41111(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 279.   

Bogotá,  D. C., veintiocho (28) de agosto de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación  de  las  demandas  de  casación  presentadas  por  los  defensores   de   CARLOS  FIDOLO  GONZÁLEZ  CUÉLLAR  y   DORA  SANDRA  GONZÁLEZ  CUÉLLAR  contra la sentencia del 24 de octubre de 2012  mediante  la  cual  el Tribunal Superior de Bogotá revocó el fallo absolutorio  proferido  el  18 de noviembre de 2011 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Descongestión de la misma sede para, en su lugar, condenar a los procesados  a  las  penas  principales  de  82 meses y 15 días de prisión, inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo lapso y multa  equivalente  a  316.66  salarios  mínimos legales mensuales, como coautores del  delito de fraude procesal.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente forma:   

          “El  29  de  marzo  de 1992, DORA SANDRA  GONZÁLEZ  CUÉLLAR,  actuando  como representante legal de la firma SUPERCENTER  LTDA.,  suscribió  con  su hermano y socio CARLOS FIDOLO GONZÁLEZ CUÉLLAR, 40  letras  de  cambio,  cada  una  por  $9.500.000,  para  respaldar  la  deuda  de  $386.000.000  que  debía  cancelar  en  6  años, con ocasión de la compra del  inmueble  ubicado  en la carrera 24 No. 71-99 por $476.000.000, de los cuales le  habría  cancelado  $100.000.000.  Sin  embargo,  en escritura pública No. 1018  suscrita  por  las  partes  el 30 de marzo de 1992, se indicó que el dinero fue  recibido a satisfacción.   

          El  inmueble  aludido  había  sido  vendido  por la BENEFICENCIA DE  CUNDINAMARCA  a  CARLOS  FIDOLO  GONZÁLEZ CUÉLLAR en 1997, por $19.564.550, de  los  cuales  canceló  una  parte  quedando  pendiente  el  pago de $16.000.000,  habiéndose  protocolizado  el negocio jurídico en la escritura pública No. 46  del  4  de  febrero  de  1977,  situación  que  conllevó  a  que la mencionada  Corporación  adelantara  en  contra del procesado las acciones correspondientes  ante  el  Contencioso  Administrativo  y  la  jurisdicción  ordinaria, habiendo  permanecido  el  bien  inmueble en posesión de la BENEFICENCIA DE CUNDINAMARCA,  entidad que además se hizo cargo de las obligaciones del IDU”.   

         

          Debe  agregarse  al  anterior  resumen  episódico  que en virtud de  demanda  instaurada  por  el  hoy  BBVA el Juzgado 31 Civil del Circuito de esta  ciudad,  el  18  de  junio  de  1998,  declaró  la  simulación del contrato de  compraventa  celebrado  entre  CARLOS FIDOLO GONZÁLEZ  y  SUPERCENTER  LTDA.,  decisión  confirmada el 29 de  diciembre  de  1999 por el Tribunal Superior de la misma sede. De otra parte, el  15  de  marzo  de  1999  el  antes mencionado promovió, a través de apoderado,  proceso  ejecutivo  contra  la  citada  empresa  por el no pago de las letras de  cambio,  actuación  procesal que correspondió al Juzgado 18 Civil del Circuito  también  de  Bogotá,  culminando  el 16 de junio de 2006 por acuerdo entre las  partes.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

          1.  Con  fundamento  en  la denuncia presentada por el gerente de la  Beneficencia  de  Cundinamarca,  un  delegado  de  la Fiscalía dispuso el 29 de  noviembre  de  2002  la  iniciación de investigación previa, al término de la  cual  decretó  la  apertura  de  instrucción penal, según decisión del 10 de  mayo de 2004.   

          2.   Tras  escuchar  en  indagatoria  a  los  hermanos  CARLOS     FIDOLO     y    DORA  SANDRA  GONZÁLEZ CUÉLLAR, el fiscal  clausuró  la  instrucción  y el 31 de octubre de 2006 calificó el mérito del  sumario  con  resolución  de  acusación,  que profirió en contra de los antes  mencionados   por   el  delito  de  fraude  procesal.  Allí  mismo  les  dictó  preclusión por los punibles de estafa y falsedad.   

          3.  Por  vía  de apelación, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá  impartió confirmación al pliego acusatorio en proveído  del 5 de diciembre de 2008.   

          3.  El  trámite  de la fase de juzgamiento correspondió al Juzgado  Cuarenta  y  ocho  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  cuyo  titular surtió las  audiencias   preparatoria   y   pública   de   juzgamiento.   Por   razones  de  redistribución  laboral,  el  proceso  pasó  luego  a conocimiento del Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión, el cual el 18 de noviembre de  2011  absolvió  a  los acusados, decisión revocada por el Tribunal Superior de  esta  ciudad  mediante  fallo  del  24  de  octubre  de  2012,  en  virtud de la  apelación  interpuesta  por  la  Procuraduría, Fiscalía y representante de la  parte  civil.  Dicha  corporación,  en  su  lugar, los condenó por el delito y  penas referidos en el acápite inicial de esta providencia.   

          4.  Contra  la  sentencia  de  segundo  grado  los defensores de los  procesados  promovieron  el recurso extraordinario de casación, que sustentaron  oportunamente.   

LAS  DEMANDAS   

          El  defensor  de  CARLOS  FIDOLO GONZÁLEZ  CUÉLLAR  formula  tres  cargos  contra  el  fallo del  Tribunal,  el primero con fundamento en la causal tercera de casación de la Ley  600  de  2000,  el  segundo al amparo de la causal primera, cuerpo segundo de la  misma  disposición  legal y el tercero con apoyo en la causal primera, apartado  primero    ibídem.   Por   su   parte,   el   representante   de   DORA  SANDRA  GONZÁLEZ  CUÉLLAR  postula  cinco  cargos,  los  dos  primeros  bajo  el  auspicio  de la causal tercera, el  tercero  y  cuarto  con  sustento en el cuerpo primero de la causal primera y el  último   bajo   la   égida   del   cuerpo   segundo   de   la   misma   causal  primera.   

