41344(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

     FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

Aprobado  acta Nº  208   

Bogotá,  D.C.,  Julio tres (3) de dos mil trece (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Víctor  Alfonso  Murcia Ramírez, contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior de Mocoa el 27 de febrero de  2013,  mediante  la  cual  confirmó  parcialmente  la  proferida por el Juzgado  Segundo  Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Puerto Asís, el 21  de  febrero  de  2012,  que  lo  condenó como coautor de la conducta punible de  homicidio agravado en concurso homogéneo.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                    

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  Tribunal de la siguiente manera:   

“Según   informe  de  la  Policía  de  Vigilancia,  se tiene que los hechos ocurrieron el 18 de junio de 2011 a la 1:20  de  la  tarde, al encontrarse frente al establecimiento de razón social Juan al  Carbón,  cerca  del  local  conocido  como  Pepe  Salsa  cuando escucharon unas  detonaciones  y  observaron  a  dos  individuos  de sexo masculino, uno de ellos  conocido  como El Enano, quien llevaba una arma de fuego con la cual disparó en  varias  ocasiones a las personas que estaban departiendo en ese establecimiento,  posteriormente  emprendieron la huida con otro sujeto, quienes al momento de ser  perseguidos  por  uniformados  de  la  Policía, se logró la captura de Víctor  Alfonso  Murcia  Ramírez,  y  el otro, alias El Enano huyó, que por trabajo de  inteligencia  fue  identificado  con  el nombre de Bryan Steven Luna Rodríguez,  capturado  mediante  orden  de  allanamiento  el  18  de junio de ese año a las  20:45.   

“A causa de los disparos de arma de fuego  murieron  Fernando  Antonio Gómez y José Bayardo Camacho Martínez, igualmente  resultaron    heridos   Carlos   Alberto   Bonilla   Toledo   y   Leydi   Álape  Moñunga”.   

2. Por los anteriores sucesos, la Fiscalía  General  de  la  Nación el 15 de julio de 2011, presentó escrito de acusación  contra        Víctor       Alfonso       Murcia  Ramírez   y  Bryan  Steven Luna Rodríguez, por  los  delitos  de  homicidio  agravado, fabricación, tráfico o porte de armas o  municiones y lesiones personales.   

3. El expediente pasó al despacho del Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento de Puerto Asís,  autoridad  que  el  21 de febrero de 2012, dictó sentencia de primera instancia  en    la    que    condenó    a   Víctor   Alfonso  Murcia  y Bryan Steven Luna Rodríguez a la pena  principal  de  480 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el lapso de 20 años, como  coautores  de  los  punibles  de  homicidio  agravado y fabricación, tráfico o  porte de armas de fuego o municiones.   

En  relación  con  el  punible de lesiones  personales  declaró  improcedente  la acción penal, derivada de la ausencia de  querella.   

4. Apelado el fallo por la defensa técnica  de  los  acusados,  el  Tribunal  Superior de Mocoa el 27 de febrero de 2013, al  resolver  el  recurso,  lo  confirmó parcialmente, toda vez que absolvió a los  procesados  por  la  conducta punible de fabricación, tráfico o porte de armas  de  fuego  o  municiones,  razón por la cual impuso a los citados procesados la  pena   principal   de   450  meses  de  prisión.  En  lo  demás  le  impartió  confirmación,  esto  es, lo referido a la sanción accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  impuesta  en primera  instancia.   

Contra la anterior decisión, el profesional  del   derecho   que  vela  por  los  intereses  de  Murcia  Ramírez      interpuso      recurso      de  casación.   

S  Í  N  T  E  S  I  S   D E L   L I B E L O    

El  defensor con base en la causal tercera,  según  la  sistemática  reglada  en  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  presenta un sólo reproche contra el fallo, así:   

Único cargo  

Acusa  al  sentenciador  de  haber  violado  indirectamente  la ley sustancial, derivada de error de hecho por falso juico de  existencia,   yerro   que  condujo  a  la  trasgresión  de  los  postulados  de  presunción  de  inocencia  e in dubio pro reo, reglados en los artículos 7° y  381 del Código de Procedimiento Penal.   

