40559(17-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 113.   

Bogotá, D.C., diecisiete (17) de abril de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

La Sala de Casación Penal de la Corte Suprema  de  Justicia  entra  a  resolver  el  recurso  de  apelación interpuesto por el  representante  del  Ministerio  Público  y  los  apoderados  de  algunas de las  víctimas,  contra  la  sentencia dictada el 4 de septiembre de 2012 por la Sala  de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante la cual se  condenó  al  postulado GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ, conocido con los alias de  “El  Tuerto”,  “Antonio”,  “Luis” y/o “El Pirata”, desmovilizado  del  Bloque  Calima  de  las Autodefensas Unidas de Colombia, por los delitos de  concierto   para   delinquir   agravado,   homicidio   en   persona   protegida,  desaparición  forzada,  secuestro  simple  agravado,  extorsión y expulsión o  traslado de población civil.   

ANTECEDENTES  

1. Históricos  

Sobre   los  antecedentes  históricos  del  conflicto  armado  interno  en  el  país  y  el  surgimiento  de  las  llamadas  Autodefensas  Unidas  de  Colombia  (en  adelante  AUC), la sentencia de primera  instancia  ilustra  con  suficiencia,  sin que tal aspecto haya sido cuestionado  por  los  sujetos  procesales,  razón  por la cual la Sala se remite a lo allí  declarado,  destacando,  para  lo  que  interesa  al  recurso  interpuesto,  los  antecedentes  que  rodean  la  creación  y consolidación del llamado “Bloque  Calima”  de  las AUC, del cual se desmovilizó el aquí condenado con ocasión  de  los  acuerdos  de paz suscritos con esa organización armada al margen de la  ley.   

En  ese  sentido, en el proceso se acreditó  que  hacia  el  año  2000,  las  Autodefensas de Córdoba y Urabá, al mando de  Fidel  Castaño,  decidieron  desplegar  su  actividad paramilitar hacia la zona  central  del  Valle del Cauca, financiados y auspiciados por Diego León Montoya  Sánchez,  alias  “Don  Diego”,  enemigo  de Wilmer Varela, alias Jabón”,  quien  en  ese  entonces  tenía el control de las rutas de narcotráfico de esa  región,  bajo  la  protección  de  la  guerrilla  de  las FARC, dando lugar al  surgimiento del Bloque Calima.   

Igualmente,  aparece acreditado que desde lo  funcional,  el  Bloque  Calima  contó con tres estructuras: una política, otra  militar  y  otra  financiera,  y  que  un  grupo  se  encargaba  de  difundir la  ideología  de  las  autodefensas  entre  militantes  y  civiles y obtener apoyo  económico  en  la región. A su vez, el Bloque llegó  a  tener cinco frentes: Central (ubicado en Tuluá y sus alrededores), Pacífico  (ubicado  en  Buenaventura  y  algunos  municipios  costeros  de Cauca), Cacique  Calarcá  (Ubicado  en  algunos  municipios  del  norte  del  Valle  del Cauca y  Quindío),  La  Buitrera  (Ubicado  en  Palmira  y sus alrededores) y Farallones  (ubicado en varios municipios de Cauca).   

También aparece probado que el Bloque Calima  financió  sus  actividades ilícitas con ganancias obtenidas del narcotráfico,  y  de  manera  secundaria  pero  constante,  con  el  cobro  de tarifas ilegales  obtenidas  de  las  extorsiones,  exacciones, cuotas y “aportes” impuestos a  comerciantes,  ganaderos, transportadores, contratistas y pobladores en general,  quienes  eran  víctimas del despojo de sus bienes y enseres, y si se resistían  eran  víctimas  de  amenazas, intimidaciones, retenciones y atentados contra su  vida,  con lo que a la vez se les instrumentalizaba para causar terror y someter  a la población civil.   

En general, la sentencia de primera instancia  ilustra  cómo  durante  el  tiempo en que operó el Bloque Calima de las AUC en  esas   zonas  del  país,  se  reportaron  ataques  criminales  sistemáticos  y  generalizados  en  los  departamentos  del  Valle  del  Cauca, Quindío, Cauca y  Huila,  los  cuales respondieron a una política devastadora que iba dirigida en  la  mayoría  de  los  casos contra miembros de la población civil, señalados,  sin  formula de juicio, como militantes o auxiliadores de los grupos subversivos  ya citados.     

2. Procesales  

2.1.  Mediante  resolución  091 de 2004, el  señor  Presidente de la República y sus Ministros del Interior y de Justicia y  de  Defensa Nacional, en ejercicio de las atribuciones conferidas por la Ley 418  de  1997,  prorrogada  y  modificada  por la Ley 548 de 1999 y por la Ley 782 de  2002,  y  considerando  que  se  encontraban  dadas  las  condiciones para ello,  declararon   “abierto   el  proceso  de  diálogo,  negociación  y  firma  de acuerdos con las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC  de   que   trata   el   artículo   3  de  la  Ley  782  de  2002”1.      

2.2. En desarrollo  del  mismo,  el  15  de  julio  de 2003, el Gobierno Nacional y las Autodefensas  Unidas   de   Colombia   (en  adelante  AUC),  suscribieron  el  “Acuerdo  de  Santa  Fe  de  Ralito  para  contribuir  con la Paz de  Colombia”,   entre   cuyos  puntos  se  destaca  el  compromiso  que adquirió ese grupo armado al margen de la ley de desmovilizar a  la  totalidad  de  sus  miembros, en un proceso gradual que comenzaría antes de  terminar  ese  año  y  culminaría  el 31 de diciembre de 2005, mientras que el  Gobierno   se   comprometió   a   adelantar   las   acciones   necesarias  para  reincorporarlos      a     la     vida     civil2.   

2.3. Para efectos de  la  coordinación  de  las  desmovilizaciones  acordadas,  la  Presidencia de la  República  emitió  la  resolución  No.  233  del  3  de  noviembre  de  2004,  reconociendo   como   miembros  representantes  de  las  AUC  a  los  cabecillas  desmovilizados  Salvatore  Mancuso,  Iván  Roberto Duque Gaviria y Éver Veloza  García,  a  éste  ultimo  como  representante  del  Bloque  Calima3.   

A su vez, mediante resolución No. 297 del 10  de  diciembre  de  2004,  emanada de la misma Presidencia, se creó como zona de  ubicación  temporal –hasta  el  10  de  enero  de  2005-  para  la  concentración y desmovilización de los  miembros  del Bloque Calima de las AUC, la finca “El Jardín”, ubicada en el  corregimiento  de  “Galicia”,  municipio  de  Bugalagrande, departamento del  Valle,  lugar  en  el que se materializó la desmovilización de sus miembros el  18  de  diciembre  de 2004, fecha en la cual se hizo entrega formal del material  de       guerra      con      que      contaban4.   

2.4.  La  lista de  personas  desmovilizadas  del  Ex  Bloque  Calima  (en  total  564),  suscrita y  aceptada  de  conformidad  con lo establecido en el Decreto 3360 de 2003, por su  representante  Éver  Veloza  García,  alias  “H.H.”,  fue  remitida  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  mediante comunicación del 21 de febrero de  2005    y    dentro    de    ella    figura   el   nombre   de   “GIAN   CARLO  GUTIÉRREZ”5.   

A  su  vez, mediante comunicación del 15 de  agosto  de  2006,  el Ministro del Interior y de Justicia, le remitió al Fiscal  General  de  la  Nación la lista de postulados para la Ley 975 de 2005, emanada  de  la  oficina del Alto Comisionado para la Paz, en la que también se incluyó  a GIAN CARLO GUTIÉRREZ.   

2.5.  Una vez  el  postulado  ratificó  su  voluntad  de  someterse a la Ley de Justicia y Paz  mediante  memorial  dirigido  a  la  Unidad  de  Justicia  y Paz de la Fiscalía  General   de   la  Nación,  que  fue  coadyuvado  por  su  defensor6, el asunto fue  repartido  para  el  correspondiente trámite al Fiscal 18 de la Unidad Nacional  de  Justicia y Paz, que en resolución del 23 de enero de 2007 dispuso adelantar  las  gestiones  pertinentes,  entre  ellas y antes de programar la diligencia de  versión  libre,  la  elaboración,  junto  con  el  equipo de Policía Judicial  asignado  al  despacho,  del  programa  metodológico  pertinente;  así como la  citación  y  emplazamiento  de las posibles víctimas del actuar delictuoso del  postulado,  a  través de edicto que se fijó en la Secretaría de la Unidad por  el  término  de  20 días, de conformidad con el artículo 8º del Decreto 3391  de 2006.   

          Dentro  de dicho lapso, por dos veces y en día domingo, se publicó  el emplazamiento en varios diarios de amplia circulación nacional.   

2.6.  La diligencia  de  versión  libre  se  surtió  ante  el  mencionado Fiscal 18 de la Unidad de  Justicia  y  Paz  durante  los  días 29 y 30 de mayo; 29 y 30 de agosto y 20 de  noviembre de 2007, todas en la ciudad de Bogotá.   

En  el  curso  de  la  misma,  el  postulado  confesó  haber  militado durante casi tres (3) años en el Bloque Calima de las  AUC,  ejerciendo  tareas  de  patrullero  rural  y  urbano, en desarrollo de las  cuales  participó en veintiún (21) hechos delictivos, en los que se ejecutaron  veintiséis  (26)  homicidios; cinco (5) secuestros, portes ilegales de armas de  defensa   personal   y   de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas,  un  (1)  desplazamiento forzado y una (1) extorsión.   

           2.7.  Acorde  con  estos  antecedentes, el  Fiscal  18  solicitó  ante un Magistrado de Control de Garantías de la Sala de  Justicia  y  Paz  de  Bogotá,  la realización de una audiencia preliminar para  formulación   de   imputación   e  imposición  de  medida  de  aseguramiento,  diligencia  que  se llevó a cabo el 5 de agosto de 2008, en el curso de la cual  el  Fiscal  imputó  al  postulado  los  siguientes  delitos:  veintiséis  (26)  homicidios  en  persona  protegida; cinco (5) secuestros simples; concierto para  delinquir;  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal;  desplazamiento  forzado;  fabricación,  tráfico y porte de armas de  fuego de uso privativo de las fuerzas armadas y extorsión.   

El  Magistrado  de  Control  de  Garantías  determinó  que  las  imputaciones  realizadas  por  la  Fiscalía  habían sido  completas  y correctamente formuladas en su aspecto fáctico y jurídico, razón  por la cual las declaró ajustadas a la legalidad.   

A  continuación  el  Fiscal  solicitó  la  imposición   de   medida   de   aseguramiento   de   detención  preventiva  en  establecimiento  carcelario,  a  lo  cual  accedió  el Magistrado de Control de  Garantías,    sin    que    a   ello   se   opusiera   el   postulado   ni   su  defensora.   

2.8. La audiencia de  formulación  de  cargos  se  llevó  a  cabo  el  4  de  marzo  de 2009 ante el  Magistrado  de Control de Garantías de la Sala de Justicia y Paz de Bogotá, en  el   curso   de   la  cual,  previamente  a  la  constatación  material  de  la  representación  de  las  múltiples  víctimas,  el  Fiscal  18  de  esa Unidad  Especial  formuló  los  cargos  que  después  de  algunas  incidencias  fueron  legalizados  en  proveído del 30 de septiembre de 2010, decisión en la cual la  Sala  dispuso la legalización formal y material de los cargos formulados por la  Fiscalía  General  de  la  Nación  por treinta y un (31) Homicidios en persona  protegida  (artículo 135 de la Ley 599 de 2000 ); un (1) Desplazamiento forzado  (artículo159  ibídem);  una (1) Desaparición forzada (artículo 165 ibídem);  dieciocho  (18)  Secuestros simples agravados (artículos168 y 170 ibídem); una  extorsión    (artículo    244    ibídem)    y    concierto   para   delinquir  agravado7  (artículo  340  ibídem);  algunos  de  estos  comportamientos se  consideraron  agravados  conforme  a  la circunstancia genérica prevista por el  artículo  58  numerales  2º y  5º de la misma legislación, por hallarse  acreditados    los    estados    de   indefensión   e   inferioridad   de   las  víctimas.   

Contra  la  anterior decisión interpusieron  recurso  de  apelación  el señor Fiscal, el delegado del Ministerio Público y  defensores  de víctimas, impugnación que fue desatada por esta Corporación en  proveído  del  31  de  agosto  de  2011, en la que resolvió confirmar la mayor  parte  de la determinación, modificando únicamente  los numerales tercero  y  cuarto  de  la  parte  resolutiva, para legalizar los hechos que se tipifican  como  homicidio en persona protegida y desaparición forzada, que registran como  víctima  a alias “Turbo”. Igualmente, se declaró que el delito de porte de  armas  de  fuego  se  subsume dentro de las conductas delictivas imputadas en el  trámite de la Ley 975 de 2005.   

         2.9.  Del 15 al 18 de diciembre de  2011,  se  evacuó  la  audiencia  de  incidente  de reparación integral con la  participación  del  Fiscal 18 Delegado de la Unidad nacional de Fiscalías para  la  Justicia  y  la  Paz  de  Cali, la representante del Ministerio Público, el  postulado  GIAN  CARLOS  GUTIÉRREZ  SUÁREZ  y  su defensora, los defensores de  víctimas  Luz  Mila  Salazar  Cuéllar,  Edda  Ariane Triana Real y Juan Carlos  Córdoba  Correa,  y  las  víctimas  Jorge Enrique Pungo Gómez, Bolívar Pungo  Gómez,  Nelson Díaz Cuéllar, Didier Jairo Muñoz Mesa, Anita García de Mesa,  Cecilia  Mesa  de  Muñoz,  Denis  Elsi  Uribe,  Carmen Emilie Astaiza Mosquera,  Adriana del Pilar Sánchez Pungo y Yudy Sánchez Pungo.   

          Igualmente,   en   el  curso  de  la  audiencia  se  escuchó  a  la  representante  de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR);  a  una  sicóloga perito de la Unidad de Atención a Víctimas de la Defensoría  del  Pueblo  y  a  un perito financiero de la Unidad Operativa de Investigación  Criminal de la misma Defensoría.    

2.10.  La sentencia  de  primera  instancia  se  adoptó el 4 de septiembre de 2012, en los términos  que más adelante se especificarán.   

3.  Concreción  de los cargos en el aspecto  fáctico  y jurídico, víctimas reconocidas por cada uno de los comportamientos  y monto de las indemnizaciones ordenadas a favor de ellas.   

3.1 Secuestros simples agravados (artículos  168  y  170, numeral 10, de la Ley 599 de 2000), homicidios en persona protegida  (artículo  135  ibídem) y  desaparición         forzada         (artículo         165        ibídem).   

Hecho  1.   Homicidio  de  Jaime Quirá  Cifuentes, agricultor de 18 años de edad.   

El 30 de julio del año 2001, aproximadamente  a  las  dos  de la tarde, en la cabecera municipal del Tambo – Cauca, en la vía  que  lleva del matadero municipal al barrio San Fernando, el señor Jaime Quirá  Cifuentes  fue  abordado  por  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ  y  alias  “El  Pelirrojo”,  quien después de un intercambio de palabras le disparó con arma  de  fuego,  causándole  las  heridas  que  le  produjeron  la  muerte. El aquí  postulado   admitió  su  responsabilidad  en  el  homicidio,  como  quiera  que  protegió  y  colaboró  en  la huida de alias “El Pelirrojo”, al desenfundar su  arma  de  fuego por prevención y huir del lugar conjuntamente en la motocicleta  mencionada,  razón  por  la  cual  la  imputación se hizo a título de coautor  impropio.   

Por  este  hecho,  fueron  reconocidas  como  víctimas  indirectas  la menor K. G. Tombe Paredes (hija), Carlos Arturo Quirá  (padre),  María  Sabina  Cifuentes  (madre),  Carlos  Arturo  Quirá  Mosquera,  Armando  Andrés  y  Diana  Quirá  Cifuentes (hermanos), cuya indemnización se  liquidó en los siguientes términos:   

VÍCTIMAS  INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

K.   G.   Tombe  Paredes              

————             

$  160.911.208,2             

$56.670.000             

$217.581.208,2  

Carlos Arturo  Quirá             

$675.792,98             

————–             

$56.670.000             

$57.345.792,99  

María Sabina Cifuentes             

$675.792,98             

————–             

$56.670.000             

$57.345.792,99  

Armando  Andrés  Quirá Cifuentes             

————-             

————–             

$28.335.000             

$28.335.000  

Carlos   Arturo  Quirá  Cifuentes             

————-             

—————             

$28.335.000             

$28.335.000  

Diana  Quirá  Cifuentes             

————-             

—————-             

$28.335.000             

$28.335.000  

TOTAL             

             

             

             

$417.277.794,2  

A  la  señora  Yamile Tomber Paredes, se le  negó  ese reconocimiento, porque, según el fallo, la prueba allegada demostró  que  al  momento  del fallecimiento de la víctima directa, aquella no convivía  con ésta.   

Hecho   2.  Secuestro  simple  agravado  y  homicidio  en  persona  protegida de Emilzo Albeiro Peñafiel Ardila (agricultor  de  24  años), Felipe Antonio Peñafiel Muñoz (agricultor de 20 años), Wilmar  Jair   López  Peñafiel  (agricultor  de  22  años)  y  Marino  Enrique  Báez  (profesor,     dirigente     sindical,     extranjero     de    la    República  Dominicana).   

El  2  de  agosto  de  2001,  en el sitio La  Cuchilla,  vía  al  Obelisco  del  Tambo,  departamento  del  Cauca,  un  grupo  paramilitar  de  las  AUC,  al  mando  de  alias  “Gonzalo”,  conformado por  aproximadamente  60  hombres,  realizó  un  retén,  en  el que se privó de su  libertad   a  cuatro  (4)  personas  luego  identificadas  como  Emilzo  Albeiro  Peñafiel  Ardila, Felipe Antonio Peñafiel Muñoz, Wilmar Jair López Peñafiel  y  Marino  Enrique  Báez,  éste  último  de nacionalidad dominicana, profesor  dirigente  del  sindicato  de maestros de ese país, y como momentos después se  presentó  un  combate  con la guerrilla, los retenidos quedaron con el grupo al  mando  de  alias “Gonzalo”, mientras que GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ y los  individuos  conocidos  como  “Maycol”  y “Pelirrojo”, regresaron a la población  del   Tambo.   Al   día  siguiente  los  cuatro  retenidos  fueron  encontrados  muertos.   

El  postulado  GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ  confesó   su   responsabilidad   en   la  retención  de  las  cuatro  personas  inicialmente  identificadas,  más  no en los homicidios ejecutados sobre ellas,  alegando  que  cuando  abandonó  el  lugar  en  compañía  de  “Maycol”  y “el  Pelirrojo”,  las  víctimas  quedaron con vida a disposición del grupo al mando  de alias “Gonzalo”, desconociendo que los iban a matar.   

No   obstante,  contra  el  postulado,  la  Fiscalía  formuló  cargos  que fueron legalizados, como coautor de los delitos  de   secuestro   simple   agravado   y  homicidio  en  persona  protegida.    

Como  víctimas  indirectas de la muerte del  señor  Emilzo  Albeiro  Peñafiel Ardila, se reconocieron a los menores C. E. y  Y.  L. Peñafiel Fandiño (hijos), Alba Lorena Fandiño (Compañera Permanente),  Jesús  Alirio  Peñafiel  (padre),  Rosa  Elvira  Ardila  de Peñafiel (madre),  Carmen  Norely, María Eneida, Luz Eider, Abrahan, Jesús Evert, William Orlando  y  Dary  Yaned  Peñafiel  Ardila (hermanos), cuya indemnización se liquidó en  los siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Alba    Lorena  Fandiño             

$1.348.107,78             

$98.817.861,64             

$65.170.500             

$165.336.469,94  

C.   E.  Peñafiel Fandiño             

———             

$  38.384.449,52             

$65.170.500             

$103.554.949,5  

Y  L.  Peñafiel         Fandiño             

———             

$  39.727.388,82             

$65.170.500             

$104.897.888,8  

Rosa Elvira Ardila de  Peñafiel             

————             

——–             

$65.170.500             

$65.170.500  

Jesús      Alirio      Peñafiel             

————-             

———-             

$65.170.500             

$65.170.500  

Carmen Norely  Peñafiel Fandiño             

————-             

—————             

$32.585.250             

$32.585.250  

María      Eneida      Peñafiel         Fandiño             

———-             

————-             

$32.585.250             

$32.585.250  

Luz    Eider  Peñafiel Fandiño             

————             

————–             

$32.585.250             

$32.585.250  

Abrahan Peñafiel         Fandiño             

————-             

—————             

$32.585.250             

$32.585.250  

Jesús       Evert      Peñafiel         Fandiño             

————-             

—————-             

$32.585.250             

$32.585.250  

William   Orlando  Peñafiel Fandiño             

————-             

—————-             

$32.585.250             

$32.585.250  

Dari    Yaned  Peñafiel Fandiño             

———-             

—————             

$32.585.250             

$32.585.250  

TOTAL             

———             

             

             

$732.227.058,2  

Como  víctimas  indirectas  de la muerte de  Felipe   Antonio  Peñafiel  Muñoz,  se  reconoció  a   Juana  Muñoz  de  Peñafiel  (madre),  Miguel  Ángel,  María  Jesús,  Anmabus,  Liliam Gladys y  Nazareth  Peñafiel  Muñoz  (hermanos),  cuya indemnización se liquidó en los  siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Juana  Muñoz       de       Peñafiel             

$1.348.107,78             

$  150.088.317,7             

$65.170.500             

$216.606.925,5  

Miguel  Ángel   Peñafiel          Muñoz             

———             

———             

$32.585.250             

$32.585.250  

María            Jesús            Peñafiel          Muñoz             

———             

———             

$32.585.250             

$32.585.250  

Anmabus Peñafiel          Muñoz             

———             

———             

$32.585.250             

$32.585.250  

Liliam   Gladys  Peñafiel  Muñoz             

————-             

———-             

$32.585.250             

$32.585.250  

Nazareth  Peñafiel  Muñoz             

————-             

—————             

$32.585.250             

$32.585.250  

TOTAL             

———-             

————-             

———             

$379.533.175,5  

Como  víctimas  indirectas  de la muerte de  Wilmar  Jair López Peñafiel, se reconoció a Eustorcio López (padre), Rosmira  Peñafiel  Muñoz  (madre), Daris, Edilsa, Jhon Jairo y Carlos Héctor Peñarife  Muñoz   (hermanos),   cuya   indemnización   se  liquidó  en  los  siguientes  términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Rosmira Peñafiel          Muñoz             

$674.053,89             

——–             

$65.170.500             

$65.844.553,89  

Eustogio  López             

$674.053,89             

———             

$65.170.500             

$65.844.553,89  

Daris  López           Peñafiel             

———             

———             

$32.585.250             

$32.585.250  

Edilsa  López           Peñafiel             

————             

———             

$32.585.250             

$32.585.250  

Jhon    Jairo  López   Peñafiel             

————-             

———-             

$32.585.250             

$32.585.250  

Carlos  Héctor   López           Peñafiel             

————-             

—————             

$32.585.250             

$32.585.250  

TOTAL             

———-             

————-             

———             

$262.030.107,8  

Finalmente,  respecto de la muerte de Marino  Enrique Báez no se presentó solicitud de indemnización alguna.   

Hecho   3.  Secuestro  simple  agravado  y  homicidio  en persona protegida de  David Ospina González, aserrador de 19  años de edad.   

El  19  de  septiembre de 2001, en la vereda  Monterredondo  del  municipio  de  El  Tambo-Cauca, en horas de la tarde, Janier  Franco,  alias  “Maycol”, y GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ, sacaron de su casa de  habitación  al  señor  David  Ospina González, conduciéndolo hasta la Vereda  Betania,  donde  “Maycol”  le  disparó con arma de fuego causándole la muerte.   

El  postulado  GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ  aceptó  su  responsabilidad  porque acompañó a “Maycol” a sacar al hoy occiso  de  su  casa  y llevarlo al lugar donde se le dio muerte con disparos de arma de  fuego,   tras   ser  señalado  injusta  y  arbitrariamente  por  “Maycol”  como  guerrillero,  razón  por  la  cual  se  le  imputaron  los delitos a título de  coautoría.   

Por  esta muerte no fue presentada solicitud  de indemnización alguna.   

Hecho   4.  Secuestro  simple  agravado  y  homicidio  en persona protegida de Nisareiver Sánchez Vásquez, vigilante de 20  años de edad.   

El  20 de agosto de 2001, por orden de alias  “Maycol”,  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ  y  el  individuo  conocido como “El  Pelirrojo”,  llegaron  a la población de El Tambo-Cauca, en dos motocicletas, y  sacaron  al  señor  Nisareiver  Sánchez  Vásquez,  quien era el vigilante del  pueblo,  para  dirigirse  con él hasta la Vereda de El Tablón, lugar donde “El  Pelirrojo”  le  disparó con un revólver calibre 38, produciéndole heridas que  le  causaron  la muerte, homicidio que según el postulado se cometió porque la  víctima  se  hacía  pasar  como  miembro  de  las  AUC  para  pedir  dinero  y  extorsionar a los vecinos del Tambo.   

Tal aceptación de responsabilidad generó la  imputación  de los delitos de homicidio en persona protegida y secuestro simple  agravado, a título de coautoría.   

Como  víctimas  indirectas  se reconoció a  Nibia  Mireya  Vásquez  Guerrero (madre),  I.  A.  Delgado  Vásquez  (hermano  menor) y José Didier Delgado  Vásquez   (hermano),   cuya   indemnización  se  liquidó  en  los  siguientes  términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Nibia    Mireya  Vásquez  Guerrero             

$1.348.107,78             

————             

$56.670.000             

$58.018.107,78  

I. A. Delgado  Vasquez             

——–             

————–             

$28.335.000             

$28.335.000  

José    Didier   Delgado   Vásquez             

——-             

————–             

$28.335.000             

$28.335.000  

TOTAL             

————–             

————–             

————–             

$114.688.107,8  

En  la sentencia se negó ese reconocimiento  al  señor  José Alirio Delgado Urrea, quien alegó calidad de padre de crianza  de la víctima,  pues nada se acreditó al respecto.   

Hecho   5.  Secuestro  simple  agravado  y  homicidio  en  persona  protegida de Napoleón Rosero, agricultor de 43 años de  edad.   

El 31 de Julio de 2001, en horas de la noche,  por  orden  de  alias  “Maycol”,  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ SUÁREZ y el individuo  conocido  como  “El Pelirrojo”, sacaron al señor Napoleón Rosero de su casa de  habitación,  ubicada  en  la  vereda  Pueblo  Nuevo,  corregimiento  de Piagua,  Municipio   del  Tambo  –  Cauca,  y  cerca  de  la  misma, en el camino, el sujeto alias “El Pelirrojo” le  disparó  con  arma  de  fuego tipo revólver calibre 38, produciéndole heridas  que le causaron la muerte.   

El  postulado  GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ  aceptó  su  responsabilidad,  afirmando  que  ayudó  a sacar a la víctima con  conocimiento  de  que  era para asesinarla, pues Maycol había informado que era  guerrillero,  razón  por  la  cual  se  le  imputó  los  delitos  a título de  coautor.   

          Como  víctimas  indirectas  fueron  reconocidas  María Sonia Ortiz  (compañera  permanente),  Wiston  León, Mayeila, Yehimy Soranny, Marlon, Nelcy  Alejandra   y   C.   Rosero  (hijos),  y  Nancy  Becerra  Campo  (esposa),  cuya  indemnización se liquidó en los siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

María Sonia Ortiz             

$895.425,70             

$90.773.541,64             

$56.670.000             

$148.338.967,3  

Wiston  León      Rosero  Ortiz             

——–             

$  5.620.848,85             

$56.670.000             

$62.290.848,85  

Yehimy Soranny Rosero  Guengue             

——-             

$7.440.390,52             

$56.670.000             

$64.110.390,52  

Marlon   Rosero  López             

——-             

$  11.163.324.16             

$56.670.000             

$67.833.324,16  

Mayeila  Rosero Ortiz             

——-             

$  12.839.781,19             

$56.670.000             

$69.509.781,19  

C.    Rosero  Ortiz             

——-             

$   18.544.854,05             

$56.670.000             

$75.214.854,05  

Nelcy Alejandra Rosero  Becerra             

——-             

————–             

$56.670.000             

$56.670.000  

Nancy   Becerra  Campo             

——-             

————–             

$56.670.000             

$56.670.000  

TOTAL             

——-             

————             

———-             

$600.638.166,1  

Frente  a  la  señora Nohemi Guengue Uribe,  quien  acudió  alegando ser  compañera permanente del occiso, el Tribunal  no  encontró demostrada dicha unión de hecho, razón por la cual se abstuvo de  decretar    a    su    favor    algún    tipo   de   indemnización.   

Hecho   6.   Homicidios  de  Carmen  Pungo  Sánchez                 –enfermera de 45 años- y  Ricaurte     Román    Pungo    Vargas         –árbitro de fútbol de 30  años-.   

          Estos  hechos  no fueron objeto de imputación ni de formulación de  cargos  en  este caso, toda vez que por ellos se condenó al postulado a la pena  de  328  meses  y  3  días  de prisión en sentencia anticipada dictada el 6 de  julio  de  2007 por el Juzgado 1° Penal del Circuito Especializado de Popayán,  hecho  que se menciona porque fue objeto de acumulación conforme lo preceptuado  en el artículo 20 de la Ley 975 de 2005.   

Hecho  7.  Homicidio en persona protegida de  Claudina Medina, de 62 años de edad.   

El 27 de noviembre de 2001, alias “El Burro”  y  GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ, conocido con los alias de “El Pirata o Carlo”,  quienes  se  movilizaban  en  una motocicleta, arribaron a la casa de la señora  Claudina   Medina,   ubicada  en  el  barrio  San  Fernando  del  municipio  del  Tambo-Cauca,  siendo  aproximadamente  las 8:30 p.m., y después de golpear a su  puerta  y ser atendidos por la mencionada señora, “El Burro” le disparó con un  arma  de  fuego  tipo  revólver  calibre  38,  causándole  las  heridas que le  produjeron su deceso.   

El  postulado GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ,  aceptó  su  responsabilidad  en  este  homicidio,  pues  acompañó a alias “El  Burro”   para   prestarle   seguridad   y  manejar  la  motocicleta,  con  pleno  conocimiento  de  que  se dirigían a la casa de la víctima con el fin de darle  muerte,  porque  era  señalada injusta y arbitrariamente como auxiliadora de la  guerrilla. El delito se le imputó a título de coautor impropio.   

Como víctimas indirectas fueron reconocidas  Elsa  Jimena  Cortés  Medina,  Carmenza  Medina,  María  Elsa  Medina de Duran  (Hijas),  Lesdy Yovana Medina, Luz Elena Sánchez Medina y Zuleny Tulande Medina  (nietas),    cuya    indemnización    se    liquidó    en    los    siguientes  términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Elsa Cortés Medina             

$446.395,99             

———–             

$56.670.000             

$57.116.395,99  

Carmenza  Medina             

$446.395,99             

———             

$56.670.000             

$57.116.395,99  

María   Elsa  Median  de  Durán             

$446.395,99             

———-             

$56.670.000             

$57.116.395,99  

Lesdy  Yovana  Medina             

————             

————             

$28.335.000             

$28.335.000  

Luz Elena Sánchez Medina             

————             

————–             

$28.335.000             

$28.335.000  

Suleny Tulande Medina             

————             

————–             

$28.335.000             

$28.335.000  

TOTAL             

————             

————             

————             

$256.354.188  

A  Juan  José  Medina  y María del Socorro  Medina,  se  les negó dicho reconocimiento. En cuanto primero, quien alegó ser  hijo  de  la  occisa,  no demostró su parentesco. En cuanto a la segunda, quien  alegó  su  condición de nieta, se afirma que si bien aportó registro civil de  nacimiento  que  la  acredita como hija de Melida Medina, de ésta última no se  acredita su condición de hija de la víctima directa.   

Hecho  No. 8. Homicidio en persona protegida  de Fernando Trujillo, agricultor de 24 años de edad.   

El  29  de  agosto  de  2001, en horas de la  mañana,  arribaron  a  la  hacienda El Caimo, ubicada en la vereda Nuevo Piagua  del  Tambo  –  Cauca,  los sujetos conocidos con los alias de “Maycol” y “El  Burro”,  junto  con  GIAN  CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ, buscando al señor Fernando  Trujillo,  contra  quien  alias “El Burro” disparó arma de fuego causándole la  muerte.   

El  postulado  GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ  aceptó  su  responsabilidad,  admitiendo  que integró el grupo que se dio a la  búsqueda  de  la  víctima para darle muerte por orden “Maycol”, porque era  señalado  injusta  y  arbitrariamente  como  militante de un grupo guerrillero,  razón  por  la  cual  el  hecho le fue atribuido a título de coautor impropio.   

          Como  víctimas  indirectas  fueron  reconocidos Aura Mercedes Ponce  Astudillo  (compañera permanente) y  D. F. y J. P. Trujillo Ponce (menores  hijos),  cuya indemnización  se liquidó en los siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Aura  Mercedes  Ponce  Astudillo             

$1.348.107,78             

$  93.532.579,72             

$56.670.000             

$151.550.687,5  

D. F. Trujillo  Ponce             

——-             

$37.733.625,66             

$56.670.000             

$94.403.625,66  

J.   P.   Trujillo  Ponce             

——-             

$  38.683.827,46             

$56.670.000             

$95.353.827,46  

TOTAL             

————             

————             

———-             

$341.308.140,6  

Hecho  No.  9.  Secuestro  simple agravado y  homicidio  en  persona  protegida  de Wilson Hernando Dorado Piamba –conductor de 39 años- y  Norelly  Guauña  Llantén  –ama de  casa de 23 años de edad-   

El  19  de  septiembre de 2001, en la vereda  Puerto  Piagua,  municipio  del  Tambo-Cauca,  alias  de “El Burro” y GIAN CARLO  GUTIÉRREZ   SUÁREZ,  dieron  muerte  a  Wilson  Hernando Dorado Piamba y Norelly Guauña Llantén, a quienes  sacaron  de  una  casa  ubicada  en  una vereda aledaña al corregimiento de San  Joaquín,  transportando primero al señor Wilson Hernando en una motocicleta en  medio  de  los dos victimarios hasta cerca al corregimiento de Piagua, donde “El  Burro”   procedió  a  dispararle  con  un  arma  de  fuego,  procedimiento  que  repitieron  luego  con  la  señora Norelly, acción en la que también disparó  “El Burro”.   

