41706(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  302.     

Bogotá, D. C., once (11) de septiembre de dos  mil trece (2013).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación   presentada  por  el  defensor  de  OCTAVIO  QUESADA  GÓMEZ1   contra   el   fallo  del  Tribunal       de      Bucaramanga2, que  confirmó   el    proferido  por el Juzgado Segundo Penal  del   Circuito   de   Barrancabermeja,  el  cual  los  condenó  a  la pena  de  setenta  y  dos  (72)  meses de prisión, por la consumación a  título       de       coautores      del      punible      de      concusión.   

H    E    C    H   O   S   

El  1  de  abril  de  2003,  en la ciudad de  Barrancabermeja,  aproximadamente a la 1: 30 de la tarde, el señor Gabriel  Zerpa  Espinoza, tomó un servicio  de  la  Bomba  “Sobuses”  con  el  fin  de transportar en su taxi combustible ACPM al muelle, cuando en la  calle  50  con carrera 14, lo retuvieron dos agentes motorizados de la policía,  los  que  después  fueron  identificados  como OCTAVIO  QUESADA   GÓMEZ   y   Jhon  Alexander  Gómez  Colmenares,  quienes  lo  intimidaron diciéndole que el inflamable  era  ilegal, por ello, le exigieron la suma de cien mil pesos para no retener el  automotor  ni privarlo a él de su libertad; motivo por el cual, les entregó la  suma  de  cuarenta  y  ocho  mil  pesos, porque no llevaba más dinero consigo y  quedó   comprometido  a  entregarles  el  resto  del  capital  en  la  clínica  Magdalena,   por   cuanto,   los   uniformados  le  retuvieron  su  licencia  de  conducción.      

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1. El 16 de enero de  2009,  la  Fiscalía  5 Seccional de Barrancabermeja,  dictó   resolución   de  acusación  contra  OCTAVIO  QUESADA   GÓMEZ   y   Jhon  Alexander   Gómez   Colmenares,   por  el  delito  de  concusión3,  previsto  y sancionado en el  artículo 404 de la Ley 599 de 2000, a título de coautores.   

   

2. El 15 de mayo de  2012,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Barrancabermeja,  condenó  a  OCTAVIO QUESADA  GÓMEZ   y  Jhon  Alexander  Gómez   Colmenares,   a   la  pena  de  setenta      y     dos     (72)  meses  de  prisión,  para cada uno,  como  coautores  del  punible de concusión,  a  la  multa equivalente de 50 smlmv; también los inhabilitó en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso igual al de la  sanción  principal  y,  finalmente, no les concedió la suspensión condicional  de la ejecución de la pena ni la domiciliaria.   

4.  El  1  de  enero  de  2013, El  Tribunal  de Bucaramanga, confirmó  la  decisión recurrida por los  defensores,    a    su    turno,    el   asesor   del   condenado   OCTAVIO    QUESADA    GÓMEZ,  inconforme  con el proveído aludido, lo  impugnó  y sustentó el recurso extraordinario de casación que hoy califica la  Sala.    

D    E    M    A   N   D   A     

Bajo la égida de la Ley 600 de 2000, numeral  1º,     del     artículo     207,     el    defensor    elevó    un  ataque  contra el fallo emitido por el  Juez Colegiado.   

En  la  demostración de la censura, indicó  que  la  prueba  base  de  la  acusación  consistió  en  el  testimonio  de la  “presunta   víctima”,  quien  denunció  a  los uniformados, identificando la placa de la moto (23-473)  en  la  que  se  transportaban y, en la ampliación de la misma, no hubo ningún  aporte,  con  el  ítem  que  el  ente  instructor  no  practicó  alguna prueba  diferente con el fin de verificar lo relatado.     

Si  se  quiere, adujo el memorialista, entre  los  dos  actos  procesales  mencionados  son  evidentes las contradicciones del  declarante,  “y  le  restan  credibilidad… no hay  necesidad  de  tener  en  cuenta  las  declaraciones  de  los condenados, cuando  rindieron  sus  indagatorias  ante las autoridades penales militares”4.   

