41454(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 419.   

Bogotá, D. C., once (11) de diciembre de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  GUILLERMO   LEÓN   MARÍN   PULGARÍN   y  ANÍBAL   DE   JESÚS  GÓMEZ  HOLGUÍN  contra  la sentencia del 15 de noviembre de 2012 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de Pasto confirmó el fallo adoptado el 23 de julio anterior  por  el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad, que  por  vía  anticipada  condenó  al  primero  a 14 años y 6 meses de prisión y  2.000  salarios mínimos legales mensuales de multa, como coautor de los delitos  de  homicidio  agravado  y  concierto  para delinquir agravado y al segundo a 13  años  de  prisión,  como  coautor del punible de homicidio agravado. A los dos  les  aplicó,  igualmente,  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  lapso al determinado para la pena  privativa de la libertad.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente manera:   

          “Los   hechos   se   extraen   de   la  investigación  adelantada  por  la Unidad Nacional de Derechos Humanos y DIH de  la  Fiscalía  Cincuenta  y  Cinco Especializada de Cali (V), debido a los actos  delictivos  realizados  por  los  integrantes  de  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia   AUC,   en  las  inmediaciones  del  municipio  Sotomayor  (N)  y  sus  alrededores,  entre  los  cuales  se  tuvo  conocimiento  de  la muerte violenta  perpetrada  al señor HUGO GERMÁN ANDRADE LÓPEZ, quien laboraba como conductor  del  bus  escolar de esa localidad, el cual fue ultimado en el sector denominado  “La  Cuchilla”,  al  serle  propinados  4  disparos  de  arma de fuego en el  cráneo,   bajo   los  móviles  de  ser  presunto  colaborador  de  los  grupos  guerrilleros que operaban por el mismo corredor.   

          A   raíz   de  las  diferentes  y  asiduas  labores  investigativas  adelantadas  por  el  ente  acusador,  se  logró  establecer  que  los señores  GUILLERMO  LEÓN  MARÍN PULGARÍN, ANÍBAL DE JESÚS GÓMEZ HOLGUÍN, GUILLERMO  PÉREZ  ALZATE,  WILLIAM NARANJO y NELSON ANDRÉS GÓMEZ HOLGUÍN, pertenecieron  al  Bloque  Libertadores  del  Sur  de las AUC que operaba en el departamento de  Nariño,  teniendo relación directa con los crímenes cometidos en el municipio  de Sotomayor (N)…”.   

          Debe  agregarse al anterior resumen que el homicidio de HUGO  GERMÁN  ANDRADE LÓPEZ se produjo en  el  mes de agosto de 2004, según así quedó reseñado en las respectivas actas  de formulación de cargos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Mediante  resolución  del 8 de junio de  2009,  la  Fiscalía  55  Especializada  perteneciente  a  la Unidad Nacional de  Derecho  Humanos  y  Derecho Internacional Humanitario dispuso la apertura de la  correspondiente  instrucción  penal,  en  el curso de la cual vinculó mediante  indagatoria   a   GUILLERMO  LEÓN  MARÍN  PULGARÍN  y  ANÍBAL  DE JESÚS GÓMEZ  HOLGUÍN.   

2.  El  8  de  febrero de 2010 el mencionado  despacho   fiscal   resolvió   la   situación   jurídica   a  los  indagados,  imponiéndoles  medida de aseguramiento de detención preventiva por los delitos  de homicidio agravado y concierto para delinquir agravado.   

3.  En  virtud de las solicitudes efectuadas  por  los prenombrados, los días 8 y 9 de julio del precitado año se realizaron  diligencias  de formulación de cargos, en desarrollo de las cuales MARÍN  PULGARÍN  aceptó los relativos a  los  delitos de homicidio agravado y concierto para delinquir agravado, en tanto  GÓMEZ  HOLGUÍN procedió en  igual  forma,  aun  cuando  únicamente  respecto  del  segundo  de  los citados  punibles.   

4.  El  23  de julio de 2012 el Juez Segundo  Penal  del Circuito Especializado de Pasto condenó a los acusados en la forma y  términos    referidos    en    el    acápite    inicial    de    la   presente  providencia.   

5. Por vía de apelación interpuesta por el  defensor  de  los  procesados,  el  Tribunal  Superior  de  la mencionada ciudad  impartió confirmación al fallo de primera instancia.   

6.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia, el representante judicial de MARÍN  PULGARÍN  y  GÓMEZ HOLGUÍN  acudió     al     recurso     extraordinario    de  casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante formula tres cargos contra la sentencia del Tribunal,  todos  al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación de la Ley 600 de 2000.   

          En    el    primer   cargo   predica  la  incompetencia  de la Fiscalía 55 de la Unidad Nacional  de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario  para adelantar la  investigación    y    calificar    el   mérito   del   sumario,   por   varias  razones:   

          En  primer  lugar,  porque  “recibió la  función  judicial” del Fiscal General de la Nación,  quien  carece  de  facultad constitucional o legal para alterar las competencias  establecidas en el Código de Procedimiento Penal.   

