41087(22-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 157.  

         

Bogotá,  D.  C., veintidós (22) de mayo dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Verifica  la  Sala si el libelo de casación  presentado  por  el  defensor  de  FRANCISCO  HERRERA  CHAVES   con   el  objeto  de  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto contra la sentencia proferida el 20 de  noviembre  de  2012,  a  través  de  la  cual  el  Tribunal Superior de Bogotá  confirmó,  con  modificaciones,  la  dictada  el  16 de febrero de la anualidad  anterior  por  el Juzgado Séptimo Penal Municipal con Funciones de Conocimiento  de  la  misma  sede,  que  condenó  al  mencionado como autor de los delitos de  injuria y calumnia, satisface los presupuestos de admisibilidad.   

HECHOS  

Fueron   declarados  por  el  ad     quem,     de    la    siguiente  forma:   

“Entre diciembre de 2007 y enero de 2008, el  señor   FRANCISCO   HERRERA  CHAVES  hizo  imputaciones  deshonrosas  verbal  y  públicamente,    en    contra    de   Francisco   Ramírez   Romero1,  con  quien  había  suscrito  un  contrato  para  que  le  administrara  cuatro restaurantes  ubicados en el barrio La Candelaria de esta ciudad.   

A  su  vez,  en  escritos  dirigidos  a  la  Fiscalía  General de la Nación, a la Oficina de Contravenciones de la Policía  Nacional  y  a  la  Embajada  de España, le atribuyó la comisión de falsedad,  estafa,  abuso  de  confianza,  hurto  y homicidio (en grado de tentativa, entre  otros   delitos),   con   lo   que   afectó   su   dignidad,   honra   y   buen  nombre”.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

Con  fundamento  en  los  hechos  narrados,  Francisco  Ramírez  Romero  formuló  querella  penal  en contra de HERRERA CHAVES  y  luego,  el  25  de enero de 2010, ante el   Juzgado   30  Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías   de   Bogotá,   se   celebró   audiencia  en  la  cual  la  Fiscalía  formuló  imputación en  contra  del  querellado  por  los  delitos de injuria y  calumnia,    delincuencias    que    el    mencionado   no   aceptó.   

El  23  de  febrero  ulterior,  la Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  en contra del procesado como presunto autor de  los  mismos  delitos,  que  luego  ratificó  en  desarrollo  de la audiencia de  formulación  de  acusación  celebrada  el  20  de  abril  subsiguiente ante el  Juzgado  Séptimo  Penal  Municipal  con  Funciones  de Conocimiento de la misma  ciudad.   

En  el  mismo despacho judicial se evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral. Al término de esta última, el  16  de  febrero de 2012, dio lectura al fallo de primer grado, consonante con el  anuncio  de  su  sentido,  por medio del cual condenó  a   FRANCISCO   HERRERA   CHAVES   a  las  penas  principales  de veinte (20) meses de prisión y multa  por  valor  de  16,66  salarios  mínimos  legales mensuales y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la sanción aflictiva de la libertad  al  encontrarlo  autor  responsable  de  las  conductas  punibles de las que fue  acusado.   

En  la  misma  decisión,  el  juzgado  le  concedió  “la  medida  de  seguridad  de  libertad  vigilada    por    el    término    de    veinte    (20)   meses”.   

Contra  esta  decisión interpuso recurso de  apelación  el defensor del sentenciado, sobre el cual se pronunció el Tribunal  Superior  de Bogotá el 29 de noviembre de 2012, impartiéndole confirmación en  cuanto  a  la declaratoria de   responsabilidad, pero revocó la penas  impuestas  en  su  contra  por tratarse de inimputable, dejando únicamente como  sanción  la medida de seguridad de libertad vigilada  por  el  término establecido por el a quo.            

En desacuerdo con la providencia anterior, la  misma  parte  promovió  recurso extraordinario de casación, por cuyo motivo la  demanda  presentada  oportunamente  con el fin de sustentarlo se remitió a esta  Sala, aprestándose al estudio sobre su admisibilidad.   