Criticó,  a renglón seguido, la actuación  de  los  investigadores  en  el caso de estudio, porque no se cuestionaron sobre  los  pormenores  de  lo narrado por el quejoso, es decir, quién le solicitó el  servicio,  dónde  estaba  el  usuario,  por  qué  el  taxista  ofendido  no lo  identificó  y  cuál fue la razón para no estar con él, a dónde iba a llevar  el  ACPM,  quién lo tenía qué recibir, “por qué,  dice    la    presunta    víctima   ‘…    y   me   hicieron   ir   hasta   el   muelle,   ‘si  renglones antes dijo, que él iba  para  el muelle; entonces, él nunca fue constreñido a ir al muelle”.   

Aseveró,  además,  que  los  policías  lo  remitieron  al  CTI, lo cual no es lógico, si ellos de verdad incurrieron en el  delito  de  concusión,  pretendan  que se dirija a la fiscalía; pero, aún hay  más,  las  contradicciones  que presentó en su segunda declaración respecto a  las  hora  para entregarles el dinero en la clínica, acerca del procedimiento y  al  lugar  donde  fue  llevado  por  los  uniformados, tampoco es relacionado el  momento el que denunció los hechos.   

Amén  que  a  los  hoy condenados no se les  halló  ni  los  cuarenta  y  ocho  mil  pesos que supuestamente les entregó la  víctima  y  menos  el  pase;  sin  que  encuentre  una  respuesta  adecuada  el  libelista,  con  ocasión  al  dinero que tenía en su poder el acusador ni cree  entender  cómo  obtuvo los más de doscientos cincuenta mil pesos para adquirir  el  combustible,  incluso,  si  lo  retuvieron  hasta las 9 p.m. en qué momento  formuló la denuncia.   

Con tal actuar, las instancias vulneraron el  principio  de  legalidad previsto en el artículo 6 del Código Penal, porque la  fiscalía  no  recaudó  ningún  otro  medio,  “que  demuestre  o que permita inferir a través de un estudio armonioso e integral de  todas   las   pruebas…   que   los   procesados  son  responsables”;  en igual forma, compelieron el canon 12 de la Ley 599 de 2000,  por  no  haber  llevado el ente acusador “la certeza  de   la   culpabilidad”,   contra   toda  forma  de  responsabilidad   objetiva   y  el  canon  29  de  la  Constitución  Política,  “concluyéndose   con  cereza,  que  existió  una  violación  directa  de  la  Ley  Sustancial,  por la apreciación exagerada que  realiza  un juez de la república”, confirmada por el  Tribunal.   

Por  todo,  en  opinión  del  libelista, el  ataque  atrás  plasmado, evidencia el desconocimiento de normas sustantivas, es  además,  trascendente,  no  solo  para  su  prohijado,  sino  también  para la  sociedad,  el  estado  de  derecho,  la administración de justicia (fiscalía y  jueces  de la república) y algunos axiomas constitucionales, por infracción al  principio  de  legalidad, en tanto, se condenó a un inocente, porque los medios  recopilados    no    enseñan   la   “certeza   de  nada”,  por  tanto, invocó el apotegma universal de  in  dubio pro reo, porque las irregularidades señaladas desconocieron el debido  proceso.   

Finalmente,  peticionó  casar  la sentencia  atacada,  “por  existir  violación  directa  de la  Norma Sustancial”.     

C O N S I D E R A C I O N  E S   

La Corte  advierte  que  el  ataque formulado contra la sentencia de segundo  nivel     expedida     por     el    Tribunal    de  Bucaramanga,  no  reúne  los mínimos presupuestos de  lógica-argumentativa  descritos  por la jurisprudencia para admitir la demanda,  con  el  fin  de  lograr  la   infirmación de la decisión cuestionada, en  tanto,  el  defensor  incurrió  en  falencias,  las  cuales  atentan  contra la  filosofía  que  inspira  el recurso extraordinario; tampoco puede entenderse la  censura  como  una  nueva  ruta  para  confeccionar escritos de libre importe y,  ensayar  por  ese  camino, derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad  inherente a las decisiones concebidas en los proveídos.    

Para  comenzar,  la  Sala  ha  expresado  en  múltiples  oportunidades y de vieja data, la estructura jurídica del discurso,  su  entendimiento  y  la  forma  como  debe sustentarse cada cargo en casación,  entre  los  que  se  halla  el  elevado  por  el  jurista, que abarca una de las  causales  dispensadas en la Ley 600 de 2000, motivo suficiente para relevar este  aspecto  de  las  consideraciones,  por  sustracción  de  materia  y  economía  procesal,  en  tanto,  lo  que  huelga  realizar  es explicar las fallas lógico  argumentativas  que presenta la censura, desde luego, haciendo hincapié, cuando  lo amerite la situación, en la técnica exigida.   

