41147(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Aprobado Acta No. 336  

Bogotá  D.C.,  Octubre  nueve (9) de dos mil  trece (2013).  

   

   

VISTOS  

   

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de JAIRO ANÍBAL DÍAZ MÁRQUEZ, contra la  sentencia  de  5  de  diciembre de 2012 mediante la cual el Tribunal Superior de  Tunja  confirmó,  con  modificaciones, la que emitiera el Juzgado Primero Penal  del  Circuito del mismo Distrito Judicial, por cuyo medio lo condenó como autor  del  concurso  delictual  de  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales e  interés  indebido  en  la celebración de contratos.1.   

   

HECHOS       Y       ACTUACIÓN  PROCESAL  

El supuesto fáctico que generó la presente  actuación fue declarado por el Tribunal así:   

“La alcaldía municipal de Tunja regentada  por  el  burgomaestre  JAIRO  ANÍBAL DÍAZ MÁRQUEZ, celebró el 31 de marzo de  2000  el  contrato  de  suministro  N° 021-2000 con la empresa Terra New Ltda.,  para  la  elaboración  y construcción de varias vallas y casetas publicitarias  con  indicación  de  rutas  y  sitios  turísticos del Departamento de Boyacá;  algunas  de  las  cuales  se  encontraron en completo abandono y sin que se haya  dado  cumplimiento  pleno  al  objeto  para  el  que fueron fabricadas. De igual  forma,  otras  de las vallas y casetas publicitarias que se habían construido e  instalado  en  sus  respectivos  lugares;  han  desaparecido o simplemente no se  hallan en los sitios preestablecidos para para su funcionamiento.   

“En  el  mencionado contrato, se hallaron  presuntas  irregularidades  que configurarían ilícitos en una clara y evidente  violación  y  omisión  de  los  respectivos  trámites  previos de obligatorio  cumplimiento  en  las  etapas  pre-contractuales  y  contractuales, con miras al  otorgamiento  del  mismo,  lo que dejaría clara la conducta de los responsables  en  la  correspondiente  tramitación, suscripción y celebración del contrato,  con  cada  una de las exigencias de la Ley 80 de 1993 y sus respectivos decretos  reglamentarios     que    regulan    lo    referente    a    la    contratación  administrativa”.   

Los   hechos   anteriores   sirvieron  de  fundamento  para  que  la  Fiscalía  General  de  la  Nación   abriera  formal  investigación   penal   en   contra  de,    entre    otros,    JAIRO    ANÍBAL    DÍAZ   MÁRQUEZ     y     Juan     Fernando    Navas    Martínez,              vinculándolos     a     través       de       indagatoria.  Al   momento  de  calificar  el  mérito        sumarial       el 20 de enero  de   2006,  les  profirió  resolución de               acusación  como  autores  de  los  delitos  de  interés indebido  en la celebración de contratos,  contrato   sin   cumplimiento   de  requisitos legales  y     peculado     por    apropiación,  decisión  que  adquirió  firmeza el 16 de febrero siguiente  en  esa  instancia, al no ser  objeto          de         impugnación.   

La fase del juicio  la     adelantó     el    Juzgado    Primero  Penal  del        Circuito        de       Tunja,        despacho     que,  una  vez  surtió    las  audiencias  preparatoria y pública, emitió sentencia  el     12  de  agosto de  2011        al  condenar    a    DÍAZ  MÁRQUEZ   únicamente   por   los   ilícitos  de  interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos  y  contrato  sin  cumplimiento  de  los  requisitos  legales,  en  cuanto  lo  absolvió  del  comportamiento punible de peculado por  apropiación,     en  consecuencia,  le  impuso  las penas de cincuenta (50)  meses  de  prisión  y  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas,  así  como  veintidós  (22)  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes de multa.   

A  Juan Fernando  Navas    Martínez   lo  condenó  sólo  por  el  delito  de  contrato  sin  cumplimiento   de  requisitos         legales,   a  la  pena  de  cuarenta  y  ocho  (48)  meses  de             prisión       y       de  inhabilitación  ciudadana,  así  como       multa      de      veinte   (20)  salarios    mínimos   legales   mensuales  vigentes. A ambos les fue  concedida la prisión domiciliaria.   

