40417(30-01-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado Acta No. 21.  

Bogotá,  D.C.,  treinta  de enero de dos mil  trece.   

V I S T O S  

Vencido   el  término  para  promover  el  mecanismo  de  insistencia  sin  que se haya deprecado el mismo, se pronuncia la  Corte  oficiosamente  sobre  la  sentencia de segunda instancia proferida por la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Valledupar (Cesar) el 21 de agosto de 2012,  por  medio  de  la cual confirmó la emitida el 4 de julio del mismo año por el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito con funciones de conocimiento de esa ciudad,  en  la cual se condenó a JOSÉ LUIS BECERRA TRILLOS, como autor responsable del  concurso     de     conductas    punibles    constitutivas    de    homicidio       y       fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones,  agravada, a las penas principales de 38 años, 2 meses  y  15 días de prisión, y a las sanciones accesorias de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación del derecho a la  tenencia y porte de armas, por 20 años.   

H E C H O S  

En  el  auto  inadmisorio  de  la demanda de  casación,    la    Corte    prohijó    el    siguiente    resumen    de    los  acontecimientos:   

“Se  conoce  de la actuación procesal que  los  hechos  se  dieron  el  27 de diciembre de 2008, siendo aproximadamente las  10:30  p.m.,  cuando  un  grupo  de  personas entre los que se encontraban Jorge  Aníbal  Garay  Pérez,  Julio Cesar Pérez Trillos, Edward Téllez Gómez, Omar  Trillos,  Jairo Jesús Soto y Eduardo Parra Trillos; llegaron al establecimiento  El  Turista,  situado  en el cerro de las Campanas o de los Chivos del municipio  de  Aguachica  y  se  dedicaron  a  ingerir  licor  hasta pasada la media noche,  momento  en  que  Aníbal Garay Pérez y Julio Cesar Pérez Trillos se trenzaron  en  una  discusión  con  Samuel  Chogó,  quien  atendía  el establecimiento y  habría   dicho   que   algunos   integrantes  del  grupo  se  comportaban  como  homosexuales porque se abrazaban mucho.   

De  las  agresiones  verbales  pasaron a las  físicas  y  en  medio  de  la disputa Samuel Chogó llamó a José Luis Becerra  Trillos  para  que  acudiera  a  su  respaldo,  enfrentándose  a golpes con los  referidos  Garay  Pérez  y  Pérez  Trillos pero posteriormente se retiró y en  unos  instantes  regresó con un  arma de fuego, la cual disparó repetidas  veces  contra  sus  rivales,  causándoles  la muerte e hiriendo a Edward Gómez  Téllez”.   

DECURSO PROCESAL  

En actuaciones preliminares adelantadas el 10  de  mayo  de 2011 ante el Juzgado Quinto Penal Municipal con función de control  de  garantías de Cúcuta (Norte de Santander), se legalizó la captura de JOSÉ  LUIS      BECERRA      TRILLOS     –ordenada   con   antelación  por  su  homólogo  Segundo  Promiscuo  Municipal  de  Aguachica (Cesar)-; se le formuló imputación por el concurso de  delitos       de       homicidio      –en   concurso  homogéneo-  y  fabricación,  tráfico  y  porte de  armas  de  fuego o municiones, agravado; y se le impuso  medida   aseguratoria   de   detención   preventiva   en   establecimiento   de  carcelario.   

Como  el  incriminado  no  se  allanó a los  cargos  formulados,  la  Fiscalía presentó escrito de acusación el 24 de mayo  siguiente,   ratificando   los   ilícitos   deducidos   en   la  diligencia  de  imputación.   

La  fase  del  juzgamiento  fue inicialmente  asumida  por  el Juzgado Promiscuo del Circuito de Aguachica, despacho que luego  de  realizar  las audiencias de formulación de acusación y preparatoria -el 23  de  junio  y 25 de agosto de ese año, respectivamente-, envió la actuación al  Segundo  de  la misma especialidad con sede en Valledupar, encargado de culminar  el  juicio  oral  y  dictar  sentencia  el  4  de  julio  de 2012, declarando la  responsabilidad  penal  del  acusado  BECERRA  TRILLOS  en el concurso delictual  contenido  en  el  pliego  acusatorio.  También,  lo  absolvió por la conducta  punible     de    lesiones    personales,  cuya condena pidió el fiscal del caso en la alegación final del  juicio oral.   

Consecuente   con  su  determinación,  el  A  quo le impuso al procesado  las  penas  principal  y  accesorias  reseñadas  en  la  parte  inicial de este  proveído,  y le negó los beneficios sustitutivos de la suspensión condicional  de la ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

Impugnada  dicho  fallo  por el defensor del  acusado,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Valledupar  lo confirmó  íntegramente  mediante  providencia  del  21  de  agosto  de  2012, la cual fue  oportunamente recurrida en casación por el mismo sujeto procesal.   

Con providencia del 19 de diciembre de 2012,  la  Sala  inadmitió  la  demanda  de  casación,  pero  al detectar una posible  irregularidad  sustancial  en  el  proceso  de dosificación de una de las penas  accesorias,  presuntamente  violatoria  del  principio de legalidad, dispuso que  una  vez  tal  decisión  cobrara ejecutoria, el asunto regresara a estudio para  hacer el debido pronunciamiento.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En la referida decisión del 19 de diciembre  de  2012,  la Corte encontró necesario verificar si hubo menoscabo a las formas  propias  del  juicio  y  las  garantías  que le asisten al procesado JOSÉ LUIS  BECERRA  TRILLOS, porque en el proceso de dosificación punitiva, se desconoció  el principio de legalidad.   

