40659(15-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Aprobado Acta No. 148.  

Bogotá  D.C.,  mayo quince (15) de     dos     mil    trece             (2013)   

  VISTOS  

La Sala acomete el estudio de los requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  revisión  presentada por el defensor de  JOSÉ    ALBEIRO    ACEVEDO   DARAVIÑA  contra  la  sentencia  de  segundo grado proferida por el Tribunal  Superior  de  Buga  el 14 de septiembre de 2011, a través del cual confirmó el  fallo  dictado  el  22  de julio del mismo año por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de la citada ciudad, que lo condenó como autor penalmente responsable  del delito de homicidio agravado en grado de tentativa.   

HECHOS  

En  el fallo de segunda instancia, contra el  cual   se   interpone   esta   acción,  fueron  compendiados  de  la  siguiente  forma:   

“De  acuerdo a las pruebas practicadas en  el  juicio  oral,  siendo aproximadamente las 00:30 horas del 16 de noviembre de  2010,     en     el    establecimiento    público    denominado    ‘La          Tuza’  ubicado en la carrera 9ª con calle  12  de Buga, en donde se encontraban la señoritas Rita Esther García, Marcelly  García  Ríos,  y  un grupo de amigos, se hizo presente el señor JOSÉ ALBEIRO  ACEVEDO  DARAVIÑA,  excompañero  permanente  de  la primera de las citadas con  quien  procreó  una hija, el cual con arma cortopunzante le causó una herida a  nivel  de  la  espalda  que  le  perforó un pulmón y luego huyó del lugar, en  tanto   que  a  la  ofendida  se  le  practicó  una  intervención  quirúrgica  inmediata”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

La   Fiscalía   acusó   a   ACEVEDO  DARAVIÑA como presunto autor del  delito  de  homicidio agravado en grado de tentativa (art. 104-1, modificado por  el 26, numerales 4 y 7, de la Ley 1257 de 2008).   

La  fase del juicio correspondió al Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Buga, despacho donde, una vez surtido el debate  oral,  se  profirió  fallo  por  cuyo medio se condenó al mencionado a la pena  principal  de  dieciséis  (16)  años  y  ocho  (8)  meses  de  prisión y a la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas por el mismo  lapso   como   autor   penalmente   responsable  del  delito  por  el  cual  fue  acusado.   

En desacuerdo con la anterior determinación,  la  defensa  del sentenciado interpuso en su contra recurso de apelación, sobre  el  cual  se  pronunció  el  Tribunal Superior de la mencionada ciudad el 14 de  septiembre de 2011, impartiéndole confirmación.   

Posteriormente,  ante la misma corporación,  el  defensor  presentó  demanda  de  revisión,  la  cual,  de  acuerdo  con lo  dispuesto  en auto de sustanciación de fecha 28 de enero del año en curso, fue  remitida a esta Sala por competencia.   

LA  DEMANDA   

Con fundamento en la causal tercera prevista  en  el  numeral tercero del artículo 192 de la Ley 906 de 2004, se plantean, en  acápite independiente, los siguientes “hechos nuevos”:   

    

1. El  16  de  noviembre  de 2010, su  representado    “amaneció   con   su   compañera  permanente  señora  Diana  Quiñónez  Osorio,  en  la residencia ubicada en la  calle  27 No. 14 b-25 de Buga, hasta la mañana del día siguiente, para cumplir  con su labores diarias de trabajo”.     

          2.  Acto  seguido,  señala  que  “este  hecho  no se dio a conocer para evitar confrontaciones con la presunta víctima,  ya  que existen precedentes donde la señora Rita Esther García Ríos, agredía  de  manera verbal y física a la actual compañera permanente del señor ACEVEDO  DARAVIÑA,    como   a   este   mismo”.      

                    3. Precisa,  igualmente,  que  “otro hecho nuevo para resaltar es  el  del  testigo  Alfonso o Idelfonso Loaiza Trejos, quien en ese momento en que  ocurrieron  los  hechos  se  encontraba  con  la  presunta víctima señora Rita  Esther  García  Ríos,  habiendo  sido  llevada por éste al Hospital San   José  de  Buga,  situación  ésta  que  fue  desechada  por la Fiscalía Sexta  Seccional  de  Buga,  al no llamarlo a rendir su declaración en las audiencias,  para  esclarecer  la  verdad material no habiendo participado en los debates del  juicio  oral.  Prueba  nueva  que  amerita la importancia para que sea tenida en  cuenta  en  el  momento  de  admisión  de esta solicitud y posteriormente en la  audiencia pública”.   

