40673(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 060  

Bogotá  D.C.,  febrero veintisiete (27) de  dos mil trece (2013)   

VISTOS  

Conforme  a los lineamientos definidos en el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, emprende la Sala la constatación de las  exigencias  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente en la demanda de  casación   presentada   por   la   defensora   de   los  procesados   JULIÁN  YESID  ARISTIZÁBAL  AGUILAR  y  JHON  FREDY ARISTIZÁBAL  ACEVEDO,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Medellín el 20 de noviembre de 2012,  confirmatoria  de  la  dictada  por  el  Juzgado  Catorce  Penal del Circuito de  Conocimiento  el  3 de octubre del mismo año, a través de la cual los condenó  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de homicidio agravado en  Carlos    Arturo   Agudelo   Velásquez.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio   fueron   adecuadamente  sintetizados  por  el  Tribunal  en  los  siguientes términos:   

“La noche del 28  de  enero  de  2009,  el  señor  Carlos  Arturo  Agudelo  Velásquez,  quien se  desempeñaba  como  jefe  de  comidas  y  alimentos en el Hotel Nutibara de esta  Ciudad     (Medellín,    se    precisa),  fue  visto  por  el  portero  del  edificio  cuando  entró  sin  compañía  a  su  residencia  ubicada  en  la  calle  48  No.  42  –   36,   apartamento   1203,   Nuevo  Bomboná,   siendo  aproximadamente  las  9:30  p.m.  Más  tarde  dos  jóvenes  ingresaron   al   apartamento   del   señor   Agudelo  Velásquez,  con  previa  autorización  otorgada  por  este al portero, saliendo ambos cuando se acercaba  la  media  noche.  Al  día  siguiente,  dos  compañeros  de trabajo de jefe de  comidas  acuden  al  edificio en busca de aquél, pues no se había presentado a  sus  labores y no respondía llamadas. El vigilante les informó que durante ese  día  no  se  habían  registrado  ingresos  ni  salidas,  realizó llamadas que  tampoco  fueron  atendidas,  por  lo  que  procedieron  a  subir al apartamento,  percatándose  que  el  televisor  y  una  luz estaban encendidas, procediendo a  abrir  la  puerta con una tarjeta, encontrando en una cama y cubierto de ropa el  cuerpo  sin  vida de Carlos Arturo Velásquez”, quien  presentó 109 heridas producidas con arma cortopunzante.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 27 de enero de 2012  ante  el  Juzgado  Veintinueve  Penal  Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de  Medellín  se  impartió  legalidad a la captura de JULIÁN      YESID      ARISTIZÁBAL      AGUILAR      y     JHON     FREDY     ARISTIZÁBAL  ACEVEDO,  oportunidad  en  la  cual  la  Fiscalía les  imputó  la  comisión  del  delito  de  homicidio  agravado,  a  la  que  no se  allanaron.   

En la misma diligencia, a instancia del ente  acusador  les  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento de detención preventiva  intramural.   

          Presentado  el  escrito  de  acusación,  el  7 de mayo de 2012 tuvo  lugar  la  correspondiente  audiencia,  en  la cual la Fiscalía insistió en la  imputación  del  referido  punible  contra  la  vida, sin que los procesados se  allanaran.   

Surtido  el  debate oral, el Juzgado Catorce  Penal  del  Circuito  con funciones de conocimiento de Medellín profirió fallo  el   3   de   octubre   de   2012,   por  cuyo  medio  condenó  a  ARISTIZÁBAL    AGUILAR    y  ARISTIZÁBAL ACEVEDO a la pena principal  de  treinta  y  ocho (38) años y seis (6) meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por veinte  (20)  años,  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  objeto  de  acusación.   

          En  la  misma  providencia les fue negada la suspensión condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

          Impugnado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  lo  confirmó íntegramente mediante proveído del 20 de noviembre de  2012,   decisión   contra   la   cual   el   mismo  abogado  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  y  posteriormente otra profesional designada por  los  acusados  allegó  el  respectivo  libelo, cuya admisibilidad se examina en  este auto.   

