40953(22-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 157.  

Bogotá D.C., mayo veintidós (22) de dos mil  trece (2013)   

VISTOS  

De  acuerdo con lo dispuesto en el artículo  213   de   la   Ley   600   de  2000,  procede  la  Sala  a  la  “calificación  de la demanda” casacional  presentada  por  el  defensor  del  procesado  EDUARDO  MOGOLLÓN   BRUNO,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Cúcuta el 28 de septiembre de  2012,  confirmatoria  de  la  dictada en primera instancia por el Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  Adjunto de la misma ciudad el 16 de diciembre de 2011, por  cuyo  medio condenó al mencionado ciudadano, como autor del concurso de delitos  de falsedad en documento público y prevaricato por acción.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio  fueron  sintetizados  en  el fallo el a  quo en los siguientes términos:   

“Tuvieron  su  origen  en  las  irregularidades contenidas en la Resolución No. 06 de agosto 6  de   1999,   por   medio   de  la  cual  la  División  de  Recaudación  de  la  Administración   de   Impuestos  de  Cúcuta,  dispuso  compensar  la  suma  de  cuatrocientos   treinta  y  seis  millones  seiscientos  cincuenta  y  ocho  mil  novecientos  ochenta  y  seis  pesos ($436.658.986), a las deudas y obligaciones  que  tenía  para  con  la  Entidad,  la sociedad denominada Constructora Latino  S.A.,  representada  legalmente  por  el  señor  Néstor  Rosas  Sayago (qepd),  compensación  que  se  dio  por el pago de IVA en la adquisición de materiales  para  vivienda  de  interés  social,  produciéndose  el  acta  de  inspección  tributaria  fechada  en  julio  19 del mismo año, suscrita por MOGOLLÓN BRUNO,  quien  para  la época se desempeñaba como Técnico de Ingresos Públicos II de  la  mencionada  Entidad, a quien le correspondió la investigación que culminó  con   la   procedencia   de  la  devolución,  así  como  el  auto  de  archivo  070481999000753,  suscrito  por  Félix  Antonio  Quintero  Chalarcá y el aquí  sentenciado”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en la auditoría efectuada por la  Contraloría  General  de  la Nación, Seccional Norte de Santander y el informe  rendido  por  el  CTI el 16 de agosto de 1999, la Fiscalía Seccional de Cúcuta  dispuso  la  correspondiente  indagación  preliminar,  para  luego de practicar  algunas  pruebas  declarar  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo fue  vinculado,    entre    otros,    EDUARDO   MOGOLLÓN  BRUNO,  mediante  declaración  de  persona  ausente,  definiéndole  su situación jurídica con medida de aseguramiento de detención  preventiva  sin derecho a libertad provisional, como posible autor del delito de  prevaricato  por  acción,  proveído  que  al  ser impugnado por la defensa fue  confirmado  el  27  de junio de 2003 por la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal de la citada ciudad.   

Cerrada  la  instrucción,  el  mérito  del  sumario  fue calificado el 6 de febrero de 2006 con resolución de acusación en  contra  de  MOGOLLÓN  BRUNO  como  presunto  autor  del  concurso  de  delitos  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  y  prevaricato  por  acción  y  peculado por apropiación,  providencia  confirmada  en  segunda instancia el 2 de marzo de 2007 respecto de  los   dos   primeros   punibles,   oportunidad   en  la  cual  se  precluyó  la  investigación por el último delito.   

La  fase  del  juicio  fue adelantada por el  Juzgado  Cuarto  Penal  del Circuito de Cúcuta, despacho que una vez surtida la  ritualidad  dispuesta  para  este  ciclo  por el legislador y celebrada la vista  pública,  remitió  la  actuación  a  su homólogo el Juzgado Adjunto, el cual  profirió  fallo  el  16  de  diciembre  de  2011,  por  cuyo  medio  condenó a  EDUARDO  MOGOLLÓN a la pena  principal  de  cincuenta  y un (51) meses de prisión y multa por cincuenta (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales, y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la  sanción  privativa  de libertad, como autor penalmente responsable del concurso  de    delitos   de   prevaricato   por   acción   y   falsedad   en   documento  público.   

En  la  misma  decisión  le  fue  negado el  subrogado  penal  de la condena de ejecución condicional, pero le fue concedida  la prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

Impugnada  la  sentencia por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta la confirmó mediante fallo del 28 de septiembre  de 2012.   