          4.  Por  último,  advierte  que  “otro  hecho  nueva  (sic)  es  la  denuncia  que  hace  la  señora  Lucidia  Daraviña  en  contra  de la presunta  víctima  Rita  Esther  García  Ríos, donde se puede evidenciar que la señora  mencionada   tiene  una  conducta  agresiva  en  contra  de  su  hijo  y  de  su  familia”              

         En  seguida,  trae a colación la sentencia T-395/10 relacionada con  el    derecho    de   defensa,   transcribiendo   in  extenso  algunos de sus apartes, luego de lo cual abre  un capítulo que denomina “pruebas”.   

          Allí  alude,  en  primer  lugar,  a  las  “documentales”, en el  siguiente  orden:  (i)  copia  del expediente seguido en contra de su prohijado,  “donde  aparece  la  sentencia de primera y segunda  instancia    con   su   respectiva   constancia   de   ejecutoria”.  Además:   

          Copias  de:  (ii)  denuncia  formulada  ante  la  URI  de  Buga  por  Lucidia         Daraviña         contra   Rita   Esther   García   Ríos  (iii)  conminación  No.  172  de  la  Inspección  de  Policía  de  6 de abril de 2010; (iv) declaración extraproceso de Diana   Lucía   Quiñónez  Osorno;  (v)  cédula  de  ciudadanía  de  esta  última;  (vi)  registro  civil  de la menor  María    Ángel    Acevedo   Daraviña,   hija   de   Diana  Lucía  y  su  patrocinado  y; (vii) declaración extrajuicio sobre unión  marital de hecho existente entre los dos últimos mencionados.   

          Como   pruebas   testimoniales   solicita  se  llame  a  declarar  a  Alfonso   o   Idelfonso   Loaiza  Trejos    y    a   Diana   Lucía   Quiñónez  Osorno.   

Por  lo anterior, solicita la revocatoria de  la sentencia de segunda instancia.      

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          1.     Prima     facie    adviértase  que tuvo razón el Tribunal Superior de Buga al remitir  la    presente    acción   instaurada   por   el   defensor   de   JOSÉ  ALBEIRO  ACEVEDO  DARAVIÑA  a esta  Colegiatura  por  ser  la competente, en cuanto se interpone contra sentencia de  segunda  instancia  dictada  por  esa  misma  corporación,  con  sujeción a lo  normado   en   el   numeral   segundo   del  artículo  32  de  la  Ley  906  de  2004.   

          2.   Ahora  bien,  antes  de  determinar  si el referido libelo  cumple  con  los  presupuestos  legales  de admisibilidad, es necesario recordar  que,  como  se  ha  sostenido  de  forma  reiterada por esta Sala, la acción de  revisión  fue  concebida por el legislador como un mecanismo a través del cual  se  busca  la  invalidación  de  una decisión que ha adquirido firmeza y de la  cual  resulta  razonable  predicar  que  entraña  un  contenido  de  injusticia  material  porque  la  verdad  procesal declarada resulta ser diversa a la verdad  histórica  del  acontecer  objeto  de  juzgamiento,  demostración que sólo es  posible   jurídicamente   dentro   del   marco   delimitado  por  las  causales  taxativamente  señaladas  en  la  ley.  Acorde  con  esa  naturaleza,  para  la  admisibilidad  de  la  demanda  se  exige  el cumplimiento de algunas exigencias  concretamente señaladas en el artículo 194 de la Ley 906 de 2004.   

Así, en atención a que esta acción procede  exclusivamente  contra  decisiones  ejecutoriadas  (sentencias,  resoluciones de  preclusión  de  la  investigación  o  autos de cesación de procedimiento), es  deber  inicial  del actor allegar copia de las providencias de primera y segunda  instancia  contra  las  cuales  se  instaura,  con  su  respectiva constancia de  ejecutoria.   

Ahora,  cuando  la  causal  invocada  es  la  contenida  en  el  numeral  3º  del  artículo  192 del estatuto procesal, como  ocurre  en  este  caso,  por  la aparición de hechos nuevos o el surgimiento de  pruebas  de  igual  naturaleza  no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates  con  virtualidad  para  acreditar  la  inocencia  del condenado o su inimputabilidad,  tales  novedosos elementos probatorios deben también ser aportados junto con la  demanda  y  ser  idóneos  para  demostrar  cualquiera  de las finalidades antes  precisadas.   

