40438(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 060.   

Bogotá D.C., febrero veintisiete (27) de dos  mil trece (2013).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  del   libelo   de   casación   presentado   por  el  defensor  de  GUSTAVO  ADOLFO  TEZADA  AGUILAR  con el  objeto  de  sustentar  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de  Popayán  el  25  de  septiembre  de  2012, a través de la cual confirmó la de  primer  grado  dictada  el 24 de julio anterior por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Santander de Quilichao que condenó al mencionado por el delito de  acceso         carnal         violento        agravado        en        concurso  homogéneo.             

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los   acontecimientos  que  motivaron  el  presente  diligenciamiento,  fueron  declarados por el Tribunal, de la siguiente  manera:   

“El  11  de  febrero  de 2011, la señora  Andrea  Yanet Alzate Ordóñez, arriba a la Unidad de Reacción Inmediata (URI),  sede  Santander de Quilichao, a formular denuncia por hechos de violencia sexual  en   lo   cuales  habría  sido  víctima  su  menor  hijo  D.F.G.A.1   

,  quien  fuera accedido carnalmente en dos  oportunidades     por     un     sujeto     a     quien     identificó     como  Gustavo.        

Aseguró  la  denunciante,  que  el agresor  ejecutó  la conducta, valiéndose de amenazas de muerte contra la víctima y su  hermano   menor,   actos   que   reiteró   a   través   de   la   red   social  Facebook…”.   

Con  fundamento  en lo anterior, un juez de  control  de  garantías, a petición de un fiscal, en audiencia reservada libró  orden  de  captura  en contra de GUSTAVO ADOLFO TEZADA  AGUILAR, tras cuya materialización se celebró, ante  el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal con Funciones de Control de Garantías de  Santander  de  Quilichao,  audiencia  preliminar concentrada, durante la cual se  legalizó  la  aprehensión  y  la  Fiscalía formuló imputación en contra del  mencionado por el delito de  acceso  carnal  violento  agravado, por el cual, además, se le impuso medida de  aseguramiento  de  detención preventiva en establecimiento carcelario. El cargo  no fue aceptado por el imputado.   

Luego, el 9 de abril siguiente, la Fiscalía  presentó   escrito   de   acusación  en  contra  del  procesado  como  posible  responsable  del delito de acceso carnal violento agravado (arts. 205, 211-4 del  C.P.),  “cometido  bajo  la  modalidad del concurso  homogéneo  de  conductas  punibles  de  que  trata  el  canon  31  del estatuto  punitivo,  por  cuanto, como se indicó en la audiencia de imputación, el menor  fue   accedido   sexual   y   violentamente   en   dos  ocasiones”.   

El cargo anterior fue ratificado por el ente  acusador  durante  la audiencia de formulación de acusación realizada el 11 de  mayo  ulterior  ante  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Santander de  Quilichao.        

Bajo  la  dirección  del mismo despacho se  evacuaron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juicio  oral,  a  cuyo término  profirió  fallo  de  primer  grado  por  medio del cual condenó a TEZADA  AGUILAR  a  la pena principal de  doscientos   dieciséis   (216)   meses   de   prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  período  igual,  al encontrarlo autor penalmente responsable del punible por el  cual  se  lo acusó, en concurso homogéneo. Así mismo, le negó la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  el  sustitutivo de la prisión  domiciliaria.   

Inconforme  con  la  decisión  anterior la  apeló  la  defensa  del  sentenciado,  siendo  confirmada  por  el  Tribunal de  Popayán el 25 de septiembre de 2012.   

Contra  esta  última providencia, la misma  parte,  en  forma exclusiva, interpuso recurso extraordinario de casación, para  cuya sustentación allegó oportunamente libelo.   

LA  DEMANDA   

         Contiene  dos  censuras  contra  el  fallo  impugnado;  la primera,  sustentada  en  la  causal  segunda del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por  nulidad  y,  la segunda, con apoyo en la tercera, por violación indirecta de la  ley sustancial.   