Yerros detectados.  

Primero:  tiene que  ver  con  el  hecho  de  haber  presentado  su  oposición  a  las decisiones de  instancia  bajo  el  auspicio  de la vía directa  de  violación  de  la  ley  sustancial y en el mismo texto  argumentativo  combinarla  con  presupuestos  del  cuerpo  segundo  al pretender  variar  la valoración que de las pruebas realizaron las instancias o al afirmar  que   no   se  valoraron  algunas  otras;  en  esa  medida,  violentó  el   principio  de  autonomía que  rige  el  recurso  de  casación,  el cual impide mezclar contenidos de causales  diversas,  como  cuando expresó, por ejemplo: “Para  entrar  a  deducir  o  imaginar una responsabilidad que no tiene ningún soporte  probatorio,  solo el hecho  circusntancial  de  que  dos  ciudadanos  portan  distintivos  policiales  y  se  movilizan  en  una  motocicleta  con  cierta y determinada placa, que en ningún  momento  esa prueba que no está en gracia de discución, demuestra o prueba que  hayan    cometido    algún    delito”5,  es  decir,  desconoció  el  conglomerado  demostrativo  con  el que se fincó el compromiso  penal  contra  su  prohijado  y se muestra sofística su aserción, en la medida  que  señaló  no  cuestionar  los  medios,  pero  al instante, ese es el único  propósito que enseña su inconformidad.   

Segundo: de entrada  observa  la  Sala  que  el memorialista criticó la denuncia y ampliación de la  misma  proporcionada  a  la administración de justicia por la víctima y, en su  particular  opinión,  fue  mal  sopesada  por  los  falladores  dejando vacíos  innegables  de tiempo, modo y lugar: con tales presupuestos, presentó el togado  un  escrito  de libre importe, genérico y sin ninguna pauta jurisprudencial, lo  cual es, de contera, inadmisible en sede extraordinaria.   

Tercero:  cuando  indicó  el recurrente que la fiscalía no practicó las pruebas debidas al caso  o  ninguna,  se  inmiscuyó  en  el principio de investigación integral (el que  equiparó,  sinrazón  alguna,  al  axioma de legalidad), el cual jamás abordó  como  lo  tiene establecido la Sala, por ello, su oposición a las decisiones de  instancias,  son  simples  afirmaciones  indemostradas, genéricas y sin ninguna  base   sólida   como   para   adentrarse   en   un   estudio   de   fondo   del  asunto.   

Cuarto:  plasmó  variadas   hipótesis,  que  son,  de  manera  indiscutible,  nefastas  en  sede  extraordinaria,  por  cuanto,  se  oponen  a  los  principios  que  gobiernan la  casación  como el de claridad, objetividad y precisión, tal es el caso, cuando  adujo  que  no  se  podían  valorar  las  injuradas  de los procesados, sin que  aportase  algún elemento de juicio para demostrar su endeble tesis o al exponer  que  su  prohijado  no  consumó  ningún  punible  por  las contradicciones del  denunciante,    esto    desde    luego,   no   tiene   ninguna   relevancia   en  casación.     

Quinto: nada expuso  el  libelista  sobre  los contenidos judiciales incriminatorios, con ese actuar,  dejó  incólume  su pretensión, véase, por ejemplo, qué dijo el Tribunal     en     uno     de     sus  apartes:   

Por otra parte, la crítica realizada acerca  que  el  a  quo  se  fundó  únicamente  en  la denuncian y su ampliación para  condenar  a  su  representado, sin preocuparse por las exigencias probatorias de  todo  el proceso, carece de real validez porque en esta clase de delitos resulta  relevante  la  denuncia  del  afectado para estudiar la responsabilidad penal de  los  procesados,  y  de  ahí  que  una  vez estudiada la misma evidencia que la  víctima  reprochó a los policiales su abuso de autoridad y el constreñimiento  de  que  fue  objeto  para  entregarles  dinero  a  cambio  de no privarlo de su  liberad,  sin  que observe la Sala que existiera razón alguna del ofendido para  perjudicarlos,  pues  ni  si quiera se conocían, aparte que los gendarmes ni si  quiera  plasmaron  lo  acaecido en el libro de registro, pues solo levantaron un  informe  posterior  sobre  la  supuesta  alteración  del ciudadano, cuando eran  conscientes    de    que   esa   anotación   debían   realizarla   de   manera  previa6.     

