40982(04-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 172.  

Bogotá,  D.  C., cuatro (4) de junio de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  LUIS    CARLOS   MARTÍNEZ   CORREDOR   y  MARTHA    CELIA    HENAO    GARCÍA    contra  la  sentencia  del  29 de noviembre de 2012, a través de la  cual  el  Tribunal  Superior de Bogotá, al confirmar con algunas modificaciones  el  fallo  condenatorio  proferido  el  1º  de noviembre de 2011 por el Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  la  misma  sede,  impuso  al  primero de los  mencionados  la pena principal de 96 meses de prisión por los delitos de fraude  procesal,  estafa  agravada  tentada y falsedad en documento privado, mientras a  la  segunda  la pena principal de 92 meses por los punibles de fraude procesal y  estafa agravada tentada.   

HECHOS  

La  situación  fáctica base del proceso se  viene  resumiendo  por  los  falladores  de  instancia  de  la siguiente manera:   

“Tuvo  génesis  en  la  denuncia  penal  instaurada  por  MARTHA  CELIA  HENAO GARCÍA por el punible de hurto agravado y  calificado  del  vehículo  de  placas  BOB-810, acaecido el 22 de septiembre de  2006,  a  sabiendas que dicho punible no existía dado que el aludido rodante de  propiedad  de  su  esposo  LUIS CARLOS MARTÍNEZ CORREDOR, había sido entregado  motu  propio  a  otra  persona  con  el  fin de desaparecerlo a efectos de hacer  reclamación  pecuniaria  ante  la  Compañía  Aseguradora Liberty S.A., siendo  así  que  dicha  investigación  culminó con el archivo de las diligencias por  atipicidad   del   hecho,  destacando  además  que  MARTÍNEZ  CORREDOR  elevó  reclamación  para  obtener  el  pago  del  valor  asegurado  por  el siniestro,  acompañando  para el efecto constancias falsas que llevaron a la Secretaría de  Tránsito   a   cancelar   la   licencia   de  tránsito  para  el  (vehículo     de    placas)    BOB-810,  razón    por   la   que   se   procedió  a  la  judicialización  de  los  mencionados”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El 31 de mayo de 2007 el Juzgado Cincuenta  y  tres  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de garantías de Bogotá  realizó   audiencia  preliminar,  en  cuyo  desarrollo  la  Fiscalía  formuló  imputación  a  MARTHA CELIA HENAO GARCÍA por los delitos de falsa denuncia y fraude procesal.   

2.  Oportunamente,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de acusación contra la imputada, atribuyéndole  los delitos de falsa denuncia, falsedad en documento  privado,  fraude  procesal  y estafa agravada, cuya audiencia de formulación la  realizó  el  Juzgado  Séptimo Penal del Circuito de esta misma ciudad el 14 de  abril de 2008.   

3. En audiencia preliminar celebrada ante el  Juzgado  Cincuenta y ocho Penal Municipal con funciones de control de garantías  también   de   Bogotá,   la   Fiscalía  formuló  imputación  en  contra  de  LUIS   CARLOS   MARTÍNEZ   CORREDOR,   por  los  delitos  de  falsa denuncia, estafa agravada, tentativa de  estafa  agravada,  falsedad  en documento privado y fraude procesal, en concurso  homogéneo y sucesivo.   

4.  En  su  momento,  la Fiscalía presentó  escrito   de   acusación   en   contra  de  MARTÍNEZ  CORREDOR,  con  base en el cual el Juez Doce Penal del  Circuito  de  Bogotá  llevó a cabo la respectiva audiencia, en cuyo desarrollo  el ente investigador le atribuyó los punibles antes referidos.   

5.   Durante  la  audiencia  preparatoria,  iniciada  el  13  de  marzo  de  2009, el Juzgado Séptimo Penal del Circuito, a  petición  de  la  víctima  y  bajo  la  coadyuvancia  de  la Fiscalía y de la  defensa, decretó la conexidad de los dos procesos.   

