41064(27-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ   

Aprobado Acta N° 393.  

          Bogotá   D.C.,   noviembre   veintisiete  (27)  de  dos  mil  trece  (2013).   

VISTOS  

La  Sala  decide  sobre  la  admisión de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado POLICARPO  SUÁREZ ARENAS con el objeto de  sustentar  el  recurso  de  casación interpuesto contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  el  6  de  noviembre  de  2012 por el Tribunal Superior de  Bogotá,  mediante  la cual modificó la dictada el 3 de septiembre anterior por  el  Juzgado  22  Penal  del Circuito de la misma sede que condenó al mencionado  como autor del delito de estafa agravada.     

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Los  primeros, fueron declarados por los juzgadores de instancia, de  la siguiente forma:   

          “(S)e  hacen  consistir en el ofrecimiento en venta de unos lotes  de  terreno de seis por doce metros que de una mayor extensión, aproximadamente  486.000  metros,  ubicado  entre  las  Avenidas  Ciudad  de  Cali  y  la Avenida  Dagoberto  Mejía,  hiciera  el implicado POLICARPO SUÁREZ ARENAS, para lo cual  se  suscribieron varias promesas de venta entre los años 1997 y 2000 por varias  personas  que  entregaron  algunas  sumas  de  dinero  sin  obtener a cambio los  inmuebles ofrecidos”.   

Los  acontecimientos  narrados  sirvieron de  sustento  para  disponer  la  apertura formal de instrucción, en cuyo curso fue  vinculado,   mediante   diligencia   de  indagatoria,  POLICARPO  SUÁREZ  ARENAS,  en  contra  de  quien, al  calificar  la  Fiscalía  el  mérito  del  sumario,  profirió  resolución  de  acusación  el  10  de diciembre  de 2004 “como  presunto  autor  responsable  del  punible  de  estafa  agravada” (por la cuantía).    

Contra  el anterior proveído la defensa del  implicado  promovió  recurso  de  reposición y, en subsidio, de apelación. El  primero  fue  resuelto  el  13  de  enero  de  2005  en sentido de no reponer la  determinación  al  tiempo  que concedió el segundo; este último, a su vez, se  resolvió  el  19 de febrero de 2007 por una Fiscal Delegada ante el Tribunal de  Bogotá impartiéndole confirmación al vocatorio a juicio.   

La subsiguiente fase del juicio correspondió  surtirla  al  Juzgado  22  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  ante  el  cual se  tramitaron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  a  cuyo término  emitió  sentencia  de  primer grado el 3 de septiembre de 2012, por medio de la  cual  condenó al acusado a las penas principales de sesenta y dos (62) meses de  prisión  y multa por suma equivalente a 290 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa, como autor del  delito  de  estafa  agravada. Así mismo, le negó el subrogado de la condena de  ejecución   condicional   y   le   otorgó   el   sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria.   

Por   razón  del  recurso  de  apelación  promovido  por  la  defensa y el implicado contra la anterior determinación, el  Tribunal  Superior  de  la misma sede el 6 de noviembre ulterior lo modificó en  cuanto,   para  garantizar  el  principio  de  congruencia,  prescindió  de  la  circunstancia   de mayor punibilidad prevista en el numeral 9 del artículo  58   del   Código   Penal  estimada  por  el  a  quo  pero  no deducida en la acusación, motivo por el cual  dosificó  la  pena  en  el  cuarto mínimo, lo que condujo a imponer como penas  principales  la  de  prisión  por  treinta  y cuarto (34) meses y multa en suma  equivalente  a  52.5  salarios mínimos legales mensuales vigentes, así como la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena aflictiva dela libertad. En lo demás,  la sentencia impugnada se dejó incólume.   

Contra  esta  última sentencia, el defensor  del  afectado  con  el fallo interpuso recurso extraordinario, el cual sustentó  mediante libelo allegado oportunamente.   

En  esta Corporación el asunto inicialmente  se  asignó al despacho del Magistrado Dr. JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA y, a su  retiro,  al  del Dr. EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER, quien manifestó estar impedido  para   asumir  su  conocimiento  por  haber  suscrito  la  sentencia  objeto  de  impugnación  extraordinaria.  Dicha  manifestación  fue  aceptada  por la Sala  mediante auto del pasado 25 de septiembre.     

LA DEMANDA  

El     defensor     de    POLICARPO    SUÁREZ   ARENAS   formula,  in   extenso,  dos  cargos  contra  la  sentencia  de  segundo  grado.  El primero, con soporte en la causal  primera  de  casación  prevista  en  el artículo 207 de la Ley 600 de 2000 por  violación  directa  de  la  ley  sustancial y, el segundo, por la tercera de la  misma preceptiva legal. Las censuras son del siguiente tenor:   

    

1. Primer  cargo.  Causal  primera,  violación directa de la ley sustancial:     

Para el actor, el reparo se concreta por (i)  falta  de aplicación del artículo 42 de la Ley 600 de 2000; (ii) violación al  artículo  29  de  la Constitución Política; (iii) falta de aplicación de los  artículos  2°  del  primer  ordenamiento  y  25  de  la  Ley  906 de 2004, por  integración  y (iv) “falta de aplicación de la Ley  228   de   1995,   en   concordancia   con  la  Ley  23  de  1991”.   

En  cuanto  al  primer  aspecto, precisa, se  configura  porque  los falladores de primera y segunda instancia no aplicaron el  instituto de la “indemnización integral”.   

En  tal  sentido recuerda cómo “dentro   de   las   actas   de   audiencia   pública  celebrada  (sic)  los días 12 y 26 de  septiembre  de  2011 en el Juzgado 22 Penal del Circuito de Bogotá, el suscrito  defensor  de  confianza…, esgrimiendo motivos de presión entre otros amenazas  (sic)  de atentar contra su  vida  y  la  de  su familia y aún más incluyendo la de esta defensa, aclarando  que  sin  el ánimo de aceptar la responsabilidad penal por parte del procesado,  se  ha  tomado  la  determinación  (sic) de  recurrir  a  la  figura jurídica de la indemnización integral  que  consagra  el art. 42 del C.P.P. (Ley 600 de 2000), aspecto que cobijaría a  todos  los  sujetos  pasivos  que  aparecieran  incluidos  dentro del escrito de  resolución de acusación”.   

Con  tal  propósito,  acota,  solicitó  la  designación  de  un  perito para que determinara el monto de los perjuicios; no  obstante,     prosigue,     la     titular     del     despacho     “colocó    oídos    sordos    a   la   petición   (sic)”   y  procedió  a requerirlo para que efectuara su intervención final de alegatos de  audiencia,  con  lo  cual,  además,  impidió  que interpusiera los respectivos  recursos  de  ley “y en un forma amenazante comenzó  a  incriminarme  de  una  forma  para nada apropiada para con un profesional del  derecho”.   

Ante su persistencia para el nombramiento de  perito  evaluador  de  perjuicios,  la  juez  finalmente  accedió  “pero  violando  el  debido  proceso”,  porque  le  compelía a efectuar su intervención “y  como   es   lógico  procesalmente  después  de  efectuada  la  vista  pública  necesariamente    posteriormente    (sic)  no  pudiese  pronunciarme  en  cuanto  el  dictamen  pericial  se  refiere,  lo  cual  conllevaría  a  la  violación  del derecho de defensa y el  debido  proceso,  pues  como  es obvio no pudiese (sic)  correr  traslado a los sujetos procesales en cuanto a  dictamen   pericial   se   refiere   (sic)”.   

