40630(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

          SALA   DE  CASACIÓN  PENAL              

Magistrado  Ponente   

     FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

Aprobado  acta Nº  060   

Bogotá   D.C.,  febrero    veintisiete    (27)    de    dos    mil    trece   (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Daniel       Cárdenas,  contra  la  sentencia  dictada  por el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  6  de noviembre de 2012, mediante la cual  revocó  la  proferida por el Juzgado Doce Penal del Circuito de la misma ciudad  con  Funciones  de Conocimiento el 11 de mayo del mismo año, y lo condenó como  autor  de  las  conductas  punibles  de  secuestro  simple  y  hurto  calificado  agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                    

                    

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  Tribunal de la siguiente manera:   

“El  día  12  de  agosto de 2011, siendo  aproximadamente  las  11:  35  de la mañana, agentes de policía que realizaban  labores  de  patrullaje  y  vigilancia,  recibieron  un reporte de la central de  comunicaciones  informando  que  en  la  carrera  50 con calle 76 de esta ciudad  (Medellín),  se  encontraban  unos sujetos descargando unas cajas de licor. Los  agentes  al  dirigirse  al  lugar para verificar la información, constataron la  misma  y observaron cómo las personas que se encontraban descargando el furgón  de  Placas  TMT  885,  emprendieron  la huida al observar el arribo de la fuerza  pública.   

“En  la  parte trasera del vehículo, fue  encontrado  el  señor  Daniel Cárdenas descargando unas cajas, mientras que en  la  cabina,  fue  hallado  el  señor  John  Jairo  Barrientos  Villa,  quien se  identificó  como  el conductor del rodante y expresó que cuando transitaba por  el  semáforo  de la calle 57 con carrera 50 fue intimidado por unos sujetos que  se  desplazaban  en  motocicleta,  uno de ellos tomó el mando del automotor, lo  obligó  a descender del mismo y abordar una moto, lo pasearon por varios sitios  y  luego  lo  llevaron  nuevamente  al  camión bajo coacción de que no hiciera  nada,  pues  lo  tenían vigilado. La anterior situación propició la inmediata  captura  del  ciudadano Daniel Cárdenas y la posterior puesta a disposición de  las autoridades competentes”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de la Nación el 13 de octubre de 2011, presentó escrito de acusación  contra        Daniel       Cárdenas  por las  conductas punibles de secuestro simple y hurto calificado agravado.   

3. El expediente pasó al Juzgado Doce Penal  del  Circuito con Funciones de Conocimiento de Medellín, autoridad que el 11 de  mayo  de  2012,  dictó  sentencia  de primera instancia, en la que absolvió al  acusado de los cargos atribuidos en la acusación.   

4.  Apelado  el  fallo por la Fiscalía, el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  6  de  noviembre  de 2012, al resolver el  recurso,  lo  revocó  y  en  su  lugar,  condenó al citado procesado a la pena  principal  de  306  meses  de  prisión  y  multa  equivalente  a mil doscientos  veinticinco  (1.225)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, así como a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  el término de 20 años, como autor de los punibles de secuestro  simple y hurto calificado agravado.   

            

Contra  la  anterior  decisión,  el  profesional  del  derecho  que vela por las garantías de Daniel  Cárdenas interpuso recurso de casación.   

S   Í  N  T  E  S  I  S    D  E  L   L I B E L O   

Basado en la causal tercera, de acuerdo con  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de 2004, presenta un sólo reproche  contra la sentencia del Tribunal, así:   

Único cargo  

Acusa  al sentenciador de segundo grado  de  haber  violado  indirectamente  la  ley sustancial, por error de derecho por  falso juicio de convicción.   

Después  de  sintetizar los argumentos del  Tribunal,  en orden a revocar el fallo absolutorio, sostiene que la Corporación  le  dio  valor  negativo  a las pruebas presentadas por la defensa, al calificar  como  no  creíbles  los  testimonios  de  Juan  Carlos Ernadez y Héctor Rubén  Muñoz  Zapata,  máxime  cuando  “estas personas ni  siquiera       fueron       preparadas      por      la      defensa”.   

Estima   que   las   citadas   versiones  establecían  la  “verdadera labor que realizaba el  hoy  condenado”.  Complementa,  desconoció  que la  prueba  aportada por la representante del ente investigador, cuando adujo que en  contra  del procesado pesaba una condena por el punible de porte ilegal de armas  de  fuego, pero se acreditó que éste laboraba como ayudante de bodega, lo cual  fue desestimado.   

A continuación se pregunta si el ejercicio  de  una  actividad  informal  sin  tener  un  contrato  de trabajo constituye un  delito?   

