40626(24-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

                                  Aprobado acta N° 124.   

Bogotá  D.C.,  veinticuatro (24) de abril de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  presentadas por los defensores de JOSÉ  GREGORIO  MANJARRÉS  HERNÁNDEZ,  EDWIN  FERNANDO  CUÉLLAR  CABRERA,  CARLOS  ENRIQUE  AYALA  GONZÁLEZ, DAIVER JIMÉNEZ MUÑOZ y TOMÁS ENRIQUE AYALA NIEVES,  contra la sentencia del 12 de julio de  2011  mediante la cual el Tribunal Superior de Valledupar confirmó parcialmente  el  fallo proferido el 20 de septiembre de 2010 por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito   de   esa   ciudad   y   revocó   la   absolución   de  TOMÁS  ENRIQUE  AYALA NIEVES respecto del  delito  de  homicidio en persona protegida y, en su lugar, lo condenó a la pena  principal  de  34 años de prisión, así como a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 18  años.   

HECHOS  

          Los  resumió  el  Tribunal en los siguientes términos:           

“Se suscitaron el  día  13 de mayo de 2007, en la vereda Costa Rica del municipio de Pueblo Bello,  tropas  del  Batallón  la  Popa,  bajo  el  mando  del sargento Wilson Narváez  Mejía,  manifiestan  haber  sostenido contacto armado con miembros del Frente 6  de  diciembre  del  ELN,  en donde resultó muerto un N.N. a quien le incautaron  una  escopeta  cargada sin número ni marca, una vez practicadas las diligencias  de  inspección  judicial  con  examen  del  cuerpo  de  parte  de  la  juez 90 de instrucción penal militar,  quien  procedió  a  dejar el cuerpo en el municipio de Pueblo Bello–Cesar,     para     posteriormente  transportarlo hacia Valledupar.   

Como la persona que había sido ultimada fue  identificada  por la ciudadanía de Pueblo Bello, como Baltazar de Jesús Arango  Rúa,  de  quien manifestaron se trataba de una persona muy conocida y apreciada  por  la  comunidad,  se  generaron  taponamientos  en  la vía de acceso a dicha  localidad  como  protesta  por el hecho que se había presentado, debiendo hacer  presencia  en  el  lugar representantes de las diferentes autoridades con el fin  de calmar los ánimos.   

En el sitio fue presentada denuncia pública  en  contra  de  los  miembros  del Ejército Nacional, afirmando que Baltasar de  Jesús  Arango  había  sido  sacado  de  su  casa  por  miembros del ejército,  apareciendo  al  día  siguiente  muerto, siendo reportado como N.N.”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  Juzgado  21  de  Instrucción  Penal  Militar   inició   la  investigación  tendiente  a  esclarecer  la  muerte  de  Baltasar    de    Jesús    Arango    acaecida  el  13  de  mayo  de  2007 en el municipio de Pueblo Bello  (Cesar).  Sin  embargo,  el  23  de  enero  de  2009  ordenó la remisión de la  actuación  a  la  justicia  ordinaria,  siendo  asumida  por  la  Fiscalía  34  Especializada  de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos,  que escuchó en  indagatoria   a  los  militares  involucrados  en  los  hechos  y  les  definió  situación   jurídica   el   8  de  abril  de  2009  imponiéndoles  medida  de  aseguramiento      de     detención     preventiva     sin     beneficio     de  excarcelación.   

          2.  El  5  de  octubre de 2009 la Fiscalía calificó el mérito del  sumario    con    resolución    de    acusación   respecto   de   EDWIN  FERNANDO  CUÉLLAR  CABRERA,  ISMAEL  PABÓN  BONNET,  PEDRO  ANTONIO  QUINTERO  OÑATE,  JOSÉ GREGORIO MANJARRÉS HERNÁNDEZ, CARLOS ENRIQUE  AYALA  GONZÁLEZ,  TOMÁS  ENRIQUE  AYALA NIEVES, DAIVER JIMÉNEZ MUÑOZ, YOINER  ARIAS   CHONA   y  TOIBER  BLANCHAR   VILLAZÓN  como  coautores   del   punible   de  homicidio  en  persona  protegida.  Así  mismo,  EDER   ALFONSO   CARMONA   HERNÁNDEZ   y     WILSON     ALFONSO     NARVÁEZ  MEJÍA  aceptaron  los  cargos  formulados por el ente  acusador,  motivo  por  el  cual  frente  a ellos operó la ruptura de la unidad  procesal.   

3.  La  etapa del juicio le correspondió al  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Valledupar, despacho ante el cual se  adelantaron     las    audiencias    preparatoria1  y  de juzgamiento2,  luego de lo  cual,  el  20  de  septiembre de 2010, profirió fallo condenatorio en relación  con  EDWIN  FERNANDO  CUÉLLAR CABRERA, ISMAEL PABÓN  BONNET,  PEDRO  ANTONIO  QUINTERO  OÑATE, JOSÉ GREGORIO MANJARRÉS HERNÁNDEZ,  CARLOS  ENRIQUE  AYALA  GONZÁLEZ,  DAIVER  JIMÉNEZ  MUÑOZ, YOINER ARIAS CHONA  y    TOIBER    BLANCHAR  VILLAZÓN  y  absolutorio  respecto  de  TOMÁS  ENRIQUE  AYALA NIEVES.     

