41188(04-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 172.  

Bogotá,  D.  C., cuatro (4) de junio de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  CARLOS  ERNEY  URIBE  SANGUINO  contra  la  sentencia  del  6  de febrero de 2013, a través de la cual el Tribunal Superior  de  Santa  Marta  confirmó el fallo proferido el 2 de octubre del año anterior  por  el  Juzgado  Quinto  Penal  del Circuito de idéntica sede, que condenó al  antes  mencionado a las penas principales de 36 meses de prisión y $119.174.175  de  multa,  así  como  a las accesorias de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por igual lapso al determinado para la privativa  de  la libertad y a la prohibición de ejercer el comercio por el término de 48  meses,  como  autor del delito de favorecimiento de contrabando de hidrocarburos  y sus derivados.   

HECHOS  

          Los  resumió  el  juzgado  de  instancia  de  la  siguiente manera:   

          “El  día  16  de  julio  de 2012, agentes de la policía judicial  –SIJIN-,    que    se  encontraban  en  un  puesto  de control en la vía que de Santa Marta conduce al  corregimiento  de  Palomino,  realizaron  el pare al vehículo de placas RHA 603  conducido  por  el  imputado  CARLOS  ERNEY  URIBE  SANGUINO  y al realizarle un  registro  encontraron en el platón dos pimpinas plásticas con capacidad para 7  galones  con  gasolina;  4  pimpinas  de  5  galones  con  gasolina  y además 5  recipientes  plásticos  con  capacidad para 1 galón de gasolina. Finalmente en  la  parte trasera de la silla del conductor se halló 1 pimpina de 7 galones que  también  contenía  gasolina  para  un  total  de  46  galones  con gasolina de  contrabando,  los  cuales  no  tenían  el  marcador que le imprime ECOPETROL al  combustible de procedencia legal”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia  preliminar realizada el 17 de  julio  de  2012  ante el Juzgado Cuarto Penal Municipal con funciones de control  de  garantías  de Santa Marta, la Fiscalía formuló imputación a CARLOS  ERNEY  URIBE SANGUINO por el delito  de  favorecimiento  de  contrabando  de  hidrocarburos y sus derivados, cargo al  cual se allanó sin reserva alguna.   

En la misma diligencia el juez de control de  garantías     le    impuso    medida    de    aseguramiento    de    detención  preventiva.   

El 13 de agosto de 2012 el Juez Quinto Penal  del  Circuito de la precitada ciudad llevó a cabo la audiencia de verificación  del   allanamiento,   misma   diligencia   en   la  cual  dio  inicio  a  la  de  individualización  de  pena  y sentencia, la cual suspendió para terminarla el  11 de septiembre siguiente.   

La  lectura de la sentencia la realizó el 2  de  octubre  del  mismo  año,  imponiendo  al procesado las penas principales y  accesorias  señaladas  en el acápite inicial de la presente providencia. En el  mismo  fallo,  el  a  quo  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, así como la  sustitución de la prisión por prisión domiciliaria.   

En virtud de la apelación interpuesta por la  defensa,  quien  limitó  el  motivo  del  disenso  a  la  no  concesión  de la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria,  el   Tribunal  Superior  de  Santa  Marta  confirmó  la  sentencia  de  primera  instancia,   por   cuya   razón   el  mencionado  letrado  acudió  al  recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          En  el  único cargo formulado, el actor señala que la sentencia de  segundo  grado “vulnera flagrantemente el derecho del  debido  proceso  y  la  interpretación errónea de normas procesales que están  vigentes  en  nuestro  estatuto  punitivo”.  De  esa  forma,  dice  acudir a las causales primera y segunda de casación de la Ley 906  de   2004,   por   desconocimiento  de  los  artículos  6º,  156,  158  y  160  ibídem.   

          Para  sustentar el reproche reseña cómo el 13 de agosto de 2102 el  a  quo  realizó la audiencia  de  verificación  del allanamiento e individualización de pena y sentencia, en  cuyo  desarrollo  la  Fiscalía  no precisó con certeza lo referente al tema de  los  antecedentes  del  procesado,  no  obstante  lo  cual  el  juez  de  manera  unilateral  requirió  a  la  delegada  del  ente  acusador para que aportara la  documentación  respectiva  en  una próxima audiencia, la que celebró el 11 de  septiembre  siguiente,  pero como la funcionaria tampoco la allegó, el director  de  la  causa  otorgó  10  días  hábiles  a  la  Fiscalía para demostrar los  antecedentes  del  acusado, situación que, finalmente, cumplió el 2 de octubre  cuando se efectuó la lectura de la sentencia.   

          En  criterio  del censor, las mencionadas pruebas se incorporaron en  forma  extemporánea  y  sin que el ente acusador solicitara justificadamente la  prórroga  de  términos,  con  lo cual se puso en situación de desventaja a la  defensa  con  desconocimiento  del  principio de igualdad de armas, en cuanto el  juez se parcializó a favor de la Fiscalía.   