Por razones de método y con el fin de evitar  repeticiones  innecesarias,  la  Sala  en  el  acápite  siguiente realizará el  resumen  de  los  cargos  de  la  demanda  y de inmediato ofrecerá la respuesta  respectiva,  con la aclaración consistente en que si hay lugar a admitir algún  reproche  la  intervención  de  la Corte se limitará a disponer lo pertinente,  como  quiera  que en ese caso la decisión corresponde a un auto de trámite. De  otra  parte,  en  el  evento  de  encontrar  coincidencia  esencial entre varios  cargos, la Sala los analizará en forma conjunta.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

Antes  de  abordar  el enunciado estudio, es  preciso  recordar que de acuerdo con lo previsto en el artículo 213 del Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  hay  lugar a inadmitir la demanda cuando el  actor   no   cumple   los   presupuestos   contemplados   en  el  artículo  212  ibídem.   

          Como  es  sabido,  los  requisitos  establecidos en la norma última  citada,  particularmente  el  incluido  en  el  numeral 3º de esa disposición,  tienen  como  fin evitar que la casación se convierta en una tercera instancia.   

Con   tal   propósito,   por   tanto,  la  sustentación  del libelo debe efectuarse de manera lógica y coherente en orden  a  facilitar  su  adecuada comprensión y porque solamente de esa manera tendrá  capacidad  para  desvirtuar  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que  acompaña  la  sentencia.  En  ese  orden,  compete  al  actor no sólo enunciar  debidamente  la  causal  y  el cargo formulado, con indicación en forma clara y  precisa  de  sus  fundamentos  y  de las normas que se estiman infringidas, sino  cumplir  las pautas que la Corte, en su decantada jurisprudencia, ha establecido  frente a cada uno de los motivos de casación previstos en la ley.   

          Bajo  los  anteriores  parámetros  procede  la  Sala a analizar los  libelos casacionales presentados.   

     

I. Demanda  presentada  a  nombre  de  CARLOS  FIDOLO GONZÁLEZ CUÉLLAR:     

          Primer cargo.   

          Invocando,  como  se  dijo, la causal tercera de casación de la Ley  600  de  2000,  el  censor  aduce  que la sentencia está viciada de nulidad por  violación  del  debido  proceso derivado del desconocimiento de la garantía al  non bis in ídem.   

          Al  desarrollar  el  cargo sostiene que en la Fiscalía 79 Seccional  se  adelantó  en contra del aquí acusado un proceso en el cual se investigaron  los   delitos   de   fraude  procesal  y  estafa  por  las  supuestas  maniobras  fraudulentas   desplegadas   por  el  aludido  para  sustraerse  a  obligaciones  crediticias  contraídas con el entonces Banco Ganadero, tales como “la  venta simulada del lote de terreno que respaldaba el pago del  crédito,  las  supuestas  maniobras  posteriores  que  se  llevaron a cabo y la  supuesta        falsedad        de       asientos       contables”.     

          Esa   investigación,   añade,   terminó  con  preclusión  de  la  instrucción,  decisión  confirmada  por  la  Fiscalía  de  segundo  grado  en  providencia  del  19  de agosto de 2003 al desatar la apelación interpuesta por  el apoderado de la parte civil.   

          Según  el  demandante,  en  la  presente actuación se investigaron  también  fundamentalmente  maniobras  fraudulentas  derivadas de un contrato de  contraventa  simulada  sobre el mismo inmueble, luego los hechos respecto de los  cuales  han  versado  los dos procesos son materialmente idénticos, en tanto en  ambos  el  objeto  de  la  investigación se centró en la utilización de dicho  contrato  como supuesto mecanismo efectivo de inducción en error a funcionarios  judiciales.   

          Insiste  así  en  la vulneración del debido proceso por soslayarse  la  garantía  a no ser juzgado dos veces por el mismo hecho, razón por la cual  solicita    declarar    la   nulidad   y   decretar   la   cesación   de   todo  procedimiento.   

          Consideraciones de la Sala   

Además de los presupuestos de forma exigidos  por  la  ley para la admisión de la demanda, la jurisprudencia de la Sala tiene  dicho  que el libelo debe atender el principio de corrección material, conforme  al  cual  las  razones, fundamentos y contenido del ataque deben corresponder en  un     todo     con    la    realidad    procesal1.   

          Tal  principio  es incumplido por el demandante, pues no consulta la  realidad  procesal  sostener  que  la  investigación  que  se  adelantó  en la  Fiscalía  79  Seccional de esta ciudad, la cual concluyó con preclusión de la  instrucción,  versó  sobre  los  mismos  hechos  por  razón  de los cuales se  tramita el presente juzgamiento.   

          Del  examen  de  las  decisiones  de  primera  y  segunda  instancia  dictadas  dentro  de  la  actuación seguida en dicha Fiscalía, se advierte con  facilidad  que  la  situación fáctica allí ventilada consistió en determinar  si  el  hecho  de  celebrarse en forma simulada el contrato de contraventa entre  CARLOS   FIDOLO   GONZÁLEZ   CUÉLLAR   y  la  empresa  SUPERCENTER  LTDA.  con  el  fin  de defraudar a los  acreedores  del  primero  configuraba o no el delito de fraude procesal. Así lo  pone  de  presente  el siguiente fragmento de la providencia del 19 de agosto de  2003  proferida  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá,  a   través   de   la   cual   confirmó   la  preclusión  dictada  en  primera  instancia:   

          “Por  manera  que  no  hay fundamento valedero para predicar que a  través  del  contrato  simulado  se  indujo  en  error a los jueces civiles del  circuito  de  tal  manera  que  se puso en peligro o se afectó su criterio a la  hora de tomar las decisiones pertinentes.   

          La  decisión de llevar adelante un contrato de compraventa simulado  por  parte  del  sindicado CARLOS FIDOLO GONZÁLEZ CUÉLLAR puede tener un claro  fin  de  defraudar  a  los  acreedores,  pero  jamás  podrá  considerarse como  constitutiva      de      fraude     procesal”2.   