Contra   el   proveído  del  ad   quem   el   mismo  sujeto  procesal  interpuso    recurso    de    casación   y   otro   profesional   del   derecho  mandatario  de     EDUARDO    MOGOLLÓN  allegó  la  respectiva  demanda, cuya admisibilidad se estudia en  esta providencia.   

EL LIBELO  

El  defensor  formula  cuatro reproches, que  postula y desarrolla en los siguientes términos:   

1.             Primer  cargo  (principal):  Violación  directa de la ley sustancial   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  primero,  el  recurrente afirma que se interpretó de manera errónea el  artículo  28  de  la Ley 190 de 1995 que se ocupa del delito de prevaricato por  acción.   

Luego  de  transcribir  apartes del fallo de  primer  grado,  refiere que el mismo a quo      reconoció      que      EDUARDO  MOGOLLÓN  firmó el auto del 19 de junio de 1999, por  medio  del  cual  se  dispuso  archivar  la  investigación adelantada contra la  Constructora  Latino  S.A.  y  viabilizar  la devolución o compensación de los  $436.658.985.oo,  pero  no tuvo en cuenta el cargo y el rol funcional de aquél,  pues  no  cualquier  servidor  público  puede cometer el delito de prevaricato,  sino  únicamente  el competente para emitir la resolución, dictamen o concepto  objeto de la investigación.   

Anota  que  el  ad  quem   adoptó  la  misma  interpretación  errónea,  incurriendo  en  un  nuevo  equívoco  al agregar que el Decreto 1288 de 1986 le  otorgaba  a  MOGOLLÓN BRUNO  la  facultad  de expedir el acto administrativo que motivó esta investigación,  cuando  en  realidad lo que dicho decreto establece es la posibilidad de expedir  un  acta,  que  es  diferente  del  acto  administrativo,  y no se asemeja a una  resolución  o  dictamen  en  los  términos  del  artículo 28 de la Ley 190 de  1995.   

          Luego  de transcribir jurisprudencia de esta Sala sobre la necesidad  de  que  el  sujeto  activo  del  delito  de  prevaricato  expida  la  decisión  manifiestamente  contraria  a  la  ley en el marco de su competencia y funciones  propias  del  cargo,  señala  que  si  su  procurado  era  Técnico en Ingresos  Públicos  II,  no  tenía  dentro  de  sus  funciones  la  de  proferir el auto  cuestionado,  pues  conforme  al manual de funciones, tenía entre otras, las de  “adelantar,  analizar y revisar las investigaciones  en  materia  tributaria  para  proyectar  los  actos administrativos pertinentes  garantizando   la   correcta   aplicación   de   las  normas  y  procedimientos  vigentes”,  luego  no  proyectaba  el acto, sino que  preparaba  el  material  con  el  cual  se proyectaría, amén de que tampoco si  proyectara  el  auto  podía  prevaricar,  pues  el  tipo  penal exige capacidad  funcional para proferir resolución o dictamen.   

          Precisa  que  así  como en un despacho judicial el único que puede  prevaricar   es   el  juez,  no  sus  empleados,  en  este  asunto  EDUARDO  MOGOLLÓN  no  podía cometer el  referido delito.   

          También  señala  que  el  competente  para  dictar el auto que dio  lugar  a este averiguatorio era el Jefe de Fiscalización Tributaria de la DIAN,  según  se logra evidenciar de la orden administrativa de pre y posdevoluciones;  el  Técnico  en Ingresos Públicos II no podía proferir dicho auto, pues ni el  Estatuto  Tributario,  el Estatuto del Contador (Ley 43 de 1990) ni el Manual de  Funciones, así lo disponen.   

Añade  que  según  el  artículo  688  del  Estatuto  Tributario,  la  referida función corresponde al Jefe de la Unidad de  Fiscalización,  pues  los  demás  deben  adelantar  visitas,  investigaciones,  verificaciones,    cruces,   requerimientos   ordinarios   y   las   actuaciones  preparatorias  a  los actos de competencia del Jefe de la Unidad, sin que puedan  proferir autos o actos administrativos.   

          Conforme  a  lo expuesto, el recurrente solicita a la Corte casar el  fallo de condena, para en su lugar absolver a su asistido.   

          2.        Segundo  cargo  (subsidiario): Violación indirecta por falso juicio  de identidad   

Refiere  el  actor  que  el error se produjo  sobre  dos  listas  paralelas  de  proveedores  (fols. 1307 y 1308), pues fueron  distorsionadas en su contenido objetivo.   