4.  Contra  el  fallo  de  primera instancia  interpusieron    recurso    de    apelación    la    Fiscalía,    YOINER  ARIAS  CHONA  y los defensores de  EDWIN   FERNANDO  CUÉLLAR  CABRERA,  ISMAEL  PABÓN  BONNET,  PEDRO  ANTONIO  QUINTERO  OÑATE, JOSÉ GREGORIO MANJARRÉS HERNÁNDEZ,  CARLOS    ENRIQUE    AYALA   GONZÁLEZ,   DAIVER   JIMÉNEZ   MUÑOZ  y TOIBER  BLANCHAR  VILLAZÓN, con ocasión  del   cual   el  Tribunal  Superior  de  Valledupar  confirmó  parcialmente  la  sentencia,  pero  revocó  la  absolución  de  TOMÁS  ENRIQUE  AYALA  NIEVES, a quien condenó imponiéndole  las   sanciones  referidas  en  el  acápite  inicial  del  presente  proveído.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  algunos defensores promovieron el recurso extraordinario de  casación.   

LAS  DEMANDAS   

i)   La  demanda  instaurada   por   el   defensor  de  JOSÉ  GREGORIO  MANJARRÉS  HERNÁNDEZ,  EDWIN  FERNANDO  CUÉLLAR CABRERA, CARLOS ENRIQUE AYALA  GONZÁLEZ  y DAIVER JIMÉNEZ  MUÑOZ  formula  dos cargos  así:   

          Como  reproche  principal,  con  soporte  en  la  causal tercera del  artículo  207  ibídem, el  libelista  aduce la nulidad de la actuación por motivación deficiente, pues el  fallador  de  segundo  grado  no  expuso  juiciosamente  las razones por las que  confirmaba  la  condena impuesta y revocaba la absolución decretada y, además,  se  abstuvo  de  dar  respuesta a varios e importantes argumentos propuestos por  los impugnantes.   

          Así,  añade,  en  sólo  10  hojas el Tribunal dio respuesta a los  recursos  de  apelación contenidos en más de 59 páginas, haciéndole el quite  a  los cuestionamientos esbozados. Y si bien la Colegiatura no estaba obligada a  acceder  a las pretensiones defensivas, sí debía motivar la sentencia conforme  a  los  temas  de la apelación. Como no lo hizo, obstruyó el acceso efectivo a  la  administración  de justicia, afectó el debido proceso y las formas propias  del  juicio, conculcando los artículos 10, 13 y 170-4 de la Ley 600 de 2000; 29  y 229 de la Constitución Política.   

A   continuación   resume   los  tópicos  planteados  en las impugnaciones, a partir de lo cual colige que la sentencia de  segundo  grado  no se pronunció sobre los siguientes temas cuestionados por los  recurrentes:  a) La razón por la cual se otorgó credibilidad a los testimonios  suministrados   en   la  etapa  de  instrucción  por  WILSON    ALFONSO    NARVÁEZ    MEJÍA  y YOINER ARIAS  CHONA;  b)  Cómo  se  fraguó  el plan criminal, pues  “se  limitó  a  enunciar y a concluir sin sustento  alguno  y  sin  llevar  a  cabo  un  análisis  apegado  a las regla de las sana  crítica”;   c)  No  explicó  con  suficiencia  la  imputación  por  coautoría ni se refirió al acuerdo previo que debió existir  entre  los  partícipes;  d)  No  explicó  por  qué  le otorgó credibilidad a  algunos declarantes, si todos mintieron en su primera versión.   

          Por  tanto,  opina,  era  obligación  del Tribunal, sin importar la  decisión  final,  complementar  los motivos de su decisión en dos aspectos: a)  Probatorio,  en  tanto  debía  analizar  con celo  los cinco indicios, mal  construidos,  en  que  se fundó la sentencia de condena y, b) Jurídico, porque  debía  revisar   detenidamente,  como lo adujeron los apelantes, la figura  de   la  coautoría  impropia,  pues  pudo  tratarse  de  un  encubrimiento  por  favorecimiento.                     

          En  punto de la trascendencia del error considera que al confirmarse  la  sentencia  de  condena  sin  explicarse en forma suficiente la razón de tal  determinación  ni  dar  respuesta  a  todos  los  argumentos  expuestos por los  impugnantes  se afectaron los derechos fundamentales de los procesados al debido  proceso  y  al acceso efectivo a la administración de justicia. Lo anterior con  mayor  razón  si  se  observa  que  los  aspectos  revisados  por  el  fallador  ad  quem, lo fueron en forma  ligera, sin mayor profundidad.     

          En  segundo  orden, con fundamento en el numeral 1 del artículo 207  de  la  Ley 600 de 2000, se propone en forma subsidiaria un cargo por violación  indirecta   de   la   ley   sustancial,   vía   error   de   hecho   por  falso  raciocinio.   

          El   yerro,   afirma,  se  concreta  en  la  operación  mental  del  juzgador  ad  quem  por cuyo  medio    infirió    la  participación  como coautores de sus procurados a partir de la retractación de  los    soldados    NARVÁEZ   MEJÍA   y    ARIAS  CHONA,  hecho  tomado  como  indicador.    

          Lo  anterior  porque  dicha  conclusión  contraría el principio de  razón  suficiente, pues se obtuvo a través del método inductivo por analogía  que  no  garantiza su fiabilidad por limitarse a comparar una situación o hecho  con  otro.   En  tal sentido, la coautoría de sus defendidos se dedujo del  hecho  de  encontrarse  en  el mismo lugar donde estaba el sargento WILSON   NARVÁEZ  MEJÍA,  circunstancia  de  la  cual  no  es  posible deducir si tenían o no  conocimiento de la comisión del homicidio.   

