41530(31-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 244  

Bogotá,  D.  C.,  treinta y uno (31) de  julio de dos mil trece (2013).   

VISTOS:  

Procede la Sala a resolver sobre la petición  de  pruebas  formulada  por  la defensa, dentro del trámite de extradición del  ciudadano  colombiano Rafael Antonio Garavito García, quien es reclamado por el  Gobierno de los Estados Unidos.   

ANTECEDENTES:  

1.   Mediante  oficio  No.  OFI13-0013646-OAI-1100  del  6  de  junio de 2013, el Ministerio de  Justicia  y  del  Derecho  comunicó  a  la Corte que el Gobierno de los Estados  Unidos,  por intermedio de  su  Embajada  en  Colombia   y   con   la  Nota  Diplomática No. 0443 del 8 de abril del  mismo  año,  solicitó  la detención provisional con fines de extradición del  ciudadano  colombiano  Rafael  Antonio Garavito García, quien es requerido para  comparecer   a  juicio  “por  delitos  mayores  que  incluyen   narco-terrorismo,  distribución  de  cocaína  y  suministrar  apoyo  material   a   una   organización   designada   como  organización  terrorista  internacional”, cuya captura se materializó el 5 de  abril  anterior  por  miembros  de  la  Policía Nacional, en cumplimiento de la  Resolución  del  día  11  de  igual  mes  expedida por el Fiscal General de la  Nación.   

También  expresó  que  dicha  Embajada,  a  través  de  la  Nota  Verbal  No.  0945  del  31 de mayo de 2013, formalizó la  solicitud  de  extradición  del  citado y allegó la documentación debidamente  traducida  y  legalizada.  Además,  informó  que  el  Ministerio de Relaciones  Exteriores,    con    oficio   DIAJI/GCE  No.  1112  del  4  de  junio  siguiente, conceptuó que el tratado  aplicable  al  presente  caso  es “la Convención de  Naciones  Unidas  contra  el  tráfico  ilícito de estupefacientes y sustancias  psicotrópicas,  suscrita  en  Viena  el 20 de diciembre de 1988” y,  de conformidad con lo establecido en el artículo 6º, numerales  4º  y  5º, de la precitada Convención, así  como  según  los  artículos 491 y 496 de la Ley 906 de 2004,  precisó  que  es  procedente  obrar  acorde con “el  ordenamiento jurídico colombiano”.   

Así  las  cosas,  envió  a  la  Corte  la  documentación   ofrecida  por  la  representación  diplomática  del  Gobierno  requirente,  “teniendo  en cuenta que se encuentran  reunidos  los  requisitos  formales  exigidos  en la normatividad procesal penal  aplicable”.   

2.  Recibida la  actuación  en  la Corporación, con auto del 18 de junio de 2013, se reconoció  al  defensor  designado  por  el solicitado Rafael Antonio Garavito García y se  dispuso  agotar  el  término  para  pedir  pruebas,  del  cual  hizo  uso dicho  apoderado,   quien   deprecó   la   práctica   de  los  siguientes  medios  de  conocimiento:   

2.1.    Se  disponga   la  “traducción  oficial”  al  castellano de los documentos allegados por el país requirente  en  apoyo  de  la  solicitud  de  extradición,  pues  la  ofrecida “no es oficial”.   

2.2.    Se  requiera   a   la   Embajada   de  los  Estados  Unidos  para  que  “indique”   si  el  sustento  de  la  petición  de  entrega  del  reclamado  es  una  sentencia o una acusación, por  cuanto  de  ser  esto  último  se necesita establecer sus requisitos de validez  formal, de acuerdo con la legislación colombiana.   

2.3. Se solicite a la  Fiscalía       General       de      la      Nación      que      “certifique”  la  legalidad, tanto de  las  interceptaciones telefónicas realizadas entre mayo de 2012 y el 8 de enero  de  2013,  como de las grabaciones de video efectuadas en territorio nacional al  reclamado Rafael Antonio Garavito García.   

2.4.  Se  pida a la  Embajada         de         Brasil        en        Bogotá,        “certifique”  la  legalidad,  de  un  lado,  de las interceptaciones telefónicas realizadas entre mayo de 2012 y el 8  de  enero de 2013 y, de otra parte, de las grabaciones de video efectuadas en el  territorio    de    ese    país    al   requerido   Rafael   Antonio   Garavito  García.   

