41054(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado  acta Nº  208   

Bogotá        D.C.,  julio  tres  (3)  de  dos  mil trece  (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve acerca de la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  Procurador Segundo Judicial  II,  contra  la  sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior Militar el 24 de octubre de 2012, mediante la  cual  confirmó  la  proferida por el Juzgado Doce Penal Militar de Brigadas con  sede  en  Florencia,  del  8  de  junio  del  mismo año, que absolvió a Javier  Becerra Herrera del delito de inducción o ayuda al suicidio.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  sentenciador de segundo grado de la siguiente manera:   

“Siendo  aproximadamente  las 9: 30 horas  del  día  25  de  enero  de 2006, en momento en que es llevado a la oficina del  Oficial  S-3  para  ser  controlado  luego de haberse lanzado al lago del Fuerte  Militar  de Larandia, el Soldado Regular Mercado Yáñez Alexander, se causó la  muerte  mediante  un disparo con la pistola marca Pietro Beretta No 026984 MC de  propiedad  del  señor  MY.  Becerra  Herrera Javier, quien se desempeñaba como  Oficial  de  Operaciones  del  Batallón  de  Infantería  N°  35  ‘Héroes    de    Güepi”.   

2.  Por los anteriores sucesos la Fiscalía  General  19  Penal  Militar  de  Brigadas el 25 de octubre de 2011, calificó el  mérito  del  sumario  contra  el Mayor Javier Becerra  Herrera  con  resolución de acusación por el delito  de inducción o ayuda al suicidio.   

3. El expediente pasó al Juzgado Doce Penal  Militar  de Brigadas con sede en Florencia, autoridad que el 8 de junio de 2012,  dictó  sentencia  de  primera instancia en la que absolvió al citado procesado  del cargo formulado en la acusación.   

4.  Apelado el fallo por el Fiscal 19 Penal  Militar  de  Brigadas, el Tribunal Superior Militar el 24 de octubre de 2012, lo  confirmó en su integridad.   

El Procurador Segundo Judicial II interpuso  recurso de casación.   

SÍNTESIS    DEL  LIBELO   

Basado  en  la  causal  tercera,  según la  sistemática  reglada  en  la  Ley  600 de 2000, postula dos reproches contra la  sentencia del Tribunal, así:   

Primer cargo  

Acusa  que el sentenciador incurrió en una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por falso  raciocinio,  en  tanto  que  en el acto de apreciación probatoria, vulneró las  leyes  de la ciencia, la física, la lógica, “de la  sana    crítica    y    de   las   máximas   de   la   experiencia”.   

Como normas sustanciales agredidas cita los  artículos  107 del Código Penal, 234 y 238 del Código de Procedimiento Penal,  401  de  la  Ley  522 de 1999, y “el 344.3 de la Ley  1407 de 2010 o Código Penal Militar”.   

Advierte  que  el  Tribunal  aceptó que el  comportamiento  del  acusado  se  adecua  al punible atribuido en la acusación,  pero  coligió,  en  relación con el tipo subjetivo, que la conducta de Becerra  Herrera  estuvo  exenta de dolo, en la medida en que estaba convencido de que el  arma  de fuego no tenía municiones, “y para ello se  soporta   en   los   dichos   y   expresiones   posteriores   a  los  hechos  de  sangre”.   

A   continuación  el  libelista  pasa  a  transcribir  un  fragmento  del  fallo  recurrido  y  los  testimonios de Edward  Cardozo,  Diego Alexander Duarte Correa y Diego Armando Leal Calderón, a partir  de  lo cual colige que el juzgador violó “la ley de  gravedad  y  su  efecto en la materia”, toda vez que  es  posible percibir sensorialmente y en razón del peso que el arma entregada a  la  víctima  sí  estaba  cargada,  por  lo  que  muestra  inconformidad con la  conclusión  del  Tribunal,  en  cuanto  a que el arma no contaba con munición,  máxime  cuando  se  trata  de  un  oficial  con la suficiente experiencia en el  manejo de este tipo de objetos.   