          Si  el  fallador  hubiese  utilizado el método adecuado, esto es el  deductivo,  habría  concluido  que  en  el  plenario  existían  dudas sobre la  responsabilidad  de  los  procesados  y,  por  ende,  habría  emitido sentencia  absolutoria.  Ello  porque  de  las  retractaciones  no  se puede colegir si sus  defendidos    sabían   que   al   señor   Baltasar  Arango  lo  iban a matar. En ese orden, es posible que  tuviesen  conocimiento  del  plan  criminal,  pero  también  que  hubiesen sido  utilizados    como     instrumento    por    el    sargento    NARVÁEZ        MEJÍA,  pues  estaban  en  el  lugar de los acontecimientos cumpliendo una  orden del suboficial.   

          Luego  de  transcribir  apartes  de  diversos  testimonios,  se  refiere  a los indicios construidos por el Tribunal a partir de la retractación  de  NARVÁEZ y ARIAS   para  señalar  que cuando éstos  se  reunieron  a  planear  el  homicidio,  sus  procurados no se encontraban con  ellos,  de manera que no participaron en actos preparatorios o de ejecución del  crimen  y,  en  todo  caso,  no  conocieron  la  finalidad  de la retención del  campesino.   

                

          De  otra parte, afirma, en el actuar de los demandantes se vislumbra  la  comisión  del  delito  de encubrimiento por favorecimiento, más no así la  coautoría  en  el homicidio, pues no tuvieron el dominio del hecho, ni existió  cooperación  necesaria  ni acuerdo previo, pero sí prestaron ayuda posterior a  los  autores  al declarar que se trató de una baja en combate. Además, tampoco  puede  hablarse  de  complicidad  al estar ausentes sus elementos estructurales.   

          La  trascendencia  del  cargo  la ubica en que al haberse omitido la  aplicación   del   principio   del   in  dubio  pro  reo  se  condenó  por  un  delito equivocado, esto es  homicidio  en  persona protegida, cuando debió condenarse por encubrimiento por  favorecimiento.  Como  ello no ocurrió, se afectaron los derechos fundamentales  a     la    libertad,    buen    nombre,    familia    y    trabajo    de    los  sentenciados.       

         

         Solicita,  por tanto, casar la sentencia ante las dudas presentes en  la  actuación  y,  como  consecuencia de ello, dictar fallo de reemplazo por el  delito de encubrimiento por favorecimiento.   

          ii)  La  demanda  instaurada  a  nombre de  TOMÁS  ENRIQUE AYALA NIEVES  formula  los mismos cargos que el libelo reseñado con  antelación.  Por  ello,  la  Sala  sólo  hará  énfasis en los argumentos que  difieran de los ya resumidos.   

          El  primer  cargo  se apuntala en la causal 3ª del artículo 207 de  la  Ley  600  de  2000  en  tanto  la  sentencia  por  cuyo  medio se revocó la  absolución     de     TOMÁS     ENRIQUE    AYALA  NIEVES  ostenta  motivación  deficiente y, por tanto,  fue  dictada  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  en lo cual observa falta de  aplicación  de  los  artículo  29,  228  y 229 de la Constitucional, así como  múltiples  reglas  del  estatuto procesal penal, entre ellas los cánones 1, 6,  9, 10, 13 y 170.   

          En  tal  sentido,  afirma,  en  menos  de  una  página  el Tribunal  decidió  revocar  la absolución, con lo cual obstruyó el acceso efectivo a la  administración  de justicia, afectó el debido proceso y las formas propias del  juicio.   

El  fallador  ad  quem,  añade, debió realizar un estudio detallado de  la  sentencia  y  de  la  actuación procesal de cara a los planteamientos de la  impugnación.  No  obstante,  se  limitó a darle un giro a lo manifestado en su  indagatoria  por AYALA NIEVES  para deducir su responsabilidad.   

Frente   a  la  trascendencia  del  error,  considera  que la revocatoria de la absolución sin el correlativo suministro de  motivación   violenta   los  derechos  fundamentales  de  su  procurado,  quien  desconoce  los aspectos que deben ser atacados en sede de casación, con lo cual  se restringe el control de legalidad del fallo.   

          Por  lo  anterior, solicita admitir la demanda y dictar sentencia de  reemplazo mediante la cual se ratifique el fallo de primer grado.   

          En  segundo  orden,  aduce  como  cargo  subsidiario,  con  apoyo en  “lo contemplado en el artículo 206 numeral 1 de la  Ley  600  de 2000”, la violación indirecta de la ley  sustancial,  vía error de hecho por falso raciocinio, por cuanto la revocatoria  del  fallo  absolutorio  sin contar con nuevos elementos de juicio comportó que  el  Tribunal  transgrediera  las  reglas  de  la sana crítica, en particular el  “principio   de   razón   suficiente”  y  que  desconociera las dudas presentes en la actuación sobre  la  participación y responsabilidad de TOMÁS ENRIQUE  AYALA NIEVES en el homicidio investigado.   