Acto seguido señala que, como fue renuente a  alegar,  la  titular del juzgado optó por removerlo como defensor de confianza,  por  lo  cual  instauró  acción  de  tutela  la  cual  fue  fallada en segunda  instancia  por  esta  Corporación  el  6  de  diciembre de 2011, disponiendo su  reintegro  en  el  cargo  y  decretando  la nulidad de lo actuado desde el 26 de  septiembre  anterior,  reconviniendo a la funcionaria para que en lo sucesivo se  abstuviera de incurrir en tales prácticas.   

Sin    embargo,   indica,   “en  otras  diligencias la señora Juez  no  obedeció  lo  ordenado  por  la  Honorable Corte  Suprema  de  Justicia-  Sala de Casación Penal, sobre  todo  en  lo  referente a no tener en cuenta las actuaciones surtidas dentro del  lapso   de   tiempo   (sic)  enunciado   anteriormente  y  nuevamente  acoge  el  dictamen  pericial  que  se  practicó  dentro  del  mencionado  periodo,  amén  de  que  no  fue sometido a  controversia  o  criterio  de  los  diferentes  sujetos  procesales y justamente  posteriormente        (sic)        adelantándome  a  la  narrativa  de  los  hechos,  lo acogió para  establecer  una  cuantía  caprichosa  al momento de adoptar el fallo de primera  instancia,  es  decir,  no  le  interesó  para  nada lo ordenado por su máximo  superior  jerárquico sino que posteriormente optó por incurrir en otro desmán  jurídico  y  no exagero Honorables magistrados, violando el Debido Proceso y el  Derecho  a  la  Defensa  para  lo  cual  decretó  en  mi  contra  un  arresto por  el  termino  de  cinco (5) días, providencia que fue  recurrida  de  nuestra  parte  y la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá,  decretó  la  nulidad de todo lo actuado en lo concerniente a la medida impuesta  en     mi     contra     por    ser    violatoria    de    algunos    principios  fundamentales”.   

         En   vista   de   tales  diferencias  con  la  juez,  prosigue,  le  solicitó   se   declarara   impedida   para   seguir  adelantando  el  juicio por evidente enemistad. A la par, su defendido, teniendo  como    base    “las  correspondientes  cuentas  de  la  sumatoria  de los presuntos perjuicios de las  personas     que     aparecen     relacionadas     en    la    Resolución    de  Acusación”  y en tanto no  se  contaba  con  dictamen  pericial,  antes de la continuación de la audiencia  pública  consignó  en  el  Banco Agrario la suma de cuarenta millones de pesos  ($40.000.000.oo),  allegando  el  correspondiente  título judicial junto con un  escrito   o   memorial   en  el  que  solicitaba  el  decreto  de  cesación  de  procedimiento por indemnización integral.   

Por  consiguiente,  continúa,  el  camino  jurídico   del  juzgado  era  reconocer  la  indemnización  integral  y  cesar  procedimiento  conforme  lo  previsto  en  el artículo 42 del estatuto procesal  penal  y  en  el  evento de considerar que la suma no  cubría      la      totalidad      de      los     perjuicios,     “necesariamente    debió    decretar   el   efectuar     (sic)  un  dictamen  pericial  para  luego  ser  sometido  a  criterio  de  los sujetos procesales e inclusive del mismo Juzgado, pero esto no  fue  así  sino que por el  contrario  volvió  la señora juez a tomar la determinación de expulsarme como  defensor  de  confianza  del  aquí  procesado y en su lugar antes de llegada la  fecha  señalada  para  la continuación de la audiencia publica (fijada para el  28  de  agosto 2012) posesionó (el 26 de julio 2012) a otro defensor de oficio,  lo  que  jurídicamente es totalmente contrario a la ley, pues en ese momento el  procesado  contaba  con  dos  defensores  titulares,  el  suscrito  y  el  nuevo  posesionado  y  ya  después dentro de la sentencia de segunda instancia la Sala  Penal   del   Tribunal   Superior  de  Bogotá,  ordena  nuevamente  reitegrarme  (sic)  como  defensor  de  confianza  del procesado con el argumento que  disque  mi  separación  era  apenas  transitoria y no definitiva, sin argumento  jurídico alguno”.   

De  inmediato,  sostiene  que  “todo  lo  expuesto anteriormente, teniendo en cuenta la técnica  de  la  casación  por  lo  errores  (sic)   judiciales   de  apreciación  probatoria  susceptibles  de  ser  invocados  para  el caso que no ocupa (sic),  aparte  de invocar en forma aleve (sic)  la  violación  de  la  norma mencionada en todo este  capítulo configura    protuberantemente (sic)  en  un  error  de  derecho,  pues  los  juzgadores  de  primera  y segunda instancia desconocieron esta norma de Derecho  Probatorio  que  regula  su  formación  y  que  tasa  su  valor  y  su eficacia  demostrativa     acuerdo     (sic)    con     lo    preceptuado,  amén  de  que  también los Juzgadores mencionados desecharon la  norma  aquí  mencionada,  pues  es  de  absoluta  convicción que se tenía que  aplicar  esta  norma  por  su  valor  y  eficacia  de acuerdo con lo preseptuado  (sic)  por la ley sobre el  particular”.   

En consideración a lo expuesto,   depreca   de  la  Sala  “acoger  los  planteamientos  aquí  expuestos,  pues no es lógico el que una persona si bien  en  algún  momento  pudo  cometer  un  error  que es subsanable en su totalidad  pagando  una  suma  de dinero, así se debe decretar si se llegare a ese extremo  como  fruto  de un desacuerdo o pretensiones desmedidas que tan solo el Juzgador  debe          adoptar         (sic)”.   

El  segundo  punto sobre el cual descansa la  censura  tiene  que  ver  con la violación del artículo 29 de la Constitución  Política  derivado  de  la  designación,  por  parte  de la misma funcionaria,  mediante  auto  de  cúmplase  del  día  17 de julio de 2012, de un defensor de  oficio  cuando  aún  tenía  vigente  su  mandato  y sin ponerlo de presente al  procesado.   

Con  el  profesional  designado, señala, se  prosiguió  la  audiencia pública a pesar de que el camino a seguir, acorde con  lo  atrás  indicado,  era cesar procedimiento por indemnización integral y, si  había  dudas  sobre el monto de lo pagado, insiste, se debía nombrar un perito  para  que  sobre el particular rindiera dictamen, trámite que, como se recalcó  por  esta Corporación en el aludido fallo de tutela del 6 de diciembre de 2011,  fue  irregular  y por ello se decretó la nulidad de lo actuado en los términos  atrás referidos.   

El procedimiento realizado, además, dio vida  jurídica  a un dictamen que tampoco fue claro por integrar personas que no eran  sujetos  procesales,  como  así lo consignó el Tribunal en el fallo de segunda  instancia,  al  afirmar  que  sólo  podían  tenerse  como  perjudicados  a los  relacionados en la resolución de acusación.   

