA  y  OSCAR  ALBERTO  AGUDELO  ARENAS       como  presuntos  responsables penalmente del  concurso   de   delitos   de   secuestro   extorsivo  agravado  (Arts.  169 y 170 numerales 5, 8,  9  y  13 del C.P., modificados por los  artículos  2  y  3 de la Ley 733 de 2002)        y        estafa     (     Art.    246,   inciso   primero,   de   la   Ley  599  de  2000),   mediante   determinación   que  el  30  de  abril  de  20073      la      Fiscalía  Cuarta  Delegada  ante el Tribunal Superior confirmó  íntegramente,  al conocer en  segunda  instancia  de  la  apelación  promovida  por  el  defensor de ALEGRÍA  PRADO.   

    

1.4.-  La etapa de juicio fue asumida por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de   Popayán4,    en  donde  se  llevó a cabo la  audiencia  preparatoria5   y    la  vista              pública6,  y  posteriormente  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito Especializado Adjunto de esa misma ciudad,  autoridad  que  el  24  de  agosto    de    2010  puso  fin  a  la  instancia condenando a              los            procesados   MARIO  ENRIQUE      ALEGRÍA     PRADO,     EIDER  ANDRÉS  SÁNCHEZ  VALENCIA y OSCAR ALBERTO AGUDELO ARENAS,  a    las   penas   principales   de   treinta   y   dos   (32)   años   de  prisión,   multa  en  cuantía  de veinte   mil  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,    y   la   accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  20 años, al  tiempo  que  les negó la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena  y    la    prisión    domiciliaria,   y  se  abstuvo  de  condenar  en  perjuicios  por  no  haber  sido  demostrados   ni   haberse   presentado   demanda   de  constitución  de  parte  civil,    entre  otras  decisiones7,  como    consecuencia   de   encontrarlos       coautores  penalmente responsables   del   concurso   de   delitos  de  secuestro  extorsivo  agravado  y estafa,  a  ellos  imputado en la resolución de acusación.   

1.5.-  Recurrida  esta  decisión  por  la  defensa  de MARIO ENRIQUE  ALEGRÍA     PRADO                   8    y    de    EIDER    ANDRÉS    SÁNCHEZ   VALENCIA9,    el  Tribunal      Superior     del     Distrito     Judicial     de     Popayán,   por   medio   del   fallo  proferido   el   12  de  diciembre      de  2012   le   impartió  íntegra  confirmación, al conocer  en   segunda   instancia  de  la  apelación  promovida  a  nombre  de  ALEGRÍA  PRADO,  toda vez que resolvió declarar inadmisible  la  impugnación promovida por la defensa de SÁNCHEZ  VALENCIA10.   

1.6.-   Contra la sentencia de segunda  instancia,          el          procesado         MARIO    ENRIQUE   ALEGRÍA   PRADO11  y  el  defensor  de EIDER  ANDRÉS          SÁNCHEZ          VALENCIA12            interpusieron   oportunamente  recurso extraordinario  de   casación,   siendo   concedido   por   el  Ad  quem  sólo  en  relación  con  el  primero  de los  mencionados,  pues  negó  su concesión al segundo de ellos por razón de haber  declarado  inadmisible  la  apelación  interpuesta  contra  el fallo de primera  instancia13,  presentándose  la  correspondiente  demanda  por  parte  del  defensor  de MARIO ENRIQUE ALEGRÍA PRADO14,  sobre  cuya   admisibilidad   se   pronuncia   la   Corte.   

2.- LA DEMANDA  

Después   de   identificar  los  sujetos  procesales  y  la  providencia  materia  de  impugnación, así como resumir los  hechos  y la actuación llevada a cabo en las instancias, con apoyo en la causal  primera  de  casación,  cuerpo         primero,         un  cargo formula el demandante contra  el fallo del Tribunal.   

Enseguida        alude a los  “errores      de      hecho     por     falsos  juicios”,    y  sostiene  que  la  sentencia  presenta  defectos  de  motivación  en  relación  con  la coautoría como forma de intervención en la  conducta  punible,  pues,  según  dice,  “en este  proceso  no  existe  ninguna  evidencia  material o probatoria que demuestre, ni  evidencie,  ni  siquiera con proyecciones indiciarias, los extremos y contenidos  materiales  de  acción  o  de  conducta  de  la  meramente atribuida coautoría  dolosa,  en  otras  palabras  lo  que  queremos  significar,  es que conforme al  recaudo  probatorio,  no existe ningún elemento material de prueba, ni directo,  ni  indirecto,  que  demuestre  en  grado de certeza, el extremo subjetivo de la  coautoría  que  dice o que diga relación con el acuerdo de voluntades o con la  comunidad  de  ánimo  de  mis  defendidos  y  de  cara  a  la  realización y/o  consumación  finalística de las conductas por las cuales fueron condenados mis  poderdantes,    y    correlativamente,    tampoco   existe   ninguna   evidencia  material   que  demuestre en grado de certeza, los extremos objetivos de la  coautoría  dolosa,  y  que  dicen  o  digan  relación  con  la  división  del  trabajo   o  con la importancia del aporte, que hubiese tenido o desplegado  o  desempeñado  mis  defendidos,  y con dominio del  hecho,  y  de  cara  a  la  realización  y/o  consumación  finalística de los  injustos   por   el   cual   se   les   condenó”  (sic).         

Agrega  que  siendo la motivación un deber  para  los  jueces y un derecho exigible judicialmente, cuando no hay motivación  se  vulnera  el  derecho  de  defensa  que conlleva la nulidad de la actuación.   

En  razón  de  lo  anterior, solicita a la  Corte  casar  la  sentencia  de  segunda  instancia,  y  declarar la nulidad por  violación  a  los  principios  de  motivación,  debido  proceso  y  derecho de  defensa.   

3.- ALEGATO DE NO RECURRENTE  

El  defensor del  procesado  EIDER  ANDRÉS  SÁNCHEZ  VALENCIA,   durante   el   término   de   traslado   para   los   sujetos   procesales   no  recurrentes15,  a  más  de manifestar que coadyuva  las  pretensiones  del  defensor  de  MARIO ENRIQUE ALEGRÍA PRADO, solicita  a la Corte casar parcialmente  la  sentencia  de  segunda instancia en relación con  su  representado,  decretando  la nulidad de todo lo  actuado  a  partir  del  auto que lo declara persona ausente sin el cumplimiento  del  edicto  emplazatorio  con tales fines, “o bien  para  que  de  acuerdo  con las exposiciones rendidas por los ofendidos ante una  notaría  de  esta  ciudad, se los absuelva por el delito de secuestro extorsivo  agravado,      de      que      dan      cuenta     los     autos”.   