LA DEMANDA  

Luego    de    reseñar    in  extenso  el  curso  de  la actuación  procesal,  amén  de transcribir de igual forma las estipulaciones probatorias y  los  testimonios  recaudados,  la  demandante  postula  tres  cargos, los cuales  desarrolla en los siguientes términos:   

1.             Primer  cargo  (principal):  Violación  indirecta de la ley   

Bajo  la  égida  de  la  causal  tercera de  casación  reglada  en  la  Ley  906  de  2004,  la  recurrente  afirma  que  el  ad   quem   incurrió  en  violación    indirecta    de    la    ley,    producto    de    “errores  de  hecho  y  de  derecho  por  falso juicio de identidad,  falsos  raciocinios  y  falso juicio de existencia, de una parte, y falso juicio  de  convicción,  de  otra,  frente  a diferentes pruebas. Las pruebas sobre las  cuales  recae el error son las declaraciones de GUILLERMO HERNÁNDEZ FERNÁNDEZ,  y   consecuencialmente   lo   manifestado   previo   a   ello   en  entrevistas,  reconocimiento      al      (sic)     álbum  fotográfico,  videos de cámaras de seguridad y el retrato  hablado      que      este      aportó      al      ente     fiscal”.   

          Acto  seguido,  la  censora transcribe en su totalidad el testimonio  de   Guillermo  Fernández,  para   después  concluir  que  lo  dicho  “en  las  entrevistas,  lo plasmado en el retro (sic)  fotográfico,  difiere  ostensiblemente  de  lo manifestado en su  testimonio del juicio oral”.   

          Posteriormente  transcribe las consideraciones del Tribunal respecto  de  la  apreciación  del  citado  testigo,  y  luego reproduce el testimonio de  Edison Echavarría Sánchez,  más  adelante  alude  al  ingreso  de  personas  al  edificio donde residía la  víctima  el  día  de  los  hechos,  según  lo  captado  por  las  cámaras de  seguridad.   

Entonces,  la  casacionista  afirma  que  la  prueba   testimonial   fue   valorada  con  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción   y  apreciación,  al  punto  que  si  hubiera  sido  adecuadamente  ponderada, el sentido del fallo sería distinto.   

Concluye  la  demandante:  “En  síntesis,  tenemos  que miente el testigo, cuando en audiencia  señala  haber  manifestado  a  los funcionarios judiciales desde el mismo 29 de  enero  que  estaba  en  capacidad de reconocer a los homicidas del señor Carlos  Arturo,  pues tal y como consta en el reporte de iniciación, este fue enfático  al  decir  que  no  recordaba nada (…) Igual sucede en la entrevista previa al  retrato  hablado,  donde  contrario  a lo manifestado por el Tribunal, acerca de  que  el  hecho  de que solo hubiese dado las características de una persona, no  implicaba  que  no  recordara  al otro, como quiera que fuera concreto el señor  Hernández,  en  manifestarle  al  Agente  Galvis,  que  del  otro  no recordaba  nada”.   

          Más  adelante  orienta su labor a plantear su apreciación sobre el  citado  testigo  de  cargo,  en  punto  de  su  capacidad  de  memoria sobre las  características  físicas de quienes ingresaron al apartamento del occiso en la  fecha que ocurrió el suceso investigado.   

A  partir  de lo expuesto, solicita casar el  fallo atacado, para en su lugar absolver a sus asistidos.   

2.            Segundo  cargo (principal): Falso juicio  de existencia por omisión   

También  al  amparo de la causal tercera de  casación  dispuesta en el estatuto procesal de 2004, la defensora afirma que se  violó  indirectamente  la  ley,  toda  vez  que se incurrió en falso juicio de  existencia  por  omisión  del  testimonio de Cristian  Camilo Marín.   