En virtud del recurso de apelación promovido  tanto  por  los  defensores  de  los  enjuiciados, como por el representante del  Ministerio  Público, el Tribunal Superior de Tunja a través de sentencia de 10  de  diciembre  de  2012  confirmó la condena para DÍAZ MÁRQUEZ pero modificó  las  sanciones  ante  el  yerro del a quo  en el proceso dosimétrico, al fijarlas, en definitiva, en ochenta  y  tres  (83)  meses de prisión y de inhabilitación ciudadana, así como multa  de  treinta  y  cinco  (35)  s.m.l.m.v.  Al mismo tiempo, cesó procedimiento en  favor  de  Juan  Fernando  Navas  Martínez  al  declarar la prescripción de la  acción  penal  derivada  del  delito de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales, dada su condición de interviniente.   

Inconforme  con  la  decisión, el apoderado  de   DÍAZ  MÁRQUEZ  la  impugnó  extraordinariamente,  con la respectiva  demanda de casación, de cuya admisibilidad se ocupa la Corte.  

   

   

    

DEMANDA  

Tas anunciar que con el recurso busca que se  cumplan  las  garantías  fundamentales  de  su  asistido  y  se  le reparen los  agravios  causados,  postula  un  cargo  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial.  

Para tal fin, parte de la premisa relacionada  con  que  la  función pública contractual no estaba disponible al arbitrio del  alcalde,  sino  en  manos  del  jefe  de  contratación  y  de  los  secretarios  sectoriales,  por  ello,  aquél no tuvo el dominio del proceso que arribó a la  celebración del negocio jurídico cuestionado.   

Pregona  la  exclusión  evidente  de  los  artículos  7°,  inciso  2°;  y   232 de la Ley 600 de 2000, así como la  aplicación  indebida  de los artículos 2°, 5°, 23, 36, 145 y 146 del Código  Penal de 1980, a raíz de los siguientes errores fácticos:   

Falso   juicio  de  existencia  por  omisión  de  prueba,  cuando  el  Tribunal  no  valoró  los  documentos  relacionados  con  las  funciones que desempeñaban el secretario de  educación  y  turismo,  el  jefe de contratación y el secretario del despacho,  demostrativos  que  tenían  amplia  participación  en  la  etapa  inicial  del  contrato,  lo  cual sustraería al alcalde del mismo y le impediría conocer los  pormenores de ese trámite.   

Explica que al Director de Cultura y Turismo,  José  Santos  Sanabria le correspondía “evaluar la  realidad  de  su  sector  y  las  inquietudes de la comunidad, para diseñar los  planes  y  programas  que  deban  ser adoptados por el municipio para garantizar  cobertura   y   calidad   en   la  educación  y  la  promoción  de  cultura  y  turismo”  y “coordinar   con   las   áreas   encargadas   del   apoyo  a  la  Administración  el  suministro  oportuno  de bienes y servicios necesarios para  dar continuidad a los servicios encomendados”   

Por su parte, el Dirección de Contratación  y      Suministros,     Orlando     Reyes     Fagua,     debía     “programar  y  ejecutar  diferentes  procesos  de contratación y  suministros     requeridos     por     la     administración     central    del  municipio”,  en tanto que  el  Secretario  del  Despacho,  José  Fernando  Camargo  Beltrán,  tenía  que  “asegurar  que los procedimientos previstos para la  contratación  de  la administración central cumplan las normas establecidas en  especial    el    control    administrativo    de    la    ejecución   de   los  contratos”     y  “Asesorar  el trámite de todos los procesos contractuales que por competencia  deba asumir.”   

Con  base  en  lo anterior, señala que cada  secretaría  podía  postular proyectos relacionados con su actividad sectorial,  por  ello,  el contrato 021 de 2000 era propio de la Secretaría de Educación y  Turismo.   

Falso   juicio   de  identidad  por  tergiversar  la  indagatoria  de  DÍAZ  MÁRQUEZ  cuando  se  califica  de  inverosímil  que  como  Alcalde desconociera aspectos de la etapa  precontractual,  porque  se  descontextualizó  y  cercenó  tal  diligencia  al  relacionar  una  respuesta  general  como  si  fuera su concepción respecto del  contrato  021, cuando en realidad él explicaba tanto los aspectos generales del  proceso administrativo como los específicos del referido convenio.   

