41235(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 208.   

Bogotá,  D.C.,  tres (3) de julio de dos mil  trece (2013).   

V    I   S   T   O  S   

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de SAMUEL PEÑA AMAYA  y  de EDIXON RENÉ CALDERÓN  ARCINIEGAS, contra la sentencia del 16 de noviembre de  2012,  proferida  en  segunda instancia por el Tribunal Superior de Bucaramanga,  confirmatoria  de  la  dictada el 23 de enero de ese año por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito Adjunto de la misma ciudad, que condenó a los procesados a  la  pena  principal  de  42  meses de prisión y la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso; por  haberlos   declarado   penalmente   responsables   de   las  conductas  punibles  de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones  y  lesiones  personales. A los sentenciados  se les concedió la prisión domiciliaria.   

H E C H O S  

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron relatados en el fallo de primera instancia, como se transcribe a  continuación:   

“Según informe  de  la policía el 13 de marzo de 2005,se recibió información en la central de  comunicaciones  de  la  policía  nacional  sobre  unos  disparos que se estaban  realizando  en el barrio Villa Esmeralda, pues se había presentado una riña en  la  casa  de  la señora MARTHA CECILIA RODRÍGUEZ, donde los sindicados habían  llegado  amenazando y diciendo palabras soeces a quienes se encontraban allí en  una  fiesta  familiar,  luego  los mismos se retiraron y volvieron portando cada  uno  un  arma de fuego realizando varios disparos contra el inmueble, resultando  así lesionado el señor LUIS ALFREDO GIL.   

Las lesiones causadas al señor LUIS ALFREDO  GIL,  le  reportaron  una incapacidad definitiva de treinta y cinco (35) días y  como  secuela una perturbación funcional del órgano de la visión.”   

ACTUACIÓN       PROCESAL   RELEVANTE   

Con fundamento en el informe de policía que  daba  cuenta  de la aprehensión de SAMUEL PEÑA AMAYA  y  de EDIXON RENÉ CALDERÓN  ARCINIEGAS,  así  como  la  denuncia  formulada  por  Martha    Cecilia   Rodríguez   Arenas,  la Fiscalía 6 de la Unidad de Reacción Inmediata de Bucaramanga  ordenó  la  apertura  de  instrucción  el  13  de  marzo  de  20051, así como la  vinculación  de los implicados mediante indagatoria2,  oportunidad en la que se les  imputaron   las  conductas  punibles  de  lesiones  personales  y  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego  o municiones.   

La  investigación  se  le  asignó  a  la  Fiscalía     8    Seccional    de    Bucaramanga3  que practicó varias pruebas.  Posteriormente  le  correspondió  adelantar  la averiguación a la Fiscalía 23  Seccional      de      la      misma      ciudad4, autoridad que el 8 de mayo de  2007  resolvió abstenerse de definir la situación jurídica, al considerar que  la  pena  mínima  señalada  para  los delitos imputados no superaba los cuatro  años   de   prisión   y  dispuso  el  cierre  de  la  instrucción5.   

El  9  de  julio  de  2007,  se calificó el  mérito            del            sumario6  profiriendo  resolución  de  preclusión.  Contra  esa  providencia  interpuso  el  recurso  de apelación el  apoderado  de  la  parte  civil y el 18 de noviembre de 2008, la Fiscalía Sexta  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga la revocó y acusó a los  procesados  por  los  delitos  de lesiones personales y fabricación, tráfico y  porte    de    armas   de   fuego   o   municiones7.   

La  etapa  del  juicio  le  correspondió al  Juzgado  Octavo Penal del Circuito de Bucaramanga que asumió el conocimiento el  18       de       diciembre       de       20088  y  le dio trámite a la etapa  del  juicio.  Empero,  concluida  la  audiencia  pública de juzgamiento hubo de  remitir  el  expediente  a  Reparto  de  los Juzgados Penales del Circuito de la  ciudad,     en     cumplimiento     del     Acuerdo    No.    PSAA11–7686  del  21  de  enero  de  2011 del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  en  consideración  a que el despacho se  incorporó al sistema penal acusatorio.   

La  sentencia  de  primera  instancia  fue  proferida  el  23  de  enero  de  2012 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  Adjunto           de           Bucaramanga9,   de   cuya   naturaleza   y  contenido  se  hizo  mérito en el acápite inicial de esta providencia, la cual  fue  confirmada  por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior, mediante la que es  objeto      del      recurso      extraordinario10.   

LA   DEMANDA   

Un  cargo  dice  formular  la  demandante al  amparo  de  la  causal  primera  del  artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal,   por   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  “…que  proviene del error en la apreciación de las pruebas. Se da  un  error  de  hecho  derivado  del  falso  juicio  de  identidad  de  la prueba  testimonial    y   omisión   evidente   de   la   prueba   pericial.”   

Luego  de evocar que a los procesados se les  condenó  por los delitos de porte ilegal de arma de fuego y lesiones personales  dolosas,  transcribe  algunos  apartes  de  las  sentencias de primera y segunda  instancias   que  –según  afirma   la   defensora–  contienen  los fundamentos a partir de los cuales se predicó la coautoría y la  responsabilidad  de  SAMUEL  PEÑA AMAYA y    de    EDIXON    RENÉ    CALDERÓN  ARCINIEGAS.   

Alude  al  testimonio  de  Martha  Cecilia  Rodríguez  Arenas  y  explica  que  esta  mujer  afirmó haber escuchado cuando  PEÑA    AMAYA    dijo  “…ahorita     vengo    y    los    remato    a  todos…”  y  que  en  efecto  luego apareció éste  acompañado   de   CALDERÓN  ARCINIEGAS,  empero  cree  que  ese  “…no es un  hecho  que nos indique en grado de certeza que fue SAMUEL PEÑA quien al parecer  portando  arma  de  fuego  dispara  contra la reja como lo determina el afectado  LUIS  ALFREDO  GIL  FLÓREZ y que las esquirlas fueron las del impacto en el ojo  derecho      causando      lesión      al      citado     ciudadano.”   