En  efecto,  del  recuento  objetivo  de  la  actuación   procesal   advierte   la  Sala  la  concurrencia  de  irregularidad  generadora  de  clara violación a garantías fundamentales del acusado, cual es  la  legalidad  de la pena accesoria de la privación del derecho a la tenencia y  porte  de  arma,  que  activa la facultad oficiosa de la Corte para controlar la  legalidad y constitucionalidad de la sentencia.   

Ello  porque  en  la  sentencia condenatoria  proferida   por   el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Valledupar, confirmada por la Sala Penal del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  la misma ciudad, se impuso al mencionado dicha pena  accesoria  por  un  lapso  de  20  años,  lo  cual  desborda el límite máximo  previsto en la ley para esta sanción.   

La    norma    aplicable    en    este  evento  es el artículo 51  de  la  Ley  599  de  2000,  alusivo a la “duración     de     las     penas     privativas    de    otros  derechos”,  cuyo    inciso    6°  señala que:   

“La  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte de arma de uno  (1) a quince (15) años”.   

Lo      anterior      permite  concluir  que, por disposición  del  legislador,  la pena máxima para la  pena  accesoria  de  la privación del  derecho a la tenencia y porte de armas, es de 15 años   

Bajo   este  entendimiento,  es   claro   que   los   falladores   se  equivocaron   al   condenar   al   procesado  BECERRA  TRILLOS  a  dicha sanción  por      el      término     indicado,            pues,  ese tiempo  supera  el  tope  máximo  fijado para la   pena   en  comento  en  el    ya    citado    inciso   6º  del  artículo 51 del Código Penal.   

En   ese  contexto,  cuando  el  superior  funcional  advierte que se  impuso  una  pena inexistente, o una de las prohibidas constitucionalmente, o se  dejó  de  aplicar  la legalmente prevista, o se tasó por fuera de los límites  previstos  en  la  ley, se encuentra en la obligación constitucional de adecuar  el  fallo  a  la  normatividad  existente;  deber  que  ha de cumplir el juez de  segunda  instancia  y  con  mayor  celo  el  de casación, por cuanto una de sus  finalidades fundamentales es garantizar la legalidad del proceso.   

La competencia que  la  Constitución  le  otorga a los jueces de la República, insiste            la           Sala1,  sólo  les  permite  obrar  dentro  del  marco  del  derecho, y no puede sustituirlo arbitrariamente por sus  propias   concepciones.   La   igualdad  en  la  aplicación  de  la  ley  está  íntimamente  ligada  a  la seguridad jurídica que descansa en la existencia de  un  ordenamiento  universal  y  objetivo,  que con idéntica intensidad obliga a  todos, autoridades y ciudadanos.   

El  principio de legalidad obliga al juez a  aferrarse  estrictamente  a la norma legal (sea constitución o ley), so pena de  que  si  lo  desconoce,  su conducta sea una clara rebeldía contra el Estado de  Derecho.   

Cuando el juez impone una pena que no está  establecida   en  la  ley  (en  cuanto  a  sus  límites  mínimos  y  máximos,  naturaleza,  etc.),  desconoce  de  entrada  el  Estado de Derecho y la esencial  función  del  legislador,  entrando  a  suplirlo  con  la  sentencia, generando  anarquía  y causando la quiebra del orden establecido. Ese juez que así actúa  se   aparta   del  Estado  de  Derecho,  se  convierte  en  legislador  y  juez,  y    emite   decisiones  que  jamás  podrán estar  ajustadas al principio de legalidad.   

En  un  escenario  semejante  se vendría a  legitimar  toda  decisión producto de una conducta ilegal del juez de instancia  y   si   ello  fuese  posible,  se  avasallaría  el  Estado  de  Derecho  y  el  reconocimiento  de  la  legitimidad establecida en los tratados internacionales,  especialmente     de    aquellos    que    hacen    parte    del    bloque    de  constitucionalidad.   

Por  lo  tanto,  la  Sala casará oficiosa y  parcialmente  el fallo de segundo grado y, en consecuencia, disminuirá a quince  (15)  años la pena accesoria de la privación del derecho a la tenencia y porte  de arma, impuesta al aquí condenado.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R E S U E L V E  

1. CASAR de oficio y  parcialmente  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal  Superior  de Valledupar el 21 de agosto de 2012, confirmatoria de la emitida por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  con funciones de conocimiento de esa  ciudad  el  4  de  julio  del  mismo año, en el sentido de fijar en quince (15)  años  la pena accesoria de privación del derecho a la tenencia y porte de arma  impuesta  al  procesado  JOSÉ  LUIS  BECERRA  TRILLOS, condenado como autor del  concurso     de     conductas    punibles    constitutivas    de    homicidio       y       fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones,  agravada.   

2.  En lo demás se  mantiene el fallo incólume.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSE  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Sentencias  del  3  de  diciembre  de  2009 y 13 de junio y 8 de agosto de 2012,  Radicados Nos. 30.446, 38,969 y 39.330, respectivamente.     

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