40441(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado  acta Nº  060   

Bogotá  D.C.,  febrero  veintisiete (27) de dos mil trece (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Israel   Campos   Villamil   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de San Gil, el 3 de mayo de 2012,  mediante  la  cual  confirmó la proferida por el Juzgado Promiscuo del Circuito  de  Puerto  Carreño  (Vichada),  el 15 de octubre de 2010, que lo condenó  como autor de la conducta punible de desaparición forzada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  juzgador de segundo grado de la siguiente manera:   

“De  lo consignado en el proceso, se sabe  que  el  2  de  septiembre  de  2002,  dos  hombres  pertenecientes  al grupo de  autodefensas  que  operaba  en  San  José de Guaviare, bajo el mando de Edilson  Cifuentes         alias         ‘Richard’, se  llevaron  a  la  señora GLADYS ORFILIA PARDO SARMIENTO, no volviéndose a saber  nada  más de ella hasta el 4 de ese mes y año, en la medida en que otro sujeto  llegó  a  la  casa  de su progenitora Herminia Sarmiento y le manifestó que la  habían   matado   en   el   sitio   ‘Morro         Pelao’.   

“El 10 de septiembre un individuo apodado  ‘Matasiete’   cuyo   nombre  es  Israel  Campos  Villamil,  encargado  de  ejecutar  las órdenes de desaparición y muerte dadas  por       el      comandante      ‘Richard’, se  acercó  a  la  residencia de aquélla y le dijo que si quería saber de su hija  fuera     hasta     el     sitio    ‘Agua  Bonita’  donde       estaban       reunidos      los      paramilitares      ‘Caracho’         y        ‘Ramoncito’.   

“Las   dos  hijas  de  doña  Herminia,  HERMELINDA  SARMIENTO  PABÓN  y  SONIA PATRICIA VERA SARMIENTO decidieron ir en  una  moto de propiedad de su progenitora a hacer las averiguaciones que sugería  alias                  ‘Matasiete’ y  nunca regresaron, tampoco se supo el destino del vehículo.   

“La señora Herminia Sarmiento formuló la  denuncia  hasta  el  8  de  enero  de  2003  en  contra  de  alias  ‘Matasiete’,             ‘Ramoncito’         y        ‘Fuego      Verde      u      Ojo  Verde”.   

2.  Por  los  anteriores  hechos,  la  Fiscalía  General de la Nación, el 3 de mayo de 2007,  profirió  resolución  de  acusación  contra  Israel  Campos   Villamil   por  las  conductas  punibles  de  desaparición   forzada  en  concurso  con  la  de  hurto  calificado  agravado.   

3. El expediente pasó al Juzgado Promiscuo  del  Circuito  de  Puerto Carreño (Vichada), autoridad judicial que después de  tramitar  el juicio, el 15 de octubre de 2010, dictó fallo de primera instancia  en  el  que  condenó  al  citado  procesado  a  la  pena principal de 240 meses  de   prisión  y multa de 10 salarios mínimos legales mensuales vigentes e  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el término de 20 años,  como autor de la conducta punible de desaparición forzada.   

Así  mismo,  lo absolvió por el delito de  hurto calificado agravado.   

4.  Apelado  el  fallo por el defensor, por  descongestión  judicial   el  expediente  fue  remitido  al  Tribunal  Superior  de  San  Gil,  Corporación  que al desatar el recurso el 3 de mayo de  2012, lo confirmó en su integridad.   

Contra  la  anterior  decisión el defensor  interpuso recurso de casación.   

L  A     D E M A N D A      

El  defensor con base en la causal primera,  según  la  sistemática  reglada  en  la  Ley  600  de 2000,  presenta dos  reproches contra el fallo, así:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado de manera  indirecta  la  ley sustancial por error de hecho por falso juicio de existencia,  al  omitir  apreciar  el  testimonio  de Edilson Cifuentes Hernández, yerro que  condujo   a la aplicación indebida de los artículos 165 del Código Penal  y  falta  de  aplicación  del 6°, 232 y 238 del Código de Procedimiento Penal  y  93 de la Constitución Política.   