Advierte que Martha Cecilia Rodríguez Arenas  no  fue  testigo  presencial  de  los  hechos  y por ello no se puede tener como  verídica  su  declaración en el sentido de que fue una bala lo que impactó el  ojo  de Luis Alfredo Gil Flórez, con mayor razón porque éste la desmintió al  asegurar  que  “…a mí me hirió fue una esquirla  por  que  (sic) el tiro creo  que  pego  (sic)  en la reja  metálica,     o     en     el     piso    o    en    la    pared…”   

A  su  juicio, de lo dicho por Julio Gerardo  Corredor    Fonseca   se   deduce   la   imposibilidad   de   que   SAMUEL  PEÑA  AMAYA hubiese disparado un  arma  de  fuego  hacia  donde  estaba  Luis Alfredo Gil Flórez, porque Corredor  Fonseca  declaró  que “…como a los diez minutos o  un  cuarto  de  hora  SAMUEL  entro (sic) corriendo  por  los pasillos del frente de la casa… de un momento  a  otro  sonaron  unos  tiros, Samuel llevaba una carabina en la mano y se fue a  corretear  a  don  Jorge…”; versión que, además,  contraría   la   de   Martha  Cecilia  Rodríguez,  porque  ella  declaró  que  “…Una   de   las   balas   le   pego   (sic)   al  señor  LUIS  ALFREDO  GIL  FLÓREZ,    que    le    pego   (sic)   en   un  ojo…”  Entonces,  colige  la  demandante  que  son  imprecisos  y  contradictorios  los  testimonios  y que es  evidente   el   interés   por  perjudicar  a  SAMUEL  PEÑA,  porque  según  Julio  Corredor  su  defendido  estaba  correteando  a  don  Jorge, lo que indica que el implicado se alejó del  lugar de los hechos.   

Expone  la  defensora  que  Luis Alfredo Gil  Flórez  declaró  que  “…en  la segunda ocasión  gritaba  la  gente  llegaron  los paracos… y vienen esos manes armados todo el  mundo  corrió  y  se  encerró…” No obstante, Gil  Flórez  se opone a lo narrado por Corredor Fonseca, porque con respecto a Jorge  explicó:   “…nosotros  que  estábamos  con  mi  sobrino  Jorge  afuera  no  alcanzamos  a  entrar a la casa, por que  (sic)  empezaron  a  sonar disparos por  todos   lados   yo   me   agache  (sic)  y  bote (sic) de  lado  contra  las  rejas  de  la  esquina  de  la casa al lado quedo  (sic)  mi  sobrino,  yo  le decía a mi  sobrino  no  nos  paremos  por  que (sic) nos  pueden  joder…  fue  cuando  iba  pasando  un  señor que no  conozco     y     disparo     (sic)    hacia  el  lado  donde  nosotros  estábamos….yo  en  la  primera  ocasión  los puede ver, pero no los distinguía, en la segunda ocasión gritaba  la  gente  que  habían  regresado  los  manes  y venían armados…”   

Considera   que  no  puede  predicarse  la  responsabilidad  de  los  procesados,  porque  la misma víctima declaró que la  lesión  ocurrió  “…cuando iba pasando un señor  que  no conozco…” y que fue esa persona desconocida  la que disparó hacia donde estaban él y su sobrino.   

Se  refiere a la declaración del patrullero  de  la Policía Nacional Willington Helí Ortíz Quiroga, de quien asegura haber  admitido que no verificó si habían quedado rastros de disparos.   

“Las evidencias  procesales  obrante (sic) no  prueban  que en la residencia de los denunciantes hubiesen impactado balas, como  tampoco  se  probo (sic) que  los  encartados  hubiesen  disparado  arma  de fuego y que en virtud de ello una  esquirla  de  arma  de  fuego haya sido la que impacto  (sic)  en  el  ojo del señor GIL FLÓREZ, por lo que  con  ello se evidencia la violación indirecta de la ley sustancial al adicionar  las  pruebas testimoniales con argumentaciones hipotéticas lo cual evidencia un  error    de    hecho    en    la    valoración   de   las   pruebas.”   

Luego  alude  al  informe  médico  legal de  lesiones  no fatales en el que se concluyó que la incapacidad definitiva era de  35  días  con secuelas de carácter permanente. No obstante, señala que en ese  dictamen  se  advirtió  la  necesidad de otro reconocimiento, porque recomendó  que   el   paciente   fuera  evaluado  cada  seis  meses  por  el  oftalmólogo,  “…de  ahí  que  como  quiera  que le asistía el  deber  tanto  a la fiscalía como al juez, de ordenar los controles sugeridos en  aras  de  contar  con  un  dictamen  definitivo  y  concluyente sobre la secuela  definitiva,  de ahí que al excluir esta recomendación tan de vital importancia  para   determinar  la  responsabilidad  penal  de  quienes  son  investigados  y  procesados  resulta  lesivo  al  debido  proceso…”   

En razón de ello asegura que se vulneró el  principio de investigación integral.   

“De ser evaluado  nuevamente  el  lesionado  el  dictamen médico legal tendría un nuevo concepto  sobre  la  secuela  y  con  ello  la  adecuación  de  la conducta al tipo penal  correspondiente;  pero  se  omitió  la  práctica  de  esta prueba conducente e  idónea  se violo (sic) así  el   debido  proceso,  pues  así  no  existía  certeza  sobre  la  incapacidad  definitiva     de     le     (sic)    lesión  acorde  a  la  verdad  real  y  por  ende  mis  defendidos  resultaron  condenados  por  un hecho que no era el que hubiese correspondido de  acuerdo a la realidad probatoria.”   

