41514(19-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  189.     

Bogotá,  D.  C. diecinueve (19) de junio de  dos mil trece (2013).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada  por  el defensor de DANILO ROJAS  ESPITIA    contra    el   fallo   del   Tribunal         de         Tunja1, que  confirmó   el    proferido  por  el Juzgado Primero Penal  del  Circuito de Chiquinquirá, el cual lo condenó     a     la     pena         de        veintiocho  (28)  meses  de  prisión,  por la consumación a título de  autor    del    punible    de    homicidio   culposo  agravado.   

H    E    C    H   O   S   

El 21 de julio de 2002, aproximadamente a las  9:40    p.m.,   el   hoy   condenado   DANILO   ROJAS  ESPITIA,  conducía  el  camión  Dodge  300  de placa  EYA-600,  de Arcabuco al municipio de Villa de Leyva, cuando al transitar por el  frente  de  la  estación  de bomberos del sector, invadió el carril en sentido  contrario,   momento   en   el  cual,  colisionó  con  el  equino  número  439  perteneciente  a  la Policía Nacional, en el que se desplazaba el subintendente  de  esa  institución  Alberto Duque Reina:  el  impacto produjo, minutos después, el deceso del jinete y del  ecuestre.       

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1. El 9  de  noviembre  de  2005, la Fiscalía  17  Seccional  de  Tunja, dictó  resolución  de  acusación  contra  DANILO ROJAS ESPITIA,  por     el     delito     de    homicidio    culposo  agravado2, a título de autor.   

   

2. El 28  de  julio  de  2008  la  Fiscalía    Tercera    Delegada    ante   el   Tribunal,    confirmó  integralmente  la  anterior  decisión,  con  base  en  el recurso de apelación  presentado por la defensa técnica.   

3. El 30 de marzo de  2011,   el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Chiquinquirá,  condenó   a  DANILO  ROJAS  ESPITIA,     a     la    pena    de    veintiocho  (28)  meses   de   prisión   como  autor  del  punible  de  homicidio culposo agravado, a  la  multa  equivalente  de  20  smlmv,  en igual forma, lo privó del derecho de  conducir  vehículos  por  espacio de tres (3) años; también lo inhabilitó en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso igual al de la  sanción  principal;  por daños y perjuicios, le impuso la suma de 32.362 smlmv  a  favor  de  Gladys  Yaneth  Vergara Mota  y  finalmente,  le  concedió  la  suspensión  condicional  de la  ejecución de la pena por un periodo de prueba de 3 años.   

4.  El  24  de  enero  de 2013, El   Tribunal   de   Tunja,  confirmó  la  decisión  recurrida por el  defensor  del  procesado,  a  su  turno,  el  mismo sujeto procesal, a nombre de  DANILO         ROJAS        ESPITIA,  inconforme con  el  proveído  aludido,  lo  impugnó  y  sustentó el recurso extraordinario de  casación que hoy califica la Sala.    

D    E    M    A   N   D   A     

Bajo  la  égida  de  la  Ley  600  de 2000,  artículo   207,  el  defensor  elevó  un  ataque  contra  el fallo emitido por el Juez Colegiado, tal y como  se indica a continuación.   

En criterio del profesional del derecho, como  el  resultado  antijurídico  es imputable a la propia víctima, la consecuencia  inmediata  es  dictar un fallo de reemplazo donde se absuelva a su prohijado; en  ese     sentido,     sustentó     su     pretensión     por    “violación  directa de los artículos 2,  55,   57   y   58   del  Código  Nacional  de  Tránsito  Terrestre3”  y aplicación indebida de los preceptos por los que se  lo   condenó4.   

Explicó que “por  razones  de  técnica,  no  se  discuten  cuestiones  de  facto,  por  lo que se  prescinde  en  forma  absoluta de la estimación probatoria y los fundamentos de  los  hechos  en los que sustentó el Tribunal la sentencia condenatoria, para la  presente  impugnación”5,con  base  en  tales  pautas,  demostrará  el  equívoco  del  Tribunal  al condenar a su mandante por un acto  ilegal    “que    objetivamente    no    le   era  imputable”,  violándosele  tanto  el  principio  de  igualdad como el debido proceso.    