Por  lo  anterior,  dice, la juez no debió celebrar la audiencia publica,  sino  pronunciarse  en  cuanto  a  la  solicitud de cesación de procedimiento y  “tampoco   le   asistía  la  mas  mínima  razón  jurídica  para  volver  a  expulsarme como defensor de confianza”,  con  lo cual, según se señaló en el aludido fallo de tutela de  esta  Colegiatura, también se quebrantó el debido proceso en la imposición de  sanciones disciplinarias.   

Más  adelante  pregona  que  “si  la  Sala  Penal  del Honorable Tribunal Superior de Bogotá,  ordenó  dentro  de  su  providencia  de  segunda  instancia  el que el suscrito  defensor  debería  ser  reintegrado  como  tal  al  proceso  debió decretar la  nulidad  de todo lo actuado a partir de la continuación de la audiencia publica  celebrada  con  el  defensor  de  oficio  el  día  28  de agosto de   2012”  y  advertir,     igualmente,    que    “no  fui notificado de ninguna manera del fallo de primera instancia  y  que fuera justamente el suscrito defensor quien hubiese sustentado el recurso  de apelación de la citada providencia”.   

Por  lo expuesto, asegura, se configuró una  auténtica   vía   de   hecho   y   “una   violación   directa  de  la  norma  sustancial  como  es  la  consagrada  en  la  Constitución  Nacional  en  su  articulo  29  …  haciendo  metástasis   directo  al  aspecto  (sic)  que se distingue jurídicamente como un error de derecho, pues el  actuar  del  juez  de  primera  instancia patrocinado por el fallador de segunda  instancia,  derrumba  para  el  caso  que nos ocupa la norma citada que consagra  nuestra   carta  política”  ,  así  como  de  los  artículos      1°      del      estatuto      sustantivo     penal,  referente  al respeto por la dignidad  humana, y el 13 de la misma  normatividad,  alusivo  al  carácter prevalente de las normas rectoras.   

El tercer punto incluido en el reparo, según  el  enunciado originado en la falta de aplicación de los artículos 2 de la Ley  600  de  2000  y  25  de  la  906  de  2004,  tiene  relación  con “la  falta  de  aplicación de algunas  normas  que  consagran  el  Código  de Procedimiento Civil y la Constitución Política de Colombia, que en  algunos      aspectos      deben     guardar   concordancia   con  algunas  normas  procedimentales  del  Código de Procedimiento Penal”.   

Al  respecto  señala que las normas en cita  aluden  al principio de integración para asuntos no regulados en materia penal,  como   sucede   con   el  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento  Civil  concerniente  a  la limitación de la eficacia del testimonio, pues “la  prueba  de   testigos  para  los  falladores  de  Primera y Segunda instancia, suplió y estuvo por encima de todo  para  ofrecer credibilidad a los Juzgadores de instancia, que más le creyeron a  los  deponentes,  que  estuvieron  durante  todo  el proceso en un extremo de la  litis  y  de  otro  lado rindiendo testimonios y para tal efecto la Ley Procesal  Civil  establece  que  la  declaración como testigo debe provenir de un tercero  que  para  nada  le  puede  afectar  o  beneficiar  el  fallo  definitivo  de la  controversia  jurídica que se debate, pero para el caso que nos ocupa, tanto en  la  etapa  de  instrucción  como   en   la   de   la   causa   o   juicio,   tan   sólo   se   recepcionaron  unas  declaraciones  que  tanto  el  instructor  como  el  juzgador  debieron  calificar no como testimonio que en forma imparcial  ofrezca  plena  credibilidad,  sino  que  se le creyó única y exclusivamente a los presuntos perjudicados”.   

Ello se verifica, añade, con la valoración  de  la  prueba testimonial en este caso, como ocurrió con la denuncia formulada  por  Pedro  Beltrán  Parra,  quien  aduce  que  el  procesado  no  le  pagó  comisión  por la venta de unos  lotes,  “es decir, este señor no le entregó ni un  solo   peso  a  POLICARPO  SUÁREZ  ARENAS  proveniente  de  su  propio  pecunio  (sic),  sino que refirió a  lo   que   correspondía   por  una  comisión,  aspecto  que  en  lo  jurídico  correspondería       juzgar       a       juez       laboral       (sic),  por un trabajo desempeñado, o en  su defecto a un juez civil si se tratare de un contrato”.    

Lo  mismo  ocurre con los demás deponentes,  pues  erradamente  se  les  otorga  crédito  cuando  carecen  de  objetividad e  imparcialidad  “y para el caso que nos ocupa no hubo  ni  un  solo  testigo  que  no  tuviera  absolutamente nada que ver en la suerte  definitiva  de  este  proceso  es  decir  se  violó en forma directa esta norma  incurriéndose     así    también    en  un  error  de  hecho  por  valoración  errónea  de  la prueba  testimonial  aquí  recaudada  que  como se coloca de presente estos testimonios  suplieron  el  escrito  que  la  ley  exige como solemnidad para la existencia o  validez   de   un   acto  o  contrato”.     

Acto seguido, insiste en la inaplicación del  artículo  238  de  estatuto  procesal  penal por no someter a contradicción el  dictamen  pericial  rendido por un funcionario de la Fiscalía, que es un sujeto  procesal,   en   vez   de   haberse   designado   un  auxiliar  de  la  justica,  evidenciándose   la   violación   directa   de   esa   norma   “y  que conlleva en forma protuberante a observar la presencia de un  error  de  hecho  y  de  derecho, pues se trata de una prueba recaudada en forma  ilegal,  amén  de  que  no se le da aplicabilidad en forma correcta a lo que se  consagra   sobre   el   particular,   al  no  permitir  ejercer  el  derecho  de  contradicción  de  las  partes o sujetos procesales que tienen que ver con esta  controversia jurídica”.   

Por   lo   mismo,  advierte,  también  se  transgredió  en  forma  directa el artículo 230 de la Constitución Política,  pues  los  falladores  “quisieron antes y por encima  de  todo  fallar  en  equidad  según  su  falso juicio en la apreciación de la  prueba obrante dentro del plenario…”.   

En cuarto lugar sustenta el cargo en la falta  de  aplicación  de las Leyes 228 de 1995 y 23 de 1991 vigentes para la fecha en  que   tuvieron  ocurrencia  los  hechos,  es  decir,  entre  los  años  1996  y  2000, “al tener en cuenta  que  no se trata de un solo hecho, sino de varios que por su cuantía debían de  ser  instruidos  y  Juzgados  por  un Juez Penal Municipal y no por un fiscal”  en    tanto    se    trataba    de   contravenciones  especiales,  motivo  por el  cual  se  solicitó  la  nulidad en la fase del juicio, sin que tuviera acogida,  “no  sin  antes aclarar que cuando los denunciantes  instauraron    sus    denuncias,    ya   para   estas   conductas   estaba  prescrita  la  acción  penal,  teniendo  en  cuenta que la  cuantía  no  superaba los diez (10) salarios mínimos  legales mensuales vigentes”.   

