40915(04-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 170  

Bogotá D.C., veintinueve (29) de mayo de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  de  JAMES  EDIXON  SANTACRUZ  MORA  contra la  sentencia  proferida  el  5  de  diciembre  de  2012, por cuyo medio el Tribunal  Superior  de  Pasto  confirmó  la dictada el 22 de agosto del mismo año por el  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado de esa ciudad, que lo condenó  a  once  años de prisión e inhabilitación para el ejercicio  de derechos  y   funciones   públicas   por  el  mismo  lapso,  como  autor  del  delito  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas, municiones de uso restringido, de uso  privativo de las Fuerza Armadas o explosivos.   

HECHOS  

Fueron  resumidos  en  el  fallo  de segunda  instancia de la siguiente forma:   

“El  11  de  septiembre del año próximo  pasado,  en  el  centro  poblado  del corregimiento de San José de la Victoria,  municipio  de  Ipiales  (N),  ENTRE  9:00  y  9:30  de  la  mañana, un grupo de  policías  que  prestaba  vigilancia  en  el  sector, acopió información de un  habitante  del lugar que se aproximó a la sub-comandancia de la policía, aquel  aseveró  que  un  hombre  ubicado  en  una esquina de la plaza principal, en la  tienda  “La  Milagrosa”  al cual describió en su vestimenta, portaba lo que  en su parecer era una granada.   

Este   grupo   de  policías,  que  valga  mencionar,  se  encontraba  en  comisión  indefinida  en  dicho  corregimiento,  desplegó  un  operativo  con el fin de corroborar la información recaudada; al  llegar  al lugar, encontraron a un hombre similar al descrito por el informante,  ergo,  procedieron  a  registrarlo,  encontrándole en el bolsillo derecho de su  chaqueta, una granada de fragmentación.   

Ipso  facto,  JOSÉ FORERO CADENA, gendarme  que  adelantó  personalmente  la requisa, le leyó al señor SANTACRUZ MORA los  derechos  del  capturado,  acto  seguido  fue  conducido  a  la sub-estación de  policía,   donde   se   lo   identificó   y   se   suscribió   el   acta   de  incautación”.         

ANTECEDENTES RELEVANTES  

El 12 de septiembre de 2011, ante el Juzgado  Primero        Penal        Municipal        de       Ipiales       (Nariño),  la Fiscalía imputó cargos a  JAMES    EDIXON    SANTACRUZ    MORA   como  autor  del  delito de fabricación, tráfico y porte de armas,  municiones  de  uso  restringido,  de  uso  privativo  de  las  Fuerza Armadas o  explosivos,  del  artículo 366 del Código Penal, modificado por la Ley 1453 de  2011.       

          El  12  de  enero  de  2012,  el  ente  acusador  radicó escrito de  acusación  en  contra del procesado por el punible indicado, cargos ratificados  durante  la  audiencia  de formulación de acusación celebrada el 13 de febrero  del  mismo  año  ante  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado de  Pasto.   

En  el citado despacho judicial se evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juicio  oral,  a  cuyo  término profirió  sentencia  de primer grado el 22 de agosto de 2012 por medio de la cual condenó  al  procesado  a la pena principal de once años de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  igual,  tras encontrarlo responsable del delito por el que fuera acusado.  De  igual  forma,  le  negó  el  subrogado  penal  de  la condena de ejecución  condicional de la pena y la prisión domiciliaria.   

Contra  el fallo de primer grado, la defensa  interpuso  recurso  de  apelación,  sobre  el  cual  se  pronunció el Tribunal  Superior  de  Pasto  el  5  de  diciembre de 2012, impartiéndole confirmación.   

En desacuerdo con la providencia anterior, la  defensa  interpuso  recurso  de  casación, por cuyo motivo el libelo presentado  con el fin de sustentarlo se remitió a esta Sala.   

LA DEMANDA  

         

          Propone   un  único  cargo  sustentado  en  la  causal  tercera  de  casación  prevista  en  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  un  error  de  hecho por falso  raciocinio  el  cual  concreta  en que, “El error de  juicio  que  cometió  el  Tribunal  tuvo  ocurrencia  al no darle mérito a los  testimonios  de  la  defensa;  señora  NANCY  GORETY TREJOS CASTRO y la señora  MARIBEL  DEL  SOCORRO  BASTIDAS  GOYES, pruebas en que recae el falso raciocinio  del Tribunal”.    