El  libelista se refirió a una decisión de  esta  Sala  que  no  identificó  como  le  era  obligado, sobre el principio de  confianza,  e  indicó que, las instancias condenaron a su prohijado solo porque  se pasó al carril contrario donde circulaba la víctima.   

Luego, reprodujo y comentó los artículo 2,  55,  57  y  58  del Código de Transito, para significar que los vehículos solo  pueden  circular  por  calzadas o carriles  y  las  personas  y animales  por  las bermas;  los  peatones  no  pueden  poner en riesgo a los demás, por ello, deben caminar  por  fuera  de  las  zonas  destinadas  a los carros, ni están autorizados para  invadirlas    con    patinetas,   monopatines   “o  similares”   y   como  el  policía  a  caballo  se  desplazaba  por  una  vía  prohibida  para  peatones y  animales, a las 9:30 p.m., sin ningún distintivo para  advertir  su  presencia, bajo el influjo de bebidas embriagantes y en desacato a  las  órdenes  superiores que le impedían andar con equinos a esa hora, puso en  riesgo  su  vida  de  manera  consciente  y  voluntaria,  motivo suficiente para  entender  que  las  instancias,  erraron  su  juicio al no aplicar las normas de  tránsito por él desveladas.   

Transcribió   algunos   apartes   de  una  jurisprudencia,  en  la  que  se  excluye  el  comportamiento  del  autor, si la  víctima  es  “  autorresponsable,  es  decir,  que  conozca  o tenga la posibilidad de conocer el peligro que afronta con su actuar.  Con  otras  palabras,  que la acompañe capacidad para  discernir    sobre    el   alcance   del   riesgo…  [y]     que   el   autor   no   tenga  posición  de  garante  respecto  de  ella”6; presupuestos, en criterio del  letrado,  que  se reúnen en el caso objeto de estudio, por cuanto, el Tribunal,  partió  de  una “hipótesis equivocada, al concluir  que   el   riesgo   creado   por  el  procesado,  por  superación,  generó el resultado lesivo”,   desconociendo   las   normas   de   tránsito   y   si   bien  “se  establece  que…  el  señor  ROJAS  ESPITIA  realizó  una  conducta  contraria  a  las  normas,  su comportamiento no fue la  razón  de  ser del resultado reprochable, porque la elevación del riesgo grave  y    determinante    lo    fue    por    parte    de   la   víctima”7.    

Por  todo,  en  sentir  del  togado,  el hoy  obitado,  aceptó  de  manera  libre  los  riesgos previsibles de su conducta al  montar  un equino en horas no permitidas por la policía, de noche y sin ninguna  señal,   siendo   ello   así,   afirmó   que   el   Tribunal  “incurrió  en error in iudicando, por falso juicio de existencia de  los   artículos   2,   55,   57   y   58  del  Código  Nacional  de  Tránsito  Terrestre… el error es de  tal    trascendencia,    como    lo   evidencia   la   motivación   del   fallo  impugnado”,  debiéndose  haber  concluido  por  los  falladores  “la  ausencia  de imputación jurídica  del  resultado”,  para  en  su  lugar, absolver a su  protegido  jurídico,  como  en efecto, lo peticiona, por la evidente violación  de derechos fundamentales.       

C O N S I D E R A C I O N  E S   

La Corte  advierte  que  el  ataque formulado contra la sentencia de segundo  nivel  expedida  por  el Tribunal de Tunja,  no  reúne  los  mínimos  presupuestos  de  lógica-argumentativa  descritos  por  la  jurisprudencia para admitir la demanda, con el fin de lograr  la   infirmación  de  la  decisión  cuestionada,  en  tanto,  el defensor  incurrió  en  falencias, las cuales atentan contra la filosofía que inspira el  recurso  extraordinario; tampoco puede entenderse la censura como una nueva ruta  para  confeccionar  escritos  de  libre  importe  y,  ensayar  por  ese  camino,  derrumbar   la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  inherente  a  las  decisiones concebidas en los proveídos.    