El   censor  encaminado  a  demostrar  su  hipótesis  casacional,  asevera que el juzgador omitió valorar los testimonios  de   Víctor   Alfonso  Yara  Oliveros  Policía  de  Tránsito  que  firmó  la  “actuación”   como  primer  respondiente, a partir de lo cual procede a realizar un breve resumen de  su  relato,  concluyendo  que este uniformado y los compañeros Mojica, Grisales  Amador  y  Barón  Vargas,  únicamente  vieron  salir  a un sólo agresor de la  multitud, persona que portaba el arma de fuego en sus manos.   

Asevera  que  la  versión  de Leydi Johana  Álape  Muñunga  que  salió  lesionada,  tampoco  fue  analizada,  en tanto el  sentenciador  se  “conformó sólo en decir que ella  no  supo  quién  disparó,  cuando lo único cierto y así quedó registrado en  audios  fue  que sostuvo categóricamente que una persona de buzo negro o morado  fue   quien   desde   el   andén   disparaba   hacia  varios  lados”.   

Anota que igual situación aconteció con la  declaración  de Carlos Alberto Bonilla Toledo, también víctima de los hechos,  que  narró que vio a una sombra disparando y que luego apuntó el arma al sitio  donde él se hallaba con su compañero.   

Considera  que  el Tribunal omitió valorar  aspectos  puntuales  de  lo  expuesto  por el deponente, en relación con que la  persona  que  percutió el arma de fuego, llevaba un corte como militar, portaba  un  jean  color  oscuro,  que  emprendió la huida hacía la calle 13 para luego  coger  a  la carrera 34, y “que lo tuvo frente a una  distancia  aproximada de tres a cuatro metros; distancia supremamente más cerca  a  la  dada a conocer por los policiales quienes dijeron encontrarse a unos 15 0  20    metros    aproximadamente    de    distancia    del    sicario”.   

En  síntesis,  advierte  que  los  citados  testimonios  de  la defensa llevan al grado de conocimiento de duda, en cuanto a  los  señalamientos  que  hicieron  los  policiales respecto de las personas que  dispararon  contra  el  grupo  de  ciudadanos.  Es  más,  complementa,  ningún  cuestionamiento    se    hizo    acerca    de   las   inconsistencias   de   sus  afirmaciones.   

En   efecto,   los  juzgadores  nunca  se  interrogaron  sobre  la  dirección  en  que según el Patrullero Hader Grisales  Amador,  huyeron  los  sujetos,  pues  hay  dudas  si  lo  fue por la calle 13 o  14.   

Afirma  que  el  Tribunal reconoció que se  trataba  de  una  mera contradicción que no restaba crédito a sus dichos, para  lo  cual  procede  a  resaltar  fragmentos  de  las  explicaciones dadas por los  deponentes.   

En consecuencia, el demandante depreca de la  Corte  la  casación  de  la sentencia y por lo mismo, absolver a Alfonso Murcia  Ramírez de los cargos por los que fue condenado.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

La   casación   en   la   Ley   906   de  2004   

De   tiempo   atrás   la   Corte   tiene  establecido1,   en   criterio  que  en  esta  ocasión  se  reitera,  que  esta  impugnación  no  ha  sido  concebida  como  un  instrumento que dé cabida a la  continuación  del  debate  surgido  por  razón  del  proceso, pues el mismo se  entiende  culminado,  a  manera  de  instancia  adicional  a  las normativamente  previstas  para el respectivo trámite, sino que por el contrario, corresponde a  una  sede  única en la que se parte del supuesto que el juicio ha terminado con  la  emisión  de  la sentencia de segunda instancia, y que ésta no solamente es  acertada   sino   ajustada   en   un   todo   al  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación compete al demandante.   