En  el desarrollo del cargo afirma que en la  Certificación  de  la Constructora Latino S.A. (fol. 1307 c. 5) suscrita por el  Gerente   y  el  Revisor  Fiscal  Raymundo  Ordóñez  Santaella  de  fecha 18 de marzo de 1999 con destino a  la  DIAN,  se  dice  que la facturación se encuentra vigente o en término para  hacerla,  la facturación corresponde al periodo junio a diciembre de 1998 y que  la  totalidad  de  facturas  fueron  canceladas  a  31  de  diciembre del citado  año.   

Por  su  parte,  en  la certificación de la  misma  constructora (fol. 1308 c. 5) firmada por el Gerente y la Revisora Fiscal  María  Yaneth Rangel Díaz,  fechada  el 18 de marzo de 1999 con destino a la DIAN, se dice que la entidad se  dedica  a  la  construcción  de  viviendas  de  interés  social, que sobre los  materiales  detallados  en  las  facturas  se  canceló el impuesto a las ventas  objeto  de  la  solicitud  de  compensación,  los  cuales  se  destinaron  a la  construcción  de  viviendas  de  interés  social,  y que el impuesto sobre las  ventas  cancelado  no  fue  tratado como descontable en la cuenta de impuestos a  las ventas por pagar, ni tratado como costo.   

          Puntualiza  que  según  lo  declaró  su  asistido, él no trabajó  respecto   de   la   primera   lista  –  la  cual  fue  analizada  por  la  Subdirección de Fiscalización  Tributaria  – sino sobre la  segunda.   

          Acto  seguido  refiere  que  si  bien  el  Tribunal  consideró  que  EDUARDO MOGOLLÓN sabía que  el  listado  suministrado por la constructora y revisado por él contenía datos  falsos,  no  lo  plasmó  así en el acta de inspección que levantó durante la  visita,   lo   cierto   es   que   tal   apreciación   resulta  “ilógica”,  pues si aquél trabajó con  la  lista  falsa  de proveedores, actuó con total desconocimiento de los hechos  constitutivos  de  la  falsedad,  en  cuanto la lista fue entregada junto con la  certificación    firmada    por    María   Yaneth  Rangel, proveniente de la Constructora Latino, de modo  que   “no  resulta  coherente  la  deducción  del  Tribunal”,  mientras  que  la  Subdirección si tuvo  acceso a la lista real de proveedores, pero la ocultó.   

          Resalta  que cuando su patrocinado visitó la Constructora encontró  todo  correcto, pues no sabía que la lista era falsa, ya que fue posteriormente  cuando     Gerardina    Rozo    Moreno,  Jefe  de  la  División  de  Recaudación,  se  percató  de  tal  suceso.   

          Deplora  que  por  el yerro denunciado no se haya reconocido a favor  de  MOGOLLÓN BRUNO un error  de  tipo,  circunstancia que imponía su absolución por el punible contra la fe  pública.   

          Con  base  en  lo  anterior, el defensor solicita la casación de la  sentencia,  para  entonces dictar “fallo absolutorio  por   la   totalidad  de  los  delitos  endilgados  a  mi  defendido”.   

3.            Tercer  cargo  (subsidiario): Violación  indirecta por falta de apreciación de la prueba   

          Advera  el  demandante  que  se  produjo un error de hecho por falso  juicio  de  existencia sobre lo declarado en tres oportunidades por Gerardina   Rozo   Moreno  (Jefe  de  la  División  de  Recaudación),  en las cuales dijo que en la Oficina Jurídica se  percataron   de   la   existencia  de  dos  documentos  suscritos  por  personas  diferentes,  que  el  expediente fue entregado en la División de Recaudación a  mediados  de  mayo  del  año  2000 y el descubrimiento de las copias diferentes  tuvo lugar en agosto de la misma anualidad.   

          Puntualiza  que su asistido no tenía acceso a los expedientes y por  tanto   desconocía  la  existencia  de  otra  lista  paralela  con  proveedores  diferentes,  amén  de  que  no  tenía la obligación de verificar que la lista  fuera real.   

De  otra  parte  advera  que  si  el proceso  “antes pasa por tres manos diferentes, en cualquier  punto  pudo  haberse incluido la lista paralela que firmaba María Yaneth Rangel  o  inclusive  venir  así desde el inicio”, de manera  que  si  EDUARDO MOGOLLÓN no  tenía  acceso al proceso y no hay prueba tampoco que hubiera accedido a él, no  es responsable por la conducta contra la fe pública.   

