41044(05-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                            Aprobado acta N° 174.   

Bogotá, D. C., cinco (5) de junio de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación  de la demanda de casación presentada por el defensor  de   NARCISO   ENRIQUE  HERRERA  PABÓN  contra  la  sentencia del 28 de septiembre de 2012, mediante la cual  el  Tribunal  Superior  de Cartagena confirmó el fallo del 24 de agosto de 2011  proferido  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito Adjunto de la misma sede,  que  condenó  al  procesado a la pena principal de 150 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  término,  como autor responsable del delito de homicidio  agravado en grado de tentativa.   

HECHOS  

          El Tribunal los resumió en los siguientes términos:   

          “Los  supuestos  fácticos sobre los que  se  erigió  la  condena  resumida  en precedencia tuvieron lugar el veintinueve  (29)  de  noviembre de mil novecientos noventa y ocho (1998), en el interior del  establecimiento  comercial  denominado  Terraza  Jacan,  ubicado en el barrio el  Carmelo    de    esta    ciudad    (se   refiere   a  Cartagena), a los que precedió la exigencia del aquí  procesado   NARCISO   HERRERA   PABÓN  al  señor  JAIRO  GONZÁLEZ  MARTÍNEZ,  administrador  del local y víctima dentro del presente asunto, de que accionara  su  arma  en  contra  de  sí  mismo, en la práctica de la denominada “ruleta  rusa”  y ante la negativa de éste, el procesado HERRERA PABÓN disparó en la  sien  de la víctima, causándole la pérdida del órgano de la vista izquierdo,  pese  al  esfuerzo  realizado  por  éste,  en punto a evitar el resultado de la  acción”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Con  base  en  la denuncia formulada por  Jairo González Martínez, la  Fiscalía  dispuso  el  25  de  mayo  de  2000  la  apertura  de  la  respectiva  instrucción  penal,  en  cuyo desarrollo escuchó en indagatoria a NARCISO  ENRIQUE HERRERA PABÓN, a quien le  resolvió la situación jurídica el 5 de junio de 2001.   

2.  Cerrada  la  investigación,  el  fiscal  instructor  calificó  el  mérito del sumario el 24 de mayo de 2005, acusando a  HERRERA PABÓN como autor del  delito de homicidio agravado en grado de tentativa.   

3. Mediante proveído del 21 de noviembre de  2006,  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de Cartagena impartió  confirmación al pliego acusatorio.   

4.  Correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juez  Primero Penal del Circuito de la precitada ciudad, funcionario  que  surtió  las  audiencias  preparatoria  y  pública  de juzgamiento, a cuyo  término  profirió  sentencia de primera instancia, condenando al procesado por  el punible atribuido en la resolución acusatoria.   

5. En virtud de la apelación interpuesta por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Cartagena confirmó el fallo de primer  grado,  ante  lo cual el mismo sujeto procesal acudió al recurso extraordinario  de casación, sustentándolo oportunamente.   

LA  DEMANDA   

          El  actor  formula  dos  cargos contra la sentencia del Tribunal, el  primero  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 600 de 2000 y el  segundo  bajo  el  auspicio  de  la  causal  primera, cuerpo segundo de la misma  disposición legal.   

          En    el    primer   cargo   predica  la nulidad de la actuación por la comprobada existencia de  irregularidades  sustanciales  que  afectan  el  debido  proceso y el derecho de  defensa.  Al  respecto,  en  concreto, cuestiona al juzgador de primer grado por  desplazar  al  defensor  de  confianza del procesado, reemplazándolo por uno de  oficio,   solamente   por  la  inasistencia  de  aquél  a  algunas  diligencias  judiciales, sin establecer la razón de tales ausencias.   

          Para  el  demandante, la vulneración de la garantía del derecho de  defensa  así materializada no se funda en la falta de una adecuada gestión por  parte  del  defensor  de  oficio designado, sino en la decisión del juzgador de  impedirle  al  procesado contar con la asistencia del profesional del derecho de  su confianza.   

          En   ese   sentido,  es  del  criterio  que  la  referida  garantía  constitucional  no  consiste en estar asistido judicialmente por un “excelente”  abogado ni tampoco por el  defensor  de  oficio  que,  en sentir del juzgador, cuente con las más elevadas  calidades  de  litigante.  Por eso, considera de extrema ligereza la actitud del  juzgador  de reemplazar al abogado de confianza del procesado, coartando así su  libre   autodeterminación   de   elegir   a   quien   él  escogiera  para  tal  labor.   