Los   intervinientes   en  la  actuación  judicial,  sólo pueden lograr dicho propósito a través de la presentación de  una  demanda  escrita,  en  la  que  se  identifique  la sentencia recurrida, se  acredite  la legitimidad y el interés para recurrir, se expresen con claridad y  precisión  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de  la pretensión, y se  demuestre  la  objetiva  configuración  de  uno  o  varios  de  los  motivos de  casación    taxativamente   previstos   por   el   Código   de   Procedimiento  Penal.   

En el libelo debe demostrarse así mismo, la  necesaria  intervención  de  la  Corte para cumplir, en el caso concreto, uno o  más  de  los  fines  inherentes  al recurso extraordinario, los cuales aparecen  previstos  en  el  artículo  180  de la Ley 906 de 2004. De ninguna otra manera  podrían  ser  entendidas las expresiones contenidas en los artículos 181 y 183  ejusdem,  según  las  cuales, la casación resulta procedente contra sentencias  de  segunda  instancia,  “cuando afectan derechos o  garantías  fundamentales”,  y que en la demanda se  deben    señalar    “de    manera    precisa   y  concisa”,    las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos.   

La  Corte  insiste  en  indicar  que  en el  sistema  procesal  reglado  en  la  Ley  906 de 2004, no se exonera al censor de  cumplir  con  unos  mínimos  requisitos  de  forma  y contenido que le permitan  superar  el  necesario  juicio  de  admisibilidad que por ley compete realizar a  esta  Corporación,  con  claro  desarrollo  en  el artículo 184 del mencionado  estatuto,  que  la  faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en las  cuales  se  establezca  que  el  impugnante  carece  de interés, o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  o  se  dejan  de desarrollar clara y  precisamente  los  cargos  que  a su amparo pretendió formular, “o  cuando de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso”.   

Entre    los   mencionados   requisitos  establecidos  en  el  original artículo 183 de la Ley 906 de 2004, esto es, con  anterioridad  a  la modificación introducida por el artículo 98 de la Ley 1395  de    20102,  se destaca que al actor corresponde interponer el recurso dentro  de  la  oportunidad legalmente prevista, es decir, dentro del término común de  los  60  días  siguientes a la última notificación de la sentencia de segunda  instancia,  y la carga de acreditar la existencia de interés, en orden a acudir  en sede extraordinaria.   

Al  demandante igualmente compete señalar,  además,   con   absoluta  precisión,  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar y sustentar de manera clara el reproche que  a  su  amparo  pretenda  proponer  y  demostrar con la nitidez requerida, que la  intervención  de  la  Corte  en  el  asunto  particular, resulta necesaria para  cumplir  alguna  de las varias finalidades previstas para el recurso, tales como  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes  en  el  proceso,  la  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En   dicho   sentido   la   Sala   tiene  establecido:   

“La   debida  sustentación  del  cargo  propuesto  implica  para  el  censor,  entre  otras exigencias, desarrollarlo en  forma  completa,  conforme  al  principio de sustentación suficiente, de suerte  que  la demanda se baste a sí misma para lograr la infirmación total o parcial  de  la  sentencia,  según  el  caso,  y  hacerlo  de manera clara y precisa, en  términos  tales  que  el  alcance de la impugnación surja nítido, para que el  juez   de   casación   pueda   dar   a   los   reproches   planteados  adecuada  respuesta.   

“También   es  exigencia  indeclinable  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para la realización de  los  fines  de  la  casación,  lo  cual  significa  que  la demanda, además de  hallarse  adecuadamente  presentada y debidamente sustentada (idoneidad formal),  debe  ser fundada (idoneidad sustancial), es decir, estar razonablemente llamada  a   propiciar   la   infirmación   total  o  parcial  de  la  sentencia,  o  un  pronunciamiento unificador de la Corte sobre el tema debatido.   