Cree la libelista que por no haberse cumplido  la     recomendación     del     perito    médico  legal,   se  impidió  la  emisión  de  un  concepto  diferente  “…por  lo  que  las  pruebas no fueron  apreciadas  en  debida  forma y de ahí que se produzca una violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho por omisión evidente.”   

De     esa     forma     –agrega–,  se violaron los artículos 232, 238  y 277 del Código de Procedimiento Penal.   

En consecuencia, solicita de la Sala casar el  fallo impugnado y absolver a los procesados.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

1. De conformidad  con   el   artículo   205  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  recurso  extraordinario  de  casación procede contra las sentencias de segunda instancia  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal  Penal  Militar,  en  los  procesos  adelantados por delitos que tengan señalada  pena  privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho años, aunque se haya  impuesto  como  sanción una medida de seguridad. Ésta es la que se conoce como  casación común.   

De  acuerdo con el inciso tercero del citado  precepto,   la   denominada   casación  excepcional  opera  también  frente  a  sentencias  de  segunda  instancia,  pero distintas a las mencionadas, es decir,  las  dictadas  por  esos  estrados en procesos adelantados por delitos cuya pena  máxima  no  exceda  de  ocho años, o por los juzgados penales del circuito. En  estos  casos  la Corte, de modo discrecional, puede admitir excepcionalmente una  demanda  de  casación,  cuando  lo considere necesario para el desarrollo de la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos fundamentales, siempre que el  libelo   reúna  los  requisitos  previstos  en  la  ley  y  se  satisfagan  los  presupuestos de oportunidad, legitimidad e interés.   

1.1. En el presente  asunto,  la  sentencia  de segunda instancia fue proferida el 16 de noviembre de  2012,  dentro  de  un  proceso adelantado por los delitos de lesiones personales  (art.  111, 112 inc. 2, y 114 inc. 2, del C.P.) y Fabricación, tráfico y porte  de  armas  de  fuego  o  municiones (art. 365 del C.P.), sancionados con pena de  prisión  cuyo  máximo  es  de  8  años,  según  la normativa que el Tribunal  aplicó  por  ser  la  que  regía  el  caso  en  consideración  a  la fecha de  realización  de  la  conducta  (13  de marzo de 2005), fecha en la cual aún no  operaba  el  sistema  acusatorio  en el Distrito Judicial de Bucaramanga, por lo  que  no  tenía vigencia el incremento general de penas previsto en el artículo  14 de la Ley 890 de 2004.   

Es evidente que no tiene cabida la casación  común,  puesto  que tanto para la fecha de los hechos como para la del fallo de  segunda  instancia, la ley procesal establecía como requisito para acceder a la  misma   que  la  pena  prevista  para  el  delito  excediera  de  los  ocho  (8)  años.   

1.2.  Asimismo, es  ostensible  que  la demandante no invocó el inciso tercero del artículo 205 de  la  Ley  600  de  2000, es decir, no fue explícita en indicar que la demanda de  casación era excepcional.   

Tampoco se desprende del contenido del libelo  la  intención,  así  sea  imprecisa,  de  acudir  a  esa  especie  del recurso  extraordinario,  porque  en  ningún  aparte del escrito alude a la necesidad de  desarrollar   la   jurisprudencia   nacional   o   de  garantizar  los  derechos  fundamentales,  pues  la recurrente no pasa de formular simples enunciados sobre  supuestas  irregularidades a las cuales no les da cabal desarrollo y respecto de  las  que,  dicho  sea  de  paso,  la  Corte  no encuentra que se concrete algún  elemento  que  permita  obrar  de  oficio,  según  la  facultad otorgada por el  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

Y,  a pesar de que según lo ha precisado la  jurisprudencia  de la Sala no constituye condición ineludible que el actor deba  mencionar  que acude a la casación discrecional, sino que es suficiente con que  del  contexto  de  la  demanda  surja que esa es su intención, porque expone de  manera    adecuada,   al   menos,   alguno   de   los   dos   motivos   que   la  permiten11,  la  Corte  no  la  admitirá,  como quiera que en su formulación  omite  cumplir los demás requisitos de forma establecidos en la ley.   

1.3.  En  efecto,  tiene  dicho  la  Corte12,  y  ahora  lo reitera, que  las  demandas  de  casación  discrecional,  aparte  de  las exigencias de orden  general  relacionadas  en el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal de  2000,  deben  satisfacer  los requisitos señalados en la parte final del inciso  tercero del artículo 205 ibídem.   

Así,  dos  son  los  propósitos  de  esta  modalidad        de        impugnación       extraordinaria:       (i) obtener de la Corte nuevos elementos  de  análisis  que  incidan en el desarrollo de la jurisprudencia y (ii) procurar los mecanismos protectores  de las garantías fundamentales.   

En   cualquier   caso,   debió              la  impugnante  exponer  en  capítulos  separados,  con  suficiente  sustento  lógico,  cuál  de  esas dos finalidades  –o   ambas–          pretendía   alcanzar   por   medio   de   la  demanda.   

1.3.1. Entonces,  si  su  propósito  es  el  primero,  esto  es,  propiciar  el  desarrollo de la  jurisprudencia,  su  planteamiento  debe ser preciso y claro en dos sentidos: el  señalamiento  de  la utilidad inmediata de la decisión pedida y su proyección  sobre la jurisprudencia.   

En  el  caso  de que su ánimo sea unificar  criterios   jurisprudenciales,   basada  en que ha descubierto dentro del acervo de pronunciamientos de la  Sala  posiciones  encontradas sobre un determinado aspecto de derecho, así debe  demostrarlo,  mediante  la  confrontación  objetiva  y conceptual de las piezas  jurídicas que han sido objeto de conocimiento.   