          Los  hechos  base  del proceso que ocupa la atención de la Corte en  este  momento,  en cambio, tienen que ver con la demanda ejecutiva promovida por  CARLOS   FIDOLO   GONZÁLEZ   CUÉLLAR   en  contra de la empresa SUPERCENTER LTDA., con fundamento en las 40  letras  emitidas  por  dicha  firma.  Esos  títulos  valores se han considerado  fraudulentos  pues,  de  acuerdo  con la sentencia del Tribunal, provienen de un  negocio  inexistente,  esto  es,  el  contrato  de  compraventa  celebrado entre  demandante y demandado en forma simulada.   

          Así  se  desprende de los siguientes apartes del fallo de la citada  corporación:   

          “Pero  es  a  través  de  la demanda ejecutiva ordinaria de mayor  cuantía  que  se  observa  la  finalidad de los procesados en hacer efectivo el  pago  de  $376.000.000 de un negocio que no había existido y del que además se  había  declarado  la  simulación,  a  través  del  embargo y secuestro de los  cánones  de  arrendamiento generados por los locales comerciales ubicados en el  inmueble  objeto  de  la  compraventa,  que  para  1999 aún seguían estando en  cabeza  de  la  Beneficencia de Cundinamarca, entidad que ostentaba la posesión  de  la  propiedad,  lo  que  a su vez dio lugar a que el secuestre solicitara la  restitución de los locales comerciales.   

          Es  a  partir  de  todo  ese  actuar  planeado  por los procesados y  concretado   con  la  presentación  de  la  demanda  ejecutiva,  que  se  puede  establecer  su interés por engañar al Juez 18 Civil  del   Circuito   de   Bogotá   con   la  presentación  de  las  40  letras  de  cambio  que  aparecían  como  una  obligación clara,  expresa  y  exigible,  idónea  para llevar al funcionario judicial a ordenar la  ejecución,  decretar  el  embargo  y avalúo, designar un secuestre, ordenar el  pago  de los cánones de arrendamiento generados por el bien inmueble y declarar  la  terminación  del  procedimiento  por transacción, entre otras actuaciones,  que  habían  podido  ser evitados si el juez hubiera  conocido  la  falsedad  de  esos  títulos valores cuya  única  finalidad  era  la  obtención  de  un  justo título sobre el bien y la  adjudicación   de   dineros   que   correspondían   a   la   Beneficencia   de  Cundinamarca”3   (subrayas   por   fuera   del   texto).   

          El  necesario  cotejo  entre  unos  y otros hechos permite sin mayor  esfuerzo  establecer que el objeto fáctico de los dos procesos es evidentemente  diverso,  pues  en  el  primero  el  pretendido  medio  engañoso se concreta al  contrato  de  compraventa,  mientras  en  el  segundo se predica respecto de las  letras  de  cambio, luego no se corresponde con lo probado, se insiste, sostener  lo  contrario para predicar la vulneración del non bis  in ídem.   

            

          Baste  lo  anterior  para  que  la  Sala inadmita, como lo hará, el  cargo objeto de análisis.   

          Segundo cargo:   

          Denuncia   la   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  como  consecuencia  de  incurrirse  en errores de hecho por falso juicio de existencia  por omisión y falso juicio de identidad.   

          El  primero,  dice,  recayó  sobre  (i) el contrato de transacción  celebrado   el   11   de   diciembre  de  1991  por  el  procesado  GONZÁLEZ  CUÉLLAR  y  la Beneficencia de  Cundinamarca,  (ii) la sentencia dictada por el Consejo de Estado el 28 de junio  de  2006  y (iii) el acta de junta de socios de la empresa SUPERCENTER LTDA. del  29 de marzo de 1992.   

          El  segundo,  por su parte, lo refiere respecto del acta de junta de  socios  de  la  mencionada  empresa del 18 de marzo de 1992 y de la escritura de  venta  celebrada  el  29  de marzo de 1992 entre CARLOS  FIDOLO    GONZÁLEZ    y    la   firma   SUPERCENTER  LTDA.   

          Consideraciones de la Sala:   

          Este  reproche,  por  el  contrario, se admitirá por satisfacer los  presupuestos     de     sustentación    exigidos    por    la    ley    y    la  jurisprudencia.   

          Tercer cargo:   

          Acusa  al  Tribunal  de  violar  directamente  la ley sustancial por  desconocimiento   del   principio   de  favorabilidad.  Al  efecto  denuncia  la  aplicación  indebida  del artículo 453 del Código Penal de 2000 y la falta de  aplicación del artículo 182 del estatuto punitivo de 1980.   

          Para  sustentar  el reproche el demandante empieza precisando que si  bien  la  demanda  ejecutiva  con  base  en  la  cual  se pretendió el cobro de  títulos  provenientes de un acto simulado fue presentada el 15 de marzo de 1999  cuando  se encontraba vigente el Código Penal de 1980, que sancionaba el delito  de  fraude procesal con pena de 1 a 5 años, el citado proceso civil, empero, se  prolongó  hasta  el  12  de junio de 2006, fecha en que el acusado solicitó la  terminación  de  la  actuación  civil  por acuerdo entre las partes, pero para  entonces  ya  estaba  vigente  la Ley 599 de 2000, en cuyo artículo 453 previó  pena  de  6  a  12  años,  razón  por  la cual el Tribunal aplicó ese último  precepto   acudiendo   al   argumento   del   carácter  permanente  del  citado  punible.   

          Tras  recordar  que  la  tesis  del ad quem  no  es  pacífica, pues hasta la providencia del 25 de  agosto  de 2010 dictada en la radicación 31407 la Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia  venía  admitiendo la aplicación del principio de  favorabilidad  en  los casos de delitos permanentes, el actor propone reexaminar  el  tema  a efectos de retornar a la postura anterior que, en su sentir, resulta  acorde  y  compatible con los estándares internacionales en materia de derechos  humanos   y   con   las  garantías  constitucionales  que  reconocen  la  Carta  Política.   