          En  segundo lugar, por cuanto la Fiscalía vinculada a la mencionada  Unidad  no  es  delegada  ante  los Jueces Penales del Circuito Especializado; a  este  respecto señala que cuando se creó aquella, según resolución 0-2725 de  1994, no existía tal nomenclatura de jueces.   

          En  tercer  lugar,  habida  cuenta  que  la referida Unidad dejó de  existir  por  sustracción de materia cuando la resolución de creación perdió  vigencia al ser derogados expresamente sus fundamentos.   

          Para  sustentar  el  reproche,  el  actor  parte  de señalar que la  potestad  para hacer las leyes radica exclusivamente en el Congreso, quien es el  único  que  puede  regular  lo  relacionado con los procedimientos judiciales y  administrativos,  sin  que el Fiscal General de la Nación ostente esa facultad,  funcionario  que  entonces  pretermitió  la reserva legal existente al respecto  cuando  creó  la  Unidad  Nacional  de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario,  sin  que  esa  especie  de  Fiscales  estuviese  establecida en el  Decreto 2700 de 1999.   

          En  ese  sentido,  recalca  que  los  fiscales adscritos a la citada  Unidad  no  son  delegados  ante  ningún  juez penal, pues el estatuto procesal  penal  no  les  ha  atribuido  “la  nomenclatura  de  Delegados  ante  la  Corte, Tribunales, jueces penales del Circuito, Penales del  Circuito   Especializados  y  Penales  Municipales”,  luego  no pueden formular acusaciones ante cualesquiera de ellos, ni menos abrir  investigaciones y calificarlas.    

          En  esas condiciones, considera que a la resolución de creación de  esa   Unidad   debe   aplicársele   la   excepción   de  inconstitucionalidad.   

          En   gracia   de  discusión,  es  del  criterio  que  los  Fiscales  pertenecientes  a  la  misma  son incompetentes, porque esa dependencia se creó  mediante  resolución 0-2725 del 9 de diciembre de 1994, acto administrativo que  perdió  vigencia  con  ocasión  de la expedición del Decreto 261 de 2000 y la  Ley  600 de 2000, cuando el primero de ellos en su artículo 136 dispuso derogar  el  Decreto  2699  de 1991 y las demás disposiciones que le sean contrarias, en  tanto  la  segunda  en  su artículo 535 derogó el Decreto 2700 de 1991 y todas  las disposiciones contrarias a dicha ley.   

          En  opinión del libelista, de otra parte, la resolución 0-3577 del  27  de septiembre de 2005 es ilegal y no puede aplicarse porque (i) la Fiscalía  38   de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  y  Derechos  Internacional  Humanitario     ya     había    asumido    la    investigación    “dizque  a  prevención”,  (ii)  no se  trató  del  ejercicio  de  la facultad otorgada en el artículo 115.4 de la Ley  600  de  2000,  y  (iii)  la  actuación había sido asumida por la Fiscalía 47  Seccional de Samaniego y no fue desplazada.   

          En   consecuencia,   solicita  casar  la  sentencia  impugnada  para  declarar  nulo  todo  lo  actuado  por  las  Fiscalías 38 y 55 de la mencionada  Unidad.   

          En    el   segundo   cargo   aduce  también  incompetencia,  esta  vez  tanto  de  la  Fiscalía  instructiva como del juez fallador.   

          Lo  anterior porque, en su criterio, la competencia para conocer del  proceso  correspondía  a  los  funcionarios  de  Justicia y Paz, según así lo  prevé  el  artículo  16  de  la  Ley  975  de  2005  y  dado que al momento de  vincularse  a  los  procesados a la presente actuación se hallaban postulados a  la ritualidad regulada en esa disposición legal.   

          Tal  postulación,  añade,  era de dominio público, pues aparecía  publicada  en  la  página  web  de  la  Fiscalía,  pero  además,  porque  del  emplazamiento  a las víctimas para dar inicio a las versiones de los postulados  tuvieron  conocimiento  tanto  la Fiscalía como los jueces de primera y segunda  instancia.  Adicionalmente,  dice,  en documentos que obran en este proceso (fs.  88  y  95  c.  1)  figura la lista de desmovilizados del Bloque Libertadores del  Sur, en la cual aparecen los aquí procesados.   

          Según  el casacionista, otra muestra de que la Fiscalía sabía que  MARÍN    PULGARÍN    y  GÓMEZ    HOLGUÍN   eran  postulados  a  la Ley 975 de 2005 lo constituye el auto del 23 de abril de 2009,  en  el  cual solicita la versión del primero. En su opinión, de todas maneras,  si   al   órgano  investigativo  le  abrigaban  dudas  sobre  ese  aspecto,  su  obligación  era  corroborar  la  información  oficiando  a la Fiscalía 4ª de  Justicia  y  Paz  o  acudir  a  la Oficina del Alto Comisionado para la Paz o al  Ministerio de Justicia y del Derecho.   