SE CONSIDERA:  

1.-  La  demanda  de casación instaurada a  nombre           del           procesado         MARIO          ENRIQUE          ALEGRÍA         PRADO            presenta   inocultables   desaciertos   de  orden  técnico  y  de  fundamentación  que  le  impiden superar el juicio de admisibilidad que por ley  le  corresponde  realizar  a  la  Sala,  y  frustran  las  aspiraciones desquiciatorias contra el fallo de  segunda instancia.   

2.-    Repetidamente    la   Corte   ha  señalado16  que  la  casación no es una instancia más a las ordinarias del  trámite,  en  la  que  puedan  ser  presentados  de  manera  libre  e  informal  argumentos   de  disentimiento  contra  los  fallos  de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación del juicio en la que resulte posible continuar el  debate    fáctico    y    jurídico    propio    del   trámite   regular   del  proceso.   

Insistentemente    ha    señalado  que  la  postulación  del  instrumento  extraordinario  de  impugnación  debe  obedecer  a  la  denuncia y  demostración  de  haber sido transgredida la ley con el fallo, y que el escrito  a  través del cual se ejerce, para que pueda llegar a ser admitido a su estudio  de  fondo, necesariamente debe cumplir, no solamente los rigurosos requisitos de  forma   y   contenido   establecidos   por  el  artículo  212  del  Código  de  Procedimiento    Penal    de    2000    (idoneidad  formal),  sino que la demanda debe ser objetivamente  fundada,  es decir, estar llamada a lograr la infirmación total o parcial de la  sentencia,  o  a propiciar un pronunciamiento unificador del Máximo Tribunal de  la   Jurisdicción   Ordinaria   alrededor  de  un  determinado  tema  jurídico  (idoneidad  sustancial).   

Por  esta razón, entre los presupuestos de  admisibilidad,  la  legislación  procesal  ha  previsto  para  el demandante la  obligación   de   presentar   concreta  y  claramente  los fundamentos fácticos y jurídicos del motivo  de  casación  que se aduce, para lo cual debe tomarse en cuenta que cada causal  tiene  naturaleza  autónoma,  por  lo  mismo  se  halla  sometida a parámetros  demostrativos  propios  y  distintos de las demás, y que su configuración trae  aparejada consecuencias de diversa índole para el proceso.   

3.- Esta claridad y precisión no se aprecia  en      la      demanda     presentada     a     nombre     del     procesado         MARIO  ENRIQUE  ALEGRÍA  PRADO,  pues  además  de  no acoger el principio de prioridad que  rige  la  casación,  según  el cual los cargos han de ser propuestos de manera  secuencial  teniendo en cuenta la incidencia que su prosperidad tendría para la  totalidad  del  proceso  o  de parte de éste, o para el sentido de la decisión  que  deba  proferirse  en reemplazo de la recurrida, es lo cierto que en ningún  caso  logra demostrar la configuración de los yerros  que    inopinadamente  sugiere,   ya   que   no   les   da   el  desarrollo  requerido para que la censura pudiera tener alguna  vocación  de  prosperidad,  lo  que  indica  que su propuesta quedó en el solo  enunciado.     

4.-  En  relación con la causal primera de  casación,  dada  la posibilidad de encontrar configuración por la vía directa  o  la  indirecta  de violación a la ley, según ha sido repetidamente dicho por  la  doctrina  de la Corte, oportuno se ofrece reiterar que la violación directa  de  disposiciones  de  derecho  sustancial,  puede llegar a presentarse por  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida, o interpretación errónea de un  determinado  precepto,  acogiendo  de  esta manera el criterio de clasificación  trimembre  de  los  sentidos  de la violación, que reconoce total autonomía al  último de ellos.   

Dentro  de  esta  categorización,  ha sido  entendido  que  la  falta  de  aplicación  de  normas  de derecho sustancial se  configura  cuando  el  juzgador  deja  de aplicar al caso la disposición que lo  rige;  la aplicación indebida tiene lugar cuando aduce una norma equivocada; y,  la  interpretación  errónea  consiste  en  el  desacierto  en  que  incurre el  fallador  cuando habiendo seleccionado adecuadamente la norma que regula el caso  sometido  a  su consideración, decide aplicarla, sólo que con un entendimiento  equivocado,   sea   rebasando,   menguando   o   desfigurando   su  contenido  o  alcance.   

Así  resulta  claro  que la diferencia de las dos primeras hipótesis de error con la última,  radica  en  que  mientras  en  la falta de aplicación y la aplicación indebida  subyace  un  error en la selección del precepto, en la interpretación errónea  el  yerro  es sólo de hermenéutica, pues se parte del supuesto de que la norma  aplicada  es  la  correcta,  sólo  que  con  un  entendimiento que no es el que  jurídicamente  le  corresponde, llevando con ello a hacerla producir por exceso  o defecto consecuencias distintas de las que le corresponden.   

Para  efectos de precisar el concepto de la  violación,  resulta  intrascendente  la  motivación  que pudo haber llevado al  juzgador  a  la  transgresión  de  la disposición sustancial; lo que realmente  cuenta  es  la  decisión  que  adopte  en  relación con ella. En este orden de  ideas,  si la norma es aplicada pese a no regir el caso o inaplicada no obstante  regirlo,  habrá  llanamente aplicación indebida o falta de aplicación, según  cada  caso,  independientemente  de  que  al  error  se  haya  llegado porque el  juzgador   se   equivoca   sobre   su   existencia,  validez,  o  alcance.    

En  síntesis,  si una determinada norma de  derecho  sustancial  ha  sido incorrectamente seleccionada, y este error resulta  determinado  por  equivocaciones  del  Juez  en  la auscultación de su alcance,  habrá   aplicación   indebida   o  falta  de  aplicación,  pero  no  errónea  interpretación  del  precepto,  puesto  que  para  la  estructuración  de este  último  sentido  de la violación se requiere que la norma haya sido y deba ser  aplicada.   

     

Igualmente  la  jurisprudencia  de  la  Corte  insistentemente  ha  sostenido que los argumentos  relacionados  con  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  han de ser  expuestos  en  el  ámbito  del  estricto  raciocinio  jurídico,  sin que en su  desarrollo  resulte  admisible  discutir  los  hechos  declarados en el fallo, o  plantear  o sugerir, la comisión de errores en la apreciación probatoria, pues  de  presentarse éstos, habrá de acudirse prevalentemente a la vía indirecta y  formularse  el cargo en capítulo separado haciendo mención expresa de la clase  de  desatino  probatorio en que incurrió el juzgador, si de hecho o de derecho,  y  precisar  la  especie  y  trascendencia  que tuvo en la parte dispositiva del  fallo ameritado.      