Acota que el juzgado no hizo referencia a la  versión   de   Cifuentes  Hernández,  lo  que  se  concreta  en  la  falta  de  apreciación y omisión de una prueba.   

Después de resaltar apartes de la decisión  del   Tribunal,  aduce  que  “el  juez  de  segunda  instancia  al  quitarle  valor  probatorio a este testimonio, dejó huérfano de  defensa  a  mi  prohijado  judicial,  pues  si  se  hubiera hecho la valoración  respectiva  tanto  en  primera como en segunda instancia, las conclusiones a las  que se hubiese llegado serían diferentes”.   

Comenta  que la condena está sustentada en  los  testimonios  de  Herminia  Sarmiento  de  Pabón  y  Miller García Acosta,  quienes  afirmaron  que  su  defendido  pertenecía  a  las  AUC,  los cuales se  encuentran  desvirtuados  por  lo  dicho  por Edilson Cifuentes Hernández alias  “Richard”,  quien para  la   época   de   los   hechos   “era  comandante  militar” en el Guaviare.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado de manera  indirecta  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por  falso raciocinio, al  asignársele  a los testimonios de Herminia Sarmiento de Pabón y Miller García  Acosta  un  valor  probatorio que vulnera la sana crítica, en relación con las  reglas de la experiencia.   

Expresa que el yerro del juzgador de segunda  instancia,  consistió en indicar que desde un comienzo la denunciante Sarmiento  de  Pabón  señaló a su procurado como el autor o el partícipe de la conducta  investigada,  para  lo  cual  el censor trascribe varios apartes de la decisión  recurrida.   

Comenta  que  la  denuncia  fue  instaurada  contra  los  “Alias Matasiete, Caracho, Ramoncito u  Ojo  Verde”, integrantes paramilitares de San José  del Guaviare.   

Anota que fue la ofendida quien informó que  a   su  hija  Gladys  Orfilia  Pardo  Sarmiento  se  la  llevó  “alias   Caracho”,   por  lo  cual  la  conducta punible no es atribuible a su defendido.   

Advierte que el señalamiento que se le hizo  a  su  poderdante, en cuanto a la desaparición de Hermelinda Pabón Sarmiento y  Sonia  Patricia  Sarmiento,  se  circunscribe  a  que  éste fue quien le dijo a  Pabón  de  Sarmiento  que  si  quería  ver a su hija fuera al sitio denominado  “Agua  Bonita” en donde  “alias     Caracho    y    Ramoncito” estaban reunidos.   

Aduce  que en ninguna de las intervenciones  de  Herminia Sarmiento, se señala a su procurado como la persona que participó  en  la desaparición de sus hijas; además, sostiene que riñe con las reglas de  la   experiencia,   “pues  no  es  posible  que  mi  defendido,  persona  que  fue atendido, cuando tuvo un accidente, por la señora  Herminia  para  tratar de curarlo con operaciones del Hermano San Gregorio…fue  la   persona   que   se  llevó  a  sus  hijas  para  desaparecerlas”.   

Acota  que  si  el  análisis probatorio se  hubiese   hecho  correctamente,  el  resultado  final  del  fallo  habría  sido  diferente,  dado que la condición paramilitar de su defendido queda desvirtuada  con el testimonio de Edilson Cifuentes Hernández.   

En  cuanto  a  la  declaración  de  Miller  García  Acosta,  comenta  que el Tribunal le da “un  inusitado   valor   probatorio;   de   allí   llega   a   la   conclusión   de  condena”.   

Luego de reseñar la anterior versión, pasa  seguidamente  a  manifestar  que  esta persona acudió como testigo en contra de  Campos  Villamil  en  diferentes  procesos  que  no  encontraron “eco  después  de  largas  investigaciones,  pero  en  este sí dio  frutos”.   