          Sobre      la      indagatoria      rendida     por     MOGOLLÓN   BRUNO   manifiesta   que  le  entregaron  una  solicitud  falsa  o paralela, a partir de la cual adelantó sus  inspecciones  y  verificaciones,  y por tal motivo considera que incurrió en un  error   de   tipo   frente  al  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público.   

          Acerca   de   si  era  deber  de  EDUARDO  MOGOLLÓN   revisar   a   fondo  los  papeles  de  la  Constructora  Latino  S.A.  y detectar las irregularidades, manifiesta en primer  lugar  el  defensor  que  si  así  fuera  el  error de tipo sería vencible que  degrada  la conducta a culposa, modalidad no dispuesta por el legislador para la  falsedad o el prevaricato.   

En segundo término expresa que si en gracia  de  discusión  quisiera  analizarse  el rol funcional de su procurado, tendría  que  concluirse que a él no correspondía revisar a fondo la contabilidad de la  Constructora Latino.   

Acto  seguido  transcribe  las funciones del  Técnico  en  Ingresos  Públicos II, definidas tanto en el Manual de Funciones,  como  en  el  Estatuto  Tributario para la inspección contable y la inspección  tributaria,  para  luego  concluir  que  el  acusado cumplió su rol al realizar  tales inspecciones.   

          Fundado  en  lo  expuesto, el recurrente solicita la casación de la  sentencia impugnada, para en su lugar absolver a su asistido.   

4.               Cuarto     cargo    (subsidiario):  “Falso  juicio de existencia por falsa apreciación  de la prueba”   

Advera el recurrente que el Tribunal dio por  demostrados  los  delitos  de falsedad y prevaricato, pese a que no se allegaron  las  actas de inspección contable y tributaria donde supuestamente se consignó  la  falsedad,  o  el  auto  en  el  que  se adoptó la decisión manifiestamente  contraria a la ley.   

Considera que el ad  quem  incurrió  en  un falso juicio de existencia por  suposición  de  los  citados  medios  probatorios,  motivo  por  el  cual no se  acreditó  el  tipo  objetivo  de  los  referidos  punibles; señala que es como  juzgar  un  homicidio  sin  persona  fallecida o un porte ilegal de armas sin el  arma.   

          De  conformidad  con lo anotado, el impugnante solicita la casación  del  fallo de condena, para que en su reemplazo se dicte sentencia absolutoria a  favor   de   EDUARDO   MOGOLLÓN   BRUNO.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         Ab  initio  impera  señalar  que si bien  dentro  del término dispuesto para la presentación de la demanda de casación,  el  acusado allegó un escrito con varios anexos, en el cual explica las razones  por  las  que  considera debe ser absuelto, lo cierto es que el artículo 209 de  la Ley 600 de 2000 dispone:   

“LEGITIMACIÓN.  La  demanda  de  casación  podrá  ser  presentada por el fiscal, el Ministerio  Público,   el   defensor   y   los   demás  sujetos  procesales.  Estos  últimos  podrán  hacerlo  directamente, si fueren abogados  titulados  y  autorizados para ejercer la profesión”  (subrayas fuera de texto).   

De  la  norma  transcrita  se  colige que el  trámite  del  recurso  extraordinario de casación está reservado por voluntad  del  legislador  a  la  actuación  de  un  profesional  del  derecho,  quien se  encuentra  facultado  para  sustentarlo  a  través  de  la  presentación de la  correspondiente   demanda,   como  ha  sido  señalado  por  la  Sala  en  otras  oportunidades:   

“Lo  anterior,  constituye  una  limitante  al ejercicio de la defensa material a la que legal y  constitucionalmente  el  sindicado tiene derecho. En efecto, siendo la casación  un  recurso  rogado,  de  carácter excepcional, y que supone un juicio técnico  jurídico  sobre  la  legalidad de la sentencia, resulta apenas razonable que el  legislador  imponga  como  exigencia para su ejercicio, la directa intervención  de  un  abogado  titulado  cuando  el sindicado no ostenta esta calidad, pues se  trata  de  un  medio  de  impugnación  que por sus características requiere de  especiales conocimientos jurídicos”.   