En  la acreditación del cargo transcribe lo  declarado  por  el  testigo mencionado en cuanto atañe a que la víctima tenía  una     pareja     del     mismo    sexo    que    se    llamaba    Camilo,  y  refiere  que  su  dicho no se  mencionó  en  la  decisión  de segunda instancia, para finalmente solicitar la  casación  del  fallo,  a  fin  de  que  en  su  reemplazo  se  dicte  sentencia  absolutoria  en aplicación del principio in dubio pro  reo.   

          3.        Tercer  cargo  (subsidiario):  Violación  del  derecho a la defensa  técnica   

          Con  fundamento en a causal segunda de casación dispuesta en la Ley  906  de  2004,  advera la impugnante “la aplicación  indebida  de una norma del Bloque de Constitucionalidad, constitucional o legal,  llamada  a regular el caso, consistente en la falta del derecho fundamental a la  defensa técnica”.   

          En    la   demostración   del   reparo   expresa:   “La  actitud  pasiva del defensor, ocasiono  (sic)  que  la  sentencia  de haber sido proferida en  actuación  viciada por desconocimiento a la garantía fundamental de la defensa  técnica,    porque    el    defensor    de    los    vinculados    (sic)”.   

Considera  que  su  antecesor  fue inseguro,  indeciso   sin  rumbo,  incapaz  de  presentar  evidencia  física  y  elementos  materiales  probatorios,  y  desconocedor de las reglas que gobiernan el sistema  penal  acusatorio, máxime si los procesados tienen un bajo nivel académico que  les impedía asumir su propia defensa.   

          Aduce  que  bien  pudieron  mediar  acuerdos  o negociaciones con la  Fiscalía,   pero   por  el  contrario,  su  antecesor  efectuó  estipulaciones  probatorias  con  el  ente acusador que comprometieron la responsabilidad de sus  procurados.   

          Con  fundamento  en lo expuesto, solicita a la Corte “CASAR  PARCIALMENTE  el  injusto  fallo impugnado, para en su lugar  decretar  la nulidad del juicio oral a partir de la audiencia preparatoria, y en  su  lugar  disponer  se  repita  el mismo por un juez natural e imparcial en los  términos de ley”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Cuestión inicial   

Ab  initio impera  señalar  que  si bien dentro del término dispuesto para la presentación de la  demanda  de  casación, los acusados allegaron algunos escritos a través de los  cuales  deprecan  la nulidad de la actuación, lo cierto es que el artículo 182  de la Ley 906 de 2004 dispone:   

“LEGITIMACIÓN.  Están  legitimados  para  recurrir  en  casación los intervinientes que tengan  interés,  quienes  podrán  hacerlo directamente sui  fueren  abogados  en  ejercicio”  (subrayas fuera de  texto).   

De  la  norma  transcrita  se  colige  sin  dificultad  que  el  trámite  del  recurso  extraordinario  de  casación está  reservado  por  voluntad  del  legislador  a la actuación de un profesional del  derecho,  quien  se  encuentra  facultado  para  sustentarlo  a  través  de  la  presentación  de la correspondiente demanda, como ha sido señalado por la Sala  en otras oportunidades:   

“Lo  anterior,  constituye  una  limitante  al ejercicio de la defensa material a la que legal y  constitucionalmente  el  sindicado tiene derecho. En efecto, siendo la casación  un  recurso  rogado,  de  carácter excepcional, y que supone un juicio técnico  jurídico  sobre  la  legalidad de la sentencia, resulta apenas razonable que el  legislador    imponga   como   exigencia   para   su   ejercicio,   la   directa   intervención  de  un  abogado  titulado  cuando  el  sindicado  no  ostenta  esta  calidad, pues se trata de un medio de impugnación  que    por   sus   características   requiere   de   especiales   conocimientos  jurídicos”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

Así   las   cosas,   es   claro  que  los  procesados   JULIÁN   YESID   ARISTIZÁBAL  AGUILAR  y  JHON  FREDY ARISTIZÁBAL  ACEVEDO  carecen  de  legitimidad  para  sustentar  el  recurso  extraordinario  de  casación  a  través  de  la  presentación  de la  correspondiente  demanda,  toda  vez  que  no son abogados titulados, condición  profesional  sobre  la que nada señalan, ni tampoco acreditan con la respectiva  tarjeta  profesional,  circunstancia  que  impone  así declararlo, amén de que  tampoco   es   esta   la  oportunidad  para  que  presenten  alegaciones  en  su  favor.   