“A   esta  conclusión  se  llega  tras  consultar  el  contenido del artículo 184 ejusdem, donde se incluye como causal  de  no selección de la demanda de casación, el que se advierta fundadamente de  su  contexto  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  propias  del  recurso,  es  decir,  que  no  sea  necesario para materializar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  la  reparación de los agravios inferidos a éstos (artículo  180)”3.   

En todo caso, la adecuada sustentación del  recurso,   sin   la   cual  no  es  posible  acceder  a  éste,  “exige  que  el  demandante  demuestre  que  el juzgador cometió un  error  al  tomar  la decisión, bien de juicio (in iudicando) o de actividad (in  procedendo),  para  cuyo efecto no basta afirmar que una determinada infracción  se   cometió,   sino  que  es  necesario  precisar  en  qué  consistió,  qué  repercusiones   o   implicaciones   tuvo   en   la   decisión  recurrida,  qué  consecuencias  desfavorables  se  derivaron  de ella para la parte impugnante, y  por  qué  la intervención de la Corte es necesaria para el cumplimiento de los  fines   del   recurso”4.     

         

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación de la infracción indirecta de la ley material   

         

         

En  esta  modalidad  de  vulneración de la  norma,  se acepta que el error del  juzgador ocurrió de manera mediata, es  decir,  en  la  elaboración  del  juicio  de  hecho  derivado  de errores en la  apreciación  de  la  prueba, falencia que se ve reflejada en la aplicación del  derecho.    

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete  enseñar  a  la  Corte  en qué consistió el error en la  valoración  de  los  medios  de  convicción,  es  decir,  si fue de hecho o de  derecho  y  el  falso  juicio  que  lo determinó, esto es, si es de existencia,  identidad, raciocinio, legalidad o convicción.   

Y   por   último,  evidenciar  cómo  el  mencionado  vicio,  incidió  en la aplicación del derecho, en la medida en que  se  seleccionó  una  norma  que  no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se  excluyó  otra  que  sí  resolvía todos los extremos de la relación jurídico  procesal.   

Calificación de la demanda  

         De  entrada  la  Sala advierte que el único cargo postulado por la  defensa  contra  el  fallo del Tribunal, no reúne los presupuestos de lógica y  debida fundamentación para su admisibilidad. Veamos:   

En primer lugar, compete hacer hincapié en  cómo  la  Sala,  de  manera pacífica y reiterada, ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un mínimo rigor lógico, jurídico y  argumental,  pues  no  se  trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primer  y  segundo  grado,  en  la cual se pretenda anteponer el  particular  criterio o valoración probatoria, a aquél que sirvió de soporte a  la  decisión  de  los jueces, entre otras razones, porque a esta sede arriba la  decisión   judicial   con   la   doble  presunción  de  acierto  y  legalidad.   

         En  esa  medida,  para   que  dicha  presunción   sea   quebrada,   se  deben  presentar  argumentos  claros,  lógicos, coherentes y fundados,  derivados  del  compromiso  de  demostrar  la violación en la cual incurrió el  fallador,  suficiente  para  echar abajo el contenido de verdad de la sentencia,  en  el  entendido  que  de no haberse materializado el yerro, otra habría    sido    la    decisión    y  precisamente,  se  ofrece  trascendente recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Aclarado   lo   anterior,  vale  reiterar que el error de hecho por falso juicio de existencia  se  presenta  de  dos  formas,  a saber: la primera cuando se omite apreciar una  prueba  recaudada  con  los  presupuestos  de  validez  y, la segunda, cuando se  soporta  la  decisión  en  elementos de conocimiento que no fueron allegados al  juicio oral, público y concentrado.   

         Por  tanto,  al  actor  compete  indicar cuáles fueron las pruebas  omitidas  o  supuestas  en  la  actividad  probatoria,  y  cómo  de  no haberse  incurrido  en  ese  desacierto,  la  sentencia  habría  sido  favorable  a  los  intereses del procesado.   