Por  lo  anterior,  colige,  se  violó  el  artículo  29 de la Carta Política y el 32 de la Ley 600 de 2000, referido este  último  al  querellante legítimo, toda vez que “al  Dr.  Carlos  Francisco Jimenes Alonso (sic),  tan  sólo  se  le  confirió  poder para que presentara ante la  Fiscalía  demanda  de  parte  civil  mas  no  para  elevar  denuncias  penales,  aclarando  y  recalcando  que la ley procedimental penal exige que lo debe hacer  el  querellante  legítimo,  esto  acorde  con  lo preceptuado en la norma antes  transcrita,  pues  teniendo en cuenta cada denuncia en forma individual debe ser  presentada    en    forma    directa   por   el   afectado   y   no   por   otra  persona”.   

Situación  esta  que, destaca, condujo a la  transgresión  del  artículo  89  ibídem,  concerniente  a  la  competencia  por razón de la conexidad y la  unidad     procesal,     en    tanto    “ningún  funcionario  de  las  diferentes  etapas  procesales se  quiso  ceñir  a  lo  consagrado  en  la  Ley  al  respecto  en  lo que atañe a  la       unidad  procesal,   pues   tal   como  nos  lo  enseña  Ley  (sic)por   cada  conducta  punible  se  adelantará  una  sola  actuación  procesal  cualquiera que sea el  número  de  autores o participes, lo que se debe respetar es que son diferentes  hechos  y  con  diferentes personas y hasta cuando se tuvo ese mismo criterio la  Unidad  de  Fiscalía Local que inició las investigaciones optó porque un solo  funcionario  adelantara  la  instrucción  pero  posteriormente  por orden de un  coordinador  de unidad le dio por crear una sub unidad que a la larga tampoco se  mantuvo  decidiendo  en  forma  ilegal  enviar dichas diligencias a la Unidad de  Fiscalía   Seccional   correspondiéndole  a  la  115  adelantar  la  etapa  de  instrucción,  bajo  el  argumento  que  este aspecto correspondía encasillarlo  como delito masa y en forma errónea así se adelantó”.   

En  ese  orden,  asegura, se violó en forma  directa   la   norma  constitucional  referida  “en  concordancia   con  los  preceptos  que  consagra  el  artículo  89  del  c.p.p  (ley   600   de   2000),  configurándose  además  en  un  error  de hecho por falta de aplicación de la  norma  sustancial  antes  mencionada  amén del error de derecho que también se  configura  al  atacar  en  forma  directa  los  incisos  2 y 3 del art. 29 de la  Constitución  Nacional”,  por razón de lo cual se  debe    decretar    la    nulidad   “y  enviar  el  expediente al que considere es el competente y si es  del     caso    plantear    una    colisión    o    conflicto    negativo    de  competencia”.   

    

1. Segundo cargo. Causal tercera, nulidad:     

Se    configura,    indica,  “por  violación  directa  del  artículo  306  del  código de  procedimiento  penal  (ley  600 de 2000),       numerales      2o         y         3o,  en  concordancia  con los artículos  307 y 308 del mismo ordenamiento jurídico”.   

En  orden  a sustentar su pretensión, aduce  que “se hace necesario el  volver  a  mencionar generalmente todas las consideraciones que tuvo  la  Sala  de  Casación  Penal de esta Honorable Corte Suprema de  Justicia,  en Sala de Decisión de Tutelas” referidas  en  el  reparo  anterior  por  su  destitución  como  defensor de confianza del  procesado  durante la audiencia pública, irregularidad que se repitió el 26 de  julio  de  2012,  y  por  no aplicar la figura de cesación de procedimiento por  indemnización  integral,  lo  cual  comportó vulneración del debido proceso y  del  derecho  de  defensa,  esto  último  en  cuanto  se le impidió interponer  recurso de apelación contra el fallo de primera instancia.   

Lo anterior, amén de que con la remoción no  se  le  hicieron  saber  a  su  prohijado las fallas en su gestión “para   que   por  gusto  directo  el  procesado  hubiese  tenido  la  oportunidad  de  poder  nombrar otro defensor de  confianza    si    ha    bien   (sic)   lo  tenía,  pero no en forma directa y violatoria de lo consagrado  en  el art. 29 de la Constitución Nacional se le hubiera cercenado a nombrar su  propio defensor”.   

Estima, igualmente, que constituye violación  al  derecho  aludido  el que “dentro de este proceso  no  reposa  el  cuaderno  que  corresponde al incidente donde arbitrariamente la  señora  juez de primera instancia decide en forma grosera imponerme una pena de  arresto  por  el  termino  de  cinco  (5)  días,  por reclamar el respeto a los  derechos   que   le   asisten  a  mi  protegido  y  al  mío  propio,  pero  que  afortunadamente  este  aspecto  si  lo  acogió el fallador de segunda instancia  decretando  la  nulidad  de todo lo actuado y ordenando a su vez adecuar todo el  procedimiento  pues  dentro  de la providencia correspondiente en forma clara se  dice  que  mis  derechos  fueron  violados  por  parte  del  fallador de primera  instancia”.   

En  su  petición  final,  solicita casar el  fallo  para  que  esta Corporación “entre como Juez  de  instancia  a revocar el fallo de primer grado de jurisdicción y en su lugar  pronuncie  la  sentencia estimativa de absolución desechando de plano todos los  cargos     de    condenas    impuestas    a    mi    representado”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

    

1. Cuestión previa: prescripción de  la acción penal:     

De  conformidad con la preceptiva contenida  en  el  artículo  83  de la Ley 599 de 2000 (que corresponde al 80 del anterior  estatuto  penal,  vigente  para la fecha de los     hechos),  durante  la etapa instructiva la acción penal prescribe en un término igual al  máximo  de  la  pena establecida en la ley, pero no podrá ser inferior a cinco  (5)  años,  ni  superior  a  veinte  (20).  En la fase de juzgamiento, tal  término  comienza  a  contarse  de  nuevo  a  partir  de  la  ejecutoria  de la  resolución  de  acusación  y  corre  por  un  tiempo  igual  a  la  mitad  del  establecido  para la etapa de instrucción, sin que pueda tampoco ser inferior a  cinco  (5)  años,  ni  superior a diez (10), como lo  dispone  el  86  de  la  codificación  actual  (84  de la anterior).   

Para  efectos  de  determinar si la acción  penal  prescribió,  en  aquellos  casos  en donde se ha presentado sucesión de  leyes   en  el  tiempo,  como  aquí  ocurre,  debe  previamente  realizarse  un  diagnóstico   de  favorabilidad  que  permita  establecer  cuál  es  la  norma  sustancial aplicable.    

Sobre el particular, téngase en cuenta que  al  procesado  POLICARPO  SUÁREZ  ARENAS  se  lo  acusó y condenó por el delito de estafa agravada por la  cuantía,  sancionado,  para la época de comisión de  la  conducta, en  el artículo 356 del Decreto Ley 100  de  1980  con  una  pena  máxima  de  diez  (10)  años de prisión,  la  cual fue reducida por el 246 de la  Ley  599 de 20001   posterior,   previendo  una  sanción  máxima  para  ese delito ocho (8) años  de prisión,  por  lo  que, a efectos del  cómputo     de     prescripción     de     la     acción    penal,    se    tomará    este    último  guarismo.   