          Examen formal de la demanda   

Ha  puntualizado  la Corte que si bien en el  estatuto  procesal  de 2004 no media distinción entre el recurso extraordinario  por  la  vía común y por la discrecional en cuanto se marginó la exigencia de  la  cantidad  de  pena  máxima del delito para acceder a dicha impugnación, es  claro  que  corresponde  al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de derechos o  garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad del fallo de casación para cumplir alguno de los fines  establecidos  por el legislador en su artículo 180, esto es, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo establece  el artículo 184 de la citada legislación adjetiva.   

         En  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala constatar en la  formulación  y  desarrollo  de las censuras el acatamiento de las exigencias de  lógica   y    pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por la jurisprudencia, con el fin de evitar la transformación de  este   recurso   extraordinario   en   una  instancia  adicional  a  las  ordinarias.  Tales  requisitos  se  orientan  a  conseguir  el  desarrollo  de  los  libelos dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues  no  corresponde  a  la Corte  en  su  función reglada de orden constitucional y legal, develar o desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones de los  impugnantes en casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Precisado  lo anterior, de manera general se  advierte  que  desde la misma proposición de los cargos la defensora incurre en  falencias  de gran calado, pues de una parte, el reparo primero y el segundo son  propuestos  como  principales,  sin  percatarse  que  en una ordenación lógica  debía establecer cuál era el principal y cuál el subsidiario.   

          Y  de  otra,  en  la  tercera  censura  depreca  la  nulidad  de  la  actuación  derivada  de  la violación del derecho a la defensa técnica de sus  asistidos,  en  ostensible  quebranto  del principio de prioridad, en virtud del  cual,  primero  deben  proponerse los reproches que comprometen la legitimidad o  validez  del  trámite,  pues en caso de prosperar tornarían inane constatar la  evaluación  de  las  pruebas  o la atribución de justicia cuestionada, de modo  que tal reparo debió ofrecerlo como inicial.   

Ahora,    respecto    del   primer  cargo  encuentra  la  Sala  que su  planteamiento  es  bastante  confuso  al denunciar la violación indirecta de la  ley  sustancial  derivada  de “errores de hecho y de  derecho  por  falso  juicio  de  identidad, falsos raciocinios y falso juicio de  existencia,  de  una  parte,  y  falso  juicio de convicción, de otra, frente a  diferentes  pruebas.  Las  pruebas  sobre  las  cuales  recae  el  error son las  declaraciones  de  GUILLERMO  HERNÁNDEZ  FERNÁNDEZ,  y  consecuencialmente  lo  manifestado  previo  a  ello  en  entrevistas,  reconocimiento  al  (sic)   álbum  fotográfico,  videos  de  cámaras   de   seguridad  y  el  retrato  hablado  que  este  aportó  al  ente  fiscal”,  en cuanto es claro, por ejemplo, que si el  medio  de  prueba  fue  omitido,  no  pudo  ser tergiversado, ni se apreció con  quebranto  de  las  reglas de la sana crítica, de manera que resulta ilógico y  contradictorio  postular respecto del mismo medio de convicción un falso juicio  de  existencia  por  omisión,  y  a  la par, un falso juicio de identidad, o un  falso raciocinio, como lo hace la impugnante.   

          Advertido  lo  anterior,  encuentra la Colegiatura que la demandante  se  sustrae de lo dispuesto en el artículo 183 de la Ley 906 de 2004, según el  cual,   corresponde   al  censor  acudir  “mediante  demanda  que  de  manera precisa y concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo  preciso alude a lo  exacto,  riguroso,  estricto  o  minucioso,  y lo conciso se refiere a lo breve,  sucinto,  escueto  o  directo,  no  se aviene con tal exigencia dispuesta por el  legislador  que  se  propongan  sincrónicamente toda suerte de yerros de manera  vaga e imprecisa, sin desarrollar cada uno de ellos.   