         Con    fines    metodológicos   y   para   precaver   repeticiones  innecesarias,  la  Sala,  en el siguiente acápite considerativo, comenzará por  sintetizar  las  censuras  en  forma independiente y, acto seguido, expondrá su  criterio acerca del cumplimiento de los presupuestos de admisión.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.    Planteamiento    del    primer    cargo.    Causal    segunda,  nulidad:   

          Para  el  censor, se incurrió en vicio de garantía que afectó el  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa.  En  su  exposición, parte de los  siguientes interrogantes:   

         “¿Pueden   el  juez  de  primera  instancia  y  el  H.  Tribunal  Superior,  en segunda instancia, condenar a GUSTAVO ADOLFO TEZADA AGUILAR por un  supuesto  concurso  homogéneo de delitos de acceso carnal violento, sabiéndose  como  se  sabe  que únicamente el señor fiscal delegado enunció en el escrito  de  acusación  un segundo hecho presuntamente acaecido el 9 de febrero de 2011,  sin   que   lo   hubiera   debatido   y  demostrado  en  el  juicio?.   

         ¿Puede  el  juzgador  de segunda instancia confirmar una sentencia  condenatoria  aduciendo  que  en  la audiencia de formulación de acusación, el  fiscal   fue   claro   en   determinar   el  concurso  homogéneo  de  conductas  punibles   referidas  al  acceso carnal del que fuese víctima el menor, en  dos  oportunidades,  refiriéndose   a las circunstancias de modo, tiempo y  lugar  distintos,  en  que  fueran perpetradas las conductas, pero sin que en la  audiencia   del  juicio  se  hubiera  debatido  la  otra  conducta  dándole  la  oportunidad  al  acusado  por  medio  de su abogado de defenderse frente a dicha  nueva  acusación?  Omitiendo lo reglado en el artículo 378 y 8° de la Ley 906  de 2004?”.   

         Luego  de recordar los argumentos del Tribunal según los cuales en  el  escrito  de  acusación  hubo  claridad  para  imputar  la segunda conducta,  replica  que  “no  bastaba  con  enunciar  las  dos  conductas.  El  ente acusador estaba en la obligación de probarlas en el juicio  para  poderse hablar del concurso de delitos. Y no sólo probarlas sino darle la  oportunidad  a la defensa de controvertir ese supuesto otro hecho”.   

         Acto  seguido,  evoca cómo, en un caso similar, la corporación de  segunda  instancia  con apoyo en la jurisprudencia de esta colegiatura insistió  en  que  la  ausencia de precisión en la relación de los hechos jurídicamente  relevantes  de la acusación, no puede ser supuesta ni inferida en forma tácita  por  los  juzgadores,  so  pena  de  vulnerar  las garantías referidas, como se  reconoce  en  tratados  internacionales  ratificados  por  el  Estado,  como  la  Convención  Americana  de Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos  Civiles  y  Políticos,  siendo  la  única  forma  de  garantizar el derecho de  contradicción.   

         En  el  caso de la especie, alude el recurrente, los sentenciadores  “atendiendo  la formulación de acusación, dan por  sentado  que el 2 y el 9 de febrero de 2011 GUSTAVO ADOLFO TEZADA AGUILAR abusó  sexualmente  del  menor.  Pero  el  proceso  versó exclusivamente, en cuanto al  desarrollo   probatorio,  sobre  los  presuntos  hechos  del  2  de  febrero  de  2011”.   

         Entonces,   prosigue,   “si   en   la  audiencia  del  juicio  oral no se debatieron los hechos presuntamente ocurridos  el  9  de  febrero  de 2011, sino los del 2 de febrero, no hubo oportunidad para  defender  a  TEZADA  AGUILAR  por  esos  hechos  del 9 de febrero”,   por   lo   cual   no   se   puede   hablar   de   concurso   de  delitos.   

         A  juicio del actor, por consiguiente, la Fiscalía ha debido hacer  una  imputación por ese otro delito, cuya ocurrencia tuvo lugar en sitio y día  diferente al debatido en el juicio.   

         En  ese  orden  de  ideas,  el Tribunal estaba obligado a anular la  actuación a partir de la audiencia de formulación de acusación.   

         Consideraciones:   

De      cara     a     determinar     si     esta    censura  satisface  los  presupuestos  de  admisibilidad contenidos en los artículos  183  y 184 de la Ley 906 de 2004, ha menester recordar  que  si  bien  la  propuesta  de  nulidad  goza  de  cierta  flexibilidad  en su  proposición no se la puede concebir como un alegato de instancia.   