Obedece  ello  a que en la hipótesis de la  violación  directa,  es de cargo del actor aceptar los hechos tal y como fueron  declarados  en  el fallo, así como el mérito persuasivo asignado a las pruebas  que  sirvieron  de fundamento a la decisión y, a partir de allí, demostrar que  el  yerro consistió en la selección o comprensión por el juzgador de la norma  sustancial  finalmente  aplicada;  en tanto que si lo pretendido es denunciar la  transgresión  indirecta de la ley por haberse incurrido en errores probatorios,  el  casacionista  debe  precisar los medios sobre los cuales recaen, especificar  su  clase, si de hecho o de derecho, concretar una de las diversas posibilidades  que  a  su  interior  pueden presentarse, y demostrar la trascendencia  de  un  tal  desacierto  en  la  declaración  de justicia contenida en la parte  resolutiva  del  fallo,  dando  lugar  a  la  aplicación indebida o la falta de  aplicación de determinado precepto.   

5.- En relación  con   la   causal   tercera   o   de   nulidad,   la  Sala  tiene  establecido que los motivos de ineficacia  de  los  actos  procesales  no  son  de  postulación  libre,  sino  que, por el  contrario,  se  hallan  sometidos al cumplimiento de precisos principios que los  hacen operantes.   

En   este  sentido,  la  jurisprudencia  ha  señalado  que   de  acuerdo  con  dichos  principios, solamente es posible  alegar   las   nulidades   expresamente   previstas   en  la  ley  (taxatividad);   no  puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  motivo   invalidatorio,   salvo   el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica,  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella  puede  convalidarse  con  el consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las  garantías  fundamentales  (convalidación);  quien alegue la nulidad está en la obligación de acreditar que  la  irregularidad  sustancial  afecta  las  garantías  constitucionales  de los  sujetos  procesales o desconoce las bases fundamentales de la investigación y/o  el      juzgamiento      (trascendencia);  no  se declarará la invalidez de un  acto  cuando  cumpla  la  finalidad  prevista por la  ley,   pero   lo  importante  no  es  que  el  acto  procesal  se  ajuste  estrictamente a las formalidades preestablecidas en la ley  para  su  producción,  sino  que  a  pesar  de  no  cumplirlas puntualmente, en  últimas   se  haya  alcanzado  la  finalidad  para  la  cual  estaba  destinado  (instrumentalidad)  y;  además,  que  no  exista  otro  remedio procesal,  distinto  de  la  nulidad,  para subsanar el yerro que se advierte (residualidad).        

De  manera  que  en sede de casación no basta solamente con  invocar la existencia de un motivo  de  ineficacia  de  lo  actuado,  sino  que  además  compete      al      demandante     concretar el tipo de irregularidad que  alega,  demostrar  su  existencia, acreditar cómo su configuración comporta un  vicio  de garantía o de estructura, y, tal vez lo más importante, demostrar la  trascendencia   del  yerro  para  afectar  la  validez  del  fallo  cuestionado.   

Y  si lo que se  persigue  con  la casación es denunciar la presencia de varias irregularidades,  cada  una  de  ellas con entidad suficiente para invalidar la actuación o parte  de  ella,  resulta  indispensable  que  en la demanda  se  sustenten  en  capítulos  separados y de manera  subsidiaria  si  fueren excluyentes, pues sólo así puede acatarse la exigencia  de  claridad  y  precisión  en  la  postulación  del  ataque  y respetarse los  principios  de  autonomía  y  de  no  contradicción  de  los  cargos  en  sede  extraordinaria.   

5.1.- En relación con la solicitud de nulidad  derivada  de la violación del debido proceso, la Corte ha señalado que una tal  pretensión  debe  necesariamente  apoyarse  en  la identificación concreta del  acto  irregular,  señalando  si  el  vicio  que  concurre es de estructura o de  garantía;  la  concreción  sobre  la  forma  como el acto tildado de irregular  afectó  la integridad de la actuación o conculcó garantías procesales;   la  demostración  del  agravio  y  la  definitiva  trascendencia  de éste, por  afectar  negativamente  los  intereses  del  procesado,  y  el señalamiento del  momento a partir del cual debe reponerse la actuación.   

Esto por cuanto, como ha sido indicado por la  Sala17, el artículo 29 de la Carta Política,  en   cuanto   hace   a  la  garantía  fundamental        del  debido  proceso,  señala  que  nadie  podrá  ser juzgado sino  conforme  a  ley  preexistente,  ante  el  juez  o  tribunal competente y con la  observancia  de  la “plenitud de las formas propias  de  cada  juicio”.  La Constitución igualmente se  refiere  a  otros  principios  que complementan esta garantía, tales como el de  favorabilidad,   la   presunción  de  inocencia,  el  derecho  de  defensa,  la  asistencia  profesional  de  un  abogado, la publicidad del juicio, la celeridad  del  proceso  sin dilaciones injustificadas, la aducción de pruebas en su favor  y  la  posibilidad  de  controversia  de  las  que  se  alleguen  en  contra del  procesado,  el  derecho de impugnación de la sentencia de condena -salvo que se  trate  de  casos de única instancia-, y a no ser juzgado dos veces por el mismo  hecho  así  se  le  dé una denominación jurídica distinta.      

         

También  ha  señalado  que el concepto de  debido  proceso  se  integra  por el de “las formas  propias  de  cada  juicio”, esto es por el conjunto  de  reglas  y  preceptos  que  le  otorgan  autonomía a cada clase de proceso y  permiten  diferenciarlo  de  los demás establecidos en la ley. Es así como por  vía  de  ejemplo,  de  acuerdo  con  la  Ley  600  de  2000 en materia penal la  estructura   está   dada   por   dos   ciclos   claramente  definidos,  uno  de  investigación  -a  cargo  de la Fiscalía General de la Nación salvo los casos  de  fuero  constitucional-,  y  otro  de  juzgamiento  -por cuenta de los jueces  según   las   normas  que  reglan  su  competencia-.  Dentro  de  la  etapa  de  instrucción,  asimismo  se  observa  la  necesidad  de surtir aquellos pasos de  ineludible  cumplimiento, tales como los actos de apertura de investigación, de  vinculación  del  procesado,  definición de su situación jurídica, de cierre  de  investigación,  y  de  calificación;  dentro  del  juicio,  el  rito legal  establece  dos  etapas, una probatoria y otra de debate oral, de formulación de  cargos y de sentencia.        

5.2.-   Ha  señalado  igualmente  la  jurisprudencia,   que  cuando  en  sede de casación se plantea nulidad de la sentencia por defectos de  motivación,  no  basta  alegar  que la decisión, en su conjunto o en relación  con  un  determinado  aspecto,  adolece  de  este  vicio.  Resulta indispensable  demostrar  que  se  está  en presencia de una cualquiera de las situaciones que  dan  lugar  a  su configuración, a saber: 1) Que la decisión carece totalmente  de  motivación; 2) que la fundamentación que contiene es incompleta; 3) que es  dilógica  o  ambivalente y, 4) que se sustenta en supuestos fácticos aparentes  o                    sofísticos18.   

