41160(29-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado Acta No. 169.  

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de mayo de dos  mil trece (2013).   

V I S T O S  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de casación presentada por el defensor de CARLOS JULIO ÁLVAREZ CONDE,  en  contra  de la sentencia de segunda instancia proferida por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bucaramanga (Santander), el 13 de  diciembre  de  2012,  mediante la cual confirmó el fallo emitido por el Juzgado  Primero  Promiscuo  Municipal  con  funciones  de  conocimiento  de  Piedecuesta  (Santander),  el  7 de junio del mismo año, condenando al mencionado procesado,  como   autor  de  la  conducta  punible  de  abuso  de  confianza,  a  las  penas  principales  de 26 meses de  prisión  y  el equivalente a 16 salarios mínimos legales mensuales vigentes de  multa,  y  a  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos y funciones públicas por el mismo término.   

H E C H O S  

En   el   proveído   impugnado   quedaron  consignados de la siguiente manera:   

“Consta  en  los  registros que la señora  ELSA   RIBERO   DE   ARGUELLO  en  febrero  del  2007  contrató  los  servicios  profesionales  del  abogado  CARLOS JULIO ÁLVAREZ CONDE con el fin de que éste  continuara  con  el  trámite  judicial  del proceso ejecutivo que cursaba en el  Juzgado  Tercero  Promiscuo  Municipal  de  Piedecuesta  (Rad.  2005-0088-00) en  contra  de  los  ciudadanos  Hermes  de  Jesús Neira Quitian y Magdalena Ortíz  López,  quienes  en  el  transcurso  del  mismo cancelaron parte del dinero que  adeudaban  en  virtud  de  un  acuerdo transaccional celebrado entre éstos y el  apoderado  de su acreedora; en vista de que el profesional del derecho no podía  retirar   los   títulos  judiciales  –por  no  contar  con  el poder para ello-, le solicitó en noviembre  del  mismo  año  a  su  representada  un  nuevo poder con facultadas (sic) para  recibir,  bajo  el pretexto de que el Juzgado lo estaba exigiendo, por lo que la  querellante  confiada  en  su  apoderado  le  confirió  tal  mandato  el  28 de  noviembre  de  2007;  y con base en éste el sentenciado solicitó al Juzgado la  entrega  de  los  títulos, logrando que éstos fueran otorgados a su favor para  el cobro, apropiándose así indebidamente de $17.450.000.   

Situación  de la que se enteró la víctima  el  12  de  agosto  de  2008  cuando se acercó al Juzgado en mención a indagar  sobre el proceso”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En  audiencia preliminar llevada a cabo el 2  de  febrero  de 2010 ante el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal con función de  control  de garantías de Piedecuesta (Santander), la Fiscalía Tercera Local de  esa  ciudad  formuló  imputación  a  CARLOS JULIO ÁLVAREZ CONDE por el delito  de       abuso      de      confianza.   

Como  el  imputado  no  se  allanó al cargo  formulado,  el ente instructor presentó escrito de acusación el 3 de marzo del  mismo  año,  ratificando  que  se  procedía  por  el  ilícito  de  abuso  de  confianza  tipificado  en  el  artículo 249 del Código Penal.   

El  conocimiento  de la etapa del juicio fue  asumido   por   el   Juzgado   Primero  Promiscuo  Municipal  con  funciones  de  conocimiento  de  esa  población, despacho que luego de realizar las audiencias  de    acusación    -el   15   de   junio   2010-,   preparatoria   –el 13 de diciembre de 20111- y juicio oral  –en  sesiones del 23 y 24  de  mayo  de  2012-,  dictó  sentencia  el  7 de junio siguiente, declarando la  responsabilidad  penal  del  procesado  ÁLVAREZ  CONDE  en  la conducta punible  contenida en el pliego acusatorio.   

Consecuente   con  su  determinación,  el  A  quo  le  impuso las penas  principales  y  accesoria reseñadas en la parte inicial de este proveído, y le  concedió   el  beneficio  sustitutivo  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena.   