2.5.  De haber  sido  obtenidas  legalmente  las  anteriores  interceptaciones  telefónicas, se  proceda  a  realizar un cotejo con la voz del requerido, pues de no corresponder  se  presentaría  “un  error  garrafal  frente a la  identidad del solicitado”.   

2.6. Se requiera a  las  autoridades  de  Colombia  y  de  los  Estados Unidos, para que alleguen el  movimiento  migratorio  del  solicitado  Rafael Antonio Garavito García durante  los  últimos  diez años. Lo anterior, con el fin de demostrar que “no  ha  pisado suelo” de este último  país y por tanto no ha cometido delito alguno en el mismo.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE:   

1.      Cuestión    previa:   

Con   el   propósito   de  determinar  la  procedencia  de  la  práctica  de  un  medio  de conocimiento dentro de la fase  judicial  del  trámite  de  extradición,  se  debe tener presente que el mismo  esté  relacionado  con  alguno de los aspectos a revisar por la Corporación al  momento de emitir el respectivo concepto.   

1.1. En este sentido,  cualquier  pretensión  probatoria  necesariamente  ha  de  estar  vinculada, de  acuerdo   con   lo   preceptuado   en   el  artículo  502  de  la  Ley  906  de  20041,  con: (i) la validez formal de la documentación presentada por el  Estado  requirente;  (ii)  la  demostración plena de la identidad de la persona  solicitada  en extradición con la que haya sido capturada con tal fin; (iii) el  principio  de  la  doble  incriminación,  según el cual el hecho que motiva la  petición  de  entrega  también  debe  estar previsto en Colombia como delito y  encontrarse  reprimido  con  pena  privativa  de la libertad cuyo mínimo no sea  inferior  a  cuatro  años;  (iv)  que la providencia proferida por la autoridad  extranjera  sea  una sentencia o al menos se asimile, de conformidad con nuestro  sistema  procesal  penal, a la acusación; y (v) el cumplimiento de lo dispuesto  en tratados públicos, de ser necesario.   

1.2.   Ahora,   según   lo  ha  decantado  la  jurisprudencia  de  esta  Colegiatura2,      también  se  debe  constatar  si  en  Colombia  se  profirió  decisión con  fuerza   de   cosa   juzgada   por   los   mismos   hechos   que   sustentan  la  petición       de       extradición.   

1.3.   A  su  vez,  como  de  acuerdo  con  lo  manifestado  por  el  Ministerio de Relaciones  Exteriores,  según  quedó  consignado   inicialmente,   este   asunto   se   rige  por  el  Código    de   Procedimiento   Penal   de   2004,   será   necesario   tener   presente   que   en   su   artículo  139  señala a los jueces el deber  de    rechazar    de   plano   los   “actos  que  sean  manifiestamente  inconducentes,  impertinentes  o  superfluos”,  mientras  que en el artículo  359  del  mismo estatuto atribuye a  tales  funcionarios  “la  exclusión,   rechazo  o  inadmisibilidad  de  los  medios  de  prueba  que,  de  conformidad  con las reglas establecidas en este código, resulten inadmisibles,  impertinentes,  inútiles,  repetitivos o encaminados a probar hechos notorios o  que   por  otro  motivo  no  requieran  prueba”.  Y,  finalmente,    que    en    el    artículo       375      ibídem,   se   indican   las  pautas  para  determinar  la  pertinencia  de las pruebas, al subrayar la necesidad de que las  mismas      se      refieran      “directa  o  indirectamente a los hechos o  circunstancias   relativos   a  la  comisión  de  la  conducta”;     alcance     que    traducido      al     trámite  de  extradición, debe aplicarse a  los requisitos contenidos en la Ley 906 de 2004.   

En esa medida, de conformidad con las normas  anotadas,  en  la  fase  judicial del trámite   de   extradición,  solamente  se  decretarán      las     pruebas     pertinentes,   es   decir,   las   que  demuestren  los  supuestos  derivados  de  las  exigencias previstas tanto en el  artículo  502 del  Código  de  Procedimiento Penal de  2004,   como  los  requisitos  puntualizados  en  los  artículos  490,  493 y 495  ibídem.   

Igualmente,   se   ordenarán     las     conducentes,  esto  es,  aquellas  autorizadas  en  la  ley con capacidad para  comprobar  los  precisos  aspectos sobre los cuales compete a la Corte rendir su  concepto.   