Dice  que  el citado artefacto de dotación  del  acusado  dada  su calidad de Oficial del Ejército Nacional, es de la misma  marca  y  calibre.  Complementa  que  la  pericia de balística informa  la  existencia  de 9 proyectiles en la pistola, que cada cartucho pesa 12.45 gramos,  lo  cual  “da  un  peso total de 112.05 miligramos,  casi un cuarto (1/4) de libra…”.   

Indica  que  el  yerro  es  trascendente,  conforme  a  lo expuesto en precedencia, razón por la cual estima la ocurrencia  de la transgresión del citado principio que rige la sana crítica.   

Segundo cargo  

Denuncia   que   el   Tribunal   vulneró  indirectamente  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho por falso raciocinio,  “con   menoscabo  de  las  leyes  de  la  ciencia,  sicología,  y  la  siquiatría,  de  la  lógica,  de la sana crítica y de las  máximas de experiencia”.   

Como normas sustanciales agredidas cita los  artículos  107 del Código Penal, 234 y 238 del Código de Procedimiento Penal,  401  de  la  Ley  522 de 1999, y “el 344.3 de la Ley  1407 de 2010 o Código Penal Militar”.   

Agrega  que  el  juzgador  aceptó  que  el  acusado  “invitó”   al  soldado a suicidarse, por lo que existe objetivamente el punible por el cual  fue  absuelto,  de  todas  formas, advirtió igualmente la inexistencia del tipo  subjetivo,  esto  es,  el  dolo,  lo  cual  fue  derivado de las manifestaciones  posteriores  de  éste  una  vez  ocurrido el acontecer fáctico, a partir de lo  cual  el  casacionista  pasa  a  transcribir  un fragmento del fallo impugnado e  informa  que  se desconocieron los principios “de la  mente  humana,  en  el  comportamiento  y  en  sus  afecciones;  como lo son los  mecanismos   de  defensa  de  la  misma,  ya  sea  la  represión,  proyección,  identificación,    regresión,    intelectualización,   formación   reactiva,  desplazamiento,   sublimación,   aislamiento,   idealización,   polarización,  supresión,  disociación, agresión, entre otras, y en este caso, la negación,  según  la  cual,  el  ser humano para protegerse y ante un impacto traumático,  defiende   su   cordura  con  los  llamados  mecanismos  de  defensa”.   

Estima  que  dado  el  grado de Oficial del  procesado,  de  su  mando  y  responsabilidad,  se  infiere  que  éste dejó el  resultado  al  azar,  que  cuando  observó  lo  nefasto  que  fue,  apeló a la  negación,  contrario  a  lo  afirmado  por  el  juzgador  de segunda instancia,  “sin  apuntalar  el  fundamento científico y sólo  apoyándose   en   una   interpretación   subjetiva  como  lo  hace”.   

Afirma  que por lo expuesto en precedencia,  se  abstiene  de darle crédito a la versión del sindicado, en la medida en que  no  “está acorde con el momento de ejecución de la  conducta,  sino  que  es  ya una respuesta a las posibles consecuencias de ella,  que  fácilmente  y  rápidamente  son  interpretadas  por el sujeto”.   

En  esa  medida,  estima  que  no  se puede  predicar  la  ausencia  de dolo como equivocadamente lo adujo el Tribunal,   al   “tergiversar”  el  verdadero  sentido  de  las manifestaciones posteriores del procesado y apoyarse  en  un  aparte de la historia clínica siquiátrica del mismo, realizada 3 años  y  unos  meses  después  de  los  sucesos, ignorando los aludidos mecanismos de  defensa que utilizan las personas.   

Considera  que  el yerro de apreciación es  trascedente,  habida  cuenta  que  si  se  hubiese  tenido  en cuenta la ley del  comportamiento  humano referenciado, se habría concluido en el actuar doloso de  Becerra Herrera.   