         Tampoco  se  ajusta  a  la  técnica casacional que se transcriba la  prueba,  para  que  proceda  la  Sala  a  realizar  la  tarea que corresponde al  demandante  en  punto de inquirir por yerros en la apreciación de los medios de  convicción.   

          Aunque  la  defensora  plantea la violación indirecta de la ley, no  procede  de  conformidad,  pues  le  correspondía  identificar con exactitud el  yerro,  es  decir,  establecer si los falladores cometieron un error de hecho al  apreciar  la  prueba, bien sea porque pese a obrar en el diligenciamiento no fue  valorada  (falso juicio de existencia por omisión); ya porque sin figurar en la  actuación  se supuso su presencia allí y la tuvieron en cuenta en su decisión  (falso  juicio  de  existencia  por  suposición);  ora  porque  al considerarla  distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola o tergiversándola  (falso  juicio  de  identidad);  también,  cuando sin incurrir en alguno de los  yerros  referidos  derivaron  del  medio probatorio deducciones contrarias a los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las  leyes    de    la    ciencia   o   las   reglas   de   la   experiencia   (falso  raciocinio).   

          O  indicar  si  se produjo un error de derecho, en cuanto se negó a  determinado  medio probatorio el valor conferido por la ley o le fue otorgado un  mérito  diverso  al atribuido legalmente (falso juicio de convicción), o bien,  porque  los funcionarios al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera equivocada su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley para su práctica o aducción (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada,  el mérito demostrativo al que se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no acometió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   la  casacionista.   

Si el objetivo era invocar un falso juicio de  identidad,  era  su  deber identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia  atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Si  el  reclamo  se  encontraba  dirigido  a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder no asumido por la censora.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  era  su  deber identificar el medio  probatorio   que   tacha   de   ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía la demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que con la incorporación del medio de prueba que el  actor  estima  legal,  las  conclusiones  son  distintas de las contenidas en la  sentencia impugnada.   

Igualmente,  si  tenía  el  propósito  de  plantear  un  falso  juicio  de  convicción,  era  su  obligación demostrar la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta por el legislador, así como  su injerencia en el sentido del fallo, labor que tampoco asumió.   

De acuerdo a lo anterior, es palmario que en  evidente  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la que se  encuentra  revestido  el  fallo, la libelista únicamente orientó su esfuerzo a  transcribir  extensamente  las  pruebas  y  a  exponer en forma bastante breve e  indemostrada  que  no  estaba  de  acuerdo  con  el  sentido del fallo, pero sin  detenerse  a observar las reglas propias de este medio de impugnación, proceder  inaceptable  en  este  recurso  de  índole  extraordinaria,  no instituido para  alargar,  sin  más,  el curso de las instancias, sino para denunciar errores de  los  falladores en la aplicación de la ley, la apreciación de las pruebas o en  la guarda de la legitimidad y validez del diligenciamiento.   

          El reparo debe ser inadmitido.   

Con    relación    al    segundo  cargo, en el cual plantea un falso  juicio   de   existencia   por   omisión   del   testimonio   de   Cristian  Camilo  Marín, impera rememorar  que   tal   equívoco   tiene  lugar  cuando  pese  a  estar  la  prueba  en  el  diligenciamiento  no  es objeto de apreciación judicial, de modo que la censora  no  tiene  en  cuenta  la  valoración  que a espacio efectuó respecto de dicho  testimonio  el  a  quo en la  sentencia        de        primer        grado2,  la  cual,  al ser confirmada  por  el ad quem, comporta una  unidad  (principio  de  unidad  de  los  fallos),  circunstancia  que  deja  sin  fundamento el yerro planteado.   