          Funda  la  censura  en  la  falta  de  aplicación del principio del  in    dubio   pro   reo,  circunstancia  que  conllevó  la  vulneración  por aplicación indebida de los  artículos  9,  12,  22,  29 y 135 del Código Penal y 1, 2, 238, 277, 284, 285,  286 y 287 de la Ley 600 de 2000.   

          Señala  que  el  error se concreta en la operación mental por cuyo  medio   el   Tribunal   dedujo   responsabilidad  a  título  de  coautoría  de  TOMÁS    ENRIQUE    AYALA    NIEVES   a  partir  de las retractaciones de WILSON  NARVÁEZ  MEJÍA  y  YOINER  ARIAS  CHONA,  cuando  en  realidad  manifestó  su desacuerdo con el procedimiento de sus compañeros y se  abstuvo de participar en el operativo.    

   

El  Tribunal  ad  quem  arribó  a esa conclusión a través del método  inductivo  por  analogía,  el cual no garantiza la fiabilidad de los resultados  por  limitarse a comparar una situación o hecho con otro.  De esta manera,  la   participación   y   responsabilidad   de  AYALA  NIEVES  se  dedujo  por encontrarse en el lugar de los  hechos,  circunstancia  que  por  sí  sola no permite colegir su conocimiento y  voluntad en la comisión del delito.   

          Si  el fallador hubiese razonado adecuadamente, esto es acudiendo al  método     deductivo,    habría    ratificado    la    absolución    de    su  procurado.   No  obstante,  omitió  aplicar  el  principio  del in dubio pro reo,  que  estaba  llamado  a  regular  el  caso.   

         

          Con  base  en  lo  anterior,  solicita  admitir  la demanda y emitir  sentencia  de  reemplazo  donde  se  reconozca  la  existencia de duda razonable  respecto  de  la  responsabilidad  de  TOMÁS ENRIQUE  AYALA NIEVES.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          La  Sala  ha  decantado  con  suficiencia  que en el examen sobre la  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales  le  corresponde constatar que los  recurrentes  formulen  sus  censuras con sujeción a las exigencias de lógica y  pertinente  argumentación  definidas  por  el legislador y desarrolladas por la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia adicional a las surtidas.   

Tales  requisitos  se  orientan  a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  213  de la mencionada  legislación  “si el demandante carece de interés o  la    demanda   no   reúne   los   requisitos   se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

          Entonces,  bajo los anteriores criterios se procede al examen de los  cargos propuestos en cada demanda.   

     

i. Demanda    presentada    a   nombre   de  EDWIN  FERNANDO  CUÉLLAR  CABRERA,  JOSÉ  GREGORIO  MANJARRÉS  HERNÁNDEZ,  CARLOS ENRIQUE AYALA GONZÁLEZ y DAIVER JIMÉNEZ MUÑOZ     

     

a. Cargo principal     

Cuando se postula  la  causal  tercera  de  casación,  a  la  cual  acude  el demandante aduciendo  motivación  incompleta  o deficiente del fallo atacado, tiene dicho la Sala que  si  bien  su  acreditación suele ser menos compleja que la demostración de las  otras  causales, en todo caso corresponde al impugnante precisar con claridad la  especie   de  irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y  las normas que estima conculcadas, con la indicación  de  los  motivos  de  su  quebranto.  También  es  de su resorte especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la  nulidad, demostrar que procesalmente no existe manera diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante, acreditar que la  anomalía  denunciada  tuvo incidencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), pues  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

Al verificar los argumentos del libelista,  sin  dificultad se establece  que  con  el  pretexto  de  denunciar la motivación deficiente del fallo ensaya  imponer  sus  propias  reglas para demandar en casación, sin tener en cuenta la  decantada  jurisprudencia de esta Sala, según la cual, si lo que se alega es la  indebida  apreciación  de  las  pruebas  se  debe acudir a la causal primera de  casación,  cuerpo  segundo,  esto  es,  a  la  violación  indirecta  de la ley  sustancial,  y no a la causal tercera, como sin mayor argumentación lo pretende  el  casacionista,  pues  ésta se ocupa de la estructura de las formas propias y  ritos  del  trámite,  así  como  del  derecho  de defensa técnica y material,  además del quebranto de otras garantías.   

Adicionalmente,  el  defensor  no    precisa    si   el   quebranto   recae   sobre   el  derecho  al  debido  proceso  o sobre  el    derecho    a    la    defensa,   distinción    necesaria   por  cuanto  uno  y  otro corresponden a  ámbitos  diversos  y  delimitados.  El  primero,  la  vulneración  del  debido  proceso,  constituye  por  regla  general  un  vicio  de  estructura  (falta  de  competencia,  pretermisión  de  las  formas propias del juicio, etc.), en tanto  que  el segundo, el quebranto del derecho de defensa, engendra afectación de la  garantía,  motivo  por  el  cual  era  imprescindible  que fuera claro sobre el  particular en su planteamiento.   

Así,  en virtud  del  principio de trascendencia que rige la declaratoria de nulidad del proceso,  debía  demostrar  que  la  supuesta irregularidad se  concretó  y  afectó  de  forma  radical  los  derechos de sus procurados, pues  la  simple  concurrencia    de    una    incorrección   no   conduce  necesariamente  a  la  invalidación  de lo actuado, en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo  unos  resultados  adversos  y  lesivos a los intereses y derechos del sindicado,  pues  de  lo contrario, el vicio carece de trascendencia e imposibilita declarar  la pretendida invalidez.   