Apelado el fallo por el defensor del acusado,  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Bucaramanga lo confirmó íntegramente  mediante  providencia  del  13  de  diciembre  de  esa  anualidad,  la  cual fue  oportunamente recurrida en casación por el mismo sujeto procesal.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

En  acápite  previo,  el defensor de CARLOS  JULIO  ÁLVAREZ  CONDE  precisa  que  la  finalidad  de  la  casación apunta al  restablecimiento   de   “la  garantía  fundamental  de”:  (i)  “la  falta de  aplicación,   por   interpretación  errónea  y  aplicación  indebida  de  la  norma”,       (ii)  “desconocimiento        del        debido       proceso”,       (iii)  “desconocimiento de las reglas de  apreciación   de   las   pruebas   en  el  curso  de  este  proceso”,  y  (iv)  “por falla procedimental e  indebido       derecho       a       asistencia       profesional”.   

Luego,  consigna  su  propio  resumen de los  hechos  y  destaca la actuación procesal, mencionando, entre otras diligencias,  las  resoluciones  de  apertura  “de  investigación  previa”          e          “instrucción”,    la   “indagatoria”   a  través  de  la  cual  “fue   vinculado”   su  representado,       y       la      “resolución  acusatoria”     con     la    que    “el     mérito    probatorio    de    la    investigación    fue  calificado”.   

Ya  al  intentar  desarrollar la censura, el  casacionista  señala  que  tiene  cuatro  motivos  para sustentar el recurso, a  saber:   

1°)  Por  violación  directa de la ley por  falta    de    aplicación    y    aplicación    indebida    de    “varias   normas   sustanciales”,  que  fundamenta  con  apoyo  en  la  causal  descrita  en la Ley 600 de 2000 y con el  argumento  de  que  el  juzgador  “no aprecio (sic) y  desconoció  que  dentro  del  expediente  existía  como  prueba en favor de mi  defendido,  un  poder  que  le  fuera  otorgado  y  en el que le facultaban para  cobrarse     los     honorarios    debidos    legalmente    causados”.   

En  soporte  de  sus  asertos, el demandante  analiza  la prueba recaudada para consignar su propia visión sobre los hechos y  justificar el proceder de su defendido.   

2°)   Porque   constituye   una   falla  procedimental  que  la audiencia de conciliación ordenada en la fase preliminar  no  se  haya  realizado, pasándose a la etapa siguiente. Al efecto, explica que  “se dio la postergación de una fecha para continuar  la  conciliación  y esta no se pudo desarrollar, porque se fijo (sic) una fecha  Cierta   (sic)   para   cumplirla,   se   fijo   (sic)   una   fecha   hacia  el  pasado”.   

3°)  Porque  se  violó  el  derecho  a  la  defensa,  ya  que  luego  de  la  renuncia  del abogado de confianza, el juez de  conocimiento  le  nombró  al acusado un “defensor de  oficio”    para   intervenir   en   la   audiencia  preparatoria,  a  quien  critica por haber dejado huérfano a su asistido, pues,  no  tuvo  en  cuenta que estaba enfermo; además, al tiempo que le recrimina por  no  haber  presentado  “acervo probatorio”,   menciona  que  no  se  le  dio  la  oportunidad  de  hacerlo;  y   

4°) Porque si bien su prohijado aseguró que  nunca  retiró  la  suma  que  se le endilga, sino una menor, no se hizo ningún  esfuerzo probatorio para demostrarlo.   

Para finalizar, el memorialista afirma que ha  dejado  sustentadas las cuatro razones para acudir en casación, solicita que se  practiquen  algunas  pruebas  para  el  efecto, y pide que se modifique el fallo  condenatorio,   “precluyéndolo   a   favor  de  mi  asistido”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

Como  en  este evento surge evidente que el  impugnante  ignora  por completo los requisitos de fundamentación exigidos para  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación, desde ya anticipa la Sala que  inadmitirá la misma.   