LA DEMANDA  

         

Instaura  dos  cargos  fundamentados  en  la  causal  tercera de casación prevista en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  por  violación  indirecta  de la ley sustancial derivados, el primero, de error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia y, el segundo, por falso raciocinio.  Los cargos son del siguiente tenor:   

Primer cargo, error de hecho por falso juicio  de existencia:   

          Para  el  actor,  el  sentenciador  supuso  pruebas  para inferir la  responsabilidad  de  su  prohijado  en los delitos de injuria y calumnia, con lo  cual  transgredió  por  aplicación  indebida  los artículos 6, 9, 10, 11, 12,  220,  221,  224  y  227  del  C.P.  y  los  arts. 6 y 8, ordinal j, del adjetivo  penal.   

          Ello,  en  tanto sólo se cuenta con las denuncias “no falladas”  ante  la  Fiscalía  General  y  la Oficina de Contravenciones, ante lo cual los  juzgadores  de  primer  y  segundo  grado “no pueden  intervenir  en  esos  procesos,  como  tampoco  sus fundamentos o raciocinio dan  certeza   de  los  delitos  que  le  endilgan  a  mi  patrocinado”.   

          Recuerda  cómo  de  acuerdo  con la jurisprudencia y la doctrina no  existe  afirmación  calumniosa  cuando la imputación concreta y personal no es  falsa,  pues  “todo lo que aducen en las sentencias  en  contra  de mi patrocinado, para endilgarle los delitos de injuria y calumnia  son  suposiciones  para  considerar medios demostrativos, como evidencias que no  existen en el plenario”.   

          Además,  cuando  los  juzgadores  estimaron  los medios probatorios  aportados  por  la  víctima  como  evidencias  mientras  los del procesado como  simples  documentos, “desde dicho momento analítico  están  suponiendo  y  considerando  medios  demostrativos  que  no están en el  expediente”.   

          La  misiva  enviada  por  su  defendido a la Embajada de España, de  otro  lado,  no  contiene injuria ni calumnia alguna, pues se limita a mencionar  situaciones  presentadas  en  la  relación  contractual entre las partes por el  incumplimiento,  pero  “no  aumentó  ni  le quitó  ningún  presunto  delito  denunciado”.  Los  hechos  allí  narrados,  asegura,  se contraen a “defectos,  circunstancias,  tácticas  que  tenía  la víctima para el cumplimiento de los  contratos,  que  podrían  conllevar  delitos, y por parte del condenado HERRERA  CHAVES  esto  obedeció a su inclinación de murmurar o de informar, simplemente  dar  evasión  a una falta de urbanidad y cultura debido a su recia personalidad  (sic)”.   

          Señala,  adicionalmente,  que todos los atributos éticos, morales,  buen  nombre  y prestigio de la víctima quedaron desvirtuados con sus conductas  durante   la   ejecución   de  los  contratos,  por  lo  que  el  procesado  se  circunscribió   a  ponerlas  en  conocimiento  de  las  autoridades  judiciales  competentes,  como  lo  ordena la ley; entonces, “se  incurrió  en  falso  juicio  de  existencia  por  suposición, es decir, cuando  considera  medios  demostrativos  que  no están en el expediente como lo fueron  las   denuncias   presentadas   por   el  señor  HERRERA  CHAVES”.   

Segundo  cargo,  error  de  hecho  por falso  raciocinio:   

          Tras  referir  que con el error de apreciación probatoria se violó  indirectamente  la  ley  sustancial  por  aplicación indebida de los artículos  220,  221,  224 y 227 del C.P. y los arts. 6 y 8, ordinal j, del adjetivo penal,  señala  que  el  yerro se genera porque “la primera  como  la  segunda instancia vulneró (sic) los  postulados  de  la sana crítica, experiencia, sentido común,  doctrina,   jurisprudencia   y   que  dicho  error  los  llevaron  a  hacer  una  declaración  de  verdad,  que difiere gravemente de la que revela la actuación  procesal”.   

          Alude  al  desconocimiento  de  principios  lógicos  y reglas de la  experiencia,  pues “al apreciar las versiones de los  testigos  y  del  documento enviado a la Embajada de España, como igualmente al  recurrir  a  la  justicia competente para instaurar denuncias de orden penal, el  sentenciador  incurrió  en  un  falso  raciocinio  al excluir y darle mérito a  dichas  probanzas contentivas de delitos penales, los cuales ratificó al incoar  las  denuncias  respectivas  ante las autoridades competentes, siendo un deber y  una  obligación  legal que tiene todo ciudadano mayor de edad, de informar a la  autoridades    de   los   presuntos   delitos   que   ha   tenido   (sic)  conocimiento,  las consideró como  imputaciones  falsas  y  deshonrosas,  en  contra  del  ofendido”.   