Para el defensor, el Tribunal se esforzó por  demostrar  que  el  alcalde  desconoció  la  función  pública  y  el régimen  contractual  con  una falsa excusa para encubrir su actuar doloso, desconociendo  la  realidad procesal, porque como él explicó en su injurada, no sabía de los  aspectos  del  contrato 021/2000, al precisar que la etapa precontractual estaba  en manos de los tres funcionarios atrás citados.   

Aduce que también de la indagatoria de José  Fernando   Camargo  Beltrán,  “se  tergiversó  su  versión,  pues se desestimó parte de su contenido”,  al  mostrarlo  ajeno al proceso de contratación y con una función marcadamente  formal  de  estudio  de  requisitos,  cuando contrariamente, por su actividad se  explican  varios  pasos previos a la suscripción del contrato cuestionado y las  dependencias comprometidas en el mismo.   

Paralelamente,  señala  que  igual  error  recayó   en   la   declaración   de   Orlando  Reyes  Fagua  Medina,  Jefe  de  Contratación,  por cuanto se desconocieron elementos fundamentales en relación  con  el  contrato 021 y su estrecha vinculación y participación, ya que era la  persona  que  estaba  más  cercana  a  todo  el  proceso  contractual  y  a los  proponentes.   

Que  como el jefe de contratación era quien  tenía  mayor  participación en la administración municipal, no sólo desde el  punto  de  vista  funcional,  sino  por  la mecánica de la contratación, no es  posible  dejarlo al margen de las consecuencias jurídicas, como lo hicieron las  instancias,  pues  era  quien materialmente podía incidir en la contratación y  “de  él,  es  posible, provino la propuesta, si la  hubo, de promesa verbal del contrato a favor de Terra new”.   

Del mismo modo, expone que en la indagatoria  de   Efraín   Rodríguez  Rodríguez  “se  produce  tergiversación  del  dicho  del  declarante   en  la medida que se estimó  parcialmente  el  medio  probatorio  al  excluir  apartes del mismo que permiten  establecer   que   la   jefatura   de   contratación   era  quien  —sic—,  en  sentido  material cumplía la  función precontractual de manera exclusiva”.   

Por  último,  asegura que la indagatoria de  Juan  Fernando  Navas Martínez fue falseada haciéndole perder su sentido, pues  él  en  su  narración  no  refirió  aspectos  fundamentales respecto de DÍAZ  MÁRQUEZ,  dejando  en claro que fueron Aurora Carreño e Israel Garzón quienes  buscaron   el   contrato,  realizaron  los  trámites  del  mismo,  consiguieron  contactos  en  la  Alcaldía  y  fuera  de  ella,  como  cuando  obtuvieron  las  cotizaciones con Abraham Suárez.   

Falso raciocinio al  momento  en  que  el  Tribunal  estableció que el acuerdo para contratar con la  administración,  estructurador  del delito, se establecía con la comunicación  de  12  de abril de 2000 firmada por Fernando Navas Martínez y dirigida a JAIRO  ANÍBAL  DÍAZ MÁRQUEZ que daba cuenta de la promesa verbal, porque con ello se  plantea  una  regla  de la experiencia que no es corroborada, al decir que todas  las   cartas   enviadas    necesariamente   deben   ser  conocidas  por  su  destinatario  o  que  los oficios remitidos a los funcionarios públicos siempre  les    llegan,    cuando    es   conocida   la   cantidad   de   “filtros”  que tienen las comunicaciones  en  las entidades estatales y en muchos casos las cartas privadas no llegan o no  son  conocidas,  bien  por extravío, porque el receptor les resta importancia y  no pierde tiempo en su conocimiento.   

En este orden, asegura que la nota aludida no  fue  conocida  por  sus  destinatarios:  el  director  de  cultura y turismo, la  directora del departamento de tránsito y el mismo alcalde.   

A su turno, denuncia que el Tribunal también  erró  al  deducir  que esta prueba indicaba la existencia de una promesa verbal  de  contrato  por  parte  del  alcalde,  figura  inexistente en la contratación  pública  colombiana,  y  que  al  aceptar  que la hubo, se contraviene  la  regla  de  la  experiencia  especial  del país relacionada con que un político  hace  promesas  de  todo orden a la comunidad para obtener el favor popular, las  cuales muchas veces no cumple.   