Significa lo anterior que de dichos medios de  prueba  debe  surgir,  frente  al primer supuesto (inocencia), cuando menos como  posibilidad,  que  el  condenado  no  es  responsable de la conducta, resultando  preciso  que  finalmente tengan la entidad de desvirtuar la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  ampara al fallo que ha cobrado ejecutoria material y  adquirido,  en  consecuencia, el carácter de cosa juzgada.  En esa medida,  la  acción  de  revisión,  y  en  especial la causal tercera, no constituye el  resurgimiento  de  una  nueva  oportunidad  para  propender  por  una discusión  probatoria  que  ya  tuvo  su  marco  idóneo  en  las instancias ordinarias del  proceso  y,  con  las  limitantes  inherentes  a  su  naturaleza,  en el recurso  extraordinario de casación.       

3.  En el asunto que concita la atención de  la  Sala,  pronto se advierte que si bien el accionante acompaña con la demanda  copia  de  los  fallos  de  primera  y  segunda   instancia  y de la prueba  ex  novo, según su parecer  con  la entidad de mutar el sentido de lo decidido hasta el punto de que se debe  revocar  la declaratoria de responsabilidad de su representado, deja de hacer lo  mismo  respecto de la constancia de ejecutoria, obviando la exigencia que en tal  sentido  contiene  el  inciso  final  del artículo 194 del estatuto proceso del  2004.   

Al  respecto,  bien  está  precisar que aun  cuando  en  la  fotocopia de todo el expediente que culminó con la sentencia de  segunda  instancia  controvertida  a  través  de  esta acción, aportada por el  defensor  junto  al  libelo,  obra solicitud elevada por el mismo profesional al  juez  de  ejecución  de  penas  en  sentido  de  que  se le expida copia de las  sentencias  de  primera  y segunda instancia “con su  correspondiente  constancia  de  ejecutoria…  con  el  propósito  de  iniciar  acción           de           revisión”1,  así  como copia del auto de  sustanciación  de octubre 10 de 2012, donde la autoridad judicial indica que la  petición    es    procedente    y,   por   tanto,   se   dispone   “que  por  el  Centro  de  Servicios  Administrativos  se expidan  copias        de       los       solicitado”2, lo cierto es que, revisado el  paginario   dicha   constancia  no  aparece.         

Tal  omisión  impide  determinar  si  la  sentencia  en concreto contra la cual se endereza la acción adquirió firmeza o  no,  a  efecto  de  determinar  si  reviste  el carácter de cosa juzgada que se  pretende  levantar  a través de su ejercicio, lo cual sólo se logra corroborar  mediante  el allegamiento de la constancia respectiva, cuyo incumplimiento da al  traste  con  la  admisibilidad de la demanda a partir de la filosofía misma que  inspira la acción, sobre lo cual atrás ya se hizo hincapié.   

Pero  además  de  incumplir con el anterior  presupuesto,  se  llega a la misma conclusión en sentido de inadmitir el libelo  tras  verificar  que  no  tiene  objetivo  distinto al de revivir una discusión  superada en las instancias ordinarias del proceso   

Así,  por  ejemplo,  lo  releva  de  forma  diciente  la  consideración  del actor según la cual constituye hecho nuevo lo  que   el   señor   Alfonso   o   Idelfonso   Loaiza  Trejos  pueda  informar,  en cuanto se trata de una de  las  personas  que  acompañaba  a  la  víctima  cuando  fue  atacada  con arma  cortopunzante  y  quien  precisamente  la  condujo  hacia la unidad hospitalaria  donde  le  brindaron la asistencia oportuna que impidió su deceso a pesar de la  magnitud  de  la  herida  infligida en su humanidad. En tal dirección, el actor  solicita la práctica de dicho testimonio en esta actuación.   

Con  la  anterior  pretensión  el libelista  desatiende  en  forma  abierta  su  deber  de  evidenciar,  al menos con carecer  sumario,  que  tal  prueba,  cuyo  carácter  novedoso no se discute pues no fue  recibida  dentro  del  proceso  penal  adelantado contra su prohijado, tenía la  entidad  de  demostrar la injusticia de lo decidido, porque nada aporta frente a  tal  cometido,  a  la  espera,  simplemente, de que luego de practicada produzca  dividendos a los intereses de su patrocinado.   

Significa  lo  anterior  que  la  propuesta  fincada  en  esta  prueba es en extremo especulativa, dado que ni el mismo actor  tiene  conocimiento  sobre  lo  que esta persona pueda decir sobre la forma como  ocurrieron   los  hechos  y  en  torno  a  la  responsabilidad  de  ACEVEDO  DARAVIÑA  y, por ende, no colma  el  fin  de  la  causal  invocada  de  revelar  su  inocencia, ni mucho menos de  ilustrar  un  hecho  nuevo determinante en el juicio de reproche por la conducta  de  que  se  hizo  víctima  a  Rita  Esther  García  Ríos,     pues,     se    insiste,    Alfonso  o  Idelfonso  Loaiza Trejos no se  ha  manifestado  al  respecto  y  el  actor  tampoco  suministra el más mínimo  elemento  de  juicio  a  partir  del  cual  se pueda suponer que la declaración  favorecerá    a    ACEVEDO   DARAVIÑA.   