Manifiesta  que  la defensa nunca discutió  acerca  de  la  existencia  de  los  delitos imputados, su contradicción con el  acusador  consistió  en  demostrar  que  la  actividad   que  realizaba su  defendido  era  la  de  “cotero, y que fue llamado a  descargar  un  camión  más,  en  su  actividad  diaria  y  que  desconocía la  procedencia de dicho licor”.   

Considera  igualmente  que  se  interpretó  equivocadamente   el  testimonio  de  la  víctima,  habida  cuenta  que no  reconoció  al  procesado  como uno de los partícipes de los ilícitos, para lo  cual procede a realizar un breve comentario acerca de su versión.   

Anota  que  la  fiscalía  no  acreditó la  división  de  tareas  en  la  empresa  criminal, situación que evidencia la no  responsabilidad   de   Cárdenas   frente   a   los   cargos  atribuidos  en  la  acusación.   

Luego  de citar los artículos 232 y 234 de  la  Ley  600  de  2000  y  el  20 del Código Penal, asevera que el sentenciador  incurrió   en   el  invocado  error  de  derecho,  por  cuanto  “no  tuvo  en  cuenta” los elementos de  conocimiento  aportados  por la defensa, así como también los de la fiscalía,  los  que  en  su sentir, acreditan la ausencia de participación de Cárdenas en  los hechos por los que fue condenado.   

Insiste  en que al trámite no se allegaron  pruebas  que  demostraran  la existencia de un concierto previo para cometer las  conductas  punibles  y  menos  que  “Daniel hubiera  participado  en el hurto”. Es decir, “no   se   pudo  establecer  si   realmente   como   se   lo  imaginó  la  Fiscalía  hubo  una  distribución   de   labores   dentro  de  una  empresa  criminal”.   

Comenta  que  al  procesado se le ha debido  reconocer el postulado de in dubio pro reo.   

Como  normas  vulneradas cita, entre otras,  los  artículos  1°,  2°,  4°,  13,  15,  21,  28, 29, 42, 93, 94 y 228 de la  Constitución Política y 381 del Código de Procedimiento Penal.   

Manifiesta  que  el  yerro es trascendente,  puesto  que  se  otorgó  valor  a  las pruebas “que  legalmente  no  le  correspondía,  se  pecó  por  exceso  en  el  caso que nos  ocupa”,  al  punto  que  de no haberse incurrido en  él, el fallo habría sido favorable al procesado.   

Por  lo  expuesto,  depreca  de la Corte la  casación  de  la  sentencia,  absolviendo  a  Daniel  Cárdenas  de  los cargos  atribuidos en el escrito de acusación.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

La   casación   en   la   Ley   906   de  2004   

Previo a examinar el cargo presentado por el  casacionista  en  contra de la sentencia objeto de censura, la Corte1 debe reiterar  cómo  con  el  advenimiento  de  la  Ley 906 de 2004, se ha buscado resaltar la  naturaleza  de  esta  impugnación  extraordinaria  en cuanto se ha erigido como  medio  de  control constitucional y legal habilitado ya de manera general contra  todas  las sentencias de segunda instancia proferidas por los Tribunales, cuando  quiera  que  se  adviertan  violaciones que afectan garantías de las partes, en  seguimiento  de  lo  consagrado  en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, así  redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

En  la  sentencia  C-590  de 2005, la Corte  Constitucional  resaltó  la mayor amplitud que tiene la casación en el sistema  acusatorio,  en  cuanto  decididamente  se  prevé  como  medio protector de las  garantías fundamentales:   

“(…)  la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales  se  convierte  en  la  razón  de  ser  del juicio de  constitucionalidad  y  legalidad  que, a la manera de recurso extraordinario, se  formula  contra  la  sentencia.  O  lo  que  es  lo  mismo,  lo  que legitima la  interposición  de  una  demanda  de  casación  es la emisión de una sentencia  penal  de  segunda  instancia  en  la que se han vulnerado derechos o garantías  fundamentales.   Precisamente   por   ello   se   ha   presentado  también  una  reformulación   de  las  causales  de  casación,  pues  éstas,  en  la  nueva  normatividad,  sólo  constituyen supuestos específicos de afectación de tales  garantías o derechos…”.   