          En  este  caso,  añade,  no  concurrían  las  causas  legales para  sustituir  al  defensor  de  confianza,  pues  no se evidenciaba el comprobado y  sistemático  incumplimiento  de sus deberes profesionales. Sobre el particular,  estima  que  la  mera  inasistencia  a una diligencia judicial no era suficiente  para  proceder  de  esa  manera,  máxime  cuando  la  causa  de esa conducta es  atribuible  a  la  omisión  del  mismo  juzgado  de  remitir  oportunamente las  comunicaciones de rigor.   

          Insistiendo  en  que  la transcendencia de la irregularidad consiste  en  la  vulneración  al  procesado  del  derecho  a estar asistido por un   defensor  de  confianza,  sobre todo cuando el mismo es sustituido sin darse las  condiciones   para  ello,  concluye solicitando la nulidad de la actuación  desde  el  26  de  mayo de 2010, fecha en que se produjo el inconsulto cambio de  defensor.   

         

          En    el   segundo   cargo   aduce  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de  error de hecho por falso raciocinio.   

          Al   respecto,  afirma  vulnerados  los  postulados  de  la  ciencia  provenientes  de  la  teoría  de  las  probabilidades, porque el fallador, para  predicar  la  existencia  de dolo eventual, encontró que la única bala alojada  en  el tambor del revólver tenía un 20% de probabilidad de percutirse, lo cual  era altísima.   

          Para  el  demandante,  cuando  se  trata  de  un  revólver,  si  se  introduce  al  mismo un proyectil la posibilidad de detonación, en realidad, es  de  una  a  seis  y  no  de  una  entre  cinco,  es decir, un poco más del 16%,  porcentaje  que  resulta  genuinamente  bajo  y, por lo mismo, insuficiente para  colmar  el  presupuesto  de  previsibilidad a que se refiere el artículo 22 del  Código Penal.   

          Considera,  en consecuencia, que la rigidez científica del anterior  postulado  impide  afirmar que el procesado actuó con dolo eventual e, incluso,  con  culpa  con  representación.  La  única imputación subjetiva, añade, que  podría  achacársele  sería  la de la culpa sin representación; luego, es del  criterio  que  el  fallador  aplicó  indebidamente los artículos 103 y 104 del  Código  Penal  y  dejó  de  aplicar  el  artículo 109, en concordancia con el  artículo 27 ibídem.   

          Sobre  la  trascendencia  del  yerro,  estima  que  de  valorarse la  ocurrencia  del  hecho  a la luz de los postulados científicos de la teoría de  la  probabilidad,  la  imputación  subjetiva  a  formular habría sido la de la  culpa  sin  representación,  en  vez del dolo eventual, pues resulta patente la  imprudencia   en   la  manipulación  del  revólver,  que  impidió  prever  la  realización  del  injusto típico, como se desprende de la indagatoria y de las  múltiples versiones de la víctima.   

          Señalando  que  con  la demanda pretende la efectividad del derecho  material,  así  como el respeto de las garantías de los intervinientes en este  proceso,  solicita  proceder a su admisión y, en su momento, casar la sentencia  para  decretar la nulidad de lo actuado conforme al primer cargo formulado o, en  su  defecto,  para  imputar  al  acusado  la  culpa  sin representación y, como  consecuencia  de  ello,  ordenar la cesación de procedimiento por prescripción  de  la acción penal, pues ya transcurrieron más de 5 años desde la diligencia  de indagatoria.    

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

La  demanda  instaurada  por el defensor del  procesado  NARCISO ENRIQUE HERRERA PABÓN será  inadmitida,  por  no  cumplir  los presupuestos de adecuada y  lógica  fundamentación  señalados  en  el  numeral  3º del artículo 212 del  Código  de Procedimiento Penal de 2000 y desarrollados por la jurisprudencia de  esta  Corporación,  cuya  finalidad  es evitar que la casación se convierta en  una tercera instancia.   

          En  efecto, en el primer cargo el  actor  aduce la vulneración del debido proceso y del derecho de  defensa,  por  cuanto  el  juzgador  sustituyó indebidamente al profesional del  derecho  de  confianza designado por el acusado, reemplazándolo por un defensor  de oficio.   