Finalmente,      se     evacuarán      las     útiles, o sea  las   llamadas   a   acreditar   un  asunto  aún  no  corroborado   y   de   verdadero   interés  para  la  actuación.   

Precisados    los    parámetros   bajo   los   cuales  corresponde  adelantar  la  actividad  probatoria  en  la  fase  judicial  del  trámite  de  extradición, se  procederá  a resolver la petición formulada al respecto por el  apoderado del requerido Rafael Antonio Garavito García.   

2.        Sobre    la     pretensión    probatoria    en    concreto:   

2.1.  La prueba  deprecada  por  el  apoderado  del  solicitado,  dirigida  a  que  se  ordene la  traducción  oficial  al  castellano  de  los  documentos aportados por el país  requirente  en  apoyo de la solicitud de extradición, es impertinente, en tanto  que  tal  requisito,  contrario  a lo que entiende el defensor del reclamado, no  está  consagrado en la Ley 906 de 2004, pues al efecto basta recordar que en su  artículo 495 estipula:   

“La  solicitud  para  que  se  ofrezca  o  se  conceda  la  extradición  de  persona  a quien se haya formulado resolución de acusación o  su  equivalente  o  condenado  en  el  exterior,  deberá  hacerse  por  la vía  diplomática,  y  en  casos  excepcionales  por  la  consular,  o  de gobierno a  gobierno, con los siguientes documentos:   

1.  Copia  o trascripción auténtica de la  sentencia, de la resolución de acusación o su equivalente.   

2.  Indicación  exacta  de  los  actos que  determinaron  la  solicitud de extradición y del lugar y la fecha en que fueron  ejecutados.   

3.  Todos  los  datos  que  se posean y que  sirvan para establecer la plena identidad de la persona reclamada.   

4.  Copia  auténtica  de las disposiciones  penales aplicables para el caso.   

Los documentos mencionados serán expedidos  en  la  forma prescrita por la legislación del Estado requirente y deberán ser  traducidos      al      castellano,     si     fuere     el     caso”.  (subraya  fuera de texto)   

Como se puede apreciar, en el inciso final de  la  norma transcrita sólo se exige que se allegue la traducción al castellano,  si  fuere necesario, de los documentos aportados por el Gobierno extranjero, sin  requisito  adicional alguno al respecto, distinto a lo que pretende hacer ver el  abogado del solicitado.   

Ahora, cabe anotar que el criterio anotado ha  sido   constante,   pues   en   relación   con   tal   temática  la  Corte  ha  precisado:   

“En cuanto a la traducción, adverso a lo  sostenido  por  el  defensor,  de  antiguo  la  Sala viene sosteniendo que no es  viable  aplicar  por  integración el artículo 260 del Código de Procedimiento  Civil  que  pide su realización por el Ministerio de Relaciones Exteriores, por  un  intérprete  oficial  o por traductor designado por el juez, ni el artículo  239  del  Código  de  Procedimiento  Penal, en virtud a que el inciso final del  artículo  513  del  Código de Procedimiento Penal [hoy artículo 495 de la Ley  906  de  2004]  solo  exige  la  traducción  al  castellano,  cuando  ello  sea  necesario, sin prever trámite especial alguno.   

En  decisión  del  11   de    julio   de   2001,   en   el   radicado  No.  16710… la Corte definió este punto de la siguiente manera:   

«Lo  atinente  a  la  identidad  de  quien  realizó  la  traducción de la acusación y de las declaraciones juradas, es un  tema  irrelevante  para  la validez de la documentación. En torno al tema de la  traducción,  el  inciso  final  del  artículo 551 del Código de Procedimiento  Penal…  [hoy  artículo  495  del actual C. de P.P.] solo exige que se haga al  castellano,  si  fuere el caso, sin agregar ninguna formalidad especial o algún  ritualismo  riguroso. En ese orden de ideas, la entrega por vía diplomática de  los  documentos  que  sirven  de  soporte  a  la  petición  de extradición, su  revisión  previa  por  parte  de  los Ministerios de Relaciones Exteriores y de  Justicia  y  del  Derecho,  y la evidencia física de que han sido traducidos al  castellano,    garantizan    la    acreditación   formal   de   ese   requisito  legal».   