Para  comenzar,  la  Sala  ha  expresado  en  múltiples  oportunidades y de vieja data, la estructura jurídica del discurso,  su  entendimiento  y  la  forma  como  debe sustentarse cada cargo en casación,  entre  los  que  se  halla  el  elevado  por  el  jurista, que abarca una de las  causales  dispensadas en la Ley 600 de 2000, motivo suficiente para relevar este  aspecto  de  las  consideraciones,  por  sustracción  de  materia  y  economía  procesal,  en  tanto,  lo  que  huelga  realizar  es explicar las fallas lógico  argumentativas  que presenta la censura, desde luego, haciendo hincapié, cuando  lo amerite la situación, en la técnica exigida.   

Yerros detectados.  

Primero:  tiene que  ver  con  el  hecho  de  haber  presentado  su  oposición  a  las decisiones de  instancia    bajo    la   vía   directa   de   violación  de  la  ley  sustancial  y  en  el  mismo  texto  argumentativo  la  combinó  con  presupuestos  del cuerpo segundo al decir, por  ejemplo,  que  se  incurrió  en  un  falso juicio de  existencia sobre la normativa de Tránsito (artículos  2,  55, 57 y 58) por él esgrimida para quebrar la decisión judicial posterior,  lo  cual  es  aún  más extraño, pues tal sentido de ataque está íntimamente  ligado  a los medios probatorios, en esa medida, violentó el  principio   de   autonomía  que  rige  el  recurso   de   casación,   el   cual  impide  mezclar  contenidos  de  causales  diversas.    

Segundo: una de las  características  del  recurso  extraordinario  se  concreta  en el hecho que el  libelo  cumpla  pautas lógicas, en tanto, debe relacionarse sustancialmente con  el   principio  de  razón  suficiente,  en  su  vertiente  del  conocimiento  e  implícita  motivación; he aquí, pues, expresiones de juicio y reflexión para  fundamentar  tópicos  tan  específicos como lo es una demanda de casación, la  cual  debe  concentrar  en sus razonamientos, todos aquellos aspectos destinados  por  la  ley  y  la jurisprudencia para tal fin, de manera principal, refutar el  derecho  aplicado  al caso u oponerse a la valoración probatoria, para fomentar  su   pretensión,   siempre   que   se  hubiese  garantizado  las  prerrogativas  constitucionales a las partes.   

De donde se colige que, el defensor de manera  conveniente  y  provechosa  para su interés, olvidó trabajar aquellos aspectos  fácticos  y de apreciación racional de los juzgadores, con los que se edificó  la  responsabilidad  penal  contra  su  asistido,  cuando  expuso  el Juzgado de  conocimiento,   por  ejemplo,  que  “en  este  caso  específico   consideramos   que   el   consumo   de  bebidas  alcohólicas  fue  determinante  en  la  ocurrencia  de  la conducta, ya que DANILO ROJAS sin causa  explicable  alguna, invadió el carril contrario en el preciso momento en el que  ALBERTO  DUQUE  se  dirigía  con  su  caballo  en sentido contrario”8.   

En efecto, los juzgadores en sus providencias  se  refirieron  al  grado de alicoramiento detectado al procesado con base en el  dictamen  practicado  por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en  donde  concluyó  el  perito:  “En  la  muestra  de  SANGRE…  recibida  en este Laboratorio perteneciente a DANILO ROJAS ESPITIA…  y  analizada…  por  la  estación  de ALCOHOLEMIAS… SE DETECTO (sic) ALCOHOL  ETILICO  (sic)  EN  CONCENTRACION  (sic)  DE OCHENTA Y UNO (81gr% MILIGRAMOS POR  CIEN     MILILITROS     DE     SANGRE”9.   

La  defensa requirió ampliación del mismo,  para  que se determinará “con base en el porcentaje  de   alcohol   encontrado   en   la   sangre,   a   qué   grado  de  embriaguez  corresponde10”,  respuesta  dada  por el Laboratorio de Toxicología de Bogotá  para  el punto concreto, aportando una guía de alcoholemia y estado clínico, a  saber:   

Un  valor  de  alcoholemia  entre 0-30 mg %  presenta  un estado clínico de sobriedad, comportamiento cercano al normal, con  pequeños cambios detectables por pruebas especiales.   

Entre  30-50 mg % presenta deterioro de las  habilidades para conducir.   

Entre   50-100  mg  %  presenta  euforia,  disminución  de  la  atención,  incremento de la sociabilidad (disminución de  inhibiciones)   disminución  también  del  juicio  y  del  control.   