          Considera  el demandante que la irregularidad en mención constituye  nulidad  de  la  actuación,  así  el  defensor de oficio hubiese realizado una  excelente  gestión, pues la violación de la garantía en mención se concretó  por  el  solo  hecho  de  no  permitirse  al  procesado  ser  asistido  hasta la  terminación  del  proceso  por  el  defensor  que  eligió  de  manera  libre y  autónoma.   

          Olvida  el impugnante que, conforme lo tiene expresado la Corte, las  censuras  sustentadas  en  la causal de casación orientada a obtener la nulidad  de   la   actuación  deben  contener,  como  mínimo,  la identificación de la irregularidad, la expresión  clara  de  sus  fundamentos,  el  señalamiento  de  si  se trata de un vicio de  estructura  o  garantía,  la  indicación  de  la  norma  o normas violadas, la  mención  del  momento  procesal  en  donde  se  presentó la anomalía y de las  actuaciones  afectadas  con  la  misma,  así  como  motivar  su trascendencia y  demostrar  a  la  Sala  que la nulidad se erige como el remedio único y extremo  para enmendar la incorrección procesal.   

          De  modo,  pues,  que  la  sola  mención  de  la  existencia de una  irregularidad  no  es suficiente para entender debidamente sustentado en sede de  casación  un  cargo  de  la  naturaleza  del  formulado  en  este caso. Se hace  necesario  cumplir con la carga de fundamentación arriba aludida, entre la cual  se  encuentra  la de demostrar la trascendencia de la anomalía, cuya exigencia,  por  lo  demás, se corresponde con uno de los principios que, de acuerdo con la  Ley  600  de  2000,  orientan  la  declaratoria  de  las  nulidades, a saber: el  establecido  en  el  numeral  2º  del  artículo  310 de la citada disposición  legal,  acorde  con  el cual “quien alegue la nulidad  debe   demostrar   que   la  irregularidad  afecta  garantías  de  los  sujetos  procesales,  o  desconoce  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  y el  juzgamiento”.    

          Se   requería  entonces  que  el  casacionista  acreditara  que  el  defensor  de  oficio  designado  por  el  juzgador  no  cumplió a cabalidad sus  deberes  profesionales,  al  punto  de propiciar la decisión desfavorable a los  intereses  del  acusado,  que hubiera podido impedir el defensor de confianza si  no se le hubiese relevado de la actuación indebidamente.   

          Nada  de  lo anterior hizo el libelista, quien se limita, como ya se  dijo,  a  predicar  la  violación de garantías fundamentales sobre la base del  inmotivado  cuestionamiento  al  juzgador  por  su  decisión  de  sustituir  al  defensor  de  confianza,  sin  adelantar esfuerzo alguno en aras de demostrar la  incidencia  de  la  anomalía en los resultados de la actuación procesal.    

          En    el   segundo   cargo   denuncia  la  existencia  de  un  error  de  hecho derivado de falso  raciocinio.  Al  respecto  atribuye  al  juzgador  vulnerar los postulados de la  ciencia  derivados  de  la teoría de las probabilidades, cuando sostiene que el  porcentaje  de  percusión  de  una bala alojada en el tambor de un revólver es  del  20%, lo cual, para el censor, es equivocado pues, en verdad, ese porcentaje  asciende  a  algo  más  del  16%  si  se  tiene en cuenta que la posibilidad de  detonación es de una a seis y no de una a cinco.   

Si  por  ciencia  se  entiende  el    “conjunto   de   conocimientos  obtenidos   mediante   la  observación  y  el  razonamiento,  sistemáticamente  estructurados    y    de    los    que    se    deducen   principios   y   leyes  generales”1,  por  cuya  razón,  como  ha tenido oportunidad de señalarlo la  Corte,  “para que el sistema de conocimientos en un  área  de  la  ciencia  deduzca  una ley o un principio con carácter universal,  requiere   que  los  métodos  cognoscitivos  dirigidos  a  ese  fin  encuentren  fundamento  en conceptos exactos, cuya veracidad sea comprobable y demostrable a  través      de      la     práctica     social2  o científica”3, es claro que  la  postulación  del  casacionista  se distancia por  completo   de  tal  significación,  pues  el  ataque  se  basa  en  probabilidades,  mas  no  en  conceptos  exactos con la virtualidad de ser comprobables y demostrables.   