          Además,   prosigue,   la  experiencia  indica  que  no  hay  delito  “cuando la intención fue de requerir para precaver  o  corregir  el  actuar  del ciudadano español y que por medio de informes a su  embajada   fuera   amonestado”,  amén  de  que  los  ciudadanos  están  en  la  obligación  de  denunciar los delitos de que tengan  conocimiento.   

          En  consecuencia, advierte, “mal hizo el  sentenciador,  al  fundamentar  su  fallo,  sin  hacer  un  análisis  serio, de  mérito,   sobre  todas  las  condiciones  ofensivas,  que  conllevarían  a  un  ‘ataque’  personal contra el ofendido, que se  debieron  tener en cuenta para el fallo y no se tuvieron en cuenta por cuanto no  existió      nunca      dicho     ‘ataque’  contra  la  integridad  moral  del  ofendido  que  no se probó, como tampoco se  podía  desvirtuar  por  falta de competencia, ante la denuncia presentada en la  Fiscalía    General    de   la   Nación,   Sección   Asignaciones,   por   mi  defendido”.   

          Por  último,  señala  que  con fundamento en las causales y cargos  invocados,  se debe casar la sentencia impugnada y proferir fallo sustitutivo de  carácter    absolutorio    en    favor    de    su    defendido,   “por  cuanto  una evaluación correcta y de raciocinio del acervo  probatorio     así    lo    reclama”.   

        CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Para  que  la  demanda  de  casación  sea  admitida,  acorde  con  las preceptivas previstas en la Ley 906 de 2004, resulta  imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos  orientados a que  contenga  una  exposición  lógica  y  debidamente  argumentada,  como  así se  desprende  de los artículos 183, modificado por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y  184 de dicho estatuto.   

Además,   se   aúna  la  necesidad  de  proferir  el  fallo  con el objeto de cumplir alguno de los fines del recurso, a  los  cuales refiere la última parte del segundo inciso del mencionado artículo  184  de  la  misma  codificación,  al  señalar  que también se inadmitirá la  demanda   “cuando   de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del recurso”.   

Es  decir  que  con  la  Ley  906  adquieren  significativa  importancia  los  fines  del recurso, hasta el punto de que en el  inciso  siguiente de la misma preceptiva, se establece que la Corte “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para entrar a su estudio de fondo. Del mismo modo procede la hipótesis  contraria,  esto  es, en tanto se privilegian esos factores sobre las exigencias  formales,  también  en los casos en que la demanda satisfaga a cabalidad dichos  presupuestos  pero no se hace necesario proferir fallo de fondo, se procederá a  su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  ha llevado a exigir que, para su admisión, de la demanda debe aflorar  la  necesidad  del pronunciamiento de fondo para satisfacer alguno de sus fines,  no  otros  que  los  previstos  en  el  artículo  180  del  estatuto  procesal.   

Pues  bien,  con  respecto  a  los  dos  cargos  contenidos  en el libelo  presentado  por  el  defensor  de  FRANCISCO  HERRERA  CHAVES,  precísese  desde  ya  que  no satisfacen los  presupuestos  de  admisibilidad  señalados  en  precedencia, por las siguientes  razones:   

1.  Aun  cuando  al  enunciar los reparos el  censor  alude  que  se  incurrió en la causal de violación indirecta de la ley  sustancial  por  virtud  de  errores de hecho por falso juicio de existencia por  suposición  probatoria  (primer  cargo)  y  falso  raciocinio  (segundo cargo),  deviene  nítido  que su desarrollo dista de contener una formulación adecuada,  para  lo  cual  resulta indispensable evocar dichos conceptos así como la forma  correcta  de proponerlos, acorde con los parámetros reiteradamente establecidos  por esta Sala.   

De  ese modo, el falso juicio de existencia,  según  lo  ha  dicho  la Sala de forma pacífica e inveterada, se configura por  doble vía:   

En  primer  lugar,  cuando  una  probanza es  excluida  de  la  valoración  que  efectúa  el juzgador no obstante haber sido  allegada  al  proceso en forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión)  y,  en  segundo  lugar,  cuando  el  juzgador  lo  crea  a  pesar  de no existir  materialmente en el proceso (suposición o ideación).   