Entre   100-300   mg   %  van  aumentando  considerablemente  los  signos  hasta  completa  inconciencia  o  como y posible  muerte11.     

El  Tribunal,  por su parte, de cara al tema  tratado  y con base en los medios puntualizados, sostuvo en el apartado titulado  “De  la  ingesta  de  licor  por  la  víctima y el  procesado”, lo siguiente:   

Se  practicó  el  respectivo  análisis de  alcohol  etílico,  tanto al fenecido como al acriminado, determinándose que en  la  muestra  de  sangre de DANILO ROJAS ESPITIA, se detectó alcohol etílico en  concentración  de  ochenta  y  un  (81) miligramos por cien (100) mililitros de  sangre  y  en la muestra del occiso, una concentración de cincuenta y ocho (58)  miligramos por cien (100) mililitros de sangre.   

En  oficio  del  17  de  enero  de 2003 del  laboratorio  de  toxicología,  la  perito  forense  amplió  el dictamen arriba  referenciado,  explicando  que de acuerdo a la resolución no. 492 de septiembre  20  de  2002  emanada  del  Instituto  Nacional  de  Medicina  Legal  y Ciencias  forenses,  la  medición de alcoholemia en una persona con resultados inferiores  a  50 mg, se interpreta como estado de embriaguez negativo y respecto de los que  arrojen   resultados  mayores  de  51  mg  y  menores  de  99  mg,  presenta  un  comportamiento  eufórico,  disminución  de  la  atención,  incremento  de  la  sociabilidad  (disminución  de  inhibiciones)  disminución  del  juicio  y  el  control.   

De lo anterior, es irrefutable que tanto el  procesado  como  la  víctima,  se  encontraban  bajo  el  influjo de sustancias  alcohólicas   en  el  momento  en  que  se  produjo  el  impacto,  aunque  el occiso en grado cercano al tolerado para la conducción,  mientras   el   acusado   excedía  ostensiblemente  esos  márgenes12.    

Por  estas  razones  le  era  imperativo  al  demandante,   1)  traer  a  colación  los medios incriminatorios sopesados por las instancias, 2)  aceptarlos  como  tales,  3)  cotejarlos  con aquellos que supone le  favorecen   más  a  su  prohijado  sin  cambiarle  su  sentido  y  4)   edificar   sobre  ellos  la  teoría  dogmática  a  fin  con  su  tesis  jurídica;  lo  cual,  concibió  de  manera  superficial  e  insuficiente,  en  tanto,  ignoró  para  su  análisis  que  el  conductor  del  camión  (su  protegido  jurídico) se encontraba al momento del  impacto  en  grado  II de alicoramiento y que invadió el carril contrario; así  lo expuso el Juez Colegiado:    

De  la  reconstrucción  histórica  de  lo  acreditado  probatoriamente,  la  Sala  tiene  como  hecho  irrefragable, que el  procesado  invadió  el  carril  opuesto  a aquel que transitaba, como de manera  asertiva  lo  adujo  el  a  quo,  y como lo determinó el segundo de los peritos  físicos,  pese  a no portar un dato exacto del lugar  del   impacto,   y   advertir   la   falta   de   información  suficiente  para  determinarlo.   

La  anterior  presentación  de los hechos,  tiene  asidero en la lógica de la trayectoria que experimentan los cuerpos ante  un   impacto,  ya  que  como  se  adujo  en  el  fallo  impugnado,  si  el  camión  hubiera  transitado con la estricta observancia de  los  límites del carril propio, conservando su derecha, la víctima, el equino,  y   demás   objetos,  no  hubieran  sido  expulsados  en  esa  trayectoria  tan  contundente,  quedando  por fuera de los límites del carril opuesto a aquel por  el que debía transitar el encartado.   

De  igual forma, la huella de frenado tal y  como  se  observa  en el precitado croquis, quedó evidentemente sobre el carril  opuesto  de  la  ruta  que llevaba el procesado, exactamente a 1.30 metros de la  línea  de  borde  del  carril  de  la izquierda, y si se tiene en cuenta que el  ancho  de  la vía en ese tramo es de 8.30 metros, justo sobre el segmento en el  que  se  estampa  el inicio de la huella de frenado, es palmario que invadió en  más   de   dos   metros   la   línea   de   desplazamiento   ajena13.   