“No   puede  perderse  de vista que el artículo 127 le otorga al procesado, en su condición  de  sujeto  procesal,  las  mismas  facultades de su defensor, sin desconocer la  necesidad  de que éste, de todas maneras, se encuentre asistido por un abogado.  Por  eso,  la doctrina y la jurisprudencia han entendido que la defensa material  y  la  técnica  integran  una  unidad  inescindible, pero esto, sin embargo, no  significa  que  la posibilidad de su ejercicio simultáneo se extienda a todo el  proceso,  pues  tratándose  específicamente  de  la  casación  es  la  propia  ley  la  que  ha determinado que solo puede actuar un  abogado  a nombre del sindicado, es decir, el derecho  de  postulación,  en estos casos, se concentra en la defensa técnica. De igual  forma,   la   norma   en  cita  le  otorga  prevalencia  a  las  peticiones  del  defensor”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

Así  las  cosas,  es claro que el procesado  EDUARDO   MOGOLLÓN  BRUNO  carece  de  legitimidad  para sustentar el recurso extraordinario de casación a  través  de  la  presentación de la correspondiente demanda, toda vez que no es  abogado  titulado,  condición profesional sobre la que nada señala, ni tampoco  acredita  con  la  respectiva tarjeta profesional, circunstancia que impone así  declararlo,  amén de que tampoco es esta la oportunidad para que aporte pruebas  en su favor.   

Puntualizado  lo  anterior  se  tiene que de  tiempo  atrás  ha  señalado  la  Corporación  que  en  el  estudio  sobre los  requisitos  de  admisibilidad de las demandas de casación, es del resorte de la  Sala  verificar  que  los recurrentes formulen sus reproches con sujeción a los  requisitos  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente definidos por el  legislador  y  desarrollados  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso  extraordinario   no   se  convierta  en  una  tercera  instancia.  Tales  exigencias  se orientan a conseguir  libelos  enmarcados  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y de coherencia en la  postulación  y  demostración  de  los  cargos  propuestos,  en cuanto resulten  inteligibles  por  ser  precisos  y  claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante carece de interés o la demanda  no  reúne  los requisitos se inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

En   cuanto   atañe   al   primer  reparo  considera  la Sala, que si  bien  el  defensor  plantea  que  las  instancias desconocieron que MOGOLLÓN  BRUNO carecía de facultades y  funciones  para  proferir  el  auto  por  medio  del cual se dispuso archivar la  investigación  adelantada  contra  la  Constructora Latino S.A. y viabilizar la  devolución  o compensación de los $436.658.985.oo, tachado de prevaricador, lo  cierto  es  que, de una parte, no se ocupa de analizar la jurisprudencia de esta  Sala  sobre  tal  temática,  en  especial  aquella2  en  la  cual  se  acudió  al  análisis       etimológico      de      las      expresiones      dictamen       y       concepto,   para   concluir   que   son  sinónimos  y  que a la postre son propios de varios servidores públicos, entre  ellos,  los  agentes  del  Ministerio  Público,  los técnicos asesores de toda  suerte  de especialidades, los médicos legistas y demás facultativos con cargo  oficial.   

          Y  de  otra,  el  actor  no  se  adentra  a explicar por qué razón  considera  que  el acusado en su condición de Técnico en Ingresos Públicos II  no  dictaminó  o  conceptuó  al  levantar  el  acta  de  visita, dado que como  contador  público  expreso  su opinión y juicio respecto de los documentos que  inspeccionó  contable  y  tributariamente  en  ejercicio  de  sus  funciones de  “adelantar,  analizar y revisar las investigaciones  en  materia  tributaria  para  proyectar  los  actos administrativos pertinentes  garantizando   la   correcta   aplicación   de   las  normas  y  procedimientos  vigentes”,  con  resultados  ajenos  a la realidad y  contrarios a la legalidad.   

          Tampoco  se  detiene  a  pronunciarse  acerca  de  lo expuesto en la  acusación,  así  como  en  los  fallos de primera y segunda instancia sobre el  particular. En efecto, en la resolución acusatoria se puntualizó:   

“Estas actas de  inspección  contable  y  tributaria, adiadas 15 de junio de 1999, suscritas por  EDUARDO  MOGOLLÓN BRUNO, donde se pronunció sobre la  procedencia  de la devolución por valor de $436.658.985 a favor de CONSTRUCTORA  LATINO  S.A.,  constituyen  medio de prueba, toda vez  que  fueron  dadas  al  interior  de  la  investigación administrativa previa a  devoluciones,  con respecto a la viabilidad de la compensación y/o devolución,  con  fuerza  vinculante  conforme a la ley” (subrayas  fuera de texto).   