         Así,  es  preciso  que en ella se identifique claramente el motivo  sobre  el cual gira la irregularidad advertida, la causal de nulidad que procede  como  consecuencia  de  ese  defecto,  las  normas que apoyan la pretensión, la  trascendencia  que genera, bien en el marco de la estructura del proceso o en el  de  las  garantías  fundamentales  de  quien  la invoca y el momento procesal a  partir  del  cual  se debe invalidar la actuación, así como la indicación del  funcionario           judicial           al           cual           corresponde  rehacerla.           

         A  ello  se  aúna el deber de evidenciar que se justifica acudir a  este  remedio  extremo acorde con los principios orientadores de la declaratoria  de  las  nulidades,  a  saber:  taxatividad,  instrumentalidad  de  las  formas,  trascendencia,   protección,   convalidación,  residualidad  y  acreditación.   

Por  consiguiente,  sólo  en  cuanto  se  verifique  que  la  censura  cumple  con tales pautas, se podrá concluir que se  ajusta  a  los  requisitos previstos en las normativas mencionadas para entrar a  su estudio de fondo.   

         Pues  bien,  para  la  Corte es  evidente  que  el reparo   objeto   de  análisis  no  satisface  los  presupuestos  indicados  y,  en  esa medida, se  inadmitirá.   

         A  dicha  conclusión  se  arriba,  en  primer  lugar, porque    ni    siquiera    se   logra  identificar,     con  indispensable  claridad, el  motivo sobre el cual gira la irregularidad propuesta.   

         En  efecto,  al  interior  del reparo el  actor  refiere  indistintamente  que, de un lado, el ente fiscal no cumplió con  el  deber que le asistía de  imputar  adecuadamente  la segunda conducta atribuida  al     implicado     GUSTAVO     ADOLFO     TEZADA  AGUILAR,  lo  cual  erige  un  defecto  de  garantía  en     tanto  esa  circunstancia  resulta  vulneradora  del  debido proceso  y,  correlativamente,   del  derecho  de  defensa,  pero,  a  la  par y  de  manera  concomitante  pregona que  tampoco  cumplió  con  el  deber  de demostrar probatoriamente en el juicio ese  segundo   atentado   contra   la   libertad  sexual  del  menor  víctima  de los hechos, ocurrido dos días  después del primer episodio.   

         Es  evidente  que la primera proposición  encuadra   en   la   causal   invocada,   mas   no   la   segunda,  referida   a   un   yerro  trasladable al  juzgador   de   segunda  instancia  quien  a  pesar  de no estar demostrada la  conducta   punible   emite   sentencia  condenatoria,  cuya  senda  de  discusión  es  a través de la causal  tercera  de  casación a consecuencia del “manifiesto        desconocimiento        de        las  reglas de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha fundado la  sentencia”  por  los denominados errores de hecho o  de  derecho;   los  primeros  derivados  de  falsos  juicios de existencia,  identidad  o  raciocinio  y,  los segundos, por falsos  juicios  de  legalidad  o  convicción,  los  cuales  de   manera  alguna       desarrolla    en   el   reproche,   limitándose  de   forma   simplemente   enunciativa  a  señalar  que   la   Fiscalía   no   logró   demostrar   la  responsabilidad   de   TEZADA   AGUILAR en el juicio.   

         Esto  último, repárese, se traduce escuetamente la exposición de  su  visión  íntima  sobre  la  valoración  de las pruebas, dicho sea de paso,  carente  de  explicación  y  al  margen de los errores señalados, que no sólo  atenta  contra  la  naturaleza  del  recurso,  bajo  la consideración de que no  constituye  una  tercera  instancia, sino que desborda la noción de error, pues  el  asunto  se  circunscribe  a  enfrentar  dos  puntos  de vista sobre un mismo  tópico,  insuficiente  para  resquebrajar  la  doble  presunción  de acierto y  legalidad que gobierna al fallo cuando arriba a esta sede.   

En  todo  caso,  la  entremezcla de los dos  motivos  de  casación  en un mismo reparo genera confusión, por ello el censor  estaba  compelido a instaurarlos en cargos independientes, para no dificultar su  entendimiento.   