          Considera,   por   tanto,  que  las  fallas  son  atribuibles  a  la  administración  de  justicia y no se pueden trasladar a los sentenciados.    

          Insiste  así  el  censor  en  señalar  que  una  vez se produce la  postulación  del  desmovilizado  a  la Ley de Justicia y Paz el conocimiento de  los  hechos  corresponde únicamente a los fiscales y Magistrados creados por la  Ley  975  de  2005,  salvo que antes de ese momento (la postulación) se hubiese  proferido  sentencia, en cuyo caso lo procedente es la acumulación jurídica de  penas.  En  su  criterio, así se infiere, además, de lo expresado por la Corte  en  el  auto  del  1º  de  agosto  de  2012  dictado  dentro  de la radicación  39454.   

          De  ese  modo,  solicita declarar la nulidad desde la resolución de  apertura de la investigación.   

          En    el    tercer   cargo   reprocha  no  haberse  hecho en el acta de formulación de cargos la  imputación  fáctica.  Al  respecto  sostiene  que  a  las  autodefensas se les  atribuyó  los  homicidios  de  Vicente Edilberto Maya,  Richard  Reyes Álvarez y Hugo  Germán Andrade López.   

          No   obstante,   añade,  en  las  indagatorias  solamente  se  hizo  imputación  fáctica  al  procesado  GÓMEZ  HOLGUÍN  por  el  homicidio  de  Hugo  Germán  Andrade López, no así por las otras muertes.  En  cuanto a MARÍN PULGARÍN,  dice,    no   se   realizó   imputación   fáctica   por   ninguno   de   esos  homicidios.   

          Según  expresa, en la providencia mediante la cual se les resolvió  situación  jurídica  y  en  el  acta  de  formulación  de  cargos  se omitió  efectuarles  tal  imputación  por  todos  los  delitos  en mención, hechos por  razón  de  los  cuales,  precisa, la Fiscalía 47 Seccional de Samaniego dictó  inhibitorio, decisión que no ha sido revocada.   

          De  esa  manera  y en protección del debido proceso, libre acceso a  la  administración  de  justicia, defensa y libertad personal, así como de los  derechos  de  las  víctimas,  solicita  decretar  la  nulidad  de  las actas de  formulación  de  cargos,  a  fin de que la Fiscalía vuelva a realizarlas, esta  vez  integrando  la imputación fáctica “por todos y  cada uno de los homicidios atribuibles al grupo marginal”.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

Conforme   a  la  jurisprudencia  reiterada  de  la  Corte,  en los  eventos  de  sentencia  anticipada  el  impugnante en  casación  tiene  las  mismas  restricciones  que  operan  para  el  recurso  de  apelación  si  el  recurrente  es  el  procesado  o  su  defensor, por  cuya  razón  solamente  le  asiste  interés   en   los   precisos  casos  a  los  cuales  se  refiere  el inciso décimo del artículo 40 de la  Ley  600  de 2000, esto es, dosificación de la pena, mecanismos sustitutivos de  la  pena privativa de la libertad y extinción del dominio sobre bienes, sin que  entonces  le  resulte  válido  discutir  aspectos atinentes a la ocurrencia del  hecho   o   a   la   responsabilidad,  pues  ello  implicaría  una  inadmisible  retractación  a  la  manifestación  de  aceptación que en su momento efectuó  respecto         de         los        cargos1.   

         La  Sala,  empero,  ha admitido la posibilidad de acudir al recurso  de  casación cuando se pretende la nulidad de la actuación habida cuenta de la  vulneración    de    garantías    fundamentales2.   

         Como  tal  es  el  objetivo  del  demandante  en  los  tres  cargos  formulados,   de  rigor  resulta  predicar,  en  esos  términos,  la  existencia  en  el presente evento de  interés   jurídico  para  recurrir.   

         Acorde  con lo establecido en el artículo  213  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, bajo cuyo imperio se ritúa el  presente  asunto,  la demanda de casación, para ser admitida por la Corte, debe  reunir  los  requisitos  contemplados  en  la  ley,  uno  de  los  cuales  está  establecido  en  su  numeral  3º, a cuyo tenor en el libelo se debe enunciar la  causal  y formular el cargo con indicación clara y precisa de sus fundamentos y  de las normas que el demandante estime infringidas.   

          Según  criterio  reiterado  de  la  Sala,  el cumplimiento de dicho  presupuesto  impone  al  actor la carga de efectuar una labor de fundamentación  lógica  y  coherente,  en tal forma que los cargos formulados correspondan a la  causal  invocada  y  se  orienten  a  demostrar que el sentenciador incurrió en  vicios   in   procedendo  o  in  iudicando, de acuerdo con  el  motivo  de  casación seleccionado, para lo cual, además, se hace necesaria  la  satisfacción  de  las  pautas  de sustentación que la jurisprudencia de la  Corte  tiene  establecidas frente a la estructuración de cada uno de los yerros  demandables por la vía extraordinaria en mención.   