6.  Concluida  la  audiencia  preparatoria y  realizado  el juicio oral, el director de la causa halló penalmente responsable  a   LUIS   CARLOS   MARTÍNEZ  CORREDOR  y   MARTHA   CELIA   HENAO   GARCÍA,  condenando  al  primero  a  título de determinador y a la  segunda  en  calidad  de  autora  del  delito  de falsa denuncia, y a los dos en  condición  de  coautores  de  los  punibles  de  fraude  procesal  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  en  concurso  heterogéneo  con  falsedad en documento  privado,  estafa  agravada  y  estafa agravada tentada, por razón de los cuales  les  impuso  las penas principales de 9 años y seis meses de prisión, multa en  cuantía   de   241   salarios   mínimos   legales   mensuales  y  5  años  de  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas.   

7.  Contra  el fallo de primera instancia la  defensa  interpuso  el recurso de apelación, por cuya vía el Tribunal Superior  de  esta  ciudad  declaró la prescripción de la acción penal en relación con  el  delito  de  falsa  denuncia atribuido a los dos acusados, así como respecto  del   punible   de   falsedad  en  documento  privado  imputado  a  HENAO  GARCÍA. Igualmente, absolvió a los  dos  acusados  por  el  delito  de  estafa agravada. De esa manera, modificó la  sentencia  de  primera instancia para condenar a los procesados en los términos  referidos en el acápite inicial de la presente providencia.   

8.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda   instancia,   la   defensa   acudió   al   recurso  extraordinario  de  casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante formula un único cargo contra el fallo del Tribunal,  el  cual apoya en la causal tercera de casación de la Ley 906 de 2004, esto es,  violación indirecta de la ley sustancial.   

          Al  efecto  denuncia  la  existencia  de  errores de hecho por falso  juicio  de identidad. Para sustentar el reproche sostiene que en la sentencia se  le  cambió el contenido a un hecho; en concreto, hace referencia a la actividad  de    “desguazamiento”  desarrollada   por   Jhon  Dimas  Guerrero,  para  cuyo  fin  entonces  el aludido recibió el vehículo, pero  respecto  de  la  cual  no se sigue necesariamente que los procesados estuviesen  realizando  también esa conducta. Sobre el particular considera determinante lo  afirmado   tanto   por   Dimas   Guerrero   como   por  Adrián  López,  a  quien  el  primero  compró  el automotor, en el sentido de no  conocer a los acusados.   

          Para  el  censor,  se altera el contenido de los citados testimonios  cuando   se   afirma   que   LUIS   CARLOS  MARTÍNEZ  y   MARTHA   CELIA   HENAO  están  comprometidos  en  el  comportamiento punible,  porque  aquéllos,  insiste,  manifestaron  no  conocerlos.  Estima  que  dichos  declarantes,  por  el  contrario, resultan favorables a sus prohijados, luego en  este caso hay un vacío probatorio claro y evidente.   

          En  su  criterio,  de  otra  parte,  el  estudio link con el cual se  pretendía   demostrar   la  consumación  de  una  estafa  en   contra  de  José  Guillermo Caro Enciso,  queda  desvirtuado  con el razonamiento del propio Tribunal, en cuanto concluyó  que  no  existió  voluntad  para  atentar  contra los intereses económicos del  mencionado Enciso.   

          La  duda,  añade,  se  mantiene  cuando se observa que las testigos  Edith   Patricia   Rodríguez   Páramo  y   Alba   Liz   Rodríguez  incurren  en  contradicciones  profundas,  frente  a  la  visita que  dijeron     haber     hecho     a     LUIS    CARLOS  MARTÍNEZ,  pues  la  primera  dijo  que  lo  conoció  personalmente  porque el celador se lo señaló, mientras la otra expresó haber  hablado  con  él  por  citófono,  pues  no  mostró  interés  en  bajar de su  apartamento.   

          Por  lo  anterior,  estima forzoso tener en cuenta el testimonio del  acusado     LUIS    CARLOS    MARTÍNEZ,  en  cuanto  manifestó  que fue él quien puso en conocimiento de  los  afectados  la  negociación  que se pretendía hacer con el automotor de su  propiedad,  lo cual se corrobora con el documento escrito incorporado al juicio,  en  donde se da aviso a Seguros Liberty acerca de lo ocurrido. El actor se queja  porque  el fallador no apreció dicho testimonio, a pesar de que el mismo, junto  con   el   documento   en   mención,  crea  una  incertidumbre  sobre  el  caso  debatido.   