Lo  anterior,  agrega,  porque  las  citadas  declarantes  observaron  el  procedimiento  de requisa realizado por la Policía  Nacional,  percatándose  de  que  el patrullero José  Forero  Cadena  introdujo  un objeto de color verde al  bolsillo  derecho  de  la  chaqueta  del acusado JAMES  EDIXON  SANTACRUZ  MORA.  Y  aunque  existen pequeñas  inconsistencias  en  sus atestaciones, coinciden en lo principal, esto es, en la  implantación  de  la  granada  en  las  ropas  del procesado, circunstancia que  permite sostener la veracidad de sus dichos.   

Entonces,  considera que el Tribunal omitió  las  reglas  de  la  experiencia denominadas, “entre  más  cerca  al  instante de los hechos declare un testigo, más confiable será  su   relato”  y  “casi  siempre   que  un  testigo  miente  tiene  interés  en  el  proceso”,  por  cuanto  no  tuvo en cuenta que las declarantes no tenían  interés  en  el  proceso  y  no  se demostraron vínculos de amistad. Por ende,  agrega,  de  haberse  valorado  la aludida testimonial, la conclusión del fallo  hubiese  sido  diferente y no se habrían infringido los artículos 7, 372, 373,  377  a  381,  383,  402  y  404  de  la  Ley  906  de  2004  y  366  del Código  Penal.      

Finalmente,  solicita  casar  la sentencia y  fallar  en  derecho  para restaurar las garantías fundamentales de JAMES  EDIXON  SANTACRUZ MORA. Además, si  es  necesario,  la  Corte  debe  superar  los defectos de la demanda mediante la  casación  oficiosa  para  preservar  los  derechos  esenciales  del  procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Para  que  la  demanda  de  casación  sea  admitida,  acorde  con  las preceptivas previstas en la Ley 906 de 2004, resulta  imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos  orientados a que  contenga  una  exposición  lógica  y argumentada, tal como lo impone el inciso  segundo  del artículo 184, cuando establece que “no  será  seleccionada…  la  demanda que se encuentre en alguno de los siguientes  supuestos:   si  el demandante carece de interés, prescinde de señalar la  causal,    no    desarrolla    los    cargos   de   sustentación…”.   

De  igual forma, acorde con el artículo 183  ibídem,   el   recurso  extraordinario      de     casación     se     interpondrá     “mediante  demanda  que  de  manera  precisa  y  concisa señale las  causales invocadas y sus fundamentos”.   

Además  de  lo  anterior,  el  libelo  debe  evidenciar  la necesidad del fallo para cumplir los fines del recurso, según lo  dispone  la  última  parte  del segundo inciso del mencionado artículo 184, al  señalar    que    también    se   inadmitirá   la   demanda   “cuando  de  su  contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del  fallo  para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  del recurso”.   

Entonces,  con  la Ley 906 de 2004 adquieren  significativa  importancia  los  fines  del  recurso,  al punto que en el inciso  siguiente  de  la  misma  preceptiva,  se establece que la Corte “atendiendo  a  los  fines  de  la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Así mismo, resulta viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  lleva a exigir para la admisión de la demanda que aflore la necesidad  del  pronunciamiento  de  fondo para satisfacer alguno de sus fines previstos en  el artículo 180 del estatuto procesal.   

Sobre  esta  exigencia,  conviene precisarlo  desde  ahora,  el  libelo  sólo  incluye una ligera alusión a la necesidad del  fallo  de  casación para reparar el agravio presuntamente inferido al procesado  en  tanto  fue condenado, cuando, en criterio del libelista, debió ser absuelto  dada su ajenidad a los cargos imputados.   

A dicha falencia se suma que la necesidad del  fallo  no  surge  del  contexto  del  libelo,  pues  el  mismo se circunscribe a  proponer  un  error de hecho por falso raciocinio, sin atender la naturaleza del  reproche postulado.   