Si  su  intención  es provocar que la Sala  asuma  una posición sobre una determinada tesis doctrinaria en torno de la cual  no  ha  tenido oportunidad de hacerlo, o acerca de la cual ha plasmado conceptos  vagos  o  inacabados,  igualmente debe dejarlo establecido, luego de efectuar un  seguimiento  minucioso  de  la  jurisprudencia  con  el objeto de destacar las carencias señaladas.   

Ahora  bien,  si lo que ambiciona es que la  Corte  actualice  su  postura  frente  a un determinado problema jurídico, bien  porque  la  doctrina ha depurado sus elaboraciones al respecto, o bien porque el  devenir  social y humano así lo reclaman, su discernimiento en orden a crear la  necesidad  de  esa  innovación  ha  de  ser  de  más  amplio  espectro y mayor  profundidad13.   

1.3.2. Empero, si  la  finalidad  perseguida  es la segunda, es decir, la garantía de los derechos  fundamentales,    el    esfuerzo   dialéctico   debe  encaminarse  a  mostrarle  a  la  Corte,  mediante una  argumentación  lógica, el desconocimiento de un derecho de tal envergadura por  haberse  quebrantado  la  estructura  básica  del  proceso  o  la actividad del  juzgador,  e  indicar  las  normas constitucionales que lo protegen, su concreto  conculcamiento  con  la  sentencia  y  por  qué  el  procesado  fue  privado de  oportunidades   que  le  permitieran  sacar  avante  posturas  favorables  a  su  situación.   

En ese sentido, reiterativamente se ha dicho  que  cuando  se  aduce  violación  del  debido  proceso,  debe  comprobarse  la  existencia  de  la irregularidad sustancial que afecte la estructura del sistema  que  lo  inspira,  vr. gr., falta de apertura de investigación, no vinculación  del  procesado,  no  definición  de  la  situación  jurídica  cuando ella sea  obligatoria,  o  ausencia  de  la  decisión  de  cierre  de  la investigación;  desconocimiento  de  la  etapa  de  investigación  y/o  juzgamiento; dentro del  juicio:  de  la  fase probatoria y/o de debate oral; de formulación de cargos o  sentencia, o la posibilidad de recurrir en segunda instancia.   

1.4. En todo caso,  es  competencia  exclusiva  de  la  Corte,  en ejercicio de su discrecionalidad,  ponderar  la fundamentación expuesta por la parte que acude a dicho mecanismo y  decidir    si    admite    o    rechaza    el    trámite    de   la   casación  excepcional.   

1.5.  Aún  en  el  evento  de que se dijeran superados esos escollos, para la Sala es claro que los  cargos  postulados  por  la  libelista  no  resisten el análisis de la adecuada  fundamentación,  porque  se  dirigen  a  confrontar su criterio con los juicios  valorativos  de  la  segunda  instancia  a partir de los cuales se corroboró la  autoría  y  responsabilidad  de  SAMUEL  PEÑA AMAYA  y  EDIXON  RENÉ  CALDERÓN  ARCINIEGAS  en  los  atentados  contra  la  integridad  personal  y  la  seguridad  pública,  pretendiendo entronizar el suyo como más  contundente,  sin  alcanzar  a  perfilar  los  vicios  que  por su trascendencia  obliguen   a   proferir,   en   reemplazo,   un   fallo   absolutorio  para  los  procesados.   

Además, con absoluto desconocimiento de la  técnica  que rige el recurso extraordinario de casación, la demandante propone  tres  cargos dentro del mismo capítulo. En efecto, al enunciar la censura alude  al  falso  juicio  de  identidad  en relación con la prueba testimonial, empero  inmediatamente  afirma  que  el  ataque también se orienta a demostrar que hubo  “omisión     evidente     de     la     prueba  pericial”,  desconocimiento  que  corresponde  a  un  falso   juicio  de  existencia.  Por  último,  señaló  que  los  funcionarios  judiciales  habían  afectado  el  debido  proceso,  porque faltaron al deber de  adelantar   una  investigación  integral,  acorde  con  la  preceptiva  de  los  artículos 20 y 234 del Código de Procedimiento Penal.   

1.6.  No obstante  que  de  acuerdo  con  lo  anotado  puede  considerarse que los reproches se han  respondido  negativamente,  considera  la  Sala  oportuno, en cumplimiento de la  función   pedagógica  que  le  corresponde,  recabar  en  la  esencia  de  los  presupuestos  necesarios  para  demostrar  una  causal  acorde con la naturaleza  constitucional  y  legal  del recurso, sin que ello constituya la imposición de  un  método  determinado, sino la indicación de las exigencias que debe colmar,  en  cada  caso,  la  formulación  de  los  cargos y específicamente de los que  trató  de  esbozar  la  apoderada  especial de SAMUEL  PEÑA  AMAYA  y EDIXON RENÉ  CALDERÓN ARCINIEGAS.   

2.  Asegura  la  demandante  que  el  Tribunal incurrió en un error de hecho por falso juicio de  identidad,   en   relación   con   “…la  prueba  testimonial…”,  y  alude  específicamente  a  las  declaraciones  de  (i) Martha  Cecilia  Rodríguez Arenas, de quien afirma que no pudo percibir si fue una bala  lo  que  impactó  en  el  ojo  de  Luis  Alfredo Gil Flórez, porque ella no es  testigo   directa  de  los  hechos;  (ii)  Julio  Gerardo  Corredor  Fonseca, que declaró haber visto cuando  SAMUEL PEÑA AMAYA, portando  una  carabina,  perseguía  a “don Jorge”;  (iii) Luis  Alfredo     Gil    Flórez,    la    persona    lesionada    que    –de       acuerdo      con      la  demandante–  refuta  los  anteriores  testimonios,  porque  afirma  que  cuando  fue  herido estaba con su  sobrino  Jorge  tendido en el piso, el objeto que lo impactó fue una esquirla y  la   persona   que   disparó   era   un   desconocido,   lo   que  –en  sentir  de  la censora–    demuestra    que    SAMUEL   PEÑA  no  disparó,  porque  no  podía  perseguir  a  Jorge  ya que éste estaba en el piso junto a Luis Alfredo  Gil,  la herida no es de bala y el arma la accionó un extraño; y, (iv),  el  agente  de policía Willington  Helí  Ortíz  Quiroga, que aceptó no haber buscado rastros de disparos, por lo  que  no  se  demostró  que  los  implicados  hubiesen  utilizado  las  armas de  fuego.   