Lo que simplemente persigue el demandante con  esta   solicitud,   apartándose   de   la   naturaleza   de   esta  acción  y,  particularmente,  de  la causal invocada, es habilitar una nueva fase probatoria  para  la  aducción  del testimonio, cuya no realización en el proceso también  fue  atribuible  a  la  defensa,  como  así  se  lo reprochó el Tribunal en la  decisión objeto de esta acción:   

            “(S)i   la   defensa   pretendía  interrogarlo    (se   refiere   a   la   persona   en  cuestión),  lo  que  debió  fue pedir su testimonio  oportunamente  y  no  esperar  a que se practicara por solicitud de la fiscalía  para  contrainterrogarlo,  ya  que  esta  última  a  cualquier  momento  podía  renunciar  a  la  misma  al  considerar  que  con las pruebas practicadas podía  demostrar     su     teoría     del     caso”3.   

Los  restantes “hechos nuevos” referidos  por  el  actor, para cuya acreditación anexa documentos, encuentra la Corte que  carecen  de  trascendencia  para  demostrar la injusticia del fallo condenatorio  atacado por esta vía.   

Ello  ocurre, vale decir, en cuanto a que la  noche  del  suceso su protegido estuvo en la vivienda de la señora Diana  Quiñones Osorno desde las 11 de la  noche  hasta la siete de la mañana del día siguiente luego de que Jhon  Stewart  Ramírez allí lo dejara en  estado  de  embriaguez,  aportando  declaración extrajuicio de la mencionada en  esos términos.   

Además, que la mencionada era la compañera  permanente      del      sentenciado      ACEVEDO  DARAVIÑA,  con  quien  procreó  una niña, para cuya  demostración  también  adjunta declaración extrajuicio y el registro civil de  la   infante,   y   que   la   víctima   del  delito,  es  decir,  Rita  Esther  García  Ríos,  a  su  vez  agredía  a  su  compañera,  como  lo  demuestra con denuncia formulada en esos  términos   por   Lucidia   Daraviña   y  la  conminación policiva No. 172 de 6 de abril de 2010, en donde  se  las  requería  para  que  guardaran un trato pacífico y armonioso. Sucesos  éstos  que,  según  el  actor, como lo expresó en el hecho nuevo No. 2, no se  dieron  a  conocer durante el proceso para evitar que la víctima agrediera a su  compañera.     

Pues bien, ninguna relevancia ostentan estos  hechos  frente a la responsabilidad penal que por el delito de homicidio tentado  se   declaró   en   el   fallo   objeto   de  la  acción  contra  ACEVEDO DARAVIÑA.   

En  primer  lugar,  porque  de manera alguna  desvirtúan  el  señalamiento  claro  e  indubitado de la víctima Rita  Esther García Rojas en cuanto a que  el  sentenciado  fue  el  autor de la agresión, coherente con la manifestación  que   en   idéntico   sentido   comunicó   a   su  consanguínea  Marcelly   García   Ramos   “minutos   después  de  haber  sido  gravemente                 herida”4,  aunado  a que el sentenciado  había  proferido  amenazas de muerte en su contra y amén de que constantemente  le  infligía  trato  violento so pretexto de no soportar verla con otro hombre,  como ocurrió la noche del ataque.    

En  segundo  término,  dado que lo atestado  ahora       por  Diana  Quiñones  Osorno,   compañera   permanente   de   ACEVEDO  DARAVIÑA  para la época de los  sucesos,  conforme  se  acredita  con  la  declaración extrajuicio allegada, no  modifica  lo  ya  referido dentro del proceso por Jhon  Stewart  Ramírez, quien depuso haberlo acompañado el  día  de  los  acontecimientos  hasta  la  una de la mañana libando licor, cuyo  dicho  no  mereció credibilidad alguna para el sentenciador, por los siguientes  motivos:   