Frente  a  estas  hipótesis,  el recurrente  está  obligado  a  (i)  identificar  el  medio  de prueba que en su criterio se  omitió   o  se  supuso,  (ii)  establecer  la  incidencia  de  esa  omisión  o  suposición  probatoria  en  la  decisión  que  se  controvierte y en favor del  interés  que  se  representa,  lo cual comporta la necesidad de (iii) demostrar  que  el  fallo  atacado  no  se  mantiene  con  otros elementos de juicio y (iv)  explicar  de  qué  forma  se  violó  la  ley  sustancial  con  ese  defecto de  apreciación,   ya   sea   por   falta   de   aplicación   o   por  aplicación  indebida.   

Por su parte, el también error de hecho por  falso  raciocinio se presenta cuando el juzgador aprecia la prueba desconociendo  las   pautas   de   la  sana  crítica,  esto  es,  postulados  lógicos,  leyes  científicas o máximas de la experiencia.   

Por  razón de esa especial naturaleza, para  que  la  propuesta  basada en esa modalidad goce de la imprescindible claridad y  suficiencia,  el demandante está compelido a (i) identificar la prueba sobre la  cual   recae  el  yerro;  (ii)  establecer  el  mérito  otorgado  al  medio  de  convicción  en  la  sentencia y, a la vez, (iii) señalar cuál es el postulado  de  la sana crítica en su criterio vulnerado, esto es, el principio lógico, la  máxima de la experiencia o la regla científica quebrantada.   

Después,  debe proceder a (iv) vincular esa  apreciación  con  la  regla  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por   último,  (v)  precisar  la  trascendencia  del  error  frente  a  la  ley  sustancial,  lo cual le exige exponer los argumentos conducentes a demostrar que  la  sentencia  impugnada  se  debe  modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.            

         

El  demandante,  aunque  por  pasajes de los  enunciados  pareciera  entender  la  naturaleza  de  los errores de apreciación  probatoria  seleccionados, se aparta de los lineamientos anteriores, según pasa  a verse.   

Así, en  cuanto a la primera censura,  porque  la  inicial  discusión  planteada, por cierto carente de  claridad,  en  sentido  de que al no estar falladas las querellas formuladas por  su  defendido  no  está  demostrado  que sean inverídicas y por lo tanto no se  configuran  las  conductas  punibles  atribuidas  incurriendo  las instancias en  suposición  al así inferirlo, ninguna relación guarda con el yerro valorativo  invocado,  tanto  así  que  ni siquiera señala las pruebas supuestas o ideadas  por los juzgadores.   

Posteriormente, en el mismo cuestionamiento,  el  censor desvía el ataque hacia otro aspecto para señalar que los juzgadores  no  fueron  equitativos  al  valorar  los  medios  probatorios  aportados por la  víctima  y  la  defensa,  al  tiempo que no apreciaron acertadamente documentos  como  la  misiva  enviada  por  su  defendido  a  la  Embajada  de España y las  denuncias   presentadas   contra  Francisco  Ramírez  Romero,  lo  que tampoco tiene que ver, de acuerdo con  los  lineamientos  vistos,  con  el postulado error de hecho por falso juicio de  existencia  por  suposición,  ni  tampoco,  con algún yerro demandable en esta  sede  extraordinaria,  pues  se limita a exponer su criterio personal valorativo  sobre el mérito que a su juicio merecen.   

Situación   similar  se  verifica  frente  al   segundo  cargo,  donde  señala  que  esas  mismas probanzas no fueron apreciadas conforme a la lógica,  el  sentido  común o la experiencia, pero sin individualizar o precisar cuáles  reglas  en  concreto  se  desconocieron  con  la  cuestionada valoración de los  juzgadores.   

Todo  se  resume,  entonces,  en que para el  actor  la  valoración  de  los  sentenciadores  erige  los errores apreciativos  pretextados  sólo  porque  no  coincide con su parecer personal sobre cómo han  debido  apreciarse,  esto  es,  que  las  denuncias y la misiva a la Embajada de  España  contentivas de imputaciones tan solo respondían a su obligación legal  de  formular denuncia ante el conocimiento de hechos delictivos, criterio que no  compartieron   los  juzgadores,  exponiendo  las  razones  para  considerar,  en  contrario,  que tenían por objeto mancillar su buen nombre y honra, cuyo ataque  ha  debido  proceder en el marco de errores que afectan la legalidad del fallo y  no, se insiste, desde su mero criterio personal.   