          Y más adelante se indicó en la misma decisión:   

“Teniendo  en  cuenta  lo  anterior,  es  innegable  que  EDUARDO  MOGOLLÓN  BRUNO  adecuó su  conducta  al  punible  que  se  le  endilga,  lo  que  hizo en forma conciente y  voluntaria,  pues  como  contador  público  que era,  conocía  las  implicaciones que conllevaba el hecho de faltar a la verdad en su  dictamen, el que sin lugar  a  dudas  resultaba  de  gran incidencia dentro de la determinación a tomar por  parte  de  la  administración  local”  (subrayas  y  negrillas fuera de texto).   

          En el fallo de primer grado se afirmó:   

EDUARDO  MOGOLLÓN  “realizó  una  inspección contable el 15 de junio  de  1999,  en  la  cual  se constataba la exhibición de libros de caja, diario,  mayor,   balances  e  inventario;  afirmando  además  que  se  verificaron  las  operaciones  registradas  contablemente,  las  que cumplían con los requisitos,  normas  y  procedimientos  generalmente  aceptados.  Es  así  que  mediante  acta  de  la  misma fecha, arriba a la conclusión que se  rechaza  la  suma  de  $30.173.168  y  que procede la devolución a CONSTRUCTORA  LATINO  de  $436.658.985,  por cuanto constatadas las  facturas  solicitadas  con  la  relación  enviada por el contribuyente y con el  documento  físico  que  reposa  en  contabilidad  fueron  encontradas correctas  (…).   

“Ahora  bien,  con       base      en      el      concepto acabado de analizar rendido por  EDUARDO  MOGOLLÓN  BRUNO, y firmado por FELIX QUINTERO CHACARCÁ, se produce un  acto   administrativo,   esto   es,   el   Auto  No.  070481999000753  de  julio  19  de  1999,  en  donde  se  dispuso el archivo del  expediente  y  la  procedencia  de  la  devolución a CONSTRUCTORA LATINO de los  $436.658.985”   (subrayas   y  negrillas  fuera  de  texto).   

          A su vez, en la sentencia del Tribunal se indicó:   

“Y   es  que  este  dictamen   proferido,   acta   de   visita,   en  su  calidad  de  servidor  público autorizado por el Decreto 1288, es el que da  fe  que el material auditado, facturas, requerimientos, libros, recibos de pago,  se  encuentran  conforme  a  la  Ley.  Visto  lo  anterior,  el  acta  de visita  adelantada  el  15  de  junio  de  1999  por  el  enjuiciado  recoge el material  probatorio   que   permite   establecer  si  la  solicitud  de  devolución  y/o  compensación  debe  ser aceptada o rechazada por la DIAN, según los diferentes  informes  allegados  a  la  foliatura  se puede apreciar que las manifestaciones  allí  plasmadas  son falaces, como quiera que siendo la persona garante ante la  entidad  estatal y pudiendo evitar un resultado dañoso con su comportamiento no  lo   hizo   generando   al  estado  un  riesgo  jurídicamente  reprochado  pues  conllevó  al  error  mediante  el  cual se ordena el  archivo  del  expediente  y  se  acepta  la  solicitud de la Constructora Latino  S.A.”   (subrayas   y  negrillas fuera de texto).   

“(…)   el  sentenciado  asegura que no incurre en el delito de prevaricato por acción, sin  embargo   teniendo   en  cuenta  que  es  la  persona  autorizada  por  el Decreto 1288 de 1986 para una vez cumplida la visita proceda  a  elaborar  el  acta  que  da  término  a  la  investigación y con la cual se  sustenta  que  los  documentos  revisados gozan de total validez y credibilidad,  permitió  con  ello  expedir  la  resolución  en  la  que se ordene el pago de  $436.658.985,   sin   corresponder   dicho   valor   a   la   realidad   de   la  compensación”    (subrayas   fuera   de   texto).   

     

          Las   razones  expuestas  resultan  suficientes  para  inadmitir  el  reproche.   

Como  en el segundo  cargo  el defensor plantea un error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  es  oportuno rememorar que tal yerro acontece cuando los  falladores   al   ponderar  el  medio  probatorio  distorsionaron  su  contenido  cercenándolo,   adicionándolo   o   tergiversándolo,   motivo   por  el  cual  corresponde  al demandante identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el  elemento  de  convicción  y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos  producidos  a  partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte resolutiva de  la  sentencia  atacada,  tópico  de  improcedente  demostración  con el simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del  recurrente  sobre  la  prueba cuya  tergiversación  denuncia,  en  cuanto es su obligación acreditar materialmente  la  incidencia del yerro en la falta de aplicación o la aplicación indebida de  la  ley sustancial en el fallo, esto es, señalar la modificación sustantiva de  la  sentencia atacada con la corrección del error y la debida valoración de la  prueba,  en  conjunto con las demás, obligaciones no asumidas rigurosamente por  el casacionista.   