Obsérvese que el demandante no se refirió a  la  huella  de frenado, ni el  ancho  de la vía, tampoco al croquis, ni mucho menos al dictamen del perito, es  decir,  dejo de lado, las consideraciones judiciales con las cuales se forjó la  responsabilidad  penal  de  su  asistido,  amén que las aceptó como una verdad  irrefutable  y por esa camino como propias por la vía directa seleccionada, con  lo  cual,  se trunca incompatible su pretensión en la medida que la esencia del  asunto  la  determinan  las pruebas y su valoración, que así apreciadas por la  magistratura, se exhiben contrapuestas a su pretensión.   

La Sala explica el concepto: si la selección  del  ataque  en casación es la vía directa de violación de la ley sustancial,  como  es  obvio,  será  ineludible  que  el  demandante  admita los hechos, las  pruebas  y  las  estimaciones  judiciales  respecto  a  ellas  cumplidas por los  juzgadores  y  cuestione  de  manera  exclusiva el derecho aplicado al caso; sin  embargo,  si los medios recogidos legalmente al plenario muestran otro escenario  o  se  desconocen  como  si fueran materias independientes, desde ese momento se  muestra  el  sinsentido  de  la censura, en tanto, jamás podrán los falladores  condenar  o absolver una persona si las pruebas no reflejan materialmente una de  las  dos  situaciones  jurídicas,  siendo  ello  así,  la  decisión  final es  producto  del análisis probatorio y las normas vinculadas al caso deben guardar  armonía,  caso  contrario,  como  el planteado por el defensor, su proposición  colisiona  al  no existir conformidad entre el derecho, los hechos y los medios,  sencillamente  porque  las  pruebas  tal  y  como  fueron sopesadas enseñan una  verdad diversa a la querida por el letrado.      

Tercero:   el  Tribunal,  con  base  en  los  medios  aportados  al plenario, corroboró que el  occiso  no  portaba material reflectivo y que desacató la orden de servicio que  le  obligaba  regresar  a  las  instalaciones de la policía con el equino a las  6:00  p.m.,  esto  en modo alguno, dijo el Juez Plural, se puede equiparar a una  elevación  de  “riesgo  permitido en cuyo marco se  concreta  la  producción  del  resultado  prohibido  revive  la  desueta  tesis  causalista  de  la  equivalencia de las condiciones”,  hasta  el  punto  de  ampliar  la responsabilidad penal a todo aquel que hubiese  podido  ser  causa  para  el  resultado,  como  “el  conductor  del  camión  en  el  que  se movilizaban los caballos hasta Villa de  Leyva”;   en   esas   condiciones,   advirtió   la  judicatura,  el  “desacato  a  la orden”,  no  entraña  un  aumento  del riesgo  permitido ni puede ser tenido como nueva causa para la  producción del homicidio del policía:   

…  la  víctima  es una condición causal  forzosa  para su muerte pero jurídicamente esa presencia contrariando una orden  no  comporta  reproche  penal  ni  traslada  a  ellos  la responsabilidad por su  muerte,   porque  si  bien  rompieron  la  disciplina  interna,  no  incrementaron  el  riesgo  socialmente admitido para la vida, pues  transitar  por  las  calles  o  asistir  a  un  bar no se consideran actividades  relevantes   para   poner   en   riesgo   ese   interés   jurídico.   Decantado   lo   anterior,   la   Sala  evidencia  una  posible  desatención  por  parte de los uniformados del régimen disciplinario aplicable  por  su  calidad  de  miembros  de  la fuerza Pública no puede tenerse como una  circunstancia   atribuible   a   la   víctima   determinante  en  el  resultado  típico.      

Se  repite,  la  conformidad  del  análisis  demostrativo  muestra  con  claridad  que  lo  allí  expuesto  marca las pautas  jurídicas  para  definir las temáticas de la decisión que se ataca, bajo esta  perspectiva,  tales  medios yacen legales y objetivos para su contemplación, en  tanto,  son aceptados sobre tales presupuestos, siendo contradictorio aceptar el  plexo  probatorio  que  en  el  fondo  no  cumple  con  las  expectativas  de su  pretensión elevada por vía directa.   