          Además,  en la postulación de  las  censuras  al  actor le  es  imperioso  respetar  el  principio de corrección material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos  y  contenido  del  ataque  deben  corresponder  en  un  todo  con la realidad procesal3.   

En el caso objeto de examen, advierte la Sala  que  el  demandante  no  cumple  dichos  requisitos  de  fundamentación  de  la  demanda.   

En    efecto,   en   los   dos    primeros   cargos   plantea   la  existencia  de  nulidad por  incompetencia.   

Sin  embargo,  como lo tiene suficientemente  decantado    la    jurisprudencia   de   la   Sala4,  cuando por vía de casación  se  aduce nulidad por falta de competencia, es necesario que el actor formule el  cargo  con  apoyo  en  la  causal  tercera  y  lo  desarrolle  al  amparo de los  lineamientos  propios  de  la  causal  primera,  demostrando que se incurrió en  violación directa o indirecta de la ley sustancial.   

En  tal virtud, si se opta por la violación  directa  de la ley, corresponde al casacionista indicar las disposiciones que el  fallador  aplicó  indebidamente  o  aquellas  que  dejó  de  aplicar o las que  interpretó  inadecuadamente,  según sea la naturaleza de la violación directa  aducida,   así   como   expresar   las  razones  jurídicas  que  sustentan  el  cargo.     

Por  su  parte,  si  el  actor  denuncia  la  violación  indirecta  de la ley, deberá expresar si proviene de error de hecho  o  de  derecho  en la apreciación de las pruebas, así como señalar el sentido  del  yerro,  esto es, en el primer caso (error de hecho) precisar si se trata de  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o falso raciocinio. Y en  el  segundo evento (error de derecho) indicar si se incurrió en falso juicio de  legalidad o en falso juicio de convicción.   

En  el  caso  objeto  de  estudio, el censor  pretermitió  la  regla casacional en mención, pues confeccionó el reproche al  amparo  únicamente  de  la  causal tercera, sin que lo hubiese desarrollado con  sujeción  a  los  parámetros  inherentes a la causal primera. De ahí que haya  omitido  precisar  y,  con  mayor  razón,  demostrar si la falta de competencia  aducida provino de la violación directa o indirecta de la ley.   

          Adicional   al   referido  desatino,  observa  la  Sala  que  en  la  sustentación  de  los dos reproches en mención el actor desconoce el principio  lógico  de  razón  suficiente  que  rige  en  sede de casación, a cuyo amparo  “…para  aceptar  como  verdadera una enunciación,  debe  estar sustentada en una razón apta o idónea que justifique el que sea de  la  forma  en  que  está  propuesta y no de manera diferente; este principio se  refiere  a  la  importancia de establecer la condición o razón de la verdad de  una                  proposición”5.   

          Lo   anterior   porque,   en   el   primer  cargo,  el  demandante  parte de la premisa equivocada  según  la  cual  la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario  es una especie de Fiscalía Delegada distinta a las establecidas en  el  Código  de Procedimiento Penal que, por ende, en su criterio, no podía ser  creada  por  el  Fiscal  General de la Nación, sino que ello es del resorte del  Congreso.   

          Se  trata  de una premisa errónea, pues dicha Unidad es en realidad  un   organismo   que  está  integrado  por  Delegados  del  Fiscal  previamente  establecidos  en  la ley, entre los cuales se encuentran Fiscales Delegados ante  los  jueces  penales  del  circuito  ordinario  y  ante  los  jueces penales del  circuito  especializado,  quienes  asumen así competencia en todo el territorio  nacional,  en  desarrollo  de  lo  previsto en el artículo 113 de la Ley 600 de  2000.  De  hecho,  precisamente, fiscales delegados ante los jueces del circuito  especializado  fueron  quienes asumieron la respectiva investigación, siendo el  Fiscal  55  el  encargado de formular los cargos que los procesados aceptaron en  diligencias judiciales celebradas con ese fin.   

          El  libelista  sostiene que la resolución 2725 de 1994, mediante la  cual  se  creó  la  Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario,  perdió vigencia con ocasión de la expedición del Decreto 261 de  2000  y  la  Ley  600  de  2000,  cuando el primero de ellos en su artículo 136  dispuso  derogar  el Decreto 2699 de 1991 y las demás disposiciones que le sean  contrarias,  en  tanto la segunda en su artículo 535 derogó el Decreto 2700 de  1991 y todas las disposiciones contrarias a dicha ley.   