Aunque  la  libelista  rotula el cargo como  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho derivado de un  falso  juicio  de identidad en la apreciación de algunos medios de persuasión,  su  planteamiento  en  manera  alguna  se  encamina  a acreditar que las pruebas  relacionadas  fueron  distorsionadas  en  su  expresión fáctica, al punto que,  incluso,  omite señalar si el yerro que le atribuye al Tribunal obedeció a que  cercenó o adicionó los testimonios.   

Ciertamente,  cuando  se  acude al error de  hecho  por falso juicio de identidad, es deber del actor acreditar que uno es el  contenido  material del medio probatorio deformado y otro muy diferente el valor  que  el  juzgador  le  otorga,  al  extremo de hacerle decir a esa probanza algo  distinto  de  lo  que  realmente dice, por lo cual el sentido de la decisión se  altera.   

Nada de esto propone la demandante, pues ni  siquiera  ilustra  a  la  Corte  sobre  el contenido integral de las pruebas que  aduce  distorsionadas,  al punto que apenas transcribe algunos apartes de manera  sesgada;  y,  menos  indica cuál fue el análisis que sobre esos elementos hizo  el  juzgador,  limitando  su  inconformidad a una crítica al mérito persuasivo  que  les  otorgó el Ad quem,  pretendiendo  oponer su criterio, según el cual la prueba conducía a demostrar  que  los  procesados no portaban armas de fuego y por lo tanto no le causaron la  lesión a Luis Alfredo Gil Flórez.   

La  censura  inicialmente  insinúa  que el  error  consistió  en  una  presunta  distorsión  del  contenido  material  del  elemento  de juicio objeto de valoración, pero enseguida se refiere a la fuerza  de  convicción  dispensada  por  el  juzgador,  sin que aparezca a lo largo del  desarrollo  del  reproche  un argumento de peso que permita siquiera suponer que  tales   elementos   de   convicción   fueron   desfigurados   en  su  contenido  material.   

En   suma,  ningún  yerro  demuestra  la  libelista   tendiente   al   desquiciamiento   del   pronunciamiento   judicial.   

Por   modo  que,  a  falta  del  correcto  planteamiento   y   la  necesaria  demostración  en  la  demanda  de  un  error  trascendente  en  el  fallo  cuestionado,  no  puede  la Corte sin contrariar el  principio  de  limitación que rige la impugnación extraordinaria, ocuparse del  examen  de  falencias  o  yerros  no denunciados, o deficientemente presentados,  tanto  menos cuando en esta sede las sentencias se presumen acertadas y legales,  cuyo  derrumbamiento  sólo  es posible procurar a través de la dialéctica que  dejó de soslayo la defensora.   

Incluso, parte de falsas premisas, porque no  es   cierto   que  Luis  Alfredo  Gil  Flórez  rebatiera  la  intervención  de  SAMUEL   PEÑA  AMAYA,  al  asegurar   que   quien   había   disparado  era  otra  persona  “un   desconocido”,   puesto   que   lo  declarado  por  el  testigo es que no conocía a PEÑA  AMAYA,   pero  que  sí  fueron  él  y  EDIXON  RENÉ  CALDERÓN  ARCINIEGAS  las  personas   que   dispararon.   Así  se  refirió  al  episodio  el  señor  Gil  Flórez:   

“…empezaron a  sonar  disparos  por  todos  los  lados,  yo  me  agaché  y  me  boté  de lado  coantra  (sic) las rejas de  la  esquina  de  la  casa,  al  lado  quedó  mi sobrino también y los disparos  sonaban  por  todos  los  lados, yo le decía a mi sobrino no nos paremos porque  nos  pueden  jode[r],  fue  cuando   iba   pasando   un   señor  que  no  conozco  y  dispalró     (sic)     hacia     [el]  lado donde nosotros estábamos, fue  cuando  yo  sentí el impacto en la vista que me hizo dar el bote (el declarante  señale (sic) que la herida  fue  debajo del ojo derecho) y mi sobrino se iba a parar y fue cuando él me vio  sangrada  la  cara,  él  se palró (sic) y  gritaba,  mataron  a  mi  tío,  fue cuando sonaron otros cuatro  tiros  como  a  la  media  cuadra  y [el] sobrino  me  agarró  y  me  sacó  de  ahí, porque yo quedé como  inconsciente,  a  mí  me  hirió  fue  una  esquirla,  porque  el tiro creo que  pelgó  (sic)  en  la reja  metálica,  o  en  el piso o en la pared, fue cuando escuché que prendieron las  motos  y  se  fueron, mí sobrino me cogió y me sacó  [a]  la  avenida  para llevarme a la clínica, como a  las  dos horas o al otro día me dijeron que habían capturado a quienes habían  hecho  los  tiros  y que ellos trabajaban en el parque frente al cementerio, tal  vez  vendiendo  flores  y  que MARTHA la esposa de mi sobrino CARLOS JULIO, ella  sí  los  distinguía  y  mucha gente los distinguía y que por eso los hicieron  capturar  esa  noche.  PREGUNTADO-  Tiene conocimiento usted, si quienes habían  estado  anteriormente en la fiesta, son los mismos que después regresaron y que  habían  sido  causantes  de  los  tiros? CONTESTO.- Sí, ellos son. PREGUNTADO.  Usted      sabe     que     (sic)     originó  o  cuales  (sic)  fueron   los   motivos   para  que  estos  dos  sujetos  [s]e  presentaran a la fiesta y fueron  rechazados  de la misma porque no habían sido invitados? CONTESTO.- Yo no tengo  conocimiento     de    que    (sic)    pudo  suceder  sobre ese problema, tampoco ni distingo ni conozco a  los  manes.  YO  LA PRIMERA OCASIÓN SÍ LOS PUEDE VER, PERO NO LOS DISTINGUÍA,  en  la  segunda  ocasión  gritaba  la  gente  que habían regresado los manes y  venían   armados,   otros   decían   llegaron   los   paracos,   llegaron   en  motos…”   