          Más  aún, el reproche tiene como fundamento el particular concepto  del  actor,  quien  considera  baja  la probabilidad de ocurrencia del resultado  lesivo,  atendido  que  la  posibilidad de detonación era de una a seis y no de  una  a  cinco, como lo señaló el Tribunal, sin esforzarse por explicar de qué  forma  la  modalidad  de  la  conducta  varía  sólo  porque  el  porcentaje de  probabilidad  de  percusión  no era del 20%, como lo analizó el fallador, sino  de algo más de 16%, como se indica en la demanda.   

          Por  lo  mismo,  se  queda en la mera especulación sostener que tal  circunstancia   convierte   el   dolo  eventual  deducido  por  el  ad  quem,  en  culpa  sin representación,  cuando  la  conclusión  del  juzgador  devino  de  la particular actuación del  procesado,  quien  puso  el  arma  de  fuego  en  la  sien  de  la víctima, con  conocimiento  de  que  el artefacto contenía una bala, tras lo cual la accionó  en   el   entendido   de  estar  participando  en  el  denominado  juego  de  la  “ruleta  rusa”,  dejando  entonces  el  resultado  librado al azar, de modo que si no es por el movimiento  efectuado  por  el  ofendido, que hizo desviar el proyectil, el mismo le hubiese  causado la muerte.   

          Surge  así  claro  que el censor no hace cosa diversa a plantear su  propia  visión  acerca  del  mérito  arrojado por las pruebas, pretendiendo su  acogimiento  por  la  Corte  y  la  desestimación  consecuencial  del  criterio  apreciativo  del  juzgador,  con  lo  cual  olvida que ese tipo de discrepancias  probatorias  no  están llamadas a prosperar en sede de casación, dada la doble  presunción    de    acierto    y   legalidad   que   acompaña   la   sentencia  impugnada.   

          Por  tanto,  habida cuenta de la inadecuada sustentación del único  cargo propuesto, la Sala inadmitirá la demanda objeto de examen.   

         Casación oficiosa:   

          Advierte  la Corte que el juez de primera instancia, en decisión no  reformada  por  el  Tribunal, vulneró el principio de legalidad al dosificar la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas,  pues la impuso a los procesados por el mismo término fijado para la  pena  principal de prisión, esto es, por ciento cincuenta (150) meses o, lo que  es  lo mismo, doce (12) años y seis (6) meses, cuando el límite máximo de esa  accesoria,  de  acuerdo  con lo establecido en el artículo 44 del Código Penal  de  1980,  en  cuya  vigencia  ocurrieron  los  hechos,  es  de diez (10) años.   

         La   Sala  corregirá  de  inmediato  el  quebranto  advertido,  en  aplicación    del   criterio   adoptado   en   providencia   del   12    de    septiembre    de    20074,   cuando   se   cambió  la  jurisprudencia  según  la  cual,  al  advertirse  la  vulneración   de  garantías  fundamentales,  debía  surtirse,  previamente,  traslado  al  Ministerio  Público  para  que  emitiera  concepto  sobre  el  particular, trámite éste  que  se  consideró inconsecuente  frente  al  deber  funcional  de la Corte de reparar los agravios causados a los  derechos superiores tan pronto avizore su presencia.   

          Por  tanto,  a  efectos  de  restablecer  la  garantía  fundamental  vulnerada,  la  Corte  casará  parcialmente  y  de manera oficiosa la sentencia  impugnada,  para  fijar  en diez (10) años la pena accesoria de inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.-          INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  NARCISO    ENRIQUE    HERRERA    PABÓN,   por   las   razones  señaladas  en  este  proveído.   

2.-    CASAR  oficiosa  y  parcialmente la sentencia, para fijar en  diez  (10)  años  la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  allí  impuesta a HERRERA PABÓN.   

3.-             DECLARAR  que los restantes ordenamientos  de la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

                                                                                                                     IMPEDIDO   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Diccionario  Esencial  de  la  lengua  española,  Real  Academia  Española, 2006.   

2  La  Ciencia, M.B. Kédrov y A. Spirkin; Ediciones Grijalbo.   

3  Sentencia del 15 de septiembre de 2010, radicación 32488.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  Penal.  Providencia  del 12 de septiembre de 2007,  radicación 26967.     

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