          En  ese  sentido, considera que en el delito permanente se vislumbra  la  sucesión  de  normas  que  regulan  la  misma hipótesis fáctica de manera  distinta  y  un  señalamiento  de consecuencias más gravosas en la ley nueva o  nuevo  derecho,  concurriendo  así los presupuestos que reclaman la aplicación  de  la ley antigua por vía de la ultraactividad de la ley más favorable.    

          A  este  respecto pone de presente cómo la Convención Americana de  Derechos    Humanos    en    su    artículo    9º    habla   de   “derecho  aplicable”, mientras el Pacto  Internacional    de    Derechos    Civiles    y   Políticos   de   “derecho  nacional”  cuando  consagran  los  principios  de  legalidad  e irretroactividad, expresiones de mayor alcance  que  el  término  “ley”,  pues  en  el  contexto  del bloque de constitucionalidad tales locuciones vienen  determinados  por  el precedente judicial, “entendido  como  el  cuerpo de decisiones de los altos órganos o tribunales de justicia de  manera  sólida,  consistente,  coherente  y  cumpliendo  el principio de razón  suficiente     se     han     (sic)    pronunciado  sobre  la  interpretación  de  un  determinado tópico  jurídico,   tal   como   se   extrae,   entre  otras  decisiones  de  la  Corte  Constitucional    como    las    sentencias   C-836   de   2001   y   C-335   de  2008”.                 

          En  esas  condiciones,  sugiere  entender que cuando el ordenamiento  jurídico  colombiano  habla  de  ley está aludiendo al precedente judicial que  rigió  durante  el  tiempo de la comisión de la conducta punible o posterior a  ella,  por  cuya razón, en el caso concreto, solicita aplicar la jurisprudencia  vigente  para  ese  entonces que fuese más favorable, la cual se constituía en  el  “derecho aplicable” o  “derecho  nacional”  en  dicho momento.   

          Para  el  actor,  la postura de la Sala plasmada en la sentencia del  25  de  agosto  de  2010  coloca  obstáculos al amplio ámbito del axioma de la  favorabilidad  y cercena el acceso y materialización de esa garantía, respecto  de  la  cual ni la Carta Política ni el bloque de constitucionalidad establecen  ni insinúan cortapisa alguna en su aplicación.   

          Con  todo,  admite  en  gracia de discusión que las dos tesis de la  Corte  Suprema  se tornan razonables. Sin embargo, considera que a la luz de los  estándares  internacionales  en  materia de derechos humanos resulta imperativo  optar  por  la  interpretación  que  conduzca  a  un  mayor  ámbito  de goce y  materialización   de  los  derechos  y  garantías  judiciales  en  virtud  del  principio   pro  hómine  o  pro libértate.   

          De  esa manera, insiste en reclamar se retorne al criterio expresado  hasta  antes  del  25  de  agosto  de  2010,  considerando  que  se trató de la  jurisprudencia  más  favorable  que  rigió  durante  el  lapso  en  el cual se  prolongó  la  consumación  del  punible  atribuido  al  procesado GONZÁLEZ CUÉLLAR.   

          Para  el  efecto  demanda  casar la sentencia impugnada y proceder a  redosificar la pena.   

          Consideraciones de la Sala:   

En  la  postulación  de  esta  censura  el  libelista   no   fundamenta  la  necesidad  del  fallo  de  casación  desde  la  perspectiva  de  sus fines, particularmente en lo referente a la unificación de  la  jurisprudencia  nacional, según los términos del artículo 206 del Código  de Procedimiento Penal.   

Lo  anterior  porque  al  plantear  la tesis  jurídica  según la cual el principio de favorabilidad es aplicable respecto de  precedentes,  el  actor  se sustrae a contrastarla con la uniforme postura de la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema,  a  cuyo  tenor dicho axioma  fundamental  no es aplicable en relación con criterios jurisprudenciales. Así,  en   decisión   del   19   de   agosto   de   20084   expresó   la   Corte   lo  siguiente:   

“…  el  casacionista  olvida  que,  como  también  lo ha señalada la Sala, la favorabilidad no  opera  respecto  de criterios jurisprudenciales, habida  cuenta  que,  según  el  artículo  29  de la Constitución Política,  se  trata  de  una  garantía  que  cobra vigencia ante la sucesión de normas  en  el tiempo, las cuales regulan  un    mismo    supuesto    de    hecho,    y   no   ante   diversas   posiciones  jurisprudenciales.   Así  lo  ha  dicho  la Corte:       

“La  favorabilidad,  tal  como la regla el  artículo  29  de  la  Carta  Política, al lado de la legalidad, la defensa, la  presunción  de  inocencia,  la  cosa  juzgada,  etc.  es  un  ingrediente  o un  componente        del        genérico        debido        proceso.   Asimismo  cabe  predicar que (tal  como  lo concibe el texto superior y el entendido que le ha dado la Corte) aquel  fenómeno  encuentra  asiento en el tránsito de legislaciones, esto es, de cara  a  la sucesión de leyes en el tiempo y más específicamente cuando el operador  judicial  se  enfrenta  a  una conducta punible cometida en vigencia de una ley,  pero  que  debe  decidir  (o  resolver  un  asunto  atinente a ella) cuando otra  normatividad   regula   de  manera  distinta  el  mismo  problema  jurídico.”   

“Debe   recordarse  igualmente,  que  la  favorabilidad   encuentra  espacio  de  aplicación  alrededor  o  frente  a  la  legislación  positiva -y en el específico campo de la sucesión de leyes en el  tiempo-  mas  no  de cara a la jurisprudencia (cfr. casación nov 29/02 Rad  17358),  como  que  es  aquél el alcance que se colige de la simple lectura del  texto  constitucional.” 5   

De  manera  que el reproche del casacionista  encaminado   a   solicitar   que   se   dé   aplicación  a  una  cierta  tesis  jurisprudencial  favorable,  como  si  se tratara de una norma sustancial, no es  idónea  para  demostrar  una  violación  a la garantía fundamental del debido  proceso”.    