         En      ese     orden,     la     Sala     observa     cómo    el    libelista,      además     de     incumplir     la     carga     argumentativa     de    precisar  el  tipo  de  afectación,  se  aparta   de  la  realidad  procesal         al         afirmar   que   el   Tribunal   ad  quem  no  se pronunció sobre varios  temas   planteados   en  las impugnaciones, hecho en  el  cual  finca  la  motivación  deficiente, pues la  revisión  de  la  decisión  arroja  que  si  existe  pronunciamientos  sobre  dichos  aspectos,  aunque no en  la extensión pretendida por el recurrente.    

En efecto, se dice en la demanda que el fallo  censurado   no  se  pronunció  sobre  la  coautoría  impropia  o el  acuerdo  previo  entre los partícipes,  aseveración inexacta si se  observan    los    siguientes   apartes,   

“En  nuestro  caso,  aquellas  omisiones de los procesados, en sus calidades de soldados de la  República,  al  no colocar al señor Baltasar Arango Roa, a disposición de las  autoridades  competentes,  después  de  sus retención y permanecer con él por  largo  tiempo en el radio de sus operaciones contraguerrilla y luego edificar un  supuesto   combate   con  la  guerrilla,  apareciendo  después  como  baja  ante  el  fragor  de  las  armas, no comulga jamás con la  obediencia    debida    o   con   el   acatamiento  de  orden  legítima de un superior militar,  porque  tal  como  dice el Ministerio  Público,  bajo ningún punto de vista y ni siquiera en un estado de excepción,  permite  el  Derecho  Penal  Internacional, las ejecuciones extrajudiciales como  aquí    ocurrió”3.   

Y  más adelante  expone sobre la división  de tareas,   

“El grupo de  soldados    siempre    estuvo    en    contacto    con   el   interfecto  e inclusive estaba absolutamente  custodiado   por  estos  soldados,  con  división  de  tareas,  tales  como  la  vigilancia  y  la  intercomunicación por radio, ello  hace   por   elemental   que   un   desprevenido  o  incauto  ser  humano  en  esa  situación  no  puede  reputarse  sorprendido en lo que percibe va a suceder  a  posteriori,  como lo es la muerte en supuesto combate de Baltazar            (sic)”4.   

Además,  la  respuesta  a  las  inquietudes  de las partes no  puede   medirse  por   el   número  de  páginas  dedicadas  a  tratar  el  asunto,  como  lo  plantea  el  censor, sino  por el real abordaje de la problemática   planteada,   en   lo   cual   cada  funcionario  ostenta un estilo particular que no puede cuestionarse por  el sólo hecho de que no se ajuste  al  modo  de  decir  las  cosas  de quien formula la  petición      o     la     crítica.   

En   tal   sentido,   la   Sala  observa  cómo  la Colegiatura de  segunda  instancia  abordó  los  temas planteados en  las  impugnaciones  y  explicó  las razones por las  cuales    ratificaba    la   condena,   de   manera  que       el  cargo,  más  que  un  juicio  lógico  debidamente  presentado,  constituye  un  alegato  de  instancia  en  el  que se manifiesta   la inconformidad del  censor  frente a la valoración probatoria realizada  por  las instancias, pues en su opinión el     proceso    de    ponderación  imponía   la   absolución   por   duda  y  no  la  sanción    de   sus  procurados.   

Se  concluye de lo expuesto en precedencia  que  el  cargo formulado  contra  la sentencia no se  desarrolló  en forma adecuada, esto es, indicando de manera precisa y coherente  los  fundamentos  de  la  causal,  aspecto  de suyo suficiente para inadmitir el  libelo   dada   la   naturaleza   de   este  medio  de  impugnación,    en   particular   en   atención  al  principio  de  limitación que impide a la Corte  subsanar  las incorrecciones anotadas. Además, porque no se advierte violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala.   

     

a. Cargo subsidiario     

        Con  fundamento  en  el  numeral 1 del  artículo   207   de   la   Ley   600  de  2000,  el  libelista  propone un cargo por violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  vía  error  de hecho por falso raciocinio,     el     cual     radica  en  que   el   juzgador  ad  quem,   al  colegir  la   participación   como  coautores  del   delito   de  homicidio  en  persona  protegida  de    JOSÉ    GREGORIO   MANJARRÉS  HERNÁNDEZ,    EDWIN    FERNANDO   CUÉLLAR  CABRERA,  CARLOS  ENRIQUE  AYALA GONZÁLEZ y DAIVER JIMÉNEZ  MUÑOZ,   realizó  una operación mental  equivocada   que  le  impidió  observar  las  dudas  presentes   en   torno  a   la   responsabilidad   de   los   mismos.  Con ello, afirma, vulneró el  principio  de  presunción  de inocencia,   situación  que  impone  casar  la  sentencia   y,  en  su  lugar,  emitir  fallo de  reemplazo   por   el  delito  de  encubrimiento  por  favorecimiento,   por   tratarse  del  punible  concretado  con  el  actuar de sus procurados.      

     

Como   en   este   reparo   se       plantea      la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial   derivada   de  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  en  la  apreciación  probatoria,  para encarar el análisis acerca de su admisibilidad,  pertinente resulta evocar de forma breve su naturaleza.   