Y,  en  proveído  del 11 de julio de 2001,  dentro del radicado No. 16714… agregó:   

«Finalmente   en   cuanto   hace   a  la  certificación  sobre  el  carácter  de  la  traductora,  la Sala mantendrá su  decisión.  No  es  necesaria ninguna integración con las normas del Código de  Procedimiento  Civil.  El tema de la traducción está integralmente regulado en  el  inciso  final  del  artículo 551 del Código de Procedimiento Penal… [hoy  artículo  495  de  la Ley 906 de 2004]. Atendiendo a la naturaleza del trámite  —cooperación  internacional—;  a  la  calidad   de   los   sujetos    —Estados,    requirente    y    requerido—;   y  a  la    naturaleza   del   acto   jurídico   que      se      produce    —concepto  jurídico no obligatorio si  es  positivo—; esa norma  no  puede  ser  interpretada  sino en la forma en que lo viene haciendo la Sala,  tal como lo expuso en el auto recurrido.   

Aquí la traducción ha sido dejada ausente  de  ritualismos,  pues  esa  es  la única manera de adecuar la exigencia de los  documentos  mínimos  con  el  principio  de  la  validez formal sobre el que se  soporta  su  análisis.  En  tal hermenéutica queda excluida como fuente formal  una  norma  que  sólo podría ser utilizada como tal en virtud del principio de  integración,  esto  es, en ausencia de regulación expresa, y que de contera se  refiere  a  la  apreciación  como  prueba  de  los documentos, algo que tampoco  ocurre  dentro del trámite de extradición, pues aquí no se aprecia la prueba,  sólo se estima su validez formal».   

Así, entonces, realizada la traducción de  los  documentos  que hacen parte de los anexos y revisada por los Ministerios de  Relaciones  Exteriores  y  de Justicia y del Derecho, se tiene por cumplido este  requisito”3.   

Lo anterior, entonces, permite reiterar que la  traducción  de  la  documentación aportada por el país requirente se ajusta a  lo  previsto en el artículo 495 de la Ley 906 de 2004 y, en esa medida, resulta  impertinente  repetirla  por  un  traductor oficial como lo solicita el defensor  del requerido.   

2.2.  La  prueba  deprecada  por  el  apoderado  del  reclamado  Rafael  Antonio  Garavito García  orientada  a  que  se  requiera  al  Estado  extranjero  para  que  “indique”   si  el  sustento  de  la  petición  de  entrega  es  una sentencia o una acusación resulta inútil, pues  basta  remitirse  a  la  Nota  Verbal  No. 0945 del 31 de mayo de 2013, por cuyo  medio   la   Embajada   de   los  Estados  Unidos  formalizó  la  solicitud  de  extradición,  para  percatarse  que  aquella  se   realiza  con   fundamento   en   la   quinta   acusación  sustitutiva  No.  S5  12 Cr. 839, dictada el 8 de enero de 2013 en la Corte Distrital del Sur  de Nueva York, cuya copia se adjunta.   

2.3.   La  solicitud  de  requerir  a la Fiscalía General de la Nación y a la Embajada de  Brasil         en         Bogotá,         para         que         “certifiquen”  la legalidad de las  interceptaciones  telefónicas  y  de  las  grabaciones  realizadas al reclamado  Rafael  Antonio  Garavito  García,  así  como  aquella  acerca  de pedir a las  autoridades  de Colombia y de los Estados Unidos los movimientos migratorios del  citado,  son  impertinentes,  por  cuanto  con ello se ignora que el trámite de  extradición  no  tiene  la  connotación  de  ser  un proceso judicial donde se  puedan ventilar ese tipo de situaciones.   

Al  efecto  conviene recordar que la Corte ha  señalado sobre el tema, lo siguiente:   

“Debido precisamente a que en Colombia el  trámite  de  extradición  no  corresponde  a  la  noción  estricta de proceso  judicial  en  el  que  se  juzgue  la  conducta  de aquél a quien se reclama en  extradición,   en   su   curso   no  tienen  cabida  cuestionamientos  relativos  a  la  validez o mérito de la prueba recaudada por  las  autoridades  extranjeras  sobre  la  ocurrencia  del  hecho, el lugar de su  realización,  la  forma  de  participación  o  el grado de responsabilidad del  encausado…  pues  tales  aspectos corresponden a la  órbita  exclusiva  y  excluyente  de  las  autoridades  del  país que eleva la  solicitud  y  su  postulación  o  controversia  debe  hacerse  al  interior del  respectivo   proceso  utilizando  al  efecto  los  instrumentos  que  prevea  la  legislación  del  Estado  que formula el pedido”4         (subraya fuera de texto)   