Pero,  previamente  a  examinar  la censura  presentada  por el recurrente en contra de la sentencia demandada, debe reiterar  la    Corte2  cómo,  con  el advenimiento de la Ley 906 de 2004, se ha buscado  resaltar   la   naturaleza   de   la   casación  en  cuanto  medio  de  control  constitucional  y  legal  habilitado  ya  de  manera  general  contra  todas las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por los Tribunales, cuando quiera  que   se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes,  en  seguimiento  de  lo  consagrado por el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, así  redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

Precisamente,  en  aras  de materializar el  cumplimiento  de  tan específicos intereses, la Ley 906 de 2004 dotó a la Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia de una serie de facultades  realmente  especiales,  como lo hizo con aquella consagrada en el artículo 184,  a  saber, la potestad de “superar los defectos de la  demanda  para  decidir  de fondo” en las condiciones  indicadas   en   él,   esto  es,  atendiendo  a  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  censor  dentro  del proceso e  índole  de  la  controversia  planteada; y  la  referida en el artículo 191, para emitir un “fallo        anticipado”       en  aquellos  eventos en que la  Sala   mayoritaria   lo  estime  necesario  por  razones  de  interés  general,  anticipando  los  turnos  para  convocar  a  la  audiencia  de  sustentación  y  decisión.   

Es  necesario,  sin  embargo,  inadmitir la  demanda  si,  como  postula  el  inciso segundo de aquél precepto: “el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades del recurso”.   

Atendidos  estos criterios, ha señalado la  Corte3:   

“De  allí  que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de  la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b)   La   del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación y sentencia.   

c)  Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente   por   falso   juicio   de   convicción,   mientras   que  el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado”.   

Establecidas  las  premisas  básicas  de  evaluación,  abordará  la  Sala  el estudio de la demanda de casación, no sin  antes   advertir   que   si   bien   el  libelista  dice  postular  “cuatro   motivos”  para  acudir  al  recurso extraordinario, en últimas no sustenta ninguno de ellos.   

2. Respuesta a la demanda.  

De  acuerdo con los referentes normativos y  jurisprudenciales  que  vienen  de reseñarse, advierte la Sala varias falencias  en  el  libelo  objeto  de  estudio, las cuales dan al traste con la pretensión  casacional del actor.   

Para empezar, se abstiene de señalar cuál  es  la finalidad del recurso en los términos del artículo 180 de la Ley 906 de  2004,  circunstancia  que por sí sola amerita el rechazo de la demanda, la cual  carece  de  los más elementales rudimentos de fundamentación, constituyendo en  la  práctica  un  simple  alegato  de  instancia, completamente ajeno a la sede  casacional,  en  el  cual  pretende entronizar su particular visión, obviamente  interesada,  de  lo  que  estima  ajeno  a lo que la norma sustancial consagra o  violatorio  de  garantías  fundamentales,  absteniéndose  de  desarrollar  una  verdadera crítica.   

Al  efecto, era absolutamente necesario que  explicara,  en acápite separado, qué pretendía con el recurso extraordinario,  esto  es,  si  la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a estos, o la  unificación de la jurisprudencia.   

Una  declaración  en tales sentidos brilla  por   su   ausencia,   por  manera  que  no  puede  entenderse  suplida  con  la  manifestación  abstracta  que  hace al inicio de su escrito, en el acápite que  rotula  “Finalidad  de  esta  casación”,   en   el   sentido   de   que  aboga  por  varias  garantías  fundamentales,  que a continuación apenas enuncia, indicando que son ellas: (i)  “la  falta  de  aplicación,  por  interpretación  errónea    y    aplicación    indebida    de    la    norma”,   (ii)   “desconocimiento   del  debido  proceso”,     (iii)  “desconocimiento  de  las reglas de apreciación de las pruebas en el curso de  este     proceso”,     y    (iv)    “por   falla   procedimental  e  indebido  derecho  a  asistencia  profesional”.   

De  la  anterior  forma,  es  claro  que el  defensor,   fuera   de   que   no   tiene  claro  el  concepto  de  “garantía  fundamental”, confunde la  finalidad  de  la  casación  con  las causales que la habilitan, aventurándose  entonces  a  enlistar  las posibilidades que la ley permite, sin concretar nunca  entonces  qué  es  lo  efectivamente  pretendido,  ni  explicar las razones que  determinan  la  necesariedad  del  fallo  casacional para alcanzar alguna de las  finalidades   señaladas   para   el   recurso,   de   acuerdo  con  el  aludido  precepto.   