          En   ese   sentido,   acusa  al  Tribunal  por  alterar  lo  probado  testimonialmente  y documentado con el aviso a Seguros Liberty, por cuanto en el  fallo   se   atribuye   ese   proceder   a   Alba  Liz  Rodríguez, cuando tal actuar fue obra de LUIS CARLOS MARTÍNEZ.   

          Reprocha  también  al ad quem no  valorar la evidente contradicción presentada en los testimonios  de  Alba  Liz  Rodríguez  y  Edith  Patricia  Rodríguez,  pues  la  primera dijo ser quien aportó el dinero para la compra del vehículo,  mientras la segunda manifestó lo propio.   

          Considera,  de  otra  parte, que se alteró la identidad del estudio  documentológico  realizado  por  la experta Luz Piedad  Castañeda  Villamizar,  por  cuanto el mismo no sirve  para  atribuirle  a  MARTÍNEZ  CORREDOR  el  delito  de  falsedad. Ello, añade, si se tiene en cuenta que el  vehículo  Skoda  aparece  en  varios  lugares el día 22 de septiembre; es así  como   mientras   Norbey   Adrián   López   Flórez  lo  sitúa  en el Barrio Siete de Agosto, Jhon   Dimas   Guerrero   y  Edith   Patricia   Rodríguez  Páramo  lo  ubican  en  el  Centro  Comercial Mazurén desde las 10 a.m., afirmación que se  pretendió  corroborar  con  las colillas de entrada y salida de ese sitio, pero  las  cuales  resultan  espurias porque la persona que aparece de turno realmente  no estaba allí, luego nunca las suscribió.   

          Insiste  el  actor  en  que  en  este  caso no se pudo determinar de  manera  tajante la ubicación del automotor, luego se alteran las pruebas cuando  se  predica  la  falsedad  de la constancia expedida por la abogada Claudia  Patricia Gutiérrez, en la cual se  certifica  que  el  Skoda  salió  del  Conjunto  Residencial  Lantana  el 22 de  septiembre   de   2006,   hacia   las   3:30  p.m.  conducido  por  MARTHA  CELIA HENAO GARCÍA, máxime cuando  la  citada  profesional  la suscribió con base en lo que le informó el testigo  presencial  José  David  Yáñez  Centero, vigilante del mencionado conjunto residencial.   

          Según  el  libelista,  el  juzgador  también  alteró  el  informe  grafológico  arriba aludido, porque en el mismo se hace mención a un vehículo  de  placas  BDB,  el  cual  es  diferente  a  BOB,  así  como  el testimonio de  Claudia  Patricia Gutiérrez,  pues  ésta manifestó que la constancia la expidió a solicitud de MARTHA  CELIA HENAO, mas no de LUIS CARLOS MARTÍNEZ.   

          En  relación con el fraude procesal, sostiene que los procesados se  limitaron  a  ejercitar el derecho fundamental de acceso a la administración de  justicia,  creyendo de buena fe que se hacían acreedores a una reclamación. En  este  sentido,  estima que el Tribunal alteró el referido derecho, “dándole  un  contenido  de  mentiras  a  las pretensiones de mis  defendidos,  cuando  dentro  de la jurisprudencia es tradición pacífica de que  una  mentira  por  sí misma, no es grave, pero además tampoco está demostrado  que  no  sea  verdad lo consignado por mis clientes”.  Adicionalmente,  cuestiona  al fallador por olvidar el carácter de ultima      ratio      del     derecho  penal.   

          En  punto  a  la  trascendencia, el casacionista argumenta que de no  haberse  alterado  el  contenido  material  de  las pruebas, el juzgador habría  dictado  sentencia  absolutoria  a  favor  de  los  procesados,  reconociendo la  presunción de inocencia de éstos.   

          De  esa manera, solicitó admitir la demanda y, en su momento, casar  el fallo impugnado para, en su lugar, absolver a sus prohijados.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

El   estatuto  procesal  penal  expedido mediante la Ley 906 de 2004,  conforme  ocurre  con  el  previsto  en  la  Ley  600  de  2000,  también  exige,  como condición para la  admisión   de  la  demanda  de  casación,  la  satisfacción  de  exigencias   de   lógica   y  adecuada  argumentación,  cuyo  fin  es  permitirle  a  la Corte, a partir de la     coherencia     y    precisión  conceptual   del  libelo,  establecer sin dificultad cuál es el error atribuido  al    sentenciador,    causante   de   la   violación   de   la  Constitución   o   la  ley  o  la  afectación  de  las  garantías  fundamentales de las partes.   