En estas condiciones, si el defensor afirmó,  que  el  resultado  antijurídico  es imputable a la víctima por desacato a las  normas  de  Tránsito  2, 55, 57 y 58, como sobreponiéndolas a aquellas con las  cuales  se  condenó  a su prohijado, su ejercicio argumentativo se quedó en el  simple  impulso,  porque  no  se  detuvo  en las apreciaciones judiciales que le  dieron  respuesta a sus interrogantes, de cara al viajar sin distintivos, por la  noche,   no   autorizado   por   sus   superiores,   poniendo   en   peligro  su  vida.   

Es   más,   ni   comentó   las  directas  apreciaciones  judiciales  para  extraer conclusiones acordes a su razonar, pues  solo  indicó  que la culpa en el resultado homicidio era únicamente atribuible  a  la  víctima,  dejando  aún lado el desarrollo de alguna dogmática sobre el  particular,  por  ejemplo,  como la teoría del tipo, en donde el jurista habló  solo  de  la elevación del riesgo permitido, combinada subjetivamente con otros  presupuestos,  lo  cual,  no es muy recomendable en estos casos, amén que no la  trabajó  de  manera  adecuada  para  consolidar  los  posibles  yerros  de  las  instancias.   

Dígase,   además,   que  la  imputación  objetiva,  de  cara  al  riesgo  generado  por  la  víctima en su entorno o rol  social,  si se quisiera, sopesar una probable concurrencia de responsabilidades,  se  debe  proyectar  la  pauta sobre el concepto de autopuesta en peligro de las  dos  partes  (ofendido-negligente y autor-culposo), siendo imprescindible que la  acción  descuidada  de  cada uno convoque de manera imprescindible al resultado  prohibido por el legislador.   

Las   anteriores   materias   no   fueron  desarrolladas  como  lo  exige  la  jurisprudencia  como para iniciar un estudio  juicioso     del     asunto,     en     tanto,    el    Tribunal    –para   ahondar   aún   más   en  el  tema-,  fue claro  cuando expuso:     

Si  bien  es cierto, ya se acreditó que el  interfecto   no  portaba  ningún  tipo  de  referentes  reflectivos  y  que  se  encontraba    bajo    el   influjo   de   bebidas   alcohólicas,   también  se  probó que el procesado invadió el carril por el que  transitaba  la  víctima…  con  las  luces  delanteras izquierdas averiadas, y  tenía   una   alta   concentración   de   alcohol   en  su  sangre.   

Desde  ya  la Sala destaca que la invasión  del  carril  que  efectuó el procesado fue el hecho reprochable que incidió de  manera  contundente  e  inequívoca  a  causar  la  colisión del automotor y el  equino   sobre   el   que   se   desplazaba   ALBERTO   DUQUE  REINA.     

Para  demostrar la magistratura su tesis, se  valió  de  la  teoría  de  la  imputación  objetiva,  sus  diferencias con la  causalidad  natural  y  la  creación de una conducta jurídicamente desaprobada  con     el    consecuente    resultado    típico14.   

Igualmente,  trajo  varias  decisiones de la  Sala  sobre  la temática en estudio, para determinar que la conducta desplegada  por  el  procesado se comprobó al realizar una actividad peligrosa (conducción  de  vehículo  automotor)  y  en  ejercicio  de la misma atropelló al policía,  ciudadano  que  falleció  momentos después de la colisión, por ello concluyó  que,  tal  acto  prohibido,  fue producto de la infracción al deber objetivo de  cuidado,  por  cuando  invadió  el  carril  contrario  por el que transitaba la  víctima,  en  estado  de alicoramiento, sin luz izquierda delantera, excediendo  con tal actuar, el riesgo permitido.     

Como  el  implicado  no  obró  de  manera  prudente  “ante la demarcación de la línea central  que  dividía  los  carriles de la vía”, en horas de  la  noche,  le  era obligado haberse mantenido dentro de su vía “conservando  la derecha y tener las luces del rodante funcionando y  encendidas”,  por  esto,  el  riesgo generado por el  procesado  dio  como  resultado  la  muerte  de  Duque  Reina,  “sin que por medio  existan   circunstancias  que  rompan  ese  nexo  de  determinación”15.    