Por lo demás, el hecho de que Julio Gerardo  Corredor   Fonseca   declarara   que   SAMUEL  PEÑA  AMAYA  perseguía  a  “don  Jorge” no se opone a que éste se hubiese tendido en  el  piso  junto  a  su  tío  Luis  Alfredo Gil, con mayor razón si se tiene en  cuenta  que  los  procesados  incursionaron  en  dos  ocasiones a la vivienda de  Martha    Cecilia    Rodríguez    Arenas   y   en   la   primera   PEÑA  AMAYA  se  trenzó  en una pelea a  puñetazos  con  Jorge,  contra quien evidentemente accionó su arma de fuego en  la  segunda  ocasión, ocasionándole la herida en el ojo derecho a Gil Flórez.   

Y,  si  Luis  Alfredo  Gil Flórez explicó  haber  sido  alcanzado  por  una  esquirla,  no  significa ello que SAMUEL   PEÑA   AMAYA   y  EDIXON  RENÉ  CALDERÓN  ARCINIEGAS,  no  hubiesen  disparado  sus armas, porque el fragmento que penetró en la humanidad  del  lesionado  se  despendió  precisamente por causa del impacto de una de las  balas  que  conforme  lo  relató el testigo herido, hizo blanco en una reja, la  pared o el piso.   

Entonces,  no  se  advierte cercenamiento o  adición  de  esos testimonios, a los que trata de restarles la credibilidad que  sí  les  otorgó  el  Tribunal,  empero sin tener en cuenta la defensora que la  credibilidad  no es de suyo  censurable  en  casación, habiéndose ya abolido el sistema de la tarifa legal,  pues  la  tarea de valoración probatoria la realiza el juez con sujeción a los  principios de la sana crítica o libre persuasión racional.   

La   demandante  ni  siquiera  cumple  la  exigencia  de  traer  los  apartes  completos  de las declaraciones rendidas por  Martha  Cecilia  Rodríguez Arenas, Julio Gerardo Corredor Fonseca, Luis Alfredo  Gil  Flórez y Willington Helí Ortíz Quiroga, y tampoco confronta lo que ellos  declararon  con  los  fundamentos  expuestos  por  el  Tribunal  en la sentencia  atacada.  Así,  omite demostrar que lo dicho por el Tribunal, es decir, que los  procesados  portando  ilegalmente  armas de fuego dispararon contra las personas  que  se  encontraban  en  la  vivienda  de  Martha  Cecilia  Rodríguez  Arenas,  ocasionándole  heridas Luis Alfredo Gil Flórez, no corresponde a la situación  fáctica, porque se cercenaron o se adicionaron esos testimonios.   

La  demandante,  en  fin,  no  cumplió  la  obligación  de precisar en qué aspecto o aspectos radicó la desfiguración de  la  literalidad  de  los  testimonios, bien por supresión ya por adición o por  tergiversación,  pues  dedica  la  sustentación del cargo a emitir su personal  criterio  sobre la valoración probatoria que se debió otorgar a esos medios de  prueba,  posición  que  contrapone  a  la  de  los  juzgadores, convirtiendo la  demanda en un deficiente alegato de instancia.   

3.  Del escrito  presentado  por la defensora se desprende que su intención también se dirige a  censurar  la  sentencia  de  segunda instancia por error de hecho consistente en  falso  juicio de existencia por omisión en relación con el informe técnico de  medicina legal de lesiones no fatales.   

La  jurisprudencia  de la Sala ha reiterado  que  incurre  en error de hecho por falso juicio de existencia el juez que omite  apreciar   una   prueba   legalmente  aportada  al  proceso,  o  cuando  infiere  consecuencias  valorativas  a  partir  de  un  medio de convicción que no forma  parte del proceso.   

Ahora  bien,  una  alegación  correcta del  error  de  hecho  por falso juicio de existencia por omisión, requiere enmarcar  la  censura  en  una  argumentación  lógica  y  consecuente  que  parta  de la  demostración  del desprecio por la prueba y, una vez acreditado tal aspecto, se  debe  emprender el examen de la nueva situación probatoria que se generaría al  considerar  la  prueba  omitida,  a  fin  de  demostrar que el yerro evidenciado  reviste  idoneidad  suficiente  para  modificar  el  sentido  o el alcance de la  sentencia,   única   forma   de   justificar  el  proferimiento  del  fallo  de  sustitución.   

Luego entonces, el error de hecho por falso  juicio  de  existencia  no  consiste en una ausencia de invocación formal de la  prueba  que  se  alega  como omitida en la sentencia, sino en el desconocimiento  absoluto  de  los  contenidos  probatorios  que  ellas suministran, porque puede  acontecer  que  dicho material de información haya sido traído a colación sin  identificar      formalmente      la      fuente14.   