Sin embargo, pasa por alto que actualmente la  facultad  de  conformación  de las Unidades Nacionales tiene amparo legal en el  Estatuto   orgánico  de  la  Fiscalía  General  de la Nación (Ley 938 de  2004), cuyo artículo 5º establece:   

         

“Corresponde  al  Fiscal  General  de  la  Nación   determinar   la  conformación  y  localización  de  las  Direcciones  Seccionales  y  las  Unidades  Nacionales  y  Seccionales  de  acuerdo  con  las  necesidades   del   servicio  y  con  sujeción  a  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de  Justicia”.            

          El  demandante, finalmente, cuestiona la legalidad de la resolución  0-3577  del  27  de  septiembre  de  2005,  por  medio  de  la cual –se  aclara-  el  Fiscal  General de la  Nación  designó especialmente a un fiscal delegado ante los jueces penales del  circuito   especializado   para  asumir  la  investigación  correspondiente  al  presente  proceso.  El censor esgrime tres razones para sustentar su criterio, a  saber:  (i) la Fiscalía 38 de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derechos  Internacional  Humanitario  ya  había  asumido  la  investigación “dizque  a  prevención”,  (ii)  no se  trató  del  ejercicio  de  la facultad otorgada en el artículo 115.4 de la Ley  600  de  2000,  y  (iii)  la  actuación había sido asumida por la Fiscalía 47  Seccional de Samaniego y no fue desplazada.   

          En  realidad,  la  primera  de  esas  razones no se relaciona con la  ilegalidad  de  la  resolución, sino con la asunción de la competencia de este  asunto  por  parte  del  Fiscal  38  Especializado previo a expedirse dicho acto  administrativo.   Siendo   así,   le  correspondía  al  censor  determinar  la  trascendencia  de  la actuación que llevó a cabo el funcionario judicial antes  de  la  asignación  y  su incidencia en el sentido de la decisión impugnada, a  nada de lo cual procedió.   

             

          En  relación  con  la segunda, el actor se limita a señalar que el  acto  administrativo  no  se  expidió  al  amparo de la facultad otorgada en el  artículo  115.4  de  la  Ley  600  de  2000.  Se  trata  éste  de un argumento  especulativo,  pues  pasa  por  alto el contenido objetivo de la resolución, en  cuanto  allí  se  designó,  motivadamente,  al Fiscal Delegado ante los Jueces  Penales  del Circuito Especializado adscrito a la Unidad de Derechos Humanos con  sede   en   la  ciudad  de  Cali  “que  por  reparto  corresponda”,  con  lo cual el Fiscal General actuó  no  sólo en ejercicio de la facultad prevista en la mencionada norma sino en el  artículo  11,  numeral  2º  de  la  Ley  938 de 2004, a cuyo amparo dicho alto  funcionario    del    Estado    tiene    la    atribución    de    “(d)esignar al  Vicefiscal  y  a los Fiscales de las Unidades como Fiscales Delegados Especiales  cuando  la  necesidad  del  servicio  lo  exija  o la gravedad o complejidad del  asunto lo requiera”.   

          La  tercera  razón esgrimida por el actor es también especulativa,  pues  es  claro  que  la  designación  de  un fiscal especial para adelantar la  investigación  implicaba  el  consecuencial  desplazamiento  de quien la estaba  tramitando en ese momento.   

          Por    su    parte,    en    la   sustentación   del   segundo   cargo   el  libelista  también  desatiende  el  principio lógico de razón suficiente, pues parte de la premisa  equivocada  según la cual la tramitación por parte de los jueces ordinarios de  procesos  adelantados por delito o delitos cometidos por quien se ha postulado a  la  Ley  de  Justicia y Paz, ocurridos durante su pertenencia a la organización  armada  al  margen de la ley, genera nulidad procesal, por incompetencia, cuando  esa  no  es  la  solución  que  la  ley  y  la jurisprudencia dispensan a dicha  problemática.   

          En   efecto,   contrario   a   lo  sostenido  en  la  demanda,  esta  Corporación  viene  sosteniendo, con apoyo en lo regulado en el artículo 20 de  la  Ley  975  de 2005, que la hipótesis en mención se resuelve a través de la  figura  de  la  acumulación, para cuyo efecto es factible, incluso, decretar la  suspensión  de la actuación procesal seguida en sede del juez ordinario cuando  el  trámite rituado con sujeción a la Ley de Justicia y Paz no ha llegado aún  a  la  fase  que  viabiliza  la  acumulación.  Así  lo  reiteró  la  Sala  en  providencia  del  1º  de agosto de 2012 dictada dentro de la radicación 39454,  en donde evocando decisiones anteriores expresó:   

“Ya había precisado la Sala que existían  los  mecanismos  de  la  suspensión  y la acumulación de procesos y la forma y  oportunidad    de    acudir    a    uno   u   otro6:   