          En  decisión  posterior,  con  cita  incluso de autorizada doctrina  foránea,  la  Sala  ratificó  esa  postura  al señalar en decisión del 28 de  octubre  de 20096:   

“Ahora,   la  aplicación  de  esa  nueva  concepción  del  vínculo  entre  función  atribuida  a servidores públicos a  quienes  se  les  reconoce  fuero  constitucional  y  delito  común atribuido a  éstos,  que  permite el mantenimiento de la competencia de la Sala, no obstante  la  pérdida de aquella condición, por cualquier causa, no se reduce al ámbito  posterior  a  su  declaratoria,  sino  que abarca todos los casos a partir de la  vigencia  de  la  norma superior que así lo prescribe, lo que conduce a admitir  que  rige  desde  cuando  se  promulgó la Constitución, muy a pesar de que con  antelación,  como  se dejó señalado, su interpretación fuera diversa, por lo  que  cabe  dentro  de dicha hipótesis la presente actuación adelantada por los  presuntos   hechos   acontecidos   durante   la   gestión   desempeñada   como  congresistas, de lo cual se duele el Procurador Delegado.   

…  

Sobre   el   tema   la   doctrina   alemana  enseña:   

          …   

“Respecto  de la jurisprudencia no rige la  prohibición  de  retroactividad.  Por  lo  tanto, si el tribunal interpreta una  norma  de  modo  más  desfavorable  para el acusado que como lo había hecho la  jurispr.  anterior,  éste tiene que soportarlo, pues, conforme a su sentido, la  nueva  interpretación  no  es  una punición o agravación retroactiva, sino la  realización  de una voluntad de la ley, que ya existía desde siempre, pero que  solo  ahora  ha  sido  correctamente  reconocida.  Frente  a  esto, una opinión  minoritaria,  pero creciente, pretende subsumir en al art. 103 II GG el supuesto  de  modificación  de  una  jurispr.  constante y que parecía garantizada; pues  sostiene  que  el ciudadano confía en una jurispr. firme lo mismo que en la ley  y  no  se  puede  defraudar  esa  confianza.  Pero  esta  posición  no se puede  compartir,  por  ser  contraria a la idea básica del principio de legalidad, ya  que  equipararía  legislación  y  jurispr.,  a  pesar de que el art. 103 II GG  parte  precisamente  de  la  separación  de ambos poderes y limita la labor del  juez  a colmar el marco de la regulación legal (nm. 28) que es el único por el  que    se    debe    orientar    el   ciudadano”7.   

         

Sin olvidar, desde luego, que no se está en  presencia  de  la  aplicación  de  una  nueva  ley,  sino de la interpretación  corregida,  si  se  quiere,  de la misma norma cuya vigencia operaba de antaño,  pero  con  diversa  hermenéutica,  por lo que no hay lugar a hablar de alcances  desfavorables  de  la  misma,  por  no  tratarse de un fenómeno de sucesión de  leyes  en  el tiempo o coexistencia de legislaciones que se ocupan de regular el  mismo  supuesto de hecho y con relación a normas instrumentales, siempre que de  ellas se deriven efectos sustanciales.   

Corolario a ello, la interpretación judicial  del  precepto normativo conlleva un juicio sobre el mismo, que se asigna y exige  al  juez  aparejado  con  la  responsabilidad  de  elegir  y  plasmar argumentos  universalmente  válidos,  o  sea,  compatibles con los principios que proyectan  las  normas  constitucionales  sustanciales  y  con  los  derechos fundamentales  establecidos  por las mismas, que en sí mismos ausentes se encuentran en manera  alguna   de   desconocer   o   vulnerar   las   garantías   otorgadas   a   sus  destinatarios”.   

          En  armonía  con lo anterior se ha pronunciado también la Corte en  decisiones,  entre  otras,  del  12  de mayo de 20048,     4    de    junio    de  20089,     31    de    julio    de    200910,   12  de  enero11 y 7 de abril  de    201012,     18    de    julio    de    201113   y   18   de   abril   de  201214   

.  

          Esa  posición  jurisprudencial,  como se dijo, no fue controvertida  por  el  casacionista,  situación  que  conduce  a  la  inadmisión  del  cargo  analizado,   máxime   cuando   la   Sala  no  advierte  necesario  examinar  la  reconsideración de tal criterio.   

     

I. Demanda   presentada  a  nombre  de  DORA  SANDRA GONZÁLEZ CUÉLLAR:     

         

Precisa  el  actor,  inicialmente,  que  el  recurso  lo  interpone  por  vía  de  la casación discrecional, porque la pena  aplicable  en  este caso es la prevista en el artículo 182 del Código Penal de  1980,  que  es  de  1  a 5 años, contrario a lo considerado por el Tribunal, el  cual  tuvo  en  cuenta  el  artículo  453  del  estatuto punitivo de 2000, cuya  sanción es de 6 a 12 años.   

          En  ese  sentido,  atribuye  a  la  sentencia violar el principio de  legalidad,  en cuanto aplicó una ley desfavorable y unas normas cuyos hechos no  encajan  en  el  supuesto  fáctico descrito en ellas e inaplicó garantías que  integran  el  debido  proceso,  como  el  principio de culpabilidad y el derecho  penal  de  acto.  El  fallo,  añade,  contiene  además  serios y protuberantes  errores en la apreciación de la prueba.   

          En  tal  virtud,  señala  que la casación busca proteger el debido  proceso,  así  como la libertad de la procesada y desarrollar la jurisprudencia  en  cuatro  temas  a  los  cuales  se  refiere  en  los  reproches  que formula.   

          Consideraciones de la Sala:   

          Como  aclaración  previa,  sea  del  caso destacar el equívoco del  actor  cuando,  sobre  la  base de estimar aplicable aquí, según su particular  punto  de  vista,  el  artículo  182  del  Código  Penal  de  1980, acude a la  casación discrecional o excepcional.   