Ahora, en cuanto atañe a la reclamación que  cifra  en  la  falta  de  aplicación del principio in  dubio  pro  reo,  era  imprescindible que señalara la  vía  de  su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o  indirecta.  Si  postulaba la primera, le correspondía demostrar que el fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de la providencia atacada la existencia de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad de la  conducta  o  la  responsabilidad  de  los  procesados  y, pese a ello, profirió  sentencia  de  condena  con exclusión evidente de la disposición normativa que  contiene   el   principio,   cuando  le  correspondía  en  consonancia  con  su  exposición   absolver,   circunstancia   que   no   tuvo   lugar  en  el  fallo  impugnado.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e  injerencia  en  la  sentencia impugnada, labor que tampoco realizó, amén de  que  no  identificó  las  dudas  ni  los  aspectos  que  no  fueron debidamente  dilucidados  y  probados  en  la  actuación  y  dan lugar a la conformación de  incertidumbre   trascendente   sobre   la   materialidad   del   ilícito  o  la  responsabilidad de sus asistidos.   

          El cargo debe ser inadmitido.   

          En    cuanto   se   refiere   al   tercer  reproche, advierte la Corte que al pretender la actora  la  nulidad  de  la  actuación,  era su deber señalar claramente la especie de  incorrección   sustantiva  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y  las  normas  que  estima  conculcadas,  con  la indicación de los  motivos  de  su  quebranto. También era de su resorte especificar el límite de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la cobertura de  la  nulidad,  demostrar  que procesalmente no existe manera diversa de restaurar  el   derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  incidencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), dado que  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

Dicho  lo anterior, puede constatarse que la  defensora  incurre  en varias faltas a la técnica casacional, pues no procede a  explicar  la  forma en que se produjo la violación al derecho de defensa de sus  procurados,  dado  que,  en  virtud  del  principio de trascendencia que rige la  declaratoria  de  nulidad  del  proceso,  es preciso acreditar la producción de  unos  resultados  adversos  y  lesivos a los intereses y derechos del sindicado,  pues  de  lo contrario, el vicio carece de trascendencia e imposibilita declarar  la pretendida invalidez.   

En efecto, aunque la casacionista plantea la  violación    del    derecho    a    la   defensa   técnica   de   JULIÁN      YESID      ARISTIZÁBAL      AGUILAR      y     JHON     FREDY     ARISTIZÁBAL  ACEVEDO durante el juicio, no atina a señalar de qué  manera concreta ello se vio reflejado en el fallo.   

Sobre   el   particular   ha   dicho   la  Sala:   

“Suficientemente  tiene        decantado        la        Corte3,     que     la  prosperidad  del  cargo  que  remite  a  la ausencia de defensa  técnica  o  su  abandono,  demanda  demostrar  efectivamente  causado  un daño  trascendente,   de   tanta   singularidad  él,  que  necesariamente  incidió  en  el  fallo,  a  la  manera  de  entender,  por vía  contraria,  que  de  haber  contado  con  un  profesional del derecho ejerciendo  eficientemente  su  labor  en  ese  preciso momento procesal, el resultado final  hubiese  sido  otro, dígase la absolución, o cuando menos una atemperación de  la responsabilidad penal”.   

“Al  efecto, la  Corte  ha  establecido  de antaño, pacíficamente, que únicamente en los casos  en  los  cuales  el  abandono  defensivo  operó  durante una etapa completa del  proceso,  dígase  la  instrucción  o  el  juicio,  se determina automática la  nulidad,  dado  que una tan profunda carencia representa clara violación de las  mínimas   garantías   procesales   y   ostensible  quebrantamiento    de       la      estructura      misma    de   la   

actuación     penal.    En  los demás casos, cabe agregar, dando cumplimiento al principio  de  trascendencia  es  menester  demostrar  efectiva  afectación del derecho de  defensa,  para  que  tenga eco la solicitud de nulidad  (subrayas fuera de texto).   

Encuentra la Corporación que el profesional  cuya  actividad  deplora  la  defensora  intervino  en  el  diligenciamiento,  y  finalmente   impugnó   el   fallo  de  primer  grado  e  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación.   