La  primera  hipótesis se presenta cuando el  funcionario  judicial  omite  precisar las razones de orden fáctico o jurídico  que  sustentan  su  decisión.  La  segunda, cuando el análisis que contiene de  estos  aspectos  es  deficiente, al extremo de no permitir su determinación. La  tercera,  cuando  se fundamenta en argumentaciones contradictorias o excluyentes  que  impiden conocer su verdadero sentido, y la cuarta cuando la fundamentación  es manifiestamente especulativa.   

Tomando  en cuenta estas precisiones, en sede  extraordinaria  no  resulta  procedente  equiparar  las  nociones  de  falta  de  motivación  y  falsa  motivación  probatoria,  y  considerar  que ambos vicios  pueden ser atacados en casación por la vía de la causal tercera.   

La  falta  de motivación, determinante de la  nulidad,  se  presenta  cuando  el  juzgador  no  expone las razones fácticas o  jurídicas  que  sustentan  su  decisión,  o  lo  hace  de  manera deficiente o  incompleta.  La  falsa  motivación  probatoria  surge,  en  cambio,  cuando  la  fundamentación  existe,  es  decir cuando la decisión se encuentra formalmente  motivada,  y es inteligible, pero equivocada debido a errores de apreciación de  las pruebas.   

En el primer evento, se está en presencia de  un  error  in  procedendo que debe ser planteado dentro del ámbito de la causal  tercera.  En  el  segundo, de uno in iudicando, que sólo puede ser propuesto en  el marco de la primera, cuerpo segundo.   

Siempre que el juzgador incurra en errores de  apreciación  probatoria,  porque,  por  ejemplo, deja de considerar pruebas que  obran  en el proceso, o supone existentes medios que no hacen parte del mismo, o  distorsiona,  cercena  o  adiciona  su  expresión fáctica, o valora su mérito  persuasivo  con  transgresión  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  o cree  equivocadamente  en  la  legalidad  o  ilegalidad  de  la  prueba, se estará en  presencia  de  un  error  in iudicando, que debe ser atacado en casación por la  vía  del  motivo  primero,  cuerpo  segundo,  con indicación del tipo de error  cometido,  la  prueba  o  pruebas  sobre  las  que  recae, y demostración de su  trascendencia  para  variar las conclusiones fácticas del fallo y, por ende, la  declaración   del   derecho   contenida   en  su  parte  resolutiva19.   

6.-Como resultado  de  revisar  el  contenido  de  la   demanda  presentada  en este caso, sin  dificultad  se  advierte  que  incumple  los  presupuestos  de  admisibilidad al  trámite   casacional,   establecidos   por   la  ley  y  desarrollados  por  la  jurisprudencia.  La  falta  de  claridad,  precisión y de debida sustentación,  cuando  no  de idoneidad sustancial, son de tal entidad que le impiden a la Sala  establecer   el  verdadero  alcance  de  las  pretensiones  formuladas,  lo  que  determina  que el libelo no pueda ser admitido con miras a un pronunciamiento de  fondo, en términos que seguidamente pasan a precisarse.   

Según se recuerda del resumen que se hizo de  la  demanda  presentada  a nombre del procesado MARIO ENRIQUE ALEGRÍA PRADO, el  libelista  enuncia  la censura sugiriendo que el disentimiento se apoya en   lo  previsto  por  la  causal  primera de casación, cuerpo primero, con lo cual  daría  a  entender  que  su  pretensión  es denunciar la violación directa de  disposiciones de derecho sustancial.   

No  obstante,  de  manera  contradictoria  a  renglón  seguido alude a los “errores de hecho por  falsos  juicios” y manifiesta que el Tribunal con la  sentencia  violó  las  reglas  de la lógica, de la ciencia y de la experiencia  dando  en  sugerir  igualmente  y  bajo  el  mismo enunciado que el objeto de su  denuncia  es  la  presencia  de  errores  de  hecho  por  falso raciocinio en la  apreciación   probatoria,  pero  sin  indicar  a  cuál  específico  medio  de  convicción  se refiere, qué dice éste, cómo lo apreció el Tribunal, en qué  consistió  el error, cuál su trascendencia, ni de qué manera habría de verse  corregido  en  sede  extraordinaria,  para  el  caso  de  que la Corte decidiera  admitir la demanda para su estudio de fondo.   

Si a lo anterior se agrega que sin acudir a un  cargo  distinto,  el libelista seguidamente denuncia que la sentencia adolece de  falta  de  motivación  en  lo  que  tiene que ver con la manera como el acusado  intervino  en  la realización de la conducta, al haberle deducido que actuó en  coparticipación  criminal  con  otros  coautores, no puede menos que concluirse  que  la propuesta impugnatoria termina por causar mayor perplejidad en cuanto no  logra  desentrañarse  si  lo pretendido es noticiar la violación directa de la  ley,  la  indirecta,  derivada  de  errores  en la apreciación probatoria, o la  nulidad  de  la  sentencia  por  defectos  de motivación, nada de lo cual puede  suponer  la  Corte  por  el  riesgo  de  pervertir  la  verdadera  voluntad  del  demandante.   

Ello de entrada evidencia la falta de claridad  en  la  propuesta  impugnatoria, pues el libelista no solamente deja de formular  el  reparo  acorde  con  la  naturaleza  del  tipo  de  desacierto  que pretende  noticiar,  sino  que  tampoco  le  da  desarrollo  y  demostración con el rigor  técnico  y  lógico exigido en sede extraordinaria, con lo cual tampoco podría  cumplir  el  requisito  de  acreditar  la  decisiva  incidencia  del yerro en la  fijación  de  los  hechos  debatidos en juicio y la consecuente declaración de  justicia   contenida   en   la   parte   resolutiva   del   fallo  que  pretende  combatir.   

Nótese   que   bajo  el  enunciado  de  la  configuración  de  unos  presuntos  yerros  de  raciocinio,  el  libelista toma  algunos  apartes  del  fallo  de  segunda  instancia para construir particulares  inferencias,   con  lo  cual  el  presunto  vicio  relacionado  con  la  posible  transgresión  de las reglas de la sana crítica cae en el más absoluto vacío,  pues   no   se   puede   reprochar   un   raciocinio   no   realizado   por   el  sentenciador.   

Como  si lo anterior no fuera suficientemente  ilustrativo  de  la  particular  manera  como al parecer el libelista concibe el  instrumento  extraordinario  de  impugnación a que acude, cabe resaltar que sin  ilación  alguna  alude  a  “los  fundamentos  del  indicio  y  su  relación directa con la naturaleza jurídica de la coautoría y  la participación responsable”.   

Ya   está  visto,  que  si  el  demandante  pretendía  denunciar que el sentenciador incurrió en error al apreciar algunos  indicios  que  sirvieron  de fundamento a la declaración de condena, tenía por  deber  acudir al error de hecho, demostrando cuál fue el indicio construido por  el  juzgador  y,  a  fin  de acreditar el yerro indicar qué específicamente se  establece  de  la prueba del hecho indicador, qué infirió el juzgador, en qué  consistió  el  error,  cuál la trascendencia de éste y cómo habría de verse  corregido   dando lugar a variar los supuestos fácticos en que se edificó  el fallo y por ende, la parte resolutiva del mismo.   