          Craso   error,   porque   si   la   sentencia   impugnada   tuvo  en  consideración  el  artículo  453 del estatuto punitivo de 2000, modificado por  el  artículo  11  de  la  Ley  890 de 2004, normativa que sanciona el delito de  fraude  procesal  con prisión de 6 a 12 años, es claro que la vía correcta en  este  caso es la casación ordinaria o común, pues la misma procede, de acuerdo  con  el artículo 205 de la Ley 600 de 2000, cuando se trate de conducta punible  cuyo máximo exceda de 8 años.   

          Atendida  la  doble presunción de acierto y legalidad que acompaña  al  fallo, lo decidido en él prevalece sobre las consideraciones de los sujetos  procesales,  hasta cuando la Corte defina lo contrario, por cuya razón la norma  aplicada  por el Tribunal es la que debe servir de parámetro al demandante para  sustentar el recurso extraordinario.   

          Por  manera  que,  se reitera, no era del caso acudir a la casación  discrecional  o  excepcional  sino a la ordinaria o común. Bajo esa perspectiva  analizará   entonces   la  Sala  los  cargos  formulados  por  el  defensor  de  DORA SANDRA GONZÁLEZ CUÉLLAR   

          Primer cargo:   

          Al  amparo  de  la causal tercera de casación, el libelista predica  que  la  sentencia  se  dictó  en  un  juicio  viciado  de nulidad por falta de  competencia,   en   primer   lugar,   por   virtud  del  principio  non  bis  in  ídem y, en segundo término,  por prescripción de la acción penal.   

          Sobre  lo  primero,  señala que el presente proceso se inició para  auscultar  si la compraventa celebrada entre los aquí acusados corresponde a un  negocio  jurídico  simulado y, en tal caso, si constituyó un medio fraudulento  susceptible  de  afectar  la recta y eficaz administración de justicia, como lo  corrobora  el  hecho  de  que  el  ad quem concretara   la   mayor   parte   de   su  estudio  a  evaluar  esos  aspectos.   

          Según  el demandante, esa misma conducta ya había sido investigada  por  la  Fiscalía  79  Seccional  dentro  del  sumario  325590,  actuación que  concluyó  con  la  decisión  de  preclusión  de la instrucción a favor de la  procesada    DORA    SANDRA    GONZÁLEZ.  Para  sustentar su criterio transcribe algunos de los fundamentos  de  esa  providencia  y  luego  insiste en que en ambos trámites procesales hay  identidad de objeto, pues perseguían la misma finalidad.   

          En  cuanto  a  lo  segundo,  sostiene  que  los  hechos en este caso  ocurrieron  el  15  de  marzo  de  1999,  cuando CARLOS  FIDOLO  GONZÁLEZ promovió el proceso ejecutivo contra  la  empresa SUPERCENTER LTDA. Para esa época, agrega, estaba vigente el Código  Penal  de  1980,  en  cuyo artículo 182 sancionaba el delito de fraude procesal  con  pena  máxima  de  5  años, término que se cumplió cuatro años antes de  cobrar ejecutoria la resolución de acusación.   

          Sobre  el  particular,  con cita de providencia de la Sala del 17 de  julio  de 200015,  argumenta  que  el fraude procesal es un delito de mera conducta,  razón  por  la  cual se consuma con la inducción en error sin ser necesaria la  materialización de un perjuicio o de un beneficio.   

          Con  todo,  reconoce  que  la  postura  vigente  de la Corte Suprema  estriba  en  calificarlo  como delito de carácter permanente. Sin embargo, dice  procurar   por  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  pues  no  es  posible  considerar  que es de mera conducta, en cuyo caso el desvalor del ilícito está  puesto  sobre  la  acción,  para al mismo tiempo definirlo como una conducta de  ejecución  permanente,  evento  en  el  cual  el  desvalor  se  sitúa sobre el  resultado.   

          De  todas  maneras,  con independencia de si el fraude procesal es o  no   de  ejecución  permanente,  invoca  el  principio  de  favorabilidad  para  solicitar  la  aplicación  del  artículo  182  del Decreto Ley 100 de 1980, en  cuanto  le  resulta  más  ventajoso  a  la procesada. Apoya su petición con la  sentencia  del  30 de marzo de 2006 (rad. 22813), aun cuando admite también que  la   Corte  ha  prohijado  en  algunas  ocasiones  criterio  distinto,  en  cuya  problemática      dice      requerirse,     igualmente,     la     unificación  jurisprudencial.    

Segundo cargo:  

          Con   apoyo  nuevamente  en  la  causal  tercera  de  casación,  el  libelista  reprocha  al  Tribunal  dictar  la  sentencia en un juicio viciado de  nulidad  por  la  comprobada  existencia  de  irregularidades  sustanciales  que  afectan  el  debido  proceso,  en  concreto  por  vulnerar  las  garantías  del  non   bis   in   ídem   y  favorabilidad.   

          Al  efecto  se remite a las argumentaciones expuestas para sustentar  la  primera censura en lo atinente a la falta de competencia por aplicación del  non bis in ídem. En cuanto a  la  prescripción,  sostiene  que  ésta  forma  parte  del núcleo esencial del  debido  proceso,  de  manera que la continuación de la actuación, pese a darse  dicho   fenómeno,   implica   la  también  afectación  del  referido  derecho  fundamental,  que  también comprende el principio de oportunidad, por cuya vía  debió decretarse la prescripción de la acción penal.   

          Consideraciones de la Sala:   

          Como  las dos censuras antes resumidas coinciden en su esencia, pues  en  ambas  se  pretende  la  nulidad  de  la  actuación  con  fundamento en dos  aspectos,   esto   es,   violación  del  non  bis  in  ídem y prescripción de la acción penal, la Corte ha  decidido examinarlas en forma conjunta.   