Esos   presupuestos   de   sustentación,  acorde  con  lo establecido  en  los  artículos  183  y  184, inciso segundo de la  precitada  Ley 906 de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal  invocada     y     al     adecuado    desarrollo  de  los  cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben   corresponder   en   un   todo   con   la  realidad  procesal1.   

          En  el  caso objeto de examen, advierte la Sala que el demandante no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

         En  efecto,  en el único cargo formulado  denuncia    la    incursión    en    error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  frente  a  la  valoración  de  las pruebas  incorporadas a la actuación.   

          Como  lo tiene dicho la jurisprudencia de la Sala, el referido yerro  se  estructura  cuando  el  fallador,  al  apreciar  la  prueba,  distorsiona su  contenido  fáctico  para  hacerle  decir  lo  que ella no expresa, en cuanto la  cercena, adiciona o translitera.   

Su adecuada sustentación le exige al censor  identificar  el medio sobre el cual recayó el dislate, realizar un cotejo entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el fallador, precisando los apartes donde  se   presenta   la   distorsión   y   luego   acreditar  la  trascendencia  del  yerro.   

          El    actor,   empero,   no   satisface   la   referida   carga   de  fundamentación,  pues  a  lo  largo  de  la  censura  se  limita, en general, a  cuestionar  el  mérito  asignado por el Tribunal a las pruebas y a postular, en  su  defecto,  su  particular  visión  sobre el poder suasorio de las mismas. Es  así  como  señala  que  la  afirmación de Jhon Dimas  Guerrero    y    Adrián  López,  acorde  con  la  cual  no  conocían  a  los  acusados,  descarta  el  compromiso penal de éstos en el acaecer delincuencial.  Dice  también  que  el  estudio link quedó desvirtuado con el razonamiento del  Tribunal  cuando  concluyó  en la no existencia de voluntad para atentar contra  los intereses económicos de Enciso.   

Sostiene, igualmente, que los testimonios de  Edith   Patricia   Rodríguez   Páramo  y    Alba   Liz   Rodríguez  no  son  dignos  de  credibilidad porque incurren en protuberantes  contradicciones,  mientras  la veracidad de lo dicho por los acusados no ha sido  desvirtuada  y,  en  general,  asevera que en este caso no logró demostrarse la  ubicación  del  automotor,  por  lo  cual  no  resulta  acertado concluir en la  existencia de una falsedad.   

          Así  visto  el  ataque,  es claro que el libelista equivoca la vía  casacional  para  controvertir  la  decisión,  pues respecto de la apreciación  efectuada  por  el sentenciador a las pruebas sólo procede, para destronarla en  esta  sede  extraordinaria,  evidenciar  la  incursión en un error de hecho por  falso  raciocinio,  para lo cual le corresponde acreditar la vulneración de los  principios  de  la  sana  crítica, integrados por las reglas de la experiencia,  los  postulados  lógicos  y  las  leyes  de la ciencia, nada de lo cual hace el  censor en la demanda.   

          Es  cierto que en algunos apartes de la demanda atina en atribuir al  sentenciador  alterar algunas pruebas. Sin embargo, se circunscribe a indicar el  contenido  de  las mismas, sin contrastarlo con el atribuido por el sentenciador  en orden a evidenciar la tergiversación.   

          Obsérvese   cómo   predica   la  distorsión  del  testimonio  del  procesado  MARTÍNEZ CORREDOR,  así  como del documento que éste remitió a Seguros Liberty, elementos con los  cuales,  en  su  criterio,  se  demuestra  que  fue  él  quien  dio  aviso a la  mencionada  firma  acerca  del  fraude, mas no Alba Liz  Rodríguez,   como   lo   concluyó  el  ad quem.   

         Para  el  demandante,  el  juzgador  también  alteró  el  informe  grafológico, porque en el mismo se hace mención a un  vehículo  de placas BDB, el cual es diferente a BOB, así como el testimonio de  Claudia  Patricia Gutiérrez,  en  cuanto ésta manifestó que la constancia respectiva la expidió a solicitud  de  MARTHA CELIA HENAO, mas no  de  LUIS  CARLOS  MARTÍNEZ.   