No  haber  procedido  de esa forma, como se  extrae  de  los  artículos  183, modificado por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y  184  de  la Ley 906 de 2004, configura    desconocimiento abierto  de  principios  regentes  de  la  actividad  casacional  en procura de conseguir  escritos  que  satisfagan  las  exigencias  argumentativas propias de este medio  extraordinario   de  impugnación  de  naturaleza  rogada,  tales  como  los  de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales, coherencia, no exclusión y no contradicción.   

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Además,  cuando  se  involucran propuestas  antagónicas  en una misma censura, como aquí sucede, como son la violación de  la  ley  sustancial,  porque  en  ese caso se acepta la validez de la actuación  procesal    (yerro    in   iudicando   o  de  juicio),  y  la nulidad, en donde precisamente se reniega de  ese   aspecto   (yerro   in  procedendo  o   de  procedimiento),  evidente  deviene  la  violación  de  los  postulados  vistos  que  diferencian  la  casación  de  los  demás  medios  de  impugnación,  constituyendo  tal  actitud  motivo  suficiente para inadmitir la  censura.   

Pero no sólo esa deficiencia argumentativa  impone  tomar esa determinación, pues, y en segundo orden, también es evidente  que  en  la  construcción  relacionada  con  el  vicio  de  garantía invocado,  concerniente  a que el ente acusador se apartó del deber de imputar debidamente  la  conducta  atribuida,  falta  a  la  verdad  y,  por  lo  mismo, irrespeta el  denominado  principio  de corrección material que con celo extremo rige en esta  sede.   

Como  lo  tiene  sentado  esta Colegiatura,  erige  motivo  para  casar el fallo, a tenor de la causal segunda prevista en el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  la  incongruencia  entre éste y la  acusación  (conformada  por  el  escrito  de  acusación  y  la formulación de  acusación),  así  como  la  solicitud  de  condena  elevada  por  la fiscalía  -referente  de  congruencia  según el artículo 448 de la Ley 906 de 2004-, por  afectación  de  la  estructura lógica del proceso y del derecho de defensa, en  cuanto   se   introducen,   fáctica   o   jurídicamente,  conductas  punibles,  circunstancias  específicas  de  agravación  o  de  mayor  punibilidad,  o  se  desconocen  las  específicas  de  atenuación o de menor punibilidad tenidas en  cuenta  al  momento  de acusar, o se hace más gravosa la forma de intervención  en  el delito, en cuyo caso se impone una nueva sentencia que se sujete al marco  preciso de la acusación.   

          Pues  bien, amén de que el actor ni siquiera señala claramente si  su   inconformidad  deriva  de  la  defectuosa  imputación  fáctica  o  de  la  jurídica,  o  de  ambas,  en  cuanto  a  la  segunda afrenta sexual endilgada a  TEZADA  AGUILAR  contra el  menor  D.F.G.A.,   sucedida   el   9   de   febrero  de  20112,  lo  cierto  es  que,  como  con  tino lo indicó el ad  quem, en tanto este tema también fue  sustento  del recurso de apelación interpuesto contra el fallo de primer grado,  la   confrontación   material   del  expediente  conduce  a  una  comprobación  totalmente opuesta.   

Ciertamente,  desde  la  misma  audiencia  preliminar  de  formulación de imputación la Fiscalía fue profusa y enfática  en  indicar  fácticamente  los  dos  episodios  en  que  el  menor fue accedido  carnalmente       por       el       implicado3;  los cuales también se  consignaron              en              el              escrito              de  acusación            del 9 de  abril  de  2011,  cuyos  términos  fueron  reiterados  durante  la audiencia de  formulación  de  la misma llevada a cabo el 11 de mayo postrero, para imputarse  jurídicamente  el  delito  de acceso carnal violento agravado (arts. 205, 211-4  del   C.P.),  “cometido  bajo  la modalidad del concurso homogéneo de conductas punibles de que trata el  canon  31  del  estatuto punitivo, por cuanto, como se  indicó  en la audiencia de imputación, el menor fue  accedido  sexual  y  violentamente en dos ocasiones”  (subrayas fuera de texto).   

Ahora bien, el debate suscitado en el juicio  oral  comprendió  los dos comportamientos delictivos y, por esa razón, al cabo  de  su alegato de conclusión el representante de la Fiscalía solicitó condena  por  la  referida  ilicitud  en concurso homogéneo4.   