   Sostiene  que  este  testimonio  es  mendaz  y  fantasioso, al igual que la ampliación de declaración, en la medida  en    que    dice    que    “Caracho    y   Fuego  Verde” no tuvieron nada que ver en la desaparición  de  las  hijas  de  Herminia  Sarmiento,  cuando esta última adujo que quien se  llevó    a    Gladys   fue   “Caracho”.   

Reitera  que se le dio total credibilidad a  este   deponente,   al   punto   que   con   él   se   edificó  el  juicio  de  condena.     

         

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la  sentencia impugnada y en su lugar, dictar una de reemplazo, absolviendo a su  procurado.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

1.   La   casación  en  la  Ley  600  de  2000   

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  de  la  casación, al libelista compete elaborar la demanda bajo  los   estrictos   parámetros  contemplados  en  la  ley  y  decantados  por  la  jurisprudencia.   

Por  tanto,  no basta con afirmar que en la  sentencia  o  al  interior  del  proceso  se cometió un error in iudicando o de  actividad,   dado   que   se  debe  demostrar  la  existencia  del  vicio  y  su  trascendencia    frente    a   las   plurales   decisiones   adoptadas   en   el  fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa la legalidad de la sentencia. De ahí que la demanda cumpla  las  formalidades estatuidas en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, toda vez  que  en ella se ha de señalar, de manera clara y precisa, la causal con la cual  se  pretende  la  infirmación del fallo y argumentando cómo el vicio condujo a  resquebrajar la providencia.   

Así, no resulta atinado denunciar sólo la  existencia  del  yerro  que se invoca sino que al casacionista compete demostrar  cómo  el  mismo  tiene  la trascendencia suficiente para romper la sentencia de  segunda  instancia  y  por  lo  mismo,  la  Corte  a intervenir como Tribunal de  Casación  en procura de reparar, entre otros fines, los agravios sufridos a los  intervinientes en el proceso objeto de censura.   

Respecto  de la infracción indirecta de la  ley  sustancial,  como  motivo  de  la  causal primera de casación, destáquese  inicialmente  que  se  está  aceptando  que  el  error del juzgador ocurrió de  manera  mediata,  es  decir,  en la elaboración del juicio de hecho derivado de  errores  en  la  apreciación  de  la prueba, falencia que se ve reflejada en la  aplicación del derecho.    

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista   compete   enseñar   en  qué  consistió  el  error  en  la  apreciación  de  la  prueba,  es  decir,  si  fue  de  hecho o de derecho, como  también  el  falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es,  si  de existencia,  identidad,  raciocinio, legalidad o convicción. Y por último, evidenciar cómo  el  mencionado vicio incidió en la aplicación del derecho, en la medida en que  se  seleccionó  una  norma  que  no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se  excluyó  otra  que  sí  resolvía todos los extremos de la relación jurídico  procesal.   

2.  Calificación  de la demanda   

En     cuanto     al     primer  cargo que el casacionista postula  por  la  vía de la violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  surge  nítido  que  lo  dejó en el simple  enunciado,  en  la  medida en que no demostró que efectivamente el sentenciador  al  valorar  la  unidad  probatoria incorporada al proceso, omitiera apreciar el  testimonio de Edilson Cifuentes Hernández.   

Al  respecto  vale  recordar  que  el falso  juicio  de  existencia  se  presenta  cuando  el  juez  prescinde de valorar una prueba que materialmente se  halla  dentro  de  la  actuación, o supone una que no obra en la misma. En este  evento  al  censor  corresponde  demostrar que se materializó la omisión en la  estimación  de  los  elementos de conocimiento  y además,  que   de    no  haberse  incurrido  en  el  desacierto,  tanto  las  imputaciones  fácticas como jurídicas del fallo habrían sido distintas.   

En  lo  que  se  puede  entender  como  la  fundamentación  de  la  censura, el actor se aleja de su inicial enunciado para  seguidamente  entrar a cuestionar el mérito probatorio otorgado por el Tribunal  al  testimonio  presuntamente  omitido  en  el  acto  de valoración probatoria,  habida  cuenta  que  sostiene  que  al  restársele mérito suasorio a la citada  declaración,  el sentenciador dejó “huérfano a la  defensa”.   