Así,  la Corte  ha  precisado  que  esta  modalidad de error se configura cuando en la labor de  ponderación   del   material   probatorio  oportuna  y  legalmente  adosado  al  proceso,  el   funcionario   judicial  desatiende  las  reglas  de  la  sana  crítica.  Por  ello,  el  demandante está obligado (i) a identificar la prueba  sobre  la cual recae el yerro; (ii) a establecer el mérito que se le otorgó al  medio  de convicción en la sentencia; (iii) a señalar cuál es el postulado de  la  sana  crítica  que  en  su  criterio  fue  vulnerado, esto es, el principio  lógico,  la  máxima  de  la experiencia, o la regla científica quebrantada. A  continuación   (iv)  debe  vincular  esa  apreciación  con  la  regla  aludida  demostrando  en  dónde  radica  el desvío y, finalmente, (v) está compelido a  precisar  la  trascendencia  del  error  frente  a la ley sustancial, lo cual le  impone  exponer  los  argumentos  que  lo  conducen  a  estimar que la sentencia  impugnada   se  debe  modificar  en  favor  del  interés  que  representa  como  consecuencia necesaria del error alegado.   

         

En el asunto que convoca la atención de la  Sala,     el     casacionista     no     cumplió     con     la    obligación  argumentativa  que  este  reproche impone, razón suficiente para inadmitir el cargo.   

El   libelo  señala  que  el fallo no valoró el material probatorio recaudado en el proceso  con  sujeción  a  las  reglas  de  la  experiencia,  de la lógica y de la sana  crítica.    No   obstante,   aunque   menciona   los   medios   probatorios  respecto  a  los  cuales dirige su reproche, esto es,  las  declaraciones  de  los  militares  YOINER    ARIAS    CHONA  y  WILSON NARVÁEZ MEJÍA   así   como   los  indicios  construidos  a  partir  de  ellas,  no  realiza  un  trabajo  individualizado  frente  a  cada  uno  de  ellos, por  manera  que  no identifica  su  contenido específico  ni   analiza   cómo   se   valoraron  en      particular      y      en      su     conjunto,   menos  indica    el    mérito    otorgado   a  cada  prueba  en la sentencia a los  mismos.   

De igual forma,  si    bien    menciona  como  regla  de  la sana  crítica  infringida  la  denominada “razón   suficiente”,  no  indica  en       qué       consiste       ese  principio           y          cómo    fue    infringido  en  relación  con  cada  uno  de  los  testimonios  e indicios  referidos    como   mal   valorados,   limitándose    a   descalificar   la  ponderación  realizada en  el    fallo   de   segunda   instancia  de forma genérica sin particularizar  frente  a cada medio de convicción, como la adecuada presentación del cargo lo  exige.   

En  el  mismo  sentido, el censor alude en  extenso  a  la  supuesta  utilización  por  parte  del  fallador  del método  inductivo  para  colegir  la  responsabilidad de los  procesados  en  desmedro  del  deductivo,  que en su  opinión       garantiza       de       mejor       manera      acceder  a  la verdad. Con todo no explica  con   suficiencia   por  qué    puede  considerarse  que  el  servidor  judicial               fundó   su  análisis  en esa forma de  razonar       ni       por       cuál      razón      sus    inferencias    son   producto   de   esa   manera    de    analizar.   

De  esta  manera,  a pesar de mencionar la  vulneración  del principio de razón suficiente y la  utilización  de  un  método   de  razonamiento      equivocado,      el   libelista   no  se  esfuerza  por  demostrar   la   concreción   de   dicha  falencia  respecto  de  cada  uno de los medios de pruebas que considera mal ponderados,  quedando  reducida su censura a la enunciación de un  principio  y  un  método  sin  concatenarlo  con la  realidad procesal.   

Por   tanto,  el reproche encubre          la    inconformidad    del    demandante    con   la   valoración  efectuada  por  el  sentenciador  de  segunda  instancia  al  material  probatorio,  pero  está  lejos  de configurar un cargo  debidamente  estructurado  y  fundado,  conforme  a las exigencias propias de la  casación.   

        De    otra    parte,    el       casacionista    pregona    la   existencia   de   dudas   sobre   la  participación consciente y voluntaria de sus procurados en el  homicidio  del  señor  Baltasar  Arango,  lo cual,  en   sana   lógica,  conllevaría  a  que        solicitara  la  absolución  por  dicho         cargo.  Sin  embargo, de forma discordante y  sin      explicación      coherente,             pide   emitir  sentencia  de  condena  pero  por  el   delito   de   encubrimiento   por  favorecimiento,     postura    que    contradice  su  argumentación  principal  tendiente  a  que  se  dé    aplicación  al    principio   del  in   dubio   pro   reo  que          considera          violentado     por     el     fallo  demandado.   

         

En   fin,   se  insiste,  la  postulación  casacional  no  pasa  de ser la personal visión que el demandante presenta a la  Corte  sobre  el  alcance  suasorio  de las pruebas, a partir de la cual termina  acusando  al Tribunal de desconocer las reglas de la lógica y de la experiencia  solamente  por  concluir  que  los  elementos  de  convicción incorporados a la  actuación  aportan  certeza  acerca  de  la  responsabilidad de los procesados,  cuando  lo  que,  en  su  criterio, debió sostenerse fue la ausencia de mérito  para condenar ante las dudas existentes en el plenario.   

En  ese  contexto, el sustento de la censura  corresponde  más  a  un  alegato  de  instancia,  en  el  cual el libelista, se  recalca,  ensaya  su  personal  enfoque  acerca  del  mérito  probatorio de las  pruebas,  sin que se allane a satisfacer las exigencias de redacción propias de  la impugnación extraordinaria.   