Después   de   referirse  a  las  normas  presuntamente  vulneradas  por  el juzgador de segundo grado y de insistir en la  existencia  de los citados reproches en el acto de apreciación probatoria, pide  a  la  Corte casar la sentencia impugnada y en su lugar, emitir una de reemplazo  de  carácter  condenatorio en contra del acusado por el punible de inducción o  ayuda al suicidio.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La  demanda  de casación presentada por el  representante  del  Ministerio Público se inadmitirá por falta de interés, en  orden a postular el recurso de casación.   

En efecto, de acuerdo con la jurisprudencia  pacífica  de  la  Sala,  entre ellas, la sentencia del 6 de septiembre de 2007,  adoptada  en  el radicado 24460, en relación con los recursos, la legitimación  constituye  uno  de  los  presupuestos  de  procedencia  de  impugnación de las  providencias  judiciales,  según  el cual, es preciso que el impugnante ostente  la condición de sujeto procesal habilitado para actuar.   

Recuérdese  que  la legitimación en causa  corresponde  a  un  requisito en torno al cual, al recurrente le asiste interés  jurídico  para atacar la providencia, siempre y cuando la decisión le cause un  perjuicio  a  sus  intereses,  pues  no  hay  lugar a inconformidad respecto del  proveído    que    reporte    un    beneficio   o   que   simplemente   no   lo  perjudique.   

En  esa  medida,  el Ministerio Público no  está  exento  del  deber  de  impugnar  el  fallo  de primer grado, si aspira a  adquirir  legitimidad  para  un  eventual recurso de casación, pues el interés  general   que  representa  o  su  reconocida  condición  de  imparcialidad,  no  trastocan  la  calidad  de  sujeto  procesal  que  debe  actuar  en  igualdad de  condiciones  respecto de los demás, sin privilegios que no se hayan reconocidos  por la propia ley.   

Sin  embargo,   en  relación  con  la  exigencia,  en  orden  a  acceder  a este mecanismo de impugnación, la misma se  exceptúa en los siguientes casos:   

     

a. Cuando  se acredite que de manera  arbitraria   se   impidió   al   impugnante   el   ejercicio   del  recurso  de  instancia.     

     

a. Cuando el fallo proferido por el ad  quem  modifique de manera negativa, desventajosa o más gravosa la situación de  quien pretende demandar en casación.     

     

a. Cuando   se   surte  el  grado  jurisdiccional  de  consulta  y  resulta  agravada  la  situación  de  quien no  impugnó.     

     

a. Cuando la propuesta del demandante  en casación se orienta a conseguir la declaratoria de nulidad.     

De acuerdo con el recuento de la actuación  procesal,  es  fácil  advertir que una vez fue dictada la sentencia absolutoria  de  primera  instancia,  ésta  únicamente fue recurrida por el Fiscal 19 Penal  Militar  de  Brigadas,  razón por la cual se puede inferir que el representante  del  Ministerio Público mostró conformidad con las decisiones allí adoptadas,  máxime  cuando  al  notificarse  de manera personal del fallo, el 8 de junio de  2012,  se  abstuvo  de  realizar  cualquier manifestación en torno a un posible  desacuerdo  con  la  decisión  de absolver al acusado del cargo atribuido en la  resolución de acusación.   

Expresado  de  otra forma, el representante  del  Ministerio  Público  no  recurrió  la  sentencia  de  primera  instancia,  situación  que  lleva  a  predicar  la  ausencia  de  interés para recurrir en  casación.   

Así  las  cosas,  de  conformidad  con  lo  indicado  en  el  primer  inciso  del  artículo  213  de la Ley 600 de 2000, la  demanda será inadmitida por falta de interés del libelista.   

           

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por    el  Procurador  Segundo  Judicial  II, quien en este caso  carece de interés para acudir a la sede extraordinaria.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                    FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                               GUSTAVO E. MALO FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                            JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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