En efecto, es evidente que pese a referir la  existencia  de  dos  certificaciones y de sendas listas de proveedores suscritas  por  diferentes  revisores  fiscales,  en  primer  lugar  no  dice  que aspectos  objetivos  fueron  adicionados,  cercenados  o  tergiversados,  amén  de que no  manifiesta  cuál  de  las dos listas y en qué aspectos fue distorsionada en su  contenido  objetivo,  y sin ello, el falso juicio de identidad denunciado carece  de acreditación material.   

En  segundo  término,  no  se  ocupa de los  razonamientos  ofrecidos  en  las  instancias  para  concluir  que  MOGOLLÓN  BRUNO cometió el delito contra  la  fe  pública  al  consignar hechos ajenos a la realidad; únicamente expresa  que   la   conclusión   del   ad   quem      es      “ilógica”  y  que  “no  resulta  coherente la  deducción  del  Tribunal”,  discurrir  propio de la  violación  indirecta  de la ley sustancial derivada de error de hecho por falso  raciocinio,  el  cual  tiene  lugar cuando los falladores derivaron de la prueba  deducciones  contrarias  a  los  principios  de  la  sana crítica, esto es, los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia.   

Tratándose  de  dicho yerro, corresponde al  libelista  establecer  qué  dice  en concreto el medio probatorio indebidamente  ponderado,  qué  se  infirió  de  él  en  la  sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder que en este asunto no acometió el defensor.   

          Es  palmario  que  tal  como  lo tiene suficientemente dilucidado de  antaño   la  Colegiatura,  es  improcedente  que  en  la  demostración  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  los  demandantes  en  casación  expongan su  particular  visión  del  asunto  y  la  opongan  a  las  consideraciones de los  falladores  en el ámbito de la apreciación de las pruebas, dada la presunción  de    acierto   y   legalidad   de   la   cual   se   encuentra   revestida   la  sentencia.   

Tampoco  el  censor  señala  la  norma  de  carácter  sustancial  cuyo  quebranto se produjo en forma mediata, ya por falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida, de modo que el planteamiento se torna  inconcluso  y  se  desentiende  de la preceptiva contenida en el numeral 1º del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000, según la cual, la casación procede  “cuando   la   sentencia  sea  violatoria  de  una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta    inexcusable    (numeral    3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más para advertir  incorrecciones   lógicas   y   de   fundamentación  en  la  presentación  del  reparo.   

          Conforme a lo anterior, la censura debe ser inadmitida.   

Con    relación    al    tercer  cargo,  en  el  cual se postula un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  de pruebas,  considera  oportuno  la  Corte  indicar  que  dicho yerro acontece cuando pese a  estar   la   prueba  en  el  diligenciamiento  es  totalmente  marginada  en  la  apreciación  judicial,  caso  en el cual debe el demandante indicar el elemento  probatorio  omitido,  cuál  es  la  información objetivamente suministrada, el  mérito  demostrativo  al  que  se hace acreedor y cómo su estimación conjunta  con  el  resto  de pruebas conduce a trastrocar las conclusiones de la sentencia  impugnada, deberes cuyo cumplimiento tampoco asumió el actor.   

          En   efecto,   olvida   el  defensor  que  tanto  en  el  fallo  del  a  quo (fol. 1664), como en  la  sentencia  del  ad  quem  (fol.  27)  se  ponderó  la declaración de Gerardina  Rozo  Moreno, de modo que la acreditación material del  error  por falso juicio de existencia por omisión de prueba queda sin sustento.  Ahora,  si  lo  pretendido era resaltar que fue cercenado un aparte trascendente  de  su  declaración,  le  correspondía  plantear  un  error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  cuya  acreditación  es  diversa,  según se precisó al  analizar el cargo segundo.   

Respecto  del argumento defensivo referido a  que  el  procesado no tenía acceso a los expedientes y por tanto desconocía la  existencia  de  otra  lista paralela con proveedores diferentes, amén de que no  tenía  la  obligación  de  verificar  que  la lista fuera real y no hay prueba  tampoco  que  hubiera  accedido  al  diligenciamiento,  motivo por el cual no es  responsable  por  la conducta contra la fe pública, encuentra la Sala que   tal  observación  no  pasa de ser la personal apreciación del recurrente, pero  no   se   enmarca  de  alguna  forma  dentro  del  falso  juicio  de  existencia  postulado.   