“Cuando  se  tramitan  procesos  en  la  justicia  ordinaria  por  conductas  del  desmovilizado,  sucedidas durante   y   con  ocasión  de  la  pertenencia  al  grupo  armado  organizado     al     margen     de     la    ley7,  y  existe  –como  en  este caso- la manifestación libre de aceptar esos cargos  en  el proceso de transición, lo pertinente es establecer las condiciones de la  suspensión  y  posterior  acumulación  de  las  investigaciones, partiendo del  presupuesto  de  que  los  procesos penales ordinarios que se tramitan ya por la  ley  600  de  2000,  ora  por  la ley 906 de 2004 (sistema penal acusatorio), no  coinciden  en  su  estructura procesal con el trámite de la ley 975 de 2005 que  fijó  el  marco  jurídico de la reincorporación de miembros de grupos armados  organizados  al  margen  de  la  ley,  que  contribuyan  de manera efectiva a la  consecución    de    la   paz   nacional,   en   el   marco   de   un   acuerdo  humanitario…   

Baste  con  decir que a partir de  la  postulación del desmovilizado al  trámite  de  Justicia  y  Paz,  lo que de hecho implica la base para iniciar el  proceso  penal  en la justicia de transición, en todo  momento  es  susceptible  de  suspender  un  proceso  ordinario   (ley   600   de   2000   –  ley 906 de 2004) donde se investiguen conductas sucedidas durante  y  con  ocasión  de  la  pertenencia al grupo armado organizado al margen de la  ley,  con  la  finalidad  de  definir  a futuro si se acumula o no al proceso de  justicia  y  paz,  pues  así  lo establece el artículo 20 de la ley 975 (conc.  art. 22), y así lo viene reseñando la jurisprudencia:   

“2.2.10. En lo  atinente  a  la acumulación  de  procesos se ha afirmado  que8   tiene  lugar  una  vez  declarada  la  legalidad  de  la aceptación de los cargos por la Sala del Tribunal Superior de  Distrito  Judicial,  y  que  esa  figura  es  distinta  a  la de la suspensión de los procesos que estén a  cargo  de  otras  autoridades, por conductas cometidas  por  el  imputado  durante  o  con  ocasión  de  su pertenencia al grupo armado  ilegal.  En  concreto, la suspensión es una medida de  carácter    provisional    que    compete   al   magistrado   de   control   de  garantías   y  tiene  como  objeto  permitir  a  la  fiscalía  ahondar  sobre ese vínculo a fin de poder imputarlas en la audiencia  de  formulación  y  aceptación  de  cargos  -si  no  han sido admitidas por el  desmovilizado  en  la versión libre-. La acumulación, en cambio, es definitiva  y       compete       al       funcionario      de      conocimiento”9.      (Destaca     la  Sala).   

…  

Por  ello,  leído  el  asunto  en clave de  justicia  de  transición,  no  encuentra  la  Sala  dificultad alguna en que se  provea  la  suspensión  del  proceso  –penal  ordinario-  en  el  expediente de  Justicia  y  Paz,  donde se asumirá el juzgamiento de la totalidad de conductas  cuya   responsabilidad  acepta  el  desmovilizado,  para  que  se  continúe  la  investigación   y   juzgamiento   bajo   el   trámite   de   la   ley  975  de  2005”   (las  negrillas  y  subrayas  son  del  texto original).   

          Ahora  bien,  en  la  misma  decisión  del 1º de agosto de 2012 la  Corte  también  señaló  que  la  acumulación  debe  ser  solicitada  por  el  respectivo    Fiscal    de    Justicia    y    Paz10.  Al  respecto  se  expresó  allí:   

“…  ha  de  ser  claro  en  el  proceso  transicional  que  si  estos  hechos  hacen parte de lo que en la versión libre  confesó   la  desmovilizada  MOSQUERA  GARCÍA,  pues  le  correspondía  a  la  Fiscalía  de  Justicia  y Paz, en aplicación de lo ordenado en el artículo 20  de  la  Ley  975  de  2005,  solicitar  la  acumulación  de los procesos que se  adelanten  en  su  contra,  originados  en  su  accionar  armado; con el proceso  transicional”.   

          La  Sala,  igualmente,  tiene  expresado  que  en  caso  de emitirse  sentencia  de  condena dentro del proceso ordinario y ésta cobre ejecutoria, lo  procedente  es  acudir  a la figura de la acumulación jurídica de penas. Sobre  el  particular,  en  providencia  del  12  de  febrero  de 2009, proferida en la  radicación 30998 sostuvo:   

“Por último, ese mismo artículo 20 de la  Ley  975  de  2005, permite la acumulación de penas, en los casos en los cuales  ya  la  justicia  ordinaria  condenó  al  postulado por conductas ejecutadas en  curso  y por ocasión de la pertenencia de éste al grupo armado al margen de la  ley.   

La norma, debe relevarse, fue estudiada en su  constitucionalidad   por  la  Corte  Constitucional11,  declarando  inexequible el  apartado  en  el  cual se eliminaba completamente la pena impuesta en el proceso  ordinario,   y   advirtiendo  que  esa  sanción  debía  acumularse  a  la  que  corresponda  por  los  delitos  investigados  en  trámite  de  Justicia y   Paz.   