Nada de esto realiza el demandante, quien a la  mejor  manera  de  un alegato propio de las instancias, se limita a afirmar, sin  ser  ello cierto, haber logrado demostrar que en la actuación no obra prueba de  la  que  se  establezca  en  grado  de  certeza  la  responsabilidad penal de su  representado,  pues  deja  de  considerar  el  cúmulo  probatorio  en  que  los  sentenciadores  fundaron  la  declaración  de  condena.       

La precariedad en  la  formulación del ataque resulta aún más elocuente, si se toma en cuenta la  petición  final de que se declare la nulidad de todo  lo    actuado    “a   partir   del   escrito   de  acusación”,  sin  percatarse,  de  una parte, que  venía    enfilando    los   ataques   contra  la  sentencia con que se puso fin al proceso y no respecto  de   una   pieza   procesal   diversa   y,   en   segundo   término,  que  el  presente  asunto  no  fue  tramitado  por  los  cauces del procedimiento oral con tendencia acusatoria sino  bajo    la    ritualidad    de   la   Ley 600 de 2000.   

Sucede  además,  que  el libelista pareciera  sugerir   que   la  nulidad  de  la  sentencia  del  Tribunal  por  defectos  de  motivación,  deriva  de la falta de prueba sobre la realización de la conducta  o  de  la  responsabilidad  del acusado, lo cual resulta contradictorio toda vez  que,  en  su  opinión  “en este proceso no existe  ninguna  evidencia  material  o  probatoria,  que  demuestre,  ni  evidencie, ni  siquiera  con  proyecciones indiciarias, los extremos y contenidos materiales de  acción    o    de    conducta    de    la    meramente   atribuida   coautoría  dolosa”,   con  lo cual no logra cosa diversa a  denotar  que  no sabe a ciencia cierta cuál es el rumbo que pretende imprimirle  a  su  propuesta  impugnatoria, si la nulidad del fallo o, a partir de reconocer  su    validez,    demandar   el   desquiciamiento   y   el   proferir   uno   de  reemplazo.   

Se  evidencia así la falta de claridad  en  la  postulación  de  la  censura,  pues  distinto  a  que  la sentencia presente defectos de motivación,  como    inopinadamente    se    sugiere  por  el  casacionista,  es  que  no hubiere acogido los    planteamientos   de  la  defensa  cuando  recurrió  en  apelación    contra    el    fallo    de   primer  grado,  pero esto no significa que la demanda cuente  con  algún  fundamento  como  para  que la casación por dicho concepto resulte  procedente,  máxime si en sede extraordinaria lo que  se  juzga es la incorrección jurídica del fallo, no la manera como el juzgador  respondió  los planteamientos de las partes o estructuró su decisión, pues lo  importante  es  que  la  sentencia  comprenda de manera explícita el respectivo  juicio  sobre  la  evidencia  probatoria, exprese sin ambigüedad los argumentos  jurídicos  de  sus  conclusiones y contenga una respuesta clara y precisa a las  alegaciones  presentadas  por  los sujetos procesales, de manera que facilite su  controversia  fáctica  o  jurídica por las partes, como en tal sentido ha sido  indicado         por         la        Corte20.   

Lo  cierto del caso es que el Tribunal, con  irrestricto  apego  al  material  de  prueba recaudado, se ocupó de indicar las  razones  por  las cuales dedujo la coautoría como forma de intervención de los  acusados en la conducta a ellos atribuida:   

      

Para  que  no  quede  duda alguna de lo que  viene  de  referir  la Sala, y con el sólo propósito de denotar la carencia de  objetividad  en  el  planteamiento  propuesto por el casacionista, pertinente se  ofrece  traer a colación  un  aparte del fallo de segunda instancia,  en  el  cual  se  precisa  el rol desempeñado por cada uno de los acusados en el devenir criminal.   

“De suerte que  los  testimonios  de  LEGUIZAMÓN  HOYOS  ERAZO  y  MILTON FABIAN HOYOS RENGIFO,  armonizados  con  los  provenientes  de JESÚS DARÍO  SALAZAR  ROLDÁN,  YAKELIN  MARIACA  VILLAQUIRÁN,  JOSÉ  ALEXANDER  VILLANUEVA  BEDOYA  y  ARY  FREDY  SÁNCHEZ  PRIETO  no  aparecen inventados, acomodados, ni  mentirosos,  como  quiere  hacer  ver  el  impugnante;  por el contrario, en sus  intervenciones  procesales  suministran  un  relato  claro,  uniforme, sincero y  creíble  de  las  especiales  circunstancias  en que tuvieron conocimiento y se  percataron de la forma como acontecieron las cosas.   

“Si  se  miran  las declaraciones de los  testigos  de  cargo  en  su  conjunto,  claramente  se  advierten tres fases del  concurso  de  delitos  bien  diferenciadas que deben ser objeto de análisis por  esta Sala.   

“Primero, que ANDRÉS, identificado como  EIDER  ANDRÉS SÁNCHEZ VALENCIA, mediante maniobras engañosas indujo o mantuvo  en  error a las víctimas LEGUIZAMÓN HOYOS ERAZO y MILTON FABIÁN HOYOS RENGIFO  haciéndoles  creer  que  podía elaborar billetes falsos y para perfeccionar su  conducta  delictiva los convenció del supuesto procedimiento de fabricación de  billetes  por  lo cual recibió de parte de las víctimas una fuerte cantidad de  dinero,   con  evidente  detrimento  patrimonial  del  denunciante  y  su  hijo,  circunstancia  que  el  mismo  EIDER  ANDRÉS  SÁNCHEZ  VALENCIA  acepta  en su  diligencia    de    indagatoria    ‘yo  le  dije que tenía unos líquidos para arreglar los billetes,  eran  unos  líquidos  que  me inventé para estafarlo… y se dieron cuenta que  eran  unas  aguas  que  yo  había preparado para estafar a la gente’            –fl.  114  CO  No.1-  y  que configura el  delito de Estafa.   