Pero, se insiste, el impugnante no identifica  los  fragmentos  en los cual el Tribunal asignó un contenido material diverso a  esas  pruebas.  Por  lo demás, de la lectura del fallo surge el desconocimiento  por  parte  del  actor del principio de corrección material, pues si bien allí  se  arribó  al  corolario  según  el cual el aviso a la aseguradora provino de  Alba  Liz  Rodríguez,  ello  ocurrió  a  partir  del  testimonio  de  esta  última, que el Tribunal estimó  creíble2.  En  este  aspecto,  se  advierte  en  el  censor la desatención,  igualmente,  del  principio  de  autonomía  de  las causales de casación, pues  predica  la  falta  de  valoración  del  testimonio  rendido  por  MARTÍNEZ    CORREDOR,   deslizando   la  postulación  hacia  los  terrenos  del  error  de  hecho  por  falso  juicio de  existencia.   

         Ahora   bien,   tampoco   es  verdad  que  el  sentenciador  hubiese  distorsionado   el   testimonio  de  Claudia  Patricia  Gutiérrez  para afirmar que la constancia la expidió  a   petición  de  LUIS  CARLOS  MARTÍNEZ,  cuando  lo  hizo  a  instancia de MARTHA  CELIA    HENAO.   El   ad  quem,  en realidad, concluyó que fueron ambos quienes  demandaron su expedición, como se observa a continuación:   

         “Sobre  la responsabilidad, se tiene que HENAO GARCÍA y MARTÍNEZ  CORREDOR  no fueron quienes directamente confeccionaron el documento espurio, ya  que,  como lo depuso ella misma en juicio oral, fue Claudia Patricia Gutiérrez,  en  condición  de  administradora  del conjunto residencial “Lantana” quien  expidió  la  mencionada  certificación; sin embargo, afirmó, elaboró escrito  por  petición  expresa  de  la  pareja  enjuiciada  quienes  eran completamente  conscientes    que    los    hechos    descritos    no    concordaban   con   la  realidad”3.   

             

         Adicional   a   lo  expuesto,  se  advierte  también  la  falta  de  sustentación  de  la  trascendencia de los yerros, pues en ese aspecto el actor  se  dedicó a sostener que de no haberse incurrido en ellos la decisión habría  sido  de  carácter absolutoria, sin esforzarse por demostrar de qué manera los  aducidos  errores  tenían la virtualidad de derrumbar los fundamentos del fallo  condenatorio.   

En  consecuencia,  atendida  la  inadecuada  sustentación  del único cargo formulado, la Sala inadmitirá la demanda objeto  de  examen, considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora  de  garantías  fundamentales  en  los  temas  contemplados  en  el  libelo, que  impongan superar los desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

No  obstante,  la  Corte  observa  que  los  sentenciadores  condenaron a MARTHA CELIA HENAO GARCÍA  por el delito de estafa tentada agravada, sin que haya  sido  objeto  de atribución en la acusación, situación que sugiere la posible  vulneración del principio de congruencia.   

Por  tanto,  la  Sala ordenará que una vez  cobre  ejecutoria  la presente decisión y se resuelva, en caso de interponerse,  lo   relacionado   con  el  mecanismo  de  insistencia  que  procede  contra  la  providencia  inadmisoria  de  la  demanda  conforme lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de   2004   y  de  acuerdo  con  las  reglas  fijadas  en  jurisprudencia reiterada de  la       Sala4,         vuelva  el  proceso  al  Despacho  de  la Magistrada ponente para de  oficio proferir, en su momento, el pronunciamiento de rigor.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.  INADMITIR la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  LUIS    CARLOS   MARTÍNEZ   CORREDOR   y  MARTHA  CELIA HENAO GARCÍA.   

        De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley 906 de  2004 y en los términos  referidos    en   el   acápite   final   de   esta   determinación,    contra   la   misma   procede    la   insistencia.   

2.  Ejecutoriada  la  presente  decisión y  resuelto,  en  caso  de  interponerse, el mecanismo de insistencia, volverá  el  proceso  al  Despacho  de la  Magistrada  ponente, a fin de que la Sala provea de manera oficiosa acerca de la  posible  vulneración de garantías fundamentales, conforme lo expresado en esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO            

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                     JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr. Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

2  Página 11 del fallo de segundo grado.   

3 Páginas 14 y 15 de la sentencia de segundo grado.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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