Ahora,  como en la acusación y condena se  dedujo  la  circunstancia  de agravación específica de la cuantía, que en los  dos  ordenamientos  estipula un incremento de la pena  de    la   tercera  parte  a la mitad (arts. 267, num. 1 de la Ley 599 de 2000  y  372,  num. ídem        del       Decreto  Ley  100  de  1980),  se aplicará este último sobre los ochos años señalados, para  un subtotal de doce (12) años.   

Ahora,         como,  según  lo expuesto, para   la   fase  de  juzgamiento  dicho  término  se  interrumpe  para  comenzar  a computarse  de  nuevo  por  un  tiempo  igual  a  la  mitad  del  establecido  para  la  etapa de instrucción, se tiene que tal lapso se cumple a  los seis (6) años.   

Este  término  se  contabiliza  a  partir  de  la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación,  fenómeno que aquí se produjo el 19 de febrero de  2007   con   la  suscripción  de  la  acusación  de  segunda  instancia  confirmatoria  de  la  de  primer  grado,  concretándose, por  consiguiente,   el  19  de  febrero  de  2013,  esto  es,  con posterioridad a la  fecha   de   la   sentencia  impugnada  y  antes  de  que  el  expediente  arribara a esta Corporación para  decidir    el   presente   recurso   extraordinario   de   casación2.   

En  virtud  de lo expuesto, procedería en  este  momento  decretar  la  prescripción  de la acción penal por el delito de  estafa  agravada  y,  correlativamente,  cesar procedimiento en favor del único  implicado  POLICARPO  SUÁREZ  HERNÁNDEZ,  de  no  ser  porque  en el expediente obra escrito por medio del  cual   renuncia   expresamente   a  este  fenómeno,  el  cual  cumple  con  los  presupuestos establecidos en la ley.   

En efecto, ante el Notario 63 del Círculo  de  Bogotá  con fecha 2 de  marzo  de 2011, el procesado  SUÁREZ         HERNÁNDEZ        presentó         documento suscrito por él, donde expresamente  manifiesta          que         “renuncia  a la prescripción de la acción penal y civil dentro  de  la  presente causa”, avalado por su defensor de  confianza3  y  quien  actualmente  continúa  con  esa  gestión.   

Dicho  escrito  satisface  los  presupuestos  legales  establecidos  en  los  artículos  86 del  Decreto  Ley  100  de 1980, 85 de la Ley 599 de 2000 y 44 de la Ley 600 de 2000,  en      tanto     dicha     manifestación     se  efectuó  “antes de la  ejecutoria  de  la  providencia  que  la declare”4,  sin que hayan transcurrido  hasta  el  momento  dos  años  desde  la fecha de la  concreción del fenómeno  extintivo,  previstos  para  adoptar  decisión       definitiva,  en  cuyo  caso  no  existiría  alternativa  distinta  a decretarla, con sujeción a  lo    normado    en    la    segunda   preceptiva     indicada.   

Adicionalmente,  esta  manifestación fue  realizada   por   el   procesado  de  forma  expresa  e  inequívoca    en   los   términos   recalcados  por  la  jurisprudencia  de  esta  Sala5   

.      

En  ese  estado  de cosas, se tendrá por  válida  esta manifestación, procediendo entonces la  Corte  a  calificar la demanda de casación.        

2. Presupuestos  de     admisibilidad    del    libelo:   

Con  miras  a  establecer  si  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  POLICARPO  SUÁREZ  ARENAS  reúne  los condicionamientos de admisibilidad  comiéncese  por  señalar  que  de conformidad con el numeral 3° del artículo  212   de   la   Ley  600  de  2000,  la  misma  deberá  contener:  “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación del cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante  estime infringidas”.  Igualmente, en  el  siguiente numeral de la misma preceptiva, también se exige que “si  fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos  separados”  y  que  “es  permitido       formular       cargos      excluyentes      de      manera   subsidiaria”.     

La  presentación del escrito sustentatorio  del  recurso  extraordinario “de forma clara y precisa”, en los términos de  la  aludida  normativa  legal,  ha  dicho reiteradamente esta Colegiatura, está  relacionada  con  la  carga  para  quien  la suscribe, en atención al carácter  rogado  del  recurso  extraordinario,  de  esbozar una argumentación coherente,  comprensible   y   lógica,   pues  no  le  corresponde  desentrañar  confusos,  ambivalentes y contradictorios planteamientos.   

A  continuación  se  verá  como el libelo  sometido  a  estudio  no  cumple  con  tales  exigencias,  motivo por el cual se  inadmitirá.   

Para  empezar,  precísese  que, en toda su  extensión,  esto  es,  en  los  dos  reparos  que  lo  componen,  contiene  una  redacción  confusa, atropellada y deshilvanada que torna en extremo complejo su  entendimiento,  razón  por la cual la Sala, en el acápite correspondiente a su  síntesis,  procedió  a  la  transcripción  de  fragmentos  de su considerable  contenido.  De ese modo, además de que se entremezclan ideas y conceptos, en su  mayor  parte se utiliza una redacción incoherente que, sin duda, desatiende los  mandatos de claridad y precisión referidos en la norma citada.   

Para colmo, al interior de las dos    censuras    involucra   conceptos  disímiles  que,  en honor a los principios de autonomía y prioridad, ha debido  plantear de forma independiente para facilitar su comprensión.   

Así,   por   ejemplo,   en  el  primer reparo,  postulado  por  la  senda  de  la causal de violación  directa  de  la  ley  sustancial, alude a múltiples situaciones que a su juicio  configuraron  diversas irregularidades, tales como, en su primer aparte, que (i)  se  inaplicó  la  figura  de  la  cesación de procedimiento por indemnización  integral,  (ii)  se  le  impidió  ejercer  el  contradictorio  a través de los  recursos  previstos  legalmente  y  al no poderse pronunciar en relación con el  dictamen  pericial  por cuyo medio se fijaron los perjuicios, (iii) se violó el  debido  proceso  al  disponerse  su  arresto  y  al  removerlo  nuevamente de su  condición  de  abogado de confianza luego de que esta Sala decretara la nulidad  frente  a  la  primera  destitución  por  parte del a  quo,  todo  lo  cual, concluye, evidenció un error de  derecho en materia probatoria.   

En el segundo apartado del mismo cargo, por  su  parte, refiere que (i) por segunda ocasión se le desplazó como defensor de  confianza   y   se   designó  un  defensor  de  oficio,  (ii)  el  a   quo   en  vez  de  proseguir  con  la  audiencia  pública debió cesar por indemnización integral y, si tenía dudas,  solicitar  un  nuevo  dictamen,  (iii)  el  Tribunal  en la sentencia de segunda  instancia  ha  debido no sólo decretar la nulidad de su remoción como defensor  en  la  segunda oportunidad sino de toda la actuación desde cuando se presentó  la  incorrección  y  (iii)  no  se le notificó del fallo de segunda instancia,  situaciones que, recalca, configuraron un error de derecho.   

En el tercer aparte del mismo reparo, aduce:  (i)  se  desconocieron  normas  legales de carácter civil en la apreciación de  los  testimonios  que  han  debido  aplicarse  por  integración  y  (ii)  no se  permitió  ejercer  el  contradictorio respecto del peritaje que estableció los  perjuicios,  lo  cual  originó errores de hecho y de derecho en la apreciación  probatoria.   