En  suma,  asegura que las pruebas denotaban  que   no   fue  el  alcalde  quien  manipuló  a  Abraham  Suárez  para  fingir  cotizaciones,  sino  que  fueron los miembros de “Terra new” quienes ante la  posible  promesa de algún funcionario distinto a DÍAZ MÁRQUEZ quien no tenía  acceso   a  esos  procesos  y  personas,  le  solicitaron  cotizar  “por  encima”  de  ellos, de ahí que  los  procesados  no  podían conocer los hechos simulatorios porque delegaron en  terceros el trámite del contrato.   

Consecuentemente,  pide  a  la Sala casar el  fallo  y  emitir  decisión de reemplazo de carácter absolutorio en favor de su  asistido.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Sala  de tiempo atrás ha insistido en  que  si  se  elige  la causal primera de casación, específicamente,  la  violación  indirecta de la ley  sustancial,     el     demandante    debe  anunciar  no  solo  las  normas que describen las conductas  delictivas   y  asignan  consecuencias    jurídicas    a    tales    comportamientos    o   que  consagran  los  derechos  de  los  sujetos    intervinientes,    sino    individualizar  el  elemento  de  convicción  en el cual recae el  vicio  e  identificar su  clase,  sea error de hecho  en   sus   diversas  modalidades:  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  o  invención  del  medio  probatorio;  falso  juicio  de identidad  por  distorsión  o  tergiversación de su contenido fáctico; o  falso   raciocinio  al  infringir  los  postulados  de  la  sana  crítica  y  derivar  conclusiones que  contravienen  los principios lógicos, las leyes de la ciencia o las máximas de  la  experiencia.  O  si  se  trata  de  un  error de  derecho  debe  explicar si el yerro consistió en un  falso     juicio    de    convicción  por  negarle  a  la  prueba  el  valor  conferido  por  la ley u  otorgarle  un  mérito  diverso  del  que  le  es atribuido legalmente, o por un  falso juicio de legalidad  por   valorar  el  juzgador  alguna  probanza  con  defectos  formativos  en  su  incorporación o aducción procesal.   

Aquí,  el  defensor  pone  en  cuestión la  legalidad  del  fallo  de segundo grado, porque en su parecer, no era el alcalde  el  encargado  directo  de la contratación, sino sus dependientes, sin embargo,  son  vanos  sus esfuerzos para resaltar tal delegación de funciones, por cuanto  el  desarrollo  de  la  censura  no  consulta  los  fundamentos  lógicos  y  de  argumentación  para  probar  la  existencia  de  yerros  probatorios de entidad  capaces  de modificar la decisión de condena, demostración que no se basta con  la    transcripción   total   de   las   pruebas   cuestionadas,   a   la   que  acude.   

En primer lugar, la queja relacionada con que  el  Tribunal no tuvo en cuenta algunos documentos relacionados con las funciones  que   desempeñaban   el   secretario  de  educación  y  turismo,  el  jefe  de  contratación  y  el  secretario  del despacho, quienes participaron en la etapa  inicial  del  contrato,  corresponde  a un argumento sofístico, toda vez que el  hecho  objetivo  que  develaban  los mismos sí fue aprehendido por el Tribunal,  pero no en el matiz que añora el recurrente.   

En  efecto, de forma detallada en los fallos  se  analizó  la  actividad   desplegada  por  Orlando  Reyes Fagua Medina,  Director  de  Contratación  y Suministros; José Santos Sanabria Leal, Director  de  Cultura  y  Turismo;  Flor Ángela Cerquera Escobar, Directora de Tránsito;  José  Fernando  Camargo  Beltrán,  Asesor  Jurídico;  Efraín Rodríguez  Rodríguez,  Asesor  de  Planeación;  Aura  Estela  Guerrero  Gómez,  Jefe  de  Presupuesto  y  hasta la de Sandra Jaqueline González, Auxiliar Administrativo.   

Todo  ello  para  precisar  que  si bien era  posible  contratar  de  manera  directa  por  razón  de  la cuantía, según el  presupuesto  anual  de  la  entidad pública, ello no era óbice para desconocer  los  principios  de  economía,  trasparencia  y  selección  objetiva, a fin de  escoger  la  propuesta  más  favorable  para  la administración, se acotaba el  compromiso  directo  del  alcalde  al  acreditar que medió un compromiso verbal  previo  para   beneficiar  a  un  determinado contratista: “Terra New”,  según  la  comunicación  de 12 de abril de 2000 remitida por el gerente de esa  empresa,  Fernando Navas Martínez, a JAIRO ANIBAL DÍAZ MÁRQUEZ, en la cual le  recordaba   que   entre  ellos  había  un  acuerdo  verbal  para  otorgarle  el  contrato.   