Por lo anterior, no es cierta la afirmación  del  libelista  en  sentido  de que la Fiscalía omitió el deber de precisar el  cargo   por   el   cual   fue   sentenciado   TEZADA  AGUILAR.   Al   contrario,  la  imputación  fue  lo  suficientemente  clara,  sin  que sea necesario, como se sostiene en la demanda,  suponerla o inferirla.   

Así  mismo,  dígase que los juzgadores de  instancia   preservaron   a   cabalidad  el  principio  de  congruencia  con  la  acusación,  en  cuanto  no alteraron aspectos medulares (núcleo básico) de la  imputación  fáctica  y  se sometieron estrictamente a la jurídica al condenar  a  TEZADA  AGUILAR  por el  delito  de  acceso  carnal  violento  (arts.  205,  211-4 del C.P.), en concurso  homogéneo, esto es, en los mismos términos de la acusación.   

         Los   defectos   de   argumentación   reseñados   determinan   la  inadmisión de la censura.   

          1.  Planteamiento  del  segundo  cargo.  Causal  tercera, violación  indirecta de la ley sustancial:   

Estima   el  casacionista  que  el  fallo  impugnado  incurre  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  por  “tergiversación   y  cercenamiento”,   pues   “al   atender   única   y  exclusivamente  el  testimonio rendido por la madre de la menor víctima y el de  la    presunta    (sic),  in-aplicaron  (sic) el claro  mandato  legal  definido  en  el art. 380 del c. de p. penal y el art. 7° de la  misma   obra   que   les   obligaba   a   absolver   a   GUSTAVO  ADOLFO  TEZADA  AGUILAR”.   

A   juicio   del   censor,  el  yerro  de  apreciación  probatoria  se  concretó  porque  “el  juez  de  primera  instancia  y  el  H. Tribunal dan por hecho, concluyen que se  tiene  el  convencimiento  más  allá  de  toda  duda acerca del delito y de la  responsabilidad  penal  del  acusado,  a pesar de existir serias inconsistencias  entre  lo  dicho  por  la  denunciante,  lo  dicho  por  la presunta víctima al  proceso…”,     las     cuales     destaca    a  continuación.   

Además,   sostiene   que   “la   Fiscalía  ocultó  como  prueba  un  allanamiento  que  se  realizó  en  la  casa  del  ahora  condenado  para  buscar  el  arma  de fuego,  diligencia   que   arrojó  resultados  negativos”,  cuando  lo  cierto  es  que  en  momento alguno se le encontró artefacto de esa  naturaleza con el cual hubiera podido amedrentar al menor.   

Del  mismo  modo,  destaca cómo la defensa  logró  demostrar  que entre el implicado y el menor existía relación  de  amistad  y que “quien buscaba siempre al otro era el  menor”.   

De  otro  lado,  advera,  a  pesar de obrar  diversidad  de  versiones los juzgadores “escogieron  y  le  dieron  subjetiva  interpretación sólo a una parte del contenido de las  declaraciones  de  los  testigos,  incurriendo en una flagrante tergiversación,  pues  el  juzgador  cambió  el  sentido  literal  de  la  prueba”,   como   ocurrió   con  el  concepto  de  la  Dra.  Gina  Marcela Ortiz, quien tras encontrar  normal  el  ano  del  menor,  explicó después, que ello era frecuente en estos  casos    y,    por   tanto,   no   se   puede   descartar   el   dicho   de   la  víctima.                             

Estima,   igualmente,   que  los  peritos  siguieron  unos  protocolos  obsoletos,  vbg.  el  SATAC 2006, cuando han debido  ceñirse  al  Reglamento  Técnico  para  el  Abordaje  Forense  Integral  en la  Investigación  del  Delito  Sexual,  versión  03  de  2009,  y el protocolo de  entrevista   forense   el   Estado   de   Michigan,  de  modo  que  “El  H.  Tribunal  no  realizó  un  concienzudo  análisis de la  prueba  y sólo dijo que al menor había que darle credibilidad. Tergiversando y  cercenando la prueba”.   

Así  las  cosas, colige el demandante, los  sentenciadores  “tergiversaron el sentido literal de  la  prueba  al  concluir  pese  a  que el dictamen de medicina legal arrojara un  resultado  negativo  para  violación,  que  el  testimonio  de  la  madre de la  víctima  a pesar de no ser director (sic)  sino  de  referencia  o de oídas, debe ser tenido en cuenta para  condenar”.   