La  Ley  906 de 2004 especificó el ámbito  normativo  respecto  del  cual  se  ejerce  el  control de las sentencias de los  jueces,  incluyendo  no solo las infracciones a la ley, sino también a la Carta  y   a   las   normas   del   llamado   “bloque  de  constitucionalidad”.   En   este  punto,  como  lo  advirtió  la  Corte Constitucional en el citado fallo C-590 de 2005, si bien no  puede  afirmarse que ese parámetro de control no se observara en los anteriores  regímenes  de la casación, es claro que la expresa configuración legal de ese  ámbito  normativo,  evidencia  el  propósito  que  ha  tenido el legislador de  adecuar  el  instituto  de manera más directa a referentes constitucionales, lo  cual    resulta    comprensible    en    la   dinámica   de   las   democracias  constitucionales.   

Y  es  evidente que para el cumplimiento de  esos  fines  constitucionales,  el llamado sistema acusatorio oral de la Ley 906  de  2004,  dotó a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia de  una  serie  de  facultades  realmente  especiales,  como  lo  hizo  con  aquella  consagrada  en  el  artículo  184,  a  saber,  la  potestad  de “superar    los   defectos   de   la   demanda   para   decidir   de  fondo”  en  las  condiciones indicadas en él, esto  es,  atendiendo  a  los  fines  de  la casación, fundamentación de los mismos,  posición  del  demandante  dentro  del  proceso  e  índole  de la controversia  planteada; y la referida en  el   artículo   191,   para   emitir   un   “fallo  anticipado”  en  aquellos  eventos   en  que  la  Sala  mayoritaria  lo  estime  necesario  por razones de interés general, anticipando los turnos para convocar  a la audiencia de sustentación y decisión.   

Dentro  de ese nuevo contexto normativo, ha  de  aceptarse  que  la  inadmisión  de una demanda de casación por parte de la  Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia debe basarse en tres  aspectos  esenciales:  en  principio,  cuando  el  actor  no tenga interés para  acceder   al  recurso;  en  segundo  lugar,  cuando  se  trate  de  una  demanda  infundada, es decir, que su  fundamentación   no   evidencia   una   eventual   violación   de   garantías  fundamentales;  y,  por  último,  cuando  de  su inicial estudio se descarte la  posibilidad   de  desarrollar  en  la  sentencia  alguno  de  los  fines  de  la  casación.   

En  efecto, el artículo 184 inciso 2º, de  la  Ley  906  de  2004,  autoriza  a  la  Corte  para  no  seleccionar,  en auto  debidamente  motivado,  aquellas demandas que se encuentren en cualquiera de los  siguientes supuestos:   

“… si el demandante carece de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso”.   

De  allí  que bajo la óptica del sistema  acusatorio  penal,  el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de libre  elaboración,  en  cuanto  mediante  su  postulación el recurrente concita a la  Corte  a  la  revisión  del  fallo  de  segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corporación  para  prescindir  de los defectos formales de un  libelo  cuando  advierta  la  posible  violación  de  garantías de los sujetos  procesales  o de los intervinientes, de manera general, frente a las condiciones  mínimas de admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada.   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado.   

3.  Determinación  de la necesariedad del  fallo  de  la  Sala  para  alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De  otro  lado,  con  referencia  a  las  taxativas  causales  de  casación señaladas en el artículo 181 del Código de  Procedimiento Penal de 2004, se tiene dicho:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b)   La  del  numeral  2º  consagra  el  tradicional   motivo   de   nulidad  por  errores  in  procedendo,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  claras  y  precisas pautas  demostrativas2.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia3.   

c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  los  medios  de  convicción  sin  observancia  de  los requisitos contemplados en la  ley-,   o,   excepcionalmente   por   falso  juicio  de  convicción4.   

En  torno al desconocimiento de las reglas  de  apreciación, este vicio hace referencia a los errores de hecho que surgen a  través  del falso juicio de identidad –distorsión  o  alteración  de la expresión fáctica del elemento  probatorio-,     del     falso     juicio     de     existencia     –declarar un hecho probado con base en  una  prueba  inexistente  u  omitir  la  estimación  de  una allegada de manera  válida     al     proceso-     y     del    falso    raciocinio    –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  yerros  exige  que  el  cargo  se  desarrolle  conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.   

         

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación de la infracción indirecta de la ley material   

         

En  esta  modalidad  de vulneración de la  norma,  se acepta que el error del  juzgador ocurrió de manera mediata, es  decir,  en  la  elaboración  del  juicio  de  hecho  derivado  de errores en la  apreciación  de  la  prueba,  falencia  que  se  ve  reflejada  en la solución  jurídica del supuesto en conflicto.   

En  el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete  enseñar  a  la  Corte  en qué consistió el error en la  valoración  de  los  medios  de  convicción,  es  decir,  si fue de hecho o de  derecho  y  el  falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia,  identidad, raciocinio, legalidad o convicción.   