Además,   desdeña  el  defensor  que  la  situación  jurídica  de  Secretario de Contratación, Orlando Reyes Fagua  Medina;  del  Asesor  Jurídico, José Fernando Camargo Beltrán y del Asesor de  Planeación  Efraín Rodríguez Rodríguez, fue definida al momento de calificar  el  mérito  probatorio  de la investigación, el  20 de enero de 2006, con  la preclusión de la misma, decisión que adquirió firmeza.   

Tampoco colabora en el propósito del censor,  de  anular  responsabilidad penal predicada de su asistido, el falso juicio  de  identidad  denunciado  en  las  indagatorias  de  éste,  así  como las del  contratista  Juan  Fernando Navas Martínez, de Asesor Jurídico, José Fernando  Camargo  Beltrán  y  del  Asesor  de Planeación Efraín Rodríguez Rodríguez,  así  como  en  las  manifestaciones  de  Orlando  Reyes  Fagua  Medina, Jefe de  Contratación,  porque  lejos  de  precisar  cuáles  aspectos  fácticos fueron  mutados  o  distorsionados  de tales probanzas, busca primar su arista defensiva  que  su asistido no tuvo alguna relación con el contrato cuestionado y que todo  recayó    en    el    jefe    de    contratación    de    quien   “es posible, provino la propuesta, si  la  hubo,  de  promesa  verbal del contrato a favor de Terra new”,  lo  que  corresponde  a  una especulación o conjetura, carente de  demostración   y   por   lo   mismo   ajena   al   estudio   en   este  recurso  extraordinario.   

Pasa por alto el recurrente que esta Sala en  el  tema  de   responsabilidad  en  la  dirección y manejo de la actividad  contractual  por  parte del jefe o representante legal de la entidad estatal, ha  precisado  que  no puede ser trasladada a juntas, consejos directivos o comités  asesores, en los siguientes términos:   

“La delegación se verifica mediante el  traslado  de  una  competencia privativa de un servidor público, normalmente de  nivel  directivo,  en  un  inferior  jerárquico  suyo quien en tal virtud queda  investido  de  las  facultades  que  sólo corresponderían al primero, pudiendo  ejercerlas   personalmente,   pero  en  todo  caso  bajo  la  coordinación  del  delegante.   

“…la  celebración  de un contrato y su  posterior  ejecución comporta la realización de un sinnúmero de actos que por  su  volumen  y  especialidad,  no  pueden  ser  realizados  directamente  por el  representante  legal  de la persona de derecho público que pretende adquirir el  bien  o  contratar  el  servicio  sobre  el  cual versará el contrato, ni en la  práctica ello sucede así.   

“Las labores de preparación del contrato  se   cumplen   a   través   de   distintos   órganos   desconcentrados  de  la  administración,  normalmente  de  rango  medio,  quienes por reglamentos tienen  asignadas  funciones  específicas en estas materias, indispensables para que el  ordenador  del  gasto  pueda  tomar  la  decisión final de comprometer o no los  recursos de la entidad a través del contrato administrativo.   

“Acerca  de esta materia y en punto a las  responsabilidades   que   corresponden  a  los  representantes  legales  de  las  entidades  estatales  en materia contractual, ha precisado la Sala [Sentencia de  9  de febrero de 2005, radicación 21547], que la desconcentración de funciones  en  orden  a  facilitar al ordenador del gasto la toma de las decisiones finales  en  materia contractual, por manera alguna los convierte en simples ‘tramitadores’        o        ‘avaladores’  de  las  labores desarrolladas por  sus  subalternos;  ni  significa,  tampoco,  que  al  representante  legal de la  entidad   le   competa   solamente   ‘firmar’ los  contratos  en  un acto mecánico, pues, en cualquier caso, es su responsabilidad  que  todo  el trámite se haya adelantado conforme a la ley y de allí que se le  exija  ejercer  los  controles  debidos”2.   