Sexto: el axioma de  trascendencia  que  guía  el  recurso  de  casación, solo fue enunciado por el  recurrente,  razón  por  la  cual,  su discurso, se identifica al de un alegato  personal,    sin    ninguna    eficacia,   en   tanto,   no   es  factible  repetir  o  transcribir  iguales  formulaciones  jurídicas  en  la  motivación  del  cargo  como  en el apartado  destinado  al  efecto  nocivo  del  yerro,  máxime  si  el  primero  adolece de  abundantes deficiencias argumentativas.   

Séptimo:  adviértase,  que  el  recurso  extraordinario está regido, entre otros, por el  principio  de limitación, en  tanto,  las  deficiencias  de  la  demanda  jamás podrán ser remediadas por la  Corte,  pues  no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable propia de los  recurrentes,  para  complementarlas,  adicionarlas o corregirlas, máxime cuando  es  antiquísimo el criterio de la Corte, de ser un juicio lógico-argumentativo  regulado  por  el  legislador  y  desarrollado  por  la  jurisprudencia,  con el  propósito de evitar convertirla en una tercera instancia.   

Octavo: otro de los  postulados  es el dispositivo,  con   el   cual,  lo  acometido  en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su  delimitación,  sin que pueda ni deba hacerse, una readecuación de las censuras  y  sus  fundamentos,  para así cumplir con la forma y luego de fondo, dictar la  sentencia   correspondiente.   Esto   concitaría   a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes  y  exclusivos, en donde se unificarían las pretensiones contenidas  en   el   escrito   con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala  al  enmendarlas,  perfeccionarlas   y,   desde   luego,  dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia;  con  todo,  si  se  admite  un  escrito  que incumpla elementales  presupuestos  de  lógica y debida argumentación, no se combate ningún agravio  sino  se promueve la impugnación, usurpando facultades inherentes a las partes,  en una actuación penal, lo cual es inaceptable.    

No     es    que    la    “técnica”  por  sí misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra   a   solucionar   los  defectos  contenidos  en  el  libelo  –admitiéndolo  cuando  en  esencia  no  debe  hacerlo-  se  le irrogaría a la Judicatura un poder absoluto y arbitrario  al  reconfeccionarlo  y  adecuarlo  a posturas argumentativas decantadas por las  partes  en el proceso, para luego entrar a decidir el problema de fondo: lo cual  es  inconveniente  e  incorrecto,  excepto  que  por  vigencia  de prerrogativas  constitucionales así lo determine.   

Por  esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  mínimos requerimientos sin los cuales el recurso se  torna  inane  y  queda  convertido  en  un alegato de libre importe –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente,  la injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o  al Bloque de Constitucionalidad, con lo cual sus pretensiones se alejan de la  filosofía  que  irradia  el instituto casacional, circunstancia por la cual, la  Corte    inadmitirá   el  libelo.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo  impone  la preceptiva del artículo 216 de  la Ley 600 de 2000.   

Con  fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:   Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada    a    nombre    de    OCTAVIO   QUESADA  GÓMEZ,  por  las  razones aducidas en la parte motiva  del presente proveído.   

Segundo:  Contra  la presente decisión no procede  recurso alguno.   

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO                               ENRIQUE                               MALO  FERNÁNDEZ                   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                                               JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                           

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 En la  misma   decisión   también   fue  sentenciado  JHON  ALEXANDER GÓMEZ COLMENARES.   

2  Las  sentencias  se  expidieron  el  15  de  mayo  de  2012  y el 1 de marzo de 2013,  respectivamente.   

3 Los  cargos  le  fueron imputados conforme al contenido de los artículos  109 y  110, 1 de la Ley 599 de 2000.   

4  Ver  folio 46, c.o. 3.   

5  Ver  folio 48, c.o. segunda instancia.   

6  Ver  folio 15, c.o. segunda instancia.     

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