         En  el  supuesto  que  ocupa  la  atención  de  la  Corte, resulta  diáfano  colegir que el censor se abstuvo de cumplir los anteriores derroteros,  en  la medida en que su discurso argumentativo únicamente va dirigido a mostrar  que  los  testigos  aportados  por la defensa ofrecen credibilidad, en relación  con  la identidad de la persona que disparó contra las víctimas, puesto que en  su sentir, existen dudas acerca de ese aspecto.   

         En   tales   condiciones,   el  actor  en  vez  de  enseñar  a  la  Corporación   la   existencia   del   enunciado  vicio,  entra  a  discutir  la  apreciación  probatoria  hecha  por  la  instancia,  sobre  la  cual  dedujo el  compromiso  penal de los hoy sentenciados, fundado en personales conclusiones en  torno  al  mérito  dado  a la comunidad probatoria, disparidad de criterios que  como  se  sabe  no  constituye  yerro,  en  orden  a  ser  postulado  en sede de  casación,  máxime  cuando la sentencia llega amparada por la doble presunción  de  acierto  y  legalidad,  en  cuanto  a que las probanzas fueron correctamente  valoradas  y el derecho estrictamente aplicado, la que sólo puede derrumbarse a  través  de  los  motivos  expresamente  señalados  en  la ley y demostrando su  transcendencia    respecto   de   las   decisiones   adoptadas   en   el   fallo  recurrido.   

         No  obstante lo anterior, la Corporación advierte que no le asiste  razón  al  casacionista  al  predicar  la  omisión probatoria de los medios de  convicción  que  enlista,  habida cuenta que el hecho de que el censor pretende  acreditar  con  las  probanzas que califica como no apreciadas, fueron objeto de  estudio    por    el    Tribunal,    concluyendo    que    las   “pruebas  declarativas  de  cargo  que se practicaron al interior de  este  juicio  son creíbles y con base en lo expuesto, no podrán ser desechadas  como  lo intentan los censores, aun  cuando ni siquiera lograron arrimar al  plenario  una  prueba  contundente  con la fuerza para destruir el señalamiento  directo  de los policiales, al no tener tal entidad las declaraciones como ya se  dijo  del  señor  Jhon  Fredy Jaimes Benavides y tampoco las rendidas por Leydi  Johana  Álape  y  Carlos  Bonilla, quienes a pesar de resultar heridos en tales  hechos,  la  primera no sabe quién disparó y el segundo así haya dicho que no  fue  Bryan Steven, no explica la razón de tal afirmación, razón por la que no  serán  de  recibo  las  exculpaciones sin fundamento, alegadas en el escrito de  refutación”.   

         En  consecuencia,  ante la falta de razón de sus afirmaciones  y  la  ausencia  de  los  presupuestos  de  lógica y debida fundamentación, se  inadmitirá la demanda.   

         

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  cuyo  trámite  fue  señalado  en auto del 12 de diciembre de  2005, adoptado en el radicado 24322.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         

         1.      INADMITIR   la  demanda de casación presentada por  el    defensor    de    Víctor    Alfonso   Murcia  Ramírez.   

2.  De conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

         

         

         Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                     GUSTAVO E.  MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                             JAVIER  DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

         

                                                        

    

1 Cfr.  auto de casación del 5 de diciembre de 2007. Rad. 28653.   

2 Ley  1395  de 2010. Art. 98. “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo  183. Oportunidad.  El  recurso  se interpondrá ante el Tribunal dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  última  notificación y en un término posterior  común  de  treinta (30) días se presentará la demanda que de manera precisa y  concisa señale las causales invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

3 Cfr.  por   todos,    auto   de   casación   de   9   de  junio  de  2008.  Rad.  29019.   

4 Cfr.  Auto casación de 26 de septiembre de 2007. Rad. 28053.     

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