Esta postura por igual ha sido señalada por  la Corte Constitucional, pues sobre tal temática ha expresado:   

“…el  acto  mismo  de  la  extradición  no  decide,  ni  en  el  concepto  previo, ni en su  concesión  posterior  sobre  la existencia del delito, ni sobre la autoría, ni  sobre  las  circunstancias  de tiempo, modo y lugar en que se cometió el hecho,  ni  sobre la culpabilidad del imputado… todo lo cual  indica  que  no se está en presencia de un acto de juzgamiento, como quiera que  no    se    ejerce    función    jurisdicente”5          (subraya  fuera  de  texto)   

Así las cosas,  es    claro    que    la    pretensión  probatoria  que  se  analiza  no se  relaciona  con  alguno  de  los  tópicos  sobre los  cuales  debe  pronunciarse la Corporación  al  momento  de emitir su concepto y  por    ello    se    reitera    que   es       impertinente.   

2.4.  La solicitud  acerca  de  que  se  practique  un  cotejo  de  voz  al reclamado Rafael Antonio  Garavito  García  con  la  que  eventualmente  se  encuentre  registrada en las  interceptaciones  telefónicas realizadas al citado tanto en el país como en el  exterior  también  es  impertinente,  pues  con  ello  en  realidad no se busca  confirmar  la  identidad de la persona solicitada por el Gobierno de los Estados  Unidos,  sino  generar una discusión acerca de su responsabilidad en los hechos  que  sirven  de  sustento  a  su  petición  de  entrega, la cual, como viene de  precisarse,  no  es  posible  debido a que el trámite de extradición solamente  está  instituido  para constatar la existencia de unos requisitos formales, mas  no  para decidir acerca de la participación o no del solicitado en extradición  en los hechos.   

Además,  se  observa  que la documentación  aportada   por   el   Estado  requirente  ofrece  suficiente  información  para  establecer,  al  momento  de  emitir  el  respectivo  concepto  por la Corte, si  concurre o no el requisito de la plena identidad.   

3.      Cuestión    final:   

Como  la  Corte  no  observa la necesidad de  evacuar  pruebas de oficio, de conformidad con lo dispuesto en el inciso 3º del  artículo  500  de la Ley 906 de 2004, ordena dejar el expediente en Secretaría  de  la Sala por el término de cinco días a disposición de los intervinientes,  para que presenten sus alegatos.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:   

1.   NEGAR     la  práctica  de  las  pruebas  solicitadas  por  el  defensor  del  reclamado Rafael Antonio Garavito García.   

2.  DEJAR, una  vez  en firme esta determinación, el expediente en Secretaría de la Sala Penal  por  el  término  de  cinco  (5)  días para las alegaciones finales, según lo  prevé  el  inciso  3º  del  artículo  500  de  la Ley 906 de 2004.   

Contra esta providencia procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ           GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                  JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 En el  presente  caso  se  aplica  esa  ley,  por  cuanto  los  hechos que sustentan la  petición  de extradición se habrían cometido después del 1 de enero de 2005,  fecha  en la cual entró en vigencia el nuevo Código de Procedimiento Penal. En  este  sentido, ver Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, autos del  4  de  abril  y  3  de  octubre  de  2006,  radicaciones números 24187 y 25080,  respectivamente, entre otros.   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, conceptos del 19 de febrero y del  16   de   septiembre   de   2009,   radicaciones   números   30374   y   31036,  respectivamente.   

3 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, decisión del 8 de abril de 2003,  radicación  No.  18808.  En  igual  sentido, providencias del 3 de marzo, 27 de  mayo  y  19  de agosto de 2004, 26 de enero y 15 de noviembre de 2005, 6 y 13 de  junio,  10  de  octubre  y  23  de noviembre de 2006, 27 de junio de 2007 y 2 de  febrero  de  2008,  radicaciones  números  21671,  22084,  22109, 21883, 23177,  24872,  24875,  25842,  25850,  27376  y  28720  respectivamente,  entre  muchas  otras.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, auto del 1º de agosto de 2007,  radicación No. 27450.   

5 Corte  Constitucional, sentencia C-1106 del 24 de agosto de 2000.     

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