Adicionalmente, tiénese que la postura del  casacionista  raya  con  la  temeridad,  pues,  basta observar cómo describe el  decurso  procesal  para  verificar  que no tiene clara las diferencias entre las  sistemáticas  procesales  reguladas  en  la  Leyes  600  de 2000 y 906 de 2004,  ignorando  por  completo  que el presente caso se tramitó bajo los lineamientos  de esta última, referida al proceso acusatorio penal.   

Efectivamente, sorprende que al momento de  detallar  la  actuación  procesal,  el memorialista aluda a las resoluciones de  apertura  de  investigación  previa e instrucción que dictó el fiscal, y más  aún,  que  a  renglón  seguido  se  atreva a afirmar que el procesado ÁLVAREZ  CONDE  fue  vinculado  mediante  indagatoria, para rematar aduciendo que en este  caso  el  mérito  probatorio  del  sumario  fue  calificado  con resolución de  acusación.   

De  la  anterior  forma,  pareciera que el  impugnante  estuviese  describiendo un proceso tramitado bajo los parámetros de  la  Ley  600 de 2000 que, desde luego, no se aviene al aquí impulsado en contra  de   su   defendido   por   el  delito  de  abuso  de  confianza.   

Para la Sala es manifiesto, se reitera, que  el  recurrente  no tiene clara la diferencia entre ambas legislaciones y por eso  hace  afirmaciones  sin sentido, que lo único que dejan entrever es su absoluta  ignorancia en asuntos procesales penales.   

En efecto, no entiende cómo operó la fase  preliminar  que culminó con la audiencia de formulación de imputación ante un  juez  de  control  de garantías, constitutiva ésta del acto procesal a través  del  cual  se vinculó a su representado, a quien, no sobra decirlo para efectos  de la claridad, nunca se le escuchó en indagatoria.   

También  desconoce cuál es la actuación  que  da  inicio a la etapa del juzgamiento en el proceso penal acusatorio, pues,  cree  que  en  este  evento  se  calificó el mérito probatorio del sumario con  resolución  de  acusación,  como  ocurre en la codificación adjetiva de 2000,  cuando es lo cierto que esa actuación no existe en la de 2004.   

Su  símil,  por  decirlo  así,  es  la  presentación  del  escrito  de  acusación por parte del fiscal del caso, en el  que  apenas  refiere  los  hechos,  el  delito y los elementos suasorios con que  cuenta,  los  cuales  ni  siquiera  tienen el carácter de prueba, en tanto, tal  calidad  apenas  la  adquieren  cuando son debidamente incorporados en el juicio  oral.   

Como  si lo anterior fuera poco, cuando el  censor     intenta     explicar     el    “primer  motivo”  de casación, aunque no cita norma alguna,  transcribe  la  disposición  de  la Ley 600 de 200 que regula la causal primera  alusiva   a   las   violaciones  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial,  desconociendo  que  en  la  actual  codificación  se consagran por separado; lo  mismo   ocurre   cuando  asegura  que  a  su  representado  se  le  designó  un  “defensor  de  oficio”,  figura  propia  de  la  Ley 600, siendo claro que en este evento se le proveyó,  conforme    se   regula   en   la   sistemática   aplicada,   un   “defensor público”.   

Y  sumándose  a  esos  despropósitos, se  tienen  las  insólitas peticiones que hace el libelista al final de su escrito,  tendientes  no  solo  a  que se practiquen pruebas en esta sede, sino también a  que  se  “precluya”  la  instrucción   en   favor   de   ÁLVAREZ  CONDE,  de  tener  eco  su  propuesta  casacional.   

Como  nada  de  ello  es  procedente,  se  ratifica  nuevamente  que el actor ignora el rito observado en este asunto, así  como   las   normas   reguladoras,  la  naturaleza  y  el  alcance  del  recurso  extraordinario de casación.   