En  esa  medida, resulta imperioso reiterar  que  la  simple  discrepancia de criterios en torno a la forma como se estimaron  los  medios  de  convicción  incorporados al proceso, no constituye motivo para  recurrir  en  casación,  a  menos que se transgredan las reglas que informan la  sana crítica.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  resulta  equivocada  la  propuesta  del  censor,  puesto  que  si bien el  Tribunal  reconoció  que  el  juzgado  de primera instancia dejó de valorar el  mencionado  testimonio,  de  todos  modos  se  advierte  que  el  mismo  sí fue  apreciado  en  esa instancia, advirtiéndose que su relato no merecía crédito,  habida  cuenta  que  se  infería  que  era  interesado  y parcializado a fin de  excluir de toda responsabilidad al procesado.   

La  Corporación de segundo grado arribó a  la  anterior  conclusión,  toda  vez  que  en  el  plenario  había suficientes  elementos  de  juicio  que  indicaban  que  Campos  Villamil  perteneció  a esa  agrupación  delincuencial,  “que se le conocía con  el  alias  de  Matasiete  y  que  tuvo un relevante desempeño en los delitos de  desaparición  forzada  como  lo atestiguó la progenitora de las víctimas y el  ex   integrante   de   las   AUC   Miller   García  Acosta,  cuya  contundencia  incriminatoria no suscitó reparo”.   

Ante   la   falta  razón,  el  cargo  se  inadmite.   

Respecto      del      segundo  cargo  que también postula por  la  vía  de la violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho por  falso  raciocinio,  igualmente  se quedó en la simple nomenclatura, en tanto el  casacionista   no   demostró   que  las  conclusiones  a  las  que  arribó  el  sentenciador  trastocaron  las  leyes  de  la  sana  crítica,  en  especial las  máximas  de  la  experiencia,  que  condujeron  a que se llegara a conclusiones  absurdas,   aspecto   que   lleva   necesariamente   a   que   se   inadmita  el  libelo.   

Recuérdese  que  el  falso  raciocinio  se  presenta  cuando  a  una  prueba  que  existe  legalmente  y  es  valorada en su  integridad,  el  juzgador  le  asigna  un  mérito  o  fuerza de convicción con  transgresión  a  los  postulados  de  la  sana  crítica,  al punto que lo hace  arribar  a  inferencias  irrazonables.  Esta  especie  de  desacierto  exige del  demandante  indicar  el  postulado científico, de la lógica o la máxima de la  experiencia  desconocida  por  el  juez,  y  cómo  ese  desatino incidió en el  resultado final del proceso.   

De  acuerdo  con  la  anterior  premisa,  también  resulta  evidente  que  el demandante incumplió el anterior cometido,  habida  cuenta que la fundamentación del reproche únicamente la hizo consistir  en  presentar  personales  opiniones,  en cuanto al mérito suasorio otorgado al  testimonio  de  la  madre  de  las  desaparecidas y el de Miller García Acosta,  elementos  de  conocimiento  que  en  sentir  del  casacionista  de  haber  sido  apreciados   correctamente,   el   fallo   habría   sido   favorable  a  Campos  Villamil.   

En  otras  palabras,  el  actor no indicó  cuál  fue  el  supuesto  fáctico  con carácter de notoriedad que contenía la  máxima  de  la  experiencia  avasallada en el acto de valoración probatoria, y  cómo  de  haberse  respetado,  el  acusado sería beneficiado con una sentencia  absolutoria conforme a los cargos atribuidos en la acusación.   

Como  se  adujo en la censura anterior, la  disparidad  de  opiniones  en relación con el mérito suasorio de los medios de  convicción,  no constituye vicio para ser postulado en esta sede, razón por la  cual    deviene    necesariamente    la    inadmisión    de   la   demanda   de  casación.   

Resta  señalar  que no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada       por       el       defensor       de      Israel Campos Villamil.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                           GUSTAVO  E.  MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                        JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                     

JAVIER     DE    JESÚS    ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

         

                                                        

    

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