En  el  cuarto y último apartado del mismo  cargo  (i)  por  virtud  de las Leyes 23 de 1991 y 228 de 1995 las conductas son  contravencionales,  (ii)  por  tal  carácter carecieron de querella legítima y  (iii)  se  violó el principio de unidad procesal, situaciones que, al igual que  el anterior, estructuraron errores de hecho y de derecho.    

Otro   tanto   se   verifica   frente  al  segundo  cargo, sustentado en  la  causal  tercera de casación, donde vuelve a plantear que (i) fue destituido  arbitrariamente  como  defensor de confianza del procesado, (ii) se inaplicó la  figura  de  cesación  de procedimiento por indemnización integral, (iii) no se  le  permitió  interponer  recurso  de  apelación  contra  el  fallo de primera  instancia  y (iv) no aparece el cuaderno incidental que dispuso su injustificado  arresto.   

Como  se  puede  advertir,  el casacionista  abordó  de forma simultánea y entremezclada, en perjuicio de la claridad de la  prédica,  tópicos  diversos que, incluso, la mayoría de ellos, ni siquiera se  corresponden  con  la  causal  de  casación invocada y, por lo mismo, se tornan  excluyentes con otros expuestos.   

De esa forma se observa cómo en la primera  censura,  se  insiste, formulada al amparo de la causal de violación directa de  la  ley  sustancial,  refiere  a  aspectos,  en su mayor parte, constitutivos de  nulidad,  cuyo  correcto  cuestionamiento  en sede de casación procedía por la  causal  tercera  y  no  por  la invocada. Al igual, alude a incorrecciones en la  apreciación  de  las pruebas que sustentaron la declaratoria de responsabilidad  penal  de  su prohijado, ataque que tampoco es viable por el motivo seleccionado  sino  por  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  peor aún cuando  advierte  expresamente que las incorrecciones destacadas configuraron errores de  derecho y de hecho.   

Sobre esto último recuérdese que es de la  esencia  del  invocado motivo casacional sujetarse a los fundamentos fácticos y  probatorios  de la decisión impugnada, como quiera que el error se contrae a un  debate  puramente  jurídico  que  deviene  de  la  falta  de aplicación (no se  selecciona  la  norma llamada a regular el caso), de su aplicación indebida (se  escoge  para  solucionar  el  caso  una  preceptiva  que no es atinente) o de su  interpretación   errónea   (en  donde  si  bien  se  selecciona  la  normativa  correctamente, se le otorga una hermenéutica equivocada).   

De modo que, aun cuando esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de  la ley sustancial, a condición de que el censor demuestre que el  fallador  incurrió  en  errores de hecho o de derecho, los primeros producto de  falsos  juicios  de  existencia,  de identidad o raciocinio y, los segundos, por  los  llamados falsos juicios de legalidad o de convicción, que a su vez generan  violación  de  la  ley  sustancial,  bien porque el precepto aplicado no debió  serlo   o   en   cuanto   se   dejó   de   aplicar  el  llamado  a  regular  el  caso.    

Precisamente  por  la disímil esencia entre  las  dos  causales  aludidas se colige también que son excluyentes y, por ende,  deben  ser  formuladas a través de reparos independientes, con el fin de evitar  la  vulneración  de  principios regentes de la materia casacional, como son los  de  autonomía  y  no  contradicción,  consagrados  en  procura de preservar la  claridad  y concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y  estudio.   

Contrariando las premisas anteriores, en el  reproche  objeto  de  estudio se incurre en dicha falencia al anunciar que tiene  sustento  en  la  violación directa de la ley sustancial y, acto seguido, en su  desarrollo,  se  aparta  de  los presupuestos fácticos y probatorios del fallo,  para  discrepar  en  punto  del  valor  otorgado  a  la  prueba que lo sustenta,  postulación  eventualmente  compatible  con  la causal de violación indirecta.  Peor  aún,  se  reitera,  cuando al interior de la misma propuesta alude a  situaciones eventualmente constitutivas de nulidad.   

Esto último, porque la violación de la ley  sustancial,  ya  sea  por  la  senda  directa  o  indirecta, comporta aceptar la  validez  de  la  actuación  procesal  por  cuanto  el  ataque se circunscribe a  errores   de   juicio  o  in  iudicando  en  los  que  incurre el sentenciador al momento de fallar, mientras  que  en  el  segundo  precisamente  se  discute  ese aspecto a través de yerros  in   procedendo   o   de  procedimiento.   

Situación  igual refleja el segundo cargo,  pues  si  bien  invoca  la  causal  tercera  de  casación para plantear algunas  irregularidades    anunciadas    en    el   cargo   previo,    las   mezcla  inapropiadamente  dificultando  su  cabal  comprensión.  A  tal  punto llega su  confusión  sobre el particular que, contrariando la naturaleza de esta causal y  los   efectos   que   apareja,  reclama  un  fallo  de  reemplazo  de  carácter  absolutorio.           

Ahora  bien,  más  allá de las reseñadas  falencias  de  lógica  y  argumentación,  que  por sí solas tienen la entidad  suficiente  para  dar  al  traste  con la posibilidad de admisión, se aúna que  frente  a  algunas  irregularidades  expuestas  por el actor ya se adoptaron las  medidas   correctivas  procesales,  por  lo  que  innecesario  resulta  reclamar  nuevamente   protección,   lo   cual   redunda  en  la  intrascendencia  de  su  pretensión.   

En  efecto,  se  tiene  que  una  Sala  de  Decisión  de Tutelas de esta Corporación en la referida sentencia de diciembre  6   de   20116   concedió  el  amparo  al  debido  proceso  del  aquí  procesado  POLICARPO SUÁREZ ARENAS por  la  actuación  de  la  titular  del  Juzgado  22  Penal del Circuito de Bogotá  consistente  en  destituir a su apoderado de confianza, y quien aquí funge como  casacionista,   durante  la audiencia pública, al considerar tal decisión  una  injerencia  indebida  de  la  administración en la órbita de los derechos  subjetivos,  derivados,  en  este  caso,  del contrato de mandato, y una afrenta  evidente  al derecho fundamental al debido proceso, tanto porque una sanción de  esa  naturaleza  no  está  prevista  en  la  ley,  como porque no se siguió el  procedimiento  reglado  en  el  artículo  44  de  la  Ley  600 de 2000, sin que  siquiera  se  le  hubiera  concedido  al  abogado  desplazado  de su función la  posibilidad  de  rendir descargos o que la sanción se hubiera impuesto mediante  providencia motivada susceptible de recursos.   

En atención a ello se dispuso la nulidad de  todo  lo  actuado  a partir del auto de septiembre 26 de 2011 por medio del cual  se  resolvió  relevar al defensor de confianza del aquí procesado, quien ahora  funge  como  casacionista,  y  prevenir  a  la misma funcionaria para que, en lo  sucesivo, se abstuviera de incurrir en comportamiento similar.   

El decreto de invalidez también afectó el  auto  del  9  de noviembre ulterior por medio del cual,  en vista de que el  procesado  no  designó  nuevo  defensor  de  confianza,  se  le designó uno de  oficio.  Así  mismo,  quedó  sin  validez  el  alegato  final efectuado por el  defensor  de  oficio  nombrado por el juzgado que dio lugar a la culminación de  la audiencia pública el 6 de diciembre del citado año.   