En  consecuencia,  atendida  la  inadecuada  sustentación  del  cargo  formulado,  la  Sala  inadmitirá  el cargo objeto de  examen.   

       

i. Demanda  a  nombre de TOMÁS ENRIQUE AYALA  NIEVES     

     

a. Cargo principal     

Dice el libelista que la sentencia de segunda  instancia   se  caracteriza  por  su  motivación  deficiente  en  punto  de  la  revocatoria  de la absolución de TOMÁS ENRIQUE AYALA  NIEVES,   situación  que  comporta  la nulidad de ese proveído por afectar los derechos fundamentales del  procesado   al  debido  proceso,  al  derecho  de  defensa  y  al  acceso  a  la  administración de justicia.     

Por  tratarse  de  un  cargo  idéntico  al  planteado  en  la  demanda anteriormente examinada, las notas expuestas sobre la  causal  3ª  del  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, relativa a la sentencia  dictada  en un juicio viciado de nulidad, aplican al caso, motivo por el cual no  se  reproducirán. En consecuencia, la Corporación se concentrará en el examen  del libelo.   

En  ese  orden,  la  Sala  encuentra  que el  demandante  en  forma simultánea pregona el quebranto de los derechos al debido  proceso  y a la defensa, cuando debía separar cada cargo, si consideraba que se  configuraban,  pues  uno  y otro corresponden a ámbitos diversos y delimitados,  tal  como  quedó sentado en acápites anteriores, motivo por el cual incumplió  el     imprescindible     deber    de    presentar    en    forma    clara    el  planteamiento.   

Por  tanto,  en  virtud  del  principio  de  trascendencia  que rige la declaratoria de nulidad del proceso, el censor debía  demostrar  que la supuesta irregularidad se concretó y afectó de forma radical  los    derechos    de    TOMÁS    ENRIQUE    AYALA  NIEVES,   pues   la   simple   concurrencia   de  una  incorrección  no  conduce  necesariamente  a la invalidación de lo actuado, en  cuanto  es preciso acreditar que aquella produjo resultados adversos y lesivos a  los  intereses  y  derechos  del sentenciado. De no ser así, el vicio carece de  impacto e imposibilita declarar la pretendida invalidez.   

De  igual  forma,  tal  como  se  adujo con  antelación,  el hecho de que el fallo confutado no dedique numerosas páginas a  la  revocatoria  de la absolución no comporta que carezca de sustento, pues, se  insiste,   en  punto  de  la  motivación  de  las  providencias  judiciales  lo  trascendente  es  que se aborden las inquietudes de las partes y se otorguen las  razones  de  la  determinación,  supuesto  que  se  puede satisfacer, según el  estilo del servidor judicial, en unas pocas cuartillas.   

En  el  evento  examinado la Colegiatura de  instancia  elaboró  una  argumentación  a  lo  largo  de  la  cual destacó el  acompañamiento    de    TOMÁS    ENRIQUE    AYALA  NIEVES  en  todo  el  iter  criminis,  desde los actos preparativos, de ejecución  y  posterior  ocultamiento  del  accionar  delictivo, por manera que coligió su  participación  en  la  modalidad  de coautoría impropia, dada su condición de  soldado  integrante  de  la  unidad  militar  que  concretó  el  homicidio,  su  presencia  en  el  lugar  de  los  hechos por varias horas, su silencio ante tan  atroz  crimen,  su  contribución  activa para afirmar la tesis de una muerte en  combate,   entre   otras  razones.  Obsérvese  uno  de  los  apartes  de  dicha  determinación,    

“Esto también  hace  que  se  revoque  la absolución de Tomás Enrique Ayala Nieves, que muy a  pesar  de  que  se  negó  a disparar en el lugar de los hechos la ametralladora  M-60,  es  testigo de sus propios actos y omisiones, presuntas, fundamentalmente  porque,  pretende  ser  ignoto  o  instrumento ciego de un concebido plan que se  desarrolla  ilícitamente  por  etapas,  inicialmente  cuando  se  captura  a un  supuesto  guerrillero,  sin más miramiento que el señalamiento de Yoiner Arias  Chona,  cosa  que  repulsa  a  las  estructuradas  formas   que  concibe el  legislador  para  privar  a  una  persona  de  un derecho fundamental como es la  libertad,  formas  entre  otras como la flagrancia, sin orden judicial, pero nos  preguntamos  donde  está  la  flagrancia  para  capturar  a Baltasar Arango Rua  (sic),  pues  ésta  igual  brilla  por  su  ausencia  y  que  decir  con  las  acciones  subsiguientes a la  ejecución     de     Baltazar     (sic),  cuando  se  le  coloca  una escopeta y una granada; sin embargo,  también  se  extravían sus prendas de vestir vitales para establecer de manera  objetiva  y  en  la  forma en que se encuentre el cadáver la ubicación en esas  vestimentas  de  los  orificios  y con ello igual establecer la distancia de los  disparos, etc.   