          Pues  bien,  estos  reproches,  en  lo atinente al primero de dichos  tópicos,    vale   decir,   la   conculcación   del   principio   non  bis  in  ídem,  como acontece con el  cargo  primero  de  la  demanda  instaurada  por  el  defensor  de  CARLOS    FIDOLO    GONZÁLEZ   CUÉLLAR,  desatienden  el  presupuesto  de corrección material que gobierna el recurso de  casación,  pues igual pasan por alto que los hechos base de las dos actuaciones  procesales  respecto  de  las cuales se pregona tal violación son diversos, por  cuyo  motivo  las  razones  ofrecidas para inadmitirlo valen también aquí como  fundamento suficiente en orden a adoptar idéntica decisión.   

          Ahora  bien,  en  lo  relacionado con la prescripción de la acción  penal,  se  tiene que, como lo tiene establecido esta Corporación, la propuesta  casacional  orientada  a  obtener  la  cesación  de  procedimiento  por haberse  presentado  el  fenómeno de la prescripción de la acción penal se enuncia por  vía  de  la  causal  tercera, pero su sustentación debe operar con apoyo en la  violación  directa  o  en  la  violación indirecta16.   

Tal carga argumentativa la cumplió el censor  apenas  parcialmente,  pues  aun  cuando  seleccionó  adecuadamente  la  causal  tercera,  el  desarrollo  del  reproche  no  lo  encauzó  por vía de la causal  primera,  de  manera  que  omitió  precisar si el fallador infringió la ley en  forma directa o indirecta.   

          Aparte  de  lo  anterior, al fundamentar el reproche el actor olvida  que  en  sede  de  casación  el  ataque  se  debe  plantear  en forma lógica y  coherente,  sin  que  por  ende  le sea dable al libelista postular, en el mismo  cargo,  argumentaciones  contradictorias cual si se tratara de un alegato propio  de las instancias.   

          Tal  exigencia  no la satisface el demandante, pues para predicar la  prescripción  de  la  acción penal primero sostiene la tesis según la cual el  fraude  procesal  es  un delito de mera conducta, de manera que en este caso los  hechos   se   consumaron   el   15   de   marzo  de  1999,  cuando  CARLOS   FIDOLO   GONZÁLEZ  promovió  el  proceso  ejecutivo  contra  la  empresa  SUPERCENTER LTDA., pero luego admite el  carácter  permanente  del  aludido  punible  para  demandar  en  ese  caso, con  fundamento  en  el  principio de favorabilidad, la aplicación del artículo 182  del  Código  Penal de 1980 y el reconocimiento, por tanto, de la pérdida de la  potestad punitiva del Estado.   

          Sin  duda,  con  ese modo de razonar el actor desconoce el principio  lógico  de no contradicción que rige, igualmente, en esta sede extraordinaria.  Acorde  con  ese postulado, una cosa no puede ser y no ser a la vez, de modo que  si  se  parte  de  la premisa argumentativa según la cual el fraude procesal se  consumó  el  15  de marzo de 1999, no se compadece con la claridad y precisión  del  recurso  admitir simultáneamente que su realización se prolongó hasta el  año 2006.   

          Por  lo  demás,  el  libelista  tampoco  sustenta  adecuadamente la  necesidad  del  fallo  de  casación desde la perspectiva de sus fines, pues aun  cuando  demanda  de  la  Corte  un  pronunciamiento  jurisprudencial, en momento  alguno  expresa  los  puntos sobre los cuales existe controversia al interior de  la  judicatura  en torno al delito de fraude procesal que requiera unificación.   

Contrariamente,  la  Sala  tiene definido de  tiempo  atrás  el  tópico relativo al momento consumativo del aludido punible,  señalando   que   si  bien  es  de  mera  conducta17,  por  igual  se  trata  de  aquellos      de      ejecución      permanente18,    de   manera   que   su  consumación  se prolonga en el tiempo hasta tanto siga surtiendo potencialmente  sus  efectos  el error en que haya sido inducido el servidor público en orden a  obtener   sentencia,   resolución   o   acto   administrativo  contrario  a  la  ley.   

          Por  su  parte,  sobre  la  improcedencia de aplicar el principio de  favorabilidad  en  los ilícitos de ejecución permanente, la Sala se pronunció  en  la  sentencia  del 25 de agosto de 2010 dictada en la radicación 31407 y es  el criterio actualmente vigente en la Sala.   

          El  actor  se  sustrae  a rebatir los fundamentos jurídicos con los  cuales  la  Corte  edificó  los referidos precedentes, limitándose tan sólo a  pedir  su  variación  sin  mayores  argumentos,  postura  que  no  satisface la  exigencia de sustentación requerida en esta sede extraordinaria.   

          Vistos,  pues,  los evidentes y profusos errores de postulación, se  inadmitirán   los   cargos   primero   y   segundo  de  la  demanda  objeto  de  examen.   

Tercer cargo:  

          Acusa  al  juzgador  de  segundo grado de violar directamente la ley  sustancial  por  aplicación  indebida  de los artículos 453 y 29, inciso 2 del  Código   Penal  de  2000  y  falta  de  aplicación  del  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  12  del  estatuto  punitivo  citado y 2452 y 2493 del  Código Civil.   

          Consideraciones de la Sala:   

En la presentación de este reproche resulta  claro  que el censor cumplió a cabalidad los presupuestos de adecuada y lógica  sustentación, por cuya razón se procederá a su admisión.   

          Cuarto cargo:   

          Atribuye  al  Tribunal  violar  directamente  la  ley sustancial por  aplicación  indebida  del  artículo  453  del Código Penal de 2000 y falta de  aplicación del artículo 182 de estatuto punitivo de 1980.   

          En  orden a sustentar el reproche el censor dice no estar de acuerdo  con  las razones expresadas por el ad quem para  aplicar  el  citado  artículo  453,  por  cuanto  la  acción  desvalorada  ocurrió  el  15  de  marzo de 1999, cuando se promovió el proceso  ejecutivo,  teniendo  en cuenta además que el fraude procesal se consuma con la  inducción  en  error sin ser necesaria la materialización de un perjuicio o de  un beneficio.   