Y   por  último,  evidenciar  cómo  el  mencionado  vicio incidió en la aplicación del derecho, en la medida en que se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó  otra   que   sí   resolvía  todos  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal.   

Calificación de la demanda  

        El      único     cargo  el  actor  lo funda por el sendero de la infracción indirecta de  la  ley  sustancial,  bajo  la  hipótesis  argumentativa,  según  la  cual, el  juzgador  de  segundo grado incurrió en un error de derecho por falso juicio de  convicción  al  apreciar  las  pruebas  aportadas  por  la  defensa  y  por  la  fiscalía.   

No  obstante, los argumentos expuestos por  el  censor,  en  orden  a  fundamentar  su enunciado, se evidencia que desconoce  cómo  se  ataca  el  mencionado vicio en sede de casación, en la medida en que  únicamente  pone  de  relieve  una  personal  forma  de  valorar  los  plurales  elementos   de   conocimiento   incorporados   al   juicio   oral,   público  y  concentrado.   

En  efecto,  como  lo  ha  enseñado  la  jurisprudencia  de  la  Corte,  cuando  se denuncia la existencia de un error de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción, conviene advertir, que el mismo se  edifica   cuando   el   juzgador  le  niega  a  la  prueba  el  valor  atribuido  específicamente   en   la   ley  o  le  concede  uno  diverso  al  asignado  en  ella.   

En  esa medida, el desarrollo del reproche  con  fundamento  en esta clase de yerro requiere inicialmente la identificación  del  medio  de  conocimiento  sobre el cual en concreto se pregona el defecto de  estimación   anotado   y  a  su  vez,   igualmente  compete  al  libelista  especificar la norma en que se fija su poder suasorio.   

Además,  es  necesario  satisfacer  dos  tareas:  la  primera,  mencionar  el valor concedido por el juzgador al medio de  conocimiento  y  la  segunda, proceder a precisar cuál debe otorgársele según  la disposición reguladora de su alcance demostrativo.   

Cumplida  esa  labor,  es  indispensable  demostrar  la  incidencia  del  yerro  de  apreciación,  lo  cual  se  consigue  confrontando  el  conjunto  de  los  elementos  de persuasión en que se basa la  sentencia  con la prueba estimada conforme lo fija la ley, en orden a evidenciar  su   influencia   en   la   declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado.   

        De  acuerdo  con  los  argumentos  expuestos  en  la demanda, surge  incuestionable  que  los  razonamientos allí contenidos no se compadecen con el  enunciado,  en  la medida en que el discurso, como se adujo, únicamente muestra  una  abierta  contradicción con el mérito que el Tribunal dio a las probanzas,  disparidad  de criterios que no se erige en un motivo para ser postulado en sede  de casación.   

         

Al respecto vale reiterar que el libelista  en   lo   que   llamó   “Demostración  del  error  denunciado”, presentó una apreciación personal en  cuanto  a  la  manera  como  ocurrió el acontecer fáctico, a partir de lo cual  colige  que  las  probanzas  presentadas  tanto  por  la  defensa  como  por  la  fiscalía,  no  fueron  estimadas  correctamente, puesto que en su sentir, en el  juicio  no  se demostró un acuerdo de voluntades entre los intervinientes en el  acto  delincuencial,  la  víctima  no  reconoció  al procesado como uno de sus  agresores,  Daniel  Cárdenas  desempañaba  una  labor  lícita  y  que  de  la  comunidad  probatoria  emerge  el  grado  de  conocimiento  de  la duda, pero no  señala  cuál  en verdad fue la probanza mal apreciada, el precepto desconocido  por  el  sentenciador  al  otorgarle mérito suasorio y su puntual trascendencia  frente    a    las    distintas    determinaciones   adoptadas   en   el   fallo  recurrido.   

Ante  la  incorrección  en  la  propuesta  casacional, deviene necesariamente la inadmisión del libelo.   

Resta  señalar  que no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  cuyo  trámite  fue  señalado  en auto del 12 de diciembre de  2005, adoptado en el radicado 24322.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

          INADMITIR   la  demanda  de casación presentada  por el defensor de Daniel Cárdenas.   

De  conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                            GUSTAVO    E.    MALO  FERNANDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                                                  JULIO   ENRIQUE  SOCHA    SALAMANCA                                

JAVIER     DE    JESÚS    ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Autos  del  13  de  junio  y  25  de  julio  de  2007, Radicados 27.537 y 27.810, entre  otros.   

2 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.323.   

3 Auto  de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.530.   

4 Ib.  Rad. 24.530.     

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