          Considera,   por   tanto,  que  el  a  quo  no  podía tener en cuenta la referida documentación.  Al  hacerlo,  añade,  premió la desidia del órgano investigador y con base en  esas  pruebas  negó  al  procesado  los subrogados penales por la existencia de  antecedentes  de  ese  orden,  cuando  lo  cierto  es que debió decidir con los  elementos probatorios allegados oportunamente a la actuación.   

          Tras  evocar  decisiones  de  la  Corte Constitucional acerca de los  términos   judiciales,  el  impugnante  termina  denunciando  al  juzgador  por  incurrir  en  falso  juicio  de  legalidad,  al  aceptar  pruebas no obstante su  aducción con violación de las formalidades legales.   

         

          Solicita,  de  esa  manera,  casar  la  sentencia  y,  en  su lugar,  conceder  al acusado el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución  de la pena.   

             

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

La Sala no cesa en insistir que la demanda de  casación  no  es  un  escrito de libre elaboración sino que, dado el carácter  extraordinario  de  ese  recurso,  debe  cumplir unos presupuestos de adecuada y  lógica   fundamentación,   sin   los   cuales   el   libelo   no   podrá  ser  admitido.           

         

          Esos  presupuestos, en el esquema procesal contemplado en la Ley 906  de  2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 183 y 184, inciso segundo. La  primera  de  esas  normas  exige  al  censor  presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Revisada  la  demanda  instaurada  por  el  defensor de CARLOS  ERNEY  URIBE SANGUINO, necesario se  hace  concluir  que  la  misma  no  cumple las exigencias de adecuada redacción  indispensables  para  su  admisión y, antes bien, presenta ostensibles defectos  que  la  tornan  inepta  para esos propósitos.             

          En  efecto,  el único cargo que formula el actor lo apoya de manera  simultánea  en las causales primera y segunda, entremezclando impropiamente dos  motivos  de  casación  con  naturaleza  y  alcance  distinto,  pues  el primero  corresponde  a  un  error de juicio que de prosperar conllevaría a derrumbar el  fallo  de  segundo  grado y a su sustitución por parte de la Corte, mientras el  segundo  comporta  un  vicio  in procedendo,  cuya consecuencia implica la invalidación de la actuación desde  el  momento  en  que  se presenta la irregularidad y la consiguiente reposición  por la instancia respectiva del trámite anulado.   

          De   todas   maneras,   encuentra  la  Sala  que  el  demandante  no  desarrolló  ni  una  ni otra causal. Obsérvese cómo acude a la causal primera  de  casación, es decir, denuncia la violación directa de la ley sustancial, lo  cual  ratifica  al  cuestionar  al  Tribunal  por  interpretar en forma errónea  algunas  normas  legales,  aun  cuando  sin precisar cuáles, y dejar de aplicar  otras.   

No obstante, a lo largo del libelo se dedica  a  referir la presencia de un yerro probatorio, desviando así el discurso hacia  los  terrenos  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, causal de  casación   contemplada   en   el  numeral  3º  de  la  precitada  disposición  procedimental.   

Recuérdese  que  la  violación  directa se  diferencia  de  la  indirecta  en que en la primera al demandante le corresponde  proponer  una  discusión  netamente  jurídica,  para  lo cual está obligado a  aceptar  los  hechos  tal  como los declaró probados el fallador, sin que pueda  controvertir  el  mérito  asignado por éste a los medios de convicción. En la  violación  indirecta,  en cambio, el ataque sí comprende la valoración de las  pruebas realizada por el juzgador.   

          El  libelista,  no  postula  controversia  de  naturaleza  netamente  jurídica,  sino  que  se  enfrenta  al  valor  asignado  por  el Tribunal a las  pruebas,    luego   –se  insiste-  la  invocación  que  hace  de  la causal primera de casación resulta  desacertada.   

          Lo  anterior  porque  censura  a  los juzgadores por tener en cuenta  unas  pruebas  documentales  incorporadas  a  la  actuación  por  fuera  de  la  oportunidad  legal  dispuesta  para  el  efecto,  ataque  que  le  correspondía  encaminar  por vía del error de derecho por falso juicio de legalidad, pues esa  clase  de  dislate  se  presenta cuando el fallador asigna validez a un medio de  prueba,  a  pesar  de que en su producción y aducción se desconocen las reglas  establecidas  en  la  ley  para el efecto, y también cuando el juzgador deja de  apreciar  algún elemento de convicción, por considerar erróneamente que en su  recaudo se desatendieron dichas reglas.   

          Si  bien  al  final de la demanda el impugnante acierta en acusar al  sentenciador  de incurrir en falso juicio de legalidad, es lo cierto que omitió  fundamentar  el yerro acorde con las exigencias demandadas por la jurisprudencia  de la Corte.    