En  efecto,  la  casual  invocada  por  el  casacionista  se presenta por la incorrecta apreciación probatoria, derivada de  los  denominados  errores  de  hecho  y  de derecho. Los primeros se originan en  falsos  juicios de existencia, falsos juicios de identidad y falsos raciocinios;  los   segundos,   por   su   parte,   en   falsos  juicios  de  legalidad  y  de  convicción   

La  modalidad  de  error  de hecho por falso  raciocinio,  aducida  por el censor, se configura cuando el sentenciador aprecia  la  prueba desconociendo las reglas de la sana crítica, esto es, los postulados  lógicos, leyes científicas o máximas de la experiencia.   

En  tal supuesto le corresponde al libelista  señalar  qué  dice  concretamente el medio probatorio, qué se infirió de él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el mérito persuasivo otorgado y, desde  luego,  determinar  el  postulado  lógico,  la  ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su consideración correcta e identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada. Así mismo,  deberá  demostrar la trascendencia del error expresando con claridad cuál debe  ser  la adecuada apreciación de aquella prueba, con la indeclinable obligación  de  acreditar  que  la  enmienda del yerro daría lugar a un fallo esencialmente  diverso y favorable a los intereses de su representado.   

En  la  censura objeto de estudio si bien se  identifican  dos  medios  de prueba de carácter testimonial sobre los que recae  el  pretextado  vicio  valorativo,  esto  es,  las declaraciones de Nancy   Trejo   Castro   y  Maribel  del  Socorro Bastidas Goyes, y se  menciona  el mérito otorgado al mismo, al indicar que se negó su credibilidad,  lo  cierto es que no se esbozan los restantes elementos del reproche, por manera  que  la  censura  quedó  reducida  a  un  alegato de instancia donde la defensa  expresa  su  inconformidad  frente  a  la  ponderación de los citados medios de  convicción  y,  a  la  vez,  intenta  imponer  su propia interpretación de los  mismos.   

Y  aunque señala como postulados de la sana  crítica  presuntamente  vulnerados,  las  reglas  que denominó “entre  más  cerca  al  instante  de los hechos declare un testigo,  más    confiable    será   su   relato”   y,   b)  “casi  siempre que un testigo miente tiene interés  en  el  proceso”,  no  acreditó  su  existencia, es  decir,  no  demostró  que dichas frases en verdad constituyan pautas empíricas  generalmente  aceptadas al interior de la comunidad jurídica y que  no son  producto    de    su    particular   percepción   o   de   sus   especulaciones  personales.      

Adicionalmente,  no  vinculó la percepción  del  Tribunal  en  torno  a  los  testimonios de Nancy  Trejo  Castro  y Maribel del  Socorro  Bastidas Goyes con las mencionadas reglas, por  manera  que  el  análisis  quedó  fraccionado  y  sin soporte que evidencie la  trasgresión  de  las  citadas pautas. Así, no se sabe cómo o porqué el hecho  de  no  darle  crédito  a  las  afirmaciones  de  las  declarantes desconoce la  afirmación  según  la  cual  cuando  “un  testigo  miente  tiene  interés  en  el  proceso” o cómo se  relaciona  la valoración negativa de la Colegiatura a  quo  con  la  frase “entre  más  cerca  al  instante de los hechos declare un testigo, más confiable será  su relato”.   

Lo  anterior resulta cierto aun considerando  la  atestación  defensiva  según  la  cual  no  se  demostró la existencia de  amistad  entre  las  deponentes  y  el  procesado, pues no se hace la respectiva  conexión  con las presuntas máximas infringidas y, además, porque el Tribunal  sí  evidenció  una relación de afinidad entre Nancy  Trejo  Castro  y el procesado  SANTACRUZ MORA.     

Entonces,   la   demanda   carece   de  la  fundamentación  propia  del reparo casacional seleccionado por el libelista, en  tanto   no   contempla   aspectos  que  obligatoriamente  debía  analizar  para  patentizar  la  violación  de  la ley sustancial por la vía del error de hecho  por  falso  raciocinio. En ese orden, el reproche se circunscribe a un enunciado  abstracto  sin  concatenación  con  la realidad procesal, reflejo exclusivo del  parecer  del libelista sobre cómo debió apreciarse la prueba testimonial de la  defensa.   