Como la apreciación conjunta de las pruebas  que  obran  en la actuación conduce a un estado de duda, depreca casar el fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver  a  su  defendido,  para  que así pueda  “retornar  al seno de la sociedad a donde pertenece  por  ser  una  persona  de  bien, que tiene un hogar conformado por su madre, su  hermana,    su    sobrino,    al    cual    le    daba    apoyo   con   trabajos  ocasionales”, máxime cuando prestó servicio en la  Policía Nacional y no hay queja sobre su comportamiento.   

Consideraciones:   

Ya se precisó al inicio de la respuesta al  primer  cargo  que  de  acuerdo  con los parámetros legales y jurisprudenciales  sentados  por  esta  Colegiatura  de  forma  pacífica e inveterada, para que la  demanda  de  casación sea admitida, debe contener una exposición lógica y una  mínima  argumentación  que, además, ha de ser clara y coherente, en cuanto no  es  labor  de  la  Sala,  dada  la  naturaleza  rogada del recurso, desentrañar  propuestas  confusas,  ambiguas  o  ininteligibles.   

Tal  situación es la que se verifica en la  censura   objeto  de  análisis, en donde el actor de manera deshilvanada y  atropellada,  e  incluso  sin  cumplir,  por pasajes, con la exigencia de debida  redacción,  expone  una  serie  de  cuestionamientos  que  a  su  modo  de  ver  constituyen  tergiversación  de  la  prueba configurando el denominado error de  hecho por falso juicio de identidad.   

         De  acuerdo  con la jurisprudencia reiterada de la Sala, se incurre  en  esta  modalidad  de  yerro  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el  contenido  objetivo  de  la  prueba,  hasta el punto de ponerla a decir algo que  ella no expresa materialmente.   

También  es  típico  de esta modalidad de  desacierto  en  la apreciación de las pruebas tomar una parte de la prueba como  si  fuera  el  todo,  constituyendo  ello  una  forma de distorsión pues, en el  proceso  de  valoración,  a  la  prueba  se  le suprimen apartes trascendentes,  omitiendo de esa manera su apreciación integral.    

Por  ese mismo, como mucho lo ha enfatizado  la  Sala,  este un yerro de contemplación objetiva de los medios de convicción  surgido  luego  de  confrontar  su  expresión material con lo consignado por el  sentenciador  acerca de ella, el cual, además, para que tenga concreción, como  cualquier  error  de  apreciación  probatoria, debe recaer sobre un elemento de  juicio trascendente frente a la decisión adoptada.   

En ese orden de ideas, el yerro no procede,  en  contraposición,  cuando  lo  que  se  pretende  es  discutir  en torno a la  credibilidad que ofrece el medio de prueba.   

         Pues  bien,  no  obstante  haber el casacionista seleccionado dicha  modalidad  de  error  en  la apreciación probatoria, en su desarrollo involucra  elementos  conceptuales  propios  de otro error de apreciación probatoria, como  lo  es el falso raciocinio -al referir enunciativamente que en la valoración de  los  dictámenes  sexuales no se siguieron los protocolos vigentes, sin siquiera  confrontar  su  contenido e incidencia-,  que aun cuando también configura  un  error  de  hecho,  tiene  una  naturaleza  distinta y debe desarrollarse con  sustento  en  otras  premisas,  como única forma de conservar la lógica formal  del planteamiento y garantizar su cabal entendimiento.   

Ciertamente,   el  error  de hecho por  falso   raciocinio   se   presenta   cuando   el   sentenciador  aprecia  prueba  desconociendo  las  pautas  de  la  sana crítica, esto es, postulados lógicos,  leyes científicas o máximas de la experiencia.   

         De  manera  infortunada,  en  el  cargo  objeto  de  examen  el  demandante  sacrifica  la  coherencia argumentativa y la  posibilidad  de hacer comprensible su propuesta cuando refiere indistintamente a  la  tergiversación  y  distorsión objetiva de la prueba, elemento que, como ya  se  vio,  es consustancial al error de hecho por falso juicio de identidad y, al  tiempo,  explaya sobre el desconocimiento de parámetros científicos referentes  a     la     sana    crítica,    disertación    correspondiente    al    falso  raciocinio.                   