Pero,  dejando  de lado esa situación, es  necesario   advertir   que  ya  específicamente  delimitados  los  “motivos” de casación propuestos en  contra  de  la  sentencia,  éstos  también  adolecen  de  crasos  yerros en su  postulación,  al  punto  de impedir conocer de la Corte cuál en concreto es la  violación    trascendente    que    se   reputa   del   fallo   demandado.   En  efecto,   

2.1.  Aunque el  defensor  invoca  la  violación  directa  de  la ley por falta de aplicación y  aplicación    indebida    de    “varias   normas  sustanciales”,    ello    intenta   fundamentarlo  aseverando  que el juzgador no apreció una prueba documental que favorecía los  intereses  de  su  prohijado.  Es decir, si bien no lo dice expresamente, parece  recurrir  a  una  de las figuras de la violación indirecta, en la medida en que  esboza  un supuesto error de hecho en la apreciación probatoria, derivado de un  falso juicio de existencia por omisión.   

Claro  está,  en  últimas  no desarrolla  ninguno  de  las  dos  posibilidades  –violación  directa o indirecta-, ya que entiende que es suficiente  con  consignar  su particular análisis de la prueba, para al final concluir que  el proceder del procesado está debidamente justificado.   

No  sobra  aclararle  al casacionista, por  consiguiente,  que si su interés apuntaba a denunciar una violación directa de  la  norma,  debía  concretar  si  esta  provino  por  la  falta  de aplicación  (exclusión  evidente),  por aplicación indebida (falso juicio de selección) o  por  interpretación errónea (sobre su existencia material, validez o sentido o  alcance).   

No  bastaba  entonces  con que simplemente  sugiriera  cómo  debió evaluarse la prueba, sin explicar el por qué no son de  recibo  los  argumentos expuestos por los juzgadores para determinar configurada  la  conducta punible de abuso de confianza,  pues,  apenas  alude  de  manera  genérica  y fragmentaria a su  discurso,   omitiendo   la  obligación  de  realizar  un  exhaustivo  análisis  jurídico  sobre  el contenido del fallo -dado que acá la discusión es de puro  derecho-,  y dar a conocer y discutir, igualmente, ese estudio esgrimido por los  falladores,  con  el  fin  de  confrontarlo  con  el suyo, acorde con el cual la  actuación de su representado está justificada.   

Resulta  insuficiente,  entonces,  la mera  exteriorización  de  su  desacuerdo  con  el  criterio del fallador, lo cual no  está  previsto  como  un  motivo  para  acudir  al  recurso  extraordinario  de  casación,  dado  que,  el  fallo  proferido por el Ad  quem  arriba  a  esta  sede  prevalido  de  una doble  connotación  de  acierto  y  legalidad  que implica otorgarle mayor validez, no  importa  cuán  profundos  puedan  asomar  las  argumentaciones en contrario del  memorialista,  que  en este caso se caracterizan por su precariedad y no pasa de  constituir  un  típico alegato de instancia, completamente intrascendente a los  fines      del      recurso      extraordinario4.   

De otro lado, si su propósito se dirigía  a  controvertir  el  examen  probatorio de las instancias, denunciando al efecto  errores  en  el estudio de los medios de convicción, debió tener en cuenta que  desconocer  las  reglas  de  producción  y  apreciación alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente     por    falso    juicio    de    convicción    –alusivo  a  la  tarifa  probatoria-,  mientras  que  los  errores  de  hecho  surgen  a  través  del  falso juicio de  identidad  –distorsión o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso  juicio   de   existencia         –declarar un hecho probado con base en  una  prueba  inexistente  u  omitir  la  apreciación  de una allegada de manera  válida     al     proceso-     y     del    falso    raciocinio    –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables  por desconocimiento de las pautas de la sana crítica-5.   

Una  declaración  en  cualquiera  de esos  sentidos  brilla  por  su  ausencia,  lo cual deja en evidencia las deficiencias  argumentativas  en que recae el impugnante, quien en últimas pretende oponer su  personal  criterio  sobre  el  más  autorizado  del juzgador, incurriendo en el  desatino  de  considerar  el recurso extraordinario como una instancia adicional  para   la   prolongación   de   un   debate  probatorio  fenecido  mediante  el  proferimiento       de       una       sentencia      amparada      –vuelve   a  decirse-  con  la  doble  presunción  de acierto y legalidad, únicamente destronable por la presencia de  errores  predicables  del  fallador,  de tal magnitud que sólo con su casación  pudiera restaurarse la legalidad de lo decidido.   