Segundo, que MARIO ENRIQUE ALEGRÍA PRADO y  OSCAR  ALBERTO  AGUDELO  ARENAS,  agentes  adscritos  a  la  Policía  Nacional,  aparecen  abruptamente en el Hotel Puracé de esta ciudad y sin mediar palabra a  los  empleados,  entran  directamente  a  la  habitación  No. 13, donde sabían  pernoctaban  LEGUIZAMÓN   HOYOS  ERAZO  y  MILTON  FABIÁN HOYOS RENGIFO y  donde  encontraron a este último y a EIDER ANDRÉS SÁNCHEZ VALENCIA realizando  la  supuesta  elaboración  de  billetes. Recuérdese que EIDER ANDRÉS SÁNCHEZ  VALENCIA  es  quien  solicita  que  se  haga otra prueba de los líquidos porque  supuestamente   duda  de  uno  de  ellos,  la  realizan  en  el  Hotel  Puracé,  habitación  No.  13,  y  cuando  precisamente  están  en  eso, sorpresivamente  aparecen     los     policiales    –quienes  entre otras cosas sabían hacia dónde se debían dirigir  y   no  pidieron  permiso  para  ingresar-dibujando  claramente  una  situación  previamente acordada.   

“Y tercero, la  exigencia  de  cuatro  millones  de  pesos  para  no denunciar el ilícito de la  elaboración  de  billetes  ante  las  autoridades,  tomando  la  previsión  de  retener,     ‘como  garantía’,  a  MILTON  FABIÁN      HOYOS      RENGIFO     –con  lo  cual afectaron la libertad  individual-dejando  un  número  celular mientras su padre conseguía el dinero,  llevando   a   MILTON  a  una  casa  de  lenocinio  donde  estuvieron  a  puerta  cerrada   -pues  el policial, conocido en ese lugar, ordenó a los porteros  no  dejar  entrar  a  nadie-  ordenando  a  su compañero policía OSCAR ALBERTO  AGUDELO  ARENAS,  después  de  haber  recibido  los  tres  millones de parte de  LEGUIZAMÓN HOYOS ERAZO, liberar a su hijo cautivo.   

“Es claro que si LEGUIZAMÓN HOYOS ERAZO  y   MILTON   FABIÁN   HOYOS  RENGIFO  sabían  que  cometían  un  ilícito  de  falsificación    de    moneda    no   se   resistirían   a   la   ‘aprehensión’  del  segundo, ni en la salida del  Hotel,  ni  trataría  de  evadirse  de  la  casa de lenocinio, pues necesitaban  negociar  con  los  policiales  para  que  no  informaran sobre sus actividades,  liberaran a MILTON y devolvieran los líquidos.   

“De  suerte  que  MARIO ENRIQUE ALEGRÍA  PRADO,   EIDER   ANDRÉS  SÁNCHEZ  VALENCIA  y  OSCAR  ALBERTO  AGUDELO  ARENAS  ejecutaron  un  bien  elaborado  plan  criminal  para  esquilmar a las víctimas  LEGUIZAMÓN  HOYOS  ERAZO y MILTON FABIÁN HOYOS RENGIFO; cada sujeto dominó el  acontecer  total  en  cooperación con los demás, se dividieron las funciones y  por tanto actuaron en el plan criminal en calidad de coautores”.   

7.- En armonía con lo que se ha dejado visto,  cabe  concluir que la falta de apego del libelista a los presupuestos formales y  sustanciales,  normativa  y  jurisprudencialmente establecidos para las demandas  en  sede  extraordinaria, determina la inadmisión del libelo en este caso, a lo  cual  se  procederá en la parte resolutiva, no sin antes advertir, en relación  con  el  escrito  presentado por el defensor de EIDER ANDRÉS SÁNCHEZ VALENCIA,  que  ningún  pronunciamiento  amerita  de  parte  de  la Corte, toda vez que la  jurisprudencia  de manera persistente ha sostenido que el traslado a los sujetos  procesales  no  recurrentes  para  alegar  en  casación,  tiene  por objeto que  quienes   guardaron   silencio   no  interponiendo  el  recurso,  o  habiéndolo  interpuesto  no  presentaron demanda o les fue declarado desierto o improcedente  por  cualquier  motivo,  puedan  expresar  su inconformidad o conformidad con la  demanda,   mediante   argumentaciones   de   oposición  o  coadyuvancia  a  las  pretensiones         del        casacionista21.   

En este sentido ha precisado que “el  traslado a los no recurrentes en casación para alegar, que  prevé  el  artículo 211 del actual estatuto procesal penal (224 del anterior);  constituye  una  oportunidad  que la ley establece a favor de los sujetos que no  impugnaron  el  fallo,  para  que  se  pronuncien  sobre  las pretensiones de la  demanda.  El  contenido de ésta (de la demanda), se  erige,  por  tanto,  en  el  fundamento y límite de la alegación apreciatoria.  Esto  significa  que  solo  en relación con ellas resulta posible a los sujetos  procesales  no  recurrentes  formular  alegaciones, ya para rebatirlas, ora para  avalarlas,  y  que  cualquier  discurso  por  fuera  de  estos concretos marcos,  deviene  impertinente”22   

(se  destaca).   

Esta  es  la  situación que se aprecia en el  escrito  presentado  por  el  defensor  del acusado SÁNCHEZ VALENCIA dentro del  término  de  traslado  a  los  no  impugnantes, y que la Corte se abstendrá de  considerar  precisamente  por  no  contener  una  respuesta  de  oposición o de  adhesión   a   los   argumentos   de   la   demanda,   como  corresponde  a  su  naturaleza.   

Su  exposición  se  reduce  a  un alegato de  conclusión  donde  se  hace un sinnúmero de reflexiones sobre lo que considera  constituyó  indebida  vinculación  de su representado y se culmina solicitando  la  absolución  del  mismo  con  fundamento  en  el  particular  alcance que le  atribuye  a  algunos  medios de convicción, pero ningún planteamiento serio se  formula en relación con las propuestas de ataque del censor.   

8.-  La decisión anunciada de inadmitir el  libelo   de   casación   presentado,   no   obsta  para  advertir  que   de  la  revisión  de  lo  actuado  se  observa  la  posible  violación  del  debido  proceso  por  parte  del juzgador de segunda instancia,  circunstancia  que  impone  el  ejercicio de la oficiosidad por la Sala, en  los términos que se precisan a continuación.   

9.-  Casación  oficiosa.   

9.1.- Tal como ha sido repetidamente dicho por  la   Sala23,  en  esta  ocasión cabe reiterar que la Corte, en decisión de 12  de         septiembre         de        200724,  varió  el  criterio  que  ordenaba  el  previo  traslado  al  Ministerio  Público  a  fin de que emitiera  concepto  acerca  de  la  eventual  violación  de garantías, cuando, pese a no  admitir  la  demanda  de  casación,  se  advertía  la  infracción  de  alguna  garantía  procesal  de los sujetos intervinientes que ameritara el ejercicio de  la  facultad  oficiosa  que  le confiere el artículo 216 de la Ley 600 de 2000,  tras  considerar  que  ante  el  principio de pronta y eficaz administración de  justicia,  le  corresponde de manera inmediata proceder a corregir el yerro, sin  que  para  ello se requiera el concepto previo del Procurador Delegado ante esta  sede.   