Como  viene  de  verse,  la  queja  de  la  recurrente  se  limita a reprobar de manera general la forma en que su antecesor  orientó  la  estrategia defensiva de los acusados, sin tener en cuenta que como  ya  lo  ha  sostenido  de  tiempo  atrás la jurisprudencia de esta Colegiatura,  resulta  improcedente  estructurar  el  reparo  por  violación  del  derecho de  defensa  a  partir  de  la  crítica  al ejercicio profesional de los defensores  anteriores,   como  que  ello  hace  parte  de  su  particular  percepción  del  asunto.   

Además,  pese  a  aducir  la violación del  derecho  a  la defensa técnica de sus patrocinados, no emprende esfuerzo alguno  por  señalar  cuál  fue el perjuicio concreto que sufrieron, es decir, de qué  manera  habrían variado las conclusiones del fallo si los defensores anteriores  hubieran  actuado de manera diversa, de modo que se desentiende del principio de  trascendencia  que  gobierna este medio de impugnación, en virtud del cual, las  irregularidades  que  no  comporten  afrenta  a  los  derechos  de  los  sujetos  procesales  carecen  de  virtud  para  disponer  la  casación  de  la sentencia  atacada.   

          De  otra  parte  se  tiene, que la alegación resulta poco menos que  incomprensible  al  plantear: “La actitud pasiva del  defensor,  ocasiono (sic) que  la  sentencia  de haber sido proferida en actuación viciada por desconocimiento  a  la  garantía  fundamental  de la defensa técnica, porque el defensor de los  vinculados (sic)”.   

Y  de otra, causa curiosidad la reclamación  de  la  defensora  orientada a la casación parcial del fallo, para acto seguido  solicitar  la  invalidación  del  proceso  desde  la audiencia preparatoria, en  cuanto  es  obvio  que si se anula la actuación desde dicha etapa, no es viable  casar  un  aparte  del fallo, incorrección adicional a las expuestas que impone  la inadmisión de la censura.   

En  suma,  es  evidente  que  en  manifiesto  desconocimiento  de  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  del  fallo,  la  defensora  procede  a  plasmar  su personal percepción fragmentaria e imprecisa  del  asunto,  sin acreditar una hipótesis ajena a la demostrada probatoriamente  por   la  Fiscalía  y  declarada  por  los  falladores  de  primera  y  segunda  instancia.   

Los   mencionados  equívocos   en   el   discurrir  de  la recurrente  imposibilitan  a  la Sala acometer el estudio de la demanda, pues si no se trata  de  un  alegato  de  libre  confección,  su presentación con base en análisis  probatorios   fragmentarios  e  imprecisos, y sin atenerse a las reglas lógicas  y  argumentativas  que  la  gobiernan, obliga a la Sala a inadmitirla de acuerdo  con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, pues en virtud del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,  la  Corte  no se  encuentra facultada para enmendar tales incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación   procesal,   violación   de   derechos   o   garantías  de  los  acusados, como para adoptar la  decisión  de  superar  los defectos de la demanda y decidir de fondo, según lo  dispone el inciso 3º del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      INADMITIR, por falta de  legitimidad,   los   escritos   presentados   por  los  procesados  JULIÁN      YESID      ARISTIZÁBAL      AGUILAR      y     JHON     FREDY     ARISTIZÁBAL  ACEVEDO.   

2.          INADMITIR el  libelo  casacional  presentado por la defensora de los  mencionados   ciudadanos,   de   acuerdo   con  las  razones  expuestas  en  las  consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante  elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                           GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Providencias  del  14 de abril, Rad. 18122, del 30 de junio, Rad. 22324, y del 4  de mayo de 2005. Rad. 21271, entre otras.   

2 Fol.  235. c.o. No. 1.   

3 Cfr.  Fallo  del  11  de julio de 2007. Rad. 24297. También en providencias del 11 de  julio  de  2002.  Rad.  11393,  18 de abril de 2002. Rad. 14609, 13 de agosto de  2003.  Rad.  15230,  22 de octubre de 2003. Rad. 20.571 y 26 de octubre de 2011.  Rad. 37601, entre otras.     

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