2.2.    El  recurrente  dice  que  constituye  una  falla  procedimental que la audiencia de  conciliación  ordenada en la fase preliminar no se haya realizado, pasándose a  la    etapa    siguiente.    Ello   lo   explica   diciendo   que   “se   dio  la  postergación  de  una  fecha  para  continuar  la  conciliación  y  esta  no  se  pudo desarrollar, porque se fijo (sic) una fecha  Cierta   (sic)   para   cumplirla,   se   fijo   (sic)   una   fecha   hacia  el  pasado”.   

Como   el   argumento  es  completamente  ininteligible,  la  Corte,  por  sustracción  de  materia,  no  ahondará en el  mismo.   

Simplemente relevará que aunque pareciera  que  el  censor  trata  de  estructurar  una  supuesta  causal  de  nulidad  por  vulneración  del  debido  proceso, no enuncia ni desarrolla en su libelo con la  suficiente  claridad  y  precisión  que  se  exige  en  el especial trámite de  casación,   que   la   sentencia   fue   epílogo  de  un  proceso  viciado  de  nulidad.   

En ese orden de ideas, debe recordarse que  pacíficamente   la   jurisprudencia   de  la  Sala6   ha   sostenido   que   la  invocación  de  las  nulidades como remedio extremo para corregir los vicios de  estructura  o  de  garantía  en los cuales se incurra durante el desarrollo del  proceso,   está   sometida   a   las   siguientes   reglas   señaladas  en  la  ley:   

(i)   No  es  necesaria  la  invalidez  de  un acto cuando se ha cumplido la finalidad para la  cual  estaba  destinado,  siempre  que  no  se  viole  el  derecho  de  defensa.  (ii)   Quien  alegue  la  nulidad  debe demostrar que la irregularidad sustancial afecta las garantías de  los  sujetos  procesales, o desconoce las bases fundamentales de la instrucción  y  el  juzgamiento. (iii) No  la  puede  invocar  el  sujeto procesal que haya coadyuvado con su conducta a la  ejecución  del acto irregular, salvo que se trate de falla de defensa técnica.  (iv) Los actos irregulares  pueden  convalidarse  con  el  consentimiento  del  perjudicado,  siempre que se  observen         las        garantías        fundamentales.        (v)  Sólo  puede  decretarse la nulidad  cuando  no  exista  otro  medio  para  subsanar  la irregularidad sustancial; y,  (vi)  no  puede  alegarse  ninguna  causal  diferente a las señaladas en el artículo 306 de la Ley 600 de  2000,  principio  de  taxatividad  que reitera el artículo 458 de la Ley 906 de  2004,  con  relación  a  las  causales  de nulidad establecidas para el sistema  acusatorio penal.   

De igual manera, la Corte reiteradamente ha  señalado  que  la afectación al debido proceso que conlleva a la invalidación  de  la  actuación,  debe  comportar  la  demostración  irrefutable  de  que la  irregularidad  sustancial  menoscaba  la  estructura  formal  y  conceptual  del  esquema  procesal  en  una  cualquiera de sus fases, de modo que quien la alegue  debe  identificar  el  acto  irregular;  determinar  de  qué  manera  afecta la  integridad  de  la  actuación o conculca las garantías procesales; por qué el  daño  es  irreparable,  y,  finalmente, indicar el momento a partir del cual se  debe reponer la actuación.   

En  el  evento  del  rubro,  el  libelista  lucubra   sobre  un  supuesto  hecho  irregular  que,  a  su  juicio,  configura  “falla  procedimental”,  pero  no  es  acertado a la hora de fundamentar el supuesto yerro, pues, además  de   omitir  los  rigores  argumentativos  para  el  recurso  extraordinario  de  casación,  apela  a  un  lenguaje  incomprensible  con  el  cuál no es posible  determinar   en   qué   consistió   la  irregularidad,  y  deja  huérfana  de  trascendencia su definición.   

De  todos  modos,  difícilmente  podría  explicar  el  porqué  asevera  que  la fecha de una audiencia conciliatoria fue  postergada,  pero  no  se  pudo  celebrar “porque se  fijo  (sic) una fecha Cierta (sic) para cumplirla, se fijo (sic) una fecha hacia  el pasado”.   