Las víctimas fueron ejecutadas por orden de  “Maycol”,    tras    ser   señaladas   injusta   y   arbitrariamente   como  guerrilleros.   

El  postulado  GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ  confesó  su responsabilidad en los dos homicidios por haber realizado un aporte  esencial  al  trasportar  a  las  victimas conjuntamente con el sujeto alias “El  burro”,  con  conocimiento  de  que era para ejecutarlas, razón por la cual los  delitos  de  secuestro  simple  agravado  y  homicidio  en persona protegida, le  fueron imputados en calidad de coautor.     

Como  víctimas  indirectas  de la muerte de  Wilson  Hernando  Dorado, fue reconocida la menor C. L. Dorado Sánchez (hija) y  la   señora   Luz  Dary  Sánchez  Ortega  (compañera  permanente),  cuya indemnización se liquidó en los  siguientes términos:   

   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Luz Dary Sánchez Ortega             

$1.343.227,75             

$97.243.097,45             

$56.670.000             

$155.256.325,2  

C. L. Dorado  Sánchez             

———             

$72.399.895,65             

$56.670.000             

$129.069.895,7  

TOTAL             

———             

——-             

——-             

$284.326.220,9  

Y como víctimas indirectas de la muerte de  Norely   Guauña  Llantén  fueron  reconocidos  Orfelina  Llantén  de  Guauña  (madre),  Elizabeth,  Edudmildo,  Nelcy  y  Rosendo Guauña Llantén (hermanos),  cuya indemnización se liquidó en los siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Orfelina   Llanten  Ordóñez             

$  1.343.227,75             

———             

$56.670.000             

$57.996.817,49  

Elizabeth  Guauña Llanten             

———             

———             

$28.335.000             

$28.335.000  

Edudmildo  Guauña Llanten             

———             

———             

$28.335.000             

$28.335.000  

Nelcy Guauña Llanten             

————             

———             

$28.335.000             

$28.335.000  

Rosendo  Guauña Llanten             

————-             

———-             

$28.335.000             

$28.335.000  

TOTAL             

————-             

—————             

————             

$171.336.817,5  

A  los  jóvenes  Carlos  Mario  Galíndez  Guauña,  Diana  Milena Galíndez Guauña, Yolmer Rosendo Guauña Benavides y J.  D.  Guauña Manbuscay, quienes alegaron la condición de sobrinos de la víctima  directa,  se  les  negó  el reconocimiento de víctimas, pues tal parentesco no  generaba  indefectible  o automáticamente un daño que determine la obligación  de  su  reparación, ya que de acuerdo con la jurisprudencia, la presunción del  daño  moral  opera para  los consanguíneos en 1º  y 2º grado, y no  para  los  que  se  encuentran  en  3º grado, de donde si se consideraban   afectados  o  menoscabados  sus  derechos  con ocasión de la muerte de su tía,  debieron acreditarlo, lo que no ocurrió.   

Hecho  No.  10. Secuestro simple agravado y  homicidio   de    Bleismer  García  Idrobo,  agricultor  de  19  años  de  edad.   

En horas de la noche del 9 de septiembre de  2001,  los  sujetos distinguidos con el alias “El Burro” y GIAN CARLO GUTIÉRREZ  SUÁREZ,  sacaron  de  un  billar ubicado en el casco urbano del Tambo-Cauca, al  señor  Bleismer  García  Idrobo,  y lo llevaron en una motocicleta por la vía  que  conduce  a Popayán y antes de llegar al corregimiento de Piagua, alias “El  Burro”   le   disparó   con  un  revólver  calibre  38,  causando  su  deceso.   

GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ SUÁREZ confesó su  responsabilidad  en  este  homicidio,  diciendo  que  se  encargó de manejar la  motocicleta  en  la que transportaron a la víctima, con conocimiento de que era  para  ejecutarla  por  señalamientos injustos y arbitrarios de ser guerrillero.  Los delitos se le imputaron a título de coautoría.   

Como víctimas indirectas de este crimen, se  reconoció  a B., Y. y K. García Astudillo (hijos menores), Mery Idrobo Delgado  (madre),  Gilberto  García  Becerra  (padre),  Wilmer,  Almir,  Suly y Osnaider  García  Idrobo  (hermanos).  La  indemnización  respecto  de  los  últimos se  liquidó en los siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Mery    Idrobo  Delgado             

$671.613,87             

———             

$56.670.000             

$57.341.613,88  

Gilberto  García     Becerra             

$671.613,87             

———             

$56.670.000             

$57.341.613,88  

Wilmer García Idrobo             

———             

———             

$28.335.000             

$28.335.000  

Almir García Idrobo             

————             

———             

$28.335.000             

$28.335.000  

Suly  Esnit  García Idrobo             

————-             

—————             

$28.335.000             

$28.335.000  

Osnaider  Villamil     García  Idrobo             

————-             

———-             

$28.335.000             

$28.335.000  

TOTAL             

————-             

—————             

———-             

$228.023.227,8  

A favor de los menores, B., Y. y K. García  Astudillo,  el  Tribunal  se  abstuvo  de  efectuar  liquidación de perjuicios,  aduciéndose  que los mismos no fueron adecuadamente representados, porque quien  debía  otorgar  el  correspondiente  poder  a  la abogada era su señora madre,  quien  legalmente  tiene la patria potestad de los menores, y no su abuela, como  se dio en este caso.   

Igualmente,  frente  a  la  señora Aracely  García  Idrobo,  quien  acudió   en  calidad  de  hermana  de la víctima  directa,  el  Tribunal se abstuvo de reconocerle indemnización, porque la misma  no acreditó el parentesco alegado.   

Hecho No. 11. Homicidio en persona protegida  de Belisario Elvira Sánchez, conductor de 56 años.   

El  5  de  septiembre  de  2001,  el señor  Belisario  Elvira  Sánchez  se  encontraba en el parque de la población del El  Tambo  (Cauca)  en un vehículo tipo campero, y so pretexto de que realizara una  carrera  en  el  mencionado  rodante,  fue  sacado  del  pueblo  por  GIAN CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ  y alias de “El Burro”, quien se transportó en el vehículo  con  el  señor  Elvira Sánchez, en tanto que GIAN CARLO GUTIÉRREZ los seguía  en  una  motocicleta DT-125, tomando la vía que de El Tambo conduce a Popayán.  En  inmediaciones  del  corregimiento  de  Piagua,  “El  Burro”  disparó contra  Belisario   Elvira   Sánchez  con  un  revólver  calibre  38,  causándole  la  muerte.   

El  hecho  fue  confesado  por  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ,  aduciendo que el móvil del homicidio tuvo que ver con las  injustas  y  arbitrarias  acusaciones  que  en  contra de la víctima hizo alias  “Nelson”,  señalándolo  de  ser  integrante  de la guerrilla. El delito se  imputó al postulado a título de coautoría impropia.   

Como  víctimas indirectas del hecho fueron  reconocidos  Susana Ordóñez de Elvira (esposa), Lina María Meneses Cabanillas  (compañera  permanente),  Ana  Elda  Polindara (compañera permanente), Yeinson  Elvira  Meneses,  Belisario  Elvira Meneses, I. A. Elvira Meneses, Wilson Elvira  Ordóñez  ,  Gloria  Lida  Elvira Ordóñez, Ana Milena Elvira Polindara, Nancy  Helena  Elvira  Idrobo  (hijos),  Carmen  Rosa,  Fernando  y Luis Gerardo Elvira  Vergara    (hermanos),    cuya   indemnización  se  liquidó  en  los  siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Susana Ordóñez de Elvira             

———             

$  42.638.781,23             

$56.670.000             

$99.308.781,23  

Lina  María  Meneses Cabanillas             

$1.241.729             

$  42.638.781,23             

$56.670.000             

$100.550.510,2  

Ana     Elda  Polindara             

———             

———             

$56.670.000             

$56.670.000  

Yeinson   Elvira  Meneses             

————             

$  23.119.645,35             

$56.670.000             

$79.789.645,35  

Belisario  Elvira Meneses             

————-             

$  21.371.341,7             

$56.670.000             

$78.041.341,7  

I. A. Elvira  Meneses             

————-             

$  30.866.068,22             

$56.670.000             

$87.536.068,22  

Wilson Elvira  Ordóñez             

————-             

—————             

$56.670.000             

$56.670.000  

Gloria Lida  Elvira               Ordóñez             

————             

———             

$56.670.000             

$56.670.000  

Ana  Milena  Elvira Polindara             

————-             

—————             

$56.670.000             

$56.670.000  

Nancy Helena  Elvira Idrobo             

————-             

———-             

$56.670.000             

$56.670.000  

Carmen Rosa  Elvira Vergara             

————-             

—————             

$28.335.000             

$28.335.000  

Fernando  Elvira Vergara             

————             

———             

$28.335.000             

$28.335.000  

Luís Gerardo Elvira Vergara             

————-             

—————             

$28.335.000             

$28.335.000  

TOTAL             

————-             

———-             

————             

$813.581.346,7  

Hecho  No.  12. Secuestro simple agravado y  homicidio  en  persona  protegida  de  Nezar López Céspedes, comerciante de 29  años de edad.   

Entre  septiembre  y  diciembre de 2001, el  postulado  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ y el sujeto conocido con el alias de  “El  Burro”,  cumpliendo órdenes del comandante “Maycol”, retuvieron en una  estación   de  gasolina  del  Tambo  –  Cauca,  al señor Nezar López Céspedes, a quien transportaron en  una  motocicleta  hasta  la  vereda  de  Chasquido, dejándolo a disposición de  miembros  del   grupo paramilitar que comandaba alias “Charli”, quien a  los  pocos  días  dio  la  orden  de  ejecutarlo,  entregando su cadáver a los  familiares.   

GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ SUÁREZ confesó su  responsabilidad  en  la  retención de la víctima, alegando que desconocía que  tuviese    como    finalidad    darle    muerte,   de   la   cual   se   enteró  posteriormente.   

No   obstante,  contra  el  postulado  se  legalizaron  cargos  por los delitos de secuestro simple agravado y homicidio en  persona  protegida,  a  título  de  coautoría,  en  el  entendido  de  que  el  desmovilizado  no  podía  desconocer  que  la  víctima sería ultimada, ya que  había  sido  señalada, injusta y arbitrariamente, como integrante o auxiliador  de la guerrilla.   

Como  víctimas  indirectas de este crimen,  fueron  reconocidas  Luz  Dary  Valencia (compañera permanente), Eliana y Leydi  López  Valencia  (hijas), María Rubiela Céspedes de López (madre), Ángel de  Jesús   López   Cruz   (padre)  y  Adiela  López  Céspedes  (hermana),  cuya  indemnización se liquidó en los siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Luz  Dary  Valencia             

$334.796,99             

$  95.560.675,91             

$56.670.000             

$152.565.472,9  

Eliana  López Valencia             

——-             

$  27.870.452,91             

$56.670.000             

$84.540.452,91  

Leydi  López Valencia             

———             

$  31.515.704,96             

$56.670.000             

$88.185.704,96  

María      Rubiela      Céspedes      de      López             

$334.796,99             

———             

$56.670.000             

$57.004.796,99  

Ángel  de Jesús  López Cruz             

$334.796,99             

————             

$56.670.000             

$57.004.796,99  

Adiela  López   Céspedes             

$334.796,99             

————-             

$28.335.000             

$28.669.796,99  

TOTAL             

————             

———             

———-             

$467.971.021,7  

Respecto  del  menor  A.  López Castro, el  Tribunal  se  abstuvo  de  reconocer  la indemnización, aduciendo que aunque se  aportó  el registro civil de nacimiento que prueba el parentesco con el occiso,  el  poder para ser representado dentro del proceso no fue otorgado por la madre,  única  que  tiene  la patria potestad del menor, sino por una hermana de éste.   

Por  último respecto de los señores Ariel  López  Céspedes y Bladimir López Céspedes, quienes alegaron la condición de  hermanos  de la víctima directa, se sostiene que al proceso no se aportaron los  respectivos  poderes  judiciales  para ser representados a través de la abogada  Salazar,  razón  por  la  cual  no  fue  tenida  en  su cuenta su reclamación.   

Hecho No. 13. Homicidio en persona protegida  de Paulino Uribe Muñoz, agricultor de 39 años de edad.   

El 5 de enero de 2002, aproximadamente a las  tres  de  la  tarde,  cerca  al  parque  infantil  de  El Bordo-Cauca, salida al  corregimiento  El  Patía,  por  la  vía  Panamericana,  el  señor  GIAN CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ,  con  la  ayuda de alias “Gómez”, dio muerte al señor  Paulino Uribe Muñoz, tras dispararle con un revólver calibre 38.   

El  hecho  fue  confesado  por  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ,   quien dijo haber cumplido órdenes del sujeto “Nelson”,    comandante    del   grupo  paramilitar  en  esa  localidad,  quien  acusó  injusta  y arbitrariamente a la  víctima  de  ser  miembro de la subversión. El delito fue imputado a titulo de  coautor impropio.    

Como víctimas indirectas de este homicidio  fueron  reconocidas Carmen Emilse Astaiza (compañera permanente), Y. J. y P. A.  Uribe  Astaiza  (menores  hijas), Verónica Muñoz de Uribe (madre), Marco Tulio  Uribe  (padre)  y  Denis  Elcis  Uribe  Muñoz (hermana), cuya indemnización se  liquidó en los siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Carmen Emilse Astaiza  Mosquera             

$  1.406.809,39             

$  91.380.865,26             

$56.670.000             

$149.457.674,7  

Y. J. Uribe  Ustaiza             

——-             

$  38.018.245             

$56.670.000             

$94.688.245  

P.   A.   Uribe  Ustaiza             

———             

$  38.864.797             

$56.670.000             

$95.534.797  

Verónica           Muñoz de Uribe             

——-             

———             

$56.670.000             

$56.670.000  

Marco Tulio  Uribe             

——-             

————             

$56.670.000             

$56.670.000  

Denis Elcis  Uribe Muñoz             

——-             

————-             

$28.335.000             

$28.335.000  

TOTAL             

————             

———             

———-             

$481.355.716,7  

Hecho No. 14. Homicidio en persona protegida  de Fredy Armando Girón Burbano, docente de 32 años de edad.   

El  7  de  abril  del  2002, en horas de la  tarde,  en  la vía Panamericana, entrada a la vereda de la Fonda, corregimiento  El  Patía,  municipio  de  El  Bordo-Cauca,  GIAN  CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ, en  compañía  de  otro  sujeto  de  quien  se  desconoce  su identidad, cumpliendo  órdenes  del  sujeto  “Nelson”,  comandante  del  grupo  paramilitar en esa  localidad,  disparó  contra  la  humanidad  del  señor  Fredy  Armando  Girón  Burbano,  quien  injusta  y  arbitrariamente,  era  señalado  como guerrillero,  después de interceptarlo en el campero en que se movilizaba.   

El hecho confesado por el postulado, le fue  imputado a título de coautor.   

         Por  este  crimen fueron reconocidas como víctimas indirectas Derly  Milena  Gómez  Burbano  (compañera  permanente),  L.  P. y Danny Harvey Girón  Gómez  (hijos), Edith María Burbano de Girón (madre), Gilberto Álvaro Girón  Macías  (padre) y Flover Germán, María del Pilar, Edna Rocío y Fabio Andrés  Girón  Burbano  (hermanos),  cuya  indemnización se liquidó en los siguientes  términos:   

   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Derly    Milena  Gómez Burbano             

$1.366.974,86             

$  90.529.601,52             

$56.670.000             

$148.566.576,4  

L.   P.  Girón   Gómez             

——-             

$  33.542.797,21             

$56.670.000             

$90.212.797,21  

Danny    Arvey  Girón   Gómez             

———             

$  29.926.137,13             

$56.670.000             

$86.596.137,13  

Edith María    Burbano    de   Girón             

——-             

———             

$56.670.000             

$56.670.000  

Gilberto  Álvaro  Girón            Macías             

——-             

————             

$56.670.000             

$56.670.000  

Flover  Germán  Girón Burbano             

——-             

————-             

$28.335.000             

$28.335.000  

María  del  Pilar       Girón  Burbano             

————             

———             

$28.335.000             

$28.335.000  

Edna  Rocío            Girón Burbano             

———-             

———-             

$28.335.000             

$28.335.000  

Fabio  Andrés  Girón Burbano             

——-             

———-             

$28.335.000             

$28.335.000  

TOTAL             

———             

———             

————             

$552.055.510,7  

Hecho  No.  15.  Desaparición  forzada  y  homicidio en persona protegida de alias “Turbo”.   

Una  noche,  en abril de 2002, por orden de  alias  “Luis”,  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ SUÁREZ en asocio de otro integrante  del  bloque  no individualizado, sacó a un hombre de raza negra conocido con el  alias  del  “Turbo”,  de  una hacienda cercana al puente El Pilón, sobre la  vía  Panamericana con dirección Pasto- Nariño, jurisdicción del municipio de  El  Bordo-Cauca,  y  una  vez  en  el  puente,  el  sujeto que lo acompañaba le  disparó  con  arma  de fuego, ocasionándole la muerte, arrojando el cuerpo sin  vida  al  río  que  queda  entre  Pilón y Galíndez, conocido como Guachicono.   

GUTIÉRREZ    SUÁREZ    confesó    su  responsabilidad  en  el  hecho,  alegando que la víctima trabajaba con el grupo  paramilitar  y que fue ejecutado como sanción por haberle disparado días antes  a una persona inocente de la población.   

El  hecho  le  fue  imputado al postulado a  título de coautor.   

Por este crimen, ninguna persona presentó  solicitud    de    indemnización    dentro   del   incidente   de   reparación  integral.   

Hecho  No.  16.   Homicidio en persona  protegida de Heberth Elías Osorio, taxista de 26 años de edad.   

El 15 de marzo de 2002, en inmediaciones de  la  hacienda  California,  a orillas de la carretera, en el sitio La India de El  Patía,  municipio  del  El  Bordo-Cauca,  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ,  en  compañía  del  sujeto  distinguido con el alias de “El Indio” y cumpliendo  órdenes  del  comandante  “Nelson”,  dieron muerte al señor Heberth Elías  Osorio.  La víctima había sido citada al parador Patía, lugar desde donde los  dos  mencionados  lo  condujeron  hasta  el  sitio  donde le causaron la muerte,  porque   era   señalado,  injusta  y  arbitrariamente  como  auxiliador  de  la  guerrilla.   

El postulado confesó su responsabilidad en  el hecho, razón por la cual le fue imputado a título de coautor.   

Como  víctima indirecta de este crimen fue  reconocida   Kelly  Edith Pérez Hurtado, compañera permanente del occiso,  cuya indemnización se liquidó en los siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Kelly    Edith  Pérez Hurtado             

$3.342.942,94             

$  89.706.943,45             

$56.670.000             

$149.719.886,4  

TOTAL             

             

             

             

$149.719.886,4  

A la joven Stephanie Kimberly Pérez Hurtado  se  le  negó  dicho  reconocimiento  porque  no  se probó el parentesco con el  occiso.   

Hecho No. 17. Homicidio en persona protegida  de   José  Alberto  López  Ramos,  James  Heli  Medina  Bermúdez  y  otro  no  identificado.   

El  3  de Junio de 2002, en la entrada a la  vereda   La  Fonda,  corregimiento  El  Patía,  municipio  de  El  Bordo-Cauca,  siguiendo  órdenes  del  jefe paramilitar alias “JC”, GIAN CARLO GUTIÉRREZ  SUÁREZ  coordinó  la  muerte  de  José  Alberto  López Ramos y otros dos (2)  individuos  no identificados por él, quienes habían sido señalados, injusta y  arbitrariamente,  como  guerrilleros.  La  ejecución  material  de  las muertes  estuvo  a  cargo  de  dos  individuos  de raza negra, uno de ellos conocido como  “Edison”  y otro que había sido guerrillero, que tampoco se individualizó.   

Mediante  dictamen  pericial  No. 103163 de  fecha  9  de  enero  de  2003,  el  CTI  de  la  Fiscalía  de Bogotá logró la  identificación  de  uno  de  las  víctimas  N.N., que corresponde al nombre de  James  Heli  Medina  Bermúdez, con C.C.No.14.224.544, de 46 años a la fecha de  la muerte.   

GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ SUÁREZ confesó su  responsabilidad  en  estos  homicidios,  que  le  fueron  imputados a título de  coautor.   

Por   estas   muertes   no   se  hicieron  reclamaciones   de   indemnización   dentro   del   incidente   de  reparación  integral.   

Hecho  No.  18. Secuestro simple agravado y  Homicidio  en persona protegida de Ferney Mesa García (agricultor de 30 años),  Wilton  Delgado  Valdés  (agricultor  de  17  años),  Jaiber  Valdés  Delgado  (agricultor   de   20   años)   y  Olman  Valdés  Delgado  (agricultor  de  21  años).   

El  22  de  marzo  de  2002,  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ  coordinó  un  operativo  por  órdenes  de alias “JC”,  comandante  del  Bloque  Calima  en  el  municipio  de El Bordo-Cauca, en el que  participaron  alias “Edinson”, alias “El Indio” y cuatro individuos más  no   identificados,   quienes   movilizándose  en  una  camioneta  roja  y  una  motocicleta,  se  dirigieron  a  la  vereda  El  Cocal,  de  donde sacaron de su  vivienda  a una persona; inmediatamente se dirigieron a la vereda de Matacea, de  donde  sacaron  de sus viviendas a tres personas más. A todas les dieron muerte  disparándoles   con   arma   de   fuego,   tras   ser   señaladas,  injusta  y  arbitrariamente,  como colaboradores de la guerrilla. Los cuerpos fueron dejados  sin   vida   en   diferentes   puntos   de   la   vereda  El  Limón–Matacea, del municipio de Mercaderes –  Cauca.   

GIAN  CARLO  admitió  su  responsabilidad  afirmando  que  se  encargó  de dispararle a una de las víctimas, mientras que  sus  compañeros  dispararon a las otras tres, razón por la cual el concurso de  los  cuatro  homicidios  en persona protegida y el secuestro simple agravado, le  fue imputado a título de coautoría.    

Las  personas  asesinadas respondían a los  nombres  de  Ferney Mesa García, Wilton Delgado Valdés, Jaiber Valdés Delgado  y Olman Valdés Delgado.   

Como  víctimas  indirectas de la muerte de  Ferney   Mesa   García   fueron   reconocidas   Lucilva  Galíndez  (compañera  permanente),  Anita,  Yaili Andrea y Y. M. Mesa Galíndez (hijas), y Ana García  de   Mesa   (madre),   cuya   indemnización   se  liquidó  en  los  siguientes  términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Lucilva Galíndez             

$1.379.530,54             

$  88.668.480,86             

$65.170.500             

$155.218.511,4  

Anita  Mesa  Galíndez             

———             

————-             

$65.170.500             

$65.170.500  

Yaili  Andrea  Mesa  Galíndez             

———             

$22.874.758,73             

$65.170.500             

$88.045.258,73  

Y.    M.   Mesa  Galíndez             

————             

$  41.321.293,93             

$65.170.500             

$106.491.793,9  

Ana  García de Mesa             

————-             

———-             

$65.170.500             

$65.170.500  

TOTAL             

————-             

—————             

             

$480.096.564  

A  la señora Cecilia Mesa de Muñoz, quien  alegó  ser  hermana  del  occiso,  se  le  negó el reconocimiento, en tanto no  allegó  el  registro  civil de nacimiento con el cual acreditara el parentesco.   

Como  víctimas  indirectas de la muerte de  Wilton  Delgado  Valdés,  fueron  reconocidos  W. Delgado Macías (hijo menor),  Piedad  Valdés  López  (madre),  Luis Antonio Delgado Moreno (Padre), Walter y  Francelly  Delgado  Valdés  (hermanos),  cuya indemnización se liquidó en los  siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

W.  Delgado  Macias             

———             

$  153.875.286,2             

$65.170.500             

$219.045.786,2  

Piedad  Valdés   López             

$1.379.530,54             

———-             

$65.170.500             

$66.550.030,54  

Luis  Antonio Delgado  Moreno             

———             

———–             

$65.170.500             

$65.170.500  

Walter   Delgado  Valdés             

————             

———–             

$32.585.250             

$32.585.250  

Francelly  Delgado  Valdés             

————-             

———–             

$32.585.250             

$32.585.250  

TOTAL             

————-             

—————             

————             

$415.936.816,7  

Por  las  muertes  de  los hermanos Olman y  Jaiber  Valdés  Delgado, se  reconocieron  como  víctimas  indirectas  a  Gumercinda Delgado (madre), Javier  Valdés  López  (padre)  y  Luceidy,  Odeisy, José Albeimar, Maricel, Wilman y  Aleida  Valdés  Delgado  (hermanos),  cuya  indemnización  se  liquidó en los  siguientes términos:   

Por la muerte de Olman:  

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Javier Valdés             López             

$689.765,27             

$  84.578.804,66             

$65.170.500             

$150.439.069,99  

Gumercinda  Delgado             

$689.765,27             

$  86.840.061             

$65.170.500             

$152.700.326,3  

Luceidy  Valdés Delgado             

———             

———             

$32.585.250             

$32.585.250  

Odeisy Valdés Delgado             

————             

———             

$32.585.250             

$32.585.250  

José     Albeimar     Valdés Delgado             

————-             

———-             

$32.585.250             

$32.585.250  

Maricel  Valdés Delgado             

————-             

—————             

$32.585.250             

$32.585.250  

Wilman Valdés Delgado             

———-             

————-             

$32.585.250             

$32.585.250  

Aleida Valdés Delgado             

————-             

—————             

$32.585.250             

$32.585.250  

TOTAL             

———-             

————-             

———-             

$498.650.896,2  

Por la muerte de Jaiber:  

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Javier Valdés             López             

$689.765,27             

———-             

$65.170.500             

$65.860.265,27  

Gumercinda  Delgado             

$689.765,27             

——–             

$65.170.500             

$65.860.265,27  

Luceidy  Valdés Delgado             

———             

———             

$32.585.250             

$32.585.250  

Odeisy Valdés Delgado             

————             

———             

$32.585.250             

$32.585.250  

José     Albeimar     Valdés Delgado             

————-             

———-             

$32.585.250             

$32.585.250  

Maricel  Valdés Delgado             

————-             

—————             

$32.585.250             

$32.585.250  

Wilman Valdés Delgado             

———-             

————-             

$32.585.250             

$32.585.250  

Aleida Valdés Delgado             

————-             

—————             

$32.585.250             

$32.585.250  

TOTAL             

———-             

————-             

———             

$327.232.030,5  

Hecho  No.  19. Secuestro simple agravado y  homicidio  en  persona  protegida  de  Ovidio Díaz Rodríguez (agricultor de 24  años) y Hegidio Marino Galíndez (de 20 años de edad).   

El  7  de  junio  de  2002  en  horas de la  mañana,  GIAN  CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ, en compañía del sujeto conocido como  “Edison”,  retuvieron  en la localidad de Mojarras, municipio de Mercaderes,  departamento  del Cauca, a los señores Ovidio Díaz Rodríguez y Hegidio Marino  Galíndez,  y  después de comunicar su retención al comandante conocido con el  alias  de  “JC”,  éste ordenó ejecutarlos, porque supuestamente aparecían  en una lista de personas que pertenecían a la guerrilla.   

GIAN CARLO aceptó su responsabilidad en el  hecho,  relatando  que  él  y  su compañero trasladaron a las víctimas en una  motocicleta  hasta  la  vereda  El  Cocal,  municipio de Mercaderes –  Cauca, donde les dieron muerte sobre  la  vía  Panamericana,  razón  por  la  cual los delitos le fueron imputados a  título de coautoría.   

Como  víctimas  indirectas de la muerte de  Ovidio  Díaz  Rodríguez  fueron  reconocidos  María  Irma Rodríguez (madre),  Jairo  Javier y José Edgar Rodríguez, Dareina, Segundo Octavio y Martha Lorena  Díaz  Rodríguez  (hermanos), cuya indemnización se liquidó en los siguientes  términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

María      Irma      Rodríguez             

$1.353.095,95             

$  163.449.985,7             

$56.670.000             

$221.473.081,6  

Jairo Javier  Rodríguez             

———             

———             

$28.335.000             

$28.335.000  

Dareina Díaz           Rodríguez             

———             

———-             

$28.335.000             

$28.335.000  

Segundo   Octavio  Díaz   Rodríguez             

————             

———-             

$28.335.000             

$28.335.000  

Mirtha   Lorena  Díaz   Rodríguez             

————-             

———-             

$28.335.000             

$28.335.000  

José  Edgar  Rodríguez             

————-             

—————             

$28.335.000             

$28.335.000  

TOTAL             

————-             

—————             

———–             

$363.148.081,6  

Por   la   muerte   de   Hegidio   Marino  Galíndez    no   fue   presentada   solicitud   de  indemnización en el incidente de reparación integral.   

Hecho 20. Homicidio en persona protegida de  Miguel Ángel Rodríguez Erazo (de 20 años de edad).   

El  13  de  Mayo  de  2002,  en la cabecera  municipal  de Mercaderes – Cauca, sector El Lago, en un balneario que queda a la  salida  de  la vía que conduce  a la Unión-Nariño, GIAN CARLO GUTIÉRREZ  SUÁREZ,  acompañado de dos individuos conocidos con los alias de “Antonio”  y  “El  Indio”,  por  orden  de  alias “JC”, dio muerte al señor Miguel  Ángel    Rodríguez   Erazo,   quien   había   sido   señalado,   injusta   y  arbitrariamente,  como miliciano de la guerrilla.   

El postulado confesó su responsabilidad en  el  hecho,  razón  por  la  cual  el  delito  se  le  atribuyó  a  título  de  coautoría.   

Como  víctimas  indirectas de esta muerte,  fueron  reconocidos Leidi Yurany, Nisma Andrea, Robier Fernando y Miguel Andrés  Rodríguez  Muñoz  (hijos),  cuya  indemnización se liquidó en los siguientes  términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Leidi    Yurany  Rodríguez  Muñoz             

$679.462,87             

———-             

$56.670.000             

$57.349.462,87  

Nirsa Andrea  Rodríguez  Muñoz             

$679.462,87             

———             

$56.670.000             

$57.349.462,87  

Robier   Fernando  Rodríguez  Muñoz             

———             

$  38.851.963,28             

$56.670.000             

$95.521.963,28  

Miguel Andrés           Rodríguez           Muñoz             

————             

$  46.718.177,01             

$56.670.000             

$103.388.177  

TOTAL             

————-             

—————             

———–             

$313.609.066  

Hecho  No.  21. Secuestro simple agravado y  homicidio  en  persona protegida de José Wilder Díaz Cuellar (agricultor de 22  años)   

El  3  de  Noviembre  de  2002,  GIAN CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ,  en  compañía  del  sujeto  conocido con el alias de  “El  Gato”  y  dos  personas  más  no identificadas, cumpliendo órdenes de  alias  “Maycol”,  retuvieron,  en el parque del municipio de Guadalupe-Huila, al  señor   José   Wilder   Díaz   Cuéllar,   a   quien   tildaban,   injusta  y  arbitrariamente,  de  guerrillero,  trasladándolo  hasta la vereda Los Cauchos,  por  la  vía que conduce de Guadalupe a San Antonio-Garzón (Huila),   donde  le  dieron  muerte,  mediante  dispararos que le propinó “El Gato”.   

La  responsabilidad  de  este  crimen  fue  confesada  por el postulado, razón por la cual el hecho se le imputó a título  de coautoría.   

         Como  víctimas  indirectas  fueron  reconocidos Rosa María, Jaime,  José   Ignacio,   María   Nubia  y  Nelson  Díaz  Cuéllar  (hermanos),  cuya  indemnización se liquidó en los siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Rosa  María             Díaz            Cuéllar             

$265.792,13             

———-             

$28.335.000             

$28.600.792,13  

Jaime  Díaz   Cuéllar             

$265.792,13             

———             

$28.335.000             

$28.600.792,13  

José       Ignacio      Díaz            Cuéllar             

$265.792,13             

———             

$28.335.000             

$28.600.792,13  

María       Nubia       Díaz            Cuéllar             

$265.792,13             

———             

$28.335.000             

$28.600.792,13  

Nelson  Díaz   Cuéllar             

$265.792,13             

—————             

$28.335.000             

$28.600.792,13  

TOTAL             

————-             

—————             

———–             

$143.003.960,7  

Hecho No. 22. Homicidio en persona protegida  de Luis Alfonso Óme Ordóñez (agricultor de 36 años).   

El  1º de marzo de 2003, en la vereda Alto  Junín  del  municipio  de  San  José  de  Isnos,  departamento  del  Huila, el  postulado  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ SUÁREZ, acompañado de John Jader Montenegro  Arias,  dio muerte al señor Luis Alfonso Gómez Ordóñez, disparándole con un  revólver    calibre    38    cuando    se    encontraba    en    su   casa   de  habitación.   

El  postulado  confesó el hecho, aduciendo  que  obedeció  órdenes  de  alias “Rigo”, jefe del grupo paramilitar en el  municipio  anotado,  pues  la víctima era señalada, injusta y arbitrariamente,  como guerrillero.   