El  defensor  no  trabajó ninguno de estos  argumentos,  los dejó en el vacío, pues para derrotar una tesis elaborada como  lo  fue  la  plasmada  por  el  Tribunal,  es menester ocuparse de la prueba sin  cambiarle  sus  contenidos  objetivos  (vía  directa  de  violación  de la ley  penal),  verbigracia,  si  los  variados  declarantes fueron correspondientes en  señalar  que  avistaron  una  luz como si fuese una motocicleta y no un camión  con  una de sus farolas dañadas, ante tal evidencia, la propuesta casacional se  queda  en  simples asertos, sin que hubiese explicado el libelista cómo en esas  condiciones  puede  acoplarse  sus  menudos  enunciados al caso; con ello, en el  fondo,  el  jurista  desconoce  el  cúmulo incriminatorio, en esas condiciones,  pretende  cambiarle el sentido a los medios o desconocerlos, lo cual, es inútil  en esta sede.   

Cuarto: también el  silencio  del  profesional  del  derecho  fue elocuente, en apartados judiciales  como  el  siguiente:  “De  todas formas, aun con el  accionar  defectuoso  imputable al occiso, su comportamiento no fue el origen de  su  muerte,  porque  iteramos,  si el conductor del camión no hubiera aparecido  sorpresivamente  invadiendo  la  vía,  el  resultado  luctuoso  no  se  habría  producido”;   como   se   comprende   al   suprimir  mentalmente  uno  de  los  dos  actos  imprudentes,  el  único que se sirve del  resultado  antijurídico es el imputable al procesado, esto desde luego, tampoco  fue  explicado  por  el  demandante,  por  cuanto  el  mismo  no  se  suple  con  afirmaciones  generales como cuando aseveró que “la  elevación  del  riesgo  grave  y  determinante  fue  de la víctima16”;  contrario a ello, sostuvo el Tribunal:   

Desde lo subjetivo, se constata por la Sala  que  el  lamentable  suceso  ocurrió en desarrolló de la actividad del agente,  con  amplias  posibilidades  de prevención por su parte que lo hacían evitable  y no fue el hecho de la víctima la causa,  mucho  menos  única  y  exclusiva  de  su  muerte, pues  el  señor  ALBERTO  DUQUE  REINA  tenía  porque confiar que  transitando  por su carril no iba a ser embestido por un automotor, pese a estar  montado  en  un  equino  sobre  la  vía en grado I de embriaguez y sin material  reflectivo  en su cabalgadura o en sus vestimentas, porque la causa determinante  del  siniestro  no  son  esas  faltas  del  jinete sino la grosera invasión del  carril  por parte del procesado, agravado por su ebriedad grado II y la falta en  el  sistema  de  luces  delanteras izquierda del rodante que tomaría poco menos  que  inútil  cualquier  sistema reflectivo que eventualmente hubiese llevado la  víctima.   (Todos   los  subrayados fuera de texto).   

Por último, el Juez Colegiado, se refirió  a  factores plurales previos y concatenados al acontecer fáctico, sin que todos  puedan  ser  fuente  necesaria  para  el  resultado  típico, determinándose la  directa,  eficiente  e  inmediata  al  hecho; bases argumentativas que no fueron  refutados  de  manera  apropiada  a  su  pretensión  por parte del defensor, en  tanto,  su  disenso  ocurrió  en oposición a los fallos, dejando en el caminó  múltiples    vacíos    e    incertidumbres,    los   cuales,   la   judicatura  superó.         

Quinto: el axioma  de  trascendencia  que  guía el recurso de casación, solo fue enunciado por el  recurrente,  razón  por la cual, su discurso, se identifica al de un alegato de  libre  importe,  sin  ninguna  eficacia  jurídica en casación, en tanto, no es  factible   repetir   o   transcribir  iguales  formulaciones  jurídicas  en  la  motivación  del cargo como en el apartado destinado al efecto nocivo del yerro.   