2.3. La tercera  razón  que  dice  lo  habilita para recurrir en casación, tiene que ver con la  supuesta  violación  del  derecho a la defensa, ya que luego de la renuncia del  abogado  de  confianza,  el  juez  de  conocimiento  le  nombró  al  acusado un  “defensor  de  oficio”  para  intervenir  en  la  audiencia  preparatoria,  que  dejó  huérfano  a  su  asistido,  pues,  no  tuvo  en cuenta que estaba enfermo, como tampoco presentó  “acervo  probatorio” a  su favor.   

Claro  está,  en  su difusa disertación,  también  acusa  al  juzgador  de  no haberle dado la oportunidad al defensor de  allegar  material  probatorio,  lo  cual  es  muy  diferente  a que dicho sujeto  procesal se hubiese abstenido de hacerlo.   

Siendo  así, el casacionista parte de una  premisa  que  además  de  contradictoria, es falsa, pues, revisadas las actas y  registros,  como  se  hizo  constar  en  el decurso procesal, surge claro que el  fallador  de  primer  grado  nunca  obstaculizó  la  labor  defensiva;  por  el  contrario,  la  garantizó en todo momento, al punto tal que cuando renunció el  defensor  contractual  designó  uno  público, que participó activamente en la  audiencia preparatoria, en la que elevó solicitudes probatorias.   

En suma, ningún reproche cabe hacer frente  a la intervención de la defensa en la fase del juzgamiento.   

2.4. Por último,  asevera  que  aunque  su  prohijado aseguró que nunca retiró la suma que se le  endilga   sino   una   menor,  no  se  hizo  ningún  esfuerzo  probatorio  para  demostrarlo.   

Lo  anterior,  lejos  de  constituir  la  formulación  de  reproche  alguno,  es  una  afirmación  carente  de  respaldo  argumentativo   y   demostrativo   que   de  nuevo  deja  entrever  el  completo  desconocimiento,  por parte del demandante, de la sistemática acusatoria penal,  pues,  parece  ignorar  que  la  fiscalía  está  facultada  para  elaborar una  determinada  teoría  del caso y que es la defensa la que debe allegar la prueba  tendiente a desvirtuar la misma.   

3. Decisión.  

Pese a que en estricto sentido el impugnante  no  esbozó  cargo  alguno,  sino  que apenas se limitó a enunciar “cuatro  motivos” por los cuales estima  procede  la  casación,  es  lo  cierto  que  ninguno de ellos está debidamente  fundamentado.   

Como   consecuencia   de  ello,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del acusado  CARLOS  JULIO  ÁLVAREZ  CONDE, no sin antes advertir que revisada la actuación  en  lo  pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las hipótesis que  le  permitirían  superar sus defectos para decidir de fondo, de conformidad con  el artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Resta  anotar,  que  en  contra  de  este  proveído  procede  el  mecanismo  de  insistencia, en los términos ampliamente  decantados por la jurisprudencia de la Sala.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  acusado CARLOS JULIO  ÁLVAREZ  CONDE,  en  seguimiento  de las motivaciones plasmadas en el cuerpo de  este proveído.   

2.  De conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad del  demandante elevar petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                          JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  El  prolongado   tiempo   transcurrido   entre   las   audiencias  de  acusación  y  preparatoria  obedeció,  básicamente,  a  las maniobras dilatorias desplegadas  por  el  procesado  ÁLVAREZ  CONDE  y  su entonces defensor convencional, quien  renunció  al  cargo;  por  éste  motivo,  se  designó  defensor público, que  intervino  activamente  en  el  último acto, solicitando la práctica de varias  probanzas a favor de su representado.   

2 Entre  otros,  autos  del  13  de  junio y 25 de julio de 2007, Radicados Nos. 27.537 y  27.810, respectivamente.   

3 Autos  citados anteriormente.   

4 Entre  otras,  providencias  del  1  de  febrero  de  2007  y  3  de diciembre de 2009,  Radicados Nos. 23.541 y 33.036, respectivamente.   

5 Auto  del   14  de  abril  de  2010,  Radicado  N°  33.500,  entre  otros.   

6 Entre  otros,  autos  del  6  de  agosto  de 2008 y 10 de marzo de 2010, Radicados Nos.  29.780 y 33.408, respectivamente.     

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