Lo mismo ocurre con la prueba testimonial que  apenas  menciona  en forma genérica en el segundo reparo, bastándole con decir  que no fue apreciada conforme a la lógica y la experiencia.   

Al atacar la valoración del fallo por fuera  del  marco  de  las  causales  de  casación  previstas  legalmente, esgrimiendo  exclusivamente  su  opinión  personal,  no  sólo  deja  sin  demostración los  errores   formulados,   sino   que,   además,   atenta   contra  la  naturaleza  extraordinaria       del       recurso       de      casación      –en   cuanto   se   concentra   en  la  producción  de errores que afectan la constitucionalidad o legalidad del fallo,  sin  que constituya una tercera instancia- y con la doble presunción de acierto  y   legalidad  que  lo  gobiernan  -en  cuya  virtud  prevalece  el  juicio  del  sentenciador sobre la opinión subjetiva del recurrente-.   

2. Además, la censura limitada a cuestionar  la  valoración  de las probanzas mencionadas, esto es, la misiva enviada por el  sindicado  a  la  embajada  española  y  las denuncias presentadas ante el ente  acusador  y  la Oficina de Contravenciones de la Policía Nacional, deja de lado  otros   medios   de   convicción   igualmente   incidentes  para  sustentar  la  responsabilidad penal del sentenciado.   

Así,   los  testimonios  de  Emperatriz       y      María      Teresa       Tocancipá     Rodríguez,  quienes  coincidieron  en  afirmar      haber  presenciado  cuando  el  sindicado  espetó  las imputaciones deshonrosas contra  Francisco Ramírez Romero, y  el      dicho      del      propio      ofendido2,  respecto  de los cuales nada  dice en concreto el defensor.   

Recuérdese cómo la falta de trascendencia,  presupuesto  cuya demostración es indispensable de cara a la prosperidad de los  errores  de valoración probatoria planteados en el libelo, configura un defecto  de  argumentación  que  por  sí  solo  da  al  traste  con  la  posibilidad de  admisión.   

3.  Por  último, ha de puntualizarse que el  censor  hace  abstracción  total  de  la  obligación  señalada de precisar la  necesidad  de  fallo  atendiendo  los  fines para los cuales está instituido el  recurso,  no  otros  que  los  establecidos  en  el  artículo  180 del estatuto  procesal,   en   cuanto  “El  recurso  pretende  la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación  de la jurisprudencia”, debiendo aflorar  el  vínculo  entre  la  propuesta  contenida  en la censura y uno cualquiera de  tales objetivos que dotan de sentido al recurso extraordinario.   

4.  Los  precedentes defectos argumentativos  permiten  a  la  Sala  razonablemente  concluir que la demanda no cumple con las  exigencias  de  argumentación contenidas en las normas aludidas al inicio de la  parte  considerativa  de  esta  decisión,  motivo  por  el  cual  se  impone su  inadmisión.   

Se   arriba   a   idéntica   conclusión,  adicionalmente,  porque  del  contenido  de  la  demanda y de la revisión de la  actuación  no encuentra procedente la Sala la necesidad en este caso de superar  los  defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso  extraordinario  previstos  en  el artículo 180 de la Ley 906 de 2004 y en tanto  no  se  advierte la posibilidad de corregirlo oficiosamente por concurrir causal  de  nulidad  o  por  advertir  vulneración  de  garantías fundamentales de las  diversas partes.   

   

Ahora  bien,  habida  cuenta  que contra la  decisión  de  inadmitir  las  demandas  de  casación  procede  el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, habrán de seguirse  las  reglas  fijadas por la Sala para su aplicación3.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor    del    procesado    FRANCISCO   HERRERA  CHAVES,  por  las  razones  consignadas en la anterior  motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                     GUSTAVO           ENRIQUE           MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                JAVIER       ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Ciudadano español.   

2  A  partir  de  la  pág.  12  del  fallo  de  primer grado y de la 9 del de segunda  instancia.    

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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