“De otro lado, aunque por solicitud de la  defensa  se  recibió  el  testimonio  del señor Jhon Stewart Ramírez Giraldo,  quien  expuso  que  desde  las  cuatro  de  la  tarde  anterior  hasta  la  una  de  la mañana permaneció en su casa tomando licor en  compañía  del  acusado,  al  igual que con el señor Jorge Giraldo y Leidy N..  que  consumieron  tres  botellas  y  que  a la última hora citada acompañó al  procesado  hasta  su vivienda, esas manifestaciones no  tienen  la capacidad probatoria suficiente para dejar sin efecto la sindicación  realizada  por  la  señora  Rita  Esther  García Ríos en el juicio oral y las  manifestaciones  que  momentos  después  de  los  hechos  le  hizo a su hermana  Marcelly  en  el  sentido  que  había  sido  su ex compañero sentimental JOSÉ  ALBERTO  ACEVEDO  DARAVIÑA  el  que le había asestado la cuchillada y que tres  días después ratificó ante el médico legista.   

Además,  el señor Ramírez Giraldo expuso  que  era la primera vez que se reunía con el acusado, lo que hace poco probable  que  a  altas  horas de la noche hubiera querido acompañarlo hasta su vivienda,  máxime,  cuando  llevaban  varias horas tomando licor y que de acuerdo a lo que  refirió   el  testigo,  éste  y  las  demás  personas  que  presuntamente  lo  acompañaban  habían  consumido  tres  botellas, lo que implica que cada uno al  menos  se  tomó el 75% de cada una de ellas, cantidad que fácilmente altera la  capacidad   mental   de  cualquier  persona,  así  su  organismo  tenga  cierta  tolerancia  hacia  el  licor,  incluso,  el  mismo  procesado  admite que estaba  embriagado.   

A  la  vez,  el  testigo  fue muy exacto en  cuanto  a la hora en que presuntamente dejó al acusado en su vivienda y el día  que  a  decir  del  precitado  era  lunes festivo, precisión que antes de hacer  creíble  su  testimonio,  lo que permite es dudar del mismo, pues no es lógico  que  siete meses después tuviera el recuerdo intacto que era exactamente la una  de  la  mañana  cuando acompañó al acusado a la vivienda y que había sido un  lunes  festivo,  máxime,  que  según  su  propio  dicho,  había consumido una  cantidad  importante  de  ron.  Además,  que  no  refirió  ninguna  situación  específica  que hubiera ocurrido ese día, para considerarlo como referente del  que  fácilmente  podía  tener  una  remembranza  de lo ocurrido”5 (subraya fuera de texto).   

Ahora, que si lo pretendido por el libelista  se  circunscribe  básicamente  a  darle  mayor  fortaleza  a  la  coartada  del  implicado  y  por  ello  solicita  sea  recibido  el  testimonio  de  Diana  Quiñones  Osorno dentro de esta  actuación,  conviene  recordar,  nuevamente,  que  ello  no  se  aviene  a  los  propósitos  de la acción de revisión, pues no está prevista, ni mucho menos,  para    extender    oportunidades    probatorias    dejadas   vencer   por   las  partes.   

Por otro lado, no se ve cómo, ni tampoco el  actor   lo   acredita,   la   existencia   de   altercados   entre  Diana  Quiñones  Osorno  y  Rita  Esther  García Ríos, pueda incidir  para demostrar la inocencia de su representado.   

En  los términos expuestos queda claro, por  consiguiente,  que  de  la prueba aportada no emerge con la nitidez requerida el  anunciado   carácter  novedoso,  ni  la  aptitud  suficiente  para  derruir  de  conformidad  con  la  causal  invocada  el  recaudo  probatorio fundamento de la  atribución  de  responsabilidad  y que más bien lo pretendido apunta a revivir  oportunidades  de  práctica de probanzas que la defensa dejó vencer dentro del  proceso  culminado  con  la  declaratoria  de  responsabilidad  de  JOSÉ         ALBEIRO         ACEVEDO         DARAVIÑA.   

El  cúmulo  razones expuestas confluye para  colegir   que  la  demanda  incumple  las  exigencias  dispuestas  en  los   numerales  3  y 4 del artículo 194 de la Ley 906 de 2004, motivo por el cual se  impone  su inadmisión, de conformidad con lo previsto en el artículo siguiente  del mismo estatuto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  revisión  presentada  por  el  defensor  del  sentenciado JOSÉ  ALBEIRO     ACEVEDO     DARAVIÑA,    de   conformidad   con   las   razones  consignadas  en  la  anterior  motivación.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                     GUSTAVO           ENRIQUE           MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO           JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1 Fol.  217 del c.o.   

2 Fol.  218 ibídem.   

3 Pág.  16 del fallo de segundo grado.   

4 Pág.  13 del fallo de segundo grado.   

5  Págs. 16 y 17 del fallo de segunda instancia.       

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