Sexto: adviértase,  que  el  recurso  extraordinario  está regido, entre otros, por el principio  de  limitación,  en tanto, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable propia de los recurrentes, para  complementarlas,  adicionarlas  o corregirlas, máxime cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Corte,  de ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

Séptimo: otro de  los    postulados   es   el   dispositivo,  con  el cual, lo acometido en el libelo convoca inexorablemente a  su  delimitación,  sin  que  pueda  ni  deba  hacerse, una readecuación de las  censuras  y  sus  fundamentos,  para así cumplir con la forma y luego de fondo,  dictar  la  sentencia correspondiente. Esto concitaría a actuar en dos extremos  excluyentes  y  exclusivos, en donde se unificarían las pretensiones contenidas  en   el   escrito   con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala  al  enmendarlas,  perfeccionarlas   y,   desde   luego,  dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia;  con  todo,  si  se  admite  un  escrito  que incumpla elementales  presupuestos  de  lógica y debida argumentación, no se combate ningún agravio  sino  se promueve la impugnación, usurpando facultades inherentes a las partes,  en una actuación penal, lo cual es inaceptable.    

No    es    que    la    “técnica”  por  sí  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra   a   solucionar   los  defectos  contenidos  en  el  libelo  –admitiéndolo  cuando  en  esencia  no  debe  hacerlo-  se  le irrogaría a la Judicatura un poder absoluto y arbitrario  al  reconfeccionarlo  y  adecuarlo  a posturas argumentativas decantadas por las  partes  en el proceso, para luego entrar a decidir el problema de fondo: lo cual  es  inconveniente  e  incorrecto,  excepto  que  por  vigencia  de prerrogativas  constitucionales así lo determine.   

Por esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  mínimos requerimientos sin los cuales el recurso se  torna  inane  y  queda  convertido  en  un alegato de libre importe –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente,  la injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o  al Bloque de Constitucionalidad, con lo cual sus pretensiones se alejan de la  filosofía  que  irradia  el instituto casacional, circunstancia por la cual, la  Corte    inadmitirá   el  libelo.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo  impone  la preceptiva del artículo 216 de  la Ley 600 de 2000.   

Con fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de DANILO  ROJAS  ESPITIA,  por  las razones aducidas en la parte  motiva del presente proveído.   

Segundo:   Contra  la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero:   Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO                               ENRIQUE                               MALO  FERNÁNDEZ                   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                                               JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                           

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  sentencias  se  expidieron  el  30  de  marzo  de  2011  y  24 de enero de 2013,  respectivamente.   

2 Los  cargos  le  fueron imputados conforme al contenido de los artículos  109 y  110, 1 de la Ley 599 de 2000.   

3  Ley 769 de 2002.   

4  A  continuación,    transcribió   las   consideraciones   del   Juez   Colegiado,  1) sobre la colisión y las  condiciones  de  la vía, 2)  la    ingesta   de   licor   del   procesado   y   la   víctima,   3)  la invasión del carril y la avería  previa   de  las  luces  del  rodante,  4)   de   las   causas   atribuibles  a  la  víctima,  5)  la  ausencia de material reflectivo,  6) desacato a una orden de  servicio,   7)   de   la  infracción    al    deber   objetivo   de   cuidado   del   procesado   y   las  víctimas.   

5 Ver  folio 50, c.o, 5.   

6  Radicado 22.941 de abril 20 de 2006.   

7 Folio  54, ibídem.   

8 Ver  folio 196, c.o., 2.   

9 Ver  folio 174, c.o., 1.   

10 Ver  folio 183, c.o.1.   

11  “Resolución  No. 492 de Sep 20/2002 emanada por el  Instituto  Nacional  de  Medicina  Legal…  Evaluación  de signos clínicos de  embriaguez  y  alcoholemia  en  población  de  adultos  residentes  en Santa de  Bogotá 1997”. Ver folio 188, c.o. 1.   

12  Folios 15 y s.s., Tribunal.   

13  Folios 19 y s.s., ibídem.   

14  Motivo  por  el  cual,  determinó  sus  elementos,  de la mano de la doctrina y  jurisprudencia:  a)  una  relación  de causalidad, b) la creación de un riesgo  jurídicamente   desaprobado   y   c)   la  concreción  de  ese  riesgo  en  el  resultado.   

15 Ver  folio 32, ibídem.   

16  Demanda casación.     

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