En    seguimiento   de   esa   posición  jurisprudencial,  el  Decreto 3391 de 2006, en su artículo 10, detalla la forma  en que opera la acumulación en cita”.   

          La  anterior  postura  fue  ratificada  en  providencia  del  26  de  septiembre    de    2012,    radicación    39261,    en    cuanto    allí   se  concluyó:   

“Pero  la  situación  que  se genera ante  fallos  condenatorios  en  firme  es  bien  distinta, pues salvo las excepciones  constitucionales   y   legales,   y   las   contempladas   en   el   bloque   de  constitucionalidad,  la  cosa  juzgada  no  es  susceptible  de trasgresión, de  suerte  que  es  a  través  de  la  acumulación  jurídica  de  penas  como se  satisfacen  los  intereses de todas las víctimas, incluso los que le asisten al  postulado procesado para beneficiarse de la pena alternativa”.   

          En  el  curso  de  esta actuación ni el Fiscal de Justicia y Paz ni  los  procesados o su defensor solicitaron la acumulación de los procesos, luego  lo  que  corresponde  ahora es promover la acumulación jurídica de penas, como  quiera  que  la  presente  decisión  adquiere  ejecutoria  en  la  fecha  de su  suscripción,   conforme   lo   tiene  expresado  esta  Corporación12.    

          En  consecuencia, por su inadecuada sustentación los cargos primero  y segundo serán inadmitidos.   

          Igual   suerte,   es   de   advertir,   correrá   el   tercer  cargo. Allí el actor se queja, en  primer  lugar,  por  no  haberse  hecho  imputación  fáctica  a los procesados  GÓMEZ    HOLGUÍN    y  MARÍN  PULGARÍN por razón  de   los   homicidios   perpetrados   en   las   humanidades   de   Vicente  Edilberto Maya  y  Richard  Reyes  Álvarez,  omisión  que  recayó  en  la  indagatoria,  en la decisión mediante la cual se les resolvió  situación jurídica y en el acta de formulación de cargos.   

          Al  respecto, refulge evidente la carencia de interés jurídico del  impugnante  en  cuanto  se  refiere  al  anterior  aspecto,  pues  los  acusados  solamente  fueron  objeto  de  condena  por virtud del homicidio de Hugo   Germán   Andrade   López,  luego  pretender  invalidar  la  actuación  para  incluir  la imputación de otros dos  delitos  de  esa  misma naturaleza es buscar hacer más gravosa la situación de  los  procesados,  situación  que  le  está  vedada  a la defensa.            

          El    casacionista    también    sostiene    que   a   MARÍN  PULGARÍN  no  se  le  efectuó la  imputación   fáctica   en  lo  relativo  al   homicidio  de  Hugo  Germán  Andrade  López,  tanto  en  la  indagatoria  como  en  la  decisión  definitoria  de  la  situación  jurídica  y, además, en el acta de  formulación  de  cargos.  Igual  omisión,  añade,  ocurrió  con  respecto  a  GÓMEZ  HOLGUÍN, aun cuando  únicamente en las dos piezas procesas últimas mencionadas.   

          El  anterior  ataque,  empero,  no  se corresponde con la situación  procesal  evidenciada  en este caso, pues, contrario a lo afirmado por el actor,  a  los procesados sí se les precisó la imputación fáctica referida al delito  de homicidio.   

          Es  así como en el curso de la indagatoria rendida por MARÍN  PULGARÍN se le inquirió respuesta  por  los  hechos  delictivos  a que se hace referencia en el informe de policía  judicial  No.  155-05  del  14  de  junio  de  2005,  entre  los  cuales  está,  precisamente,     el     homicidio     de    Germán  Andrade,  conductor  del  bus  del  colegio  San  Juan  Bautista  de Sotomayor, ejecutado por las AUC por ser presuntamente colaborar de  la  guerrilla,  episodio que el indagado dijo recordar y, es más, reconoció su  autoría  por  parte  de  gente  suya, por cuya razón en la misma diligencia de  inquirir  aceptó  su responsabilidad en ese punible13.   

          Por  su  parte, en la providencia del 8 de febrero de 2010, mediante  la  cual  se resolvió la situación jurídica a MARÍN  PULGARÍN    y    GÓMEZ  HOLGUÍN,  se  reseñó  que  los hechos ocurrieron en  jurisdicción  del  municipio  de Sotomayor, en el mes de agosto de 2004, cuando  miembros  de  las  AUC,  con  influencia  en  esa  zona  y  comandados  por  los  prenombrados,  ejecutaron  varios  homicidios,  entre  ellos  el de Hugo  Germán  Andrade  López, cometido en  un   retén   realizado   por   la  aludida  organización  criminal14.   

          En  similares  términos  a  los registrados en la previdencia antes  citada,  es de advertir, quedaron reseñados los hechos en las respectivas actas  de        formulación        de        cargos15.   