El  delito  se  le  imputó  a  título  de  coautor.   

Como  víctimas  indirectas de la muerte de  Luis  Alfonso Óme Ordoñez fueron reconocidas Nubia Cerón Ortega (esposa) y Y.  L.  y  M.  J.  Óme  Cerón  (hijas),  cuya  indemnización  se  liquidó en los  siguientes términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Nubia Cerón Ortega             

$1.357.560,97             

$  82.738.851,47             

$56.670.000             

$140.766.412,4  

Y.  L.  Ome  Cerón             

——–             

$  31.115.774,79             

$56.670.000             

$87.785.774,79  

M.    J.    Ome  Cerón             

———             

$34.096.079,09             

$56.670.000             

$90.766.079,09  

TOTAL             

             

             

             

$319.318.266,3  

3.2.  Deportación,  expulsión, traslado o  desplazamiento  forzado  de  población  civil (artículo 159 Ley 599 de 2000) y  extorsión (artículo 244 ibídem)   

Hecho  No.  23.  Deportación,  expulsión,  traslado  o desplazamiento forzado de población civil y extorsión en perjuicio  de Jorge Enrique Pungo Gómez.   

El  23 de mayo de 2008, Jorge Enrique Pungo  Gómez  acudió  ante las autoridades informando que el 6 de octubre de 2001 fue  víctima  de  desplazamiento  forzado,  pues en dos oportunidades fue citado por  los  paramilitares  para que acudiera hasta la vereda de El Tablón en el Tambo,  Cauca.  En  la  primera  de tales reuniones se entrevistó con los paramilitares  conocidos  con  los  alias  de “El Tuerto” y “Peliteñido”, quienes le exigieron  dinero  en  efectivo  y dos celulares a cambio de no atentar contra su vida y la  de  su  familia,  tras  acusarlo  de  ser auxiliador de la guerrilla. Uno de los  celulares   requeridos  fue  entregado  a  alias  “Peliteñido”  en  la  segunda  citación  que  se le hizo, a la cual acudió con su hermana Carmen Pungo, luego  asesinada por el grupo paramilitar.   

En  esta  última  oportunidad,  dijo,  los  interrogaron  y  amenazaron  de  muerte  y luego de tres horas de retención los  dejaron  ir con la condición de que abandonaran la población del Tambo, razón  por  la  cual  se trasladó a la ciudad de Popayán. No obstante, en octubre del  mismo  año,  al  enterarse  de  la  muerte de su hermana Carmen, a manos de los  paramilitares,  pidió  protección a la Fiscalía General de la Nación, que le  colaboró  para su traslado a la ciudad de Bogotá, donde reside desde entonces,  dejando abandonada su finca cafetera.   

El  postulado GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ  hizo  referencia  a  estos  hechos  cuando  confesó  el homicidio de la señora  Carmen  Pungo,  razón  por  la  cual  se le imputaron cargos por los delitos de  extorsión  y   deportación, expulsión, traslado o desplazamiento forzado  de población civil.   

Como  víctimas  indirectas  de  la última  conducta  fueron  reconocidas  Lizana  Salazar, Lizbeth Carlly y Jorge Alejandro  Pungo   Salazar,   cuya   indemnización   se   liquidó   en   los   siguientes  términos:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

Jorge   Enrique  Pungo             

$2.513.623,36             

$6.548.833,44             

$28.334.000             

$37.396.456,8  

Lizana  Salazar             

——–             

——–             

$17.000.000             

$17.000.000  

Lizbeth  Careli Pungo  Salazar             

———             

———             

$17.000.000             

$17.000.000  

Jorge Alejandro Pungo  Salazar             

——–             

             

$17.000.000             

$17.000.000  

TOTAL             

———             

————-             

———             

$88.396.466,8  

Respecto de Yudy Fernanda y Yaneth Alexandra  Pungo  Potosí,  se  afirma  que a pesar de que demostraron ser hijas del señor  Jorge  Enrique Pungo, no acreditaron ser víctimas del delito de desplazamiento,  en  tanto  que  dentro  de los documentos que dan cuentan  de la calidad de  desplazado  del  señor  Pungo, siempre se hace una enunciación de los miembros  de  su  núcleo  familiar afectado por dicha conducta punible, documentos dentro  de  los  cuales  no  se hace referencia a estas dos reclamantes y tampoco fueron  aportados  elementos  de  convicción  que  permitan establecer su condición de  desplazadas.   

3.3.  Concierto  para  delinquir  agravado  (artículo 340 Ley 599 de 2000)   

En  la  sentencia  de  primera instancia se  declara   probado   que  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ  SUAREZ  militó  en  las  AUC,  específicamente  en el Bloque Calima, en el cual se desempeñó como patrullero  rural  y  urbano,  razón  por  la  cual  el delito le fue imputado a título de  autor.   

Se  advierte,  sin  embargo,  que  como  en  relación  con  esta  ilicitud  ya se había proferido sentencia condenatoria en  contra  de  GUTIÉRREZ  SUÁREZ,  por  hechos  que abarcaron su pertenencia a la  organización  armada  desde  su  vinculación,  en enero de 2001, hasta el 2 de  septiembre  del  mismo  año, según sentencia dictada el 6 de julio 2007 por el  Juzgado  1° Penal del Circuito Especializado de Popayán, en la que también se  le  condenó  por los homicidios de Carmen Pungo y Ricaurte Román Pungo Vargas,  la  imputación  en  este  trámite  sólo  abarca  la  militancia  ocurrida con  posterioridad  a  esa  fecha,  es  decir,  a partir del 2 de septiembre de 2001,  cuando  voluntariamente  continuó  su actividad delincuencial dentro del Bloque  Calima,  actividad  que  se desplegó hasta el 18 de diciembre de 2004, fecha de  su desmovilización.   

          4.    Declaraciones   y   decisiones   tomadas   en   la   sentencia  impugnada   

          En  la sentencia de primera instancia, la Sala de Justicia y Paz del  Tribunal Superior de Bogotá, resuelve:   

         “PRIMERO.-      Declárese     como  verdad que:   

a.)  En  Colombia  se  está  librando  un  conflicto  armado  interno,  en  el  que  uno  de  los  actores  armados  fue la  organización  denominada  AUTODEFENSAS  UNIDAS  DE  COLOMBIA  (A.U.C.), la cual  contó  con  una estructura política y armada, y en su consolidación se valió  de  la  asistencia, por acción y omisión, de miembros de las Fuerzas Militares  y   de   Policía,   de   autoridades  civiles  nacionales  y  regionales  y  de  empresarios;   

b.)  Que en este proceso la participación  de  las  Fuerzas  Armadas  en el accionar paramilitar no se encuentra acreditado  que haya sido parte de su política institucional;   

c.)  Que  el  proceso de expansión de las  A.U.C.  les  permitió desarrollar una estrategia operativa militar que dividió  el  territorio  nacional,  delegando competencias y fijando jurisdicciones, bajo  una cadena de mando unificada;   

d.)  Que  aunque  las  A.U.C. manejaban un  discurso  declarado  contra la Subversión, su accionar estuvo dirigido a atacar  a  la  población civil de los territorios donde incursionó y ejerció control,  correspondiéndose  estos  ataques con una política generalizada y sistemática  contra ésta población;   

e.)  Que  en  el  año  2000, dentro de la  estructura  funcional de la organización, las Autodefensas de Córdoba y Urabá  al  mando  de Fidel Castaño, decidieron desplegar su accionar paramilitar hacia  la  zona  central  del Valle del Cauca financiados y auspiciados por Diego León  Montoya   Sánchez  alias  “Don  Diego”,  enemigo  de  Wilmer  Varela  alias  “Jabón”   quien  en  ese  entonces  tenía  el  control  de  las  rutas  de  narcotráfico  de  esa  región bajo la protección de la guerrilla de las FARC,  dando lugar al surgimiento del denominado Bloque Calima de las AUC;   

f.)  Que el Bloque Calima adoptó patrones  de   conducta  constitutivos  en  crímenes  de  guerra  y  de  lesa  humanidad,  consistentes  en la comisión de masacres, homicidios selectivos, desapariciones  forzadas,  desplazamientos  forzados,  secuestros  contra personas protegidas y,  con  la  apropiación  y destrucción de bienes y lugares protegidos, siendo los  pobladores  de la región instrumentalizados, principalmente con el argumento de  pertenecer o colaborar con la Subversión;   

g.)  Que el Bloque Calima contaba con tres  estructuras:  una  política,  otra  militar  y  otra  financiera; al tiempo que  existió  un grupo encargado de difundir la ideología de las autodefensas entre  militantes y civiles y obtener apoyo económico en la región;   

h.)  Que  el  Bloque  Calima  llegó  a  tener  cinco  frentes:  Central (ubicado en Tuluá y sus  alrededores),  Pacífico  (ubicado en Buenaventura y algunos municipios costeros  de  Cauca),  Cacique Calarcá (Ubicado en algunos municipios del norte del Valle  del  Cauca  y  Quindío),  La  Buitrera (Ubicado en Palmira y sus alrededores) y  Farallones    (ubicado    en    varios    municipios    de    Cauca);   

i.)  Que  el  Bloque Calima principalmente  financió  sus  actividades  con  ganancias  obtenidas  del  narcotráfico, y de  manera  secundaria pero constante, con el cobro de tarifas ilegales obtenidas de  las  extorsiones,  exacciones,  cuotas y “aportes” impuestos a comerciantes,  ganaderos,  transportadores,  contratistas y pobladores en general, quienes eran  víctimas  del  despojo  de  sus  bienes  y  enseres,  y  si  se resistían eran  víctimas  de  amenazas, intimidaciones, retenciones y atentados contra su vida,  con  lo  que a la vez se les instrumentalizaba para causar terror y someter a la  población civil;   

j.) Que al Bloque Calima durante su periodo  de  injerencia  comprendido  entre los años 1999 y 2004, se le atribuyeron 2372  homicidios,  1004 desplazamientos y 367 desapariciones entre otros delitos en el  departamento  del  Valle  del  Cauca;  1304 homicidios, 298 desplazamientos y 99  desapariciones   en   el   Departamento   del   cauca;   10   homicidios,   tres  desplazamientos  y  3  desapariciones  en  el  departamento  del Quindío; y 115  homicidios,  12 desplazamientos, y 2 desapariciones en el departamento del Huila  según    estadísticas    presentadas    por    la   Fiscalía   al   acto   de  legalización;   

SEGUNDO.-    Ordenar    la  publicación  del  primer punto resolutivo de la  presente  decisión  y de las investigaciones sobre los procesos de origen, consolidación  y  expansión  de  las  Autodefensas  en  los departamentos del Valle del Cauca,  Cauca,  Quindío  y  Huila que fueron adelantadas por la Fiscalía General de la  Nación  y presentadas durante este proceso, en un diario de amplia circulación  nacional  dentro del mes siguiente a la ejecutoria de la presente decisión, con  la   anotación   expresa   que  ha  de  estar  garantizada  la  publicación  y  circulación  de  este  diario  en  la  zona  de  influencia  del  Bloque Calima  .   

TERCERO.-    Exhortar    al  Consejo Directivo del Centro de Memoria Histórica para que las  publicaciones  de  que  habla los dos primeros puntos resolutivos de la presente  decisión   integren   al   cuerpo   documental   del   Museo   Nacional  de  la  Memoria.   

        CUARTO.-           Condenar    a    GIAN    CARLO    GUTIÉRREZ    SUÁREZ,  conocido  con  los  alias  de  “El  Tuerto”,“El Pirata”,  “Luis”   y/o  “Antonio”,  e identificado con cédula de ciudadanía  número  16.485.987, expedida por la Registraduría Nacional del Estado Civil de  Buenaventura  (Valle  del  Cauca), a la pena principal de cuarenta (40) años de  prisión  y  multa de cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  luego  de haber sido hallado responsable como autor de los delitos de  concierto   para   delinquir   agravado,   homicidio   en   persona   protegida,  desaparición  forzada,  secuestro  simple  agravado,  extorsión y expulsión o  traslado   de   población   civil   de   acuerdo   con   lo  motivado  en  esta  sentencia.   

QUINTO.-  Condenar   a  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ   SUÁREZ,   a   la   pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, por el  lapso de veinte (20) años.   

SEXTO.-  Suspender a GIAN CARLO GUTIÉRREZ  SUÁREZ,  la  ejecución  de  la pena principal aquí  impuesta  por una pena alternativa equivalente a ocho (8) años de prisión, que  se  hará  efectiva  en  centro  de  reclusión,  en  los  términos  y bajo las  condiciones expuestas en la parte motiva.   

SÉPTIMO.- Condenar a GIAN CARLO GUTIÉRREZ  SUÁREZ   y   de   manera  solidaria  a  los  demás  integrantes  del  Bloque Calima, al pago de los daños y perjuicios materiales y  morales,  en  los  montos  y  condiciones  establecidos en la parte motiva de la  presente decisión.   

OCTAVO.-     Ordenar    la  reparación  integral  de  las  víctimas,  en  los términos y  condiciones    consignadas    en    la    parte    motiva    de    la   presente  sentencia.   

NOVENO.-Exhortar      a   la   Unidad   Administrativa   Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral a las Víctimas, a que verifiquen, qué víctimas han sido  reparadas  por  otras vías como la administrativa, para efectos de gestionar en  debida  forma  los recursos del Fondo de la Reparación para las Víctimas de la  Violencia.   

DÉCIMO.-      Ordenar,   a  la  Unidad  Administrativa  Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  a  las  Víctimas, verificar qué las víctimas del hecho  No.   6,   que   dentro   de  estas  diligencias  de  Justicia  y  Paz,  reciban  indemnización  por cualquier tipo de concepto, no hayan sido reparadas por vía  judicial,  para  efectos  de  evitar  una  doble  indemnización, por los mismos  hechos.   

DÉCIMO  PRIMERO.-  Ordenar  a      GIAN     CARLO     GUTIÉRREZ  SUÁREZ  la suscripción inmediata a la ejecutoria de  esta  decisión, de un documento en el que se compromete a no incurrir en nuevas  conductas   que   sean   violatorias   de  los  derechos  humanos,  del  Derecho  Internacional  Humanitario  y del Ordenamiento Penal Colombiano, el cual deberá  ser  publicado  en un diario de amplia circulación nacional, dentro de los tres  (3) meses siguientes a la ejecutoria del presente fallo.   

DÉCIMO  SEGUNDO.-  Ordenar  a      GIAN     CARLO     GUTIÉRREZ  SUÁREZ  el ofrecimiento de disculpas públicas a las  víctimas  de  los delitos por el cometidos y la sociedad en general, las cuales  deberán  ser  ofrecidas dentro de los tres (3) meses siguientes a la ejecutoria  de   esta   decisión,  y  deberán  ser  publicadas  en  un  diario  de  amplia  circulación  nacional  dentro  de  los  seis  (6)  meses  siguientes  del mismo  término,    conforme    a   las   motivaciones   expuestas   en   la   presente  sentencia.   

DÉCIMO  TERCERO.-  Ordenar  que  las  disculpas públicas dispuestas en el numeral anterior, se  realicen  en  un  evento  público  en  los  municipios  de El Tambo, El Bordo y  Mercaderes  del  Departamento  del  Cauca,  y Guadalupe y San José de Isnos del  Departamento  del  Huila  al  que  se  deberán  invitar  a  los  estudiantes de  los   colegios y escuelas conforme a las motivaciones expuestas. El Comité  Ejecutivo  para  la  Atención  y  Reparación  a  las  Víctimas coordinará la  realización del acto público.   

DÉCIMO  CUARTO.-  Exhortar  a  la  Secretaría  Departamental  de Salud de los Departamentos de  Cauca  y  Huila  para  que  en  coordinación  con las Secretarías Municipales,  adelante  la  valoración  médica  y  psicológica  para  la  totalidad  de las  víctimas  en  la  presente providencia acreditadas, mediante la realización de  jornadas en las poblaciones afectadas, las cuales deberán incluir:   

        a.)  La  vinculación  al  Sistema  Nacional  de  Salud de aquellas  víctimas que aún no hacen parte de éste;   

b.)  La  atención  gratuita  y  ágil  de  aquellas  víctimas  que  a  partir  de la valoración médica y psicológica se  determine   lo   requieren   y  que  hayan  manifestado  su  consentimiento,  en  instituciones    de   salud   especializadas   y   por   el   tiempo   que   sea  necesario;   

c.)  El  suministro  de los medicamentos y  elementos que para el tratamiento se requiera;   

d.) La atención particular después de la  valoración  individual,  atendiendo  los  diagnósticos  de  cada  una  de  las  víctimas acreditadas.   

DÉCIMO  QUINTO.-  Exhortar  a  la  Unidad  Administrativa  Especial  de Atención y Reparación  Integral  a  Víctimas  para  que  diseñe  y  ejecute  programas de atención y  acompañamiento  en  las  comunidades  afectadas  con  ocasión  de  los  hechos  delictivos  por  los  que GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ en la presente decisión  ha  sido condenado; que consideren los diagnósticos realizados por el Fiscal 18  de  la  Unidad  Nacional  para  la  Justicia y la Paz; que incluyan tratamientos  colectivos,   familiares   e  individuales  a  las  víctimas,  con  el  fin  de  reconstruir  sus  proyectos  de  vida,  el  tejido  social  de las comunidades y  contribuir de esta forma a su reparación integral.   

DÉCIMO  SEXTO.-  Exhortar  al  Servicio  Nacional  de  Aprendizaje  (SENA)  Seccional  Cauca y  Seccional  Huila,  para  que  una  vez practicada la prueba del punto resolutivo  anterior,   implemente   y   ejecute  programas  de  capacitación  y  proyectos  productivos  para  la reconstrucción de la economía y proyectos de vida de los  habitantes  de  la  región, que deberán involucrar a la población escolar que  haya  completado  la  básica  secundaria, y quiera como parte de su proyecto de  vida,  desarrollar  las  actividades  propias de la región. De estos se deberá  informar  a  la Sala dentro de los nueve (9) meses siguientes a la ejecutoria de  esta  decisión,  es  decir, se otorga un plazo de tres (3) meses después de la  práctica   de  las  pruebas,  para  el  diseño  y  puesta  en  marcha  de  los  mismos.   

DÉCIMO  SÉPTIMO.-  Exhortar al        Ministerio        de        Educación       –o  a  quien  haga sus veces- para que  gestione  la  atención  de  las  víctimas  reconocidas en esta decisión y que  deseen   hacer   parte   del   Programa  Nacional  de  Alfabetización  con  las  Secretarías  de  Educación  pertinentes,  indistintamente  de  la  edad  de la  víctima que desee hacerse beneficiaria.   

DÉCIMO  OCTAVO.-  Exhortar  al  Consejo Directivo del Centro de Memoria Histórica que coordine  con  las  Secretarías  de Educación de los departamentos de Cauca y Huila para  que  se  implemente  una  cátedra  sobre  derechos humanos y reconstrucción de  memoria    histórica    regional   en   los   centros   educativos   de   tales  departamentos.   

DÉCIMO  NOVENO.-  Exhortar  al        Ministerio        de        Educación       –o a quien haga sus veces- y al Centro  Nacional  de  Memoria Histórica para que promuevan actividades participativas y  formativas  en  derechos  humanos  para docentes de los centros educativos de El  Tambo,  El  Bordo,  Mercaderes  y  El  Patía  en el departamento de Cauca; y en  Guadalupe y San José de Isnos en el departamento de Huila.   

VIGÉSIMO.-  Suspéndase la  obligación  de  prestar servicio militar de aquellas víctimas  acá  reconocidas  que  no  hayan  definido su situación militar, recordando la  posibilidad  de la exención de dicha obligación una vez se haya consolidado el  Protocolo de que habla el artículo 180 del Decreto 4800 de 2011.   

VIGÉSIMO      PRIMERO.-  Exhortar al  Ministerio  de  Defensa –o  a  quien haga sus veces- y a la Unidad Administrativa Especial para la Atención  y  Reparación  Integral a las Víctimas para que constituyan los procedimientos  necesarios  para  la  Exención de la obligación de prestar servicio militar en  el menor tiempo posible.   

VIGÉSIMO  SEGUNDO.- Exhortar a  la  Fiscalía  General  de la Nación para que lleve a término,  dentro  de  un  plazo  razonable,  una  investigación  completa y efectiva para  determinar  la  responsabilidad  intelectual  y  material de la totalidad de los  autores  de  los  delitos  en  esta  providencia  sancionados,  así como de las  personas cuya aquiescencia hizo posible la comisión de los mismos.   

VIGÉSIMO  TERCERO.-  Exhortar  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  para que construya un  sistema  eficaz  de  datos estadísticos con indicadores confiables, que permita  implementar  medidas  efectivas para la protección de los derechos humanos y el  derecho internacional humanitario.   

VIGÉSIMO  CUARTO.-  Exhortar  a los actores armados respetar los derechos humanos y aplicar los  principios del Derecho Internacional Humanitario.   

VIGÉSIMO  QUINTO.-  Declarar la  extinción de dominio de los bienes que vienen referenciados, y  de   acuerdo   con  las  motivaciones  de  este  fallo.  Líbrense  los  oficios  respectivos   a   las  correspondientes  Oficinas  de  Registro  e  Instrumentos  Públicos.   

VIGÉSIMO  SEXTO.-  Exhortar  a   la   Unidad   Administrativa   Especial  para  la  Atención  y  Reparación  Integral  a las Víctimas a realizar las gestiones necesarias a fin  de  obtener  de  entidades  nacionales  e  internacionales,  recursos que tengan  vocación reparadora.   

VIGÉSIMO SÉPTIMO.- Exhortar a  la  Unidad  Nacional  para  la Justicia y la Paz de la Fiscalía  General  de la Nación, a identificar los bienes de comandantes e integrantes de  las  Autodefensas  Unidas de Colombia, postulados por el Gobierno Nacional a los  beneficios  de  la  Ley 975 de 2005, que fallecieron y actualmente se encuentran  en  cabeza  de  sus  herederos,  a  fin de tomar las medidas necesarias para que  ingresen  al  Fondo  Nacional de Reparación, conforme a lo expuesto en la parte  motiva.   

        VIGÉSIMO  OCTAVO.-  Contra  la presente  decisión   procede   el   recurso   de   apelación,   en   los  términos  del  artículo   41 de la ley 1395 de 2010, que modificó el artículo 179 de la  ley  de  906  de  2004,  es decir, que deberá interponerse en esta audiencia de  lectura  de  fallo  y  podrá ser sustentando oralmente o por escrito, dentro de  los cinco (5) días siguientes.   

        En  firme  esta  decisión,  expídanse copias para las autoridades  correspondientes.”   

En auto del 3 de diciembre de 2012, la Sala  de  Justicia  y  Paz, procedió a corregir el error aritmético que se advirtió  sobre  la  pena  de multa impuesta a GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ en el numeral  cuarto  del  fallo,  para  señalar  que  la  misma  corresponde a cuarenta (40)  salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

5. Las impugnaciones  

5.1. Del Ministerio Público  

El Procurador 357 Judicial Penal II, impugna  los siguientes aspectos del fallo:      

1. La dosificación punitiva.     

Observa que al ocuparse la Sala de Justicia  y  Paz  del  delito  de  desaparición  forzada de Alias “Turbo”, no tuvo en  cuenta  que  la negativa de dar información sobre el paradero de la víctima se  mantuvo  hasta  el  29 de agosto de 2007, fecha en la cual GIAN CARLO GUTIÉRREZ  relató,  en  versión  libre,  lo  sucedido  con  esa  persona,  entregando los  móviles  y circunstancias, de donde se entiende la permanencia del delito en el  tiempo  hasta  la  fecha  en  que  cesó  la  indefinición  de  la suerte de la  víctima,  época para la cual se encontraba vigente, en materia de punibilidad,  la  Ley  890  de 2004, que estableció una pena de 320 a 540 meses de prisión y  multa  de 1.333,33 a 4.500 salarios mínimos legales mensuales vigentes, para la  desaparición forzada.   

Siendo ello así, dice, la pena que se fijó  en  el  extremo  límite  superior,  debió  oscilar  entre  485  y 540 meses de  prisión,  cifra  superior  a  la  que  se  consideró  de  mayor gravedad en la  sentencia  impugnada,  a la luz del artículo 31 del Código Penal que regula el  concurso de conductas punibles.   

En consecuencia, pide que se redosifique la  pena  para  aumentar el tipo base del concurso, imponiendo por esa vía una pena  máxima de 45 años de prisión.   

El mismo error se cometió al tasar la pena  de  multa,  pues  en  la  sentencia  de  primera  instancia  no sólo se omitió  considerar  la multa para algunas de las conductas punibles, sino que no se tuvo  en  cuenta  la  señalada en la ley para el delito de desaparición forzada para  el  año  2007, razón por la cual lo pertinente es modificar la pena de multa o  por  lo  menos  especificarla,  pues en el fallo se llegó a un monto global sin  especificarla.      

1. Del incidente de reparación integral     

Según  el  Ministerio Público, la Sala de  Justicia   y   Paz  ordenó  y  exhortó  el  cumplimiento  de  algunas  medidas  asistenciales   y  reparadoras  acordes  con  la  naturaleza  del  daño  y  las  necesidades  de  las  víctimas  individuales y colectivas, dentro de las cuales  merecen  reparo  la  de  satisfacción  desarrollada en el numeral 263 del fallo  impugnado,  en  el  cual  se  exhorta  a  la  Fiscalía  General de la Nación a  investigar,     cuando    este    es    su    deber    funcional,    de    rango  constitucional.   

También  merecen  reparo  las  medidas  de  asistencia   a   favor  de  las  víctimas  colectivas,  pues  si  bien  guardan  pertinencia  con la necesidad reparadora, carecen de una fundamentación seria y  fundada  de  su  proyección y presupuestos prestablecidos y, sobre todo, de una  vinculación   previa   al   proceso   de   los  órganos  o  las  instituciones  comprometidas  para consensuar con ellas o al menos profundizar técnicamente la  capacidad,  la  vocación  y  disposición  para  hacer efectivas las órdenes y  exhortos  del  Tribunal,  que  por  su  grado  de abstracción podrían terminar  siendo una expectativa incierta para las víctimas.      

1. De las indemnizaciones ordenadas a las víctimas     

El  Delegado dice recurrir la motivación y  la  fórmula que aplica la Sala de Justicia y Paz para cuantificar los daños en  aquellos  casos en los que los reconoció, por incurrir en el error de equiparar  la  obligación  reparadora del victimario con la subsidiaria que hace el Estado  en términos de solidaridad.   

Además,  fundado  en  el referente legal y  jurisprudencial,  la  Sala  liquida  los perjuicios a las víctimas y así mismo  declara  la  extinción de los bienes entregados por el Bloque Calima, sin hacer  referencia  alguna  a su destinación en la reparación de las víctimas de este  proceso  y  sin  indicar  en  el  numeral  octavo  de  la parte resolutiva, y lo  correspondiente  en  la  parte  motiva,  sobre la forma como se hará el pago de  dicha  condena,  máxime  si en cuenta se tiene que el postulado no hizo entrega  de   bien  alguno  para  procurar  la  indemnización  a  las  víctimas  de  su  actuar.   

En ningún caso, insiste, el Estado asume la  responsabilidad  que  le  es  endilgable  únicamente  a  quien causó el daño.   

Destaca que en los artículos 37 y 42 de la  Ley  975  de  2005,  se  establece el deber de reparar los daños causados a las  víctimas  de  los  miembros  de los grupos armados ilegales que se acojan a los  beneficios  y  con la expedición de la Ley 1448 de 2011, se fijan las cuantías  que  el  Estado  está  dispuesto  a reconocer por motivos de solidaridad, no de  responsabilidad  civil,  como  se  expresó  claramente en el artículo 10 de la  citada disposición.   

En   esta   norma,   agrega,  se  dejaron  establecidas  las  reglas  bajo  las  cuales  el  Estado  acude  a  reparar a la  víctima,  en  aquellos  casos  en  que  el victimario resulte insolvente, desde  luego  sin que tal reconocimiento sea óbice para que la víctima pretenda de su  victimario el pago total del monto insoluto a que haya lugar.   

Consecuente  con  ello, mediante el Decreto  4800  de  2001,  en  su  artículo  149,  se fijaron los montos que el Estado de  manera  subsidiaria,  reconocería  a  las víctimas en los procesos de justicia  transicional  y  que,  como es entendible, en la mayoría de los casos distan de  la cuantificación real del daño.   

Todas  esas normas, advierte, se encuentran  vigentes   y   por   tanto   deben  ser  interpretadas  y  aplicadas  de  manera  conjunta.   

Por ello, considera claro que al momento de  dictar  sentencia,  es necesario hacer una cuantificación del daño real que se  ha  causado  a  la  víctima,  porque  éste  es  el  monto por el que tiene que  responder  el  victimario.  Pero ese monto no es trasladable en su integridad al  Estado,  cuando  a éste no se le ha vinculado al desarrollo del proceso y no ha  sido vencido en juicio.   

Pide que se tenga en cuenta el concepto del  Consejo  de  Estado  de fecha 24 de abril de 2012, radicado No. 2082, emitido en  respuesta  a  los cuestionamientos efectuados por el Departamento Administrativo  de  Prosperidad  Social,  con  ocasión del cumplimiento de la sentencia de  Edgar  Cobos  Téllez  y  Uber  Banquéz Martínez, cuyas valoraciones generales  sirven de referente en este caso.   

Según  el  Ministerio  Público,  se  ha  convertido  en  una  constante  que  los  postulados  aduzcan no poseer bienes o  desconocer  la  existencia  de  aquellos  que pertenecían a la organización, a  sabiendas  o  presumiendo,  que  este  requisito  será  suplido  por el Estado,  mientras  se  hacen  a  los  enormes  beneficios  que  en  materia  penal se les  concede.   

Con base en tales argumentaciones, pide que  se  indique  la  forma como se hará frente a las indemnizaciones que se ordenan  en  la  sentencia  impugnada,  teniendo  en  cuenta  que los montos a los que se  obligó   el  Estado  mediante  las  disposiciones  legales  aludidas,  resultan  inferiores a los que allí se plantean.      

1. De la orden de extinción de dominio     

Sostiene  que  en la sentencia recurrida la  Sala  de  Justicia  y  Paz se limita a declarar la extinción del dominio de los  bienes  ofrecidos  por  los desmovilizados, independientemente de su procedencia  lícita  o  ilícita  y  con  específica  destinación  de  reparación  a  sus  víctimas.   

No  obstante,  la misma diferenciación que  supone  el  deber  de reparar del causante del daño, se demanda de la vocación  reparadora  de  los  bienes según su origen y destinación, precisamente porque  no  es  posible  redimir la obligación de reparar a las víctimas, con aquellos  bienes  que  hubieren  estado  vinculados  o  hubieren  sido  el  producto de la  actividad ilegal.   

         Sostiene  que  por  no haberse precisado en este proceso de justicia  transicional  el  verdadero  alcance y naturaleza de la acción de extinción de  dominio,  ello  no  sólo  ha permitido mezclar los bienes de lícita e ilícita  procedencia,  sino  entender  que  el  deber  de ofrecimiento y señalamiento de  tales  bienes   por  parte  de  los  desmovilizados,  cambia  su estatus al  entenderse  como  un  gesto  reparador  cuando  en  esencia ningún derecho a la  propiedad resulta válida sobre tales bienes.   

         Después  de  una amplia disertación sobre el instituto del comiso,  las  dificultades  que  históricamente  tuvo  su  aplicación y las razones que  llevaron  a  la creación de normas que permitieran la extinción del derecho de  dominio   sobre  bienes  adquiridos  de  forma  ilícita,  específicamente  las  contenidas  en  la  Ley  333  de  1996,  recordando  que desde sus orígenes, la  extinción  de  dominio  estuvo  sustentada en la idea de que los derechos sólo  pueden  surgir  de  hechos  lícitos y, por consiguiente, el delito no puede dar  origen  a  ningún  tipo  de  derecho,  de  donde  técnicamente  la  acción de  extinción  sólo  puede  recaer  sobre  bienes de procedencia o vínculo con el  ilícito,  y  que  al  no  reconocerse  ningún derecho a la propiedad sobre los  mismos,  salvo  los  derechos  de  terceros  de  buena fe, no puede con ellos el  victimario redimir sus obligaciones de reparar.    

         Por  lo tanto, considera que lo correcto sería adelantar dentro del  mismo  proceso  de  justicia y paz, el trámite correspondiente a la afectación  de  bienes  con  fines  de extinción de dominio o de comiso, garantizando a los  terceros  de  buena  fe  sus  derechos,  y una vez verificados judicialmente sus  vínculos  con  la  actividad ilegal, declarar la extinción para destinarlos al  Fondo  para  la  Reparación  de las Víctimas, reparación cuya vocación es el  producto de la solidaridad y no de la responsabilidad del Estado.   

         Pide,  en consecuencia, que se reforme la sentencia en el sentido de  aclarar  el  concepto  de  extinción de dominio en el proceso de justicia y paz  según  su  esencia  y  declare la necesidad de diferenciar, según el origen de  los  bienes, cuáles son los que redimen la obligación de reparar y cuáles no,  basados  en  categorías  distintas,  pues  no es lo mismo la responsabilidad de  indemnizar  por  causación  del  daño de parte del victimario y la obligación  subsidiaria   del   Estado   de   asistir   en   términos   solidarios   a   la  víctima.      

1. De las reparaciones individuales     

          Manifiesta  su  inconformidad  con  la  decisión  que  negó  reconocer como víctima al menor López Castro, aduciendo  su  indebida  representación,  a  pesar  de estar acreditado su vínculo con la  víctima directa Nezar López Céspedes.   

         Acude  al  artículo  192  de  la  Ley  1098  de  2006  –Código   de   la   Infancia   y   la  Adolescencia-,  para  destacar  que  el  funcionario  judicial debe velar por el  interés  superior  del  niño,  la prevalencia de sus derechos y su protección  integral.  En  ese  sentido,  agrega, el artículo 197, establece la iniciación  oficiosa  del incidente de reparación cuando los padres, el representante legal  o  el  defensor  de  familia  del menor, no lo hubieren solicitado. A su vez, el  artículo  196  establece  el derecho que tienen los niños y niñas víctimas a  ser  asistidos  durante  el juicio y el incidente de reparación integral por un  abogado  calificado que represente sus intereses aun sin el aval de sus padres y  designados  por  el  defensor  del  pueblo,  que  fue  lo  que  ocurrió en este  caso.   

         Pide,  en  consecuencia, que al respecto se revoque la decisión que  negó  el  reconocimiento  al  menor  López Castro y, en su lugar, se valore la  prueba y decrete la indemnización correspondiente.   

         También  recurre  el  pronunciamiento hecho por la Sala en el hecho  No.  11, que corresponde al homicidio de Belisario Elvira Sánchez, por falta de  reconocimiento  del  daño a la vida en relación alegado por la defensora de su  hijo  Wilson  Ordoñez,  pues  en  el  proceso se documentó un relato suyo, que  demuestra  la  estrecha  relación  que  mantenía con su padre y la dependencia  emocional  y  económica  que  trascendió  con  su  muerte, versión que no fue  cuestionada ni desvirtuada.   

         Finaliza  señalando  que  en el hecho 23, se estima la necesidad de  aclarar  el  total  de la indemnización que se reconoce al señor Jorge Enrique  Pungo,  pues  en  el  cuadro  final  no  se incluyó el monto de $11.334.000 que  corresponde  al  daño  ocasionado  por  el  delito  de  extorsión  del que fue  víctima.   

5.2. De la abogada Edda Ariane Triana Real,  apoderada de víctimas   

         5.2.1.  Sobre  el  hecho  No.  4,  homicidio  de Nisareiver Sánchez  Vásquez   

         Recuerda  que  en  este punto la Sala de Justicia y Paz no encontró  acreditada  la  calidad  de  víctima  del señor José Alirio Delgado Urrea. No  obstante,    al   respecto   se   incorporaron   al   proceso   las   siguientes  pruebas:   

(i)  Entrevista  rendida el 22 de agosto de  2011   por   la   señora   Nubia   Mireya   Vásquez  ante  Policía  Judicial,  “refiriéndose  a la actividad laboral de su hijo y  a  su  esposo  como  miembros  de  su  núcleo  familiar junto con sus otros dos  menores hijos comunes con su compañero.”   

(ii)  Registros  civiles  de  nacimiento de  Javier  Alirio y José Didier Delgado Vásquez, hijos de Nubia Mireya Vásquez y  José Alirio Delgado Urrea.     

         Tales  pruebas,  dice,  acreditan  que  existía una unidad familiar  entre  la señora Nubia Mireya, su esposo José Alirio Delgado Urrea y sus hijos  Nisareiver  Sánchez  Vásquez,  Javier  Alirio y José Didier Delgado Vásquez,  estos dos últimos hijos de  José Alirio.   

         Solicita  que  los testimonios rendidos sean analizados y criticados  en  conjunto,  pues  son  los  únicos  que  dan cuenta de la relación familiar  existente.   

         En  consecuencia,  pide que se revoque la decisión cuestionada para  que  en  su  lugar se reconozca como víctima indirecta al señor Delgado Urrea,  padre de crianza.   

         En  segundo  lugar, solicita que se revoque la negativa de reconocer  indemnización  por lucro cesante a la madre de la víctima, señora  Nubia  Mireya  Vásquez  Guerrero,  pues  no  puede  desconocerse  que  en  los  grupos  familiares  cada  uno  aporta  de  acuerdo  con  sus  ingresos.  La  dependencia  económica de unos respecto de otros puede ser total o parcial.   

En  el  proceso  se  acreditó,  con  los  testimonios  de Nubia y José Alirio, que la víctima directa aportaba una cuota  para  el  sostenimiento de toda la familia, de donde los ingresos de la misma se  vieron  afectados  con  su  muerte,  por lo que resulta viable reconocimiento de  lucro  cesante,  como  lo  conceptuó  el  perito  financiero  de la Defensoría  Pública.   

5.2.2  Sobre  el  hecho No. 7, homicidio de  Claudina Medina   

Se  opone  a  la negativa de reconocer como  víctima  indirecta  a  María  del Socorro Medina, pues aunque no se aportó el  registro  civil  que  demuestra  su  parentesco  con  la  occisa,  al proceso se  incorporaron  una serie de pruebas que no sólo demuestran que la mencionada era  nieta  de  aquella, sino que además estuvo presente al momento de su homicidio.  Entre tales pruebas, cita:   

(i)  Declaración  de  María  del  Socorro  Medina,  en  la  que  manifiesta  que  es  hija  de  Melida  Medina y relata las  circunstancias en que perdió la vida su abuela Claudina Medina.   

(ii)  Comunicación del Procurador Judicial  II,  en  la  cual  cita como víctima de este hecho a María del Socorro Medina,  como nieta de la occisa.   

(iii)  Entrevista  tomada a la señora Elsa  Jimena  Cortes Medina, quien da razón de la conformación del grupo familiar de  la  occisa  Claudina  Medina,  incluyendo  a las nietas, entre ellas, María del  Socorro Medina.   

(iv) Entrevista rendida por Carmenza Medina,  en  la  cual refiere que el día de su homicidio, Claudina Medina estaba con sus  nietas Leydi, Zuleni, Marcela y Socorro, menores de edad,   

(v) Acta de levantamiento del cadáver de la  señora   Claudina   Medina,   en   la   cual  se  cita  a  María  del  Socorro  Medina.   

(vi) Declaración ante Notario, rendida por  Gerardo  Ortega Valencia, dando fe de que María del Socorro Medina era nieta de  Claudina Medina y que dependía económicamente de ella.   

(vii)  Dictamen  sicológico  en  el que se  evidencian  los  daños  sicológicos  causados a María del Socorro Medina a la  vida en relación.     

         (viii) Registro Civil de Nacimiento de Melida Medina.   

Tales documentos, insiste, son demostrativos  de  que  María  del Socorro Medina era niega de Claudina Medina y que dependía  económicamente  de  ella,  razón  por  la  cual  pide que se le reconozca como  víctima indirecta.   

De  prosperar tal pretensión, solicita que  se  le  liquide indemnización por los daños causados a la vida en relación, y  que  tal  orden  se  haga  extensiva a sus primas Lesdy Yovana Medina, Luz Elena  Sánchez  Medina  y  Suleny Tulande Medina, quienes para la época de los hechos  también  dependían de su abuela Claudina Medina, al punto que su fallecimiento  afectó  su  calidad  de vida y las expectativas de estudio se vieron truncadas,  como lo expuso la psicóloga.   

5.2.3.  Sobre  el  hecho  10,  homicidio de  Bleismer García Idobro   

         Impugna  la  negativa de reconocer perjuicios a los menores B., Y. y  K.  García Astudillo, por indebida representación, pues debe tenerse en cuenta  que  la  madre de los menores vive en una vereda lejana, donde el orden público  está  gravemente  alterado  y  fue difícil su ubicación para obtener la firma  del  poder,  razón  por  la  que  fueron  representados  por su abuela materna,  situación  que no es óbice para desconocer sus derechos, demostrado como está  que son hijos de la víctima directa.   

         Alega  que la representación tomada por otro familiar cercano no va  en  contravía  de los derechos que la Constitución reconoce a los menores, los  cuales prevalecen sobre los demás.   

Pide,  en  consecuencia,  que se revoque la  decisión  impugnada, para que en su lugar se reconozca a los citados menores el  lucro  cesante,  con la misma base argumentativa que se adujo en el hecho No. 4,  por ser similar.   

         5.3.   Del   abogado  Juan  Carlos  Córdoba  Correa,  apoderado  de  víctimas   

5.3.1  Sobre  las  indemnizaciones  a  las  víctimas           

a) Hecho 2, homicidio y secuestro de Wilmar  Jair López Peñafiel   

         Se  opone  a  la  negativa  de  reconocer  indemnización  por lucro  cesante  a  las  víctimas  indirectas  que  conformaban el núcleo familiar del  obitado,  cuando  en  el  proceso se acreditó que Wilmar Jair era un agricultor  que  ganaba  un salario mínimo y que para la época de los hechos convivía con  sus  padres  y  hermanos, pues era soltero y no tenía hijos, como lo depusieron  en  sus  declaraciones  extra  juicio  los  señores  Alonso Medina Pino y Eduar  Oswaldo Hoyos López.   

         De  allí,  dice,  puede  inferirse  que sus ingresos económicos se  destinaban  a  la  ayuda  y manutención del núcleo familiar, evidencia que fue  desestimada  por  el  Tribunal  sin ningún tipo de análisis, cuando atendiendo  las  realidades  de nuestra sociedad, es posible presumir que la persona soltera  que  convive  en  el  hogar paterno, provea lo necesario para la manutención de  los miembros de la familia.   

         b) Hecho 18, homicidio de Jaiber Valdés Delgado    

         Cuestiona la negativa de reconocer lucro  cesante  a  las  víctimas indirectas de este homicidio, pues según el Tribunal  si  dicha  pretensión fue reconocida a las mismas víctimas por la muerte de su  hermano  Olman  Valdés  Delgado,  su  reconocimiento  por  la  muerte de Jaiber  generaría un doble pago por lucro cesante.   

         No  obstante,  dice,  ese argumento desconoce la realidad del país,  donde  los  grupos  familiares  cuyos integrantes devengan un salario mínimo se  ven  todos obligados a trabajar para aportar conjuntamente a la satisfacción de  las necesidades congruas del grupo.   

         Recuerda  que en el presente evento fueron dos miembros de una misma  familia   los   ultimados   por   los  paramilitares,  de  donde  los  afectados  indirectamente    tienen    derecho   a   recibir   indemnización   por   ambas  muertes.   

         c)    Hecho    18,    secuestro   y   homicidio   de   Ferney   Mesa  García   

              Se opone a la exclusión de  la  señora  Cecilia  Mesa  de Muñoz, hermana del obitado, de la indemnización  por  daño moral, pues contrario a lo aducido por el Tribunal, en su oportunidad  se  allegó el registro civil de nacimiento que demuestra el parentesco alegado,  pero  que  pudo  traspapelarse por un error involuntario, pues ciertamente en la  carpeta  correspondiente a este caso se incorporó en forma equivocada fotocopia  del   registro   civil   de   nacimiento   de   otra   persona   distinta  a  la  reclamante.   

         Pide,  en  consecuencia,  que  se  disponga  la  corrección  de  la  anomalía  detectada  y  se  reconozcan los derechos que asisten a esta víctima  indirecta.   

         d)    Hecho    20,    homicidio    de   Miguel   Ángel   Rodríguez  Erazo   

         La  inconformidad  gira  en  torno de la  negativa   del   Tribunal  de  Justicia  Paz  de  reconocer  la  “sustitución  procesal”, que invocó con  ocasión  de  la  muerte violenta de quien hasta entonces figuraba como víctima  indirecta,  señora  Juana  María  Muñoz  Díaz,  con  el  argumento de que la  petición fue extemporánea.   

         Cuestiona  la  que  califica como “excesiva ritualidad” impuesta  en  torno  a  la  carga de la prueba que deben soportar las víctimas para hacer  efectivos  sus  derechos  de  reparación  e  indemnización integral, lo que ha  dificultado la satisfacción de los mismos.   

         Señala  que  en  este  caso,  una  vez  enterado de la muerte de la  señora  Juana  María  Muñoz  Díaz,  compañera  permanente del señor Miguel  Ángel  Rodríguez  Muñoz,   víctima  directa en el hecho 18, procedió a  informar  la situación a los Magistrados de la Sala de Conocimiento de Justicia  y  Paz,  quienes  tenían  la  obligación  de  adelantar  una investigación al  respecto  u  ordenar  algún  trámite  por  el  hecho sobreviniente, lo cual no  aconteció, prosiguiéndose la actuación.   

         Dice  que  como  apoderado  de  víctimas le asalta la duda sobre la  oportunidad  en  la  cual habría podido adelantarse el trámite pertinente para  que  se  diera  la “sustitución procesal” planteada, pues tratándose de un  proceso  donde  se  definen  derechos  de víctimas de la violencia, no es dable  aplicar las disposiciones internas.   

         Pero  de  llegarse  a  la tesis contraria, no puede pasarse por alto  que  el  artículo  60  del  Código  de Procedimiento Civil, hace referencia al  fenómeno  planteado,  regulando la “trasmisibilidad  mortis  causa”  de los daños físicos padecidos por  la  víctima en vida, una vez ejercitada la acción de reclamación judicial; el  carácter  patrimonial  de los mismos y su inclusión en los derechos que prevé  nuestra   legislación  interna,  la  cual  debe  ajustarse  a  la  legislación  internacional.   

         Según  el  defensor, en el presente caso operaba la “sucesión    procesal”    de   manera  automática,   porque   las   exigencias   demandadas  a  nivel  jurisprudencial  –sentencia C-1045 de 2000-  para  los  casos  ordinarios,  no operan en el trámite de justicia y paz, al no  requerirse  el  consentimiento  o aceptación expresa de la contraparte, en este  caso  el  postulado,  quien  renuncia  a tal tipo de derechos para acceder a los  beneficios de la justicia transicional.   

         Por  lo  tanto,  a  partir  del  acto  de  información de la muerte  violenta  de  la  víctima  indirecta,  operó  el  fenómeno de la sustitución  procesal,  acto  frente  al  cual  el  postulado y su defensa técnica guardaron  silencio,  coligiéndose la aceptación de la cesión de derechos, sin que pueda  admitirse  la  necesidad de surtir una notificación adicional y demás aspectos  regulados en el derecho procesal civil.   

         Trae  a  colación  jurisprudencia  relacionada  con el alcance y la  naturaleza  compleja  de  los  derechos  de  las víctimas y perjudicados con el  hecho  punible y aduce que era deber de la Fiscalía recolectar e incorporar los  documentos  necesarios  para  garantizar  sus  derechos, actividad omitida en el  caso de Miguel Ángel Rodríguez.   

e)   Hecho   6,   homicidio   de   Carmen  Pungo   

Cuestiona  la apreciación esgrimida por la  Sala  de  Justicia  y  Paz  para  negar  el reconocimiento de daño a la vida en  relación  de  las víctimas indirectas, aduciendo que se cuenta con dictámenes  emitidos  por  la  perito  psicóloga  de  la  Defensoría Pública, en donde se  reconoce  que  con  la muerte de su progenitora, Adriana del Pilar y July Oralia  Sánchez  Pungo  se vieron seriamente afectadas en su entorno social y familiar,  diezmando  ampliamente su calidad de vida, dadas las serias dificultades que han  tenido que enfrentar.   

De  acuerdo con los síntomas advertidos en  el  dictamen,  se  puede  concluir  que las víctimas sufren de trastornos en su  estado  de ánimo que les impide tener una vida en relación sana, perjuicio que  ha  deteriorado  ostensiblemente  su calidad de vida, dificultando el contacto o  la  relación  con  otras  personas. En sus diferentes intervenciones durante el  proceso,  a  las  víctimas  se  les  notó  una  preocupación constante por su  futuro,  sentimientos  de  impotencia  y  de  ira,  circunstancias que no fueron  refutadas en el fallo impugnado.   

Pide,  en  consecuencia,  que  se ordene el  reconocimiento  de  estos  rubros,  para  que  se  brinde  la  atención médica  sicológica  necesaria  en orden a superar tales padecimientos, en los términos  y condiciones consignados en el incidente de reparación.   

f) Hecho 23, desplazamiento y extorsión del  señor Jorge Enrique Pungo Gómez   

         En  primer lugar, expresa sus reparos frente a la omisión contenida  en  la  parte  resolutiva  del  fallo,  en  la  que  no  se  incluyó la suma de  $11.000.000,  liquidados como indemnización por el delito de extorsión a favor  del señor Enrique Pungo Gómez en la parte motiva del fallo.   

         En  segundo lugar, cuestiona que en la liquidación efectuada por el  desplazamiento  forzado  sólo se haya tenido en cuenta al señor Pungo Gómez y  no  a  su  núcleo  familiar, cuando aparece acreditado que el mismo, por razón  del  conflicto armado, también se vio precisado a abandonar sus propiedades, lo  que   ocasionó   sufrimientos   y  padecimientos  que  desencadenaron  lesiones  psíquicas  y  emocionales,  que  no fueron valoradas en la sentencia de primera  instancia.   

         También   cuestiona   la   falta  de  valoración  de  la  pérdida  económica  o  financiera  sufrida  por  el  señor  Jorge  Pungo Gómez, con el  argumento  de  que  no  se probó la actividad comercial, cuando ella podía ser  acreditada  con  otros  medios  de prueba distintos al registro en la cámara de  comercio.   

         En   ese  sentido,  dice,  obran  las  declaraciones  ofrecidas  por  familiares  y amigos de la víctima, quienes relatan que él y su hermana Carmen  Pungo,  tenían  una  sociedad  comercial,  lo  que  motivó,  precisamente, las  extorsiones de las autodefensas.   

         Solicita,   en   consecuencia,  que  se  reliquiden  los  perjuicios  causados.   

         5.3.2.  Sobre la dosificación de la pena impuesta al postulado GIAN  CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ   

           Según  el  apoderado  de las víctimas, en la condena impuesta al  desmovilizado  GUTIÉRREZ  SUÁREZ  no se tuvo en cuenta el aumento de penas que  señala  la Ley 890 de 2004 para el delito de desaparición forzada, que por ser  una  conducta  permanente  se prolongó hasta el 18 de diciembre de 2004, cuando  se  verificó  la desmovilización colectiva del Bloque Calima de las AUC, fecha  para la cual se encontraba vigente la normatividad en cuestión.   

           De la misma manera, solicita que al desmovilizado se le imponga la  pena  accesoria  contemplada  en  el  numeral  6º  del artículo 43 del Código  Penal,  que  hace  referencia a la privación de la tenencia y porte de armas de  fuego,  por  un lapso que no puede ser inferior a 15 años, pues es evidente que  los  hechos  por  los  que  fue condenado guardan o tienen relación directa con  esta  prohibición,  aspecto en el cual debe adicionarse la sentencia de primera  instancia.   

         6. Réplicas a las impugnaciones   

         6.1.  Del  Fiscal  18  de  la  Unidad Nacional de Fiscalías para la  justicia y la Paz   

         En  primer  lugar,  apoya  completamente el proceso de dosificación  punitiva  adoptado  por  la Sala de Justicia y Paz del Tribunal de Bogotá, pues  lo encuentra ajustado a los parámetros legales.   

En su criterio, la Ley 890 de 2004 no está  llamada  a  regular el caso, porque no sólo se trata de una normatividad que es  desfavorable  a  los intereses del postulado, sino que su aplicación guarda una  estrecha  relación con el modelo acusatorio, institución que a su juicio no se  ajusta  al  proceso  transicional,  en  el  que  el  tratamiento y consecuencias  punitivas  operan  en  un  contexto  distinto al previsto para la justicia penal  ordinaria.   

         En  consecuencia,  frente a este tópico del debate, solicita que se  confirme la decisión de primera instancia.   

         De  otro  lado,  estima  el  representante  de  la  Fiscalía que en  términos  generales  los  criterios de reparación integral que siguió la Sala  de  Justicia  y  Paz  respetan la línea jurisprudencial que se ha concretado en  los  fallos  emitidos en el marco de la Ley 975 de 2005, razón por la cual pide  la confirmación de los reconocimientos indemnizatorios decretados.   

         No  obstante,  en  lo  relacionado  con  las  decisiones que negaron  reconocimiento  a  los menores de edad en los casos 12 y 10, en que figuran como  víctimas  directas  Nesar  López  Céspedes  y  Bleismar  García Idrobo, dice  reiterar  su  postura  acerca de la necesidad de privilegiar los derechos de las  víctimas  que  pueden  estar  en  un especial estado de vulnerabilidad frente a  otras,  por  lo  que  su  reconocimiento  y tratamiento debe hacerse con enfoque  diferencial,  en especial cuando ello involucra a menores de edad, de tal suerte  que  en esos casos el derecho sustancial prima sobre las formas, por lo que debe  aceptarse  el  reconocimiento  de los menores López Castro y B.,Y. y K. García  Astudillo  y,  por  ende, ser reparados en el marco del proceso transicional, en  los términos reclamados por los apelantes.   

         Finalmente,  frente  a  los  demás  temas  adoptados  en  el fallo,  solicita su confirmación.   

         6.2.   De   la   defensora   del  postulado  GIAN  CARLO  GUTIÉRREZ  SUÁREZ.   

         Solicita  que  se confirmen las penas impuestas a su representado en  la sentencia de primera instancia.   

         Ello  porque  si  el  derecho sancionatorio que aplica la Ley 975 de  2005  debe  ser  coherente  con la corriente garantista del derecho penal, tales  garantías  a  favor  de  su  representado se ven seriamente cuestionadas con el  reclamo  de  los apelantes en punto de la aplicación de la Ley 890 de 2004 para  la  determinación  punitiva  por  el delito de desplazamiento forzado, en tanto  que  la  medida implica el desconocimiento del principio de favorabilidad que se  erige como mandato legal y constitucional.   

         Destaca  que aunque la línea jurisprudencial en punto del principio  de  favorabilidad  en  casos  de  delitos  de  ejecución  permanente no ha sido  constante,  pide  que  se  acoja la visión que propugna por una aplicación del  principio  dentro  de  un modelo de interpretación amplia y en todo benéfico a  la  situación  del sujeto pasivo de la acción penal, desarrollado por la Corte  en el fallo del 30 de marzo de 2006, radicado No. 22.813.   

         Además,  la  aplicación  de la pena prevista en la Ley 599 de 2000  para  el  caso de la desaparición forzada, no comporta una violación flagrante  de  los  derechos  de  las  víctimas,  por  lo  menos en lo que al derecho a la  justicia  se  refiere,  porque  esta no tiene que ver con la definición de unos  marcos  punitivos  y  la  individualización  de  la  pena  con base en premisas  favorables  para  la  fracción de los hechos ejecutados bajo la vigencia de una  ley más gravosa.   

         Finalmente,  pide  que  se tenga en cuenta que la imposición de una  pena  de  40  años  de  prisión  como  condena  ordinaria  para  el  postulado  GUTIÉRREZ  SUÁREZ  no  desconoce  los criterios de la pena justa, en tanto que  aún  bajo  el  criterio  de la pena establecida para el delito de desaparición  forzada   en  el  marco  de  la  Ley  890  de  2004,  ésta  correspondería  no  necesariamente  a  la  pena  a  imponer  sino  al máximo de una marco punitivo,  dentro  del  cual  el  juzgador  graduará  la sanción conforme al principio de  proporcionalidad.   

           

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  Sala  de  Casación  Penal de la Corte,  tiene  plena  competencia  para  pronunciarse  de  fondo en el asunto sometido a  examen,  en  tanto,  se  trata  de una decisión de primera instancia obra de un  Tribunal  Superior  (Ley 600 de 2000, artículo 75-3 y  Ley  906 de 2004, artículo 32-3). Junto con ello, respecto de las decisiones de  las  Salas  de  Justicia  y  Paz,  esa  legitimidad  deviene  directamente de lo  estipulado en el artículo 26 de la Ley 975 de 2005.   

Bajo  esa  premisa,  estudiará la Sala las  impugnaciones  propuestas en el mismo orden en que fueron presentadas, aclarando  que  por  tratarse  de una segunda instancia, la competencia está restringida a  los  aspectos  objeto  de  inconformidad  y a los que resulten inescindiblemente  ligados a los mismos.   

     

1. Impugnación del Ministerio Público     

1.1.  De la dosificación de la pena por el  delito de desaparición forzada   

No tiene discusión admitir que el delito de  desaparición  forzada  es  una conducta de ejecución permanente, que se inicia  con  la retención arbitraria de la víctima, consumándose de manera indefinida  en  el  tiempo hasta la terminación de ese estado de privación de libertad, ya  porque  de  alguna  manera  se  recobra  ésta  (el  victimario  la  libera,  es  rescatada, etc.), ya porque se ocasiona su deceso.   

Pero  en  el último de tales eventos, esto  es,  si a la persona se le causa la muerte después de su privación de libertad  de  locomoción,  es  evidente  que  la consumación del delito de desaparición  forzada  se  proyecta  hasta  cuando  se  tiene  conocimiento de la suerte de la  víctima,  independientemente  de la fecha de su muerte. Ello por las siguientes  razones:   

El  artículo  165  del  Código  Penal, al  tipificar el delito de desaparición forzada preceptúa que:   

“El  particular  que  perteneciendo a un  grupo  armado  al  margen  de  la  ley  someta a otra persona a privación de su  libertad  cualquiera  que  sea  la  forma,  seguida  de  su ocultamiento y de la  negativa  de reconocer dicha privación o de dar información sobre su paradero,  sustrayéndola  del  amparo  de  la ley, incurrirá en prisión de veinte (20) a  treinta  (30)  años,  multa de mil (1.000) a tres mil (3.000) salarios mínimos  legales  mensuales vigentes y en interdicción de derechos y funciones públicas  de diez (10) a veinte (20) años…”    

De acuerdo con la estructura del tipo penal,  la  desaparición  forzada  básicamente  tiene  dos  acciones:  de  un lado, la  privación  de  la  libertad  en  cualquiera  de  sus  formas;  y  de  otro,  su  ocultamiento, negándose a revelar su suerte.   

La  finalidad pretendida es el ocultamiento  físico  o legal de la persona, para sustraerla de las acciones de protección a  que  tiene  derecho.  Ese ocultamiento se expresa y materializa en el silencio a  no  informar  sobre  la privación de libertad y en la negativa a informar sobre  su paradero.      

          De  esa manera, la desaparición forzada es un delito permanente que  se  proyecta  en  el  tiempo  mientras  perdura  el  ocultamiento  y  termina de  ejecutarse cuando se sabe del paradero de la víctima.   

En ese sentido, es necesario precisar que el  delito  en  cuestión,  aunque comporta la privación efectiva de la libertad de  locomoción,  se  diferencia  del  secuestro en un específico ingrediente modal  que  remite  al  ocultamiento  del hecho, vale decir, en términos del artículo  165  antes  citado: “seguida de su ocultamiento y de  la  negativa  de  reconocer  dicha  privación  o  de  dar información sobre su  paradero”.   

El  bien  jurídico  tutelado, entonces, se  expande  en  la  conducta examinada, pues busca consultar no solo esa condición  de  quien es ocultado, sino el dolor y zozobra de los suyos, privados de conocer  lo sucedido con la persona.   

Por tal virtud, no es posible suponer que la  ilicitud  acabó  con  ese  último acto, dado que a los ojos de la comunidad y,  particularmente,  de  sus  parientes  y amigos, se sigue desconociendo la suerte  del  directamente afectado, esto es, continúa materializando el daño expandido  a bienes jurídicos tutelados.   

Solo  cuando  efectivamente  se  conoce  la  suerte  de la persona –para  el  caso,  su muerte en determinado momento y lugar- cesan esos efectos dañosos  del  delito  que han venido prolongándose en el tiempo y es posible, allí sí,  señalar que el delito permanente ha cesado.   

Lo importante, así, para definir cuándo se  entiende  culminado  el  delito, no es que la suerte de la persona cambie o mute  su     condición     de     privado     de     la     libertad     –dígase  que se le de muerte o incluso  fallezca  por otros motivos-, sino que quienes gobiernan su suerte den a conocer  lo  sucedido,  o  mejor,  que ya no permanezca oculto o escondido el hecho y sus  consecuencias.   

Bajo  esta  óptica,  descendiendo  al caso  concreto,  la  Corte observa que el delito permanente se prolongó, no hasta que  se  dio muerte a la víctima, sino hasta que ese hecho fue dado a conocer por el  aquí  postulado, con lo cual cesaron todos los efectos de la conducta, conforme  su consagración típica.   

En tal virtud, asiste razón al reclamo del  impugnante,  pues tratándose de delitos de ejecución permanente cuya comisión  comenzó  en vigencia de una ley, pero se postergó hasta el advenimiento de una  legislación   posterior   más   gravosa,   se   impone  aplicar  esta  última  normatividad,  como  lo  señaló la Sala en la sentencia de casación del   25        de        agosto       de       20108,  en la cual se explicaron las  razones  que  fundamentaban esa determinación, entre las cuales se destacan las  siguientes:   

          (i)  En  los  delitos   de  carácter  permanente  no  es  posible  invocar  el  principio  de  favorabilidad  por  vía  de  la  ultraactividad de la norma vigente para cuando  inició  el  comportamiento,  pues  el  tramo  cometido  bajo  el imperio de una  legislación  benévola,  no  es  el mismo acaecido en vigencia de una nueva ley  más  gravosa,  en cuanto difieren, por lo menos en el aspecto temporal, así se  trate  del  mismo  ámbito  espacial,  pues  el  tiempo  durante  el  cual se ha  lesionado  el bien jurídico objeto de protección penal en vigencia de la nueva  legislación  más  severa, es ontológicamente diferente del lapso de quebranto  acaecido    bajo    el    imperio    de    la    anterior    normatividad   más  benévola.   

(ii)  Si  en  materia de aplicación de las  normas   penales   en   el   tiempo   rigen   los   principios  de  legalidad  e  irretroactividad,   es   claro   que  si  se  aplicara  la  norma  inicial  más  beneficiosa,  se dejaría impune, sin más, el aparte de la comisión del delito  que   se   desarrolló   bajo   la   égida   de   la  nueva  legislación  más  gravosa.   

          (iii)  Si  quienes  comenzaron  el  delito  en  vigencia  de  la ley  anterior   se   les   aplicara  la  ley  benévola  de  manera  ultraactiva  con  posterioridad  a  su  derogatoria,  obtendrían  un  beneficio indebido, pues si  otras  personas  cometieran el mismo delito en vigencia de la nueva legislación  se les impondría esa pena más grave.   

Ahora bien, en el caso concreto se advierte  que  la  desaparición  forzada  de  alias “Turbo” se mantuvo hasta el 29 de  agosto  de  2007,  fecha en la cual GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ relató, en su  versión   libre,  lo  sucedido  con  esa  persona,  de  donde  se  entiende  la  permanencia   del   delito  en  el  tiempo  hasta  la  fecha  en  que  cesó  la  indefinición  de la suerte de la víctima, época para la cual, ciertamente, se  encontraba  vigente  la  Ley  890  de  2004,  que  dispuso en el artículo 14 un  aumento  general  de  penas  de  una  tercera  parte  del mínimo a la mitad del  máximo.   

No  obstante,  la  solicitud del Ministerio  Público,  a más de huérfana de sustentación sobre el punto específico de la  aplicación  de  la  Ley  890  de 2004, pasa por alto las particularidades de la  normatividad  de justicia y paz, así como la finalidad que animó el incremento  general   de   penas   dispuesto  por  el  legislador  en  el  citado  artículo  14.   

En  efecto,  ya la Corte tiene decantado de  manera       pacífica       y       reiterada9,  cómo ese incremento general  de  penas  se halla inescindiblemente atado al instituto de justicia premial que  consagra  la Ley 906 de 2004, a la manera de entender que ese aumento sustancial  del  quantum punitivo se justifica únicamente en razón a las generosas rebajas  que  relaciona  la ley en referencia, en punto de los acuerdos y allanamientos a  cargos.   

Es cierto que el artículo 62 de la Ley 975  de  2005,  establece  una  cláusula  remisoria,  para  efectos de completar los  aspectos  procedimentales  no  tratados  aquí,  a los Códigos de Procedimiento  Penal vigentes.   

Pero,  sobra anotar, ello opera únicamente  respecto  de las normas o institutos que sean compatibles con esa forma especial  de   justicia   transicional   que   contempla   la   Ley   975   tantas   veces  relacionada.   

A ese efecto, como no surge duda respecto a  que  la  justicia  transicional consagra no un tipo de justicia premial sino una  pena  alternativa  que  obedece a criterios completamente diferentes de aquellos  que  modulan  la  justicia  premial  de  la  Ley  906 de 2004, resulta imposible  equiparar  naturaleza o finalidades de las instituciones en cita para efectos de  aplicar   el   incremento   reclamado   por  el  señor  Agente  del  Ministerio  Público.   

Así  las cosas, aunque se determina que el  hecho  permanente  de la desaparición forzada de alias “Turbo” se prolongó  hasta  el  momento  en  el  cual  el  postulado  narró lo ocurrido con éste; y  además   se  tiene  claro  que  este  punto  de  quiebre  se  materializó  con  posterioridad  a  la  vigencia de la Ley 890 de 2004, es lo cierto que en razón  de  las  finalidades  que  animan el incremento punitivo aquí consagrado, no es  factible aplicarlo al caso concreto examinado.   

En  consecuencia, ningún error representó  la  dosificación punitiva realizada por el Tribunal en lo que atiende al delito  de  desaparición  forzada  y,  particularmente, la norma que regula la sanción  aplicable.    

          1.2. Sobre las medidas asistenciales y reparadoras   

          En  primer  lugar,  para la Sala asoma completamente intranscendente  la  controversia  que  busca  plantear  el  Ministerio  Público, en torno de lo  ordenado  por  el  Tribunal exhortando a la Fiscalía General de la Nación para  que  lleve  a término, dentro de un plazo razonable, una investigación sería,  completa  y  efectiva para determinar la responsabilidad de otros autores de los  hechos  aquí  noticiados,  así  como de las personas por cuya aquiescencia fue  posible su ejecución.   

          Ello,  porque  la  exhortación a la Fiscalía, necesariamente opera  como  mecanismo  impulsor o llamado de atención, sin que importe que se enliste  como  medida  reparadora  o que sea función propia de la Fiscalía adelantar la  investigación en cuestión.   

            Ahora,  en  relación  con el reparo que  postula  frente a las medidas de asistencia a favor de las víctimas colectivas,  porque  aunque  guardan  pertinencia con la necesidad reparadora, carecen de una  fundamentación   seria   y   fundada   en   su   proyección   y   presupuestos  preestablecidos  y,  sobre  todo  de  una  vinculación previa al proceso de los  órganos  o las instituciones comprometidas para consensuar con ellas, encuentra  la  Sala  que  el  recurrente  omite  su  obligación de especificar cuáles, en  concreto,  son las medidas que adolecen de la insuficiencia destacada y por qué  se vislumbran insuficientes en su fundamentación.   

Ya     la    Corte,    en    anterior  oportunidad10,  dentro  de  este  mismo asunto, había llamado la atención a los  sujetos  procesales para que al momento de sustentar sus inconformidades con las  decisiones  de  la  primera  instancia, cumplieran su obligación de ofrecer los  mínimos  presupuestos  de fundamentación que permitiera advertir los supuestos  errores  que  contiene  lo  decidido  en  esa  instancia  y  el  daño que ellos  produjeron.   

Nada de ello asume el Ministerio Público  en  este  punto de su impugnación, pues a más de manifestar ese reparo general  con  las  medidas  de  asistencia  a  las víctimas colectivas, no especifica la  naturaleza  de  las  mismas  y  los fundamentos que ofreció el Tribunal para su  imposición,  en  orden  a  acreditar  que  ellos  no reúnen las condiciones de  seriedad y proyección suficientes para su viabilidad.   

De esa manera, a partir de esa inconformidad  general  no  es  posible  verificar  si  realmente  existe  algún  yerro  en la  determinación del Tribunal y menos su trascendencia.   

De  todas maneras, no sobra señalar que en  la        sentencia        impugnada,       el       Tribunal       exhortó       -no      ordenó-  a  varias autoridades del orden  municipal,  departamental  y  nacional,  para  que  ejecutaran  ciertas  medidas  encaminadas  a la rehabilitación y satisfacción de las víctimas colectivas de  los  hechos  aquí  juzgados,  en  los  términos que quedaron reseñados en los  antecedentes  del  caso,  específicamente  en  el apartado destinado a ilustrar  sobre    las    declaraciones    y    decisiones   tomadas   en   la   sentencia  impugnada.   

Como    se    trata   de   exhortaciones   y   no  de  órdenes  directas aquellas dispuestas en  el  fallo,  no  era  necesaria  la vinculación de los entes comprometidos en la  ejecución  de  las  mismas,  determinación  que se acomoda estrictamente a los  parámetros  trazados  por  la  Corte  en  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida    el    27    de    abril    de    201111,  en  la cual se dijo que de  acuerdo  con  la  normatividad de la justicia transicional, al momento de dictar  sentencia  los  Magistrados  no  sólo gozan de potestad para decretar todas las  medidas  dirigidas  a la reparación de las víctimas, sino que le es imperativo  ordenarlas  para  garantizar  el  derecho  que  a ellas les asiste a obtener una  indemnización  integral  por  el  daño  causado  con las violaciones masivas y  sistemáticas de derechos humanos aceptadas por los postulados.   

En  el mismo antecedente advirtió la Corte  que   si   en   ese   propósito   las   medidas  adoptadas  comprometen  en  su  materialización  a  entidades  estatales,  como  sucede en este caso con las de  carácter     colectivo,     no     será     posible     dar    “ordenes”   directas  a  las  entidades  involucradas   en  su  ejecución,  porque  ello  resquebraja  el  postulado  de  separación  de  poderes  consagrado  en  el  artículo  113 de la Constitución  Política, de donde no puede  el    juez,    bajo    ninguna    circunstancia,    arrogarse    funciones   que  constitucionalmente  no  le  son  deferidas.  Pero  lo  que  sí resulta viable,  agregó  la  Sala,  es  su  exhortación, porque     con     ello    se   satisfacen   los   estándares  internacionales  en  punto  del  contenido        de        tales       medidas12,        principalmente  desarrolladas  por  la Corte Interamericana de Derechos Humanos a través de sus  últimos fallos.   

En  tal sentido, ningún error evidencia la  sentencia  con  las  exhortaciones  que se efectuaron a las diversas autoridades  estatales  para que presten su concurso en la materialización de las medidas de  rehabilitación  y  satisfacción colectivas dispuestas a favor de las víctimas  de  las  conductas  aquí  juzgadas,  pues, se reitera, dada la naturaleza de la  disposición,  no  era  indispensable  la  vinculación  formal  de las diversas  entidades estatales al incidente de reparación integral.   

Por  lo  demás,  se  advierte que una gran  mayoría  de  las  exhortaciones  dispuestas  en  busca  de la rehabilitación y  satisfacción  de  las  víctimas de este caso, se sustentaron en las facultades  consagradas  en  la  Ley  1448 de 2011 y su decreto reglamentario 4800 del mismo  año.   

Así,  por ejemplo, en la atención de tipo  psicosocial  dispuesta  como  medida  de  rehabilitación, se dispuso que sea la  Unidad  Administrativa  Especial  de  Atención  y Reparación Integral para las  Víctimas,  creada  en  la  mencionada ley, la autoridad encargada de diseñar y  ejecutar  los  programas  de  atención  y  acompañamiento  en  las comunidades  afectadas,  en  coordinación  con  otras autoridades del ordena departamental y  municipal.   

Del  mismo  tenor  son  las  exhortaciones  encaminadas  a  materializar las medidas de satisfacción que se hacen al Centro  de  Memoria  Histórica,  sustentadas  en  las  prerrogativas consagradas en los  artículos 147 y 145 de la Ley 1448 de 2001.   

Por   lo   tanto,   ante   la   falta  de  fundamentación   de  la  queja,  la  decisión  impugnada  no  merece  reproche  alguno.   

          1.3.   Sobre   las   indemnizaciones   ordenadas   a  favor  de  las  víctimas   

          En  relación  con  las  críticas  a  la  condena que el Ministerio  Público  entiende  se  decretó  en contra del Estado como solidario al pago de  los  perjuicios  decretados,  debe  decir  la  Corte  que obedecen a una lectura  descontextualizada   o  parcial  de  la  sentencia,  pues,  basta  verificar  la  integralidad  de  la  misma,  para  advertir que los cuestionamientos puestos de  presente   por   el  recurrente  fueron  resueltos  adecuadamente,  incluso  con  acogimiento de la tesis que él mismo esgrime ahora.   

En  efecto,  en la página 73 del fallo, al  acometer  el  análisis  de  las  indemnizaciones, se dejó claramente expresado  que:   

“…de  acuerdo  con  el numeral 5º del  artículo  18  de  esa  misma disposición (decreto reglamentario 3391 de 2006),  que  sólo  ante  la  eventualidad  de  que  los  recursos de los desmovilizados  colectiva  o  individualmente  de los grupos armados organizados al margen de la  ley  sean  insuficientes  para dar cobertura a los derechos de las víctimas, de  manera  residual  se  destinarán los recursos asignados del Presupuesto General  de  la Nación para tal propósito, sin que ello implique la asunción o reclamo  de responsabilidad subsidiaria por parte del Estado.”   

Así   trascrita  la  argumentación  del  Tribunal,  fácil  se  observa  que  como  lo  postula  el  impugnante,  ha sido  establecido  que  el  Estado no es responsable ni directa ni subsidiariamente de  los perjuicios despejados en el incidente de reparación integral.   

          Precisamente  por  ello  en  la  parte  resolutiva del fallo ninguna  alusión,  condena  o  determinación  de  responsabilidad  civil  en contra del  Estado se hace.   

   

          Cabe  señalar  al  recurrente  que  precisamente por ocasión de su  carácter  especial, la Ley e Justicia y Paz y los desarrollos jurisprudenciales  que  a  la  misma  se han dado, incluso con remisión expresa a decisiones de la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos, han creado una forma particular de  determinación  de responsabilidad en el pago de los daños, vista la naturaleza  de  los  mismos  y  las  consecuencias  nefastas  que  sobre comunidades enteras  produjeron  los  delitos  de  lesa  humanidad  ejecutados  por  los  grupos  armados al margen de la ley.   

          Entonces,  en  el  entendido  que  se  trata  de  normas de justicia  transicional  que  buscan  la paz y la reconciliación nacionales, se ha dado al  Estado  un  papel  trascedente  en  el  cometido de restañar el mal causado, no  porque  se  entienda  directo  responsable  de  los  delitos ejecutados por esas  organizaciones  criminales,  sino  porque  se  advierte necesario su concurso en  aras  de obtener tan caros propósitos, bajo el presupuesto que la imposibilidad  de  obtener  verdad,  justicia y reparación con el solo concurso de quienes por  lo  general  intervienen en el proceso penal ordinario, obliga de esa extensión  de  colaboración  en  el  propósito común, pues, si no se ven satisfechas las  necesidades   de   las   víctimas   bien   poco   se  habrá  avanzado  en  ese  cometido.   

Precisamente, para evitar que la obligación  directa  de  los  victimarios  no  se  diluya,  la sentencia examinada ordena la  extinción  del  dominio de los bienes entregados por el grupo al cual pertenece  el  procesado,  visto  que  éste no contaba con ninguna posibilidad de resarcir  directamente el daño.   

Esos  bienes,  sobra  recordar, integran la  masa  con la cual el Fondo para al Reparación de las Víctimas, debe proceder a  cubrir las indemnizaciones dispuestas en el fallo.   

De todas maneras, no sobra reiterar que una  cosa  es el derecho a obtener la declaración judicial del monto que corresponda  al  pleno  e  integral  resarcimiento  de  los  perjuicios  causados  y otra muy  distinta  la  existencia  de  recursos  para  su  efectivo  pago  total, pues la  condición   económica   del   deudor  no  puede  traer  como  consecuencia  el  desconocimiento  del  perjuicio  o  su  minimización,  como  se advirtió en la  sentencia del 29 de abril de 2011.   

Precisamente, en este caso, para efectos de  que  esa  reparación  devenga  concreta, la decisión confutada dispone que con  posterioridad  a la ejecutoria de la misma se realicen audiencias de seguimiento  de lo allí dispuesto.   

En  consecuencia,  la  Corte  no  entiende  necesario  modificar  lo que al respecto se consignó en la sentencia de primera  instancia.   

1.4.    Sobre    la    extinción    de  dominio   

Según  el  Ministerio Público, la Sala de  Justicia  y Paz al declarar la extinción de dominio de los bienes ofrecidos por  los  desmovilizados,  no  hizo  salvedad  alguna  sobre su procedencia lícita o  ilícita,  cuando  los  únicos  con vocación reparadora son los de procedencia  lícita,  porque  el  victimario  no puede redimir sus obligaciones con aquellos  bienes provenientes del delito.   

También  en este punto se evidencia que el  recurrente  hace  una  lectura  descontextualizada  de  la sentencia, pues de su  texto  se  advierte  que  el Tribunal parte de admitir que los bienes entregados  por  el  representante  del  Bloque  Calima, son producto de la actividad ilegal  desarrollada  por  el  grupo,  como  claramente  se lee en el siguiente párrafo  conclusivo:   

“(…)  De  esta manera, encuentra la Sala que los bienes que  se  acreditaron en el proceso como producto de la actividad ilegal, y que fueron  entregados  por el miembro representante de los bloques Bananero y Calima Hebert  Veloza García con fines de reparación, son los siguientes…”   

Precisamente,  sobre  esta  temática  y en  orden   a  dilucidar  qué  bienes  son  pasibles  de  extinción  de dominio en el  trámite  de  la Ley 975 de 2005, la Sala, en auto del  25        de        mayo        de        201113,    hizo   un   análisis  exhaustivo  de la normatividad que regula el punto, destacando cómo  la Ley de Justicia y Paz ofrece varios  escenarios  a  partir  de  los  cuales se materializa la presencia de los bienes  ilícitos gracias a la actividad de los postulados.   

Así,   de   la   Ley  975  de  2005  se  referencian los artículos  10.2  y  11.5,  donde  se  establece  como  requisito  de  elegibilidad  para la  desmovilización   colectiva   o  individual,  respectivamente,  “que   se   entreguen   los   bienes   producto   de   la  actividad  ilegal”;  y el  artículo  17, en cuanto dispone que  en   la   diligencia   de   versión   libre   los   postulados  “indicarán  los  bienes  que se entregan para la reparación de las  víctimas”.   

También  se  trajo  a  colación  el  artículo  5º  del  Decreto  4760 de 2005, en cuanto estipula que con el fin de  acceder  a  los  beneficios  contemplados  en  la  Ley  de  Justicia  y  Paz, es  obligación  del  desmovilizado  indicar “los bienes  producto   de   la   actividad  ilegal”,  y el artículo 9º del Decreto 3391 de  2006,     en     cuanto    advierte    que    el    postulado    “indicará  la  totalidad  de  los  bienes  de  origen ilícito, los  cuales   deberán  ser  entregados  para  reparar  a  las  víctimas”,     deber    que    se      reitera     en     el     artículo     14     ibídem,  donde   se  hace  expresa  alusión  al compromiso de cumplir con el requisito consagrado en los artículos  10.2  y  11.5  de  la  Ley  975  de  2005,  es decir,  “que  se  entreguen  los  bienes       producto       de      la      actividad      ilegal”.   

El compromiso se  reafirma   en   el  artículo  13  del  Decreto  4760  de  2005,  en  cuanto  indica que  “los miembros de los grupos armados al  margen  de la ley deberán entregar los bienes ilícitos para sufragar con ellos  o  su  producto,  las acciones de restitución, indemnización, rehabilitación,  satisfacción  y  garantías  de no repetición que propendan por la reparación  de  las  víctimas de las conductas punibles cometidas durante y con ocasión de  su pertenencia a esos grupos”.   

Igualmente,     como    fuente   de   información   sobre   los  bienes  que  pueden      servir      para      la  reparación,    se    cita    a   la   propia  víctima,  quien de acuerdo con lo preceptuado en el inciso  1º  del  artículo  14  del Decreto 4760 de 2005, concordante con el inciso 2º  del  artículo  14  de  la  Decreto  3391  de 2006, se  encuentra   habilitada   para  denunciar  bienes  no  entregados    por    el    postulado,   en   concreto   cuando   “considere   que   fue   despojada   ilícitamente  de  su  dominio,  posesión,  usufructo  o de cualquier otro derecho real o precario sobre un bien  como  consecuencia  de  una conducta punible cometida por los miembros del grupo  armado  organizado  al  margen  de  la ley que se hayan acogido al procedimiento  establecido por la Ley 975 de 2005”.   

A ello sumó la  Sala  la obligación que tiene el Fiscal Delegado de  averiguar  la  existencia  de  bienes  pertenecientes  a los desmovilizados o al  grupo  armado ilegal, para lo cual puede contar con la información suministrada  por  terceros,  el  Ministerio  Público  e  incluso  la  Comisión  Nacional de  Reparación  y  Reconciliación  (artículos 21-4 del Decreto 4760, 51-7 y 52 de  la  Ley  975)  y  otras  entidades  estatales (artículo 4º del Decreto 3391 de  2006).   

No se discute, entonces, que la ley expresa  y  detalladamente señala que los bienes producto de la actividad ilícita o del  grupo   al   que   perteneció,   deben  destinarse  a  la  reparación  de  las  víctimas.   

Sobre ello ya existe el suficiente análisis  jurisprudencial  de  la  Corte Constitucional y de esta judicatura, a partir del  cual    debe    señalarse    su    completo    apego    con   la   normatividad  constitucional.   

Desde  luego, no sobra advertir que si esos  bienes  le  fueron  despojados  a  alguien  o  pertenecían  a  otra persona, en  principio,  no pueden destinarse al pago de la indemnización sino que deben ser  regresados  a  su legítimo propietario. Para ello la Ley 975 de 2005 instituyó  un  trámite  que,  en el caso concreto, no se advierte contrario a la decisión  del Tribunal.   

Por  lo  demás, en un plano específico de  justicia  restaurativa, si se conoce que los bienes fueron comprados con dineros  producto  del ilícito, o derivan de este, parece lógico que una vez entregados  por  los  desmovilizados  o sujetos a medidas cautelares del Estado, se destinen  precisamente  a  atender  las necesidades de quienes sufrieron daños a manos de  esos grupos criminales.   

Frente a tan concretas necesidades y vistas  las  finalidades que animan el proceso transicional, cuando menos desenfocado se  ofrece  lo  argumentado  por  el  señor  representante del Ministerio Público,  quien  parece  olvidar  la naturaleza especial del trámite consignado en la Ley  975  y  sus  decretos reglamentarios, a efectos de hacer valer normas ordinarias  para   efectos   de  que  esos  bienes  de  procedencia  ilícita  se  entreguen  directamente  al  Estado por la vía del comiso o la extinción de dominio ajena  al proceso transicional.   

Precisamente,  en  el  antecedente  antes  citado14,  la  Corte identificó las múltiples diferencias entre la acción  de  extinción  del  derecho de dominio en el trámite ordinario, regulada en la  Ley  793  de  2002,  y  la extinción de dominio prevista en la Ley 975 de 2005,  entre  las  que  sobresalen que la primera es autónoma, se origina en conductas  en  las  cuales principalmente se persigue un provecho económico ilícito y los  bienes  se  extinguen  a  favor  del  Estado;  mientras que frente a la última,  depende  del  proceso  de  justicia  transicional,  tiene  su génesis en graves  violaciones  de  derechos humanos y su propósito es eminentemente reparador del  daño causado a las víctimas.   

Por  lo  demás, no sobra agregar que si se  conoce  que  el  Estado tiene como función primordial atender a las necesidades  de  sus asociados, y que a tal cometido debe destinar los bienes que por la vía  del  comiso  o  la  extinción  del  dominio regular le son entregados, no se ve  cómo  esa  finalidad  básica  deja  de cumplirse cuando es el mismo Estado, en  cabeza  del  Fondo  para la Reparación de las Víctimas,  o la entidad que  haga  sus  veces,  el que recibe esos bienes y los destina a atender necesidades  de un grupo poblacional específico.   

Así   las   cosas,  sea  porque  la  ley  directamente  lo  exige  o  en  atención a que los argumentos del impugnante no  reflejan  la  necesidad  de  pasarla  por  alto,  la Corte debe confirmar lo que  respecto  del  tópico  de  la  extinción de dominio y el destino de los bienes  dispuso el Tribunal.   

1.5.   De   los  cuestionamientos  a  las  reparaciones       individuales      

1.5.1.  Homicidio de Nezar López Céspedes  (hecho No. 12)   

Por  este  hecho, el Tribunal se abstuvo de  reconocer  indemnización  al  menor A. López Castro, aduciendo que aunque  se  aportó  el  registro  civil  de  nacimiento que prueba el parentesco con el  occiso,  el  poder  para  ser  representado  dentro del incidente de reparación  integral  no  fue otorgado por la madre, única que tiene la patria potestad del  menor, sino por una hermana de éste.   

La   decisión   es  cuestionada  por  el  Ministerio  Público  con  una  argumentación  que  se  encamina a destacar los  intereses  superiores  del  menor,  la prevalencia de sus derechos y el deber de  protección integral que les asiste a las autoridades.   

Pues bien, el artículo 12 de la Convención  Internacional  de los Derechos del Niño, adoptada  y  abierta  a  la  firma  y  ratificación por la Asamblea  General  de  las  Naciones Unidas mediante Resolución 44/25 del 20 de noviembre  de  1989,  establece  que  en  todo  procedimiento judicial o administrativo que  afecte  al  niño,  éste  tendrá  la  oportunidad  de  ser  escuchado,  ya sea  directamente  o  por  medio  de  un  representante o de un órgano apropiado, en  consonancia con las normas de procedimiento de la ley nacional.   

El   mismo   instrumento   establece  una  protección  integral  para  los  derechos  del  niño,  que en nuestro país es  ratificada  en  los  artículos 44 y 45 de la Constitución Política, y 2° del  Código  de  la  Infancia  y  la  Adolescencia,  cuyo  objeto es “establecer  normas  sustantivas  y  procesales  para la protección  integral  de  los niños, las niñas y los adolescentes, garantizar el ejercicio  de  sus derechos y libertades consagrados en los instrumentos internacionales de  Derechos  Humanos,  en  la  Constitución Política y en las leyes, así como su  restablecimiento”.   

Ahora bien, en desarrollo de tales mandatos  la  ley  establece que en los procesos por delitos cuyas víctimas sean infantes  o  adolescentes,  los  diferentes  funcionarios  deberán  tener  en  cuenta  la  prevalencia de sus derechos e intereses superiores.     En  concreto,  el  artículo  192  de  la  Ley 1098 de 2006  –Código de la Infancia y  la Adolescencia-, citado por el recurrente, consagra:   

“Derechos  especiales de los niños, las  niñas  y  los adolescentes víctimas de delitos. En los procesos por delitos en  los  cuales  los  niños,  las  niñas  o  los  adolescentes  sean  víctimas el  funcionario  judicial tendrá en cuenta los principios del interés superior del  niño,  prevalencia  de  sus  derechos,  protección  integral  y  los  derechos  consagrados  en  los  Convenios  Internacionales ratificados por Colombia, en la  Constitución Política y en esta ley”.   

A  su  vez,  con  el  propósito  de  hacer  efectivos  los  principios  previstos  en  la  disposición  citada,  en orden a  garantizar  el  restablecimiento de sus derechos, en los procesos por delitos en  los  cuales  sean  víctimas  los  niños,  las  niñas  y los adolescentes, las  autoridades    judiciales    deberán    tener    en    cuenta   varios     criterios  para  el  desarrollo  de la actuación judicial,  enunciados en el artículo 193, así:   

“1.  Dará  prioridad a las diligencias,  pruebas, actuaciones y decisiones que se han de tomar.   

2.  Citará  a  los padres, representantes  legales  o  a  las  personas  con  quienes  convivan,  cuando  no sean estos los  agresores,  para  que lo asistan en la reclamación de sus derechos. Igualmente,  informará  de  inmediato a la Defensoría de Familia, a fin de que se tomen las  medidas  de  verificación  de  la  garantía  de  derechos  y  restablecimiento  pertinentes,  en los casos en que el niño, niña o adolescente víctima carezca  definitiva  o  temporalmente  de  padres,  representante  legal,  o  estos  sean  vinculados como autores o partícipes del delito.   

3.  Prestará  especial  atención para la  sanción   de   los   responsables,   la   indemnización  de  perjuicios  y  el  restablecimiento pleno de los derechos vulnerados.   

4.  Decretará  de oficio o a petición de  los  niños,  las niñas y los adolescentes víctimas de delitos, de sus padres,  representantes  legales,  del  Defensor de Familia o del Ministerio Público, la  práctica  de  las  medidas cautelares autorizadas por la ley para garantizar el  pago  de  perjuicios  y  las indemnizaciones a que haya lugar. En estos casos no  será necesario prestar caución.   

5.  Tendrá  especial cuidado, para que en  los  procesos  que  terminan  por  conciliación, desistimiento o indemnización  integral,  no  se  vulneren  los  derechos  de  los  niños,  las  niñas  y los  adolescentes víctimas del delito.   

6. Se abstendrá de aplicar el principio de  oportunidad  y  la  condena  de  ejecución  condicional  cuando los niños, las  niñas  o  los  adolescentes  sean  víctimas  del  delito, a menos que aparezca  demostrado que fueron indemnizados.   

7.  Pondrá especial atención para que en  todas   las  diligencias  en  que  intervengan  niños,  niñas  y  adolescentes  víctimas  de  delitos se les tenga en cuenta su opinión, su calidad de niños,  se  les  respete  su  dignidad,  intimidad y demás derechos consagrados en esta  ley.  Igualmente  velará porque no se les estigmatice, ni se les generen nuevos  daños con el desarrollo de proceso judicial de los responsables.   

8.  Tendrá  en  cuenta la opinión de los  niños,   las   niñas   y   los   adolescentes  víctimas  de  delitos  en  los  reconocimientos   médicos  que  deban  practicárseles.  Cuando  no  la  puedan  expresar,  el  consentimiento  lo darán sus padres, representantes legales o en  su  defecto  el  defensor  de  familia  o  la Comisaría de Familia y a falta de  estos,  el  personero  o  el  inspector  de  familia. Si por alguna razón no la  prestaren,  se  les explicará la importancia que tiene para la investigación y  las   consecuencias   probables  que  se  derivarían  de  la  imposibilidad  de  practicarlos.  De  perseverar  en  su negativa se acudirá al juez de control de  garantías  quien  decidirá  si la medida debe o no practicarse. Las medidas se  practicarán  siempre  que sean estrictamente necesarias y cuando no representen  peligro de menoscabo para la salud del adolescente.   

9. Ordenará a las autoridades competentes  la  toma  de  medidas especiales para garantizar la seguridad de los niños, las  niñas  y  los  adolescentes  víctimas y/o testigos de delitos y de su familia,  cuando a causa de la investigación del delito se hagan necesarias.   

10.  Informará y orientará a los niños,  las   niñas   y   los   adolescentes   víctimas  de  delitos,  a  sus  padres,  representantes  legales  o  personas  con quienes convivan sobre la finalidad de  las  diligencias  del  proceso,  el  resultado de las investigaciones y la forma  como pueden hacer valer sus derechos.   

11. Se abstendrá de decretar la detención  domiciliaria,  en los casos en que el imputado es miembro del grupo familiar del  niño, niña o adolescente víctima del delito.   

12.  En  los casos en que un niño niña o  adolescente  deba  rendir  testimonio  deberá  estar  acompañado  de autoridad  especializada  o  por  un psicólogo, de acuerdo con las exigencias contempladas  en la presente ley.   

13.  En  las  diligencias  en  que  deba  intervenir  un  niño,  niña o adolescente, la autoridad judicial se asegurará  de que esté libre de presiones o intimidaciones”.   

Para  el  caso que ocupa la atención de la  Sala,  de  las  citadas  prerrogativas se destaca la del numeral segundo, acorde  con  la  cual,  al  proceso  por conductas punibles en las cuales sean víctimas  niños,  niñas  o  adolescentes,  se  deben convocar los padres, representantes  legales    o    “las    personas    con   quienes  convivan”,  cuando no sean estos los agresores, para  que los asistan en la reclamación de sus derechos.   

Además,  el  Decreto 315 de 2007 por medio  del  cual  se  reglamenta  la intervención de las víctimas durante la etapa de  investigación  en  los  procesos de justica y paz de acuerdo con lo previsto en  la   Ley   975   de  2002,  en  su  artículo  7º  establece  expresamente  que  “la participación y representación de los menores  de  edad  víctimas del delito se realizará en lo pertinente de conformidad con  lo   dispuesto   en  el  Título  II  de  la  Ley  1098  de  2006”.   

En  esas  condiciones,  acreditada  en  el  trámite  de  manera general y ordinaria la condición de víctima indirecta del  menor   A.   López   Castro,   dada  su  condición  de  hijo  de  la  víctima  directa,   a  nombre  suyo podía concurrir cualquier persona, con vínculo  de   parentesco  o  no,  sin  que  sea  necesario  que  ostente  la  calidad  de  representante  legal,  siempre  que  se  encuentre  dentro  de  las  condiciones  señaladas   en   el   numeral   2º   del   artículo   193   de   la   Ley  en  cuestión.   

La  aplicación del anterior precepto no se  circunscribe  al  proceso  penal  ordinario propiamente dicho, sino que también  tiene  cabida,  incluso con mayor arraigo, en el marco del proceso de justicia y  paz,  pues  vista  la  magnitud  del  daño  y  sus  consecuencias,  que incluso  comportan   desarraigo   familiar   y   territorial,   con   mayor  acento  debe  garantizárseles  eficazmente  el  acceso a la administración de justicia a los  menores,  en tanto, se reitera, es común que en este tipo de eventos no cuenten  los  menores  con  familiares  a  los  cuales  se  les  ha  otorgado  por ley la  representación legal.   

En estos casos, los derechos de los niños,  las  niñas  y  los adolecentes deben privilegiarse, lo cual implica que además  de  disfrutar  de  las  prerrogativas  generales  que  en el proceso de justicia  transicional  le  son  propias  a  las  víctimas,  deben  tener  un tratamiento  preferencial,  acompasado  con  los  principios  y garantías consagradas en los  Convenios   Internacionales   ratificados  por  Colombia,  en  la  Constitución  Política y en la Ley de la Infancia y la Adolescencia.   

Sobre  los  derechos  de  los  infantes  y  adolescentes  víctimas  de los delitos cometidos contra personas protegidas por  el  Derecho  Internacional  Humanitario en el marco de la ley de justicia y paz,  se  destaca  el  estudio  realizado  por la Embajada de la República Federal de  Alemania   a   través   de   la   Agencia   de  Cooperación  GIZ  –antes         GTZ-15, en el que  se aboga por una protección especial para ellos, explicando:   

“En  la  medida  en  que  se  degrada el  conflicto  armado  interno,  el  número  de  niñas y niños víctimas aumenta,  tanto  por las condiciones socioeconómicas como por las constantes infracciones  al  derecho internacional humanitario. La violencia inherente al conflicto va en  contra  de  la  efectividad  de  los  derechos  de la infancia. Los niños y las  niñas   son  los  más  vulnerables  al  conflicto;  cualquier  atentado  a  la  población  civil  hace de ellos víctimas fatales, como en el caso de las minas  ‘antipersonales’.  Los mismos se ven obligados a abandonar el sistema educativo, la  atención   en  salud  se  dificulta  y  la  satisfacción  de  las  necesidades  elementales  se  reduce  al  máximo.  Además,  representan el mayor porcentaje  dentro  de los desplazados, teniendo muchas veces que separarse de su familia, y  siendo  testigos  en  ocasiones  del asesinato de alguno de sus miembros. Uno de  cada  cuatro  combatientes  de  los grupos armados irregulares no ha cumplido 18  años.  Las  niñas  y  los  niños han sido las víctimas más afectadas por el  conflicto  armado,  por  lo  que en ellos quedarán las huellas de la guerra que  vivieron.  Desde  una perspectiva más amplia se estima que entre un 17 y 18% de  los  niños  colombianos  están afectados de una u otra manera por el conflicto  armado interno”.   

Así  las  cosas,  el  trato preferencial y  privilegiado  para  los niños, niñas y adolescentes reconocidos como víctimas  en  los  delitos  investigados  en  el  marco  de  la  justicia transicional, se  justifica  en  la  medida  en  que  son  ellos  quienes han resultado mayormente  afectados  con  el conflicto armado colombiano, sea porque han padecido en carne  propia  los  atropellos de los integrantes de los grupos armados al margen de la  ley,  ora  porque  son sus seres queridos, miembros de su familia o personas con  las  que  conviven  o  por  cualquier  razón  han  creado un vínculo afectivo,  quienes los han sufrido.   

En   uno   u   otro  caso,  las  funestas  consecuencias para los menores víctimas son inmensurables.   

En  efecto,  cuando  no es que directamente  pierden  la  vida  o  sufren graves lesiones que afectan su integridad corporal,  deben  interrumpir sus procesos educativos o ver completamente erradicados otros  derechos  fundamentales  como los de salud, seguridad social o recreación, para  citar apenas algunos ejemplos.   

Son también las víctimas más visibles de  los  desplazamientos  forzados,  situación que los lleva a desarraigarse de sus  terruños  y  padecer  hambre y todo tipo de discriminaciones y explotaciones en  un  entorno  al  que  no  pertenece;  de igual manera, algunas veces es separado  violentamente   de   su   seno  familiar  y  en  otras  han  sido  testigos  del  aniquilamiento  de  sus  seres  queridos  y  de  toda clase de actos de barbarie  sufridos  por  quienes  los  rodeaban  y  componían  sus  núcleos familiares y  sociales.   

Las repercusiones negativas de todo ello en  su  desarrollo y formación como seres humanos son inestimables, pues, como bien  se  lee en el citado informe, en los niños, niñas y adolescentes víctimas del  conflicto  armado,  “quedarán  las  huellas  de la  guerra que vivieron”.   

Por  lo  anterior,  reitera  la  Corte,  se  justifica  ese  trato  preferencial  y privilegiado por el que se aboga para los  menores  víctimas  en  el  ámbito procesal, no solo porque el mismo obedece al  acatamiento  de  principios  internacionales  y  constitucionales  que  así  lo  reclaman,  sino también porque la propia ley lo ha consagrado, no solo instando  a  priorizar  las  diligencias,  pruebas, actuaciones y decisiones que se han de  tomar,  sino también facilitándoles que sean asistidos por personas diferentes  a  sus  padres  o  representantes  legales,  pero con las que los une igualmente  algún vínculo, incluso, no necesariamente familiar.   

De ahí el desacierto de la decisión tomada  por   el  Tribunal  A  quo,  cuando  en  claro  desconocimiento  de  esos  postulados, desatendió el mandato  legal,  impidiendo  que  el  menor  A.  López Castro accediera a la reparación  individual  a  la  que  tiene  derecho,  demostrado  como está que su padre fue  muerto a manos de integrantes del Bloque Calima de las AUC.   

En  consecuencia, en orden a garantizar los  derechos  del menor en cuestión, se revocará este aspecto del fallo impugnado,  para  en  su  lugar  proceder  a  la liquidación de los perjuicios reclamados a  nombre del mismo.   

Para  tales  efectos,  se  seguirán  los  derroteros  señalados  por  el  Tribunal  para  liquidar los perjuicios a otras  víctimas  indirectas  del  mismo  caso,  ya  que  se  ajustan  a  los criterios  jurisprudenciales  que  expuso  la Sala en la sentencia de segunda instancia del  27 de abril de 2011, radicado No. 34.547.   

En  primer  lugar,  cabe  destacar  que  de  acuerdo  con  los datos consignados en el cuadro que obra al folio 159 del fallo  de  primera instancia, a nombre del citado menor se reclamaron perjuicios en los  siguientes términos:   

PERJUICIOS MATERIALES:  

Daño emergente: No se reclama  

Lucro cesante: $27.169.978,25  

PERJUICIOS INMATERIALES:  

Daño moral: 100 S M L M V  

Daño  a  la  vida  de  relación:  No  se  reclama   

Igualmente,  aparece  que  a  favor  de los  familiares   más   cercanos  al  señor  Nezar  López  Céspedes  –compañera  permanente  e  hijas-,  se  reconoció    un    lucro    cesante   consolidado16   

por  valor de $95.185.889,42, con base en  las siguientes consideraciones:   

“… tomando como ingreso base, el valor  del  salario  mínimo  vigente,  esto  es  $ 566.700, atendiendo a que no fueron  aportados  elementos  probatorios  que  sustenten  los ingresos del occiso, y en  aplicación      a      la     presunción17   aplicada  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia  y  el  Consejo  de  Estado;  todo  esto  de acuerdo a las  precisiones  que  con anterioridad se hicieran al respecto (Párr. 308). A dicho  valor  se  le  adicionara  el  25% de prestaciones sociales, y se le restará el  25%,   correspondiente   a  la  propia  manutención  de  la  víctima  directa,  obteniéndose  como Ra $ 531.281,25. Se procederá a realizar la correspondiente  liquidación  del  lucro  cesante  consolidado,  utilizando la fórmula que para  ello se usa, así:      

“Donde,  i  es  la tasa de interés puro  (0.004867),  n  es  el  número  de  meses que comprende el periodo a indemnizar  desde       la      fecha      del      deceso18    al   momento   de   la  liquidación19,    es    decir    (129,14)   meses   y   1   es   una   constante  matemática:   

                      S     =       $    531.281,25         (1    +  0.004768)129,14        –  1   

                                                              0.004768   

                                                               S= $ 95.185.889,42”   

         

          Dicho  valor, se dispuso en el fallo, debe ser entregado en un 50% a  la  señora Luz Dary Valencia, compañera permanente, y el otro 50% repartido en  porcentajes iguales para las hijas Eliana y Leydi López Valencia.   

          Pero  como  ahora  se  tiene  que  considerar el derecho del hermano  menor  de  las  últimas  citadas,  ese  50%  del  lucro  cesante consolidado se  repartirá  por  partes iguales entre los tres hermanos afectados, es decir, que  cada uno recibirá la suma de $15.864.315.   

          A  ese valor debe sumarse el lucro cesante  futuro20   

,  que  se  liquidará  con  la misma formula  utilizada  para  liquidar  ese  concepto a favor de sus hermanas Eliana y Leydi,  partiendo de la siguiente consideración esgrimida en el fallo:   

“309.  (…)  por  razones  de igualdad,  equidad  y  justicia y justicia, la Sala acogerá como límite de indemnización  del  lucro  cesante  para  los  hijos de las víctimas directas, la fecha en que  estos  cumplen  veinticinco  (25)  años  de  edad,  en  el  entendido de que la  mayoría  de  ellos  perdieron  a  sus  padres  estando  en su primera infancia,  situación  que  no  permite  a  la  Sala  siquiera  con  grado  de probabilidad  establecer  que  sus  padres  solo  les  hubieran proporcionado ayuda económica  hasta  el  cumplimiento  de  la  mayoría  de edad; por tanto, el limite acogido  será   hasta   los   25   años  de  edad,  como  fecha  hasta  la  cual  estos  suministrarían   alimentos  congruos  a  sus  hijos.  Esta  posición  ha  sido  reiterada por la jurisprudencia de nuestros altos tribunales.”   

Así,  la  liquidación  del  lucro cesante  futuro  para  el menor  abarcará el período comprendido entre la fecha de  la  sentencia  hasta la fecha en la cual A. López Castro cumpliría 25 años de  edad,  entendida  esta  como  la  fecha  en la cual cesa la obligación paterna,  según la consideración trascrita.   

De  acuerdo  con  el  registro  civil  de  nacimiento       aportado       al      proceso21,  el  menor  nació  el 4 de  junio  de  2000,  por  lo  que  los  25  años  los  cumpliría el 4 de junio de  2025.   

Teniendo   determinado   ese  factor,  se  aplicará  la  formula  utilizada por el Tribunal para la liquidación del lucro  cesante   futuro,   por   ser   la  misma  que  reiteradamente  ha  empleado  la  jurisprudencia de la Corte Suprema y del Consejo de Estado así:   

S   =  Ra  x  (1+i)n -1   

                   i(1+i)n   

Donde,         S  es  el  valor  que  ha  de pagarse como  anticipo  de  los  perjuicios  futuros, Ra es   el  ingreso  o  salario  actualizado,  i el interés legal puro o técnico mensual (0,004867)  y  n  el  número de meses a  liquidar.   

Como  el  50%  del  valor  “Ra”  de  la formula aplicada, calculado  sobre  el  salario  mínimo legal vigente, según la trascripción que arriba se  hace,  tiene que dividirse entre los tres hijos sobrevinientes, reconocidos como  víctimas  indirectas,  necesariamente  se  afecta  el  valor  del lucro cesante  futuro  liquidado  por  el Tribunal para Eliana y Leydi López Valencia, lo cual  obliga a su reliquidación.   

     

a. Lucro cesante futuro para A. López Castro     

         

S   =  Ra  x  (1+i)n -1   

                   i(1+i)n   

Donde         “Ra”,    corresponde   al   16.6%   de  $531.281,25,  es  decir $88.192,68, que sería la ayuda económica que el occiso  le   proporcionaría   a   su  hijo;  “i”  es la tasa de interés puro, que de  acuerdo  a  lo señalado por el Tribunal corresponde a un 0.004867; “n”  es el  número  de  meses  que  comprende el período a indemnizar desde la fecha de la  sentencia  hasta el momento en que A. López Valencia cumpla 25 años, es decir,  154  meses;  y “1” es una  constante matemática. Por lo tanto, se tiene:   

S  =   $88.182,68                        (1       +       0.004867)154   –  1   

                            

0.004867   (1   +  0.004867)154   

S = $ 18,118.390,49  

Total  lucro  cesante de A. López Valencia  (consolidado + futuro)   

$15.864.315    +    $18.118.390,49   =  $33.902.705,49   

Total       lucro      cesante:  $33.902.705,49   

b)  Lucro cesante futuro para Eliana López  Valencia   

Como  de  acuerdo  con  el fallo de primera  instancia,  Eliana  López  Valencia cumplirá 25 años de edad el 9 de junio de  2015,  el valor n corresponde  a 33,3 meses. Aplicando la formula se tiene que:   

S  =   $88.182,68                        (1      +      0.004867)33,3,   –  1   

                            

0.004867   (1   +  0.004867)33,3,   

S = $ 2.704.666,16  

Total lucro cesante de Eliana (consolidado +  futuro)   

$15.864.315    +    $2.704.666,16    =  $18.568.981,16   

Total       lucro      cesante:  $18.568.981,16   

c)  Lucro  cesante futuro para Leydi López  Valencia   

Como  de  acuerdo  con  el fallo de primera  instancia,  Leydi  López  Valencia  cumplirá 25 años de edad el 14 de mayo de  2018,  el valor n corresponde  a 68,48  meses. Aplicando la formula se tiene que:   

S  =   $88.182,68                        (1      +      0.004867)68,48   –  1   

                            

0.004867   (1   +  0.004867)68,48   

S = $ 5.124.995,56  

Total lucro cesante de Leydi (consolidado +  futuro)   

$15.864.315    +    $5.124.995,56    =  $20.989.310,56   

Total   lucro   cesante:   $ 20.989.310,56   

Daño  Moral  para  el  menor  A.  López  Castro   

Acogiendo  el  reconocimiento  que por este  concepto  se  hizo en la sentencia impugnada, entre otros familiares, a favor de  Eliana  y Leydi López Valencia, al menor se le reconocerá el equivalente a 100  SMLMV   

          En tal sentido, se reformara el fallo impugnado.   

1.5.2.   Homicidio  de  Belisario  Elvira  Sánchez (hecho No. 11)   

          En  este  punto,  se  queja el Ministerio Público de que no se haya  reconocido  perjuicio  por  daño a la vida en relación al señor Wilson Elvira  Ordoñez,  hijo  de  la víctima directa, cuando su relato demuestra la estrecha  relación  que  mantenía  con  su padre y la dependencia emocional y económica  que trascendió con su muerte.   

         Respecto  del  daño  a  la  vida  de relación, también denominado  alteración   de   las  condiciones  de  existencia22, se ha dicho que  alude  a  una modificación sustancial en las relaciones sociales y desenvolvimiento de  la  víctima  en comunidad, comprometiendo su desarrollo personal, profesional o  familiar,  como ocurre con quien sufre una lesión invalidante a consecuencia de  la  cual debe privarse de ciertas actividades lúdicas o deportivas.23   

         Específicamente,  con  referencia  a  su  naturaleza,  la  Sala  de  Casación Civil planteó las siguientes especificaciones:   

        (…)  la  Corte,  a manera de compendio, puntualiza que el daño a  la  vida  de  relación  se  distingue  por  las  siguientes  características o  particularidades:  a.-  tiene naturaleza extrapatrimonial o inmaterial, en tanto  que  incide  o  se proyecta sobre intereses, derechos o bienes cuya apreciación  es  económicamente  inasible,  por  lo que no es dable efectuar una mensura que  alcance  a  reparar  en términos absolutos la intensidad del daño causado, b.-  adquiere  trascendencia  o  se  refleja  sobre  la esfera externa del individuo,  situación  que  también  lo  diferencia del perjuicio moral propiamente dicho,  c.-  en  las  situaciones  de  la vida práctica o en el desenvolvimiento que el  afectado  tiene  en  el  entorno  personal,  familiar  o social se manifiesta en  impedimentos,  exigencias,  dificultades, privaciones, vicisitudes, limitaciones  o  alteraciones  temporales  o definitivas, de mayor o menor grado, que él debe  soportar  o  padecer,  las  cuales,  en  todo  caso,  no poseen un significado o  contenido  monetario,  productivo  o económico, d.- no sólo puede tener origen  en  lesiones  o  trastornos de tipo físico, corporal o psíquico, sino también  en  la  afectación  de  otros  bienes intangibles de la personalidad o derechos  fundamentales,  e incluso en la de otro tipo de intereses legítimos, e.- según  las  circunstancias  de  cada caso, puede ser sufrido por la víctima directa de  la  lesión  o por terceros que igualmente resulten afectados, como verbigracia,  el  cónyuge,  el  compañero  o compañera permanente, los parientes cercanos o  los  amigos o por aquella y éstos, f.- su reconocimiento persigue una finalidad  marcadamente  satisfactoria,  enderezada  a  atemperar, lenificar o aminorar, en  cuanto  sea  factible, los efectos negativos que de él se derivan, y g.- es una  noción  que  debe  ser  entendida  dentro  de  los precisos límites y perfiles  enunciados,  como  un  daño  autónomo  que  se refleja en la afectación de la  actividad  social no patrimonial de la persona, vista en sentido amplio, sin que  pueda  pensarse  que  se trata de una categoría que absorbe, excluye o descarta  el  reconocimiento de otras clases de daño -patrimonial o extrapatrimonial- que  posean  alcance y contenido disímil, ni confundirlo con éstos, como se tratara  de   una   inaceptable   amalgama   de   conceptos,   puesto  que  una  indebida  interpretación  conduciría  a  que  no  pudiera  cumplirse  con la reparación  integral  ordenada por la ley y la equidad, como infortunadamente ha ocurrido en  algunos  caso,  en  franco  desmedro  de los derechos que en todo momento han de  asistir a las víctimas.   

        (…)   

        En  lo  que  toca  con  la  cuantía  del  perjuicio  a  la vida de  relación,  cuya  existencia ha sido acreditada, debe reiterarse que el hecho de  que  los  bienes,  intereses o derechos afectados tengan naturaleza intangible e  inconmensurable,  características éstas que, por esta misma razón, en ciertas  ocasiones  tornan  extremadamente  difícil  un justiprecio exacto, no es óbice  para  que  el juzgador haciendo uso del llamado arbitrium judicis, establezca en  la  forma  más  aproximada posible el quantum de tal afectación, en orden a lo  cual  debe  consultar  las condiciones de la lesión y los efectos que ella haya  producido  en  los  ámbitos  personal,  familiar y social de la víctima, entre  otros,  desde  luego,  no  como  si  se tratara estrictamente de una reparación  económica  absoluta,  sino,  mas  bien, como un mecanismo de satisfacción, por  virtud  del  cual  se  procure  al perjudicado, hasta donde sea factible, cierto  grado  de  alivio,  sosiego  y  bienestar  que le permita hacer mas llevadera su  existencia24.   

       Atendiendo  esas características,  la Sala ha considerado que,  por  regla general, el daño a la vida en relación lo puede padecer la víctima  directa  del  delito,  a  quien  se  le  hace  más dificultosa la existencia al  modificarse  negativamente  sus  condiciones sociales de vida. Excepcionalmente,  dijo  la  Sala25,  las  víctimas  indirectas  pueden argumentar esa clase de daño,  por   ejemplo,  la  esposa(o)  o  compañera(o)  cuando  su  pareja  ha  sufrido  afectación de su capacidad de disfrute sexual.   

         Por  lo tanto, el reconocimiento de indemnización por este concepto  sólo  es  procedente  cuando  se encuentre plenamente demostrada su existencia,  pues   no   existe  presunción  de  configuración  del  daño  a  la  vida  de  relación.   

En  el  presente  caso,  la  solicitud  de  reconocimiento  de  perjuicio  por  daño a la vida en relación se sustentó en  las  manifestaciones  efectuadas  por  Wilson  Elvira  Ordoñez  en  la denuncia  presentada  ante  la  Fiscalía, donde manifestó que a raíz de la muerte de su  padre  se  vio  precisado a abandonar el municipio del Tambo, para trasladarse a  la  ciudad  de  Cali,  donde sufrió penurias porque no pudo conseguir trabajo y  fue  separado  de  su  entorno familiar y de sus amigos, privándose de vivir en  las  mismas  condiciones  en  que  lo  hacía  antes  de  la muerte de su padre.  Además,  no pudo disfrutar de los bienes dejados por aquel, por la persecución  de las AUC.    

Si   se   atendieran  los  criterios  del  recurrente,  en  extremo  expansivos  de  la  figura  del  daño  a  la  vida en  relación,  habría  que  concluir  que  en  todos  los  casos de ocurrencia del  delito,  cualquiera fuese el mismo, resulta afectado este especial aspecto de la  posibilidad  de  goce  de la persona, al punto que lo excepcionalmente facultado  por  esta Corte y el Consejo de Estado, se torna en lugar común, con lo cual se  desnaturaliza completamente su esencia.   

Junto con lo anotado, en tratándose de una  excepción   instituida   para   las  víctimas  indirectas  construida  por  la  jurisprudencia  de  esta  Corte,  lo  menos  que  puede  pedirse  es que para su  determinación   se   presenten   pruebas   concretas   o  elementos  de  juicio  específicos   y   no  esas  genéricas  afirmaciones,  de  corte  eminentemente  especulativo,  con  las  cuales el recurrente pretende demostrar que por el solo  hecho  de  haber  abandonado la región y su núcleo familiar, el indirectamente  afectado  por  el  hecho,  padeció  un daño en esencia pasible de configurarse  sólo respecto de las víctimas directas.   

Incluso   porque  la  argumentación  del  impugnante  más  parece dirigida a probar la existencia de daños patrimoniales  concretos,  como  los que pueden referirse a la ausencia de un trabajo estable o  a obtener beneficios de la herencia dejada por su padre.   

Así  las  cosas, el recurrente no cumplió  con  la carga procesal de demostrar la configuración del daño, en tanto que no  acredita  cómo  se  modificaron  las  condiciones  de  vida  particulares de la  víctima,   por   lo   que   lo  resuelto  en  este  aspecto  no  merece  reparo  alguno.   

1.5.3. Deportación, expulsión, traslado o  desplazamiento  forzado  de  población civil y extorsión en perjuicio de Jorge  Enrique Pungo Gómez (hecho No.23)   

          En  este  punto,  el  Ministerio  Público solicita que se aclare el  valor  total de la indemnización que se ordena a favor del señor Jorge Enrique  Pungo,  pues  en  el resumen final no se incluyó el monto de $11.334.000 que se  reconoció  por concepto del daño ocasionado con el delito de extorsión de que  fue  víctima, tal como se consigna en el numeral 695 del fallo, que al respecto  dijo:   

“(…)la Sala  procederá  a  reconocer  adicionalmente por el delito de extorsión del que fue  víctima   el  señor  Pungo,  la  suma  equivalente  a  20  SMLMV.,  es  decir,  $11.334.000,   aplicando  la lógica que se desprende del fallo de la Corte Suprema de Justicia  antes  referido,  en  la  cual  para  el  delito de secuestro se reconocieron 30  SMLMV.,  y siendo la extorsión un delito de menor entidad, resulta razonable el  reconocimiento,  de  la  cifra  antes indicada, como una forma de mitigación al  dolor  y  la  angustia padecida por Jorge Enrique Pungo, al verse constreñido y  amedrentado en varias ocasiones.”   

Sin  embargo,  ninguna  razón le asiste al  Procurador  Delegado  en esta reclamación, pues basta observar que en el cuadro  que  resume  el  valor total de la indemnización, se consignó como daño moral  la  suma  de  $28.334.000,  que corresponde a la suma del daño moral reconocido  por  el delito de desplazamiento -$17.000.000- con el daño moral reconocido por  el  delito  de extorsión -$11.334.000-, de donde el punto no merece aclaración  alguna.   

2. Sobre la impugnación de la abogada Edda  Ariane Triana Real, apoderada de víctimas   

         2.1.    Homicidio    de    Nisareiver   Sánchez   Vásquez   (hecho  4)   

         2.1.1.  La  apoderada  cuestiona  que  el  Tribunal  negara  el reconocimiento de perjuicios al señor José Alirio Delgado  Urrea,  a  pesar  de  que obra prueba demostrativa de que fue el “padre   de   crianza”  de  la  víctima  directa Nisareiver Sánchez Vásquez.   

Los     llamados     “padres  de crianza” son aquellos que por  diferentes  circunstancias  de  la  vida,  asumen gratuitamente el cuidado de un  menor,  cumpliendo  las obligaciones que le son propias a los padres naturales o  adoptivos,  pero  sin  que los una al entenado algún vínculo familiar, legal o  jurídico.   

En orden a determinar si los “padres    de   crianza”   pueden   ser  reconocidos  como  víctimas  en  el  proceso  de  justicia  y paz, es necesario  repasar la normatividad que regula la materia.   

Así, el artículo 5° de la Ley 975 de 2005  consagra la definición de víctima en estos términos:   

“Para  los efectos de la presente ley se  entiende  por  víctima  la persona que individual o colectivamente haya sufrido  daños  directos  tales  como  lesiones transitorias o permanentes que ocasionen  algún  tipo  de  discapacidad  física,  psíquica  y/o  sensorial  (visual y/o  auditiva),  sufrimiento  emocional,  pérdida  financiera  o  menoscabo  de  sus  derechos  fundamentales.  Los  daños  deberán ser consecuencia de acciones que  hayan   transgredido  la  legislación  penal,  realizadas  por  grupos  armados  organizados al margen de la ley.   

También  se  tendrá  por  víctima  al  cónyuge,  compañero  o  compañera  permanente,  y familiar en primer grado de  consanguinidad,  primero  civil  de  la  víctima  directa,  cuando a esta se le  hubiere dado muerte o estuviere desaparecida.   

La  condición de víctima se adquiere con  independencia  de que se identifique, aprehenda procese o condene al autor de la  conducta  punible  y  sin consideración a la relación familiar existente entre  el autor y la víctima.   

Igualmente se considerarán como víctimas  a  los  miembros de la Fuerza Pública que hayan sufrido lesiones transitorias o  permanentes  que  ocasionen  algún  tipo de discapacidad tísica, psíquica y/o  sensorial  (visual  o auditiva), o menoscabo de sus derechos fundamentales, como  consecuencia  de  las  acciones  de  algún  integrante o miembros de los grupos  armados organizados al margen de la ley.   

Asimismo,  se  tendrán  como víctimas al  cónyuge,  compañero  o  compañera  permanente y familiares en primer grado de  consanguinidad,  de los miembros de la fuerza pública que hayan perdido la vida  en  desarrollo de actos del servicio, en relación con el mismo, o fuera de él,  como  consecuencia  de  los actos ejecutados por algún integrante o miembros de  los grupos organizados al margen de la ley”.   

Acorde  con  lo  señalado en la transcrita  disposición,  debe  entenderse  que  en  el  trámite  regulado  por  la Ley de  justicia  y  paz,  en  el ámbito familiar pueden ser reconocidos como víctimas  los  cónyuges,  los compañeros o compañeras permanentes, y cualquier pariente  en  primer  grado de consanguinidad o civil, de quien haya padecido directamente  el daño, es decir, quien haya muerto o desaparecido.   

En  este orden de ideas, en principio sólo  podrían  ser  reconocidos como tales dentro del proceso, además del cónyuge y  el  compañero  o  compañera  permanente, los padres y los hijos de la víctima  directa,  pues,  la  ley expresamente excluyó a otros consanguíneos, entre los  que  se  cuentan, para apenas citar un ejemplo, los abuelos y los hermanos, cuyo  grado  de  consanguinidad  es  en  segundo grado, ascendente para los primeros y  colateral respecto de los últimos.   

Lo  anterior, sin embargo, fue matizado por  la  Corte  Constitucional  en  la  Sentencia  C-370  del  18 de mayo de 2006, al  considerar  que  la  exclusión  de  los  familiares  ajenos  al primer grado de  consanguinidad  y  la  limitación adicional de que solo pueden concurrir cuando  la  víctima  directa  haya  muerto  o  desaparecido, conculca los derechos a la  igualdad,  debido  proceso,  acceso  a  la  administración  de  justicia y a un  recurso judicial efectivo.   

Por  tal  razón, declaró la exequibilidad  condicionada  del  artículo  5°  citado, en el entendido no solo de que pueden  ser  reconocidos  como víctimas otros familiares que hubieren sufrido un daño,  sino  también  de  que ello sea como consecuencia de otras conductas delictivas  cometidas  por  los miembros de grupos armados al margen de la ley, diferentes a  las que implican la muerte o el desaparecimiento.   

En   efecto,   esto   sostuvo  la  citada  Corporación:   

“6.2.4.2.14.  En suma, según el derecho  constitucional,  interpretado  a  la  luz  del bloque de constitucionalidad, los  familiares   de  las  personas  que  han sufrido violaciones directas a sus  derechos  humanos  tienen  derecho  a presentarse ante las autoridades para que,  demostrado  el  daño  real,  concreto y específico sufrido con ocasión de las  actividades  delictivas,  se  les permita solicitar la garantía de los derechos  que  les  han  sido vulnerados. Esto no significa que el Estado está obligado a  presumir  el daño frente a todos los familiares de la víctima directa. Tampoco  significa  que  todos  los familiares tengan exactamente los mismos derechos. Lo  que  sin  embargo  si se deriva de las normas y la jurisprudencia citada, es que  la  ley  no  puede  impedir  el  acceso  de  los  familiares  de  la víctima de  violaciones  de  derechos  humanos,  a las autoridades encargadas de investigar,  juzgar, condenar al responsable y reparar la violación.   

6.2.4.2.15.  Por las razones expuestas, la  Corte  considera  que  viola el derecho a la igualdad y los derechos de acceso a  la  administración  de  justicia,  al  debido  proceso  y a un recurso judicial  efectivo  las  disposiciones  de  la Ley demandada que excluyen a los familiares  que  no  tienen  primer  grado  de consanguinidad con la víctima directa, de la  posibilidad  de  que,  a  través de la demostración del daño real, concreto y  específico  sufrido  con ocasión de las actividades delictivas de que trata la  ley  demandada,  puedan  ser  reconocidos  como víctimas para los efectos de la  mencionada  Ley.  También  viola tales derechos excluir a los familiares de las  víctimas   directas  cuando  éstas  no  hayan  muerto  o  desaparecido.  Tales  exclusiones  son  constitucionalmente inadmisibles, lo cual no dista para que el  legislador  alivie  la  carga  probatoria  de  ciertos  familiares  de víctimas  directas  estableciendo  presunciones  como  lo  hizo  en  los incisos 2 y 5 del  artículo 5 de la ley acusada.   

6.2.4.2.16.  En  consecuencia,  la  Corte  procederá  a  declarar  exequibles,  por  los  cargos  examinados,  los incisos  segundo  y  quinto  del  artículo 5º, en el entendido que la presunción allí  establecida  no excluye como víctima a otros familiares que hubieren sufrido un  daño  como  consecuencia  de cualquier otra conducta violatoria de la ley penal  cometida  por  miembros  de  grupos armados al margen de la ley. Adicionalmente,  procederá   a   declarar   exequible   la  expresión  “en  primer  grado  de  consanguinidad  de  conformidad con el Presupuesto del Fondo para la reparación  de  las  víctimas”,  contenida  en el artículo 47, sin perjuicio de analizar  otro  cargo sobre este mismo artículo con posterioridad (aparte 6.2.4.3.3.), en  el  entendido  que  no  excluye  como  víctima  a otros familiares que hubieren  sufrido  un  daño como consecuencia de cualquier otra conducta violatoria de la  ley  penal  cometida  por  miembros  de  grupos  armados  al  margen  de la ley.  Finalmente,  declarará  la exequibilidad de la expresión “en primer grado de  consanguinidad”  del  numeral  49.3,  en el entendido que no excluye como  víctima  a  otros familiares que hubieren sufrido un daño como consecuencia de  cualquier  otra  conducta  violatoria  de  la ley penal cometido por miembros de  grupos armados al margen de la ley”.   

Por consiguiente, el concepto de víctima se  hizo  extensivo  a  otros  familiares por consanguinidad, sin importar el grado,  pero que en todo caso acrediten el daño causado con el delito.   

En esta medida, ya no cabe la menor duda de  que  sumado  a  los cónyuges, compañeros o compañeras permanentes, y padres e  hijos,  también podrían hacerse reconocer como parte en el proceso de justicia  y  paz  los  abuelos,  los  hermanos,  los  tíos  y los primos, que cumplan con  aquella exigencia.   

Lo  anterior,  desde  luego, no incluye los  denominados    “padres   de   crianza”,  por  cuanto  en  ellos  no  es  predicable  algún vínculo de  parentesco o familiar.   

Recuérdese  que  de  conformidad  con  la  legislación  civil  colombiana,  la  Corte  Constitucional  ha  determinado que  “la  calidad  de  padre  se deriva de dos clases de  vínculos:   de  carácter  natural  –en   caso   de  ser  padre  biológico26-  o  jurídico (civil, art.  50     del    Código    Civil)    –tratándose  de  adopción”.  Asimismo,  para  esa  Corporación  debe aceptarse que la única hipótesis admisible sobre  la  familia  es  aquella  acorde  con  la  cual  “se  conforma  de  4 modos: vínculos naturales, vínculos jurídicos, por matrimonio  y,  además,  por  la  decisión  responsable  de  conformar familia”27.   

En  conclusión,  no  obstante  el estrecho  vínculo  afectivo  y  la  dependencia  espiritual y hasta patrimonial que puede  surgir   entre   los   menores  y  sus  “padres  de  crianza”,  estos no conforman su núcleo familiar ni  son parientes.   

De  ahí  que  no  puedan  admitirse  como  familiares  por consanguinidad ni reconocerse como víctimas, dentro del proceso  de justicia y paz.   

2.1.2. En relación  con  el  mismo  homicidio,  la impugnante solicita que se revoque la negativa de  reconocer   indemnización  por  lucro  cesante  a  la  madre  de  la  víctima,  señora   Nibia  Mireya  Vásquez  Guerrero,  pues,  dice,  al  proceso  se  acreditó,  con los testimonios de Nibia y José Alirio, que la víctima directa  aportaba  una  cuota para el sostenimiento de toda la familia, de donde la misma  se vio toda afectada con su deceso.   

El  Tribunal  negó ese reconocimiento tras  señalar  que  aunque  del  testimonio  de  la  señora Nibia Mireya Vásquez se  deduce  que  sí  recibía algún tipo de ayuda económica de su hijo Nisareiver  para  el  sostenimiento  de  la  familia,  de  esa  ayuda  no  podía  deducirse  dependencia  económica para con el hoy occiso, pues la misma declarante aceptó  que  también recibía ayuda de su compañero permanente, lo cual desacredita la  dependencia alegada.     

La  censora  no presenta una argumentación  contundente  para  derruir  esa  conclusión,  limitándose a insistir en que la  víctima  directa  prestaba  alguna ayuda económica para el sostenimiento de la  familia,  aspecto que, se reitera, fue reconocido por el Tribunal, para quien lo  relevante  es  la  dependencia  económica  total,  que  no fue acreditada en el  proceso,  y  en  cambio  si  debilitada  con  la aceptación de la señora Nibia  Mireya,    de    que    la   ayuda   económica   también   provenía   de   su  compañero.   

          Como  la  argumentación  de la recurrente no permite evidenciar los  pretendidos  errores  que  contiene la decisión de primera instancia colegiada,  el punto se mantendrá incólume.   

2.2.  Homicidio  de  Claudina Medina (hecho  7)   

La  recurrente  se  opone  a la negativa de  reconocer  como  víctima  indirecta a María del Socorro Medina, pues aunque no  se  aportó  el  registro  civil  que demuestra su parentesco con doña Claudina  Media,  al proceso se incorporaron otras pruebas testimoniales que acreditan que  era su nieta y que dependía económicamente de ella.   

Aunque en materia penal rige el principio de  libertad  probatoria,  consagrada  tanto  en  el  artículo 237 de la Ley 600 de  2000,  como  en el 373 de la Ley 906 de 2004, frente a la acreditación procesal  del  parentesco,  es  claro que existe una tarifa legal, en la medida en que por  tratarse  este  de  un  asunto  ligado  al  estado  civil  de las personas, debe  demostrarse con el registro civil respectivo.   

Incluso, dicha exigencia está expresamente  consagrada   en   el  Decreto  315  de  2007,  por  el  cual  se  reglamenta  la  intervención  de  las  víctimas  durante  la investigación en los procesos de  justicia  y  paz  de  acuerdo con lo previsto en la Ley 975 de 2005, pues, en el  artículo  4° se señala que para demostrar el daño directo, deberán aportar,  entre   otros   documentos,   “Certificación  que  acredite  o  demuestre  el  parentesco  con  la  víctima,  en  los casos que se  requiere,     la     que    deberá    ser    expedida    por    la    autoridad  correspondiente”.   

La  Corte Constitucional también concluyó  que  el  parentesco  entre  las personas debe demostrarse por medio del registro  civil,  en  la  Sentencia  T-501  del  17  de  julio  de 2010, en la que hizo el  siguiente estudio:   

“6.2. A través de Ley 92 de 1938 “por  la   cual   se   dictan   algunas   disposiciones  sobre  el  registro  civil  y  cementerios”  se  reguló  lo concerniente al Registro Civil de las personas y  dispuso  lo  relacionado con las autoridades competentes de emitir el mencionado  documento público.   

Antes  de entrar en vigencia la mencionada  ley,  las  funciones  del  registro  civil de nacimiento las venían realizando,  hasta  ese  entonces,  las actas de bautismo emitidas por párrocos locales. Por  esa  razón, las autoridades encargadas de expedir el registro civil no anulaban  las actuaciones llevadas a cabo por la iglesia católica.   

En  virtud de lo anterior, la misma Ley en  sus  artículos  18  y  19 reguló lo atinente a las pruebas del estado civil de  las  personas y dispuso, que para ello, se expiden las copias auténticas de las  partidas  del  registro del estado civil. Sin embargo, indicó que ante la falta  de  este  documentos  se  podrá allegar como instrumento probatorio, en caso de  que sea necesario, otro documento auténtico.   

De  este  modo,  quedaban  con validez las  partidas  de  bautismo emitidas por los Curas Párrocos antes de 1938, documento  que  se  asimilaba  al registro civil que emiten los Notarios pues, prestaban un  servicio    de   fe   pública   respecto   de   las   circunstancias   de   una  persona.   

Al  respecto  la  Corte  ha  indicado  que  “dentro  de  las  funciones especiales de los Curas Párrocos de dar fe de los  actos  de  los  particulares,  está  en  especial  la  de  la  celebración del  bautismo;  ya que, la partida de bautismo con anterioridad al año de 1.938, era  el    único    documento    que    demostraba    el   estado   civil   de   una  persona”.   

6.3.  Sin  embargo, con posterioridad a la  ley  92 de 1938 se expidió el Decreto 1260 de 1970, el cual en su artículo 123  derogó  en su totalidad a la mencionada ley. Por su parte, el Decreto “Por el  cual  se  expide  el  Estatuto  del Registro del Estado Civil de las personas”  define  en  su  artículo  1º,  que  “El  estado  civil  de una persona es su  situación  jurídica  en  la familia y la sociedad, determina su capacidad para  ejercer  ciertos  derechos  y  contraer  ciertas  obligaciones,  es indivisible,  indisponible  e  imprescriptible, y su asignación corresponde a la ley.” Y en  su  artículo  2º,  agrega que “El estado civil de las personas deriva de los  hechos,  actos  y  providencias que lo determinan y de la calificación legal de  ello”.   

A  su  vez, en su artículo 101, determina  que  el  estado  civil  debe  constar  en  el Registro del Estado Civil y que el  registro  es  público  y  los libros, tarjetas, así como copias y certificados  que  con  base  en ellos se expidan son instrumentos públicos, regulados por el  derecho administrativo colombiano.   

A partir de la vigencia de este Decreto, se  concluye  que  el  estado  civil y sus alteraciones deben constar en el registro  civil,  el  cual  es  llevado  por funcionarios especiales del Estado. Todos los  nacimientos,  matrimonios,  defunciones,  separaciones  de  cuerpos o de bienes,  interdicciones    jurídicas,   etc.,   deben   inscribirse   en   el   registro  civil.   

6.4.  Como consecuencia de lo anterior, se  ha  reconocido  que,  de  acuerdo  con  la  regulación  de la materia, para las  personas  nacidas  a  partir  de  1938,  el  estado  civil  sólo puede probarse  mediante  el  correspondiente  registro  civil  según el Decreto 1260 de 1.970.  Este  nuevo  estatuto  introdujo innovaciones con respecto al antiguo sistema de  la  Ley  92  de  1.938,  que  distinguía  entre  pruebas  principales y pruebas  supletorias  del  estado civil. Las primeras se vinculaban al registro civil, no  así   las   segundas  (partidas  eclesiásticas  de  matrimonios,  bautismos  y  defunciones).   

Ahora  bien,  en  lo  concerniente  a  los  documentos  que se requieren para tramitar el registro civil, se ha indicado que  si  la  solicitud  se  realiza  un mes después del nacimiento, se podrá con la  presentación  de  la partida de bautismo acompañada de la certificación de la  competencia  del  párroco  que  celebró  el  bautismo, diligenciar el registro  civil  de  nacimiento  y  obtener  el documento pertinente a través del cual se  demuestra el estado civil”.   

Para   esta  Corporación,  entonces,  la  regulación  sobre  las pruebas del estado civil determina que para las personas  nacidas  a  partir  de  1938,  el  estado civil sólo puede probarse mediante el  correspondiente   registro  civil,  según  lo  establece  el  Decreto  1260  de  1.970.   

Lo  anterior  se  ratificó en la sentencia  T-1045  del  14  de  diciembre  del  mismo año, en la que además de definir el  parentesco   como   “la  relación  de  familia  que  existe  entre  dos  personas,  el cual puede ser de  consanguinidad  o  natural,  por  afinidad  y  por adopción o civil”,  se reafirma que el estado civil de una persona debe constar en  el  registro  respectivo,  el  cual  es  público  y  válido  siempre  que  las  inscripciones cumplan a satisfacción con todos los requisitos.   

Reiteró,  entonces,  que de acuerdo con el  artículo  103  del Decreto 1260 de 1970, se presume la autenticidad y pureza de  las  inscripciones  hechas  en  debida forma en el registro del estado civil, lo  que  significa  que  el  registro  civil de nacimiento es la prueba idónea para  demostrar  el  parentesco y, por ende, es el documento que debe adjuntar un hijo  menor  de  18  años  al  momento  de  elevar  la  solicitud,  por  ejemplo,  de  reconocimiento  de la sustitución pensional de su finado progenitor, ya que con  él    demuestra    la    condición    indispensable    de   relación   filial  padre-hijo.   

En  idéntico  sentido  se  pronunció esta  Sala,  en proveído del 10 de noviembre de 1999 (Radicado N° 14.944), en el que  consideró  que  el  documento  idóneo  para  acreditar  el estado civil de las  personas es el registro civil correspondiente. En efecto, sostuvo:   

“Además, atendida la fecha de nacimiento  que  allí  se  indica,  el documento legalmente válido para la solicitud de la  expedición  de  la  referida  cédula  de  ciudadanía, no podía ser en manera  alguna  una  partida  de bautismo, sino un registro civil de nacimiento, pues de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 105 del Decreto 1260 de 1.970, que  regula  lo atinente al estado civil de las personas y a la forma como procede su  registro,  “Los  hechos  y  actos  relacionados  con  el  estado  civil de las  personas,  ocurridos  con  posterioridad a la vigencia de la ley 92 de 1.938, se  probarán  con  copia  de la correspondiente partida o folio, o con certificados  expedidos   con  base  en  los  mismos”  y  específicamente,  tratándose  de  nacimientos,  su  inscripción  debe  hacerse  dentro  del  mes  siguiente  a su  ocurrencia  ante  el  funcionario correspondiente (art. 48 ibídem), debiéndose  acreditar  “mediante  certificado  del médico o enfermera que haya asistido a  la  madre  en  el  parto y en defecto de aquél, con declaración juramentada de  dos testigos hábiles”.   

Y del mismo criterio es la Sala de Casación  Civil  de  esta  Corte,  que  en  Sentencia del 4 de abril de 2004 (Radicado N°  6.598) señalo:   

“En relación con el estado civil de las  personas,  la  filiación  se  entiende  como el vínculo jurídico que une a un  hijo  con  su  padre  o  con  su  madre, y como tal, corresponde a la situación  jurídica  que  un individuo ocupa en la familia y en la sociedad, por lo tanto,  como  atributo  de  la  personalidad,  es  único,  indivisible,  indisponible e  imprescriptible:  se  es  hijo  de  determinado  padre y no de otro, calidad que  indica el lugar en la familia y su grado de parentesco.   

El Decreto Extraordinario 1260 de 1970, que  contiene  el estatuto del registro del estado civil, en su artículo 2º señala  que  el  estado  civil  deriva  de  los  actos,  hechos  y  providencias  que lo  determinan  y  de  su calificación legal, y a su vez el artículo 5º prescribe  que  aquellos  deben  ser inscritos en el competente registro civil, de donde se  concluye  que  es  por  medio  de  éste  como se establece la filiación de una  persona.   

La  correspondiente  partida  del registro  civil  es  la  prueba  de  los  hechos, actos y providencias relativos al estado  civil  tanto  ante  las  autoridades  como  en un proceso, que tratándose de la  inscripción   de  la  filiación  paterna  extramatrimonial  recoge  los  actos  declarativos  de  ésta, bien sea el reconocimiento voluntario o la declaración  judicial  de  paternidad.  Así  entonces,  el  certificado de nacimiento de una  persona  demuestra su estado de hijo extramatrimonial cuando contempla los actos  a que se hizo alusión”.   

En  conclusión, la certificación expedida  por  la  autoridad  correspondiente  a  que  alude  la  normatividad procesal de  justicia  y paz para la acreditación del parentesco, no es otra que el registro  civil  respectivo,  el  cual  se  erige  como la prueba idónea para el efecto y  resulta  ser  el  documento  indispensable  para  que  los familiares puedan ser  reconocidos como víctimas.   

Como  tal  documento  no fue aportado en el  caso  de  la  joven  María del Socorro Medina, el punto no merece modificación  alguna.   

2.3. Homicidio de Bleismer García Idrobo (hecho 10)   

         Se  impugna la negativa de reconocer perjuicios a los menores B., Y.  y  K. García Astudillo, por indebida representación, pues no se tuvo en cuenta  las  dificultades para ubicar a la madre de los menores en orden a  obtener  la  firma  del  respectivo  poder, razón por la que fueron representados por su  abuela  materna,  situación  que  no  es  óbice  para desconocer sus derechos,  demostrado como está que son hijos de la víctima directa.   

La  Sala  se  remite  a las argumentaciones  plasmadas  en el punto 1.5.1. de estas consideraciones, en orden a reconocer que  la  fundamentación  del Tribunal de Justicia y Paz para negar el reconocimiento  de  perjuicios  a  los  menores   B.,  Y. y K. García Astudillo, desconoce  preceptos    internacionales,   constitucionales   y   legales   que   obligaban  facilitarles  su asistencia en el proceso por personas diferentes a sus padres o  representantes legales.   

Entonces,  demostrado  como  está  que los  mencionados    menores    son   hijos   de   la   víctima   directa28 y que en el  incidente  de reparación fueron representados por su abuela materna, procede el  reconocimiento  de  sus derechos indemnizatorios, recordando que el apoderado de  esta   familia   formuló   las   siguientes   pretensiones   a   favor  de  los  mismos:   

Perjuicios materiales.  

     

a. Daño     emergente:     $1.275.766,67 para cada uno de los menores.   

b. Lucro cesante: $30.795.939,08 para B     

                          $30.280.368,56 para Y.   

                         $27.821.701,27 para K.   

         

Perjuicios inmateriales  

     

a. Daño  Moral:  150  S  M  L M V  para todo el núcleo familiar   

b. Daño a la vida de relación: No se reclaman     

    

         Ahora  bien,  si  el daño material comprende el menoscabo, mengua o  avería  padecida  por la víctima en su patrimonio económico como consecuencia  de  un daño antijurídico, es decir, aquel que el perjudicado no tiene el deber  de  soportar,  el  mismo  debe  ser real, concreto y estar acreditado dentro del  proceso,  lo cual excluye el eventual o hipotético.29   

         Igualmente,  cabe  recordar que de acuerdo con el artículo 1613 del  Código  Civil,  el  perjuicio  material comprende el daño emergente y el lucro  cesante.   

         El  daño  emergente,  es  el  perjuicio  sufrido  en  el patrimonio  económico  de la víctima, derivado de ponderar el valor de los bienes perdidos  o  su deterioro respectivo, las expensas asumidas para superar las consecuencias  del suceso lesivo.   

         Para  efectos  de su reconocimiento y liquidación y como quiera que  en   la  mayoría  de  los  casos  no  se  allegaron  elementos  de  convicción  suficientes  que  permitieran  ofrecer  certeza  sobre  la  existencia  de tales  perjuicios  en  cabeza de las víctimas indirectas, la sentencia impugnada asume  la  regla  jurisprudencial  contenida  en  múltiples  fallos de esta Sala y del  mismo  Consejo  de  Estado,  según  la  cual  debe  presumirse, en los casos de  homicidio,  que  existió  un  detrimento patrimonial mínimo consistente en los  costos  funerarios  a  los  que  se  vieron  avocadas  las víctimas indirectas,  expensas  que  emergen  directamente  del  crimen  perpetrado  y  que  deben ser  reparadas por el victimario.   

   

         Por lo tanto, para el caso de los menores  B.,  Y.  y  K.  García  Astudillo,  dado  que  no  se demostró con el material  probatorio  allegado  la  existencia de un daño emergente y no puede presumirse  que  los  mismos  incurrieron  en  gastos fúnebres, precisamente porque para la  fecha  de  los  hechos  no  contaban  con más de tres años de edad, la Sala se  abstendrá de reconocerles perjuicio por este concepto.   

         Cosa  distinta  sucede con el lucro cesante, pues si el mismo atañe  a  la utilidad, ganancia o beneficio dejado de percibir por el perjudicado, esto  es,  el  probable  incremento  patrimonial  que  habría  generado de no haberse  presentado  la  conducta  dañosa,  es  claro  que los menores, cuya dependencia  económica  frente  a  la  víctima  directa  se encuentra acreditada, sufrieron  perjuicio por este concepto.    

         Para  su  estimación,  la  Sala  reitera  lo  dicho  en  pretérita  oportunidad,30  en  cuanto la estimación del ingreso promedio mensual en aquellos  casos  en donde no ha sido posible demostrar el mismo, se realizará presumiendo  que  la  víctima  devengaba  el  salario mínimo mensual legal vigente, bajo el  entendido  que  toda  persona  laboralmente activa en Colombia debe obtener como  mínimo este monto.   

Sobre   este  tópico,  siguiendo  reglas  preestablecidas  jurisprudencialmente,  en  el  fallo  impugnado  se  toman  las  siguientes bases de liquidación:   

“(…)   la   Sala   acogiendo   los  planteamientos  que  vienen  siendo reiterados por la jurisprudencia31   del  Consejo  de  Estado,  frente  a la actualización de la renta, es decir el valor  del  salario  devengado  por la víctima al momento de los hechos, utilizará el  valor             del            salario32   mínimo  actual,  si  al  momento  de  realizar  la  correspondiente  actualización  de  la renta, con la  fórmula  que  para  ello  existe,  el  valor que se obtiene esta por debajo del  salario  mínimo  legalmente  para el año 2012; en aplicación del artículo 16  de  la  Ley  446  de  1998 y de los principios de reparación integral y equidad  allí contenidos.   

“Por  último,  por razones de igualdad,  equidad  y  justicia,  la Sala acogerá como límite de indemnización del lucro  cesante  para los hijos de las víctimas directas, la fecha en que estos cumplen  veinticinco  (25)  años  de  edad,  en el entendido de que la mayoría de ellos  perdieron  a  sus  padres  estando  en  su  primera  infancia, situación que no  permite  a  la Sala siquiera con grado de probabilidad establecer que sus padres  solo  les  hubieran  proporcionado  ayuda económica hasta el cumplimiento de la  mayoría  de  edad;  por  tanto,  el  limite acogido será hasta los 25 años de  edad,  como  fecha  hasta la cual estos suministrarían alimentos congruos a sus  hijos.  Esta posición ha sido reiterada por la jurisprudencia de nuestros altos  tribunales.   

Igualmente, como se anotó con anterioridad,  el  lucro  cesante  contiene  dos vertientes, a saber, el lucro cesante pasado o  consolidado  y  el lucro cesante futuro, para cuya liquidación se utilizaron en  la  sentencia  impugnada  las  fórmulas  explicadas,  que  reiteradamente viene  empleando  la  Corte  Suprema  y  el Consejo de Estado en sus sentencias. Por lo  tanto, con base en ellas se procede a su liquidación.   

a)  Lucro cesante consolidado para B., Y. y  K. García Astudillo.   

La Sala toma como ingreso base el valor del  salario  mínimo  legal  vigente, esto es $566.700, en consideración a que como  no  fueron  aportados  elementos  probatorios  que  sustenten  los  ingresos del  occiso,  procede  la  aplicación de la presunción arriba referenciada. A dicho  valor  se  le  adicionara  el  25% de prestaciones sociales, y se le restará el  25%,   correspondiente   a  la  propia  manutención  de  la  víctima  directa,  obteniéndose  como  valor Ra  la suma de $ 531.281,25. Entonces se tiene que:      

Donde,         i  es la tasa de interés puro (0.004867),  n es el número de meses que  comprende  el  periodo  a  indemnizar  desde  la  fecha  del  deceso33 al momento  de            la            liquidación34,   es  decir  131  meses  y  1   es   una   constante  matemática:   

                      S    =     $   531.281,25     (1   +   0.004867)131  –  1   

                                                          0.004867   

                      S= $ 97.039.624,76   

Obteniéndose como lucro cesante consolidado  $    97.039.624,76,  valor  que deberá ser repartido en  porcentajes  iguales  para  los tres menores, es decir que cada uno recibirá la  suma de $32.346.541,58.   

b)  Lucro  cesante  futuro  de  B.  García  Astudillo   

La  liquidación  del  lucro cesante futuro  para  este  menor   abarcará  el período comprendido entre la fecha de la  sentencia  hasta la fecha en la cual cumpliría 25 años de edad, entendida esta  como  la fecha en la que cesa la obligación paterna, según las consideraciones  anotadas con anterioridad.   

De  acuerdo  con  el  registro  civil  de  nacimiento       aportado       al      proceso35, el menor B. nació el 29 de  marzo  de  2001,  de  donde  los  25  años  los  cumpliría  el  29 de marzo de  2026.   

Teniendo   determinado   ese  factor,  se  aplicará  la  formula  utilizada para la liquidación del lucro cesante futuro,  así:   

S   =  Ra  x  (1+i)n -1   

                                                     i(1+i)n   

Donde         “Ra”    corresponde    al   33.3%   de  $531.281,25,  es decir $176.916,65, que sería la ayuda económica que el occiso  le   proporcionaría   a   su  hijo;  “i”  es la tasa de interés puro, que de  acuerdo  a  lo señalado por el Tribunal corresponde a un 0.004867; “n”  es el  número  de  meses  que  comprende el período a indemnizar desde la fecha de la  sentencia  hasta  el  momento  en  que  B. García Astudillo cumpla 25 años, es  decir,  163  meses; y “1”  es una constante matemática. Por lo tanto, se tiene:   

S  =   $176.916,65                        (1       +       0.004867)163   –  1   

                                                        

                            0.004867 (1 + 0.004867)163   

S = $ 19.876.677  

Total   lucro  cesante  para  B.  García  Astudillo  (consolidado  + futuro): $32.346.541,58 + $  19.876.677   

Total   lucro   cesante:   $ 52.223.218,95   

     

a. Lucro cesante futuro de Y. García Astudillo     

De  acuerdo  con  el  registro  civil  de  nacimiento       aportado       al      proceso36, el menor Y. nació el 26 de  septiembre  de 2000, de donde los 25 años los cumpliría el 26 de septiembre de  2025. Entonces,   

S   =  Ra  x  (1+i)n -1   

                                                     i(1+i)n   

Donde         “Ra”    corresponde    al   33.3%   de  $531.281,25,  es decir $176.916,65, que sería la ayuda económica que el occiso  le   proporcionaría   a   su  hijo;  “i”  es la tasa de interés puro, que de  acuerdo  a  lo señalado por el Tribunal corresponde a un 0.004867; “n”  es el  número  de  meses  que  comprende el período a indemnizar desde la fecha de la  sentencia  hasta  el  momento  en  que  Y. García Astudillo cumpla 25 años, es  decir    156,8,    meses;    y   “1” es una constante matemática. Por lo tanto, se tiene:   

S  =   $176.916,65                        (1      +      0.004867)156,8   –  1   

                                                        

                            0.004867 (1 + 0.004867)156,8   

S = $ 19.372.579,72  

Total   lucro  cesante  para  Y.  García  Astudillo  (consolidado  +  futuro):  $32.346.541,58 +  $19.372.579,72   

Total   lucro   cesante:   $ 51.719.121,32   

     

a. Lucro cesante futuro de k. García Astudillo     

De  acuerdo  con  el  registro  civil  de  nacimiento       aportado       al      proceso37,  el  menor  nació  el 9 de  julio  de  1998,  de  donde  los  25 años los cumpliría el 9 de julio de 2023.  Entonces,   

S   =  Ra  x  (1+i)n -1   

                                                     i(1+i)n   

Donde         “Ra”    corresponde    al   33.3%   de  $531.281,25,  es decir $176.916,65, que sería la ayuda económica que el occiso  le   proporcionaría   a   su  hijo;  “i”  es la tasa de interés puro, que de  acuerdo  a  lo señalado por el Tribunal corresponde a un 0.004867; “n”  es el  número  de  meses  que  comprende el período a indemnizar desde la fecha de la  sentencia  hasta  el  momento  en  que  Y. García Astudillo cumpla 25 años, es  decir  130,3 meses; y “1”  es una constante matemática. Por lo tanto, se tiene:   

S  =   $176.916,65                        (1  + 0.004867)130,3 –  1   

                                                        

                            0.004867 (1 + 0.004867)130,3   

S = $ 17.042.055,22  

Total   lucro  cesante  para  B.  García  Astudillo  (consolidado + futuro): $32.346.541,58 + $=  $ 17.042.055,22   

Total   lucro   cesante:   $ 49.388.596,80   

     

a. Daño moral     

Aunque  por  este  concepto, el abogado que  representó  los  intereses  de  esta  familia,  solicitó que se reconociera un  monto  de  150  SMLMV  para  todo  el  grupo  familia,  la  Corte  limitará  el  reconocimiento  a  los parámetros esbozados por la jurisprudencia, entre otros,  en  el fallo de segunda instancia del 6 e junio de 2012, radicado No. 35.637, en  el cual sobre este tópico se dijo:   

“A   su   turno,   el   daño  moral  tiene dos modalidades: el  daño  moral  subjetivado  consistente  en  el  dolor,  la  tristeza,  la  desazón, la angustia o el temor  padecidos  por  la  víctima  en  su  esfera  interior  como  consecuencia de la  lesión,    supresión   o   mengua   de   su   derecho;   y   el   daño  moral  objetivado, manifestado en  las   repercusiones   económicas   que  tales  sentimientos  pueden  generarle,  menoscabo cuya cuantía debe ser demostrada por quien lo alega.   

“Existe  una  presunción legal de daño  moral  en  relación  al  cónyuge, compañero permanente y familiares en primer  grado  de  consanguinidad  o primero civil de la víctima, conforme lo establece  el  segundo  inciso  del artículo 5 de la Ley 975 de 2005 y lo ha reafirmado la  Corte                Constitucional.38   

“En igual sentido, el Consejo de Estado,  con  fundamento  en  el  artículo  42 de Carta Política, ha señalado cómo la  acreditación  del  parentesco  con  los registros civiles de nacimiento permite  presumir  que  la esposa e hijos sufren perjuicio moral con la muerte del esposo  y  padre,  así como el probable sufrimiento de quienes acompañaban diariamente  a         la         víctima        directa39.   

“Ahora  bien,  el artículo 97 de la Ley  599  de  2000  prevé  un  límite  máximo  de  1.000 salarios mínimos legales  mensuales   en   tratándose   de  perjuicios  morales  subjetivados40,  pero lo  cierto  es  que la tasación debe hacerse teniendo en cuenta la naturaleza de la  conducta  y  la  magnitud del daño causado. Así las cosas, y con el propósito  de  garantizar  el principio de igualdad entre quienes han sido víctimas de los  grupos  armados al margen de la ley, la Sala tasará los daños inmateriales con  el  mismo  criterio  utilizado  en  fallo de 27 de abril de 2011 radicado 34547,  esto  es,  un monto igual a 100 SMMLV para el cónyuge o compañero permanente y  para  los  parientes en primer grado de consanguinidad, y un valor equivalente a  50 SMMLV para los familiares en segundo grado.”   

   

En  tal  sentido,  la Sala reconocerá, por  concepto  de  daño moral, 100 SMLMV, es decir, $56.670.000, a favor de cada uno  de los menores afectados.   

Así  las  cosas, ante la prosperidad de la  queja,  la  sentencia  impugnada  se  reformará para reconocer perjuicios a los  menores  hijos  de  la  víctima  directa, en las proporciones aquí señaladas,  según el siguiente resumen:   

VÍCTIMAS INDEMNIZADAS             

DAÑO EMERGENTE             

LUCRO  CESANTE             

DAÑO MORAL             

TOTAL  

B.  García Astudillo             

———             

$  52.223.218,95             

$56.670.000             

$108.893.218,95  

Y.  García  Astudillo             

——–             

$  51.719.121,32             

$56.670.000             

$108.389.121,32  

K.  García Astudillo             

———             

$  49.388.596,80             

$56.670.000             

$106.058.596,80  

TOTAL             

             

             

             

$323.340.937,07  

3.  Sobre  la impugnación del abogado Juan  Carlos Córdoba Correa, apoderado de víctimas   

3.1  Homicidio  y  secuestro de Wilmar Jair  López Peñafiel (hecho 2)   

         El  impugnante  se  opone  a  la negativa de reconocimiento de   indemnización  por  lucro  cesante  a las víctimas indirectas que conforman el  núcleo  familiar  del obitado, pues si existe prueba demostrativa de que Wilmar  Jair  se  dedicaba  a  la  agricultura,  devengaba  un salario mínimo y para la  época  de  los  hechos  convivía con sus padres y hermanos, debe inferirse que  sus  ingresos  económicos  se  destinaban a la ayuda y manutención del núcleo  familiar.   

El  Tribunal  reconoció  como  víctimas  indirectas  de  esta muerte a Eustorcio López (padre), Rosmira Peñafiel Muñoz  (madre),   Daris,   Edilsa,   Jhon  Jairo  y  Carlos  Héctor  Peñarife  Muñoz  (hermanos),  porque  sus  vínculos  familiares  con  el occiso se acreditaron a  través  de  los  correspondientes  registros  civiles de nacimiento41.   

         No  obstante,  como  lo  afirma el impugnante, se negó a los mismos  cualquier  reconocimiento  por  concepto  de  lucro  cesante, al no encontrarlos  debidamente  acreditados,  pues  aunque obraba la declaración extra-proceso del  padre  de  la víctima, Eustorgio López, aduciendo que tanto él como su esposa  y  sus  cinco (5) hijos dependían económicamente del hoy fallecido Wilmar Jair  López  Peñafiel,  para  el Tribunal dicha afirmación resultaba poco creíble,  si  en  cuenta  se  tiene  que  para  la fecha de los hechos la víctima directa  contaba  con  apenas 22 años de edad, mientras que sus padres se encontraban en  edades  reproductivas  –  44  y  39 años, respectivamente-, sin que se sepa que  sufrieran   de   algún   impedimento  físico  que  justificada  la  pretendida  dependencia económica que adujo el testigo.   

         El  recurrente  no expone un argumento serio para demostrar el error  contenido  en  la  argumentación del Tribunal, limitándose a oponer a ella sus  propias  conclusiones,  según  las  cuales  si el joven vivía con sus padres y  hermanos,    debe    inferirse   que   destinaba   sus   ingresos   –que  no  se discuten- al sostenimiento  del grupo familiar.   

         Nuevamente,  cabe  recordar  que cuando se trata de controvertir una  decisión  judicial en la cual se plasman motivaciones jurídicas y probatorias,  lo  menos que puede esperarse de la sustentación del recurso es que se expongan  los  yerros que comportan lo decidido, pues el debate dialéctico se produce por  la  tensión entre los fundamentos de la decisión y los argumentos en contrario  presentados por el recurrente.   

         En  la fundamentación presentada por el impugnante, es claro que se  omiten  aspectos  trascendentales  de  cara  a la crítica que estaba obligado a  asumir,  pues  nada  dice  sobre  las razones que llevaron al Tribunal al restar  credibilidad  al  dicho  del padre de la víctima, sustentado en la realidad que  se  percibió,  a  saber,  que  para  la fecha de hechos los padres del joven se  encontraban  en  edades  reproductivas, sin que obre constancia de que sufrieran  de  algún  impedimento  físico  que  justificara la dependencia económica del  hijo.        

           Entonces,  como  ese argumento central y definitivo no se enfrenta  por  el  recurrente, su formulación no representa una verdadera controversia de  cara a los fundamentos de la decisión.   

         Por  lo  demás,  ninguna  de  las  pruebas destacadas por el censor  desvirtúa  las  reflexiones  del  fallador,  de  donde  las mismas se mantienen  incólumes  para  desvirtuar la credibilidad del señor Eustorgio López, cuando  señala   que   el   joven  Wilmar  sostenía  a  toda  la  familia.     

               Por  tales razones, la decisión  será objeto de confirmación.   

         3.2.   Homicidio   de   Jaiber   Valdés  Delgado  (hecho  18)    

         Se  cuestiona  la  negativa de reconocer  perjuicios  por  lucro  cesante  a  los  padres  del  obitado,  reconocidos como  víctimas   indirectas,  porque  según  el  Tribunal  tales  perjuicios  fueron  reconocidos  a  favor  de  las  mismas  víctimas por la muerte de su hijo Olman  Valdés  Delgado, de donde el nuevo reconocimiento originaría un doble pago por  lucro cesante.   

En  orden a responder el punto, se recuerda  que  por el homicidio de los hermanos Olman y Jaiber Valdés Delgado, la Sala de  Justicia   y  Paz  del  Tribunal  de  Bogotá  reconoció  como  víctimas   indirectas   a  Gumercinda  Delgado  (madre),  Javier  Valdés  López  (padre),  Luceidy,  Odeisy, José Albeimar,  Maricel, Wilman y Aleida Valdés Delgado  (hermanos),  tras  acreditarse  su parentesco con los correspondientes registros  civiles de nacimiento.   

          Igualmente,  al  liquidar  los  perjuicios causados con el homicidio  del  primero  de  los  hermanos,  esto es, de Olman, se reconocieron valores por  daño  emergente,  lucro  cesante  y daño moral a favor de los padres; mientras  que  a  favor de los hermanos solamente se reconoció perjuicio por daño moral.   

A  su  vez,  por la muerte de Jaiber, a los  padres  se  les  reconoció  indemnización  por  daño emergente y daño moral,  mientras que a los hermanos sólo por éste último concepto.   

Al  analizar el tema del lucro cesante para  los padres de Jaiber, expresó el Tribunal que:   

“Si  bien, fue solicitada indemnización  por  concepto de lucro cesante a favor de estos dos reclamantes, debe indicar la  Sala  que  no  se  atenderá  esta  solicitud,  en  tanto  que ya fue reconocida  indemnización   por  este  mismo  concepto,  con  ocasión  de  la  dependencia  económica  que  los  peticionarios  demostraron  respecto  del  hermano de esta  víctima  directa,  el  joven Olman Valdés Delgado, por tanto no hay lugar a un  doble   reconocimiento  de  lucro  cesante,  en  tanto  no  habría  dependencia  económica por ambos hijos, sino por uno de ellos únicamente.”   

El  punto  ciertamente merece ser revisado,  pues  las  razones que esgrime el Tribunal para negar el reconocimiento de lucro  cesante,   desconocen   la   prueba   allegada   al  incidente  de  reparación,  específicamente  a  la carpeta rotulada como “hecho  No.  18C”,  a  la cual se incorporaron declaraciones  encaminadas  a  demostrar  que  el  joven  Jaiber  Valdés Delgado se dedicaba a  actividades  de  agricultura  y  ganadería, recibiendo por ello una asignación  mensual  que  destinaba  para  ayudar con la manutención de sus padres, como lo  afirmaron  los  señores  Rudecindo  Ordoñez  Muñoz  y  Edmundo  Luna,  en las  declaraciones  juradas  que  rindieron  ante  el  Notario  Único de Mercaderes,  Cauca.   

Entonces, teniendo acreditada la condición  de  víctimas  indirectas  que  ostentan  Gumercinda  Delgado  y  Javier Valdés  López,  en  su  condición  de  padres  de  Jaiber  Valdés  Delgado, y estando  demostrado  que  aquellos  no  sólo  tenían  dependencia económica de su hijo  Olman,  sino  también de su hijo Jaiber, es evidente que con su muerte también  se   les   causó   un   perjuicio  material  independiente  y,  por  lo  tanto,  completamente  individualizable  del  perjuicio que se les generó por la muerte  de su hijo Olman.    

En  consecuencia,  como  el  Tribunal sólo  reconoció  el  daño  emergente  por  la  muerte  de Jaiber, pero se abstuvo de  reconocer  el lucro cesante, se procederá a ello, acogiendo la liquidación que  por  este concepto se hizo a favor de los mismos padres por la muerte de su hijo  Olman, la cual parte de la siguiente base:   

“Se   tendrá  como  ingreso  base  de  liquidación,  el  valor  del  salario  mínimo  vigente,  esto  es $  566.700,  atendiendo  a que no fueron  aportados  elementos  probatorios  que  sustenten  los ingresos del occiso, y en  aplicación      a      la     presunción42   aplicada  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia  y  el  Consejo  de  Estado,  todo  esto  de acuerdo a las  precisiones  que  con anterioridad se hicieran al respecto (Párr. 308). A dicho  valor  se  le  adicionara  el  25% de prestaciones sociales, y se le restará el  25%,   correspondiente   a  la  propia  manutención  de  la  víctima  directa,  obteniéndose   como   Ra  $  531.281,25.   

En este punto, cabe señalar que igual a lo  que  sucede  en  el  caso  de  Olman,  aunque  al  incidente  de  reparación se  incorporaron  declaraciones  extra proceso con las que se pretende demostrar que  por  sus  labores  en  el  campo Jaiber recibía un ingreso mensual de $600.000,  tales  testimonios carecen de credibilidad en ese aspecto, en tanto que se trata  de  simples afirmaciones formales, sin ningún tipo de sustento, ni razón de su  dicho.   

Adicionalmente, tienen cabida en este punto  las  reflexiones  del  Tribunal  para  sostener  lo  inverosímil  que resultaba  aceptar  que  el  sueldo  devengado  por  Olman  Valdés  ascendía a la suma de  $600.000,   porque   “según   las  reglas  de  la  experiencia43,  atendiendo  al  hecho,  de  que  para el día de hoy, diez años  después  de los hechos, el salario mínimo aun no alcanza ese monto, por tanto,  no  resulta racional creer que por el desempeño de labores de agricultura en el  año     2002,     alguien     recibiera     ese    valor…”,    razonamiento  que  no  fue  cuestionada por el recurrente, y que por  resultar  completamente  válido  para  el  caso  de  Jaiber, lleva a tomar como  ingreso  base  de liquidación un valor Ra de  $ 531.281,25,  según se anotó en el aparte trascrito.   

Y  como  la  fecha  del  deceso  de  Jaiber  coincide  con la fecha del deceso de Olman (22 de marzo de 2002), será igual el  periodo  de  liquidación  a  contabilizar,  es  decir, 125,39 meses44,  se tiene  que  la  liquidación  del  lucro  cesante consolidado, aplicando la formula que  corresponde, será igual a:    

                      S     =       $    531.281,25         (1    +  0.004768)125,39        –  1   

                                                             0.004768   

                     

                       S =    $ 91.499.034,91   

Dicho valor deberá ser entregado en un 50%,  para     cada     uno     de     los     padres,    es    decir,    $45.749.517,46  para Javier Valdés López  y otro tanto para Gumercinda Delgado.   

         

Lucro  cesante futuro de Gumercinda Delgado  por   la   muerte   de   Jaiber   Valdés   

De acuerdo con los parámetros trazados por  el  Tribunal,  se  liquidará  el  periodo  comprendido  entre  la  fecha  de la  sentencia  hasta  la  vida  probable  de  quien  habría de morir primero, quien  según  la  reglas  de la experiencia  seria quien nació primero, es decir  Gumercinda  Delgado,  quien para la fecha de la muerte de su hijo contaba con 45  años,  quedándole una probabilidad de vida de 34,44 años más, por lo cual se  liquidará  un periodo de indemnización de 287,89 meses, descontados los 125,39  meses tenidos en cuenta como lucro cesante consolidado.    

Como Ra se tomará el valor correspondiente  al   50%  de  $  531.281,25,  es  decir  $  265.640,62  que  sería  la  ayuda  económica  que  el  occiso le  proporcionaría  a  su  madre,  hasta  el  límite de la vida probable de ésta.  Aplicando  la  fórmula utilizada para la obtención del lucro cesante futuro se  tiene que:   

              S  =   $  265.640,62          (1  +  0.004768)287,89        –  1   

                                            

       0.004768    (1    +  0.004768) 287,89   

              S =  $ 41.090.544,1    

Total  Lucro  Cesante de Gumercinda Delgado  (consolidado + futuro)   

$      45.749.517,46      +      $  41.090.544,1 =  $ 86.840.061   

         

Lucro    cesante   futuro   de   Javier  Valdés   López   

En   los   mismos  términos,  se  liquidará  el  periodo  comprendido  entre  la fecha de la sentencia hasta la vida probable de quien habría de morir  primero,  quien  según  la  reglas  de  la experiencia  seria quien nació  primero,  es decir  Javier Valdés López, quien para la fecha de la muerte  de  su  hijo contaba con 47 años, quedándole una probabilidad de vida de 31,78  años  más,   por  lo  cual  se liquidará un periodo de indemnización de  255,97  meses, descontados los 125,39 meses tenidos en cuenta como lucro cesante  consolidado.    

Por  lo  tanto,  el  despeje de la fórmula  utilizada  para  la  obtención  del  lucro  cesante  futuro arroja el siguiente  resultado:   

              S  =   $   265.640,62         (1  +  0.004768)255,97        –  1   

                                               

                 0.004768 (1 + 0.004768) 255,97   

               S = $ 38.829.287,2     

Total  Lucro  Cesante  para  Javier Valdés  López (consolidado + futuro)   

$     45.749.517,46     +   38.829.287,2 =  $ 84.578.804,66   

En  tales  términos  se  modificará  la  sentencia impugnada.   

3.3.  Secuestro  y homicidio de Ferney Mesa  García (hecho 18)   

               El apoderado se opone a la  exclusión  de  la  señora  Cecilia  Mesa de Muñoz, hermana del obitado, de la  indemnización  por  daño  moral, pues en su oportunidad se allegó el registro  civil   de  nacimiento  que  demuestra  el  parentesco  alegado,  el  cual  pudo  traspapelarse por un error involuntario.   

La Sala revisó la carpeta correspondiente  a  este  caso,  rotulada como “hecho 18D”,  en la cual aparece incorporada fotocopia del registro civil de  nacimiento  de  Yanive  Muñoz  Mesa,  persona distinta a la reclamante, sin que  exista  constancia  alguna  del allegamiento del registro civil que demostraría  el parentesco de Cecilia Mesa de Muñoz con la víctima directa.   

         Por  su  parte,  el recurrente no proporciona datos específicos que  permitan  acreditar  que  el  registro civil de nacimiento de la señora Mesa de  Muñoz  sí  fue  aportado  al proceso, limitándose a señalar que por un error  involuntario se refundió, sin demostrar la razón de su dicho.   

         Así  las  cosas,  ante la falta de demostración del parentesco que  alega  la  señora  Cecilia  Mesa  de Muñoz, la decisión que negó reconocerle  perjuicios será objeto de confirmación.   

               3.4.  Homicidio de Miguel Ángel  Rodríguez Erazo (hecho 20)   

         La  inconformidad  gira  en  torno de la  negativa   de  la  Sala  de  Justicia  y  Paz  a  reconocer  la  “sustitución  procesal”  que invocó el  apoderado  de las víctimas de este hecho, con ocasión de la muerte violenta de  quien  hasta  entonces  figuraba  como  víctima indirecta, señora Juana María  Muñoz Díaz.   

         En  orden  a  responder el cuestionamiento, recuerda la Sala que por  la  muerte  del  señor  Miguel Ángel Rodríguez Erazo, sólo se reconocieron y  liquidaron  perjuicios  a  favor  de sus hijos Leidy Yurany, Isma Andrea, Robier  Fernando  y  Miguel  Andrés  Rodríguez  Muñoz,  en su condición de víctimas  indirectas,  únicos mencionados para tales efectos por el defensor público que  representó los intereses de esta familia.   

         Consta  igualmente  que  ya  culminado  el  incidente de reparación  integral,  el  mismo  apoderado radicó memorial ante la Sala de Conocimiento de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  de  Bogotá,  peticionando que se dispusiera lo  pertinente   para   dar   trámite   a   la   figura   de   la   “sucesión  procesal”  consagrada  en el  artículo  60  del  Código  de  Procedimiento  Civil,  a  fin  de  permitir  la  intervención  de  los  herederos  de  la  señora  Juana  María  Muñoz Díaz,  cónyuge  de  la  víctima  directa,  quien  meses  antes  había  fallecido sin  concretar  su  reclamación,  petición que fue rechazada en el fallo de primera  instancia  por  haber  sido  presentada en forma extemporánea, esto es, una vez  fenecido el trámite del incidente en cuestión.   

         El  argumento  del  Tribunal  es  incuestionable,  porque  el debido  proceso  no admite excepciones, ni siquiera respecto del juzgamiento regulado en  la  Ley  de  Justicia  y  Paz,  pues precisamente  dentro de sus principios  rectores  no  sólo  se  incluyó  el  derecho  a  la  verdad,  la justicia y la  reparación  de  las  victimas, sino también el respeto al debido proceso y las  garantías  judiciales  de los procesados, como se contempla en el artículo 4º  de dicha normatividad:   

“Artículo 4º.  DERECHO  A  LA VERDAD, LA JUSTICIA Y LA REPARACIÓN Y DEBIDO PROCESO. El proceso  de  reconciliación nacional al que dé lugar la presente ley, deberá promover,  en  todo  caso,  el  derecho  de  las  víctimas  a  la verdad, la justicia y la  reparación  y respetar el derecho al debido proceso y las garantías judiciales  de los procesados”   

Por  lo tanto, el procedimiento regulado en  la  Ley  de  Justicia  y  Paz  no  puede  adelantarse  de cualquier manera, sino  sometido a las pautas que determina la Constitución y la ley.   

Bajo ese parámetro, se parte de admitir que  el  incidente  de  reparación  de  perjuicios  en  la Ley 975 de 2005, bajo las  reglas  que  cobijaron  el  presente  caso,  no excluye la posibilidad de que se  acuda      a      la      llamada     “sucesión  procesal”,  que  habilita,  en  el  trámite  de  un  proceso  civil,  que  cualquiera  de  las  partes  pueda  ser  sustituida por un  tercero,  ya  provenga  dicha sucesión de un acto entre vivos, por disposición  legal  ó por razón del deceso de alguna de ellas, como lo dispone el artículo  60 del Código de Procedimiento Civil.   

Sin   embargo,   sobre   el  tema  de  la  sustitución   procesal,  la  jurisprudencia  civil45  tiene  determinado que ante  la  muerte  del  demandante,  la  actuación  a  nombre suyo no se interrumpe ni  suspende  cuando  el  fallecido  tenga  representante  judicial que defienda sus  derechos,  pues  el  artículo 168 del Código de Procedimiento Civil preceptúa  que   el   proceso  o  la  actuación   posterior   a   la   sentencia   se   interrumpirá,   entre  otras  causales,  “por  muerte  o  enfermedad  grave de la  parte   que  no  haya  estado  actuando  por  conducto  de  apoderado  judicial,  representante o curador ad litem”.   

En  esos  casos, donde existe representante  judicial,      ha      dicho      la      Corte46,   la   ley   no  exige  la  notificación  o  emplazamiento  de los herederos, por cuanto de conformidad con  el  artículo  69,  inciso  5, del mismo Código, la muerte del mandante no pone  fin  al  mandato  judicial, si ya se ha presentado la demanda, quedando a salvo,  eso  sí,  la  facultad de la revocatoria del poder por parte de los herederos o  sucesores.  Así  discurrió  la  Sala  de  Casación  Civil  en  el antecedente  citado:   

“Ahora, la muerte de la parte, si bien es  cierto  que no produce la interrupción del proceso sino en el caso de no actuar  por  conducto  de apoderado, en todo evento, con excepción de aquellos en donde  ella  se presenta como causa de terminación del mismo porque el conflicto versa  sobre  derechos  personalísimos, da lugar al fenómeno de la sucesión procesal  consagrado  por  el  art. 60 del C. de P.C., de acuerdo con el cual “fallecido  un  litigante  el proceso continuará…con el cónyuge, el albacea con tenencia  de bienes, los herederos o el correspondiente curador”.   

(…)  

“De  manera  que  la  muerte  del señor  (…),  acaecida  en  la  fecha señalada, no daba margen a la interrupción del  proceso,  porque  como  ya  se  vio,  estaba  asistido por apoderado judicial. A  partir  del  hecho  de  la muerte, como antes se explicó, podía presentarse la  llamada  sucesión  procesal,  porque,  para  el  caso, los herederos del señor  (…),  podían  sucederlo  procesalmente, presentándose como tales al proceso,  voluntariamente,  y  por lo tanto, sin que se tuvieran que hacer citaciones como  las  que  el  recurrente  reclama, pues como antes se comentó, la muerte en las  condiciones  procesales  mencionadas  no  origina  ninguna crisis en el proceso,  pues  no  siendo  causa  de interrupción, no impide el pronunciamiento de actos  procesales,  entre  ellos,  la admisión del recurso de casación interpuesto en  nombre del demandado (…).   

“En armonía con lo expuesto, el art. 140  del  C.  de  P.C.,  consagra  como causal de nulidad la falta de notificación o  emplazamiento  de  las  personas “que deban suceder en el proceso a cualquiera  de    las   partes,   cuando   la   ley   así   lo  ordena…”  (subraya  la  Corte),  lo  que en otras  palabras  significa  que existen casos en los que no procede esa notificación o  emplazamiento,  porque  la  ley no lo exige, siendo uno de ellos el examinado en  este  proceso,  esto  es,  cuando  fallece  el  litigante  que está asistido de  apoderado.  En cambio, cuando ocurre la situación contraria, o sea la muerte de  la  parte  que no cuenta con apoderado, por presentarse un hecho configurante de  una  causal  de  interrupción,  el juez, a petición de parte o de oficio, debe  darle  aplicación  al  art.  169 ibídem, ordenando inmediatamente la citación  del  cónyuge,  los herederos, el albacea con tenencia de bienes o el curador de  la herencia yacente.”   

Entonces,  conforme  a  la  jurisprudencia  citada,  es  pertinente  puntualizar  que  la  muerte de la señora Juana María  Muñoz  Díaz  no  podía  afectar  el  trámite  del  incidente  de reparación  integral,  estando  acreditado que para entonces la misma había sido reconocida  como  víctima  y  tenía  la  representación  de  un abogado, designado por la  Defensoría  del Pueblo, como consta en los documentos incorporados a la carpeta  rotulada con el No. 20.   

En  efecto,  la señora Juana María Muñoz  Díaz,   identificada   con   la  C.C.  No.  25.517.451  de  Mercaderes,  Cauca,  compareció  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  el 25 de junio de 2007,  diligenciando  el formato de registro de hechos atribuibles a grupos organizados  al  margen  de  la ley, dando cuenta del asesinato de que fue víctima su esposo  Miguel  Ángel Rodríguez Erazo, por parte de miembros del grupo paramilitar que  opera en el municipio de Mercaderes, Cauca.   

Y  en  orden  a  que se le reconociera como  víctima  indirecta  del  hecho,  aportó  copia  de la partida eclesiástica de  matrimonio,   para   demostrar   su   parentesco   con   el   occiso47.   

Dicha  acreditación  dio  lugar  a  que en  resolución  proferida  el  23  de mayo de 2008, se le reconociera como víctima  indirecta  del  homicidio  de  su  cónyuge,  legitimándosele  para  participar  directamente  o  a  través  de  apoderado  en todas las fases del procedimiento  especial  previsto  en  la Ley 975 de 2005, en los términos de las resoluciones  03998  de  diciembre 6 de 2006, 0397 de febrero 12 de 2007 y 02296 de julio 3 de  2007,  emanadas del despacho del Fiscal General de la Nación, con el propósito  de    hacer    efectivos   sus   derechos   a   la   verdad,   justicia   y   la  reparación48.   

En la misma resolución se dispuso oficiar a  la  Defensoría Pública del Departamento del Valle, en orden a que se designara  un  defensor  público  que  representara  legalmente  a  la mencionada víctima  dentro  del  proceso,  como  en  efecto  se  concretó con la designación de la  doctora  Nirsa  Morales  Galeano,  quien  luego sustituyó el poder conferido al  abogado  Juan  Carlos  Córdoba  Correa,  como consta en el memorial que obra al  folio  30 de la carpeta No. 20, defensor público que desde entonces representó  los    intereses    de   la   señora   Muñoz   Díaz,   incluso   hasta   esta  instancia.   

Ante  esa realidad procesal, surge evidente  que  la  posterior  muerte  violenta  de  la  hasta entonces víctima indirecta,  ocurrida    el    11    de    abril    de    201149,  no  podía  modificar, por  ministerio de la ley civil, su situación procesal.   

Por lo tanto, fue equívoco el proceder del  representante  judicial  cuando  ya  en el trámite del incidente de reparación  integral  se  abstuvo de hacer reclamación de perjuicios a favor de la víctima  indirecta  fallecida,  pues  allí  se  limitó a solicitar el reconocimiento de  perjuicios  a  favor de los cuatro hijos de Miguel Ángel Rodríguez Erazo, esto  es,  Leidy  Yurany,  Isma  Andrea,  Robier  Fernando y Miguel Andrés Rodríguez  Muñoz,  omitiendo  hacer  lo  propio a nombre de la señora Juana María Muñoz  Díaz,  a  pesar  de  que  contaba con prueba que daba razón de su generación,  entre   ella,  los  testimonios  extra  procesales  rendidos  por  Roger  Marín  González  Orozco  y  Edilma Muñoz, quienes bajo juramento declararon conocer a  Juana  María  Muñoz  Díaz  y  constarles  que dependía económicamente de su  cónyuge Miguel Ángel Rodríguez Erazo, víctima directa.   

Por  su  parte,  la  Sala de Justicia y Paz  estaba   en  la  obligación  de  advertir  el  error  del  apoderado  judicial,  conminándolo  a  rectificar  sus  pretensiones  a  fin  de  garantizar  que los  derechos  que  adquirió  en  vida  la  señora  Muñoz  Díaz  con ocasión del  homicidio  de  su  esposo, no se diluyeran, máxime cuando la misma fue a su vez  víctima  de muerte violenta, precisamente cuando exteriorizó su pretensión de  reclamar   por  el  asesinato  de  su  esposo  a  manos  de  los  paramilitares.   

Pero como nada de ello se hizo, la Corte no  puede  en  este momento entrar a reconocer los perjuicios que le habrían podido  corresponder  a  la señora Muñoz Díaz, porque respecto de ella no se cumplió  el  trámite  señalado  en  el  artículo  23  de la Ley 906 de 2004, en cuanto  dispone  que  en la audiencia de incidente de reparación integral la víctima o  su  representante  legal,  deben expresar “de manera  concreta    la    forma    de    reparación   que   pretende”,   indicando  “las pruebas que hará valer  para  fundamentar  sus pretensiones”, las cuales, una  vez  admitidas,  deben  ponerse en conocimiento del imputado que ha aceptado los  cargos.   

Aquí no existe una petición concreta sobre  la  forma de reparación que se pretendía a favor de la mencionada víctima, ni  hubo  indicación de las pruebas que se querían hacer valer y, por lo mismo, no  existe  admisión  de  una  pretensión  específica  que  permita respaldar una  condena por ese concepto.     

Ante esa realidad, en salvaguarda del debido  proceso  que  opera como principio rector de este procedimiento transicional, no  queda  otro remedio a la Sala que confirmar la decisión impugnada, sin que ello  implique  la  pérdida  del  derecho  por  parte  de los herederos de la señora  Muñoz  Díaz,  quienes  en  una nueva oportunidad procesal podrán solicitar el  reconocimiento de los perjuicios causados a aquella.   

3.5. Homicidio de  Carmen Pungo (hecho 6)   

Se   impugna   la  negativa  a  reconocer  perjuicios  por  daño  a  la  vida  en  relación  de las víctimas indirectas,  alegándose  que  los  dictámenes  emitidos  por  la  perito  psicóloga  de la  Defensoría  Pública  reconocen  que con la muerte de su progenitora, sus hijas  Adriana  del  Pilar y July Oralia Sánchez Pungo, se vieron seriamente afectadas  en  su  entorno  social  y  familiar,  diezmando ampliamente su calidad de vida,  dadas las serias dificultades que han tenido que enfrentar.   

Sobre  el  punto,  la Corte advierte que no  obstante    la    pobre    fundamentación   del   A  quo,  le  asiste la razón al considerar que este tipo  de afectación no se acreditó en el caso de las aquí reclamantes.   

En  efecto,  a pesar de que al incidente de  reparación    se   incorporaron   sendos   dictámenes   periciales50   en  los  cuales   se   concluye   que  en  ambas  víctimas  se  percibe  “daño  individual  de  tipo  inmaterial,  daño moral y daño en la  vida  de  relación”, explicándose además que este  último  se  produce  en  la esfera íntima de la persona humana y se diferencia  del  moral  en  cuanto  “se  proyecta  en  la  vida  exterior    de    la    víctima   dificultándole   su   existencia”,  es  lo cierto que las razones que se exponen para sustentarlo,  no  se  avienen al concepto jurídico de daño a la vida en relación al cual se  hizo alusión en el punto 1.5.2 de estas consideraciones.   

Ciertamente, sin desconocer que el homicidio  de  su  progenitora  pudo generar en las hermanas Sánchez Pungo dificultades en  sus  entornos  sociales  y familiares, diezmándose, como asevera el recurrente,  su  calidad de vida, estas consecuencias son propias del daño moral y no del de  la  vida  en  relación, por cuanto corresponden a aflicciones del fuero interno  que      pese      a     tener     manifestaciones     externas     –vr.gr.,  preocupación  por el futuro,  retraimiento  o  sentimientos  de  ira e impotencia-, no implican modificaciones  sustanciales  en  sus  relaciones  sociales,  ni  alteran su desenvolvimiento en  comunidad,  al punto tal que comprometan su desarrollo en los ámbitos personal,  profesional  o  familiar,  como  sí ocurre, tal como se reseñó anteriormente,  con  quien sufre una lesión invalidante a consecuencia de la cual debe privarse  de ciertas actividades lúdicas o deportivas.   

Entonces, no es posible determinar el daño  de  la  vida  en  relación  a  partir  del impacto que le produjo el hecho a la  víctima,  pues, al margen de que ello se traduzca en dolor, tristeza, congoja o  aflicción  –como aquí lo  ventila   el   impugnante   y   lo   señalan   los   experticios-,   estas  son  características  propias  del daño moral, que no pueden confundirse con las de  la  vida  en  relación, las cuales se manifiestan en la vida práctica, como se  señaló  en  el precedente traído a colación, “en  impedimentos,  exigencias,  dificultades, privaciones, vicisitudes, limitaciones  o  alteraciones  temporales  o  definitivas,  de mayor o menor grado”.   

Por  consiguiente, se aparta la Corte de la  afirmación  que  en  sentido  contrario se consigna en los dictámenes rendidos  por  la  perito  psicóloga  de  la  defensoría  Pública, pues, se insiste, el  concepto  de daño a la vida en relación allí plasmado, no se compadece con el  decantado  por  la  ya citada jurisprudencia de la Sala de Casación Civil de la  Corte        Suprema        de        Justicia51   

.  

En consecuencia, en este punto, la sentencia  será objeto de confirmación.   

3.6  Desplazamiento y extorsión del señor  Jorge Enrique Pungo Gómez (hecho 23)   

Frente  a  los  reparos  por  la  supuesta  omisión  contenida  en  el fallo al no incluirse la suma de $11.000.000, que se  liquidaron  a  favor  del  señor  Enrique  Pungo  Gómez, por indemnización de  perjuicios  ocasionados  con  el  delito  de extorsión, la Sala se remite a las  anotaciones  hechas  en  el  punto  1.5.3 de estas consideraciones, en el que al  verificar  la misma inquietud planteada por el Ministerio Público, se advirtió  la  inexistencia  del  error,  pues en el cuadro que resume el valor total de la  indemnización  a  favor  de  esta  víctima,  se  consignó como daño moral la  cantidad  de  $28.334.000,  que  corresponde  a la sumatoria  del valor del  daño  moral  reconocido  por  el  delito de desplazamiento -$17.000.000- con el  daño moral reconocido por el delito de extorsión -$11.334.000-.   

En relación con los cuestionamientos que se  hacen  a  la  liquidación  de  perjuicios por el desplazamiento forzado, porque  según  el recurrente no se incluyó a todo el núcleo familiar del señor Pungo  Gómez,  que  junto con él se vio obligado a abandonar sus propiedades, observa  la  Sala  que  tampoco  le  asiste  razón al recurrente ya que en la sentencia,  además  de  la  víctima principal, se reconocieron como víctimas directas del  delito  en  cuestión, a su esposa Lizana Salazar y a sus hijos Lizbeth Carlly y  Jorge    Alejandro   Pungo   Salazar,   a   quienes   se   liquidaron   perjuicios   de   orden  material  y  moral52.   

Y  si no se reconocieron perjuicios a favor  de  sus  también  hijas  Yudy  Fernanda  y  Yaneth Alexandra Pungo Potosí, fue  porque  respecto  de ellas no se acreditó la condición de víctimas del delito  en  cuestión,  en  tanto  que, como allí se advierte, a pesar de que dentro de  las  pruebas  que  documentan  la  condición de desplazado del señor Pungo, se  hace  una  enunciación  de los miembros de su núcleo familiar afectados con la  conducta  punible, nunca se mencionaron a estas dos reclamantes y tampoco fueron  aportados  elementos  de  convicción  que  permitan establecer su condición de  desplazadas.   

Como el impugnante no presenta un argumento  probatorio  serio  que permita deducir el equívoco del Tribunal, se confirmará  el punto.    

Finalmente, el  cuestionamiento   a  la  falta  de  valoración  de  la  pérdida  económica  o  financiera   sufrida   por  el  señor  Jorge  Pungo  Gómez  con  ocasión  del  desplazamiento,  cuando,  según  el defensor, obran declaraciones ofrecidas por  familiares  y  amigos  de  la  víctima,  relatando  que él y su hermana Carmen  Pungo,  tenían  una  sociedad  comercial,  lo  que  motivó,  precisamente, las  extorsiones  de las autodefensas, tampoco cuenta con una debida fundamentación,  si  se atienden las razones que en ese punto esgrimió el Tribunal para negar el  reconocimiento en los términos solicitados.    

En  efecto,  dijo  el  Tribunal  que  para  sustentar  la  pretendida pérdida económica que sufrió el señor Pungo con el  desplazamiento  forzado, fueron aportados certificados de cámara y comercio del  establecimiento   de   razón  social  “Variedades  Yudy”,  así  como   facturas  de  compraventa de mercancía, extracto de cesantías, certificados de  ingresos  y  retenciones,   de tradición y libertad sobre inmuebles, todos  ellos  aparecían  a  nombre de su extinta hermana Carmen Pungo, pero no a favor  del  solicitante,  razón  por la cual no resultaban idóneos para acreditar que  esos bienes le pertenecían.   

Además,  esgrimió  el  Tribunal  que  la  manifestación  de  la pérdida de una casa nunca se probó, pues ni siquiera se  acreditó la propiedad de la misma en cabeza del señor Pungo.   

Tampoco encontró acreditada la pretendida  propiedad  que  alegó  el señor Jorge Enrique Pungo sobre 8 cabezas de ganado,  porque  al  respecto  sólo se aportó el testimonio del propietario de la finca  donde  supuestamente  permanecía el ganado, cuando la existencia o la propiedad  de  ganado  se  prueba  a  través  de  certificados  de vacunación de aftosa y  brucelosis  o el registro de hierro para su marca, nada de los cual se presentó  en este caso.   

Tales razonamientos no son derruidos con las  afirmaciones  generales que presenta el impugnante, pues en su argumentación se  limita  a  aducir  que  al proceso se incorporaron declaraciones de familiares y  amigos  de  la  víctima  que dieron razón de que entre él y su hermana Carmen  Pungo  existía  una  sociedad  comercial,  pero ni siguiera quiénes fueron los  testificantes,   ni   se  hace  un  análisis  crítico  del  contenido  de  sus  testimonios,   en   orden   a   privilegiarlos   frente  a  los  argumentos  que  juiciosamente esgrime el Tribunal.   

Realmente,  no  aporta  el  impugnante  una  critica  probatoria  seria  para  derruir  las  reflexiones  que  se  acaban  de  enunciar,  razón  por la cual las mismas permanecen incólumes, lo que propicia  su confirmación.   

3.7  Dosificación  de  la pena impuesta al  postulado GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ   

           La  crítica  frente  al  monto  de  la pena principal impuesta al  desmovilizado  GUTIÉRREZ  SUÁREZ,  porque  no  se tuvo en cuenta el aumento de  penas  previsto  en  la  Ley 890 de 2004, ya fue respondida en el numeral 1.1 de  estas  consideraciones,  a  las  cuales  se  remite  la  Sala  para  desechar la  pretensión del impugnante.    

En cambio, la petición de que se imponga al  desmovilizado  la  pena accesoria contemplada en el numeral 6º del artículo 43  del  Código  Penal,  que hace referencia a la privación de la tenencia y porte  de  armas  de  fuego,  por  un  lapso  que  no puede ser inferior a 15 años, se  advierte  procedente,  pues es evidente que los hechos por los que fue condenado  guardan  o tienen relación directa con esta prohibición, aspecto en el cual se  adicionará la sentencia de primera instancia.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

          Primero.           Adicionar    el   numeral   quinto  de  la  parte resolutiva del fallo  impugnado,  para condenar a GIAN CARLO GUTIÉRREZ SUÁREZ a la pena accesoria de  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte de armas, por el término de  quince (15) años.   

          Segundo.     Modificar    los    ordinales    séptimo  y  octavo de la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  impugnada, para incluir en la condena a la  indemnización  de  perjuicios  ocasionados  con los delitos objeto del proceso,  las  víctimas  y  los  montos  definidos  en las consideraciones de este fallo,  específicamente   en   relación   con   los   hechos   10,   12   y  18  aquí  determinados.   

          Tercero.  Confirmar  en lo demás el fallo  de primera instancia.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

          Cópiese,    notifíquese    y    devuélvase    al    Tribunal   de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA DEL R. GONZÁLEZ MUÑOZ                            GUSTAVO    ENRIQUE   MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Folio     8,     carpeta    de    requisitos    de  elegibilidad   

2  Folios 9 y 10 ibídem.   

3  Folios  11  y  12  de  la  carpeta  de  requisitos de  elegibilidad   

4  Folios 15 a 24 ibídem   

5 Ver  carpeta anexa al escrito de formulación de cargos.   

6  Íbidem.   

7  En  el período comprendido entre 20 de marzo de 2003  al 23 de diciembre de 2005.   

8  Radicado No. 31.407   

9 Ver,  entre  otras,  sentencia  de  casación  del 27 de febrero de 2013, radicado No.  33.254   

10 Ver  auto del 31 de agosto de 2011, radicado 36.125   

11  Radicado No. 34.547   

12  El   derecho  a  la  reparación  y  sus  diferentes  componentes  están reconocidos en  instrumentos internacionales tales como  la  Convención  Americana  sobre  de  Derechos  Humanos  (arts.  10  y  63); la  Convención  contra  la  tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes  (art.  14);  la declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre  la  protección  de  todas las personas contra las desapariciones forzadas (art.  19);  la  Convención del La Haya relativa a las leyes y costumbres de la guerra  terrestre   (art.  13);   y  el Protocolo Adicional a los Convenios de  Ginebra  del 12 de agosto de 1949, relativo a la protección de las víctimas de  los    conflictos    armados    internacionales     (Protocolo    I,   art.  91).               

13  Radicado 35.370   

14  Auto   del   25   de  mayo  de  2011,  radicado  No.  35.370   

15  Reparación  Judicial,  Principio  de  Oportunidad e  Infancia  en la Ley de Justicia y Paz, autores varios,  proyecto ProFis, GTZ, febrero de 2009.   

16  Entendido  este  como  aquel  capital que se dejó de  obtener  por la víctima directa desde la época del homicidio hasta la fecha de  la  sentencia,  y  que  habría  servido  de  sustento  para  quienes dependían  económicamente de aquella.   

17Consejo  de  Estado,  Sección Tercera, Subsección A. Nueve (9) de  marzo  de  dos  mil once (2011), C. P. (E): Dra. Gladys Agudelo Ordoñez, actor:  José      Argemiro      Varón     Rodríguez     y     otros,     Rad     No.:  76001-23-31-000-1999-01507-01(28270).   

18 28  de noviembre de 2001.   

19 30  de agosto de 2012.   

20  Entendido  como  el  peculio que la víctima dejó de  percibir contado desde el momento de la presente liquidación.   

21  Carpeta    No.    12-4   

22  Corte  Interamericana  de Derechos Humanos, Sentencia de 3 de diciembre de 2001,  caso  Cantoral  Benavides.  Consejo de Estado, Sección Tercera, sentencia de 15  de agosto y 18 de octubre de 2007.   

23  Existe  uniformidad  en la jurisprudencia nacional en cuanto el resarcimiento de  la  conducta  ilíccita  incluye  aquel  causado  a la vida de relación. Ver en  sentencia  de la Sección Tercera del Consejo de Estado, de 25 de enero de 2001,  Rad.  11413; Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, sentencia de 13  de  mayo  de  2008 Exp. 11001-3103-006-1997-09327-01; Corte Suprema de Justicia,  Sala   de   Casación   Penal,   sentencia   de  25  de  agosto  de  2010.  Rad.  33833   

24  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Civil,  sentencia       del       13       de      mayo      de      2008,      Radicado  11001-3103-006-1997-09327-01.   

25  Sentencia   de   segunda  instancia  del  6  de  junio  de  2012,  radicado  No.  35.637   

26  Si  bien no existe disposición alguna que, de manera  expresa  señale que el padre biológico es padre, ello se infiere de las reglas  relativas  al  parentesco  consanguíneo, a la legitimación y a la impugnación  de  la  paternidad. Lo mismo puede señalarse en relación con el registro civil  de  nacimientos, que únicamente autoriza inscribir como padre a quien lo acepta  o  judicialmente  se  ordena,  conforme a las reglas civiles. Ver los artículos  35,  40,  43,  52  (subrogado  art. 30 Ley 45 de 1936), 53, 54 y 237 del Código  Civil.  Ver,  además, el artículo 3 de la Ley 75 de 1968, relativa a la prueba  del parentesco.   

27  Sentencia T-163 del 26 de febrero de 2003.   

28  Al incidente de reparación integral se aportaron los  respectivos registros civiles de nacimiento   

29  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala de Casación Penal.  Sentencia de 24 de  noviembre de 2010, Rad. 34993.   

30  Corte  Suprema de Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia de 27 de abril de  2011. Rad. 34547   

31  Ver,   entre   otras:  Consejo  de  Estado  Sección  Tercera,    del  veintidós  (22)  de  abril  de  dos  mil  cuatro  (2004),  Expediente  No.  25000-23-26-000-1994-09815 (13.820), siete (07) de julio de dos  mil     once    (2011),    Expediente          No.  73001-23-31-000-1999-01311-01(22462)   y  del  5  de  julio  de  2006, Exp.  14686.   

32  Decreto      4919      de      diciembre      de     2011     –  Por  el  cual  se  fija el salario  mínimo legal para el año 2012, en $566.700.   

33  9 de septiembre de 2001.   

34 30  de agosto de 2012.   

35  Carpeta    No.    10-1   

36  Carpeta    No.    10-1   

37  Carpeta    No.    10-1   

38  Corte Constitucional,  sentencia C-370 de mayo 18 de 2006.   

39  Consejo de Estado, sentencia del 13 de agosto de 2008. Rad. 17042.   

40  Corte Constitucional. Sentencia C-916 de 2002.   

41  Ver página 106 del fallo   

42Consejo  de  Estado,  Sección Tercera, Subsección A. Nueve (9) de  marzo  de  dos  mil once (2011), C. P. (E): Dra. Gladys Agudelo Ordoñez, actor:  José      Argemiro      Varón     Rodríguez     y     otros,     Rad     No.:  76001-23-31-000-1999-01507-01(28270).   

43  Corte  Suprema  de  Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia del 6 de agosto  de  2003, Radicado 18.626:“Así pues, la experiencia forma conocimiento, y los  enunciados  basados  en  ésta  conllevan generalizaciones, las cuales deben ser  expresadas  en términos racionales para fijar ciertas reglas con pretensión de  universalidad,  por  cuanto, se agrega, comunican determinado grado de validez y  facticidad, en un contexto socio histórico específico”.   

44  Desde   la   fecha  del  deceso  al  momento  de  la  liquidación (30 de agosto de 2012).   

45  Sentencia  de  casación  civil del 9 de diciembre de  2011, radicado No. 5900.   

46  Sentencia  de  casación civil del 9 de septiembre de  1996, radicado No. 6212   

47  Posteriormente  se  incorporó  el  correspondiente registro civil de matrimonio  (folio 119 carpeta No. 20)   

48 Ver  folio 22 carpeta No. 20   

49  Al  folio  120  de  la  misma  carpeta obra copia del  registro  civil  de  defunción  de  la señora Juana María Muñoz Díaz, dando  cuenta   que   la   muerte   se   ocasionó  “con  arma  de  fuego  en  hechos  violentos”.   

50  Carpeta No. 6   

51  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Civil,  sentencia       del       13       de      mayo      de      2008,      Radicado  11001-3103-006-1997-09327-01.   

52  Página     232     del     fallo    de    primera  instancia     

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