En   suma,   la  pretensión  de  remover  la  presunción de acierto y  legalidad  que  reviste  el  fallo  impugnado  en  virtud  del  falso  juicio de  existencia  por  omisión,  conlleva  a  la  confrontación  de  la información  excluida  con  la  suministrada  por  los  elementos  probatorios que sí fueron  valorados  y  con  los  hechos y premisas que se fijaron a partir de los mismos,  para  demostrar  que  se declaró probado un acontecimiento que no corresponde a  la    realidad   que   subyace   en   el   proceso15.   

Pues  bien, al margen de los desaciertos de  orden  técnico  en  la  postulación  de  la  censura,  es  lo  cierto que a la  defensora  no  le asiste la razón, porque parte de un sofisma al afirmar que el  Tribunal  omitió  apreciar  el  informe  técnico  de medicina legal, cuando lo  cierto  es  que sí aludió a ese específico medio de convicción y lo valoró,  conforme se detalla a continuación:   

“Frente a esta  situación  en  la  que  resultó  herido el ciudadano Luis Alfredo Gil Flórez,  cuando  departía  en la fiesta en la casa de Martha Rodríguez, fue remitido de  urgencia  a  un  centro  médico  de  la  ciudad.  Luego  de  haber  recibido la  asistencia  de  rigor  fue valorado por un médico forense e ilustrando sobre su  estado de salud:   

“…examinado  hoy 13 de marzo de 2005 a  las  17:05  horas  en  primer  reconocimiento  médico legal. Anamnesis: refiere  lesiones   con  esquirla  de  proyectil  de  arma  de  fuego  por  parte  de  un  desconocido…presenta   escoriación   de   0,5  cms  en  párpado  inferior  y  hemorragia  subconjuntival  leve  del  ojo  derecho. Ceguera por el ojo derecho.  Aporta  resumen  de  la  historia  clínica  de  la FOSCAL…firmada por la Dra.  Liliana  Cepeda  quien  en  su  parte  pertinente dice “paciente que presentó  herida  penetrante  del  globo  ucular (sic) derecho con compromiso del párpado  inferior  y  desprendimiento  de  retina  inferior. Actualmente presenta además  hemorragias  intrarretinarias  con  compromiso  macular y hemorragia vítrea.”  Conclusión:  Mecanismo  causal: proyectil de arma de fuego. Incapacidad médico  legal  provisional:  veinte  (20)  días. Debe regresar a reconocimiento médico  legal   al   término   de   la   incapacidad  provisional…”  (folio  24  C.  Original).   

Posteriormente, en examen del 5 de julio de  2005,   un   médico   forense   evaluó   nuevamente   las   heridas   de  Gil,  determinando:   

“…trae historia clínica oftalmológica  de  control  del  23  de  junio  de  2005  en  FOSCAL,  donde  reportan que (la)  hemorragia  vítrea  en  (el)  ojo  derecho  se  reabsorbió  completamente, sin  embargo  [a] la angiografía  con  fluoresceina  se  detectaron  rupturas  coroideas  con  compromiso  macular  irreversible,  por  lo  que se debe esperar seis meses de evolución para dar un  dato  de  visión más definitiva. (El) oftalmólogo (le) recomienda seguimiento  cada  seis  meses  por  la  posibilidad  de  neovascularización (de la) retina.  Conclusión:  mecanismo  causal esquirla (de) arma de fuego. Incapacidad médico  legal:   definitiva  de…35  días.  Secuelas  médico  legales:  perturbación  funcional  del  órgano de la visión de carácter permanente…” (folio 35 C.  de  tutela  (sic). Negrilla  fuera    de    texto)”   

Ninguna   omisión   del   Tribunal,   en  consecuencia,  podría  predicarse  respecto  de  la  prueba  que  relaciona  la  impugnante.   

No sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate  de  errores  de hecho o de derecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo,  que  de  no  haberse  incurrido  en él, la declaración de justicia  habría   sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que  alega  el  respectivo  desacierto.   

En síntesis, la trascendencia en los falsos  juicios,   con  independencia  de  que  se  trate  de  identidad,  existencia  o  raciocinio,  implica  que  el  demandante  haga un análisis objetivo de todo el  conjunto  probatorio con inclusión de la prueba en relación con la que predica  el  error,  para  demostrar  que  si  se  hubiese tenido en cuenta, la decisión  habría sido distinta.   

4. En relación con  la  inobservancia  del  debido  proceso  por  desconocimiento  del  principio de  investigación  integral,  pasa  por  alto  la  libelista  que un defecto de tal  naturaleza   no  conllevaría  a  la  absolución  del  implicado,  como  parece  entenderlo, sino eventualmente, la nulidad de lo actuado.   

Tampoco  tiene  en  cuenta la defensora que  cuando  se  alega  la  vulneración  de  este postulado de contenido sustancial,  tiene  dicho  esta Corporación que, aparte de indicar cuáles fueron los medios  de  convicción  que  se  dejaron  de practicar y cuál su fuente, le incumbe el  deber,    además,   de   precisar   –sin  que sea suficiente enunciarlo de forma insustancial–    su   pertinencia,   conducencia,  utilidad,  eficacia  y  trascendencia,  todo  lo cual surge de la confrontación  lógica  con  el  restante acervo probatorio en que se sustenta la sentencia, al  punto  de demostrarse que de haberse practicado, su sentido habría sido, de uno  u  otro  modo, favorable a los acusados, hasta el punto de hacerse indispensable  invalidar    lo   actuado   para   que   las   pruebas   omitidas   puedan   ser  practicadas.   

Con  el  anterior  ejercicio  incumple  la  censora,   pues   aunque   relaciona  la  que  imagina  ser  la  prueba  omitida  –la evaluación periódica  del     lesionado     (cada     6    meses),    por    oftalmología– se abstiene de precisar de qué forma  su   práctica   hubiese  podido  favorecer  la  situación  de  sus  asistidos,  exclusión  que  impide,  a  partir  del  fundamento  fáctico-probatorio  de la  condena,  el  soporte  de  otra  eventual determinación, que tampoco enseña la  libelista;  y,  mucho  menos, permite contrastar el medio de prueba que extraña  con  aquellos que valoraron las instancias, para comprobar el desquiciamiento de  las   premisas   conclusivas  del  fallo  censurado16.   