Señaló   al  efecto  que  “ante  la  autorización  dada  por  el  legislador a la Corte para  aprehender  el estudio del proceso aun cuando no admita los cargos formulados en  la  demanda, una vez advierta el agravio causado con el fallo de segundo grado a  alguno  de  los  sujetos  procesales, debe proceder inmediatamente a corregirlo,  con  lo  cual se cumple cabalmente con los fines de la casación de velar por la  efectividad  del  derecho  material  y las garantías debidas a las personas que  intervienen en la actuación penal”.   

Agregó      que      “aunque  el  Ministerio  Público  por  mandato constitucional debe  intervenir  en  los  procesos  judiciales  en  defensa  del  orden jurídico, el  patrimonio  público  o de los derechos y garantías fundamentales, con el nuevo  criterio  de  autoridad de la Corte no se relega la actuación del Representante  de  la  Sociedad,  por  cuanto al ser un tema no propuesto, ni recurrido por tal  sujeto  procesal  en  las  instancias,  se impone la rápida acción de la Corte  como  garante  no  sólo  de  los  derechos  fundamentales,  sino  de  los fines  esenciales  del  Estado,  especialmente,  el de asegurar la vigencia de un orden  justo,    en    aras   de   la   materialización   de   la   justicia   en   la  decisión”.   

9.2.-   En   materia   penal  el  fenómeno  prescriptivo  de  la  acción  opera  en  un  tiempo igual al máximo de la pena  privativa  de  la  libertad  prevista para el delito imputado, tenidas en cuenta  las  circunstancias  sustanciales  modificadoras de la punibilidad concurrentes,  sin  que en ningún caso pueda ser inferior de cinco años o superior de veinte,  salvo  las  excepciones  que la propia normatividad establece (Artículos 80 del  Código Penal de 1980 y 83 del nuevo estatuto).   

En   tal   sentido  cabe  destacar  que  de  conformidad  con  lo  dispuesto  por  el  artículo  1º de la Ley 1309 de 2009,  modificado  por  el  artículo  1º  de  la  Ley  1426  de  2010, el término de  prescripción  para  las conductas punibles de genocidio, desaparición forzada,  tortura,  homicidio  de  un  miembro  de  una  organización sindical legalmente  reconocida,  homicidio  de defensor de derechos humanos, homicidio de periodista  y   desplazamiento  forzado,  es  de  30 años25.   

Asimismo,  que  a tenor de lo previsto por el  artículo  1º  de  la  Ley  1154  de 2007, cuando se trate de delitos contra la  libertad,  integridad  y  formación  sexuales,  o  el  de incesto, cometidos en  menores  de  edad,  la acción penal prescribe en 20 años contados a partir del  momento  en  que  la  víctima  alcance  la  mayoría de edad.      

Dicho   término   se   interrumpe  con  la  resolución  de  acusación  o  su  equivalente debidamente ejecutoriada. Cuando  esto  acontece,  debe  comenzar  a  correr  de  nuevo  desde  entonces,  pero el  fenómeno  se  consolida  en  la  mitad del tiempo respectivo, sin que pueda ser  inferior  a 5 años, ni superior de 10 (Artículos 84 del Código Penal anterior  y 86 de la Ley 599 de 2000).      

Tanto  uno  como otro término se aumentan en  una  tercera  parte  cuando  el  delito  es  cometido  en  el país por servidor  público  en  ejercicio de sus funciones, o de su cargo, o con ocasión de ellos  (artículos  80 y 82 del Código de 1980 y 83 del Código de 2000),  según  viene   siendo   reiterado   por   la  jurisprudencia  de  la  Corte26.   

De  conformidad  con el penúltimo inciso del  artículo  83  de  la Ley 599 de 2000, “también se  aumentará  el  término  de  prescripción,  en  la  mitad,  cuando la conducta  punible   se   hubiere   iniciado  o  consumado  en  el  exterior”,  precisando  finalmente, que “en todo  caso,  cuando  se  aumente el término de prescripción, no excederá el límite  máximo fijado” en la ley.   

En  el  presente  caso,  el  procesado  MARIO  ENRIQUE  ALEGRÍA  PRADO  fue  acusado  por el delito de estafa, según conducta  definida  por  el  original  artículo  246,  inciso  primero,  de la Ley 599 de  2000.   

Es de anotar que las disposiciones originales  del  Código  Penal  de 2000 (sin las modificaciones introducidas por la Ley 890  de   2004)    son    las   aplicables   al   caso   por   virtud  de los  principios de legalidad y de favorabilidad,  ya  que  no  solamente se encontraban vigentes al momento de los hechos sino que  además  resultan menos gravosas para el acusado, exclusivamente para efectos de  la  prescripción,  según  la  calificación  jurídica  de  la  conducta a él  imputada en la resolución acusatoria y el fallo.   

Entonces,  atendiendo  lo  dispuesto  por  la  redacción  original del artículo original 246, inciso primero de la Ley 599 de  2000,  en  este  evento  la  pena  para el delito de estafa, imputado al acusado  MARIO  ENRIQUE  ALEGRÍA  PRADO,  oscilaría entre  dos (2) y ocho (8)  años de prisión.   

    

De  conformidad  con  las normas sustanciales  aplicables  al caso, el término de prescripción sería de ocho (8) años en la  fase de instrucción y de cinco (5) en la del juicio.   

La  resolución  de acusación en el caso sub  judice   causó   ejecutoria   el   30  de  abril  de  2007,  fecha  en  que se produjo el pronunciamiento de  segunda  instancia,  mediante  el cual se confirmó la resolución de acusación  proferida  en  el  presente  caso,  según constancia que sobre dicho particular  corre a folios 330 y siguientes del cuaderno original número 1.   

Contados  desde  entonces los cinco (5) años  para  el  delito  de  estafa,  se  constata  que  se  cumplieron el 30  de abril de 2012, esto es, con  anterioridad  al  proferimiento  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  -lo  que  tuvo  lugar  el  12  de  diciembre  de 2012-, y por supuesto,  antes  de que llegaran las diligencias a la Corte (11  de julio de 2013).   

Sobre la base entonces, de la prescripción de  la  acción  penal  por el referido delito, con el fin de salvaguardar el debido  proceso  establecido  en  el  artículo 29 de la Carta Política, la Corte hará  uso  de la facultad otorgada por el artículo 216 del Estatuto Procesal de 2000,  para  corregir  oficiosamente  este  desacierto,  y en consecuencia, dejará sin  valor   el   fallo   impugnado,  para  declarar  seguidamente  la  cesación  de  procedimiento a favor del procesado MARIO ENRIQUE ALEGRÍA PRADO.   

Como quiera que la misma situación que viene  de  advertir la Sala en relación con el procesado MARIO ENRIQUE ALEGRÍA PRADO,  se  presenta  con  respecto  a  los  también  acusados  EIDER  ANDRÉS SÁNCHEZ  VALENCIA  y  OSCAR  ALBERTO AGUDELO ARENAS, quienes igualmente fueron condenados  por  el  delito  de  estafa,  razón  por  la cual también respecto de ellos se  declarará  prescrita  la  acción  penal  y consecuencialmente se decretará la  cesación de procedimiento por dicha conducta.   