          Por  lo  anterior,  en  su  criterio,  el principio de favorabilidad  forzaba  la aplicación del artículo 182 del Código Penal de 1980, según así  lo  ha  sostenido la Corte Suprema en la providencia del 30 de marzo de 2006. Al  respecto,  considera que el aludido principio no admite excepciones, ni siquiera  en  virtud  de “la política criminal del Estado y de  la  función de prevención general de la pena”, como  lo  aduce  el  ad quem.    

          Al  fundamentar  la  trascendencia  del  error asigna al Tribunal el  desconocimiento  del principio de congruencia, pues valoró la conducta a la luz  del  artículo  453,  pese  a  que  la  Fiscalía  formuló la acusación en los  términos  del  artículo  182.  De  otra  parte,  añade,  la aplicación de la  primera  de  esas  normas,  en  vez  de  la segunda, comportó una sanción más  gravosa  para  la  procesada  y  la  negación  de  la  prisión domiciliaria, e  implicó la no extinción de la acción penal por prescripción.   

          Consideraciones de la Sala:   

          Al  igual  de  lo  ocurrido  con  los  cargos  primero y segundo, el  demandante  omite fundamentar la necesidad del fallo desde la perspectiva de las  finalidades  del  recurso,  pues pasa por alto controvertir la jurisprudencia de  la  Corte,  acorde  con  la  cual el fraude procesal aun cuando corresponde a un  delito  de mera conducta es, a su vez, de ejecución permanente, condición esta  última que impide la aplicación del principio de favorabilidad.   

          Sobre   el  aspecto  antes  comentado,  es  decir,  lo  relativo  al  principio  de  favorabilidad,  el impugnante demanda la aplicación del criterio  jurisprudencial  prohijado  en  decisión  30 de marzo de 2006, olvidando que el  mismo   fue   recogido   por   la   Corte   en  la  sentencia  del  25  de  agosto de 2010 dictada en la radicación 31407, frente a la  cual   omite,   se   insiste,   cualquier  mención  en  aras  de  pretender  su  mutación.   

         Aparte  de  lo  anterior, el actor también desatiende el principio  de  autonomía  que  gobierna, igualmente, el recurso de casación, pues termina  aduciendo   la   vulneración   del  principio  de  congruencia,  deslizando  el  discurso hacia los terrenos  de  un  motivo casacional distinto al postulado, olvidando que el desarrollo del  reproche se debe corresponder con su enunciación.   

          Basten  las  anteriores razones para que la Sala anuncie la también  inadmisión de este reproche.   

          Quinto Cargo:   

          Predica  la  violación  indirecta  de la ley sustancial derivada de  errores  de hecho por falso juicio de identidad y falso juicio de existencia por  omisión.   

          Según  el  actor,  el  primero  de  esos  falsos  juicios  ocurrió  respecto  (i)  del  contrato  de  compraventa suscrito entre SUPERCENTER LTDA. y  CARLOS FIDOLO GONZÁLEZ, (ii)  del  acta  de  junta  de  socios de la aludida empresa del 29 de marzo de 2009 y  (iii)    de    la    demanda   ejecutiva   promovida   por   el   procesado   en  mención.   

          El  falso  juicio  de  existencia,  por  su parte, lo hace recaer en  relación  con  el  certificado  de  existencia  y representación de la empresa  SUPERCENTER  LTDA.  expedido  por  la Cámara de Comercio el 2 de marzo de 1999.   

          Consideraciones de la Sala:   

La  Corporación  encuentra  adecuadamente  estructurado   el   reproche   analizado,  razón  por  la  cual  lo  admitirá.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.-  INADMITIR  los cargos primero y tercero de la demanda presentada  a  nombre  de  CARLOS  FIDOLO  GONZÁLEZ CUÉLLAR,      así     como     los  cargos   primero,   segundo   y  cuarto  del  libelo  instaurado   a   nombre  de  DORA  SANDRA   GONZÁLEZ  CUÉLLAR,  conforme  a  las  razones      expresadas      en      la      presente      decisión.   

2.- ADMITIR el cargo  segundo  de  la  primera  de  las  referidas  demandas y el tercero y quinto del  segundo      de      esos      libelos,  acorde con  los      motivos      referidos      en      esta     determinación.   

         

En  consecuencia,  se  ordena  remitir  la  actuación  a  la Procuraduría Delegada para que emita concepto, de conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  213 del Código de Procedimiento Penal de  2000.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                                                                                                                                                           

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr. Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

2  Páginas 10 y 11 de la mencionada decisión.   

3  Página 25 del fallo de segundo grado.   

4  Radicación 29806.   

5  Sentencia de 12 de mayo de 2004, radicación No. 17151   

6  Radicación 32764.   

7  Derecho  Penal Parte General Tomo I. Fundamentos la estructura de la teoría del  delito. Claus Roxin, págs. 164-166.    

8  Radicación 17151.   

9  Radicación 28547.   

10  Radicación 27443.   

11  Radicación 35089.   

12  Radicación 32214.   

13  Radicación 35598.   

14  Radicación 38421.   

15  Radicación 11969.   

16   Cfr.  Auto  del  10  de  octubre  de  2012,  radicación  39720.   

17  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  decisiones  del 7 de  noviembre  de  2001,  2 de septiembre de 2002, 8 de julio de 2003, 19 de mayo de  2004,  17  de  agosto  de  2005, 16 de junio de 2006, 8 de agosto de 2007, 20 de  febrero  de  2008,  19 de febrero de 2009, 10 de febrero de 2010 y 8 de marzo de  2011,  radicaciones  números  18882,  17703, 21054, 18367, 19391, 24746, 25608,  29156, 30857, 32108 y 35982, respectivamente, entre otras.   

18  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, providencias del 7 de  noviembre  de  2001,  24  de  junio  de 2003, 5 de mayo de 2004, 9 de febrero de  2005,  16 de junio de 2006, 5 de julio de 2007, 23 de enero de 2008, 19 de marzo  de  2009  y  23  de  junio  de  2010, radicaciones números 18882, 20935, 20013,  23153,   24746,   23929,   28873,   27710   y   31352,   respectivamente,  entre  otras.     

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