          Si,  como  lo  tiene  precisado  la Sala16,  el  deber  de  informar al  procesado  acerca  de los hechos base del delito o delitos objeto de imputación  constituye  elemento indispensable para posibilitar el ejercicio de su derecho a  la  defensa,  el  actor omite indicar de qué manera la forma como se reseñaron  los  acontecimientos  en  las piezas procesales arriba referidas pudo desconocer  esa  garantía  fundamental a los aquí acusados, máxime cuando éstos desde un  principio   dijeron   recordar   lo   relativo   al  homicidio  de  Hugo  Germán Andrade López y reconocieron  expresamente  su  responsabilidad  en  ese  comportamiento delictivo17.    

          Dígase,  finalmente,  que  el  casacionista,  con  desatención del  principio  de  autonomía  que rige también en sede de casación, acorde con el  cual  la  enunciación  del  ataque  se  debe  corresponder  con  su desarrollo,  cuestiona  también  que  se  haya  abierto  investigación  en  este  caso  sin  revocarse  previamente  la  decisión mediante la cual la Fiscalía 47 Seccional  de  Samaniego  dictó  inhibitorio  por  razón  de  la  muerte  de Hugo Germán Andrade López.   

          Más  aún,  el  libelista  tampoco  explica  la trascendencia de la  referida  incorrección.  Y  en ese sentido, omite fundamentar por qué la orden  posterior  de  abrir  investigación no implicaba la revocatoria de la decisión  emitida   por   el   Fiscal  47  Seccional  de  Samaniego,  máxime  cuando  esa  determinación  se adoptó, según así se alcanza a evidenciar en la copia algo  borrosa   que   se   incorporó   a  la  actuación18, por la no identificación o  individualización  de  los  autores  del  delito, situación que no configuraba  motivo  para  proferir  resolución  inhibitoria,  acorde  con lo previsto en el  artículo  327 de la Ley 600 de 2000, de manera que para ese efecto no requería  la  aducción  de  prueba  nueva,  conforme  los  términos  del  artículo  328  ibídem.   

         

          Por  las  razones antes expuestas, por tanto, la Sala inadmitirá la  demanda  instaurada  por el defensor de GUILLERMO LEÓN  MARÍN  PULGARÍN y ANÍBAL DE  JESÚS GÓMEZ HOLGUÍN.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          Es  de  anotar,  por  último,  que  la  Sala no hará referencia al  memorial  presentado  por  la  defensa  a  través  del  cual  allega  copia sin  autenticar  de  providencia  en  la  cual,  según  su contenido, se precluye la  instrucción   a   favor  de  GUILLERMO  LEÓN  MARÍN  PULGARÍN  por  el  delito de concierto para delinquir  agravado.   

          Lo  anterior  por  cuanto en la presente actuación ya está agotada  la   etapa   probatoria,   luego   de   considerarse  la  mencionada  prueba  se  desconocería el debido proceso.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  GUILLERMO   LEÓN   MARÍN   PULGARÍN   y     ANÍBAL    DE    JESÚS    GÓMEZ  HOLGUÍN.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                        MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                

               

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                        EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO  SALAZAR OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Al  respecto, ver auto del 7 de febrero de 2007. Rad. 26351.   

2 Cfr.  Providencia del 29 de julio de 2008, radicación 29411.   

3 Cfr. Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

4  En  ese sentido, ver auto del 12 de diciembre de 2003. Rad. 21379.   

5  Sentencia del 13 de febrero de 2008, radicación 21844.   

6 Auto  de 13 de diciembre de 2010, radicado 33065.   

7CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICDIA,   Auto   del   12   de   mayo   de  2010,  rad.  núm.  33610.   

8  Cfr.   Auto  de  segunda  instancia 28250 del 25 de septiembre de 2007.   

9CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto  de segunda instancia del 31 de julio de 2009, rad.  núm.  31539;   Ib. Auto de segunda instancia del 25 de septiembre de 2007,  rad. núm. 28250.   

10  Desde  luego,  nada  impide  que  también  la puedan promover el postulado o su  defensor  y  la  propia  víctima, esta última en aras de satisfacer plenamente  dentro   del   trámite   de   la   justicia   transicional   su  derecho  a  la  verdad.   

11 Sentencia C-370 de 2006.   

12  Revisión  24345  de  23  de abril de 2008. Revisión  30823  de  julio  27  de  2011.  Y  revisión  34391 de 26 de noviembre de 2012.  Revisión 33807 del 2 de julio de 2013.   

13  Folios 171 y 172 del cuaderno No. 3.   

14  Folios 201 y siguientes cuaderno ídem.   

15  Folios 37 y siguientes del cuaderno No. 5.   

16  Sentencia del 30 de julio de 2013, radicación 33461.   

17 En  la    indagatoria   GÓMEZ   HOLGÚIN   también    dijo    aceptar    el   cargo   relacionado   con   ese  homicidio.   

18  Folios 202 y 203 del cuaderno No. 1.     

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