La argumentación de la demandante se queda,  en  fin,  en el simple señalamiento de la irregularidad, pero no desarrolló un  discurso  jurídica y lógicamente coherente para fundamentar en el escenario de  la  casación  la  violación argüida, dando por sentada su ocurrencia a partir  de  la  simple enunciación, situación que conlleva a la evidente incursión en  el  error  lógico  denominado  petición de principio, al dar por demostrado lo  que precisamente debía ser el objeto de sus comprobaciones.   

La deficiencia argumentativa es aún mayor,  porque  la  prueba  que  asegura  no  practicada,  no  es tal; no se trata de un  reconocimiento  médico  legal, sino del seguimiento a la lesión ocular sufrida  por  Luis Alfredo Gil Flórez, en orden a verificar que su evolución no resulte  más  perjudicial;  y, forma parte de las recomendaciones del médico particular  adscrito  a la Clínica Carlos Ardila Lulle de Bucaramanga, quien en la historia  clínica anotó:   

“El  daño  macular  es  totalmente  irreversible  y debemos esperar que tenga seis meses de  evolución  para  dar  un  dato  de  visión  más  definitiva, además necesita  seguimiento   cada   seis   meses  por  la  posibilidad  de  neovascularización  retiniana.”   

Es que las conclusiones del médico legista,  como  equivocadamente  lo  cree  la  demandante,  no dependían de esa revisión  periódica,   porque   el   galeno  oficial  ya  había  emitido  su  impresión  categórica:   “CONCLUSIÓN:   MECANISMO   CAUSAL:  ESQUIRLA  ARMA  DE FUEGO. INCAPACIDAD MÉDICO LEGAL: DEFINITIVA. TREINTA Y CINCO  (35)  DÍAS.  SECUELAS MÉDICO LEGALES: PERTURBACIÓN FUNCIONAL DE ÓRGANO DE LA  VISIÓN DE CARÁCTER PERMANENTE.”   

Asimismo,  conocidos  el diagnóstico y las  consecuencias  de  la  lesión,  previa  evaluación  científica  del  legista,  resultaría  absurdo,  por  decir lo menos, condicionar el resultado del proceso  penal  a la revisión de un paciente por parte de un médico particular, durante  un  período indeterminado, porque se desconocería durante cuántos semestres o  años debía hacérsele seguimiento a la enfermedad.   

5.  De otro lado,  señala  la  libelista que las disposiciones de derecho sustancial transgredidas  son  los artículos 232, 238 y 277 del Código de Procedimiento Penal (necesidad  de  la  prueba, apreciación de las pruebas y criterios para la apreciación del  testimonio),  sin  tener  en  cuenta  que, según lo ha precisado la Sala, deben  considerarse  normas  sustanciales  en  el  ámbito penal, sin consideración al  ordenamiento  del  que  formen  parte  –procesal   o   sustantivo–,  las que describen las conductas punibles y atribuyen la sanción,  las  circunstancias  que  modifican  los extremos de la pena, las que establecen  causales  de  ausencia  de  responsabilidad, motivos de extinción de la acción  penal  o  causales  de  procedibilidad,  entre otras17, y por ello resulta evidente  que    los    artículos   citados,   por   su   contenido   son   eminentemente  instrumentales.   

6.          Conforme          se          había         anunciado    al    inicio    de    las  consideraciones,  ante  el  abandono  de la  defensora    por   las  exigencias que vienen de reseñarse, la demanda será inadmitida.   

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  no  se advirtió la concurrencia de alguna de las hipótesis que  le  permitirían  a la Corte obrar de conformidad con el artículo 216 de la Ley  600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  los  procesados  SAMUEL  PEÑA  AMAYA  y  de  EDIXON  RENÉ CALDERÓN ARCINIEGAS, por su  defensora.   

Contra este auto no procede recurso alguno,  conforme  lo  disponen  los  artículos  213  y  187,  inc.  2, de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                          JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Folios 8.   

2  A  Samuel  Peña  Amaya  y  a  Edixon René Calderón Arciniegas se les escuchó en  indagatoria el 13 de marzo de 2005. Fol. 9, 10, 13 y 14.   

3  Folios 20.   

4  Folios 45.   

5  Folios 55.   

6  Folios 59 al 68.   

7  Folios 75 al 82.   

8  Folios 95.   

9  Folios 130 al 148.   

10  Folios 9 al 41 C. de segunda instancia.   

11  Sala   de  Casación  Penal,  Auto  del  18  de  noviembre  de  2004.  Rad.  No.  22.082   

12  Sala  de  Casación  Penal.  Auto  del  5 de diciembre de 2002. Rad. No. 19.961.   

13Entre  otros  pronunciamientos,  confrontar  los del 30 de junio de  2004,  Rad.  21.770;  6  de  julio de 2006, Rad. 24.810; y 3 de agosto del mismo  año, Rad. 25.812.   

14  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia  de  8  de  junio  de  2005, Rad. 20.990.   

15  Sala   de  Casación  Penal,  Sentencia  de  13  de  septiembre  de  2006,  Rad.  22.581.   

16  Sala   de   Casación   Penal.   Auto   del   23  de  mayo  de  2006.  Rdo.  No.  25.260.   

17  Sala  de  Casación  Penal,  entre  otros,  Autos del 9 de febrero de 2006, Rdo.  24046;  del  24 de octubre de 2007, Rdo. 21815; y, del 15 de septiembre de 2010,  Rdo.  32463.     

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