Así  pues,  no  se  requiere de esfuerzos  categóricos  o mentales para percibir la mentira de los soldados procesados, se  acota  inclusive  el  absuelto,  porque  profusos  exámenes  de  las diferentes  versiones   que  dieron  hicieron  (sic)  todos  los sujetos procesales, tanto que las defensas no niegan las  contradicciones  de  estos, lo único básico de ellos para adverar absolución,  es  las  amenazas  y  la  obediencia  debida,  la  primera según un recurrente,  conllevó  a  que  se catalogara el comportamiento de los reos como instrumental  dentro  de  la cadena de mandos, tesis que se torna deleznable por lo morigerado  ut  supra  y  además,  porque  no  existe prueba diferente que aquellas que los  comprometen     en     los     hechos”5.          

En  suma, la Sala encuentra que el Tribunal  ad  quem sí suministró las  razones   por   las   que   prosperó   la   impugnación  de  la  Fiscalía  y,  consecuentemente,  la  causa  por la cual revocó la absolución deferida por el  juzgado  de  primera  instancia a TOMÁS ENRIQUE AYALA  NIEVES.   

De  esta manera, más que un juicio lógico  debidamente  presentado,  el cargo se asimila a un alegato de instancia donde el  censor   pone  de  presente  su  inconformidad  con  la  valoración  probatoria  realizada  por  la segunda instancia, proceder alejado de la técnica propia del  recurso  que,  además,  no  logra derruir la presunción de acierto y legalidad  que cobija al fallo demandado.   

Dadas  las  falencias  reseñadas,  la Sala  inadmite el cargo.   

     

a. Cargo subsidiario     

Con base en “lo  contemplado  en  el  artículo  206  numeral 1 de la Ley 600 de 2000”,   el   libelista  aduce  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  vía  error de hecho por falso raciocinio, el cual radica en que el  fallador  ad quem, al colegir  la  participación y responsabilidad de TOMÁS ENRIQUE  AYALA  NIEVES  como coautor del delito de homicidio en  persona  protegida,  efectuó  una  operación mental equivocada que le impidió  observar  las  dudas presentes respecto de dichos tópicos. Con ello, afirma, se  vulneró  el  principio de presunción de inocencia, situación que impone casar  la  sentencia  y,  en  su  lugar,  emitir  fallo  de  reemplazo que ratifique la  absolución dispuesta en primera instancia.   

    

Entonces,  el  reparo se finca en similares  ideas  a  las expuestas en la demanda analizada con antelación, con la salvedad  de  que  se designa una norma equivocada en apoyo del mismo (artículo 206) y no  se  pide  condena por el punible encubrimiento por favorecimiento sino ratificar  el fallo de absolución proferido en primera instancia.   

En  ese  contexto, se hacen extensivos, por  resultar  válidos, los razonamientos indicados al analizar la anterior demanda,  en  tanto  el  libelista  no  cumplió  con  la carga argumentativa propia de la  censura, razón suficiente para inadmitirla.   

En   efecto,   se  afirma  que  el  fallo  cuestionado  no  valoró el material probatorio con sujeción a las reglas de la  experiencia,  de  la  lógica  y  de la sana crítica, pero no particulariza los  medios  de  convicción  erróneamente  ponderados,  es  decir, no identifica su  contenido  específico ni analiza cómo se valoraron en forma individual y cómo  en  su  conjunto, menos indica el mérito otorgado a cada prueba en la sentencia  a los mismos.   

Señala  como  regla  de  la  sana crítica  infringida,     el     principio    de    “razón  suficiente”.  Con todo, no menciona en qué consiste  y  cómo  pudo  ser  conculcado  dicho  postulado en relación con cada medio de  convicción   equivocadamente   ponderado,   limitándose   a   descalificar  la  valoración   realizada   en   el   fallo   del   ad  quem.  Así  mismo,  cuestiona  el  método inductivo,  presuntamente  utilizado  en  la  sentencia, pero no explica con suficiencia por  qué  el  servidor judicial fundó su análisis en esa forma de razonar ni cómo  pudo   repercutir  ese  proceder  en  la  declaración  de  justicia  finalmente  adoptada.   

De  esta manera, el libelo casacional sólo  suministra  la  visión  personal del demandante en torno al alcance suasorio de  las  pruebas  recaudadas  en  el  proceso,  sin  que  ello  sea  suficiente para  considerar  debidamente  sustentado el cargo, dadas las falencias argumentativas  y lógicas referidas.   

En  ese  orden,  la  decisión razonable es  inadmitir  la  censura,  teniendo  en  cuenta  el  principio  de limitación que  regenta   este   medio  extraordinario  de  impugnación,  cuya  regulación  se  encuentra  en  el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, el cual impide a la Corte  subsanar  las incorrecciones anotadas. Además, porque no se advierte violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR        las  demandas de casación    interpuestas    por   el   defensor   de   JOSÉ  GREGORIO  MANJARRÉS  HERNÁNDEZ,  EDWIN  FERNANDO  CUÉLLAR  CABRERA,  CARLOS  ENRIQUE  AYALA GONZÁLEZ y DAIVER JIMÉNEZ MUÑOZ y  por  el  apoderado  de  TOMÁS ENRIQUE  AYALA NIEVES.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto en el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                    GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria   

    

1 Esta  audiencia se llevó a cabo el 10 de febrero de 2010.   

2  Diligencia  celebrada   en  sesiones  de   22  de  febrero,  7 de  abril, 5 de mayo  y 17 de junio de 2010.   

3  Ver  folio 17 de la sentencia de segundo grado.   

4  Ver  folio 19 sentencia de segundo grado.   

5  Ver  folios 23 y 24 del fallo de segunda instancia.     

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