Así  las cosas, la irregularidad originada  en  la  primera  remoción del abogado de confianza y los hechos acaecidos en el  interregno  afectado con la  nulidad,  como  la  pretextada imposibilidad de ejercer contradicción frente al  dictamen  en ese espacio procesal, carecen de trascendencia alguna, pues o bien,  se  reitera,  ya se adoptó el correctivo del caso o se trata de actos afectados  con el decreto de invalidez.   

Ahora,  con ocasión de la orden de nulidad  ordenada  por  esta  Sala dentro del trámite constitucional, el juzgado dispuso  la   continuación   de   la  audiencia  pública  en  el  estado  previo  a  la  irregularidad,  esto  es, estando pendiente para que el defensor de SUÁREZ  ARENAS  realizara  su alegación  final;  sin  embargo,  fijadas  tres fechas para proseguir con la diligencia, el  profesional solicitó, por diversas razones, su aplazamiento.   

Ante tal comportamiento, mediante auto del 4  de          junio          de          20127  y  en  aras  de  conjurar  la  dilación  del  proceso,  previno al profesional en sentido que, de persistir en  su  inasistencia,  designaría  un  defensor  de  oficio  para  proseguir con la  diligencia suspendida.      

Y tras considerar que las razones esbozadas  por  el  togado  no  eran  consistentes y tenían por fin simplemente dilatar el  proceso,  con  auto  del  17  de  julio de ulterior8  designó al mismo defensor de  oficio, con quien se culminó, nuevamente, la audiencia pública.   

Así,   se   dictó  luego  la  sentencia  condenatoria  de primera instancia en la que, a la par, se negó la solicitud de  cesación  de  procedimiento  por indemnización integral deprecada tanto por el  defensor  de  confianza  como  por  el  de  oficio,  decisión  contra  la  cual  interpusieron    recurso   de   apelación   este   último   y   el   procesado  directamente.   

Al  resolver  el  recurso de apelación, el  Tribunal  de  Bogotá modificó el fallo impugnado en cuanto, como se plasmó en  el  acápite  de  antecedentes,  suprimió la circunstancia de mayor punibilidad  prevista  en  el  numeral 9° del artículo 58 del C.P. por no estar contemplada  en  la  acusación,  al  paso  que  aclaró  que  la  defensa estaba a cargo del  defensor  de  confianza a quien en momento alguno el a  quo  revocó  o  sustituyó  el  mandato,  sino que lo  relevó  con  el  objeto  de materializar sus deberes y facultades como director  del  proceso  tendientes  a evitar su marcada dilación, además de estimar que,  en  todo  caso,  dicho  profesional ejerció efectivamente el mandato conferido,  como  se  vio al suscribir el memorial por medio del cual solicitó la cesación  de    procedimiento    a    favor    de    su   prohijado   por   indemnización  integral9.     

Así  las  cosas,  surge  diáfano  que, de  acuerdo  con  lo    expuesto  por el ad quem  y  contrario  a  lo expuesto por el censor, en momento  alguno  se impidió al profesional desplegar actos de defensa tales como objetar  el  dictamen  pericial que estableció los perjuicios o impugnar las decisiones,  en  cuanto  su  relevo  no  fue  definitivo  sino condicionado a su inasistencia  reiterada  al  acto  de  audiencia,  decisión  debidamente  justificada  en los  poderes  de  dirección  que asistían a la juez de conocimiento para evitar las  ostensibles  maniobras  dilatorias  desplegadas  y  máxime  cuando  el actor no  acredita  la  trascendencia  de  tales  intervenciones  o,  lo  que es igual, no  señala  cuál  era  su  entidad en el ámbito de las garantías procesales o en  perjuicio  de  las  bases fundamentales del juzgamiento o de qué forma hubieran  variado  el  sentido  de  lo  decidido  en  el fallo contra el que promueve este  recurso extraordinario.   

Ahora,  en  lo  que  respecta a la falta de  aplicación  de  la  figura  de  cesación  de  procedimiento por indemnización  integral  contemplada  en el artículo 42 de la Ley 600 de 2000, se constata que  el  demandante,  al margen de los fundamentos jurídicos y probatorios expuestos  por   los   juzgadores  para  negar  esta  figura,  pretende  su  reconocimiento  simplemente  porque  estima,  desde su muy particular punto de vista, que era el  único  camino procedente, actitud inconsecuente con la naturaleza de este medio  extraordinario de impugnación.   

De  ese  modo,  ha  debido,  cuando  menos  desvirtuar,  de manera coherente y entendible, la postura de los juzgadores para  quienes  el  monto  cancelado por el procesado no compensaba la totalidad de los  perjuicios    ocasionados    con    el    punible10  y,  en  esa  medida,  no era  viable proceder a la aplicación de ese mecanismo.   

Por otra parte, señala de forma confusa el  casacionista     que    se    violó    el    debido    proceso    puesto    que  las        conductas   se   cometieron  cuanto  estaban  vigentes  las  Leyes  23  de  1991 y 228 de 1995 que consideraban la estafa como  contravención especial con carácter querellable.   

No obstante, desconoce el demandante que la  actuación  se  inició el 22 de abril de 2002 por la Fiscalía 93 perteneciente  a  la  Unidad  Sexta  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  Municipales  de esta  capital11,  esto es, cuando ya había entrado a regir la Ley 600 de 2000, por  lo  que su trámite correspondía a las previsiones de esta legislación y no de  conformidad  al  establecido  en las citadas leyes, conforme se determinó en su  artículo  transitorio  y  así  lo  entendió  esta  Colegiatura  al amparo del  criterio  plasmado  por la Sala Plena de esta Corporación, utilizado, dicho sea  de  paso,  para  solucionar  múltiples  conflictos  de  competencias que por el  cambio         legislativo         se         suscitaron         para        esa  época:         

            

“Previendo  los  problemas  que  podía  suscitar  el  cambio de legislación, el Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de 2000) incluyó un artículo transitorio del siguiente tenor:   

‘Los  Jueces  Penales  Municipales  continuarán conociendo de los procesos iniciados antes de  la  vigencia de esta ley por las conductas consideradas como contravenciones por  la  Ley  228  de  1995  y  aplicarán  el  trámite  allí  previsto’.   

Al   dirimir   colisiones  negativas  de  competencia  entre  Jueces Penales Municipales y Fiscales Locales, la Sala Plena  de  la  Corte  Suprema de Justicia, después de analizar el contenido de aquella  disposición transitoria, concluyó:   

‘El  entendimiento  de  esta  norma es el de que los hechos punibles  cuyo  procesamiento se hubiese iniciado por los Jueces Penales Municipales, bajo  la  vigencia  de  la Ley 228 de 1995, por ser considerados como contravenciones,  continuarán  con  el  trámite  allí  previsto,  es decir, que lo que quiso el  legislador  para evitar traumas fue darle efecto ultractivo a la citada Ley 228,  al    haberse    iniciado    el    proceso    conforme    a    ella.’   