    

En  la  medida  en que en este trámite no se  ejerció  la  acción  civil,  según lo dispuesto por el artículo 98 de la Ley  599  de  200027   con   respecto   a   ella  no  se  declarará  la  prescripción.   

10.- Efectos de  las decisiones que se anuncian.   

Dado   que   la   demanda   de  casación  presentada     en    este    caso    habrá  de ser inadmitida y   como   la   acción   penal   por  el  delito  de  estafa        se       encuentra  prescrita, se impone para  Sala        tener       que       redosificar  la  pena  impuesta  en la  sentencia  recurrida  a  los procesados MARIO  ENRIQUE  ALEGRÍA  PRADO, EIDER ANDRÉS SÁNCHEZ VALENCIA y  OSCAR    ALBERTO   AGUDELO   ARENAS,   quienes  igualmente  fueron  condenados  por  el delito de secuestro  extorsivo  agravado,  el  cual  no  se encuentra prescrito, resultando al efecto  procedente  realizar  la  disminución  punitiva  correspondiente al delito cuya  prescripción  se declara, en los mismos montos deducidos por los sentenciadores  de instancia para el delito de estafa.   

Así,  a  MARIO ENRIQUE ALEGRÍA PRADO, EIDER  ANDRÉS  SÁNCHEZ  VALENCIA  y  OSCAR  ALBERTO  AGUDELO  ARENAS,  de  la pena de  prisión  impuesta  en  la  sentencia por el delito de estafa, se le restará un  (1)  año,  y  de  la  multa  se le disminuirán 3.750 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  quedando en definitiva treinta y un (31) años de prisión  y  dieciséis  mil  doscientos  cincuenta  (16.250)  salarios  mínimos  legales  vigentes,  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  secuestro  extorsivo agravado.   

Las  demás  determinaciones  del  fallo  se  mantendrán  incólumes,  puesto  que a pesar de las disminuciones punitivas, no  hay  lugar  a  modificar la pena accesoria de inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  que  se  fijó  en  el tope máximo y además  resulta  evidente  que  no se cumplen los presupuestos objetivos para considerar  la  concesión  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena o la  prisión domiciliaria.   

7.4.- Resta señalar, de otra parte, que como  la   Sala   advierte   la   eventual  presencia  de  dilaciones  injustificadas,  especialmente  en  la  fase  del juicio, se dispondrá compulsar copias para que  las   autoridades   competentes   establezcan  la  posible  comisión  de  falta  disciplinaria   y   decidan   lo  pertinente  sobre  el  particular.     

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,     

RESUELVE:  

1.- INADMITIR la  demanda    de   casación   presentada   a   nombre  del procesado MARIO ENRIQUE  ALEGRÍA  PRADO, por lo anotado en la motivación de  esta providencia.   

2.-     CASAR    OFICIOSA    Y    PARCIALMENTE   el fallo impugnado.   

3.- DECLARAR   PRESCRITA   la  acción  penal  respecto  del  delito  de  estafa,  imputado  en  el  pliego enjuiciatorio a los  procesados  MARIO  ENRIQUE  ALEGRÍA  PRADO,  EIDER  ANDRÉS SÁNCHEZ VALENCIA y  OSCAR  ALBERTO  AGUDELO  ARENAS.  ORDENAR, en  consecuencia,  la  cesación  del procedimiento adelantado en su  contra por este concepto.   

4.- FIJAR en treinta  y  un (31) años la pena de prisión y la de multa en cuantía de dieciséis mil  doscientos  cincuenta (16.250) salarios mínimos legales mensuales vigentes, por  el  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado, como penas principales que deben  purgar  los  procesados  MARIO  ENRIQUE  ALEGRÍA  PRADO, EIDER ANDRÉS SÁNCHEZ  VALENCIA y OSCAR ALBERTO AGUDELO ARENAS.   

   

5.-   Las  demás  determinaciones del fallo permanecen incólumes.   

6.-  COMPULSAR  las  copias ordenadas en la parte motiva de  esta   providencia,   a   lo  cual  se  procederá  por  la  Secretaría  de  la  Sala.   

Contra   estas   decisiones   no   proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO          FERNÁNDEZ  CARLIER                           MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                      EYDER PATIÑO  CABRERA                         

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Fls.  229 cno. 1   

2 Fls.  288 y ss. cno. 1   

3 Fls.  330 y ss. cno. 1   

4 Fls.  366 cno. 2   

5 Fls.  449 cno. 2   

6 Fls.  633 y  ss. cno. 3   

7 Fls.  1008 y ss. cno. 3   

8 Fls.  1070 y ss. cno. 3   

9 Fls.  1095 y ss. cno. 3   

10 Fls.  63 y ss. cno. Tribunal.   

11  Fls. 102 cno. Trib.   

12  Fls. 112 cno. Trib.   

13  Fls. 114 y ss. cno. Trib.   

14  Fls. 166  ss. cno. Trib.   

15  Fls. 198 y ss. cno. Trib.   

16  Cfr. Auto de casación de 19 de agosto de 2008. Rad. 28291    

17  Cfr. auto cas. Diciembre 5 de 2002. Rad. 18683   

18  Cfr. Cas. mayo 22 de 2003. Rad. 20756.   

19  Cfr. por todas. Cas.  de 4 de septiembre de 2003. Rad. 17257   

20 Ib.   

21  Cfr. Cas. 20139 del 11 de agosto de 2004   

22 C.  S.  de  J.,  Sala  de  Casación Penal, Sentencia de casación de 11-09-03, Rad.  20.074.   

23  Cfr. por todas, cas. de noviembre 11 de 2009, Rad. 29137.   

24  Sala  de Casación Penal. Sentencia de 12 de septiembre de 2007. Radicación Nº  26967.   

25  Cabe  aclarar,  no  obstante, que la jurisprudencia de la Corte, en armonía con  los  compromisos  internacionalmente adquiridos por Colombia,  ha declarado  la  imprescriptibilidad  de  la  acción  penal  en  los casos considerados como  crímenes  de  lesa  humanidad. Cfr.  Auto de Única Instancia. 14 de marzo  de 2011. Rad. 33118.     

26  Cfr. cas. oct. 27 de 2004. Rad. 21090   

27 LEY  599  DE  2000.  ART.  98.-  “Prescripción. La acción civil proveniente de la  conducta  punible,  cuando  se  ejercita dentro del proceso penal, prescribe, en  relación   con   los   penalmente  responsables,  en  tiempo  igual  al  de  la  prescripción   de  la  respectiva  acción  penal.  En  los  demás  casos,  se  aplicarán las normas pertinentes de la legislación civil”.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *