40554(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                  GUSTAVO      ENRIQUE      MALO  FERNÁNDEZ   

                            Aprobado Acta No. 60.   

Bogotá,  D.C., veintisiete de febrero de dos  mil trece.   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  MICHAEL  SEBASTIÁN   ROMERO   RODRÍGUEZ,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Bogotá el 28 de septiembre de 2012, que  confirmó  el  fallo  proferido el 16 de agosto del mismo año por el Juzgado 33  Penal  Municipal  con  Funciones de Conocimiento de Bogotá, que condenó, entre  otros,  al  mencionado  procesado  como coautor del delito de hurto calificado y  agravado.   

HECHOS   Y   DECURSO  PROCESAL   

1.  En  el  fallo  impugnado se narraron los  hechos de la siguiente manera:   

“Da cuenta la actuación que el 15 de abril  de   2012,   siendo   aproximadamente   las   10:00   de  la  mañana,  mientras  J.M.R.C.1  se desplazaba entre calle 40 sur con carrera 72G, fue abordado por  dos  individuos, donde uno de ellos le puso la mano sobre su hombro y le exigió  que  le  pasara todos los bienes que tuviera, al paso que el segundo de ellos lo  requirió  para  que le entregara el celular o de lo contrario atentaría contra  su  vida,  por lo que el menor hizo entrega de su teléfono móvil. No obstante,  los  sujetos procedieron a requisarle los bolsillos del pantalón, apropiándose  también de doscientos quince mil pesos.   

Una  vez  los  sujetos  despojaron  de  sus  pertenencias  a  J.M.R.C.,  emprendieron  la  huida,  momento  en  el  cual hizo  presencia  una  patrulla  de la Policía Nacional, a la cual el ofendido acudió  para   informar  lo  acontecido,  por  lo  que  los  gendarmes  emprendieron  la  persecución,  logrando  la captura de HAROLD SANTIAGO QUINTERO PRIETO y MICHAEL  SEBASTIÁN ROMERO RODRÍGUEZ.   

“La  víctima  fijó  el  valor  de  los  elementos  hurtados en doscientos quince mil pesos en efectivo, un celular marca  Alcatel  avaluado  en ochenta mil pesos y una memoria USB valorada en veinte mil  pesos.  Así  como  también  determinó  el valor de los daños y perjuicios en  trescientos mil pesos.”.   

2. El 16 de abril de 2012, ante el Juzgado  Catorce  Penal  Municipal  con  Función de Control de Garantías de Bogotá, se  llevaron  a  cabo  las  audiencias  de legalización de captura, formulación de  imputación    e   imposición   de   medida   de   aseguramiento   contra   los  capturados  HAROLD  SANTIAGO  QUINTERO  PRIETO y MICHAEL SEBASTIÁN ROMERO RODRÍGUEZ.  La imputación se  hizo  por  el  delito  de  hurto  calificado  por la violencia y agravado por la  coparticipación,  de  conformidad  con  lo previsto en los artículos 239, 240,  inciso  2º,  y  241-10  del  Código Penal, cargos que aceptaron los imputados,  debidamente asesorados por su defensor.   

3.  El  16  de  agosto de 2012, ante el Juez  Treinta  y  Tres  Penal  Municipal  con Funciones de Conocimiento de Bogotá, se  llevó  a  cabo la audiencia de allanamiento e individualización de la pena, en  el  curso de la cual se impartió aprobación al allanamiento a cargos hecho por  los imputados.   

Seguidamente, el Despacho corrió el traslado  previsto  en  el artículo 447 de la Ley 906 de 2004, al cabo del cual profirió  sentencia  de  primera instancia, en la cual condenó a los mencionados QUINTERO  PRIETO  y ROMERO RODRÍGUEZ, a la pena de 33 meses y 7 días de prisión  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  negándoles  tanto la suspensión condicional de la ejecución de  la pena como la prisión domiciliaria.   

4.  Contra  la  anterior  determinación  el  defensor  común  de los procesados interpuso recurso de apelación, dando lugar  al  fallo  de  segunda  instancia  emitido  el  28  de  septiembre  de 2012, que  confirmó íntegramente la decisión impugnada.   

Contra   la  anterior  determinación,  el  defensor   de   MICHAEL   SEBASTIÁN  ROMERO  RODRÍGUEZ  presentó  demanda  de  casación.   

SÍNTESIS  DE LA DEMANDA   

Al amparo de la causal primera del artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  acusa la sentencia de ser violatoria, por vía  directa  de  la  ley  sustancial,  al  negarse al procesado los subrogados de la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria,  cada  uno  de  los  cuales  sustenta  de manera independiente, en los siguientes  términos:   

Primer cargo  

En   relación  con  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena primero, después de citar  el  artículo  63  del  Código  Penal,  señala  que su representado reúne las  condiciones  para  acceder  al beneficio, pues en cuanto al aspecto objetivo, la  pena  impuesta  no  excede  los tres años de prisión, y en cuanto al subjetivo  debe  considerarse  que:  (i)  MICHAEL  SEBASTIÁN ROMERO RODRÍGUEZ no registra  antecedentes;  (ii)  es  un  sujeto  “primario” de la infracción penal, con  arraigo  social,  cultural  y  familiar;  (iii)  cuando  cometió la infracción  acababa  de  cumplir 18 años; (iv) tiene una relación marital con una joven de  apenas  17  años,  unión  de la cual existe una menor nacida el 31 de enero de  2012,  hogar  que  mantiene  el  procesado;  (v)  en  relación  con  el delito,  indemnizó  los  daños  y  perjuicios causados; (vi) se encuentra completamente  arrepentido  de  su  proceder,  que  ejecutó por la pobreza y falta de empleo.-   

Tales circunstancias, dice, no fueron tenidas  en  cuenta  por el fallador, a quien le cuestiona que para negar el subrogado de  que  se  trata  haya  acudido  a la modalidad y gravedad de la conducta punible,  cuando  no  es el único referente a observar, porque el legislador obliga haber  un  estudio, en conjunto, con los antecedentes personales, sociales y familiares  del  sentenciado, para concluir de allí si es o no necesario el cumplimiento de  la pena.   

Allí,   dice,   radica   el   error   de  interpretación  del  inciso  2º  del  artículo  63 del Código Penal, máxime  cuando   señaló  que  la  modalidad  y  gravedad  del  hecho,  “da  un  referente  próximo  al  desempeño  personal  y social del  condenado”,  contrariando  la  tesis jurisprudencial  contenida   en   la   sentencia   del   6   de   julio  de  2006,  radicado  No.  25.106.     

Agrega  que ninguna ley prohíbe conceder la  condena  de  ejecución  condicional  para estos delitos, pues a pesar de que la  víctima  fue  un menor, el artículo 199, numerales 2, 4, y 6 de la Ley 1098 de  2006,  no  impiden  la  aplicación de los mecanismos sustitutivos para el hurto  calificado y agravado.   

Segundo cargo  

Respecto  de  la  violación  directa de los  artículos  38  y 38 A del Código Penal, en consonancia con el artículo 461 de  la  Ley  906  de  2004,  esgrime  que como el Tribunal acudió, igualmente, a la  modalidad   y   gravedad   del  hecho  punible  para  sustentar  su  pronóstico  desfavorable  contra  ROMERO  RODRÍGUEZ,  caben  las reflexiones traídas en el  cargo anterior frente al tema.   

Según el defensor, contrario a lo sostenido  en  el  fallo,  su  representado  cumple  los  presupuestos  consagrados  en los  mencionados  artículos  38  A  y  38  del  Código  Penal,  porque: (i) la pena  impuesta  no  supera  los  8 años, e incluso está por debajo de los 5; (ii) el  delito  por  el cual se procede no se encuentra excluido del beneficio; (iii) el  procesado  no  registra antecedentes penales; (iv) su desempeño laboral, social  y  familiar  se  encuentran  dentro  del  marco  legal;  (v)  pagó los daños y  perjuicios   causados   con  la  infracción;  (vi)  está  dispuesto  a  firmar  diligencia de compromiso mientras dure la ejecución de la pena.   

Trae    a    colación    jurisprudencia  constitucional   acerca   de   la  obligación  estatal  de  garantizar  ciertas  condiciones  materiales de existencia a la población reclusa, las que hoy no se  cumplen   dadas   las   dificultades   por   las   que   atraviesa   el  sistema  penitenciario.   

Finalmente,  aduce  que en caso de que no se  admita el libelo, se revise el caso de manera oficiosa.   

Culmina solicitando que se case la sentencia  para  que se conceda a su representado la condena de ejecución condicional o la  prisión domiciliaria.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

         La     postulación     del    recurso  extraordinario  de casación, insiste la Sala, obedece  a  la necesidad de denunciar y demostrar la objetiva transgresión de la ley por  el  fallo,  razón por la cual la demanda que sustenta  la     impugnación,  necesariamente  debe cumplir ciertos requisitos de forma y contenido,  establecidos  por el artículo 183 de  la  Ley 906 de 2004, a fin de que pueda ser admitido por la Corte, sin perjuicio  de la facultad oficiosa que tiene la misma para decidir de fondo.   

En   el   cargo  primero, el demandante sostiene que el juzgador violó  directamente  la  ley  sustancial,  específicamente el artículo 63 del Código  Penal,  ya  que  en  favor  de  su  defendido concurrían las exigencias de tipo  objetivo  y  subjetivo  para  acceder  al  sustituto  penal  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena, pero se lo negó apoyado en el último  factor,  por  interpretación  errónea  de los condicionamientos exigidos en la  ley,  que  lo llevaron a hacer un análisis incompleto de la situación personal  de su representado.   

         

Bajo  esa  enunciación,  lo  que critica el  censor  es que el juzgador haya fundado la negativa del subrogado en la gravedad  del  hecho  punible,  dejando  de  lado los antecedentes personales, familiares,  laborales  y  sociales  del  acusado,  de  quien  destaca  que es un delincuente  primario,  joven,  con  arraigo; que indemnizó los perjuicios; que exteriorizó  arrepentimiento y que tiene a su cargo una familia.   

Sobre esta temática, ya la Sala ha señalado  que  cuando  se  acude a la violación directa de la ley sustancial para lograr,  en  sede  de casación,  el reconocimiento de la suspensión condicional de  la  ejecución de la pena, no basta con afirmar, como en la instancia, que en el  proceso  se  cumplen los presupuestos objetivos y subjetivos establecidos por el  artículo  63  del  Código  Penal,  sino  que  es  preciso  demostrar que dicho  precepto  sustancial  fue  vulnerado  por falta de aplicación a pesar de que el  Tribunal  declaró  probado el supuesto del mismo, lo cual impone que se acepten  las  pruebas  tal y como las estimó el juzgador girando el debate en torno a la  norma  misma,  pues  el  ataque  debe orientarse a demostrar un desacierto en el  plano estrictamente jurídico.   

Del desarrollo argumentativo del reproche se  evidencia  que  el censor quebranta la anterior regla, pues si hace consistir la  censura  en un análisis equivocado en torno a la personalidad del procesado, en  tanto  considera que de haberse tenido en cuenta algunas circunstancias probadas  que  lo  favorecen,  se  le habría otorgado la condena condicional, ciertamente  desborda   el   ámbito   de  impugnación  que  se  anuncia  para  caer  en  la  transgresión  indirecta  de  la  ley  sustancial,  la  cual,  aparte  de no ser  postulada     en     la     demanda,     tampoco    encuentra    desarrollo    y  demostración.   

Pero  dejando  de lado esa incorrección, lo  que  busca  la  alegación  del  recurrente  es que la Corte acoja su particular  posición  en  el  sentido  de  que  por  determinarse  que  su  defendido es un  delincuente  primario, joven, con arraigo, arrepentido y sin antecedentes, ya es  suficiente  para  que  se  le  favorezca con dicho beneficio, dejando de lado el  riguroso  examen  que  procede  acerca de la modalidad y gravedad de la conducta  punible   imputada,   tal   como   lo   demanda   la   norma   cuya   violación  denuncia.   

Pero  además,  una revisión objetiva de la  actuación  permite  corroborar  que el defensor ofrece una alegación acomodada  de  lo  sucedido,  en  tanto, asegura que los elementos de juicio atinentes a la  personalidad  de  su  representado  no  fueron  tenidos  en cuenta, cuando es lo  cierto   que  sí  fueron  analizados  y  que  fueron  otros  los  factores  que  determinaron la negativa del subrogado penal.   

En  efecto,  al verificar si concurrían los  requisitos  para  conceder  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la  pena, en el fallo de primera instancia se dijo que:   

“Resulta   evidente   que   concurre  el  presupuesto  de orden objetivo dado que la pena a imponer no supera los tres (3)  años de prisión.   

“En lo que respecta al presupuesto de orden  subjetivo,  este comporta dos hipótesis, la primera referida a los antecedentes  personales,  sociales  y  familiares  del  acusado y la segunda a la modalidad y  gravedad de la conducta punible.   

“Frente  a  la  primera  hipótesis  debe  señalar  que  también  se  encuentra a favor de los dos implicados como quiera  que    la    Fiscalía    logró    probar   que   no   registran   antecedentes  penales.   

“En  cuanto  a  la  segunda hipótesis que  tiene  que  ver  con la modalidad y gravedad de la conducta punible debe decirse  que  el delito de hurto calificado y agravado es grave pues no solamente implica  que  la  persona  vea  afectado  su  patrimonio económico, sino que también se  ponga  en riesgo la vida y la integridad personal, cuando se utilizan armas para  intimidarla como ocurrió en este evento,…”   

   A  continuación  de lo cual el Juez  hace  alusión  a  la  función  de  prevención  general y especial de la pena,  citando   un   antecedente   jurisprudencial,  según  el  cual  “la   sociedad   no   puede   quedar   inerme   ante  esta  clase  de  comportamientos,   sino   que   espera  una  sanción  drástica,  dado  que  un  tratamiento     benigno    conduciría    a    otros    a    seguir    el    mal  ejemplo…”.   

Posición  que  es  avalada  en  el fallo de  segunda  instancia,  en  el  que  después  de  reconocer  que los procesados no  registran   antecedentes   penales   y  que,  por  tanto,  no  son  delincuentes  habituales,  tenía  especial  relevancia  las  circunstancia del hecho juzgado,  como quiera que:   

“…interceptaron a J.M.R.C., persona menor  de  edad, lo sujetan del hombro, impidiéndole su desplazamiento y lo intimidan,  al  tiempo  que  lo  despojan  de  su  celular,  una  memoria USB y $ 215.000 en  efectivo  que  llevaba  consigo…  Además,  aunque los atacantes no produjeron  ninguna  lesión  física  al  ofendido, lo cierto es que mediante la amenaza de  lesionarlo  y  la  exhibición del arma contundente que utilizaron en su contra,  pusieron  en  riesgo  su  integridad  personal,  generando  un  negativo impacto  emocional   en   él,   dada   la  forma  como  lo  abordaron  y  doblegaron  su  voluntad…”   

Aunado  a ello, agrega el Tribunal, no puede  desconocerse   que   la   víctima   era   un  menor  de  edad,  “por  lo que se advierte una mayor gravedad en el desarrollo del acto  criminoso,  pues  resulta  totalmente  reprochable  que  sujetos  con  egoístas  pretensiones  económicas  se  aprovechen  del  estado  de  indefensión  de  un  adolescente,  quien  por  su  poco  desarrollo  físico  y  mental  no  está en  capacidad de defenderse.”   

Queda  verificado, entonces, que el juzgador  sí  tuvo  en  cuenta  lo  atinente  a  la  personalidad  de  los acusados. Cosa  diferente  es que haya concluido, previo juicio de ponderación, que ello no era  suficiente  para  concederles  el  sustituto  penal  de la condena de ejecución  condicional,  pues,  constituía un obstáculo para ello la gravedad y modalidad  de    la    conducta    punible,    tópico   este   que   analizó   amplia   y  profundamente.   

         De   todas   maneras  no  sobra  agregar  que  al pronóstico       favorable       para       la       concesión        del        subrogado   sólo  se  llega  después  de  verificar  cada  uno  de  los tópicos que establece el artículo 63 del Código  Penal,    en   aras   de  determinar  que todos se cubren cabalmente,   pues  con el sólo hecho de que  alguno  de  ellos  no  supere  ese examen     positivo,     se    impide    la  concesión        del        mecanismo  excarcelatorio.   

         Ello,   porque   la   pena  cumple  unas  funciones   particulares,  establecidas      en     el     artículo           4º del Código penal, particularmente la  de   prevención   general,  a  cuyo  amparo    debe    advertirse    cómo    la   gravedad   del   delito  implica     necesaria     la     condigna   sanción   efectiva   del   mismo,  para  que  así  se  satisfagan las expectativas de la  sociedad  y  se  envíe  el  mensaje  de  que  la justicia nunca es laxa  cuando  el  daño  causado  a  la  comunidad es grande, en busca de enervar la posibilidad de repetir.   

         En   este   caso,   el   que   se   haya  utilizado      un  arma,  con  el  patente  peligro  de  afectar  bienes  jurídicos  de  mayor  calado,  y  además  que  se  atacara a un menor de edad,  representan  factores  que  acrecientan   de   manera   superlativa   la  naturaleza  del  delito  ejecutado  y,      desde      luego,      generaron una mayor  zozobra     en     la  comunidad,      haciéndose      necesario     el  efectivo   cumplimiento   de   la   pena,   como  lo  determinaron       las       instancias,  en  el  cometido  de  que esta cumpla con sus finalidades de  prevención especial y general.   

            

Por   lo  tanto,  aunque  los  procesados  no                registraran   antecedentes  penales y no se  conozca  tacha con respecto  de   su   comportamiento   social   y  familiar  antes  del  delito  que  se  le  imputa,  ningún  yerro  cometió  el juzgador cuando  negó  la suspensión condicional de la ejecución de  la   pena,  teniendo  como  fundamento  la  modalidad  y  gravedad del delito, que advertía la necesidad de  aplicar a los procesados tratamiento penitenciario.   

Respecto  a  la  negativa  de  la  prisión  domiciliaria,  que  el casacionista demanda en el cargo  segundo, basta señalar que en la sentencia de primera  instancia  se  advirtió  que  no  se  cumplía  el presupuesto objetivo para su  concesión,  dado  que  la  pena  mínima  para  el delito de hurto calificado y  agravado  es  de  144  meses  de  prisión,  superando  ese  tope los 5 años de  prisión   que   señala   el   artículo   38  del  Código  Penal  para  tales  efectos.   

El censor, de manera equivocada, alega que a  favor  de  su  defendido  se  cumple  el  requisito  objetivo  establecido en el  precepto  citado,  porque  la  pena impuesta no superó los 5 años de prisión.   

No  obstante,  el artículo 38, numeral 1º,  establece que:   

“La  ejecución de la pena privativa de la  libertad  se  cumplirá  en el lugar de residencia o morada del sentenciado o en  su  defecto  en  el  que  el  Juez  determine,  excepto  en  los casos en que el  sentenciado  pertenezca  al grupo familiar de la víctima, siempre que concurran  los siguientes presupuestos:   

1.- Que la sentencia se imponga por conducta  punible  cuya pena mínima prevista en la ley sea de cinco (5) años de prisión  o menos…”   

Sin  dificultad  se  advierte  que  para  la  procedencia  de  la prisión domiciliaria, el referente inequívoco en cuanto al  factor  objetivo,  está  dado  en que la pena mínima  prevista  en  la ley sea de cinco (5) años de prisión  o  menos,  sin  que en aparte alguno se diga que ese tope o uno disminuido, hace  referencia   a   la   “pena  imponible”.   

En  muchos  eventos la sanción deducida por  rebajas  puede  ser  menor de la referida en la norma, sin que ello traduzca una  mutación del requisito en mención.   

Para la situación objeto de examen, es claro  que  de  acuerdo  con  los  artículos  240 y 241 de la Ley 599 de 2000, la pena  mínima  fijada  para el comportamiento de hurto calificado y agravado atribuido  y  aceptado  por  ROMERO  RODRÍGUEZ,  sobrepasa  el tope de cinco (5) años, de  donde  se  infiere  que  el  fallador  no le hizo comportar efectos restrictivos  contrarios  a  la  prevalencia  del derecho sustancial, fundamento que de manera  objetiva  excluye  la  aplicación  de  ese  instituto, sin que para el caso sea  posible   pasar  al  análisis  de  la  concurrencia  o  no  de  los  requisitos  consagrados en el numeral segundo de la norma en cuestión.   

Así las cosas, los evidentes desaciertos en  la  fundamentación del cargo, conducen indefectiblemente a la inadmisión de la  demanda  de casación presentada a favor del procesado MICHAEL SEBASTIÁN ROMERO  RODRÍGUEZ.   

Por último, ha de manifestarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían a la Corte superar los defectos de la demanda para  decidir  de  fondo,  de  conformidad  con  el  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

1.   INADMITIR  la demanda de casación presentada a nombre de MICHAEL  SEBASTIÁN   ROMERO   RODRÍGUEZ,   por  las motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA     DEL     R.     GONZÁLEZ  MUÑOZ       GUSTAVO    ENRIQUE    MALO    FERNÁNDEZ     

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO      JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  “En  la  presente decisión no se citará el nombre  completo  del menor involucrado, en aplicación a lo normado en el numeral 8 del  artículo 47 de la Ley 1098 de 2006.     

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