‘Contrario  sensu,  si  al  entrar en vigencia el nuevo Código de Procedimiento Penal no se  había  iniciado proceso, o se había iniciado, pero no por el trámite previsto  en  la  Ley  228  de  1995,  ni  por  el Juez Penal Municipal, no tiene por qué  aplicarse  este  último,  sino  que,  al  ser  el  hecho  delito,  deberá  ser  investigado  por la Fiscalía, conforme a los principios generales”. (Auto del 3  de       octubre       de       2000,       radicación       00460)’…”12         (subraya fuera de texto).   

En  el  mismo  sentido, no debe perderse de  vista  que  el tratamiento que se le dio a las ilicitudes fue de delito masa, es  decir,  una  sola conducta con multiplicidad de sujetos pasivos, como se aclaró  en  la  resolución  de  acusación  de  primera  instancia ante reclamo similar  elevado por la defensa:   

“Por  otra  parte y dentro de este mismo  campo  señala  el  señor defensor su inconformidad acerca de la manera como se  ha  adelantado  la  investigación  al  tomarlo como si se trata de ‘delitos       masa’ cuando se trata simple y llanamente  de  un  concurso  de hechos, de manera tal que cada caso debió investigarse por  separado.   

Respetable   es,  eso  sí,  la  postura  planteada  por  la  defensa  pero  que,  por  razones  de  orden jurídico no se  comparten  por  el  despacho.  En  realidad  se  infiere de la actuación que el  sindicado  ofrece en venta un lote de terreno de manera tal que concurren varias  personas  a  comprar  cierta  porción  del  mismo  lote, de donde surge que nos  encontramos  frente  a  un  punible  de estafa con varias personas presuntamente  afectadas.   Sobre   este   aspecto   surge  el  fenómeno  de  la  ‘unidad    de   acción’   en   que  en  varias  etapas  se  desarrolla    un    hecho   o   comportamiento”13.   

Criterio  que  ratificó  el  juzgador  de  segundo nivel en lo siguientes términos:   

“Aquí lo que operó fue la unificación  de  investigaciones  en  razón a la conexidad existente para lo cual se produjo  la   resolución  adiada  agosto  22  de  2002  (visible  a  folio  44  c.o.)…  circunstancia  que  dio lugar al pronunciamiento efectuado mediante proveído de  marzo  17  de  2003 en donde claro se dejó que analizado el material probatorio  se    establecía    que    la    investigación    se    seguía   (sic) contra POLICARPO SUÁREZ ARENAS por  el  delito de estafa concebido en una única acción, con multiplicidad de actos  ejecutores  y  diferentes  sujetos  pasivos  y  por  una cuantía de trescientos  millones  de pesos, lo que ubicaba la competencia para conocer del asunto en las  fiscalías     delegadas  ante  los jueces penales del circuito y  de    ahí   el   cambio   de   asignación…”14.   

Consecuentes  con  los  términos  de  la  acusación,   resta   señalar,   los   juzgadores  de  instancia  condenaron  a  SUÁREZ  ARENAS por una sola  conducta de estafa y no por un concurso homogéneo de ilicitudes.   

Así   las   cosas,  si  el  casacionista  pretendía  rebatir  la  adecuación  del delito masa ha debido controvertir sus  componentes  dogmáticos  estructurales,  labor que no realizó, dando al traste  con su pretensión por evidente insuficiencia argumentativa.   

Este aspecto, por demás, está relacionado  con   el  adicional  planteado  por  transgresión  del  factor  de  competencia  conexidad  y  del  principio  de unidad procesal, pues a su juicio se trataba de  diversas  conductas  que  han  debido  investigarse  por separado, pero la misma  insuficiencia           argumentativa           reseñada           –dado   que   la   razón   para   el  procesamiento  unitario  fue  precisamente  la calificación como delito masa de  las     ilicitudes-     también     determina    la    inidoneidad    de    ese  cuestionamiento.   

De  otro lado ha de acotarse que su reclamo  en  torno  a  que  la  actuación se originó a instancias de un profesional del  derecho   que   carecía   de  poder  en  tanto  estaba  autorizado  sólo  para  constituirse  como  parte civil, también resulta desconocedora del principio de  corrección  material,  toda  vez  que  la  revisión  de  la  foliatura permite  determinar  que  la génesis del proceso fue el escrito presentado por el señor  Pedro   Beltrán   Parra,  víctima      directa     de     los     hechos15.   

         

Finalmente  dígase  que  otros  aspectos  abordados  en  el  libelo  carecen  de  incidencia  frente  a la declaración de  justicia  contenida en el fallo impugnado, y tampoco el libelista asume la carga  de  demostrarla,  tales  como que fue irregular el trámite que condujo a que la  juez  de  conocimiento  le  impusiera  sanción  de  arresto  por  su manifiesto  comportamiento  dilatorio,  así  como  el  hecho de que no aparezca el cuaderno  contentivo  de ese trámite incidental, de los cuales, por tanto, no se ocupará  la Sala.   

Las  múltiples  falencias  destacadas,  de  orden  lógico y argumentativo, conducen a la conclusión de que el libelo no se  sujeta  a  los cánones que gobiernan la postulación y demostración de errores  en  esta  sede,  las cuales, por virtud del principio de limitación que regenta  el   trámite   casacional,  carece  la  Corte  de  facultad  para  enmendar  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000. En  virtud de ello, se impone su inadmisión.   

A  ello se procederá, además, en tanto no  se  observa que durante el trámite del proceso o con ocasión del proferimiento  del  fallo  se hubiera incurrido en vulneración de garantías fundamentales que  ameriten intervención oficiosa.   

               En  mérito  de  lo expuesto, la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

    

1. ACEPTAR la  renuncia  a  la  prescripción  de las acciones penal y civil manifestada por el  procesado   POLICARPO   SUÁREZ   ARENAS,  conforme  a  lo  expuesto  en  la  parte  considerativa  de  esta  providencia.     

          2.               INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  del mencionado, por las razones consignadas en la  anterior motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO          FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO      

             IMPEDIDO   

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER              MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ       EYDER  PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

       

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Hoy  día  modificado  por el 33 de la Ley 1474 de 2011, inaplicable en este caso, en  cuanto  prevé  un  aumento  de  la pena de una sexta  parte  a  la  mitad “cuando la conducta sea cometida  por  servidor  público  que ejerza como funcionario de alguno de los organismos  de control del Estado”.   

2 Llego  al  despacho  del  Dr.  Julio  Enrique Socha Salamanca el 5 de abril del año en  curso.    

3 Fol.  243 del c.o. de la causa No. 1.   

4 Cfr.  Auto  de abril 29 de 2003, rad. 20309. En el mismo sentido auto de octubre 20 de  2008, rad. 30249.   

5 Cfr.  Auto de abril 19 de 2009, rad. 32020.   

6 Cuya  copia obra a fols. 74 y s. del c.o. de la causa.    

7 Fol.  127 ibídem.   

8 Fol.  135 ibídem.   

9 Pág.  19 del fallo de segunda instancia.   

10  Págs. 24 y ss. del fallo de segundo grado.    

11  Fol. 5 del c.o. 1 de la instrucción.   

12  Auto de junio 20 de 2004, rad. 20811.   

13  Pág. 7 de la acusación de primer grado.    

14  Pág. 12.   

15  Fol. 1 y ss. del c.o.     

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