Al  constatarse  que  el  censor se limita a  exponer  su criterio personal en punto de la valoración de las citadas pruebas,  resulta  evidente  que  incumple  el  deber  de proponer un cargo completo, bien  estructurado,  resaltando  cada  uno  de  los  aspectos  que configuran el falso  raciocinio  y,  además,  desconoce  la naturaleza extraordinaria del recurso de  casación,   máxime   cuando   no  hace  evidente  la  producción  de  errores  sustanciales  en  el  fallo que logren derruir la doble presunción de acierto y  legalidad  que  lo gobierna, por manera que prevalece el juicio del sentenciador  sobre la opinión subjetiva del recurrente.   

          En  tal  sentido, fue objeto de amplia discusión al interior de las  instancias  la  tesis  de  la  implantación  de  la  granada  por  parte de los  policiales  en  las  ropas del  acusado, por manera que constituyó el tema  principal  de  debate, sin que la defensa no lograra imponer su teoría frente a  la  fuerza  y  el  respaldo  probatorio  de  la  acusación. En ese contexto, la  insistencia  en el tema refleja el propósito de acceder a una tercera instancia  que  pondere  nuevamente  tal  postura  defensiva,  con  lo cual se desconoce la  naturaleza extraordinaria del recurso.   

          Así, véase lo expuesto por el Tribunal al respecto,   

“Ahora,  bien,  sobre  el  punto  exacto donde se llevó a cabo la requisa no hay discusión, ni  menos  que  en  la  misma  el  requisado fue SANTACRUZ MORA, sobre estos puntos,  testigos  de  cargo  como  de  descargo  coinciden  en señalar con simetría lo  reseñado.  Esta  premisa  toma  importancia  ahora  que se entra a estudiar los  testigos de la defensa, veamos:   

Aquí  el  Tribunal,  hay que aclararlo, se  apega  con  fidelidad al análisis probatorio efectuado por el Juez a quo, quien  encontró  profundas  inconsistencias  en  los testimonios de descargo, al punto  que,  los  testigos  con que la defensa pretendió poner en duda la autoría del  hecho  punible  por  parte de SANTACRUZ MORA, es decir, los testigos MARIBEL DEL  SOCORRO  BASTIDAS  GOYES  y NANCY TREJO CASTRO, fueron desacreditadas, tanto por  la  Fiscalía,  como  por  los  restantes  testimonios  del  extremo defensor, e  incluso,   así   mismas.                  

En  efecto,  así  sucedió, pues el señor  LÓPEZ  QUIROZ,  propietario del establecimiento de venta de granos y minutos de  celular,  de  plano  desdeña la presencia de MARIBEL DEL SOCORRO BASTIDAS GOYES  en  el lugar de los acontecimientos, contradicción profunda entre los testigos,  y  como  quiera  que el primero de estos atendía su negocio, quiere significar,  por  obligada  lógica,  que  la  segunda  no  se  encontraba  en dicho lugar. A  diferencia  de las tenues contradicciones entre los policías, esta presenta una  mayúscula   connotación,  que  lleva  a  descreer  de  la  testigo”1.   

          De  esta  manera, en el proceso de ponderación probatoria efectuado  por  el  Tribunal  no se advierte infracción de las reglas de la sana crítica,  pues  ello  no  emana  la  revisión  del  material  probatorio  acopiado ni fue  evidenciado  por  el  libelista  mediante  la  formulación de un cargo lógico,  coherente y debidamente explicado.   

Los  defectos  argumentativos  puestos  de  manifiesto,  permiten  a  la  Sala  concluir  que  la  demanda no cumple con las  exigencias   contenidas  en  las  normas  transcritas  al  inicio  de  la  parte  considerativa   de   esta   decisión,   motivo   por   el  cual  se  impone  su  inadmisión.   

Lo anterior, además, porque al considerarse  el  contenido  de  la  demanda  y revisarse la actuación, se arriba a idéntica  conclusión  en tanto no se observa necesario superar los defectos reseñados en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por la defensa de JAMES   DIXON   SANTACRUZ  MORA  por  las  razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                            FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                     GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR     OTERO                                             JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Folio 189 del expediente.     

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