          Tampoco  es  cierto  que  no  se  tuviera  en  cuenta la injurada de  MOGOLLÓN BRUNO, pues a ella  se  refiere  el  proveído  de  primer grado (fol. 1666), así como el fallo del  Tribunal  (fols. 14, 16 y 17), motivo por el cual, una vez más la demostración  objetiva del error denunciado queda sin soporte.   

          Como  viene  de  verse,  es  claro  que  en esta censura el defensor  refiere  toda  clase  de  situaciones sin una ordenación definida, proceder que  conspira  contra  el  principio  de  claridad y nitidez obligatorio para quienes  concurren  en  casación,  en  cuanto  es  su  deber  expresar  los  asertos  de  “forma clara y precisa”,  según  lo exige el numeral 3º del artículo 212 de la legislación adjetiva de  2000.   

         

          El reparo debe ser inadmitido.   

Finalmente,   acerca   del   cuarto  cargo  constata  sin dificultad la  Colegiatura  que  el  demandante  se  sustrae  por completo de lo dicho sobre el  particular  por  el  Tribunal en el fallo impugnado, pues es claro que en virtud  del  principio  de libertad probatoria establecido en el artículo 237 de la Ley  600  de  2000  “Los  elementos  constitutivos de la  conducta   punible,   la   responsabilidad   del  procesado  (…)  podrán  demostrarse  con  cualquier  medio  probatorio,  a menos que la ley exija prueba especial, respetando siempre los  derechos    fundamentales”   (subrayas   fuera   de  texto).   

          Así  las  cosas,  no asiste razón al libelista al aducir que no se  demostró  el  tipo  objetivo  de  los delitos por los cuales se procedió, pues  contrario  a su planteamiento, tales aspectos fueron acreditados con suficiencia  mediante  otros  medios  probatorios,  máxime  si  el  procesado nunca negó la  existencia  de  las  actas  de  inspección contable y tributaria, y tanto menos  desconoció haberlas suscrito.   

          Conviene  precisar acerca del ejemplo ofrecido en la demanda, que la  demostración  material  de los delitos de homicidio o porte ilegal de armas, no  precisa  de manera ineludible de hallar el cuerpo del occiso o el arma de fuego,  respectivamente,  pues a partir del citado principio de libertad probatoria, con  otros  medios  de  convicción  pueden  acreditarse  tales  elementos  del  tipo  objetivo     en    los    mencionados    punibles3.   

          Las   falencias   expuestas   son   suficientes  para  inadmitir  el  reproche.   

De acuerdo con lo expuesto, encuentra la Sala  que  en evidente olvido de la dual presunción de acierto y legalidad de la cual  se  encuentra  revestido  el  fallo,  el  casacionista  únicamente  orientó su  esfuerzo   a   exponer  en  forma  desordenada  y  sincrónica  toda  suerte  de  situaciones  que  en  su  criterio  condujeron  al  fallo  de  condena, pero sin  detenerse    a    observar    las    reglas    propias    de   este   medio   de  impugnación.   

Así  las  cosas,  concluye la Corporación  que  si  el  impugnante no  ajusta  su  demanda  a  las  mencionadas  exigencias  dispuestas para postular y  demostrar      los  reproches  contra el fallo  de  segundo grado y, en virtud del principio de limitación que rige el trámite  casacional  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar las falencias de  aquella,  de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000 se impone de plano la inadmisión del libelo.   

         Finalmente   es   oportuno   destacar   que   no   se   observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o  en la providencia  impugnada,   violación   de   derechos   o  garantías  del  acusado,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le  confiere   el  legislador  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      INADMITIR, por falta de  legitimidad,  el  escrito  presentado en esta sede por el procesado EDUARDO MOGOLLÓN BRUNO.   

2.           INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del mencionado ciudadano, por las razones expuestas  en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Providencias  del  14 de abril, Rad. 18122, del 30 de junio, Rad. 22324, y del 4  de mayo de 2005. Rad. 21271, entre otras.   

2  Sentencia del 25 de febrero de 2003. Rad. 17871.   

3 Cfr.  Sentencia del 11 de abril de 2012. Rad. 33920, entre otras     

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