Pero,  lo  más  grave de todo es que, como  atrás  se  anticipó,  la  censura  también  acusa  otros  defectos  serios de  argumentación,  por  cuanto  en  el  fondo  no  pone  de  manifiesto  error  de  apreciación   probatoria   consecuente   con   cualquiera   de  las  anunciadas  alternativas,  ni  con  ninguna  otra  opción  viable  en  esta sede, en cuanto  escasamente  deja  traslucir  un distanciamiento subjetivo con la valoración de  algunos   medios   de   prueba  sobre  los  cuales  se  sustentó  el  fallo  de  responsabilidad  penal  en  contra  de GUSTAVO ADOLFO  TEZADA  AGUILAR,  como la declaración de la madre de  la víctima y el propio dicho de ésta vertido en el juicio oral.   

El  criterio personal en punto del mérito  de  la  prueba,  como en forma recurrente lo ha precisado la Sala, no constituye  un  error  en  su  apreciación.   Apenas  erige  una opinión, un punto de  vista,  despojado,  por  lo  mismo,  de  entidad suficiente para resquebrajar la  doble  presunción  de acierto y legalidad que gobierna al fallo cuando arriba a  esta  sede,  a más de, como ya se señaló en la respuesta al cargo precedente,  desconocer   la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso,  en  donde,  en  aras  precisamente  de  lograr  desvirtuar esa doble presunción, no es idóneo acudir  al discurso libre de instancias.   

   

Adicional  a  lo anterior, la propuesta es  intrascendente  por  cuanto  no  se  ocupó  de la totalidad de los elementos de  juicio  sobre  los  cuales  se cimentó el fallo de responsabilidad.  Así,  informes  de  investigadores,  ratificados  en  sus testimonios que no sólo dan  cuenta  de  las  pesquisas  previas  que  respaldan  el  dicho  del  menor  y su  progenitora,   sino   que   certifican  las  amenazas  que  por  la  red  social  facebook   realizó   el  sindicado  al  menor  para  que  no  lo delatara y prueba pericial abundante que  reporta  la  afectación  sicológica  producida a la víctima, la cual también  confirma   la   veracidad   de   la   sindicación5   

En  virtud  de  lo  expuesto,  este  cargo  también se inadmitirá.   

     

Los  defectos  argumentativos  puestos  de  manifiesto  en  relación  con  las censuras contenidas en la demanda presentada  por   el   defensor   de   GUSTAVO   ADOLFO   TEZADA  AGUILAR  permiten a la Sala colegir el incumplimiento  de  las exigencias contenidas en los artículos 183 y 184 de la Ley 906 de 2004,  motivo por el cual se decretará su inadmisión.   

Adicionalmente, porque tampoco se evidencia  la  necesidad  de  superarlas  en  procura  de  cumplir  alguno de los fines del  recurso    extraordinario   previstos   en   el   artículo   180   ibídem,  esto  es,  la  efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  la  unificación  de la  jurisprudencia.   

Ahora     bien,     habida  cuenta que contra la decisión de inadmitir las demandas de  casación  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  referido artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  impera precisar que como dicha legislación no  regula  el trámite a seguir para que se aplique el referido instituto procesal,  habrán  de seguirse las reglas fijadas por la Sala6.   

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor de GUSTAVO ADOLFO TEZADA  AGUILAR,  por  las razones consignadas en la anterior  motivación.   

        De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  contra  esta  decisión  procede la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ                      GUSTAVO  ENRIQUE   MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                 JULIO    E.    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Como  esta  providencia puede ser publicada, se omite  el  nombre  del  menor,  de  13  años de edad para la fecha de ocurrencia de lo  hechos,  a tenor de lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098  de  2006  “por  la  cual se expide el Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2 El  primer  hecho  atribuido, se recuerda, tuvo ocurrencia el 2 de febrero anterior.   

3  A       partir       récord      22’46’’     y    de    34’            50’’   del  c.d.  contentivo  de  la  audiencia.   

4     Récord    55’40’’ del  c.d.  contentivo  de la audiencia del juicio oral sesión del 3 de mayo de 2012.   

5  A  partir de la pág. 13 del fallo de primer grado.   

6  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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