A    su    turno,    el   impugnante   no   logra  denotar  que  judicialmente  no se podía concluir la parcialidad   en   la   escogencia   del  contratista,   cuando   anuncia  un  falso  raciocinio por el alcance dado a  la  comunicación de 12 de abril de 2000 firmada por  Fernando   Navas  Martínez  y  dirigida  a  JAIRO  ANÍBAL  DÍAZ  MÁRQUEZ que daba cuenta de la promesa  verbal    del    convenio,    porque   no    desarrolla    los   postulados  que  eleva a reglas de la  experiencia:   1)  que  los escritos no llegan a su destinatario,   y  2)  que en Colombia los políticos hacen muchas promesas  y no las cumplen.   

Las reglas del sentido común se estructuran  mediante  la  observación de un proceder generalizado y repetitivo desarrollado  en  circunstancias y contextos similares, de ahí que tengan esa característica  de  universalidad,  las  cuales  sólo  pueden ser exceptuadas en caso de mediar  condiciones  especiales  que conlleven a alteraciones de entidad que arrojen por  ello  una  consecuencia inesperada, pero aquí el casacionista no dedica espacio  a  exponer  que generalmente, de acuerdo a determinadas variables suelen ocurrir  ciertos  eventos,  específicamente,  la  universalidad en sus reglas de sentido  común,  falencia  que  la  Corte  no  puede enmendar de acuerdo al principio de  limitación que rige esta sede extraordinaria.   

Por demás, no fue en ese simple escrito que  se  basó  el  juzgador  para  edificar  el  compromiso  penal del alcalde en la  adjudicación  amañada del contrato, sino por otros aspectos objetivos, como el  no  mediar  términos  de  referencia  o  estudio  de  los  precios del mercado,  propuestas  previas,  entre  otras, demostrativas que deliberadamente se apartó  de  sus  deberes y obligaciones predicables como primera autoridad municipal, al  intervenir    en    el    contrato   con   unos   fines   ajenos   al   interés  general.   

También  llamó  la  atención  de  los  juzgadores  la  repentina y acelerada constitución de la firma “Terra New”,  toda  vez que coincidió su creación con la fecha de convocatoria dispuesta por  la  administración  de  Tunja,  amén  de que no contaba con la infraestructura  básica  y  necesaria  para  cumplir  con  el  objeto  del  contrato.   

En  tanto que la no verificación cabal de  requisitos   del  contrato  se  estableció  al  no  acatar  los  principios  de  transparencia     y   economía,  porque  de un lado “Terra New” no  ofreció       una      cotización,  sino  simplemente   un estudio de necesidades y  justificaciones,       tampoco      se      verificó      su      experiencia,  capacidad  y garantía,         además  que  se probó la simulación  de  dos cotizaciones de las empresas “ Abraham  Publicidad” y “Disteco Diseños & Tecnología”,  porque  no  participaron  como  proponentes,  y  se permitió que el contratista  subcontratara   la   ejecución   del   contrato,  cuando  le  estaba  prohibido  expresamente.   

En  este  orden,  el  embate  no  apunta  a  demostrar  la  carencia  de  base legal del fallo, ni a minar la eficacia de las  pruebas  tenidas  en cuenta judicialmente, reduciéndose la demanda a una simple  oposición   a   los   criterios   judiciales,   pues  enfrenta  su  criterio  a  la  fuerza probatoria  construida,  en manifiesto desconocimiento de la dual presunción de legalidad y  acierto del fallo, con lo cual deja sin demostración el cargo.   

En  consecuencia,  se  impone  no admitir la  demanda  de  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000.   

Finalmente,  la  Sala no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos  o  garantías del  procesado  como para que se hiciera  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad legal oficiosa que le asiste a fin de  asegurar  su protección en  los   términos   del   artículo   216  del  citado  ordenamiento adjetivo.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

NO  ADMITIR  la  demanda     de   casación interpuesta por el defensor   

de  JAIRO  ANÍBAL  DÍAZ  MÁRQUEZ  por las  razones dadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                       MARÍA          DEL         ROSARIO         GONZÁLEZ         MUÑOZ          

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ               LUIS        GUILLERMO        SALAZAR       OTERO                                                      

                                                             

                                                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1En la  misma  decisión  cesó  procedimiento en favor de Juan Fernando Navas Martínez  ante  la  prescripción  de la acción penal derivada del delito de contrato sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  al  haber  sido  acusado  en  calidad de  interviniente   

2Corte  Suprema  de  Justicia. Providencia de 5 de noviembre de 2008. Radicación 18029.     

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