          En   efecto,  para  su  demostración  le  correspondía   identificar   claramente  la  prueba  indebidamente   apreciada,   señalar   las   normas   medio   que   regulan  su  formación  o  aducción,  acreditar  que  la  prueba  fue  excluida  debiendo  ser  apreciada  o  que  fue  valorada   debiendo  ser  excluida,   y   demostrar  las  implicaciones  del  error  en  las  conclusiones  probatorias.   

          En  el  presente  evento,  el  actor  se  limita  a  señalar que el  juzgador  negó  el  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena  con  fundamento  en  unas  pruebas  documentales allegadas después de  llevarse  a  cabo  la  audiencia  de  individualización  de  la pena, elementos  probatorios  demostrativos de que el procesado registra antecedentes penales. No  obstante,  se  abstiene  de  acreditar  la  trascendencia  de ese yerro, pues no  advierte  que  en el curso de la menciona audiencia, concretamente en la sesión  inicial,  la  delegada del ente acusador exhibió los registros obtenidos en los  sistemas  informáticos tanto de la Sijin como de la propia Fiscalía General de  la  Nación,  en los cuales constaba la existencia de tres sentencias anteriores  proferidas  en  contra del aquí procesado por vía de la aceptación de cargos,  también  por  el delito de favorecimiento de contrabando de hidrocarburos o sus  derivados.   

          En  dichos  registros, igualmente, aparecía que al menos dos de las  pretéritas  sentencias  ya  reposaban  en los juzgados de ejecución de penas y  medidas  de seguridad, por cuya razón el director de la causa juzgó pertinente  su  ingreso a la actuación para los fines atinentes a la audiencia realizada. Y  es  de  advertir  que frente a tales registros la defensa tuvo oportunidad en el  curso   de   la   misma   diligencia   judicial  de  ejercer  el  derecho  a  la  confrontación,  para  cuyo  efecto  señaló  que  dichas  condenas  no podían  tenerse   como   antecedentes,   por  cuanto  no  se  demostró  que  estuviesen  debidamente ejecutoriadas.   

          Sobre  el  particular,  es  pertinente  señalar  que, acorde con el  principio  de libertad de prueba consagrado en el artículo 373 de la Ley 906 de  2004,    “(L)os  hechos  y  circunstancias  de  interés  para  la  solución  correcta del caso, se podrán  probar  por cualquier de los medios establecidos en este Código o por cualquier  otro    medio    técnico   o   científico,   que   no   viole   los   derechos  humanos”.   

          Luego,  si  bien  de  conformidad con lo establecido en el artículo  284  de  la  Constitución  Política,  únicamente  las  sentencias  judiciales  ejecutoriadas  pueden  tenerse como antecedente, es lo cierto que para demostrar  su  existencia  no  resulta  perentoria la incorporación en forma física de la  respectiva  decisión  con la constancia de su firmeza, sino que tales aspectos,  en  desarrollo  del  principio  de  libertad  de  prueba,  perfectamente  pueden  acreditarse  por  cualquier  medio probatorio, conforme ocurrió aquí cuando en  el  curso  de  la  audiencia  de  individualización  de  pena se exhibieron los  registros  documentales  a través de los cuales se estableció que CARLOS   ERNEY   URIBE  SANGUINO  ha  sido  condenado  anteriormente  por  delito  doloso, y al menos dos de esas sentencias  reposan  en los juzgados de ejecución de penas, lo cual permite inferior que se  encuentran ejecutoriadas.   

          Se   insiste   así   en   que   el  casacionista  no  acreditó  la  trascendencia  del  yerro  aducido,  pues omitió hacer alusión a los registros  ventilados  en  la  referida  audiencia  y  explicar  por  qué tales pruebas no  resultan  idóneas  para  demostrar el supuesto de hecho, esto es, la existencia  de  condenas  dentro  de  los  cinco  (5)  años anteriores por delito doloso, a  partir  del cual el fallador negó al procesado tanto la suspensión condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  como  la prisión domiciliaria, según así lo  establece  el artículo 68 A del Código Penal, modificado por los artículos 32  de  la  Ley  1142  de  2007,  28  de  la Ley 1453 de 2011 y 13 de la Ley 1474 de  2011.    

          En  consecuencia,  atendida la inadecuada sustentación del reproche  formulado,  cuyas  deficiencias  no  permiten advertir la necesidad del fallo de  casación,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  objeto  de  examen, considerando  además   la   no   concurrencia  de  circunstancia  vulneradora  de  garantías  fundamentales  que  imponga  superar  los  desaciertos técnicos para decidir de  fondo.   

Se precisará que contra esta decisión sólo  cabe  el  mecanismo  de  insistencia, conforme lo tiene establecido el artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede bajo las reglas fijadas  en    jurisprudencia    reiterada   de   la   Sala1.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   CARLOS ERNEY URIBE SANGUINO.   

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,   en   los   términos  referidos  en  la  parte  final  de  esta  determinación,  contra  la  misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                                                                                                                                                           

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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